sábado, 9 de junio de 2012

PUNTO DE PARTIDA DE LA FILOSOFÍA MITOCRÁTICA


EL CONCEPTO EUROCÉNTRICO DE FILOSOFÍA
 NO DEFINE A LA FILOSOFÍA MISMA
Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

§ 1. El concepto tradicional filosofía
El concepto tradicional de filosofía es aquel que la concibe como un producto típico de la tradición occidental, que surge en las colonias griegas del Asia Menor, y más precisamente en la Jonia, con manifestaciones bien definidas de un pensamiento que se propone una explicación de la naturaleza y la vida sobre bases racionales.

Tampoco esta definición tiene dificultades en admitir que la cuna de esta reflexión es ese pasado religioso, las antiguas mitologías y la conciencia mística, conocida más comúnmente como pensamiento prefilosófico o pensamiento mítico.

Por cierto que en su seno reconocen que hay una mudanza de actitudes, un paso de una forma de pensar a otra, y que se trata de un concepto que no se libra todavía de una cierta ambigüedad y parece por esencia llamado a estar en constante mutación.

Incluso se reconoce sin dificultad encontrar en el Oriente, especialmente en la China y la India, formas de actividad espiritual que son análogas con la reflexión filosófica griega y que influyeron sin duda en ésta. Pero como el concepto es una creación de la cultura griega se prefiere restringir la categoría de filosofía a la tradición occidental. Se considera siempre riesgoso aplicar categorías de una cultura a otra.

Cuando se hace referencia a la razón en otras culturas no se tiene temor en reconocer su presencia en otros orbes culturales, pero al mismo tiempo se señala que nunca se pasó de cierto límite que no les permitió constituir el pensamiento racional. En este sentido los griegos fueron los primeros en usar la razón de manera sistemática para lograr el conocimiento de la realidad. Lo cual no es obstáculo para admitir que no hay acuerdo unánime sobre lo que significa el término “razón” pero por consenso se atribuye a los griegos los antecesores inmediatos del conocimiento racional por excelencia.

Se señala que una de las grandes diferencias que existe entre el concepto griego de razón y el concepto hindú es que mientras para el primero lo que no es comunicable no es racional, para los segundos la razón nos revela conocimientos inefables.

También se admite que si el mito era considerado como el fundamento último que permitía comprender el origen y estructura de la realidad, con los griegos el nuevo fundamento será la razón, cuyo análisis permitía descubrir lo permanente tras lo transitorio.

Sin embargo, el concepto tradicional de filosofía que es el canónico enseñado en la academia, no refleja toda la complejidad de la misma. O dicho de otro modo, el concepto tradicional de filosofía tiene un sesgo eurocéntrico que no se condice con toda la complejidad de la filosofía misma.

Así, por ejemplo, Nicola Abbagnano en su Diccionario de filosofía distingue tres significados históricamente dados: 1. Con relación a la naturaleza o validez del saber al que la filosofía hace referencia, 2. En relación a la naturaleza del fin al cual se dirige la filosofía, y 3. En relación a la naturaleza del procedimiento usado por la filosofía. Según la primera alternativa se ofrecen dos soluciones diversas y contrapuestas: una afirma el origen divino del saber, y la otra su origen humano. La que afirma el origen divino es la más antigua, la más frecuente en el mundo y la prevaleciente en las filosofías no occidentales. Según esta solución se trata de un saber revelado u obtenido por iluminación divina, no accesible a los mortales comunes, y que encuentra en la tradición límites que no le permiten destruir las creencias establecidas. En el mundo occidental esta forma de filosofía ha tomado el nombre de escolástica, pero ha estado presente desde las sectas filosófico-religiosas del siglo II a.c., las doctrinas de Filón de Alejandría, los neoplatónicos, la filosofía islámica, la filosofía judaica, la patrística, la escolástica  hasta el existencialismo cristiano.

Ahora bien, en relación a la naturaleza del fin al cual se dirige la filosofía, señala Abbagnano que dos son las interpretaciones: 
a. es contemplativa y constituye una forma de vida o saber de salvación, 
b. es activa o instrumento de modificación o saber de dominio. 

La primera se condice con la filosofía oriental, mientras que la segunda lo hace con la filosofía occidental. Y por último, en relación con el procedimiento usado caben dos alternativas: a)filosofías sintéticas o creadoras, y  b)filosofías analíticas. Las primeras producen conceptualmente su objeto, sin reconocer límites en este procedimiento de construcción, tiene la pretensión de valer como conocimiento divino, propia de la filosofía oriental pero también presente en el idealismo romántico alemán. 

En realidad es propia de todas las filosofías que tiene a Dios como objeto de su investigación y que consideran el mismo como coincidente con el conocimiento de Dios. Las segundas reconocen la existencia de datos y describen y analizan estos mismos, tiene la pretensión de saber como conocimiento controlado por sus resultados, propia de la filosofía occidental pero que está presente en todas las filosofías que conceden a la experiencia un lugar privilegiado.

       De manera que la filosofía no sólo es concebida de origen humano, un saber de dominio y analítico, como es predominantemente la filosofía occidental, sino que también se presenta como un saber de origen divino, un saber de salvación y sintética, como se presenta en la filosofía no occidental. 

Es decir, del análisis de Abbagnano se concluye que la filosofía por la naturaleza y validez de su saber, por su finalidad y por su metodología, no es necesariamente de origen griego, sino que existe otra paralela interpretación de la filosofía que no es obligadamente eurocéntrica. Y esto es muy importante de subrayar porque permite poner énfasis en la comprensión del hecho de que tanto la filosofía como término y como origen no puede ser restringido necesariamente a Grecia, sino que una heurística equilibrada permite librarla de etnocentrismos trasnochados, esquemáticos, sesgados y unilaterales.

En una palabra, el concepto de filosofía no se identifica con el concepto eurocéntrico del mismo, el cual es una aberración tardía del racionalismo decimonónico o, más bien, parece ser más el último estertor de un rigor mortis que se adviene al rancio racionalismo con pretensiones ilustradas.

Lima, Salamanca 09 de junio 2012

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