miércoles, 25 de julio de 2012

PARADIGMAS TEOLÓGICOS DEL CRISTIANISMO

LOS PARADIGMAS TEOLÓGICOS
 EN EL CRISTIANISMO
Sobre el problema de la valoración
 de las religiones no cristianas
Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
 

Los hechos nunca hablan por sí mismos

Henri Poincaré

Resumen

EN el seno de la propia Iglesia Católica existen cuatro paradigmas teológicos sobre el rol que ocupan las religiones no cristianas en el proyecto salvífico universal de Dios: 1. Eclesiocentrismo exclusivo, 2. Cristocentrismo inclusivo, 3. El teocentrismo normativo y 4. El teocentrismo no normativo.

Como veremos el debate ha derivado hacia teologías que relativizan la salvación única y universal de Cristo y se trata de un tema álgido tanto del diálogo ecuménico como del diálogo interreligioso.

Cómo es posible semejante diferencia en el seno de la propia Iglesia. Y es que si bien la historia de la Revelación está cerrada y conclusa, sin embargo la historia de la Salvación está abierta y en camino. Los teólogos antiguos confundieron la historia de la Revelación con la historia del dogma y tomaron a los dogmas como inmutables. Luego se comprendió que donde termina la Revelación empieza la interpretación de los dogmas.

Por lo demás el dogma no se contrapone con las verdades naturales, filosóficas o científicas, pues la Revelación no puede contradecirse. Lo que exige no confundir infalibilidad doctrinal con inspiración. El hereje es el que siempre prefiere su pensamiento personal en cuestiones de fe. La Reforma empobreció los misterios favoreciendo la racionalización del dogma. La Revelación se enraíza en la historia religiosa de la humanidad. Así Dios preparó a la humanidad para recibir el mensaje del Hijo comenzando por la religión natural.

I
INTRODUCCIÓN
Existen cuatro paradigmas teológicos sobre el rol que ocupan las religiones no cristianas en el proyecto salvífico universal de Dios: Eclesiocentrismo exclusivo, Cristocentrismo inclusivo, teocentrismo normativo y teocentrismo no normativo. Como veremos el debate ha derivado hacia teologías que relativizan la salvación única y universal de Cristo y se trata de un tema álgido tanto del diálogo ecuménico como del diálogo interreligioso. Al diálogo ecuménico el Papa Juan Pablo II le dedicó la encíclica Ut Unum Sint (1995), donde se reflexiona sobre la necesidad de restablecer la unidad visible entre todos los cristianos, puesto que su desunión es un escándalo que repugna a la voluntad de Cristo  y deslegitima la evangelización eclesial; y también lo abordó en su primera Carta Encíclica Redemptor Hominis, donde también hace incidencia en el diálogo con los seguidores de otras religiones. Mientras el diálogo ecuménico se realiza sólo entre cristianos, el diálogo interreligioso se realiza entre el cristianismo y otras religiones.

Se trata en el fondo de responder a varias interrogantes como las siguientes: ¿Por qué no se considera a las religiones no cristianas como caminos de salvación para sus seguidores? ¿Por qué no se puede prescindir de la fe cristiana para alcanzar la salvación eterna? ¿Por qué la Iglesia postconciliar no reconoció a las religiones no cristianas como vías de salvación para sus miembros como lo hizo con las iglesias cristianas no católicas?

En el Diálogo Interreligioso hay riesgos, como lo afirmó el Cardenal Arinze, ante los cuales hay puntos seguros de la fe católica a los que hay que atenerse. Se trata de evitar concepciones teológicas no correctas, que asumen este diálogo con una marcada mentalidad indiferentista que favorecen el relativismo religioso y la creencia que una religión vale por otra. En realidad, la discusión postconciliar sobre los medios por los que los no cristianos pueden salvarse es parecida a la que tuvo lugar durante el concilio  en relación con el papel salvífico de las otras religiones no cristianas. Allí la cuestión se zanjó reconociendo que el Espíritu Santo usa otras religiones cristianas y comunidades eclesiales como medios de salvación para quienes pertenecen a ellas.
II
LOS CUATRO PARADIGMAS
Los varios paradigmas teológicos ofrecen una respuesta diferente respecto a la valoración de las religiones no cristianas.

El primer paradigma es el Eclesiocentrismo o cristología exclusiva considera que la salvación sólo se da en la Iglesia y nunca fuera de ella, Extra Ecclesiam Nulla Salus. El único conocimiento válido de Dios es el cristiano y las otras religiones son vanos intentos de autojustificación. En esta posición se encuentran los teólogos Kraemer, Winter, Feeney y el teólogo alemán de la iglesia reformada, oponente del protestantismo liberal, Karl Barth (Cristo en la historia, 1965).

El segundo paradigma es el Cristocentrismo inclusivo que afirma que todos se salvan, aunque no lo sepan, sólo por la mediación de Cristo y la voluntad salvífica universal de Dios. Este Cristocentrismo inclusivo se puede subdividir en dos posturas más: la teoría del cumplimiento y la teoría de la presencia de Cristo en otras religiones. Ambas sostienen que la salvación de Cristo llega a todos los hombres, pero discuten si todas las otras religiones son en sí mismas caminos de salvación o solamente de preparación evangélica. En esta tendencia están los teólogos Henri de Lubac (Las religiones humanas según los Padres, 1967), Von Balthasar (El problema de Dios en el hombre actual, 1960) y Rhaner (El cristianismo y las religiones no cristianas, 1964).

El tercer paradigma es el Teocentrismo o cristología normativa, sostiene que Cristo ya no es el único y constitutivo salvador de todos los hombres, sino es tan sólo normativo, modelo o símbolo de salvación, en el que se comparan todas las demás religiones no cristianas. Aquí se sustituye la mediación universal cristológica por la medición universal salvífica de Dios, lo que da lugar a un pluralismo religioso. A esta posición teológica se han plegado los católicos Jacques Dupuis, Troeltsch y Paul Tillich (Christianity and the encounter of the world religions, 1963).

Dupuis por ejemplo afirma que el problema de la salvación se debe replantear desde la Trinidad o un Dios que es el Padre y tiene un plan de salvación para toda la humanidad, las religiones no cristianas encuentran en el cristianismo la plenitud de la encarnación del Logos en Cristo y la plenitud del Espíritu. Por tanto, el hecho que Cristo tenga una significación universal para la salvación de todos no nos permite presentarlo como absoluto (Jesucristo al encuentro de las religiones, 1991; y Hacia una teología del pluralismo, 2000).

Para Dupuis el Verbo o Logos asarkós actúa fuera del cristianismo utilizando como mediación otras tradiciones religiosas o figuras salvíficas, como mediaciones parciales del Logos. Jesús es la plenitud del logos encarnado pero agota el poder salvífico de Dios. Con lo que Dupuis termina separando el logos asarkós y Cristo, relativizando la salvación cristiana y aceptando otras figuras salvíficas donde actuaría el Logos asarkós. Este autor ha sido notificado por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El cuarto paradigma de valoración de las religiones no cristianas es el Teocentrismo o cristología no normativa que propone una revolución copernicana pasando de la perspectiva cristocéntrica a la teocéntrica. Solamente Dios, no necesariamente como creador ni personal, engloba todas las religiones, por lo cual se abandona toda reivindicación del significado único de Cristo y del cristianismo. Entre sus exponentes están Hick, Kniffer, Panikkar y el mismo Dupuis.   
III
RESPUESTAS
            Sobre el Diálogo Interreligioso existen dos documentos del Magisterio de la Iglesia: La actitud de la Iglesia frente a los seguidores de otras religiones (1984) y Diálogo y anuncio (1991), los cuales ofrecen reflexiones y orientaciones sobre el diálogo interreligioso y el anuncio del evangelio. En general, la Iglesia en este respecto sigue las orientaciones antropológicas, filosóficas y teológicas del magisterio del Papa Paulo VI y del Concilio Vaticano II (1962-1965). Juan Pablo II en su encíclica misionera Redemptoris Missio (1990) se mantuvo seguro sobre estos lineamientos.

Al respecto Francis Sullivan (¿Hay salvación fuera de la Iglesia?, 1999) ha señalado cuatro columnas sobre las cuales descansa la respuesta de la Iglesia romana ante el problema planteado por el relativismo religioso, y las cuales son: la universalidad de la gracia de la salvación, las semillas del Verbo, la unidad del Logos con Jesucristo, y la unicidad y universalidad salvífica de Cristo y de la Iglesia.

Veamos la primera. Sobre la universalidad de la gracia de la salvación se afirma que ésta llega a todos los no cristianos por caminos que sólo Dios conoce, sin que ello signifique negar la necesidad de la fe y del bautismo. Los no cristianos pueden recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios establecidos. Dios desea la salvación para todos los pueblos, pero esta salvación sólo es posible bajo la acción del Espíritu de Dios, el único capaz de asociar a la humanidad con el Misterio Pascual de Cristo. De modo que ninguna persona queda excluida de la gracia de la salvación cristiana, como la única que le permite al hombre realizar su vocación de plena comunión con Dios.

La segunda trata de las Semillas del Verbo. Se reconoce la presencia de elementos de bondad y verdad que el mismo Espíritu de Dios sembró en las otras religiones. Así el Espíritu Santo actúa en el corazón del hombre mediante las Semillas de la Palabra. Por ello el diálogo interreligioso no es una táctica interesada sino que nace de la propia naturaleza del hombre donde ha obrado el Espíritu. Son destellos de verdad que iluminan a todos los hombres, sin que por ello se niegue lagunas, insuficiencias y errores en las otras religiones. Así aunque hay mucho de verdadero y santo en el Islam, budismo e hinduismo sin embargo la Iglesia se mantiene inconmovible respecto a que lo primero es proclamar a Jesucristo como el camino de la verdad y la vida. Esto significa que las religiones no cristianas no pueden ofrecer la salvación a sus seguidores sin prepararlos hacia Cristo.

La tercera trata de la unidad del Logos con Jesucristo. Resulta contraria a la fe cristiana introducir cualquier separación entre el Verbo y Jesucristo, el cual es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable. Cristo no es sino Jesús de Nazareth, y éste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos. Hay quienes introducen una separación indebida entre la acción salvífica del Logos y la del Verbo hecho carne. Con la encarnación todas las acciones salvíficas del Verbo de Dios se hacen siempre en unión con la naturaleza humana que él ha asumido para la salvación de todos los hombres. El Verbo es la única persona que obra en las dos naturalezas: divina y humana. La revelación de Jesucristo no es complementaria a otras religiones, y ello a pesar que la verdad acerca de Dios no puede ser manifestada en su plenitud  por ninguna religión histórica.

La cuarta base trata de la unicidad y universalidad salvífica de Cristo y de la Iglesia. Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales de cualquier tipo y orden, éstas sin embargo sólo cobran significado y valor por la mediación de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas o complementarias. De manera que las demás religiones sólo encuentran su sentido y unidad en la mediación única de Cristo. Jesús no es complemento de las demás religiones, ni mero ejemplo en el que se han de medir las demás religiones, sino que es camino constitutivo de salvación para todos. Pero Cristo no puede ser disociado de su Iglesia, la cual celebra y anuncia la salvación para todas las naciones.

En suma, la salvación para los no cristianos no está al margen de Cristo y de su Iglesia. Aunque también es verdad que Dios puede llevar a la fe a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia por caminos conocidos sólo por El.  Por ello la actividad misionera conserva íntegro su valor.

IV
VALORACIÓN CRÍTICA
La teología cristiana actual se reafirma en que el diálogo interreligioso no puede ser valorado desde la perspectiva teocentrista, que niega a Cristo y conduce al relativismo religioso, sino desde la perspectiva cristocéntrica inclusivista, que considera que las religiones no cristianas están siempre referidas a Cristo y sólo en Él encuentran su verdadero significado y plenitud. Las otras religiones no son en sí mismas caminos o vías paralelas de salvación sino tan sólo vías preparatorias hacia Cristo.

Autores como Trevor Ling (Las grandes religiones de Oriente y Occidente, 1968) han sido de la opinión que ha llegado el momento de que Oriente y Occidente compartan sus profundos conocimientos religiosos para recuperar la espiritualidad y salvar al mundo de la oscura y nihilista secularización. Lo cual es cierto, las religiones mundiales tienen que afrontar el desafío del avance del ateísmo práctico, y no tanto teórico, en una sociedad secularizada y en una civilización cibernetizada. Pero el diálogo interreligioso entre cristianos y no cristianos es muy difícil que progrese dado los puntos álgidos de orden escatológico, metafísico, interpretativo y eclesiológico que los separan.

La unión no se producirá hasta que se superen dos puntos neurálgicos: 1. las fuentes de la Revelación o diversas Escrituras o tradiciones, y 2. la relación entre el Verbo divino y Jesucristo.

Entre el teocentrismo, que niega la salvación universal de Cristo, y el Eclesiocentrismo exclusivo, que niega la salvación fuera de la Iglesia, la posición oficial de Roma opta por el camino intermedio de un Cristocentrismo inclusivo, por el cual Cristo llega a todos los no cristianos por caminos que sólo Él conoce. Esta perspectiva significa tender un puente de comunicación con las otras tradiciones religiosas no cristianas, sin que ello signifique mellar la unidad del Logos con Jesucristo y el papel universal salvífico de Cristo y de la Iglesia.

Religiones no cristianas pueden aceptar la universalidad de la gracia de la salvación y las semillas del Verbo, pero no estarán de acuerdo en sostener ni la unidad del Logos con Jesucristo ni la unicidad salvífica de Cristo y de su Iglesia. Mientras tanto el magisterio eclesiástico proseguirá defendiendo la idea que las religiones no cristianas (judaísmo, islamismo, hinduismo, budismo, etc.) no ofrecen salvación a sus seguidores, sino tan sólo preparación hacia Cristo.

Lima, Salamanca 25 de Julio del 2012

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