sábado, 13 de septiembre de 2014

LAS CATEGORÍAS KANTIANAS

QUÉ SON LAS CATEGORÍAS KANTIANAS
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
La Deducción Trascendental de las Categorías es la parte clave de la Crítica de la Razón Pura, que prácticamente decide el destino de la filosofía trascendental. En la estructura del libro viene después de la Estética Trascendental y forma parte de lo que Kant llama Lógica Trascendental.
La Estética Trascendental había demostrado que el espacio y el tiempo son formas puras de la percepción y de la sensación en general, o sea de la materia. Las sensaciones del mundo externo son caóticas pero la conciencia impone a la experiencia las formas a priori de la sensibilidad, es decir, el espacio y el tiempo.

El resultado de todo ello es la formación del fenómeno u objeto del conocimiento sensible, dotado de forma espacial y temporal. De modo que el espacio es la condición formal para los fenómenos exteriores, pero el tiempo es la condición formal de todos los fenómenos en general, en tanto que es la condición general de los fenómenos interiores. El fenómeno no es apariencia porque las propiedades percibidas son atribuidas al objeto mismo en relación a los sentidos. Así, la posibilidad de un juicio sintético a priori se da por las intuiciones puras a priori, que hace posible que un juicio a priori pueda ir más allá del concepto dado.

Hasta aquí llega Kant a la conclusión de la Estética Trascendental, o sea las reglas de la sensibilidad en general. Ahora tiene que explicar las leyes del entendimiento en general, y esa es la misión de la Lógica Trascendental. Hay que explicar cómo se construyen a partir de los fenómenos inconexos de la intuición sensible los verdaderos objetos del conocimiento a través de las categorías.

Esta es la finalidad de la Analítica de los Conceptos –libro primero de la Lógica Trascendental-, descomponer la facultad del conocimiento humano con el objeto de examinar la posibilidad de los conceptos a priori en el entendimiento, esperando que la experiencia fuera ocasión de su desenvolvimiento. Y a estos conceptos los va a llamar Categorías y los va a ordenar en una Tabla (de cantidad, de cualidad, de relación y de modalidad). Al respecto se ha dicho que de una manera arbitraria Kant deduce el conjunto de las categorías a partir de una división no menos arbitraria de los juicios en doce clases.

Kant va a decir que lo primero que es dado a priori al conocimiento es la diversidad de elementos de la intuición pura, lo segundo es la síntesis de la esta diversidad por la imaginación y lo tercero es la unidad sintética de las categorías. Declara que la operación por excelencia de la espontaneidad de nuestro pensamiento es la síntesis.

Ahora bien, si Espacio y Tiempo son las condiciones de la posibilidad de la matemática, las Categorías son las condiciones de la posibilidad del conocimiento natural. De ahí su importancia cumbre para la explicación del conocimiento científico y humano en general.

La Deducción Trascendental arriba a la conclusión de que tres son las fuentes que hacen posible la experiencia: la sensibilidad (por la sinopsis formada por el Espacio y el Tiempo), la imaginación (que crea la síntesis de lo múltiple y que cobra un papel capital en la segunda edición de 1787) y la apercepción trascendental (unidad de la síntesis). En otras palabras, la Deducción explica cómo las categorías siendo las condiciones de la posibilidad de la experiencia en general son a la vez las condiciones de la posibilidad de los objetos de la experiencia. Es decir, el conocimiento no es producto de la dado sino el dictado que a las cosas hace la actividad apriórica del sujeto trascendental. Y con esta conclusión el universo de la filosofía que antes se partía en dos grandes bandos –platónicos y aristotélicos- ahora se partirá en tres con la filosofía trascendental, como el producto más refinado de la filosofía epistémica de la modernidad.

No hay que perder de vista que Kant tres facultades del conocimiento: entendimiento, discernimiento y razón. La Crítica de la Razón Pura acerca las dos primeras y separa la última por su uso hiperfísico, pero no profundiza la diferencia entre entendimiento y discernimiento. Para Kant el conocimiento tiene que ver con la facultad del entendimiento y ésta con la ciencia; el sentimiento se relaciona con la facultad de discernimiento y ésta con el arte; y el deseo con la facultad de la razón y ésta con la religión y la metafísica. No entraremos aquí a discutir su conclusión general, a saber, que para el idealismo trascendental el conocimiento racional es impotente para aprehender las cosas en sí. Por lo cual la realidad –dirá Hegel- está colocada fuera de la noción, así una noción y una realidad que no pueden acordarse entre sí son representaciones falsas.

Pero la conclusión de Kant será irretractable: cuando erróneamente se toman los principios regulativos de la razón pura como principios constitutivos entonces se genera un uso ilegítimo de la razón especulativa, que crea la ilusión de acceder al conocimiento del nóumeno y de conocimientos trascendentes. Este desenlace fue rechazado por el idealismo alemán y las corrientes espiritualistas de la filosofía contemporánea, no obstante gozó de gran predicamento entre las corrientes positivistas y antimetafísicas.

Baste hasta aquí este breve y necesario circunloquio para preguntarnos: Qué son las categorías. La Deducción Trascendental explica que el conocimiento no es producto de lo dado, contrariamente a lo que sostiene el evidentismo neopositivista y el empirismo, sino el dictado que a las cosas hace la actividad apriórica del sujeto trascendental. De manera que Kant resulta ser inferencialista porque admite que en el conocimiento humano hay enlaces metasensibles, o sea las categorías. Las categorías serían los enlaces metasensibles no observables sensorialmente.

Efectivamente, en el conocimiento inferencial se admite que en el conocimiento fáctico hay enlaces metasensibles o no observables sensorialmente. Esto es el criticismo. En el conocimiento evidentista se reduce el conocimiento fáctico a lo dado sensorialmente. Esto es el empirismo y el neopositivismo. Entonces si la Deducción Trascendental estudia el conocimiento del mundo físico era necesario examinar si el conocimiento inferencial se aproxima a la Deducción trascendental. Esto es justamente lo que hace el filósofo Walter Peñaloza en su señero libro Conocimiento inferencial y deducción trascendental (UNMSM, Lima 1962).

El resultado es que la Deducción Trascendental es conocimiento inferencial o sea conocimiento del mundo físico. Para Peñaloza Kant es inferencialista porque la realidad sensorial es sintetizada por enlaces suprasensibles a priori del Yo trascendental. Lo sensorial es irracional hasta que es sintetizado por enlaces que proceden del entendimiento, o sea, las categorías a priori. De modo que las categorías son enlaces metasensibles del conocimiento inferencial que no proceden de la experiencia. En consecuencia, las categorías y los enlaces metasensibles se parecen.

Las sensaciones pueden existir sin las categorías de causa y efecto, pero no pueden existir sin las categorías del espacio y del tiempo. Por eso las categorías no son condiciones para que las daciones aparezcan, sino para conocer los objetos de la experiencia y de la posibilidad de la experiencia misma. Las daciones no requieren de las categorías para existir, para ello bastan las formas del espacio y del tiempo, sino para ser pensadas y conocidas. En cambio, el objeto de la experiencia sí requiere de las categorías o enlaces suprasensibles.

De este modo, los objetos de la intuición sensorial no son los objetos de la experiencia. Kant mismo contrapone las daciones de la intuición sensorial con los objetos de la experiencia. Los empiristas y neopositivistas –incluidos bungeanos- afirman que nada inobservado puede inferirse válidamente de lo observado. Pero en realidad el conocimiento de los conceptos de universalidad y necesidad son de facto porque no son evidentes.

En suma, las categorías kantianas son enlaces metasensibles dictados por la actividad apriórica del sujeto trascendental. Ahora bien, la historia de Occidente culmina en la modernidad con la esterilidad metafísica del idealismo que subsume el ser al pensar.

Para recuperar el Ser hay que romper con la metafísica inmanentista del cientismo matematizante y asumir un realismo metafísico que rompa las cadenas de la subordinación del ser al pensar. Es necesario asumir como evidencia primaria que las cosas son, que lo ontológico determina lo epistemológico, que el ser rebasa el pensar. Pero hay que hacer esto no en términos evidentistas, como lo hace el empirismo y el neopositivismo, sino reconociendo la existencia de enlaces metasensibles que no son dictados por la actividad apriórica del sujeto trascendental sino por la estructura metasensible de la realidad misma. Esa sería la vía regia de una renacida metafísica crítica.

Lima, Salamanca 13 de Setiembre del 2014

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