martes, 26 de enero de 2016

HIPÓLITO UNANUE FILÓSOFO

HIPÓLITO UNANUE: FILÓSOFO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Hipólito Unanue (1755-1833) refutando la tesis europea de la inferioridad biológica a favor de la moral en razón de la esclavitud del indio, fortalece la visión de país y el proyecto nacional independentista criollo, según los cánones científicos del 800 peruano. Su racionalismo metafísico y fideísta lo convierte en uno de los ilustrados religiosos típicos del peripatetismo reformista.

Médico, cosmógrafo, naturalista, escritor científico, periodista, creador de una escuela peruana de medicina, colaborador de virreyes y de los primeros gobiernos republicanos, miembro de la Sociedad de Amantes del País y colaborador del Mercurio Peruano, entre los criollos fortaleció la idea de la patria peruana en las postrimerías de la colonia y fue presidente del primer Congreso Constituyente del Perú (1822-1823). Fue disuadido de ordenarse como sacerdote y se dedicó con entusiasmo al estudio de la física, matemáticas, historia natural, astronomía, literatura antigua y moderna.

Tres son las razones principales por las cuales Unanue, como los demás ilustrados peruanos, no es un irreligioso, a saber: (1) el equilibrio entre razón y fe logrado en el realismo metafísico del tomismo, (2) mantener a raya la racionalización protestante del dogma, y (3) porque la asimilación de la ciencia natural sin el criticismo kantiano lo exonera del giro copernicano antimetafísico y epistemológico a favor de la continuidad de la tradición esencialista clásico-cristiana.

Por estos motivos el ilustrado peruano no era un sabio irreligioso y siempre buscó una conciliación última entre ciencia y religión. Su racionalismo creyente es heredero legítimo del peripatetismo cristiano y su defensa de la experiencia sensible es muestra palpable de su discrepancia con el peripatetismo escolástico silogístico. Esto significa que, es con la silogística del peritatetismo escolástico tardío con el que discrepa la singular ilustración peruana, y no con la escolástica tomista que enseña partir de las cosas finitas para llegar racionalmente a Dios.

Pensar que Unanue y la ilustración peruana es ecléctica es descuidar el carácter fideísta y metafísico del peripatetismo reformista del 800. Por eso en Unanue no se trata de un eclecticismo entre la fe científica ilustrada y la fe religiosa tradicional, pues la intelectualidad del 800 completa orgánicamente su ciclo de evolución racionalista porque se trata de una ilustración moderada, sin los radicalismos deístas europeos y sin desprender la inmanencia de la trascendencia. Ciencia y Fe están estrechamente trabados en el tomismo y en la neoescolástica barroca sucede lo mismo con el desarrollo de las ciencias humanas con el Derecho de Gentes y el Derecho Natural. Al no penetrar el credo protestante en América hispana tampoco ingresa la racionalización del dogma, lo cual impide la hermenéutica religiosa subjetivista e individualista y favorece el desarrollo de una razón en diálogo armónico con la fe acorde con el Magisterio de la Iglesia.

Además, la asimilación del saber natural y científico del 700 mantiene el equilibrio entre ciencia y metafísica, porque la propia ciencia europea no va unida aún a la disolución del pensar metafísico –lo que ocurrirá recién a partir de Kant y no de Newton-. Será recién con Bartolomé Herrera y en el primer tercio del siglo diecinueve que se encontrará en el Perú una mención a Kant junto a Rousseau rechazando la propugnada democracia. Y es esta postura precriticista justamente la que se advierte en todos los ilustrados peruanos del 800, porque son herederos de una tradición cultural donde la razón autónoma no colisiona con la fe cristiano católica.

El centáurico metafísico e investigador empírico que era Unanue se inserta en la tradición esencialista de la naturaleza donde ésta es obra de la divinidad. Pero tratase de un paradigma organicista en la forma  aderezado del espíritu del paradigma mecanicista en el contenido y por eso ve el orden fenoménico opuesto al producto de la especulación desenfrenada. En su visión metafísica de la naturaleza se fusiona la concepción como producto de la reflexión y voluntad divina de Weigel y Boehme y la interpretación del materialismo metafísico de un Agripa von Nettesheim, Paracelso, Telesio y Patrizzi. Es decir, su pensamiento metafísico combina el sustancialismo clásico-cristiano con el mecanicismo moderno, porque la Naturaleza aun conteniendo leyes matemático-cuantitativas es creación de la voluntad divina.

Unanue busca una visión integral del Perú, tanto en su aspecto físico-geográfico como humano. Y esto se demuestra en sus artículos que aparecieron en el Mercurio Peruano, El Satélite del Peruano y El Verdadero Peruano. En el primero aparecieron los titulados “Idea general del Perú” y “Sobre geografía física del Perú”. Esta emoción peruanista y afán por el conocimiento pleno del Perú estuvo transida de una protesta criolla, al tratar de refutar la tesis europea de franceses y revolucionarios sobre la inferioridad del indio –y por añadidura del criollo- no por razones biológicas o raciales sino por motivos climáticos. Unanue enfrenta las invectivas contra la naturaleza del suelo americano y busca explicar el vínculo entre el paisaje y la geografía con el ser humano. Tras valorar las bondades del suelo americano, resaltar la riqueza de variedades animales y refutar que la pereza tiene su origen en un clima tropical, concluye visionariamente que la diferencia entre los hombres no es física ni biológica sino moral.

Por tanto, no es cierta la tesis europea de la inferioridad del indio en razón al clima. Su argumentación culmina en que es la esclavitud –obviamente impuesta por la monarquía española- la responsable principal del deterioro moral del indio. En consecuencia solamente la libertad es capaz de devolverle al indio su humanidad. Este es el verdadero tema de su libro El clima de Lima. Unanue utiliza un tema científico para arribar a conclusiones políticas que remecen las estructuras del poder colonial.


Sin embargo, su novedosa tesis que responde a los académicos europeos también tiene un lado problemático. Pues, si el indio está en inferioridad de condiciones por la esclavitud impuesta por los españoles, entonces no puede ser capaz de dirigir el país, ni emprender un proyecto nacional con coherencia. En consecuencia, al igual que los otros ilustrados criollos se deduce que se antepondrá la evangelización y la educación a cargo de los criollos para el logro de la plena ciudadanía del indígena. En otras palabras, el indígena sigue siendo un manumiso tutelado por otro estamento social. Ahora se entiende su distancia con la rebelión revolucionaria de Túpac Amaru II, quien sigue siendo la piedra de toque en medio del peripatetismo reformista para dirimir un proyecto nacional alternativo al criollo.

Lima, Salamanca 26 de enero del 2016

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