sábado, 3 de diciembre de 2016

EL SUICIDIO DE ARGUEDAS

EL SUICIDIO DE ARGUEDAS
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Tengo la firme sospecha que la causa del suicidio de Arguedas no fue la abstrusa situación de no hallar su lugar dentro de la sociedad –a lo sumo ésta sería la excusa-, sino que la real raíz del problema sería el abuso sexual infantil.

Esta idea fue sembrada en mi espíritu luego de una amena tertulia con mi amigo el ingeniero Hugo Chacón, quien viene por largos años estudiando a Arguedas. Entonces, me aboqué a la lectura de materiales especializados sobre el tema para precisar con más detalle la enigmática causa del suicidio del insigne pensador.

La asociación entre suicidio y abuso infantil es una tema poco explorado por la ciencia especializada hasta hace poco. Y recién ha comenzado su exploración en relación con el suicidio adolescente y juvenil. Más descuidado aun es el estudio entre suicidio adulto y abuso infantil, como es la hipótesis que desplazo en este ensayo breve.

Por lo pronto la correspondencia de Arguedas permite constatar que su “fervor por el Perú” lo sostiene con vida. Por tanto, este ideal permitiría sostener que nunca perdió su lugar dentro de la sociedad.

Más bien la exploración debe ir por otro camino. Arguedas fue una persona humillada y marginada desde niño. Su madrasta y su hermanastro fueron seres profundamente perversos, colindantes con la psicopatía, que lo sometieron a una serie de torturas psicológicas y trataron de destruir su autoestima.

Es más, él que se reconocía en un país profundamente racista como “un blanco entre los indios y un indio entre los blancos” sabía manejarse en términos étnicos. Por ende, su desequilibrio tampoco provenía del lado racial.

A su psicoanalista lola Hoffman le hace saber su desesperado lucha contra la muerte. Pero de dónde le venía la depresión, cuál era su origen.

Para que se produzca abuso sexual no necesariamente se debe producir penetración porque también se comete este crimen sobre la víctima cuando se le obliga al niño a presenciar actividades sexuales de otras personas. Todo esto es parte del componente de violencia del abuso sexual.

Esta parece haber sido exactamente la situación vivida por Arguedas con su disipado hermanastro bastante mayor, quien le habría obligado a presenciar actos sexuales indebidos. Por lo demás, se conoce que el afamado escritor no tuvo hijos y su infecundidad es también un enigma. ¿Fue causado por un trauma físico o de un trastorno psicológico?

Su esposa Sybila era una mujer fecunda y ardiente. Cosa que al depresivo novelista le representaba una causa más de ansiedad. No obstante, cuentan sus íntimos que el intelectual no se excluía del amor mercenario. Cosa que se relaciona con su muy lastimada autoestima.

Otro detalle interesante es que Arguedas sufría de insomnio –constatado por Luis E. Valcárcel- y justamente el abuso infantil presenta como sintomatología la falta de sueño nocturno. Conoció la separación conyugal –en 1965 se divorcia de Celia- y se vuelve a enamorar de una dama chilena. Su nueva mujer Sybila era apasionada y ella misma confiesa que era “imposible no amar a Arguedas”. O sea, la falta de amor tampoco fue la causa de su suicidio.

También se conoce que Arguedas para escribir necesitaba retirarse a lugares soledosos, alejados y muy silenciosos. Llegaba al extremo de ir a mudarse para escribir al Museo de Sitio de Pachacamac, donde estaba su amigo Arturo Jiménez Borja como director. Y otro de los síntomas del abuso sexual es el aislamiento, el retiro, la búsqueda de la pérdida del contacto humano.

Si sentía fervor por el Perú, no le faltó amor conyugal -a pesar de no engendrar prole-, lidiar bien con el tema racial en un país discriminador, entonces cuál fue la causa de su profunda depresión que lo llevó al suicidio. Su gran inteligencia y fina sensibilidad fue otro factor que aunado a su sufrimiento lo predisponía al auto-tormento.

Tampoco le faltó amor filial. En 1965 conoce a su hermana Nelly Arguedas, con quien va a mantener una relación de amor y ternura. Menos aun sería la angustia económica el motivo del desenlace suicida. No le faltó fuente de trabajo: del Instituto de Etnología pasó a ser Jefe de la Casa dela Cultura, luego nombrado Director del Museo Nacional de Historia, para terminar como profesor a tiempo completo en la Universidad Agraria La Molina. Tampoco le faltaron premios literarios y tenía sentido humorístico. Hasta gustaba cantar. Incluso hasta el final de su vida estuvo abocado a trabajos de recopilación, traducción y difusión. Es decir, no le faltó ilusión intelectual. Entonces qué lo llevó a la muerte.

Al parecer la causa de sus dolencias psíquicas estaba en un estrato más profundo y que se relaciona con el abuso sexual infantil de que fue objeto. ¿Pero pudo este trauma llevar a la muerte a un hombre adulto?

No hay duda que Arguedas en sus libros refleja no sólo el Perú de los humillados y ofendidos, sino que proyecta su propia biografía en Agua, Yawar Fiesta, Diamantes y Pedernales, Los ríos profundos, El Sexto, Todas las sangres, El sueño del Pongo, El zorro de arriba y el zorro de abajo. Y no han faltado intentos de rastrear su biografía en su bibliografía. Además, el propio Arguedas se propone como terapia auto biografiarse en ellas.

Sus misivas consignan sus múltiples intentos de suicidio. En una carta de 1961 a John Murra consigna que su angustia y melancolía le viene desde la infancia, y en otra misiva de 1966 a Arístides Arguedas le confiesa su aniquilación psíquica. Desde entonces su aislamiento se acentuó. Tratando de huir de sí mismo viajaba afiebradamente.

Cerca del hundimiento final en 1969 escribe en su novela póstuma que no sobrevivirá al libro. Cuando siente que ya no puede escribir, que la terapia psiquiátrica es inoperante, no puede dar clases ni viajar, es cuando toma la decisión fatal. Junto a su última novela da término a la gran novela de su propia vida.

En su última entrevista a Ariel Dorfman dice: “Soy un hombre civilizado…un indígena del Perú, indígena, no indio”. Era casi una respuesta a aquella chiquilla iqueña llamada Pompeya que despreció su amor argumentando: “no quiero tener amores con serranos”. Su última palabra que lo enaltece tiene que ver con la condición humana: “soy un civilizado”. Es decir, un hombre cuyo valor no depende de la raza, el lugar, ni el país, sino de la dignidad moral.

Esto permite comprender que su firme defensa del mundo quechua y del indio no tiene relación con el indigenismo de Guamán Poma, ni con el mesticismo del Inca Garcilaso, sino con su humanismo y sed de justicia social que no dejó que se encasillara en ningún socialismo ideológico.

En una palabra, sostengo que la profunda depresión padecida por Arguedas tuvo su origen en el abuso sexual infantil. Se cumplen en su caso los factores de riesgo (edad, aislamiento, malos vínculos familiares, falta de un progenitor protector, indefensión, madrasta sin empatía hacia su persona y presencia del perpetrador con el hermanastro amoral y abusivo). El impacto duradero y devastador se revela en las consecuencias a largo plazo que fueron: trastornos de sueño, alimentación, depresión, aislamiento, baja autoestima, victimización, necesidad de reconocimiento, tendencias suicidas.

La recurrencia y cronicidad de la depresión asociada al insomnio tuvo su origen en un trastorno afectivo. La cara más visible de todo este cortejo sintomatológico lo fue su apatía final, inhabilidad para pensar y la astenia o pérdida de energía vital.

Este depresión profunda de Arguedas simbolizó la de toda una raza subyugada, una nación marginada y una historia republicana infame. Lo que vino después con el Gobierno del General Velasco Alvarado –se quebró la columna vertebral de la oligarquía terrateniente- es parte de otra historia que cambió para siempre el Perú. El Perú de ayer salió de la otrora depresión racial para compartir hoy la depresión moral del mundo neoliberal actual.   


Lima, Salamanca 03 de diciembre del 2016

3 comentarios:

  1. Estimado Dr. Flores Quelopana, me permito felicitarlo por su artículo y a la vez alcanzarle algunos comentarios propios.

    El término "causa" hace alusión a un hecho que ha generado otro hecho, de modo tal que este último hubiera sido imposible o muy poco probable sin el primero. Esto es bastante evidente cuando la asociación entre la causa y el efecto es muy próxima en el tiempo; por ejemplo, en una fractura de fémur consecutiva a un accidente automovilístico, no queda duda de que el accidente fue la causa de la fractura, pues ésta no se habría producido sin aquél, o no habría sucedido en ese momento y lugar. Pueden existir otros factores que influyan en el resultado final; en el ejemplo descrito, el que la persona accidentada padeciera o no de osteoporosis habría tenido una pequeña influencia en que la persona se fracturase o no la pierna, o en la gravedad de la fractura, pero el causante definitivo seguiría siendo el accidente, pues sin éste –repito- la persona habría seguido su jornada normalmente.

    Sin embargo, cuando existe una considerable distancia temporal entre dos eventos, resulta más difícil atribuirles una relación de causa y efecto. Tal es el caso de la depresión y el suicidio, fenómenos que suelen responder además a múltiples factores, que por añadidura, no actúan de forma aislada, sino interaccionando entre ellos. Por eso, en este tipo de situaciones se prefiere hablar de factores de riesgo, es decir, aquellos que aumentan las probabilidades de que algo suceda. Así, la literatura psiquiátrica describe varios factores que incrementan el riesgo de cometer suicidio, tales como padecer de depresión o algún otro trastorno psiquiátrico, ser alcohólico, carecer de apoyo social o familiar, tener familiares suicidas y, por supuesto, haber sido víctima de maltrato o abuso sexual, entre otros (1).

    En el caso particular de José María Arguedas, es verdad que existe la posibilidad de que en su infancia haya sido testigo de escenas sexuales violentas, como las relatadas en su obra “Amor mundo y otros cuentos” (2), o que haya sido él mismo víctima de abuso sexual. Pero antes de atribuirle a tal experiencia la génesis de su suicidio, habría que considerar algunas cosas:

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  2. En primer lugar, pese a lo convincente que puede resultar el relato y las mismas confesiones del escritor andahuaylino en una recordada conferencia (3), no hay evidencia irrefutable de que el niño Arguedas haya sido vejado por su hermanastro y su madrastra; de hecho, su hermano Arístides negó que hubiera existido maltrato por parte de ellos (4,5), y en una conversación personal en el año 2004, también su hermana Nelly me expresó sus dudas al respecto. Esto no implica que Arguedas mintiera con intención malsana; de hecho, muchas personas sumidas en un estado depresivo grave pueden sesgar negativamente sus recuerdos biográficos o inclusive re-crearlos a la sombra de su melancolía. Por otro lado, si bien el insomnio y el aislamiento suelen ser manifestaciones de un abuso sexual, también lo son de cualquier trastorno anímico, careciendo por lo tanto tales fenómenos de especificidad diagnóstica.

    En segundo lugar, suponiendo que efectivamente hubiera sucedido el abuso sexual, si bien no puede negarse la influencia perniciosa de semejante acontecimiento en la psiquis de una persona, tampoco puede atribuírsele de modo firme la causalidad de un suicidio llevado a cabo 4 a 5 décadas después, máxime si de por medio hubieron otros factores que podrían también haber contribuido al desenlace fatal, entre ellos la pérdida temprana de la madre, la repetida ausencia del padre, la sensación temprana de desarraigo y marginalidad, los conflictos ideológicos con sus contemporáneos, el fracaso de su primer matrimonio, las exigencias de su segundo matrimonio y quizás hasta una predisposición congénita hacia la depresión, ninguno de los cuales puede erigirse como causa única (6). A lo sumo podríamos hablar de una conjunción de hechos que precipitaron la muerte del escritor. Plantear además el abuso como origen exclusivo del suicidio de Arguedas implicaría -como se mencionó al inicio- aseverar que el escritor no hubiera acabado con su vida si no hubiese sido abusado. Lo cual es bastante controversial, considerando además que muchas personas son víctimas de violación y no se autoeliminan.

    En resumen, es posible que Arguedas haya sido víctima de abuso sexual durante su infancia, pues sus padecimientos emocionales y algunos escritos suyos hacen sospecharlo. No obstante, tal hecho no deja de ser especulativo, y como supuesta causa única, no podría explicar de modo sólido un fenómeno de la complejidad del suicidio.

    Atentos saludos.

    Referencias:

    1. Organización Panamericana de la Salud. Prevención del suicidio: un imperativo global. Washington DC: OPS, 2014.
    2. Arguedas JM. Amor mundo y otros cuentos. En: Obras completas. Tomo I. Lima: Editorial Horizonte, 1983.
    3. Escuela Nacional Superior de Folklore “José María Arguedas”. Arguedas canta y habla (disco compacto). Lima, 2001.
    4. Huerta-Rodríguez F. Ficción y verdad en José María Arguedas. Diario La Primera. 2008 Oct 8.
    5. Pinilla CM. Arguedas en familia. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1999.
    6. Stucchi Portocarrero S. Depresión y creatividad literaria: A cien años del nacimiento de José María Arguedas. Rev Neuropsiquiatr 2011; 73: 209-212.

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