miércoles, 31 de mayo de 2017

LA ESCLAVITUD DEL HOMBRE DIVINIZADO

LA ESCLAVITUD DEL HOMBRE DIVINIZADO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Miguel, Gustavo, Zenón, Octavio, Víctor, Hugo, Francisco

Miguel: El mundo contemporáneo está azotado por una profunda y grave crisis, se ha extraviado el sentido de la vida. Al respecto, pienso que lo prioritario no son las creencias, el deber o los valores, sino el conocimiento de sí. Pues el autoconocimiento y la vida atenta es la piedra de toque de la ética. Y la cuestión clave de nuestro tiempo no es lo ontológico sino lo ético.

Gustavo: No lo creo. Al contrario, lo crucial es lo ontológico sobre lo ético. Reducir lo prioritario en la vida a lo ético y no ver su profundidad ontológica es resultado de la trampa nominalista del pensamiento moderno. Y es así porque la principal consecuencia del camino ético sobre el hombre es de carácter metafísico y ontológico. O el hombre experimenta un ascenso de su ser hacia el Ser o un alejamiento destructivo hacia la nada. ¿Tú que piensas Zenón, creo que tu reflexión también anda por lo ontológico?

Zenón: Considero que la clave no es lo ético ni lo antropológico sino lo ontológico-antropologizado, entendido como un interactuar. Dice el Zaratustra netzscheano “El Superhombre es el sentido de la tierra”. Considero como Nietzsche que hay que permanecer fieles a la tierra. Pero esto no significa que hay que negar lo divino ni suscribir un único Dios. Hay que reencantar el mundo y la vida aceptando la divinidad de la naturaleza. Esa es la vía para combatir el descreimiento y el nihilismo en el mundo contemporáneo.

Miguel: Pero hay que entender bien lo que significa autoconocimiento. Es viaje personal de búsqueda de las respuestas a las inquietudes más profundas del alma humana. En este sentido tiene una connotación ontológico-metafísica y también antropológica. El autoconocimiento es recuperar la visión holística para percibir el bien absoluto y así acabar con la visión egoica y fragmentada del mundo nihilista actual.

Hugo: Si me permiten. Pienso que las reflexiones deben situarse dentro de nuestra propia realidad andina. Las reflexiones hispanistas y mesticistas no han comprendido al Perú real porque han partido desde una filosofía ajena, objetivista, deductivista y racional. Incluso la meditación indigenista se asoció en demasía con el socialismo occidental. La crisis de nuestro tiempo tiene un matiz nacional que no puede ser soslayado. En nuestro caso la raigambre andina no puede ser ignorada. Además, no desestimo las consideraciones metafísicas. Y estimo que no hay que olvidar que el kamaqen del antiguo Perú era una energía panteísta, cósmico, a lo spinosista.

Víctor: Indudablemente, el factor nacional debe ser tomado en cuenta sin exageraciones.

Octavio: No señores, sus reflexionas todavía coquetean con la religión. Estoy de acuerdo con el factor nacional a tomar en cuenta, pero no con lo religioso. Y lo que hace falta es romper definitivamente con ella. Sólo el paradigma aplicado, materialista y ateo es capaz de entender que el quid del asunto no es ético, ni metafísico ni antropológico, sino político-ideológico. Es la política la que modela la subjetividad cuando se sistematiza filosóficamente. El paradigma filosófico en que discurren sus elucubraciones es demasiado intelectualista. Todas ellas pertenecen a la subjetividad liberal, incapaz de modernizar la subjetividad de las masas. La tarea en nuestro Perú semifeudal es modernizar la subjetividad desde una perspectiva occidental y ontológicamente atea. Esa es la vía para superar el nihilismo actual.

Víctor: En lo sustancial coincido con Octavio. El camino es político y ateo. Pero añadiría que ese camino es infecundo si no se busca eliminar nuestro infradesarrollo científico y la desigualdad científica. No hay otro camino de superar la crisis actual si no es mediante la ruptura con la metafísica de la cosa en sí.

Miguel: Ya veo que entonces tenemos dos grandes bloques de opiniones. Los metafísicos y los antimetafísicos, salvando los matices personales.

Víctor: Así es. Me parece justo.

Zenón: Acepto la distinción siempre y cuando se tenga en cuenta que mi postura no pertenece a la susodicha metafísica trascendente de la cosa en sí sino a la metafísica de lo que Heidegger llama Dasein, ser-ahí o ser-en-el-mundo. Es decir, metafísica en sentido inmanente.

Gustavo: A mi no me parece bien. Propondría, más bien, la distinción de dos grupos de opiniones: realista y nominalista. Y por una sencilla razón. Porque la metafísica inmanente al negar la dimensión de lo trascendente es hija legítima del empirismo y nominalismo moderno.

Octavio: Eso es discutible. El marxismo, por ejemplo, es un realismo sin nominalismo y sin trascendencia.

Miguel: Eso también es discutible. La escatología y teodicea materialista que lleva implícito el marxismo lleva un sentido de trascendencia en sentido histórico, aunque sea contrafáctico.

Zenón: Bueno, bueno, pero no nos desviemos del tema. ¿Hay salida a la crisis contemporánea?

Víctor: Tiene que haberla. Los pensadores tenemos el deber de ser optimistas. Y aun el pesimismo de Schopenhaeur lo es a su manera.

Miguel: Ya lo creo. Su recomendación es que no hay que esperar mucha felicidad para no ser muy infeliz.

Octavio: Tú qué piensas Gustavo.

Gustavo: Considero que los pensadores y hombres de acción de nuestro tiempo no comprenden a fondo el carácter del proceso que se está llevando a cabo ante nuestros ojos. Lo cual no es extraño. Pues ellos no lo crearon, sino que fueron creados por el proceso.

Víctor: A ver, explícate.

Gustavo: Hay que comprender el carácter de la contemporaneidad desde la misma profundidad de su espíritu y en su evolución interior y no desde acontecimientos exteriores de la realidad empírica que la rodea.

Zenón: Coincido.

Octavio: Yo discrepo. Todo lo religioso es pura pamplina, cuentos de niños que pertenecen a la infancia de la humanidad. La religión nace del temor, como decía Freud; de la explotación social, como demostró Marx; y de moral de esclavos como lo destacó Nietzsche. Además, todo ese cuento que el hombre está a hecho a imagen y semejanza de Dios se desmorona al constatar que los hombres son malos, salvajes, orgullosos, cobardes, débiles y miserables.

Victor: Es verdad. El hombre como ser creador tiene su mente y su existencia en sentido conformacional. No hay cosa en sí, no hay esencias, todo se crea por el arbitrio humano. Evitemos la desvinculación teológica del concepto con la vida.

Octavio: El gran error de Cristo fue suponer que el hombre quiere ser libre, cuando es muy débil e impotente para serlo. La gran multitud prefiere el ateísmo, la incredulidad y dejar de creer en Dios, la inmortalidad del alma y la libertad con tal de que exista alguien o algo que le garantice la distribución equitativa del pan en la tierra. Los hombres se sientes libres cuando renuncian a su libertad. El hombre prefiere la felicidad, la tranquilidad y la saciedad a la libertad. Cristo no sucumbió a las tres tentaciones del demonio por medio del pan, el milagro y el reino terrenal, pero el hombre real sucumbe a ellas y prefiere renunciar a la libertad. El hombre real prefiere prosternarse ante quien le asegure su tranquilidad material sobre la tierra. Prefiere entregar su conciencia y mantenerse sin personalidad en el hormiguero social único con tal de que le resuelvan todos sus problemas de la organización definitiva en la tierra.

Gustavo: Por lo general los que se dedican a arreglar el mundo no tienen fe en el hombre, lo suponen débil, mero gusano pútrido y hediondo. No creen que el hombre está predestinado a una vida superior y divina. Su espíritu euclidiano, rebelde y limitado trata de organizar un orden universal mejor y sin el sufrimiento que ha permitido Dios. Pero la humanidad atea ya nos demostró cómo concluye en la realidad. Porque dentro de la formidable lógica euclidiana no creer en Dios va de la mano con no creer en el hombre.  Así se deja la puerta abierta de par en par para la crueldad y el exterminio mutuo. Y, sin embargo, recién vivimos la juventud de la apostasía del Anticristo. A la humanidad aun le falta experimentar su madurez letal.

Miguel: Efectivamente. La historia de Occidente culmina en una crisis moral que consiste en la visión egoica y fragmentada del mundo. Se necesita religar nuevamente el orden moral con el orden cósmico. Hay que recuperar la visión holística a partir del "conócete a tí mismo".

Gustavo: Un mundo ateo y materialista hizo posible que entre Stalin, Mao, y Polpot juntos sean responsables de la aniquilación de más de cien millones de inocentes. Lo cual ya lo había visto proféticamente cincuenta años antes Dostoievski en sus paradigmáticos personajes novelescos. Sobre todo en "El Gran Inquisidor". 

Octavio: La Inquisición española no se quedó atrás en genocidios.

Gustavo: La inquisición española es un niño de pecho al lado de los genocidas de la era moderna. Pero lo cierto es que la humanidad sin Dios también asola a la parte liberal. La desaparición de la idea de inmortalidad, de la vida eterna y de Dios ha garantizado que la humanidad concluya en la crueldad, la deshumanización y el exterminio mutuo. Las revoluciones no se hacen para el hombre sino para la sociedad. Por eso son deshumanizadas, terroríficas y terminan entregando las llaves del cielo al incuestionable líder del partido o del mercado. El hombre divinizado y sin Dios desprecia profundamente a la humanidad, sólo la ve como un medio para un fin externo. Por eso le es fácil ser cruel, sádico y destructivo con su prójimo. El mensaje de Levinas de amor por la otredad adviene a un occidente sin espíritu e infecundo. Además, el gran secreto del Anticristo es que no está con Cristo sino "el otro". ¡Si eres el Hijo de Dios entonces baja de la cruz! le espetaban los incrédulos a Jesús en el Gólgota. No entendían que la Verdad crucificada por las fuerzas de este mundo significaba su libre humildad y humillación. Por eso la Iglesia que ha empuñado la espada de César, con su organización jurídica y dogmas racionales, está distante de la lógica de humildad de la verdad crucificada.

Octavio: Pero el mundo que nos describes no existe. Europa a pesar de la crisis mantiene un gran gasto social y cobertura básica para los ciudadanos. Es un sistema que se esfuerza por ser humano.

Víctor: El avance científico ha hecho posible tales beneficios sociales. Retroceder a una edad media agravará la situación y no la mejorará.

Gustavo: El fatal amor ateo anticristiano también fue entrevisto proféticamente por Dostoievski, especialmente en su novela Los endemoniados. El amor humanitario y social no sólo destierra la vida ultraterrena, sino que crea en el alma humana una soledad que no procede de la esencia del Ser, y sí de una irrisión del ser, de la Nada. La ilusión fantasma de una humanidad sin Dios hace creer que es posible combatir el nihilismo egolátrico de la modernidad mediante la autognosis, divinizando la naturaleza, la revolución política, la revolución científica y prescindiendo de Dios. 

Hugo: Pero tomemos en cuenta lo andino.

Gustavo: Ya lo creo. Hasta Vallejo es notorio una protesta ardiente y enfermiza contra el espíritu mercantilista y materialista de Occidente. Pero la tendencia mundial de la materialista civilización contemporánea vence en el Perú. El poema La mano desasida de Martín Adán es en realidad el espíritu religioso desasido. El alma peruana, sobre todo en sus estratos hispanistas y mestizos, sufre un eclipse del espíritu religioso. Y vemos avanzar triunfante la irreligiosidad también sobre los Andes. Los marxistas la hicieron avanzar mucho. Ahora pasada la hora marxista prosigue su marcha sobre los hombros del pragmatismo y mercantilismo liberal. En otras palabras, es conveniente no convertir lo andino en un fetiche. pues el alma del hombre andino está atravesado por sus propias oscuridades. 

Hugo: Cierto. Es dañino y peligroso tomar el alma andina como un fetiche.

Gustavo: El alma andina tiene la propensión a sumergirse en las tinieblas del desgarramiento de las pasiones. El alto índice de alcoholismo en las fiestas patronales lo confirma. El pueblo andino es un pueblo espiritualmente enfermo. A pesar de estar muy bien dotado espiritualmente, le resulta mucho más difícil disciplinarse que a los occidentales. El alma andina tiene la tendencia a sumergirse en esta tendencia obscura y permanecer en ella el mayor tiempo posible. Achacar esto a la Conquista es superficial y las Crónicas lo desmienten. El espíritu andino se encuentra todavía inmerso en los impulsos elementales del alma. Si bien con el cristianismo otorga a la persona un valor absoluto, cree más en lo universal de la colectividad, el ayllu, la familia, los lazos de sangre. Por eso le resulta más difícil vencer y librarse de su apasionado impulso hacia lo dionisíaco. Los incas introdujeron un estricto principio moralizante apolíneo y morigeraron esa gran tendencia hacia la autoconsunción.

Hugo: Pero las culturas precolombinas han sido altamente simbolistas y, en este sentido, verdaderamente culturales y realistas. Lo que aun lo siguen siendo.

Gustavo: No lo dudo. Toda crisis de la cultura es crisis del simbolismo. Y es aquí donde se debe buscar el origen de su enfermedad espiritual. Los estudiosos de la cultura andina solamente ven continuidad en sus veinte mil años de historia. En cambio yo veo interrupciones nihilistas y ánimos apocalípticos. La caída y disolución de cada gran cultura e imperio precolombino encarnó el ansia de evasión simbólica para alcanzar la verdadera realidad. Lo apocalíptico y lo nihilista se mezclan en este proceso. Pero la vida divina, como la suprema cultura del espíritu, no se extingue, sino que se reconfigura en nuevos valores. Lo que sobrevivió fue aquella perspectiva cósmica de vivir la vida moral con el mismo orden que exhibe el "mundo de arriba" o Hanan Pacha. Esto se plasmó en la idea de Justicia. El cristianismo vino a enriquecer dicha idea cosmocéntrica con la idea antropocéntrica de la libertad personal. Y la muestra de ello son desde Bartolomé de las Casas hasta Túpac Amaru. 

Miguel: Por mi parte, yo no prescindo de los dioses. Pero nuestra civilización se ha vuelto menos espiritual y más material.

Zenón: Yo no prescindo de lo divino. Por ello insisto en reencantar el mundo contra la civilización desespiritualizada. 

Víctor: Yo sí y junto con Octavio hacemos a un lado toda clase de fantasías de la cosa en sí.

Gustavo: En sus palabras se retrata el carácter de la crisis espiritual que nos afecta. La lucha entre el espíritu materialista con su afán de felicidad terrenal y el espíritu religioso con su afán de felicidad ultramundana. Son dos espíritus los que combaten en el mundo. Y en nuestra presente era de apostasía lleva las de ganar la primera, el espíritu del Anticristo. La civilización sin espíritu ahoga al espíritu de la civilización.

Víctor: Suena interesante. Cómo es eso.

Gustavo: La degeneración ontológica y destrucción de la personalidad de nuestro tiempo proviene no sólo de una voluptuosidad desenfrenada, sino de la depravación de la libertad arbitraria humana. Sobre la cual no sólo se desconoce nuestra condición de criatura, la filiación de estar hechos a imagen y semejanza de Dios, sino que es resultado de la alienación de la libertad.

Zenón: Ya lo dijeron Hegel y Nicolai Hartmann. La libertad divina es inconciliable con la libertad humana.

Obando: Ya lo creo. La religión es la que lleva hacia la alienación de la libertad del hombre.

Gustavo: Pero sucede justamente lo contrario. La libertad es irracional. Esto es, puede producir el mal o el bien. Pero rechazar la libertad es un mal peor (luteranismo). Sin libertad el responsable del mal sería Dios. La libertad arbitraria lleva a la libertad de la nada, al diablo. Y esta clase de libertad encuentra una vía regia de desarrollo con el nominalismo y el empirismo moderno que reducen el ser a lo fáctico, medible y sensible. Y con el racionalismo, que pone la subjetividad en lugar preeminente por encima del ser. La consecuencia ha sido la desaparición del horizonte de lo trascendente y la irrupción del nihilismo en el alma del hombre. 

Víctor: Es preferible la felicidad del pan material que la felicidad espiritual de la vida ultraterrena.

Gustavo: Tanto la utopía de la felicidad, la perfección social y la apoteosís del pan terrenal limitan y exigen el fracaso de la libertad. El sufrimiento del hombre no proviene tanto de la explotación del hombre por el hombre, sino del hecho de que el hombre entrega su libertad para ser sojuzgado por el pan terrenal. Capitalismo y socialismo son religiones secularizadas de organizar la felicidad en la tierra. No es casual que el socialismo no reemplace al capitalismo sino al cristianismo. Son la religión del pan terrenal donde fracasa la libertad. Ambos producen despersonalización, impersonalidad, nivelamiento y esclavitud. En ambos domina una minoría tiránica, ya sea estatal o privada. Esa la moderna esclavitud del hombre divinizado, del Hombre-Dios. Para Lenin el despotismo ilimitado llevaría a la libertad sin límites. Pero lo cierto es que la libertad sin límites llevó hacia el despotismo absoluto -político en el comunismo y económico en el capitalismo-.

Miguel: Sin duda, hay que rescatar la dimensión de la trascendente pero mediante la autognosis.

Gustavo: Sin trascendencia la libertad desaparece.

Obando: No lo creo. Nada de trascendencia ultraterrena. La religión es alienación. Al contrario, la libertad humana resplandece mediante la revolución de la subjetividad atea.

Gustavo: El extravío del hombre por el camino de su propia deificación tiene dos vías: las creencias monofisistas orientales junto al paganismo dionisíaco griego (unidad con identidad con el absoluto, donde el hombre desaparece en medio de lo divino) y las creencias ateístas (deificación humana). Más, la dialéctica del destino de la libertad humana sólo es cabalmente entendida dentro de una mística de la unidad sin identidad del cristianismo. La esencia libre y creadora humana supone una esencia libre y creadora divina. Pero la humanidad debía recorrer los caminos dolorosos de la libertad. Debía conocer que la exaltación del mundo, y el tránsito hacia el Hombre-Dios llevan hacia la ruina y a la nada. Se trataba del cáliz que el hombre tenía que beber para ser consciente de su locura autodeificadora.

Zenón: O un principio divino que esté por encima de los dioses.

Gustavo: Cómo siendo el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios apetece el mal y desemboca en la destrucción de su libertad y personalidad. Jacobo Boehme lo atribuyó plotinianamente al abismo oscuro o principio divino al que llamó Ungrund del bien y el mal en la naturaleza misma de Dios. Más Cristo revela que el camino a Dios no es ni impersonal, ni exterior, sino interior. Pasa por la libertad infinita amorosa de un dios personal frente a la falsa libertad sin límites del Anticristo, con su fracaso de transformar al hombre en Dios.

Octavio: En breves palabras. Nos dices que el espíritu de nuestro tiempo pertenece a la apostasía del Anticristo. Pero, cómo esto va a ser posible, si el hombre moderno no cree en la trascendencia.

Gustavo: Para que el cielo y el infierno se abran dentro del hombre previamente tuvieron que cerrarse fuera de él. La edad moderna clausuró para el hombre la trascendencia externa. Pero Dios y el diablo, el cielo y el infierno volvieron a abrirse dentro de su propia alma. Aquellas realidades que en la edad media se revelaban como algo exterior al hombre, en la modernidad se revelan como algo interior al hombre. Por ello nuestro tiempo está más cerca a san Agustín que a santo Tomás de Aquino. No obstante, es justo reconocer que la victoria del espíritu anticristiano, la falta de fe, el avance del ateísmo y materialismo son consecuencia de un cristianismo petrificado por ritos abstractos, retórica osificada y un clero sin fuerza regeneradora. Sin embargo, de un cristianismo nuevo debe venir la regeneración espiritual. 

Víctor: Entonces, a tu parecer cuál es el carácter de la crisis espiritual actual.

Gustavo: Vivimos una antropodicea y una teodicea. Se ha caído en la concepción del Hombre-Dios, que permanentemente nos acecha y devora. Amar al hombre fuera de Dios es imposible. El Superhombre no puede amar al hombre. Para el hombre divinizado le resulta fatal la humanidad. Sólo la idea de Dios que desciende entre los hombres puede salvar la humanidad en vistas a la eternidad.

Obando-Víctor: No podemos retroceder al cristianismo, hay que superarlo ateístamente.

Gustavo: Pero Ustedes tampoco levantan su voz contra el ocultismo y la teosofía, que son caminos bastardos hacia Dios. O contra el panteísmo, la mística oriental, sendas que pertenecen a la no-revelación. La verdadera forma de superar el cristianismo es hacerlo carne entre nosotros, encarnarla en la vida concreta. Esto implica distanciarnos del cristianismo estatal y abrazar el cristianismo evangélico de amor al prójimo. No hablo de convertirse a la secta evangélica. Yo soy católico y lo seguiré siendo. Pero eso no exime a mi conciencia crítica en el seno mismo del catolicismo. Nuestro tiempo puede ser salvado, no desde el alma burguesa ni comunista, del escepticismo ni del ateísmo, ni del securalismo arreligioso moderno, ni del ocultismo teosófico, panteísmo o mística oriental, sino desde el interior de lo religioso. En cambio hoy los ciudadanos son esclavos de las transnacionales, las cuales pertenecen a un puñado de diosecillos que concentran el 80% de la riqueza mundial. 

Víctor: Pero ya no vivimos en la edad moderna. Además, la especie homo es todavía joven, apenas llevamos 2.5 millones de años sobre la tierra.  Si la vida media de cada especie es entre 3 a 5 millones de años, entonces eso significa que vamos en la mitad de nuestra existencia como especie. Aunque es un misterio porqué hay especies que sobrepasan la vida media. Por ejemplo, los cocodrilos existen desde hace 55 millones de años, las hormigas desde hace 120 millones de años, la tortuga desde hace 200 millones de años. las lampreas y el celacanto con 360 millones de años, el tiburón desde hace 400 millones de años, el cangrejo herradura con 450 millones de años, el Nautilus con 500 millones de años, las medusas con 550 millones de años y las esponjas con 760 millones de años. Sin duda, el hombre no vivirá tanto.

Octavio: Claro. Incluso a la especie humana dentro de 1 millón de años le esperan cambios insospechados. tendremos que colonizar otros planetas, adaptarnos a un medio ambiente nuevo. Llegará el apocalipsis tecnologico, donde el ser humano se habrá fusionado con las máquinas, nuestra conciencia será un chip que habrá superado la base digital para convertirnos en pura inteligencia artificial. 

Hugo: Coincido. La humanidad tiene todavía mucho por delante y formas desconocidas nos esperan. Siempre y cuando la inteligencia artificial del futuro no nos extermine.

Zenón: Es verdad. El hombre con la tecnología está cambiando el curso de la evolución. De lo biológico estamos pasando a lo tecnológico, y las máquinas pueden acabar con la humanidad.

Víctor: Además, nuestra pequeña mácula azul que es la Tierra vista desde el espacio ha sufrido doce grandes extinciones y por lo menos cinco han sido masivas. La vida ha tenido que volver a empezar varias veces tras una gran mortandad cada 65 millones de años. Y el asesino generalmente viene del espacio. No es tanto un asteroide sino una emisión letal de rayos gamma que vienen de los agujeros negros. El universo es extremadamente violento y tiene armas inesquivables de extinción masiva. El Universo es aterrador. Millones de especies desaparecieron en estas grandes extinciones masivas. Y actualmente es el hombre la causa el vector de esta sexta gran extinción masiva. No hay duda que la vida es frágil y nada puede hacer contra las fuerzas del cosmos. Pero la tragedia del cretácico no fue el mayor asesino de la historia. En la costa de Australia quedan los vestigios de estromatolitos de hace tres mil millones de años, colonias de las bacterias fotosintéticas, responsable de una de las más devastadoras extinciones masivas al producir el gas oxígeno y cambiar la atmósfera. El movimiento de las placas tectónicas y sus cambios climáticos es otro de los grandes vectores de la vida y de las extinciones. Y los supervivientes no son los mejor preparados sino los que tienen más suerte. o sea la vida es un inquietante juego de azar. Cada cierto período de tiempo se crea un nuevo mundo por diversos factores. Hoy la especie humana es la más pujante pero no hay garantía que lo siga siendo para siempre. Pues el antropocenio está en una encrucijada y puede fagocitarse a sí mismo porque nos estamos convirtiendo en un factor de devastación. Y no damos tiempo a la tierra para recuperarse.

Obando: Y todo ello sin olvidar la explosión de un supervolcán, la inversión de los campos magnéticos de la Tierra, que deje de girar el núcleo del planeta y las tormentas magnéticas solares.

Gustavo: El fin apocalíptico de la raza humana a manos de ciborgs o de la inteligencia artificial es una posibilidad. Así como también lo es nuestra fusión con ellas. Pero no menos cierto es que vivimos el fin de los tiempos modernos y el comienzo de una nueva edad religiosa. Nada garantiza que esto último ocurra. Una catastrófica y demencial guerra termonuclear puede extinguir a la raza humana de un solo golpe. Pero ya ahora somos responsables de la sexta extinción masiva. Más somos capaces de enmendar nuestros brutales errores.

Víctor: Es verdad. Con tantas tensiones mundiales en Oriente Medio, Extremo Oriente, Europa, África, es posibilidad no podemos descartarla.

Gustavo: Pero lo cierto es que no hay renacimiento espiritual posible sin ascetismo religioso. La edad moderna comenzó con un Renacimiento que enarbolaba la libertad humana unida a Dios, y concluye en la Posmodernidad suprimiendo dicha libertad sobre la base del divorcio del hombre con Dios, la verdad y la razón. La luciferina libertad anárquica es depravación y descomposición de una humanidad entregada al mal. La humanidad atea sólo garantiza la crueldad y el exterminio mutuo, y no el verdadero amor a la persona humana. La tragedia de nuestro tiempo es que el espíritu mercantilista, materialista y ateo ha triunfado sobre el espíritu religioso y ha ocultado el cielo.

Víctor: De qué nos sirve el cielo si no satisface el pan terrenal. Más seductora es la utopía de convertir las piedras en pan. Eso es lo que acabará con la tragedia de nuestro tiempo.

Gustavo: Supongamos que la tecnología invente un artefacto llamado la caja de Pandora. Un aparato parecido al microondas, donde introducimos piedras para convertirlas en lo que querramos. Sería el fin del imperio del mercado capitalista y el término de gran parte de los sufrimientos materiales. Para muchos representaría la conquista de la felicidad terrenal. Pero ese hombre sin límite en sus deseos no tardaría en sucumbir a monstruosidades descontroladas nacidas de un alma endiosada. Por eso, no hay peor esclavitud que la del hombre divinizado. Está lleno de compasión y humanitarismo por el hombre, es demócrata y socialista. Es el Superhombre opuesto a Cristo, es el Anticristo o el hombre erigido en Dios. Vencerá a las pasiones, transformará el mundo y sustituirá la vida eterna por la eternidad de la vida presente. Se sentirá tan poderoso que operará la desmalignización del mal y la malignización del bien. Habrá detenido el tiempo bruscamente y convertido el momento en eterno. Y la prueba suprema del Superhombre será poner fin al mundo. En otras palabras, el camino que conduce a la deificación del hombre es el mismo que representa la arbitrariedad de la libertad. Si el camino de Cristo fue el triunfo sobre la muerte, el camino del Superhombre divinizado es el suicidio y el eterno retorno de la nada.

Octavio: Yo quiero ir más allá incluso y suponer que el hombre llegue a vencer a la muerte por el camino prodigioso de la nanotecnología y la ingeniería genética. Y así habrá acabado el sueño religioso de la resurrección de los muertos, el triunfo de Cristo sobre la muerte, y todos los hombres podrán sentirse como él vencedores de la muerte.

Gustavo: Así será el final del camino del hombre convertido en Superhombre y liderado por el Anticristo. Podrá logra la inmortalidad pero no la vida eterna, que es es fruto del amor. Porque la inmortalidad sin amor es vacía. Y arrancado de la naturaleza el hombre se precipitará en el infierno. Ansiará volver al gran ciclo cósmico de la vida y la muerte, no hallará paz ni descanso en nada. El nuevo paraíso tecnológico lo llena por fuera pero lo deja vacío por dentro. Más la posibilidad de volver a Cristo y hacia su verdadera patria perdida a pesar de su rebelión, es una posibilidad abierta por su libertad. Esa es la verdadera revelación de la libertad cristiana. La libertad de Cristo sólo es posible si se renuncia a toda pretensión de poder terrenal. Este espíritu apocalíptico es necesario para liberarse de la seducción del Anticristo. En cambio este hombre lúdico, frívolo y sin tragedia de la posmodernidad se ha hecho posible porque los problemas vitales y reales del espíritu se han vuelto más serios. Y en vez de afrontarlos se prefiere evadirlos. Porque sin la idea de la inmortalidad del alma la vida no vale la pena de ser vivida. En el fondo se trata de una evasión por la propia responsabilidad de la libertad.

Francisco: ¡Quiero romper mi silencio! Magníficas disquisiciones, estimados colegas. Todo el tiempo permanecí en silencio, escuchando y pensando. Ahora quiero decir mi parecer. Considero que todos los argumentos coinciden en tres puntos fundamentales. Primero, la crisis antropo-existencial que estamos viviendo y de la cual todos somos conscientes. Segundo, en el esfuerzo reflexivo por salir de la crisis que nos azota.  Tercero, en la viabilidad y optimismo propositivo de las ideas. 

Todos asientan sus palabras con la cabeza

Francisco: Y justamente por esta vía va mi argumentación. Cada una de las disquisiciones me muestran y confirma la existencia de la conciencia más aun en su dimensión de intimidad o autoconciencia y de la trascendencia que la posibilita. Todo tiempo es de crisis y el nuestro no es la excepción. Crisis es al mismo tiempo enjuiciamiento y reflexión, pero también kairos y metanoia. Tiempo de oportunidad para la transformación. Y esta no es posible sin la educación del criterio. Ese es el momento de la filosofía. Démosla a conocer.

Aplausos de todos a las palabras de Francisco

Zenón: ¡Excelente! Y ahora tenemos que comparecer cada uno de nosotros ante nuestra conciencia y meditaciones privadas. Pero mañana temprano nos reuniremos nuevamente.


 Lima, 31 de Mayo 2017

sábado, 27 de mayo de 2017

FILOSOFÍA ANDINA MITOCRÁTICA

LA FILOSOFIA ANDINA MITOCRÁTICA
En la obra de Chacón*
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
A continuación ilustro la recepción de mi categoría de la filosofía mitocrática citando el libro recientemente publicado del pensador peruanista Hugo Chacón Málaga “Nación Andina”.
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La civilización andina debe interpretarse a la luz de cuatro aspectos: su filosofía, la concepción del ser y la naturaleza; las particulares formas del trabajo y sus articulaciones asociativas, la notable pluralidad cultural edificada a lo largo de milenios y la geografía que la contuvo. Soslayar alguno de los componentes no contribuye a mejorar la comprensión de su formación social y económica. Existen, sin duda, elementos adicionales a considerar, pero, estos son insoslayables.

Sobre la filosofía andina se ha extendido un manto de ignorancia o silencio. Una manera de no verse amenazada ha sido  tolerar que la reflexión filosófica alcance una forma menor del pensamiento y  denominarla cosmovisión, marbete con el que disfrazan la alienación, tranquilizan conciencias y esconden la incapacidad de ver más allá de los marcos conceptuales del pensamiento dominante.

La filosofía ancestral ha recibido un trato similar al que se depara a otras aportaciones culturales originarias: aceptación y tolerancia mientras no amenace las débiles defensas de la cultura oficial. Bajo el contexto descrito, no ha habido forma de aprehender los signos fundamentales de nuestra filosofía ancestral que ya se observan excluyentes con la occidental en la narración que hace el soldado Cristóbal de Mena de la reacción que suscita en Atahualpa tener entre sus manos la Biblia cristiana (Cap. VI, p. 203).
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Pocos vislumbraron que la reductiva cosmovisión andina no podía ser la explicación convincente de su densa y compleja configuración cultural. No hubo, en el firmamento especulativo criollo resquicio por donde se filtrara la duda o una débil reflexión sobre el sustrato filosófico que vertebró tamaña civilización. Más pudo la colonialidad mental y la alienación ideológica.

Para entenderlo en su dimensión cierta eran quizá innecesarias sapientes elucubraciones, bastaba formular elementales preguntas para señalar a la filosofía y teología andinas como causa primera de la originalidad y calidad de su desarrollo. ¿Pudo la complejidad cultural nativa, su densidad civilizatoria acreditada por  la diversidad de lenguas habladas en el territorio, alcanzar sus altos niveles de integración, cultivando el animismo pedestre y ramplón, que se le ha endilgado? (Cap. VI, pp. 204-205).

¿Se observa en el Qoricancha, templo mayor de la religión andina, espacio grandilocuente y particular para albergar la pagana e inabarcable divinidad solar?; el sobrio y ascético recinto ¿no muestra acaso una hornacina prudente, austera, preparada para un waykey, hermano superior entre pares, antes que barroco espacio para una divinidad inabarcable e inalcanzable? La vasta y densa normatividad ética y moral, ¿vislumbran ausencia de una trama filosófica previa?

Vemos entonces que hay escasos resquicios que puedan anular la afirmación que sustenta el desarrollo de un pensamiento filosófico en la civilización andina. Los detractores de cuño occidental que listan exigencias de aprobación deberían percibir que aun calificando al pensamiento andino con formatos foráneos vemos que cataloga con suficiencia en la plataforma filosófica homogeneizadora: posee una concepción del ser, de la materia y del universo, también una interpretación de la divinidad y exhibe avanzados criterios éticos y morales.

Pero no es este el camino que se debe seguir para explicar los pormenores constitutivos de la filosofía andina, sino, como veremos más adelante, el señalado por el filósofo nacional Gustavo Flores Quelopana con su inaugural teoría del Mito como Logos filosófico.

Terminar de descorrer el velo del interés y la ignorancia eurocéntrica que se cierne sobre la filosofía y religión andina es una necesidad fundamental para reconfigurar su real estatus civilizatorio. Y no se trata de un prurito académico que ordene el pasado y nos reconcilie con la verdad, está en baza impedir se extravíe una herencia histórica que dificulte erigir el ser nacional.

Requerimos extraer de ese antiguo sustrato los fundamentos de una nueva hegemonía cultural andina que propicie construir una nueva civilización que reemplace las excrecencias de la declinante civilización occidental y cristiana que nunca propicio comunidad y tampoco integración ni pudo construir nación. Es urgente acompañar la ingente capacidad  creadora  del  pueblo  con elementos organizados de un  pensamiento superior que ningún pueblo ha desechado en la forja de su identidad y destino. Es necesario auxiliar el desarrollo cultural ejecutado con dispersión y muchas veces inorgánico, dotar de  fundamentos filosóficos al próximo nuevo ciclo cultural andino (Cap. VI, pp. 207-208).
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La huella de Ginés de Sepúlveda ha hecho historia en el país, de distintas maneras hallamos sus postulados en cada acto que los peruanos ejecutan; observar los hechos con mirada ajena. La pretensión de armar un cuerpo nacional sin ubicar sus partes en el lugar correspondiente explica por qué muchos pensadores, incluso contestatarios o revolucionarios, no logran configurar un armónico cuerpo nacional: consideran que nuestra herencia andina es un problema a resolver, sin considerar que constituye la solución.

Señalar la existencia de filosofía en la sociedad antigua es un paso menos complicado que determinar sus características constitutivas. Para satisfacción de la verdad histórica, diversos estudiosos nacionales dedican su tiempo a reconstruir, recrear, el corpus filosófico andino. En restringidos ámbitos académicos se han dado desde hace muchos años elaboraciones teóricas sobre estas disonancias filosóficas y culturales. En el último medio siglo las ideas han ido en progreso y desarrollo.

En los años recientes la producción teórica del filósofo Gustavo Flores Quelopana se constituye en la más firme intercesora de la filosofía nuestra. De él proviene un sólido cuerpo de pensamiento que ha logrado desentrañar sus elementos formativos. Ha concluido señalando que en la base de su filosofía se encuentra el pensamiento mítico. Acuña para ello una categoría nueva: filosofía mitocrática, fundada en el logos del mito en oposición a la filosofía logocrática, de origen griego, fundada en el logos de la ratio.

Rescata el pensar filosófico de los especialistas y lo distribuye entre los anónimos seres humanos, porque el pensar filosófico no es un coto cerrado de sabios pensadores, sino parte inalienable de la condición humana, como lo afirma en Filosofía mitocrática y mitocratología, donde señala que un criterio multívoco y no unívoco de la filosofía permite reconocerla como una creación permanente del espíritu humano y no sólo de los griegos ni de la cultura occidental; y por otro, que la filosofía americana, en particular, no es una adaptación del estilo continental ni un producto heterogéneo, sino que es un rasgo fundamental de la América anterior a la conquista.

Precisa las razones que explican la renuencia de los pensadores nacionales para acompañarlo en su posición: el eurocentrismo vergonzante y la definición monocultural de los académicos, que conduce a negar la denominación de filosofía a todo aquello que no posea orígenes griegos. A partir de aquella idea, en apariencia inocua, Flores elabora un conjunto de proposiciones que echa por tierra las limitaciones de la cosmovisión para interpretar el alto pensamiento andino y se adentra en el territorio de la filosofía como sustento de su civilización.

Flores instala de pie lo que estaba de cabeza al determinar que el pensamiento mítico sustenta la filosofía andina y explicar su naturaleza divergente de la racional y analítica filosofía occidental (Cap. VI, pp 213-214).  
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Es urgente reflexionar sobre la construcción y desarrollo de una filosofía nacional de cuño andino-amazónico. Poseemos las condiciones objetivas, concretas; la tenemos entre manos y se trata del continente  filosófico previo a la invasión que, labrado en miles de años de ejercicio del pensamiento, preserva vigentes sus basamentos fundamentales en la mentalidad de nuestro pueblo, en sus valores y estilos de vida, conservados y expandidos con austeridad y estoicismo a través de toda esta etapa de exterminio y dominación. Ha sido un pensamiento en permanente colisión con la lógica dominante, dueña de formas conceptuales estéticas y no lógicas donde la concepción del mundo se entiende como totalidad viviente o animada, accesible a través de los sentidos y del espíritu.

El desafío al avasallamiento de las primeras horas de la invasión ha continuado su soterrada resistencia en las centurias siguientes. A quienes rehúsan aceptarlo habría que invitarlos a observar los millones de peruanos y peruanas para quienes el mito y la magia son parte indesligable de su textura humana.

No nos referimos a la magia y al mito subalterno de oráculo y predicciones, obviamente, hablamos de la magia como fulgor de vida, como principio integrador del ser humano y la naturaleza, como ingrediente fundamental en la estética y también ética y moral del pueblo andino; nos referimos al mito como sustento de comunitaria vida, como orientadora de una forma viviente y animada, participativa.

El mito debe constituirse en elemento esperanzador de realizaciones futuras.  El mito como verdad extraída de la experiencia humana y que ella misma la transforma en normas éticas y morales que orientan y obligan a toda una comunidad. El mito como conjunto integrador que otorga coherencia al comportamiento social y le provee de metas y objetivos a alcanzar.

El desarrollo andino de antaño demuestra que una filosofía mitocrática, denominación de Flores Quelopana, fue sustento de ciencia y desarrollo de matemática, geometría, ingeniería, arquitectura, hidráulica, y también de formas de escritura que aún no logramos descifrar. También fue sustento de una sociedad multicultural de inéditas proporciones. El gran reto que confronta la filosofía nacional es hallar el método, el procedimiento que integre el  mito al quehacer diario y productivo, a la investigación y a una manera distinta de hacer ciencia y tecnología (Cap. VII, pp. 268-269).


* Los párrafos han sido tomados de la obra “Nacion andina” (Lima, mayo 2017) de Hugo Chacon Málaga.

domingo, 14 de mayo de 2017

SALAZAR BONDY Y EL EUROCENTRISMO

EL SALAZARIANISMO Y EL EUROCENTRISMO
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Gustavo Flores Quelopana-Sociedad Peruana de Filosofía, entrevistado por G.A.F.-Universidad San Martín de Porres-Perú
Mayo 13 2017

G.A.F.: En una reciente presentación del libro del joven filósofo sanmarquino Ricardo Licla, “Los demonios del salazarismo”, Ud. acaba de reiterar su crítica a Augusto Salazar Bondy en el sentido que su distinción entre filosofía explícita y filosofía implícita no rompe con el esquema eurocéntrico de la filosofía. ¿Cree que la filosofía de la dominación y de la liberación se quedó a medio camino de su propio programa desalienante de la filosofía?

Gustavo Flores: A.S.B. no rompe con el sentido eurocéntrico de filosofía, o sea, la filosofía entendida como pensamiento racional, crítico y metódico. Y esto lo lleva a poner el origen de la filosofía en Grecia. Así, la filosofía oriental y la precolombina quedan en la penunbra de la cosmovisión, en sentido estricto. De modo que Salazar no se liberó de las garras de la definición eurocéntrica de la filosofía ni supo romper la jaula de su definición conceptolátrica.

G.A.F.: ¿Considera que su racionalismo ilustrado le impidió dar ese salto epistémico?

Gustavo Flores: No sólo su racionalismo de estirpe ilustrada sino también su escepticismo religioso, que lo predispone a ser impermeable a la consideración de la multiformidad de la filosofía. En el fondo, Salazar es un alma profundamente moderna, que comparte los presupuestos racionalistas, escépticos, naturalistas y materialistas. Incluso su planteamiento antropológico no va más allá de un hominismo, en tanto que se atiene a la concepción del hombre como ser natural en vez de espiritual. Por eso, ahora se entiende que aquella decimonónica oposición modernista entre Mito y Razón atraviesa subterráneamente toda la obra de Salazar, desde su temprano librito La filosofía en el Perú, su obra intermedia Iniciación filosófica, hasta su etapa final con Bartolomé o de la dominación. La filosofía en Salazar es unívoca –logo de la ratio- y no multívoca –logo del mytho-. Y ni siquiera se advierte la tibia apertura –de índole soreliana y bergsoniana- que tuvo Mariáteguia hacia el Mito. En este sentido, Salazar representa en la tradición filosófica peruana la cima y la ruina del racionalismo escéptico y del moderno hombre sin Dios.

G.A.F.: ¿No cree Ud. justamente que ese hombre sin dios de la modernidad tan presente en Salazar es el que inspira y desarrolla Octavio Obando Morán en su libro “Ocaso de una impostura”?

Gustavo Flores: No lo dudo. En Obando está presente el lado ateo y escéptico de la filosofía salazariana. Incluso con su planteamiento de incentivar el ateísmo de la masa andina lo hace manifiesto y explícito. Lo cual no llama la atención. Porque tanto Salazar como Obando beben de la misma fuente del marxismo, cuyas bases materialistas y racionalistas resultan infecundas y totalmente inadecuadas para comprender la esencia de lo espiritual y religioso.

G.A.F: ¿Considera que este prurito contra lo religioso en A.S.B. influyó en nuestro retraso de las investigaciones en la filosofía colonial?

Gustavo Flores: Estoy convencido de ello. Ya Wagner de Reyna le reprochaba que de sus presupuestos se dedujeran el determinismo económico de la cultura –de raíz marxista- y el sometimiento político y económico colonial –de índole antihispanista-. Pero su antihispanismo no fue capaz de llevarlo hacia la ruptura con la noción eurocéntrica de filosofía. Y su marxismo adocenado lo anclaba en demasía con el racionalismo occidental. En otras palabras, Salazar mantenía la tesis positivista de los novencentistas con Felipe Barreda Laos, que, sin embargo, el propio Barreda se reprochaba en su prólogo de 1964 de su obra Vida intelectual del Virreinato del Perú. Esta postura peyorativa de Salazar ante la cultura colonial influyó negativamente en la investigación de nuestra rica tradición filosófica colonial.

G.A.F.: ¿Quiere Ud. decir que con aquella concepción eurocéntrica de filosofía no se podía llevar a cabo cabalmente una crítica de la filosofía de la dominación y liberación?

Gustavo Flores: No se podía. La filosofía de Salazar está encerrada en una gran contradicción. Por un lado, pugna por una filosofía de la liberación, Pero por otro lado, niega la existencia de pensamiento filosófico en el Perú precolombino. Esto es, con moldes eurocéntricos propugnaba conseguir la liberación en una realidad andina. Diríamos con Víctor Andrés Belaunde que su planteamiento liberador estuvo lastrado por una visión anatópica de nuestra realidad. Lo cual se ratifica en su centáurico marxismo pequeñoburgués para cambiar la realidad peruana. Su proyecto filosófico y político estaba de antemano destinado al fracaso por las bases eurocéntricas de su planteamiento.   

G.A.F.: ¿Pero acaso Hatuey en “Bartolomé o de la dominación” no representa la visión andina?

Gustavo Flores: No. Hatuey es la máscara andina con neuronas eurocéntricas. Su razonamiento no apela a la tradición perulera del Inca Garcilaso, Guamán Poma, Santacruz Pachacuti o Túpac Amaru; sino que es más bien una visión violenta con un esquema guevarista. En este sentido tiene razón Ricardo Licla cuando ve en Hatuey el alter ego violentista de Salazar, pero distinto al violentismo maoísta a lo Abimael Guzmán que ven los filósofos Fernando Muñoz y Fernando Bobbio.  

G.A.F.: ¿Quiere decir que Salazar al carecer de una cabal comprensión de la realidad andina no podía romper con la concepción eurocéntrica de filosofía?

Gustavo Flores: No tanto así. Me inclino a pensar, más bien, que no pensó lo suficientemente necesario sobre la esencia misma del filosofar. De lo contrario hubiera advertido lo que ya Karl Jaspers había señalado en su obra de 1957, Los grandes filósofos. Sócrates, Buda, Confucio, Jesús; que la filosofía estaba en todas partes, incluso en los mitos.   

G.A.F.: ¿Pero no es esto lo que justamente recoge Salazar cuando habla de filosofía en sentido implícito?

Gustavo Flores: Indudablemente que lo recoge, pero de modo totalmente inadecuado. Salazar quiere poner vino nuevo en odre viejo. Y al final el fecundo elíxir termina totalmente derramado. Con el uso del término “implícito” está diciendo que la filosofía está presente de modo inconsciente en la historia, ideología, traducción, disciplina, cotidianidad. En otras palabras, la universalidad jasperiana de la filosofía queda reducida a una manifestación inconsciente de la razón filosófica. Lo cual es limitante.

G.A.F.: ¿Quiere decir que la universalidad jasperiana de la filosofía tiene un sentido ancestral no-occidental?

Gustavo Flores: Ese es justamente el aporte de la gran intuición jasperiana. Sólo hay que ponerse sobre sus hombros para advertir que no sólo existe un sentido logocrático de la filosofía a partir de Grecia, sino que anteriormente y en las civilizaciones ancestrales –China, India, Babilonia, Egipcio, Sumeria, Mesoamérica, América andina- predominó un sentido mitocrático de la filosofía. Y este sentido ancestral no-occidental de la filosofía desafortunadamente no lo supo ver Salazar.

G.A.F.: ¿Pero qué es filosofía en sentido mitocrático?

Gustavo Flores: Filosofía en sentido mitocrático es el reconocimiento del Mito como otra forma legítima que tiene la razón para pensar y dar respuestas a los enigmas del mundo mediante la metáfora, la analogía y la armonía de los contrarios. No se trata de la existencia de otros principios lógicos –identidad, contradicción y tercio excluso-, sino de otro tipo de relaciones y jerarquías entre los mismos. En otras palabras, la razón humana en diferentes épocas emplea de diverso modo los principios lógicos. En nuestro tiempo la verdadera lógica de la deducción es la lógica clásica, pero no siempre fue así y no hay garantía de que lo siga siendo. No existe lógica privilegiada a lo largo de la historia. Lo que no significa caer en un relativismo epistemológico, porque lo previo a la episteme es lo ontológico. Y por ello lo lógico dice cómo se debe pensar, pero no señala lo que se debe pensar.   

G.A.F.: ¿Cuál considera que sería la repercusión inmediata de su reconomiento en nuestros lares andinos?

Gustavo Flores: Un proyecto nacional arraigado en nuestra tradición histórica. No basta usar las palabras, Ayni, Minka, Cooperación popular, etc., como han hecho los partidos políticos. La cuestión es más profunda. El reconocimiento de la filosofía mitocrática en nuestra tradición de pensamiento nos lleva hacia la revalorización de nuestra creatividad nativa y nos impulsa más orgánicamente hacia el futuro con independencia y autonomía.

G.A.F.: ¿Con ello no hay el peligro de incurrir en autarquía política?

Gustavo Flores: Los peligros siempre están presentes. Pero la filosofía mitocrática no es una regresión histórica al paganismo, ni al dualismo metafísico precolombino, ni la ruptura con el sincretismo cristiano. Al contrario es desarrollo de un nuevo logos del mytho en armonía con el logos de la ratio. Se trata de restablecer el equilibrio espiritual del hombre. Y ese es el sentido vital que aporta la filosofía. Lo mitocrático no es en nuestro caso un retorno a la adoración de Apus y plantas medicinales amazónicas. No es así. Lo mitocrático es desarrollo de la esencia caritativa del evangelio de Cristo en la Tierra. Nada de jerarquías eclesiásticas, ni clericales, ni políticas. De lo que se trata es que no se puede vivir el evangelio de Cristo con la razón y sin el corazón.

G.A.F.: ¿Dentro de esas consideraciones considera que la teología de la liberación es un desarrollo más consecuente de la filosofía salazariana de la dominación?

Gustavo Flores: No lo creo. Y mi negativa es por una sencilla razón. Lo mejor de nuestra propia tradición filosófica colonial es profundamente humanista, india, libertaria y liberadora. Garcilaso, Guamán Poma, Santacruz Pachacuti, Acosta, Valera, Peñafiel, Ruíz de Montoya, Olea, Aguilar, Avendaño, Medrano, Llano Zapata, Cosme Bueno, las comunidades jesuíticas, Túpac Amaru. Existe una profunda línea de continuidad entre el sentido de la justicia precolombino, el sentido humanista cristiano de la colonia y el sentido liberador de la generación del centenario, y los de la segunda mitad del siglo veinte en la República. Las raíces liberadoras de la filosofía peruana hunden sus raíces en el mundo precolombino y se prolonga a lo largo de los mejores exponentes a lo largo de su historia. Por tanto, la teología de la dominación tiene una gestación que va más atrás incluso del propio Bartolomé de las Casas.

G.A.F.: Por último, ¿Qué perspectivas vislumbra a la filosofía de la liberación?


Gustavo Flores: Una profunda des-salazarianización para su desarrollo. Actualmente luce estancada en dogmas. Lo primero que debe liberar es a la filosofía misma de la concepción eurocéntrica de la filosofía. Otro de aquellos dogmas consiste en afirmar que la filosofía es ideología. Pero eso no es real y nunca lo será. La ideología está al servicio de la manipulación, la filosofía en función del conocimiento. Son cosas diametralmente opuestas. Marat, Danton, Robespierre fueron ideólogos, no filósofos. El filósofo puede participar en política pero lo hará a nivel teórico y no a nivel pragmático. En nuestro medio lo hicieron Salazar Bondy, Walter Peñaloza, Francisco Miroquesada, por ejemplo. La filosofía de la liberación peruana debe liberarse en primer lugar del propio Salazar si quiere seguir pensando en desarrollarse. Ya no se sostiene aquella relación determinista entre economía y cultura, la sobrevaloración de la filosofía como instrumento de la revolución, el propio sentido de la revolución y de la filosofía. Salazar no elaboró, por ejemplo, ni una teoría de la revolución ni una teoría de la razón. En otras palabras, en la filosofía de la liberación el tema no es Salazar sino la liberación misma. El mejor homenaje que se puede rendir a Salazar no es repetir su letra sino recuperar su espíritu. Espíritu que se enlaza con la tradición filosófica peruana y de la filosofía universal.