lunes, 1 de mayo de 2017

Chamanismo y Filosofía

Chamanismo y filosofía
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Gustavo Flores Quelopana-Sociedad Peruana de Filosofía, entrevistado por Alexander Fish-Universidad de Princenton-EEUU
Abril 30 2017
Nota.- La presente es una reconstrucción memorística y literaria de la entrevista citada. Por tanto, bastante distinta de la entrevista original. Las palabras exactas serán publicadas próximamente en vídeo por el propio Fish. En todo caso mis reflexiones tómense como un desarrollo válido, y la reconstrucción de las preguntas hechas por Fish como aproximadas, cuando no ficticias. Pero que en todo caso ayudan a una mayor reflexión del tema.

A.F.: Acabamos de estar en Pucallpa con su amigo el médico vegetalista Pedro Favaron, sobre el cual ha escrito Ud. un extenso ensayo sobre chamanismo. En mi universidad de Princenton estoy realizando la investigación de la cultura de la ayawaska y por eso llamó la atención la obra de Favaron y los escritos suyos sobre chamanismo. De retorno en Lima –porque mañana volvemos a Estados Unidos- queremos una opinión filosófica sobre el tema. ¿Considera la medicina vegetalista una verdadera medicina científica?

Gustavo Flores: No. El chamanismo no es medicina científica, es medicina espiritual. Y como tal también cura. Lo que demuestra que por medios pneumáticos o espirituales también se cura. Pero hay una diferencia profunda entre la curación milagrosa y la curación chamánica. Mientras que en la primera se cura directamente por medio del poder de la divinidad, en la segunda se lo hace por medio de plantas (toé, ayawaska, san Pedro, tabaco) en los cuales con los íkaros abre el chamán la dimensión demoníaca y de los seres de luz. Pero además mientras el chamán-médico admite que no es él el que cura sino los espíritus que invoca, por el contrario el chamán-brujo se atribuye a sí mismo el poder curativo.

A.F.: A propósito de la dimensión demoníaca. Favaron admite tal cosa pero él hace énfasis especialmente en la religión cristiana. ¿Cómo evalúa esta aparente ambivalencia?

Gustavo Flores: Pienso que no hay tal ambivalencia en su caso. Además, no podría haberla porque en el chamanismo hay contacto con seres de luz y no solamente con demonios. Según explica el propio Favaron en su libro, ser brujo es fácil y bastan tan sólo un par de años. Además, al brujo le basta tener el sentimiento más mendaz de todos en el corazón, esto es, el odio. Pero ser médico vegetalista es más difícil porque tiene que ser adoptado por un buen maestro, insertarse en una familia aborigen terrenal, efectuar matrimonio con una mujer espiritual, dietar rigurosamente, mantener una conducta ejemplar, practicar periodos de abstinencia sexual, tener el temple para enfrentrar y expulsar a los espíritus demoníacos, pero sobre todo debe tener amor en el corazón. Y ello lleva no menos de diez años y unión indesligable con Dios.  

A.F.: ¿Pero con qué Dios?

Gustavo Flores: En su caso, es el dios cristiano, es Jesucristo. De ahí su manejo del evangelio. Es cierto, esto plantea un problema metodológico. Cómo se condice lo cristiano con lo pagano. Pero soy de la opinión que en esta época de apostasía e increencia generalizada Dios ha permitido que en el corazón del chamanismo amazónico se dé una figura como Favaron que devuelve al enfermo a la reconciliación con Dios. Su chamanismo, en este sentido, es muy peculiar, quizá sea la excepción pero es muy significativa para la vida espiritual del hombre. La pedagogía divina no conoce límites. Y así como Dios no abandonó al hombre de las cavernas tampoco deja de asistir con su gracia al hombre secularizado y menguado religiosamente de nuestro tiempo.

A.F.: Claro, entiendo. Favaron trabaja con la ayawaska y con Cristo, ¿Pero es magia pagana el chamanismo? ¿Cómo explica esta situación?

Gustavo Flores: Favaron no es un mago pagano. Él no considera a la ayawaska como sagrada, sino como un medio de diagnóstico. Si fuera pagano vería a dicha planta como sagrada, pero no es así. También es cierto que su cristianismo no es ortodoxo, no abraza la teología católica pero implica una teología. Cuando cura considera que es Cristo el que lo hace. Obviamente, los chamanes pre-cristianos tenían otra perspectiva. Ellos sí eran paganos. Pero el chamanismo de Favaron no es pre-cristiano, sino cristiano, sincrético. Por eso ni siquiera sus medios serán paganos -uso de la substancia material como la ayawaska como medio de diagnóstico-, porque su espíritu es cristiano. Recuerdo un caso suyo. Una persona adicta, alejada de Dios, por décadas. Pero ahora luce recuperado y reconciliado con Dios, con Cristo, gracias a su tratamiento. Esto ya no es magia, es cura espiritual. Por eso está en lo correcto Favaron cuando considera que no hace magia, porque cura rezando. Y yo estoy de acuerdo. Esto revela que el pensamiento mitocrático tiene una dimensión ancestral pagana y otra dimensión sincrética cristiana.

A.F.: Claro, ¿Pero qué significa toda esta jerga de lo mitocrático?

Gustavo Flores: Significa que toda esta época que nos parece tan maravillosa por su ciencia y tecnología, filosofía racionalista y filosofía empírica, capitalización e industrialización, ateísmo y humanismo, liberalismo y democracia, la moral laica y el formalismo jurídico, individualismo e imperialismo, el relativismo de la verdad y la sofística parlamentaria, constitucionalismo y parlamentarismo, nihilismo y voluntad de poder, es en realidad una noche histórica, una fase decadente del espíritu, una barbarización de fuerzas caóticas, propia del pináculo de la racionalista filosofía logocrática que desembocó en el antropocentrismo moderno. El hombre de hoy está ebrio de contemporaneidead, y todo lo actual le parece grandioso. 


A.F.: ¿Pero acaso no vivimos una época maravillosa?

Gustavo Flores: En eso nuestro tiempo está profundamente equivocado. Hoy vivimos una fase de descomposición de dicho esquema logocrático y de las profundidades de la noche en la historia emerge un substrato mitocrático. Eso significa que la ilusión humanista, democrática y socialista se va paulatinamente desmoronando por una futura visión aristocrática, porque lo mitocrático es raigalmente cósmico y lo cósmico es jerárquico y no democrático. Esto equivale a que todas las estructuras del mundo actual están en proceso de desintegración. Estamos en la hora del crepúsculo, en el momento del poniente, donde se enfrentan el humanismo sin Dios y el humanismo con Dios. En este sentido el comunismo fue un demonismo. Pero el otro demonismo laico está todavía en pié. Esto es, el capitalismo, más mortífero y sañudo que el comunismo. La nueva Iglesia es la bolsa. Este abrió las puertas del infierno mediante los deseos insaciables y desgajó la vida humana del ritmo de la naturaleza. 


A.F.: ¿Entonces, qué es lo que tenemos ahora?

Gustavo Flores: Por eso, lo que tenemos ahora es civilización pero ya no cultura. Ferdinand Tönnies ya había hablado de la diferencia sustancial entre el hombre comunal ancestral y el hombre social-contractual moderno. La dirección de la historia moderna ha avanzado hacia el socavamiento de los Estados y ha destruido la cultura. Por eso, capitalismo y socialismo comparten la misma extinción de las creaciones espirituales. Y su materialismo y ateísmo encarna lo más parecido a la caída del Imperio romano y comienzo de la Edad Media. 


A.F.: ¿Qué más le falta vivir a nuestro tiempo?

Gustavo Flores: Nuestro tiempo luciferino aun no termina de libar la última gota de su copa envenenada. Aun falta un demonismo más terrible, el del Anticristo. Las guerras que se vienen no serán tanto nacionales y políticas sino religiosas y espirituales. Ya estamos viéndolo en ISIS y el Estado Islámico. De modo que el tránsito a una nueva época será difícil, traumático y hasta mortal, que puede significa la autodestrucción de la humanidad. La gran lección de nuestro tiempo se compendia en tres puntos: uno, donde Dios muere también muere el hombre; dos, no hay neutralidad religiosa; y tres, hay que restablecer la jerarquía de lo espiritual sobre lo material. Por ende, a la religión de Cristo se le opone la religión del Anticristo. Para que la mitocracia triunfe deberá enfrentarse previamente en una dura lucha religiosa contra la satanocracia del mundo actual. Por eso, la mitocracia es Cristocracia contra la satanocracia.

A.F.: ¿Pero vuelvo a mi pregunta, es magia pagana el chamanismo?

Gustavo Flores: Si la magia es entendida como el arte de manipular fuerzas ocultas, substancias materiales, ritos, invocaciones y solicitar ayuda a seres sobrenaturales para obtener resultados sobrenaturales, debemos preguntarnos si el chamanismo es una forma de magia. Originalmente "Magia" significaba "sabiduría". James Frazer, por su parte, en La rama dorada, considera que la magia es más antigua que la religión, y que la fe universal verdadera es la creencia en la eficacia de la magia.  Mientras un mago "obliga", el sacerdote "persuade".  ¿Y qué sucede cuando un mago ora, está obligando o persuadiendo? ¿Ya no está actuando como mago? Estaría actuando como sacerdote si no emplease substancias materiales. 

A.F.: ¿Pero la magia acaso no es condenada por el cristianismo?

Gustavo Flores: Cierto. La magia fue, en su momento, condenada por el cristianismo. Pero la magia ha existido en todos los tiempos. Incluso cuando la madre le pasa el huevo a su hijo para curarlo del susto está haciendo un acto de magia. No sabe cómo actúa el huevo, no conoce cómo extrae el mal de ojo, pero sabe que eso cura al crío y eso le basta. Esto significa que la magia y el chamanismo no son religiones sino son prácticas naturales.

A.F.: ¿Pero si la magia chamánica es indesarraigable por qué insistir en extirparla?

Gustavo Flores: Por el peligro que representa el contacto con los demonios. Entre los seres suprasensibles también hay seres de luz, los cuales incentivan la magia blanca, pero no poner freno entre los neófitos promueve la magia negra. Pero hay un nivel inofensivo, como el caso del huevo o la cinta roja contra el mal de ojo. El cariz curativo y la sanación espiritual son sus aspectos más positivos.

A.F.: ¿Pero por qué el hombre occidental tiene sed de magia?

Gustavo Flores: Cuando el hombre occidental luce descreído, ateo y nihilista se produce un revival de las religiones paganas. Las cuales son materialistas, idólatras, mágicas y demoníacas. Lo cual está en sintonía con la pobreza espiritual de nuestro tiempo. 

A.F.: ¿Pero el hombre occidental busca curación espiritual?

Gustavo Flores: No lo creo, lo que busca es alivio corporal. Junto a la magia espúrea y oscura -como la magia vudú- existe otra magia, la llamada magia blanca, la que efectúa el curandero unido a Dios y a seres de luz. Estas dos formas de magia nada tienen que ver la magia espectáculo, como el de un David Copperfield. Esto no es magia sino tramoya, truco o ilusión. Pero además existe una tercera, la que corresponde de modo natural al hombre salvado después del Juicio Final. 

A.F.: ¿Está Usted expresando una opinión herética?

Gustavo Flores: Deseo que no lo sea. Pero pienso que el hombre con cuerpo glorioso de la Nueva Tierra será un mago natural, podrá caminar sobre las aguas, y calmar las tempestades como lo hizo Jesucristo. Jesús fue considerado un mago milagrero por sus enemigos, porque no comprendían que su poder venía de Dios dado que era el Hijo de Dios. 

A.F.: ¿Entonces la magia no se restringe al paganismo?

Gustavo Flores: Pienso que no. En otras palabras, el paganismo no agota el significado de la magia.

A.F.: Muy sugerente su explicación de la magia. ¿Pero cómo explica la afluencia masiva de personas del Primer Mundo a la experiencia psicodélica de la ayawaska?

Gustavo Flores: Considero que dicha afluencia de personas son un síntoma de la decadencia moral y espiritual de nuestro tiempo. En el fondo están enfermas de soledad espiritual y llenan tal vacío con la droga destructiva que las enferma y luego buscan en otra droga –la ayawaska- su curación. Pero su solución sigue siendo materialista, hedonista. Y así son incapaces de romper con el círculo vicioso que da primacía al hombre natural sobre el hombre espiritual. Esta regresión de la civilización data desde la decadencia del Renacimiento. Lutero, Galileo, Descartes, Hume, Kant, Comte, Nietzsche, Marx, Freud, Husserl, Heidegger, Sartre, Foucault, Derrida, Lyotard y Vattimo son sus hitos más importantes. 



A.F.: Hay profesores en la Universidad que piensan que mejor le iría al hombre si se convierte en ciborg y erradica todas las fantasías espirituales sobre el alma. ¿Cree que está en lo correcto?

Gustavo Flores: Esa es la fantasía del hombre natural de nuestro tiempo tecnológico. Primero fue la muerte del Dios, luego la muerte del hombre y ahora la muerte de la naturaleza. Se impone el código virtual, la máquina como nuevo ídolo, el hombre desprecia al hombre, quiere ser un ciborg. Y no se da cuenta que si se completa el Programa Avatar con el chip de inteligencia artificial autónoma será la muerte material del mismo hombre. El hombre de nuestro tiempo ha tocado fondo en su declive espiritual. El nihilismo es sólo la punta del iceberg de una era luciferina. Pero el hombre no es cosa, es primordialmente espíritu. Incluso cuando se pueda trasladar toda su conciencia a un chip e implantarlo a un soporte cibernético, no podrá erradicar el alma. Y es que en el hombre hay algo más que el hombre, está lo divino.



A.F.: Entonces, si lo decisivo está dentro de cada uno de nosotros ¿para qué hacer viajes en busca de un gurú?

Gustavo Flores: El hombre para hallarse a sí mismo no tiene que hacer viajes intercontinentales en búsqueda de un gurú, un brujo o un curandero. No, ese no es camino. El camino no es exterior, sino interior. El camino es un viaje hacia sí mismo. Y allí, en el fondo de su corazón hallará a Dios. El hombre de hoy no ve a Dios porque no ve dentro de sí mismo. Y encandilado por el superficial discurso cientificista cree solamente en lo externo, visible y empírico. Y cuando ve dentro de sí mismo se suele detener en sus temores y fantasías. O sea se queda en dintel de su morada interior.      

A.F.: ¿Pero no cree que este cambio de mirada requiere de un nuevo tipo de humanidad?

Gustavo Flores: Es cierto. Pero este nuevo tipo de humanidad no aflorará por arte de birlibirloque y espontáneamente. Así como el Renacimiento fue resultado de la acumulación de las energías espirituales de la alta Edad Media, de la misma forma nosotros no conoceremos un nuevo Renacimiento sin antes engendrar un nuevo ascetismo religioso que le dé lugar.

A.F.: ¿Pero aspirar a dicho ascetismo espiritual cuando el hombre actual es consumista y sibarita?

Gustavo Flores: Por medio de un cambio integral de nuestra civilización. Ciencia, política, economía, arte, filosofía y cultura tendrán que sufrir modificaciones en su base.

A.F.: ¿Y lo religioso no se modifica?

Gustavo Flores: Sí, el cristianismo deberá dejar su moral burguesa y acomodaticia para retornar a su creativa moral evangélica. La semejanza del hombre con Dios está en su creatividad, razón y libertad, y no en la sumisión, obediencia y humildad. No es que el hombre del mañana deberá soterrar la humildad y volverse soberbio, ese fue el camino de Lucifer y de modernidad con el hombre anético, sino que será creativo en Dios con un espíritu de justicia y caridad.

A.F.: ¿Pero qué hacer con la Razón autónoma humana?

Gustavo Flores: Hay que recuperar el diálogo y la síntesis constructiva entre Fe y Razón. Y considero que la propuesta de la filosofía mitocrática contribuye en este sentido. La Revelación es superior al Mito, pero comparte con ella la estructura metafórica, analógica y poética. Esa dimensión de la razón hay que recuperarla. Es la forma legítima de recuperar nuestro nexo con el Creador.

A.F.: ¿Pero aquella recuperación no representa también un cambio de la vida práctica?

Gustavo Flores: Ciertamente que significa un cambio profundo de la vida práctica. Hay que volver al hombre natural, hay que retornar al campo, a lo rural, a la naturaleza, a lo artesanal. Este tipo de hombre natural es profundamente espiritual, no es ateo, es creyente, no es enemigo de Cristo, ni de Dios. Hay que desmontar las deshumanizantes megalópolis, detener el alto consumo de energías fósiles contaminantes, romper nuestra dependencia con la tecnología. En una palabra, hay que rehumanizar el mundo como único camino para volver al Ser, a Dios.

A.F.: Sus palabras me dejan un fuerte sabor tecnofóbico. ¿Es así?

Gustavo Flores: La tecnología tiene mucho de magia negra. Muchos inventos modernos funcionan aunque no se sabe bien por qué funcionan. Especialmente los que están basados en la física cuántica. El avasallamiento de la razón funcional sobre la razón substancial tiene un elevado costo. Sobretodo porque es incierto su efecto sobra la salud física y mental. Pero lo más seguro es la enajenación de la libertad que produce en el ser humano. El hombre entrega su libertad a las máquinas, y paulatinamente éstas se van carcomiendo su propia libertad. No creo que la humanidad tenga que renunciar a las máquinas pero sí reorientar su desarrollo y evaluar constantemente su influjo en la vida moral. Aquella relación neutra de la ciencia y la técnica con la ética tendrá que acabar dentro de una jerarquía de los saberes y de los valores.

A.F.: ¿Y qué pasa con la mujer?

Gustavo Flores: La mujer anda extraviada con el movimiento de emancipación femenina que busca hacerla semejante al hombre. El único resultado a la vista es que la ha sumido en la nueva esclavitud del aparato económico alienante y ha robustecido a la mujer objeto. Es irónico que Occidente critique la burka islámica y no haga nada con la vestimenta indecente e inmoral de sus mujeres. Pero el papel de la mujer en la superación de esta decadente modernidad es inmenso por varios motivos. Primero, porque sobre ella descansa la solución de la crisis de natalidad. Ya las naciones llamadas en desarrollo por el culto enajenante al trabajo están sumidas en un descenso espantoso de la natalidad. Segundo, porque una mujer bien educada es el eje de una familia bien formada. Una de las causas más serias del malestar mundial es la desintegración de la familia. Y tercero, la energía generadora femenina fortalece la energía creadora masculina. La mujer es mágica y mística como el amor. Y en ella con su ternura, encuentra el hombre su balance ante su proclividad racionalista. En una palabra, el principio masculino ni tiene que dominar el principio femenino ni ser su esclavo. Al contrario, el debilitamiento de esta sana dialéctica ha robustecido el crecimiento exponencial de la infame ideología de género y la homosexualidad.

A.F.: Finalmente, ¿considera que la obra escrita y medicinal de Favaron está contribuyendo a la edificación de una nueva civilización?

Gustavo Flores: Considero que sí en la medida que reintegra los lazos del hombre con la divinidad cristiana. Nótese bien que no se trata de un reavivamiento del paganismo, ni de ningún credo ajeno a la tradición occidental. En nuestros tiempos de gran apostasía lo que se necesitan son líderes espirituales. Pero el problema es que tenemos abundancia de falsos profetas. Favaron es un buen lector de San Pablo, de ahí su énfasis en la caridad y el amor junto con la fe para distinguir la paja del trigo. Favaron es un médico tradicional cristiano, aunque su cristianismo es de sesgo más evangélico que católico.

A.F.: Para concluir. ¿El chamanismo es demonismo o en qué casos no lo es?

Gustavo Flores: El chamanismo es demonismo cuando es practicado en sentido pagano y anticristiano. Y no lo es cuando sincréticamente tiene como figura central a Cristo para efectuar el bien. El chamanismo amazónico cristiano es un fenómeno nuevo y poco estudiado. Y una vez transcurrida la violencia de la Conquista, la extirpación de idolatrías de la Colonia, el fin de la oligarquía latifundista en los años setenta de la República, es plausible considerar la consolidación del chamanismo amazónico cristiano desde la segunda mitad del siglo veinte.
                     
A.F.: ¿Cuál cree que es el futuro del chamanismo amazónico cristiano?

Gustavo Flores: Es incierto. Las religiones tienen una duración que responde a la condición humana y no tanto a condiciones histórico-sociales. Eso no significa que no se extingan. Pero mientras prosiga el actual modelo desespiritualizado de existencia el chamanismo mercantilista, turístico y comercial crecerá de manera exponencial. Mientras que el chamanismo cristiano seguirá siendo subalterno en una sociedad deshumanizada. Las comunidades indígenas del Amazonas son aceleradamente asimiladas a la modernidad, la cual desintegra su acervo cultural. Ahora bien, el nuevo Adán no será ni chamán, ni amazónico, ni cristiano, porque vivirá en y con Cristo.


A.F.: ¿Algo que añadir?

Gustavo Flores: Sí. El pathos del secularismo nominalista moderno se ha agotado, ha terminado en el vacío y en la nada. Y eso ha ocurrido por tratar de sustituir el reino de Dios por el reino del diablo. Arte, política, economía, filosofía, todo se vuelve libremente desde el interior a lo religioso nuevamente, o sencillamente la humanidad dejará de existir. El mundo moderno termina donde comienza el movimiento hacia Dios. La modernidad se ha quedado sin centro espiritual, dicho centro no es la universidad, ni los académicos, ni la jerarquía eclesiástica, ni el clero. Pero sí lo es la Iglesia. Porque la vida de la Iglesia es invisible y misteriosa, es cósmica y ontológica. Que la Iglesia marcha hacia un cosmos cristianizado se advierte cuando la intelectualidad vuelve a la fe.

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