viernes, 21 de julio de 2017

ESCALA KARDASHOV E IMAGINACIÓN

ESCALA KARDASHOV E IMAGINACIÓN
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Graham Greene decía que las personas reales están repletas de seres imaginarios. Y al parecer es la imaginación fantástica la mejor amiga y el mayor enemigo del hombre. Aquí no se trata de incurrir en la confusión de admitir que allí donde mi razón no puede satisfacerse se entrega complaciente a la fantasía. Por el contrario, evitando todo reduccionismo de la razón imaginaria hay que admitir que están presentes dimensiones existenciales donde la misma razón reconoce que hay verdades no racionales (por ejemplo, el amor, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios).

Por ende, es plausible ver que la razón imaginaria se bifurque principalmente en tres tipos: (1) especulaciones metafísicas, (2) hipótesis científicas y (3) ficciones. Las especulaciones metafísicas son razonamientos sobre realidades suprasensibles o más allá de la experiencia que tienen valor teórico. Las hipótesis científicas son respuestas o soluciones provisionales a problemas científicos. Y las ficciones son simulaciones imaginarias de la realidad con valor artístico.

Ontológicamente la metafísica atañe al ser real y al ser ideal, la hipótesis de la ciencia a las relaciones de entes reales y la ficción con el ser irreal. Gnoseológicamente la metafísica tiene que ver con la imaginación productiva (representación de lo suprasensible mediante la intuición intelectual), la hipótesis científica con la imaginación reproductiva (representación de la actualidad de una percepción en vistas a la verificación) y la ficción con la fantasía (representación de una percepción sin la actualidad o presencia de la cosa).

Una palabra más sobre la especulación metafísica. El idealismo moderno conoció un auge de la metafísica paralelo con un reconocimiento de su impotencia. Hasta que con el empirismo de Hume se declara que toda proposición que no se refiera a hechos de experiencia o a razonamientos formales carece de significación. Con Kant también la metafísica se las lleva de mal traer, y sentencia que la misma no es más que un juego de los conceptos por la razón pura y por tanto carece de la firmeza y seguridad de la ciencia. Más razonable resultaba ser la postura ni racionalista ni reduccionista de Galileo, quien distinguía el campo de la fe, de la metafísica y de la ciencia. En cambio los pensadores posteriores son reduccionistas, defienden el fuero de la ciencia despotricando de los demás tipos de conocimiento.

Aquí prestaremos especial atención a una expresión de la razón imaginaria que tiene la apariencia de “Hipótesis” pero que en el fondo es “Ficción”, a saber: la escala Kardashov. Esta mezcla de hipótesis científica con la ficción es lo característico de las pseudociencias, las cuales no se someten al criterio de verificabilidad o refutabilidad. Sin embargo, la pseudociencia se distingue de la ciencia ficción en que la primera pretende hacer de sus ficciones, realidades.

Esta confusión entre la ficción y la realidad se da en la escala Kardashov tomando lo posible como lo real. Además, hay una cuestión intrigante que tiene que ver con la interrogante: ¿por qué en determinadas épocas históricas la ficción es más placentero que la realidad? No menos importante es el punto siguiente: ¿Cómo explicar antropológicamente la ficción, la fantasía o lo imaginario?

Nikolai Kardashev fue un astrofísico ruso interesado en encontrar señales de vida inteligente en el cosmos, que en 1964 propuso una ingeniosa forma de clasificar a las civilizaciones según su tipo de tecnología. La misma se conoce como la Escala de Kardashov. Según Kardashov cuanto más avanza una civilización aumenta su demanda de energía.

Esta tendencia de identificar el avance de una civilización con lo tecnológico no es cuestionada por Kardashov, simplemente es asumida. No se plantea el dilema entre civilización y cultura, ni se cuestiona si lo tecnológico puede ser un peligro para la humanidad. Spengler, por ejemplo, identifica la civilización con el periodo de decadencia de una cultura. Y, por otra parte, los actuales expertos en inteligencia artificial y hombres de cultura en general, muestran su preocupación por el derrotero que puede tomar la misma en contra del hombre hasta el punto de representar un peligro para su supervivencia. Ninguna de estas preocupaciones está presente en Kardashov, para quien la tecnología es una fuerza, por lo general,  benéfica, que puede conducir a insospechados horizontes de avance civilizatorio. Pero civilización de quién o de qué, no responde con claridad. Simplemente en su escala se ven máquinas por doquier en cualquier etapa de avance civilizatorio.

Ahora bien, la escala de Kardashov contaba con tres tipos de civilización: la de Tipo I emplea todos los recursos de la Tierra, la de Tipo II echa mano a los recursos del sistema planetario, y la de Tipo III emplea los recursos de otras galaxias. Actualmente otros astrónomos con la misma ingenuidad y sin preguntarse el por qué ni el cómo de las cosas, han añadido otros tipos hasta llegar a un total de siete partiendo de cero.

Así, Carl Sagan supuso que para llegar al Tipo I nos faltaría entre uno o dos siglos. Y desde esta suposición daba un salto mortal haciendo la pregunta: “¿Puede imaginarse que tan avanzadas son las demás tipos de civilizaciones?”. Como muchos hombres de ciencia tienen la cautela extraviada se han lanzado a hacer suposiciones surrealistas. Así tenemos la clasificación siguiente:

Civilización Tipo 0. Aprovecha los recursos naturales del planeta (madera, carbón, petróleo) y demoró todo el lapso en que surge el Homo Sapiens, o sea 200 mil años.

Civilización Tipo I. Aprovecha la energía total del planeta (eólica, marítima, solar, control del clima, volcanes, terremotos, geología, fauna y flora). Según Sagan será alcanzable en dos siglos. Y según los cibernetistas el hombre será una simbiosis entre naturaleza y máquina. Dominio de los ciborgs. Tomará 100 mil años.

Civilización Tipo II. Capaz de aprovechar la capacidad energética de la estrella madre. La Esfera de Dyson encaja en esta propuesta de aprovechar por completo la energía de la estrella. Se añade el control sobre las órbitas planetarias, asteroides y cometas, más dominio completo del sistema solar. Control sobre la propia extinción por catástrofe dentro de nuestro sistema solar. Tomará otros 20 mil años.

Civilización Tipo III. Instauración de una civilización galáctica que aprovecha la energía de toda la galaxia, supernovas y poder para crear estrellas. Colonización de la galaxia. Cambio completo de apariencia humana. Cyborsnización total de la humanidad. Autoreplicaciones robóticas. A partir de medio millón de años.

Civilización Tipo IV. Aprovecha la energía de todo el universo, capacidad para manipular el espacio-tiempo, convirtiéndose en una civilización cuasi-eterna. Dentro de 1 millón de años.

Civilización Tipo V. Aprovecha energía de múltiples universos y de universos paralelos (la fantasía de los multiversos de Hawking se hace realidad). Dentro de 1 millón y medio de años. El ciborg deja su lugar a entes de plasma y luz.

Civilización Tipo VI. Aprovecha la capacidad para existir fuera del tiempo y del espacio, es capaz de crear universos y de destruirlos, es casi una deidad omnipotente y omnipresente. La pluralidad de entes inteligentes de luz deja su lugar a su unificación en una sola entidad. Dentro de dos millones de años.

Pero incluso podemos seguir con este juego de la libre imaginación diciendo que son posibles dos tipos de civilización más. Civilización Tipo VII, donde, dentro de tres millones de años, la inteligencia energética unificada experimenta su propia división, conflicto y dispersión. Donde el vencido es arrinconado en un universo espacio-temporal. Y finalmente civilización Tipo VIII, cuando ambas inteligencias espirituales-energéticas son devoradas en la Nada por un desequilibrio cósmico que causa una entropía universal.

La Escala Kardashov fue criticada por el biólogo Jack Cohen y el matemático Ian Stewart en el libro del 2002 La evolución del alien: la ciencia de la vida extraterrestre, aduciendo que las civilizaciones avanzadas son imposibles de entender y no que es relevante para clasificar civilizaciones extraterrestres. Incluso no han faltado elucubraciones más descabelladas de quienes sin ninguna prueba han aplicado dicha escala no a la especie humana sino a supuestas otras especies vivientes en el universo, que habrían alcanzado niveles de civilización avanzado millones de años antes que la humanidad. Pero, sin prueba contraria, todo esto pertenece al campo de la ciencia ficción. Lo que la ciencia confirma hasta el momento es todo lo contrario. En vez que la vida abunde en el Universo es, más bien, un fenómeno sumamente raro, extraño y extraordinario en un Cosmos sumamente hostil y agresivo. Una cosa muy distinta es que abunden los elementos de la vida en el cosmos y otra cosa es que exista vida en otras partes del universo. Y la exobiología lo confirma hasta el momento.

Sin embargo, hay otras observaciones que resultan pertinentes hacer a la Escala Kardashov. Todo el esquema de Kardashov está atrapado en el idealismo subjetivo que domina desde la modernidad. En otras palabras, el sentido del Ser no viene de lo trascendente, sino del pensamiento, inmanente a la conciencia o pensamiento. Donde lo prioritario no es el problema de Dios sino el problema tecnológico. La estructura ontológica del hombre se resuelve en externo desarrollo técnico, donde la interioridad se esfuma. Dicha escala lleva hacia la divinización de aquella inteligencia tecnológica con el poder de crear y destruir universos. En otras palabras, el fundamento teórico de la escala se explaya sobre la base del extravío del sentido del ser y la privación de la verdad.

Además, la escala de Kardashov adolece de una falla de base y que atañe a lo ético. El paso de un tipo de civilización a otra no puede depender de lo tecnológico en sí, sino de lo ético. Puesto que un nuevo tipo de civlización representa una mayor capacidad de destrucción, entonces la única barrera para evitarlo tiene que ser el crecimiento de la conciencia ética. Y ello no puede venir de la tecnología, sino de la conciencia y reflexión interior. En otras palabras, el autoexterminio no puede asegurarse mediante la robotización del hombre, sino mediante su mayor humanización.

El error inmanentista y secularista que atraviesa las bases teóricas de la Escala Kardashov lo lleva hacia un naturalismo donde se humaniza el teísmo en un panteísmo antropológico-tecnológico. Al final es la inteligencia humana tecnologizada la que se convierte en dios.

Pero hay otra cosa importante. No correspondiendo la Escala Kardashov al rubro de la hipótesis científica sino al de la ciencia ficción, ¿por qué resulta agradable a los oídos de la presente humanidad sin Dios? Soñar sin pesadillas es agradable y soñar despierto lo es aun más. ¿No es todo esto una forma de escapismo de la realidad?

La ficción proporciona placer ante la dolorosa tragedia del fracaso de la razón ilustrada, las dos guerras mundiales, los campos de concentración, etc. En suma, el placer por la ficción por parte del secularizado hombre sin Dios aumenta en razón inversamente proporcional en que pierde la fe en lo trascendente y en que ve el fracaso del Regnum hominis.

Al hombre secularizado sin Dios le aburre pensar en Dios. Y en su insoportable apatía, pereza y aburrimiento por lo trascendente, prefiere divinizar lo inmanente en un panenteísmo y escapar de lo real creyendo en la ficción de civilizaciones extraterrestres. La ficción nace de la imaginación y después de la pasión. La ficción nace de la debilidad de la pasión. No obstante, la imaginación ficcional debe tener una aureola de felicidad y esto lo proporciona el elemento tecnológico-extraterrestre.

No hay duda que el hombre es una inteligencia utópica, que gusta imaginar reinos inexistentes por alcanzar. Y en este sentido, la Escala Kardashov más que una medición de la evolución tecnológica de civilizaciones extraterrestres, es en realidad una optimista cronología ucrónica de lo que la inteligencia humana puede alcanzar si antes no se autoaniquila. Así como la matemática se resuelve en lo formal y no en lo real (Ecuación de Drake), del mismo modo lo ficticio se resuelve en lo posible pero no en lo real (Escala de Kardashov).

Pero la falla fundamental de la Escala de Kardashev consiste en empeñar al hombre solamente en la conquista del mundo, a fin de cuentas lo unce al carro de la naturaleza. Este tipo de humanismo es la negación precisamente del humanismo porque es "cosismo". En Kardashev como en el resto del pensamiento moderno se ha apagado la luz de Dios para habitar un verdadero obscurantismo espiritual, donde la nueva religión es la ciencia.

No hay que recriminarlo mucho, él fue apenas un científico sin mayor ilustración filosófica y formado en el vientre del gigantesco monstruo del cruel despotismo ateo soviético. No hay que olvidar que el socialismo soviético ponía todas sus esperanzas en la industria y la técnica relegando la superioridad de los valores espirituales. Es por eso que la Escala Kardaschov arrastra la misma tara propugnando un desequilibrio profundo entre lo material y lo espiritual. Es como si un médico definiera la salud teniendo en cuenta lo corporal y sin tener en cuenta lo mental. Pero nos toca a nosotros develar sus presupuestos ideatorios que lo tienen constreñido. Así, comparte la destrucción de las estructuras metafísico-teológicas de la tradición griego-cristianas. Suscribe el error básico de la modernidad de hacer a la razón humana en fundamento de sí misma. Contribuye a fortalecer el regnum hominis y un mesianismo laico que pierde el horizonte de Dios.

Este asalto a la razón que relega los valores espirituales desemboca en el regnum materiae o de la materia (primacía de lo tecnológico). Lo dramático es que el superdesarrollo tecnológico indica la mayor parte de las veces infradesarrollo espiritual. Y así está muy lejos de comprender que el desafío civilizacional es restaurar el fundamento trascendente del orden natural y humano y acabar con la superficialidad que arruina la civilización occidental.

21 de Julio 2017  

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