sábado, 18 de abril de 2026

SCRUTON Y SU FILOSOFÍA REFUGIO


SCRUTON Y SU FILOSOFÍA REFUGIO

La filosofía de Roger Scruton (1944-2020) se presenta como un intento de frenar el dinamismo de la sociedad moderna, refugiándose en la tradición cultural y moral como si fueran bastiones capaces de contener el cambio. Bajo la apariencia de defensa de la belleza y la continuidad, se encierra al capitalismo moderno en una pequeña jaula conservadora, incapaz de reconocer su esencia transformadora. Se trata de una visión que privilegia la preservación del orden heredado por encima de la justicia social, subordinando la igualdad a la conservación de instituciones que, aunque imperfectas, son vistas como el tejido que sostiene la vida en común.

El pensamiento de Scruton se articula en torno a la idea de que las instituciones heredadas —familia, nación, religión, arte clásico— constituyen el fundamento de la cohesión social. El libre mercado es aceptado, pero siempre subordinado a la cultura y la moral, pues la economía no debe ser un fin en sí misma. La justicia social, entendida como igualdad material, queda relegada frente a la preservación del orden cultural. En este marco, la desigualdad se justifica como un efecto inevitable de la libertad y la diversidad humanas, y el problema de la igualdad se subordina a la necesidad de mantener el statu quo de la tradición.

La cultura a la que se refiere Scruton no es una abstracción neutral, sino que alude principalmente a las clases poseedoras, aquellas que han acumulado capital simbólico y material y que pueden sostener las instituciones heredadas como patrimonio propio. Las tradiciones, en cambio, se imponen sobre las clases desposeídas, que deben aceptar como destino la continuidad de un orden que las margina. De este modo, la defensa de la cultura y la tradición en su pensamiento funciona como un mecanismo de legitimación de privilegios, donde lo que se presenta como valor universal es en realidad la preservación de un orden desigual que beneficia a unos y somete a otros.

Las principales limitaciones de este pensamiento radican en su incapacidad para comprender la naturaleza dinámica del capitalismo y de la sociedad moderna. Scruton concibe la tradición como algo estático, cuando en realidad toda tradición es fruto de transformaciones pasadas y está destinada a seguir cambiando. Su rechazo al cambio social lo convierte en un reformista excesivamente gradual, que prefiere conservar incluso las estructuras injustas antes que arriesgarse a la innovación. De este modo, su filosofía se asemeja a la de un abuelo adinerado que se refugia en sus recuerdos caseros para no aceptar el cambio social que le disgusta, construyendo un refugio que funciona como escudo contra la modernidad.

Otros pensadores han señalado estas limitaciones con claridad. Marx mostró que el capitalismo vive de la destrucción creativa y de la transformación constante de las relaciones sociales. Sombart analizó cómo el espíritu burgués alimentó el desarrollo capitalista. Simmel destacó el impacto del dinero en la vida cotidiana, revelando cómo altera las relaciones humanas. Tönnies distinguió entre comunidad y sociedad, mostrando cómo el capitalismo impulsa el paso de vínculos tradicionales a relaciones contractuales impersonales. Weber explicó cómo la racionalización y la ética protestante dieron origen a un sistema en perpetuo movimiento. Troeltsch estudió la adaptación de la religión a la modernidad. Pareto analizó la circulación de las élites, mostrando que el poder nunca permanece estático. Veblen, por su parte, reveló cómo el consumo conspicuo transforma los hábitos sociales y genera nuevas formas de desigualdad. Frente a ellos, Scruton aparece como un pensador que se refugia en la nostalgia, incapaz de aceptar la esencia cambiante del mundo moderno.

Mi crítica personal se centra en que su "filosofía-refugio" funciona como un escudo egoísta para preservar privilegios bajo el barniz de la tradición. Al defender la continuidad de instituciones heredadas, Scruton protege también las jerarquías y desigualdades que favorecen a quienes ya están en posiciones de ventaja. Su rechazo al cambio social no es sólo una defensa de la belleza, sino también una manera de blindar un orden que excluye y margina. Nada de lo que Marx, Sombart, Simmel, Tönnies, Weber, Troeltsch, Pareto y Veblen hallaron en el capitalismo aparece en Scruton; al contrario, busca encerrar el capitalismo moderno dentro de la pequeña jaula del conservadurismo, negando su esencia dinámica.

Su visión irrealista no constituye únicamente un fenómeno personal, sino que se inscribe en un marco social más amplio, propio de aquel segmento de la aristocrática sociedad británica que contempla su mundo de otrora como absolutamente perdido. Se trata de una nostalgia que no surge en el vacío, sino en plena decadencia del capitalismo imperialista occidental, cuando las élites tradicionales perciben que las bases de su poder simbólico y material se erosionan frente al dinamismo económico y cultural. En ese contexto, la apelación a la tradición y a la cultura funciona como un mecanismo de defensa colectiva, un intento de blindar un orden que ya no puede sostenerse frente a la transformación global. La filosofía refugio de Scruton refleja así no sólo la resistencia individual de un pensador conservador, sino también la reacción de una clase social que busca preservar sus privilegios en un mundo que avanza hacia nuevas formas de organización y que cuestiona la supremacía de la vieja aristocracia británica y el liderazgo geopolítico del mundo occidental.

El contraste en esta reflexión con otros analistas del capitalismo es evidente. Mientras los mencionados comprendieron el capitalismo como fuerza histórica que transforma la sociedad, Scruton intentó contenerlo dentro de un marco conservador. Su filosofía refugio se convierte así en una paradoja: defiende el libre mercado, pero rechaza su esencia dinámica; celebra la tradición, pero olvida que toda tradición es producto del cambio. En definitiva, Scruton construyó una filosofía que busca ser el freno de la sociedad moderna, encerrando el capitalismo en una jaula de conservadurismo. Su refugio cultural es un escudo contra el dinamismo del mundo, pero también una paradoja que revela la dificultad de aceptar que la sociedad, por naturaleza, es cambiante y que el capitalismo, lejos de poder ser domesticado, transforma sin cesar las estructuras que él pretendía conservar.

Hay algo más profundo y sintomático en el canto de cisne del pensamiento de Scruton, y es que no sólo expresa la dificultad de aceptar el dinamismo inherente al capitalismo, sino que también revela un cambio de época en la hegemonía mundial. Lo que aparece como defensa nostálgica de un orden perdido es, en realidad, el signo de una transformación histórica mayor: el capitalismo occidental, que durante siglos sostuvo la supremacía de Europa y luego de Estados Unidos, ha entrado en una fase de declive. La insistencia en preservar las instituciones heredadas y en blindar la tradición es el reflejo de una conciencia de pérdida, de un mundo aristocrático británico que percibe su lugar como definitivamente erosionado. En este trasfondo, la filosofía refugio de Scruton se convierte en síntoma de una transición civilizatoria: el protagonismo económico, político y cultural se desplaza hacia Oriente, y en particular hacia China, que encarna hoy la vitalidad y el dinamismo que Occidente ya no logra sostener. La paradoja de su pensamiento no es sólo personal, sino social e histórica: un intento de aferrarse a un orden que se desvanece, mientras el centro de gravedad del capitalismo se reconfigura en otra civilización.

Bibliografía

Marx, Karl. El capital: crítica de la economía política. Trad. Pedro Scaron. México: Siglo XXI Editores, 1975.
Pareto, Vilfredo. Tratado de sociología general. Madrid: Alianza Editorial, 1980.
Scruton, Roger. Cómo ser conservador. Madrid: Homo Legens, 2018.
Scruton, Roger. La belleza: una breve introducción. Barcelona: Elba, 2017.
Scruton, Roger. Conservadurismo. Madrid: El Buey Mudo, 2019.
Simmel, Georg. Cuestiones fundamentales de sociología. Barcelona: Gedisa, 2002.
Sombart, Werner. El burgués: contribución a la historia espiritual del hombre económico. Madrid: Alianza Editorial, 1979.
Tönnies, Ferdinand. Comunidad y sociedad. Madrid: Ediciones Península, 1979.
Troeltsch, Ernst. Las doctrinas sociales de las iglesias y los grupos cristianos. Madrid: Trotta, 2007.
Veblen, Thorstein. La teoría de la clase ociosa. Madrid: Alianza Editorial, 1974.
Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Alianza Editorial, 1983.

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