miércoles, 27 de agosto de 2014

INFINITUD DEL MICRO Y MACROMUNDO

 “EL LUGAR RECÓNDITO DE DIOS”
LO NOUMÉNICO:
INFINITUD DEL MICRO Y MACROMUNDO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 

Demostrando que no se está ante un físico teórico fisicalista, positivista y cientificista, EAV mostrará una auténtica vocación humanista llevando su planteamiento hacia un terreno filosófico. Así, si hasta aquí hemos llegado a cierta comprensión de la TOE propuesta por EAV con su modelo VCF. Ahora toca examinar más detenidamente la idea del “neutrovacío” y lo “infinito” desde una perspectiva filosófica. Veamos.

“Se plantea ahora la siguiente pregunta: ¿Es el neutrovacío una realidad metafísica que trasciende el mundo fenoménico o una propiedad de la naturaleza misma que poseería una dualidad, el yin y el yang, el taita inti   y la pachamama de la cosmogonía andina, para referirnos a algo cercano a nuestra realidad? La respuesta desde  una perspectiva inmanente es que el neutrovacío es una propiedad intrínseca de la naturaleza, consecuencia de la coexistencia de universos de materia y antimateria. Desde el punto de vista kantiano sería el noúmeno, de carácter trascendente. Con relación a la perspectiva inmanente, podemos encontrar una analogía en las matemáticas. El número cero se obtiene a partir de la suma de dos cantidades iguales de signo contrario, una positiva y otra negativa. Matemáticamente, el cero existe como número e inclusive se realizan operaciones con él. No se trata pues, de una cantidad que no existe y por tanto deba ser excluido del campo de las matemáticas, posee más bien ciertas propiedades que lo distinguen de los demás números, a diferencia, por ejemplo, del conjunto vacío.”

Aquí EAV se hace una pregunta filosófica fundamental, a saber, “¿Es el neutrovacío una realidad metafísica o fenoménica, trascendente o inmanente?”. Y se pone en ambos casos para decir que si es inmanente es fenoménica y si es trascendente es nouménico. Y aquí cabe hacer una precisión que ha causado polémica en la filosofía dada la naturaleza del mismo pensamiento kantiano.

Nos referimos al término “nouménico” que en la propia jerga de Kant vacila de cosa dabile o dada a cosa cogitabile o pensada. La cosa en sí para Kant es la existencia metafísica, lo absoluto, lo que subsiste por sí mismo y no necesita de nada más para existir. Pues la sensibilidad es definida precisamente como la “capacidad para recibir representaciones según la manera como las cosas nos afectan”. Más allá de la crítica de la razón pura la cosa en sí se convierte en una realidad cuando se establece el primado de la razón práctica, que es un modo de acceso a lo Absoluto. Y qué decir del primado de la crítica del juicio donde la totalidad del pensamiento kantiano se resume en las profundas consideraciones sobre la posibilidad de una Inteligencia Arquetípica, es decir Dios. Otra es la situación del Opus Postumum, donde prima un regreso a la filosofía trascendental basado en la doctrina de las Ideas como autocreaciones de la Razón y donde se hace eco de las críticas de Beck y demás detractores de la cosa en sí.

La “cosa en sí” es quizá uno de los aspectos más debatidos de la filosofía trascendental. La eliminación de la cosa en sí, como se lo propusieron los epígonos postkantianos (Jacobi, Maimon, Beck, Fichte), produce un idealismo absoluto y un fenomenismo, mientras que su admisión ha conducido a una identificación con el Absoluto (Schopenhauer) y a una relación entre lo nouménico y lo fenoménico como relación entre lo metafísico y lo sensible. Y es justamente en este segundo sentido en que lo emplea EAV. Por tanto, se inscribe entre los neokantianos que admiten la idea de la cosa en sí.

“Conviene hacer sin embargo una reflexión sobre este aspecto. Hemos señalado que en el modelo estándar de la física cuántica, así como en modelos alternativos como la teoría de supercuerdas, la teoría M y la mecánica cuántica de bucles, existe un límite en el tiempo y el espacio, que son el tiempo y la longitud de Planck respectivamente, más allá del cual no se puede definir la realidad. En nuestro modelo nosotros nos basamos en el concepto de límite matemático para la distancia cuando ésta tiende a cero, que no es lo mismo que el límite físico de la longitud de Planck. En el caso de una partícula elemental como el electrón, o cualquier otra partícula elemental, cuando el radio tiende a cero y en consecuencia el espacio y el tiempo, el efecto acumulativo de la antimateria y materia virtuales neutraliza la carga del electrón. En ese punto singular no existe el espacio, ni tiempo, ni materia, ni energía, no obstante se manifiesta en el mundo fenoménico con estas características que son las que observamos. Y esta particularidad se daría en todo el universo, que en esencia sería vacío, lo nouménico según Kant, manifestado en lo fenoménico, así como en la totalidad de todos los universos de materia y antimateria. La materia prima, en potencia, y la materia segunda, en acto, según Tomás de Aquino. Entramos en el terreno filosófico. Lo noménico y fenoménico coexistirían como aspectos de la misma realidad, como una sola entidad, no existirían el uno sin el otro, lo trascendente e inmanente se requerirían mutuamente.”

Lo fenoménico es la materia en acto mientras que lo nouménico es la materia en potencia, es la explicación de EAV. Y tal elucidación es certera en tanto que atiende a la materia misma más no al significado total de lo nouménico. Que la materia o lo existente fenoménico tenga un sustrato nouménico, inobservable y susceptible de cálculo, es cada vez más plausible según la física cuántica y de micropartículas. Y que el neutrovacío sea lo nouménico incluso de lo fermiones y bosones no parece imposible. Pero lo que sí parece cuestionable e improbable es que lo nouménico se restringa al neutrovacío, cosa que tampoco se deduce de las afirmaciones de EAV.

En todo caso el neutrovacío –donde no existe espacio, tiempo, materia ni energía- es nouménico para nosotros, según el orden cognoscitivo pero no en el orden ontológico, pues en el orden ontológico el neutrovacío sigue siendo fenoménico, porque es manifestación del universo potencial. Sigamos, entonces, adelante:

“Los conceptos de cero e infinito están estrechamente vinculados con lo expresado anteriormente. En matemáticas, la teoría de límites permite trabajar consistentemente con estos conceptos que de otra manera darían lugar a inconsistencias para el desarrollo del cálculo. Newton y Leibnitz estaban conscientes de ello. Matemáticamente se expresa comoy   , es decir,    y  , pero que tiende a cero e infinito respectivamente, que es el límite en nuestras ecuaciones para .  No obstante, cuando, desaparece lo fenoménico, convirtiéndose, desde una perspectiva trascendente, en el noúmeno kantiano, más allá de lo cognoscible - a diferencia del idealismo de Fichte, Schelling y Hegel, que sostiene que el conocimiento de lo absoluto es accesible a la razón- . Desde una perspectiva teológica, sería el lugar recóndito de Dios de las religiones monoteístas o el Parabrahman del hinduismo. Desde una perspectiva inmanente, como señalamos anteriormente, se trataría de una propiedad intrínseca de la naturaleza, despojada de lo trascendente, en cuyo caso la física iría más allá del límite de Planck. Independiente de ello, sostenemos que lo nouménico y lo fenoménico son inseparables y pertenecen a la misma realidad, y que las matemáticas nos conduce a ello, más allá del límite de Planck. Nuestra intención es mostrar una posible convergencia entre la filosofía y la ciencia.”

No hay duda que estamos en un terreno apasionante, de interminables polémicas, que tiene que ver con el sentido de la vida y las posibilidades del hombre de comprender la realidad, donde palpamos los misterios tremendos de la existencia. A tenor de ello EAV no se arredra y como un verdadero Cid Campeador sostiene que el neutrovacío es lo nouménico porque en éste lo fenoménico desaparece, pues deducido más allá del límite de Planck lo que hayamos es el “lugar recóndito de Dios”, donde lo nouménico y lo fenoménico resultan inseparables, y en el cual lo trascedente y lo inmanente resultan inseparables. Pienso que todo el aserto es correcto siempre y cuando hagamos las siguientes puntualizaciones.

Efectivamente, EAV más allá del límite de Planck pone al descubierto un “lugar” o proceso donde lo fenoménico desaparece y ese “lugar” se llama el “neutrovacío”. Afirma que ese lugar es el “lugar recóndito de Dios”, pero esto no significa que tiene que ser necesariamente el mismísimo Dios. Es decir, aquel “lugar recóndito de Dios” es nouménico y trascendente respecto a todo el universo fenoménico de espacio, tiempo, materia y energía, pero es el “lugar recóndito de Dios” para el universo material más no para el universo espiritual ni para el mismo Dios. En otras palabras, el neutrovacío o “lugar recóndito de Dios” es trascendente respecto al universo inmanente de espacio, tiempo, materia y energía, pero no es necesariamente la Trascendencia misma.

En los inicios de la filosofía cristiana se habló del Logos como el mediador entre Dios y el Mundo. Pero por más que quisiéramos establecer una analogía entre el neutrovacío y el Logos ello no es posible, porque éste último es no sólo mediador sino también Salvador y portador de la Verdad. Pero EAV, igual que Justino, Orígenes y Filón de Alejandría, recoge el aprecio por la filosofía. Para San Agustín el hombre habita entre el tiempo y la eternidad, y para EAV todo lo fenoménico es habitante de dos mundos. Dionisio Pseudo-Areopagita concilió la doctrina de la emanación neoplatónica con la Trinidad y la creación, cosa que EAV deja un espacio para ello, dado que del neutrovacío emana todo lo fenoménico pero no es todo lo trascedente.

Juan Escoto Erígena, que realizó la síntesis entre cristianismo y neoplatonismo, sostuvo que las esencias primordiales no tienen la misma eternidad del Hijo o el Logos. El “lugar recóndito de Dios” de EAV guarda un parecido formal con las esencias primordiales de Erígena, pero no un parecido material por ser creación del Logos. Si a san Anselmo se debe la frase: “Creo para comprender”, todo el razonamiento de EAV lleva más bien hacia un: “Comprendo para creer”. El conceptualismo de Abelardo no le impide ser un realista metafísico que acepta las ideas arquetípicas de Dios. ¿Podrá ser el “lugar recóndito de Dios” parte de las ideas arquetípicas del Creador? Para San Agustín "Las ideas son formas arquetípicas o esencias permanentes e inmutables de las cosas, que no han sido formadas sino que, existiendo eternamente y de manera inmutable, se hallan contenidas en la inteligencia divina"(Quaestio XLVI, De ideis, 2). Desde esta definición el neutrovacío no puede ser una idea arquetípica divina porque no es eterno, ni es temporal, pero hace posible lo temporal. En todo caso el neutrovacío podrá ser una esencia permanente de las cosas y creado por una idea arquetípica de Dios.

Santo Tomás de Aquino fue distante a las ideas eternas del neoplatonismo, prefirió hablar de la incomprensibilidad de la esencia de Dios –donde esencia y existencia se identifican- y lo concreto del ente existente. Cuando EAV habla del neutrovacío como el “lugar recóndito de Dios” y descrito más allá del límite de Planck, toma una distancia apreciable de la incomprensible esencia divina. Queda claro que no estamos la esencia de la divinidad, sino, más bien, ante la esencia de la realidad fenoménica, y a ese nivel se puede aceptar su naturaleza nouménica.

Una pista interesante para comprender mejor aquel “lugar recóndito de Dios” lo encontramos en San Buenaventura, quien habla de la teoría de la iluminación, la metafísica de la luz y la creación como relatio o relación. El neutrovacío es precisamente el lugar de la relatio de lo fenoménico. Salvo que no sería la relatio de todo lo fenoménico, sino tan sólo del universo de espacio, tiempo, materia y energía, más no de lo espiritual, que también trasciende estas condiciones.

Otro símil interesante lo podemos encontrar en la idea de haecceidad y en la idea de Dios como ser infinito en acto, de Juan Duns Escoto. La haecceidad no es la forma ni la materia, es la razón de individuación del individuo concreto. Por su parte, EAV presenta el neutrovacío como lo no material ni espacial, ni temporal ni energético, casi como un ser infinito en potencia y razón de lo material en acto.

Esto último es muy interesante porque, aunque EAV no se lo plantea, nos hace pensar en la relación que podría haber entre el neutrovacío y el big bang. ¿El neutrovacío es antes, simultáneo o después del big bang? Si es antes entonces el big bang sería resultado de un universo anterior, lo que tendría sentido por su capacidad de generar innumerables universos; si es simultáneo refrendaría la teoría inflacionaria, pues antes del primer segundo del universo tampoco habría espacio, tiempo, energía y materia; y si es después, sólo daría cuenta del universo primigenio, presente y futuro.

La cosmología física ha preferido hablar de “vacío” en vez de la “nada” metafísica, sobretodo porque la nada absoluta se asocia teológica y filosóficamente al acto creador de un Dios Absoluto y omnipotente, y supone un acto de fe. Se sienten más cómodos con una nada en sentido relativo, como privación, y la idea de vacío refleja esta nada relativa. La idea del neutrovacío refleja esta idea de nada relativa en vez de la nada absoluta. La preeminencia de la nada relativa la hallamos en el nihil ex nihilo o nada viene de la metafísica de los griegos, mientras que la nada absoluta se encuentra en el Creatum ex nihilo o creación desde la nada de la metafísica del cristianismo. El “lugar recóndito de Dios” o neutrovacío se reconcilia muy bien con la idea de la nada como “privación” en vez de como “no-ser absoluto”. Lo cual no significa que EAV rechace personalmente y a priori el creacionismo. Pues, la nada relativa puede muy bien funcionar a nivel del universo de la materia y de la antimateria y no dar cuenta de lo que está más allá de este universo, esto es, la nada absoluta. También la nada del Tao es una nada relativa, porque actúa como una unidad primordial o un todo a través del yin (concentración) y el yang (expansión). El Tao no produce el ser y la nada, es un principio bivalente que parte del ser y la nada para generar el universo. Mientras que el Nirvana de Buda no tiene un sentido metafísico, sino tan sólo significa la extinción del karma o extinción del deseo que causa la reencarnación, en un estado de beatitud indescriptible. Fueron los hinayanas quienes identifican el Nirvana con el no-ser.

Pero hay más. Guillermo de Occam, el padre del nominalismo y de la refutación de todo orden esencial, sostuvo que Dios no es evidente y sólo es cuestión de fe, que la teología carece de evidencia fáctica, la ciencia no trata de cosas sino tan sólo de términos y proposiciones, y lo único real es lo individual concreto. Curiosamente EAV establece un modelo del universo extraído puramente de evidencias apodícticas matemáticas, o sea de ecuaciones sin evidencia fáctica alguna. El neutrovacío o el “lugar recóndito de Dios” no es evidente por sí mismo. Esto no es extraño en el camino de la ciencia que ha conocido la confirmación ulterior de teorías. Pero lo cual es revelador de lo mucho que necesita la ciencia del razonamiento metafísico para avanzar.
A propósito de las evidencias apodícticas de las matemáticas cabe decir que en más de seis o siete mil años de progreso las matemáticas han aportado a la civilización humana dos cosas: el razonamiento deductivo y la descripción de la naturaleza. En matemáticas fue donde primero se desarrolló el pensamiento deductivo y es la más poderosa forma de razonamiento que se remonta al pensamiento mítico ancestral. La relación entre mito y las matemáticas no está bien establecida, pero puede sostenerse que el mito al investigar las relaciones entre lo original y lo histórico, entre los arquetipos y los prototipos, y al establecer una tensión entre el comienzo y el fin, estimuló el desarrollo del pensamiento matemático en sumo grado De ahí que las agrocéntricas sociedades mítico-ancestrales sean a su vez cosmocéntricas y vivan obsedidas por la medición del tiempo. Allí surge el problema de la estructura y realidad del número, el número sagrado, la atribución de un número a cada cosa, lo que desembocará en la aritmetología metafísica antigua y en la panmatetización de la realidad del pensamiento y ciencia moderna. Si los filósofos antiguos se interesaron más por la ontología del número, los modernos lo hicieron por la epistemología o la formación del concepto de número. Ahora bien, a menos que las matemáticas evolucionen transformándose en algo diferente, la descripción matemática de la naturaleza conservará todo su valor. Hay otras alternativas y los místicos profetizan un método más intuitivo que los de la ciencia. Pero lo más extraño es que las matemáticas sean posible para el género humano. Por último, la filosofía de la matemática sigue discutiendo ardorosamente la “forma de realidad del número” (objetividad ideal o intuicionismo, relación lógica o logicismo, relación formal o formalismo). Aun cuando hay posiciones intermedias y combinadas puede afirmarse que hay dos grandes perspectivas: ontológicas y epistemológicas, y en ésta última se diferencian la empirista, la apriorista y la conceptualista.

Toda esta disquisición es interesante porque permite entender cómo Enrique Álvarez Vita maneja los números, puesto que plantear un modelo del universo sobre la base de ecuaciones matemáticas supone cierta fe realista en el número. Esta convicción tiene su antecedente remoto en la filosofía contemplativa de los pitagóricos, platónicos y neoplatónicos, donde se señalaba que había el número inteligible, primero y supremo, el número matemático y el número físico. Incluso en el neopitagorismo se llegó a hablar de números para los valores morales. La relación entre número, filosofía y verdad queda aun más claramente formulada en el cristiano neoplatónico Psellos, para quien si existe Dios hay Providencia, si hay Providencia hay ciencia y si hay ciencia hay filosofía o búsqueda de la verdad. De manera que en la filosofía queda revelada la naturaleza científica del acto divino. Ya la tradición de los Padres de la Iglesia había expresado que lo que Platón denomina idea es precisamente el arquetipo de todas las criaturas que Dios tiene en sí desde antes de la creación, y así el mundo inteligible es el modelo ejemplar del mundo sensible. Esta disquisición es interesante porque permite entender las limitaciones intrínsecas que se encuentran para proponer un modelo del universo sobre una perspectiva nominalista de las matemáticas. Si el número sólo es imaginario y no tiene realidad, entonces las dificultades para aplicarlo a lo real se multiplican. Si la realidad del número es sólo relacional y nada substancial también emergen los aprietos de las limitaciones fenomenistas. No queda sino una prudente postura realista sobre el número, que se deja notar en los desarrollos matemáticos de Álvarez Vita.

También viene a nuestra mente lo dicho por Poincaré: “La matemática parece ser una contradicción insólita, pues en apariencia sólo es una ciencia deductiva y, sin embargo, no se reduce a una tautología inmensa”. Y lo expresado por Einstein: “En la medida en que las proposiciones matemáticas se refieren a la realidad no son ciertas, y en la medida en que son ciertas no son reales”. Así, las dificultades insuperables que parece afrontar la filosofía de las matemáticas gira en torno a la naturaleza matemática de lo real. EAV no analiza la naturaleza del número pero a partir de las matemáticas deduce la existencia del neutrovacío, con lo cual se coloca lejos de la solución formalista del número (la realidad es como una marco vacío en el que cabe aplicar la matemática), de la solución trascendental kantiana (los juicios matemáticos son juicios sintéticos a priori), de la solución empirista (la matemática se aplica a la realidad porque resulta de un examen empírico de lo real, mientras el neutrovacío es inobservable), para presentarse en una postura ontológico-pitagórica (la matemática puede aplicarse a la realidad porque ésta es de índole matemática).

No deja de ser singular el gran parecido que guarda la idea de EAV de aproximar filosofía y ciencia con la idea del Maestro Eckhart de conciliar filosofía y teología; y también el contenido del neutrovacío de materia y antimateria con la idea de la coincidencia oppositorum de Nicolás de Cusa.

“Debemos reflexionar también sobre el hecho de que nosotros mismos, nuestra propia consciencia, la vida, el nacimiento, la muerte, son una manifestación del mundo fenoménico, así como toda forma de materia, energía y tiempo. El llamado mundo espiritual, las experiencias religiosas y místicas, los fenómenos paranormales, los estados de consciencia en las prácticas de meditación, el despertar de los chacras en el yoga, serían todos manifestaciones del mundo fenoménico. En nuestro caso por ejemplo, hemos tenido experiencias místicas que podrían calificarse de extraordinarias, semejantes a las descritas por algunos místicos, pero que sin embargo son independientes de nuestra posición filosófica. Según algunas escuelas budistas, estamos inmersos en la “rueda de la vida”, un mundo ilusorio que conlleva al sufrimiento, su objetivo es liberarnos de las ataduras del dualismo fenoménico extinguiendo el ego para alcanzar el nirvana, el shunyata o vacuidad, que es la ausencia de existencia real. Pero en el vacío absoluto no hay conciencia, no existe un observador ni nada que pueda ser observado, ni experimentado.”

Lo espiritual como manifestación del mundo fenoménico es la idea central que se desprende de este párrafo de EAV. ¿Esto lo convierte en un fenomenista? No, porque admite lo nouménico, sólo que éste ya tiene un inquilino, el cual es el neutrovacío. En otras palabras, para EAV lo material y lo espiritual pertenecen a lo fenoménico, a excepción del nouménico neutrovacío. Obviamente que no se plantea si el Espíritu Santo es fenoménico, porque de aceptarlo tendría que ser éste más nouménico que el neutrovacío y admitir la trascendencia de Dios.

“Cabe señalar que Hawking postula que la energía neta del universo es nula, puesto que la energía positiva de la materia y la energía negativa gravitatoria se cancelan entre sí, pero no se trataría de un vacío absoluto, que no estaría permitido por el principio de incertidumbre de Heisenberg, sino de un vacío cuántico con un estado de energía mínima que originaría el efecto Casimir, cuyas fluctuaciones, que consisten en partículas y campos que aparecen y desaparecen de la existencia, darían origen a la creación de una inmensa cantidad de universos posibles, unos , sin recurrir a una intervención divina o a un diseño inteligente para explicar el ajuste fino de las constantes de la naturaleza, puesto que nuestro universo estaría dentro de un rango de probabilidades de universos con estas características. Hawking se basa en la teoría general de la relatividad para afirmar que la energía gravitatoria del universo es nula. Según el modelo propuesto por nosotros, la teoría de Einstein se modificaría a escalas de Planck y la energía gravitatoria convergería a la energía intrínseca de la masa, que es positiva, como señalamos anteriormente, de manera que por el principio de simetría, existiría un universo de antimateria que se cancelaría con el de materia en un vacío absoluto. Lo mismo ocurriría con el vacío cuántico, que contendría un microuniverso de antimateria, el cual se manifestaría como un estado de energía mínima a través del principio de incertidumbre de Heisenberg, dando origen a una multiplicidad de universos, en un proceso de creación continua que contendría una infinidad de universos contenidos unos dentro de otros, como se ilustra en el diagrama anterior.”

Aquí EAV discrepa con el modelo del vacío cuántico con un mínimo de energía de Hawking, donde aparecen y desaparecen una inmensa cantidad de universos posibles sin recurrir a la intervención divina ni al diseño inteligente; para poner en su lugar el vacío absoluto resultado de la simetría existente entre la materia y la antimateria. Y sobre la intervención divina o el diseño creador hay que decir que EAV honestamente deja abierta la posibilidad de la existencia de un Dios creador, porque a diferencia del ateo Hawking procede EAV con la prudencia del agnóstico al no afirmar ni deducir de sus ecuaciones que van más allá del límite de Planck que el neutrovacío sea origen de sí mismo. Si lo hubiese hecho sin duda hubiera procedido con el espíritu de contradicción religiosa de Hawking, pero no lo hizo, y esa su gran diferencia con el físico británico. En este aspecto EAV está más cerca a Kant que de Compte.

Pero a qué tipo de agnosticismo pertenece EAV. Se distinguen dos tipos de agnosticismo: el que sostiene que lo trascedente no es accesible a ninguna facultad, y el que afirma que lo trascendente es accesible a otras actividades espirituales. Y cuando EAV afirma que las actividades espirituales son de naturaleza fenoménica, no está negando que ellas puedan tener acceso a lo nouménico. Por tanto, coloco a EAV en el segundo caso, justamente donde sólo con reservas se puede llamarse a ésta última doctrina un agnosticismo.

No hay duda que EAV no es un agnóstico radical, donde ni siquiera cabe interrogarse por la cosa en sí.  En cambio él sí hace cuestión de la cosa en sí y lo admite. Con ello se coloca bien lejos del empirismo radical y de toda filosofía para la cual el problema metafísico es simplemente un pseudo-problema carente de significado.

Realmente EAV deja abierto un boquete por donde entra inesperadamente la metafísica y lleva al agnosticismo a reconocer las experiencias no sensibles. Su metodología agnóstica moderada se convierte así en un medio para volver más sutil a la experiencia misma y otorgar mayor solidez a lo fundado sobre ella.

Lima, Salamanca 27 de agosto 2014

2 comentarios:

  1. El principio cosmológico del neutrovacío está planteado en términos agnósticos desde el momento en que admite junto al fenómeno lo nouménico. De modo que a pesar del agnosticismo de su creador es inevitable pensar lo nouménico no sólo del neutrovacío sino en todo el horizonte implicado en él. Al respecto veo dos opciones: 1. o el neutrovacío como lo concretamente mínimum es lo único que existe y a partir de él existe Dios en un proceso panteísta y emancionista (teología horizontal de salvación), o 2. de lo contrario existe antes del neutrovacío lo absolutamente máximum o Dios, como lo nouménico de lo nouménico de lo concretamente mínimum o sea del neutrovacío, y de este modo hay un Creador del mundo en vez del divino neutrovacío (teología vertical de salvación). La solución emanacionista panteísta niega que Dios sea el creador del mundo, pues lo verdaderamente divino es el neutrovacío. Pero este camino tiene otro grave defecto, el cual es que impide pensar si el horizonte de lo nouménico se agota en el neutrovacío. Pues si no se agota entonces es posible pensar lo absolutamente máximum del Cusano por encima del neutrovacío y en la teología vertical de salvación.

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  2. El principio cosmológico del Neutrovacío replantea un crucial tema científico y metafísico: la idea del infinito. El Cusano con la idea del Universo como lo concretamente máximum introdujo la capital idea moderna de la infinitud espacial, Bruno la recoge con su idea del infinito actual en las cosas finitas. Einstein la precisa diciendo que el Universo es finito pero ilimitado. Y ahora viene Kiko con la idea de que el estado potencial del Universo está antes de lo finito e infinito. Como es un contrasentido pensar que el neutrovacío sea antes del infinito en sentido absoluto, entonces tiene que serlo necesariamente en sentido concreto aunque en un horizonte mínimo. El neutrovacío, de este modo, es antes del infinito no en sentido absoluto sino en sentido concreto, porque es la posibilidad misma de lo concretamente máximum, o sea, el universo mismo.

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