martes, 9 de julio de 2019

MARIÁTEGUI EUROCÉNTRICO


MARIÁTEGUI EUROCÉNTRICO
Por
Gustavo Flores Quelopana
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía

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Este libro El eurocentrismo de Mariátegui. Calco y copia, está reservado a encender el debate mariateguista para exorcizar cierta idolatría confusionista que impide el real conocimiento de su legado intelectual. Así, de manera provocadora y desafiante el autor presenta la conclusión de que el Amauta fue un eurocéntrico que no comprendió la cultura andina ni al indio debido a su perspectiva europeísta. Para probarlo recorre toda la obra de Mariátegui con impertérrita serenidad, meticuloso metodismo y escrupulosa objetividad. El autor hace gala de una intención límpida, una prosa esclarecida, un razonamiento escrupuloso y una pluma transparente, destinada a sacudir el ambiente áulico y mortecino del mariateguismo.
No hallamos en nuestro ensayista Hugo Chacón la más mínima animadversión hacia Mariátegui. Pero la obra logra desmitificarlo con una idea no menos gravosa dado que propina un recio golpe de puño que pulveriza al llamado “socialismo indoamericano” [1], que ha ocupado por buen tiempo a las mentes dogmáticas dedicadas a pensar el legado teórico del Amauta como clero legañoso e hipnótico. Para éstos la postura de Chacón resultará la reedición de las acusaciones que Haya profirió en 1928 a Mariátegui tildándolo de “lisiado, enfermo y europeísta”. Les parecerá que estamos en el fondo ante una nueva versión del adocenado nacionalismo pequeñoburgués oportunista, que ya en 1927 Mariátegui había denunciado en Haya. Aunque en 1924, cuando trabajaban por un Frente común, el Amauta había advertido su maloliente léxico liberaloide y escalofriante seudo-revolucionarismo.
Efectivamente, en aquella fecha Haya se proclama no comunista y el Amauta denuncia su socialismo domesticado y reformismo mediocre[2]. Sin embargo Chacón en una obra anterior intitulada “Nación Andina” se cuida de tomar distancia tanto del comunismo[3] como del aprismo, más no del nacionalismo. Se arroga un nacionalismo andino que extraiga de la cultura andina sus propias virtudes ancestrales. Recordemos que, si en su momento Mariátegui descubre el instinto comunista en el indio comunero, Hernando de Soto manifiesta, en otro momento histórico, el instinto de comerciante del indio migrante urbanizado y constituido como informal, el cual se incorpora creativamente a la economía de mercado, demostrando que en vez de apoyarse en la eficacia redistributiva del Estado toma en sus propias manos la eficacia productiva como microempresario. De modo que nuestro autor no es la reedición del nacionalismo aprista ni de cualquier otro tipo de nacionalismo europeísta. Veamos sucintamente sus ideas. Chacón es un convencido que el modo de vida occidental es insustentable, de ahí que proponga el rescate del ethos andino y cuestione el carácter universal de la cultura occidental. Chacón discrepa con el corpus y el método revolucionario marxista. Con Spengler comparte la convicción que Occidente no es la cultura universal, pero se diferencia al afirmar que el inicio de un nuevo ciclo cultural tendrá presente a la cultura andina. Sobre el indio Chacón le reprocha al Amauta su idea de que éste tenga que abandonar sus tradiciones y adaptarse a la civilización occidental como otros tantos pueblos del Oriente. La apertura del Amauta es de índole eurocéntrico. Asimila a Freud, Sorel, Labriola, Nietzsche, etc. Por eso para Chacón no hay ninguna racionalidad alternativa en Mariátegui[4]. Sobre el indigenismo y el mestizaje destaca que Mariátegui es un defensor de un mestizaje que no ha generado nación y ubica al indio, amazónico, negro y chino en un plano inferior al que ocupa el criollo. Esto nos lleva al tema del racismo. Sin ambages señala que Mariátegui era racista. Reprocha al indio su primitivismo, superstición e inferioridad cultural[5]. Finalmente su catónico análisis de lo andino en el Amauta culmina en su examen de la cuestión del indio y el socialismo, que le confiere la condición de “problema”. Su solución de la cuestión agraria transita por la aculturación y alienación de la cultura india bajo una dirección política criolla socialista[6]. Por ello, estamos ante una obra cuestionadora, polémica y decisiva que nace del dolor y la esperanza por lo andino. Me explico, Chacón escribe siempre “desde” lo andino.
De formación es ingeniero pero de vocación es ser un pulido novelista y un cuidadoso pensador. Su estro nos remonta al siglo dieciocho, antes de que el Estado moderno institucionalizara la filosofía y convirtiera al filósofo en un sucedáneo universitario burgués y laico del convento. Lejos de ser un filósofo profesional asalariado por el Estado, él es un filósofo por vocación, que piensa y escribe porque su alma se debate en el afán por salvar lo andino en medio del hundimiento de la civilización occidental. Lo interesante, sin embargo, es que en esta obra su talento de ensayista se conjuga con el de tratadista, porque si al decir de Ortega el ensayo es “la ciencia menos la prueba explícita”, aquí en cambio –donde disecciona a Mariátegui- procede por las pruebas explícitas, es decir, el genus dicendi sistemático. Su salida natural hacia el universo de la filosofía y del pensamiento ha sido, lo vuelvo a destacar, su identidad por lo andino. Y sólo de esa fuente ha brotado su colisión con la figura señera y reverenciada de Mariátegui. Y esta preocupación de salvación de lo andino lo conduce a sus ideas e intuiciones filosóficas personales. Por lo pronto sus reflexiones lo muestran como un filósofo de la cultura, pero no nos sorprendería verlo abandonar el lenguaje culturalista y literario para verlo asumir otro ontológico-antropológico. Por lo pronto no es afecto a las ridículas y aparatosas jergas filosóficas. Pera nada predice que lo siga siendo. En todo caso su desencuentro con el Amauta ha sido ocasional y es parte de un recorrido intelectual mayor que está en gestación.
En suma, este breve libro no es un parloteo mariateguista más. Sino, más bien, un ejemplo de buena filosofía que se llega siempre desde problemas no filosóficos. Recordemos que la filosofía es la disciplina más desenfrenada y extravagante que existe. Carece de límites, de tema exclusivo y de estilo único. Por eso es la desesperación de los ensayófobos y de los tratadofílicos. Por eso la decencia radical del filósofo es reconocer su nadería con pudor y humildad raigal. Lo cual no es fácil. Son muchos los filósofos que se han torturado, sufrido pesadillas, amargura y desilusión por no saber llevar sobre sí su destino. Elevemos las preces para que ese espíritu juguetón de la filosofía no abandone nunca al verdadero pensador.


[1] Ricardo Melgar Bao en su libro Mariátegui, Indoamérica y la crisis de Occidente (1995) sostiene que el socialismo indoamericano es la alternativa de un nuevo curso civilizatorio, donde se fusiona el comunismo indígena con la ciencia y el pensamiento occidental. Para Chacón en el Amauta no hay tal socialismo indoamericano porque no entendió el alma de la cultura andina y pensar tal cosa para atribuírsela a Mariátegui resulta poco menos que desconcertante sin someter a análisis crítico su propio pensamiento.
[2] Al respecto se puede consultar de modo muy provechoso la obra de Ricardo Luna Vegas Mariátegui, Haya de la Torre y la verdad histórica (1983).
[3] Véase Hugo Chacón, Nación andina, Iipcial, Lima 2017,
[4] No han faltado intelectuales, como el imaginativo Aníbal Quijano, que ven en Mariátegui la propuesta de una nueva racionalidad propia y alternativa a la racionalidad eurocéntrica (El Marxismo en  JCM: una propuesta de racionalidad alternativa, en: El Marxismo de JCM, Universidad de Lima, Ed. Amauta, pp. 39-47, 1995, Lima). Últimamente ha aparecido el libro Conflictos de interpretación en torno al marxismo de Mariátegui (2018) de Segundo Montoya Huamaní, el cual piensa que Quijano redescubre en el Amauta la crítica al eurocentrismo. Pero en realidad no hay tal cosa, Mariátegui fue siempre un eurocéntrico.
[5] Recientemente Rubén Quiroz ha publicado La razón racial. Clemente Palma y el racismo a fines del siglo XIX (2015). En su reflexión final propone analizar extensivamente la colonialidad del discurso neorracista contemporáneo. Pues bien, Hugo Chacón lo realiza en esta obra con Mariátegui.
[6] César Germaná en su obra El “socialismo indoamericano” de Mariátegui (1995) sostiene que con el desplome del marxismo congelado se actualiza el socialismo indoamericano del Amauta, la cual integra la tradición cultural andina con la marxista occidental en el marco de un nuevo sentido de la vida (moral de productores, valores espirituales, racionalidad de solidaridad y democracia directa). Lo curioso es que su propuesta no transita por una crítica de lo andino en el pensamiento del Amauta como lo realiza Chacón.

EL ABC DE LA FILOSOFÍA Y CÍVICA


EL ABC DE LA FILOSOFÍA Y CÍVICA
Por
Gustavo Flores Quelopana
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía
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Es cierto que ninguna Guía para el estudio de la filosofía hará del público en general, estudiantes e investigadores eximios filósofos, pero sí competentes personas y profesionales bien informados. Más, también es verdadero que todo aquel digno de ser llamado filósofo supone el dominio de un eficaz y riguroso método de trabajo personal. Aquí es donde es imprescindible contar con obras básicas introductorias –enciclopedias, directorio de investigadores, repertorios bibliográficos, bibliografías de diferentes disciplinas filosóficas, diccionarios especializados, historias especializadas, revistas de la especialidad, conferencias, antologías, etcétera- a la técnica y al trabajo intelectual en filosofía. Sólo así será posible manejar la abundante información, el manejo y la utilización de las principales obras, revistas y documentos de referencia y el dominio de las convenciones académicas universales.
Este objetivo fundamental se cumple cabalmente en la presente obra preuniversitaria El ABC de la filosofía y cívica del profesor Juan Carlos Asmat Zavaleta. El libro proporciona los instrumentos metodológicos necesarios para un trabajo eficaz y una investigación independiente aun considerando la precaria situación de la enseñanza e investigación en filosofía y cívica en los países hispanohablantes.
Los materiales para el trabajo intelectual siempre serán generales pues cada mente es diferente y debe descubrir su propio camino. Pero se puede señalar que lo intelectual debe ser inseparable de lo espiritual. No se trata de leer y escribir mucho, sino de aprender a escuchar la voz interior. No debemos olvidar que ningún material educativo por más valioso que sea deberá soslayar que educar es enseñar a elegir el camino del bien mediante el mundo interior en comunicación con Dios y el prójimo. Es por eso que educar es autorrealizar la personalidad humana. La voz de la conciencia, la voluntad y el amor son decisivos para superar la anomia que afecta a la sociedad actual. Y por ello todo el material informativo que se ponga al servicio del público, estudiante e investigador debe ser una motivación perenne para despertar y mantener alerta la concreta conciencia moral en vez de centrarse en la abstracta crisis de valores.
Las obras básicas introductorias de carácter humanístico son inseparables del conocimiento del bien y del mal. Porque sin ello el hombre se endiosa y se sume en una libertad engañosa. Así como la erudición suele embotar la inteligencia y destruir la creatividad, de modo similar cultivar la información por sí misma puede destruir el sentido de la vida, obliterar el razonamiento y entorpecer la voluntad. Decretándose así la muerte del mundo humano. Para contrarrestar dicho peligro hay que oponer el mundo interior y el desarrollo de las virtudes en comunión con lo divino.
Y el énfasis principal de la presente obra está dirigido a despertar la conciencia de la obligación moral, a la toma de conciencia y a la reflexión personal. Esa es la única forma de impedir que la sociedad amoral florezca, haciendo que la inteligencia no dé la espalda a la formación moral. Felicito al profesor Asmat por enseñar al hombre a tomarse en serio, dentro de una labor pedagógica y filosófica que se relaciona con  la verdad.