martes, 29 de octubre de 2019

PROTÁGORAS Y PROTAGORISMO


PROTÁGORAS Y PROTAGORISMO
Prólogo al libro “PROTÁGORAS: EL INNOVADOR”
Gustavo Flores Quelopana
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía

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El primer aporte a enfatizar de la obra de Adolfo César Lazo concierne a la distinción entre el relativismo de Protágoras y el relativismo protagórico que popularizaron Platón, Aristóteles y demás exégetas. Habrían, pues, dos relativismos protagóricos, uno incompatible con el otro.

Acto seguido, como segundo aporte, es importante subrayar el contexto estrictamente antropológico del relativismo protagórico. Protágoras jamás negó las verdades absolutas del ámbito de la naturaleza.

Como tercer aporte, y en consonancia con otros pensadores que reivindican al sofista griego, Lazo se propone destacar la figura del insigne sofista heleno como adelantado del iluminismo. Y justamente de ahí surge la incomprensión por parte de sus contemporáneos.

El hombre antiguo es eminentemente ontológico y se concibe entre una cosa entre las demás cosas, en cambio el hombre moderno es primordialmente epistémico y se percibe como un ente especial en el mundo. Protágoras con el descubrimiento del principio antropológico en la cultura griega habría sido, no sólo, el que mejor recepciona la enseñanza socrática sino el que marca una ruptura con su tiempo.

Es un mérito que Lazo reavive el debate del relativismo a través de Protágoras, dado que al mismo se le responsabiliza del descalabro moral de la nuestra hora actual. La filosofía protagórica, de difícil comprensión, implica que su relativismo axiológico se deriva de la antropología del homo mensura y éste de su ontología heracliteana. Su vínculo con el “todo fluye” es resaltado ya por Sexto Empírico. ¿Entonces, cómo puede hablar de verdades absolutas en la naturaleza?

Pero quizá lo más controversial sea cómo entender el ánthropos protagórico. Se han dado tres interpretaciones. Platón y Aristóteles lo hicieron en sentido individualista. Goethe, Gomperz lo hacen en sentido como especie. Y Dupréel en sentido sociológico –lo cual es suscrito por Lazo-. La segunda interpretación como especie nos conduciría a ver a Protágoras como precursor de Kant y los empiristas modernos. Pero ello sería un exceso.

La primera da la impresión de no haber llegado al fondo del argumento protagórico y haberse dejado llevar por la pasión del debate. Platón no refuta sino que satiriza de forma ingeniosa y, por su parte, Aristóteles ve una infracción lógica al principio de contradicción. Lo cual no es cierto porque el sofista no se refiere al mismo sujeto, sino que la cosa es al mismo tiempo buena y mala en relación a distintos hombres.

En realidad para Protágoras la medida de los valores es, en última instancia, la polis, la sociedad o el Estado.

De este modo resulta siendo un interesante precursor de Durkheim, Spengler, Lévy-Brühl, Mauss, Goblot. De su convencionalismo sociológico deriva su relativismo axiológico. El valor no es algo objetivo sino una convención social. El valor resulta siendo impuesto al individuo por la sociedad en que se vive. El individuo  es  muy maleable a las valoraciones sociales. Los valores son multiformes cuantas tantas sociedades hay. Lo cual implica una correcta enunciación del principio de contradicción: algo es y no es al mismo tiempo pero en relación a distintas realidades sociales. Lo que lleva hacia una doctrina gnoseológica muy discutible, pero coherente.

Si el homo mensura no es individual ni especie sino la sociedad, entonces dónde queda la libertad individual. Al parecer ésta queda subordinada a la libertad social. Sólo la sociedad es capaz de redimir al hombre individual del abismo de perversión. Pero cómo queda su pesimismo antropológico si es la propia sociedad la que se corrompe.
Y con ello se llega al problema capital: la virtud. La educación debe enseñar la virtud. Pero si el mutuo respeto, la justicia y la virtud no son promovidas por la sociedad –como en el capitalismo-, entonces esa sociedad está condenada a degenerar.

Esa es la advertencia que hace el protagorismo a nuestro tiempo. Pone énfasis en la tarea educativa, pero cuando el criterio social no promueve hombres virtuosos qué ha de hacerse.

El protagorismo de la sociedad individualista del capitalismo no es el protagorismo de Protágoras, más afin es al hombre social del marxismo o del socialismo. Pero lo que deja de herencia es un relativismo que tampoco le pertenece porque no viola el principio de contradicción. El relativismo protagórico de la filosofía posmoderna es el relativismo heredado de la crítica platónico-aristotélica. Pero justamente esa distorsión es la imperante en la globalización anética del neoliberalismo actual.