sábado, 21 de octubre de 2023

MALESTAR EN LA CIVILIZACIÓN DIGITAL (reseña)

 

Lanfrance señala que el malestar de la civilización digital es el nuevo pacto social de la economía contributiva, donde el ciudadano cede sus datos y con ellos hacen una fortuna los dueños de las redes sociales sin recibir nada a cambio.

Además, el ciudadano es vigilado y reducido a mero consumidor de internet. Todo esto supura desde sus entrañas una utopía posthumanista, un mundo hipertecnológico controlado más allá del bien y del mal.

Mientras tanto las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft) eluden impuestos y concentran inmensos beneficios económicos que son en realidad de toda la humanidad.

Ante ello Lafrance propone tres cosas: legislar sobre las GAFAM, asumir la filosofía antigua del autocontrol de las pasiones, y reformar el capitalismo con las recomendaciones del Club de Roma de 2012.

Pero la solución de Lafrance es inocua, porque por un lado reconoce que el capitalismo es una bestia insaciable y por el otro no plantea una reestructuración del poder político -hoy sometido a las corporaciones- para redistribuir la riqueza.

En una palabra, el cambio del capitalismo no puede limitarse a una legislación tributaria sin someterlo a un estricto control del Estado al servicio del pueblo y no de las grandes corporaciones.

JUSTICIA COMO COPERTENENCIA

La teoría de la justicia como pertenencia sostiene que la justicia no es solamente equidad, sino, fundamentalmente, copertenencia, porque sin sentirnos igual al prójimo no es posible la virtud de la justicia. Todos nos co-pertenecemos y sobre esa base es posible la práctica de la justicia como equidad y como gratuidad. La justicia no es solamente dar algo a cambio, es también dar a cambio de nada. Por ello, sin amor al prójimo no hay justicia. Pero tampoco hay amor al prójimo sin tener conciencia de que el hombre fue creado a imagen de la divinidad. La ética trascendente es el fundamento ontológico de la justicia como copertenencia. La justicia no debe tolerar la desigualdad y debe procurar eliminar la pobreza. Por ello, la justicia social implica equidad y gratuidad.