martes, 22 de septiembre de 2026

El separatismo radical de Guamán Poma de Ayala

El separatismo radical de Guamán Poma de Ayala

¿Es posible que la respuesta más desesperada ante la desarticulación de un mundo no haya sido la asimilación ni la rebelión armada, sino un replanteamiento absoluto de la geografía humana global? ¿Hasta qué punto el proyecto político de un cronista indígena del siglo XVII desafió las bases estructurales del imperio más poderoso de su tiempo? Al volver la mirada sobre El primer nueva corónica y buen gobierno (1615), la monumental misiva que Felipe Guamán Poma de Ayala dirigió al rey Felipe III, emerge una propuesta que desborda las categorías tradicionales del lamento colonial. Lejos de suplicar una benevolencia paternalista o una simple reforma administrativa, el autor articuló una utopía geopolítica basada en la fragmentación total. 
Frente a la desestructuración social, el abuso sistémico de las autoridades virreinales y la vertiginosa debacle demográfica andina, el cronista diseñó un modelo de coexistencia que hoy solo puede comprenderse bajo la luz de un separatismo radical. Esta postura no se presenta de forma aislada, sino que forma parte de un rico debate intelectual donde se configuran tres proyectos andinos marcadamente distintos para responder a la hegemonía europea: el separatista de Guamán Poma, el integrador del Inca Garcilaso de la Vega y el sincrético de Juan de Santa Cruz Pachacuti. En el caso del autor ayacuchano, esta estrategia no buscaba la ruptura con la Corona española ni con la fe católica, sino la extirpación física y cultural de todo elemento ajeno al suelo andino, planteando un ordenamiento cósmico donde la distancia geográfica era la única garantía de la justicia divina.
Para comprender la magnitud de esta propuesta, resulta indispensable examinar el diagnóstico que el autor realiza sobre el Virreinato del Perú, un escenario que describe como un mundo al revés, sumido en el caos moral y la destrucción material. En la cosmovisión andina, este estado de perturbación —un pachakuti o cataclismo— requería una restauración drástica de los equilibrios perdidos. El cronista observaba con horror cómo los corregidores, los doctrineros religiosos y los diversos intermediarios coloniales destruían la estructura social nativa a través de la mita, el tributo y la explotación despiadada. 
Sin embargo, el peligro más insidioso para la supervivencia a largo plazo de la sociedad incaica no radicaba únicamente en la violencia física, sino en la disolución de su identidad a través del mestizaje y la asimilación cultural. La introducción forzada de la población de origen africano, traída en calidad de mano de obra esclava, y la proliferación de mestizos y mulatos eran interpretadas dentro del texto como factores de alteración del orden natural. Ante una realidad donde los indios eran desplazados y corrompidos por las costumbres hispanizadas, la solución propuesta no contemplaba la integración ni el sincretismo, sino una cirugía geográfica definitiva.
Este separatismo radical se materializó teóricamente en el famoso diseño de las cuatro monarquías o cuatro repúblicas del mundo. Bajo este esquema geopolítico, el planeta debía organizarse en territorios estrictamente delimitados y asignados a grupos étnicos específicos: España para los españoles, las Indias para los indígenas, Guinea para los negros y Roma para el Sumo Pontífice. El argumento central sostenía que Dios había otorgado a cada nación una tierra originaria y un rey natural, y que el quebrantamiento de estas fronteras providenciales era la fuente originaria de todos los males contemporáneos. 
Al aplicar esta lógica al escenario peruano, el plan exigía una limpieza territorial sin precedentes. Todos los españoles civiles, mestizos, mulatos y negros debían abandonar el espacio andino. Para la población afrodescendiente, esta medida operaba en una doble y dramática dimensión: mientras que para los nacidos en África representaba una repatriación o restitución teórica a su reino de origen, para los negros criollos, nacidos y arraigados en el tejido urbano y económico del virreinato, equivalía en la práctica a un destierro absoluto y violento hacia un continente desconocido.
La radicalidad del proyecto de Guamán Poma de Ayala no residía en una voluntad de independencia política frente a la metrópoli, sino en la redefinición del papel del monarca español. El rey de España debía permanecer como la cabeza simbólica e imperial de esta confederación global de reinos autónomos, pero perdiendo todo control directo sobre la administración interna de las Indias. El gobierno efectivo del Perú colonial debía retornar a manos de las élites indígenas, de los caciques y de los descendientes de la nobleza incaica —estamento al que el propio autor afirmaba pertenecer—, quienes gestionarían la justicia, la producción y el orden social en perfecta conformidad con los preceptos del catolicismo. Se trataba, por tanto, de una paradoja histórica: un separatismo radical que utilizaba la lealtad al Rey y a la Iglesia como escudos legítimos para expulsar a los súbditos del Rey y a los propios ministros de la Iglesia del suelo nativo, protegiendo así la pureza moral, biológica y cultural de la sociedad andina.
Esta drástica postura adquiere su verdadero relieve histórico al contrastarse con las otras dos grandes respuestas de la intelectualidad nativa de la época. Frente al separatismo excluyente de Guamán Poma, se erige el proyecto de integración formulado por el Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios reales de los incas (1609). Mientras el cronista ayacuchano observaba el mestizaje como una aberración biológica que destruía el orden cósmico, Garcilaso de la Vega lo convirtió en el pilar articulador de una nueva identidad ecuménica. Imbuido del humanismo renacentista y del neoplatonismo, el célebre mestizo cusqueño planteó una síntesis providencial donde el Imperio incaico actuaba como una suerte de Antigua Roma que preparaba los Andes para la llegada del cristianismo español. Para Garcilaso, la solución al trauma colonial no exigía expulsar a los europeos ni desterrar a los afrodescendientes, sino fundar un espacio mestizo armonioso, donde los saberes occidentales y la nobleza nativa coexistieran bajo un esquema de asimilación pacífica y mutua dignificación. Su propuesta era pragmática e integradora: aceptar la irreversibilidad de la conquista para negociar un lugar de privilegio y orgullo para la aristocracia india y mestiza dentro del Imperio español.
Por otra parte, se halla el proyecto sincrético de Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua en su Relación de antigüedades deste reyno del Pirú (1613), el cual ofrece una alternativa andina basada en el acomodo sagrado y la transacción cultural. Santa Cruz Pachacuti, un noble local fuertemente influenciado por la evangelización e integrado a las estructuras regionales del virreinato, optó por disolver las fronteras ideológicas en lugar de las fronteras físicas. Su estrategia consistió en reinterpretar el pasado prehispánico para demostrar que el monoteísmo y los valores morales andinos eran anteriores a la llegada de los europeos, sugiriendo incluso que el dios Tunupa era en realidad un apóstol cristiano primitivo. El realismo de este modelo sincrético radicaba en que aceptaba el dominio español y la presencia de las diversas castas sin exigir expulsiones, pero subordinaba espiritualmente el orden colonial a una legitimidad sagrada estrictamente andina. Así, mientras Guamán Poma pretendía salvar los Andes mediante el aislamiento y Garcilaso mediante la asimilación política, Pachacuti Yamqui lo hacía mediante una hibridación religiosa estratégica que hacía tolerable la dominación colonial.
Desde una evaluación crítica de su propuesta, resulta evidente que el planteamiento de Guamán Poma de Ayala refleja una profunda incomprensión de la naturaleza misma del Imperio español. Al sugerir el desmantelamiento de la convivencia interétnica y la extirpación de grupos enteros, el cronista demostró no haber asimilado la dinámica mercantilista, la fuerza expansiva y los verdaderos propósitos de la Corona, cuyos objetivos económicos y políticos dependían irremediablemente de la amalgama forzada de mano de obra y de la centralización del poder virreinal. 
Guamán Poma de Ayala juzgaba la realidad de su tiempo desde una óptica historiográfica desfasada, pretendiendo aplicar soluciones teológicas y nostálgicas de una pureza idealizada a un engranaje imperial moderno que ya operaba bajo las lógicas del pragmatismo económico y la asimilación global. Su incapacidad para leer la irreversible vocación transatlántica y aglutinante del imperio, rasgos que autores como Garcilaso y Pachacuti supieron descifrar y aprovechar desde sus respectivas trincheras a través de sus proyectos de integración y sincretismo, convirtió su propuesta de separación en un grito anacrónico, desconectado de las fuerzas reales que movían el poder en el siglo XVII.
Las conclusiones que se desprenden del análisis de esta utopía política son contundentes. El proyecto de Felipe Guamán Poma de Ayala no puede ser reducido a una simple pataleta conservadora ni a un brote de racismo anacrónico, sino que debe ser reconocido como uno de los ejercicios de resistencia intelectual y geopolítica más audaces del periodo colonial. Al proponer la separación absoluta de los continentes y las naciones bajo el manto de una monarquía universal fragmentada, el cronista deconstruyó la geografía colonial para intentar salvar su historia. 
El separatismo radical fue su respuesta definitiva frente a las opciones de integración o sincretismo de sus contemporáneos. Aunque su plan resultó ser una quimera impracticable por su incomprensión del dinamismo imperial, su obra permanece como el testimonio imperecedero de un pensamiento que prefirió decretar el divorcio geográfico del mundo antes que presenciar la extinción silenciosa de su propia civilización.
Bibliografía
Adorno, R. (2000). Guaman Poma: Literatura de resistencia en el Perú colonial. Siglo XXI Editores.
Alberti, G. y Mayer, E. (Eds.). (1974). Reciprocidad e intercambio en los Andes peruanos. Instituto de Estudios Peruanos.
Garcilaso de la Vega, I. (1609/1991). Comentarios reales de los incas (C. Araníbar, Ed.). Fondo de Cultura Económica.
Guamán Poma de Ayala, F. (1615/1980). El primer nueva corónica y buen gobierno (J. V. Murra y R. Adorno, Eds.). Siglo XXI Editores.
MacCormack, S. (1991). Religion in the Andes: Vision and Imagination in Early Colonial Peru. Princeton University Press.
Pease, F. (1995). Las crónicas y los Andes. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, J. (1613/1993). Relación de antigüedades deste reyno del Pirú (P. Duviols y C. Itier, Eds.). Instituto Francés de Estudios Andinos.
Wachtel, N. (1976). Los vencidos: Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570). Alianza Editorial.

La contradictoria frontera viva

 


La contradictoria frontera viva

¿Es posible que una línea divisoria en el mapa una con más fuerza de la que separa? ¿Puede la necesidad económica del presente sepultar definitivamente los traumas militares del pasado, o están las fronteras habitadas condenadas a vivir en una eterna desconfianza? El análisis de la realidad entre Arica y Tacna exige desprenderse de las visiones idílicas sobre la globalización para adentrarse en un escenario donde el pragmatismo económico coexiste con las cicatrices abiertas de la historia. 
Observar el flujo diario en los complejos de Chacalluta y Santa Rosa permite constatar que los límites territoriales, lejos de ser líneas estáticas, operan como membranas porosas que articulan una de las conurbaciones binacionales más dinámicas de América Latina. Sin embargo, esta intensa interacción humana y comercial no debe confundirse con una integración plena y armoniosa; por el contrario, dicha frontera se define por una profunda contradicción donde la necesidad de complementariedad convive con el recelo geopolítico heredado del siglo XIX. 
El motor de esta convivencia es marcadamente asimétrico y responde a la lógica implacable del diferencial de precios. El abaratamiento de los costos de vida, los servicios médicos de alta calidad y la oferta gastronómica en el lado peruano actúan como un imán permanente para los habitantes del norte chileno, quienes optimizan el poder adquisitivo de sus salarios mediante un consumo transfronterizo sistemático. Este fenómeno genera una paradoja urbana evidente: Arica corre el riesgo de consolidarse como una comuna dormitorio o un apéndice financiero de Tacna, mientras que esta última dinamiza su economía interna gracias a la inyección constante de divisas chilenas. Esta interdependencia fáctica demuestra que la geografía y la economía local terminan imponiéndose sobre las directrices centralistas emanadas desde Santiago y Lima, obligando a las autoridades regionales a gestionar la frontera desde la cooperación y el realismo. 
No obstante, el peso de la memoria histórica de la Guerra del Pacífico y el Tratado de Lima de 1929 operan como un freno institucional invisible pero omnipresente. La doctrina de seguridad nacional de ambos Estados perpetúa una mirada de desconfianza mutua; mientras en Chile preocupa la pérdida de influencia estatal y una paulatina asimilación cultural de sus territorios extremos, en el Perú subsisten resguardos constitucionales severos, como la prohibición de la propiedad extranjera en la franja fronteriza, concebidos originalmente para contener la influencia del capital chileno. Así, la región transfronteriza se debate continuamente entre dos fuerzas opuestas: el impulso cotidiano de una población que ignora los mapas para resolver sus necesidades básicas y la rigidez de unos aparatos estatales que aún perciben la frontera como una trinchera ideológica y militar del pasado. 
Este recelo institucional chileno dista de ser un mero ejercicio de chovinismo abstracto; por el contrario, encuentra fundamentos históricos precisos en la conducta estratégica del Estado peruano durante el último tercio del siglo XX. El despliegue de la doctrina irredentista bajo el gobierno revolucionario y antiimperialista del general Juan Velasco Alvarado, que incluyó una masiva carrera armamentística soviética y la planificación concreta de una ofensiva militar orientada a revertir el estatus de Arica hacia mediados de la década de 1970, instaló en los mandos chilenos una alerta de vulnerabilidad permanente ante un vecino militarmente superior en ese momento. 
Esta desconfianza estructural se vería plenamente ratificada bajo los posteriores gobiernos del General Francisco Morales Bermúdez y el presidente constitucional Fernando Belaúnde Terry. El alineamiento geoestratégico del Perú con Argentina como política de Estado —evidenciado en el alistamiento de tropas y la coordinación militar durante la crisis del Canal de Beagle de 1978 y el apoyo operativo irrestricto, con movilización de fuerzas hacia la frontera norte chilena, durante la Guerra de las Malvinas en 1982— consolidó en la defensa de Chile la tesis del "frente doble". Estos episodios demostraron de forma pragmática que la diplomacia peruana estaba dispuesta a subordinar la paz regional a la alteración del equilibrio de poder y al respaldo activo de los adversarios de Santiago, dotando a la actual rigidez aduanera y de defensa chilena de una lógica de prevención histórica plenamente justificada ante el estatus militar de su vecino. 
Esta constante necesidad de contención responde a una de las piedras angulares de la planificación de la defensa chilena: el axioma estratégico de la Hipótesis Vecinal Máxima o HV3. Esta doctrina geopolítica asume como premisa fundamental que, ante una eventual crisis militar con cualquiera de sus fronteras, Chile no enfrentará un conflicto aislado, sino una confluencia de intereses donde sus tres vecinos —Perú, Bolivia y Argentina— operarán de manera simultánea o coordinada como países adversos. 
Es esta vulnerabilidad intrínseca, derivada de una geografía estrecha, continentalmente aislada y flanqueada por tres frentes históricos de disputa, la que rige los cálculos y la tipología de las adquisiciones de armamento de las fuerzas armadas chilenas. Bajo la lógica de la HV3, Chile no estructura su arsenal bajo un principio de equivalencia uno a uno con sus vecinos individuales, sino bajo un criterio de disuasión tecnológica cualitativa extrema. La obtención de plataformas aéreas de superioridad, capacidades de guerra electrónica de punta y fuerzas navales oceánicas avanzadas obedece a la necesidad imperiosa de compensar la inferioridad numérica y la falta de profundidad estratégica frente a una triple coalición eventual. De este modo, cada elemento del balance militar en el norte de Chile deja de responder a dinámicas locales para inscribirse en un sistema global de supervivencia nacional frente a su vecindario inmediato. 
En última instancia, la experiencia integracionista de Arica y Tacna demuestra que una frontera viva no anula el conflicto histórico, sino que lo transforma en una tensionada tregua cotidiana. El verdadero obstáculo para una integración binacional auténtica no radica en la aduana física, sino en los fantasmas geopolíticos y en las lecciones reales de la historia militar que Santiago y Lima se niegan a soltar. Condenar a esta región al eterno dilema entre el nacionalismo rígido y la supervivencia económica es ignorar que el bienestar de sus habitantes ya no se define en los ministerios de defensa, sino en la fluidez de sus intercambios. 
Mientras las capitales sigan administrando el norte con el retrovisor de la guerra y la memoria de las antiguas alianzas bélicas, Arica y Tacna continuarán siendo el reflejo de una paradoja insostenible: dos ciudades profundamente unidas por la realidad, pero condenadas a la distancia por la soberanía.
Bibliografía
Dilla Alfonso, H., & Álvarez Fuentes, G. (Eds.). (2019). La vuelta de todo eso. Economía y sociedad en la frontera chileno/peruana: El complejo urbano transfronterizo Tacna/Arica. Ril Editores.
Dilla Alfonso, H., & Podestá Arzubiaga, J. (2018). Economía e intercambio desigual en una región transfronteriza: Arica-Tacna. Estudios Fronterizos, 19, e004. doi.org
González, S. (2020). Crisis en la frontera: percepción de abandono en Tacna y Arica luego del Tratado de 1929. Diálogo Andino, (61), 115-127. doi.org
Morales, M. A., & Valenzuela, R. (2026). Agenda político-económica en la región transfronteriza de Chile/Perú: el caso del CIDF. Si Somos Americanos. Revista de Estudios Transfronterizos, 26(1), 45-68. 
Tapia, M., Contreras, Y., & Liberona, N. (2024). Movilidad transfronteriza y educación entre las ciudades de Tacna y Arica: Prácticas socioespaciales en tensión. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 29(100), 112-135. 

lunes, 21 de septiembre de 2026

El harakiri de Europa

 

El harakiri de Europa

¿De dónde proviene la fuerza torrencial que permite a ciertas dirigencias contemporáneas precipitar la ruina de continentes enteros bajo el influjo de una ceguera colectiva? ¿Es la toma de decisiones geopolíticas un ejercicio de prudencia diplomática o un relámpago de obcecación absoluta que calcina las estructuras ordinarias de la paz y el equilibrio internacional? Existe una frontera difusa en la historia del pensamiento político donde la acción institucional deja de buscar la preservación de sus sociedades y se transforma en un torbellino autodestructivo. 
No se trata aquí de la prisa coyuntural de un mercado en crisis ni del error de cálculo de un estratega novel, sino de una velocidad ontológica: un estado de trance donde las élites coordinan con idéntica rapidez su propia aniquilación económica y militar. Al adentrarse en los planes de contingencia civil, las directrices presupuestarias y los despachos de inteligencia militar del presente, se descubre que la prisa de las cancillerías europeas es el síntoma inequívoco de una fuerza que opera a una frecuencia ajena a la cordura histórica, consumando un suicidio civilizatorio bajo el pretexto de una armadura defensiva.
En el tiempo presente, la lucidez y el cálculo estratégico parecen haber abandonado las esferas de la alta dirección de la Unión Europea para transformarse en una ceguera colectiva de implicaciones apocalípticas. Se consta que Europa ha precipitado su propia retaguardia hacia una guerra abierta contra Rusia, operando detrás de Ucrania como el principal pilar financiero, logístico e industrial que sostiene la capacidad bélica en el frente de batalla. Lo que en un principio se camufló bajo el lenguaje de la asistencia médica y humanitaria ha mutado en una infraestructura de guerra compartida e irreversible. A través del histórico Préstamo de Apoyo a Ucrania, el bloque europeo ha comprometido 90,000 millones de euros para el periodo 2026-2027, destinando 60,000 millones de forma exclusiva a capacidades de defensa e infraestructura industrial militar. 
Esta inyección masiva financia directamente el aparato manufacturero de Kiev, permitiendo que la masiva ofensiva ucraniana de largo alcance —que movilizó más de 1,000 drones logrando saturar los sistemas antiaéreos rusos e impactar directamente la Refinería de Petróleo de Moscú en Kapotnya— se ejecute con recursos, tecnología y cartografía suministrada por el Centro de Satélites de la Unión Europea. La implicación es tan profunda que la Misión de Asistencia Militar de la UE ya ha completado el entrenamiento táctico avanzado de 97,000 soldados ucranianos en suelo comunitario, mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acelera el desarrollo conjunto del nuevo escudo de defensa aérea y antimisiles Freyja, diseñado con base en las lecciones de fuego real del conflicto.
Esta escalada frenética se ejecuta bajo una retórica belicista que denota un descontrol absoluto en lo que amplios sectores de la oposición interna y analistas internacionales califican como la paranoia guerrerista de las élites europeas. Se observa una sustitución total de la diplomacia por una histeria colectiva que estrecha el margen para cualquier acuerdo de paz, agitando el miedo social mediante la difusión masiva de manuales de contingencia civil para que la población almacene provisiones y se prepare para resistir de forma autosuficiente un mínimo de 72 horas ante desastres o conflictos geopolíticos graves. 
La instrucción de reestructurar las redes hospitalarias públicas en Alemania y el Reino Unido ante un escenario de bajas masivas por conflicto directo confirma que los gobiernos europeos ya integran la posibilidad de una catástrofe militar en sus planes de seguridad nacional, asumiendo un cálculo de riesgo extremo que roza la demencia: la provocación de una respuesta atómica por parte de Rusia. A pesar de que el Kremlin modificó formalmente su doctrina nuclear decretando que un ataque convencional masivo respaldado por potencias de la OTAN justifica una respuesta de destrucción mutua asegurada, las cancillerías europeas insisten en tratar la amenaza como un simple farol, adentrándose con temeridad ciega en el umbral del desastre nuclear.
La deuncia de que la postura oficial europea es una falsedad cobra una vigencia incontestable al constatar que la dirigencia del continente está dispuesta a sacrificar a su propia población en una confrontación convencional y de desgaste que materialmente no puede ganar. Europa carece de la capacidad industrial autónoma, del suministro energético estable y de las reservas demográficas necesarios para doblegar a Rusia en una guerra de larga duración, habiendo destruido su propia competitividad manufacturera al desconectarse de los recursos energéticos rusos baratos. 
Sostengo que esta destrucción estructural de Europa no es un accidente, sino parte del plan geopolítico de la élite estadounidense para preservar su propia hegemonía global. Mediante una guerra por delegación (proxy war), Washington ha logrado fracturar definitivamente la integración económica euroasiática entre Alemania y Rusia, un eje que amenazaba la supremacía del dólar. Al forzar la sumisión europea a la disciplina de la OTAN, los Estados Unidos capturan la riqueza del viejo continente: las industrias pesadas alemanas se ven obligadas a trasladarse a suelo norteamericano huyendo de los costes energéticos, Europa sustituye el gas ruso por Gas Natural Licuado estadounidense considerablemente más caro, y los arsenales comunitarios se vacían para ser repuestos comprando armamento a los contratistas de defensa de Washington, manteniendo el territorio norteamericano completamente a salvo de los efectos directos de la devastación.
Finalmente, esta vertiginosa convergencia política, económica y militar halla su interpretación metafísica más profunda en las coordenadas de la filosofía kenótica. Inspirada en el concepto teológico de la kénosis —el acto de vaciamiento voluntario del propio ser para permitir la irrupción de una fuerza superior—, esta corriente interpreta que la velocidad extrema en la toma de decisiones no es un síntoma de potencia, sino de un despojo radical del propio criterio. En el plano de la historia contemporánea, la kénosis adopta una variante grotesca y terminal en el seno de las instituciones de la eurozona. 
Las élites europeas ejecutan un vaciamiento no de su ego, sino de su soberanía, de sus recursos económicos y de la seguridad más elemental de sus pueblos. Al reducir a la nada la identidad de sus naciones y subordinar su destino al dictado estratégico extranjero, la mente institucional de Europa se ha vuelto transparente al vacío, permitiendo que la inercia de la destrucción se vierta directamente sobre sus sociedades. 
El harakiri de Europa se consuma, así como una capitulación absoluta: una carrera veloz hacia la ruina donde, al sintonizarse ciegamente con los intereses imperiales de ultramar, el continente disuelve su propia historia para dar paso a la eternidad del silencio y la devastación de su obra.
Bibliografía
Brzezinski, Z. (1997). El gran tablero mundial: La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Paidós.
Einstein, A. (2012). El significado de la relatividad. Crítica.
Gianni, V. (2018). La kénosis del arte: Estética y vaciamiento en el pensamiento contemporáneo. Herder.
Hegel, G. W. F. (2010). Fenomenología del espíritu (W. Roces, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1807).
Kagan, R. (2003). Poder y debilidad: Europa y Estados Unidos en el nuevo orden mundial. Taurus.
Mearsheimer, J. J. (2001). The tragedy of Great Power politics. W. W. Norton & Company.
Wiesenthal, M. (2021). El derecho a disentir. Ediciones Acantilado.