lunes, 18 de febrero de 2019

MITO Y MUNDO PRECOLOMBINO


MITO Y MUNDO PRECOLOMBINO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Los mitos de la antiguedad están muertos. Aunque ello no signifique que el mito mismo haya fenecido. El mito tiene la virtud de transformarse. Es una forma de pensamiento, de intuición y de vida que persiste como categoría de la razón humana. Por lo demás, la operación básica de la mentalidad mítica es la operación de la metamorfosis. Y por ello la realidad subjetiva y la realidad objetiva resulta intercambiable. Pero desde el despertar de la conciencia al mundo de la objetividad y del conocimiento teórico ya no es posible un retorno al mundo del mito, sino como retroceso o descenso a un estadio anterior de la vida del espíritu. Sin embargo, la interpretación mítica sigue siendo válida para comprender extensos contextos civilizatorios y culturales subsumidos a su forma de pensar. Y uno de ellos fue el mundo andino precolombino.

Tiempo-espacial
Comencemos por el idioma quechua. No sin antes decir que no fue la primera sino la última realidad lingüística de los Andes precolombinos. El quechua es un idioma aglutinante (separa forma de significación y forma de relación). Por ello resulta lícito interrogarse: ¿Es más desarrollada que las lenguas aislantes (monosilábicas) pero menos que las lenguas de flexión (enlaza la forma de significación y de flexión)? 2. En el quechua la primacía de la significación espacio-temporal sobre la significación lógico gramatical ¿señala un sentido linguistico espacial más fino pero menos lógico-gramatical? 3. En el quechua y demás lenguas americanas la intuición misma de “actividad” no se puede separar del de la “existencia”, de ahí que la palabra Pacha al significar "espacio y tiempo" a la vez representa "movimiento y actividad pura". ¿Esto significa que estas lenguas crean una nueva correlación entre el yo subjetivo y la realidad objetiva?

Además, se da una situación rarísisima con la palabra Pacha. Dicha palabra fusiona en una sola la intuición del espacio y del tiempo. Por tanto habla de un nivel de conciencia donde la relación temporal aun no se plasmaba como concepto ordenador abstracto. Si esto es así entonces las palabras "presente" (kunan), "pasado" (ñawpa pacha) y "futuro" (qhipa pacha) no son sino actualizaciones del quechua frente a un idioma más avanzado (el flexivo castellano).

En la palabra Pacha se da el "sentimiento temporal" pero no el "concepto de tiempo". Es decir, la palabra Pacha refleja el poco desarrollo de las relaciones temporales en la conciencia de los precolombinos. El ahora y el no-ahora son todavía aludidos mediante el aquí y allá. O sea se trata de una alusión “espacial” del tiempo. De ahí la cuestionable traducción de Pacha como “tiempo” sin más. O sea los curas doctrineros y autores de lexicones fueron los responsables de la creación de muchos términos y significados que en el quechua antiguo no existían. Se advierte entonces que en la colisión de estas lenguas chocan dos metafísicas con diferentes ideas del tiempo (eterno retorno versus tiempo asintótico).

Pasemos al Manuscrito de Huarochirí. Este compete a la cosmovisión mítica y testimonia una superación respecto a la cosmovisión mágica. Aquí no son los hechizos ni las fórmulas mágicas las que tienen el protagonismo sino una historia de dioses. Narra una génesis mitológica en un cuento mítico de montañas que poseen el espíritu de un dios. Esto es, refleja la cosmovisión mítica andina donde en lo cronológico existe por un pasado absoluto que no requere mayor explicación. En cambio la cronología de la historia tiene una cronología del devenir continuo donde no hay ningún punto privilegiado.

La narración mítica se caracteriza por el origen de carácter sagrado, dentro de un mundo dominado por la antítesis entre lo sagrado y lo profano. En el mito el tiempo no es el cambio sucesivo entre pasado, presente y futuro, sino que establece una separación tajante entre el intemporal origen mitológico y el presente empírico. Pero en el quechua una misma palabra designa al espacio y al tiempo, a saber, Pacha, que en realidad fusiona ambas ideas en la llamada "forma temporal". En ella la idea espacio-tiempo es enteramente cualitativo y concreto, no cuantitativa y abstracta.

Pues para el mito no hay tiempo sucesivo sino un ser y devenir ritmicos, un eterno retorno. La conciencia mítica no se caracteriza por una distinción objetiva de tiempo y espacio, sino por una fina capacidad para captar la periodicidad rítimica en lo existente o sensibilidad subjetiva del dinamismo de lo vivo. O sea el tiempo cósmico es captado gracias a la previa captación del tiempo biológico. Finalmente el mito desconoce esa objetividad que se expresa tanto en el tiempo físico-matemático como en el tiempo histórico.

Un universal intuitivo
Prosiguiendo con el término Pacha nos encontramos con la deidad Pachacamac. En la mitología Inca, Pachacámac o Pacha Kamaq (pacha: 'mundo' y kamaq: 'vivificador' en idioma quechua) era un dios, reedición de Wiracocha. Es una auténtica idea elemental mitológica, como el mana de los melanesios, el manitu de la tribus algonquinas de Norteamérica, el wakanda de los sioux. Se trata de una trascendencia donde no hay ningún límite -incluso moral- para lo sagrado y responde a la antítesis básica de lo sagrado y lo profano.

No tiene equivalencia con la idea de principio o arjé griego porque no es abstracta en sentido teórico, sino que al no poner límite preciso entre la idea de sustancia y fuerza se trata de una abstracción ligada a lo concreto. Por ello no alude a un principio abstracto sino a un origen mítico concreto. Lo singular es que el Inca Garcilaso lo llamase el “dios ignoto”, que no requiere templos ni imágenes. ¿Es posible acaso que en el incario se alcanzara tal grado de abstracción? En todo caso no se trataría de una abstracción teórica sino de un concepto-imagen propio del culmen de la mentalidad mítica. Se trataría de un universal intuitivo que avanza hacia el universal conceptual.

Cumplimiento participativo del destino
Cuenta Cieza que, estando en prisión el Inca, una noche apareció de pronto en el cielo un cometa verde, cuya estela gruesa como un brazo y tan larga como una lanza de jineta; como los guardias españoles que estaban afuera mirasen el cielo y comentasen con asombro el fenómeno, Atahualpa entendió lo que pasaba y pidió que lo sacasen para verlo con sus propios ojos. Después de verlo se quedó muy triste y así estuvo hasta el día siguiente. Pizarro le preguntó entonces la causa de su tristeza. Atahualpa respondió: “He mirado la señal del cielo, y dígote que cuando mi padre, Guaynacapa, murió, se vio otra señal semejante a aquella.” El Sumo Sacerdote o Villac Umu confirmó que aquel cometa era señal de la próxima muerte del Inca. Y en efecto, quince días después, Atahualpa moría ejecutado (26 de Julio de 1533), tras uno de los juicios más inicuos que recuerde la historia.

¿Es acaso verdadero el pensamiento mítico? Para el pensar mitico no existe el azar, todo está predicho, domina la fuerza del destino signada por los demonios o los dioses. En la lógica mítica la verdad no es la concordancia del pensamiento con la cosa sino cumplimiento participativo del destino. O sea concordancia subjetiva de la cosa con el sentimiento. Aquí el objeto no es abarcado intelectualmente, sino emocionalmente, donde el objeto se apodera de la conciencia.

Sacrificios humanos
Una ruta similar es posible establecer en los sacrificios humanos. La explicación del sacrificio humano para reestablecer el equilibrio cósmico es sólo la parte más superficial del fenómeno. La parte más profunda compete a la explicación de la lógica del pensamiento mitológico.

El dolor, la enfermedad, la moral y los desastres naturales son sustancias que pueden ser eliminadas mediante exorcismos, pócimas, invocaciones y el sacrificio ritual. O sea lo que en el pensamiento empírico y científico aparece como mero atributo, en el pensamiento mítico es concebido de forma sustancial. No hay separación entre la cosa y el atributo. Por eso el nombre no representa a la cosa, sino que es la cosa misma.

En la conciencia mítica lo real depende del rito, se domina el mundo por el culto. En los pueblos míticos se piensa que una calamidad puede ser conjurada por el sacrificio porque no se diferencia lo real de lo ideal. Se vive bajo una empatía universal. Una palabra, un símbolo, un acto son la cosa misma a controlar. Por eso el mito va de la mano con la magia, el encantamiento y la superstición. El cosmos mítico no está compuesto de relaciones dinámicas, sino siempre de algo cósico y sustancial. El cacique, el hechicero, el sacerdote o el guerrero acopian esta sustancia cósica considerada como fruto de la voluntad demoníaca o divina. Es la actitud substancialista lo que preside la mentalidad mítica desde Babilonia, Egipto, China, India, América Precolombina y que la diferencia de la actitud empírico-científica desde la Grecia de Hipócrates, que culminaría en el pensar funcionalista de la ciencia moderna.

Arquitectura piramidal
¿Y las formas piramidales de la arquitectura ancestral se relaciona con el pensar mítico? Las pirámides desperdigadas por toda la América precolombina son el signo visible del triunfo de la perennidad sobre el constante fluir y perecer de todas las cosas temporales. Incluso las estilizaciones zoomórficas y geométricas del antiguo arte peruano son una celebración de la vida más allá de la muerte. Son formas geométricas eternas como en el arte egipcio que celebran la preservación de lo existente. No se busca la extirpación de lo temporal como en la India, ni ir más allá de todo tiempo como en el budismo, ni el énfasis recae en la voluntad futurista como en los profetas bíblicos, y menos en la copia exacta del pasado como en el taoísmo chino. La teología precolombina está animada por la conservación y preservación de lo perenne sobre lo pasajero del tiempo. Lo cual no es la extinción del tiempo sino el reconocimiento del tiempo de lo divino. Pero el durar de lo divino es mas un “estar” que un “pasar”. Es decir, se condice con la nocion espacial del tiempo.

Lo característico del sentimiento temporal precolombino es asumir la totalidad del tiempo en un absoluto que abarca lo perecedero e imperecedero dentro de la idea del “origen”. Lo divino tiene también su propio tiempo-espacial que le da origen. Esta es una de las formas más evolucionadas de la conciencia mítica respecto al sentimiento del tiempo y del destino. Aquí todavía es el tiempo-espacializado y el destino la medida del ser y del no ser. Lo que sería roto por Parménides mediante el logos, donde el poder del tiempo y el destino son mera ilusión. Sólo para el mito hay un "origen temporal-espacial" del ser, para el logos el ser es imperecedero.

Culto a objetos de la naturaleza
El mito en la adoración está muy presente. En la mentalidad mítica andina no sólo los astros sino determinadas montañas son adorados como deidades. Por ejemplo en el caso del Cusco. Al Norte el nevado Salcantay. Al Sur, el Apu Ausangate, donde se realiza la peregrinación más cara a la fe andina: la procesión al santuario del Señor de Qoyllurit"i (el señor de las Nieves Resplandecientes). Al Este, el Pachatusan o "El Sostén del Universo", a quien los cusqueños rinden honores como sanador y curandero. A su lado, el Apu Pikol y el Apu Anawarque le dan al Cusco la fama como Centro del Mundo.

Este culto a objetos de la naturaleza ha permanecido a pesar del tránsito hacia la concepción monoteísta cristiana. Pero lejos de ser considerados como fuerzas malignas, como en la religión irania, son asimiladas en lo que el Padre Manuel Marzal llamó el sincretismo iberoamericano. El hecho de que estas montañas no hayan sido desposeídas de su calidad de viejas deidades del destino y destronadas por el logos de la ratio es porque la fuerza del destino y del poder del devenir conserva aun la vitalidad del logos del mito. En el mito la esencia es la apariencia. No hay separación entre ambos.

Lo decisivo aquí es la simple existencia, donde apariencia y realidad no son separables. El dominio ingenuo del puro significado expresivo es el que hace posible tomar el nombre o la imagen por la cosa, el alma o la esencia misma de la cosa. Fue el pensamiento filosófico griego el que abrió el camino hacia el logos de la ratio convirtiendo lo permanente en la medida del ser y del no ser, derrotó el origen temporal del mito, transformó el concepto mítico de destino en el concepto lógico de necesidad, la cual impulsó la búsqueda de la ley natural.

La fantasía mitológica aun impera en los andes aunque sin el vigor de los tiempos precolombinos. La cosmovisión mítico-religosa andina enfrenta fuerzas que la sobrepasan y tienden profundamente a seguir modificándola: el proceso de modernización económico-cultural, el avance del pensamiento científico y el triunfo de la idea de Unidad en el monoteísmo cristiano. Al final la idea del destino cederá su lugar a la idea de lo imperecedero como medida del ser y del no ser.

Chacana
Chacana es el nombre para una misteriosa cruz andina. Chacana (término quechua que significa «escalera», «objeto a modo de puente», «cruz del sur» o «cruz cuadrada»). Símbolo milenario aborigen de los Andes centrales, tanto inca como preínca, que vinculaba al hombre andino con el cosmos y a la veneracion de la constelación Cruz del Sur. Utilizado como ordenador general y camino de sabiduria.

Para algunos, con excesivo optimismo, afirman que la chacana es el origen de la matemática precolombina. Pero mientras en el pensamiento científico lo numérico aparece como instrumento de fundamentación, en el pensamiento mitológico es un vehículo de significación religiosa. En el mito el número tiene poder y atributos propios. Por ello la chacana santifica todo lo profano y rodea al número de un aura encantada. Aquí la aritmética y el álgebra todavía forman parte de una ciencia cabalística. La veneración se vincula al milagroso poder mágico-mitológico que atribuye al número. El número áureo o sagrado es un caso típico de misterio mitológico. Los números sagrados tienen un valor emotivo. El número mitológico aun no se libra de la magia pero se encamina hacia una forma más universal. Cada número tiene su propia dignidad, poder y prestigio. Incluso el pitagórico Filolao busca la naturaleza y poder del número.

La chacana representa entonces la mitológica deificación y santificación del número. El número cuatro que hace referencia la chacana hace referencia a los cuatro puntos cardinales, estaciones, elementos, que también alude el sistema chino, incluso los cheroques emplean el mismo simbolismo. La chacana lo respresenta en forma plástica y sensible. La cruz es uno de los símbolos religiosos más antiguos vinculados a fenómenos y representaciones cósmicas fundamentales. Una variante es la svástica. En la chacana se fusionan el sentimiento mítico espacial y el sentimiento mítico temporal con la idea de número. Nunca representa algo objetivo cósico-material sino algo lleno de vida. Remite al origen donde el destino rige el ser y el no ser. Por eso el número en el pensamiento mítico tiene un poder vital. Es el lazo mágico que une a las cosas.

Sus momias
Tan grande es el abismo que separa al "yo" de la conciencia mitológica con el "yo" de la conciencia teórico-abstracta, como también es enorme la separación en el mismo pensar mítico entre sus representaciones primitivas como "demonio del alma" y las formas mas avanzadas como entidad espiritual. En la conciencia mitológica no hay análisis crítico de carácter teórico-abstracto, sino que el mundo objetivo siempre se subsume al mundo subjetivo. Por eso al comienzo el mito concibe el alma no como persona sino que es la vida misma, es una inmanencia ligada al cuerpo. Por ello la muerte no es sino otra forma de existencia.

Pero la idea de alma en el mito no trasciende lo empírico sensible y se aferra firmemente a este mundo. Por eso sus momias son acompañadas de un avituallamiento completo e incluso de sacrificios humanos. Y desde China, pasando por Egipto, hasta llegar a la América precolombina sucede lo mismo. La idea del alma y su inmortalidad no es aun un principio abstracto sino que está perfectamente delimitada en su composición concreta. Es decir no hay unión de lo diverso en una síntesis abstracto intelectual.

Las almas coexisten y cohabitan en la secuencia empírica de los sucesos de la vida concreta. Las momias como símbolo que apunta a la eternidad o duración ilimitada del yo es luego enlazada a su actividad moral. Y con ello el mito abre las puertas del ethos. Se postula un orden eterno de la justicia y de la verdad. El alma ya no es sólo potencia natural sino sujeto moral. El pensamiento hindú en los Upanishads lleva al límite la concepción mitológica del alma y su consideración especulativa. Es el descubrimiento de la subjeividad en la misma conciencia mítica. Más, en el mundo precolombino como en el mundo romano las momias son espíritus tutelares donde se transita del yo mítico al yo moral.

Las descomunales lineas de Nazca
Las descomunales lineas de Nazca -cerca de 10 mil geoglifos- han sido objeto de diversas interpretaciones: Cieza de León y J. C. Tello (caminos), : Rowe (adoratorios al descubierto), M. Uhle, P. Kosok y M. Reiche (calendario astral), Henri Stierlin (protección religiosa), M. Reindel y J. Isla Cuadrado (culto al agua). Esta última ha cobrado importancia al constatarse que hace 10 mil años la zona era una verde planicie pero desde hace 8 mil años cambia el clima del planeta drásticamente y la planicie verde se vuelve un desierto. Hace 10 mil años el Sahara era verde y fértil pero hace 8 mil años hubo una sequía apocalíptica que duró mil años. Se trata de un ciclo que se repite cada 20 mil años debido a la cercanía del Sol a la Tierra, favoreciendo las precipitaciones y el clima húmedo o las sequías severas.

En semejante circunstancia la civilización egipcia se sostuvo 3 mil años, mientras que los Paracas y lo Nasca se sostuvieron un milenio -700 a.C., 700 d.C.- hasta la apocalíptica sequía del siglo VIII, que determinó la descomposición de los desarrollos regionales del Horizonte Temprano 1,500-500 a.C. (Chavín, Paracas) y del Horizonte Intermedio Temprano 500 a.C.-700 d.C. (cultura Nazca, Recuay, Mochica, Vicus y Lima). Pero la explicación climática olvida lo esencial, a saber, la forma de pensar mitológica. Los Paracas y los Nasca con sus templos, acueductos, sacrificios, ofrendas y geoglifos, representan la respuesta mitológica contra este brutal cambio climático.

En los pueblos míticos se piensa que una calamidad puede ser conjurada por el culto porque una palabra, un símbolo, un acto, son la cosa misma a controlar. Por eso el mito va de la mano con la magia, el encantamiento y la superstición. Pero la mezcla de imágenes geométricas, zoomórficas, antropomórficas y míticas sugiere una profunda crisis de la conciencia mitológica, que llevada al paroxismo de la desesperación pone en un mismo plano el mito mágico-totémico del parentesco entre el hombre y los poderes mágicos de otros seres -animales, cosas, símbolos abstractos- con el mito naciente concentrado en el poder creador del hombre -cuya más remoto antecedente serían las manos cruzadas de Kotosh (1,500 a.C.)-. No es casual que al sucumbir esas culturas de los desarrollos regionales dominadas por el mito teratológico surgieran el Imperio Wari y el Imperio Tiahuanacu donde impera la deidad antropomorfa de las varas.

Es decir, el apocalipsis climático del siglo VIII hundió el mito teratológico de las fuerzas naturales y promovió el triunfo del mito de los dioses tectónicos o dioses supremos celestes que habitan el cielo. Lo cual significa una evolución al interior del pensamiento mítico. En la nueva configuración mítica religiosa la nueva forma de lo divino expresa un nivel superior en el proceso de individualización y humanización.

La nueva conciencia mítica se libera del predominio de las fuerzas naturales y en su lugar da un paso decisivo en la conformación de la figura humana con la nueva forma de lo divino. La crisis y disolución de la conciencia mitológica teratológica dio lugar al surgimiento de dioses con figura humana, a héroes divinos que son aliados de la humanidad. Con ello el hombre andino da un paso más profundo hacia su yo y su mismidad. Habrá que esperar siete siglos más para que surja con los Incas la idea monoteísta de Pachacamac o Viracocha, lo cual desplaza más y más la esfera de las cosas y de lo natural hacia una idea de separación del yo y el mundo.

Como acontece en Egipto con Akenatón, entre los incas el pensamiento mitológico avanza más allá del politeísmo para concebir un "dios creador" que en realidad es ordenador o conformador porque no se libera del supuesto de un determinado substrato. Es otra visión más espiritual, que busca no representarse con ninguna imagen material. Lo cual llevó a decir al inca Garcilaso que el imperio inca estuvo muy cerca del dios de los cristianos. En suma, en la larga historia de la civilización andina se conoció la transformación sucesiva del concepto de dios al interior de su mentalidad mítico-religiosa.

El arte erótico
Unas 45 mil piezas, incluidas las vasijas con motivos sexuales, fueron encontradas en tumbas de la cultura agrícola de los moche. Para los especialistas forma parte de un culto agrícola para asegurar las lluvias y la fecundidad de la tierra, cuando no pedir por sequías ante calamitosos diluvios. Hay registro arqueológico de varios devastadores Fenómenos del Niño en la zona que diezmó su avanzado sistema de riego, su agricultura e hizo colapsar su estructura social. Aquí no se trata de especular que los moches eran muy abiertos en el sexo, de gran erotismo y desarrollado arte de amar. Las distorsionantes interpretaciones sicalípticas no se relacionan con la mentalidad mítico-religiosa de la cultura moche (siglos II-V d.C.).

El arte erótico moche es una forma de culto y sacrificio mediante el acto sexual, por el cual lo profano y lo sagrado se interpenetran. Todo lo mpuramente físico cumple la función de ingresar a la esfera de lo santo y lo sagrado. El significado sacramental del culto por el sexo ocurre en estadios muy avanzados de la evolución religiosa, incluso la prostitución aparece como sacrificio y entrega al servicio del dios. Los ceramios eróticos moche representa la totalidad indivisa del ser y del actuar donde hombre y dios deben tener la misma carne y la misma sangre.

Hegel señaló que el culto no es algo ajeno a la vida sino que es la continuación de la vida misma en el plano de lo sagrado. Es la inclusión de la vida cotidiana en la vida santa. En dicho sacrificio se busca aniquilar el abismo entre el hombre y dios. Es una espiritualización de lo sensible que se corresponde con una sesiblización de lo espiritual.

De este modo, los moches efectuaron este culto sacrificial sexual acorde con su mentalidad mítica de mediar en la esfera de lo divino y de lo humano. Pero no lo efectuaron por excluir los sacrificios violentos. Todo lo contrario, su crisis fue de tal envergadura que también fueron los señores de los sacrifios humanos, en la se empleaba el Ulluchu para mantener licuada y poder beber la sangre de los prisioneros sacrificados. Lo medular del acto sacrificial es al acto de dar lo más valioso (sangre, semen, etc.).

En la religión hindú el soma era la bebida sagrada. O sea en los Vedas como en los Moches -e incluso en el incario- la ofrenda es externa. Recién cuando se interioriza la ofrenda allí recién aparece la interioridad del hombre como la única ofrenda (Upanishads, Budismo). Pero con el monoteísmo cristiano ya no se trata de extinguir en la Nada la interioridad humana, sino que se mantiene la tensión de ambos polos: lo humano y lo divino. Lo cual representa un nivel superior en la autoconciencia religiosa.

La estilización geométrica
La estilización geométrica del arte precolombino cobra pleno sentido cuando es visto desde el pensamiento mítico religioso. El mundo de la realidad empírico-temporal es divergente y opuesto al mundo espiritual. Pero la antítesis fundamental del pensar mítico entre lo profano y lo sagrado se encarga de sumergir lo sensible en el mundo de lo suprasernsible y espiritual mediante la estilización geométrica de las imágenes. La estilización geométrica cumple la función de desrealizar lo profano para conciliarlo con lo divino. Mediante lo alegórico y anagógico se supera la íntima divergencia y oposición entre lo empírico y espiritual.

La facticidad empírica cobra una significación ético-metafísica con esta forma de alegoresis. La mentalidad mítico-religiosa preside la subsunción del arte a lo espiritual y dirige la dirección básica de la expresión artística simbólica. Aquí no se cumple el diagnóstico de la deshumanización del arte por la geometría de Ortega y Gasset. Por el contrario, en el mundo mítico la geometrización del arte es el pleno cumplimiento de la humanización y espiritualización mayor en el decurso del desarrollo del sentido religioso. En el mundo mítico precolombino la geometría no tiene el sentido plenamente matemático que cobró desde los griegos, sino que no se desprende del aura de magia, trascendencia y alegorización de lo real. Todo lo relacionado con el número encierra un contenido mágico. Por ello, en el pensamiento mítico el cumplimiento de la significación ético-metafísica de lo empírico encuentra su realización en su estilización geométrica.

En el estilo geometrizante del arte precolombino se aplaca y neutraliza la antítesis entre el mundo mitológico de imágenes y el mundo del sentido religioso de lo sagrado y lo profano. En el mundo estético la imagen es reconocida en cuanto tal, se la libera del problema de su existencia. Entregada a la pura contemplacion visual se opone en principio a todas las formas de acción ritual y sacrificial -aunque pueden ser puestas al servicio del sentido religioso-, porque su significación es puramente inmanente a la obra de arte. Esas imágenes estéticas poseen su propia verdad porque poseen su propia legalidad. A diferencia de la estética del paleolítico dominado por la conciencia mágica, en el mundo mitológico madura la conciencia de que la imagen estética no es cosa independiente sino expresión de su propia fuerza creadora. Aunque todavía es empleado para resaltar el mundo de lo sagrado en medio de lo profano.

La estética mítica precolombina con sus signos y símbolos geometrizantes cumple su ideal de expresar lo sagrado en lo profano y lo profano en lo sagrado. Es un arte que facilita al espíritu religioso sumergirse en la realidad, en lo individual y en lo fáctico sin quedar atrapado en ellos. Pues su estética religiosa confiere a la inmediatez empírica sentido trascendente.

18 de Febrero 2019