sábado, 21 de enero de 2017

¿BUSCAR A DIOS SIN AMOR?

¿BUSCAR A DIOS CON SABIDURÍA Y SIN AMOR?
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 Resultado de imagen para amor
En la presente época de decadencia espiritual, la era sin Dios se regodea jactanciosamente de su propia sabiduría instrumental hasta llegar a sentir que la caridad es totalmente prescindible. Recordemos que uno de los principales dogmas del credo neoliberal global es dejar los servicios sociales en manos del mercado. Después de cuatro décadas de esta práctica monstruosa el resultado ha sido el aumento estrepitoso de la desigualdad social en todo el planeta. Se asumió en cuerpo en cuerpo y alma la principal enseñanza de Bernard Mandeville en su obra La fábula de las abejas, a saber, los vicios privados como el egoísmo y la lujuria hacen la prosperidad pública. En semejante contexto buscar a Dios resulta de un fariseísmo tal que sólo se condice con una cínica ética de situación.

Pero el mundo occidental no siempre fue así. En el siglo XII se completó la cristianización de Europa y se dejará escuchar la voz luminosa de un San Bernardo (1090-1153), un Guillermo de Saint-Thierry (c. 1085-1148), los Victorinos Guillermo de Champeaux y Hugo de San Víctor (m. 1142) y las monjas Hildegarda de Bingen (1098-1179), Matilde de Magdeburgo (1210-1297) y santa Gertrudis (1256-c. 1302). El mensaje común que une a todos estos místicos visionarios es la presencia del Verbo en el corazón, Dios dentro de uno, la triple vía (devoción sensible, devoción sin imágenes y oración espiritual) para despertar el ojo del espíritu o acies mentis, los tres niveles (pensar, meditar y contemplar) para ensanchar el corazón y sufrir por la gloria de Cristo.

En otras palabras, la experiencia de la primera Edad Media es fundamental porque coloca la imagen de Cristo sufriente en el centro de la reflexión, enfatiza que ver a Dios no es contemplar la esencia divina sino sentir su presencia en el alma. Y este sentimiento es imposible si sólo se trata de conocimiento y sabiduría, cuando no de amor especialmente. Esto es, la unión con Dios es una experiencia de amor, donde la intuición intelectual escucha la voz del corazón.

En contraste, en el siglo XX y XXI se completa la descristianización del mundo occidental mediante la secularización de la vida ética-cultural y ya no sólo de la vida jurídico-política. Autores como Philippa Foot, Elizabeth Anscombe, Peter Geach, Bernard Williams, Gadamer, Ricoeur, MacIntyre, Taylor, Martha Nussbaum y Vattimo, se contentan con plantear una ética de virtudes capaz de presidir una sabiduría práctica y concreta. En otras palabras, la voz interior que despierta la virtud queda limitada a un horizonte inmanente y despojado de su dimensión trascendente y unida a Dios.

Es decir, el mundo securalizado de la era sin Dios ha desembocado hacia la recuperación de la sabiduría práctica mediante una ética de las virtudes regida por el sentido unívoco del ser. Por ello, sin la recuperación del sentido analógico del ser –que diferencia el ser del Creador y el ser de la criatura- dicha superación analítica y posmoderna de la ética es ilusoria, porque no cree que la autognosis lleva automáticamente a la vida ética sin suprimir el fundamento empirista e inmanentista de la metafísica instrumental de la modernidad.

No hay duda que se trata de una fórmula impotente y superficial para resolver la presente crisis moral. La crisis moral no es sino la punta del iceberg que tiene su origen en el fundamento metafísico que preside la civilización moderna. La primera Edad Media resulta valiosa porque incide que la sabiduría sin amor no salva, sino pierde y extravía. La voz interior con sabiduría, virtud y contemplación se descarría sin amor en el corazón. Y esto es justamente lo que padece el hombre en los tiempos actuales. Individualismo, liberalismo y subjetivismo no son sino los síntomas de la falta de amor y del exceso de sabiduría. Lo que hace falta es ir al corazón mismo del problema, esto es, su basamento metafísico.

Y es que el hombre no puede recuperar al amor para presidir su sabiduría si antes no recupera el sentido analógico del ser. A través de éste la razón humana recupera su eje y rectifica su exceso de autonomía. No puede haber connaturalidad con las cosas divinas sin caridad y no puede haber caridad sin amor a Dios. Justamente su extinción es lo que promueve la falta de solidaridad con el prójimo y la realización de los actos más bárbaros en contra de la humanidad.

La ética de la virtud es un buen ejemplo de la insuficiencia y limitación de la iluminación racional sin la ayuda de la revelación sobrenatural. El don de la sabiduría es importante pero insuficiente si no va presidida por la caridad. Y esta sea quizá la principal lección de las órdenes mendicantes del siglo XIII. Así, santo Tomás de Aquino subrayó que aunque la cotemplación es superior a la acción lo mejor es su combinación para la salvación del prójimo. San Buenaventura enfatizaba que es la gracia y no la razón la que explica la deificación. Raimundo Lulio concede gran importancia a la razón en la vida mística pero coloca al amor como el lazo supremo que une al hombre con Dios. Y Angela de Foligno pone a la experiencia mística como el ápice del crecimiento en virtud.

En los tiempos modernos de gran apostasía existen formidables fuerzas que impiden la práctica de la caridad, obstaculizan las vocaciones místicas y sobredimensionan la soberbia del saber. Con ello la búsqueda de Dios queda soterrada pero no eliminada. El deseo humano de unirse con Dios es ineliminable, puede ser obscurecida, pero en la voz interior resuena el llamado de lo divino. De poco sirve la autognosis prescindiendo de la revelación. Ella es un hecho histórico salvífico que hay que asumir para dirimir nuestro destino.

Es tarea del saber –mediante la recuperación del sentido analógico del ser- y del amor –mediante la salvación del prójimo- romper el sortilegio de la secularización, tanto en la teoría como en la práctica, yendo a la raíz metafísica de la modernidad como lugar donde radica la deformación egolátrica imperante.


Lima, Salamanca 21 de enero del 2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario