domingo, 19 de noviembre de 2017

ENIGMÁTICA ESTUPIDEZ

ENIGMATICA ESTUPIDEZ
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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La presente Crítica de la razón estúpida parte de la existencia irrefutable de la estupidez, considerándola como un hecho, tampoco la estupidez es puesta aquí en cuestión, su presencia cómica y corrosiva a lo largo de la historia es de carácter indiscutible. Ambas cosas son abordadas en la parte Analítica y en la Dialéctica del libro. La clave de la bóveda del sistema de la estupidez es el absurdo de contener lo infinito en lo finito. Es esta quizá la principal conclusión del análisis metafísico del problema. En efecto, sólo este absurdo puede realizar la síntesis de una voluntad que se dicta sin límite su propia libertad.

No se trata solamente de una potencia de elección espontánea sino de una elección sin límite que da risa o resulta ridícula. Y la hermenéutica de lo estúpido ha incidido reiteradamente en ello. Se trata de la contradicción inmersa en la misma idea de la libertad y que la modernidad la lleva al límite con el concepto de autonomía de la razón y la voluntad. Como una libertad semejante no es posible porque somos seres finitos, incurre en lo ridículo o cómico. Por la visión teológica de la historia se deduce que la estupidez se funda en la praxis pecadora del hombre. A partir de ahí cabalga oronda y lironda en el tiempo humano lógico y cósmico. De ahí le necesidad de un análisis lógico de su estructura, si es que la tiene.

En la parte Dialéctica se indaga sobre el mobile de lo estúpido en la historia. Resta la cuestión del mobile estúpido, que no puede ser sensible –al comprometer su autonomía- ni puramente inteligible –su voluntad reside en una naturaleza sensible- ni en un sentimiento ni pensamiento a priori trascendental –que lo hace depender de un ordenador subjetivo-, sino a un a priori que no se limita a lo trascendental y que es capaz de trascender la experiencia posible. Efectivamente, lo estúpido tanto en su vertiente cómica como absurda consiste en la historia en ir más allá de lo posible y coherente, para afirmar lo irrisorio, lo inesperado y lo imposible.

Por ello, el problema verdaderamente crítico de lo estúpido no es el de la experiencia posible, sino el de la crítica de la experiencia absurda. Lo estúpido al sustituir lo posible por lo imposible no deriva en utopía ni ucronía, porque su reducción de lo infinito a lo finito no busca incrementar el conocimiento sino recrear absurdamente la vanidad humana. Vanidad que es llevada a su límite en la secularización de la modernidad. La estupidez desemboca pues en la comedia de la historia humana desde el pecado original hasta el Juicio Final, porque ésta es requerida para fundamentar su existencia. Y en este contexto se presenta la intensa lucha de la Iglesia contra la estupidez en su propio seno.

Al empezar esta obra tenía muchas ideas sobre la estupidez humana pero al concluirlo sólo de una cosa puedo estar seguro: el enfoque inmanentista es insuficiente haciendo necesario la perspectiva trascendentalista. A la estupidez se le ha supuesto causas psicológicas, sociológicas, históricas y hasta genéticas. Todas de índole inmanente, pero se descuidó observar su lado trascendente. Y esto es lo único que encuentro de seguro en la presente obra. Por ello en el ensayo se explora sus dimensiones metafísicas, epistémicas, lógicas e históricas.

Para la siempre vanidosa razón humana del racionalismo e Iluminismo hablar de la “razón de la estupidez” o de la “razón estúpida” puede parecer algo insostenible, arbitrario y contradictorio. Pero bien visto no lo es. Es más, es algo necesario y profiláctico para la propia razón. Voltaire oponía lo estúpido a la razón: “La estupidez es una enfermedad extraordinaria, no le afecta al que lo sufre sino a los demás”. Para el desconfiado empirismo y positivismo, con su proverbial seguridad en los hechos fácticos, resulta no menos ofensivo hablar de ello. Russell lo retrata cuando afirma: “El problema del mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”.

En general, para todas las corrientes de pensamiento adscritas al idealismo subjetivo, con su negación de la metafísica del ser y de la persona, la razón al menos permite tener creencias funcionales que resultan efectivas en la vida. Así vemos en la línea post-analítica de la filosofía lingüística, con Sellars, Quine, Goodman, Putnam, Dummett y Davidson, rechazar los sense data y sin el menor empaque afirmar que la realidad existe pero el lenguaje es incapaz de representarlo.

En suma, un antirepresentacionalismo agnóstico y ecléctico que enarbola la convicción racional que del mundo exterior solo podemos tener creencias más no un conocimiento objetivo. Todo este giro semántico que comienza con Frege es en realidad hijo legítimo del nominalismo y terminismo de la escolástica final. El resultado es que la razón ya no tiene conciencia de los datos sensoriales, la ontología del mundo se ha relativizado, encerrado en la semántica todo se virtualiza.   ¿Será   esto   una   expresión   más   de   la estupidez de la razón moderna? ¿O no es, más bien, el mismo esfuerzo necio de hacer caber lo infinito en lo finito?

Y es que tras las traumáticas experiencias de las dos guerras mundiales perdió su reputación la idea de progreso, el evolucionismo histórico y la inmaculada razón.  Se abrió camino la interpretación de la verdad como la comprensión de nuestras creencias. De modo, que el optimismo inmanentista levanta cabeza otra vez sobre la base del antirepresentacionalismo. Pues, para la razón cibernética -hija directa de la abolición del Regnum Dei, la instauración del Regnum hominis y encarnada en el novísimo posthumanismo del Regnum Cibernetes- resulta impensable hablar de la estupidez de la razón humana. No es estúpido, se dice, pensar en una racionalidad normativa con un mínimo de credibilidad racional. Por ende, la razón humana asistida por la razón cibernética no puede ser estúpida.

En una palabra, para el espíritu subjetivo del pensamiento moderno, que dirige la razón contra lo trascendente, el espíritu y la fe, la impoluta razón inmanentista moderna recobra desde trincheras postmodernas y semánticas, su prestigio de otrora y rechaza su relación con la estupidez humana. Ahora lo estúpido resulta afirmar que la razón representa las cosas del mundo externo.

El nihilismo lingüístico, semántico y antimetafísico viene a ser signo de la nueva sensatez. Ya no interesan lo que las cosas y el mundo sea en sí, lo que importa es el funcionamiento con las mismas. Es el triunfo de la objetivación, del ente sobre el ser. Y es curioso observar cómo a mayor imperio del reino de la objetividad científica decrece la sensibilidad humanística y se incrementa la estupidez de la razón. ¿Será que el triunfo del hombre artificial sobre el hombre natural –del que hablaron Simmel, Sombart, Troeltsch, Tönnies, Weber, Mannheim y Buber- señala el itinerario del ahondamiento de la estupidez humana? ¡Imposible! Decreta la voz orgullosa de la ciencia junto al relativista hombre moderno. Por mi parte, dudo.

Con la razón cibernética la interpretación moderna inmanente de la razón humana ha recobrado mucho de su fascinación. El control, la eficacia y el cálculo es la nueva panacea de la razón funcional sobre la razón substancial. Sin embargo, la estupidez es un pesado lastre que no desaparece y al contrario, aumenta. Borges afirmaba que el fútbol es popular porque la estupidez es popular. Del mismo modo, la razón funcional es popular porque es estúpida. Es más, a mayor adelanto tecnológico el hombre luce más estúpido. No es cierto que toda civilización sea sinónimo de decadencia espiritual y la cultura sinónimo de apogeo.

Sin incurrir en estas dicotomías sugestivas pero esquemáticas, no es difícil reconocer que cuando una civilización está insuflada de un pathos meramente materialista, como lo estuvo en 1914 y 1939, la razón misma en su estructura interna sufre una hegemonía de lo estúpido sobre lo sensato. Y en el presente nos hallamos en una coyuntura similar, pero más letal aun. Pues, la fuerza moral de la humanidad en vez de aumentar ha retrocedido mientras se incrementó nuestra fuerza destructiva. Y de lo que adolece el estúpido no es sólo de inteligencia sino de moral.

La verdad es que asombra ver cómo la humanidad es la única especie que marcha a cuestas con la ignorancia, la estupidez y la genialidad. Pero sorprende más no lo que ha hecho con estas tres cosas y hasta dónde ha llegado con ellas, sino que necesite de las tres para decidir su derrotero humano en la Tierra. Por ende, la pregunta es: ¿Por qué la razón humana no puede vivir sin hacer estupideces? He ahí el misterio. Por lo pronto, la interrogante hemos intentado desbrozarla estudiando su aspecto ontológico-metafísico, indagando su raíz más recóndita, analizando los esfuerzos hermenéuticos emprendidos y reparando en su desconcertante coherencia lógica.

Además, era necesaria su iluminación   como   fenómeno   histórico,   pues  hay Eras que parecen más estúpidas que otras, y momentos en la historia en que parece su presencia inevitable. Se examina su ominosa estampa en una de las instituciones espirituales más importantes del planeta, a saber, la Iglesia y se investiga las razones de su desarrollo en ésta. No menos importante es su vínculo con la secularización de la modernidad. Aspecto desatendido y que en buena cuenta explica su potenciación en el presente. Y para culminar la parte Analítica y la parte Dialéctica se ha prestado atención a la parte Metodológica. Encontrando su mejor ejemplo en la deificada lógica hegeliana. 

Como testimonio personal debo añadir que un escrito emprendido para matar las horas muertas, llenos de rincones jocosos y entretenidos, se fue tornando sumamente complejo y desconcertante. Todo ello hasta el punto de afirmar que concluyo la obra con menos seguridades con las que la emprendí. Efectivamente, antes creía saber lo que era la estupidez, ahora estoy menos seguro de todo y prefiero guardar silencio en muchas de sus hirsutas aristas. De algo sí termino convencido. A saber, que el problema de la estupidez humana es uno de los más serios  complicados que existen en la temática filosófica. Pero es también uno de los más dignos y profundos que pueden existir en la condición humana.


19 de noviembre 2017

1 comentario:

  1. Liliana Molineris (Italia) Analizzare le cause della stupidità umana è quasi impossibile.
    Siamo tutti soggetti a momenti in cui prevale in noi la stupidità sulla ragione. Il problema sorge quando questo accade a chi è a capo di una nazione, a chi è a capo di un'impresa o nella Chiesa e, queste azioni stupide, coinvolgono degli innocenti. Niente può giustificare la sete di potere, l'invidia, la gelosia, la malvagità, che regnano nella società moderna.
    L'EGOISMO è il più grande segno di stupidità umana...e, purtroppo, molto diffuso ai giorni nostri.
    Cosa dovrà ancora succedere perché l'uomo si renda conto della sua stupidità?... Come si può far capire ad un uomo stupido quanto è stupido?...

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