lunes, 13 de febrero de 2017

DEBATE TETAZO ARGENTINO

DEBATE SOBRE EL “TETAZO” ARGENTINO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
Resultado de imagen para TETAZO ARGENTINO 
(Feminista) ¿Los tetazos permiten abrir el debate sobre los derechos ciudadanos?
(G.F.Q.) En una época hedonista y nihilista no se comprende que el cuerpo pierde soberanía sin el control de la conciencia moral. Lo que acontece en Argentina es la estúpida lucha por el derecho a la indecencia.

Sus expresiones son más suaves que un pétalo, si de amabilidad se trata. Más fuerte que un rayo, cuando los principios están en juego.
El derecho a desnudarse y mostrar las tetas es un feminismo primitivo y biológico que está al nivel del feminismo de las conejitas de play boy. Con esto han perdido el último vestigio de pudor en su sometimiento a la lógica anética del capitalismo y a la imbecilidad burguesa.

Parece que la indecencia, sólo anida en su cabeza hueca y machista. Lo que se termina demostrando también con este acto femenino, es la hipocrecía reinante, que al verse al desnudo, termina derribando los muros culturales construidos contra la mujer, que a su vez, derriba el muro contra los crímenes infantiles y los más ancianos, que son los más débiles. Por qué la policía actúa tan rápido contra cuerpos desnudos, y no cuando una mujer va a realizar una denuncia cuando la golpean, maltratan o mutilan. En esos casos, no se ve a la justicia, ni la policía ni los políticos corruptos.
En primer lugar, gracias por su respuesta. En segundo lugar, su juicio adolece de un profundo error de perspectiva. Si lo que se quiere es derribar los muros culturales contra la mujer, pues ahí están las ideas, los argumentos, la razón. Desvestirse no es un argumento, es un acto ambigüo que denigra a la mujer en su noble causa. Les aconsejo pensar más y desnudarse menos. Con su acción demuestran algo que mantengo y que el feminismo radical repudia, a saber, que la razón es sexuada.

El error de pespectiva humana, es suyo. Si fuera por brindar solamente argumentos y la razón, no habría lucha social, como muestra la historia. Me parece que Ud. opina desde su sofá, sin haberse comprometido al lado de nada. Y lo delata su propia y hueca argucia. ¿O resulta que Ud., también va a ir por todos los museos y estatuaria al aire libre, a taparle los genitales, por ser "obras de arte indecentes"? ¿Dónde está la indecencia del cuerpo humano?
No creo en sus afirmaciones. Las más de las veces las grandes marchas de protesta tienen lemas, ideas y proclamas que son más elocuentes y mortíferas que un simple acto sicalíptico de mostrar los senos.

Pues, el primer intolerante, fue Ud. mismo, al criticar de forma infame a la lucha de las mujeres sindicada en la nota. No repita frases por primitivismo del alma, intolerancia, cinismo e hipocresía.
Habla Ud. de "mente asquerosa" y sospecho que se refiere a la proclividad al mal que está presente en todos los seres humanos (incluso en las que muestran sus senos). Pero su razonamiento es falaz. De lo contrario, y siguiendo el hilo de su argumentación, si esta vez las autoridades no hacen caso de la "exhibición de la tetamenta" ¿se tendrá que recurrir la próxima vez a la exhibición de la otra parte más pudorosa aun? Si la respuesta es afirmativa, entonces la protesta se deslegitima por carecer de normatividad moral e incurrir en procacidad y locura. La hipocresía corresponde a aquellas que reclaman una causa justa recurriendo a un medio injusto. Lo justo no se reclama mediante lo injusto. Eso no es docencia ni pedagogía, eso es barbarie.

Pues, la humanidad avanzó en derechos, justamente, planteandose luchas que antes, se consideraban "contra las reglas". Su planteo si que es falaz, por ahistórico. Por renegar en su esencia, del devenir de las luchas sociales. Acá el tema, es que las mujeres, en muchas partes del mundo, han luchado de diversas maneras, y el desnudo, ha sido una forma de manifestarlo, no como verguenza, sino, para hacer que otros, por ver la desnudes de ellas, desnudar la verguenza ajena, la que habita en sus cabecitas, y no en los senos de las mujeres. Bastante primitivo lo suyo. Lo suyo, es un barrunto barbárico, misógino e hipócrita. ¿Injusta la desnudez? Entonces, marche Ud. a tapar todas las obras de arte de desnudo del mundo y de su propio país. Las que están en museos y paseos públicos, a la vista de todos.
Hay una diferencia infinita entre el arte desnudo y la protesta desnuda. Su juicio no entiende de arte pero si de obscenidad y escandalizar. Tampoco entiende de protesta política. La confusión mostrada es propia de una época sin normatividad moral y sin valores superiores. Por eso no la culpo, la compadezco. Por ello es totalmente falso y ahistórico lo que Ud. afirma. Basta recordar el derecho al sufragio femenino. Se ganó no a costa de desnudeces sino defendiendo principios e ideas. Lo que ahora Uds. hacen da risa, ridiculiza la causa femenina, denigra su moral, y ratifican su condición de mujeres-objeto. Su medio de lucha está profundamente equivocado. Pero están a tiempo de rectificarse.

Afirmé, que en toda etapa historica, los luchadores sociales, han ido incorporando, distintas modalidades y actos para la realización de los mismos. Y por lo tanto, esto de la desnudez de las mujeres, ni siquiera es nuevo. Sin ir más lejos, en protestas femeninas, mujeres de otros países como Bolivia, se negaron a tener sexo con sus maridos, si no había un cambio en su estatus y trato social, así como en otros lados, las mujeres, totalmente desnudas, se pintaron el cuerpo, y salieron a manifestar. No sólo ocurrió en Latinoamérica, sino también, en Europa. Ud. es un cavernario. Lo suyo ya es patético. Respete más a las mujeres. Al fin y al cabo, recuerde que Ud. está en este mundo, gracias a ellas.
Precisamente porque recuerdo que estoy en este mundo gracias a una mujer, es que me indigna la falta de respeto de Ustedes hacia su propio cuerpo. "Respete más a las mujeres". Esas palabras suyas son las que al "tetazo" le hacen falta. Imitar lo que se hace en otros sitios no significa que esté bien. Eso más bien indica falta de creatividad. La pudicia es una virtud femenina y cuando se pierde se pierde lo más valioso de la mujer. Pero hay mujeres extraviadas, sin principios, sin valores, confundidas con el hedonismo, nihilismo, y la inmoralidad, que caen en la obscenidad y la ridiculez porque han perdido el sentido de la vida. Y entonces muestran sus cuerpos como mercancías. Es una lástima. Así, se asegura el hundimiento moral del mundo.

No siga agregando más disparates a los que ya dijo. Ud. es un misógino, expresa una mentalidad propia de alguien del siglo XIX, escudándose en rídiculos y patéticos eslóganes y valores, que ya no debieran ni existir. Es Ud. el que está afirmando y diciendo, que la desnudez de ellas, es mercancía. Eso es un reverendo disparate, por no decir, un brutal insulto para las mujeres. Más bruto no puede ser lo suyo.
Su pobre y triste espectáculo de desnudez no dignifica a la mujer, la rebaja y la insulta. Escudándose en el derecho de hacer lo que quieran con su cuerpo, eso no es derecho ni moral, es angustia morbosa por el escándalo, propio de feministas histéricas. Menos mal que muchísimas mujeres no piensan como las radicales y patéticas feministas.

Las "histéricas y patéticas" feministas, son las que hace mucho, consiguieron el voto femenino, y el divorcio, entre tantas reivindicaciones. Las que se quedan calladas, luego, cuando se dan cuenta de lo que las otras consiguen con la lucha, se unen, y dejan de ser las corderitas que los machistas prefieren.
Su opinión nuevamente es inexacta. Hay varios feminismos y no todos son iguales. El feminismo del "tetazo" es pintoresco y desafortunado. No va contra la racionalidad hedonista e instrumental de esta civilización decadente, sino que le hace el juego impudorosamente. Es una pena. Menos mal que existe el otro feminismo más inteligente y racional, ético y principista.


Transcripción abreviada y adecuada de lo Publicado: 9 feb 2017 en RT

viernes, 10 de febrero de 2017

TRUMP Y LOS DEMONIOS DEL CAPITALISMO

TRUMP Y LOS DEMONIOS DEL CAPITALISMO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 Resultado de imagen para DEMONIO CAPITALISTA
Trump no busca superar o abolir la sociedad de clases, pero representa los intereses de toda la sociedad contra la acumulación del capital en manos de una élite megacorporativa que dirige el hiperimperialismo actual.

En este sentido socava el orden burgués, agudiza sus contradicciones, revela la guerra permanente de clases, pero está condenado a fracasar por dos causas: el reloj de la historia no retrocede (del neoliberalismo al proteccionismo) y porque la formación económica-social del capitalismo está madura para una mutación socialista.

Trump representa el canto de cisne del capitalismo neoliberal y el reconocimiento de la caducidad para la humanidad del actual estado de cosas. Pero que el proceso histórico no se detenga no significa que continuará el ascenso histórico de la élite favorecida con la acumulación mundial del capital. La capacidad de adaptación del capitalismo no es eterna.

La visión neutra del reloj de la historia es ilusoria porque equivale a pensar que potencias nucleares se pongan a guerrear usando hachas y piedras prehistóricas. La verdad histórica no retrocede, y cuando lo hace se produce como comedia y no como tragedia.

Se abre una fase política incierta en que las tendencias disolventes del poder unipolar (EEUU) pueden amortiguarse con sus herederos del poder multipolar (Rusia, China). La lucha interimperialista no ha cesado sino que se ha intensificado.

El pensamiento antisistema, tan satanizado por la propaganda ideológica del neoliberalismo global, ahora con Trump se vuelve en un deber. Hace crisis la función tradicional del intelectual burgués. Se hace entonces más evidente que la función del científico y del filósofo es democrática y revolucionaria, porque proviene de una rebelión contra un orden irracional de cosas.

En una palabra, Trump no es más que un serio capítulo de cómo se resuelven los problemas del imperialismo en su fase neoliberal.

En la fase final del imperialismo del capitalismo tardío, los Trumps (en EEUU y el resto del mundo) sueñan ilusamente con una regeneración cultural. Pero estas ansias optimistas carecen de visión y conceptos totalizadores, que enfanga en particularismos e impide ver que el problema de fondo es la materialidad de las clases (reivindicación orgánica de privilegios de clase dominante).

Prolongar la bondad paternalista de la era del proteccionismo keynesiano es el dulce sueño del Trumpismo. Pero la hora histórica no tolera farisaicos retrocesos, ni guiños serviles a la gran burguesía dominante. La utopía social de la dorada era pequeñoburguesa se esfumó y quedan frente a frente la gran burguesía global y el proletariado sin trabajo.

De Marx no hay que olvidar una valiosa lección: lo económico no es una base que determina el impulso adquisitivo, eso es economicismo, sino que la formación económico-social está unida a la dinámica de la forma del poder. Las naciones, las identidades y la actualización de la naturaleza humana pasan por ese complejo filtro social. En otras palabras, la base es un concepto epistémico no solamente económico-adquisitivo, sino económico-productivo en su más amplio sentido, y lo sobreestructural es activo y dinámico.

El Trumpismo es un cataclismo que amenaza con extenderse globalmente contra la élite neoliberal de la gran burguesía. Sí aun se efectuara un magnicidio contra Trump la ola antiliberal no sería detenida y la democracia burguesa tendría que trocarse de totalitarismo burocrático en totalitarismo militar abierto. En otras palabras, la base ideológica del neoliberalismo se está haciendo trizas y la conciencia de clase contra ella crecerá de modo incontenible de lo teórico a lo práctico. Pero sin líderes revolucionarios en el horizonte, lo más probable es el escenario de la anarquía y el caos.

Con Trump el imperialismo empieza a fagocitarse a sí mismo. Que el 1% de la población sea dueña del 90% de la riqueza mundial es un programa que no puede sostenerse por mucho tiempo. Estamos ante un nuevo desafío del razonar revolucionario, el cual debe planear una sociedad futura por encima del pensar funcional para arraigarse en un pensar substancial.

Trump representa el ala moderada del Reich Bilderberg que, a diferencia del ala radical ultraderechista, ha percibido nítidamente que el capitalismo de libre mercado en su exacerbación neoliberal no sólo ha hecho añicos el capitalismo de bienestar estadounidense y el modelo europeo de capitalismo social de mercado, sino que ha reconocido que la concentración del 90% de la riqueza en el 1% de la élite mundial es peligrosa para el capitalismo mismo y lo pone al borde de su propia supervivencia.

Trump es un hombre pragmático, no es un pérfido manipulador como Soros, ni un hábil ventajista como Rockefeller, ni un astuto conspirador como Rosthschild. Su mente es más sencilla y por lo mismo más despierto a los peligros que amenazan al capitalismo mismo. Por ende, su filípica contra las guerras emprendidas por el otro republicano el senador McCain, el apoyo militar y logístico a las huestes terroristas de ISIS por Hillary Clinton y su condena a la gestión de Obama por provocar una nueva peligrosa y demencial guerra fría contra Rusia, responde a un natural instinto de conservación de la gran burguesía capitalista.

La sensibilidad pequeñoburguesa enfatizando un componente racista, misógino y xenófobo, quiere presentar a Trump como otro monstruo comparable a Hitler y a Stalin. Con ello los Soros, Rockefeller, Rothschild y compañia quedan como verdaderos ángeles celestes. Pero la verdad es otra. Trump es hijo legítimo salido del vientre de la Bestia, pero es su hijo rebelde. La campaña de desprestigio montada por el ala radical ultraderechista del Reich Bilderberg busca demoler la figura de quien pone en peligro sus intereses globales. La verdadera Bestia es quien ataca a Trump, cuyos defectos no llegan ni a los tobillos de dicha Bestia.

Trump desordena el orden ultraderechista del Reich Bilderberg (guerra fria contra Rusia, guerra monetaria contra China, sabotaje monetario contra el euro, dominio militar en Oriente Medio, destrucción de Bashar al Assad, guerra contra Irán, radicalización del gobierno fascista en Ucrania, despojo de Siberia a Rusia, y otras perlas luciferinas). Ahora con Trump, todo ese plan demoniaco está en peligro. La que se desorienta es la intelectualidad burguesa prosistema, la intelectualidad revolucionaria se despierta. Es cierto. Su éxito es dudoso, como el del emperador juliano el Apóstata. Pero bastará remecer las bases para que se vuelvan a despertar las condiciones subjetivas revolucionarias, las condiciones objetivas están dadas. Las mujeres están enceguecidas por la propaganda misógina de Soros. Lo de fondo es la desestabilización del orden neoliberal de la gran burguesía mundial.

La gran interrogante es si las leyes de la historia y del desarrollo del propio capitalismo permitirán un retroceso, detención, involución o desarrollo diferente a la lógica misma de la concentración del capital. Pero es falso pensar que el hombre no pueda recuperar su capacidad de acción sobre los mecanismos económicos.

El desarrollo del imperialismo capitalista ha llegado a un punto tal que la acumulación de capital se ha tornado especulativo en vez de productivo y por ese medio las ganancias se han multiplicado. La desterritorialización y la soberanía propia de las megacorporaciones privadas son las otras dos características que acompañan la mutación hiperimperialista del capitalismo actual.

Ante este dilema se han presentado diversas soluciones:
1.   Desde el socialismo pequeño burgués.- La crisis global se resuelve con una economía de mercado sin especulación financiera y con enfoque ecológico.
2.   Desde el capitalismo de la gran burguesía moderada.-Implementar reformas al capitalismo (tributaria, antimonopólica y financiera).
3.   Desde el socialismo de izquierda.- No bastan reformas al capitalismo, hay que cambiar el sistema mismo. El mundo no es un mercado, por eso el problema es también ético y epistémico, porque exige nuevos valores y una nueva racionalidad no instrumental.

Trump está lejos de pensar que la alternativa sea el socialismo o la barbarie. Por el contrario, él está firmemente convencido que las reformas al capitalismo pueden dar resultado, que las miserias de un mundo sin rumbo tienen solución dentro del sistema. Pero el capitalismo en la era de la globalización marcha por otro camino: el de la rentabilidad máxima sin ninguna barrera ética ni productiva. El demonio se ha escapado por completo de la botella y no hay modo de hacerlo retornar.

Trump en su empeño por volver al capitalismo keynesiano de bienestar nos hace recordar al emperador romano Juliano el Apóstata que restauró por breve tiempo el paganismo. Pero sus medidas fueron ineficaces.

Ahora bien, sobre Trump aun un cuando el tan susodicho magnicidio en su contra no se llegue a realizar es razonable dudar sobre el éxito de su iniciativa. La razón más honda para ello subyace no sólo en que el capitalismo crea una economía de excedentes que no se adapta al sistema de precios, la desocupación tecnológica se vuelve universal, la educación se la distorsiona subordinándola a la producción, destruye la moral porque convierte al beneficio en el objetivo supremo, sino que el excedente monstruoso de la riqueza mundial y el propio desarrollo tecnológico ponen al capitalismo más cerca de su supresión socialista que de su reforma.

Obviamente que tal cosa exige ante todo un cambio planetario y profundo de ideales, que acepte que la explotación de las máquinas es la alternativa a la explotación del hombre, que la industria no tenga como objetivo el beneficio sino el bienestar del hombre, que una economía de satisfacción de necesidades sustituya a la economía adquisitiva capitalista y que el trabajo en vez de encontrar su impulso en el beneficio personal lucrativo lo halle en el beneficio espiritual desinteresado.

Hay quienes pretenden un socialismo sin utopía, como Slavoj Zizek. Pero un socialismo sin utopía es un empobrecido socialismo pragmático, hecho a la medida del sistema. Cuando hoy más que nunca se requiere recuperar la capacidad utópica del hombre porque el hombre es un ser utópico. El socialismo sin utopía nace de las entrañas agusanadas del capitalismo decadente. Pero el capitalismo ha logrado forjar al hombre inmediatista sin utopía, sin ideales, sin lontananza. Es el simplón mediocre que no ve más allá de sus metas personales y egoístas apetitos individualistas. Contra estas tendencias conservadoras de los intelectuales pequeñobugueses hay que reaccionar. El ideal es un componente intrínseco a la utopía por cuanto es la conciencia de la insuficiencia de lo realizado y la llamada nostálgica del bien a rebasar lo real. Por eso, utopía e ideal se unen en la estimación moral del ser por parte de la existencia. La utopía siempre tiene un componente de imposibilidad. Lo imposible como disculpa del ocioso es el sentido vulgar de la utopía y no su sentido filosófico.

Pero de todo lo que representa Trump hay una gran incógnita. ¿Realmente comprende el ilusionismo financiero de las grandes banqueros mundiales y que están poniendo al mundo al borde de la catástrofe? No lo sabemos, pero debería saberlo si es verdaderamente un gran financista y hombre de negocios. La gente se pregunta más si habrá un conflicto bélico con Rusia, China o Irán, pero olvida lo más importante, a saber, que la eurozona sigue bajo enorme presión por culpa de los bancos italianos, la economía griega y del banco alemán (Deutsche Bank) que más derivados que tiene en el mundo. Con las operaciones dudosas con derivados hace desaparecer multimillonarias pérdidas bancarias. Estas operaciones corresponden a actos de terrorismo financiero, fraudes y trucos contables. El Deutsche Bank también es insolvente y debería estar en caída libre si no fuera por al apañamiento de Merkel.  Pero dichas ingenierías financieras son fraudulentas e ilegales. Esos son los riesgos reales a las que se enfrenta la economía mundial y que la ponen al borde del abismo.

Nada o algo de esto está en la pragmática sesera del señor Trump pero el acontecimiento de su mandato actualiza el análisis que permite entrever que estamos en una hora crucial de la historia, donde el capitalismo ha desatado sus demonios más indóciles y ante la cual la humanidad debe recuperar la sensatez y ser consciente que se puede superar al sistema mismo para dar inicio a una nueva etapa del desarrollo de la humanidad. Pues, no se puede pensar en un nuevo sistema económico al margen de una nueva era de la civilización política.


Lima, Salamanca 10 de Febrero del 2017 

sábado, 21 de enero de 2017

¿BUSCAR A DIOS SIN AMOR?

¿BUSCAR A DIOS CON SABIDURÍA Y SIN AMOR?
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 Resultado de imagen para amor
En la presente época de decadencia espiritual, la era sin Dios se regodea jactanciosamente de su propia sabiduría instrumental hasta llegar a sentir que la caridad es totalmente prescindible. Recordemos que uno de los principales dogmas del credo neoliberal global es dejar los servicios sociales en manos del mercado. Después de cuatro décadas de esta práctica monstruosa el resultado ha sido el aumento estrepitoso de la desigualdad social en todo el planeta. Se asumió en cuerpo en cuerpo y alma la principal enseñanza de Bernard Mandeville en su obra La fábula de las abejas, a saber, los vicios privados como el egoísmo y la lujuria hacen la prosperidad pública. En semejante contexto buscar a Dios resulta de un fariseísmo tal que sólo se condice con una cínica ética de situación.

Pero el mundo occidental no siempre fue así. En el siglo XII se completó la cristianización de Europa y se dejará escuchar la voz luminosa de un San Bernardo (1090-1153), un Guillermo de Saint-Thierry (c. 1085-1148), los Victorinos Guillermo de Champeaux y Hugo de San Víctor (m. 1142) y las monjas Hildegarda de Bingen (1098-1179), Matilde de Magdeburgo (1210-1297) y santa Gertrudis (1256-c. 1302). El mensaje común que une a todos estos místicos visionarios es la presencia del Verbo en el corazón, Dios dentro de uno, la triple vía (devoción sensible, devoción sin imágenes y oración espiritual) para despertar el ojo del espíritu o acies mentis, los tres niveles (pensar, meditar y contemplar) para ensanchar el corazón y sufrir por la gloria de Cristo.

En otras palabras, la experiencia de la primera Edad Media es fundamental porque coloca la imagen de Cristo sufriente en el centro de la reflexión, enfatiza que ver a Dios no es contemplar la esencia divina sino sentir su presencia en el alma. Y este sentimiento es imposible si sólo se trata de conocimiento y sabiduría, cuando no de amor especialmente. Esto es, la unión con Dios es una experiencia de amor, donde la intuición intelectual escucha la voz del corazón.

En contraste, en el siglo XX y XXI se completa la descristianización del mundo occidental mediante la secularización de la vida ética-cultural y ya no sólo de la vida jurídico-política. Autores como Philippa Foot, Elizabeth Anscombe, Peter Geach, Bernard Williams, Gadamer, Ricoeur, MacIntyre, Taylor, Martha Nussbaum y Vattimo, se contentan con plantear una ética de virtudes capaz de presidir una sabiduría práctica y concreta. En otras palabras, la voz interior que despierta la virtud queda limitada a un horizonte inmanente y despojado de su dimensión trascendente y unida a Dios.

Es decir, el mundo securalizado de la era sin Dios ha desembocado hacia la recuperación de la sabiduría práctica mediante una ética de las virtudes regida por el sentido unívoco del ser. Por ello, sin la recuperación del sentido analógico del ser –que diferencia el ser del Creador y el ser de la criatura- dicha superación analítica y posmoderna de la ética es ilusoria, porque no cree que la autognosis lleva automáticamente a la vida ética sin suprimir el fundamento empirista e inmanentista de la metafísica instrumental de la modernidad.

No hay duda que se trata de una fórmula impotente y superficial para resolver la presente crisis moral. La crisis moral no es sino la punta del iceberg que tiene su origen en el fundamento metafísico que preside la civilización moderna. La primera Edad Media resulta valiosa porque incide que la sabiduría sin amor no salva, sino pierde y extravía. La voz interior con sabiduría, virtud y contemplación se descarría sin amor en el corazón. Y esto es justamente lo que padece el hombre en los tiempos actuales. Individualismo, liberalismo y subjetivismo no son sino los síntomas de la falta de amor y del exceso de sabiduría. Lo que hace falta es ir al corazón mismo del problema, esto es, su basamento metafísico.

Y es que el hombre no puede recuperar al amor para presidir su sabiduría si antes no recupera el sentido analógico del ser. A través de éste la razón humana recupera su eje y rectifica su exceso de autonomía. No puede haber connaturalidad con las cosas divinas sin caridad y no puede haber caridad sin amor a Dios. Justamente su extinción es lo que promueve la falta de solidaridad con el prójimo y la realización de los actos más bárbaros en contra de la humanidad.

La ética de la virtud es un buen ejemplo de la insuficiencia y limitación de la iluminación racional sin la ayuda de la revelación sobrenatural. El don de la sabiduría es importante pero insuficiente si no va presidida por la caridad. Y esta sea quizá la principal lección de las órdenes mendicantes del siglo XIII. Así, santo Tomás de Aquino subrayó que aunque la cotemplación es superior a la acción lo mejor es su combinación para la salvación del prójimo. San Buenaventura enfatizaba que es la gracia y no la razón la que explica la deificación. Raimundo Lulio concede gran importancia a la razón en la vida mística pero coloca al amor como el lazo supremo que une al hombre con Dios. Y Angela de Foligno pone a la experiencia mística como el ápice del crecimiento en virtud.

En los tiempos modernos de gran apostasía existen formidables fuerzas que impiden la práctica de la caridad, obstaculizan las vocaciones místicas y sobredimensionan la soberbia del saber. Con ello la búsqueda de Dios queda soterrada pero no eliminada. El deseo humano de unirse con Dios es ineliminable, puede ser obscurecida, pero en la voz interior resuena el llamado de lo divino. De poco sirve la autognosis prescindiendo de la revelación. Ella es un hecho histórico salvífico que hay que asumir para dirimir nuestro destino.

Es tarea del saber –mediante la recuperación del sentido analógico del ser- y del amor –mediante la salvación del prójimo- romper el sortilegio de la secularización, tanto en la teoría como en la práctica, yendo a la raíz metafísica de la modernidad como lugar donde radica la deformación egolátrica imperante.


Lima, Salamanca 21 de enero del 2017

miércoles, 11 de enero de 2017

ESENCIA DE MÍSTICA CRISTIANA EN ERA SIN DIOS

ESENCIA DE MÍSTICA CRISTIANA
EN LA ERA SIN DIOS
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
Resultado de imagen para MITO DE NARCISO 
Lo que distingue a la mística del cristianismo es la Encarnación. La teología de la encarnación santifica el mundo material y lleva al amor al prójimo. Es por eso que también fue una de las más poderosas bases del desarrollo de la ciencia en occidente. No obstante, en la Era sin Dios el mundo material en vez de santificado es instrumentalizado, la encarnación ha sido olvidada y la ciencia se ha desprendido de su base metafísica para sostenerse sobre un estrecho empirismo de nefastas consecuencias culturales.

Si en San Pablo el amor es la palabra clave de la unión mística y la ascesis es para disciplinar el cuerpo y no para provocar éxtasis, en cambio con Descartes el amor es una pasión del alma que debe ser domesticada para el buen uso de la propia libertad, y ya no es la fe la que da confianza en la razón, sino es la razón la que da confianza en la fe. Descartes era un fiel católico pero su metafísica socavó la idea de Dios, impulsó la teología natural del deísmo y su mecanicismo llevó a prescindir de Dios.

El descrédito de la fe dio un paso más profundo con Kant, en cuya filosofía crítica lo fenoménico no prueba la existencia de lo nouménico. A partir de aquí sólo quedó un universo físico totalmente mecánico, hasta que con la nueva física ésta también fue barrida. Sobrevivió su aceptación del método científico y de la razón.

La consecuencia de todo ello fue que la filosofía racionalista y empirista reformó profundamente los espíritus modernos mediante el reemplazo del sentido análogo del ser por el sentido unívoco del ser. Esta será la piedra de toque del ateísmo contemporáneo para establecer una oposición entre la existencia de Dios y del hombre.

La idea hegeliana de que el hombre se aliena mientras no se reconozca como absoluto, autónomo y autárquico tiene su punto de arranque en el equívoco ontológico de la univocidad del ser. El sentido unívoco del ser –muy característico del panteísmo- no comprende la existencia de Dios y coloca a las dos existencias en el mismo orden. Pues, un Dios trascendente no aliena a su criatura, ni degrada al hombre como cosa u objeto. El hombre es libre pero no absolutamente, de muchas cosas es un ser dependiente.

Así, cuando San Juan enseña que sin amor mutuo no hay auténtica mística cristiana, y en ello nos auxilia el Espíritu Santo, y cuando San Agustín sostiene que la mística del martirio de Esteban hizo posible a Pablo, sus afirmaciones sólo tienen cabal significado dentro del sentido analógico del ser, donde la distancia entre Creador y criatura se mantiene y no se suprime.

En cambio, el sentido unívoco del ser conduce hacia la divinización atea del hombre, la cual madura con la descomposición del hegelianismo. Si el cristianismo deja intacta la frontera entre lo divino y lo humano, la mística de la India hace que lo divino y lo humano tengan la misma substancia, y la mística de la modernidad se queda tan solo con la substancia de lo terrenal y humano. Si la ascesis cristiana busca disciplinar el cuerpo, la ascesis oriental busca deliberadamente provocar éxtasis, y la ascesis moderna exacerba el éxtasis de los sentidos. De ahí que en la modernidad secularizada y de la increencia se busque provocar una experiencia mística a través de las drogas, alucinógenos y música. Y esto es así porque se confunde el superconsciente estado de éxtasis con el subconsciente estado de trance.

Cuando Juan escribe su evangelio había ya aparecido la herejía ebionita, que negaba la divinidad de Cristo, y la doceta, que negaba la naturaleza humana de Cristo. Cuando en nuestra Era sin Dios campea a sus anchas el sentido unívovo del ser, asumiendo un realismo donde el mundo tiene significado exclusivamente inmanente, entonces se olvida la diferencia radical entre la naturaleza humana y la naturaleza divina. Si bien esto no impide la unión perfecta con Dios en la eternidad, sin embargo se constituye en un serio obstáculo para la unión con Dios en la temporalidad histórica.

Así, Sartre asume hasta el final la muerte de Dios. El hombre está solo con su libertad, cada momento tiene que elegir y disponerse dentro de sí dentro de un proyecto. En esto consiste su responsabilidad, aceptar su desamparo metafísico radical en la contingencia absoluta e irremediable gratuidad del ser. Y este descaminador guión es mantenido por el estructuralismo, posestructuralismo, analíticos, posmarxistas, modernistas y posmodernos.

Pero veamos con más atención el argumento sartreano. Para Sartre la creación ex nihilo no explica el surgimiento del ser porque lo hace desvanecerse en la subjetividad divina. El ser en sí resulta inexplicable por la creación. El ser no deriva de lo necesario ni de lo posible. Si Dios existe se trata de una conciencia cuya esencia implica la existencia, es decir, exige el ser.

He aquí donde estriba el craso error de Sartre y de la filosofía moderna. Suponer que la conciencia o mente de Dios opera con las mismas características de la conciencia humana es quedar atrapado en las redes del sentido unívoco del ser.

En primer lugar, el ser de Dios no es el ser de la creación. El ser de Dios es eterno, infinito y necesario, mientras el ser de la creación es finito, contingente y temporal. En segundo lugar, la subjetividad divina no es como la subjetividad humana. Por tanto, no se trata de una conciencia cuya existencia implica la existencia ni la esencia del ser en sí. Al contrario, se trata de una existencia cuya esencia no implica la existencia del ser en sí, en rigor, no implica la existencia de nada, de ninguna esencia. Dios es la fuente de toda existencia y realidad, es el Ser por excelencia. Por eso, el Ser es eterno, la existencia es temporal y la realidad es instantánea. Y en tercer lugar, el fenomenalismo en el que se encuentra encerrado Sartre y toda la filosofía moderna lo obliga a afirmar que ni el ser del fenómeno actúa sobre la conciencia ni la conciencia puede actuar sobre el ser. Lo cual también es falso. Entre el ser de la conciencia y el ser del fenómeno existe una interrelación que posibilita la realidad y el conocimiento.

Es decir, Sartre y con él todo el fenomenalismo contemporáneo no comprendió la diferencia sustantiva que debe haber entre el ser divino y el ser creado porque empobreció la metafísica repitiendo el principio moderno del sentido unívoco del ser. Pues, el ser transfenoménico del ser y de la conciencia son creaciones de Dios. El soslayamiento del sentido analógico del ser y el imperio del sentido unívoco del ser ha ido de la mano con la subestimación del estudio de la filosofía medieval en las universidades -a pesar de los notables aportes de los especialistas-, el auge del materialismo, la técnica y el nihilismo. Una variante sesgada del sentido unívoco del ser lo representa, por ejemplo, la interpretación panteísta de la religión andina. 

Borrar de un plumazo veinte siglos de pensamiento cristiano sin una investigación seria y sólo en virtud de una opción pueril a favor del racionalismo materialista, el empirismo dialéctico o del pragmatismo lingüístico, sólo lleva a hacer del hombre el ser supremo para el hombre, postura donde se anida la absurdidad, amoralidad, el sin sentido del valor, el ideal y el fracaso antropológico metafísico de una metafísica inmanentista, que negó el absoluto trascendente mediante el reemplazo de la analogicidad del ser por la univocidad del ser.

Pero la más terrible consecuencia a nivel de masas de la actual Era sin Dios es que mediante la negación de la esencia de la mística del cristianismo, es el hombre deviene de animal religiosum en animal odiosum. La religión es un hecho histórico y un factor místico. La era de los mártires así lo demuestra. Ignacio de Antioquía habla del martirio como muerte u ofrenda sacrificial, de una mística de la sangre de Cristo y en el martirio se ven iluminaciones intelectuales. San Policarpo, obispo de Esmirna, escuchó una voz en el cielo que le dio valor en el martirio. Otros mártires sintieron el martirio como comunión con Dios. Perpetua y Felicidad sintieron el martirio como experiencia mística. Clemente de Alejandría valoró el matrimonio para alcanzar cimas místicas. Orígenes vio el martirio como el otoño del camino místico.

En cambio, en la presente era secularizada el glorificar, agradecer, confesar y pedir acontece en un plano horizontal y ante ídolos terrenales que exacerban el odio humano. Así, los abusos de la Inquisición quedan sin punto de comparación ante la barbarie genocida de los tiranos modernos (Stalin, Mao, Hitler, Pol Pot, Batista, Stroessner, Videla, Pinochet) y las aventuras guerreristas del imperialismo colonial y postcolonial (Vietnam, Irak, Afganistán, “primavera árabe”, Siria). Así vemos un Premio nobel de la Paz con más guerras en su haber (Obama). Los ídolos seculares han llegado al extremo de incentivar los angelismos y fundamentismos religiosos  (Al Qaeda, Isis, etc.) con fines políticos. Con ello pervierten la esencia de la religión. Religión viene de religere o esfuerzo y religare o unión. Pero al manipularla distorsionan su racionalidad no instrumental, ontológica y trascendente de la existencia humana.

Para Metodio la castidad es la mejor preparación para la vida gloriosa de la inmortalidad. Para San Atanasio en la vida mística el hombre se encuentra de nuevo en su verdadero estado natural, sin pecado del primer hombre. Atanasio escribe la vida de San Antonio y por su escrito se conocen las tentaciones del santo, su vida separada del mundo, su lucha contra el demonio y finalmente el derrame de su vida mística sobre los demás. El Pseudo Macario habla que el alma debe insistir más allá de los dones de curación y los éxtasis hasta lograr la unión perfecta con Dios. Evagrio Póntico dentro de un angelismo peligroso habla de la virtud como medio para alcanzar la contemplación. Y para Gregorio de Nisa sólo el hombre y no el cosmos ha sido hecho a imagen de Dios y por eso puede encontrarse con Dios. La vida mística restituye al hombre su vida perfecta que tenía en el Paraíso.

Lo cual muestra que el hombre no es un microcosmos sino un megacosmos, misterioso punto de encuentro y diálogo religioso con Dios. Nuestra creaturidad temporal terrestre se empina hacia la eternidad intemporal por nuestra naturaleza muldimensional: óntico-mística, dogmático-doctrinal, ético-práctica, deseo de Dios, cosmos participa de nuestro destino, angélico-demoníaca, inmanente-trascendente y eterno-temporal.

Esto explica que el rechazo de la religión en la era sin Dios es de índole mórbido, porque su escepticismo y amoralismo radical está más cercano a la neurosis de la civilización actual. Lo que vemos actualmente en Occidente es el fracaso de una civilización sin fe en lo absoluto trascendente y encarnado. El imperio absurdo de lo puramente inmanente desemboca en un sinsentido de la vida, donde nada tiene valor y se embriaga de poder un beodo ser para sí.

La era sin Dios sufre de fealdad espiritual, y por eso no soporta ser contemplada en su ser sino en su tener. Pero su sobrevaloración del tener es en el fondo una aversión al ser y una glorificación luciferina de la nada. Ya no hay combate por la alcanzar la cumbre de la perfección mística sino por lograr la mayor acumulación material. El movimiento anagógico o de ascenso del espíritu ha desaparecido. La encarnación fue vaciada de toda trascendencia y con ello el énfasis en lo comunitario sólo da lugar a una ética de situación, centrada no en principios sino en lo coyuntural e inmediato. Si para el gran Papa Gregorio Magno la experiencia mística es de luz, para los hombres de hoy es de oscuridad y tinieblas en el frenesí de lo momentáneo y sensorial.

La mística oriental de un Pseudo-Dionisio no enseña un éxtasis de amor sino de conocimiento. Para Máximo el Confesor la vida mística es entrar en la divina oscuridad. En Juan Clímaco la espiritualidad es angelismo, desprecio al cuerpo e indiferencia al prójimo. En Hugo de Saint Victor la fe aumenta el conocimiento. Para Ricardo de Saint Victor la contemplación es superior al conocimiento y a la meditación.

Todos estos análisis de la experiencia mística cristiana buscan demostrar que la unión con Dios no es identidad sino participación desde la teología de la encarnación. En cambio la era sin Dios pone énfasis en la unión con el mundo mediante la voluntad de poderío. Encarnación y trascendencia han sido pospuestas y lo único que reluce es una pasión inútil por lo contingente sin sentido trascendental. La rechoncha y torpe era sin Dios ha volcado su mirada narcisistamente sobre sí misma para confiar en la industria y la técnica su propia ilusa redención.


Lima, Salamanca 11 de Enero del 2017 

lunes, 9 de enero de 2017

MÍSTICA DE LA IDENTIDAD EN LA ERA SIN DIOS

MÍSTICA DE LA IDENTIDAD
EN LA ERA SIN DIOS
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
Resultado de imagen para OCULTISMO 
Llama profundamente la atención cómo en Occidente una humanidad despojada de espiritualidad profunda y arrastrada por valores inmanentes se deja seducir por la mística de la identidad de la filosofía oriental.

Tras el vuelco hacia Oriente hay que advertir el trasfondo culturológico-antropológico que afecta a la civilización occidental moderna. La crisis de la espiritualidad del mundo occidental es inversamente proporcional al triunfo de la civilización material, lo maquinizado, lo sensible, lo desacralizado, el materialismo diabólico.

En un momento se creyó que había llegado el momento de que Oriente y Occidente compartan sus profundos conocimientos religiosos para recuperar la espiritualidad y salvar al mundo del oscuro nihilismo secularista. Pero ni la ciencia ni la filosofía ni la religión pudieron rectificar la mentalidad contemporánea. No obstante, los gurús de todo calibre y calaña prosperan.

Occidente moderno y postmoderno junto con un Oriente que le imita, amenaza arrastrar a toda la humanidad hacia el imperialismo cultural, la destrucción ecológica y el tecnologismo científico sin propósito ético.

En medio de una demoledora charlatanería donde todo es reducido al devenir, a lo temporal, a la acción, a lo material, se olvida el valor imperioso de la contemplación, la intuición, la razón y la trascendencia. En este momento finisecular de la civilización humana cobran auge formas espirituales primitivas y precristianas. Se pone en boga desde la mística prehistórica chamánica, con su práctica purgativa y purificadora de desintegración de la personalidad mediante el retorno al caos primitivo –como lo desmuestra Mircea Eliade-, hasta formas espirituales de inmersión en lo Uno con pérdida de la identidad personal –como es el caso del hinduísmo y del budismo-, cuando no hacia formas espirituales prácticas y mundanas –como el taoísmo y el ocultismo-. Y esto es válido por más que Fung Yu-Lan, en su obra El espíritu de la filosofía China, afirme que el sabio vaya directamente a lo que era antes que los cielos.

En otras palabras, el hombre de la cultura técnica está afectado de irracionalismo mental, no ejerce la lógica por las tres fuerzas colosales que le oprimen, a saber, la automatización robótica, el eslogan y la masa. Todos sustituyen al pensamiento racional y espiritual. La corrupción lógica lleva hacia la despersonalización y esta despersonalización es la que también encuentran en la mística del chamanismo, el hinduísmo y el budismo. La antropotecnia inmanentista va sustituyendo a la antropología integral, de ahí la proclividad a abrazar también el taoísmo y el esoterismo. Ya no hay diálogo en el caos del pensamiento. La vida acelarada no favorece el despligue racional-espiritual de la mente. La presente es una época de decadencia del pensamiento y del espíritu.

Ante esto, la mística del hinduísmo y del budismo se defiende afirmando que también alcanzan virtudes sublimes –abstinencia, autocontrol, silencio, desprendimiento, meditación, etc.-. Pero mientras en la celda del monje asiático está la nada, el nirvana, el todo indiferenciado, la inmersión con lo Uno, el velo de maya; en cambio en el alma del creyente cristiano está Dios Providente y trascendente, la unión con el Otro y el sentido real de la historia.

Mística de unión con identidad y mística de unión sin identidad es lo que los diferencia. Oriente y Occidente guardan una distancia metafísica apreciable incluso en la mística. Lo que repercute en el fondo culturológico-antropológico real. Pero de todas las tradiciones foráneas a Occidente es la china la que se concilia más con el inmanentismo secularista occidental y su supervivencia genético-cultural.

En una palabra, en medio de la deplorable pobreza espiritual del hombre arreligioso de la sociedad moderna, la mística de la identidad en la era sin Dios se impone como un intento por evadir la historia y deponer su libertad ante su creciente despersonalización.


Lima, Salamanca 9 de Enero del 2017