jueves, 11 de septiembre de 2014

MAGIA Y CIENCIA MODERNA

MAGIA Y CIENCIA MODERNA
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
Los fundadores de la ciencia moderna no practicaron una tajante división con el saber tradicional, sino que son la demostración de la existencia de una línea de continuidad entre el viejo saber y el saber experimental. Esto lo podemos apreciar a través del auge simultáneo del racionalismo con la magia, las predicciones apocalípticas, astrológicas, la alquimia y las profecías bíblicas. En otras palabras, la ciencia moderna encontró en sus inicios un poderoso factor de desarrollo e incentivo aceptando sus presupuestos proféticos en los siglos quince, dieciséis y diecisiete.

Han sido varios estudiosos, entre ellos Needham, Pagel, Webster, Lindberg, quienes destacaron los motivos religiosos de la ciencia. Efectivamente, el cambio epistemológico en los siglos dieciséis y diecisiete no fue brusco sino que la visión animista de la magia coexistió armónicamente con la visión mecanicista de la ciencia. Así Paracelso y Newton habitaron no mundos intelectuales distintos sino iguales.

La época precopernicana y newtoniana están más unidas que distanciadas. En realidad el surgimiento de la ciencia no coincide con la declinación de la magia. En ambos existe la preocupación por esclarecer la relación de la humanidad con el Creador. Los neoplatónicos modernos se oponían a la escolástica. Newton mismo prolongó el interés por lo oculto y lo hermético. Las ideas no mecanicistas no eran descartadas. La primera gran confrontación de la revolución científica fue la de Paracelso y Galeno, antes que entre Copérnico y Tolomeo. El siglo catorce europeo estuvo marcado por Paracelso, Lutero y Durero. Para Paracelso el hombre y el mundo son analogías inseparables. No obstante, el paracelsianismo tuvo su apogeo en el siglo diecisiete, su terapia química todavía se practicaba. Incluso Newton era un asiduo lector de Paracelso. Por eso, Keynes llamó a Newton “el último de los magos”. Además, muchos científicos practicaban la alquimia. Por esto, la visión mecanicista de la ciencia no estuvo disociada en los siglos dieciséis y diecisiete de la visión animista de la magia. El cambio epistemológico fue menos radical de lo que pregonan los cientificistas a ultranza.

Es cierto que los copernicanos del siglo diecisiete encabezaron la corriente contra la astrología judiciaria. El lenguaje científico ya pertenecía al cartesianismo y al newtonismo. Pero el Ethos subyugante indicaría más una continuidad entre la tradición profética y la revolución científica en vez de una separación abrupta.

Para la ciencia experimental se volvió anticuada la magia espiritual pero no la magia natural. En realidad la escatología cristiana incentivó a la ciencia, viendo la realización del dominio del mundo como una recuperación del conocimiento adánico y la restauración del nuevo reino evangélico. Pero dentro de la propia magia natural se dieron dos tendencias, a saber, la magia natural esotérica de los rosacruces y la magia natural exotérica de las sociedades científicas. Además en sus primeros tiempos, siglos dieciséis y diecisiete, el dominio de la naturaleza era visto como una recuperación del conocimiento antes de la Caída de Adán. Por tanto, profecía, magia natural y gloria de la Iglesia se mezclaban. Eran parte del debate milenarista del dominio del mundo y por eso Newton fue visto también como el cumplimiento de la profecía bíblica.

Por su parte, hasta el siglo diecisiete la magia demoníaca sobrevive a la ciencia experimental. Sobre todo por su temor a las conclusiones ateas y materialistas de la filosofía mecanicista que minaba el animismo de la brujería. La demonología era indispensable en la aceptación de la Providencia divina. Para esa época posturas radicales como la de Spinoza, Hobbes y Locke no eran sino extremos teóricos indeseables dentro del cuerpo científico de la época, que no quería enajenarse con la Iglesia ni verse mezclado con el ateísmo.  

En conclusión, el hecho que la magia haya desempeñado un papel importante en la creación de la ciencia moderna fortalece la teoría de la continuidad entre ciencia moderna y ciencia antigua. En la tesis de la no-continuidad (cambio revolucionario en astronomía, mecánica y óptica) están: F. Bacon, Voltaire, Condorcet, Burckhardt, Symonds, Koyré, Hall, Mc Mullin, T. Khun. En la tesis de continuidad se encuentran: Duhem, Haskins, Thorndike, Marshall Clagett, Maier, Crombie. Y en la tesis intermedia continuidad-discontinuidad (continuidad en lo lingüístico-conceptual-teórico; discontinuidad metodológica-metafísica) se halla Lindberg.

Y decimos que este vínculo entre magia y ciencia moderna fortalece la tesis de la continuidad porque el cambio metodológico-metafísico del nuevo saber convivió con la permanencia lingüística-conceptual-teórica del saber tradicional.


Lima, Salamanca 11 de setiembre 2014

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