miércoles, 21 de enero de 2015

EL PROBLEMA DE LO REAL EN EL FENÓMENO OVNI

EL PROBLEMA DE LO REAL EN EL FENÓMENO OVNI
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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IDEALISMO-REALISMO OVNI

La mayor antítesis en la ontología y en la teoría del conocimiento ovni se basa en opuestos puntos de vista, que podemos designar bajo el nombre de idealismo y de realismo. Esta antítesis ha adoptado dos subformas especiales entre el llamado idealismo de conciencia y el realismo crítico. La tendencia de la evolución seguida ha sido muy diversa, tanto que el realismo crítico ha ganado terreno en el saber popular y el idealismo de conciencia predomina en el saber científico y saber culto.

El objetivo de este capítulo es doble: primero, demostrar que es falso optar por uno de los miembros de esta antítesis; segundo, que tanto el realismo crítico como el idealismo de conciencia reposan sin excepción sobre tres errores. Esto es: 1° sobre falsos planteamientos del problema; 2° sobre insuficientes distinciones de los problemas concretos; 3° sobre un falso supuesto común a ambos puntos de vista, que conduce a la definitiva superación de ambos puntos de vista.

Como esclarecer el falso supuesto común es piedra de toque para comenzar el análisis lo ponemos al principio de las explicaciones.

Este falso supuesto consiste en aceptar que lo que llamamos existencia o realidad ovni y aquello que llamamos su ser-así ovni (forma apariencial) son inseparables en relación con el problema de si son o no inmanentes al saber reflexivo. Ahora bien, una de mis tesis fundamentales es que todo ser-así (accidental y esencial) está representado no sólo por una idea o imagen representativa o percepción sino que es fundamentalmente inmanente al saber y a la conciencia. Esto es, puede morar en la conciencia y en un grado diverso también habita más allá de la conciencia respecto a la existencia y organización del sujeto sapiente. En cambio su existencia sigue siendo por su esencia necesariamente trascendente, independiente y ajena a la conciencia y al saber. Es decir, el ser-así y la existencia del fenómeno ovni es separable con el posible ser en la mente. El ser-así puede ser mental y lo es en el conocimiento evidente, pero la existencia nunca. La existencia ovni es tan trascendente al pensamiento como toda intuición y percepción, y de toda cooperación de ambas en el conocimiento, lo cual siempre es una coincidencia de intuición y pensamiento.

Coligo entonces que todo idealismo de conciencia y realismo crítico del fenómeno ovni surge porque el ser-así y la existencia son considerados inseparables con la inmanencia en el saber y la conciencia. Por ejemplo, los partidarios de la “teoría del ocultamiento conspirativo de pruebas” como el ingeniero aeronáutico Donald Keyhoe y el astrónomo Josef Allen Hynek, para no mencionar a la legión de escritores adeptos a la “teoría de los antiguos astronautas” encabezada por Erik von Daniken, J.J. Benítez, Jacques Fabrice Vallée y Wilding-White, o sea todos los representantes del realismo crítico juzgan rectamente que toda existencia del objeto ovni es siempre y por esencia necesariamente trascendente a toda conciencia posible (incluso divina), pero de esta tesis formalmente exacta, pero materialmente falsa, extraen la conclusión de que el ser-así ovni tiene que ser la prueba de la existencia de una civilización  inteligente Extraterrestre (en adelante ET). Por su parte todos los idealistas de conciencia, desde el psicoanalista Carl Gustav Jung hasta el astrofísico Carl Sagan, o sea los partidarios de la “teoría del mito de la era espacial con trasfondo religioso”, juzgan verdadera y rectamente que el ser–así del objeto ovni puede ser de naturaleza mental, es decir inmanente a la conciencia, pero sacan la errónea conclusión de que su existencia no es trascendente a la conciencia y, por ello es en esencia, una ilusión, un mito.

Por consiguiente ambos puntos de vista parten de un primer error común, a saber, considerar inseparable el ser-así y la existencia del fenómeno ovni, ya sea para afirmarlo o para negarlo. Si para los realistas críticos el fenómeno ovni es trascendente y existe fuera de la mente, para los idealistas de conciencia existe en la mente y es inmanente a la conciencia. El falso supuesto en ambos es considerar la ontología y la gnoseología del fenómeno ovni como inseparables en relación con el problema de si son o no inmanentes al saber. Uno afirmando que en dicho fenómeno ovni no existe nada trascendente a la conciencia (idealismo de conciencia) y el otro sosteniendo que no hay nada inmanente al saber (realismo crítico), no logran superar la antítesis inicial.

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SER DEL OBJETO Y SER-OBJETO OVNI

El mayor error de los intentos para solucionar la dicotomía Idealismo-Realismo Ovni es la defectuosa ordenación de los problemas que preceden a la cuestión de la realidad.

Ya Leibniz había advertido que el acto del pensar no está en correlación con el ser, sino con aquella clase de ser llamado ser objetivable. Por ello los escolásticos partían de la distinción de entre un “ente intencional” y un “ente real” y sobre esta diferencia establecieron otra distinción entre “acto intencional” y “ser de la cosa”. Confundir el “ser del objeto” con el “ser-objeto” de un ente, en este caso el ente ovni, es el error fundamental del idealismo de la conciencia. Cuando por el contrario, el ente real queda fuera de toda posible relación de saber humano. Lo que entra en una relación de saber es la relación de ser entre dos entes. Un ente A sabe de un ente B, sin que por esa participación la esencia de B sufra ninguna alteración. El saber objetivo se circunscribe al ser objetivable, pero la participación entre estos dos entes es más amplia que el del saber objetivo. Por eso la existencia de B jamás entra en una relación de saber, sino tan solo su ser objetivable. Dicha participación es posible tanto frente al ser objetable como frente al ser de actos. B se convierte en objeto cuando B es ser objetivable y A participa en él. El idealismo de la conciencia supone que el ente ovni, el ser del objeto, no es independiente de su ser-objeto. De esta forma, omitiendo los problemas que preceden al problema de la realidad descuida que un “concepto” es posterior del “acto intencional” y más ulterior aun al “yo ejecutor de actos”. Pues a través del acto intencional del ente A éste participa en el ser-así o esencia de B. En el fondo se trata de determinar, por intermedio del “concepto del saber”, un concepto que es anterior a la conciencia y entrar a una relación real entre el “saber de la cosa” y el “ser de la cosa”, el portador del saber y el ente real.

En este sentido, una cosa es el ser del objeto ovni y otro es el ser-objeto ovni. Lo primero corresponde a su realidad, mientras que el segundo está en relación con el acto intencional. Nuestro posible saber sobre el ser-objeto ovni jamás altera el ser del objeto ovni, pero sí afecta a su comprensión del mismo. El saber objetivo del ser-objeto ovni debe dar cuenta de su ser objetivable, pero su existencia no entra en relación con su saber sino tan solo su ser objetivable. En el fondo se trata de saber sobre la relación de ser entre dos entes: el hombre y el fenómeno ovni. Ahora bien, el saber objetivo del ser-objeto ovni puede estar viciado por un falso saber que no corresponde al ser del objeto ovni y que se relaciona más con ilusiones, fantasías, esperanzas e incluso fenómenos naturales mal comprendidos y programas de armas secretas.

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LA CONCIENCIA OVNI

El problema del saber de algo como piedra de toque para diferenciar entre el “ser de la cosa” y el “saber de la cosa”, nos conduce al problema de la conciencia. Así, el idealismo de la conciencia piensa que el fenómeno ovni es un mito con trasfondo religioso de la conciencia moderna.

El concepto del saber es una relación de ser que tiene que ver con la clase de ser del “ser consciente”, punto de partida del principio de la inmanencia de la conciencia. Pero la conciencia misma supone justamente el concepto de saber. En otras palabras, es erróneo definir el saber como una forma especial de conciencia. La conciencia es ya saber. Hay contenidos de saber anteriores a la conciencia, sub o supra-conscientes, como en el animal, el niño, el primitivo y ciertas patologías, que no viven el mundo como un “objeto” sino que viven inmersos en el mundo. En cambio, el hombre consciente es el ser que hace que el ser real, que está dado extáticamente antes de la conciencia, se vuelva en ser objetivable mediante un acto reflexivo llamado autoconciencia. Es decir, es falso lo que piensa Kant cuando afirma que un “yo pienso” acompañan todos los pensamientos del hombre. De modo que la conciencia no es un hecho originario, antes bien, es construida, va remontando de grado en grado de reflexión. Esto es, la conciencia es una clase de ser que posee contenidos reflexivos y los cuales constituyen el ser consciente. En todo caso el acto de ser consciente implica una relación ontológica entre dos entes.

En consecuencia, la conciencia no tiene ni al yo como condición esencial de todos los procesos del saber, ni todos los actos psíquicos van acompañados de conciencia. Incluso en el muy avanzado grado histórico de civilización urbana e híper-reflexiva puede la conciencia asumir formas sub o supra-conscientes en su originaria forma extática, que se caracteriza por el simple tener de cosas, sin saber de ese tener o, en el otro extremo, tratando de convertir en “ser objetual” un incompresible “ser de la cosa”, lo que sucede muy a menudo con el fenómeno ovni.

Es más, la actual conciencia ovni está atravesando por una complejización que es producto, entre otros factores, del empeño de las principales potencias armamentistas por encubrir la conquista de la tecnología terrestre ovni. El fin de la guerra fría nunca amainó la verdadera carrera de armamentos y en dicha competencia el logro de la tecnología ovni ha ocupado un lugar de privilegio como arma furtiva y proyecto negro. El interés por ocultar dichas nuevas armas está asociado con el incentivo de las agencias de inteligencia por implementar agresivamente programas psicosociales que difunden la creencia de la conexión ovni-extraterrestre.

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OVNI: OBJETO TRASCENDENTE

A todo acto intencional le caracteriza la conciencia de la trascendencia. Es decir, la aprehensión del objeto mediante significaciones, la aprehensión del contenido objetivo, la percepción, la representación, el recuerdo, el sentir del valor, la posición de fines y objetivos, toda intención en general, señalan más allá del acto, a algo ajeno al acto, a algo trascendente. Esta trascendencia es común a todo objeto, ya sea real, ideal o irreal. Todas estas clases de objetos cumplen el principio de la trascendencia. Precisamente por esto la conciencia de la trascendencia no resuelve el problema de la realidad. Tener la conciencia de la trascendencia de un objeto no lo vuelve en objeto real.  La vivencia de la trascendencia simplemente señala un más allá que no se agota en el acto intencional de la conciencia. Así, si decimos que el ente ovni es trascendente a la conciencia no estamos decidiendo sobre su tipo de realidad, sino únicamente sobre su ser que está más allá del acto intencional de la conciencia.

Justamente ignorar este hecho lleva hacia el idealismo subjetivo de Berkeley, quien afirmando que ser es percibir desconoce que la característica de la conciencia de la trascendencia es propia del acto intencional. Afirmar que lo pensado no existe independientemente del pensar equivale a desconocer que no sólo el pensar sino todo acto intencional significa apuntar hacia algo que uno no tiene. Junto a Berkeley, los empiristas Locke y Hume haciendo del psicologismo el fundamento de la teoría gnoseológica convierten la sensación en sustancia y también terminan confundiendo el ser del objeto por el ser objeto del ser.

Por otra parte, la trascendencia del objeto es totalmente independiente de la existencia del objeto, o sea, si es producido por la conciencia o es independiente de ella. Por ejemplo, también trascendentes son los objetos irreales, los cuales no  son sólo los personajes de la literatura universal, como Simbad el marino y la Caperucita roja, sino también objetos imposibles, como un triángulo esférico. La misma forma trascendente corresponde a los objetos de la fe, el arte, el mito. Razón tiene, entonces, N. Hartmann al señalar que la diferencia entre objeto intencional y contenido de conciencia no puede decidir sobre el problema de su realidad. A un objeto intencional le puede corresponder o no realidad. Por ello, el problema de la realidad está más allá de la trascendencia del objeto, no obstante la trascendencia de un objeto no excluye la realidad del objeto.

Para nuestro caso es muy importante advertir que la trascendencia del ovni no es de ningún modo un contenido originario de toda conciencia que indique realidad. En la vivencia inmediata de un ovni, el llamado avistamiento o encuentro del primer tipo, se experimenta con gran fuerza el problema de su realidad, desde que aparece como la resistencia de una X contra la explicación racional. El Proyecto Libro Azul dirigido por Hynek en 1972, describe hasta seis clases de avistamientos o contactos (2° huellas, 3° tripulación, 4° abducción, 5° contacto telepático y 6° señales radiales o radioastronómicas). No obstante, estos dos últimos no son fenómenos ovnis sino fenómenos psíquicos y físicos. Además, la psicopatología ovni tiende a señalar la existencia de muchos casos de psicosis espontáneas ovnis, donde hay visiones de abducción por alienígenas, y también cuadros esquizoides ovnis, donde es frecuente escuchar voces o mensajes.  Sin embargo, el hecho de que hasta el momento no hayan contactos extraterrestres inequívocos, ni siquiera por el Proyecto Seti, indican que la trascendencia del fenómeno ovni nada define sobre su realidad.

Es cierto que la conciencia del objeto precede a todo juicio y no es creada por el juicio, pero el objeto intencional puede no ser real ni ideal, sino ficticio e irreal. Incluso se puede suspender la existencia del mundo real sin suspender la conciencia intencional, pero lo que no se puede suspender es el mundo de la trascendencia de la conciencia y sus objetos. Si la realidad del fenómeno ovni no depende de la conciencia intencional, sino que es previo a ella, entonces se trata de determinar la realidad de su ser. Pero la realidad de un ser puede estar velada por diversas circunstancias naturales e incluso artificiales, y, por tanto, deslindar ambas es el cometido.

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LA EXISTENCIA OVNI NO DETERMINA
 SU REALIDAD

Que algo exista en el mundo externo no significa que sea real. El azul del cielo, el arco iris, los colores de las superficies, un espejismo, la sombra, son sin duda fenómenos del mundo exterior que involucran fenómenos ópticos del mundo interior, empero aun cuando se dan en el mundo externo no se les puede atribuir realidad. Hay espejismos físicos que pueden ser vistos por muchas mentes y espejismos mentales que sólo pueden ser apreciados por el alucinado. No se descarta que entre estas dos apariencias puedan darse formas intermedias donde el espejismo físico sólo pueda ser apreciado por algunas mentes (sustancia fantasmagórica) y espejismos mentales que puedan ser aparentemente distinguidos como físicos (c0mo el ectoplasma que segregan los médiums).

En este sentido el fenómeno ovni puede incluso ser un caso especial de existencia mixta entre lo físico y lo mental, donde interviene con mayor fuerza la esfera real de lo cultural como intermediario entre la esfera del mundo exterior y la esfera del mundo interno. Las formas de la cultura proyectan indudablemente la forma de descifrar y conformar la comprensión y producción de fenómenos que tienen existencia sin realidad. Nuestra civilización tecnológica e hipercrítica genera en este sentido sus propios mitos y la proyección de uno de éstos puede ser el fenómeno ovni. De ahí provienen los variopintos tipos de contactos ufológicos sin prueba irrefutable de su realidad.

Por consiguiente, no se puede aceptar la vinculación que establece la expresión “realidad del mundo exterior”, porque no todo lo que existe en el mundo externo es real. En el mundo exterior se dan muchos fenómenos que carecen de realidad. Lo cual nos lleva a distinguir entre el problema de la realidad respecto al problema de las esferas de lo real: mundo exterior, mundo interior y mundo divino. Hay esferas intermedias como el mundo psíquico y el mundo cultural. Pero lo importante es que se tratan de esferas del ser irreductibles. Por ello, no se puede aceptar la subsunción del mundo externo al mundo interno como ocurre en Descartes, Berkeley, Fichte y el convencionalismo logicista. Además, ya Scheler indicaba que el ser de cada esfera es independiente de todos los objetos individuales que contiene. Lo real se da en cada esfera y la misión de la ciencia positiva es determinar qué objeto es efectivamente real.

En otros términos, hay que distinguir el problema de la realidad del de la existencia del mundo externo. Un ovni puede existir en el mundo externo sin ser necesariamente real. De ahí que sea falso hacer valer como orden lógico que lo que aparece primero en el mundo externo implique una prueba de su realidad, como ocurre erróneamente en N. Hartmann. Ya Kant distinguía rigurosamente el problema de la realidad del de la existencia del mundo externo, a pesar que terminó negando falsamente la realidad absoluta de todo el mundo exterior accesible a nuestra experiencia posible.

Se puede considerar sin inconveniente la independencia del mundo exterior y su cierta anterioridad con respecto al mundo interior y al mundo cultural. Pero lo que nosotros descubrimos no es el ser del mundo exterior, ni la realidad misma en la esfera del mundo externo, sino tan sólo una determinada ordenación fenoménica del ser-así. Así, se puede considerar la independencia de los fenómenos de luz y movimiento ovni en el mundo exterior sin remitir estos fenómenos a conceptos reales necesariamente. Del mismo modo aquel que ha probado la independencia de la esfera del mundo exterior en que se da el fenómeno ovni, tampoco está probando de algún modo la realidad del fenómeno ovni. A lo sumo lo que se experimenta es una determinada ordenación del ser-así acorde al contexto cultural, el cual media como un filtro de certidumbres accesibles en una época determinada. De manera que si en la antigua Grecia se daba la presencia de seres mitológicos en el mundo exterior, de esto no se puede colegir necesariamente la realidad de los mismos. Grifos, hipogrifos, arpías, esfinges, sátiros, titanes, ninfas, entre otros, son un índice no sólo de la evolución cultural, temas de inspiración de la poesía, escultura, pintura, y explicación de fenómenos naturales, sino también una muestra de que el ser de los objetos ideales y de sus legalidades es independiente y está dado antes que el ser de los objetos reales. Además, la vigencia del ser de dichos objetos ideales sucumbe solamente cuando se hunden los ideales junto con la civilización misma que la cobijó.

Esto plantea el problema de no confundir el problema de las esferas de lo real con el problema mismo de la realidad. De modo que el fenómeno ovni puede ser el objeto ideal propio de la civilización moderna tecnológica, científica e hiper-racionalizada. Interpretación que llega a su extremo más radical con la teoría de los astronautas ancestrales de la literatura popular.

Es más, así como no se puede alcanzar la esfera del mundo exterior por algún dato inmediato de la conciencia (supuesto contacto alienígena telepático), tampoco el ser del mundo interior se puede alcanzar por medio de objetos y ordenaciones del mundo exterior. Esta teoría elaborada por el empiriocriticismo de Mach y Avenarius es sin duda errónea al confundir el ser de las diversas esferas de lo real. Pero algo similar acontece desde que fueron vistos los fenómenos Foo fighters, bolas incandescentes o fantasmas combatientes durante la Segunda Guerra Mundial, tanto por pilotos de las potencias del eje como por parte de los aliados. Eran luces pequeñas aparentemente con masa, que no eran detectables al radar y que atravesaban los aviones. Estos rayos globulares fueron tomados como inteligencias ET. Otras formas presentadas son la de esferas luminosas, translúcidas, rígidas o flexibles, discos planos con brillo metálico, cigarro cilíndrico opacos o luminosos, forma tubular con movimiento similar al de los gusanos, y la triangular con luces en los vértices, considerada de carácter experimental o secreto terrestre pero desconocidas para el mundo civil. En todos estos casos se da una especie de proyección cultural científico-tecnológica para comprender un fenómeno incomprendido y misterioso, se proyecta el ser ideal de una era tecnológica para interpretar lo dado. Aquí se trata de alcanzar la esfera del mundo real a partir del dato inmediato de la conciencia, tomándose por real lo que existe en el mundo externo.

No obstante, si los objetos ideales están dados antes que el ser de los objetos reales es natural, entonces, que la esfera del mundo ideal esté primariamente llena de contenido antes que se dé ninguna otra esfera. De manera que desde el punto de vista objetivo el mundo exterior está dado antes que el mundo interior, y el mundo social antes que el mundo individual, pero desde el punto de vista lógico no sucede así. De ahí, que sólo en la era moderna el idealismo de la conciencia haya podido establecerse hegemónicamente al abandonar la cosmovisión organológica y panvitalista que daba cuenta de la problemática realidad del mundo inanimado.

Bajo estas consideraciones se puede sostener que la hipótesis extraterrestre, cuyo interés por los gobiernos ha decrecido en sentido inversamente proporcional al crecimiento del interés popular, se caracteriza esencialmente por tomar lo que existe en el mundo externo (en este caso el fenómeno ovni) por realidad en el mundo exterior, y, aun mas, envolver dicha realidad con una narrativa que carece de pruebas extraordinarias que la demuestren. Los supuestos contactos telepáticos, pretendidos secuestros y declaraciones sobre experimentos genéticos perpetrados por los tripulantes de dichos objetos, pertenecen a la esfera del mundo interno y cuya existencia no constituye prueba decisiva sobre su efectiva realidad. No todo lo que existe es real ni todo lo que es real tiene que darse necesariamente en la existencia. De ahí, que sea totalmente inaceptable el alcance limitado que tiene la categoría de la existencia en el existencialismo, como vida humana caracterizada por la libertad y de ahí que sea cuestionable que constituya su verdadero ser. La existencia alcanza a todo tipo de entes, ya sean reales, ideales e irreales, está presente en las esferas del mundo exterior, interior, físico, psíquico, espiritual y divino. Pero no es la existencia lo que define la realidad, las ficciones, alucinaciones, espejismos y apariencias existen pero no tiene realidad. De ahí, que la idea de Dios no implique en primer lugar su existencia sino su realidad, a partir de la cual se define su existencia. Esto ha sido visto con claridad por el nominalismo lógico, según el cual se toma lo ficticio por lo real. Solamente que su falsa conclusión es que la categoría de realidad queda subsumida a la de coherencia lógico-semántica. Antes bien, hay que hacer notar que lo real está más allá de lo lógico-semántico, e incluso estar más de los datos sensoriales. Incluso no todo lo que existe es lógico y expresable, y no obstante no tiene que ser necesariamente real. Esto suele acontecer con los fenómenos paranormales.

De manera que no es necesariamente real todo aquello que puede presentarse a la conciencia en la experiencia, porque pueden presentarse fenómenos que existen pero que no tienen realidad. Ni tampoco es real aquello que como objeto puede expresarse algo. Ni el criterio empirista ni el lógico-semántico satisfacen lo que es la realidad. Todo lo cual indica que la comprensión del problema de la realidad transita por el grado de plenitud de ser, no equiparable a la existencia, a lo percibible, ni a lo expresable con sentido. No todo lo que existe es real, pero sí reclama realidad todo lo que tiene esencia.

El fenómeno ovni interpretado bajo la hipótesis extraterrestre confunde el fenómeno que existe con la realidad del fenómeno y encima es hipostasiado con una lectura de contenido de conciencia que tiene en común la total carencia de pruebas. En otras palabras, se trata de un fenómeno que existe pero la existencia del fenómeno ovni no determina su realidad. Que existan versiones falsificadas sobre un fenómeno no determina la existencia real de dicho fenómeno, e incluso un fenómeno real puede ser enturbiado por interpretaciones falsas. Así, en 1969 la USAF sobre 40 mil casos dio como resultado: 27% eran estrellas, planetas y objetos astronómicos, otro 27% eran globos y aviones, un 23% meteoritos, satélites artificiales y tan sólo quedó un 23 % inexplicado por insuficiencia de datos. Mediciones posteriores de científicos de la Universidad de Tel Aviv incluyen en aquel 23% inexplicado los rayos globulares, sprites (destellos de luz por descargas eléctricas) y hologramas solares. El sprite es luz sin masa que realiza movimientos curiosos y se oculta tras las nubes emitiendo destellos. Y en 1997 el ingeniero alemán Theo Diedrich, del Laboratorio para Técnicas de Alta temperatura, sugirió que los hologramas solares son tomados por ovnis. Se tratan de rayos polarizados en el cielo nocturno cuya trayectoria zigzagueante origina una imagen tridimensional que pasa veloz debido a la rotación terrestre.

Como vemos en estas últimas interpretaciones se busca evitar la confusión entre la existencia del fenómeno con la realidad del fenómeno, sin interpolarlo con un mito de la era espacial (inteligencia extraterrestre) o un mito arcaico (espíritu de los ancestros y de los dioses).


Lima, Salamanca 21 de Enero 2015

21 comentarios:

  1. La norma para la teoría de los conocimientos ufológicos debe mostrar su eficacia en esta ciencia y en su concepción del mundo.
    Así pues, la norma para dichos conocimientos no es la ratio lógica (insuficiente porque ha de tomarse en cuenta la observación), ni la ratio empírica (porque los sentidos engañan), ni la ratio metaphysica (porque se trata de una sustancia material), ni la ratio teológica (porque no se identifica con el Logos divino) sino con la ratio physica (porque es observable y está sujeto a experimentación).
    Lo singular del caso es que la ratio physica confirma solamente el fenómeno ovni como fenómeno natural (nubes lenticulares, rayos esféricos, hologramas solares, etc) y como fenómeno humano (tecnología secreta furtiva).
    Todo lo demás (hermanos mayores, seres extraterrestres, razas alienígenas, portales interdimensionales, flota de confederación intergaláctica, experimento genético interestelar, etc.) pertenece a la dimensión de las hipótesis metafísicas que Newton no aceptaba, de la literatura de ficción y las alucinaciones colectivas o patologías psíquicas de platillistas descontrolados.

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  2. Quizá la más importante implicancia de la primacía de la ratio physica en ufología sea el desprecio por los esquemas artificiales que con ayuda de la mera lógica pueden obtener conclusiones formalmente exactas, pero que pueden llegar asimismo a resultados que no existen materialmente en la naturaleza.

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  3. El primado de la ratio physica en la Ufología significa también que no tiene sentido una máxima geometrización de la naturaleza, ni tampoco partir únicamente de la observación y menos del testimonio subjetivo. Pues los valores a obtener deben poder ser comprobados y rectificados en la tercera etapa del conocimiento físico (1° observación, 2° extraer de los resultados de las observaciones un principio, y 3° basar la matemáticas en la praxis física y no la física en las matemáticas). Esto ayuda a no perder el fenómeno ovni en las ideas mitológicas neoplatónicas que identifican a la naturaleza con el Logos divino, que se descubre a aquel que le escucha.

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  4. La norma para la teoría de los conocimientos ufológicos debe mostrar su eficacia en esta ciencia y en su concepción del mundo.
    Así pues, la norma para dichos conocimientos no es la ratio lógica (insuficiente porque ha de tomarse en cuenta la observación), ni la ratio empírica (porque los sentidos engañan), ni la ratio metaphysica (porque se trata de una sustancia material), ni la ratio teológica (porque no se identifica con el Logos divino) sino con la ratio physica (porque es observable y está sujeto a experimentación).
    Lo singular del caso es que la ratio physica confirma solamente el fenómeno ovni como fenómeno natural (nubes lenticulares, rayos esféricos, hologramas solares, etc) y como fenómeno humano (tecnología secreta furtiva).
    Todo lo demás (hermanos mayores, seres extraterrestres, razas alienígenas, portales interdimensionales, flota de confederación intergaláctica, experimento genético interestelar, etc.) pertenece a la dimensión de las hipótesis metafísicas que Newton no aceptaba, de la literatura de ficción y las alucinaciones colectivas o patologías psíquicas de platillistas descontrolados.

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  5. Existe una invencible tendencia a subestimar los logros del hombre cuando se habla de ovnis, pero hay que recordar que esta tecnología no es nueva, y con ello no me refiero solamente a la década del 30 con los nazis, sino a las investigaciones de sustentación antigravitatoria que se hicieron desde comienzos del siglo XX a partir de las teorías de Tesla. Es por eso que la información de la CIA no es completamente cierta porque los EEUU no sólo experimentaron con alas voladoras y platillos volantes desde los 50 sino desde fines de la II Guerra Mundial. Además, se conoce que Perón permitió el ingreso de una gran cantidad de científicos nazis con el fin de tener su propia arma nuclear y al final fue engañado vergonzosamente. Rusia tampoco renunció a la conquista de las nuevas armas. Todo lo cual lleva a pensar que muchas otras cosas pudieron traer los nazis consigo a América Latina, quizá la famosa "campana ovni" de la que tanto se habla y que justamente de esa forma fue vista en La Joya. Es razonable la alarma de la FAP en La Joya, pues la inteligencia rusa no desconocía que a Chile fue a radicar en un lugar de acceso restringido cierta cúpula nazi con oscuros propósitos. En pocas palabras, la búsqueda tecnológica de anulación de inercia y mecanismo antigravedad no son nuevas y ya llevan décadas de trabajo en programas negros (furtivos y secretos).

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  6. En lo que concierne al fenómeno ovni hay que afirmar con Newton y Kant que a nadie le es lícito prescindir de las ciencias naturales en dichos fenómenos, porque precisamente en su experimentación, repetida bajo unas mismas circunstancias, se encuentra la rectificación del aparato conceptual ufológico. La desmitificación y desideologización del aparato conceptual ufológico exige, en este sentido, tomar distancia tajantemente de la extraviada opción "contactista" -que convierte la ufología en metafísica del mediumnismo incontrastable e inverificable-, como de la opción "pseudo-científica", que aboga por una manipulación ininteligible de la jerga matemática, física y cosmológica, con el fin ideológico de justificar las novelescas ideas de los "hermanos mayores, seres extraterrestres guardianes, portales interdimensionales, etc". Ambas opciones platillistas son las que actualmente enturbian el estudio serio del fenómeno y una epistémica del fenómeno UFO las puede sepultar definitivamente.

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  7. El peligro de justificar la opción "contactista" en otro tipo de lógica es que nos pone ante el riesgo de caer en el precipicio donde se prescinde de los fenómenos materiales por una logicidad de la física. Si antes Kepler y Descartes -atendiendo al sistema cerrado de la geometría euclidiana- incurrieron en una errónea matematización de la física que prescinde de los fenómenos reales, ahora la opción "contactista" aspira a una nueva lógica no occidental para justificarse, sin advertir que con ello la física como ciencia meramente experimental quedaría reducida a una colección de experimentos lógicos que ciertamente se apoyarían entre sí, pero que no darían certeza sobre el problema que pretenden defender, a saber, la existencia de seres extraterrestres. Serían víctimas de una nueva silogística de la susodicha nueva lógica.

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  8. Si el contactismo es un método de meditación tan eficaz y real, entonces no se comprende por qué no se les pide la cura para le cáncer, el sida, el ébola, la eliminación de la pobreza, la obtención de la energía a fusión, y otras cosas que harían tanto bien a la humanidad, en vez de charlar sobre cosas insubstanciales y mensajes esotéricos. Todo esto ya es conocido y hace pensar que la respuesta es fallida, de ahí que sea comprensible que se trata de meros trances colectivos sin ningún valor de su veracidad científica.

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  9. "El tema OVNI tiene aspectos que trascienden a los objetos convencionales" y se deduce que lo no convencional es lo que se obtiene por "contacto". Con esta respuesta circular volvemos al comienzo, y parece más bien que el susodicho "contactismo" no puede defender con coherencia sus aspectos mistificadores ni evitar el precipicio lógico.

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  10. La utilización de la doctrina newtoniana hypothesis non fingo lleva directamente a la negación de la opción "contactista" y de los míticos seres extraterrestres, e incluso la perspectiva operacionalista de la teoría de la relatividad generalizada lleva a Eisntein a reducir la física a conceptos sobre objetos físicos, dentro de los cuales los seres extraterrestres, por no ser contrastables ni verificables sino mera ideología mítica supletoria de la religión, no tienen cabida alguna. El problema crucial que se le plantea al contactismo es saber si lo percibido en la meditación es solo una esperanza adecuada y justa del pensamiento subjetivo o si se le considera más bien acorde la dimensión ontológica del ser, es decir, dentro de una perspectiva física y metafísica.

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  11. 1."Los seres extraterrestres no son salvadores ni una amenaza, primero hay que contactarlos".
    2."Ciertos teólogos admiten la posibilidad de vida extraterrestre porque el dogma lo permite".
    Sobre (1) se incurre en una petición de principio, o sea, no se puede admitir la existencia real de aquello que aun no se ha demostrado que existe realmente. Por tanto, no tiene sentido hablar de seres extraterrestres inteligentes en el sentido actual. Pues potencialmente se puede hablar hasta de dragones.
    Sobre (2) hay que precisar que el dogma permite la discusión sobre el tema pero no necesariamente lo admite. Al contrario, guarda una prudente distancia doctrinaria.

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  12. A todas luces el platillismo contactista no puede afrontar una respuesta que en último término es ontológica, porque dada su limitación a las determinaciones conceptuales categoriales del mundo de los sentidos, recibe las modificaciones de sus presupuestos conceptuales exclusivamente desde sus fundamentos imaginarios y ficticios. Por eso se tiene razón al afirmar que que en el mundo contactista no puede darse en parte alguna una evidencia real.

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  13. Así como la geometría dejó de ser euclidiana desde que se demostró la existencia de masas gravitacionales, de modo similar el contactismo platillista no dejará de ser alucinación de mentes fanatizadas hasta que demuestre fehacientemente la existencia de seres extraterrestres inteligentes. Bajo este condicionamiento se puede afirmar que dichos seres no existen. Y como en nuestro universo experimental estos condicionamientos se dan siempre de facto, el mundo de los seres inteligentes se limita a los seres humanos del planeta Tierra.

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  14. Mientras la teoría de la relatividad se distingue en la física por la sencillez y elementaridad de sus presupuestos fundamentales, que permiten sospechar la posibilidad de una mirada intuitiva a la estructura armónica del universo, en cambio la opción platillista contactista se distingue por su enrevesamiento e incoherencia de sus postulados básicos, que permiten tener la convicción de una mirada confusa y ficticia del cosmos.

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  15. Según el contactismo platillista su teoría es consistente porque encuentra su justificación en el hecho de que su intuición es practicable. Dicho descriptivamente, su meditación es efectiva porque logra el contacto con los seres extraterrestres que se hacen presentes (¿¡).
    Sin embargo, es preciso precaverse, según Einstein, del peligro de considerar la construcción mental como expresión idealmente abstraída de algo ónticamente real. De lo contrario surgiría de nuevo un positivismo del tipo del de Mach, para quien los conceptos fundamentales de la ciencia, especialmente la física, son copia o reflejo de experiencias reales. Por el contrario, para Einstein los planteamientos de la física moderna no son abstracciones de experiencia, sino invenciones artificiales o invención libre del espíritu humano. Así, en contra del empirismo primitivo del contactismo extraterrestre hay que reconocer que la ciencia no se apoya en ningún elemento material activo observable (estructuras de campo maxwelianas, velocidad de la luz, equivalencia de masa y energía, materia oscura, energía oscura, etc.) sino en conceptos que cumplen el principio de contradicción y tienden a algo real. Es decir, en la ciencia persiste la oscura zanja entre naturaleza y esquema conceptual. En cambio, el contactismo extraterrestre recurriendo al impulso de la intuición y sin acomodarse a los hechos observados ni fundarse en la experimentación habla como cosa cierta de seres extraterrestres, razas alienígenas, flota intergaláctica, mensajes redundantes y triviales, y toda clase de ideas que se divorcian de los hechos observados. En una palabra, la justificación de la teoría contactista se deriva únicamente de una arbitrariedad metodológica que no puede demostrar que su intuición puede ser practicable. Pues, así como no es posible derivar lógicamente del mundo experimental lo conceptos físicos fundamentales, tampoco el contactismo puede derivar la existencia de seres extraterrestres de subjetivistas meditaciones incontrastables.

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  16. La intuición de los platillistas no es la intuición de Einstein, porque mientras para el gran físico se trata de un "instinto científico" que siente pasión por las conexiones profundas de la naturaleza y arrastra al pensamiento ordenador a una actividad creadora al establecer una imagen única que se manifiesta en el mundo de lo experimentable, en cambio en los platillistas se trata de una intuición asociada a un primitivo empirismo que se limita a una coherencia lógica interna sin preocuparse de la comprobación de la teoría intuitiva. Por eso, en el caso de los platillistas meditativos se trata, en vez de una praxis, de una fe sin vínculo objetivo con hechos y sí con ilusiones y deseos religiosos.

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  17. Si de los supuestos seres extraterrestres inteligentes no se cuenta con ninguna evidencia demostrada, entonces su existencia no compete a la ratio physica, que se preocupa de las experiencias de los sentidos y de la comprensión de sus conexiones mutuas, sino de la ratio psicológica, que se ocupa de las experiencias de la mente y del ánimo. Ya el mismo concepto de "seres extraterrestres inteligentes" se apoya exclusivamente en la imaginación y no en impresiones sensitivas reales como las que corresponde al mundo exterior real. Debemos insistir aquí, ante todo, en que la distinción entre impresiones sensitivas e imágenes no es posible con absoluta certeza y que una explicación mediante conceptos significa la elaboración de una especie de orden entre las diversas impresiones de los sentidos, a través de la creación de conceptos generales, hasta que se consiga un sistema de mayor unidad conceptual. No obstante, ello no es obstáculo para diferenciar entre un la imagen de un objeto irreal creado por la imaginación y la imagen de un objeto real o un objeto ideal que existe independientemente de la conciencia. Y hasta el momento no existe evidencia alguna que desmienta que los seres extraterrestres inteligentes son mera imagen de objetos creados por la imaginación humana. Así las cosas, debemos dejar paso para que el platillismo extraterrestre tenga acceso libre al diván del psicólogo.

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  18. El primer presupuesto para que un científico pueda llegar a conocer la fórmula del universo es que la naturaleza le enseñe algo. Descartes mismo acentúa expresamente la actividad docente de la naturaleza. Einstein, de acuerdo con esta idea, habla de las manifestaciones de este mundo o de que en la naturaleza se manifiestan cosas experimentables por el hombre. En cambio preguntémonos, ¿algo tienen que mostrar el platillismo contactista? Al parecer, sus "hermanos mayores" son tan mezquinos que se limitan a "saluditos" insubstanciales. ¿O acaso en tecnología les han dado algo (reacción a fusión, anulador de incercia, mecanismo antigravedad, mapa del universo, generador de agujeros de gusanos, etc)? la respuesta es NADA. ¿o acaso en medicina han tenido piedad (cura del cáncer, sida, ébola, etc)? Otra vez NADA. ¿O acaso en cuestiones sociales (eliminación del hambre, guerras, tiranos, etc)? Nuevamente: NADA. Obviamente es ocioso reiterar la pregunta en otros terrenos, salvo el psicológico; pero esta vez el aporte viene de los propios contactados, cuya práctica morbosa ya fue bien explicada por Carl Gustav Jung.

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  19. No todo ufólogo cree en "seres extraterrestres inteligentes", pero una importante manada va detrás de una fe que es invulnerable a la razón, a la intuición y a todo tipo de argumentación que refuta la creencia en dichos seres. Este convencimiento dogmático sacrifica la libertad del pensamiento por irrealidades, hasta ahora, totalmente indemostrables. Cuando algún tipo de ratio los cuestiona se quejan y aducen que hay que atender a la concreta totalidad del mundo fenoménico que no sólo es físico, también abarca la vida, lo orgánico, la historia y lo divino. Y descaradamente insisten en que hay pruebas de su creencia pero extrañamente nunca lo muestran. Es decir, estamos ante una fallida pretensión de racionalidad que juega con la mistificación de sus respuestas. ¿Cómo hacer frente a semejante estrategia? Imposible, su convencimiento dogmático supera lo racional y se constituye en la "Iglesia de los Ufólogos". Su esterilidad gnoseológica la ocultan acusando de escepticismo a cuanta objeción tengan enfrente. ¿O acaso pueden mostrar la foto no trucada de algún alienígena que demuestre su creencia? No pueden. Pero debieran ser más sinceros, pues si los ufólogos han elegido el camino ideal de convertirse en iglesia deberían decirlo y abandonar el travestismo científico.

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  20. Hay quienes preconizan el desarrollo de un nuevo aparato lógico-metafísico para entender el problema ovni en términos de seres extraterrestres inteligentes. Pero lo que no demuestran es la necesidad interna de esta tarea, es decir qué hay de congelado en nuestras afirmaciones estereotípicas que impiden una mejor comprensión del fenómeno. Ya la evolución continua de la ciencia ha puesto en entredicho la afirmación del valor lógico absoluto de un juicio, que Kant todavía admite, siguiendo con esto la tradición casi unánime de la filosofía occidental. La excepción son Platón y Bergson. El primero pone énfasis en la dialéctica y en el mito, y el segundo en la intuición creadora para romper los conceptos congelados. La verdad es que ningún tipo de lenguaje lleva hacia un concepto físico inequívoco sino tan sólo aproximado entre realidad y conocimiento, por tanto la acomodación conceptual será siempre una tarea necesaria. Por eso es bueno recordar a los platillistas novológicos que prosigan en su empeño pero con rigor y claridad.

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  21. Lo trascendente se manifiesta en una doble manifestación: horizontal (la trascendencia de los entes) y vertical (la trascendencia del Ser). Pero dentro de la trascendencia horizontal hay diversos órdenes de seres (angelical, humano, sensitivo, vegetativo, mineral). Lo sobrenatural o místico no es un orden del ser sino un don gratuito concedido por Dios al espíritu del hombre para alcanzar la presencia manifiesta del Ser.
    En este sentido -y excluyendo las manifestaciones naturales (rayos globulares, sprites, hologramas solares, etc.) y humanas (aviónica secreta, operativos de diversionismo mental, fraudes sistemáticos y de aficionados, etc.)- cabe preguntarse si: ¿pueden los ovnis ser la manifestación de la trascendencia en el orden angelical?
    Repárese que no es el mismo enfoque del Padre exorcista Corrado Balducci, pues para éste los ET de hoy son los ángeles de ayer. Es decir, Balducci acepta sobre el hombre otro orden creatural no angelical. Para nosotros el asunto es distinto, pues nuestra interrogante es si el mismo orden angelical puede tener apariencia ovni (no platillista). Y la respuesta es afirmativa. Pues los ángeles son seres de luz y su manifestación puede ser tomada actualmente sin dificultad como ovnis. Pero al hablar de ángeles es inevitable considerar la alternativa demonológica. Y en este caso no es difícil admitir la posibilidad que dichas huestes oscuras encuentren en el fenómeno ovni un motivo especialísimo para descaminar y engañar al hombre con mensajes pseudocrísticos.
    En una palabra, hay razones para admitir la relación entre el fenómeno ovni y lo sobrenatural.

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