domingo, 30 de noviembre de 2025

Cuarta Revolución Industrial de Mario Duarte

 


Cuarta Revolución Industrial de Mario Duarte

La obra de Mario Ramón Duarte, Cuarta Revolución Industrial: Análisis Estratégicos, se levanta como un grito en medio de la era postoccidental que atravesamos, un tiempo en el que las certezas del pasado se derrumban y las naciones periféricas se enfrentan a la disyuntiva de ser protagonistas o esclavas de la nueva maquinaria global. 

Duarte describe con precisión quirúrgica la irrupción de la fábrica inteligente, ese espacio donde la inteligencia artificial, la automatización y el internet de las cosas se funden para dar forma a un sistema productivo que ya no depende de la fuerza humana, sino de algoritmos invisibles que gobiernan la materia. Su aporte es contundente: advierte que la cuarta revolución industrial no es un fenómeno técnico aislado, sino un campo de batalla geopolítico en el que se decide la soberanía de los pueblos. 

Nos recuerda que Argentina y América Latina no pueden resignarse a ser consumidores pasivos de tecnologías extranjeras, sino que deben forjar políticas industriales, educativas y estratégicas capaces de resistir la colonización digital y de construir un futuro autónomo. Su voz se alza como advertencia: la pasividad será el suicidio de las naciones, la indiferencia el preludio de la dependencia.

Pero en medio de esta fuerza analítica, la obra revela una limitación que se vuelve más evidente en la era postoccidental: su mirada se concentra en lo material, en la fábrica y en la política, dejando en penumbra la dimensión espiritual y metafísica de la revolución que nos envuelve. 

Duarte disecciona con rigor los riesgos de exclusión social y dependencia tecnológica, pero no se detiene en las preguntas más hondas que hoy nos atormentan: ¿qué significa ser humano cuando la inteligencia artificial se acerca a la conciencia?, ¿qué destino aguarda al alma, a la identidad, a la trascendencia en un mundo donde lo biológico se funde con lo digital? 

Al omitir esta reflexión, su planteamiento corre el riesgo de reducir la revolución a un fenómeno técnico-económico, cuando en realidad es también un cambio civilizatorio que toca la esencia misma de lo humano. La ausencia de esta dimensión espiritual deja un vacío que se siente como un silencio dramático: el lector percibe que la obra exige acción estratégica, pero no ofrece respuestas sobre cómo preservar el sentido, la ética y la trascendencia en un futuro dominado por algoritmos y máquinas inteligentes.

Así, el libro de Duarte se convierte en un espejo de nuestra era postoccidental: lúcido en lo estratégico, poderoso en lo político, pero incompleto en lo metafísico. Es un llamado a la acción, sí, pero también una advertencia de que, sin una reflexión sobre el espíritu, la cuarta revolución industrial puede arrastrarnos hacia un mundo donde la soberanía se pierda y el sentido de lo humano se disuelva en la fría lógica de las máquinas.