miércoles, 14 de enero de 2026

DEBATE SOBRE NIETZSCHE

 


DEBATE SOBRE NIETZSCHE

Nietzsche y el ocaso del sentido

Vivimos en una época marcada por el colapso de los grandes relatos. El mundo occidental, otrora cimentado en la fe cristiana, la razón ilustrada y la promesa del progreso, ha entrado en una fase de desencanto radical. Las verdades trascendentes han sido sustituidas por interpretaciones fragmentarias; la moral ha sido relativizada; el ser humano, despojado de su centro, se disuelve en flujos de deseo, poder y lenguaje.

Este escenario no es casual: es el cumplimiento de la profecía nietzscheana. El pensamiento de Friedrich Nietzsche, que en su tiempo fue escándalo y provocación, se ha convertido en el horizonte filosófico dominante. Su crítica a la metafísica, su denuncia de la moral cristiana, su proclamación de la muerte de Dios, su exaltación del poder y la diferencia, han sido asumidas —con matices y variaciones— por buena parte de la filosofía contemporánea. Desde el idealismo subjetivo de Husserl, que reduce el mundo a la conciencia, hasta el existencialismo hermenéutico de Heidegger, que disuelve el ser en interpretación; desde el perspectivismo de Ortega, hasta la filosofía del poder de Foucault, la deconstrucción de Derrida, el vitalismo de Deleuze y la ontología débil de Vattimo: todos ellos, en mayor o menor medida, son herederos de Nietzsche. El pensamiento se ha vuelto inmanente, fragmentario, estético, y —en última instancia— nihilista. Este debate se inscribe en ese contexto: un mundo neonietzscheano, donde la filosofía ya no busca el ser, sino el juego; ya no busca la verdad, sino la interpretación; ya no busca la salvación, sino la afirmación. Frente a este panorama, se alza la voz del pensamiento cristiano, no como nostalgia del pasado, sino como denuncia profética de la decadencia espiritual de Occidente. El cristianismo, lejos de ser una moral de esclavos, se presenta aquí como resistencia ontológica, como afirmación de la trascendencia, como defensa del sentido frente al abismo.

Este diálogo entre Nietzsche y el pensador cristiano no es solo un ejercicio intelectual: es el reflejo de una batalla por el alma del mundo moderno. Una batalla entre la afirmación sin fundamento y la fe con esperanza. Entre la interpretación infinita y la verdad encarnada. Entre el poder que disuelve y el amor que redime.

Tesis 1: La voluntad de poder

Nietzsche: “La vida no se explica por la razón ni por la moral, sino por la voluntad de poder. Esta fuerza es el impulso fundamental del ser humano: no buscamos simplemente sobrevivir, ni ser felices, ni ser buenos. Lo que queremos —lo que la vida quiere— es afirmarse, expandirse, dominar, crear. La moral cristiana, con su culto al sufrimiento, a la humildad y a la obediencia, ha sofocado este impulso vital. Ha convertido la fuerza en pecado, la ambición en culpa, y la afirmación en orgullo. Pero yo digo: ¡que viva la fuerza! ¡Que viva el instinto! El hombre debe superar la moral del rebaño y convertirse en creador de sí mismo.”

Pensador cristiano: “Señor Nietzsche, usted reduce la vida a una lucha por el poder, pero olvida que el ser humano no es solo instinto: es también espíritu, conciencia, amor. La moral cristiana no reprime la vida, la orienta hacia el bien. La humildad no es debilidad, sino reconocimiento de nuestra fragilidad ante Dios. El amor al prójimo no es sumisión, sino fuerza que transforma. Usted habla de dominio, pero ¿qué valor tiene dominar si se pierde el alma? El verdadero poder no está en imponerse, sino en servir. Cristo, al morir en la cruz, no fue vencido: fue glorificado. Porque el poder que salva no es el que aplasta, sino el que redime.”

Tesis 2: El eterno retorno

N: “Imagina que tu vida, tal como la has vivido, se repite eternamente, sin cambios, sin omisiones. Cada dolor, cada alegría, cada error, cada instante… una y otra vez, por toda la eternidad. Esta idea no es solo cosmológica, es ética: ¿vivirías tu vida de nuevo, exactamente igual? Si no puedes decir ‘sí’, entonces estás viviendo mal. El eterno retorno es la prueba suprema de amor a la vida. No basta con soportarla: hay que afirmarla. Quien dice ‘sí’ a todo lo que ha sido, se convierte en superhombre. Quien desea otra vida, otra historia, otra salvación… aún vive en la negación.”

Respuesta: “La idea de que todo se repite eternamente es desesperante. ¿Dónde queda la redención, la esperanza, el perdón? El cristianismo no niega el sufrimiento, pero lo transforma. Cada instante tiene sentido porque está orientado hacia Dios, hacia un fin trascendente. No estamos condenados a repetir, sino llamados a renovar. El eterno retorno encierra al hombre en su pasado. Cristo lo libera. En Él, cada caída puede ser redimida, cada error perdonado, cada vida transformada. No queremos repetir la vida: queremos elevarla.”

Tesis 3: Amor fati (amor al destino)

N: “Amor fati: amar el destino. No basta con aceptar lo que ocurre, hay que amarlo. Cada dolor, cada pérdida, cada error… no deben ser soportados con resignación, sino abrazados con entusiasmo. Esta es mi fórmula para la grandeza: no querer que nada sea diferente, ni en el pasado ni en el futuro. El que ama su destino se libera del resentimiento, del arrepentimiento, de la esperanza vacía. El cristiano llora por lo que fue, espera lo que vendrá, y se consuela con promesas celestiales. Yo digo: ¡afirma la vida tal como es! ¡Haz de tu sufrimiento una obra de arte! El que ama su destino, incluso en el dolor, es verdaderamente libre.”

R: “Amar el destino sin esperanza es una forma de esclavitud. Usted propone una aceptación radical, pero ¿dónde queda la justicia, la redención, el consuelo? El cristianismo también acepta el sufrimiento, pero no como un fin en sí mismo. Lo vive con fe, sabiendo que tiene sentido en el plan de Dios. No lo ama por ser doloroso, sino porque puede ser transformado. El amor fati es admirable en su valentía, pero incompleto. Nosotros no amamos el destino: amamos al Dios que lo guía. Y en Él, cada herida puede sanar, cada historia puede cambiar, cada alma puede renacer.”

Tesis 4: El superhombre (Übermensch)

N: “El hombre es algo que debe ser superado. El ser humano actual, débil, temeroso, dependiente de dogmas, no es más que un puente hacia algo superior: el Übermensch, el superhombre. Este no se somete a valores heredados ni a mandamientos divinos. Crea sus propios valores, vive con intensidad, afirma la vida sin necesidad de consuelo metafísico. El superhombre no busca redención, busca plenitud. No se arrodilla ante Dios, se eleva por encima de la moral del rebaño. Él es el sentido de la tierra. ¿Quieres seguir siendo esclavo de ideales ajenos, o te atreverás a ser creador de ti mismo?”

R: “Usted propone un ideal de grandeza sin compasión, de libertad sin humildad. El superhombre que usted describe es soberbio, autosuficiente, cerrado al amor. Pero el ser humano no necesita superar su humanidad: necesita redimirla. Cristo no vino a destruir al hombre, sino a elevarlo. El verdadero ideal no es el que se impone, sino el que se entrega. El que ama, el que sirve, el que perdona. Usted dice que el superhombre es el sentido de la tierra. Yo digo: el sentido de la tierra está en el cielo. Y solo quien se hace pequeño puede entrar en el Reino.”

Tesis 5: La muerte de Dios

N: “¡Dios ha muerto! Y nosotros lo hemos matado. No me refiero a un asesinato literal, sino al colapso de la fe en los valores absolutos. La modernidad,  con  su  ciencia, su racionalismo y su moral vacía, ha vaciado de sentido a Dios. Pero los hombres aún viven como si Dios existiera: siguen obedeciendo mandamientos, buscando redención, temiendo el juicio. ¡Hipocresía! La muerte de Dios es una oportunidad: ahora el hombre debe crear sus propios valores. Sin cielo, sin infierno, sin salvación. Solo tierra, solo vida. ¿Tendrán el coraje de asumir esa libertad, o seguirán adorando cadáveres metafísicos?”

R: “Usted proclama la muerte de Dios, pero confunde el rechazo humano con la desaparición divina. Dios no muere porque el hombre deje de creer: Dios es eterno. Es cierto que muchos han perdido la fe, y que la modernidad ha sembrado dudas. Pero eso no prueba la inexistencia de Dios, solo revela nuestra necesidad de Él. Sin Dios, ¿qué queda? ¿Quién juzga el mal? ¿Quién consuela al sufriente? ¿Quién da sentido al sacrificio? Usted ofrece libertad, pero sin fundamento. Nosotros ofrecemos fe, pero con esperanza. La muerte de Dios no es el fin: es el llamado a volver a Él.”

Tesis 6: Genealogía de la moral

N: “La moral no es eterna ni divina: tiene historia, tiene origen. Y ese origen está en el resentimiento. Los débiles, incapaces de imponerse, inventaron una moral que condena la fuerza, el orgullo, la afirmación. Así nació la ‘moral de esclavos’: elogio de la humildad, la obediencia, el sufrimiento. En cambio, los fuertes vivían según una ‘moral de señores’: afirmaban la vida, celebraban la excelencia, despreciaban la culpa. El cristianismo es la victoria del resentimiento disfrazado de virtud. Ha invertido los valores: lo noble se volvió pecado, lo bajo se volvió virtud. Yo no quiero una moral que castre la vida. Quiero una moral que la celebre.”

R: “Usted reduce la moral cristiana a resentimiento, pero olvida su raíz: el amor. La humildad no nace del odio al fuerte, sino del reconocimiento de nuestra pequeñez ante Dios. El perdón no es debilidad, es fuerza espiritual. La moral cristiana no niega la vida, la purifica. No busca someter al poderoso, sino redimir al pecador. Usted habla de señores y esclavos, pero Cristo lavó los pies de sus discípulos. ¿Quién es más grande: el que domina o el que sirve? La genealogía de la moral revela historia, sí. Pero la historia de la cruz no es resentimiento: es redención.”

Tesis 7: Crítica a la modernidad

N: “La modernidad está enferma. Se ha vuelto decadente, mediocre, cobarde. El racionalismo ha matado el misterio. La ciencia ha reemplazado el arte de vivir. La democracia ha nivelado a todos hacia abajo.  Y  la  moral  cristiana,  aún  presente, sigue castrando el instinto. El hombre moderno ya no crea: consume. Ya no lucha: obedece. Ya no afirma: se lamenta. Yo denuncio esta decadencia. Propongo una filosofía vitalista, trágica, afirmativa. Que celebre el conflicto, la diferencia, la intensidad. ¡Basta de igualdad! ¡Basta de compasión universal! ¡Que vuelva el héroe, el artista, el creador! La modernidad necesita ser superada.”

R: “Usted ve decadencia donde hay compasión, mediocridad donde hay justicia, cobardía donde hay prudencia. La modernidad no es perfecta, pero ha traído avances que dignifican la vida: derechos humanos, educación, medicina, libertad religiosa. Usted desprecia la igualdad, pero Cristo se hizo hombre entre los hombres. Usted rechaza la compasión, pero el amor al prójimo es el corazón del Evangelio. La modernidad no necesita ser destruida, sino iluminada. No con el fuego del resentimiento, sino con la luz de la fe. El héroe que usted reclama ya vino: y murió en una cruz, no en un campo de batalla.”

Tesis 8: Vitalismo y estética de la existencia

N: “La vida no es un problema que se resuelve, ni una carga que se soporta: es una obra de arte que se crea. Yo propongo una filosofía vitalista: que celebre la fuerza, el cuerpo, el instinto, el devenir. Basta de sistemas que niegan la vida, que la reducen a pecado, culpa o redención. El hombre debe vivir estéticamente, como un artista de sí mismo. Cada acto, cada elección, cada instante debe ser afirmado con intensidad. La existencia no necesita justificación trascendente: su belleza está en su fugacidad, en su caos, en su poder.

¡Sed artistas de vuestra vida! ¡No adoradores de dogmas muertos!”

R: “Usted exalta la vida como arte, pero olvida que el arte sin verdad es solo espectáculo. La existencia no es solo creación, también es vocación. No somos autores de nosotros mismos: somos llamados por Dios a vivir con sentido. La belleza de la vida no está en su intensidad, sino en su entrega. No en su caos, sino en su comunión. Vivir estéticamente puede ser noble, pero vivir éticamente es necesario. La cruz no es una negación de la vida: es su transfiguración. El cristiano también canta, también crea, también ama. Pero lo hace con la mirada puesta en el infinito.”

Tesis 9: Nihilismo

N: “El nihilismo es el destino de Occidente. Es la consecuencia inevitable de la ‘muerte de Dios’. Cuando los valores supremos pierden su fundamento, todo se vuelve vacío. Ya no hay sentido, ya no hay verdad, ya no hay propósito. Pero el nihilismo no es solo una enfermedad: es una etapa. Hay un nihilismo pasivo, que se resigna, que se hunde en la apatía. Y hay un nihilismo activo, que destruye para crear. Yo soy ese nihilista activo. No para hundirme en el vacío, sino para abrir espacio a nuevos valores. El cristianismo, al negar la vida en nombre de un más allá, es nihilista en su esencia. Yo propongo superarlo: no con fe, sino con fuego.”

R: “Usted denuncia el vacío, pero lo abraza. El nihilismo que usted propone destruye sin garantía de reconstrucción. El cristianismo no es negación de la vida, sino afirmación de su sentido. No es evasión, sino esperanza. El verdadero nihilismo es vivir sin amor, sin fe, sin trascendencia. Usted llama a crear nuevos valores, pero ¿con qué fundamento? ¿Desde qué verdad? Nosotros no tememos el abismo, porque sabemos que hay luz más allá. El nihilismo es una noche oscura, pero Cristo es el amanecer. Usted quiere incendiar el templo. Nosotros queremos encender la lámpara.”

Tesis 10: No hay hechos, solo interpretaciones

N: “¿Hechos? ¡No existen! Lo que llamamos ‘hecho’ es ya una interpretación. Toda percepción está mediada por lenguaje, cultura, deseo, poder. La ciencia, la historia, la moral, incluso la religión: todas son construcciones humanas. No hay verdad objetiva, solo perspectivas. Esta es la culminación del nihilismo: no solo moral, sino ontológico. No hay un ser estable, no hay esencia, no hay fundamento. El mundo no tiene sentido en sí mismo: somos nosotros quienes lo interpretamos, lo deformamos, lo narramos. ¿Quieres seguir creyendo en verdades eternas, o aceptar que todo es juego de fuerzas, de signos, de voluntades?”

R: “Usted ha llevado el nihilismo al extremo: ya no niega solo el bien, sino el ser mismo. Si no hay hechos, ¿cómo distinguir la justicia de la injusticia, el amor del odio, la víctima del verdugo? El cristianismo afirma que hay verdad, y esa verdad es una persona: Cristo. Él no es una interpretación, es la Palabra encarnada. Usted disuelve el mundo en perspectivas, pero nosotros creemos en la revelación. No todo es construcción: hay luz que no depende del ojo que la mira. El nihilismo ontológico que usted propone no libera: desorienta. Y en ese vacío, el alma clama por sentido. No por interpretaciones, sino por verdad.”

Tesis 11: El triunfo del pensamiento nietzscheano en la filosofía contemporánea

N: “La historia me ha dado la razón. Mi filosofía, que fue despreciada por los moralistas y los metafísicos, ha conquistado el pensamiento contemporáneo. Husserl, con su idealismo subjetivo, ha mostrado que no hay acceso directo al mundo, sino solo a los fenómenos tal como se presentan a la conciencia. ¡La cosa en sí ha muerto! Todo es vivencia, todo es correlato intencional. Heidegger, mi discípulo más profundo, ha comprendido que el ser no es una sustancia, sino un acontecimiento interpretativo. El Dasein, arrojado al mundo, no busca verdades eternas, sino que interpreta su existencia desde su finitud. ¡El ente hermenéutico ha reemplazado al sujeto cartesiano! Ortega y Gasset proclama que ‘yo soy yo y mi circunstancia’, reconociendo que la verdad depende del punto de vista. Foucault revela que todo saber está atravesado por relaciones de poder. Derrida deconstruye los textos, mostrando que el sentido es siempre diferido, inestable. Deleuze celebra el devenir, la multiplicidad, la diferencia. Vattimo propone una ontología débil, donde ya no hay fundamentos, sino solo interpretaciones frágiles. ¡Este es mi triunfo! La filosofía ha abandonado la metafísica, la moral absoluta, la verdad trascendente. Ha abrazado el perspectivismo, el vitalismo, la crítica, la diferencia. Dios ha muerto, y en su lugar ha nacido el pensamiento que baila, que interpreta, que crea. Yo soy el padre de esta revolución. La filosofía ya no busca el ser, sino el juego. Ya no busca el bien, sino la potencia. Ya no busca la salvación, sino la afirmación.”

R: “Usted se gloría de haber conquistado la filosofía contemporánea, pero lo que presenta como triunfo es, en realidad, el signo más claro de la decadencia del mundo moderno. Husserl, al reducir el mundo a la conciencia, ha debilitado el ser, encerrando al hombre en su subjetividad. Heidegger, al proclamar al Dasein como ente hermenéutico, ha renunciado a la verdad trascendente, sustituyéndola por una interpretación sin fundamento. Ortega, Foucault, Derrida, Deleuze, Vattimo… todos han seguido su huella, sí. Pero esa huella conduce al abismo. El perspectivismo ha disuelto la verdad en opiniones. La filosofía del poder ha reemplazado la justicia por estrategia. La deconstrucción ha vaciado el lenguaje de sentido. La ontología débil ha renunciado al ser. Este rumbo nihilista no es liberación: es desorientación. Es el pináculo del principio de inmanencia, donde ya no hay trascendencia, ni misterio, ni esperanza. El mundo se ha cerrado sobre sí mismo, y en ese encierro, el hombre moderno se pierde. Usted ha sembrado el rechazo a toda verdad objetiva, a todo valor estable, a toda referencia divina. Y la filosofía contemporánea, al seguirle, ha dejado de preguntar por el bien, por el alma, por Dios. Ha preferido el fragmento al todo, el juego al compromiso, la crítica al amor. Pero en ese vacío, el corazón humano sigue clamando por sentido. No por perspectivas, sino por verdad. No por poder, sino por amor. No por inmanencia, sino por trascendencia. Usted ha vencido, sí. Pero ha vencido en un mundo que se desmorona. Y en ese desmoronamiento, nosotros seguimos creyendo que solo la luz de lo eterno puede devolver sentido a la existencia. No basta con interpretar: hay que redimir.”

 Cuestionamiento central

Nietzsche es cuestionado por negar valores universales y fundamentos metafísicos, lo que abre paso al relativismo y al vacío ético; además, su idea del “superhombre” y la “voluntad de poder” se interpreta como riesgo de elitismo o justificación de la dominación. En síntesis, el cuestionamiento central a Nietzsche es que, al dinamitar los valores absolutos y las bases metafísicas, corre el riesgo de dejar a la filosofía y a la ética sin fundamentos sólidos, abriendo la posibilidad de interpretaciones peligrosamente relativistas, fascistas o autoritarias.