martes, 9 de septiembre de 2014

EL TOMISMO Y LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

EL TOMISMO Y LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
Para el historiador Felipe Barreda Laos nuestra falta de amor a la libertad y la tendencia irrenunciable a la sumisión nos viene del espíritu de sometimiento y genuflexión de la educación  colonial, centrada en la enseñanza del escolasticismo y especialmente de la doctrina de santo Tomás de Aquino.

Reforzando su argumento en su célebre libro Vida intelectual del Virreinato del Perú cita las palabras del Padre Vicente Amil y Feijoo en la iglesia Catedral de Lima el 6 de diciembre de 1780 en presencia del Virrey Jáuregui, autoridades y numeroso público. Decía el orador: “Use el príncipe bien o mal de su poder, éste siempre es de Dios, aunque la voluntad sea la más inicua. Permitamos que sea su gobierno tan tirano que ya no sea un príncipe sino un demonio; aun así, dice Santo Tomás, debe guardársele fidelidad, no dándose otro arbitrio que el de recurrir a Dios, Rey de reyes, que oportunamente ayuda en la tribulación. Sólo una excepción reconoce Santo Tomás, que es admitida de todos. Si el príncipe ordena algo contra  la ley divina, visto está que entonces no debe ser obedecido; pero ni aun en tal caso es lícito contra él la insurrección”.

Con estas palabras Felipe Barreda Laos responsabiliza al pensamiento tomista colonial de la falta de un espíritu libertario, de un ideal colectivo, de un sentimiento nacional y de la pasividad indiferente que promueve la sumisión y debilita la voluntad entre los peruanos. ¿Es esto totalmente cierto? ¿No se deja arrastrar Barreda Laos por la pasión hispanofóbica y anticlerical? ¿Acaso no hace falta una mirada más serena y matizada de los acontecimientos que haga distingo entre la política educativa colonial y el pensamiento filosófico tomista mismo junto al de los más representativos intelectuales del Virreynato? Nosotros creemos que sí, que es un error confundir ambas cosas y ponerlos en un mismo saco.

Que la Colonia suprimía la voluntad fuerte y promovía la sumisión es cierto. Que el clero, la prensa, la universidad y demás clases sociales eran hostiles a la libertad también es verdad. Que se educaba para el servilismo y para la pasividad indiferente es incuestionable. Que la iglesia tenía el monopolio educativo es otra veracidad. Que triunfó el servilismo, la adulación, la genuflexión, la hipocresía, la corrupción y el despotismo es totalmente cierto.  En suma, que durante el Virreynato se persiguió con éxito dos objetivos fundamentales, a saber, la sumisión política y social a la Monarquía y la sumisión religiosa a la Iglesia, es incuestionable. Sin embargo, esto es solamente una parte de la verdad y no toda la verdad.

Si esto fuese toda la verdad entonces no se explicarían dos cosas. Primero, el surgimiento de la neoescolástica renovada del barroco en las Universidades de Salamanca y de Coimbra, con figuras sobresalientes como los dominicos Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Bartolomé de Medina y Domingo Báñez, los mercedarios Francisco Zumel y Pedro de Oña; los jesuitas Francisco de Toledo, Benito Pereiro, Luis de Molina, Gabriel Vázquez, Gregorio de Valencia, Francisco de Vitoria, Roberto Bellarmino, Juan de Mariana. Y segundo, la indoblegable defensa del indio por el dominico Bartolomé de las Casas, el humanismo del jesuita José de Acosta, Avendaño y la defensa de los derechos indianos, el racionalismo de Nicolás de Olea, la polémica jesuita del probabilismo, la expulsión de los jesuitas en 1767 que ha habían adelantado la reforma agraria en sus haciendas, la revolución de José Gabriel Condorcanqui, la reforma intelectual propuesta por Rodríguez de Mendoza, Baquíjano y Carrillo e Hipólito Unanue.

La obra de Vitoria, Soto, Suárez, Belarmino y Mariana siguen siendo aportes fundamentales y un tesoro doctrinal para el pensamiento moderno.  Así de los jesuitas Bellarmino y Suárez parte un movimiento neoescolástico contra el absolutismo, Juan de Mariana defiende el tiranicidio. Todos ellos son humanistas que aportan el derecho de gentes, el derecho natural, el derecho de resistencia, la soberanía del pueblo y los derechos humanos, sin los cuales no se comprende bien la Revolución Norteamericana, la Revolución Francesa, la Ilustración y el movimiento independentista de América del Sur.

Por su parte, la obra de la élite intelectual de la Colonia peruana estaba transida del espíritu lascaciano y de la defensa de los derechos indianos. Que no tuvieron eco social es otra cosa, pero la realidad es que se dio un pensamiento tomista menos rígido, más creativo y muchas veces reñido con los intereses de la Monarquía y de la Iglesia jerárquica local.

El propio pensamiento del Doctor Angélico descalifica su tergiversación ultraconservadora de las autoridades eclesiásticas durante la Colonia. Su obra ofrece observaciones acerca de que el gobernante representa al pueblo (S. T. Ia, IIae, 97, 3 ad 3). De hecho la concepción de Santo Tomás es que es legítimo derrocar a los tiranos, porque el gobernante ha de responder a la confianza que se le tiene y no puede abusar de ella. El tirano puede ser legítimamente derrocado, ya que es culpable de abusar de su posición y poder. La legislación debe ser compatible con la ley moral, si no lo es entonces viola le ley de la naturaleza y ya no es ley sino corrupción (S. T. Ia, IIae, 95, 2). Por eso nunca consideró que los derechos del Estado sobre sus miembros fueren absolutos. Su fe en el destino sobrenatural del hombre y en la posición de la Iglesia le impidió aceptar la noción de poder absoluto del Estado.

Pero de esto no se le puede atribuir que piense que la autoridad fuera otorgada al soberano por el pueblo. Es cierto que en este punto no es totalmente claro, pues por momentos parece estar hablando de gobiernos elegidos por el pueblo. Sin embargo, lo cierto es que a pesar que no consideraba ninguna forma particular de gobierno como ordenada por Dios, y aunque no dio una importancia primordial a la forma de constitución, se inclinó -como destaca el Padre Copleston- por una constitución mixta en la que el principio de unidad, representado por la monarquía, se combina con el principio de administración por los mejores y con cierta medida de control popular. El Doctor Angélico estaba a favor de una monarquía constitucional, donde el primer deber del gobernante es cuidar y promover el bien común. De manera que siempre pensó que el estado tiene que ocuparse de asuntos materiales y temporales, no es departamento de la iglesia, ni creyó que el gobernante sea un vicario del Papa.

Resumiendo, podemos llegar a las siguientes conclusiones:
En primer lugar, no es cierto que todo el movimiento intelectual del Virreynato estuvo dirigido a someterse a los intereses de la Monarquía y la Iglesia local.
En segundo lugar, se dio un potente movimiento humanista teológico que bebe de las fuentes del neotomismo renovado del barroco y que tiene como noción central la idea de la libertad humana.
En tercer lugar, la polémica entre Bartolomé de las Casas y Sepúlveda decidió la suerte de la tendencia más progresista del pensamiento colonial.
En cuarto lugar, la obra política del Doctor Angélico no justifica la tiranía, al contrario, la denuncia y condena. Lo cual demuestra que en Colonia existió un tomismo reaccionario y tergiversado para justificar la dominación, y un tomismo renovado, crítico y creativo que alimentó al humanismo teológico.
En quinto, el espíritu más progresista y libertario del pensamiento humanista-teológico colonial encontró en la filosofía de la dominación y en la teología de la liberación su manifestación más reciente.


Lima, Salamanca 09 de Setiembre 2014

EL LIBERTADOR SAN MARTIN Y EL CORO "SOMOS LIBRES"

EL LIBERTADOR SAN MARTÍN
Y EL CORO “SOMOS LIBRES”
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
No hay duda que el Generalísimo don José de San Martín por juiciosas razones eligió la letra propuesta para el Himno Nacional del Perú de José de la Torre Ugarte y Alarcón (1786-1831). Al escucharla San Martín tuvo una repentina y misteriosa inspiración que lo hizo exclamar para sí: “¡Eureka!” Esto es lo que necesitan los peruanos. La verdad es que no hay pregón más puntual que la inspiración del genio. Y así fue, el Coro “Somos libres” es la parte poética de toda la letra del himno patrio que menos cuestionamientos ha recibido.

Qué razones tuvo San Martín para elegir la letra de dicho Coro. La verdad es que no es necesario que nos rompamos la tutuma buscando recónditas razones porque la historia viene a nuestro auxilio. La educación colonial, escribe el precoz historiador Felipe barreda Laos,  por tres siglos tuvo el objetivo primordial de lograr la sumisión política a la Monarquía y la sumisión religiosa a la Iglesia. Y lo logró casi a la perfección.

En lo económico la servidumbre estaba garantizada mediante la mita, la encomienda y el abuso desmedido del hacendado. El indio cuya voluntad ya había sido debilitada por la dominación incaica tuvo que sufrir su agravamiento hasta límites patológicos con la opresión colonial. El resultado fue la inercia más completa y penosa de su imaginación. Después del sofocamiento cruel de la sublevación de José Gabriel Condorcanqui o Túpac Amaru II, el resentimiento de su alma aumentó, se refugió en el pasado y vivió alejado de la civilización intrusa. El sentimiento de las otras clases sociales era similar. Las castas vivían enfrentadas y sin sentimiento de solidaridad. Las clases sociales superiores vivieron imitando a España y dejándose guiar por la conveniencia utilitaria. Solamente los aislados criollos pedían la igualdad de derechos. En otras palabras, el régimen colonial tuvo elevados éxitos para obstaculizar la formación del sentimiento nacional.

Esta falta de ideal colectivo y de sentimiento nacional fue felinamente percibida por el vencedor de Chacabuco y Maipú. Cuando San Martín desembarca en territorio peruano no se le escapa advertir la prevalencia de cierta pasividad indiferente. Lo cual debió sorprenderlo desagradablemente al heroico general argentino. Es por ello que en una de sus primeras declamaciones al pueblo peruano dice: “¡Peruanos! La expectación del mundo está sobre vosotros. ¿Confirmaréis las sospechas que se han excitado contra vosotros en el espacio de nueve años?” (Odriozola, Documentos históricos).

La independencia en el Perú no era causa popular, la libertad política no fue consecuencia de una evolución interna, no estábamos preparados para la libertad sino para la servidumbre. Para nadie es un secreto que la labor universitaria era contraria a la emancipación política. En 1819 San Marcos se desgañitaba respaldando a los oficiales realistas. El clero y los periódicos coloniales desprestigiaban la causa de la libertad. Triunfaba la doctrina de la sumisión, la obediencia, el servilismo, la genuflexión y la adulación. Clero, prensa, universidad y demás clases sociales eran hostiles a la libertad. El sistema había suprimido la voluntad fuerte y promovió la sumisión. Se carecía de voluntad y cundía la pasividad indiferente. Con razón no faltan historiadores, como Heraclio Bonilla (Metáfora y realidad de la Independencia del Perú, 2007), que afirman que la independencia del Perú, como en el resto de los países andinos centrales, no fue causa popular ni ideal, los indios se sentían mejor en el antiguo orden, y los criollos se reconocían más españoles que Fernando VII, lo cual tenían que desembocar en que la causa de la libertad tenía que ser impuesta por las armas extranjeras. El Perú se resignó a la libertad no la deseó.

Ahora se entiende por qué San Martín elige la composición literaria para el Himno que contenía el Coro “Somos libres”. Quiere emplearla como un campanazo que despierte a la multitud para aunar esfuerzos por la causa de la libertad. Entonces nos preguntamos, ¿Es que esta situación ha cambiado? ¿Tenemos ahora un ideal colectivo y un sentimiento nacional? ¿Acaso no sigue lo imitativo ahogando nuestra personalidad? Hemos vivido imitando a los españoles, ingleses, franceses, alemanes y norteamericanos. Hasta hoy no nos encontramos, salvo interregnos de rescate del sentimiento de dignidad nacional durante Castilla (siglo diecinueve) y Velasco (años setenta). Pero luego es volver a lo mismo, a la falta de carácter nacional, a la imitación simiesca del servilismo al extranjero que recorre desde la muchedumbre hasta la clase dirigente –al historiador Pablo Macera le gustaba decir “clase dominante”-. Entonces, la pregunta de base respecto al himno es si conviene o no abandonar el Coro elegido por San Martín.

La historia del Himno Nacional del Perú está atravesada por el recorrido accidentado y sinuoso de nuestra historia, por un alma nacional que busca reencontrarse y generalmente recae en la servidumbre. Accidentado porque desde temprana fecha la Marcha Nacional adoptada por el generalísimo San Martín fue dejada de lado por el Libertador Simón Bolívar, y no fue hasta el primer gobierno de Ramón Castilla (1845-51) cuando se decreta llamarla Himno Nacional y reglamentar su uso en ceremonias oficiales. Sinuoso porque desde la carta de Bernardo Alzedo a Juan de Rivera en el que se transcribe los versos originales de la “Canción” sin el “Largo tiempo…” se levanta una ola de cuestionamientos que hasta hoy no cesa.

Recordemos que durante el gobierno del General Mariano Ignacio Prado y la era del Guano en 1867 la Academia de Ciencias y Bellas Letras rechaza las letras del himno por su marcada “hispanofobia”. En 1868 el maestro italiano Claudio Rebagliati compone la “Rapsodia Peruana” cuyas armonías restaurarían el Himno con aprobación de Alzedo.  En 1873 El Club Literario de Lima alza su voz para exigir el cambio de las letras en medio del gobierno civilista del plutócrata Manuel Prado. La batahola prosigue y en el gobierno de López de Romaña (1899-1903) se autoriza el cambio de las letras del Himno. Será el momento en que el insigne poeta Chocano gana el concurso para el cambio literario del Himno Nacional. El tradicionista Palma fue jurado con la condición que la letra del Coro no se tocase. Pero no tarda en llegar la reacción oficial y 1913 el gobierno de Billinghurst decreta la intangibilidad del himno tradicional en letra y música, por considerar que corresponde a nuestro pasado histórico.

Pero el calabaceo no cesa. En 1954, durante la dictadura del General Odría, aparece la obra póstuma del músico Carlos Raygada, demostrando rotundamente que los versos “Largo tiempo…” no pertenecen a Torre Ugarte. Nuevamente la postura conservadora se tambalea y la Ley de Intangibilidad se torna espúrea. Lo que viene después es más conocido. El historiador tacneño Gustavo Pons Muzzo y su colega Juan José Vega respaldan la argumentación de Raygada en sendos estudios de la década del 80. En el nuevo siglo veintiuno son dos las personalidades que renuevan el debate, a saber, Santiago Agurto Calvo (Levantando la humillada cerviz, 2004) y el cusqueño radicado en Lima Julio Rivera Dávalos (El mito de un símbolo patrio, 2004; El poder de un símbolo patrio, 2008). Ambos urgieron al Congreso y a diversas instituciones a definir los cambios al Himno. Rivera incluso propuso con fundamentación filosófica una nueva letra de extremo a extremo.

Como se ve ilustres personalidades de nuestra cultura, como Ricardo Palma, Manuel González Prada, José Santos Chocano, entre otros, cuestionaron sus letras y hasta el presente los impugnadores de la letra subsisten. Los reclamantes se distribuyen en dos grandes grupos: los reformistas parciales (que buscan solamente sustituir la estrofa apócrifa) y los reformistas totales (que pretenden una nueva composición literaria acorde a los nuevos tiempos). La propuesta más reciente –perteneciente al himnólogo Julio Rivera Dávalos- ha llegado a proponer la sustitución completa de sus letras. Y con esto el revuelo sobre la pertinencia de la composición literaria del himno nacional del Perú continúa, por más que se la haya maquillado durante el gobierno aprista de Alan García con un intercambio de estrofa.

En su memoria el virrey Gil de Taboada y Lemos dice: “El Gobierno es el primero que saca partido de los periódicos, pues por su medio puede insensiblemente hacer propaganda hasta las máximas que estime oportunas, y que al abrigo del deleite con que se lee este género de escritos, se arraigan con mucha más fuerza”. Estas palabras pueden explicar la opción de San Martín por el Coro “Somos libres”, pues una canción penetra con más facilidad que un artículo de periódico en las voluntades y sentimientos. Pero debemos interrogarnos si efectivamente ocurrió así. Entrado ya el Perú en la ruta del bicentenario se puede acaso asegurar que ya tenemos un ideal colectivo y un sentimiento nacional. Acaso no vivimos imitando actualmente a Norteamérica y los académicos repitiendo el magisterio extranjero.  ¿La libertad política es necesariamente equivalente a libertad psicológica? No seguimos con las mismas taras de genuflexión, corrupción, hipocresía, servilismo y despotismo. ¿Es suficiente la letra de un himno para contribuir al cambio de mentalidad? ¿No siguen siendo hasta hoy considerados los defensores de la libertad como propagadores de herejías y excomulgados vitandos?

Con todo esto no se quiere decir que los peruanos son reactivos a echar raíces en ningún jardín libertario, ni poner casa con azulejos a ninguna moza. Quien no entienda la acepción figurada en la frase y crea que estanos majadereando, hay que recordarle la parsimonia estéril de sus horas muertas como la tentación irresistible y el móvil de un calendario plagado de feriados.

Moraleja: para forjar un carácter amante de la libertad no basta con escribir un libro, o bellos versos o mantener el Coro del himno patrio, sino –y para escándalo de los abúlicos- hace falta pasión por la justicia y la verdad. Esto es verdad, salvo por un detalle. Y es que hoy vivimos tiempos antiheroicos, una cultura posmoderna light, del menor esfuerzo, hedonista, nihilista, superficial e inculta hasta el tuétano. Pero no todo es tan burdo como un alcornoque. ¿Estaremos pisando la franja de la spengleriana decadencia civilizacional? Es posible, pero sin más kiries y letanías emprendamos el supremo esfuerzo de comer esta aceituna sin su pepa, para reconstruir el ideal colectivo y el sentimiento nacional.


Lima, Salamanca 09 de Setiembre 2014

sábado, 30 de agosto de 2014

LA FILOSOFÍA Y LOS OVNIS

LA FILOSOFÍA Y LOS OVNIS
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 

La filosofía en acepción tradicional es la búsqueda de la verdad, pero no de cualquier verdad sino de la verdad del ser. No obstante, la verdad de la filosofía no sólo tiene que ver con la ontología en general, sino también con la ontología regional o la verdad del ente. En este sentido, cabe preguntarse qué son esos entes que aparecen desconcertantemente en los cielos de todos los países y son captados por cámaras que dudosamente se dejarían engañar.

Los constantes avistamientos y filmaciones de ovnis en casi todo el planeta, desde Rusia, hasta EEUU, Jerusalén y México, India y Perú, prácticamente desde todos los rincones del mundo, y con la desclasificación de documentos sobre ovnis por algunos gobiernos del mundo, cabe que la filosofía busque alguna respuesta al respecto.

El fenómeno ovni existe, pero nadie se pone de acuerdo sobre lo que es. Al respecto se han elucubrado las siguientes hipótesis:
a)     Hipótesis psicológica.- Es la alucinación de nuestro tiempo tecnológico. Si antes se creía en sirenas, duendes y centauros, ahora todo –incluso las alucinaciones- pasa por el rasero del criterio tecnológico. La objeción general que se le suele hacer a esta hipótesis es que los propios artefactos tecnológicos no son susceptibles de alucinaciones y por tanto rebasa el carácter de alucinación mental, sin que ello signifique que no se puedan dar casos de alucinaciones ovnis.
b)     Hipótesis mítica.- Es el mito de nuestra época científica. El pensamiento científico también suele crear sus propios mitos y si antes se creía en la ciudad del cielo ahora se prefiere creer en la ciudad de los extraterrestres. Objeción: Sin negar que esto es efectivamente cierto y se confirma con sectas ovnifílicas, no obstante la evidencia material ratifica que se trata de algo más que un mito.
c)      Hipótesis parapsicológica.- Se divide en dos partes: la de origen humano y la de origen espiritual. Y ambas sostienen que el fenómeno ovni es real pero sería creado por fenómenos parapsicológicos de la mente humana o del reino de los espíritus. Objeción: sin negar que el poder parapsicológico pueda crear fenómenos protoplasmáticos visibles, sin embargo, los relatos de aviadores civiles y militares de avistamientos de aparatos desconocidos que emprenden una rauda huída, acercamiento u ocultamiento desvirtuaría tal origen.
d)     Hipótesis demonológica.- Afirma que se trata de criaturas inteligentes, espirituales y corporales que se presentan con apariencia tecnológica, pero no son de origen extraterrestre, sino demoníaco, y que responde al plan del maligno por descaminar a la humanidad de su salvación eterna haciéndole creer en seres superiores de origen desconocido. Objeción: sin negar que esta alternativa pueda darse y se esté dando, no obstante su acción destructiva estaría limitada a la merma de la fe y no a lo material. Los ataques físicos de ovnis reportados son bastantes poco numerosos. Además, siendo demonios llamaría mucho la atención que su presencia, como sea de esperar, no sea agresiva físicamente.
e)     Hipótesis angelológica.- Sostiene que no sólo se trata de la presencia de demonios con apariencia tecnológica, sino también de ángeles con apariencia luminosa, que constantemente han visitado a la humanidad. Objeción: Enfoque muy plausible pero que no agota toda la explicación del fenómeno ovni, puesto que muchas civilizaciones antiguas suelen describir en tumbas, pinturas y templos constelaciones coincidentes en el cielo.
f)       Hipótesis alienígena.- Piensa que los ovnis son el principal testimonio material de la presencia de criaturas inteligentes hiperdesarrolladas, que vienen de las estrellas y no necesariamente de origen humano. Objeción: Perspectiva tampoco descartable pero que supone el dominio del viaje espacio-temporal a través de una física aun desconocida para nosotros. También llama la atención su reticencia a tomar contacto con una civilización tecnológica como la humana.
g)     Hipótesis eclesiológica.- Las diversas iglesias comienzan a pronunciarse sobre la posibilidad de dar el bautismo, si lo pidieran, a las criaturas extraterrestres inteligentes. Objeción: no se comprende por qué una especie no humana inteligente tenga que haber concebido necesariamente la idea de Dios y creer en él. Es más, pueden ser no sólo ateos, sino deístas o panteístas.
h)     Hipótesis terrícola.- Los ovnis no son extraterrestres sino terrestres pero de origen no humano, se trata de una especie no humana que alcanzó el nivel inteligente hace millones de años, sobrevivió a las grandes extinciones y catástrofes en la tierra y actualmente vive debajo del mar y de la tierra. Objeción: Aunque se han descubierto especies que se creían extintas como el celacanto, no se entiende por qué una criatura inteligente de origen terrestre tendría que ocultarse permanentemente debajo de la superficie de la tierra.
i)       Hipótesis catastrofista.- Los ovnis son un peligro para la humanidad por lo cual los seres humanos deberían dejar de buscar vida inteligente extraterrestre debido a que la experiencia histórica demuestra que en el contacto la civilización inferior es destruida (Stephen Hawking). Objeción: Razonamiento muy convincente, pero que olvida que también es posible entrar en contacto sin necesariamente hacer daño. Actualmente esto lo hacen los antropólogos en el estudio de las sociedades primitivas.
j)       Hipótesis apocalíptica.- Su avistamiento masivo en nuestra era tecnológica es un anuncio del fin de los tiempos, donde el Anticristo vendrá con carros de fuego a iniciar el Armagedón. Objeción: no hay fecha ni se conoce el momento exacto de este acontecimiento soteriológico, por lo que es difícil relacionarlo con él.
k)     Hipótesis conspirativa.- Son operativos de armas ultrasecretas de las principales potencias del mundo que saldrán a la luz en el momento indicado. Objeción: aunque se conocen los proyectos de las potencias para construir ovnis, no obstante llama la atención su inquietud y preocupación por las características tecnológicas (velocidad, invisibilidad, presencia en el espacio exterior, etc.) que presentan estos fenómenos y que los obliga muchas veces a guardar silencio, cuando no emitir una discreta opinión.
l)       Hipótesis futurológica.- Los ovnis no vienen del presente ni del pasado, vienen del futuro y por eso no pueden entrar en contacto porque simplemente el pasado que somos nosotros ya fue y no es. Nosotros pertenecemos a un universo que ya dejó de existir hace miles de millones de años y vivimos una ilusión. Objeción: los supuestos seres del futuro si tienen el poder de viajar hacia el pasado entonces tendrán el poder de revertir la entropía del universo supuestamente extinto, con lo cual el pasado sería presente y no habría obstáculo para el contacto.
m)   Hipótesis moral.- El uso de razón supone la distinción del bien y del mal, es decir supone la presencia del juicio moral. Si los ovnis representan inteligencia que nos visitan desde antaño entonces no se explica su impasibilidad ante tanta destrucción generada en la historia por la humanidad. Objeción: si son demonios tienen que estar conformes con la destructividad humana, si son otra especie pueden tener otros códigos morales no aplicables a nosotros.

Por interesante que resulte, creo que no es necesario proseguir con una enumeración de hipótesis. Al parecer la humanidad tendrá que esperar a tener en sus manos algún ovni o el contacto con estos. Mientras tanto todo cabe en el horizonte de las hipótesis. Muchas veces lo real supera a la ficción, por lo cual lo más prudente será no dar un juicio definitivo sobre el fenómeno ovni.


Lima, Salamanca 30 de agosto 2014

miércoles, 27 de agosto de 2014

COSMOLOGÍA DEL NEUTROVACÍO Y MISTICISMO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
Al llegar al final de este libro quizá el lector se pregunte por la relación de la extraña idea del neutrovacío con las experiencias místicas. Y efectivamente es posible trazar un paralelo no sólo con la mística primitiva, sino también con la mística precristiana y la mística cristiana.
El neutrovacío es, según la teoría cosmológica planteada, aquel estado potencial de la materia que hace posible el espacio, el tiempo, la materia y la antimateria. Es decir, nos retrotrae al momento en que el universo aun no es y está a punto de ser. En lenguaje teológico no es el creador, estaría antes de la creación y es aquello con lo que se hace lo creado.
En estos términos se puede establecer una visión parecida en la tradición mística universal. Así, por ejemplo, en la mística primitiva del chamanismo, como nos ha demostrado excelentemente Mircea Eliade, basada en poderes paranormales se trata de revelar lo sagrado y lo transhistórico mediante una muerte extática que permite descender a los infiernos y ascender a los cielos. Esto es, el éxtasis del chamán a lo más que llega es al comienzo del cosmos, al universo invisible, a la visión del paraíso, pero no va más allá del cosmos, no va antes de la creación, sino que se queda en ella. Su visión es una extática poesía universal del acercamiento y del alejamiento respecto al Ser Supremo. Su visión retrocede al in illo tempore de la humanidad arcaica antes de la caída cuando estaba unida a los dioses, pero no trasciende la creación. El chamán en sus técnicas de meditación metafísica viaja por el cosmos pero no sale de él. En cambio el yogui saldrá del cosmos.
En el hinduismo con el Brahman y el atman, y en el budismo con el “Buda eterno” se da una genuina comunión del hombre con lo impersonal de la divinidad. Se trata en ambos casos de una unión por absorción donde el hombre alcanza la inmortalidad o el fin del sufrimiento cuando se hace uno con el yo universal o cuando por el óctuple sendero accede en perfecta serenidad al nirvana. Según una escuela budista la realidad última es el Vacío, el Sunya, sobre el que no se puede afirmar nada y sólo es posible alcanzar por experiencia mística. Según otra escuela, la realidad última es la Talidad, que no es ni existencia ni no existencia, ni cualquiera de los opuestos, y es, más bien, la realidad suprema. El Buda eterno no es la persona histórica de Buda, sino la naturaleza búdica, el dharmakaya, es decir el Absoluto que está más allá de todo pensamiento y percepción. Mientras que en el hinduismo la realidad verdadera es el Brahman, que forma una unidad entre el yo personal y el Absoluto, y donde el mundo exterior es un velo engañador que oculta la realidad verdadera.
En este contexto asombra el parecido de la idea cosmológica del neutrovacío con el Nirvana y la Talidad del budismo, más que con el Brahman del hinduismo, porque si bien está más allá de los opuestos no obstante no niega el sentido real de la historia ni del mundo material. El neutrovacío no se adscribe al velo de maya. La idea cosmológica del neutrovacío guarda relación con la inmersión en lo Uno, más allá de toda dualidad, tanto del hinduismo y del budismo, pero sin negar la realidad del mundo material ni la individualidad personal.
Ahora si nos remitimos al neoplatonismo y su misticismo, que guarda una relación con el hinduismo, y busca liberar al alma de su cárcel material para disfrutar permanentemente de su visión de la unidad con el Uno, que es trascendente, completamente incomprensible, está más allá de la esencia y la existencia y que genera el cosmos por una serie de eones, se puede apreciar la visión de un primer principio del ser que trasciende todas las categorías del pensamiento humano, el cual, no obstante, lo llega a captar por éxtasis. En el neoplatonismo debajo del Uno está el Nous o la inteligencia, espíritu o mente; el cual engendra la Psykhe o Alma del mundo; esta Alma del mundo es responsable de la existencia de nuestro cosmos y de las almas individuales humanas. Es decir, para un neoplatónico, suponiendo que lo hubiera actualmente, como efectivamente los hay en el gnosticismo, el neutrovacío ya fue entrevisto en el Alma del mundo.
Otra cosa son las visiones místicas que presentan las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el islamismo y el cristianismo. Judaísmo e islamismo subrayan por igual la más absoluta trascendencia de Dios, pero el primero se diferencia por haber descubierto la presencia interior de Dios en el alma humana. Mientras que el cristianismo se distingue por tener como base a la encarnación. Cristo es el Verbo y la unidad del Logos con Jesucristo es indisociable junto a la unicidad salvífica de Cristo y de su Iglesia. Esta postura dentro de la Iglesia se conoce como paradigma del cristocentrismo inclusivo para evitar el relativismo religioso que implica el teocentrismo y para salvar la espiritualidad y recuperar al mundo de la oscura y nihilista secularización.
Pues bien, en Proverbios –cuya redacción definitiva es probablemente del siglo IV antes de Cristo- se presenta a la sabiduría no como algo abstracto, sino casi como a una persona, como si fuere una especie de eslabón entre Dios trascendente y sus criaturas. Es el famoso capítulo octavo: “Diome Yahveh el ser en el principio de sus caminos…Antes que los abismos, fui engendrada yo…Cuando fundó los cielos allí estaba yo…Estaba yo con Él como arquitecto…”. Esa función de la sabiduría aparece todavía más clara en el libro que lleva su nombre –probablemente escrito por un judío de Alejandría del siglo II antes de Cristo-:”más ágil que todo cuanto se mueve…porque es un hálito del poder divino y una emanación pura de la gloria de Dios omnipotente…el espejo sin mancha del actuar de Dios, imagen de su bondad” (7, 24-26). Pero en el Antiguo Testamento junto a la Sabiduría y a la Palabra divina se menciona al Espíritu. En Ezequiel aparece dos veces y se le llama “el Espíritu Santo” (50, 3).
Como sabemos resulta contraria a la fe cristiana establecer cualquier separación entre el Verbo y Jesucristo, el cual es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable. Si para Filón, la Palabra, el Logos de Dios, era un ser inferior al mismo Dios; en san Juan, por el contrario, “La Palabra era Dios. Él estaba al principio en Dios… Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (1, 1s. 14). Esta revelación del cristianismo fue en su tiempo tan revolucionaria que fue calificada de “locura” por los griegos y de “escándalo” por los judíos. Todas las religiones aspiraban a unirse con lo divino, pero nunca se pensó que el mismo Dios se pudiera unir al hombre. Pero lo que era más “escandaloso” para los judíos consistía que el misterioso Logos-Dios se hubiera hecho hombre. La respuesta lo da el propio Juan al explicar que el amor divino es lo suficientemente poderoso como para salvar la infinita distancia que existe entre el creador y las criaturas: “Tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo.”
Por lo cual sería descabellado establecer un paralelo entre el Verbo y el neutrovacío, ésta última aparece como una “Superfuerza” que da ocasión para existir a las fuerzas fundamentales de la naturaleza, pero una fuerza inconsciente y ciega de la naturaleza jamás será superior a una persona y Cristo es una naturaleza personal, a la vez humana y divina. El Hijo o el Verbo (Logos) en el prólogo de san Juan, aparece estrechamente relacionado con la creación del mundo, porque “todas las cosas fueron hechas por él”. Pero no es contrario a la fe cristiana pensar que aquel que “da el ser antes de los abismos” pueda crear algo como el neutrovacío para generar el universo. Al contrario, deja mucho lugar para ello. No hay obstáculo para pensar que creó el neutrovacío para “fundar los cielos”. Porque si Dios es, es omnipresente y omnipotente y así se lee en Jeremías: “¿Soy yo, por ventura, Dios sólo de cerca?... ¿No lo soy también de lejos?... ¿No lleno yo los cielos y la tierra?” (23-23 ss.). Y sólo así se puede comprender la magnífica visión inaugural de Isaías, el señor sentado en un elevado trono rodeado por serafines que cantaban “Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos, toda la tierra está llena de su gloria” (6.1), como experiencia auténtica de la trascendencia e inmanencia de Dios. En cambio en el otro extremo se halla la mística de la India, que considera al mundo como una completa ilusión y pretende huir de él hacia un misterioso nirvana. Tampoco el Mahoma preexistente de la mística islámica, ni el Carro o el Shekhinah de la mística judía, entra en el mundo del hombre como un ser humano. Mientras el cristianismo deja intacta la frontera entre lo humano y lo divino, tratándose de una identificación moral, de una unidad de fe y amor; en cambio, en la mística de la India se borra la diferencia entre lo humano y lo divino, porque el hombre es realmente de la misma substancia del Brahman, es un identidad metafísica.
Como vemos el pensamiento místico, tanto primitivo como superior, ha ofrecido ideas que van antes de la creación del cosmos, la materia, el mundo, los cielos y la tierra. Y por eso no es extraño que la ciencia moderna cuando, a través de la investigación fundamental, se adentra en los misterios de la materia, la energía y del universo se vuelva a plantear los impenetrables misterios de la religión. Especialmente en el cristianismo hay un simbolismo muy significativo, el cual consiste en que cuando Dios, que es espíritu, se hizo hombre, santificó las cosas materiales. Es lo que alude san Pablo en su carta a los Filipenses cuando escribe que Cristo “se anonadó” (2, 7). Es decir, el mundo de la materia lejos de encarnar el mal y ser lo opuesto a lo divino, cuando está santificado y es empleado sacramentalmente es camino hacia Dios. Ya Jesús le habla a la mujer samaritana del “agua viva” y se refiere al agua bautismal como “una fuente que salte hasta la vida eterna”. Si el Verbo hecho carne habló de las potencialidades espirituales del mundo material, no es muy difícil pensar que todas las cosas que fueron hechas por el Logos ya tenían algo de espiritual. De modo similar el neutrovacío, derivado de una matemática vectorial, impone el desafío de imaginar un estado potencial y no actual de la materia, más allá de lo existente y no existente, antes del tiempo y del espacio, y que dio lugar a universos de materia y  antimateria. Así, es comprensible que sobre los problemas últimos del cosmos, la ciencia, la filosofía y la teología se reencuentran de modo inevitable y, a la vez, fecundo. Y la teoría cosmológica del neutrovacío tiene la virtud de volverlo hacer.
A partir de esto afirmo que la idea del neutrovacío está más inspirada en el monoteísmo judeocristiano, porque si bien está más allá de este mundo espacial y material, sin embargo no está más allá del Creador, ni se identifica con él, y más bien hace posible al mundo material y lo explica. Es casi un puente de orden natural entre la absoluta trascendencia de Dios y su lado inmanente. Es por eso que atribuyo raíces cristianas a la idea científica del neutrovacío. No es casual que se formule dentro de un contexto cultural y religioso dominado por la tradición cristiana. Lo cual, además, indica las bases religiosas que subyacen detrás de las formulaciones científicas. Es más, las revoluciones científicas tienen un trasfondo religioso, que no siempre está en auge y puede presentar también un rostro decadente.
Por su parte, para el monismo materialista que excluye la solución trascendente del origen del universo se le presentan tres soluciones filosóficas: la del azar, la de la necesidad y lo contingente. Si el mundo es el reino del cambio, lo fugaz y transitorio, entonces todo se debe al azar. Esta sería la solución heracliteana del puro devenir. La dificultad es aquí explicar la formación de estructuras complejas altamente organizadas que parecen obedecer a un fin nada azaroso. Si el mundo es el reino de lo permanente, idéntico y lo uno, entonces todo se debe a la necesidad. Esta sería la solución parmenídea del ser inmutable. La dificultad aquí estriba en el hecho de la existencia de la libertad y lo no determinado causalmente. Si el mundo es el reino de lo contingente, de lo posible y de lo que puede suceder, entonces es el reino del compromiso entre el azar y la necesidad. Esta es la solución democriteana de que el cosmos no está completamente predeterminado ni es contingencia absoluta. La dificultad aquí radica en que el compromiso entre el azar y la necesidad difícilmente puede dar cuenta de la presencia de leyes y tendencias generales permanentes en las estructuras organizadas. Por lo cual persiste la pregunta sobre por qué tuvo que nacer el universo. Es decir, cuál es su propósito para existir. Recientemente el físico y cosmólogo británico Stephen Hawking ha propuesto una teoría de la creación del universo donde el cosmos se originó a partir de un agujero negro infinitesimal pequeño y denso, donde no existía tiempo, espacio, materia y energía. Y razona que no existe un Creador porque no hay un tiempo antes del Big Bang en el que el creador pudiera crear. Preguntar por dios es como preguntar por el borde la tierra, sencillamente no lo hay porque es esférica. Esta explicación de Hawking tampoco rebasa las dificultades intrínsecas a la solución democriteana, porque inscribiéndose dentro de la solución temporalista e inmanentista de las filosofías contemporáneas no distingue entre temporalidad y eternidad.  Además, no se explica de dónde salió el agujero negro infinitesimalmente pequeño y denso. Si tiene origen es limitado, entonces alguien o algo lo causó y con qué fin. Si no tiene origen es incausado, y si es incausado es no sólo infinito sino eterno. Si es eterno remite al ámbito de la eternidad y da pie a suponer que no es lo único que pueda agotar dicha eternidad. Es más, si dicho agujero negro actúa como fuerza inconsciente, nada impide afirmar que se derive de una voluntad suprema. Con o sin origen dicho agujero negro sería un ente cuyo ser no depende de sí mismo y le viene desde fuera. Es decir, el ateísmo es insuficiente.
Frente a estas posturas la teoría cosmológica del neutrovacío no adopta una postura atea ni un materialismo naturalista cerrado (como es el caso de la tradición positivista), dejando abierta la posibilidad de un Creador providente y omnipresente. Ya hemos dicho que Álvarez Vita se atiene a un prudente agnosticismo moderado. Como Popper él no tiene inconveniente de asumir que la metafísica no es científica, pero no tanto porque sea irrefutable sino porque no restringe el criterio de verdad a lo fenoménico y admite lo nouménico. En este sentido, la metafísica es en realidad otro modo legítimo de conocimiento de la realidad. Incluso no tendría inconveniente para admitir que junto a las ciencias formales y las ciencias factuales está la ciencia metafísica. Lo cual tiene una implicancia de primer orden, porque supone que en la explicación científica de la naturaleza es posible recurrir a un principio espiritual. Es más, se puede asentir que así como el mundo material es conocido a través de los sentidos corporales (incluida la tecnología), el mundo espiritual es conocido a través de los sentidos del alma. Orígenes fue el primero en enseñar que, si el cuerpo tiene cinco sentidos, también los tiene el alma. Pero no hay que confundir los sentidos espirituales del alma (ver ángeles, oír voces, gustar el pan vivo, palpar al Verbo y oler la fragancia del Verbo) con el sentido divino del alma (sentir e inteligir que el alma humana tiene semejanza con Dios). Además, el total desarrollo de ,los sentidos del alma entra en la perfección de la vida mística. Dicho de otra manera, el conocimiento del cosmos no se agota en el ejercicio de los sentidos corporales porque también implica los sentidos espirituales y místicos.
Es decir, no tiene sentido reducir al final todo a la materia única, violentando la realidad del espíritu. Esta reducción de lo superior a lo inferior es lo que ya habían rechazado tanto Teilhard de Chardin como Nicolai Hartmann. Incluso el propio Marx no concibe a la naturaleza independientemente del hombre o sea del espíritu. La acentuación unilateral del materialismo y naturalismo es obra de Engels, que estuvo más influido por las teorías científicas mecanicistas del siglo diecinueve.
De manera que si “espíritu” es sinónimo de “finalidad”, entonces admitir que lo superior no es reducible a lo inferior implica que la realidad inferior de la materia obedece a la finalidad superior del espíritu. De qué espíritu. A nivel cósmico no puede ser otro que del “espíritu de Dios”. Con lo cual planteamos nuevamente la prueba teleológica de la existencia de Dios y con lo cual se explica la existencia de la trama estructurada del universo millones de millones años antes de que existiese el hombre. Es decir, en el mundo natural no hay estructuración de una materialidad pura que no esté atravesada por una finalidad superior de carácter espiritual. Finalidad, por lo demás, que no sólo involucra a la materia sino también al alma humana. ¿De dónde podría venir esta finalidad superior si no es, sino, de un ser omnipresente y omnipotente; es decir, Dios? Nuestro tiempo descreído, de afloramiento del misticismo gnóstico y de pérdida de fe incluso en la realidad humana, se inclina a creer en seres alienígenas superiores capaces de dar sentido al universo. Incluso las iglesias se preparan alegremente para dar bautismo a los seres de otros mundos. Sin embargo, lo que se hace es trasladar el problema a un contexto meramente hipotético sin afrontar una real solución. Pues, de haber dichos seres también su entidad deben su ser al origen mismo del ser que es Dios.
Lo verdaderamente sorprendente del neutrovacío es que sus postulados nos lleven hacia un universo infinito pero limitado, en vez del modelo estándar del universo finito pero ilimitado. Infinito porque similar al modelo de Fred Hoyle el universo se concibe como una creación continua de materia y antimateria, y limitado porque tuvo un comienzo y tendrá un final. Esto es, el modelo del neutrovacío no coincide con la amplísima variedad de modelos del universo en  una cosa, a saber, el universo no está en equilibrio. En el sentido que no existe la asimetría de materia y antimateria. Pero revela algo más importante, si la ciencia nos hace ver lo invisible no viéndolo, con cuánta más razón la religión y la metafísica nos lleva hacia lo infinitamente trascendente que sólo se puede expresar con paradojas. Efectivamente, en el conocimiento humano mismo se opera un acto sacramental, porque el hombre experimenta en la relación cognoscitiva que hay algo semejante entre él y el mundo, esto es, su condición de criaturas. Pero sobretodo experimenta que forma parte de un cuerpo eucarístico que lo asemeja al mismo Creador. Bien decía Gregorio de Nisa en sus sermones sobre el Cantar de los Cantares: “Ni el cielo fue creado a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni cualquiera otra de las cosas que aparecen en la creación. Solamente tú has sido hecha la imagen de la naturaleza que está sobre toda inteligencia, la semejanza de la belleza imperecedera.” Por esta razón el hombre es capaz de encontrarse con Dios a través de la virtud y la fe.
De manera que el neutrovacío al mismo tiempo que nos adentra en los enigmas del universo, también nos conduce por el camino que indaga por la divina grandeza y misterio de Dios. Es paradójico cómo a través de la virtud y la fe se puede ir más allá del misterio del cosmos. Como si el orden de la naturaleza sólo fuera la premisa de un orden superior de índole ético-religioso. “Ver lo invisible no viéndolo” en la razón y en la fe, son indispensables al hombre para llevar una vida más humana, llena de sentido y fin preternatural. Y ésta es la gran paradoja del conocimiento humano, que el deseo de conocer y amar se satisface por el mismo hecho de quedar insatisfecho. No sólo el mundo material, sino también el mundo espiritual embriagan con su presencia, es un éxtasis que coloca al alma más allá de los sentidos corporales y todo se convierte en un espejo que refleja la belleza divina. Y esto se puede constatar no sólo con la fe sino también a través de la razón. Con mucha justicia Platón y Aristóteles son considerados como los fundadores de la teología natural, por haber demostrado que por la razón natural se puede llegar al dios-idea de la metafísica, distinto al Dios-vivo de la fe. De modo que el ateo que hace uso de su razón no llega a Dios por defecto de su propia razón, sino porque ésta se encuentra trabada por el pecado de la soberbia, orgullo y vanagloria. Los filósofos griegos demostraron que la razón natural llega a Dios sin inconveniente alguno y los filósofos cristianos demostraron que es el pecado lo que impide al hombre unirse con Dios. Pues el hombre viene al mundo –como todas las cosas- con el perfume de Dios, pero es la única criatura que por estar herido por la saeta del amor divino desea volver a Él. Pero la mente humana cuando se dispone ante Dios parpadea frente a la luz divina. Dicha visión beatífica tiene sus grados, va desde la inocente y amorosa mirada del crío de pecho a su madre, pasa por el ojo sensible que recorre el mundo de las cosas, hasta llegar al punto más elevado del espíritu como es el ojo del alma, donde ya no es el hombre el que ilumina sino que es iluminado por una resplandeciente luz incircunscrita que arrebata el alma en el rocío de una inmensa fuente de verdad.  De modo que el hombre va ascendiendo desde la captación de lo invisible en lo visible de la naturaleza hasta la captación de lo visible en la invisible divinidad. Conocer es presentir la cosa oculta, se trata de un tacto espiritual que eleva lo intelectual a verdaderas profundidades siempre veladas y que sólo se dejan atisbar.

Por otro lado, por relacionarse con la problemática del neutrovacío y porque enriquece la comprensión de la teoría cosmológica voy a reproducir la participación que tuvo Giorgio Piacenza en el Foro “La Serpiente de Oro”, en el mes de agosto del 2014, sobre el tema: “Restableciendo la existencia de Dios”, y a continuación mi intervención.

FORO “RESTABLECIENDO EXISTENCIA DE DIOS”

“HACIA LA RE-INCLUSIÓN DE LA EXISTENCIA
DE DIOS EN EL DISCURSO CIENTÍFICO Y RACIONAL”
Por
Giorgio Piacenza
Sociólogo y filósofo
“La existencia de Dios o de una forma de ser metafísicamente anterior a la física (incluyendo a la física cuántica) es una propuesta razonable y necesaria e inclusive válida para una cosmología científica seria, aun con teorías tales como la de la inflación 'eterna', teorías cíclicas, teorías de múltiples universos, universos que chocan generando otros universos y otras teorías relacionadas al Principio de Incertidumbre y a fluctuaciones cuánticas. Esto en parte se debe a que la demostración que no puede existir un pasado físico que se extienda hacia el infinito es hoy en día muy coherente en cosmología. Sin embargo, esta idea no se reproduce suficientemente en el medio social-científico y en la educación popular quizás debido a serios prejuicios y a una resistencia sicológica, política y cultural a cambios paradigmáticos, algo que en realidad es "a-científico". 

Véase el modelo de Vilenkin, Borde y Guth (sí Alan Guth, uno de los padres de la teoría de inflación cosmológica). Debería existir un "borde" o situación "límite" en el espacio-tiempo, sea que solo exista un universo o múltiples universos.

Sin embargo pienso que esta situación "límite" no es necesariamente una singularidad en el sentido de algo físicamente infinita o infinitamente densa. La singularidad podría ser un tipo de comienzo en la indefinición del espacio-tiempo.  Además (según Aristóteles y el propio matemático David Hilbert –y por favor leer sobre el "Hotel de Hilbert" sobre este asunto) no podrían existir infinitos físicos actuales sino solo potenciales, conceptuales, matemáticos. Lo trascendente a espacio-tiempo materia-energía debería existir como una situación metafísica anterior (no en el tiempo sino ...metafísica y necesariamente).

Si físicamente hablando ni el universo (o quizás un multiverso) pueden existir extendiéndose hacia un pasado de infinita y constante generación tendríamos en última instancia manifestaciones dependientes de un ente menos contingente que lo físico. Lo rescatable a partir de algunos significativos estudios cosmológicos - que se detallarán un poco más a continuación - es que el universo y/o multiverso requeriría un comienzo y no serían parte de interminables comienzos en la eternidad aunque se postulen como determinados por las fluctuaciones de un vacío cuántico sin comienzo ni fin. La pregunta también podría llevarnos a intentar determinar si el ente pre-físico del cual dependería nuestro universo sería de naturaleza matemática y/o en un sentido más profundo que el matemático en ultima instancia metafísicamente anterior a lo matemático y completamente indeterminado.

Podría existir un nivel metafísico superior necesario para la existencia del ámbito espacio-temporal físico (como el universo de información propuesto por Vlatko Vedral, profesor de teoría de Información Cuántica de la Universidad de Oxford o el tipo de multiverso matemático propuesto por Max Tegmark, cosmólogo del Massachusetts Institute of Technology) pero – a mi entender - tampoco estos en última instancia podrían coherentemente existir por sí mismos, solo el Ser Absoluto y que necesariamente debe existir por sí mismo sería el fundamento de la secuencia. Deberíamos intentar llevar la lógica y la indagación a sus límites para desarrollar aún más los límites del pensamiento racional moderno y posmoderno científico aun cuando esta ampliación requiera un nuevo reconocimiento de la metafísica. Esto no sería un retorno a creencias imaginarias sin verdadero sustento, sino un movimiento intelectual de integración post dicotómico claramente necesario para una integración superior entre física y metafísica. Esto sería necesario para superar la superficialidad y el relativismo que nos aquejan en la posmodernidad cuando deberíamos hallar principios inteligibles y de convivencia más inclusivos de consecuencias éticas integrativas.

Según Alexander Vilenkin, profesor de física y director del Instituto de Cosmología de Tufts University y autor de Many Worlds in One: The Search for Other Universes, las teorías de inflación eterna son geodésicamente incompletas. Además, los universos cíclicos no serían posibles hacia un pasado infinito porque en pocos ciclos acumularían más entropía de la que observamos. Estos universos pronto llevarían a la muerte térmica. Y finalmente los universos oscilantes y asintóticamente estáticos sufrirían de inestabilidades cuánticas.

El artículo científico de Vilenkin, Guth y Borde titulado “Inflationary Spacetimes are not Past-Complete” nos informa sobre algunos conceptos iniciales sobre porqué los modelos inflacionarios requieren un tipo de física distinta a la inflacionaria para explicar un límite en el pasado para explicar la inflación de una región del espacio-tiempo. El link puede hallarse en http://arxiv.org/abs/gr-qc/0110012 y en Phys.Rev.Lett. 90 (2003) 151301

También podemos hallar una presentación video grabada de Vilenkin en  https://www.youtube.com/watch?v=NXCQelhKJ7A

El universo y/o los universos tendrían un origen finito; tendrían un comienzo y quizás un comienzo absoluto en el sentido que no se podría decir que existían físicamente ni siquiera en relación a un vacío cuántico pluripotencial que también en última instancia sería una entidad contingente.

Interpretaciones importantes de la mecánica cuántica han reconectado al observador con lo observado y según la Holografía Cuántica la información y el contenido subjetivo serían factores fundamentales para la realidad concreta de objetos físicos espacio-temporales por lo que la separación excesiva entre lo físico y lo mental  propia del racionalismo materialista moderno estaría siendo superada. ¿Por qué el siguiente paso no podría ser la reincorporación de lo espiritual en un nuevo reconocimiento integrativo suprarracional, racional y vivencial del trinomio “Espíritu, Mente, Cuerpo”? Este “reconocimiento” podría incorporar y trascender las enseñanzas, realizaciones, críticas y métodos más importantes y válidos del desarrollo del pensamiento desde la pre-modernidad hasta la posmodernidad.  

Me pregunto si el "límite" del espacio-tiempo en el universo a nivel macro (quizás un indefinido origen absoluto del universo físico conocido) será en cierto sentido parecido al factor que separaría universos de materia y anti materia en el modelo de Enrique Álvarez Vita aplicado a subniveles del “neutro vacío” cuántico y a las partículas y anti partículas de la Teoría Standard. Habría que leer cuidadosamente “Universos de Materia y Antimateria” en http://www.monografias.com/trabajos99/universos-materia-y-antimateria/universos-materia-y-antimateria.shtml como parte de un estudio más amplio para hallar nuevas consecuencias filosóficas.

Respecto al “neutro vacío” que propone Álvarez Vita y del cual surgirían universos de materia y antimateria sugiero que este se hallaría en un nivel de mayor simetría el cual, a su vez, dependería de un “universo” de información y/o relaciones matemáticas también situado en una simetría superior pero de carácter distinto al físico. Este universo de información y objetos matemáticos tampoco podría ser auto consistente, solamente menos dependiente de objetos externos que el universo o multiverso físico. El universo de información y objetos matemáticos dependería de una Realidad Ontológica No Dual (una forma educada de hablar de Dios), la cual – libre de limitaciones – podría simultáneamente crear, emanar y sostener los anteriores niveles contingentes mencionados.

Quizás la distancia entre lo relativamente real y lo relativamente inexistente no se halle en un vació potencial que depende de leyes físicas físico. Quizás - matemáticamente hablando - la sumatoria infinita de subniveles que se consideran reales en sí mismos pero “virtuales” entre sí (¿por lo tanto quizás en cierto sentido en una relación potencial o semi-potencial entre sí?) sumada a la idea de un número indefinido/indeterminado/indeterminable de universos físicos actuales derivan de un “universo matemático”. Quizás el “neutro vacío” sería una relación intermedia entre lo físicamente determinado y lo posible determinado que se determina en un universo de relaciones matemáticas. ¿Pero qué fundamentaría a este “universo matemático”?

¿Acaso el conjunto vacío con el que se puede empezar a representar números en matemáticas representa un nivel de conexión entre las matemáticas y lo inteligible y un Ser trascendente a toda dualidad que ya no puede ser definido en base a algo exterior a sí mismo observando las relación entre objetos, sean estos físicos  o matemáticos?

El modelo de Álvarez Vita así como el modelo de Vilenkin, Borde y Guth abren nuevos horizontes respecto a reconsiderar ideas metafísicas fundamentales que podrían incidir en la explicación científica. ¿Cuál sería el sentido físico de una serie matemáticamente infinita de universos físicos pero simultáneamente virtuales? ¿Cómo podemos entender la necesidad de considerar un verdadero comienzo del universo físico o de un posible todo el conjunto de un número indefinido de universos? En el primer modelo (aplicado a partículas de la Teoría Standard) trataríamos con una sumatoria matemática infinita de posibles universos dentro de ese estado en equilibrio vectorial alterado por la incertidumbre llamado “vacío cuántico”. En el segundo modelo - inclusive considerando al “vacío cuántico” - se evitaría una secuencia infinita de universos actuales y se debería considerar algún tipo de comienzo absoluto lo cual nos permite pensar que el comienzo se hallaría más allá del espacio-tiempo en un mundo matemático y/o de relaciones de información que a la vez podría originarse, emanar y/o haber sido creado por un Ser no sujeto a ningún tipo de objetos ni contingencias.  

Pero son nuestras alergias materialistas modernas y relativistas posmodernas contra el mal uso del concepto de Dios (un concepto casi siempre muy pobremente entendido) las que causan un rechazo emocional-cognitivo cerrado y nos inhiben de re-considerar más seriamente la conjunción de filosofía y ciencia que hoy en día se necesitaría para eventualmente lograr una cultura planetaria sustentada en una mejor comprensión de principios integrales y universales.  No es solo un asunto de “creencia vs. ciencia” (una dicotomía simplista cada vez más superada) y que la posición educada solo sería la segunda. Gradualmente la ciencia está superando el “desencantamiento del mundo” que generó con el materialismo más craso. Con la razón (no limitada por el fuertes prejuicios ni por el pensar objetivizante, lineal, analítico, discursivo) se podría conjugar Dios y ciencia en una apertura que signifique una mayor reconciliación e integración.”
Hasta aquí llega gran parte de la comunicación de Giorgio Piacenza en el Foro “La Serpiente de Oro”, salvo naturales añadidos para el presente libro. A continuación reproduzco mis cinco breves intervenciones sobre el tema:

(1)
1. Con mucha sensatez Giorgio Piacenza plantea que "la existencia de Dios o de una forma de ser metafísicamente anterior a la física (incluyendo a la física cuántica) es una propuesta razonable y necesaria, pero inclusive válida para una cosmología científica seria".
2. Y da un argumento sólido y muy incómodo para cientificistas, materialistas y ateos de toda laya, el cual es "que no puede existir un pasado físico que se extienda hacia el infinito es hoy en día la más coherente en cosmología". 
3. Más aun señala con acierto que "esta idea no se reproduce suficientemente en el medio social-científico debido a prejuicios pre-científicos y a una resistencia sicológica, política y cultural a cambios paradigmáticos, algo que en realidad es "a-científico". 
4. A todo lo cual sólo cabe añadir que actualmente el estado de las investigaciones cosmológicas permiten pasar de la física a la teología casi sin dificultad. Sólo paradigmas cientificistas, naturalistas, positivistas y materialistas no lo ven así.
5. Añadir la dimensión religiosa y teológica, además de la filosófica, al debate sobre el origen del universo, en vez de limitar a la cosmología la vuelve más profunda y completa.

(2)
Dios hizo al hombre a su divina imagen y semejanza; pero el hombre por su adversión a Dios (aversio a Deo) y su conversión en criatura (conversio ad creaturas) perdió ese segundo término y falseó a la vez el primero, se volvió enfermo y, a pesar del libertad albedrío que conservó, nunca hubiera podido salvarse por sí mismo. Este es un punto estrictamente teológico, el otro aspecto cosmológico, tocado por Giorgio, plantea que no puede existir un universo que se extienda hacia el infinito y, por consiguiente, éste se deriva legítimamente de una existencia metafísica anterior a la física, la cual sería Dios. No querer asumir este aspecto procede de la aversio a Deo, tan común en nuestro tiempo sin Dios. El humanismo sin Dios del racionalismo naturalista y del relativismo nihilista posmoderno simplemente prefiere ver el problema planteado por Giorgio con un solo ojo (la mirada inmanentista) y con esto mutila una legítima dimensión de la existencia humana. 

(3)
Hay quienes afirman que el universo no tiene límite, ni comienzo ni final, entonces es eterno. Pero si la materia es eterna es también inalterable, pues si tuviera que sufrir alguna alteración, ésta marcharía sola por toda la eternidad, lo que, por hipótesis, es imposible, ya que por estar la materia exenta de cualidad, cantidad y de forma, no puede sufrir alteración en propiedades que no posee. No obstante, como sabemos el universo deviene, por tanto es temporal, tiene comienzo y final, por consiguiente no es eterno. Lo cual no quiere decir que todo lo que comienza en el tiempo está sujeto a perpetuo cambio y devenir. Así el triángulo se mantiene eternamente como triángulo. En suma, el universo no es eterno, ni todo lo temporal está en perpetuo devenir.

(4)
Yendo más allá de todo reproche acerbo por la desestimación modernista del tema divino, vomitar injurias ateas contra Dios y repudiar categóricamente el cristianismo o la religión en general, es interesante advertir en la reflexión de Giorgio dos cosas:
1° La profunda fatiga de la civilización occidental por tratar de hacer vivir a todas las almas de puras realizaciones exteriores de la cultura moderna, y
2° La necesidad racional de admitir que Dios es la causa de todo mediante su providencia.
Sobre lo primero sólo cabe añadir que dicha fatiga se da en un contexto como el milenario Perú, cuyo espíritu civilizacional es ancestral y profundamente religioso. Y sobre lo segundo hay que destacar la profunda intuición de que la providencia no es obstáculo para la elevación moral, espiritual y divina del hombre. En una palabra, la reflexión de Giorgio es testimonio de la sed permanente del hombre por lo divino y de la fatiga por el gris materialismo de la civilización moderna.

(5)
Identificar la "lógica" con la "verdad" ha sido una de las principales taras del pensamiento moderno y piedra de toque de la destrucción de la integridad del ser humano. Por esa vía se entronizó la ciencia como paradigma de la verdad. Menos mal que mucha agua ha corrido debajo del puente epistemológico y hermenéutico del pensamiento moderno, para arribar a la conclusión de que la ciencia no tiene que ver con la verdad sino con el marco pragmático que explica lo fenoménico de la realidad y que la lógica tampoco tiene que ver con la verdad sino con la coherencia o el pensamiento correcto. La verdad es eminentemente metafísica porque la realidad no se restringe a lo fenoménico y se extiende a lo nouménico.
Decretar que la lógica y la ciencia tienen que ver con la verdad es una forma representacionista de la modernidad que antepone el pensar al ser. Este paradigma de base idealista-cartesiano es el pilar del actual hombre prometeico que ha terminado por destruir a la Naturaleza y la realidad humana.

De modo que hay que retornar a una sana filosofía realista, anteponer el ser al pensar y acabar con las ínfulas narcisistas del hombre egolátrico de la modernidad que niega a Dios y la realidad trascendente. Ese es el verdadero y quizá único sendero para restablecer la creencia en la existencia de Dios, puesto que Dios nunca dejó de existir, fue el hombre sin Dios de la modernidad nihilista el que dejó de creer.

Lima, Salamanca 29 de Agosto 2014