viernes, 16 de diciembre de 2016

BUSCAR A DIOS EN TIEMPOS SIN DIOS

BUSCAR A DIOS EN TIEMPOS SIN DIOS
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
Resultado de imagen para fuga de pompeya de Giovanni Maria Benzoni 
Vivimos en tiempos sin Dios, ¡qué duda cabe! El ateísmo práctico se ha vuelto moneda corriente. El ser del hombre se ha tornado exclusivamente histórico. La dimensión de lo trascendente y lo divno parece haberse esfumado.

El mundo actual ya no arranca desde el ser, arranca desde la nada. Es natural, entonces, que se imponga el espejismo que este mundo se ha vuelto ininteligible, ha perdido fundamento. Perdieron validez las categorías griegas de teoría, logos y ser; y la categoría cristiana de la creación. En su lugar priman la praxis, lo artifical y el devenir. A esta circunstancia el Evangelio le denomina la Edad de la Apostasía o de la incredulidad. Por ende, no vivimos tiempos postcristianos sino anticristianos.

A pesar de ello, Dios no cesa de derramar su Gracia sobrenatural en pensadores, beatos, santos, mensajes sobrenaturales y vida cotidiana. Así, después del positivismo se abrió un breve interregno filosófico que planteó una vuelta a la tradición metafísica (Bolzano, Rosmini, Gioberti, Gratry) aunque la elaboración de grandes sistemas metafísicos se mantuvo ausente hasta en los filósofos de la esencia y existencia (Husserl, Scheler, Heidegger).

Pero la ola espiritual de nuestro tiempo es contraria a la búsqueda de Dios y el retorno al pensamiento metafísico. Ni siquiera el poderoso boquete que abrió la física cuántica con el principio de incertidumbre fue capaz de potenciar una corriente contraria al secularismo imperante. Esto llevó a la filósofa judía-alemana carmelita Edith Stein (Ser finito y Ser eterno) a una postura maximalista dentro de su lucha contra el ateísmo nihilista-cientificista, en la que trató de demostrar que la metafísica sólo da cuenta del ser temporal y debe dejar paso a la mística para dar cuenta del ser eterno. Pero la metafísica ha demostrado desde siempre que es capaz de pensar el ser eterno, aunque resulte insuficiente ante la vivencia de Dios.

De modo que el clíma espiritual de nuestro tiempo es francamente antiespiritual, antimetafísico, antitrascendente. Los dioses actuales son estrictamente seculares: dinero, poder y placer. ¡Oh tempore, oh mores! (¡Oh tiempo, oh costumbres!) exclamó en su momento Cicerón. Lo cual no significa que en la presente época materialista y nihilista sea imposible emprender el camino hacia un sincero amor evangélico. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, escribe Pablo (Rom. 5:20). Pero con la posmodernidad muy escasos son los que hacen caso a la gracia que sobreaunda. Y, más bien, se ha dado un paso más desde la antropolatría hacia la nihilatría, donde las sociedades sin absoluto entronizan los caminos sin Dios, enfangan a la conciencia en el charco del inmanentismo, y el único intérprete válido es el incrédulo.

En este imperio del hermeneuta relativista lo relevante no es saber cómo es el mundo en sí, sino qué puedo lograr con mi acción al margen de su contenido universal. Kant ya había herido de muerte al mundo de lo en sí con su giro epistemológico. Ahora, Heidegger, Gadamer, Dewey, Quine, Davidson, Ryle, Kuhn, Rorty hasta Vattimo, empujan hacia el precipicio lo en sí para que caiga toda teoría de lo universal y proclamar el reino de lo eventual. El hombre ya no conoce esencias sino valores o creencias. Con estos nuevos sofistas, según Habermas, periclitan todas las esperanzas reformadoras de la modernidad. Pero no se da cuenta que el veneno está metido en la raíz inmanentista de la propia modernidad y a la cual no está dispuesto a renunciar.

En realidad, la abolición de la realidad contextual a favor de la textual y discursiva sólo podía resultar seductora para una época bastante deprimida espiritualmente. Sus excrecencias son, por ejemplo, la subjetividad presunta de Barthes, el pragmatismo irónico de Rorty que niega la autoconciencia y la ontología débil de Vattimo. Y es que en realidad el capitalismo cibernético irrealizó lo real en espectro. Los filósofos de la sospecha –Marx, Freud y Nieztsche- elimnaron el sujeto. Hoy, los filósofos textuales eliminan la realidad. Ya el filósofo francés J. Baudrillard (Cultura y simulacro) señala que lo virtual produce lo real anulándolo, donde los contenidos son meras imágenes y donde masas babélicas indiferenciadas como zombis, conectados a prótesis tecnológicas, encabezan un simulacro grosero de infinitud y eternidad.

En este crepúsculo apocalíptico de la verdad, en esta época nietzscheana del anticristo, en medio del ateísmo moderno que refleja la hemorragia de subjetividad, en el reemplazo del absoluto trascendente por una nihilista multiplicidad de mónadas, se desprende la interrogante dramática y gravitante de nuestro tiempo: ¿Es posible buscar a Dios en Tiempos sin Dios? ¿No era acaso el hombre la criatura con vocación de trascendencia? ¿No demuestra la actual era de la apostasía que el hombre puede vivir sin confesión religiosa pero no sin el acto de trascendencia? ¿Acaso no son los ídolos del mundo secularizado los substitutos hacia los cuales se dirige el acto humano de trascendencia? ¿Puede el acto humano de trascendencia vaciado de todo contenido trascendental recuperar la búsqueda de Dios? ¿Qué fuerzas culturales hay que derribar para posibilitar que el acto de trascendencia recupere su dimensión trascendental?

Ya otros pensadores pusieron énfasis en que el hombre secular en esta era inmanentista no pierde su acto de trascendencia (Alfred Müller), que el conocimiento de Dios depende el sentido de lo divino (Padre Gratry) y hablando de la máquina se ha indicado que es el orden político-financiero inhumano el que traba expandir sus beneficios (Lewis Mumford).

Es por ello que cobijo la convicción de que el problema actual de Dios reside principalmente en el hombre. Y con ello no aludo a ninguna limitación endógena sino a una cultural. Por ello, no concuerdo con aquellos teólogos que creen solucionar el problema proponiendo una imagen divina centrada más en lo inmanente que en lo trascendente (H. Vorgrimler, Doctrina teológica de Dios). Con ello no rompen con la raíz de la desviación de la modernidad. Al contrario, la fortalecen. Es verdad que es necesario sentir a Dios unido a la historia y la libertad humana. La teología de la liberación lo demuestra con abundante tinta. Pero reducir a ello la dimensión divina equivale a recortar bastante la misma doctrina de la Encarnación.

Con esto quiero decir que la humanidad actual se encuentra aherrojada por un modo de pensar engañoso, falaz y dañino que no solamente lo aleja de Dios sino que incluso suprime su búsqueda. Este modo de pensar extraviado no tiene su raíz en el capitalismo, la máquina, la ciencia, el humanismo secular, el ateísmo, el nihilismo, la inversión de los valores, los cuales son consecuencias de algo más profundo.  

La lucerifenización de nuestro tiempo nace de la doctrina moderna de la autonomía de la razón. Y verdaderamente la razón humana es autónoma respecto a lo finito más no de lo infinito, de Dios. El daño que se infiere la razón humana al negar su lazo con lo infinito y eterno sólo puede ser medido por la inflación de su ego y la pérdida de la vida eterna. Pues, la mayor enfermedad de la inteligencia es no poder dirigir su voluntad hacia la virtud, hacia lo máximante bueno que es Dios. Pero sobretodo, el hombre no solamente es razón también es también Fe. El hombre comprende a Dios por la razón, pero lo vive con la Fe. Y dejar de lado a una de ellas significa dañar el propio ser del hombre.

Ciertamente que es un gran privilegio que Dios permita al hombre comprenderlo mediante la razón. Así, se puede cavilar el argumento ontológico, parafraseando a San Anselmo, que lo posible no es lo real pero lo máximamente real es lo máximamente pensable, por tanto Dios existe. Esto no significa pasar injustificadamente del orden lógico al orden ontológico, como argumentaba Kant, porque no todo lo pensable ni todo lo posible es real pero sí todo lo máximamente real es pensable y posible. Y siendo Dios lo máximamente real es lo máximamente pensable y posible. Es decir, Dios no es una idea como cualquier otra, como cree el racionalismo, es la idea máximamente pensable que solamente puede provenir de una mente infinita.

Por consiguiente, cómo puede la razón finita juzgar a la mente infinita. Solamente lo puede hacer a partir de una razón divorciada de lo trascendente y entregada al propio orgullo. Es por ello que se puede colegir, que la razón no es patrimonio de la lógica sino que es propia de las imbricadas aristas de la existencia humana. Y en verdad, la cultura es otra forma de tocar lo infinito porque su camino nunca concluye.

Pero el espiritualismo sin Dios y sin mundo apegado solamente a las esencias ya demostró toda su peligrosidad con la propia vida trágica del Nietzsche español Ángel Ganivet. Profetizó el totalitarismo, el hombre máquina, la destrucción de la naturaleza, el despertar del pueblo árabe, condenó el artificial tiempo industrial, se anticipó al nihilismo, pero la sequedad de su espíritu lo llevó al suicidio.

Y hablando de la necesidad de la Fe no es difícil reconocer que el punto de quiebre en la historia de las religiones es, incluso dentro de las religiones monoteístas, el cristianismo. Y lo es por una razón fundamental: en el cristianismo se invierte el sentido del agón cósmico (impulso) que corre hacia lo divino. El sentido del amor en la antigüedad es una aspiración de lo inferior a lo superior, pero en el cristianisnmo lo superior desciende a lo inferior para hacernos igual a Dios.

Es por eso que la esencia del amor antiguo no crea sino simplemente atrae. En el cristianismo Dios no tiene sobre sí ningún logos, sino que debajo de su acto amoroso está el logos. Heidegger en un franco retroceso al agón griego hace que el ser no descienda, sino que el ente ascienda. El ente aspira del no-ser al ser. Por eso, en este pensador alemán no hay acto creador sino únicamente participación (μέτεξις).

Por consiguiente, no es Dios el que se apartó del hombre, ha sido el propio hombre el que se apartó de Dios. ¿Pero este apartamiento del hombre respecto a Dios y la configuración de una era sin Dios representan la pérdida del sentido de lo divino, el extravío del horizonte de la trascendencia o, simplemente, la obliteración momentánea de la conciencia religiosa en el hombre?

Muy agudamente Paul Hazard señala que el asalto a la razón y la crisis que experimenta la conciencia humana en el pensamiento moderno acontece en un lapso de treinticinco años, 1680-1715, en el que la civilización occidental labra su propia ruina al convertir en fundamento absoluto a la razón humana autónoma (La crisis de la conciencia europea). Quizá podemos discrepar en el pequeño detalle de la cronología pero es difícil no estar de acuerdo en lo substancial, a saber, algo grave sucedió en el horizonte mental del hombre moderno.

Y es que la modernidad lleva en su raíz la renuncia al ser y su reemplazo por lo óntico. Pero lo óntico dejado a su suerte se disuelve en lo relativo, efímero y transitorio. Vanidad de vanidades, reza el Eclesiastés (12:8-14). El engrandecimiento del ente deviene en pura locura y desvarío al no tener en cuenta su verdadero fundamento inmutable que es Dios. Así, el relativista sólo está atento al cambio pero no a lo permanente en el cambio. Esto nos lleva a la profunda sospecha de que la modernidad subjetivista es en el fondo un resentimiento metafísico a partir del cual se efectúa la inversión del valor (ver mi obra: Resentimiento metafísico e inversión de los valores en la modernidad subjetivista, 2014).

El más hondo resentimiento es el que falsifica todos los valores, donde los valores mismos son calumniados. Esto lo demostró con brillantez Max Scheler (El resentimiento en la moral) en un profundo desenmascaramiento del resentimiento nietzscheano. Lo cual tiene un trasfondo metafísico. “Odio la mera presencia”, escribía Goethe. Y esto es vinculado en las Sagradas Escrituras con el no amar como origen de todas las culpas. La Soberbia o carencia absoluta de humildad acompañada de Odio, es la esencia absoluta de la rebelión de Satanás. Equivale a lo finito y relativo reclamando para sí los títulos de lo infinito y absoluto.

Esta locura metafísico-moral anida perniciosamente en la raíz del giro de la modernidad, presidiendo la edificación luciferina del mundo junto a la desmalignización del mal y la malignización del bien. De esta manera, el “todo vale” de la posmodernidad no sólo representa el calumniamiento de los valores, sino una profunda falsificación metafísica del mundo. Pues, la moral y la metafísica no se basan en el resentimiento –como cree Nietzsche y su sucedáneo Heidegger-, sino en la eterna jerarquía del valor y del ser.

Sobre el extravío del horizonte de la trascendencia y el predominio del horizonte de lo inmanente también es señalado por otros pensadores. Esta convicción deja entrever Zubiri cuando destaca que, en cierto sentido, el griego filosofa desde el ser, y el europeo occidental desde la nada (Sobre el problema de la filosofía.Revista de Occidente, n° 115, 118). Julián Marías es firme en su discrepancia con aquellos que han tratado de convertir a la filosofía en saber estricto (Kant, Hegel, Husserl), cuando la filosofía es un saber distinto, en constitución permanente, trascendental y accesible a la reflexión (Historia de la filosofía).

Pero de todos ellos es J. Hirschberger (Historia de la filosofía) el que mejor deja retratada la radiografía filosófica del extravío del horizonte de lo trascendente cuando señala que el racionalismo y el empirismo fueron las dos vertientes de la filosofía moderna –herederas del nominalismo medieval- que al negar las esencias inmutables y convertir lo fáctico en lo único válido produjeron la gran ruptura metafísica en lo filosófico y cultural.

Si se trata, entonces, de un fenómeno cultural es oportuno citar a Marx, para quien no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino que es su ser social la que determina su conciencia (Prólogo a la Contribución de la Economía Política). Es decir, la sociedad y la cultura es la que inculca una determinada manera de pensar, sentir y actuar en los individuos. Lo cual no significa que la conciencia sea un mero reflejo pasivo, sino que es también una fuerza activa sobre el ser.

Así, por ejemplo, nos dice el sociólogo y pensador polaco Zigmunt Bauman en su dura crítica al salvaje capitalismo neoliberal, que la modernidad extiende sobre las conciencias individuales los llamados “tiempos líquidos”, donde nada es permanente y todos es fugitivo (Modernidad líquida, 2002). Por supuesto, dicha metáfora de la liquidez es adecuada sólo en parte a una modernidad sin valores permanentes, porque lo que se vuelve sólido son los antivalores.

Pero parecido al delincuente que recubre los valores positivos para que luzcan débilmente, la cultura posmoderna anatemiza la unidad de la razón para culminar en una mera “voluntad de verdad”. Liberar lo dionisíaco, el azar, la casualidad de una voluntad de poder que trasmuta los valores y adopta el nihilismo. En el fondo este ímpetu de ir más allá del bien y del mal es una fetichización de la voluntad de poder que termina disolviendo lo normativo y divorciando la Libertad de la Justicia. Justo lo que ha acontecido con el neoliberalismo y su brutal desigualdad ecuménica.

El fin del ateísmo y del nihilismo no llegará con la disolución de la estabilidad del ser y su conversión en valor de cambio. No habrá real amanecer postmetafísico planetario si es que antes no se recupera la dimensión trascendental en el acto humano trascendente. Superar el nihilismo como experiencia crepuscular de Occidente requiere no sólo la abolición de instituciones obsoletas (capitalismo, estado, tecnología antiecológica, etc.), sino que exige una pragmática unida al pensar metafísico. Y eso lo proporciona de modo coherente el cristianismo.

Pero aquí retornamos nuevamente al punto del principio. El problema es el hombre. Una humanidad que se mantenga firme en la presecución de los ideales es casi imposible. El hombre es una criatura lábil, proclive al mal. La experiencia del Holocausto nos lo demuestra. Personas decentes, cultas y con valores pueden incurrir en la banalización del mal, tal como lo demuestra Hannah Arendt (Los orígenes del totalitarismo) y punto en el que estuvo de acuerdo K. Jaspers. Pero no se trata de asumir un cariz pesimista, más es necesario reconocer que sin una visión providencial de la historia tampoco hay medio de superarlo.

Por este camino avanzó P. Ricoeur (Finitud y culpabilidad) al enlazar una ontología de lo finito con una filosofía del símbolo, porque éstos son el lazo que une al hombre con lo sagrado. Pero no es posible elevar la ontología de la finitud hasta lo divino sin la oración y la vida virtuosa. Ambas son las bases para elevar el alma a Dios. Pues no sólo hay una simbólica del mal, hay también una simbólica de Dios. Y ésta reside en los sacramentos. Su infusión y efecto es sobrenatural.

En conclusión, ¿Cómo buscar a Dios en una Edad sin Dios? En primer lugar, recobrando ontológicamente nuestra dimensión de criatura. Lo cual lleva, en segundo lugar, a recuperar metafísicamente un sentido de finitud y un deseo de infinitud que sólo puede saciarse en Dios. Pero moralmente como la voluntad humana es frágil, y esto en tercer lugar, hay que recurrir a la oración para que nuestra libertad sea asistida por la gracia divina. La pragmática que ha de derivarse de este giro, en cuarto lugar, es la reconquista de una civilización de amor y justicia, que deja la visión intuitiva de Dios para la otra vida.


Lima, Salamanca 16 de Diciembre del 2016

martes, 13 de diciembre de 2016

ÉXTASIS EN LA EDAD SIN DIOS

ÉXTASIS EN LA EDAD SIN DIOS
Las vocaciones místicas
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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En los tiempos modernos de gran apostasía la pedagogía divina en vez de conceder las grandes gracias de los famosos místicos concedió vocaciones místicas que sean accesibles en la vida ordinaria.

Ejemplo de ello son Ana María Taigi, cura Vianne, Carlos de Foucauld, Teresa de Lisieux, Isabel de Trinidad, Contardo Ferrini, Jerónimo Jaegen, Isabel Leseur, el mártir franciscano polaco el padre Kolbe que la Gestapo lo hizo morir por inyección letal.

Los éxtasis espectaculares en nuestro tiempo ya son extremadamente raros. El nihilismo, materialismo y ateísmo práctico que campea arrolladoramente en el mundo occidental ha debilitado al máximo la energía espiritual. No obstante, la vida mística sigue presente y persiste en la edad de la apostasía, desapercibida en el torbellino del mundo y en el retiro conventual.

Pareciera que la prueba para la actual unión mística sea aceptar la ausencia de fenómenos externos y en su lugar el énfasis se traslada a los fenómenos internos del alma. Además, los grandes místicos siempre subrayaron que el lado espectacular del éxtasis es lo menos importante porque lo más sobresaliente es la unión mística con Dios.

Podemos preguntar si las apariciones marianas pueden ser contadas como fenómenos místicos de nuestro tiempo. Y la respuesta es positiva. Pero en esta respuesta hay que recordar que la misma Iglesia reconoce que el demonio puede seducir con subterfugios sobrenaturales y por ello es muy prudente para evitar el profetismo equívoco.

Efectivamente, el Vaticano sólo reconoce 9 de las 43 apariciones y de las nueve el ochenta por ciento corresponde al siglo de la increencia y el ateísmo (siglos diecinueve y veinte). Aunque actualmente hay una lista de veintidós apariciones aprobadas por la Iglesia Católica.

Esto quiere decir que para la Iglesia el Maligno también utiliza la imagen mariana para engañar y convertir la hiperdulía o culto especial a María en hiperlatría o culto sólo atribuible a Dios. La dulía es el culto a los santos y ángeles.

Es decir, el demonio está interesado en imponer la Mariolatría o culto idolátrico a María, que convierte a María en semidiosa. Error tan grave como la distorsión protestante que sólo se atiene a la prueba escriturística (método literalista) rechazando el argumento patrístico. No está demás dejar apuntado que la Iglesia admite muchos métodos de interpretación bíblica (retórico, narrativo, semiótico, canónico, tradición judía, histórico, sociológico, antropológico, psicoanalítico y contextual) rechazando únicamente la hermenéutica literal.

En este delicado tema el magisterio eclesiástico de la Iglesia insiste en que la única verdad es el Evangelio y la Tradición apostólica. No hay más revelación oficial. La historia de la Revelación está conclusa pero la historia de la Salvación continúa. Las apariciones marianas reconocidas, por recordar la misión de Cristo Redentor y no oponerse a la fe y a la moral, son hechas en función de que los mensajes marianos son reconocidos como signos de Dios expresados en revelaciones privadas.

Es muy significativo que las más famosas apariciones marianas en la edad de la apostasía hayan tenido un efecto de renovación espiritual pero a través de niños. Los casos de los videntes Bernadette Soubirous en Lourdes y Lucía dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto en Fátima, así lo testimonian y son ejemplos de éxtasis especialmente raros. Las apariciones de Garabandal (1961-1965) también fueron mariofanías sobre niños, que manifestaban fenómenos místicos espectaculares.

Y esto coincide con los mensajes de las apariciones, uno de los cuales constituye una denuncia sobre los sacerdotes que se apartan de la vida consagrada. La abundancia de éxtasis ambulatorios y la utilización de niños se condicen con las palabras de Cristo, el Salvador: Dejad que los niños vengan a mí. Pero en estos casos era su Madre la que venía hacia los niños para entregar mensajes a la humanidad. El milagro de la Hostia en Garabandal es quizá la manifestación sin precedentes. Al poco tiempo la Iglesia reaccionó y lanzó con el Papa Juan XXIII el Concilio Vaticano II (1962).

Una de las locuciones de Conchita de Garabandal habla sobre la profecía de los tres Papas más después de Juan XXIII y luego vendría el Fin de los Tiempos aunque no el Fin del Mundo. Profecía coincidente con los 111 Papas profetizados por San Malaquías. Pero el mensaje central reza sobre el término de los mensajes mismos, la necesidad de pensar en la Pasión de Jesús para evitar la condenación junto a la ira de Dios.

Eminentes psiquiatras y hombres de ciencia estudiaron el caso de Garabandal y sus conclusiones ratificaron que las apariciones de dicho lugar de España eran dignas de crédito y de origen sobrenatural. La voluntad de la Virgen fue que las cuatro niñas no se hicieran religiosas y permanecieran en el mundo para dar testimonio de los mensajes. Las cuatro se casaron y dieron justificación de la especial importancia de la Santa Eucaristía.

Otro caso de éxtasis sumamente raro, sorprendente y digno de admiración,  como respuesta del Cielo a la crisis de hoy, lo constituye el estigmatizado católico italiano Padre Pío (1887-1968). Su caso es otro llamado al arrepentimiento y a la humildad en esta era sin Dios llena de soberbia y arrogancia. Fue el único sacerdote católico en toda la historia con los estigmas de Cristo, fue un sacrificio viviente. Muchas veces en su celda durante la noche batallaba contra el demonio. Su cuerpo incorrupto descansa actualmente en la Basílica de San Lorenzo.

Al morir, sus estigmas desaparecieron y sus enemigos se escarnecieron argumentando que eran falsos. Con ello obviaron que los estigmas eran de Cristo, a él pertenecían y podía retirarlo cuando lo creyera conveniente. La parapsicología, el ocultismo y el esoterismo se han encargado se divulgar que el Padre Pío no sólo era un estigmatizado sino también presentaba los fenómenos de bilocación, hipertermia, olor perfumado, visiones y precognición. Lo cual es cierto, pero no es lo más importante. Sacerdote de potente intercesión con Dios, por cincuenta años enseñó la importancia de la oración, la humildad, el sufrimiento, el sacrificio y el amor al prójimo.

La historia de la mística en los tiempos modernos también registra el caso de la laica mística alemana Teresa Newmann (1898-1962) y la mística italiana Teresa Palminota (1896-1934). En ambas la vida mística suprimió la humana necesidad de comer y beber. La primera, lloraba sangre, hablaba en arameo, tuvo visiones de Jesús, María y varios santos, y mantuvo los estigmas de Cristo hasta en su féretro, estuvo treinta y seis años sin comer ni beber, alimentándose únicamente de la hostia consagrada. Lo cual se confirma porque los nazis le retiraron la cartilla de alimentos. Analizada por más de mil médicos todos confirmaron la autenticidad del caso y de estar viviendo en su cuerpo la Pasión del Señor. Y la segunda, que también estaba estigmatizada, mantuvo un ayuno de tres años, muriendo a los treinta y ocho años en Roma. En ambos casos, la sobrevivencia a base de la Eucaristía nos revela el mensaje evangélico que enfatiza en este tiempo tan materialista y hedonista que “no sólo de pan vive el hombre”.  

Los tiempos modernos son hijos del humanismo sin Dios, el estatalismo, nacionalismo, racionalismo, evolucionismo, cientismo, economicismo, burocratismo tecnocrático, consumismo y utopismo social. Estos ídolos terrenales ocupan el lugar de la fe en lo trascendente, fueron asumidos como los nuevos absolutos y encabezaron la guerra contra los valores superiores. La secularización convierte lo terrenal, finito y relativo en el nuevo absoluto. Cierto que se trata de un absoluto precario. Pero ello poco importa al hombre de hoy entregando solamente al imperio de lo inmanente. Lo preocupante es que este nuevo absoluto de lo relativo es cada vez más agresivo en la negación de todo contacto con lo ético y religioso.

En este contexto de escasa trascendencia, en que la humanidad actual está enferma de vacío espiritual y atrapada por falsos valores, entonces podemos comprender por qué Dios aun en tiempos de gran apostasía concede las vocaciones místicas a religiosos y laicos, adultos y niños, accesibles en la vida ordinaria. En nuestro tiempo nihilista de desintegración espiritual la humanidad pertinaz es reacia a admitir ninguna realidad sobrenatural. Pero los ejemplos de los místicos actuales son un llamado perentorio desde el Cielo para que con arrepentimiento y asunción de los sacramentos se retorne al buen camino de la virtud y los dones del Espíritu Santo.

Finalmente, la pedagogía divina en el tiempo actual también hace comprender que se trata de volver a fundar la fe en un orden eterno y que los actos místicos son peligrosos sin estar íntimamente unidos a Dios.

Lima, Salamanca 13 de Diciembre del 2016   
ECSTASY IN ETA 'SENZA DIO
vocazioni mistiche
Gustavo Flores Quelopana
Società peruviana di Filosofia


In tempi moderni di grande apostasia pedagogia divina, invece di concedere le grandi grazie dei famosi mistici vocazioni concessi mistiche che sono accessibili nella vita ordinaria.

Gli esempi includono Anna Maria Taigi, cura Vianne, Charles de Foucauld, Teresa di Lisieux, Elisabetta di Trinità, Contardo Ferrini, Jerome Jaegen, Isabel Leseur, il martire polacco francescano padre Kolbe che la Gestapo è morto per iniezione letale.

L'estasi spettacolare nel nostro tempo sono ora estremamente rari. Il nichilismo, il materialismo e ateismo pratico che pervade schiacciante nel mondo occidentale ha indebolito l'energia più spirituale. Tuttavia, la vita mistica è ancora presente e persiste in età di apostasia, inosservato nel turbine del mondo e il ritiro monastico.

Sembra che la corrente di prova per l'unione mistica è quello di accettare l'assenza di fenomeni esterni e invece l'enfasi si sposta ai fenomeni interni dell'anima. Inoltre, i grandi mistici sempre sottolineato che il lato spettacolare di ecstasy è meno importante, perché il più rilevante è l'unione mistica con Dio.

Possiamo chiedere se le apparizioni mariane possono essere considerate come fenomeni mistici del nostro tempo. E la risposta è positiva. Ma questa risposta va ricordato che la Chiesa riconosce che il diavolo può sedurre con sotterfugi soprannaturale e quindi è molto saggio per evitare incomprensioni Profezia.

In effetti, il Vaticano riconosce solo 9 delle 43 presenze e nove ottanta per cento corrisponde al secolo dell'incredulità e dell'ateismo (XIX e XX secolo). Anche se ci sono un elenco di venti apparizioni approvate dalla Chiesa cattolica.

Questo significa che per la Chiesa utilizza anche l'immagine Male mariano di ingannare e convertire iperdulia o speciale devozione a Maria in hiperlatría o attribuibili al culto solo Dio. Dulia è il culto dei santi e degli angeli.

Vale a dire, il diavolo è interessato a imporre Mariolatria o culto idolatrico di Maria, il che rende Mary semidio. così grave come la distorsione protestante che segue solo la prova scritturale (metodo letterale) respingendo l'errore argomento patristica. Non lasciare che altri hanno sottolineato che la Chiesa sostiene molti metodi di interpretazione biblica (retorico, narrativo, semiotico, canonico, la tradizione ebraica, storico, sociologico, antropologico, psicoanalitico e contestuale) rifiutando solo l'ermeneutica letterali.

In questa delicata questione del magistero della Chiesa insiste sul fatto che l'unica verità è il Vangelo e la Tradizione apostolica. Non rivelazione più ufficiale. La storia della Rivelazione è determinante, ma la storia della salvezza continua. apparizioni mariane riconosciute ricordando la missione di Cristo Redentore e non si oppone la fede e la morale, sono realizzati sulla base sui messaggi mariani sono riconosciuti come segni di Dio espresse in rivelazioni private.

È significativo che i più famosi apparizioni mariane all'età di apostasia hanno avuto un effetto di rinnovamento spirituale, ma attraverso i bambini. I casi dei veggenti Bernadette Soubirous a Lourdes e Lucia dos Santos, Francisco Marto e Giacinta Marto di Fatima, così testimoniano e sono esempi di specie rare estasi. Le apparizioni di Garabandal (1961-1965) sono stati anche mariofanías sui bambini, che hanno mostrato fenomeni mistici spettacolari.

E questo coincide con i messaggi delle apparizioni, uno dei quali è una denuncia di sacerdoti che partono dalla vita consacrata. L'abbondanza di ambulatorio estasi e l'uso dei bambini sono coerenti con le parole di Cristo Salvatore: Lasciate che i bambini vengano a me. Ma in questi casi, era sua madre che è venuto ai bambini per recapitare i messaggi per l'umanità. Il miracolo dell'ostia in Garabandal è forse la manifestazione senza precedenti. Ben presto la Chiesa ha reagito e ha lanciato con Papa Giovanni XXIII Vaticano II (1962).

Una delle locuzioni di Conchita di Garabandal parla della profezia dei tre papi più dopo Giovanni XXIII e poi sarebbe venuto Fine dei Tempi, ma non la fine del mondo. coincidenti Profezia con i 111 Papi di San Malachia profetizzati. Ma il messaggio centrale prega lungo la durata dei messaggi stessi, hanno bisogno di pensare alla Passione di Gesù per evitare la condanna per l'ira di Dio.

psichiatri eminente e scienziati hanno studiato il caso di Garabandal e le sue conclusioni ratificato le apparizioni del luogo di Spagna sono stati credibili e origine soprannaturale. La volontà della Vergine era che le quattro ragazze non sono state fatte religioso e rimangono nel mondo per testimoniare i messaggi. I quattro erano sposati e ha dato una giustificazione per la particolare importanza della Santa Eucaristia.

Un altro caso di estremamente raro, sorprendente e degno di ammirazione ecstasy in risposta alla crisi del cielo oggi, è il cattolico italiano stigmatizzato Padre Pio (1887-1968). Il suo caso è un'altra chiamata al pentimento e l'umiltà in questa epoca senza Dio pieno di orgoglio e di arroganza. Era l'unico prete cattolico nella storia con le stimmate di Cristo, è stato un sacrificio vivente. Molte volte nella sua cella durante la notte in lotta contro il diavolo.

Quando morì, il suo stimmate scomparso ei suoi nemici deriso sostenendo che essi erano false. Questo evitato che fossero stimmate di Cristo, egli apparteneva e poteva ritirarla quando ha visto in forma. Parapsicologia, l'occultismo ed esoterismo sono stati responsabili essere comunicati che Padre Pio non era solo un stigmatizzato ma ha anche presentato i fenomeni di bilocazione, ipertermia, odore fragrante, visioni e precognizione. Quale è vero, ma non è il più importante. Priest potente intercessione presso Dio, per cinquanta anni ha insegnato l'importanza della preghiera, dell'umiltà, la sofferenza, il sacrificio e l'amore del prossimo.

La storia della mistica in tempi moderni registra anche il caso del mistico tedesco Teresa giaceva Newmann (1898-1962) e il mistico italiano Teresa Palminota (1896-1934). In entrambi la vita mistica ha soppresso il bisogno umano di mangiare e bere. Il primo, il sangue pianto, ha parlato l'aramaico, ha avuto visioni di Gesù, Maria e vari santi, e ha mantenuto la stimmate di Cristo, anche nella sua bara, era trentasei anni senza mangiare o bere, mangiare solo l'ostia consacrata. Ciò è confermato perché i nazisti si ritirarono cibo primer. Analizzato da più di un migliaio di medici tutto confermato l'autenticità del caso e vivere nel vostro corpo la Passione del Signore. E il secondo, che è stato anche stigmatizzato, tenuto a digiuno per tre anni, muore a trentotto anni a Roma. In entrambi i casi, la sopravvivenza in base alla Eucaristia rivela il messaggio evangelico che mette in risalto questo momento così materialista ed edonista che "non di solo pane vive l'uomo".

I tempi moderni sono figli di umanesimo senza Dio, lo statalismo, il nazionalismo, il razionalismo, l'evoluzionismo, scientismo, economicismo, la burocrazia tecnocratica, consumismo e utopismo sociale. Questi idoli terrestri prendono il posto della fede nel trascendente, sono stati assunti come il nuovo assoluto e ha portato la guerra contro i valori più alti. La secolarizzazione diventa terrena, finito e relativa nella nuova assoluto. È vero, si tratta di una precaria tutti. Ma questo non importa agli uomini di oggi fornire solo l'impero del immanente. La preoccupazione è che questo nuovo valore assoluto è sempre più aggressiva nel negare qualsiasi contatto con l'etico e religioso.

In questo contesto di poca importanza nel presente umanità è malata di vuoto spirituale e intrappolati da falsi valori, allora possiamo capire perché Dio anche in tempi di grandi sovvenzioni apostasia mistico religiosi e laici, adulti e bambini, vocazioni accessibile vita ordinaria. Nel nostro tempo di disintegrazione spirituale nichilistica umanità ostinata è riluttante ad ammettere qualsiasi realtà soprannaturale. Ma gli esempi di mistici attuali sono chiamata urgente dal cielo al pentimento e l'accettazione dei sacramenti è quello di tornare sulla retta via della virtù e dei doni dello Spirito Santo.

Infine, la pedagogia divina al momento attuale fa anche capire che è ritrovato la fede in un ordine eterno e atti mistiche sono pericolosi senza essere strettamente unita a Dio.


Lima, Salamanca 13 DICEMBRE 2016

lunes, 12 de diciembre de 2016

ÉXTASIS Y REALISMO METAFÍSICO

ÉXTASIS Y REALISMO METAFÍSICO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Si el ser es lo puramente fáctico y empírico, entonces lo vivenciado en el éxtasis místico no es más que un fenómeno subjetivo-psicológico de la mente sin ninguna significación en la realidad. Más, si el ser está vinculado a las verdades inmutables, eternas y trascendentes, entonces el éxtasis místico es relación real y efectiva con la fuente divina del ser.

Como se ve no es cosa nada fácil ni sencilla hablar del éxtasis y de Dios, más aun en los tiempos actuales donde el hombre se halla preso del nihilismo, el escepticismo, el materialismo, el ateísmo práctico y el esoterismo. Pero resulta valioso intentarlo debido a que el horizonte postmetafísico va dejando un sabor salobre y una atmósfera gris que inunda de hastío la vida misma, de indiferente disgregación y de nefasta disolución. Todo lo cual desafía enfrentarlo.

El presente espíritu declinante comienza con la propia filosofía moderna en sus dos vertientes principales: racionalismo y empirismo. El racionalismo que hace de lo subjetivo lo único seguro, y el empirismo que convierte lo fáctico en lo puramente válido. La pérdida de Dios llega a un nuevo nivel con el criticismo kantiano, donde lo divino se extravía en la razón especulativa y se declara imposible la prueba ontológica. Este proceso de autocratización del hombre autónomo no puede ser detenido ni por el idealismo alemán. Es cierto que con Hegel la metafísica cobra vigor, pero al borrar la distinción entre Dios y Mundo se hace inevitable el naufragio de la trascendencia.

Por tanto, de Occam a Hegel asistimos a la pleamar del nominalismo donde las esencias no son realidades sino conceptos. Este movimiento ascendente del apartamiento de Dios entra a su segunda etapa con el positivismo y después de la muerte de Hegel. Se trata de un hastío por la filosofía, es un periodo dominado por las ciencias naturales, la metafísica se torna insoportable y el imperativo categórico es atenerse a las cosas. Un nuevo remanso metafísico lo protagonizan las filosofías de la vida, especialmente Kierkegaard, hasta arribar a la vuelta de la tradición metafísica con Bolzano, Rosmini, Brentano, hasta culminar –pasando por Dilthey, Bergson y Blondel- en Husserl.

Pero con la fenomenología sucede algo parecido de lo sucedido con el hegelianismo. Husserl después de distinguir bien entre el acto de pensar (noesis) y el contenido del pensar (noema) enfilándose hacia una filosofía de la esencia, se desvía del camino y no se arriesga más allá de la conciencia. Así, la filosofía fenomenológica de la esencia fracasará en una pura intuición inmanente del Yo puro. Esto significa que en realidad Husserl sucumbió al empirismo y no pudo superar a Kant retrocediendo hasta Hume. No se atrevió a derribar el subjetivismo y se quedó atrapado en el yo puro de la conciencia trascendental equivalente al nirvana de los ascetas indios.

Tampoco fue muy distinto el derrotero de sus mejores discípulos. Scheler se inicia con un deslumbrante personalismo ético que reconoce la autonomía del valor, pero su ataque al relativismo no es capaz de superar el olvido de Dios al retrotraerse en una etapa final hacia un panteísmo evolucionista, donde lo divino está uncido al poder cósmico de lo demoníaco. A Heidegger tampoco le va mejor. Ser y tiempo permanecen siempre en el plano de la subjetividad trascendental, se muestra impotente para superar el inmanentismo moderno. Y su trayectoria filosófica culmina permaneciendo atrapado en la metafísica voluntarista de la mística alemana. El antiesencialismo de Heidegger se muestra desenfadadamente al buscar el ser en sí más allá de toda esencia.

Este periodo de mayor ahondamiento de Dios y la trascendencia culmina en la logística del positivismo lógico. Inspirado en Aristóteles, los estoicos, la baja Edad Media, Leibniz y Lulio con su arte combinatoria o aritmética de conceptos, la logística se explaya como puro formalismo y funcionalismo de las significaciones, tomadas en sentido lógico sin tener en cuenta los objetos significados. Es pura técnica combinatoria sin relación con el ser. Es pura relación intralógica sintáctica. Así la verdad queda reducida a pura convención.

La tesis básica del neopositivismo, según la cual la percepción sensible es la única fuente de conocimiento, conducía a la negación de todo esencialismo, de toda trascendencia y metafísica. Pero ya sabemos que el neopositivismo se refutó a sí mismo al admitir que no hay datos puros, en todo dato hay interpretación o están presentes elementos (unidad, diversidad, semejanza, totalidad, etc.) que no pueden provenir de la experiencia. Ya el padre Copleston puso el último clavo en el ataúd positivista subrayando que la filosofía analítica sólo busca designar y ni penetrar en el objeto.

Pero la emergencia del nihilismo vuelve a la carga en una tercera etapa a partir del estructuralismo, el postestructuralismo, la semiótica, hasta culminar en la filosofía pragmatista de Rorty y el postmodernismo de Vattimo. Aquí el ataque a la trascendencia y a todo lo divino será más profundo. Se declara la verdad, la ciencia y la razón como metarrelatos. La ontología fuerte no existe. Solamente se vive en el imperio de lo efímero. Deleuze, Barthes, Baudrillard, Lacan, Lyotard, Derrida, Foucault, Rorty, Quine, Davidson y Vattimo, son partidario de un logos nihilista que reemplaza el ser por el evento. Herederos del nominalismo y del empirismo a través de Nietzsche, disuelven la realidad en la interpretación. El juego sofístico del logos posmoderno contamina toda la cultura y a su vez es resultado de un nominalismo brutal, apoteosis de la voluntad de poder, ciego a los valores, al ser y a Dios.

Pero como no abrazo una visión fatalista, pesimista e ineluctable de la historia, y menos me adhiero al nominalismo formalista de ninguna especie, entonces me pregunto si es posible que la filosofía recupere su horizonte metafísico, el único que realmente le da profundidad y sentido, y pueda retornar verdaderamente al ser, la trascendencia, la esencia y existencia.

Esta vía solamente puede ser transitada con coherencia por la filosofía realista que rompa con la metafísica inmanentista del cientismo y empirismo matematizante. Nicolai Hartmann es identificado con el realismo crítico, pero en realidad quedó prisionero del positivismo. Pues al concebir la determinación finalista como la determinación causal física estrechó el horizonte de lo finalístico a lo inmanente. La peor consecuencia lo tuvo en el terreno ético, como buen protestante exageró la antinomia de la libertad sin comprender que la libertad humana es relativa y no absoluta. Nunca pudo comprender que no hay tal exclusión con la libertad divina.

La principal lección que se extrae del caso de N. Hartmann es que el realismo crítico no puede limitar su ontología al positivismo sino que si se quiere hacer una verdadera metafísica que interpreta la esencia de las cosas y el ser debe reconocer la evidencia primaria que las cosas son, lo ontológico determina lo epistemológico, el ser rebasa el pensar, el pensar es falible y autocorregible. Pues el ser no se agota en la dimensión inmanente y sobrepasa a ésta en la trascendencia eterna.

Este camino del realismo crítico fue transitado por un grupo de pensadores que venían de las ciencias naturales y que con una metafísica inductiva supieron abandonar el neokantismo dominante a fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte. O. Külpe (1862-1915), H. Driesch (1867-1941), E. Becher (1882-1929) y A. Wenzl (1887-1967), a la explicación mecanicista de la vida opusieron una filosofía natural de Dios basada en lo entelequial (Driesch, Wenzl), lo hetero-teleológico (Becher). La idea común central consiste en que el cosmos es un proceso anímico entelequial ascendente, que expone el orden ideal de lo real, lo cual se ordena en grados de libertad. Por tanto, es falso el poderío de lo inferior sobre lo superior (Scheler, Hartmann). El factor anímico supraindividual que dirige el ser es Dios. Dios es la voluntad y la representación que dirige la entelequia universal. En estas filosofías naturales de Dios el ser es entelequial.

Pero tampoco es rigurosamente necesario seguir el camino de la metafísica inductiva para establecer una filosofía de índole realista. Es ínsita a la filosofía tener abierta todos los caminos metodológicos para arribar al horizonte de la trascendencia. Para ello sólo basta asumir un realismo crítico sin ninguna estrechez positivista.

En este sentido la explicación y vivencia mística es compatible con la metafísica inductiva y la metafísica clásica. No siendo ella, en primer lugar, ni metafísica ni teología es, sin embargo, relación con el Dios vivo. Pero siendo el éxtasis la unidad del alma con la fuente de vida supraindividual ésta nos exige reconocer una idea precisa de lo divino. A saber, Dios es la fuente ejemplar de todo ser y ese Dios es el Dios creador del teísmo cristiano  

Pero por qué no podría ser un dios ordenador o un dios deísta o un dios panteísta. Porque Dios es perfección y la realidad más perfecta de Dios es la del Dios creador, providente y trascendente. Esta consideración de Dios críticamente madura y bien fundada penetra por gracia nuestra voluntad y ayuda al libre albedrío en la relación unitiva llamada éxtasis místico.

En suma, la cumbre del éxtasis místico se encuentra en el Dios cristiano y la justificación filosófica de esta relación se halla en el realismo crítico como punto de partida.

Lima, Salamanca 12 de Diciembre del 2016




Estasi e realismo metafisico
Gustavo Flores Quelopana
Società peruviana di Filosofia

Se l'essere è puramente fattuale ed empirica, quindi sperimentato l'estasi mistica non è altro che un fenomeno soggettivo-psicologico della mente senza alcun significato nella realtà. Inoltre, se uno è legato alle verità immutabili, eterne e trascendenti, poi l'estasi mistica è rapporto reale ed efficace con la fonte divina dell'essere.

Come si vede non è altro discorso facile o semplice di estasi e di Dio, a maggior ragione in tempi moderni in cui l'uomo è prigioniero del nichilismo, lo scetticismo, il materialismo, ateismo pratico ed esoterismo. Ma provate è prezioso perché l'orizzonte postmetafisica lascia un sapore salato e un'atmosfera grigia che pervade la vita stanco, indifferente disgregazione nefasto e dissoluzione. Tutto ciò affrontare le sfide.

Questo spirito declino inizia con la filosofia moderna nei suoi due aspetti principali proprio: razionalismo ed empirismo. Il razionalismo si assicura che tutte le soggettività, e l'empirismo che lo rende puramente fattuale come valido. La perdita di Dio raggiunge un nuovo livello con la critica kantiana, dove il divino si perde nella ragione speculativa e la prova ontologica è dichiarata impossibile. Questo processo di auto autocratización uomo non può essere arrestato o dall'idealismo tedesco. E 'vero che Hegel la metafisica è rinvigorito, ma per offuscare la distinzione tra Dio e il naufragio mondo della trascendenza diventa inevitabile.

Così, Occam Hegel ha partecipato alla marea del nominalismo dove essenze non sono realtà, ma concetti. Questo movimento verso l'alto della lontananza da Dio entra nella sua seconda fase con il positivismo e dopo la morte di Hegel. Si tratta di una avversione per la filosofia, è dominato dal periodo di scienze naturali, la metafisica diventa insopportabile e l'imperativo categorico è quello di attenersi alle cose. Una nuova stella nelle filosofie metafisiche ristagno della vita, in particolare Kierkegaard, arrivando a cavallo della tradizione metafisica con Bolzano, Rosmini, Brentano, culminando by-passando Dilthey, Bergson e Blondel in Husserl.

Ma con la fenomenologia succede qualcosa di simile a quello che è successo con hegelismo. Husserl dopo chiara distinzione tra l'atto del pensiero (Noesis) e il contenuto del pensiero (Noema) enfilándose ad una filosofia di essenza, devia dalla strada e non rischiare di là della coscienza. Così, la filosofia fenomenologica della immanente essenza fallire in una pura intuizione di puro Sé. Ciò significa che Husserl effettivamente ceduto alla empirismo e Kant non poteva superare Hume backup. Non ha il coraggio di abbattere il soggettivismo ed è stato catturato nella pura coscienza trascendentale equivalente a Nirvana Indian mi asceti.

E non era molto diverso nel corso dei suoi migliori discepoli. Scheler inizia con un personalismo etico abbagliante che riconosce l'autonomia di valore, ma suo relativismo attacco non è in grado di superare la dimenticanza di Dio a ritornare in un ultimo passo verso un panteismo evolutivo in cui il divino è aggiogato al potere cosmico del demoniaco. Heidegger non farà meglio. Essere e tempo rimane sempre nel piano della soggettività trascendentale, è impotente a superare l'immanentismo moderno. E la sua carriera filosofica finisce rimasi intrappolato nella metafisica volontaristica della mistica tedesca. Il antiessentialism Heidegger mostra quando si cerca sfacciatamente l'essere stesso al di là dell'essenza.

Questo periodo di maggiore approfondimento trascendenza di Dio e culmina nella logistica del positivismo logico. Ispirato da Aristotele, gli stoici, alla fine del Medioevo, di Leibniz e Lully con l'arte combinatoria o concetti aritmetici, logistica espande il formalismo come pura e funzionalità di significati, presa in senso logico a prescindere degli oggetti significati. E 'la tecnica combinatoria puro, senza relazione all'essere. Si tratta di pura intralógica relazione sintattica. Così la verità è ridotta a pura convenzione.

La tesi di fondo del positivismo, secondo cui percezione sensoriale è l'unica fonte di conoscenza, che porta alla negazione di ogni essenzialismo, di ogni trascendenza e della metafisica. Ma sappiamo che il neopositivismo si è confutata da ammettere che non ci sono dati grezzi, tutti i dati sono senza interpretazione o elementi presenti (l'unità, la diversità, la somiglianza, tutto, ecc), che non può venire da esperienza. Padre Copleston e mettere l'ultimo chiodo nella bara di filosofia positivista analitica sottolineando che cerca solo per designare e non penetrano l'oggetto.

Ma l'emergere del nichilismo torna alla carica in una terza fase dallo strutturalismo, il post-strutturalismo, semiotica, si conclude con la filosofia pragmatista di Rorty e Vattimo postmodernismo. Qui l'attacco sul significato e tutto il divino si approfondirà. la verità, la scienza e la ragione come metarrelatos è dichiarato. Il forte ontologia non esiste. Solo in cui vive l'impero dell'effimero. Deleuze, Barthes, Baudrillard, Lacan, Lyotard, Derrida, Foucault, Rorty, Quine, Davidson e Vattimo sono a favore di un logos nichiliste che sostituisce essendo dall'evento. Eredi del nominalismo e l'empirismo attraverso Nietzsche, la realtà si dissolvono in interpretazione. gioco Sophistic di loghi postmoderna contamina tutta la cultura e, a sua volta è il risultato di un nominalismo brutale, apoteosi della volontà di potenza, cieca ai valori, essere e Dio.

Ma io non abbracciare una visione fatalista, pessimista e ineludibile della storia, mi permetta di approvare la nominalismo formalistica di qualsiasi tipo, allora mi chiedo se è possibile che la filosofia ritrovare la sua orizzonte metafisico, l'unica che veramente dà profondità e significato, e può tornare veramente essere, trascendenza, essenza ed esistenza.

Questo percorso può essere percorsa solo da filosofia costantemente realistico che rompe con la metafisica immanentista dello scientismo e l'empirismo matematizzazione. Nicolai Hartmann si identifica con realismo critico, ma in realtà era un prigioniero del positivismo. Per concepire determinazione finalista come determinazione causale fisico scosso l'orizzonte della finalistico per l'immanente. La peggiore conseguenza aveva per motivi etici, come un buon protestante esagerato l'antinomia della libertà senza capire che la libertà umana è relativo e non assoluto. Non avrebbe mai potuto capire che non vi è alcuna esclusione tale libertà divina.

La principale lezione tratta dal caso di N. Hartmann è che il realismo critico non può limitare il suo positivismo ontologia, ma se si vuole fare una vera e propria metafisica che interpreta l'essenza delle cose e dell'essere deve riconoscere l'evidenza principale che le cose sono ciò che determina quanto ontologica epistemologica, essendo oltre il pensiero, il pensiero è fallibile e auto-correzione. Benessere non si esaurisce nella dimensione immanente e lo supera nella trascendenza eterna.

Questo modo di realismo critico è stato fatto passare attraverso un gruppo di pensatori che è venuto dalle scienze naturali e con una metafisica induttivi sapeva abbandonare la neokantismo dominante fine del XIX e l'inizio del XX secolo. O. Külpe (1862-1915), H. Driesch (1867-1941), E. Becher (1882-1929) e A. Wenzl (1887-1967), la spiegazione meccanicistica della vita oppongono una filosofia naturale di Dio basato in entelequial (Driesch, Wenzl), etero-teleologica (Becher). L'idea comune centrale è che il cosmo è un processo mentale entelequial up che espone l'ideale del ordine reale, che è organizzato in gradi di libertà. È quindi la potenza del doppio fondo in alto (Scheler, Hartmann). Il fattore mentale sovraindividuale che dirige essere è Dio. volontà e rappresentazione di Dio che dirige il tubo sogno universale. In queste filosofie naturale di Dio essere è entelequial.

Ma non è strettamente necessario per seguire il percorso della metafisica induttivi per stabilire una filosofia realistica della natura. filosofia insita è quello di avere aperto tutti i percorsi metodologici per arrivare all'orizzonte della trascendenza. È solo quanto basta per prendere un realismo critico, senza ristrettezza positivista.

In questo senso la spiegazione e l'esperienza mistica è compatibile con la metafisica induttivi e metafisica classica. Non essere prima o metafisica o della teologia è, tuttavia, il rapporto con il Dio vivente. Ma l'estasi di essere l'unità dell'anima con la fonte della vita sovraindividuale questo ci impone di riconoscere il divino accurata un'idea. Vale a dire, Dio è la fonte di ogni essere esemplare e che Dio è il Dio creatore del teismo cristiano

Ma perché non poteva un computer o un dio deist dio o un dio panteistico. Poiché Dio è perfetto e la realtà più perfetta di Dio è il Dio creatore, provvidente e trascendente. Questa considerazione di Dio criticamente maturo e la grazia fondato penetra la nostra volontà e la connessione sarà di aiuto nel rapporto unitivo chiamato estasi mistica.

In breve, il vertice di estasi mistica è nel Dio cristiano e la giustificazione filosofica di questo rapporto è realismo critico come punto di partenza.

Lima, Salamanca 12 Dic 2016