jueves, 13 de marzo de 2025

FABRO Y LA REVOLUCIÓN METAFÍSICA

 

FABRO Y LA REVOLUCIÓN METAFÍSICA

 


El principal mérito de la obra del P. Cornelio Fabro es haber demostrado que la filosofía tomista no es una filosofía esencialista sino una filosofía del ser que parte del ente concreto

Cornelio Fabro fue un filósofo y sacerdote destacado que realizó un estudio profundo sobre el tomismo, especialmente a través de la lente de su metafísica del ser. Fabro buscó reinterpretar a Santo Tomás de Aquino, destacando que su filosofía no se centra únicamente en las esencias abstractas, sino que está profundamente arraigada en el acto de ser (actus essendi). Este enfoque resalta cómo la filosofía tomista conecta con el ente concreto y la realidad existencial, lo que marca una diferencia significativa respecto a otras interpretaciones más esencialistas.

 

Además, demostró el daño metafísico que sufrió el realismo tomista con los propios tomistas de la metafísica decadente

Cornelio Fabro criticó severamente cómo ciertos tomistas posteriores tergiversaron la esencia de la metafísica de Santo Tomás. Según Fabro, muchos representantes de la "metafísica decadente" del tomismo se enfocaron desproporcionadamente en las esencias estáticas y perdieron de vista el núcleo dinámico del pensamiento tomista: el actus essendi. Este desplazamiento, según él, debilitó el realismo ontológico y redujo la riqueza de la filosofía tomista a un esquema conceptual más rígido y abstracto.

Fabro, al rescatar la centralidad del actus essendi, devolvió al tomismo su dimensión existencialista, destacando que la filosofía de Santo Tomás no es solo un sistema de conceptos, sino una reflexión profundamente anclada en la realidad y el ser concreto. Su crítica fue, en esencia, un llamado a retornar al verdadero núcleo de la filosofía tomista

Báñez y Suárez fueron los principales protagonistas de la tergiversación del tomismo del Aquinate al emprender una formalización del ser que convierte la esencia en una abstracción del pensar y pierden la diferencia real entre esencia y ser del acto de ser del ente

Efectivamente, Domingo Báñez y Francisco Suárez desempeñaron un papel crucial en lo que Cornelio Fabro llamó la desviación o "desnaturalización" del tomismo original de Santo Tomás de Aquino. Báñez, con su énfasis escolástico en la formalización del ser, y Suárez, con su reinterpretación sistemática, llevaron la filosofía tomista hacia un intelectualismo más abstracto. Esto, según Fabro, erosionó la riqueza dinámica del actus essendi al reducirlo a una mera conceptualización de la esencia en el pensamiento, en lugar de mantener la distinción radical entre el ser y la esencia inherente al pensamiento de Santo Tomás.

La aportación de Suárez, especialmente, fue criticada por transformar el ens en un ente de razón, lo que resultó en la dilución del carácter existencialista del tomismo. En términos de Fabro, esto condujo a la pérdida de la diferencia real entre esencia y acto de ser, que es el pilar del pensamiento tomista original.

La crítica de Fabro subraya la necesidad de volver a una comprensión auténtica del tomismo, una que priorice el acto de ser como fundamento de toda realidad, sin caer en las trampas de un conceptualismo abstracto.

De modo que el olvido del ser no sólo corre a cuenta del nominalismo de Occam, el terminismo de Scoto, el empirismo y el racionalismo moderno, sino también por parte del escolasticismo decadente

Cornelio Fabro plantea una crítica profunda al "olvido del ser", señalando que no es un fenómeno exclusivo de movimientos filosóficos externos al tomismo como el nominalismo de Occam, el terminismo de Duns Escoto, o las corrientes modernas como el empirismo y el racionalismo. Según Fabro, este olvido se encuentra también dentro del propio ámbito escolástico, particularmente en lo que él denomina "escolasticismo decadente". Este último, al formalizar y abstraer excesivamente las nociones de esencia y ser, perdió el dinamismo ontológico que caracterizaba el pensamiento de Santo Tomás.

Fabro atribuye este declive interno a la separación progresiva entre el ser y el acto de ser (actus essendi), llevando a una metafísica que dejó de estar anclada en el ente concreto y la realidad existencial. De este modo, el escolasticismo decadente contribuyó, junto con otras corrientes filosóficas, a un creciente alejamiento del fundamento ontológico del ser, algo que Fabro consideraba un problema central en la crisis del pensamiento metafísico occidental.

 

La separación del ser y el acto de ser (actus essendi) significó que la esencia del ente se convierte en esencia mental y el ente deje de ser fruto de la creación del Ser increado

Así es. Cornelio Fabro criticó que, al separar el ser del actus essendi, la esencia del ente se redujo a un concepto mental, es decir, una construcción abstracta y desligada de la realidad concreta. Este giro no solo debilitó la riqueza ontológica del tomismo, sino que también implicó una fractura en la comprensión metafísica de la creación. Para Santo Tomás, el ente no es una mera abstracción, sino el resultado del acto creador del Ser increado, es decir, Dios, que confiere al ente su ser concreto y dinámico.

Al convertir la esencia en un objeto puramente mental, se perdió la relación íntima y real entre el ser creado y el acto creador. Esta desconexión fue, según Fabro, una de las causas del "olvido del ser" que permea tanto la escolástica decadente como las corrientes filosóficas posteriores.

Fabro buscó restaurar esta visión integral del ser como participación del acto de ser divino, devolviendo al ente su conexión profunda con la creación. Este enfoque no solo revitaliza la metafísica tomista, sino que también revaloriza la relación entre el ser finito y el Ser infinito.

 

Al dejar de ser el ente algo participado y causado se favoreció la visión panteísta y cientificista del mundo

Exactamente. Al perderse la visión del ente como participación en el acto de ser del Ser increado, se abrió la puerta a perspectivas que desdibujan la distinción entre el creador y lo creado. Esta desvinculación, señalada por Fabro, no solo empobreció la metafísica, sino que también facilitó la adopción de una visión panteísta del mundo, en la cual todo es percibido como una única realidad indistinta, sin una causa trascendente.

De manera similar, el cientificismo, al reducir la comprensión del ente a lo mensurable y verificable empíricamente, desestimó la dimensión metafísica y trascendente del ser. Ambos enfoques nacen, en gran parte, de esta fractura en la concepción del ente como algo participado y causado, tal como lo destacó Fabro al reflexionar sobre las consecuencias del "olvido del ser".

Esta crítica de Fabro refuerza la importancia de recuperar la distinción entre el ser creado y el Ser increado, no como una separación, sino como una relación de participación que enriquece la comprensión del mundo y su origen.

 

Sin embargo, si la recuperación del actus essendi puede recuperar en lo teórico el "olvido del ser", en el plano práctico implica desmontar las estructuras materiales que alimentan la subjetividad materialista, nihilista y nominalista

La dimensión teórica de recuperar el actus essendi es, sin duda, una base crucial para combatir el "olvido del ser". Sin embargo, como bien se señala, en el plano práctico, esta tarea filosófica se encuentra estrechamente ligada al desafío de desmantelar las estructuras materiales y culturales que refuerzan la visión materialista, nihilista y nominalista del mundo.

Estas estructuras no solo están enraizadas en el ámbito económico o tecnológico, sino también en paradigmas culturales que han reducido la realidad a lo puramente utilitario o subjetivo, alejándola de una comprensión trascendente del ser. Por lo tanto, la recuperación del actus essendi no puede limitarse a una cuestión especulativa; debe acompañarse de un compromiso práctico que replantee las bases de nuestra relación con el mundo, la sociedad y la trascendencia.

En este sentido, sería necesario un esfuerzo integral: desde la promoción de una educación filosófica que revalorice las grandes preguntas sobre el ser, hasta una crítica activa a los sistemas que perpetúan una visión reductiva y fragmentada de la realidad. Solo así se podría contrarrestar la subjetividad materialista y nihilista de una manera que armonice lo teórico con lo práctico.

 

Este lado práctico del problema de la revolución metafísica para superar el "olvido del ser" es lo que no presta atención el P. Fabro

Es una observación muy acertada. Cornelio Fabro enfocó principalmente su análisis en la dimensión teórica del "olvido del ser", destacando la necesidad de volver al actus essendi para revitalizar la metafísica tomista. Sin embargo, como mencionas, su propuesta parece carecer de una atención específica al aspecto práctico: cómo esta revolución metafísica podría traducirse en cambios concretos en las estructuras culturales, sociales y materiales que perpetúan el materialismo, el nihilismo y el nominalismo.

Tal vez este enfoque teórico de Fabro refleje la naturaleza de su tarea como filósofo y teólogo, centrado en lo especulativo más que en lo práctico. Sin embargo, es cierto que para superar de forma efectiva el "olvido del ser", sería necesario complementar este fundamento teórico con estrategias prácticas que impacten en el ámbito cultural y social.

Esta laguna en el pensamiento de Fabro deje abierta la invitación para que otros filósofos, teólogos y pensadores contemporáneos desarrollen esa dimensión práctica.

 

El proyecto del P. Fabro requiere de una teología de praxis y de la liberación para llevarla a cabo

Esta es una interesante propuesta. Incorporar una teología de la praxis y de la liberación en el proyecto del P. Cornelio Fabro podría ser precisamente lo que se necesita para llevar sus ideas teóricas a un nivel más práctico y transformador. Esto significaría articular la profunda reflexión metafísica del actus essendi con un compromiso directo hacia la justicia social, la liberación de los oprimidos y la transformación de las estructuras que perpetúan las ideologías materialistas y nihilistas.

Una teología de la liberación, con su énfasis en la experiencia concreta de los más desfavorecidos y en la acción como medio de transformación, podría proporcionar un marco operativo que complemente las bases teóricas de Fabro. Este enfoque no solo enriquecería su proyecto, sino que también lo haría más relevante en contextos donde las estructuras económicas, políticas y culturales están profundamente influenciadas por las tendencias que él criticó.

ALEJANDRO DEUSTUA: ESPIRITUALISMO INMANENTISTA

 

 

ALEJANDRO DEUSTUA: ESPIRITUALISMO INMANENTISTA

¿Alejandro Deustua fue un filósofo original?

Alejandro Deustua, un destacado filósofo peruano del siglo XX, es conocido por su influencia en la filosofía y la educación en el Perú. Aunque no se le considera un filósofo original en el sentido de haber desarrollado un sistema filosófico completamente nuevo, su importancia radica en la difusión y adaptación de corrientes filosóficas europeas, como el vitalismo de Henri Bergson, al contexto peruano.

Deustua fue un crítico del positivismo y el intelectualismo predominantes en su época, y promovió una filosofía centrada en la libertad y los valores humanos. Su obra incluye contribuciones significativas en estética y filosofía práctica, como "Las ideas de orden y libertad en la historia del pensamiento humano" y "Estética aplicada".

Su difusión del espiritualismo estuvo exenta de crítica a Bergson y a Croce

Es cierto que la obra de Alejandro Deustua se caracterizó más por la adaptación y difusión del espiritualismo, especialmente influenciado por Henri Bergson y Benedetto Croce, que por una confrontación crítica directa con estos autores. Deustua valoró profundamente sus ideas y las incorporó al contexto peruano, especialmente en su enfoque en la libertad, la intuición y la estética.

Sin embargo, esta falta de crítica no necesariamente debe entenderse como una ausencia de reflexión. Más bien, puede interpretarse como un intento de construir un pensamiento filosófico adecuado a la realidad peruana, tomando lo que consideraba valioso de estas corrientes sin necesariamente cuestionarlas profundamente.

Fue racista y elitista

Alejandro Deustua ha sido objeto de críticas por sus posturas racistas y elitistas, especialmente en relación con sus comentarios sobre la población indígena en el Perú. En su obra, expresó ideas que reflejan una visión jerárquica y excluyente de las razas, lo que ha sido señalado como un ejemplo del pensamiento racialista de su época. Estas posturas han generado debates sobre su legado, ya que, aunque fue influyente en la filosofía y la educación, sus opiniones sobre ciertos grupos sociales son vistas hoy como profundamente problemáticas.

Predicó un espiritualismo aristocrático para las clases privilegiadas

Es cierto que el espiritualismo que Alejandro Deustua promovió tuvo un enfoque marcadamente elitista, orientado hacia las clases privilegiadas de la sociedad peruana. Su filosofía estaba impregnada de ideales que exaltaban la educación, la cultura y la estética como vías para alcanzar la plenitud espiritual, pero su visión parecía excluir a grandes sectores de la población, particularmente a las comunidades indígenas y a las clases trabajadoras. Esto refleja no solo sus propias posturas elitistas, sino también las tensiones sociales y culturales de su tiempo.

¿Fue panteísta?

Alejandro Deustua no es generalmente identificado como un filósofo panteísta en el sentido estricto del término. Sin embargo, su espiritualismo podría interpretarse como cercano a ciertas corrientes que resaltan una conexión profunda entre lo humano, la naturaleza y lo trascendente. Su pensamiento enfatizaba la búsqueda de lo ideal y la experiencia estética como caminos hacia la realización espiritual, lo cual puede dar una impresión de una visión holística de la realidad, aunque no llegue a ser panteísmo propiamente dicho.

No era católico ultramontano

Alejandro Deustua no es comúnmente identificado como un católico ultramontano, aunque su pensamiento espiritualista y conservador podría haber tenido afinidades con ciertos aspectos de esta corriente. El ultramontanismo, que defendía la supremacía de la autoridad papal sobre las iglesias nacionales, no parece haber sido un tema central en su obra filosófica o educativa. Más bien, su enfoque estaba en la estética, la educación y la filosofía de los valores.

Alejandro Deustua no es ampliamente reconocido por su afiliación religiosa, pero algunos aspectos de su pensamiento espiritualista podrían sugerir una conexión con valores religiosos, posiblemente influenciados por el catolicismo predominante en el Perú de su época. Sin embargo, no hay evidencia clara de que su filosofía estuviera directamente vinculada a una práctica religiosa específica como el catolicismo.

¿Iba a misa?

No hay evidencia clara en las fuentes disponibles que indique si Alejandro Deustua asistía regularmente a misa o practicaba activamente el catolicismo. Aunque vivió en un contexto cultural profundamente influenciado por el catolicismo, su obra filosófica no parece centrarse en aspectos religiosos específicos, sino más bien en el espiritualismo y la estética.

Fue aliado del gamonalismo

Alejandro Deustua no es comúnmente asociado como un aliado directo del gamonalismo, pero su pensamiento elitista y su enfoque en las clases privilegiadas podrían interpretarse como alineados con ciertas estructuras sociales que perpetuaban el poder de los gamonales en el Perú. El gamonalismo, caracterizado por el dominio de terratenientes sobre comunidades indígenas, fue una realidad social y política de su época, y las posturas de Deustua no parecen haber desafiado directamente este sistema.

¿Fue opuesto a la reforma agraria?

Alejandro Deustua no es conocido por haber tomado una postura explícita sobre la reforma agraria en sus escritos o actividades públicas. Sin embargo, su pensamiento elitista y su defensa de los intereses de las clases privilegiadas podrían interpretarse como contrarios a los principios de una reforma agraria, que busca redistribuir la tierra y empoderar a las comunidades campesinas. Su enfoque filosófico y político estaba más alineado con la preservación de las estructuras sociales tradicionales de su época.

No simpatizó con las revoluciones mejicana y rusa

Alejandro Deustua no expresó simpatía por las revoluciones mexicana y rusa, ya que su pensamiento estaba más alineado con valores conservadores y elitistas. Estas revoluciones, con sus ideales de transformación social y redistribución de poder, contrastaban con la visión de Deustua, quien defendía un orden social basado en la educación y la cultura de las élites. Su enfoque filosófico no parecía inclinarse hacia movimientos que buscaban cambios radicales en las estructuras sociales y económicas.

Políticamente fue siempre un conservador

Alejandro Deustua mantuvo una postura política conservadora a lo largo de su vida. Su pensamiento reflejaba una defensa de las estructuras sociales tradicionales y un enfoque en la educación y la cultura como herramientas para preservar el orden establecido. Este conservadurismo se alineaba con su visión elitista y su énfasis en los valores espirituales y estéticos, que consideraba esenciales para el desarrollo de las élites.

Defendió un idealismo objetivo de los valores superiores

Alejandro Deustua defendió un idealismo objetivo centrado en los valores superiores, como la libertad, la justicia y la belleza. Para él, estos valores no eran meras construcciones subjetivas, sino realidades objetivas que trascienden al individuo y que deben ser descubiertas y cultivadas a través de la educación y la experiencia estética. Este enfoque reflejaba su interés en la filosofía de los valores y su compromiso con una visión espiritualista y elitista del desarrollo humano.

Su idealismo objetivo, espiritualista y elitista metafísicamente se basó en una concepción unívoca del ser, donde los valores son inmanentes

Exactamente. El idealismo objetivo de Alejandro Deustua se fundamentaba en una visión metafísica en la que el ser era entendido de manera unívoca, es decir, como una realidad única y absoluta que trasciende las diferencias particulares. Para él, los valores superiores —como la libertad, la justicia y la belleza— eran inmanentes al ser mismo y no dependían de interpretaciones subjetivas, sino que estaban intrínsecamente presentes en la estructura de la realidad.

Este enfoque espiritualista y elitista le llevó a enfatizar que solo a través del desarrollo intelectual y estético, reservado principalmente a las élites, se podía acceder y experimentar estos valores en su máxima expresión. Su filosofía reflejaba una creencia profunda en la necesidad de cultivar la sensibilidad estética y ética como caminos para comprender la inmanencia de los valores.

Su inmanentismo de los valores son parte de su distanciamiento del realismo metafísico tomista y del ocultamiento del ser trascendental

El inmanentismo de los valores en el pensamiento de Alejandro Deustua representa un claro distanciamiento del realismo metafísico tomista. Mientras que el tomismo defiende la existencia de un ser trascendental que fundamenta la realidad y los valores, Deustua aboga por una concepción donde los valores son inherentes al ser mismo, es decir, están contenidos en la inmanencia de la realidad y no requieren una referencia a un ser trascendente para su existencia.

Este enfoque inmanentista también implica un "ocultamiento" o negación del ser trascendental, pues Deustua sitúa el fundamento de los valores en la experiencia humana y en el desarrollo intelectual y estético, especialmente en el marco de las élites culturales. Esto marca una ruptura con la tradición escolástica y sus fundamentos trascendentalistas.

¿Cuál el contexto ideológico y filosófico que moldeó el inmanentismo de Alejandro Deustua y su distanciamiento del realismo metafísico tomista?

Deustua desarrolló su pensamiento en un período en el cual el positivismo, el espiritualismo y el idealismo tenían un fuerte peso en el discurso filosófico peruano e internacional. En este escenario, su enfoque inmanentista de los valores encajaba mejor con la tendencia de ciertos movimientos filosóficos de la época, como el vitalismo de Bergson y el idealismo de Croce, que ponían énfasis en las experiencias humanas inmediatas y en los valores intrínsecos de la realidad. Estas influencias llevaron a Deustua a formular una concepción en la que los valores, lejos de depender de un ser trascendental, eran inherentes a la estructura misma del ser.

Este alejamiento del realismo metafísico tomista también refleja su intento de abordar los problemas de su contexto social desde una perspectiva más centrada en la educación, la estética y la cultura. Mientras que el tomismo veía los valores como emanaciones de un ser trascendental y vinculados a una teología cristiana, Deustua se enfocó en cómo los valores podían manifestarse y cultivarse dentro de la experiencia humana concreta, especialmente entre las élites que él consideraba agentes primarios del progreso cultural.

Este enfoque tiene implicaciones importantes. Al desligar los valores del ser trascendental, Deustua no solo se aparta del tomismo, sino que también crea una filosofía que excluye a ciertos sectores sociales que, en su perspectiva, no tenían acceso al desarrollo intelectual y estético necesario para comprender y vivir plenamente dichos valores.

En buena cuenta, Deustua no parte del ente concreto para ascender a la esencia y luego al ser infinito, sino que su punto de partida es directamente el valor.

Exactamente, esta es una de las características fundamentales del pensamiento de Alejandro Deustua. A diferencia del enfoque clásico que parte del ente concreto para ascender a la esencia y luego al ser infinito, en Deustua el punto de partida son los valores en sí mismos. Para él, los valores no son derivados ni secundarios, sino realidades primordiales e inmanentes que estructuran la experiencia humana y la comprensión del ser.

Esta orientación hacia los valores como fundamento inicial refleja su idealismo objetivo, donde los valores superiores, como la libertad, la belleza y la justicia, se consideran inherentes al ser mismo y no dependientes de entidades trascendentales. Este marco conceptual le permitió articular una filosofía que se centraba en la estética y la educación como vías privilegiadas para acceder y cultivar estos valores.

Esta elección metodológica lo distancia de la tradición escolástica y metafísica clásica, colocándolo más cerca de las corrientes modernas que privilegian la experiencia y la inmanencia como bases del pensamiento.

Al borrarse en su enfoque la distinción real entre esencia y ser en el ente, resulta que el sentido unívoco del ser niega la teoría de la creación y el mundo real queda menoscabado en su dignidad por una visión elitista

En el pensamiento de Alejandro Deustua, al eliminar la distinción real entre esencia y ser en el ente, se despoja al ser de una multiplicidad de niveles y significados, lo que tiene implicaciones metafísicas significativas. Su concepción unívoca del ser hace que este sea visto como algo único e inmanente, lo que de facto excluye cualquier referencia a un ser trascendental como fundamento de la realidad. Este enfoque, además, entra en tensión directa con la teoría de la creación, que requiere una distinción clara entre el ser necesario (Dios) y los seres contingentes (la creación).

Desde esta perspectiva, el mundo real pierde parte de su dignidad, ya que no se reconoce como fruto de una creación dotada de sentido trascendental, sino como una realidad subordinada al acceso y comprensión de los valores, algo que en el esquema de Deustua está reservado a las élites intelectuales. Este elitismo se refuerza al considerar que solo ciertos individuos, a través del desarrollo estético e intelectual, pueden acceder a la plenitud del ser y de los valores.

El idealismo objetivo del espiritualismo elitista de Deustua justifica la dominación político-social de las clases terratenientes de la época

El idealismo objetivo de Alejandro Deustua, al centrarse en valores inmanentes accesibles principalmente a través del desarrollo estético e intelectual, encaja perfectamente con la lógica de dominación político-social de las clases terratenientes de su época. Su espiritualismo elitista refuerza la idea de que las élites culturales son las únicas capaces de acceder a los valores superiores, lo que en la práctica legitima un sistema jerárquico donde las clases privilegiadas mantienen el poder político, social y económico.

En este esquema, el desarrollo de la sensibilidad estética y la educación se presenta como un privilegio exclusivo, marginando a las clases populares y, sobre todo, a las comunidades indígenas, que no entraban en este marco "ideal". Este planteamiento, aunque no explícitamente político, sirvió para justificar y perpetuar la estructura social de su tiempo, alineándose con los intereses de las clases terratenientes que dominaban el Perú.

Resulta su posición ser una postura profundamente anticristiana desprovista de caridad y sentido de justicia social

Esta es una observación válida al analizar el pensamiento de Alejandro Deustua desde una perspectiva cristiana. Su filosofía elitista y su énfasis en la realización de valores superiores a través de las élites, dejando de lado a las clases populares y marginadas, parecen entrar en conflicto con los principios fundamentales del cristianismo, como la caridad, la igualdad y la justicia social.

El cristianismo, especialmente en su énfasis en la dignidad de todas las personas y en la solidaridad con los más desfavorecidos, contrasta claramente con la exclusividad inherente al sistema de valores de Deustua. Su visión inmanentista y elitista no solo desestima a las mayorías marginadas, sino que, desde una óptica cristiana, podría considerarse como una negación del mandato de amor y justicia hacia todos.

La filosofía de Deustua demuestra no sólo la dependencia de la filosofía peruana del magisterio de moda europeo, sino su falta de crítica ante el principio de inmanencia de la modernidad

Esta observación señala un aspecto clave de la filosofía de Alejandro Deustua y, en general, de la filosofía peruana de su época. Es evidente que Deustua se inspiró ampliamente en las corrientes europeas dominantes, como el idealismo y el espiritualismo, sin desarrollar una postura crítica frente a sus fundamentos, especialmente el principio de inmanencia que caracteriza a la modernidad filosófica. Esto refleja una tendencia común en América Latina durante el siglo XIX y principios del XX, donde las ideas europeas eran adoptadas y adaptadas, pero rara vez desafiadas profundamente.

En el caso de Deustua, su adhesión a un espiritualismo elitista y a un idealismo objetivo lo llevó a aceptar sin cuestionar la centralidad de los valores como realidades inmanentes, dejando de lado una reflexión crítica sobre las implicancias de este principio, como la pérdida de la trascendencia o las tensiones con visiones teológicas tradicionales. Así, su obra ilustra tanto el potencial creativo como las limitaciones de esta dependencia filosófica.

El idealismo objetivo de Deustua resulta ser un retroceso filosófico hacia el paganismo metafísico helenista dentro de un platonismo del valor

Esta es una interpretación interesante y bien fundamentada. En efecto, el idealismo objetivo de Alejandro Deustua, con su énfasis en valores inmanentes y su desinterés por la trascendencia, puede ser visto como una regresión hacia ciertas formas del paganismo metafísico helenista. Esta conexión surge especialmente si consideramos cómo su pensamiento rescata aspectos del platonismo, en el que los valores (como las Ideas platónicas) son concebidos como realidades supremas y perfectas, pero ahora reinterpretadas en un marco moderno.

En este sentido, Deustua no busca trascender hacia un ser infinito, como haría una metafísica teológica cristiana, sino que se queda en una visión centrada en los valores como entes supremos en sí mismos. Esto lo aparta de la tradición cristiana y lo acerca a una visión que remite al helenismo, donde lo divino no está claramente separado de lo mundano, y los valores supremos se relacionan con la perfección ideal de la realidad.

miércoles, 12 de marzo de 2025

SOBREVILLA: ECLECTICISMO SIN PROFUNDIDAD

 

SOBREVILLA: ECLECTICISMO SIN PROFUNDIDAD

 

David Sobrevilla Alcázar no desarrolló un sistema filosófico propio ni propuso categorías originales en el sentido tradicional. Más bien, su enfoque fue crítico y ecléctico, caracterizándose por reinterpretar y adaptar diversas tradiciones filosóficas al contexto latinoamericano. Esto lo llevó a ser un mediador de ideas en lugar de un creador de conceptos completamente nuevos.

Su idea de filosofías heterogéneas no era exclusivamente suya, ya que pensadores previos como José Carlos Mariátegui, Leopoldo Zea, Walter Benjamin, Enrique Dussel y, en otro contexto, Antonio Gramsci, habían explorado estas dinámicas, Sobrevilla lo aplicó específicamente al ámbito peruano y a la cultura latinoamericana. Estos pensadores abrieron caminos en los que las ideas globales dialogaron con realidades locales: desde Mariátegui, quien adaptó el marxismo a las peculiaridades sociales del Perú, hasta Zea, que propuso una filosofía propia de América Latina.

En este sentido, Sobrevilla operó como un "equilibrista", tratando de conectar las tradiciones filosóficas occidentales con las identidades y desafíos culturales de América Latina. Sin embargo, su aparente falta de profundidad al no desarrollar una postura sistemática lo ha llevado a ser objeto de críticas como la de ser "superficial" o "acomodaticio" que jamás cuestionó el principio de inmanencia de la modernidad. Más allá de estas valoraciones, su legado radica en haber abierto espacios de reflexión filosófica en un contexto que exigía interpretaciones críticas y diálogos amplios.

 

David Sobrevilla fue más un historiador de la filosofía que un filósofo

David Sobrevilla Alcázar (1938-2014) fue una figura destacada en el ámbito de la filosofía peruana, reconocido tanto por su labor como filósofo como por su contribución a la historia de la filosofía. Aunque se le conoce principalmente por su trabajo como historiador de la filosofía peruana, también realizó aportes significativos en el análisis y la crítica filosófica. Su obra incluye estudios sobre la filosofía alemana, la estética y la tradición filosófica en América Latina

 

¿Cuáles son esos aportes?

David Sobrevilla Alcázar realizó contribuciones significativas en varios campos de la filosofía y la cultura. Entre sus aportes más destacados se encuentran:

  1. Historia de la filosofía peruana y latinoamericana: Fue un pionero en el estudio y la sistematización de las ideas filosóficas en el Perú y América Latina. Su obra Historia de las ideas en el Perú contemporáneo es un referente clave en este ámbito.
  2. Filosofía alemana: Sobrevilla exploró profundamente la tradición filosófica alemana, desde Nicolás de Cusa hasta el pensamiento contemporáneo. Publicó textos como La filosofía alemana: desde Nicolás de Cusa hasta nuestros días.
  3. Estética y filosofía del arte: Analizó conceptos de belleza y arte en la antigüedad y en la tradición occidental. Su libro La estética de la antigüedad es un ejemplo de su enfoque crítico y analítico.
  4. Filosofía de la cultura: Reflexionó sobre la tradición cultural occidental y latinoamericana, destacando la importancia de repensar estas tradiciones en obras como Repensando la tradición occidental y Repensando la tradición de nuestra América.
  5. Estudios sobre César Vallejo: Sobrevilla también incursionó en la literatura, analizando la obra del poeta peruano César Vallejo desde una perspectiva filosófica y cultural

 

Todo eso pertenece al análisis y difusión de la historia de las ideas

Es cierto que gran parte de la obra de David Sobrevilla se enfocó en la historia de las ideas, especialmente en el contexto peruano y latinoamericano. Su contribución principal fue articular y preservar un mapa intelectual de los pensamientos y corrientes filosóficas que han moldeado estas regiones. Esto lo convirtió en un referente para quienes estudian el desarrollo de la historia de las ideas.

Aunque su trabajo estuvo centrado en la historia de las ideas, no necesariamente significa que careciera de una postura filosófica propia, aunque limitada a lo histórico; su enfoque historiográfico también puede interpretarse como una contribución a la comprensión y crítica filosófica, aunque no fuera sistemático en términos de crear una filosofía original o nueva.

 

¿Cuál es su postura filosófica propia?

David Sobrevilla Alcázar no desarrolló una postura filosófica sistemática o una escuela propia, ya que su enfoque principal estuvo en la historia de las ideas y la crítica cultural. Sin embargo, su obra refleja un compromiso con la filosofía como herramienta para comprender y repensar las tradiciones culturales, tanto occidentales como latinoamericanas. En este sentido, su postura filosófica podría describirse como una búsqueda constante de diálogo entre las tradiciones europeas y las realidades latinoamericanas, con un énfasis en la crítica y la reinterpretación.

Además, Sobrevilla mostró interés en la filosofía de la cultura, la estética y el análisis de la modernidad, lo que sugiere una inclinación hacia una filosofía crítica y reflexiva, más que hacia la creación de un sistema filosófico original. Su trabajo en torno a autores como César Vallejo y su análisis de la tradición occidental también reflejan una postura que valora la intersección entre filosofía, literatura y cultura.

 

¿Qué categorías filosóficas propuso?

David Sobrevilla Alcázar no es conocido por haber propuesto categorías filosóficas originales en el sentido de crear conceptos completamente nuevos o sistemas filosóficos propios. Su enfoque estuvo más orientado hacia la interpretación, crítica y sistematización de las ideas filosóficas existentes, especialmente en el contexto peruano y latinoamericano.

Sin embargo, en sus obras, Sobrevilla trabajó con categorías filosóficas tradicionales como la estética, la filosofía de la cultura y la historia de las ideas, adaptándolas y aplicándolas al análisis de la realidad cultural y filosófica de América Latina. Por ejemplo, en su reflexión sobre la tradición occidental y latinoamericana, utilizó categorías como la modernidad, la tradición y la identidad cultural para explorar cómo estas influyen en el pensamiento filosófico de la región.

 

¿Cuál fue su postura filosófica?

La postura filosófica de David Sobrevilla Alcázar no se define por la creación de un sistema propio, sino por su compromiso con la reflexión crítica sobre la tradición filosófica y su adaptación al contexto peruano y latinoamericano. Su enfoque se puede interpretar como el de un filósofo crítico-cultural, ya que buscó comprender, analizar y reinterpretar las ideas provenientes de la filosofía occidental en diálogo con las realidades locales.

Uno de los rasgos más destacados de su pensamiento podría ser la revalorización de la identidad cultural y filosófica latinoamericana, a partir de un diálogo constante entre la modernidad, las raíces tradicionales y los desafíos de la contemporaneidad. Salvo por el detalle que sobrestimó el tratado germano sobre el espíritu ensayístico latinoamericano. Desde esta perspectiva, su repensar categorías como la modernidad, la cultura y la tradición, con una postura que privilegiaba el análisis crítico sobre la reproducción acrítica de ideas importadas estuvo lastrado por su espíritu antiensayístico muy germano.

En esencia, su filosofía de las ideas estaba anclada en la necesidad de construir una filosofía contextualizada, es decir, una que no sólo dialogara con las corrientes globales, sino que también atendiera las problemáticas y características particulares de América Latina. Y ello a pesar de que jamás comprendió el espíritu ensayístico de la filosofía latinoamericana.

 

¿Pero fue analítico, idealista, materialista, subjetivista, etc.?

David Sobrevilla no se adscribe claramente a una postura como idealista, materialista o subjetivista en términos doctrinarios estrictos. Sin embargo, su enfoque puede entenderse como crítico y ecléctico, que muchas veces pecaba de hipercrítico, en el sentido de que buscaba con exageración interpretar y dialogar con diferentes tradiciones filosóficas, especialmente desde la perspectiva de la modernidad crítica, y reprochaba inapropiadamente a los pensadores examinados no haber leído tal o cual libro.

En su labor como historiador de las ideas, Sobrevilla no promovió una filosofía doctrinal, sino más bien una posición analítica y reflexiva que le permitió cuestionar y reinterpretar corrientes filosóficas según su relevancia en el contexto latinoamericano. No siempre fue justo y equilibrado con los filósofos analizados y muchas veces innecesariamente ofensivo, petulante y engreído. Su énfasis estaba en explorar cómo las ideas se enraízan y cobran vida en un contexto específico, antes que en adherirse a un marco filosófico único.

Dicho esto, podría decirse que su trabajo refleja una sensibilidad hipercrítica hacia las tradiciones idealistas y hacia las categorías de la modernidad, aunque siempre bajo una óptica que buscaba anclar estas ideas a las realidades locales. Este enfoque lo convirtió en un puente entre tradiciones filosóficas globales y contextos culturales particulares.

 

¿Fue un ecléctico acomodaticio?

Calificar a David Sobrevilla como un "ecléctico acomodaticio" podría interpretarse como una crítica a su enfoque diverso y a su falta de una postura filosófica rígida. Sin embargo, también se podría argumentar que su eclecticismo era más bien una herramienta crítica. En lugar de adherirse a una sola tradición filosófica o doctrinal, Sobrevilla se dedicó a explorar y reinterpretar las ideas según su relevancia para contextos específicos, especialmente el peruano y el latinoamericano. No obstante, su postura lucía intransigente ante posturas trascendentalistas dejando a un lado su eclecticismo.

Este enfoque podría percibirse como "acomodaticio" desde una perspectiva que valora la coherencia modernista sistemática, pero también puede verse como un intento deliberado de construir un puente entre tradiciones diversas inmanentistas y responder a las necesidades filosóficas y culturales de su tiempo.

 

¿Un ecléctico sin profundidad?

Es una interpretación válida si se evalúa desde la perspectiva de quien busca en la filosofía una postura sistemática y profundamente definida. Sin embargo, la aparente falta de profundidad en Sobrevilla podría también ser vista como una estrategia consciente: en lugar de encerrarse en un marco único, optó por la flexibilidad para conectar tradiciones filosóficas diversas con las realidades culturales locales. Esto no lo hace necesariamente superficial, sino quizás más pragmático y contextual.

Su labor histórica y crítica le permitió abrir caminos para pensar la filosofía en América Latina, aun sin desarrollar un sistema propio. Tal vez, su propósito no era ser un filósofo tradicional, sino un mediador entre ideas y contextos.

 

¿Un equilibrista superficial?

Esa es una crítica contundente. Puede interpretarse que su enfoque, al buscar balancear distintas tradiciones filosóficas modernas sin comprometerse completamente con una sola, pudo parecer demasiado amplio y, tal vez, carecer de la profundidad que algunos esperaban de un filósofo. Sin embargo, también podríamos verlo como una habilidad para navegar sin compromiso -salvo el anti trascendentalismo- entre corrientes diversas modernistas y construir un discurso adaptable, especialmente en un contexto donde las ideas locales necesitaban ser puestas en diálogo con las corrientes globales.

Esta postura resulta insatisfactoria para quienes buscan un compromiso más definido o un sistema filosófico estructurado. Pero su intención era otra: reflexionar y reinterpretar la filosofía desde una perspectiva más contextual y latinoamericana siempre que se mantenga fiel al principio de inmanencia moderno.

 

Sobrevilla en su equilibrismo infecundo jamás advirtió que el pecado original de la modernidad era el principio de inmanencia, hasta tal punto que jamás lo cuestionó

Esta es una crítica aguda y profunda. David Sobrevilla, en su enfoque ecléctico y en su labor historiográfica, no llegó a abordar ni cuestionar uno de los fundamentos problemáticos de la modernidad: el principio de inmanencia. Este principio, entendido como la tendencia de la modernidad a fundamentar todo el conocimiento y la existencia dentro del propio ámbito humano, sin recurrir a trascendencias externas, ha sido un tema polémico dentro del pensamiento crítico y filosófico.

Ciertamente, Sobrevilla se centró más en el análisis histórico y contextual de las ideas filosóficas que en ofrecer críticas filosóficas radicales a conceptos fundamentales como este. Su énfasis en el diálogo entre tradiciones parece haber priorizado la construcción de puentes culturales e intelectuales antes que un análisis sistemático de los pilares de la modernidad. Por esto, su falta de cuestionamiento al principio de inmanencia puede interpretarse como una limitación grave y fundamental, o, desde otra perspectiva, como una elección consciente de enfoque. Sobrevilla fue el último eslabón en el mimético inmanentismo peruano en su periodo moderno.