miércoles, 13 de noviembre de 2013

NUEVA UTOPIA PARA LA CONVIVENCIA HUMANA


NUEVA UTOPÍA PARA LA CONVIVENCIA HUMANA

Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
(Conferencia pronunciada el 22 de Noviembre del 2013)

 
La Facultad de Educación y CCSS y el Departamento de Filosofía y Arte de la Universidad Nacional de Trujillo, que en los últimos tiempos ha tomado un vuelo tan notorio, me ha invitado, a través de la estudiante Clariza Huamaní Arotoma, Presidenta de la Comisión Organizadora, la estudiante Eyleen Nureña Alva, Coordinadora del Comité Académico, y el célebre filósofo trujillano, Dr. Víctor Baltodano Azabache, en el marco del Primer Congreso Regional de Filosofía del Norte del Perú a presentar algunas reflexiones sobre el “espinoso” tema de la “Convivencia Social”, con el fin de impulsar una filosofía para el desarrollo humano.

Y digo “espinoso” porque actualmente para nadie es un secreto y, al contrario, es una verdad de Perogrullo que la sociedad de mercado de hoy está diseñada para que el hombre no se conduzca por lo que es, sino por lo que acumula y tiene. Es indudable que actualmente la convivencia social está dañada a nivel planetario por el aumento inaudito de la desigualdad económica, la destrucción ambiental y la injusticia social. ¡Nunca, en ningún tiempo de la historia conocida por la humanidad, existió un puñado social tan reducido que concentre en tan pocas manos cerca del 90% de la riqueza mundial!

Estamos inmersos en un peligroso ciclo histórico de deterioro mundial de la convivencia social y humana. Se va imponiendo el proyecto luciferino de hacer funcionar a la humanidad con la utilidad intercambiable de la máquina. El hombre global de hoy no convive sino compite, y afila las garras tras la ambición, el poder y el placer. Tras cerca de 40 años del predominio de la utopía liberal el capitalismo global ha demostrado que sólo gestiona la crisis pero no la resuelve, su lógica sólo asegura la rentabilidad financiera del capital excedente, no pertenece a su lógica una teoría de la distribución de la ganancia y por ello no lleva al progreso social ni al desarrollo de la democracia.

Al contrario, la utopía liberal con su credo de que el desarrollo equivale a la expansión del mercado desató la más inaudita crisis global jamás conocida. Pues, la actual crisis mundial no sólo es económica y ecológica, sino, sobre todo, es humana. La irreflexiva pretensión de hacer funcionar al mundo como un mercado y una máquina ha puesto al hombre al borde de la barbarie. Su creencia que con la tecnología y la ciencia se consigue el desarrollo humano también sucumbe, pues no sólo se viene una incontrolable crisis de agua, alimentos y energía, sino que el predominio de la inteligencia artificial está generando la proliferación de los cerebros descentrados en la web, sin capacidad crítica ni poder de concentración. Pues la ciencia y la técnica también contienen posibilidades perversas y ominosas que llevan hacia la barbarie. Y cada vez queda más claro que sería un error buscar en la ciencia, la técnica, como en la educación, una solución a todos los problemas del presente.

De manera que el hombre convertido tan sólo en un valor de cambio pierde su dignidad y sentido de la vida, reduce su existencia al salario, al precio, a la despiadada competencia por el tener, remitiendo al olvido su autorrealización personal y vida espiritual. Se convierte en una cosa más entre las cosas. Su alienación se ha vuelto más profunda y tornó en cosificación. Es el triunfo prometeico del hombre anético, que conquista el mundo pero que se pierde a sí mismo.

En otras palabras, ¡Nunca como ahora, la convivencia social se ha encontrado en una encrucijada tan grave y tan amenazada por el grave problema de la deshumanización creciente y acelerada a nivel planetario!

El análisis sociológico de Ferdinand Tönnies (Comunidad y Sociedad, 1887) sostiene que la voluntad orgánica desarrolla la comunidad (Gemeinschaft), forma de vida antigua, donde prima el hombre natural, con lazos reales fundados en lazos de sangre, de localidad y creencia, donde el estatuto representa el derecho natural, pero su destino es evolucionar hacia la sociedad. Mientras la voluntad racional desarrolla la sociedad (Gesellschaft), de individuos abstractos, sin lazos reales, insertos en el mercado mundial, donde el único valor es el de cambio, ligado al beneficio económico, donde el contrato representa el derecho de la sociedad, en el cual el individuo deviene en persona y el tipo perfecto es el comerciante. En buena cuenta, Tönnies intenta mostrar la íntima trabazón entre racionalidad, sociedad y capitalismo. Tríada que Marx y gran parte del pensamiento socialista del siglo XX intentó desmontar infructuosamente.

La susodicha racionalidad del beneficio del capitalismo nos ha conducido a la barbarie y no menos bárbara se manifestó la racionalidad de la distribución bajo el fenecido socialismo real. Pero la pregunta que aquí nos asalta es que si pertenece a la esencia misma de la razón tal destino. Si es así acaso nos hace falta una nueva forma de pensar. Y si es necesaria una nueva forma de pensar qué condiciones históricas darán lugar a ella. Además, queda pendiente la interrogante si el alumbramiento de una nueva forma de pensar en una nueva fase histórica se hará de forma traumática o paulatina.

En la esencia de la razón coexisten dos órdenes: el discursivo, lógico y teórico-práctico, y el intuitivo, participativo y contemplativo. Este último alcanzó su mayor grado de desarrollo en las civilizaciones ancestrales o en la llamada mentalidad arcaica. Ve el cosmos como una totalidad viviente animada, donde el mundo fenoménico revela el destino. Emplea conceptos-imágenes, su comunicación es alegórica, poética, metafórica, simbólica, analógica y alegórica. Su forma conceptual es estética. Sus formas de sabiduría comprenden la mántica, la horoscopía, el mito, la magia, la profecía. El sentido de su sabiduría es oracular, escatológica, revelación, iniciación e intuición. Su esfera ontológica es onírica, pática y cósmica. El propósito de su saber simbólico es lo que la cosa “quiere decir”.  Su filosofía se resuelve en una teoría intuitiva del destino. Prestó grandes beneficios, fue la cuna de la humanidad y la gestora de los grandes maestros espirituales de la humanidad. Buda, Confucio, Lao Tsé, Zaratustra y Jesús pertenecen a este tipo de orden racional. Jaspers incluye a Sócrates, el padre del concepto, en este grupo al que llama el “tiempo eje”. Y el principal enemigo a este orden de racionalidad es la actual orgía de pragmatismo y tecnicismo que nos asola.

El otro orden racional, el llamado lógico-discursivo, basado en el principio de identidad y de no contradicción, ha sido el baluarte sobre el cual se ha edificado desde la modernidad la ciencia, la técnica y el pensamiento moderno. Está basado en conceptos puros de la lógica, su interpretación del cosmos es matemático-cuantitativo, su forma conceptual es lógica y experimental, su forma de sabiduría es objetiva, el sentido de su saber es el cálculo y la predicción, su esfera ontológica es el fenómeno opuesto a la cosa en sí, resuelve el ser en el aparecer o en lo fenoménico, el propósito de su saber es lo que la “cosa es” para alcanzar su dominio y control, y culmina en una filosofía que se resuelve en una teoría de las causas y efectos.

Y aun cuando la teoría de la relatividad y la teoría de los cuantas provocó la crisis de la concepción mecánico-materialista del universo, sin embargo el camino del paradigma matemático griego hacia la realidad sigue incólume. Esto ha conducido a que físicos de partículas y cosmólogos crean que estamos ad portas de una teoría final de todas las cosas, como símbolo de triunfo y superioridad del orden discursivo de la racionalidad objetivo-experimental. A pesar de ello, físicos tan eminentes como Roger Penrose (El camino a la realidad, 2006), ha manifestado sus dudas que tal meta se logre, basados en que si bien es cierto de que el camino matemático hacia la realidad nos ha servido de mucho no obstante no se ha encontrado todavía el verdadero camino hacia la realidad. En otras palabras, esto equivale a decir que el camino del pensamiento científico y del orden discursivo de la razón está lejos de penetrar en el corazón de lo real mismo.

Esta es una conclusión muy grave puesto que si el orden discursivo de la razón opera meramente a nivel de la capa fenoménica de lo real, entonces la inevitable consecuencia humana tenía que ser el olvido de su esencia y la deshumanización del hombre. Lo cual se ha traducido en el intento erróneo de tratar de solucionar todos los problemas humanos a través de la ciencia y de la técnica. El resultado final no ha sido la reconstrucción humana y social sino su destrucción. Con esto ha quedado nítidamente establecido que la ciencia no busca “verdades” ni “verosimilitudes” popperianas, sino que construye modelos ficticios para manipular la realidad con éxito relativo en el mundo material y humano.

En otras palabras, la axiomatización científica tiene que ver menos cono lo real y mucho más con la manipulación de lo real. En este punto el pensamiento científico y el orden discursivo de la razón estarían mostrando un pronunciado cariz ideológico, en la medida en que enfatiza la voluntad de poder a través del “control” ya sea natural o social. No es entonces casualidad lo señalado por los pensadores de la Escuela de Frankfurt, al subrayar que la razón instrumental suprime la individualidad sirviéndose de la ciencia y la tecnología.

En este punto hay que tener en cuenta las tres etapas de la civilización técnica señalado por Lewis Mumford (Técnica y civilización, 1934), esto es: su fase eotécnica (basada en el agua y la madera) que regularizó el tiempo con la invención del reloj (siglos X-XVI); su fase paleotécnica (basado en el carbón y el hierro), que incrementó la energía mecánica con la invención del telar mecánico y la locomotora (siglos XVII-XIX); y su fase neotécnica (basado en la electricidad y aleación) multiplicó la producción de bienes, contrajo el tiempo y el espacio, estandarizó la producción, el producto y al hombre.

Lo interesante aquí es que Mumford señala que la civilización técnica en su fase neotécnica se hizo posible que lo cuantitativo y mecánico sea más sensible a lo cualitativo, lo orgánico y teleológico. Volvió el respeto por el color, lo estético, las cantidades diminutas, lo invisible, lo ergonómico, la sensibilidad más fina, la comunicación instantánea, todo lo cual produce un cambio de valores. Con ello si la máquina fue antes enemiga de la vida hoy se vuelve la aliada de ella.

Con esto surge una pregunta desconcertante. ¿Se dirige el orden discursivo de la razón hacia la confluencia con el orden intuitivo de la racionalidad? Si fuese así estaríamos ante un cambio inaudito de consecuencias imprevisibles para el destino humano. ¿Acaso las corrientes intrahistóricas de la racionalidad humana van hacia una nueva Edad Media en el sentido de la apertura de un nuevo horizonte de espiritualidad y mística nunca antes visto? ¿Qué significaría que el orden teórico-pragmático de la razón sufra una síntesis con el orden participativo-espiritual de la racionalidad?

En la historia no hay retrocesos, hay avances, congelamientos o declives. En este sentido, lo más probable sea que ante el ocaso de la modernidad alumbre una nueva síntesis de la razón, que no nos lleve a una edad media oscurantista como la predicha por Nicolás Berdiaev, sino, por el contrario, será una nueva Edad Media llena de espiritualidad y mística donde ciencia y humanismo hayan depuesto su otrora antagonismo y se enlacen en un redivivo y más potente Renacimiento humano e histórico. Nos permite mantener el optimismo con respecto a una renovación análoga al renacimiento los caminos que va tomando la propia razón lógica frente a la razón participativa.

No hay duda de que el avance de tal derrotero significará derribar el actual orden político y financiero de los monopolios megacorporativos que se han adueñado del planeta, que se resisten a socializar los beneficios de la civilización técnica en su actual fase neotécnica, y que son el principal obstáculo para que se acelere la revolución mental y espiritual que tanto requiere la humanidad del presente. Si estos esfuerzos prosperan, entonces la época de las hazañas de la ciencia divorciada de la ética y del humanismo quedarán como cosa propia de una era oscura e infeliz, donde el hombre consumía su existencia en el tener olvidando su ser. Recién, entonces, emergerá un ambiente de inmarcesible concordia en las relaciones humanas y una auténtica convivencia social, donde la realización de los valores esté basada en la encarnación de las virtudes.

En una palabra, el camino de la reconstrucción de la convivencia social transita antes que por utopías políticas y económicas por una reconciliación de la razón humana consigo misma y con la realidad. Esa utopía epistémica es la utopía de la reconciliación del antiguo divorcio entre mito y razón, lo subjetivo y lo objetivo, lo espiritual y lo material, lo inmanente y lo trascendente, lo humano y lo divino. Será el triunfo de un nuevo principio de realidad, una nueva metafísica y una nueva ciencia, sobre la base de una nueva síntesis dialéctica en el seno mismo de la razón humana.

Muchas gracias

sábado, 2 de noviembre de 2013

ENIGMATICO COSMOS MOCHICA

EL ENIGMÁTICO COSMOS DE LOS MOCHES

ATISBANDO MÁS ALLÁ DE LA ARQUEOASTRONOMÍA EN TORNO

 AL TEMA COMPLEJO DE LA HUACA DE LA LUNA


Gustavo Flores Quelopana

Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

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Es indudable que todas las “huacas” y monumentos arqueológicos precolombinos del antiguo Perú fueron diseñados siguiendo alguna guía astronómica, y esto lo demuestra fehacientemente la moderna investigación arqueo-astronómica, pero también es poco dudoso que el fin perseguido fuese astrológico, mántico, escatológico, horoscópico, profético y participativo, y esto se deduce de las investigaciones sobre la naturaleza del pensar ancestral, mítico, simbólico, analógico, metafórico y alegórico. En otras palabras, se trata de una interpretación del cosmos donde prevalece la revelación del Destino.

El asunto comenzó en mí cuando al final del I Seminario Internacional de Educación los organizadores de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Trujillo tuvieron la feliz idea de llevar a los ponentes y asistentes a una visita arqueológica a la Huaca de la Luna. Era la primera vez que subiría por sus empinadas rampas, y la verdad es que quedé más que deslumbrado cuando al término del recorrido se posaron nuestros ojos sobre el famoso Muro llamado del “tema complejo” de la Huaca de la Luna. 

Quizá quiso la Providencia que dicho efecto fuese preparado porque en el ómnibus tuve la fortuna de departir con una alumna de cuarto año oriunda del amazonense pueblo de Condorcanqui. Su nombre era Fabiola y sus apellidos, que mi memoria no retiene, eran tan exóticos como su lengua aborigen. Lo que más me impresionó de su relato es que gracias a los poderes curativos y proféticos del espíritu de una planta llamada “toé” ellos pudieron siempre hacer fracasar los planes de los incas por conquistarlos, y hasta hoy les sirve para curar, alejar del pueblo a las personas molestas y ver el futuro personal. Todo lo cual me retrajo a las investigaciones del filósofo rumano Mircea Eliade sobre el chamanismo como técnica arcaica de éxtasis, los estudios de Antun Tsamaraint sobre la experiencia chamánica en el pueblo Shuar de Ecuador, hasta el antropólogo suizo-canadiense Jeremy Narby y su famosa obra La Serpiente Cósmica (1998) con su idea de que los chamanes aztecas, shipibos-conibo, aborígenes australianos, antiguos egipcios, en sus visiones a través de la ingestión de la ayahuasca, el San Pedro, el toé, hacen descender la conciencia a nivel molecular y consiguen acceder a la información biomolecular de las esencias animadas o espíritus del cosmos que se despliegan como serpientes rodeando el mundo.

Después de todo tiene sentido que una interpretación del mundo basada en una concepción de la misma como totalidad viviente o animada se remitiese a dichas esencias o espíritus a través de plantas alucinógenas, para conseguir no por vía lógica sino estética la “visión” que les revelara la verdad. A esta estructura de la mentalidad arcaica le llamo “metafísica de la aletheia” o de la “visión”, basada no tanto en el concepto puro de la lógica sino en el concepto-imagen de la intuición, y que en mi parecer, todavía se prolonga en los presocráticos. Más adelante, específicamente desde Platón la filosofía griega se asentará en la “metafísica de las esencias”, donde el protagonismo corre a cargo del concepto puro de la lógica sobre el concepto imagen del filosofar poético alegórico ancestral. No obstante es necesario precisar que dicha metafísica de las esencias, especialmente en Platón y Plotino, no prescinde del mito porque considera que la imagen y el símbolo vislumbran lo que no logra expresar el concepto. Es por esto que no es correcta la idea que Aristóteles se encargó de difundir, repetida por los escolásticos y seguida por Santo Tomás de Aquino, sobre la duplicación platónica del mundo, puesto que la idea no estaba totalmente separada del mundo, más bien hay en Platón diversas modalidades de plenitud o fuerza del ser.

Y esta interpretación platónica de que el mundo sensible no está fuera ni separada del mundo de las ideas se congracia con la mentalidad arcaica que concibe a la totalidad viviente o animada. El Ser está en el mundo, no está separado del mundo como en Parménides, ni consiste en el puro devenir y multiplicidad fugaz como en Heráclito, sino que –como más tarde lo enfatizaría la ontología de lo concreto de Mauricio Blondel y la  metafísica de la aparición de Mariano Iberico- el ser tiene vocación de aparecer y el ser en sí no vive separado sino unido al fenómeno, que sin embargo no agota la verdad ni la manifestación del ser.

Yo creo que todas estas disquisiciones metafísico-ontológicas son necesarias para comprender el enigmático significado del Muro Complejo Moche, lleno de observaciones astronómicas pero también de símbolos oníricos, analógicos y simbólicos. Los mismos que son difíciles de entender y reactivos para una mentalidad como la nuestra asida de una lógica instrumental, utilitaria y pragmática, propia de una “metafísica del percipi”, del factum, de los hechos empíricos observables e inobservables pero todos ellos inmanentes. Nuestra mentalidad moderna es hija de la “metafísica de la visión” ancestral o mitocrática, de la “metafísica de las esencias” o logocrática de los griegos y de la “metafísica de la existencia” o personalista del cristianismo, pero ha tomado distancia de todas ellas y se basa en la más estricta objetividad señalada por la razón matemática y experimental. Lo cual ha desembocado en la sustitución del ser por el ente calculable y manipulable.

La confusión para el hombre moderno y contemporáneo se hace todavía más grande cuando asistimos al parto de una nueva metafísica salida de sus entrañas, a saber, la “metafísica de lo virtual” o de la máquina, con su lógica algorítmica, el imperio del código, de lo artificial, cuya ontología sin embargo es real, y reclama una urgente atención para que la humanidad no caiga en la robotización. Es por esto que en el desentrañar de una realidad ancestral necesitamos recorrer todos los caminos metafísicos de la humanidad para evitar el anacronismo de imponer nuestra propia mentalidad.

En este sentido la interpretación sostenida por Roberto Ochoa (El 11 de setiembre de los Moches/LaRepública.pe), basado en el libro “Cosmos Moche”, robustece la interpretación conocida de que el mundo terrenal creado por los mochicas trataba de reflejar el orden en el cielo. Y para ello se basa en una serie de cálculos que demuestran que en el 11 de setiembre del 750 ocurrió un hecho astronómico asombroso que sin duda generó en la cosmovisión moche una conmoción inusitada.

Si atendemos sólo al aspecto estelar del Muro Complejo Moche se observa la Luna en cuarto creciente coronada con una estrella, los cuales son eje de cuatro murales del tema complejo. El hallazgo de dos primeros muros en 1990 por Régulo Franco y Francisco Wiese dio lugar a los trabajos arqueológicos en Huaca El Brujo. Se terminó hallando la tumba y el ajuar funerario de una sacerdotisa tatuada, bautizada como  La Dama de Cao.

Los otros dos muros mejor conservados fueron desenterrados en la Huaca de la Luna por el equipo dirigido por Santiago Uceda y Ricardo Morales. En todos ellos los muros forman un ángulo de 90 grados y están ubicados en la borde de un enorme patio ceremonial engalanado con imágenes de ídolos mochicas, de danzantes tomados de la mano, y de guerreros que arrastran a prisioneros desnudos. Régulo Franco y Juan Vilela Puelles en su libro “El Brujo, El Mundo Mágico Religioso Mochica y el calendario Ceremonial”, sostienen la idea de que el Muro del Tema Complejo es un calendario ceremonial basado en un análisis de los ritos y ceremonias que figuran en su compleja estructura narrativa.

Ochoa toma en cuenta que Garrafa propuso que los símbolos astronómicos y terrenales componen una compleja cosmovisión centrada en la dualidad andina y en los cambios estacionales relacionados con marcadores astronómicos. Y que Sánchez establece una que los cuatro muros están relacionados con los equinoccios de setiembre y de marzo.

También propone que el muro mayor de la Huaca de la Luna registra el equinoccio de septiembre mientras que el muro menor registra el equinoccio de marzo. Y que en la Huaca de El Brujo sucede todo lo contrario. Es decir, los cuatro muros están íntimamente vinculados a las celebraciones del calendario anual mochica. Es precisamente en marzo y setiembre cuando en el cielo nocturno se dejan ver las constelaciones de Escorpio, Sagitario, Ophiucus y Serpens Caput. Lo singular de Ochoa es que con el programa Stellarium confirma la propuesta de Sánchez y establece la fecha que simboliza el misterioso Muro del tema Complejo: el 11 de setiembre del año 750 sucede el hecho extraordinario de que el cielo nocturno cercano al equinoccio de setiembre muestra las constelaciones de Escorpio y Serpens Caput coincidiendo bajo la cúpula estelar formada por la Vía láctea, terminando hacia la izquierda en la Cruz del Sur o la andina Chakana, lo que se refleja en el Muro Complejo a través del misterioso ser mitológico que tiene una prolongada soga unida a una Chakana. Pero además se dio por el 19 de setiembre la coincidencia de la Luna con los planetas Marte y Saturno. Todo lo cual tendría un asidero científico comprobable.

Pero en el Muro también se ve que la Luna en cuarto creciente no sólo acuna a un astro sino que está rodeada de otras estrellas.

Ochoa comprueba que no se trata de Las Pléyades dando vueltas en torno a la Luna en cuarto creciente, al comprobar en Stellarium que durante el equinoccio las Pléyades están pegadas a la constelación de Tauro y bastante alejadas del escenario correspondiente al Muro del Tema Complejo.

Según los cálculos arqueológicos realizados en Huaca El Brujo, el apogeo mochica corresponde a una etapa que va del año 100 al 750 de nuestra era. Ochoa marca el año 750DC y busca una Luna en cuarto creciente cercano al equinoccio de setiembre. Entonces encuentra la conjunción de cinco planetas con la Luna en cuarto creciente, bajo las constelaciones de Sagitario, Escorpio, Ophiucus y Sepens, y todo bajo el arco de la Vía Láctea.
La noche del 11 de setiembre del año 750 de nuestra era muestra la inusitada conjunción de los 5 planetas que se pueden ver a simple vista con la Luna en cuarto creciente, bajo las constelaciones de Sagitario, Escorpio, Ophiucus y Serpens. Y todo esto bajo el arco de la Vía Láctea.

Esa fecha, el 11 de setiembre del año 750, los mochicas y todos los pobladores del mundo andino vieron un fenómeno astronómico asombroso: La Luna en cuarto creciente bajo la cúpula de la Vía Láctea y rodeada por Escorpio, Sagitario, Ophiucus y Serpens Caput… pero con 5 planetas formando un “fila india”: Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter.  Apreciar cinco planetas enfilados sobre el horizonte, coincidiendo con la Luna en cuarto creciente debió significar un hecho sumamente perturbador. Hecho que se repetirá el 11 de setiembre del 2040, es decir, 1290 años después del fin del esplendor de los moches.

El arqueólogo japonés Masato Sakai en su libro “Reyes, Estrellas y Cerros en Chimor”  piensa que los soberanos norteños se asumían como descendientes de las estrellas, hizo cálculos astronómicos realizados en Chan Chan y postuló que la construcción de los palacios en la urbe Chimú estuvieron vinculados a determinadas estrellas o planetas y a su ubicación con respecto a los cerros tutelares ubicados en los alrededores. Entre ellos el cerro Campana y el cerro Blanco, en cuya falda se erigió la Huaca de la Luna. Para Ochoa aquel 11-S del año 750 fueron 5 los planetas que rondaron el paso de la Luna en cuarto creciente durante el equinoccio de setiembre y son precisamente 5 los reyes (personajes con corona de oro, porra y/o bastón de mando) que aparecen en el Muro del Tema Complejo de la Huaca de la Luna.

Lo más probable es que los astrónomos del antiguo Perú, que supieron calcular eclipses, pronosticar el Fenómeno del Niño contemplando el brillo de las Pléyades, calcular los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas y le dieron una importancia poco común en civilizaciones antiguas a las sombras oscuras de la Vía Láctea, fueran también astrólogos, mánticos y clarividentes. ¿Qué representaba para su destino aquel 11-S del año 750 para los moches? ¿El muro señala una profecía sobre el Destino para los moches?

Ochoa especula medio en broma y medio en serio que el muro Moche nos advierte que el fin del mundo será el 11 de setiembre de 2040. Fecha no muy distante al 2030 que da las Naciones Unidas como fecha de una gran confluencia de crisis mundiales (climática, alimentaria, económica, política, hídrica, energética, sanitaria, poblacional, entre otras).

En suma, el sentido iniciático de la sabiduría oracular moche –como de todos los pueblos ancestrales de ayer y hoy- exige trascender los datos objetivos, en este caso de la observación astronómica, para alcanzar la revelación escatológica de carácter no tética y racional sino pática e intuitiva, relacionada con una esfera ontológica onírica, cósmica, propia de una vida superior divina y cósmica que revela nuestro destino. Mientras el pensamiento conceptual se interroga por lo que la cosa “es”, el pensamiento simbólico inquiere por lo que la cosa “quiere decir”, es decir, es intuición del Destino. El pensar ancestral o mitocrático es teoría del destino, es horoscopía, profecía, mito, poética, magia y mántica. Sus formas conceptuales no son lógicas sino estéticas, por eso ven el cosmos como una totalidad viviente y animada. Pero una totalidad que es accesible no sólo por los sentidos del cuerpo sino sobre todo por los sentidos del alma. El fenómeno se revela como Destino y éste es el espectar en el fluir temporal de una verdad intemporal y cósmica.

El sentido último del significado el Muro Complejo Moche en la Huaca de Luna sólo puede lograrse a través de una filosofía simbólica, participativa, comunicativa, oracular, iniciática, mántica, poética, onírica, metafórica y mágica. Se trata de un pensamiento escatológico que indaga sobre el final, dentro de un arcano metafísico que nos remite a una sintaxis cósmica, a un lenguaje del universo que retorna al yo a través del fenómeno.

Los sacerdotes y antiguos filósofos moches reflejaron en el Muro Complejo de la huaca de la Luna no sólo una inusitada capacidad de participación analógica en el cosmos, sino su anhelo, muy humano, de retorno al ser, su anhelo de absoluto. Y así desaparecieron del temporal horizonte de la historia. Los hijos de las estrellas cumplieron su destino: retornar espiritualmente a las estrellas…

Lima, Salamanca 02 de Noviembre 2013

viernes, 1 de noviembre de 2013

EDUCACIÓN EN TIEMPOS INSENSIBLES


EDUCACIÓN PARA SENTIR EN TIEMPOS INSENSIBLES

Gustavo Flores Quelopana

Sociedad Peruana de Filosofía

I Seminario Internacional de Educación “Pensar, Sentir, Hacer para Ser”

UNT – 28-31 de Octubre 2013- Ciudad de Trujillo-Perú

Resumen

La “educación para sentir” es la verdadera plataforma para rescatar los verdaderos valores humanistas. Por ello, hay que poner fin a la sociedad del tener y tomar conciencia que se requiere edificar una sociedad del ser, para que surja una economía, una política y una ciencia ética.

Abstract

"Education to feel" is the real platform to rescue the true humanist values. Therefore, there must be an end to society of having and realize that is required to build a society of being, for the emergence of an economy, science policy and ethics.

 

Por invitación que me honra vivamente agradezco al Dr. Alberto Moya Obeso para tomar la palabra en el histórico claustro, fundado por el Libertador Don Simón Bolívar, de la Universidad Nacional de Trujillo, en el marco del I Seminario Internacional de Educación denominado “Pensar, Sentir y Hacer para Ser”.

Y debo empezar diciendo que carezco de la competencia técnica y de la erudición que reclaman estas arduas tareas. No obstante, debo vencer mis escrúpulos y atreverme a tratarlas ante un auditorio tan ilustrado porque existen tres razones principales que me impulsan a acometer tan delicada empresa intelectual:

1ª.- Un sentimiento de especial deferencia hacia los ilustres amigos.

2ª.- El convencimiento de que nadie puede excluirse de elevar su voz de preocupación por los derroteros decadentes de la educación actual.

3º.- Y una tercera razón más sutil es que en el desarrollo de una ciencia ya constituida resulta muchas veces útil interrogar a una disciplina ajena, en este caso a la Filosofía, para que exponga ciertas convicciones primigenias y decisivas.

Ese es el modesto servicio que atribuyo a mi contribución en esta fiesta del espíritu. Y así no espero formular ninguna tesis, sino ejercer junto a ustedes el viejo y siempre difícil oficio del pensar.

En este sentido he denominado mi disertación EDUCACIÓN PARA SENTIR EN TIEMPOS INSENSIBLES.

Y lo que voy a tratar de exponer es no sólo que vivimos en tiempos insensibles para el saber, el sentir y el hacer. Y que esta insensibilidad afecta la realización integral del ser humano. Sino que la parálisis del pensamiento crítico y del quehacer fustigador tiene que ver con razones de carácter histórico que han conducido hacia el embotamiento de los sentimientos, la esfera emocional, el horizonte de la captación del valor y del mundo axiológico.

En una palabra, la intuición más profunda que voy a tratar de exponer esta mañana es que la educación está distorsionada desde la base económica, porque está subordinada a la producción y a la economía. Y esto conlleva a que lo que en la educación actual impere sea la educación funcional sobre la educación substancial.

Entiéndase por educación substancial aquella que asume al hombre como un ser anagógico, es decir, que vive en tensión de ascenso cultural, y por educación funcional como aquella que subsume lo axiológico bajo lo científico y ve al hombre como un homo faber.

En este contexto, no resulta extraño ver que la cultura es reemplazada por la civilización, porque Cultura es tensión vital entre el humus de la naturaleza inmanente y el lumen del espíritu trascendente, mientras que Civilización es conquista material por medio de fuerzas impersonales para el mejoramiento de las condiciones materiales de vida.

En otras palabras, si no advertimos que la crisis en que se sume la educación y la cultura mundial va más allá de optar por nuevas metodologías y capacitar mejor a los docentes, se perderá de vista que el problema no es administrar la crisis educativa en la universidad y en la escuela, sino, que se trata de abordarla en su verdadera dimensión social y civilizatoria.

Ha llegado el momento crucial de pensar y exigir cambios estructurales para la civilización misma, cuyos lineamientos ahondan la alienación humana y conspiran de raíz contra todo proceso educativo.

Efectivamente, la educación funcional no requiere de una educación para pensar, hacer y sentir autónomamente y en armonía con el prójimo y con la naturaleza. Al contrario, promueve seres humanos con un pensar, un sentir y un hacer enajenados, cuando no, cosificados.

En la situación de enajenación todavía hay descontento, malestar y protesta; en cambio, en la situación de cosificación el malestar se ha introyectado a tal grado que no molesta ni perturba. Esto significa que se ha gestado una civilización cosificada, donde se pierde el sentido de la vida, cunde la anomia y se impone la irracionalidad del sistema imperante.

Menos aún la civilización del consumo necesita seres humanos sensibles, que aspiren a Ser antes que a Tener. Por el contrario, el imperativo categórico que triunfa sobre todas mentes contemporáneas es obedecer mansamente los imperativos anéticos de la sociedad darvinista.

Esto es, se promueve la generación de seres humanos egoístas, avaros, egotistas, solitarios, insolidarios, irrefrenables en la búsqueda  hedonista de la satisfacción de sus deseos. Poder, Placer y Riquezas son los nuevos dioses de la ciudad secularista del Progreso.

La experiencia cotidiana nos dice en cada esquina del mundo que el hombre actual no vive en función del “ser” sino del “tener”. Y aún más, la civilización del lucro y del poder ha distorsionado nuestro innato tener existencial en una neurótica actitud sibarita, irracionalista y de dominio.

Ya no se trata solamente de un puñado de élites especulativas transnacionales, sino del modo de ser de una época entera, que se ha configurado en torno a valores del inmediatismo utilitario, la cual implica un achatamiento del universo moral, mental y emocional. Se trata de la penumbra inmanentista propia de la modernidad y posmodernidad actual.

Este inmanentismo tiene su expresión más cruda en un estrecho economicismo, extendido como un cáncer por todo el organismo social y que contribuye decisivamente a la instauración de un mundo anético y sin trascendencia. Y por eso el problema del proceso educativo en el mundo actual debe ser visto en toda su dimensión civilizatoria, porque el economicismo imperante va devorando talento, creatividad, inteligencia y sentimientos en actividades deshumanizantes, frívolas y cosificadoras.

Actualmente en el orden político y financiero son las megacorporaciones monopolistas privadas las que se resisten a socializar los beneficios económicos a través de una teoría general de la distribución de la riqueza, y ponen obstáculos para que se expandan los socorros de la fase neotécnica de la máquina. En el terreno de la filosofía, la relativista corriente posmoderna es la expresión más genuina del predominio de la voluntad de poder sobre la voluntad de verdad. Y así en todos los órdenes de cosas vamos observando cómo la cultura humanista se diluye, la educación substancial es relegada y se van imponiendo las posibilidades perversas y ominosas de una civilización que lleva a la barbarie.

Lo que triunfa en el mundo es la barbarie civilizada, entendida como el estado mental y material que obedece a la racionalidad instrumental, relegando las necesidades espirituales a un olvidado horizonte postmetafísico.

Para refrendar todo lo dicho vamos a traer a colación la famosa muestra educativa de la Fundación Carnegie. En el año 1986, la Fundación Carnegie tituló su estudio: “The Undergradute Experience In América” que muestra, entre otras cosas,  que –en los EEUU-  sólo el 19% del total de estudiantes en Humanidades tenía un empleo al concluir sus estudios. La cifra contrastaba de manera abismal con el 90% de los estudiantes de profesiones empresariales que si tenían un empleo seguro al momento de graduarse.

En el caso de las titulaciones relacionadas con cuestiones empresariales se duplicaron en 23 años pasando en 1971 de 112,000 a 230,000 en 1984. El caso de los licenciados en Letras y Literatura Inglesa descendió en el mismo periodo pasando de 57,000 a 26,500. Si se hiciera un estudio de la diferencia porcentual de los egresados entre una y otra área el resultado sería aplastante ya que en el primer caso el número de egresados se duplicó mientras que en la otra área de Humanidades el número disminuyó en 50%.

La consecuencia fue que varias universidades eliminaron asignaturas como lenguas clásicas, geología, educación musical. Muchas redujeron drásticamente los estudios sobre filosofía, lengua, literatura e historia para favorecer cursos triviales como hotelería, cocina y administración de restaurantes. 

El estudio de la Fundación Carnegie cita muchas deficiencias de la educación universitaria norteamericana, entre otras:

- Una incapacidad generalizada entre los estudiantes para leer, escribir y pensar adecuadamente.

- Una visión limitada, ausente o confusa del saber.

- Una conformidad generalizada de los profesores a la legitimación del contenido banal de los cursos... favorecen la conformidad.

Pues bien, desde 1986 estos problemas no han decrecido ni se han corregido, sino que, por el contrario, en los siguientes treinta años y bajo el paraguas de la globalización neoliberal, se han universalizado, aumentado y se las ha adecentado denominándola “educación para la competencia”.

  
La introducción en la Ley Orgánica de Educación del término "competencias básicas" implica una completa reformulación de los métodos de enseñanza. Del "saber" al "saber hacer", de "aprender" a "aprender a aprender" son los términos que se emplean para justificar el objetivo económico de alcanzar el objetivo en que una vez cumplida la etapa de escolarización obligatoria, los jóvenes hayan alcanzado una serie de competencias que les permitan incorporarse a la vida adulta y al mercado laboral de manera satisfactoria. Es decir, el fin no es humanista, sino económico.

Ahora se entiende por qué los graduados en Humanidades no sólo son cada vez menos y las titulaciones en cuestiones empresariales son cada vez más, sino, que ahora hay algo nuevo, y es que ante la drástica reducción del empleo en el sector industrial y de servicios en el mundo, lo que las universidades optan es por capacitarlos para la autoempresa y autoempleo.

A esta estrategia de supervivencia se le ha dado un nombre decente, a saber, el de emprendorismo. Y según los últimos rankings el primer lugar mundial de emprendorismo lo tiene el Perú. Dudoso lugar para sentirse orgulloso cuando nuestro país, según la ONU, también ostenta el primer puesto de infelicidad en Sudamérica.

No es que aquí sugiera ligar emprendorismo con infelicidad, sino, más bien que un pueblo tan antiguo como el peruano percibe nítidamente que el presente no se condice en lo más mínimo con su gloria pasada. Y, en consecuencia, es para los peruanos especialmente, y en medio de una naturaleza tan pródiga en recursos, un asunto prioritario resolver el dilema de la conciliación entre la exigencia moderna de libertad y el otrora status de justicia social. 

Volviendo al estudio Carnegie hay que resaltar que aumentó la incapacidad generalizada entre los estudiantes y graduados para leer, escribir y pensar adecuadamente. Lo cual favorece el pensamiento banal y la conformidad con el saber impartido. Pero ello es poco valor para los fines economicistas de la educación para las competencias.

Mientras tanto, la neurología ha enseñado que el estudio de las letras y las humanidades demanda un mayor uso del hemisferio derecho y las cuestiones científicas y empresariales un mayor uso del hemisferio izquierdo. Entonces, lo que se deduce es que la humanidad se va volviendo menos creativa e inteligente, aunque sí más operativa y funcional.

No resulta extraño entonces que la cultura y la educación en cuanto tal estén en declive. A esta bajada del nivel cultural han contribuido la tecnificación y la masificación.

En otras palabras, no se trata solamente que la presente civilización de la prisa exige un biorritmo acelerado que aleja a las personas de la lectura y del libro, el cual demanda un biorritmo pausado. Más bien, se trata del crecimiento de fuerzas impersonales poderosas que imponen a los seres humanos un comportamiento mecánico, alejado de la espontaneidad y del libre juego de las facultades del pensar, hacer y sentir.

Pero estas fuerzas impersonales obedecen a la razón pragmático-instrumental, último fundamento de la educación funcional. Esta forma de racionalidad no bebe de las fuentes del humanismo clásico, sino de un hominismo naturalista ligado al triunfo de un racionalismo matematizante, calculador y objetivista.

Esta forma de pensar es lo que reduce a todos los entes a lo manipulable y útil y con su sesgado escalpelo recorta la realidad mutilando la dimensión no empírica, trascendente y espiritual. Por ello, con justa razón se puede afirmar que la filosofía moderna tuvo el mérito de devolverle al hombre su dignidad, pero, a su vez, tuvo el demérito de hacerle perder la trascendencia y extraviarlo en la increencia y en el nihilismo. Por su parte, el pensamiento posmoderno sorbe las últimas gotas de este malsano relativismo y escepticismo disolvente y anético.

Un título vinculado a cuestiones empresariales demanda primordialmente el funcionamiento del hemisferio izquierdo. El estudio de las Letras y las Humanidades demanda un mayor uso del hemisferio derecho ya que está vinculado al proceso de la creación. En esta perspectiva no resulta casual, como lo indica el estudio, que muchas Universidades eliminaron asignaturas como las lenguas clásicas, geología y educación musical. Otras redujeron drásticamente sus estudios sobre lengua, filosofía, literatura e historia para favorecer cursos como hotelería, administración de restaurantes, etc.

El estudio de Carnegie citaba muchas deficiencias en los graduados, una de ellas era la constatación de que encontraba “una amplia incapacidad generalizada entre los estudiantes universitarios para leer, escribir y pensar adecuadamente.”

Como podemos apreciar en la civilización  funcional no es conveniente que funcione la creatividad, ni es necesario un sentido humanístico en el pensar, hacer y sentir. Lo que se convierte en indispensable es preparar altos niveles de pensamiento técnico y práctico, haciendo a un lado el mundo moral y valorativo.

Últimamente, y a raíz del fraude global montado por el sistema financiero internacional que generó el crash del 2009, a través de las hipotecas subprime (préstamos insolventes), se ha empezado a hablar de “ética en los negocios”, porque fue inocultable que el casino global afecta a los contribuyentes como posibles rescatadores.

No obstante, y como para darle nuevamente la razón a Georg Simmel en su libro “The Philosophy of Money”, donde afirma que la esencia del dinero es la indiferencia a todo valor y permite el abandono de lo cualitativo por lo cuantitativo, hasta hoy esta falta de ética en las finanzas no es sancionada.

Por lo visto, al consumismo deshumanizador le sigue la crisis ecológica, la crisis ética y la crisis educativa.

Con la educación para las competencias la educación misma se suicida, porque dicho programa no tiene base humanista en tanto que ha sido pensada para satisfacer la demanda laboral del mercado y no para satisfacer la auto realización de la personalidad humana. El resultado es que una educación funcional carece de imaginación y sólo pide competitividad. La consecuencia es la manipulación del pensar, la represión del sentir y el anetismo en el hacer.

Decir en esta situación que estamos en la “era del conocimiento” resulta un eufemismo, porque la hegemonía de un conocimiento divorciado del mundo moral y de sentimientos humanistas tiene como resultado la robotización del hombre y la muerte de los valores. ¡Qué distante nos sentimos ya del “Dios ha muerto” de Nietzsche! Ahora, asistimos a un nivel más profundo de la muerte del hombre, asistimos a las exequias de los valores y del mundo moral por el predominio de lo práctico, útil y técnico. El “Dios ha muerto” ha desembocado a “los valores han muerto”.

En realidad, los valores mueren cuando el hombre pierde su capacidad de desarrollar virtudes. Esto es, sin virtudes no hay práctica de valores. En consecuencia, una educación obsesionada por lo técnico y lo pragmático es cómplice del suicidio de aquel estrato espiritual donde se hace posible sentir el valor y formar la virtud, esto, es, los sentimientos. Los sentimientos son el nivel ontológico donde se manifiesta el valor y se posibilita su concreción a través de la formación de las virtudes.

Por tanto, los aportes de Piaget, Vigotsky y Zubiría sobre “aprender a pensar” y “pensar-investigar” de Moya Obeso, exigen no sólo construir bien el aparato conceptual, sino sobre todo el aparato emocional, los sentimientos. Porque la sede de la percepción del valor reside en el sentimiento. Y si, como hemos dicho, hace falta revivir el mundo axiológico, entonces hay que darle todo el peso que exigen los sentimientos en el nuevo paradigma pedagógico.

No obstante, la racionalidad funcional e instrumental no ha perdido el tiempo y ha presentado su propia versión de inteligencia emocional basada en el arte de “llevarse bien con todo el mundo” y evitar conflictos. Es decir, la sociedad tecnotrónica destila desde el aparato productivo el repudio de la constitución dialéctica del mundo haciendo una lectura de la inteligencia emocional en sentido estático y represivo.

El objetivo es claro: reprimir la individualidad y reforzar la manipulación de la personalidad humana.

Cuando por el contrario, “aprender a pensar” y “pensar-investigar” exige de suyo una operación previa, a saber, “aprender a sentir” y “sentir-investigar”, con inteligencia emocional independiente y autónoma, dinámica y sensible, imaginativa y artística, como paradigma pedagógico nuclear en la formación de nuevos seres humanos.

Ante el dispendio antiecológico en el que está empeñado el modo de vida californiano es difícil dudar que haga falta formar una nueva humanidad. Pero formar una nueva humanidad exigirá oponer a la racionalidad instrumental una racionalidad estética, donde lo axiológico subordine lo científico, la virtud guíe al pensamiento, y el valor se anteponga a lo útil.

Esto es casi como afirmar que la tarea titánica que tiene que emprender un nuevo paradigma educativo significa ir a contracorriente de las principales megatendencias mundiales, las cuales son: globalización del hiperimperialismo, neoliberalismo antihumano, predominio del saber práctico y técnico y la crisis de valores.

En efecto, es un  dantesco desafío la “educación para sentir” en medio de tiempos insensibles, no sólo porque significa ir a contracorriente y no adular el gusto mediocre del ambiente, sino porque es perentorio reconocer que si hay algo que nos vuelve humanos es la ética, sin ella el humanismo se vuelve hominismo naturalista, y la ética es el verdadero camino para que el hombre se sienta vinculado a la trascendencia.

La ética es la síntesis del encuentro entre lo universal y lo particular, la relación del individuo con los principios universales. En el hombre hay algo más que el hombre, cada uno es único e irremplazable, es el buscador de Dios, y ser libres, autónomos y racionales es la vía para ingresar en la unidad de lo inmanente con lo trascedente.

Vivimos una época de obscurantismo ético, pero es posible ser optimista y atisbar una oportunidad de cambio. Pues, el núcleo duro que representa la sociedad de la avaricia, está en un extremo de la balanza y en el otro extremo están los humanistas radicales, pero en el medio está inmensa mayoría que se acopla a la estructura social imperante.

Además, el hombre nihilista de nuestro tiempo tiene menos temor al cambio debido a que está acostumbrado a amalgamar su conducta a las exigencias externas del mercado capitalista. Así, es posible plantear un nuevo paradigma pedagógico ligado a la nueva utopía de la Ciudad Humanista del Espíritu.

Para ello preciso introducir los siguientes cambios civilizatorios:

º Introducir el salario ciudadano. Lo cual aseguraría una libertad e independencia educativa real respecto a los poderes externos. La excusa capitalista de que la gente es ociosa es falsa y sólo ha servido para racionalizar la opresión sobre el prójimo. Otra ventaja sería que el estudio que se realiza ya no encontraría su impulso en el vil lucro, sino en la realización personal. Entonces, realmente la humanidad habrá pasado del Reino de la Necesidad al Reino de la Libertad, porque el reino de la libertad jamás podrá consistir en la alienante satisfacción de consumir sin límite. Además, el salario ciudadano será la verdadera base material para poder subordinar la producción a la educación e incrementar la conversión de la riqueza material en riqueza cultural.

º Suprimir la publicidad y todos los métodos de manipulación mental política y comercial. Lo cual eliminaría la droga embrutecedora del consumismo.

º Destrucción completa de las armas nucleares, biológicas y de destrucción masiva. Suprimiendo las máquinas de la muerte se habrá dado un paso sin retorno para que el hombre avance en dirección de ser un pastor de la educación y no un pastor de las máquinas de la muerte.

º Limitar drásticamente el derecho de los accionistas para determinar la producción y las finanzas. Ello permitiría no basar la producción en la ganancia, sino en las reales necesidades educativas de la gente. Esto conlleva que la educación dejará de estar distorsionada desde la base económica, porque en vez de subordinarse a la producción y a la economía, ahora lo hace a los conocimientos mismos. En realidad, cuando el objetivo de la actividad económica ya no sean los beneficios, entonces la educación se humanizará. Por ello, se requiere con suma urgencia una economía de las necesidades vitales, culturales y de trascendencia humanas, que sustituya a la economía adquisitiva y lucrativa del capitalismo. La explotación de las máquinas es la alternativa a la explotación del hombre.

º Robustecer la autonomía de la comunidad descentralizando el poder. Pues al madurar la vida social disminuirá el control del Estado, el poder de los monopolios y el crecimiento de la máquina. Con un cambio de ideales estos tiranos volverán a ser nuestros servidores. El paro social del Estado, los monopolios y la máquina será inversamente proporcional a la realización de los valores humanistas. En una palabra, en la medida en que madura la vida social estas megamáquinas (Estado, monopolios y tecnología) tenderán a desaparecer en su protagonismo tan señalado y serán como ríos subterráneos que existen pero que ya no estorban.

En una palabra, la “educación para sentir” es la verdadera plataforma para rescatar los verdaderos valores humanistas. Por ello, hay que poner fin a la sociedad del tener y tomar conciencia que se requiere edificar una sociedad del ser, para que surja una economía, una política y una ciencia ética.

Sólo así seremos capaces de crear las condiciones para el surgimiento de un nuevo hombre y de una nueva sociedad, donde la utopía educativa y humanista dirija a la utopía técnica y no a la inversa.  

Muchas gracias