viernes, 25 de agosto de 2017

CHAMANISMO Y MANTICA

CHAMANISMO Y MÁNTICA
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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El chamanismo viene de la noche oscura de los tiempos y por ello es mucho más antiguo que las culturas ancestrales de las sociedades antiguas teocráticas de Babilonia, Egipto, hebreos, la India, Persia, Asiria, hititas, China, Mayas, Aztecas, Chibchas, las culturas preincaicas y los Incas. Es más, no sólo las penetra sino que les sobrevive.  De todas sus funciones (rescate del alma, viaje a otros mundos, curación, exorcismo, etc.) hay una de especial interés y que concierne al oráculo y discernimiento del destino. La mántica es también el arte de la adivinación o ver el futuro.

El ocultismo, clarividencia, materializaciones, levitación, mediumnismo, precognición, bilocación, profecías, visiones y oráculos tienen su origen con el chamanismo. El chamán o visionario recrea el universo de lo paranormal testimoniando la existencia de una dimensión trascendente, un mundo postmortal  misterioso.

La decadencia del tiempo chamánico prehistórico trajo como consecuencia la disgregación de los dones paranormales en especialistas. Asi, el oráculo y la pitonisa encarnan solamente el don profético.  Esto fue lo más común en las culturas antiguas (Oráculo de Amón, oráculo de Dodoma, oráculo de Delfos, oráculo hebreo Urim y Thummim, I Ching, Runas, pallares moches, hoja de coca en los Andes, etc.). Pero el chaman de los tiempos primordiales era a la vez curandero, viajero de mundos sutiles y visionario. Esta integración de dones paranormales aun se preservan en las comunidades nativas de la Amazonía, pero está en vía de extinción por el avance de la modernidad.

No obstante, los dones manifiestos en el chamán no son espontáneos como en las personas con ciertos poderes paranormales sino habituales e inducidos a través de una técnica de éxtasis arcaico –así lo denomina Mircea Eliade- que también lo lleva a trascender el tiempo y el espacio. En realidad, los fenómenos paranormales siempre han sido normales a lo largo de la historia humana y se han presentado de modo involuntario en las personas comunes. Es el caso de la esposa de Julio César que soñó con el asesinato de su marido.

Así, los fenómenos de percepción extrasensorial de telepatía, psicoquinesia, clarividencia, precognición y retrocognición están presentes en el chamanismo, siendo fuente del mito y de una incorporación a la eternidad por inspiración de lo sagrado. Especialmente la retrocognición como clarividencia del pasado es una fuente del mito cosmogónico y teogónico arcaico prehistórico. Para Vasíliev los fenómenos paranormales no tienen un origen físico y para el padre de la parapsicología moderna, Rhine, su fuente está en una energía espiritual. En cambio K. Jung interpreta los fenómenos ocultos como estructuras no causales de la psique, una manifestación del inconsciente, que está entre lo real y lo irreal, lo racional e irracional, conformando un reino intermedio que se manifiesta en símbolos. No obstante, el chamanismo demostraría la existencia del mundo espiritual que no es meramente de origen mental y subjetivo, sino, todo lo contrario, objetivo y real.

El chamán no sólo efectúa labor curativa sino que en su propósito sanador invoca e incorpora espíritus, viaja a geografías sagradas, rescata el alma de seres malignos, transita por los diversos cielos, incursiona en la situación límite de la condición humana, desciende a los infiernos, asciende al cielo, domina los elementos y revela lo transhistórico. Nuevamente aquí es donde se debe subrayar que el chamán no es el especialista en lo divino sino en lo sagrado.

Lo demoniaco trivializa lo sagrado cuando lo sagrado está hegemonizado por la Revelación de Cristo, así es más fácil eliminar lo sagrado y destruir la fe, imponiendo una era de apostasía. Pero en tiempos de pre-revelación lo demoníaco campea en lo sagrado y no necesita eliminarlo ni destruir su creencia. Su modus operandi cambió. Su ataque antes era frontal, ahora es indirecto. La profanación de lo sagrado radicaba antes en la mentira oracular sistemática y en la promoción del trato directo con los espíritus malignos. Ahora, la profanación reside en la desvinculación con todo lo sagrado convirtiéndolo en profano.

Pero debemos preguntarnos si acaso esta desvinculación con lo sagrado también se da en las actuales manifestaciones de chamanismo. Aquí la estrategia cambia porque se trata de confundir al parroquiano mezclando las invocaciones a Dios y a Cristo con las de infinidad de seres intermedios, brebajes y amuletos que la mayor parte de las veces tienen el papel principal. Al final el resultado es el mismo, acabar con la religión revelada y con la salvación del hombre. Es otra forma de profanación y de tergiversar lo sagrado en tiempos de Redención.

En el chamanismo es fácil que el demonio y sus huestes de intelectos puros saquen ventaja de la naturaleza humana y poca comprensión a través del conocimiento superior de nuestras debilidades y medios para tentar. Y por más que en nuestro tiempo actual el chamanismo aparezca en un estado de desintegración y decadencia, y que no sea considerado un fenómeno aberrante para la etnografía moderna, sin embargo es un fenómeno aberrante desde el punto de vista de la fe.

Y lo es porque su efecto sobre la razón es pernicioso, dado que en vez de purificarla de la superstición la engolfa en ésta. En otros términos, en vez de reforzar la fe en la razón iluminada por Dios lo seduce en lo irracional. Pero el chamanismo no solo seduce a los simples sino también a los estudiosos sin fe y con fe. Lo cual es natural. Ya Santa Teresa de Jesús nos describe cómo las almas contemplativas que se encuentran incluso en la quinta mansión, caracterizada por la oración contemplativa de unión con Dios, son también tentadas con artimañas ingeniosas con apariencia de bien pero cuyo objetivo es aumentar el amor propio y retirarlo del amor a Dios.

El chamanismo no es religión ni demonología, trata con espíritus celestes, espíritus de chamanes, muertos y enfermos, demonios y semidioses, espíritus auxiliares y protectores, incluso logra la visión del mundo paradisíaco, pero ello no lo hace inmune a los engaños y astucias del diablo. Si éste falsifica a Dios y se disfraza de falsas apariciones de santos por qué no va a poder confundir al chamán con quiméricos mundos sutiles y quiméricos seres sagrados.

Esto significa que si el chamanismo es también mántica del destino y filosofía mitomórfica que opera bajo el concepto de lo metafórico, analógico y simbólico, ello no significa que la afectación de los poderes psicosomáticos humanos  provenga necesariamente de Dios. En la doctrina teológica es conocida la influencia diabólica a través de los sentidos, especialmente internos como la memoria y la imaginación. Si esto ocurre con espíritus contemplativos avanzados por qué no ha de ocurrir con el chamán.

En otras palabras, su contenido mitomórfico, la palabra performativa,  la mántica, lo horoscópico, escatológico, oracular e iniciático son de dudoso origen, por decir lo menos. El cristianismo no niega el mito sino el paganismo. Al contrario, reconoce al mito como horizonte ontológico de lo sagrado y del misterio. La Revelación sólo es antimitológica en este sentido y no en sentido absoluto. Mito es revelación natural, y la Palabra es revelación sobrenatural. En ambos hay mito como horizonte de lo divino. En el mito hay también semillas del Verbo divino.

Esto no es contradictorio con afirmar que el éxtasis chamánico es una nostalgia del Paraíso. Pero también en el diablo hay dicha nostalgia. El chamanismo es el capítulo inicial de la historia de la mística. El chamán es el asesino de demonios, defensor de la salud, la fecundidad y el mundo de la luz. Contribuye al conocimiento de la muerte y de otras zonas sutiles del cosmos. Es fuente de poesía universal. Incluso entrevé la humanidad paradisíaca, experimenta la caída humana por un alejamiento con el Ser Supremo y puede buscar la condición humana anterior a la Caída.

Hay dos tipos de chamanismo, según Eliade, el chamanismo arcaico y el chamanismo aberrante. El primero que no ingiere alucinógenos y le basta su energía espiritual, y el segundo que ingiere alucinógenos para experimentar en un plano carnal lo que ya no es posible experimentar en el plano espiritual. Pero en ambos la lucha contra lo demoníaco se da y los subterfugios del diablo están presentes. El esquema filosófico chamánico es realista y carece de la complicación filosófica del simbolismo budista, tántrico y lamaísta. Mientras que el chamán viaja por el cosmos, éstos últimos salen del cosmos. Por tanto, lo que ve el chamán en su mántica clarividente tiene que ver con lo que existe en este cosmos. Su mántica del destino concierne a una totalidad viviente y presente. La filosofía arcaica del chamanismo es visionarismo que conoce del destino del hombre en el más allá del tiempo y espacio presente. Es un conocimiento último de la situación humana en el mundo y su destino final con el fin de preservar la armonía del cosmos. Por eso es una religión de integración cosmológica. La sabiduría se obtiene tras la iniciación que constituye el descenso a los Infiernos. Se trata de una metafísica de integración universal.

Esto lleva a pensar que no basta la distinción entre la filosofía logocrática (imperio del concepto puro de la lógica) y la filosofía mitocrática (imperio del concepto imagen del mito). Y más bien lleva a introducir una tercera forma más arcaica y que corresponde a la filosofía mitomórfica del chamanismo (imperio visionario del éxtasis).

En las formas de filosofar hay ontología, metafísica y filosofía, pero bajo distinto predominio de los principios espirituales y lógicos. Bajo el principio de identidad en el filosofar logocrático, bajo el principio de armonía de los opuestos en el filosofar mitocrático y bajo el principio del éxtasis visionario en el filosofar mitomórfico. Filosofía es indagación sobre los fundamentos del mundo. En el mundo ancestral se indagó filosóficamente unido al rito, la religión, lo mántico y horoscópico. Pero en el mundo arcaico se indagó filosóficamente viajando por el cosmos espiritualmente. Por ello, es la forma primordial de la teoría del destino.

Esto explica que una vez que predomina el chamanismo aberrante en medio del filosofar mitocrático se recurra a construir la llamada “primera computadora del mundo” de hace dos mil años: la máquina se usaba para ver el futuro. La Antikythera, descubierto en un naufragio frente a la costa de Grecia en 1901, es un mecanismo que ha fascinado y desconcertado a los estudiosos desde hace más de un siglo. Construido en el 150 a.C., el artefacto ha sido denominado como 'el equipo mecánico más antiguo del mundo'. Después de más de 10 años de estudio los científicos han sido capaces de decodificar unos 3.500 caracteres de un texto explicativo escrito en 82 fragmentos sobrevivientes del artefacto con el uso de las máquinas de rayos X y otras tecnologías de exploración. El lenguaje descifrado más o menos confirma lo que los arqueólogos han sospechado desde el principio: el Mecanismo de Antikythera fue diseñado como un calendario-reloj que mostraba las fases de la luna, la posición del sol y los planetas, y hasta el momento de los eclipses previstos. Pero además del uso astronómico, los científicos también suponen que la máquina se utilizaba para “ver” lo que deparaba el futuro. No ha sido una herramienta para hacer pronósticos, sino algo que se usaba para enseñar nuestro lugar en el cosmos.

La Antikythera es una prueba de lo lejano que se encontraban los tiempos arcaicos en que el chamán con su solo poder espiritual podía viajar por el cosmos y ver el futuro. Ya lucen extintas las eras en que el chamán omnipotente con solo extender su mano y tocar podía provocar la muerte. Este mecanismo sería un testimonio de la degradación de los poderes chamánicos. Y otra prueba tangible que la motivación fundamental del saber filosófico arcaico y  ancestral era la intuición del destino. Así, se opera la transformación de la historia en categoría mítica y sagrada. Lo transhistórico será tema primordial del chamán, nigromante, poseso, hechicero, profeta, sacerdote y jefe religioso.


25 de Agosto 2017

miércoles, 23 de agosto de 2017

CHAMANISMO SALVIFICO Y DEMONICO

CHAMANISMO SALVIFICO Y DEMONICO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Como si el chamanismo careciese de pensamiento sutil, como si los ikaros, el manejo de las plantas maestras y el trato con el mundo suprasensible no reflejasen la existencia de una intención salvífica, se suele pensar que esa mística primitiva de éxtasis carece de intención mesiánica. Lo tuvo en sus orígenes, pero ya caducó. Con Cristo se inauguró una nueva creación. Más, si el rescate del alma y la sanación es una forma de salvar el equilibrio cósmico entonces las religiones de integración no están desprovistas de intención salvífica. Al contrario, son su expresión primigenia.

Para la comunidad primitiva el chamán es un mesías que restablece el equilibrio entre el mundo de aquí con la pluralidad de geografías sutiles. Con ello evita desgracias y todo tipo de daño. Por ello la misión salvífica del chamán tiene un contenido más cosmológico que antropológico. Todo lo existente no es sino un componente del equilibrio cósmico a mantener y preservar. El cosmos está vivo y es sutil, es un gran espíritu de cuya alteración o apartamiento se origina el mal.

El visionario es un médium con otros mundos. Pero a diferencia del médium del espiritismo no se limita a trasmitir sino que extrae conocimiento del mundo sutil e incluso obliga a los espíritus a obrar de manera determinada. Es especialmente en el visionario, que despierta sus sentidos espirituales, ingresa a las geografías sutiles y se conecta con los otros mundos espirituales de los antepasados, naciones y dioses, donde se manifiesta el carácter salvífico de las religiones de integración chamánica. O sea se apela a los buenos espíritus para promover y proteger la depredación racional de los recursos naturales.

En cambio, el brujo o el chamán especializado en el trato con los malos espíritus o demonios incentivan la depredación, la discordia y la muerte. En esta depredación no se existe desvinculado con otros mundos espirituales malignos. Bien se señala que si el visionario que actúa con los espíritus benignos actúa con amor y compasión, el visionario que obra con los espíritus malignos lo hace por ira, venganza o complacencia de un poder.

Esto significa que se dan dos formas del actuar chamánico. Una, el chamanismo salvífico, especializado en el trato con los espíritus benignos, y la segunda, el chamanismo demonista, especializado en el trato con los espíritus malignos.

Pero hay un aspecto sumamente relevante. Y es que se considera que todos pueden brujear sin necesidad de ser un iniciado. Esta fuerza que las naciones jíbaras llaman “pasuk” al parecer está en todos. De modo que los dardos de materia sutil llamados “virotes” los pueden producir por distintas pasiones no sólo los brujos sino toda persona e incluso todo ser vivo. El famoso y universal “mal de ojo” sería uno de esos casos.

Esto plantea varias interrogantes. Primero, si existe una energía para maldecir también debe existir una energía para bendecir. Segundo, si todas los seres vivientes poseen dicho poder entonces lo poseen por ser algo inherente al ser espiritual o por influencia de espíritus externos. Y tercero, si al ser espiritual le es propio el pasuk entonces su buen uso depende en última instancia de la educación de las pasiones. Pero el respeto mutuo es un valor que abarca a todos los seres vivos y cuando se le trasgrede, el pasuk produce virotes. Al final todo el bienestar material, natural, físico e inmanente se reduce a un respeto de la energía espiritual presente en toda la geografía sutil.

Para los pueblos ancestrales la conservación del cuerpo era condición básica para la conservación del alma. De ahí la importancia de los entierros desde hace ochenta mil años en el Neandertal hombre prehistórico. Este dualismo cuerpo-alma debía conservarse para la preservación de la armonía cósmica. Pero ¿y los poderosos brujos ancestrales que hacían daño con virotes y alteraban la integración cósmica recibían castigo más allá de esta vida? No es peregrina la idea que afirma que el Gran espíritu por encima de todos los espíritus se encargaba de propinar un merecido a cada alma por sus acciones.

Los que han vivido con odio, mezquindad y transgredido los tabús subsisten mal en un universo que se multiplica en mundos sutiles de materia y espíritu. Esto es, la idea del espíritu desvinculado de la materia o del cuerpo todavía pertenece a otra etapa del pensamiento humano. La idea de la vida más allá de la muerte para el hombre prehistórico no implica la desencarnación del alma sino su preservación junto al cuerpo en otras geografías sutiles.

De modo que el rescate, la recuperación y la sanación del alma en el chamanismo implican la idea de un avance ético y racional de la conciencia. La conducta buena está asociado a mudos sutiles buenos. El basamento metafísico de esa idea es un pampsiquismo donde todo se concibe animado. El poli-espiritualismo chamánico ancestral y actual es una búsqueda de equilibrio espiritual sobre la base de concebir la realidad como pluralidad de mundos con materia y espíritu. Incluso los otros seres vivientes son personas y conforman naciones. De ahí que mantener la armonía cósmica es muy importante es un universo donde la alteridad se prodiga ilimitadamente.

Pero el pampsiquismo chamánico es de naturaleza muy distinta del pampsiquismo de los primeros jonios, del hilozoísmo científico de Haeckel y del pampsiquismo de Leibniz. Y la diferencia se basa en la idea de la realidad espiritual. No se trata aquí de un espíritu monoteísta, henoteísta o politeísta. Menos aun consiste en la pura realidad de espiritus demonológicos. Más bien, consiste en concebir la realidad espiritual en una pluralidad de mundos sutiles, con dualidad de materia y espíritu. Así, por ejemplo, en las religiones del África negra se sigue creyendo como hace 40 mil años en la sangre sagrada de la Gran Madre Tierra, y entre los pueblos de la amazonia creer en el Dueño de todo lo existente o Nete Ibo, del cual viene incluso la fuerza curativa. Pero incluso Nete Ibo tiene su casa, sus mujeres, su ciudad, su mundo. Es decir, el dualismo espíritu-materia es lo característico en el ideario de las religiones de integración.

Los visionarios no sólo beben las llamadas plantas sagradas y entran en contacto con seres suprasensibles para efectos de curanderismo sino también deseando la sabiduría. Aunque se trata de un saber de salvación, donde la materia no representa el mal ni el Caos original de la cosmogonías míticas de las religiones de servicio. Más bien, el caos y el mal provienen del ámbito de las pasiones humanas y suprahumanas. Aquí el desorden cósmico no proviene de la existencia de demonios, espíritus malignos o mundos del mal, sino de sus hechizos o de acudir a estos para obrar mal. Es también el brujo lleno de soberbia u odio es el que recurre a espíritus malignos para producir mal. De ahí que lo moral tiene una fuerte connotación cosmológica. Y en esta primigenia actitud filosófica de índole mitomórfica se desbroza la idea de todo el cosmos como realidad plural animada. Pero no reduce la materia al alma como en el hilozoísmo sino que mantiene la dualidad.

El curandero visionario tiene ansia de sabiduría, pero no considera su origen de carácter humano. Con toda propiedad se puede decir que al concebir la sabiduría como resultado del trato con toda clase de espíritus su forma de filosofía es mitomórfica y de carácter revelado. La filosofía como revelación o iluminación espiritual metasensible ha recaído en el chamán. Por lo tanto, no es accesible a los mortales sino a través de los visionarios extáticos. En el fondo se trata de un saber de salvación útil y benéfico prescrito por revelación o iluminación de lo sagrado. El trabajo filosófico de acercarse a la verdad revelada se fusiona con la creencia y con la tradición. Se trata de una filosofía extático-mítico-religiosa que vincula al hombre con lo sagrado. Su ámbito está estrictamente limitado a su vínculo con lo sagrado.

La diferencia con una filosofía escolástica (Filón de Alejandría, neoplatónicos, filosofía islámica, judaica, patrística, escolástica y espiritualismo contemporáneo) reside en que no se trata de una filosofía autónoma que se emplea para la defensa de una verdad religiosa, sino que se identifica con la creencia establecida. El visionario chamán no busca renovar la creencia sino mantenerla. Por ello su sabiduría filosófica no es autónoma. Se trata de una filosofía que defiende el origen no humano del saber fundamental.

Otra característica del chamanismo salvífico o demónico es que la nula destrucción absoluta de la unidad cuerpo-alma significa la ausencia de la idea de la Nada absoluta. Y más bien la presencia poderosa una Nada relativa, en el sentido de privación o ausencia. La muerte no es la extinción completa sino el paso de la unidad alma-cuerpo a otra geografía sutil. No hay el dios Creador de las religiones de salvación, ni hay el dios Ordenador de las religiones de servicio, ni hay el dios Legislador de las religiones de liberación. Lo que hay es una pluralidad de geografías sutiles, donde la unidad alma-cuerpo pasa de un mundo a otro. Tampoco hay noción de eternidad sino de tiempo interminable. De manera que la idea de la muerte y la destrucción se asocia a la idea de la Nada como carencia o ausencia pero no como Nada absoluta.

De modo que el chamanismo o curanderismo precolombino y actual es una evidencia poderosa que la historia de la religión en el Perú actual y ancestral no puede restringirse solamente al panteón andino de hace 5 mil años y hace posible retrotraer la paridad primordial Animador-Viracocha y lo Caótico-Inanimado –señalada por Urbano y Zuidema- a una paridad más primigenia y ancestral que retrotrae al chamanismo paleolítico de fines del Pleistoceno con el hombre la Pacaicasa y Lauricocha hace 15 mil años. Es decir, la paridad dualidad primordial andina está precedida por la unidad paridad chamánica curanderil alma-cuerpo.

Esto supone tres cosas. Primero, en la dualidad unidad primordial curanderil no hay acto ordenador, legislador ni creador sino potencia armónica cósmica que se confunde con los seres suprasensibles y dioses. Segundo, no hay tres mundos (atmosférico, telúrico y subterráneo) sino de una pluralidad de mundos sutiles y suprasensibles. Y tercero, los muertos no moran en el mundo subterráneo o Uccu pacha sino en otras geografías sutiles. 

Y es aquí donde se revela el meollo y peculiaridad del carácter mesiánico del chamanismo curanderil. La salvación que opera el curandero no implica grandes ciclos cósmicos o Pachacuti, ni arribo al Cielo, ni morar con la Luz Eterna o Illa Teqse. No hay apartamiento del tiempo y del espacio. Lo que hay es la continua participación en la armonía cósmica imperecedera. Esto significa que es un mesianismo cósmico, antes que antropológico. No es extraño que el chamanismo haya permanecido más duradero y parecido a su forma primigenia en aquellos lugares con menos cataclismos geográficos –polos, trópicos-. Las grandes modificaciones climáticas, plagas y demás desastres en regiones más expuestas pondrían en cuestión la suficiencia del trato chamánico con los espiritus para preservar la armonía con el cosmos. Lo que produjo su abandono y modificación hacia otras formas religiosas fue la ineficacia del trato con los espíritus para mantener dicha armonía cósmica.

Todo este análisis refleja que el asedio por lo trascendente y metaempírico en el hombre, especialmente en el chamanismo, no es un recurso a lo irracional, sino que bien visto, es una revalorización de la razón y de las verdades suprarracionales. La mística extática no es un abandono de la razón en brazos de lo irracional sino una reafirmación que lo suprarracional trasciende la razón humana pero no la racionalidad misma. El reconocimiento de la razón de las verdades suprarracionales no significa el imperio de lo irracional sino la limitación de la razón humana.

De ahí que la razón humana en los límites de lo sagrado tenga que recurrir al mito, al símbolo, a la metáfora, la alegoría y el razonamiento analógico. El visionario curandero puede visitar y conocer los mundos sutiles, pero la esencia de los mismos siempre queda ignota. Ya bastante distante se halla uno de concebir al hombre ancestral del chamanismo como dominado por la racionalidad empirista y pragmática, como supone el dogma positivista empirista. Por el contrario, éste recurre al lenguaje poético, metafórico y alegórico, según las reglas de la analogía, para describir lo vivenciado en sus trances. 

Los símbolos no son conceptos lógicos sino existenciales, que expresan el afán de trascendencia de la condición humana. Son el signo más ostensible de que el hombre no está conforme con su ser en el mundo y ansía la completud ontológica con lo sagrado. Los símbolos ponen al descubierto que la humanidad tiene la vivencia de lo profano envuelta en lo sacro. El símbolo mítico es la respuesta originaria de un ser que se siente suspendido entre el Ser y la Nada, el bien y el mal. Y es que en el corazón de todo hombre late el anhelo de trascendencia.

Las ideas de mesianismo, salvación o santidad lejos de ser un injerto de las ideas católicas son parte de toda cultura humana. En realidad, la condición humana tiene sed de desarrollo espiritual. Y en general lo Salvífico se presenta como tendencia permanente del hombre, que en el mundo ancestral está presente como impulso para salvar la armonía del cosmos desde este mundo. Los llamados pueblos bárbaros o semibárbaros por el monismo naturalista diacrónico, son en realidad gente con una especial sensibilidad espiritual dentro del pluralismo culturalista.


Reconocer el carácter mesiánico del chamanismo arcaico no es cerrar los ojos a la nueva situación espiritual que se abre desde el cristianismo. Por el contrario, es admitir su valor para un determinado periodo de la historia. Pero insistir en su vigencia sería un grave error espiritual. Creer en lo sobrenatural y lo espiritual no nos debe llevar a apartar la mirada de Jesús. En la cruz murió Jesús pero también allí surgió el lugar de nuestro nuevo nacimiento. Y no hay retroceso espiritual posible. Jesús es la misma eucaristía, él es el único que cura y da los dones curativos, los cuales para que no se resequen deben ir siempre acompañados de oración. No hay curación verdadera sin invocación de Dios. Es el Espíritu Santo el que continúa la obra de Jesucristo y la restauración universal que será obra de Cristo. Vivimos en la era del Espíritu Santo y sin él no seríamos lo que somos. En la nueva realidad espiritual toda ayuda espiritual hay que pedírselo a María, no a las plantas maestras ni a los sortilegios del chamán.

23 de Agosto 2017

lunes, 21 de agosto de 2017

CHAMANISMO Y POLITEISMO POSMODERNO

CHAMANISMO Y POLITEISMO POSMODERNO  
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Filosóficamente el politeísmo no es inconciliable con la filosofía, porque distingue entre la divinidad y Dios. Y el problema capital que plantea es si esta separación entre Dios y su esencia es legítima y por qué cobra auge en medio de la cultura posmoderna. Por lo demás, el politeísmo experimenta un revival con el auge del irracionalismo y el socavamiento en la razón en la cultura posmoderna. El retorno de los brujos,  esoterismo, espiritismo, cábala, alquimia, satanismo,  astrología, cartomancia y quiromancia conocen un auge sin precedentes. Estos cultos ocultistas, paracientíficos y terapéuticos, que Max Weber llamaba “cultos emocionales”, no son un retorno a Dios sino al paganismo politeísta. La ancestral práctica espiritual del chamanismo también participa de este revival.

I. Origen del politeísmo.
Históricamente insurge en un número reducido de pueblos, llegados a un nivel cultural, con organización social diferenciada y estructuras políticas definidas (la India védica, el Japón anterior al budismo, Irán anterior a Zaratustra, Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, los pueblos germanos, en culturas meso y suramericanas anteriores a la conquista y en algunas pocas culturas de África occidental y de Polinesia). Esto muestra que es un fenómeno religioso reciente y posterior al chamanismo. Mientras el chamanismo es una religión de integración cósmica, el politeísmo es una religión de servicio. De ahí, la tendencia a proponer teorías históricas para explicar su desarrollo:

A) Enfoques Evolucionistas.-
- Hume (Historia natural de la religión, 1757) y J. Rousseau (Émile, 1762), propusieron el politeísmo como primera forma de religión de la que se derivaría el monoteísmo intolerante y persecutorio.  Actualmente esta concepción es cuestionada al concebirse el politeísmo como parte de las religiones de servicio que viene a continuación de la religión de integración.
- E. Garrie, sitúa el politeísmo entre el polidemonismo y el monoteísmo. Esta clasificación ubicaría a las religiones integración bajo la égida del polidemonismo, lo cual no es falso pero tampoco exacto. Las religiones de integración también conocen entes angelicales buenos.
- K. Goldammer propone una serie evolutiva que abarca: polidemonismo, politeísmo, henoteísmo y monoteísmo. Interesante división, pero que conserva el mismo inconveniente de Garrie. Sería mejor decir: poli espiritualismo, politeísmo, henoteísmo y monoteísmo.

B) Enfoque Degradacionista.-
- Voltaire en el artículo “Religión” de su Diccionario filosófico (1764) propone al monoteísmo como primer estadio religioso. Enfoque que no se condice con la historia de las religiones.
- La escuela de historia de las religiones de Viena, siguiendo a W. Schmidt propone un proceso evolutivo del monoteísmo al politeísmo como una «degradación». Esta consideración es forzada. Lo que se constata es que el politeísmo original proviene del poli espiritualismo, y el politeísmo degradado es derivado del monoteísmo. Así, no todo politeísmo es una degradación del monoteísmo.

C) Enfoque Estructuralista y Fenomenológico
- G. van der Leew, R. Pettazzoni, sostienen que los datos históricos no justifican el evolucionismo religioso y que el politeísmo no es un momento histórico anterior al monoteísmo y sustituido por él, sino una forma religiosa independiente, una manifestación del fenómeno religioso, una estructura religiosa que debe ser estudiada como tal. Este enfoque resulta de una exageración de los elementos estructurales sincrónicos sobre los diacrónicos. La historia de las religiones evidencia que el monoteísmo adviene luego del politeísmo.

II. Rasgos principales del politeísmo

Combinando la consideración estructural y fenomenológica con la histórica, podemos señalar como rasgos principales del politeísmo:
- Forma religiosa con una representación «teísta» de la realidad superior, que distingue entre el poder superior encarnado en espíritus, antepasados,  genios, fantasmas, y los dioses como encarnaciones más precisas de esos poderes, dotadas de una mayor distancia en relación con la naturaleza, de perfiles personales y de una posibilidad de influencia sobre la vida de los hombres que entran en relación con ellos.
- Lo más característico es su rasgo sobrehumano y la condición de «totalmente otro» de la realidad, como afirmó R. Otto, pertenecen a otro orden de realidad, esta distinción es la inmortalidad.
- En algunos politeísmos, los dioses no son considerados eternos ni omnipotentes, estando lejos de la configuración monoteísta del mundo superior.
- Su representación «teísta» del orden de lo superior adquiere contornos cosmomórfico, zoomórfico o teriomórfico, fitomórfico, dendromórfico y antropomórfico.
- Pluralidad de las figuras divinas ordenadas por genealogías y jerarquías (unos ochocientos mil kami en el shintoismo; 3.339 que se amplían hasta números ilimitados en el vedismo, parejas de dioses, tríadas, eneadas o una innumerable plebs deorum). En algunos casos se establece la monarquía de un dios supremo.
- Rasgo característico es su accesibilidad al hombre y su disposición para ejercer relación de protección y patronazgo para cada función de la vida humana. San Agustín señala que esto lleva al “deseo frenético de tener muchos dioses” y que no sean más que «epítetos cúlticos» de una misma divinidad.
- No todas las figuras divinas tienen el mismo grado de precisión. Existen dei certi y dei incerti y esta incertidumbre repercute sobre la posibilidad de invocación a los mismos.
- Todo esto parece haber conducido con frecuencia a diferentes formas de monolatría o de henoteísmo.
- Las religiones politeístas han desarrollado grandes sistemas de mitologías, con complejas y confusas teogonías y cosmogonías.

III Explicación Cultural.

- Para F. Engels, G. Dumézil, A. Brelich: mero reflejo de determinadas infraestructuras socio-políticas y económicas.  
- Según R.J. Zwi Werblowsky: el conjunto de infraestructuras no son la causa sino sólo el humus que lo condiciona.
- Algunas «revalorizaciones» del politeísmo insertas en las actuales apologías del paganismo (W. Fr. Otto en relación con los dioses de Grecia y por A. Daniélou en relación con el politeísmo hindú) se basan en descalificaciones del monoteísmo.
- La consideración fenomenológica evita la valoración del fenómeno politeísta y estima que el politeísmo puede reaparecer en determinadas formas monoteístas bajo la forma de ángeles, santos u otros mediadores.

IV Problema Filosófico.

C) Exponentes
- Aristóteles es politeísta al distinguir claramente entre Dios y su esencia.
- En Leibniz su dios plotiniano depende de la esencia divina.
- Hume piensa que el monoteísmo es resultado de la adulación a la divinidad.
- Renouvier, James y Bergson insistieron en la superioridad del politeísmo.
- Max Weber estimó que el Politeísmo resulta de la lucha entre distintas esferas de valores en la cual no se impone un solo valor. Así, el mundo empírico no llega al monoteísmo sino que se detiene en el Politeísmo.
- En Heidegger se da un supraser del cual se derivaría incluso el ser de los dioses.
- Considero que el Politeísmo es resultado del debilitamiento del poder del chamán, la censura moral de apelar a demonios y la necesidad de sustituirlo con la devoción a varias deidades.

D) El problema metafísico
- El problema ontológico metafísico fundamental del Politeísmo es que si la esencia divina da lugar a los dioses, entonces no se trata de una creación fruto del amor y la voluntad sino de una emanación natural que necesita irradiar dicha esencia divina.
- De este modo una esencia divina que no necesita nada ni a nadie, no ama a nadie, ni mira a alguno, y está aislado en sí mismo (llámese Inteligencia en Aristóteles, o lo Uno en Plotino) nunca podrá ser superior a un principio divino omnipotente, omnisciente y omnisapiente, que ama y procede a voluntad y con inteligencia.
- De manera que el Politeísmo con su pluralidad, hipóstasis y jerarquías resulta ontológica y metafísicamente inconsistente ante el monoteísmo donde toda la creación y no la emanación es obra libre de la iniciativa divina guiada por el amor. Es por ello que la idea de Dios en el monoteísmo es metafísicamente más compleja con la idea de creatum ex nihilo. Mientras que el politeísmo y el henoteísmo aun se mueven dentro del presupuesto metafísico del nihil ex nihilo.
E) El revival del paganismo
- La actual apología y auge del politeísmo pagano se da en el marco de la cultura posmoderna (hedonista, relativista y nihilista).
- En medio de la fragilidad del sujeto posmoderno la experiencia religiosa regresiona hacia la fragmentación politeísta de la divinidad.
- El revival del paganismo posmoderno, en el que se inscribe la apología del politeísmo, maltrata el misterio en el esoterismo, multiplicación de dioses y expresa la tiranía descontrolada del sentimiento religioso.
- Con el politeísmo el juega a ser dios mediante la instrumentalización de una religión por retribución. Retribución que también está poderosamente presente en el chamanismo.
- El revival del politeísmo posmoderno es parte de la desaparición civilizacional de Dios y del afán humano por su propia perfectibilidad infinita en plena era del auge robótico y de la era de la apostasía generalizada.
- El chamanismo como religión poli espiritualista que recurre a distintas divinidades intermedias para obtener retribución, también es parte del revival politeísta pagano y de la degradación religiosa del culto monoteísta en la presente era secularizada de la increencia.


21 de Agosto del 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

LA RELIGIOSIDAD CHAMÁNICA

LO RELIGIOSO CHAMÁNICO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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El chamanismo no es una religión determinada pero implica una actitud religiosa. En los Andes centrales está relacionada con la veneración a los Apus y el manejo de la Hoja de coca. En la Amazonía se vincula con el manejo de las plantas maestras y el contacto con mundos suprasensibles. Y en la Costa peruana con el manejo del San Pedro, Pallares u otras plantas, y el trato con Pacarinas o lugares sagrados como lagunas, huacas o cerros.

Es decir, lo religioso chamánico consiste en el reconocimiento arquetípico de un universo sagrado estructurado en una mirada mitomórfica. Mirada mitomórfica que constituye por sí misma una explicación de los fundamentos del cosmos. Y por ello es la forma ancestral de la filosofía, su expresión mitocrática.

Esta forma ancestral de la filosofía, que se da unida a lo religioso y al chamanismo, no es prefilosofía, ni cosmovisión, ni filosofía en sentido laxo, sino que es propiamente filosofía del paleolítico. Esto es que lo religioso chamánico testimonia el carácter filosofante de la misma condición humana.

Pero la filosofía mitomórfica en lo religioso chamánico no tiene primordialmente una motivación narrativa-explicativa del origen de las cosas, sino, antes bien, una eminente preocupación medicinal y espiritual. Tiene dos partes, una explicativa en los Mitos, y otra taumatúrgica con las prácticas chamánicas. Antes que produjera el desglose de la clase sacerdotal el chamán se concentra en lo segundo sin excluir lo primero. El chamán como viajero de otros mundos suprasensibles es un conocedor de las geografías espirituales y de la topografía ontológica de la realidad invisible. Pero su afán primordial es mantener el equilibrio cósmico a nivel individual o comunal mediante prácticas de hierofanías que da como resultado contactos teofánicos con propósitos determinados (curar o dañar).

El carácter práctico que encierra lo religioso chamánico implica la manipulación de fuerzas espirituales contenidas en la naturaleza llamadas prácticas mágicas. Este carácter mágico manifestado tanto en el chamán-medicinal como en el chamán-brujo manipula con técnicas de éxtasis arcaicas a los espíritus benignos o malignos. Por ello lo religioso chamánico no pone el énfasis en el sacerdocio sino en la hechicería. Su preocupación no es la fe llamada dogmática, dado que no duda de la existencia del otro mundo y de lo divino, sino el curar enfermedades o producirlas. Su magia es el arte de conseguir resultados sobrenaturales mediante sustancias naturales, ritos e invocaciones a seres espirituales de todo tipo.

Por ello, en La rama dorada, Sir J. G. Frazer destaca con razón que la fe universal más antigua que la religión es la creencia en la eficacia de la magia. Sólo cabría añadir que el chamanismo es también una forma religiosa, que la manipulación de lo sagrado que involucra la magia chamánica implica también una filosofía mitomórfica más antigua que la filosofía mitocrática que corresponde a las religiones de la humanidad.
    
El chamán primordialmente no es un maestro de sabiduría ni de compasión, como en el budismo, ni busca una comunión con lo divino que lo exima de retornar al ciclo de las existencias terrenas, como en el Hinduísmo, ni profesa una devoción exclusiva a un único Dios, como en las grandes religiones monoteístas. Tampoco está comprometido estrictamente con una adoración politeísta ni monoteísta, sino, más bien, con un trato con todo tipo de huestes espirituales, ya sea de maldad o de bondad e incluso neutras pertenecientes a las regiones sagradas, mediante rituales, invocaciones o utilizando plantas psicoactivas. Es por ello que el chamán aparece como un brujo o mago que “obliga” a los poderes espirituales a actuar de forma determinada.

No obstante, su efecto actual sobre el creyente desemboca en el reavivamiento de la idolatría, la mántica y el politeísmo. Lo cual no es extraño porque en la ancestral práctica chamánica la delimitación entre los poderes de lo sagrado y lo divino es difusa, aleatoria y engañosa. Divino es sólo Dios, en cambio muchas entidades forman parte del ámbito de lo sagrado. Así, muchas “fuerzas espirituales de maldad” (Efesios 6: 12) habitan las regiones sagradas y pueden, incluso, ser portadoras de revelaciones “de carne y sangre” (Mateo 16: 17). Esta falta de doctrina que discipline el contacto con el ámbito espiritual es normal en el chamanismo ancestral prehistórico, pero deja de serlo en el período histórico de las grandes religiones monoteístas.

Por ello comprender lo religioso en el chamanismo no nos dispensa de cualquier relación con la comunidad humana, ni con la historia de las religiones, ni con la pedagogía divina, ni nos coloca en un espacio aséptico alejado de todas las formas de vida, en cuyo lugar se instala una especie de fantasmagoría ficcional. Todo lo contrario, el objetivo es liberarnos de las convenciones externas y retrotraernos a la majestad de nuestra propia dignidad interna. Por ello, dentro del pensamiento de las religiones monoteístas Dios no nos quiere subyugados ni esclavos a poderes terrenales, ni a sustancias materiales, ni a invocaciones, ni ritos, sino que nos desea libres, como nos creó. Sólo accede a Dios quien se piensa a sí mismo como libre y se sujeta sólo a Dios. ¿Pero es libre el que se sujeta al chamanismo? Lo más probable es que no, porque la falta de discriminación en el trato del ámbito de lo sagrado lo expone, las más de las veces, a ser víctima del engaño del mundo espiritual de las tinieblas. Es cierto que la revelación y las Escrituras son importantes y que jamás sustituirán cómo habla Dios en el corazón. Pero su carácter normativo, parenético e inspirado constituye un claro resguardo y guía en la singularidad del fenómeno religioso, la realidad experimental de la religión y en su compleja realidad. La presencia de Dios en el hombre es permanente pero ello no garantiza una vida espiritual adecuada.

Además se plantea otra cuestión. ¿Cuál es el auténtico telos del comprender religioso chamánico? Si su fin es manipular potestades espirituales presentes en la naturaleza para curar, dañar o rescatar el alma, resulta justificada dentro de la pedagogía divina en un mundo ancestral sin ciencia ni revelación. ¿Pero se puede justificar el chamanismo en el mundo contemporáneo alegando su poder sanador? Quizá puede haber casos extremos que lo justifiquen. Incluso hay quienes atribuyen el ecocidio y materialismo actual a la ruptura con nuestra raíces chamánicas. Sólo que suelen soslayar la capacidad de esta práctica espiritual ancestral de producir daño y negatividad. La visión unilateral y angelical del chamanismo no ayuda a su comprensión y produce confusionismo espiritual. A todas luces Occidente no recuperará su alma retornando al chamanismo sino que, al contrario, se causa un daño espiritual profundo tratando de de retroceder el reloj de la historia. La necesidad de trascendencia del hombre contemporáneo no puede ser atendida por el chamanismo, porque aquí se confunde lo sagrado con lo divino, y de dicha confusión sólo resulta beneficiada, la mayor parte de las veces, la hegemonía de los poderes espirituales tenebrosos que ofrecen alivio efímero.
 
Entonces, ¿dónde radica el objetivo final de la religiosidad chamánica? ¿Acaso hay que buscarlo fuera o dentro de sí mismo? ¿Pero entonces de qué mismidad se trata? ¿Será la formación y desarrollo integral de la propia humanitas? Sí, pero en este caso responde a la decadencia espiritual de la humanitas occidental. El hombre moderno se concibe como un ser exclusivamente histórico, viviendo en un universo desacralizado. Pero la necesidad de trascendencia es ineliminable en el hombre. La ciencia moderna, la técnica y la modernidad clausuraron para el hombre la necesidad de trascendencia exterior. Pero Dios, el cielo y el infierno se volvieron abrir dentro de él. Los campos de exterminio nazi fueron una manifestación elocuente. La necesidad de trascendencia fue sentida desde el interior. En muchos casos triunfó la idolatría, sobre todo política. En medio de una era anticristiana sin precedentes y la avasallante secularización nihilista que sacraliza la Naturaleza resurge el panteísmo y, a su sombra, la mística primitiva del chamanismo.

Es evidente que nuestro tema hay que vislumbrarlo en un doble sentido, a saber, y con mayor precisión en la sociedad empírica y en la sociedad ideal, entre lo que es bajo las actuales circunstancias y entre lo que puede y debe ser en el futuro. Comprender lo religioso del chamanismo no renuncia a hablar al hombre relativista de nuestro tiempo, lo adula y complace en su falta de fe en un Dios trascendente. La hedonista sociedad presente está contenta con una práctica espiritual que atiende su cuerpo y algunas veces su espíritu.  En el fondo es el propio desarrollo de la religiosidad humana la que se ve cuidadosamente cuestionada en el revival del chamanismo. Pero para que esta realidad empírica no eclipse las posibilidades ideales de la religiosidad humana se debe hacer frente al nihilismo de nuestro tiempo, verdadera matriz de la involución religiosa.

Es decir, a nombre de la humanitas y en contra de la actual societas debemos desarrollar el significado universal del “comprender lo religioso” ante lo religioso chamánico. No se trata de renunciar a la colectividad de los hombres reconociendo la adoración a un único Dios, más bien se trata de descubrir en sí mismo el arquetipo de un universo estructurado merced a una mirada divina.

Calvinismo y el luteranismo buscaron comprender la esencia de lo religioso prescindiendo de la fe en la tradición y en el magisterio eclesiástico, por la fe en los pasajes de la Biblia. Rousseau desechando la “inspiración” externa propone la preeminencia de la teología moral como forma interna de sentir a Dios en la experiencia moral. Esta visión la consuma Lessing cuando considera el desarrollo de la religión bajo la imagen de la Educación del género humano. Y Kant apunta en el parágrafo 86 de la Crítica del Juicio, que sólo la teología moral puede corregir los defectos de la teología física que sólo conduce a una demonología. Precisamente, el chamanismo prescindiendo de la fe en tradición, el magisterio eclesiástico y la teología moral se configura en una teología física que conduce a una demonología que diviniza la naturaleza. En el chamanismo no predomina el temor a Dios como causa suprema, porque le basta recurrir a las inteligencias espirituales intermedias para lograr sus objetivos inmediatos. Aquí se podría argüir en contra que en sus sendas visionarias el médico-vegetalista -otra forma de llamar al curandero chamán que utiliza la ayawaska, el toe o el tabaco- sí predomina el temor a Dios, porque en su visión de mundos invisibles se pone al servicio del mundo bueno o Jakon Nete -en lengua shipiba- y de seres de luz llamados Chaikonibos. Recurrir a seres extraordinarios de los mundos suprasensibles por ser dueños de la medicina y que equivalen a ángeles no es lo controversial. En el catolicismo se recurre a santos, la Virgen y ángeles como seres intermediarios de Dios.

Lo controversial y el riesgo radican en desvincular a estos seres intermediarios del Creador y proceder a su adoración. Que Dios tenga muchas mansiones en el cielo (Juan 14:2) no está en cuestión, lo que se cuestiona es el riesgo de idolatrar dichas moradas sustituyendo a Dios. Es innegable que en las propias prácticas chamánicas, de la Amazonía por ejemplo, se está produciendo un sincretismo religioso donde se declara que el curar viene de Dios mismo, pero dado la atmósfera anticristiana de la sociedad secularizada el chamán muchas veces prefiere ocultar o dejar de lado este aspecto para no enajenar su predicamento y curación. En otras palabras, se avergüenza de Cristo. Y prefiere apelar a explicaciones holísticas, panteístas y naturalistas, cuando no esotéricas. A estos médicos vegetalistas que se llaman legítimos hay que decirles que no basta curar con amor porque el amor sin Dios no es amor. En otras palabras, aun cuando en un fuero interno sea un curandero cristiano, en su fuero externo actúa como un mago-pagano. Y esto es así porque más importante que la salud del cuerpo es la salud del alma.

Es decir, en tiempos históricos a Dios se le descubre fundamentalmente no en las manifestaciones externas de la fe, en los milagros o en una fe libresca, sino en la manifestación interna de la idea de una personalidad libre pero con Dios, capaz de darse a sí mismo una ley que no viene de la naturaleza y sí, más bien, del reino de lo inteligible. Esta idea de libertad va unida a la idea de bien, como bien actuar, por tanto está ligada a la idea de justicia. Este orden inteligible, eterno e inmutable está inscrito por Dios en el corazón del hombre, y por eso no puede verse refutada por la multiplicidad y el arbitrio de los estatutos positivos, prácticas naturalistas y argucias esotéricas.

Comprender lo religioso nos hace ver el brillo de Dios en la conciencia moral del hombre, la cual no es ejemplo que aplana, nivela y uniformiza, sino solidaridad entre la voluntad humana y la voluntad divina, donde cada cual debe recorrer su propio camino. De poco sirve inculcar verdades religiosas abstractas si antes no se activa la disposición por comprender lo religioso, pues en el mundo de la voluntad uno es lo que hace por sí mismo. En cambio, comprender lo religioso del chamanismo nos hace ver niveles de conciencia paranormales, que no siempre van ligados a la conciencia moral, la tradición evangélica, ni el magisterio eclesiástico, sino a la manipulación de poderes espirituales de todo tipo –benignos y malignos- presentes en ciertas sustancias de la naturaleza o materiales. Por ello, el chamanismo secunda el panteísmo y el politeísmo y suele distanciase mucho del teísmo.

Comprender lo religioso no es lo mismo que conocer lo religioso. Comprender lo religioso del chamanismo conduce a su reconocimiento legítimo dentro del desarrollo histórico de la humanidad y de la pedagogía divina. Y conocer lo religioso del chamanismo ayuda a entenderlo como supletorio y paliativo de una era de anemia espiritual en Occidente. En lo primero hay una ligazón existencial y en lo segundo un lazo mental. Conocer a Dios no es amarlo necesariamente, se le puede sentir envidia y descaminarse hacia el odio, como el Maligno. El chamán llamado brujo, por ejemplo, invoca un pacto con las fuerzas tenebrosas del mal para convertirse en un ser poderoso que desafía incluso a Dios. En cambio comprender implica ir más allá de lo epistémico y pertenece a lo existencial, donde resulta que se conoce amando solidariamente en una misma voluntad.

Lo primero implica solidaridad de propósito y telos común, lo segundo exige solamente universalidad categorial. En lo primero habla el corazón en el segundo habla la razón. Esto significa que cuando se equipara la naturaleza de la humanitas con su destino, es el hombre un ser religioso y no un animal religioso. Lo biológico se deja atrás para poner en su lugar un fundamento ético-religioso puramente ideal.  

No obstante, el ideal de la ciencia moderna no brota ni en la civilización egipcia, China, mesopotámica, árabe, judía, mesoamericana, ni andina, sino en el seno del cristianismo. Fue en la teología de la Encarnación y en la concepción de Dios como ser racional del cristianismo donde brota la ciencia, la idea de ley natural, orden y regularidad.  Es por ello que el método experimental se inició en la Edad Media y se desarrolla en monasterios, escuelas catedralicias y universidades. Incluso el propio Galileo, tan distorsionado por la interpretación ilustrada, defiende el fuero de la ciencia sin renunciar al fuero de la teología. Su objetivo era liquidar la física metafísica de aristotélicos y la metafísica física de panteístas, pero jamás demoler el cristianismo. Y esto viene a colación porque en el chamanismo no sólo se percibe un retroceso a una mística prehistórica sino a una metafísica física donde se bifurcan en caminos paralelos lo trascendente y lo inmanente. Si en la filosofía teísta se coloca lo finito en lo infinito, y en la filosofía panteísta se coloca lo infinito en lo finito, en la filosofía chamánica lo finito y lo infinito persisten rígidamente en un ciclo de eterno retorno.

Es curioso que el hombre moderno se vuelque hacia una práctica espiritual ancestral que niega la libertad personal y es partidaria de la repetición de los arquetipos cósmicos. Pero el hombre moderno vive una etapa antropológica y no cosmológica, no le es posible regresionar a su ancestral casa cósmica. El revival del chamanismo se liga, en este sentido, a que el proyecto autotélico acabó en un antropocentrismo extremo que pone en peligro la sobrevivencia humana. Y en su lugar anima a pensar en un proyecto cosmo-antropotélico. Esto es, el revival de la religiosidad chamánica está relacionado con tres tendencias contrapuestas. Por un lado, responde a la atracción por deponer la libertad personal a favor de los ciclos cósmico, por otro lado, al agotamiento del proyecto autotélico, y, por último, con la necesidad de pensar un proyecto cosmo-antropotélico. Y todo esto acontece dentro del contexto del consumismo capitalista que enajena las auténticas necesidades del hombre –relación, trascendencia, identidad y orientación-. En una palabra, el revival del chamanismo en la sociedad secularizada sin Dios se relaciona con el grito desesperado del hombre por restablecer su lugar en el mundo y acabar con el robotismo humanoide. Sólo que en una sociedad nihilista y anética la práctica espiritual chamánica resulta siendo insuficiente por narcotizar la conciencia espiritual con prácticas ancestrales.  

La certeza religiosa sólo puede ser autoconvicción y convencimiento para uno mismo desde el fondo de su acción moral y de su conciencia. Esto no significa que el hombre es su propio creador y salvador, aunque en sentido ético lo sea en sentido restringido o sea es necesaria su propia colaboración activa. Pero lo decisivo aquí es que Dios queda justificado por la dignidad del hombre. Dios es así el pilar del afianzamiento y desarrollo de tal dignidad y sin él sólo se tiene un superdesarrollo material acompañado de un subdesarrollo moral, tal como acontece en el secularizado mundo moderno. En cambio, la certeza de la religiosidad chamánica radica en la recuperación de la salud corporal o mental o en inferir daño respectivamente. En este sentido su alcance es menos universal y restringido. De modo que la religiosidad chamánica se justifica como racionalidad no-instrumental, ontológica y trascendente de la existencia humana, pero en una escala más básica respecto a las grandes religiones.

Por ello que sin comprender lo religioso no hay auténtica educación del género humano, ni verdadero humanismo, ni exitosa gestión del Estado redistributivo, ni real economía de la solidaridad, porque sin el sentimiento interno de Dios el hombre se vuelve inhumano, la visión prometeica inmanentista autosuficiente ocupa su lugar y todo su quehacer se degrada moralmente en el omnipotente voluntarismo sin trascendencia. Sin duda, esto también combate el chamanismo con su visión espiritual y vital del cosmos. Pero al poner el énfasis en la manipulación de los espíritus, en vez de Dios, reduce la religión a una práctica de integración cósmica. No en vano en la historia de las religiones el chamanismo antecede a las religiones de servicio (Egipto, Mesopotamia, celtas, eslavos, germanos, griegos, romanos, aztecas, mayas incas), religiones de liberación (maniqueísmo, gnosticismo, hinduismo, budismo, jainismo, taoísmo, confucianismo) y religiones de salvación (mazdeísmo, judaísmo, cristianismo, islamismo).

Así, sólo se puede resguardar el desarrollo integral del hombre comprendiendo lo religioso como la dignidad de una persona libre creada por Dios y que capaz de darse a sí mismo una ley. De ahí que la fe externa en Dios siendo importante, sea inferior a la fe interna en Dios. La certeza interna de Dios es moral y racional, y no solamente moral como lo pensaban Rousseau y Kant. Tanto la dimensión ética como la dimensión racional están en el centro de la religión. No todas las alternativas que se remontan hasta Dios partiendo de la naturaleza están aniquiladas, ni tampoco la teleología inserta en la naturaleza nos impide deducir una suprema inteligencia. Los estudios de Mircea Eliade documentan que el chamanismo conoce la suprema inteligencia y la deidad soberana, lo cual no significa que esta práctica espiritual se centre en él. Esto pertenece a otra etapa de la historia de las religiones.

Pero precisamente el humanismo sin Dios de la modernidad secularizada nos ha conducido hacia una civilización deshumanizada que supone que la dignidad humana no necesita de ningún fundamente trascendente y con ello cree que basta una economía de la superabundancia y un Estado de bienestar, para abrigar la convicción de que el asunto capital del hombre es su felicidad terrenal. En este juego incurre el chamanismo con su predicamento de poder sanador del cuerpo y la mente. Pero esto no es cierto, pues el asunto capital del hombre es su dignidad. De qué sirve un cuerpo y mente sana, una vida feliz, sin dignidad, de nada. Y la dignidad humana viene de ser hechura predilecta divina. El hombre feliz sin esta dignidad trascendente es achatado a su dimensión biológica y a la mera animalidad. La felicidad no exige necesariamente la libertad, en cambio a la dignidad le es inherente la libertad y el hombre que bajo el yugo externo se somete voluntariamente capitula a lo más humano que tiene, a saber, la capacidad de decidir autónomamente y asumir su responsabilidad. Sólo es libre el responsable de sus actos, el irresponsable es vicioso, depravado o inimputable. Justamente el hombre de la triunfante sociedad capitalista ha prostituido su voluntad porque ya no tiene dignidad sino precio, y el precio es valor externo y negación del valor intrínseco. La falsa felicidad se compra con dinero, la verdadera es indesligable de la dignidad, o sea del acto libre.

El chamanismo es una forma de combatir la falsa felicidad reconociendo la dimensión espiritual. Se erige no sólo sobre la diferenciación entre lo profano y lo sagrado –como piensa Eliade-, sino sobre una intuición mitomórfica normativa que da forma incluso a lo sagrado y profano mismo. Pero el simple reconocimiento de la dimensión suprasensible y espiritual es insuficiente para el desarrollo adecuado de la vida religiosa y moral del hombre. Que la profundización de su conocimiento es indispensable resulta de la constatación del mismo derrotero de la historia de las religiones.

También en la comprensión de lo religioso constituye un profundo error tomar los medios como fines y la consecuencia es la confusión y desorientación espiritual del hombre. Uno los ejemplos más claros es hacerse una “religión a la carta”. La principal misión de una civilización no reside en la felicidad material, ni en demostrar la mera presencia del mundo espiritual, sino mostrar que la dignidad humana viene directamente de un Dios creador que nos ama. La felicidad es consecuencia de esta dignidad, por ello sin dignidad trascendente no hay verdadera felicidad.

El orden invertido de los valores, incluso religiosos, operado por la modernidad inmanentista sólo genera seres glaciales, materialistas, consumistas, mediocres, egoístas, chatos espiritualmente, supersticiosos, que sólo viven para el goce, la manipulación, el puro usufructo y la voluntad de poder. Precisamente en la magia del chamanismo hay una primera manifestación de la voluntad de poder, porque “obliga” a los espíritus a colaborar hacia fines determinados.

Ya Frazer lo destacó: mientras el sacerdote ruega y persuade, el mago constriñe y ordena. Tanto es así que no es extraño que el chamanismo rebrote bajo el imperio de la globalización neoliberal y su lógica de desigualdad social. Parece que a una voluntad de poder hegemónica se tratara de oponer una voluntad de poder de índole hechicera. Esto hace pensar que no basta civilizar la economía incluyendo en ella una lógica de la solidaridad, gratuidad y fraternidad –todos los cuales son excluidos por la globalización neoliberal actual-, sin antes subrayar que la dimensión social sin la adecuada dimensión religiosa se extravía en el irracional endiosamiento del hombre o de las fuerzas naturales.

La distribución de la riqueza material es necesaria e impostergable pero sin perder el eje trascendente de la comprensión religiosa, único camino que asegura al hombre esquivar su propio endiosamiento y desbarrar en el subdesarrollo moral-espiritual. Antes que la riqueza material está la riqueza espiritual. Además, la comprensión de lo religioso en su dimensión social se justifica como amor al prójimo, a la Tierra y a lo trascendente. Es decir, a toda la Creación. En su dimensión gnoseológica indica que lo divino se oculta y se muestra escapando a lo conceptual pero no a lo existencial. Y en su dimensión pneumática señala que la comprensión religiosa no es copia, imitación, ni gesto externo, sino construcción de los afectos en una vivencia de encuentro con Dios que trasciende la razón. Hay que creer para comprender y hay que comprender para creer, decía San Agustín, pero la experiencia previa a esto corresponde al sentirSin el sentir no es posible ni creer ni comprender lo divino. Y aquí el sentir religioso no tiene que ver con lo innato-sensible ni la naturaleza, sino con un instinto moral-espiritual de carácter divino. Las llamadas “semillas del Verbo”. Esto significa que después de la Caída el hombre jamás quedó abandonado a su suerte, sino que asistido por la gracia de la pedagogía divina fue afinando su sentir religioso junto a su comprensión.

La religión vivida siempre tendrá primacía sobre la religión pensada, porque la primera es creadora mientras la segunda es universalizadora. La vivencia existencial de lo religioso no es lo santo demostrado empíricamente, sino una realidad trascendente que irrumpe en nuestras vidas dejándose participar. Pero la clave de la participación está en la irrupción. Porque señala que Dios viene al hombre en vez de esperar que el hombre se eleve con sus exiguas fuerzas. El misterio de la Encarnación histórica marca un hito y un sendero insustituible en el camino de la salvación humana. Y hace comprender que si bien la historia de la revelación está cumplida y cerrada, la historia de la salvación está abierta y prosigue. El chamanismo no participa ni de una ni de otra. Es sintomático que Cristo no tenga un rol prominente en sus prácticas espirituales, a pesar del sincretismo religioso que puedan lucir. Su fin es la integración cósmica obligando a las fuerzas espirituales a contribuir con los propósitos humanos. Por ello, una forma fundamental pero insuficiente de participación en lo sagrado y lo divino es el sentimiento inscrito en el corazón humano sobre nuestra libertad y dignidad, pero que sin la gracia ontológica de lo trascendente nada es.

En conclusión, la irrupción histórica de lo religioso chamánico dentro del proyecto autotélico de la modernidad es también la irrupción ontológica de una sed espiritual que busca solidaridad con las potencias espirituales sobrenaturales del mundo. No obstante, la civilización occidental bebe agua de una fuente limitada, en vez de beber de la fuente de agua que brota para la vida eterna.


16 de Agosto del 2017