CAPITALISMO Y TEMPLOS DEL DIVERSIONISMO SOCIAL
Gustavo Flores Quelopana
Revista peruana de Filosofía dedicada a los temas de metafísica, ontología, antropología filosófica, ética y política con especial énfasis en las categorías de lo anético, mitocrático, hermenéutica remitizante e hiperimperialismo. Contacto: gus_floque@yahoo.com
CAPITALISMO Y TEMPLOS DEL DIVERSIONISMO SOCIAL
Gustavo Flores Quelopana
CUANDO LO LEGAL ES INMORAL
Gustavo Flores Quelopana
HERMENÉUTICA RELATIVISTA Y TIEMPOS APOCALÍPTICOS
Gustavo Flores Quelopana
En este libro de Víctor Samuel Rivera (VSR) -que es un filósofo
hermenéutico, escritor imaginativo, incuestionable talento y abundante en
recursos dialécticos- es difícil no concordar con su apreciación de que el mal
es una realidad dominante en las neoliberales democracias capitalistas avanzadas,
que con su pensamiento único lo extienden por todo el globo.
No obstante, VSR no busca definir el mal, ni encontrar su origen y remedio,
sino tan sólo constatar su presencia en las democracias capitalistas (destrucción
de la naturaleza, amoralismo, guerras, consumismo, corrupción política).
Lo cual es desconcertante, porque siendo él un filósofo hermeneuta conoce
muy bien que, si para Gadamer el ser acontece en el lenguaje como verdad,
entonces qué es lo que le impide ser claro en la etiología y en el pronóstico.
Si la verdad -según Gadamer- es una realidad lingüística, que incluso se
aplica al propio método, ésta se definirá en la interpretación. Pero hay tantas
verdades como interpretaciones. Y es la acentuación de este relativismo ínsito
en la hermenéutica la que le impide ser penetrante e incisivo en el problema
del mal en la sociedad contemporánea. En otras palabras, es la esencia
relativista de la propia filosofía hermenéutica la que lleva a VSR a un abordamiento
eufemístico y aerostático del mal.
Da la impresión, que su autor se encuentra atrapado en medio de la
crisis de la filosofía hermenéutica que cultiva. Y es que, en realidad el
nihilismo del mal actual es hijo legítimo del relativismo moral. Relativismo filosófico
que está en el corazón de la propia hermenéutica. No es que el relativismo
hermenéutico sea la causa del mal apocalíptico que se vive en el presente, sino
que es parte del mal radical actual con su historicismo extremado.
En realidad, la hermenéutica partiendo del relativismo gadameriano ha
ido a parar al nihilismo vattimiano. El gusano putrefacto del nihilismo y
relativismo no sólo carcome la realidad, sino a la propia filosofía
hermenéutica. Al respecto, yo no guardo ninguna duda referente a que la filosofía postmoderna en todas variantes -hermenéutica, postestructuralismo, deconstrucción, feminismo de la diferencia, neopragmatismo- es la administradora del pensamiento filosófico burgués en su curva decadente.
Y esto lo constata el propio VSR -amigo y gran seguidor del turinés-
cuando ve con gran desconcierto cómo rechaza Vattimo la existencia del mal y el
propio “diálogo” gadameriano en favor de un catastrofismo de raíz
heideggeriana.
En su desconcierto VSR busca replantear la hermenéutica, pero adosándola de elementos heterogéneos a su sustancia, a saber, la metafísica (¿?) y la fe. Algo así como la cuadratura del círculo. Por ello, me deja la impresión de que VSR busca administrar el naufragio de la filosofía hermenéutica en nuestros tiempos nihilistas.
El azorado el lector no hallará ni media palabra que busque definir lo que es el mal o el bien en la voluminosa obra. Es que su autor juega al gato y al ratón con las conceptualizaciones filosóficas. O sea, incurre en la cháchara bufonesca de la hermenéutica posmoderna que habla bastante pero dice poco. Víctor Samuel Rivera no está preocupado en la verdad de las cosas, sino en el efecto retórico de sus palabras sobre el lector. No es que esté empleando la hermenéutica del secreto, que respeta la reconditez de las cosas. Nada de eso. Pues, la crítica en sus páginas a las democracias avanzadas no va acompañada ni de media palabra de condena al capitalismo mismo que le da origen. Es decir, no se enemista con Dios ni con el diablo. Hay que hacerle recordar a VSR que la filosofía no es esoterismo, sino ejercicio cortés por la claridad. La filosofía no vino al mundo para oscurecer la verdad, sino para aclararla. Para él, ser claro es incurrir en filodoxia. Lo cual es engañoso. Pero eso no le preocupa porque está abocado a malabarismos verbales que deja en la indefinición el asunto de fondo: el Mal. Pues VSR debo decirte que has hecho muy mal en hablar tan mal del mal. El mal no merecía tanta indiferencia de tu parte.
Y todo esto se asocia a un predominante tono neutralista en el libro que
busca no comprometerse con una condena tajante del capitalismo. Es como si
flotara en sus páginas el tufillo del sueño reformista de rectificar y salvar
al capitalismo expurgándolo de los males neoliberales.
En otras palabras, si al comienzo de sus páginas nos pareció percibir un
aire anticapitalista a lo largo de los párrafos se despeja la duda por una
apuesta conservadora.
No se dice, por ejemplo y de modo taxativo, que el origen del mal es el mismo
capitalismo -independientemente que esté en su fase tardía-, ni se menciona
cuáles son sus expresiones filosóficas reaccionarias, ni que la solución radica
en su superación en el socialismo. Habla de la Ilustración, pero no de una
razón burguesa que vive su bancarrota en el presente posmoderno nihilista.
Tampoco habla de cuál debe ser la postura de los intelectuales en tiempos
apocalípticos. Al final, la nube gris del mal no se consigue disipar.
Pero no se puede pedir peras al olmo. VSR es un consecuente filósofo
posmoderno y la filosofía hermenéutica es una de sus expresiones. Como tal
trata de mantenerse lejos de la metafísica antiesencialista y de las verdades
fundantes fuertes.
No obstante, la realidad del mal que aborda en su libro lo deja
estupefacto y lo lleva a los límites de su propia postura hermenéutica. No lo
sabemos, pero quizá -aunque lo dudo- la crisis de su postura hermenéutica lo
lleve hacia otros senderos filosóficos verdaderamente de vanguardia y revolucionarios.
Quizá recoja el guante de su propia encrucijada poniendo en cuestión la
historicidad de la comprensión hermenéutica.
Quizá en dónde más se advierte su postura conservadora es en su crítica a la Carta Encíclica Laudato Si del Papa Francisco. Muestra su desacuerdo con la Encíclica porque a su parecer en vez de ser exhortación apostólica señala culpables políticos, económicos y burocráticos de la destrucción ambiental. ¿Acaso pretende que Roma guardase silencio de los responsables del cambio climático? Esta postura absurda no dice nada de los muchos aciertos de la Carta Pastoral y arma su pequeño escándalo inventando una acusación ultraconservadora. Y pensar que por eso no lo considera una Carta pastoral, ni un documento religioso. A todas luces es notoria su incomprensión completa de la doctrina social de la Iglesia. Obviamente que con tal parecer jamás admitirá la opción preferencial por los pobres. Víctor Samuel Rivera exhibe un catolicismo fundamentalista, propio del excomulgado Marcel Lefevre, de aquellos que rechazan Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín. Ni qué decir con la teología de la liberación. Se trata de una postura reaccionaria, ultraconservadora y decimonónica. En esta distorsión conceptual nos rememora al fascista Zelensky que llamó a Amnistía Internacional "terroristas", por señalar que su régimen no protegió a los civiles ucranianos y los utilizó como escudos humanos.
CRETINISMO Y MODERNIDAD
Gustavo Flores Quelopana
Su autor es un neurocientífico que denuncia que la televisión y los videojuegos están disminuyendo el coeficiente intelectual y el desarrollo intelectual en la última generación. La desintegración familiar y la falta de contacto con la naturaleza en las grandes urbes influyen en el predominio de este entretenimiento disolvente. Y por este camino la humanidad va hacia un franco retroceso intelectual, mental y emocional.
MOZART Y EL PRINCIPIO DEL PLACER
Gustavo Flores Quelopana
MANDEVILLE: CAPITALISMO COMO PROSPERIDAD MATERIAL
A COSTA DE LA RUINDAD MORAL
Gustavo Flores Quelopana
DE AVAROS A DERROCHADORES
Gustavo Flores Quelopana
CREATIVIDAD Y CAPITALISMO
Gustavo Flores Quelopana
EL TRÁNSITO HIPERIMPERIALISTA DEL NEOLIBERALISMO AL CAPITALISMO DIGITAL
Gustavo Flores Quelopana
Había para el capitalismo neoliberal un límite que era difícil de establecer y luego más difícil de mantener: que el plusvalor se obtenga de la especulación financiera y de convertir al planeta en un casino global. Tenía que haber un límite absoluto en la descalificación o extinción del trabajo y en la reducción de costos de reproducción.
El capitalismo neoliberal parece estar en un callejón sin salida y se aproxima a su punto final o, de lo contrario, se transformaba radicalmente. Ese salto cualitativo que lo transforma se llama CAPITALISMO DIGITAL, al cual van adheridos sus sueños tecno utópicos de vencer la muerte, tener fuerza física y gran inteligencia mediante la tecnología. El decrecimiento de la tasa de plusvalor luce corregido en la economía contributiva del capitalismo digital con las redes sociales, la web y el internet. En la nueva mutación del hiperimperialismo el capital se lanza con todo furor a producir más plusvalor mediante el desarrollo acelerado de nuevos motores de búsqueda e inusitados algoritmos digitales.
Todo este movimiento del modo de producción capitalista significa tres cosas. Primero, que el capitalismo destruye su propia estructura social. Segundo, que no siempre es el propio enfrentamiento entre capital y trabajo lo que lleva al desarrollo de las fuerzas productivas. Y, tercero, que la tecnología no sólo desantropomorfiza el proceso de trabajo y acumulación de capital, sino que se convierte en la principal que acabará sepultando al capitalismo. Porque si en un primer momento es el medio idóneo de los monopolios, haciendo que el capitalista la haga intervenir de su lado hasta que completen el remplazo de la fuerza de trabajo humano por máquinas, el capitalismo digital también tiene un límite absoluto.
El capitalismo digital también tiene su callejón sin salida y se aproximará a su punto final con una velocidad aun mayor que el capitalismo neoliberal, que le tomó 45 años. Pero esta vez el salto cualitativo del capitalismo digital sería provocar el socialismo y la abolición del capitalismo, simplemente porque la cibernética pondrá punto final a la tasa de ganancia como motor de la economía. La tendencia de la máquina cibernética es reducir al extremo el capital variable y aumentar al máximo el capital constante. Con ello se pone ontológicamente punto final al capitalismo. Todo este movimiento histórico no representa una destrucción creativa del capitalismo mismo, porque si todo dependiera del capital éste quisiera valorizar el capital hasta el infinito.
De lo que se trata es que una nueva fuerza productiva alumbró y su propia lógica interna -como automatización completa de la economía- lo lleva a más allá de la lógica del capital. Será un momento histórico tan impensado, aludido por los utopistas, elucubrado por Marx -como paso del Reino de la necesidad al Reino de la libertad-, que a nosotros desde aquí sólo nos toca decir que será el momento en que el hombre recuperará su humanidad porque dejará de descansar para trabajar, descansando para vivir, y realizarse espiritual y creadoramente. Será la superación del nihilismo, el ateísmo, el amoralismo, y la reconciliación del hombre con lo santo y divino. En ese nuevo salto cualitativo quedará atrás la muerte de Dios, del hombre, de la naturaleza y la reconciliación con la Vida inmanente y trascendente.
"TU CEREBRO EN MIS MANOS"
Gustavo Flores Quelopana
ACADÉMICO Y CAPITALISMO
Gustavo Flores Quelopana
COMIENZO DEL GENIO Y FIN DEL ACADÉMICO
Gustavo Flores Quelopana
LA LUCHA CONTRA LA CIVILIZACIÓN METAFÍSICA
Gustavo Flores Quelopana
NIETZSCHE Y EL CAPITALISMO
Gustavo Flores Quelopana
Buscó toda su vida la revolución de los valores para recuperar al hombre vital, oprimido por el concepto, la esencia, la cristiana moral de esclavos, la religión, Dios y la metafísica. Para cambiar las cosas Nietzsche se propuso la destrucción de la civilización metafísica mediante la transvaloración de todos los valores y el nihilismo activo de la voluntad de poder. De él dijo Unamuno que se tenía a otro racionalista que inventó el remedo de la inmortalidad del alma con la tesis del eterno retorno, pero al menos no era un eunuco espiritual.