martes, 16 de noviembre de 2021

CAPITALISMO Y TEMPLOS DEL DIVERSIONISMO SOCIAL

 CAPITALISMO Y TEMPLOS DEL DIVERSIONISMO SOCIAL

Gustavo Flores Quelopana


Pan y Circo entre los romanos, Gimnasios y Futbol en el capitalismo del siglo XXI. La relación entre capitalismo y deporte, especialmente el futbol como deporte de masas, tiene una importancia central como dominio de las conciencia de la población para evitar la lucha de clases.
La bibliografía sobre futbol es abundante, aunque más escasa lo es la que lo examina como fenómeno social y cultural. Entre éstos destacan el de Eduardo Galeano, "Futbol a sol y sombra"; Dante Panzeri, "Futbol, dinámica de lo impensado"; Manuel Vázquez Montalbán, "Futbol: una religión en busca de un Dios"; Mark Perryman, "La filosofía del futbol: entre patadas y pensamientos"; Manuel Sergio, "Filosofía del futbol"; Simon Kuper, "Futbol contra el enemigo: Un fascinante viaje alrededor del mundo en busca de los vínculos entre el futbol, el poder y la cultura"; Mario Alessandro Curleto, "Futbol y poder en la URSS de Stalin"; Jorge Valdano, "Futbol: el juego infinito. El nuevo futbol como símbolo de la globalización"; Juan Villoro, "Dios es redondo", y la lista es más extensa aún.
Sin duda, el futbol se convirtió en una poderosa fuerza distractora de la conciencia de clase. A diferencia del brutal capitalismo salvaje de los siglos anteriores, el capital del siglo veinte, al convertir en fuerza de trabajo a toda la población, se percató que es bueno para la valorización del capital santificar el cuerpo con el deporte y la conciencia con la religión.
El catolicismo trató de sacudirse de ese lastre mediante la teología de la liberación, pero fue sofocada. Es más, ante el nuevo panorama de la extinción del empleo desde el siglo XXI, ante el avance de la tecnología, el capital intensifica las competiciones deportivas a nivel global por razones objetivas -reditúa inmensas ganancias en apuestas globales- y subjetivas -permite el control social de las masas-.
Sin duda, el capital ha tenido éxito aislando las protestas de los desempleados, obreros y haciendo que la lucha de clases la vayan ganando los ricos contra los pobres.
La pasión desenfrenada que desata este deporte es un sustituto de lo que Martin Buber llama el "eclipse de Dios" y de lo que Alfred Müller-Armack denominó "el siglo sin Dios". No se trata solamente de ceguera espiritual, sino que el hombre no puede vivir sin confesión religiosa, sin el acto de trascendencia. El mundo secularizado genera ídolos baconianos, y uno de los más importantes es el futbol.
Los grandes servicios que presta esta pasión a las dictaduras y a los poderes de turno ha sido ilustrado por Duncan Shaw en su libro "Futbol y franquismo", Carlos Fernández Santander en su obra "El futbol durante la guerra civil y el franquismo", Ricardo Angoso en "Rafael Videla se confiesa. La historia jamás contada de un periodo turbulento", o el de José Antonio Lladós con el texto "El circo de los pueblos. Cómo dictadores, narcos, políticos y empresarios consiguieron poder a través del futbol".
La escandalosa derrota de Perú -que venía haciendo brillantes partidos- ante Argentina, en el Mundial de Argentina 78, previa visita del dictador Videla en los camerinos Perú, el extraño comportamiento del dictador peruano de entonces, el general Francisco Morales Bermúdez -hoy condenado en ausencia por la justicia italiana a cadena perpetua por el Caso Cóndor-, la extraña llegada de carne argentina al puerto del Callao, y toda una serie de acontecimientos extraños fuera y dentro de la cancha dejan ese sabor de intromisión del poder en el deporte.
Galeano tiene razón. El futbol se ha convertido en un asunto político y social, pero también financiero y económico. En ese frenesí por buscar poder y dinero se va sofocando el talento y el genio. Así, vemos que los genios de la pelota se van extinguiendo a favor del juego mecánico y autómata. Sin arte, pero efectivo como la máquina.
Y aquí surge la perspectiva filosófica. El deporte en general, bajo la hegemonía de la economía dineraria se va convirtiendo en una industria de poder y ganancia, no interesa el precio. El objetivo de la valorización del capital lo invade y lo deshumaniza todo. Los grandes templos del deporte son templos del diversionismo social, control de masas y ganancias millonarias al servicio del dinero.
El deporte no recuperará su esencia artística, de sana competitividad y de realización personal hasta que no se suprima el capitalismo enajenante que somete lo humano al poder y al capital.

CUANDO LO LEGAL ES INMORAL

 CUANDO LO LEGAL ES INMORAL

Gustavo Flores Quelopana


En 1969 en la República Federal Alemana se aprobaron leyes que permitieron que miles de criminales de guerra nazis no fueran juzgados y huyeran de sus crímenes.
Al parecer Willy Brandt, el flamante canciller alemán elegido en 1969 y miembro de Partido Socialdemócrata (SPD) no hizo nada porque tenía otros planes más importantes, como distender las relaciones con el bloque soviético del Este, lo que lo llevó a que le otorgaran el Premio Nobel de la Paz en 1971.
En realidad, la aprobación de tales leyes fue el pesado lastre que le dejó su antecesor Kurt Georg Kiesinger, ex miembro del partido nazi y preservador de los intereses conservadores. Bajo su gobierno muchos nazis ocuparon altos cargos en diversas instancias de gobierno, la judicatura y otras instancias. Muchos nazis estaban instalados en puestos claves.
Quienes justifican el hecho argumentan que un país no se puede pasar toda su vida juzgando lo que sucedió en el pasado. Después de todo las mismas potencias vencedoras, incluido el propio Vaticano y la famosa "ruta de las ratas", estuvieron coludidos en la protección y fuga de muchos criminales de guerra hacia diversas partes del mundo -especialmente Sudamérica-, que les resultaba útiles a sus intereses geopolíticos dado el surgimiento de la la guerra fría contra los soviéticos.
Pero con ello tratan de negar cínicamente un hecho monumental, a saber, que aquí se trató de crímenes de lesa humanidad- Por tanto, imperdonables e imprescriptibles. Es decir, fue un hecho moralmente injustificable. Pero como en el maquiavélico mundo moderno la racionalidad política no se subsume a la racionalidad moral resulta que se imponen leyes reñidas con lo moral. Ya lo decía Kant: "No todo lo legal es moral".
La publicación en 2011 de ‘El caso Collini’, la primera novela del jurista y escritor alemán Ferdinand von Schirach, reabrió en su país un debate que hasta entonces se creía superado: la reparación a las víctimas del nazismo.
Con los Juicios de Nuremberg, las condenas a los principales participantes en el Holocausto y el proceso de desnazificación al que fueron sometidas todas las estructuras del Estado, la sociedad germana creyó expiar frente al mundo y frente a sí misma las culpas del periodo más oscuro de su historia.
Pero luego de veinticinco años el nuevo Estado alemán se coludió con los criminales nazis y los encubrió. Esta novela basada en un caso real también dio lugar a una película y reabrió en Alemania la última gran cacería de nazis sobrevivientes.
El horror del Holocausto perpetrado por los nazis, que no cesa de repetirse en otros episodios más recientes de genocidio, no deja de perturbar profundamente la conciencia humana -supuestamente racional y civilizada- y dejar la convicción de la grave extensión de la maldad en nuestro tiempo.

lunes, 15 de noviembre de 2021

HERMENÉUTCA RELATIVISTA Y TIEMPOS APOCALÍPTICOS

 

 HERMENÉUTICA RELATIVISTA Y TIEMPOS APOCALÍPTICOS  

Gustavo Flores Quelopana

 


En este libro de Víctor Samuel Rivera (VSR) -que es un filósofo hermenéutico, escritor imaginativo, incuestionable talento y abundante en recursos dialécticos- es difícil no concordar con su apreciación de que el mal es una realidad dominante en las neoliberales democracias capitalistas avanzadas, que con su pensamiento único lo extienden por todo el globo.

No obstante, VSR no busca definir el mal, ni encontrar su origen y remedio, sino tan sólo constatar su presencia en las democracias capitalistas (destrucción de la naturaleza, amoralismo, guerras, consumismo, corrupción política).

Lo cual es desconcertante, porque siendo él un filósofo hermeneuta conoce muy bien que, si para Gadamer el ser acontece en el lenguaje como verdad, entonces qué es lo que le impide ser claro en la etiología y en el pronóstico.

Si la verdad -según Gadamer- es una realidad lingüística, que incluso se aplica al propio método, ésta se definirá en la interpretación. Pero hay tantas verdades como interpretaciones. Y es la acentuación de este relativismo ínsito en la hermenéutica la que le impide ser penetrante e incisivo en el problema del mal en la sociedad contemporánea. En otras palabras, es la esencia relativista de la propia filosofía hermenéutica la que lleva a VSR a un abordamiento eufemístico y aerostático del mal.

Da la impresión, que su autor se encuentra atrapado en medio de la crisis de la filosofía hermenéutica que cultiva. Y es que, en realidad el nihilismo del mal actual es hijo legítimo del relativismo moral. Relativismo filosófico que está en el corazón de la propia hermenéutica. No es que el relativismo hermenéutico sea la causa del mal apocalíptico que se vive en el presente, sino que es parte del mal radical actual con su historicismo extremado.

En realidad, la hermenéutica partiendo del relativismo gadameriano ha ido a parar al nihilismo vattimiano. El gusano putrefacto del nihilismo y relativismo no sólo carcome la realidad, sino a la propia filosofía hermenéutica. Al respecto, yo no guardo ninguna duda referente a que la filosofía postmoderna en todas variantes -hermenéutica, postestructuralismo, deconstrucción, feminismo de la diferencia, neopragmatismo- es la administradora del pensamiento filosófico burgués en su curva decadente.

Y esto lo constata el propio VSR -amigo y gran seguidor del turinés- cuando ve con gran desconcierto cómo rechaza Vattimo la existencia del mal y el propio “diálogo” gadameriano en favor de un catastrofismo de raíz heideggeriana.

En su desconcierto VSR busca replantear la hermenéutica, pero adosándola de elementos heterogéneos a su sustancia, a saber, la metafísica (¿?) y la fe. Algo así como la cuadratura del círculo. Por ello, me deja la impresión de que VSR busca administrar el naufragio de la filosofía hermenéutica en nuestros tiempos nihilistas. 

El azorado el lector no hallará ni media palabra que busque definir lo que es el mal o el bien en la voluminosa obra. Es que su autor juega al gato y al ratón con las conceptualizaciones filosóficas. O sea, incurre en la cháchara bufonesca de la hermenéutica posmoderna que habla bastante pero dice poco. Víctor Samuel Rivera no está preocupado en la verdad de las cosas, sino en el efecto retórico de sus palabras sobre el lector. No es que esté empleando la hermenéutica del secreto, que respeta la reconditez de las cosas. Nada de eso. Pues, la crítica en sus páginas a las democracias avanzadas no va acompañada ni de media palabra de condena al capitalismo mismo que le da origen. Es decir, no se enemista con Dios ni con el diablo. Hay que hacerle recordar a VSR que la filosofía no es esoterismo, sino ejercicio cortés por la claridad. La filosofía no vino al mundo para oscurecer la verdad, sino para aclararla. Para él, ser claro es incurrir en filodoxia. Lo cual es engañoso. Pero eso no le preocupa porque está abocado a malabarismos verbales que deja en la indefinición el asunto de fondo: el Mal. Pues VSR debo decirte que has hecho muy mal en hablar tan mal del mal. El mal no merecía tanta indiferencia de tu parte. 

Y todo esto se asocia a un predominante tono neutralista en el libro que busca no comprometerse con una condena tajante del capitalismo. Es como si flotara en sus páginas el tufillo del sueño reformista de rectificar y salvar al capitalismo expurgándolo de los males neoliberales.

En otras palabras, si al comienzo de sus páginas nos pareció percibir un aire anticapitalista a lo largo de los párrafos se despeja la duda por una apuesta conservadora.

No se dice, por ejemplo y de modo taxativo, que el origen del mal es el mismo capitalismo -independientemente que esté en su fase tardía-, ni se menciona cuáles son sus expresiones filosóficas reaccionarias, ni que la solución radica en su superación en el socialismo. Habla de la Ilustración, pero no de una razón burguesa que vive su bancarrota en el presente posmoderno nihilista. Tampoco habla de cuál debe ser la postura de los intelectuales en tiempos apocalípticos. Al final, la nube gris del mal no se consigue disipar.

Pero no se puede pedir peras al olmo. VSR es un consecuente filósofo posmoderno y la filosofía hermenéutica es una de sus expresiones. Como tal trata de mantenerse lejos de la metafísica antiesencialista y de las verdades fundantes fuertes.

No obstante, la realidad del mal que aborda en su libro lo deja estupefacto y lo lleva a los límites de su propia postura hermenéutica. No lo sabemos, pero quizá -aunque lo dudo- la crisis de su postura hermenéutica lo lleve hacia otros senderos filosóficos verdaderamente de vanguardia y revolucionarios. Quizá recoja el guante de su propia encrucijada poniendo en cuestión la historicidad de la comprensión hermenéutica.

Quizá en dónde más se advierte su postura conservadora es en su crítica a la Carta Encíclica Laudato Si del Papa Francisco. Muestra su desacuerdo con la Encíclica porque a su parecer en vez de ser exhortación apostólica señala culpables políticos, económicos y burocráticos de la destrucción ambiental.  ¿Acaso pretende que Roma guardase silencio de los responsables del cambio climático? Esta postura absurda no dice nada de los muchos aciertos de la Carta Pastoral y arma su pequeño escándalo inventando una acusación ultraconservadora. Y pensar que por eso no lo considera una Carta pastoral, ni un documento religioso. A todas luces es notoria su incomprensión completa de la doctrina social de la Iglesia. Obviamente que con tal parecer jamás admitirá la opción preferencial por los pobres. Víctor Samuel Rivera exhibe un catolicismo fundamentalista, propio del excomulgado Marcel Lefevre, de aquellos que rechazan Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín. Ni qué decir con la teología de la liberación. Se trata de una postura reaccionaria, ultraconservadora y decimonónica. En esta distorsión conceptual nos rememora al fascista Zelensky que llamó a Amnistía Internacional "terroristas", por señalar que su régimen no protegió a los civiles ucranianos y los utilizó como escudos humanos.

CRETINISMO Y MODERNIDAD

CRETINISMO Y MODERNIDAD

Gustavo Flores Quelopana


Su autor es un neurocientífico que denuncia que la televisión y los videojuegos están disminuyendo el coeficiente intelectual y el desarrollo intelectual en la última generación. La desintegración familiar y la falta de contacto con la naturaleza en las grandes urbes influyen en el predominio de este entretenimiento disolvente. Y por este camino la humanidad va hacia un franco retroceso intelectual, mental y emocional.

En realidad, lo señalado por el neurocientífico habría que ampliarlo, porque los videojuegos y la televisión no son sino una expresión más del aumento de cultura material y el retraso de cultura individual en la modernidad. Con la revolución científico-técnica, la industria y la economía de consumo se ha experimentado un avance arrollador de la cultura de las cosas pero a costa de un retroceso pasmoso de la cultura de las personas. Es la máquina la que ha enriquecido su espíritu, más no al hombre.
Los tiempos modernos se caracterizan por la preponderancia de la cultura objetiva sobre la cultura subjetiva. La cultura objetiva aumenta sin descanso, pero la cultura subjetiva disminuye en la ética, el lenguaje, religión, literatura, vida cotidiana y familiar, etc. La relación discrepante entre lo objetivo y lo subjetivo es el gran tema de la objetivación de la mente en la modernidad. El comportamiento epistemológico del espíritu humano en la modernidad, fortalece el espíritu objetivo y debilita el espíritu subjetivo.
El crecimiento del espíritu objetivo refleja la hegemonía en la modernidad de lo cuantitativo sobre lo cualitativo, porque acumula dentro de sí una gran cantidad conocimiento especializado. Los artilugios técnicos de la modernidad reflejan un enorme división del trabajo que causa la divergencia entre la cultura objetiva y la cultura subjetiva. Al final lo que se tiene un cambio en el estilo de vida, donde el materialismo vital en desmedro del crecimiento espiritual es fiel reflejo del predominio de la cultura de las cosas sobre la cultura del individuo.
Con ello el hombre es menos persona y más cosa. La enajenación cabalga aceleradamente sobre los hombros de la racionalidad funcional moderna. Se trata de un libro que casi llega a las mismas conclusiones de Nicholas Carr (¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales, 2016) y que se enriquece con la lectura del Jean-Paul Lafrance, Malestar en la civilización digital (2020).

domingo, 14 de noviembre de 2021

MOZART Y EL PRINCIPIO DEL PLACER

 MOZART Y EL PRINCIPIO DEL PLACER

Gustavo Flores Quelopana



¿Es la música de Mozart la búsqueda del Paraíso Perdido del vientre materno? ¿Fue toda su vida un narcisista que vivió en función del principio del placer? Mozart fue un genio incomparable en la historia de la música. Sería inútil buscar explicación a su genio. Los genios están fuera de toda regla y explicación. No obstante, resulta interesante pensar su música en relación con su madre.
La naturaleza infantil de Mozart, que lo hacía comportarse según el principio del placer y pocas veces bajo el principio de la realidad, puede verse como la sublimación de sus impulsos pulsionales de recuperar la intensa felicidad que sintió en el vientre de su madre. Se cuenta que Mozart nonato oía música desde el cálido y feliz vientre de su madre. Música y felicidad desde el vientre de la madre son sinónimos en el caso de Mozart.
Su música no sólo sería una forma de recuperar aquella felicidad sentida en el vientre materno, sino que toda su música sería la expresión no de un sentimiento incestuoso y sí, más bien, de tener presente aquella felicidad intrauterina mediante el arte musical. Todo esto es tanto como decir que su música fue la forma inconsciente de recuperar el placer sustitutivo en su madre. Mozart fue un caso paradigmático de sublimación artística de aquella unidad perdida durante el primer año entre la diada madre-infante.
Mozart pierde a su madre a los 22 años y a su padre a los 27. Ambas pérdidas fueron golpes durísimos. A los 26 ya había contraído matrimonio. Es curioso que su mujer no haya sido una mujer-madre, sino una mujer-niña. Escogió una mujer lúdica como él. La muerte le sobrevendrá a los 35 años. Y su viuda Constanza esta vez sí se dejó guiar por el principio de realidad casándose con un hombre solvente que se hiciera cargo de su hijo.
Freud señaló que la música, la pintura, la literatura, incluso la investigación intelectual, podía verse como sublimación de los impulsos libidinales. En ese sentido, Mozart encontró en la música también una vía de escape y un potente atenuante a las presiones de la vida civilizada aristocrática de entonces.
Mozart nunca se llevó bien con los nobles, no era un Haydn, era más parecido al independiente Beethoven. Para colmo nunca fue realista con el dinero. Tanto es así que su precaria economía -la investigación moderna ha demostrado que despilfarró muchísimo dinero en apuestas de billar y juegos de azar- terminó por fatigar su cuerpo y quebrar su vida. No en vano, los genios muchas veces no se acuerdan de alimentarse, suelen ser excesivos e irrealistas en cuestiones prácticas como la familia, los amigos, la salud y el dinero.

domingo, 7 de noviembre de 2021

ENTREVISTA EN PROYECTO PATRIA

MANDEVILLE: CAPITALISMO COMO PROSPERIDAD MATERIAL A COSTA DE LA RUINDAD MORAL

 MANDEVILLE: CAPITALISMO COMO PROSPERIDAD MATERIAL

A COSTA DE LA RUINDAD MORAL

Gustavo Flores Quelopana



Libro controvertible, polémico y acusador. Esta obra forma parte de la Ilustración inglesa que tenía confianza en la razón y la ciencia frente a la religión y la ciencia.
Mandeville (1670-1733/63 años) provocó un escándalo con su libro al sostener la defensa del egoísmo y la lujuria como fuente de prosperidad económica. Afirmaba que una sociedad que cae en los pecados capitales se enriquece en comparación con otra que sigue estrictamente las virtudes teologales. La riqueza mas segura depende de la existencia de una multitud de pobres laboriosos, tan ignorante y menesterosa como sea necesario.
Buscar beneficio propio de la manera más egoísta tiene un efecto virtuoso para todos. De ahí concluye que los vicios privados desembocan en virtudes públicas. La prosperidad y la virtud moral son incompatibles.
Mandeville llamó a su obra "la redención de los bribones". Y el filósofo Berkeley la calificó de libro malvado. En respuesta Mandeville lo llamó "adulador" por tratar de llevar a su gente a su propio campo moral. Otros -como Smith y Ricardo- se abalanzaron tratando de demostrar que la sociedad de mercado podía ser pía y virtuosa. Buscaban convencer que defender al capitalismo no era defender a los capitalistas sino al pueblo.
Tras El Capital de Marx ahora se entiende mejor a este honesto y lúcido holandés radicado en Inglaterra. La desvinculación expresada por Mandeville entre ética y economía capitalista -como la desvinculación entre ética y política por Maquiavelo- no tiene que ver con maldad y vicios, sino que obedece a la lógica misma del capital. Lógica del capital que preside en la Modernidad la lógica instrumental de la Razón burguesa.
Los "pobres laboriosos" de Mandeville son la masa de asalariados que transforman su fuerza de trabajo en valorización creciente al servicio del capital, y con ello perpetúan la relación de dependencia que los liga a su propio producto personificado por el capitalista. Esas leyes del modo de producción capitalista no podía captarlas nuestro inteligente y sincero holandés, que quiso mostrar a la gente su verdadera ruindad y deformidad.
Por ello, Mandeville después de todo tuvo el mérito de dar en el meollo cultural del capitalismo, al calificarlo de "prosperidad material al precio de la ruindad moral".

DE AVAROS A DERROCHADORES

 DE AVAROS A DERROCHADORES

Gustavo Flores Quelopana



Aquella imagen del capitalista que se abstiene, sacrifica sus deseos y el consumo, tan elogiada por Smith y Ricardo -e incluso por Max Weber-, se esfumó. La relación entre lujo y capitalismo fue estudiado brillantemente por el Werner Sombart. Marx también demostró que el lujo entra en los costos de representación del capital.
Es más, a mayor riqueza le corresponde mayor gasto en consumo improductivo sin reducir la tasa de acumulación del capital. El plusvalor del capital va hacia el consumo improductivo del capitalista. Queda muy atrás la pasión por el ascetismo y el atesoramiento arcaico, simplemente porque el capital se reproduce no sobre la base de la explotación del ejército industrial de reserva, sino de la especulación financiera. Y esto ocurrió especialmente en los 45 años de vigencia del capitalismo neoliberal, verdadera ofensiva de los ricos contra los pobres.
Esto último sobre el neoliberalismo hace recordar a lo respondió que respondió socarronamente el multimillonario Warren Buffet a un periodista cuando le interrogó si creía en la lucha de clases: "Claro que sí. Y lo mejor de todo es que la estamos ganando los ricos contra los pobres". No llama la atención, entonces, que el paso del hiperimperialismo neoliberal haya dejado atrás una gigantesca montaña de desigualdad.
Sólo para aclarar hay que añadir que llamo "Hiperimperialismo" a la dictadura intrademocrática de las megacorporaciones privadas con soberanía propia y encabezadas por el élite financiera mundial. Otra cosa es que dicha forma hiperimperialista llegó a un embudo que no puede continuar más tras las crisis financieras del 2005 y del 2008. Su límite absoluto ya es un hecho presente y no pueden seguir administrando el planeta como un casino global. Y ello no por razones morales, sino porque tocó fondo la tasa decreciente de la acumulación de capital bajo ese modelo.
Lo interesante es que llega a su rescate la nueva mutación del capitalismo hiperimperialista llamado Capitalismo Digital, conformado por las GAFAM -acrónimo que alude a Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft-. Se trata del hiperimperialismo de las élites del internet. Su novedad es basarse la economía contributiva, o sea, los usuarios de la web, internet y redes sociales ceden gratuitamente sus datos mientras las GAFAM las comercializan extrayendo suculentos dividendos.
Como vemos, sencillamente la composición del capital ha cambiado, en ella es cada vez menos gravitante el capital variable de la fuerza de trabajo en vez de la tecnología. Ante la acelerada desproletarización mundial, porque el desempleo se volvió de coyuntural en estructural ante la automatización vertiginosa de la economía, entramos en una franca fase postrevolucionaria. Y entonces, ¿Quién enterrará al capitalismo, mientras se siguen comprando yates? Será la extinción de la mercancía como valor de cambio y del capital variable de la fuerza de trabajo. Es decir, su enterradora será fuerza productiva de la tecnología, la misma que abrirá las puertas al socialismo.
Esto no significa que los intelectuales deban cruzarse de brazos, ni que la gente deba dedicarse a cultivar flores como aconseja románticamente Chul-Han, sino que la adormecida conciencia de clase debe despertar sobre el grave problema de la conciencia ecológica. Cada día va quedando más nítida la verdad que con el capitalismo tenemos garantizado el desastre ecológico. He ahí otro ángulo para la revolución de las conciencias.

LA FILOSOFÌA ANTE LA CRISIS ACTUAL

viernes, 5 de noviembre de 2021

ENTREVISTA EN PUNTO INTERMEDIO

ENTREVISTA EN SOCIEDAD LIMEÑA DE TEOLOGÍA FILOSÓFICA



CREATIVIDAD Y CAPITALISMO

 CREATIVIDAD Y CAPITALISMO

Gustavo Flores Quelopana



El capitalismo ha reservado el término "creativo" para los expertos en mercadotecnia destinados a crear la "seducción" al consumidor por un producto determinado. Si entramos a las oficinas de una compañía de publicidad nos parece haber ingresado a un nosocomio mental, podremos ver a los "creativos", generalmente jóvenes, extravagantes y excéntricos, que se agitan de aquí para allá en busca de la "idea" creativa.
Su trabajo se parece a la del artista porque se trata de lograr una "seducción" única para su producto. Pero hasta allí no más llega el parecido, pues mientras el artista expresa un sentimiento e intuición profunda de su personalidad inspirada, el "creativo" del marketing busca la manera original de hallar los signos publicitarios para manipular los deseos del consumidor. Su función no tiene que ver con la creación de un mundo más humano, sino con la de seres humanos más manipulables.
Esta perversión del sentido de "creación" tiene que ver con la disminución de la aparición de genios mediante un sistema educativo en función de una economía consumista, la multiplicación de los imbéciles y la estupidización galopante del homo sapiens bajo el capitalismo.
Pero la degradación de la "Creatividad" bajo el sistema capitalista no es una maldad, sino que responde a la lógica misma de la valorización del plusvalor. Se trata de una estructura socio-económica que necesita imbecilizar a la sociedad para convertirlos en dóciles y manipulables consumidores.
Por eso que bajo su esquema se llama trabajo "creativo" a aquella labor destinada a fortalecer la red de manipulación que desborda la voluntad del hombre individual. De hecho, bajo el capitalismo el trabajo creador -en la universidad, por ejemplo-, del inventor -en la industria o las finanzas-, tiende a caer bajo la forma de trabajo asalariado, aunque sin someterse necesariamente al tiempo de trabajo socialmente necesario. Vemos, por ejemplo, al pobre catedrático cómo a cambio de un salario hipoteca su conciencia y su "creatividad" limando su filo crítico para no incomodar al statu quo y al poder establecido.
En países como el Perú con un fortísimo componente de trabajadores independientes -mal llamados "informales"- su creatividad compite con el gran empresario a través de micro unidades productivas. Sin embargo, estas formas económicas previas supervivientes que no han sido eliminadas por la gran industria, se subsumen al capital en lo fundamental: en vez de crear un mundo más humano, reproducen la forma enajenante del hombre al servicio de la economía. No producen plusvalor para un capitalista, ellos mismos se convierten en capitalistas, y con ello fortalecen la lógica alienante del capital que no está al servicio de las necesidades del hombre, sino de las necesidades del capital.
Cuando Schumpeter sostenía que el capitalismo tiende a destruir su propia estructura social aludía a una destrucción creativa a cargo de los intelectuales y de la burguesía. Y todos se escandalizaron cuando afirmó que no será el fracaso sino el éxito del capitalismo lo que provocaría el socialismo. Sin duda, esta es una forma de ennoblecer la "creatividad" bajo el capitalismo, pero no es exacta. La supresión del capitalismo no será de una domesticada intelectualidad, ni de una coludida burguesía, ni de las masas desproletarizadas. Vendrá de la propia revolución técnica, de la automatización completa de la economía por la inteligencia artificial.
La creatividad humana bajo el capitalismo se atrofia y pervierte para satisfacer las necesidad de la acumulación de capital mediante el consumo de mercancías. De ahí que la creatividad humana sólo volverá a estar al servicio del hombre cuando se finiquite en la historia el modo de producción capitalista.

jueves, 4 de noviembre de 2021

EL TRÁNSITO HIPERIMPERIALISTA DEL NEOLIBERALISMO AL CAPITALISMO DIGITAL

 EL TRÁNSITO HIPERIMPERIALISTA DEL NEOLIBERALISMO AL CAPITALISMO DIGITAL

Gustavo Flores Quelopana



Había para el capitalismo neoliberal un límite que era difícil de establecer y luego más difícil de mantener: que el plusvalor se obtenga de la especulación financiera y de convertir al planeta en un casino global. Tenía que haber un límite absoluto en la descalificación o extinción del trabajo y en la reducción de costos de reproducción. 

El capitalismo neoliberal parece estar en un callejón sin salida y se aproxima a su punto final o, de lo contrario, se transformaba radicalmente. Ese salto cualitativo que lo transforma se llama CAPITALISMO DIGITAL, al cual van adheridos sus sueños tecno utópicos de vencer la muerte, tener fuerza física y gran inteligencia mediante la tecnología. El decrecimiento de la tasa de plusvalor luce corregido en la economía contributiva del capitalismo digital con las redes sociales, la web y el internet. En la nueva mutación del hiperimperialismo el capital se lanza con todo furor a producir más plusvalor mediante el desarrollo acelerado de nuevos motores de búsqueda e inusitados algoritmos digitales. 

Todo este movimiento del modo de producción capitalista significa tres cosas. Primero, que el capitalismo destruye su propia estructura social. Segundo, que no siempre es el propio enfrentamiento entre capital y trabajo lo que lleva al desarrollo de las fuerzas productivas. Y, tercero, que la tecnología no sólo desantropomorfiza el proceso de trabajo y acumulación de capital, sino que se convierte en la principal que acabará sepultando al capitalismo. Porque si en un primer momento es el medio idóneo de los monopolios, haciendo que el capitalista la haga intervenir de su lado hasta que completen el remplazo de la fuerza de trabajo humano por máquinas, el capitalismo digital también tiene un límite absoluto. 

El capitalismo digital también tiene su callejón sin salida y se aproximará a su punto final con una velocidad aun mayor que el capitalismo neoliberal, que le tomó 45 años. Pero esta vez el salto cualitativo del capitalismo digital sería provocar el socialismo y la abolición del capitalismo, simplemente porque la cibernética pondrá punto final a la tasa de ganancia como motor de la economía. La tendencia de la máquina cibernética es reducir al extremo el capital variable y aumentar al máximo el capital constante. Con ello se pone ontológicamente punto final al capitalismo. Todo este movimiento histórico no representa una destrucción creativa del capitalismo mismo, porque si todo dependiera del capital éste quisiera valorizar el capital hasta el infinito. 

De lo que se trata es que una nueva fuerza productiva alumbró y su propia lógica interna -como automatización completa de la economía- lo lleva a más allá de la lógica del capital. Será un momento histórico tan impensado, aludido por los utopistas, elucubrado por Marx -como paso del Reino de la necesidad al Reino de la libertad-, que a nosotros desde aquí sólo nos toca decir que será el momento en que el hombre recuperará su humanidad porque dejará de descansar para trabajar, descansando para vivir, y realizarse espiritual y creadoramente. Será la superación del nihilismo, el ateísmo, el amoralismo, y la reconciliación del hombre con lo santo y divino. En ese nuevo salto cualitativo quedará atrás la muerte de Dios, del hombre, de la naturaleza y la reconciliación con la Vida inmanente y trascendente.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

"TU CEREBRO EN MIS MANOS"

 "TU CEREBRO EN MIS MANOS"

Gustavo Flores Quelopana



En momentos en que el capitalismo neoliberal culminó con una monstruosa desigualdad en el planeta, insurge una nueva mutación llamada CAPITALISMO DIGITAL. Esta nueva forma del capitalismo, basada en la eufemísticamente llamada "economía contributiva", controla las mentes en el mundo de la desigualdad mediante las redes sociales, la web y el internet.
Y su eficacia es tan enorme en el mantenimiento del statu quo que no permite pensar a las masas ni a los académicos fuera del sistema establecido. La lógica del capitalismo no es perversa ni mala, simplemente su estructura no está pensada para el bien de los seres humanos, sino del incremento del capital. O sea, es inhumana por naturaleza.
El capitalismo encarna la transvaloración de los valores, el ateísmo y nihilismo radical. Es la muerte misma del hombre ostentada en la punta de la bayoneta de la codicia. Pero su triunfo en dominar las mentes de todos es pírrico, porque lo único que hace es precipitarse aceleradamente al abismo del colapso absoluto. Además, el hombre, el proletario, los trabajadores, tienen la capacidad de reaccionar y recuperar su conciencia de clase para emprender el cambio estructural.

ACADÉMICO Y CAPITALISMO

 ACADÉMICO Y CAPITALISMO

Gustavo Flores Quelopana



El académico es el catedrático que, al margen de estar o no de acuerdo con el capitalismo, se convierte en mercancía porque vende su fuerza de trabajo -en este caso- a la universidad. La universidad desempeña el papel del capitalista que compra por un salario la fuerza de trabajo -intelectual en este caso- del llamado académico.
El trabajador académico ha ALIENADO su fuerza de trabajo vendiéndola a cambio de un salario. Es mercancía educativa. Aquí se trata de una alienación OBJETIVA con las relaciones de producción capitalista, muy al margen de que su conciencia esté o no de acuerdo con ella. Si su conciencia asume esta alienación objetiva con conformidad se llama ALIENACIÓN SUBJETIVA. Si, por el contrario, es un inconforme antisistema, se llama CONCIENCIA REVOLUCIONARIA.
Pero, por lo general, si el académico no sobrelleva bien su alienación subjetiva, tiende a asumir una vida dividida entre su forma de pensar -antisistema- y su forma de vivir -burguesa-. Cosa que no depende muchas veces de él, sino de circunstancias externas que tienden a convertir la lucha teórica en lucha política y práctica.
Pero ¿por qué el catedrático tendría que estar en desacuerdo con vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario? Sencillamente porque es la piedra de toque de un sistema que no está pensado para la satisfacción de las verdaderas necesidades humanas, sino las del capital. Los sofistas griegos impartían clases a cambio de un salario, pero esa venta de su fuerza de trabajo no los volvía mercancía, porque no existían las relaciones del capitalismo que convierten el trabajo abstracto en fuente el plusvalor.
Todas estas observaciones no tienen propósito normativo, justificatorio, ni condenatorio, sino explicativo.

martes, 2 de noviembre de 2021

COMIENZO DEL GENIO Y FIN DEL ACADÉMICO

COMIENZO DEL GENIO Y FIN DEL ACADÉMICO

Gustavo Flores Quelopana



Este libro fue el alumbramiento del genio y el hundimiento del académico. Efectivamente, su publicación lo llevaría hacia una jubilación anticipada. Paralelamente sus migrañas paralizantes se acentuaban y lo obligaban a largos reposos. Aprovechando para viajar a Suiza e Italia y tener contacto con la naturaleza.
Obra escrita a los 28 años (1872) como muestra de su precocidad filosófica genial. Su maestro Ritschl la calificó de megalómana. Sus colegas académicos le dieron en bloque la espalda. Sólo sus amigos como Wagner y Rhode lo defienden. Como profesor e investigador pierde todo su prestigio. Lo que provocó su rechazo fue que su filología no era ortodoxa, sino heterodoxa-culturalista.
Afirma que la Tragedia nace de la unión de lo dionisíaco (caos) y lo apolíneo (orden), rompiendo de este modo los cánones filológicos. El fin de la tragedia empieza con el conceptualismo socrático y el esencialismo platónico. La apoteosis de la Razón es el fin de la tragedia, porque significa el predominio del hombre teórico sobre el hombre vital.
Sobre esta base dirige sus disparos ante los valores de la sociedad moderna. Racionalidad, utilitarismo y democracia equivalen a decadencia cultural. Les dice a sus colegas y a su tiempos ¡Somos decadentes! Cosa que no cayó nada bien entre los rancios y orgullosos filólogos eruditos. Pero Nietzsche lanza un salvavidas, a saber, el arte. Hay que recuperar la vida mediante el arte, la música, lo estético la unión del mito y el logos.

LA LUCHA CONTRA LA CIVILIZACIÓN METAFÍSICA

 LA LUCHA CONTRA LA CIVILIZACIÓN METAFÍSICA

Gustavo Flores Quelopana



En "La Gaya Ciencia" Nietzsche enfatizó la necesidad de acabar con la metafísica de occidente para cambiar el mundo moral espiritualmente esclavizante. Obra escrita a los 38 años en 1882, en estilo aforístico y es central porque vincula "Humano, demasiado humano", donde anticipa temas como el eterno retorno, y prepara el camino hacia "Así habló Zaratustra".
Es una obra de contenido tremendo y terrible, porque declara la desaparición de lo metafísico y el asesinato de Dios por el hombre mismo. El mundo de las esencias ha dejado de ser el mundo realmente real. Dios ya no es el fundamento del ser.
Es el fin del monoteísmo, la desvalorización de todos los valores, el naufragio del mundo suprasensible, la sepultura del platonismo, el epitafio de la metafísica occidental, la apertura del horizonte del nihilismo y el reconocimiento de la necesidad de pasar del nihilismo pasivo al nihilismo activo de la voluntad de poder.

NIETZSCHE Y EL CAPITALISMO

 NIETZSCHE Y EL CAPITALISMO

Gustavo Flores Quelopana



Buscó toda su vida la revolución de los valores para recuperar al hombre vital, oprimido por el concepto, la esencia, la cristiana moral de esclavos, la religión, Dios y la metafísica. Para cambiar las cosas Nietzsche se propuso la destrucción de la civilización metafísica mediante la transvaloración de todos los valores y el nihilismo activo de la voluntad de poder. De él dijo Unamuno que se tenía a otro racionalista que inventó el remedo de la inmortalidad del alma con la tesis del eterno retorno, pero al menos no era un eunuco espiritual.

Sin embargo, hay que notar que la filosofía de Nietzsche refleja la disolución de todos los valores bajo el capitalismo imperialista. El logos nietzscheano guarda en su seno la ilusión de lograr la emancipación humana mediante la filosofía. Es una filosofía que trata de reaccionar contra la enajenación humana, sin darse cuenta que dicha alienación tiene su fuente en la misma determinación económica del capitalismo. Muere Nietzsche en 1900, justo al comenzar el siglo más inhumano de todos los tiempos: el siglo veinte.