jueves, 5 de enero de 2012

REFUTACIÓN FALLIDA DE LA METAFÍSICA



ONTOLOGÍA Y FILOSOFÍA ANALÍTICA

Refutación fallida de la metafísica

Gustavo Flores Quelopana
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

A.  J Ayer, uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, manifestó que el progreso de la filosofía no consiste en la solución de los problemas, sino en la nueva manera de plantearlos y que la filosofía analítica cumplía con este motivo a través del análisis del lenguaje (La filosofía del siglo XX, 1983).El propósito de este breve estudio es mostrar la evolución de la filosofía analítica y el extraño rumbo fallido en la refutación de la metafísica.
Todos sabemos que la filosofía analítica florece en los países de habla inglesa a principios del siglo XX, fue una rebelión contra el idealismo absoluto -uno de cuyos actores en Inglaterra era el profesor de Oxford H. F. Bradley (1846-1924)- rechazó la metafísica por considerar que sus proposiciones no tenían sentido, emprendió una investigación exhaustiva del significado y del lenguaje y se inició con Russel y Moore en la universidad de Cambridge. En sentido estricto, la filosofía analítica quedó entendida como el análisis de los conceptos a través del lenguaje.
                         PRIMERA ETAPA: EL GIRO LÓGICO
Se considera su precursor a Gottlob Frege (1848-1925), oscuro matemático y filósofo alemán, fundador de la lógica matemática moderna. Frege al intentar deducir los principios de la aritmética de los principios de la lógica fundó el logicismo. Póstumamente fue reconocido como el abuelo de la filosofía analítica, fundador de la lógica y de la semántica moderna. Su trabajo influyó especialmente en el filósofo británico Bertrand Russell.
Bertrand Russell, tercer conde de Russell (1872-1970), filósofo, matemático y escritor británico, su énfasis en el análisis lógico repercutió de forma notable en el curso de la filosofía del siglo XX. Los tres volúmenes de Principia Mathematica (3 vols., 1910-1913), escritos por Bertrand Russell y Alfred North Whitehead, influyeron de forma decisiva en el posterior desarrollo de las matemáticas y la lógica filosófica. Intentó trasladar la matemática al área de la lógica filosófica, mostraba que esta materia puede ser planteada en los términos conceptuales de la lógica general, como clase y pertenencia a una clase. Este libro se convirtió en una obra maestra del pensamiento racional.
Russell contribuyó de forma definitiva al desarrollo del positivismo lógico, importante corriente filosófica durante las décadas de 1930 y 1940. El más importante pensador austriaco de aquellos tiempos, Ludwig Wittgenstein, que fue alumno suyo en Cambridge, recibió su influencia en sus primeros estudios filosóficos por su original concepto del atomismo lógico.
George E. Moore (1873-1958), filósofo británico, conocido por su papel en el desarrollo de la filosofía occidental contemporánea, su contribución a la teoría ética y su defensa del realismo filosófico. Bertrand Russell, que era compañero suyo, le animó a estudiar filosofía. La filosofía, para Moore, era en esencia una actividad por partida doble. En primer lugar implica análisis, es decir, el intento de clarificar las proposiciones enigmáticas, o conceptos, mediante apuntes de proposiciones menos enigmáticas o conceptos que debían ser equivalentes, según la lógica, a los originales. Una vez clarificado el sentido de asentar una afirmación que contiene el concepto problemático, el segundo cometido es determinar si existen o no las razones justificativas para aceptar esta afirmación. La atención diligente de Moore al análisis conceptual como un medio de conseguir claridad le situó como uno de los fundadores del énfasis contemporáneo analítico y lingüístico en la filosofía. Defendió el punto de vista del sentido común que sugiere que la experiencia resulta del conocimiento de un mundo externo, independiente de la mente.
Ludwig Wittgenstein (1889-1951), filósofo austriaco (nacionalizado británico), uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, hombre sensible y profundo, de fuerte personalidad, a menudo se mostraba solitario y con tendencia a la depresión, fue reconocido en especial por su contribución al movimiento conocido como filosofía analítica. La evolución de sus teorías estuvo marcada por dos etapas. En la primera, representada por su obra Tractatus logico-philosophicus (1921), donde defendió que la pretensión filosófica es la clarificación lógica de las ideas. Un segundo momento de su pensamiento corresponde a la redacción de Investigaciones filosóficas (póstuma, 1953), obra en la que mantenía que la “filosofía es un combate contra el hechizamiento de nuestra inteligencia por medio del lenguaje”. Trató de superar la limitada visión del lenguaje que había ofrecido en el Tractatus. A lo largo de la mayor parte de su vida, sin embargo, Wittgenstein, concibió la filosofía como un análisis conceptual o lingüístico.
En el Tractatus, Wittgenstein sostenía que el lenguaje se compone de proposiciones complejas que están formadas por proposiciones atómicas. El mundo es la totalidad de esos hechos atómicos elementales e irreductibles que facilitan determinar la verdad. Las tautologías son proposiciones verdaderas y las contradicciones son proposiciones falsas, no dicen nada del mundo. Las proposiciones filosóficas no son falsas sino que carecen de sentido, “de lo que no se puede hablar hay que callar”. En su teoría del significado sólo las proposiciones que representan hechos —las proposiciones de ciencia— son consideradas cognitivamente significativas. Las declaraciones éticas y metafísicas no son afirmaciones significativas ni relevantes. Su idea de que la filosofía era un asunto de la investigación del significado produjo un gran efecto sobre las teorías del positivismo, y los positivistas lógicos adscritos al Círculo de Viena asumieron el giro lingüístico de la filosofía.
En las Investigaciones filosóficas la variedad de usos lingüísticos. Las palabras son como herramientas que sirven para diferentes funciones. Algunas proposiciones son utilizadas para representar hechos, otras son utilizadas para ordenar, interrogar, orar, agradecer, maldecir, y así sucesivamente. El reconocimiento de la pluralidad lingüística llevó al concepto del juego del lenguaje y a la conclusión de que la gente demuestra diferentes juegos de lenguaje. El científico, por ejemplo, está inmerso en un juego lingüístico diferente del teólogo. Además, el significado de una proposición ha de ser comprendida en el ámbito de su contexto, esto es, en los términos de las reglas del juego del cual esa proposición es una parte. La clave para la solución de los enigmas filosóficos es el proceso terapéutico de examinar y describir el lenguaje en uso.
                   SEGUNDA ETAPA: EL GIRO LINGUÍSTICO
La filosofía analítica entra a una segunda etapa con el Círculo de Viena, grupo de filósofos y científicos que llegó a constituir una importante escuela de pensamiento en el ámbito de la filosofía occidental contemporánea durante las décadas de 1920 y 1930. Sus miembros (Hans Hahn, Moritz Schlick, Rudolf Carnap, Otto Neurath y Kurt Gödel) propusieron un controvertido concepto de la filosofía de la ciencia e iniciaron un movimiento que recibió el nombre de positivismo lógico.
La incesante revisión y refinamiento de sus tesis primitivas, efectuadas por parte de exiliados y de colaboradores, condujo a que el positivismo lógico proclamara que el único discurso con sentido es el científico. Se basó en el primer Wittgenstein, Bertrand Russell y Alfred North Whitehead. Los autores que más influyeron en sus tesis, en lo relativo a la ciencia empírica, fueron E. Mach, Henri Poincaré, Pierre Duhem y Albert Einstein. El Círculo cambió la teoría de la significación e introdujo la teoría verificacionista. Los enunciados con sentido se dividen en dos: los enunciados acerca del mundo, que se someten a verificación empírica o lógico-matemática, y los enunciados de la ética, que son órdenes; de la estética, que son exclamaciones; y de la metafísica que carecen de sentido. Rechaza todo enunciado no basado en la experiencia directa.
Las hipótesis científicas son enunciados protocolares. Neurath se preguntó si son verificables los enunciados protocolares. Para salvar el escollo Carnap propuso el fisicalismo, como catalizador de todas las ciencias, donde la física quedaba convertida en el santo grial del positivismo. La respuesta de Carnap a las objeciones de los críticos sobre el fundamento de dicho criterio de verificación, que representa no un descubrimiento sino una convención, significaba que la filosofía se ocupa de la forma de representar más que de la naturaleza de lo representado. La dificultad radicaba en que descubrieron en que fracasaron al tratar de verificar el paradigma de significado. Al no alcanzarse una formalización satisfactoria de un criterio de significado condujo a la celebrada “muerte” del reduccionista positivismo lógico durante la década de 1960.
                      TERCERA ETAPA: EL GIRO PRAGMÁTICO
El postpositivismo o tercera etapa de la filosofía analítica se basó en el giro pragmático de las Investigaciones filosóficas del segundo Wittgenstein, donde se insistía en que el lenguaje no es un cálculo abstracto sino un modo de experimentar el mundo. Con ello se transformó la filosofía del lenguaje dándosele un giro pragmático. John Austin (1911-1960), filósofo británico, uno de los mayores representantes de la filosofía analítica del siglo XX, estudió y enseñó en la Universidad de Oxford.
Para Austin, el cometido filosófico fundamental era el análisis y clarificación del lenguaje corriente. Aportó muchos conceptos importantes, como la teoría del aspecto elocutivo del lenguaje. Ésta nace de su observación de que muchas elocuciones no sólo describen la realidad, sino que también tienen un efecto sobre la misma; son la realización de un acto en vez de ser tan sólo un informe de su realización. Austin creía que todo el lenguaje es ejecutivo y está hecho de actos de palabras. Los enunciados performativos están relacionados con una acción. Distinguió la fuerza perlocutoria en el funcionamiento del lenguaje. Enfatizó el “acto del habla” y no el “enunciado”.
Otra figura connotada del postpositivismo es el filósofo británico Gilbert Ryle (1900-1976). Como Austin estudió y enseñó en la Universidad de Oxford. En su ensayo Expresiones sistemáticamente equivocadas (1932), Ryle interpretó la filosofía como un análisis lingüístico, sus problemas surgen del uso inadecuado del lenguaje. El discurso ordinario contiene expresiones equívocas que dan lugar a diversos problemas filosóficos. El cometido de la filosofía consiste en replantear el pensamiento de una forma que se subordine a la lógica con mayor exactitud. Se interesó en particular por aquellas afirmaciones erróneas cuya forma gramatical sugiere la existencia de objetos inexistentes. En El concepto de la mente (1949) utilizó este procedimiento al atacar el lenguaje mentalista, que supone que la mente es una entidad de la misma categoría que el cuerpo, al contrario la mente no está en el cuerpo es su función.
Quine (1908-2000), filósofo estadounidense, reconocido por su trabajo en lógica matemática y sus contribuciones al pragmatismo como una teoría del conocimiento,  educado Universidad de Harvard, donde llegó a ser profesor. Quine plantea determinar si la estructura del lenguaje obliga al filósofo a afirmar la existencia de entidades cualesquiera que sean éstas y, si fuera así, de cualquier tipo. En su libro Desde un punto de vista lógico (1953), sostiene que el modo en que el individuo usa el lenguaje determina qué clase de cosas está comprometido a decir que existen. Además, la justificación para hablar de una manera, al igual que la justificación de adoptar un sistema conceptual, es para Quine una manifestación absolutamente pragmática. También es conocido por su crítica de la distinción tradicional entre afirmaciones sintéticas (proposiciones empíricas o basadas en hechos) y afirmaciones analíticas (proposiciones necesariamente verdaderas). No hay oraciones analíticas que expresen verdades. El significado es holístico. Todas las oraciones obtienen su significado en la teoría completa. Quine conserva el verificacionismo pero no hay clase especial de enunciados. En Palabra y objeto (1960) Expresa que la ontología es investigación del lenguaje y que no todos los problemas filosóficos son de significado. En suma, es un  empirista pragmático que cree que todos los esquemas conceptuales son herramientas para comprender el mundo.
                 CUARTA ETAPA: EL GIRO EPISTEMOLÓGICO
La cuarta etapa del postpositivismo tiene un marcado matiz epistemológico. Putman, Chomsky, Searle y Davidson contribuyeron a la filosofía de la mente, la lógica, la lingüística, etc.
Hilary Putnam, filósofo americano, nacido en 1926, enseña en Harvard. Alumno de Reichenbach y de Carnap, influido por las teorías de Quine, es crítico respecto de la filosofía positivista y la filosofía del lenguaje. Son importantes sus contribuciones en el campo de la lógica, la filosofía de la ciencia, la metafísica, la filosofía del lenguaje y teoría de la mente. Defensor primero del realismo metafísico (hay un mundo de objetos independientes de la mente), cambia, sobre todo tras publicar Razón, verdad e historia (1981), influido por Michael Dummett, a posturas más moderadas, que define como «realismo interno»: existe un mundo externo, que a modo de «material en bruto» constituye el referente de nuestro lenguaje, pero la descripción de este mundo pertenece al mismo lenguaje y, en consecuencia, a nuestro mundo interior, que sólo acierta a describirlo desde una teoría determinada, pero no única. Ha sido uno de los primeros filósofos en explicar los estados mentales según el modelo del computador, y es uno de los iniciadores del funcionalismo. En Representación y realidad (1988) se aparta de estas investigaciones iniciales de ciencia cognitiva y se decanta por la influencia del ambiente y la sociedad para la explicación de determinados fenómenos mentales, en especial las creencias.
Chomsky (1928), lingüista, profesor y activista político estadounidense, es el fundador de la gramática generativa, un sistema de análisis del lenguaje que ha revolucionado la lingüística moderna, que expuso por primera vez en su libro Estructuras sintácticas (1957). Estableció una diferencia entre el conocimiento innato y con frecuencia inconsciente que los individuos tienen de la estructura de su lengua y el modo en que utilizan ésta diariamente. El primero, al que llamó “competencia”, permite al hablante distinguir las oraciones gramaticales de las que no lo son, así como generar y comprender un número ilimitado de oraciones nuevas. El segundo, que llamó “actuación”, es la manifestación de la competencia, las oraciones realmente emitidas por el hablante en los actos de habla concretos. En El lenguaje y el entendimiento (1968) sostiene que la lingüística también debe ocuparse de las estructuras profundas, del proceso mental que subyace bajo el uso del lenguaje. Situó la lingüística en el centro de los estudios sobre la mente. Según él, la teoría lingüística debe dar cuenta de la gramática universal, del conocimiento innato común a todos los miembros de la especie humana; debe igualmente explicar el hecho de que los niños aprenden a hablar con fluidez a una temprana edad, a pesar de los escasos datos y la poca experiencia con los que cuentan. De estas exigencias deriva su contribución a las ciencias cognitivas, que pretenden comprender el modo en que piensa, aprende y percibe el ser humano. Muy importante es su exigencia de una teoría válida sobre los procesos mentales que reemplace al empirismo, modelo dominante en la ciencia estadounidense.
John Rogers Searle nació en Denver (Colorado). Desde 1959 fue profesor de Filosofía en la Universidad de California en Berkeley. Su mayor contribución de Searle a la filosofía es su teoría de la intencionalidad, que se aplica a su enfoque de mente y lenguaje. En Mentes, cerebros y ciencia (1984) y El descubrimiento de la mente (1993), afirma que la mente es intencional es concebir que actividades de la mente como percibir, desear o imaginar se dirigen hacia objetos, y que hay una clara intención hacia el objeto. En este aspecto, la mente es fundamentalmente diferente de cualquier máquina, por sofisticada que ésta sea. Para comprender, una persona (o un sistema artificial) debe usar además conceptos intencionales y esto es tan sólo potestad de la mente. Subraya así la idea de consciencia y el carácter subjetivo de la mente, que no se puede explicar mediante la teoría materialista. Fue enormemente crítico con muchas teorías de la inteligencia artificial. Algunas de sus obras son Actos de habla.
Donald Davidson (1917), filósofo americano, fue profesor en las universidades de Chicago y Berkeley. Bajo la influencia de la filosofía analítica, las teorías semánticas de Frege y Tarski, de la lingüística de Chomsky y, especialmente, de la filosofía de Quine, ha desarrollado su reflexión filosófica sobre cuestiones relacionadas con la teoría del significado, la filosofía del lenguaje, la teoría de la decisión y la filosofía de la acción. La síntesis entre estos aspectos le ha acercado a una antropología filosófica.
La gramática transformacional de Chomsky indujo hacia el intento de construir una semántica formal para los lenguajes naturales sobre bases tan sistemáticas como las de la sintaxis, ya que la semántica generativa chomskyana sugería que la estructura profunda del lenguaje tiene afinidades con la lógica. Para efectuar dicha semántica formal Davidson va más allá de Tarski, quien no pensaba que la teoría semántica de la verdad pudiera dar cuenta de la verdad en los lenguajes naturales. Para Davidson, la teoría semántica de la verdad requería adoptar el holismo semántico de Quine, y esta concepción holística le permite afirmar que no es posible interpretar las producciones lingüísticas de un hablante más que si se le presta un mínimo de credibilidad racional. Se precisa una racionalidad normativa, como la única que permite la interpretación del lenguaje, del pensamiento y de la acción. El objetivo de la interpretación es el acuerdo, lo cual no sólo es su finalidad, sino también su condición de posibilidad.
La unión de estos aspectos conduce a Davidson hacia una síntesis de la teoría del significado con la teoría de la acción y le conduce hacia una teoría causal de la acción: las razones de una acción son sus causas. Entre la razón y la acción se da una relación lógica o conceptual, distinta de la explicación causal clásica. Desde aquí Davidson puede abordar el estudio filosófico de la irracionalidad. A su vez, la tesis según la cual las razones son causas de la acción le conducen a una concepción plenamente materialista de la mente, un completo monismo, una plena identidad entre lo mental y lo físico: los estados mentales son estados físicos. De esta manera, la teoría causal de la acción tiende en Davidson hacia una unificación de lo mental y lo físico, en lo que él llama un monismo anomal: las generalizaciones psicológicas no son de la misma naturaleza que las leyes físicas porque, si todo acontecimiento mental es un acontecimiento físico, no es posible el reduccionismo de lo mental a lo físico. Con esta tesis, Davidson crítica el tercer dogma del empirismo (los otros dos fueron criticados por Quine), a saber: la existencia de una dualidad entre elementos conceptuales y datos sensoriales. Ataca la necesidad de postular una separación entre conceptos y material no conceptualizado. Esta es la base del monismo anomal davidsoniano, y la base de su crítica -retomada por Richard Rorty- a la concepción clásica del conocimiento entendido como espejo o representación de la realidad. En suma, según Rorty el monismo anomal de Davidson lleva a sus últimas consecuencias el naturalismo, el holismo y el antidualismo de Dewey y de Quine, y abandona la idea de un «lenguaje» entendido como medio estructurado de representación capaz de mantener unas determinadas relaciones con otra entidad diferenciada llamada «mundo».
                     QUINTA ETAPA: LA METAFÍSICA ANALÍTICA
Desde 1950 los problemas de la metafísica analítica sistemática han sido estudiados por los británicos Stuart Newton Hampshire, Peter F. Strawson y Sellars. Newton Hampshire se interesó, al igual que Spinoza, por la relación entre pensamiento y acción.
Strawson, filósofo inglés, es uno de los más destacados miembros del llamado «grupo de Oxford», cultivadores de la filosofía del lenguaje ordinario. En su obra Sobre la referencia (1950) se opuso a la teoría de las descripciones de Russell y a la teoría de la verdad como correspondencia. Según Strawson, la existencia de un objeto denotado por una descripción no es realmente aseverada, sino que propiamente es un presupuesto para que la aseveración pueda tener valor de verdad. Así, la frase «es verdadero» no tiene realmente una función asertiva o descriptiva, sino que es usada para la aprobación o confirmación de un enunciado. En Introducción a la teoría lógica (1952) examinó las relaciones entre la lógica formal y el lenguaje, analizó las expresiones lógicas propias del lenguaje ordinario, y señaló cómo el tratamiento lógico-formal de estas expresiones no capta usos que están implícitos en el lenguaje corriente, destacando el gran hiato existente entre ambos discursos, y reivindicó la autonomía de una lógica del lenguaje ordinario o «lógica filosófica». No obstante, más que al llamado análisis lingüístico, Strawson ha concebido la filosofía del lenguaje ordinario como análisis conceptual. Este análisis lo ha efectuado en su obra fundamental, Individuos: ensayo de metafísica descriptiva (1959), donde formula la que él llama «metafísica descriptiva», distinta de la «metafísica especulativa» tradicional. Se basa en el estudio de los usos del lenguaje, explora y describe la estructura real de nuestro pensamiento sobre el mundo, y examina las bases de nuestra estructura conceptual. La tesis central de su metafísica descriptiva es que el esquema conceptual mediante el que pensamos es una estructura espacio-temporal que es la que permite la distinción de todos los objetos individuales.
Mientras la metafísica descriptiva inspecciona el esquema conceptual con el que pensamos, la tradicional metafísica prescriptiva intenta cambiar esta estructura conceptual e intenta establecer nuevos sistemas conceptuales. Sin embargo, no condena del todo dicha metafísica prescriptiva, propia de los grandes sistemas metafísicos de la historia de la filosofía, ya que la declaración propia de la filosofía analítica -que considera a las proposiciones metafísicas como carentes de sentido-, se reduce a afirmar que estas proposiciones son no científicas, lo que, siendo cierto, no sirve para caracterizar la metafísica.
Así, piensa que la tradición metafísica debe ser analizada con cuidado ya que aun estando plagada de falsos razonamientos y de presupuestos especulativos vacíos, puede desempeñar un importante papel en el esclarecimiento de nuestra estructura conceptual y, por tanto, reivindica para ella un papel constructivo e inventivo, especialmente importante y esclarecedor para comprender nociones como las de mente o persona, por ejemplo. En este sentido, reivindica una cierta tradición metafísica que había sido criticada por la mayor parte de la corriente de la filosofía analítica, de manera que su pensamiento se caracteriza por este intento de conciliación entre la tradición analítica surgida del segundo Wittgenstein, con la gran tradición metafísica europea.
En Estados Unidos la metafísica se ha estudiado más en consonancia con el espíritu del positivismo por Wilfrid Sellars (1912-1989). Su formación filosófica fue esencialmente anglosajona y analítica, pero siempre estuvo vinculado con la fenomenología de Husserl y la tradición de Descartes, Leibniz y Kant. Su reflexión se centró especialmente en la filosofía de la ciencia y del lenguaje, y sostuvo que, aunque la ciencia pueda ofrecer una descripción de la realidad, no todo discurso humano -caracterizado por su intencionalidad- puede ser reducido al discurso científico. Defendió un nominalismo psicológico (toda conciencia relativa a entidades abstractas es una cuestión lingüística), y atacó uno de los dogmas fundamentales del empirismo, el de los «sense data» o «mito» de «lo dado». Esta crítica se unió a la efectuada por Quine, que rechazó el «dogma» de la distinción entre analítico y sintético, y el «dogma» del reduccionismo. A pesar de que Sellars mantuvo varias discrepancias con algunas tesis de Quine, debido a la crítica a los fundamentos del empirismo, Searle se coloca en la línea que, desde Quine a Goodman y Davidson, ha preparado el camino a una filosofía postanalitica, y R. Rorty reivindica su pensamiento como impulsor de una renovación de la tradición del pragmatismo americano.
                                             CONCLUSIÓN
Como hemos visto, a lo largo del siglo XX, la filosofía analítica cuestionó desde un primer momento la validez del pensamiento metafísico a partir de la teoría básica de la comprobación o verificación del significado. Un enunciado tiene significado real sólo si pasa la prueba de la observación. Las expresiones metafísicas no pueden ser probadas siguiendo un procedimiento empírico. Luego, estas expresiones no poseen significado real cognitivo, aunque pueden tener un significado emotivo importante para las esperanzas y sentimientos de los hombres. Pero posteriormente en la quinta etapa, que hemos llamado de la «metafísica analítica», reivindicó una cierta tradición metafísica que había sido criticada por la mayor parte de la corriente de la filosofía analítica.
Tanto es así que la corriente postanalitica, lejos de reducir el mundo a la lógica como el Círculo de Viena, con Donald Davidson y su concepción epistemológica antirepresentacionista y su teoría plenamente materialista de la mente; Strawson, con su metafísica prescriptiva; y Sellars, con su nominalismo psicológico y su ataque a los dogmas fundamentales del empirismo, intenta una conciliación entre la tradición analítica surgida del segundo Wittgenstein, con la gran tradición metafísica europea. Es cierto que Austin, Chomsky, Goodman, Dummett y Putman son todavía agnósticos y eclécticos, al postular que de la existencia del mundo exterior sólo podemos tener creencias más no un conocimiento objetivo.
¿Es esto una indicación de su agotamiento? ¡La vía crucis de investigar no solamente el habla ordinaria y los conceptos la ha conducido a continuar con la tradición metafísica con nuevas técnicas!
Una vuelta atenuada a la metafísica caracteriza a la filosofía analítica actual. Fueron corroyendo sus fundamentos tanto las críticas a los dogmas del empirismo que venían de su propio seno con Quine, Sellars y Davidson, como las críticas de otras filosofías rivales que negaban como modelo de la realidad la adecuación de la teoría comprobable y la percepción material. Se hicieron evidentes las suposiciones metafísicas de la filosofía analítica misma: todo es observable o relacionado con algo observable y la mente no tiene vida autónoma. También se destacó que el estudio de la naturaleza del ser y de las relaciones individuales con éste es muy significativo para la vida humana, y no se limitan ni al lenguaje ni a los conceptos. Richard Rorty puso en evidencia el vínculo que existe entre la filosofía postanalitica de Davidson y el pragmatismo antirepresentacionista postmoderno.
Y las modernas investigaciones neuropsicológicas han insistido en que el pensamiento no se reduce a lenguaje. Lo cual ha encontrado una expresión exacta en las palabras del físico norteamericano Roger Penrose: “Casi todo mi pensamiento matemático se hace visualmente y en términos de conceptos no verbales. Encuentro las palabras casi inútiles para el pensamiento matemático” (La nueva mente del emperador, p.526, Mondadori, 1999).
Finalmente, esta marcha del pensamiento analítico no conduce a la consideración válida de la metafísica tradicional, pero reasume cierta tradición metafísica. Por último, en la actualidad la erosión nihilista de la sociedad postmetafísica ha pasado con vigor a manos de los paladines de la filosofía hermenéutica postmoderna.

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