martes, 11 de marzo de 2025

EL ESPIRITUALISMO INMANENTE DE ORREGO

 

EL ESPIRITUALISMO INMANENTE DE ORREGO

 

Antenor Orrego puede considerarse un caso único dentro de la filosofía peruana, no solo por su adopción temprana y sostenida del espiritualismo, sino también por la riqueza de las influencias que moldearon su pensamiento.

Desde el principio, Orrego fue profundamente influenciado por el intuicionismo de Henri Bergson, con su énfasis en la intuición y la experiencia como caminos hacia el conocimiento. Sin embargo, también es esencial destacar la poderosa huella que dejó Ralph Waldo Emerson en su filosofía, especialmente a través de su trascendentalismo, que promovía la conexión espiritual entre el ser humano y la naturaleza, y la importancia de la intuición como una fuente de verdad.

Esta fusión de Bergson y Emerson en el pensamiento de Orrego le permitió desarrollar una visión filosófica original, que integraba una espiritualidad profundamente personal con un compromiso hacia la historia, la cultura y el destino de América Latina. Su perspectiva no solo lo apartó del positivismo dominante en su época, sino que también lo posicionó como un pensador adelantado a su tiempo, capaz de articular un mensaje universal desde un contexto profundamente latinoamericano.

 

Sin embargo, su trascendentalismo espiritualista no es cristiano sino panteísta

El trascendentalismo espiritualista de Antenor Orrego no se enmarca en un cristianismo tradicional, sino que está mucho más alineado con una visión panteísta del universo. Inspirado por Emerson y Bergson, Orrego entendía la espiritualidad como una conexión profunda entre el individuo y el cosmos, en donde lo divino no se limita a una figura personal o a una religión establecida, sino que permea toda la existencia.

Esta perspectiva panteísta le permitió articular una filosofía que integraba lo universal y lo particular: un reconocimiento de la sacralidad del mundo natural y de la humanidad, y al mismo tiempo una búsqueda de identidad y destino para América Latina. Su enfoque trasciende lo dogmático, proponiendo una espiritualidad abierta y dinámica que dialoga con diversas tradiciones y corrientes filosóficas.

 

Orrego fue panteísta desde el comienzo hasta el final y no sólo en su etapa de juventud

El pensamiento panteísta de Antenor Orrego fue una constante a lo largo de su vida y obra, no limitado únicamente a su juventud. Desde sus primeros escritos hasta sus reflexiones finales, Orrego mantuvo una visión espiritualista profundamente marcada por el panteísmo, en la que el universo, la naturaleza y el ser humano formaban una unidad trascendental en la que lo divino impregnaba toda existencia.

Este enfoque panteísta fue central para su filosofía, ya que le permitió proponer una interpretación del mundo en la que no existía una separación rígida entre lo humano y lo cósmico. Su perspectiva enriqueció tanto sus reflexiones sobre la identidad latinoamericana como su visión del destino espiritual de la humanidad. Es esta coherencia a través del tiempo lo que refuerza la singularidad de Orrego dentro de la filosofía peruana y latinoamericana.

 

Sus menciones a Cristo no son confesionales sino referenciales

Así es, las menciones a Cristo en la obra de Antenor Orrego no deben interpretarse como confesionales en un sentido tradicional. Orrego no se adhiere a un cristianismo dogmático o institucional, sino que se refiere a Cristo como un símbolo universal y trascendental de espiritualidad, renovación y sacrificio. Estas referencias se insertan dentro de su visión panteísta y espiritualista del cosmos, en la que figuras como Cristo representan ideales universales que trascienden cualquier marco confesional o denominacional.

Cristo, para Orrego, es una figura profundamente significativa, no como objeto de culto dentro de una religión organizada, sino como una representación del desarrollo espiritual y ético de la humanidad. Esta interpretación encaja perfectamente con su concepción filosófica de la humanidad como parte de un todo divino e interconectado.

 

De modo que Orrego se adscribe al dios inmanente del panteísmo y no al dios trascendente del teísmo

Así es. Antenor Orrego se adscribe claramente al concepto de un dios inmanente propio del panteísmo, y no al dios trascendente del teísmo tradicional. Para Orrego, lo divino no es una entidad separada del mundo que actúa desde fuera de él, como plantea el teísmo, sino una realidad presente en el cosmos, en la naturaleza y en el ser humano.

Esta inmanencia divina se traduce en su concepción de una unidad esencial entre el hombre y el universo, donde lo divino impregna todo lo existente. Esto está en línea tanto con el trascendentalismo de Emerson como con las ideas de Bergson, que destacaron la conexión profunda entre lo espiritual y lo material, rechazando la separación típica de las cosmovisiones teístas.

La adopción de este dios inmanente le permitió a Orrego formular una filosofía que integraba espiritualidad, cultura y una visión transformadora del ser humano en armonía con el universo.

 

Por eso se especula mucho sobre su filiación masónica

Es cierto que la postura filosófica y espiritual de Antenor Orrego, especialmente su panteísmo y su énfasis en la espiritualidad inmanente, ha llevado a especulaciones sobre una posible filiación masónica. La masonería, con su tradición de promover ideales de libertad, progreso, humanismo y una espiritualidad no confesional, comparte ciertos puntos de convergencia con el pensamiento de Orrego, lo que podría haber alimentado estas hipótesis. 

Por ejemplo, el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre fue miembro de la masonería. Se inició como masón el 27 de julio de 1928 en la Respetable Logia Acacia Nº 7 de Yucatán, México. Más adelante, en 1933, ingresó a la Logia "Virtud y Unión" Nº 3 en Lima. Algunos líderes apristas de la vieja guardia que también fueron masones incluyen a figuras como Luis Alberto Sánchez, un destacado intelectual y político, y Manuel Seoane, conocido como "El Cachorro", quien fue un importante ideólogo del APRA. Ambos compartieron ideales de justicia social y progreso que resonaban tanto en el aprismo como en la masonería. Aún está por escribirse un libro el Aprismo y la masonería.

Sin embargo, hasta donde se tiene registro, no hay pruebas concluyentes de que Orrego fuera formalmente miembro de la masonería. Su filosofía parece más bien un resultado de sus lecturas e influencias de pensadores como Emerson y Bergson, que coincidían con algunos principios masónicos pero que no necesariamente implican una afiliación directa.

 

En suma, el espiritualismo inmanente de Orrego es la asunción del sentido unívoco del ser, que niega la distinción real entre esencia y ser, y con ello niega la doctrina creacionista del teísmo

Efectivamente, el espiritualismo inmanente de Antenor Orrego se articula en torno a una concepción unívoca del ser, donde no hay una distinción real entre esencia y ser como en las tradiciones metafísicas teístas. Este enfoque refleja una visión ontológica integrada, en la que el ser es concebido como una unidad absoluta que permea toda la realidad, rechazando la noción de un creador trascendente y una creación separada de él.

Esta postura filosófica está alineada con las ideas panteístas que Orrego abrazó, en las que lo divino no es exterior al mundo, sino inherente a él. En este marco, el ser se entiende como una totalidad viva y dinámica, sin jerarquías ontológicas entre lo esencial y lo existencial. Al hacerlo, Orrego niega la doctrina creacionista del teísmo, que postula un Dios trascendente como causa eficiente del universo.

Su interpretación, además, le permitió ofrecer una visión espiritual compatible con su latinoamericanismo, entendiendo a América Latina y su cultura como expresiones de esa unidad cósmica e inmanente.