miércoles, 21 de enero de 2015

PARADOJA DE FERMI Y EXOPLANETOLOGÍA

PARADOJA DE FERMI REFORZADA
 POR EXOPLANETOLOGÍA
(Continuación)
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
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LA PARADOJA DE FERMI Y LA AUSENCIA
DE EVIDENCIA ET

La paradoja de Fermi es la contradicción entre las valoraciones que defienden una alta contingencia de existencia de civilizaciones inteligentes en el universo, y la ausencia de huellas de tales civilizaciones. Salió en 1950 en medio de una conversación informal del físico Enrico Fermi con otros físicos del laboratorio y desde entonces tiene importantes alcances en los proyectos de búsquedas de señales de civilizaciones extraterrestres (SETI).

La ecuación de Drake originalmente nos hacía elucubrar si habían otras civilizaciones más avanzadas en el Universo, mientras que la paradoja de Fermi nos lleva a interrogarnos si somos la única civilización avanzada en el Universo. La primera nace con ánimo optimista y la segunda emerge con espíritu escéptico. En el transcurso de las décadas ambas han confluido hacia el fortalecimiento de la paradoja de Fermi y la extrema moderación de la Ecuación de Drake. Pero esta confluencia acontece en el ámbito de la ciencia, la teología y la filosofía, más no en los recintos de la cultura popular, la pseudociencia y cierta filosofía y teología que se adhiere alegremente a la ufolatría bajo una atención unilateral a la versión original de la Ecuación de Drake.

En principio, si las civilizaciones extraterrestres son tan abundantes entonces ponernos en contacto con ellas no debería ser extremadamente raro. La respuesta de Fermi es una pregunta: ¿Dónde están? ¿Por qué no hemos hallado trazas de vida extraterrestre inteligente, como sondas, naves espaciales o transmisiones? Los adeptos de la hipótesis ET han tratado de responder a esta objeción con supuestas fotografías de pirámides en Marte y de diversos objetos desparramados en la Luna que serían testimonios de tal vida inteligente. Pero un análisis más sereno demuestra nuevamente que se trata de una proyección Gestalt humana de imágenes que tiene en el inconsciente y de un juego de luces y sombras que se prestan a ello.

La paradoja también nos lleva a pensar que nuestras observaciones podrían ser defectuosas e incompletas, pero dicho defecto podría ser fácilmente superado y suplido por las numerosas civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Que esto no suceda es otra prueba en contra de su existencia.

Es interesante tomar en cuenta la circunstancia en que Fermi formula la paradoja. Era la época en que estaba trabajando en el Proyecto Manhattan cuyo fin era el perfeccionamiento de la bomba atómica estadounidense. La respuesta a su paradoja fue sombría, y es que supuso que toda civilización avanzada en la galaxia con capacidad de aniquilarse lo haría irremediablemente. Y no encontrar otras civilizaciones extraterrestres significaba para él un trágico final para la humanidad. Es decir, las civilizaciones extraterrestres o nunca existieron o hace mucho que se autoaniquilaron. Pues su supervivencia tendría que mostrar pruebas de contacto irrefutable y contrastable, las cuales no existen, por tanto no hay dichas civilizaciones extraterrestres.

La conclusión pesimista de Fermi ha encontrado refuerzo en la llamada “Hipótesis de la Tierra especial”, por cuanto sugiere que la vida pluricelular puede ser extraña en el universo debido a una posible escasez en otros planetas de las condiciones especiales del planeta Tierra. Lo hace muy improbable la vida compleja en otros planetas. Además, los brazos espirales de las galaxias tienen muchas novas y la radiación que emiten es perjudicial para la vida superior. Por si eso fuera poco, el sistema solar está en una órbita especialísima, casi perfectamente circular, dentro de la Vía Láctea, nuestra galaxia. Se trata de una órbita a una distancia en la cual el Sistema Solar se mueve a la misma velocidad que las ondas de choque que forman los brazos espirales. Lo más singular del caso es que la Tierra ha estado entre los brazos espirales durante cientos de millones de años, más de treinta órbitas galácticas, casi todo el tiempo en el que ha existido vida superior en la Tierra.

Otro sitio decisivo es el origen de la Luna. La Teoría del gran impacto postula que fue formada por una rara colisión entre una joven Tierra y un planeta de tamaño similar a Marte hace 4.450 millones de años atrás. El asunto crucial es que la colisión tuvo que ocurrir en un ángulo exacto, de lo contrario la Tierra se habría destruido, o el cuerpo similar a Marte habría sido desviado. Además, las mareas debido a la Luna estabilizan el eje de la Tierra. Sin la Luna, sus variaciones, conocidos como precesión de los equinoccios, causarían variaciones del clima tan dramáticas que podrían imposibilitar la vida. Y, quizá lo más importante, las mareas lunares también ayudan a mantener caliente el núcleo de la Tierra, que debe ser fluido para generar el campo magnético de la Tierra; sin él, el viento solar acabaría con todo el aire y el agua en un periodo de unos pocos millones de años. Todo este conjunto de factores llamado “ricitos de oro” no fue considerado en la ecuación original de Drake.

Pero los detractores de la Tierra Especial arguyen que no se puede excluir diferentes posibilidades de existencia de otras formas de vida. Pueda que sea muy pequeña la probabilidad de que se den juntas las coincidencias para la existencia de vida como la terráquea, pero otras formas de vida pueden ser abundantes. De manera que la teoría de la Tierra Especial no podría postular la total no existencia de vida en el universo, aparte de la nuestra. A esto lo llamaré la Falacia de la Diversidad para aludir que este falso argumento no prueba nada, debido a que sobre la existencia de condiciones especiales para la vida, como las presentadas en la Tierra, no se puede afirmar la existencia de otras formas de vida sobre condiciones desconocidas e inexplicadas. Así, los adeptos de la conexión ovni-extraterrestres echan mano de dos falacias, a saber, la Falacia del Residuo (afirmación de la existencia de ET sobre un reducidísimo número de casos inexplicados) y la Falacia de la Diversidad (afirmación de otras formas de vida sobre condiciones desconocidas e inexplicadas).

Los criterios de búsqueda de vida exige entender el funcionamiento del "mecanismo vital" en este planeta. ¿Cómo es posible que un material inerte, el carbono produzca un ser vivo? Actualmente hay más de diez millones de sustancias en base al carbono, el elemento más abundante en el Universo, gracias a que sus cuatro electrones lo ayudan a hacer enlaces con otros elementos y por eso es el pilar básico de la química orgánica. El carbono no se creó durante el Big Bang sino en el interior de las estrellas, encontrándose además en cometas y en atmósfera de los planetas. Ahora bien, si se buscara vida extraterrestre debería tomarse en cuenta una fuente de energía. Antes se pensaba que la única fuente energética para producir un metabolismo era la luz del Sol, pero luego se comprobó que hay bacterias extremófilas que incluso nacen en las profundidades de los océanos, donde no es posible ver la luz solar, y encuentran su fuente de energía en el calor que emiten los volcanes submarinos.

Basándonos en los principios evolutivos la vida extraterrestre tendría que responder al ambiente de su propio planeta y diferentes fuentes de energía podrían dar lugar a metabolismos distintos. Más aun, no tendría que crear necesariamente vida inteligente. Pero el experimento de Miller tan solo ha probado que el origen de la vida necesita una fuente de energía para tener un metabolismo y no que existan otras formas de vida –y menos aun “formas de vida inteligentes”- con metabolismo distinto, como ansiosamente añoran los partidarios de la conexión ovni-extraterrestres.

El optimismo sin fundamento de Drake y Sagan alimenta la ilusión que la vida inteligente es también común en el Universo. Sobre la base de suposiciones creen podemos admitir que si la vida es posible, dado que el universo es tan vasto, debería ser cierto que haya un enorme número de civilizaciones extraterrestres en el Universo. A este razonamiento hay que llamarle la Falacia de la Vastedad, sobre la que incurre el teólogo dominico O´Meara, como si por el tamaño del Cosmos debería también suponer la existencia de grifos, unicornios y demás seres fantásticos. Sin embargo, la paradoja de Fermi y la versión modificada de la ecuación de Drake pone en evidencia la altísima improbabilidad de vida inteligente en el universo y que efectivamente estamos solos en la Vía Láctea.

Radio y datos observacionales se han recogido y analizado durante varias décadas por el Proyecto Ozma, el proyecto Search for Extraterrestrial Intelligence y varios proyectos en búsqueda de planetas extrasolares. Pero hasta ahora, los datos del SETI muestran que no existen estrellas de la secuencia principal que tengan emisiones de radio inusuales como la Tierra. Por consiguiente,  somos la única especie que radiotransmite en al menos la porción de nuestra parte de la galaxia que ha sido explorada. Pero de haber otras civilizaciones tecnológicamente más avanzadas que la nuestra, deberían habernos detectado más allá de su propia galaxia y, por ende, ya tendríamos que haber recibido su contacto. Que esto no haya sucedido es otra prueba que tales civilizaciones no existen y que nunca se mudaron hasta nuestro vecindario ni por agujeros negros ni agujeros de gusano.

No resulta de menos importancia que la mayoría de los planetas extrasolares descubiertos hasta la fecha parecen tener condiciones ambientales muy adversas para formas de vida avanzadas, aunque las técnicas usadas no propician el descubrimiento de planetas similares a la Tierra, sino supermasivos o muy cercanos a su estrella.

Se puede pensar que otras especies no usen o no dejen escapar las radiofrecuencias que estamos buscando. Nosotros, por ejemplo, emitimos menos energía radiada que unas pocas décadas atrás por el uso de la transmisión por cable y satélite. Civilizaciones más avanzadas podrían usar mejores sistemas de comunicación como el láser. Pero todo esto no explica por qué a pesar de su enorme desarrollo no harían contacto con la Tierra. El hecho que no estemos inundados por radio transmisiones extraterrestres también puede suponer que hayamos sido sobrepasados por tempranos intentos de colonización, lo cual sugiere una “presencia silenciosa” entre nosotros. De ahí nacen las versiones extravagantes de la supuesta raza de “reptilianos” que dominan la política mundial. Pero sobre esto no existe la más mínima evidencia genética, histórica o de otro tipo.

En suma, aunque la búsqueda activa de señales extraterrestres lleva casi treinta años en proyectos como el SETI y escuchando pasivamente la estática durante casi 100 años, todavía no hemos oído ninguna emisión alienígena, si exceptuamos la famosa señal WOW, ni observado ninguna estrella de la secuencia principal con una firma de radio inusual que pudiese indicar una civilización tecnológica. El uso de otro medio que la radio o que esconden sus transmisiones no va más allá de la suposición. La verdad es que si hubiese tantas civilizaciones extraterrestres avanzadas como Drake y Sagan creen, su presencia sería obvia por sus transmisiones. El hecho de que solo hemos podido recibir y producir estas transmisiones durante solo una pequeña fracción de nuestra historia no es lo que limita el proyecto SETI, sino que lo siga haciendo sin considerar que una civilización más avanzada no estaría esperando que nosotros recibiéramos su señal y sí, más bien, que fuesen ellos los que tendrían que venir hasta nosotros. Efectivamente, no tiene sentido que los menos avanzados fuesen en busca de los más desarrollados, sino a la inversa.

Al respecto, el científico británico Stephen Hawking expresó que la búsqueda de vida inteligente es demasiado arriesgada y peligrosa, pues nos exponemos al exterminio. En esta misma línea de pensamiento está el libro “Primer Contacto: Avances científicos en la búsqueda vida más allá de la Tierra” de Marc Kaufman, director nacional de The Washington Post. Mientras que los investigadores de SETI tienen fe que la inteligencia ET sea amistosa. Precisamente los partidarios de los ovnis-extraterrestres argumentan que los avistamientos son un testimonio que la inteligencia ET ya está entre nosotros y que son pacíficos. Sin embargo, ninguno de los archivos desclasificados conocidos permite sostener que existe una prueba irrefutable que tales objetos aparte de ser reales sean naturales o humanos.

Similar a la hipótesis de la Tierra Especial es el principio antrópico, la idea de que el universo está 'finamente ajustado' para posibilitar la vida como la conocemos. El principio postula que dado que la vida en la Tierra no podría existir si alguno de los muchos parámetros del universo se modificase ligeramente, parece que los humanos tienen una ventaja única sobre cualquier otra forma de vida inteligente. Esto hace concebible que en el Cosmos seamos la única especie inteligente. Para la refutación del principio antrópico los defensores de la hipótesis ET sostienen las tres falacias favoritas: la Falacia del Residuo, la Falacia de la Vastedad y la Falacia de la Diversidad, o sea, que una forma de vida diferente podría existir en su lugar.

Otro tipo de estrellas que justificaría la existencia de ET pero que no han sido encontradas sería la esfera de Dyson. Freeman Dyson propuso una envoltura opaca alrededor de una estrella, creada por una civilización alienígena avanzada que desease guardar tanta energía radiada por su estrella como fuese posible. El diseño exacto nunca fue sido especificado, pero podría consistir en millones de colectores solares, hábitats espaciales independientes o bien ser una estructura única unificada, estaría hecha de materia sólida que interceptaría la mayoría de la luz emitida por la estrella para ser reirradiada como calor. Esta estrella rodeada por la esfera de Dyson emitiría un espectro del cuerpo negro sin las fuertes líneas espectrales que el plasma estelar muestra. Pero los astrónomos en el cielo nocturno no han encontrado estrellas con colorido inusual, que indicaría vida inteligente altamente avanzada. Pues una civilización avanzada tomaría total ventaja de la fuente de energía de su sol y esto haría cambiar la firma electromagnética de su estrella madre. Pero el hecho que dicha firma no se haya encontrado niega la posibilidad de civilizaciones avanzadas.

Los partidarios del principio de Fermi dicen que la vida con su capacidad para colonizar otros hábitats sigue los mismos principios, y, por lo tanto, cualquier civilización avanzada buscará nuevos recursos y colonizará primero su propio sistema solar, y después los sistemas solares circundantes. Así, se estima que el tiempo que tardaría una civilización tal en colonizar la galaxia entera sería entre 5 y 50 millones de años, tiempo relativamente breve a escala geológica y cosmológica. Por tanto, nuestra galaxia debería estar colonizada hace mucho tiempo y el hecho que no lo esté descarta que exista tal civilización avanzada con su colonización cósmica. Para Jacob Haqq-Misra y Seth Baum, de Pennsylvania State University, es un error de asumir que una civilización puede colonizar el Universo a un ritmo exponencial, pues el agotamiento de los recursos impondría límites al desarrollo de cualquier civilización y no se podría dar un crecimiento exponencial de la misma. Es decir, niegan el crecimiento exponencial pero no el crecimiento mismo ni la existencia de dichas civilizaciones. Pero no tiene sentido suponer una civilización inteligente que sin colonizar no buscara a sus pares en otros planetas o sistemas, y el hecho que nada de esto se dé cuestiona la existencia de una civilización ET sin crecimiento exponencial.

Trasladar el escenario del actual crecimiento humano y el agotamiento de recursos terrestres: cenit del petróleo y otros recursos, sobrepoblación, calentamiento global, contaminación generalizada y colapso ecológico, a una civilización en un escenario galáctico solamente tiene carácter hipotético. Pues suponer que existan miles de civilizaciones avanzadas que tratan de colonizar su entorno espacial cercano, pero que nunca entrarán en contacto unas con otras en tiempo y espacio, no tiene sentido porque excluye las emisiones de radio. Por tanto, no existen tales civilizaciones avanzadas que colapsan por razones ecológicas no porque el colapso ecológico sea imposible, sino porque tales civilizaciones ya hubiesen dado señales radioeléctricas de vida.

Pensar que es sensato creer que una forma de vida lo suficientemente inteligente para viajar hasta nuestro planeta puede permanecer aquí sin que la detectemos, es una sugestiva idea pero tiene el inconveniente de no esclarecer qué buscarían entre nosotros, por qué somos tan importantes para ellos o quizá solamente explotan algún recurso natural escaso en el universo sin que lo sepamos. Pero todas estas ideas no son más que hipótesis sin confirmar y quedan en el ámbito de las suposiciones. Lo mismo ocurre con las versiones que podemos haber sido ya detectados, y un mensaje o un emisario están “en camino”. Las teorías conspirativas defienden que las pruebas de visitas extraterrestres están siendo ocultadas por una élite de políticos y gobiernos, que no quieren que el público sepa la verdadera extensión de los contactos. Todas estas ideas no son más que conjeturas donde se adelanta una conclusión sin previa confirmación. Pero la ciencia no se guía por suposiciones sino por confirmaciones y en todo caso la suposición ha de esperar la confirmación para aceptar su verdad. Sin pruebas fehacientes que produzcan certeza la suposición carece de valor y queda en el ámbito del pronóstico ideal o  deseable. Por lo tanto, todas estas suposiciones no son verdaderas.

Otra idea que permanece en el umbral de las conjeturas es que los extraterrestres nos visitaron hace un millón de años cuando no habría humanos en la Tierra o que lo hicieron en épocas arcaicas siendo tomados como dioses y el registro en sus mitologías pasaría inadvertido. Esta es la versión que adoptan los defensores de la hipótesis de alienígenas ancestrales. Pertenecen también al ámbito de la ficción la idea que esconden su existencia a la humanidad por motivos éticos, un deseo de mantener la diversidad cultural, evitar su destrucción por otras civilizaciones aún más avanzadas, el querer vivir sin interferencias de otras formas de vida, o por la experiencia en otros contactos. Otra idea ficticia es la del Zoo, que sugiere que la Tierra está siendo vigilada para su estudio o por propósitos éticos y donde la humanidad tendría que alcanzar cierto límite ético o tecnológico antes de ser contactada. Otra conjetura es que simplemente no presentan interés hacia los seres humanos y por ello deberían presentar interés hacia otras formas de vida. Otra suposición es que existe la vida inteligente pretecnológica, como los mayas o incas, y no tienen posibilidad alguna de entrar en contacto con vida tecnológica. Igualmente se puede suponer la incompatibilidad o inexistencia de la tecnología necesaria para detectar el tipo de comunicación utilizado, o que su ritmo de vida sea mucho más largo o más breve que el nuestro, por lo que sus señales sean tomadas como trazas sin sentido o simples pulsos. De la misma forma las señales de emisión detectables por los telescopios y radioscopios siguen limitados a la velocidad de la luz, aún insuficiente para recorrer distancias cósmicas. Otra opción hipotética es que la vida inteligente tiende a destruirse a sí misma o ser destruidos por algún fenómeno natural de su planeta o del espacio.

Al respecto de todas estas hipótesis se puede afirmar simplemente que para ser tomadas como científicas tienen que pasar por el rasero de la confirmación, lo cual ninguna lo ha hecho. Una hipótesis confirmada se convierte en Ley científica. En la ciencia la hipótesis es el nombre que tienen en la ciencia las explicaciones. Pero sus requisitos son la atinencia y la corroboración. Las hipótesis pueden ser refutadas o confirmadas al ser contrastadas con el mundo de los hechos, pero también la conclusión puede ser falsa aún cuando sus premisas pueden ser verdaderas. Empero existen pruebas directas e indirectas en la contrastación de hipótesis. La ciencia posee poder predictivo (anticipa conocimiento, contrasta la teoría y guía la acción) y poder de retrodicción (el hecho desconocido es un suceso del pasado). Lo singular es no siempre coincide la predicción y la explicación (por ejemplo, los griegos conocieron los movimientos planetarios pero no hicieron predicción celeste). Y un caso paradigmático de predicción científica es la teoría de Newton al permitir el descubrimiento de Neptuno (1846) y Plutón (1930) sobre la base de perturbaciones de Urano. De esta manera, mientras que la explicación científica requiere de la atinencia y la confirmación, la explicación ficticia puede prescindir de una o incluso de ambas. Hasta el momento la ufología solamente proporciona explicaciones ficticias sobre la conexión ovni-extraterrestres sobre la base de las tres falacias ya mencionadas: Vastedad, Diversidad y Residual.

Incluso pensar que puede haber otra especie diferente a la humana que haya alcanzado el grado de civilización hiper-tecnológica y que vivan ignorantes de la existencia humana, queda como hipótesis sin confirmación. Por último, la teoría del viaje en el tiempo y de la existencia de vida extraterrestre como Hipótesis terrestre interdimensional (vida inteligente interestelar originada en la Tierra hubieran salido a velocidades cercanas a la de la luz rumbo a otros mundos y una vez conseguidos los conocimientos tecnológicos emprendan el retorno) no es más que ficción, donde los Ovnis son concebidos como máquinas del tiempo de humanos del futuro que viajan al pasado para enmendar desaguisados del presente. Pero por lo visto, todavía no llegan porque los desatinos del presente continúan.

Más bien, lo que se deriva de la modificación restringida de la Ecuación Drake y de la paradoja Fermi es que las condiciones para que se cree la vida, y llegue a existir civilizaciones inteligentes, son muy raras en el universo. El neo-catastrofismo estima la frecuencia de fenómenos cosmológicos causantes de grandes extinciones estelares. Incluso la Biblia menciona como una de las señales del Apocalipsis la caída a la Tierra de un meteorito llamado “Ajenjo” (Ap. 8:11).

En suma, la paradoja de Fermi combinada con la versión restringida de la Ecuación Drake pone seriamente en duda la posibilidad de la existencia de vida inteligente interestelar y, al contrario, confirmaría que nosotros estamos solos en el universo. No obstante, la variable de la inteligencia extraterrestre debe ser mantenida en su estricta distinción con el problema del fenómeno ovni y el problema de la tecnología ovni.

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FENÓMENO OVNI Y EXOPLANETOLOGÍA

Ante la clamorosa falta de pruebas por más cincuenta años de búsqueda de señales de vida inteligente en el Universo, la investigación astronómica renueva modestamente las esperanzas de descubrir alguna forma de vida fuera de la Tierra tratando de revelar exoplanetas parecidos al nuestro, para lo cual echan mano de la astrobiología y la exobiología y promoviendo la reflexión interdisciplinaria con humanistas, teólogos y científicos sociales.

La astrobiología es el estudio del origen, evolución, distribución y destino de la vida en el universo, mientras que la exobiología es una rama de la biología que trata de buscar vida fuera de la Tierra entendiendo la influencia de su medio ambiente. La exoplanetología es el estudio de los planetas fuera del sistema solar y capaz de reunir condiciones para la vida. Como estudio interdisciplinario exige el concurso de la biología, astronomía, ciencias planetarias, la química, física y otras ciencias naturales. Si la NASA busca vida microbiana en el espacio, SETI prosigue indagando sobre vida inteligente en el cosmos capaz de comunicarse con nosotros.

Dentro de esta dirección, el Centro para la Astrofísica (CfA) de la Universidad de Harvard comunicó haber detectado el planeta llamado Kepler-438b, en una aparente zona conocida como “Ricitos de Oro”, "orbitando a una distancia donde el agua líquida puede existir en la superficie del planeta". El Kepler-438b es ligeramente más grande que nuestro planeta y orbita una estrella enana roja más pequeña y más fría que nuestro Sol. Sin embargo, recibiría cerca de un 40% más de calor que la Tierra, por lo que tiene grandes probabilidades de estar en la zona habitable de su estrella, explicaron los autores del estudio. Pero el Kepler-438b no es único que podría ser habitable, porque los expertos del CfA encontraron otros siete planetas más que posiblemente podrían albergar vida.

Los entusiastas de la exoplanetología dan un salto lógico desde la simple posibilidad  de detectar rastros de vida fuera de nuestro planeta a través de la espectroscopia, hasta la temeraria afirmación que ya es el fin de la imagen privilegiada que teníamos sobre nuestro lugar en el universo y que es necesario redefinir lo que es la vida en sí. Pero hay que recordarles que “lo posible no es lo real”. El avance de la exoplanetología no significa el descubrimiento efectivo de planetas con vida, ni la confirmación de todas las condiciones para la existencia de vida microbiana, ni vida inteligente en dichos planetas.

Existen numerosos proyectos SETI, que tratan de hallar vida extraterrestre inteligente, ya sea por medio del análisis de señales electromagnéticas aprehendidas en distintos radiotelescopios, o remitiendo señales al espacio con la esperanza que alguno de ellos sea contestado. Hasta el 2014 no se ha detectado ninguna señal de claro origen extraterrestre, sin incluir la todavía sin definir señal WOW. Lo más controvertible de la señal WOW es que no se volvió a repetir ni siquiera un minuto después. Es decir, sólo quedó como una trama de flujo sobre la impresora de línea de un equipo que no volvió a detectar repetición alguna. Así, sin prueba de colonización galáctica alguna se confirma la Paradoja de Fermi como ausencia de evidencia de civilizaciones inteligentes en el universo. Hasta el momento la señal más prometedora analizada por SETI ha sido la SHGb02+14a, la cual se origina en la constelación de Piscis y Aries a 1000 años luz de la tierra. Para afinar la búsqueda la instalación ATA del Instituto SETI, llegará a tener 350 radiotelescopios, de los 40 actuales, capaces de detectar frecuencias de radio de 1 a 10 GHZ.

El portal NASA Exoplanet Archive confirma unos 1781 exoplanetas y unos 4175 planetas candidatos. Otros cálculos hablan de un millón de millones de exoplanetas solamente en nuestra galaxia, o sea más de un planeta por estrella, donde puede existir agua líquida en su superficie si la atmósfera es lo suficientemente densa y situados en zonas habitables similares a la Tierra. Sobre estos cálculos los más optimistas hablan de unos 10 mil planetas con vida inteligente capaz de comunicarse por medios tecnológicos. Pero guardan silencio sobre por qué entonces SETI no los ha detectado. Incluso con el mayor desparpajo en setiembre de 2014 la NASA, SETI y la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos realizaron un simposio de astrobiología para discutir el impacto social y cómo prepararnos para descubrir vida extraterrestre. No se descarta la existencia de un lobby científico y político para conseguir fondos del Congreso para los respectivos proyectos. Se llega, incluso, sobre la base de la Ecuación original de Drake, a considerar unas 10,000 civilizaciones transmitiendo señales radiales u ópticas que podríamos detectar. Sin embargo, extrañamente nadie las escucha. Con este razonamiento podríamos suponer al menos la existencia de 10 civilizaciones super-desarrolladas que ya deberían estar visitándonos, y, sin embargo, nada de esto se confirma. El juego con las probabilidades es amplísimo, pero no se trata de alimentar la especulación esperando examinar un mínimo de 1 millón de planetas para detectar al menos uno cuya emisión artificial de señales. Hay que reconocer que en el fondo de todas estas suposiciones entusiastas late fuerte la teoría de la panspermia. Pero actualmente los astrobiólogos son de la opinión que las esporas bacterianas pueden sobrevivir a un viaje dentro de nuestro sistema solar, pero no lo harían entre sistemas solares. 
 
Cuando el robot Curiosity detectó en Marte una emisión de metano se habló que podría estar asociado a la vida orgánica, pero lo más probable es que lo esté a la geología. La existencia de planetas parecidos a la Tierra y también “super tierras” no garantizan en absoluto la existencia de vida. Incluso cuando se termine de construir el buscador de planetas automatizado (APF) junto al observatorio Lick sobre el Monte Hamilton, en Estados Unidos, éste tendrá que resolver muchas variables contingentes antes de decidir si allí existe vida. A lo sumo, lo más que permite la tecnología actual, como el observatorio astrométrico GAIA, es ubicar la posición exacta de mil millones de estrellas y detectará potenciales exoplanetas para posterior estudio.

Hay que hacer notar que la construcción de grandes telescopios y observatorios espaciales (Chile, Hawái, China, el Observatorio Austral Europeo, entre otros), no sólo está relacionado con la búsqueda de vida extraterrestre, sino también con otros temas más importantes y cruciales, como el origen de la energía oscura, el origen galáctico del agua en la tierra, agujeros negros supermasivos, los agujeros blancos, las partículas de materia oscura, estrellas hiperveloces que huyen de nuestra galaxia, la composición del universo, las fuentes de rayos gamma, la detección de meteoritos y cometas peligrosos, afinar el mapa del universo, buscar púlsares, origen de agujeros negros, el estudio del sol, la posibilidad del universo espejo, el “ruido” de estrellas solitarias, etc. Por tanto, la exoplanetología no es el leit motiv esencial que impulsa la exploración del universo, como aparentemente nos lo quieren hacer aparentar. Sin embargo, las extrañas y abundantes imágenes registradas por la NASA desde satélites, estaciones orbitales y otros medios, así como otras filmaciones desde helicópteros y naves militares, de misteriosas luces en formación que circundan nuestro planeta desde su alta atmósfera y también en su superficie, es un poderoso motivo para pensar en la posibilidad de inteligencia alienígena.

Todos estos documentos no tienen que ser necesariamente desprestigiados por dudosas informaciones que invaden los medios, como el cuerpo alienígena descubierto en Siberia, Croacia y China. Al final todo fue o un maniquí expresamente hecho, una confusión con una dañada pelota de jebe, o una broma hecha con carne de pollo. También existen documentos fílmicos donde se registra la transformación de un ovni en avión. Tomada con una cámara de alta resolución de Sony en el 2012 en EEUU, el objeto como se observa no emite la luz típica, es más bien energía pura, el objeto nunca estuvo en el radar del aeropuerto y estaba a sólo tres kilómetros de distancia. Lo que hace pensar en tecnología furtiva humana que efectivamente aparece incluso a las cámaras como un ovni, pero en realidad es un avión encubierto. No menos ingeniosa es la existencia de un supuesto documento de la KGB que data de 1969, donde los rusos encuentran una nave extraterrestre abatida en el norte de Rusia, en su interior se encontró varios pequeños humanoides siendo objeto de autopsia uno de ellos. Lo extraño del caso es que no se ve a los rusos realizando placas radiográficas, como corresponde a un cuerpo desconocido y a la importancia del tema. O sea el protocolo médico que se sigue es muy cuestionable y dudoso. Existe otro sagaz documento fílmico de un "ataque alien" en 2010, cuando el ejército estadounidense descubre una antigua cueva en Afganistán. La cueva contiene una nave espacial de unos 5000 años conocido como (Vimana). Cuando se miran alrededor de la cueva descubrieron inscripciones que teniendo la nave pertenecían al profeta Zoroastro. La vimana es muy dura, inmediatamente transportada a Estados Unidos-aeropuerto. Dallas-Fort Worth International, la NASA tiene un área de investigación allí. Una supuesta Federación Galáctica pidió a las autoridades para volver. El gobierno de los Estados Unidos intentó en vano copiar la ingeniería de la nave extraterrestre. La nave fue destruida en mayo del 2011 en Fort Texas por razones de propia protección, pues la vimana era considerada extremadamente peligrosa. Por último, luces flotantes que aparecen en pleno día sobre los cielos de Roma en junio del 2014, Lima en julio del 2007 y México en marzo del 2010, donde muchos entusiastas se apresuran a llamarlos “flota galáctica”. Y en medio del paroxismo ovni hay quienes explotan la credulidad y falta de sentido crítico de la gente para hacerles creer en portales dimensionales, hermandad blanca alien, Satanel y sus huestes derrotadas son castigadas al ser enviadas a nuestro planeta, los 21 ancianos que presiden la Federación cósmica, viajes interestelares hechos por humanos invitados en dichas naves y en toda clase de historias descabelladas, sobre la base de la astuta manipulación de los descubrimientos astronómicos. La competencia por lo inverosímil de cada gurú ufolátrico compite en mitomanía y no excluye su excelente organización internacional, presenta en clave profana lo sagrado y hábilmente esquivan polemizar entre sí, indicando que cada quien debe escuchar el “testimonio” de “contacto”, tomar lo que le parece y seguir como primer principio el “mentalismo”.

Es decir, no hay criterio universal de verdad y la atmósfera ufológica está saturada de fraudes y negocios que buscan a toda costa imponer la “religión” de los galácticos “hermanos mayores”. Ante toda esta barbarie inaudita de imaginería pseudocientífica se puede reparar en que nubes lenticulares pueden producir rayos globulares que parecen ovnis y la tecnología del holograma permite proyectar y producir toda clase de imágenes que existen pero que carecen de realidad. Por lo demás, existe la tecnología al alcance para producir interpolaciones en las filmaciones con el objetivo de crear un laberinto impenetrable a la verdad.

Pero es cierto, la exploración del cosmos incluye el descubrimiento de exo-tierras y super-tierras en el vecindario cósmico pero dentro de un amplio abanico de otras búsquedas. Así, en 2018 se lanzará el telescopio James Webb con un lente primario 2.5, más grande que el del Hubble y la Agencia Espacial Europea lanzará la Misión PLATO un observatorio espacial con 34 telescopios que observará un millón de estrellas cercanas, que obviamente no se limitará a la búsqueda de exo-tierras y super-tierras. Es cierto que existen proyectos especialmente concebidos para descubrir planetas extrasolares, como el Proyecto Espacial Darwin de la Agencia Espacial Europea. Este es un programa diseñado para descubrir planetas extrasolares similares a la Tierra en órbita alrededor de estrellas cercanas, y para buscar pruebas de la existencia de vida en estos planetas. Los telescopios probablemente tendrán una resolución muy alta y en la búsqueda de planetas se usará una configuración de interferómetros de anulación. Con este sistema se pretende que la luz de la estrella central quede anulada por medio de una interferencia destructiva. Por el contrario, la luz de un planeta que orbite alrededor de la estrella no debe cancelarse. En consecuencia, los objetivos del proyecto son: detectar y analizar mundos similares a la Tierra, detectar atmósferas en estos planetas, buscar gases que puedan indicar la presencia de vida y proveer imágenes con un detalle entre 10 y 100 veces mayor que las que se obtendrán con el James Webb Space Telescope (JWST). El sistema de interferometría del Terrestrial Planet Finder de la NASA es muy parecido al Proyecto Espacial Darwin. 

En conclusión, el optimismo compartido por los científicos del SETI de demostrar en los próximos veinte cinco años que existe vida inteligente en otros mundos no sólo significaría la confirmación de la teoría de la panspermia sino que la conexión ovni-extraterrestre es cierta. Mientras tanto, y ante la falta de evidencias, todo queda en el terreno de lo especulativo y de la pandemia ufolátrica.

Es más, la historia de la ciencia demuestra que el pensamiento científico discurre también sobre teorías erróneas, como la teoría del flogisto postulada por Becher en 1667 y refutada por Lavoisier en 1777, o la teoría del éter refutada en el experimento de Michelson-Morley en 1887 y descartada por Einstein en su teoría de la relatividad, aunque el campo de Higgs, como fluido imponderable que permea el universo, tiene similitud con la teoría del éter. Por consiguiente, se impone la interrogante: ¿puede la ciencia astrobiológica actual estar persiguiendo un mito de la era espacial? La respuesta a esta pregunta implica la separación entre ciencia y pseudociencia. Entonces, ¿puede la astrobiología del presente estar persiguiendo un problema pseudocientífico? Por lo pronto, es posible afirmar que la línea divisoria entre ciencia y pseudociencia no se establece a partir del criterio de significación de las proposiciones, sino con el criterio de verificabilidad o refutabilidad. Un problema científico resulta anómalo cuando se resiste a todos los problemas de solución. Afirmar: “Vamos a encontrar vida inteligente en otros planetas”, no es una afirmación científica sino la aserción de un desiderátum, y su insistencia en ella señala, más bien, que dicha teoría está en crisis. La búsqueda de vida inteligente en el cosmos no tiene que ver con entidades inobservables, sino todo lo contrario. Por tanto, de ser cierta debe ser susceptible de verificación. La Ufología permanece en el terreno de la pseudociencia no porque deje de referirse a datos de la ciencia o porque no haya científicos que la defiendan, sino porque sus aseveraciones carecen de demostración y confirmación científica. Sus afirmaciones sencillamente carecen de contrastación empírica.

También es cierto que en ciencia no hay método infalible, ni confirmación definitiva, pues en el descubrimiento científico entran tanto la deducción (contrastación y predicción), la inducción (confirmación) y la intuición (el caso del descubrimiento del benceno por Kekulé en 1865 a raíz de un sueño). Ya Popper [Realismo y el objetivo de la ciencia, Tecnos, 1985, Madrid] había insistido en que no hay demostración infalible. Además, no toda teoría con evidencia empírica es necesariamente verdadera. De ahí que se denomine “experimento crucial” lo que define la validez entre dos teorías científicas. Dicho “experimento crucial” es lo que no existe en las teorías ufológicas.

Aunque no es del todo comparable también se puede pensar que la ufología se encuentra en sus comienzos científicos tal como le ocurrió a la teoría de la evolución a finales del XIX. La propuesta de Darwin se basaba en la observación, en los conocimientos de ciencias naturales y en la lógica, mostraba una notable capacidad explicativa pero carecía de capacidad predictiva alguna (hoy tampoco tiene mucha más), ni hacía referencia a los mecanismos de la herencia. Recién avanzado en el siglo veinte la genética ha podido dar a conocer los mecanismos moleculares y delinear árboles filogenéticos que han confirmado la teoría de la evolución en todo lo correcto que contiene y puede ser ya una teoría científica. Se podría pensar que la ufología está en la situación del siglo diecinueve de la teoría de la evolución y que todavía le espera las confirmaciones científicas del siglo veintiuno. Por eso sus defensores exhiben más fe que pruebas, y parecen más profetas de una nueva religión.

Sin embargo, en 50 años de búsqueda radial por el Instituto SETI su directora, la astrónoma Jill Tarter, trata de justificar los magros resultados con el argumento que todo el esfuerzo solo ha sido como “meter un vaso en el océano para ver si tiene peces”. Pero la verdad es que bajo la sombra del prestigio de la ciencia se ha fortalecido la pseudociencia de la ufología, cuyas creencias pretenden hacerlas pasar como ciencia. Y en el colmo del paroxismo hablan de una inminente “revolución de paradigma” que destronará al hombre y a la Tierra de su bíblico lugar privilegiado. Obviamente que se refieren no al cambio de paradigma científico del que hablara Thomas Kuhn, sino más bien aluden al cambio de paradigma metafísico que está en la base de la civilización cristiana, la civilización hebrea y la civilización islámica. En otras palabras, los adeptos de la conexión ovni-extraterrestres, envalentonados con la exoplanetología y las especulaciones de hallar vida inteligente en el universo, aspiran a renovación religiosa mundial sobre la base del reconocimiento de seres inteligentes intergalácticos. Después de todo Jung no se equivocaba al relacionar el mito ovni con afanes mesiánicos de carácter religioso. La impostura ufológica se basa en tomar la ciencia como un blanco fácil para argumentar sus creencias y confundir el optimismo científico con el optimismo ingenuo que justifica ficciones sobre seres extraterrestres.

No es casual que el apogeo y la intensificación de la ufología coincide con la ola cultural que descalifica la razón, se fortalece con el irracionalismo de postguerra, se desarrolla al compás del relativismo y escepticismo general, y llega a su clímax durante el postmodernismo nihilista, donde ya no hay verdades sino tan solo creencias personales. En el pasadizo ferial donde todas las opiniones son válidas se experimenta la pandemia de la “godelitis”, o sea del abuso del teorema matemático de “incompletud”, que busca dar un aire sublime a la logorrea ufológica de las imposturas científicas. Y en gran parte lo consigue con éxito con el nuevo prestigio adquirido por la astrobiología, exobiología y la exoplanetología.

Lima, 21 de enero 2015

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