sábado, 11 de marzo de 2017

LOS DEMONIOS DEL SALAZARIANISMO

LOS DEMONIOS DEL SALAZARIANISMO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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En el casco del navío de la filosofía salazariana están adheridos especialmente dos demonios que dificultan su suave navegación, a saber, la comprensión de la filosofía solamente como filosofía explícita y la visión desarrollista de su filosofía política. El exorcizar dichos equívocos limitantes para el cabal entendimiento de la filosofía salazariana es la misión central de Ricardo Licla Meza en su flamante libro El salazarianismo y sus demonios (IIPCIAL, 2017).

Las personas creativas no intentan resolver nuevos problemas con viejas soluciones, sino que parten de un nuevo enfoque. Las personas sin estructuración rígida de su personalidad emplean con más libertad su imaginación y abordan de modo inusitado tanto los problemas teóricos como prácticos.

Este es el caso de Ricardo Licla Meza, quien discrepando, por un lado, con la interpretación eurocéntrica de la filosofía señala que en Salazar existe un reconocimiento del carácter multívoco de la filosofía; y, por otro, rechazando la heurística canónica electorera-burguesa, ha visto en el pensamiento político de Augusto Salazar Bondy a un pro golpista y libertario.

Como, sobre el primer punto, mi filosofía en su reflexión mitocrática se encuentra comprometida con el reconocimiento del carácter multívoco de la filosofía, pero en un sentido distinto que aquí no viene al caso exponer, sólo dejo sentado que Licla reconoce que en Salazar filosofía es: no sólo pensamiento explícito (instrumento crítico) sino también pensamiento implícito (su historia, dominación, liberación, ideología, traducción, disciplina, postura y cotidianidad).

Por mi parte pienso que el mayor inconveniente del sentido multívoco de la filosofía en Salazar es que si no es instrumento crítico entonces no es filosofía explícita. Y esto no es salir del sentido eurocéntrico de la filosofía, sino mantenerse atrapado dentro de su telaraña eurocéntrica. En otras palabras, la reflexión hindú, china, mesopotámica, mesoamericana y andina-amazónica como no es crítica frente al mito y a la religión, entonces salazarianamente solamente es filosofía en sentido implícito. En Salazar la filosofía explícita sólo tiene que ver con el logos de la ratio pero no con el logos del mytho.

Y por ello su multivocidad está planteada dentro del sentido eurocéntrico de la filosofía. Con ello su filosofía de la liberación no realiza la liberación filosófica del sentido conceptolátrico del filosofar mismo. Y esto lo encuentro limitante e insostenible. Pero Licla tiene el mérito de hacernos ver esta limitación de la eurocéntrica comprensión filosófica de Salazar con más claridad. Además, dentro de la filosofía como pensamiento implícito Salazar incluye muy problemáticamente a la traducción, la cotidianidad y la ideología. Los mismos que no persiguen objetivos filosóficos sino prácticos (véase mi ensayo “Ideología no es filosofía” en mi libro Miseria del cientificismo, IIPCIAL, 2005).

Ahora bien, sobre el segundo punto (la postura política de Salazar). Licla al quebrar la interpretación “oficial” y “tradicional” motiva al pensar unidimensional a atreverse a cuestionar lo consabido. Y ello se condice con la criticidad y radicalidad de la filosofía. La originalidad de su postura comprende entender a ASB dentro del proyecto moderno de una revolución mundial pero dentro de un socialismo heterodoxo.

La postura de Licla implica también una nueva mirada de la filosofía de la liberación salazariana. Efectivamente, su filosofía de la liberación fue vista esencialmente como nacionalista, tercerista y reformista, incapaz de provocar el centáurico modelo de socialismo a lo peruano. Pero Licla sostiene que dicha visión de su pensamiento político es insuficiente, incompleto y descaminador.

Para Licla, Salazar es partidario de la revolución permanente una vez que se convence de la insuficiencia de la revolución desde arriba. Para atisbar tal conjetura  emplea como hilo conductor de su interpretación el concepto de alter ego múltiple salazariano. Hatuey, Micaela y Frans son personajes en Bartolomé o de la dominación, que encaja perfectamente con los ideales de ASB en su afán de poner término a toda forma de dominación.

Basado en “Bartolomé o de la dominación”, “Antropología de la dominación”, “Ensayo sobre la distinción entre el ser irreal y el ser ideal”, “Para una filosofía del valor” y demás escritos, sabe destilar el objetivo general que ASB tiene en su filosofía de la liberación, a saber, una filosofía de la guerra de clases, la cual es posible desde el Tercer Mundo. De ahí que la filosofía salazariana amplíe sus reflexiones a temas como la propiedad privada, la democracia, etc.

Sólo reparando, dice Licla, que en la filosofía salazariana hay un alter ego múltiple en “Bartolomé” es posible darse cuenta de este aspecto revolucionario encarnado en la tercera etapa política de ASB.

Su conclusión es realmente sugerente, porque permite apreciar que la filosofía política de Salazar no estaba hipotecada al Gobierno Militar Velasquista, ni a las limitaciones de su reforma educativa, sino que habría sido capaz de ver mucho más allá de la revolución del 68. Esto lo distancia de la interpretación canónica de Sobrevilla, Rivara y otros epígonos.

Y darse cuenta que el manejo autoritario, la revolución desde arriba y las transformaciones modernizantes eran insuficientes para lograr una verdadera liberación y acabar con la dominación imperante lo hacen avanzar hacia la revolución permanente. Lo que en el fondo discute Licla no es su innegable apoyo al proceso revolucionario de entonces, sino si a eso se limitaba su pensamiento libertario. Y él encuentra fundamento para negarlo y atribuirle a Salazar una aspiración revolucionaria más profunda y efectiva.

Naturalmente, el provocador planteamiento de Licla no deja de tener aspectos problemáticos. En primer lugar, podemos preguntarnos si es realmente suficiente, desde el punto de vista metodológico y orgánico, el concepto del alter ego salazariano para deducir de él su adhesión a la revolución permanente. Muchas veces los alter ego literarios expresan tan sólo posibilidades exploradas y no adhesiones efectivas.

En segundo lugar, no hay duda que en la llamada etapa desarrollista de su pensamiento hay asertos suyos que cuestionan la modernidad occidental, pero la síntesis entre la utopía socialista y la utopía andina queda en ciernes en su planteamiento. Por tanto, queda en la indefinición si plantea un modelo de desarrollo diferente a la industrialización y la modernidad.

En tercer lugar, si el leit motiv final salazariano era la revolución permanente, entonces cómo explicar su adhesión entusiasta y continuada al proceso revolucionario desde arriba del 68. En cuarto lugar, con Velasco el Perú efectivamente cambió con la rotura del espinazo de la oligarquía latifundista, pero dicho cambio no significó la liberación salazariana.

Según Licla su proyecto final era jacobino, como lo era el del Haya inicial y el Mariátegui. Pero cómo hacer efectiva una revolución desde abajo, desde las multitudes sin una concepción clara de revolución.

En quinto lugar, si la clave del socialismo de Mariátegui es su nacionalismo y no su marxismo, la clave del socialismo salazariano es la filosofía de la liberación, orientada a desencadenar el proceso de cambios pero no a protagonizarla.

Si esto es así, entonces Salazar no se vio nunca como un Che sino como un Marx. En el mundo moderno el político es un homo magus y un homo faber, un mago y un técnico. Pero Salazar aun cuando intervino activamente en la Reforma Educativa lo hizo siempre como un intelectual, un pensador y homo logocrático.

Finalmente, la loable y meritoria visión heterodoxa de la filosofía política salazariana por Licla nos lleva hacia el tema central de pensar el Perú desde la propia peruanidad que no está desligada de la universalidad.

La originalidad de Salazar exige también originalidad en los pensadores sucesivos. Pero, sobretodo,   plantea  algo  central  en  la  filosofía  política,  a saber, si en la teoría de la revolución social es preciso pasar a un cambio de paradigma o a una visión dialéctica del paradigma revolucionario.

Hay quienes piensan que es la hora de pasar del paradigma de la revolución armada al paradigma de la democracia, pensando que se toma el poder tomando primero a las masas. Pero la izquierda democrática terminó adocenada en Europa, y la izquierda jacobina se fagocitó a sí misma. No es extraño entonces, que en el socialismo peruano y mundial se debata aun sobre la opción militar y la opción política como tema pendiente.

Licla nos presenta una versión inédita de un Salazar que de modo coyuntural apoya una versión política de la revolución socialista pero su verdadera opción liberadora se corresponde con la opción militar de la revolución socialista. El tema en realidad trasciende la hermenéutica salazariana porque concierne al meollo mismo de la filosofía política en el Perú. Así que no estamos ante una discusión para eruditos sino ante un debate para pensadores.

Finalmente, al analizar los aportes salazarianos Licla señala con acierto que el libro salazariano Idealidad e Irrealidad (1958) debió llamarse Unidad ontológica entre el ente ideal e irreal. Y que la crítica de Salazar a la distinción entre ambos entes en el pensamiento hartmanniano es demasiado débil. Licla no especifica más pero comparto con él esta crítica.

Recordemos que Salazar propuso incluir los objetos ideales e irreales en la región del ser-no real. Los cuales no son creaciones subjetivas sino descubrimientos de conciencia. Pero, para Salazar, los valores tampoco dependen de la conciencia sino a la inversa. O sea, el estatus ontológico del valor es el ser-no real.

A diferencia de Salazar concibo que el valor es un ente ideal, frente al ente irreal. Pero no son parte del ser-no real. Los espejismos, las alucinaciones, los trucos y las alteraciones perceptuales son parte del ser-no real, pero jamás el ente ideal y el ente irreal. Salazar careció de una noción suficientemente clara sobre la Realidad.

En suma, el libro de Ricardo Licla es doblemente valioso. Porque nos hace volver la mirada hacia el pensamiento de Salazar desde una nueva perspectiva, y porque nos devuelve a los temas eternos de la filosofía misma.


Lima, Salamanca 11 de Marzo del 2017

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