martes, 9 de mayo de 2017

GIRO PRAGMÁTICO OCCIDENTAL

ORIGEN DEL GIRO PRAGMÁTICO DE OCCIDENTE
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Sinopsis
Mirko Skarica propone hacer una distinción entre el filosofar en orden a la praxis y filosofar desde la praxis. Sin embargo,  qué razones estarían detrás del giro pragmático en gran parte de la filosofía contemporánea. En el origen del giro pragmático de la filosofía contemporánea de posguerra está la vinculación con la distinción kantiana entre lo regulativo y lo constitutivo, y la acentuación de lo regulativo, lo cual supone que nuestro conocimiento está limitado a los fenómenos y que la conciencia desempeña un papel fundante en las formas de conocer, creer y actuar. Este ficcionalismo de lo inmanente que supone una teoría ontológica donde el presente o el hecho vigente es estrictamente lo real, supone un substrato en el que la crisis del ideal universalista de la razón se encuentra con el establecimiento de la interpretación como parámetro del pensamiento posmetafísico. En el mundo tardomoderno la hermenéutica actual intenta recuperar la racionalidad noético-práctica de la verdad ontológica interpretativa para hacer prevalecer sobre la Verdad objetiva una racionalidad ético-política.

El carácter pragmático de la filosofía contemporánea

Mirko Skarica, Profesor Titular de la Universidad de Santiago de Chile, es autor de una investigación que lleva por título: “Lenguaje, verdad e interpretación. El giro pragmático-hermenéutico en las tradiciones continental y analítica” (Fondecyt, Chile), donde estudia el pragmatismo en la filosofía postmoderna y propone hacer la distinción entre el filosofar en orden a la praxis y filosofar desde la praxis. Skarica constata que existe una abundante literatura que destaca el carácter pragmático que tiene la filosofía actual.

1- K. F. Gethmann afirma que Ser y tiempo constituye en la filosofía alemana la más temprana concepción de un pragmatismo consecuente.
2- K. Popper en Los dos problemas fundamentales de la epistemología; Tecnos, Madrid, 1998; considera que la orientación pragmática es la única salida para la comprensión de las leyes de la naturaleza.
3- L. Arenas, J. Muñoz, A. Perona, El retorno del pragmatismo; Trotta, Madrid, 2001.
4- Nubiola en La renovación pragmatista de la Filosofía analítica; Eunsa, Pamplona, p. 261.39 Id.1994, y en  W. James y L. Wittgenstein: ¿por qué Wittgenstein no se consideró pragmatista?; en Anuario Filosófico, U. de Navarra, XXVIII/2 (1995), pp.411-423.
5- Rorty, Richard, Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos; Ed. Paidós, Bs. As.-Barcelona-México, 1993; enfatiza el giro pragmático de la filosofía del lenguaje.
6- D’Agostini, F., Analíticos y continentales. Guía de la filosofía de los últimos treinta años; Ed. Cátedra, Madrid, 2000.
7- Putnam, H., El pragmatismo. Un debate abierto; Gedisa, Barcelona, 1999.
8- Faerna, A. M., Introducción a la teoría pragmatista del conocimiento; Siglo XXI, Madrid, 1996.
9- R B. Brandom en Making it Explicit; Harvard U. Press, 2001; piensa que la orientación de la filosofía analítica es pragmática, sus antecedentes se hallan en Kant y claramente en Frege y Wittgenstein.
10- H. Lenk en Pragmatische Philosophie; Hoffmann und Campe, Hamburg, 1975; y en Pragmatische Vernunft; Reclam, Stuttgart, 1979; mantiene que la filosofía necesita una orientación pragmática para salir de su enclaustramiento académico.
11- Okrent en Heidegger’s Pragmatism, Cornell U. Press, Ithaca and London, 1988; y en Heidegger und die praktische Philosophie; Suhrkamp, Frankfurt a. Main, 1989; defiende un verificacionismo pragmático en Ser y tiempo y un pragmatismo trascendental en el último Heidegger.
                Pragmatismo en un nuevo sentido
Según Skarica se califica de pragmatistas a filósofos contemporáneos como Wittgenstein, Austin o Heidegger pero no en el sentido tradicional del pragmatismo que consiste en identificar lo verdadero con lo útil. ¿En qué sentido se entiende el pragmatismo o lo pragmático para calificar a gran parte de la filosofía contemporánea? Algunos autores han ensayado una definición, cuya filosofía ha sido entendida como un pragmatismo. Tenemos el caso de Austin (HTD, Lect. XI, p. 144); y Wittgenstein (Remarks on the Philosophy of Psychology, I § 266. Cf.); quienes aceptan un cierto pragmatismo en sus obras. En el caso de Lenk, sostiene un concepto pragmático que, sin embargo no es pragmatista, según su concepto (Plädoyer für pragmatische Philosophieren, p.310). En cuanto a Popper, éste sustenta lo que denomina ‘pragmatismo consecuente’.

Se pregunta Skarica ¿Qué es este pragmatismo en un nuevo sentido? Para un autor como S. Mas pragmatista es la filosofía que “sostiene que los conceptos y la fijación de las creencias y del significado se vinculan con la práctica” (Notas para una teoría pragmatista de Aristóteles, en RP, p. 19). Mas considera que hay reflexiones de Aristóteles que son pragmáticas y que lo acercarían a Peirce. En el mismo sentido J. Muñoz, discurre que la filosofía cartesiana es en cierto modo pragmática (¿Heidegger pragmatista?, en RP, p. 103). Para Lenk el pragmatismo en la filosofía debe consistir en orientarse a la praxis humana (Die sokratische Aufgabe pragmatischer Philosophie, en PPh, p. 31. Cf. también PV, p. 4), debiendo participar más activamente en la discusión de las ciencias aplicadas y de la técnica, de la economía, de la política y de lo social (PPh, p.314). Por su parte, Nubiola considera que la filosofía del lenguaje actual ha tomado ese camino, vinculándose a problemas prácticos (RPF, p.24).

Según Skarica lo peculiar de la filosofía pragmática consistiría en su orientación a la praxis, un filosofar para la praxis. Putnam supone justamente esta caracterización de la filosofía pragmática, cuando trata de resolver la cuestión acerca del pragmatismo de la filosofía de Wittgenstein (P, p.67). De algún modo Nubiola se suma al parecer de Putnam sobre Wittgenstein, al explicar una suerte de confesión de pragmatismo de parte de Wittgenstein (JW, p. 418. El pasaje citado de Wittgenstein se halla en Über Gewissheit, § 422). Así se entiende por filosofar pragmático un filosofar para la praxis, filosofar para ser aplicado o puesto en práctica, en la medida que está orientado a determinar la acción. Pero Skarica piensa que la vinculación del pensar con la praxis puede entenderse también en otro sentido, inverso al anterior; vale decir, filosofar desde la praxis y no para la praxis.

Kant y el Pragmatismo
restringido a la semántica
Según Brandom, hay una suerte de pragmatismo en Kant en lo que respecta a su concepción del juicio. Kant propone como actividad básica del conocimiento el acto de juzgar, estableciendo así una ‘prioridad pragmática de lo proposicional’, pero de modo que “cualquier discusión acerca de contenidos debe partir con los contenidos del juicio, en razón de que todo lo demás sólo tiene contenido en la medida de que contribuye a los contenidos del juicio” (ME, p.80). Para Kant la explicación semántica parte del acto de juzgar, y así el significado de los elementos del juicio se explica por su contribución al significado del contenido proposicional del acto básico del conocimiento, esto es, el acto de juzgar. Brandom quiere recalcar aquí el pragmatismo semántico de Kant, que consiste en tomar como base el acto básico en que los elementos semánticos ocurren, y a partir de éste explicar a estos últimos. Se trata de un pragmatismo en sentido inverso del que se vio anteriormente. Aquí la reflexión semántica se funda en un tipo de acto, y no es una reflexión que intenta determinar algún tipo de praxis. En otras palabras, se trata de un pragmatismo desde la praxis y no para la praxis. Está claro que en el caso de Kant se trataría de un pragmatismo restringido a la semántica.

El pragmatismo semántico de Frege
Brandom considera que este pragmatismo semántico iniciado por Kant es retomado por Frege y reforzado por Wittgenstein. Frege desde temprano rechaza la concepción del juicio como composición de elementos previos, esto es, conceptos. Frege consideraría como acto aún más básico que el juicio, el de la inferencia: “El inicia su investigaciones semánticas, no con la idea de referencia, sino con el de inferencia. Su primera obra semántica, Begriffschrift de 1870; considera como su tarea la expresión explícita de roles inferenciales. Frege, según Brandom, sigue la línea pragmática iniciada por Kant, pero da un paso más, al considerar el acto de inferencia como el acto básico del conocimiento, y de este modo pasa a considerar los juicios como actos que se interrelacionan entre sí en su uso. Pero enfatiza Skarica que en lo sustantivo, sigue siendo una reflexión pragmática desde una praxis determinada, y no para alguna praxis.

El pragmatismo lingüístico de Wittgenstein
Un paso más radical en este pragmatismo semántico es Wittgenstein por medio de su concepción de los juegos de lenguaje, como los actos básicos, a partir de los cuales se han de explicar los significados de las oraciones, y desde allí, de los términos concurrentes (p. 82). Una observación cabría hacer respecto de lo expuesto. Estos autores no se limitan a delimitar el sentido o el significado de las expresiones judicativas, sino que lo hacen en orden a orientar metodológicamente la actividad filosófica.

En tal sentido podría pensarse que su pragmatismo es un pragmatismo directivo de una praxis, en este caso de la praxis filosófica, lo que los asimilaría al pragmatismo en el sentido de filosofar para una praxis. Se ha de tener en cuenta que con respecto a la actividad del filosofar que es a partir del análisis de una praxis determinada que se determina el objeto del filosofar. Así, dice nuevamente Skarica, se trata de una filosofía pragmática desde la praxis, y no para la praxis.

Respecto a Wittgenstein, Vicente Sanfélix considera que no sólo las obras del segundo período de Wittgenstein presentan rasgos pragmatistas, sino también el Tractatus:
“Si le prestaran una atención más cuidadosa podrían descubrir en ella inequívocos rasgos pragmáticos” (“La mirada distante: Wittgenstein y el pragmatismo”, en RP, p. 124). Sanfélix, apoyado en un análisis de 4. 063, conjuntamente con 6. 341 y 6. 342, concluye “que los hechos que componen el mundo del Tractatus no son independientes de nuestro modo de pensarlos o, dicho más técnicamente, del método de representación que escojamos para describirlos”, y “que en principio no es posible utilizar sólo un único sino varios métodos de representación” (p. 126).

 Si el primer Wittgenstein insiste en que el ‘pensamiento’ y la ‘proposición’ son una ‘figura’ (Bild) de la realidad, lo que pareciera ser un rasgo que lo aparta del pragmatismo, Sanfélix recalca que se ha de tener en cuenta, de acuerdo a 4. 01, que se trata de un modelo de la    realidad    tal    y   como   lo   pensamos   (p. 126).   La acentuación del pragmatismo se da en Wittgenstein en el segundo período de sus reflexiones filosóficas, con ocasión de la teoría de los ‘juegos del lenguaje’, con la que amplía su análisis a todo uso del lenguaje, dejando de lado el análisis exclusivo de la aserción, como ocurre en el Tractatus.

En sus Observaciones filosóficas es la acción del agente la que determina la actitud proposicional y el contenido de las oraciones, “lo que significa que su teoría del significado merece sin duda el calificativo de pragmática”. Otro punto de importancia es el abandono del ‘individualismo’ como punto de partida del análisis lingüístico, para ponerlo en la praxis sometida a reglas sociales, el lenguaje tal como lo usamos en la comunicación de unos con otros, el lenguaje ordinario.

Para Sanfélix, es este punto el que aproxima a Wittgenstein a pragmatistas como Peirce, James o Dewey (p. 132). En esta breve y resumida consideración acerca del filosofar de Wittgenstein, lo que interesa a Skarica mostrar es que la reflexión de Wittgenstein tiene como base la praxis, en su caso la praxis lingüística, consistiendo así su pragmatismo en un filosofar desde la praxis y no para la praxis.

El Pragmatismo lingüístico de Austin
Otro filósofo del lenguaje dentro del giro pragmático es Austin, conforme lo señala Franca D’Agostino:
“La teoría wittgensteiniana de los juegos lingüísticos; la noción austiniana de ‘performatividad’... implican el tránsito de una visión composicional del lenguaje –es decir, el lenguaje se encuentra constituido a partir de términos (singulares y generales) y proposiciones (simples o compuestas) que describen estados de cosas (reales o supuestos)- a una visión pragmática –el lenguaje se encuentra formado a partir de acciones enunciativas que se definen no sólo mediante condiciones de verdad sino también teniendo en cuenta las ‘condiciones de éxito’ (o de felicidad)”(AyC, p. 182).

En esta caracterización, el pragmatismo de Austin consistiría en considerar el lenguaje como un conjunto de acciones, cuya validez consiste en el logro pleno (éxito) al ser ejecutadas. Pero, como lo señala igualmente D’Agostini, más radicalmente que eso, el pragmatismo consiste en colocar como punto de partida en la filosofía el análisis del ‘acto de habla’ (p.183).

En efecto, ya tempranamente Austin centra su interés en el análisis del lenguaje, y no para desarrollar una teoría semántica, sino, en definitiva, para filosofar: “(Austin) concebía el análisis como un paso preliminar, útil (quizá no inevitable) para la solución de problemas filosóficos. En “A Plea for Excuses”, Austin defiende una confianza en las capacidades expresivas de la lengua en el ámbito filosófico que comparte totalmente con la hermenéutica... ” (p.185). Esta confianza puesta en el lenguaje para efectos de filosofar la reitera Austin al desarrollar posteriormente su teoría de los ‘actos de habla’, lo que hace conscientemente, tal como se puede corroborar por las palabras destinadas a cerrar el ciclo de conferencias en que presenta su teoría, publicadas en Cómo hacer cosas con palabras:

“Como suele ocurrir, me ha quedado poco tiempo. Para expresar por qué lo que dicho es interesante. Me limitaré a poner un ejemplo. Desde hace mucho los filósofos se han venido ocupando de la palabra ‘bueno’ y, en tiempos recientes, han adoptado la actitud de examinar cómo la usamos, y para qué la usamos... Aquí tenemos, pues, un ejemplo de una aplicación posible del tipo teoría general que hemos estado considerando. Sin duda que hay otros. Deliberadamente no he querido complicar la teoría general con problemas filosóficos (algunos de los cuales son tan complejos que casi merecen la celebridad de que gozan). No se piense que no soy consciente de ellos. Escuchar y digerir esto tiene que haber sido, por cierto, bastante aburrido y árido; aunque no tanto como pensarlo y escribirlo. Lo divertido está en comenzar a aplicarlo a la filosofía” (HTD, lect. XII, p. 162s).

Entonces, sostiene Skarica, en Austin también se puede apreciar un pragmatismo que consiste en poner el punto de partida de la filosofía en los ‘actos de habla’, lo que hace que dicho filosofar sea pragmático, no porque se filosofe para la praxis, sino a partir de la praxis.

El pragmatismo consecuente de Heidegger
Por último, afirma Skarica, este tipo de pragmatismo no sólo se puede apreciar en los autores de la filosofía analítica, como Austin y Wittgenstein, sino también en Heidegger, como veremos. Richard Rorty considera a Ser y tiempo como un tratado pragmatista, haciéndose eco de la interpretación que Okrent hace de esta obra (“Heidegger, contingencia y pragmatismo”, p. 55. La obra referida de Okrent es HP).

Confiesa que esta interpretación de Ser y tiempo la debe en principio a Brandom30. Ahora bien, el pragmatismo de Heidegger, según Rorty, consiste en ‘desentelectualizar’ el entendimiento, otorgando primacía al entendimiento práctico y “considerando la llamada ‘búsqueda de la verdad teórica desinteresada’ como una continuación de la práctica por otros medios” (p.56). Jacobo Muñoz, por su parte, sostiene que si bien Heidegger rechaza el pragmatismo “como muestra suprema bien de corriente ajena a la tradición filosófica ‘occidental’, bien, según los casos, de degradación filosófica sin más”, sin embargo:

Ser y tiempo ha podido ser considerado sin mayor violencia aparente como documento relevante del pragmatismo consecuente” (¿Heidegger pragmatista?, en RP., p. 106s).

Muñoz se remite a K.-O. Apel (Wittgenstein y Heidegger. La pregunta por el sentido del ser y la sospecha de carencia de sentido dirigida contra toda metafísica) en que se compara la hermenéutica de Heidegger con el análisis de los juegos de lenguaje de Wittgenstein, subrayando el “pragmatismo implícito” en su concepción del mundo en Ser y tiempo (p.107). También se remite a Klaus Oehler, quien habla de un ‘relativismo pragmático’ en Heidegger, en tanto funda el conocimiento en el ser-en-el-mundo, lo que lo aproximaría a una tesis de Peirce. Igualmente se remite a E. Tugendhat, quien “desarrollaba con todo rigor argumental la tesis de un rotundo ‘primado’ de la práctica sobre la teoría, del hacer sobre el conocer, en Ser y tiempo” (p. 108). Finalmente se remite a C. F. Gethmann, quien “retrotrae el ‘pragmatismo consecuente’ de Heidegger a la condición de fundante y no fundado” (p. 108). Esta observación, a mi juicio, es la más pertinente en lo que respecta al pragmatismo de Heidegger, pero se entiende más claramente en el mismo Gethmann.

En efecto, dice Skarica, Gethmann, junto con sostener que Ser y tiempo es “la más temprana concepción de un pragmatismo consecuente en el ámbito del habla alemana”(Heideggers Konzeption des Handelns in Sein und Zeit, p.143), puntualiza que “para (esta concepción filosófica) la esfera de la acción no representa un fenómeno derivado..., sino por el contrario, la esfera de la acción representa el fundamento metódico para la fundamentación de otras esferas” (como por ejemplo, el de la esfera de los fenómenos de la conciencia) ( Id, p. 144). Mark Okrent, a quien se remite Rorty, destaca que el pragmatismo de Ser y tiempo se extiende al último Heidegger, en lo que concierne a la metafísica. Aunque señala que se trata de un pragmatismo restringido, en cuanto que no es pragmático con respecto a la verdad del ser mismo. Por lo visto, se trata de un pragmatismo que pone la praxis de la actividad humana como fundamento de la filosofía, y en tal sentido no se trata de una filosofía para la praxis, sino desde la praxis.

Origen del giro pragmático contemporáneo
Hasta aquí las disquisiciones de Skarica para destacar que poner la praxis de la actividad humana como fundamento de la filosofía es hacer una filosofía desde la praxis pero no para la praxis. Pero tras esta reflexión se impone una pregunta fundamental omitida por Skarica y que repercute en sus presupuestos: ¿Qué razones están detrás del giro pragmático en gran parte de la filosofía contemporánea y por las cuales se pone la praxis, ya sea la praxis como tal (Heidegger), ya sea la praxis lingüística (Wittgenstein, Austin) como fundamento primero del filosofar?

En primer lugar, para hablar del giro pragmático en la filosofía contemporánea tendríamos que referirnos a pensadores que pertenecen cronológicamente al período de posguerra y recorrer el primer estructuralismo (Bachelard, Bajtin, Canguilhem, Cavailles, Mauss y Merleau Ponty), el segundo estructuralismo (Althusser, Benveniste, Bordieu, Chomsky, Dumézil, Genette, Jakobson, Lacan, Levi-Strauss y Serres), el postestructuralismo (Braudel, Bataille, Deleuze, Derrida, Foucault y Levinas), la semiótica (Gadamer, Barthes, Eco, Greimas, Hjelmslev, Kristeva, Peirce, Saussure y Todorov), el feminismo de segunda generación (Lucy Irigaray, Michele Le Doeuff y Carole Pateman), el postmarxismo (Adorno, Horkheimer, Arendt, Heller, Habermas, Apel, Laclau y Touraine), la modernidad (Benjamín, Blanchot, Nietzsche, Simmel y Sollers) y la posmodernidad (Baudrillard, Duras, Lyotard, Lypovetski y Vattimo).

Es decir, se trata de una tarea vasta aunque no imposible, pero que pondría seriamente en cuestión la tesis del profesor Skarica sobre la caracterización de la filosofía contemporánea como una filosofía desde la praxis pero no para la praxis. Así por ejemplo, el segundo estructuralismo con su idea que las estructuras no son esenciales porque son el producto de las prácticas materiales, el postestructuralismo con su examen del concepto de diferencia en todas sus facetas, la semiótica con la tesis que la vida socio-cultural es una lucha de signos y significados,  el postmarxismo con su rechazo del totalitarismo económico  y defensa de la democracia radical, el segundo feminismo con su búsqueda de un lenguaje y filosofía propios, la modernidad con su convicción de que ésta no sólo es industrialización sino también valoración de la conciencia, y la posmodernidad con su cuestionamiento de la epistemología objetivista, las metanarrativas, las tecnologías productivas y el favorecimiento de una política minimalista no se ajustan a una filosofía desde la praxis porque son filosofías para la praxis.

Pero esto no cuestionaría el giro pragmático mismo de la filosofía contemporánea. Sólo significa que el sentido tradicional del pragmatismo que consiste en identificar lo verdadero con lo útil no se ha superado del todo sino que se ha refinado. La filosofía contemporánea no supera ni excluye el sentido tradicional del pragmatismo que consiste en identificar lo verdadero con lo útil sino que lo ha delimitado y reorientado. Así, la ontología de la actualidad en la filosofía de Vattimo supone un extremo pragmatismo hermenéutico donde la disolución del principio de realidad preside un orden del mundo del hecho vigente. Lo útil es ahora la verdad del consenso que sustituye la verdad objetiva.

Sin embargo, y en segundo lugar, qué razones estarían detrás del giro pragmático en gran parte de la filosofía contemporánea. Una primera aproximación constata que el giro pragmático de la filosofía contemporánea ya no tiene plena significación solamente en Estados Unidos e Inglaterra, como lo fue en un primer momento con Pierce, James y Dewey, sino que ahora ha adquirido un carácter europeo, continental y muy propio del primer mundo. Después es posible advertir que el giro pragmático se ha insertado en muy variadas direcciones filosóficas. Pragmatismo hay en el postestructuralismo, el postmarxismo, el feminismo, el modernismo y el postmodernismo al hacer depender la verdad de lo útil para la diferencia, la sociedad, la mujer, la conciencia y la política.

El propósito pragmático es especialmente notorio en la hermenéutica posmoderna que formula implícitamente que la función toda del pensamiento es producir hábitos de tolerancia y pluralismo. Lo que significa una cosa es simplemente interpretación, el ser ya no es lo que “es” sino simplemente “impresión de un evento presentista” que hace posible la libertad y la paz. Esto prácticamente significa que concebimos el objeto de nuestras concepciones considerando los efectos que pueden ser concebibles como susceptibles de alcance práctico. En otros términos el giro pragmático significa la exploración hermenéutica del ser histórico, especialmente tal como se manifiesta en la tradición del lenguaje y sus efectos prácticos. El giro pragmático no es tanto una doctrina que expresa conceptualmente lo que el hombre concreto desea y postula, como la expresión de una teoría que permite otorgar significación a las únicas proposiciones que puedan tener sentido, en este caso las hermenéuticas.

En el origen del giro pragmático de la filosofía contemporánea de posguerra está la vinculación con la distinción kantiana entre lo regulativo y lo constitutivo, y la acentuación de lo regulativo, lo cual supone que nuestro conocimiento está limitado a los fenómenos y que la conciencia desempeña un papel fundante en las formas de conocer, creer y actuar. Este ficcionalismo de lo inmanente que supone una teoría ontológica donde el presente o el hecho vigente es estrictamente lo real, supone un substrato en el que la crisis del ideal universalista  de  la  razón  se  conjuga  con  el  relativista establecimiento de la interpretación como parámetro del pensamiento posmetafísico. En el mundo tardomoderno la hermenéutica actual intenta recuperar la racionalidad noético-práctica de la verdad ontológica interpretativa para hacer prevalecer sobre la Verdad objetiva una racionalidad ético-política.

Pero esta racionalidad ético-política no es del sujeto que desea, sino del objeto que seduce. El sujeto tras perder su privilegio modernista permite que todo parta del objeto y todo retorne a él. Entonces, las cosas privadas de finalidad permiten que todo se convierta en una especie de juego, donde se confunde lo real y lo virtual y se llega a confundir realidad y ficción. La disolución del principio de realidad se une a la disolución de la subjetividad humana, en consecuencia ya no es el hombre el que piensa el mundo, sino que el mundo piensa al hombre. El giro pragmático ya no está en función de lo humano, sino de un mundo virtual que sustituye a la verdad objetiva. La deshumanización del hombre se completa con la subjetualidad del mundo. El hombre desubstancializado se recubre con moda y espectáculo, como naufragio perfecto del sujeto.

Según Vattimo la koiné cultural de la actualidad es la interpretación, es decir que no se puede partir de la posición del observador sino de un diálogo de juegos de lenguaje con otras culturas y en el seno de la cultura misma. El punto de partida del filosofar posmoderno ya no es el sujeto, el otrora giro copernicano de la modernidad que había abandonado al objeto es ahora reemplazado por la función dialógica pero independiente del sujeto que dialoga. Con esto se produce una radicalización formalista de índole nominalista que resulta sustituyendo al mismo sujeto por el diálogo, la sujetualidad se volvió tan transparente que en la búsqueda de un ideal de emancipación tan cristalino se anula al propio sujeto por amenazar la realización de la autotransparencia. La racionalidad heterotópica de la pluralidad es la búsqueda extremada de una emancipación sin violencia que se manifiesta en R. Rorty como historia de la metafísica como cuento de los eventos casuales, en Vattimo como época del crepúsculo de la razón y en Lyotard como el fracaso del proyecto moderno.

En buena cuenta, en el origen del giro pragmático de la filosofía contemporánea está la radicalización de las posiciones nominalistas, donde a diferencia del nominalismo medieval lo real ya no es el ser individual sino que lo real mismo se ha disuelto, y la ficción se volvió en substancia primera. Contra las concepciones universalistas, dialéctica e intuitivista, el nominalismo pretende irrogarse como la única que corresponde a una sociedad libre y que permite la tolerancia.

BIBLIOGRAFIA (no se incluye la ya citada)
Austin, J. L. (1990) Cómo hacer cosas con palabras, Paidós.
Frege, G. (1984) Investigaciones lógicas, Tecnos.
Foucault, M. (1969). Arqueología del saber, Siglo XXI, México.
Gadamer, H. G. (1977) Verdad y Método, Sígueme, Salamanca.
Heidegger, M. (1993) El Ser y el Tiempo, FCE, México.
Kant, M. (1968) Crítica de la razón  práctica, Losada, B. Aires.
Lechte, J. (1996) 50 Pensadores Contemp. Esenciales, Cátedra.
Levinas, E. (1995) Totalidad e Infinito, Sígueme, España.
Lyotard, F. (1983) La condición posmoderna, Planeta, B. Aires.
Nietzsche, F. (1996) Ecce Homo, Alianza, Madrid.
Rorty, R. (1991) Contingencia, ironía y solidaridad, Paidós.
Vattimo, G. (2003) Nihilismo y emancipación, Paidós.
Vattimo, G. (1996) Creer que se cree, Paidós, Barcelona.
Wittgenstein, L. (1981) Tractatus, Alianza, Madrid.

Wittgenstein, L. (1968) Los cuadernos azul y marrón, Tecnos. 

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