miércoles, 4 de enero de 2012

ASTROLOGÍA Y CAÍDA DEL IMPERIO INCA


PREMONICIÓN, TEOFANÍA Y ASTROLOGÍA

EN LA CAIDA DEL IMPERIO INCA

GUSTAVO FLORES QUELOPANA
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

           

1. AUGURIOS Y VATICINIOS
Muchos son los augurios y vaticinios que registran las diversas fuentes de los cronistas sobre la destrucción del imperio de los Incas. Empezaremos por el Inca Garcilaso, que es la fuente escrita más rica que recoge los vaticinios sobre la caída del Imperio Inca.
El primero en conocer los vaticinios sobre la caída de los Reyes del Perú fue Viracocha, VIII Inca, quien dispuso mantenerlo en secreto, pero el primero en hacerlo público fue Huayna Cápac, XII Inca.
“Dicen los indios que como este Inca, después del sueño del fantasma, quedase hecho oráculo dellos, los amautas, que eran filósofos, y el sumo sacerdote, con los sacerdotes más antiguos del templo del Sol, que eran los adivinos, le preguntaban a sus tiempos lo que había soñado, y que de los sueños y de los cometas en el cielo y de los agüeros de la tierra, que cataban en aves y animales y de las supersticiones y anuncios que de sus sacrificios sacaban, consultándolo todo con los suyos, salió el Inca Viracocha con el pronóstico…que los Reyes del Perú tuvieron que, después que hubiese reinado cierto número de ellos, había de ir a aquella tierra gente nunca vista y les había de quitar la idolatría y el imperio” (Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales de los Incas, Lima, UNMSM, 1960, V. 2, Libro V, cap. XXVIII, p.139).
Sobre la llegada de los españoles y sus armas invencibles, nos dice lo siguiente al referirse al testamento y muerte de Huayna Cápac (1480-1528):
“Muchos años ha que por revelación de Nuestro Padre el Sol tenemos que, pasados doce Reyes de sus hijos, vendrá gente nueva y no conocida en estas partes, y ganará y sujetará a su imperio todos nuestros reinos y otros muchos; yo me sospecho que serán de los que sabemos que han andado por la costa de nuestro mar…También sabemos que se cumple en mí el número de los doce Incas…Y os mando que les obedezcáis y sirváis como a hombres que en todo os harán ventaja; que su ley será mejor que la nuestra y sus armas poderosas e invencibles más que las vuestras…Acuérdome que un día, hablando aquel Inca viejo en presencia de mi madre, dando cuenta de estas cosas y de la entrada de los españoles y de cómo ganaron la tierra, le dije: Inca ¿Cómo siendo esta tierra de suyo tan áspera y fragosa, y siendo vosotros tantos, tan belicosos y poderosos para ganar y conquistar tantas provincias y reinos ajenos, dejasteis perder tan presto vuestro Imperio y os rendisteis a tan pocos españoles? Para responderme volvió a repetir el pronóstico acerca de los españoles…y dijo cómo su Inca les había mandado que los obedeciesen y sirviesen…Habiendo dicho esto, se volvió a mí con algún enojo de que les hubiese motejado de pusilánimes y cobardes, y respondió a mi pregunta diciendo: “Estas palabras que nuestro Inca nos dijo fueron las últimas  que nos habló, fueron más poderosas para nos sujetar y quitar nuestro Imperio que no las armas de tu padre y sus compañeros trajeron a esta tierra”. Dijo esto aquel Inca para dar a entender cuánto estimaban lo que sus Reyes mandaban, cuánto más lo que Huayna Cápac les mandó a lo último de su vida, que fue el más querido de todos ellos” (Ibídem. V. 3, Libro IX, cap. XV, p. 212, 213).
Sobre la muerte del águila real y su vaticinio:
“…acaeció en el Cuzco un portento y mal agüero que escandalizó mucho a Huayna Cápac y atemorizó en extremo a todo su imperio; y fue que celebrándose la fiesta solemne al Sol, vieron venir a un águila real que era atacada por  cinco o seis cernícalos…que la mataban a golpes. Ella no pudiendo defenderse se dejó caer en medio de la plaza mayor, entre los Incas, para que le socorriesen. La tomaron y vieron que estaba enferma, cubierta de caspa, como sarna, y casi pelada de las plumas menores. Le dieron de comer y procuraron ayudarla, más nada le aprovechó, que dentro de pocos días se murió, sin poderse levantar del suelo. El Inca y los suyos lo tomaron por mal agüero, en cuya interpretación dijeron muchas cosas los adivinos que para casos semejantes tenían elegidos; y todas eran amenazas de la pérdida de su imperio, de la destrucción de su república y de su idolatría” (Ibídem, V. 3, Libro IX, cap. XIV, p. 207).
Otros cronistas que también cuentan los testimonios oraculares son: Cieza de León, que registra la señal de mal agüero en el cielo mirado por Atahualpa (La crónica del Perú, Biblioteca de autores españoles, Madrid, Ed. Atlas, 1947, t. II, Cap. LXV, p. 417), Pedro Pizarro, que señala que sobre la llegada de gente barbuda se sabía cinco años atrás (Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú, Biblioteca de autores españoles, Madrid, Ed. Atlas, 1965, Tomo V., pp. 238-239), Bernabé Cobo, que refiere las noticias que tuvo Huayna Cápac sobre la llegada de los españoles a las costas del Tahuantinsuyo (Historia del nuevo Mundo, Biblioteca de autores españoles, Madrid, Ed. Atlas, 1964, Libro XII, cap. XVII, pp. 92-93), Ramos Gavilán, relata sobre la visión en el cielo nocturno de gran fuego en forma de pirámide (Historia del célebre santuario de Ntra. Sra. De Copacabana, Lima, Ed. Ignacio Prado Pastor, 1986, Libro I, Cap. XVII, p. 115) y Pedro Sarmiento de Gamboa, quien nos enumera sobre los sacrificios a ídolos y consultas a oráculos por parte de Huáscar antes de batallar contra su hermano Atahualpa (Historia Indica. Biblioteca de autores españoles, nº 135, Madrid, 1965).
2. NATURALEZA DE LOS AUGURIOS
La primera pregunta que se impone es ¿qué fueron los anuncios de la caída del imperio de los Incas? ¿Fueron profecías o clarividencia? ¿Premoniciones o simple estrategia política?
La Profecía es el don sobrenatural que permite conocer el futuro. Está más emparentada con el vaticinio, o anuncio del futuro, que con la magia, la cual es la ciencia o el arte para provocar efectos manipulando la naturaleza y ayudándose de fuerzas sobrenaturales (véase Rene Sudre, Tratado de parapsicología, Siglo Veinte, 1978). Algo más sobre la Magia. El Padre Idígoras es de la opinión que el pensamiento mágico humano no es enteramente malo, pues sirve de catalizador e impulsor incluso de la investigación científica, filosófica, poética y en la vida cotidiana. La Magia con su sueño de manipular las cosas abre el camino al hombre hacia el dominio efectivo del mundo. Así, Magia y Ciencia se copertenecen (Magia y religión popular,  Conferencia Episcopal Peruana, Lima 1991).
La Profecía tampoco es chamanismo, definida por Mircea Eliade como técnica arcaica de éxtasis. El chamán amazónico, como es conocido, puede adivinar el futuro recurriendo al brebaje alucinógeno de la ayahuasca, y el chamán andino hace lo mismo pero bebiendo el zumo del alucinógeno llamado San Pedro. El conocimiento de las plantas alucinógenas permitió aparentemente la percepción extrasensorial de los libros de Carlos Castañeda, profeta de los norteamericanos de los años 60, su libro Las enseñanzas de Don Juan (FCE 1968) vendió millones de copias y al parecer, según nuestro conocido Eduardo González Viaña, su único error fue casarse. En 1998 apareció su ex mujer, que con papeles en mano demostró que Castañeda era un imaginativo cajamarquino (Diario El Comercio, Lima, domingo 29/11/98).
Pero las señales en el cielo recogidas por las crónicas nos hacen también pensar en la manifestación de un fenómeno astrológico. Que no lo dijeran así los cronistas, era debido a la condena por la Iglesia de la práctica de la astrología horoscópica. En esto influyó san Agustín (354-430), el cual atacó la astrología vulgar como una actividad fraudulenta, practicada por impostores y charlatanes que lo que hacían era incrementar el fatalismo astrológico. La libertad debía ser protegida a cualquier precio, pues de otro modo no habría responsabilidad humana. Agustín apelaba al problema de los gemelos que a menudo sufrían destinos diferentes. Pero no dejó de abrir la posibilidad de la influencia física pero en la medida que sólo afectaba al cuerpo (Agustín, Ciudad de Dios, y Confesiones, IV.3 y VII.6). También Nicolás Oresme, uno de los más agudos filósofos naturales del Medioevo, escribió sendas obras atacando la astrología, pero admitió la parte de la astrología que trataba de acontecimientos de gran alcance, tales como plagas, hambrunas, guerras, inundaciones, nacimiento y caída de reinos (G. W. Coopland, Nicole Oresme and the astrologers, pp. 53-57, Cambridge, Mass. Harvard University Press, 1952).
Efectivamente, los estudiosos medievales consideraban la teoría y la práctica astrológica con criterios de racionalidad medievales y por la evidencia a la que tenían acceso.  Por un lado distinguían la astrología como un aspecto de la filosofía natural y la astrología como arte de hacer horóscopos. A esta última se le opuso una serie de objeciones filosóficas, empíricas y teológicas y siguió siendo objeto de discusión. Pero la astrología en el primer sentido, como un aspecto de la física cósmica, fue muy tenida en serio. En la cultura Inca primó una visión del cosmos activo y orgánico, muy parecido en este aspecto al estoico que defendió la ciencia de la astrología, superpuesto con las creencias religiosas tradicionales. Y no es errado suponer que también asumieran la astrología como la investigación empírica y racional de las conexiones causales entre los cielos y la Tierra. Por tanto, las luces vistas en el cielo en forma de pirámide eran interpretadas astrológicamente como la señal física de la influencia de las divinidades celestes en la caída del reino de los incas. Era en la primera mitad del siglo XIV, cuando acontece la aparición del fantasma, luego, el sueño precognitivo, casi 181 años antes de la invasión. Todo lo cual es interpretado por el adivino mayor como la destrucción del Imperio después del Inca XII. Claro que aquí hay algo más extraño. Se indica con claridad que toda la catástrofe acontecerá después del Inca XII. Es decir que el vaticinio no se limita a anunciar el acontecimiento físico de la caída del reino sino que señala horoscópicamente un determinado Inca. Y así sucedió.
Ahora bien, estas distinciones no son de poca monta porque si bien el astrólogo es que anuncias acontecimientos sobre la base de configuraciones planetarias y estelares, en cambio el Profeta es el hombre que proclama o interpreta la voluntad de Dios sin más señales que las enviadas por la divinidad. El primero se basa en la posibilidad de la influencia física, externa y cósmica, el otro en la posibilidad de la influencia divina o espiritual. En la parapsicología las profecías son clasificadas como casos de clarividencia en el tiempo, pero según Rhine, reconocido parapsicólogo norteamericano, no niegan una “libertad restringida” dado que presentan importantes lagunas y una débil proporción de éxitos. Sin embargo, también existe la opinión de la necesidad de diferenciar entre Profecía y clarividencia. Los profetas son hombres de gran espíritu religioso –místicos, moralistas, reformadores o jefes políticos- que florecieron especialmente entre el pueblo judío (Isaías, Ezequiel, Daniel, etc.). Para los musulmanes Mahoma fue un Profeta. En cambio la clarividencia es el anuncio de sucesos buenos o malos en el futuro que no interpretan necesariamente la voluntad de Dios, ni nacen de hombres de espíritu religioso. Pueden ser simples magos, adivinos o de otra actividad. Nostradamus, Cagliostro, Erik Jan Hanussen, vidente vienés asesinado por Hitler por haber predicho el destino trágico de Alemania, fueron clarividentes y no profetas (véase Paola Giovetti, Ciencias ocultas, Tikal, 1994). Las visiones de los clarividentes no interpretan la voluntad de Dios, por eso acentúa lo terrorífico. El profeta tiene profecías y el clarividente tiene visiones. Las visiones apocalípticas del libro de Juan son revelaciones del plan escatológico de Dios. De modo que la visión profética está vinculada a la Revelación, mientras que la visión clarividente está vinculada con el acontecer temporal concreto.
Para los incas no había duda que los augurios se trataban de “revelaciones de Nuestro Padre el Sol”. Pero aquí cabe la pregunta ¿Dios puede revelarse a pueblos paganos? Las religiones prebíblicas o intuitivas, como el budismo, hinduismo, zoroastrismo, etc., se basan en mitos y leyendas; mientras que las religiones reveladas (judaísmo, cristianismo, mahometanismo) se sostienen en la Revelación. Doctrinariamente se enseña que la historia de la Revelación ya terminó pero la historia de la salvación aun continúa. En este sentido, Dios puede adaptarse al mundo cultural de otros pueblos y aun cuando no se siga revelando en libros y autores inspirados puede seguir haciéndolo en acontecimientos. Estos hechos son conocidos como teofanías, o manifestación de Dios en la naturaleza (véase Edgar Royston Pike, Diccionario de religiones, FCE, 1990). Recordemos que para Juan Escoto Erígena (810-877) el mundo es una teofanía de Dios.
Pero antes de tomar una decisión sobre la naturaleza de los augurios, preguntémonos si éstos no podrían se premoniciones. Consultando el asunto con mi amigo el embajador Antonio Belaunde Moreyra, me decía que era de la opinión que se trataba de premoniciones de la providencia divina. Veamos si esto puede ser así. En psicología la premonición es también llamada precognición, entendida como conocimiento previo de alguna cosa o acontecimiento por vías distintas de la deducción lógica. Parece fuera de duda que el hundimiento del Titanic, por ejemplo, fue previamente “conocido” por algunas personas. Las grandes catástrofes suelen ser generalmente objeto de precognición para las personas dotadas de esta especial sensibilidad. Todo hace indicar que el Inca Viracocha era una persona especialmente dotada con la facultad de la precognición y “conoció” con bastante anticipación la destrucción del imperio Inca. Pero los augurios no se reducen al sueño de este Inca sino que multiplican en otras manifestaciones de diferente naturaleza, como la muerte del águila real en la ceremonia real, la visión en el cielo de un gran fuego en forma de pirámide y las demás señales de mal agüero en el cielo.
Desde mi punto de vista los augurios vistos por los incas no eran revelaciones, ni clarividencia, sino teofanías y premoniciones, las cuales son parte de la historia de la salvación de la humanidad y de la adaptación de Dios al mundo cultural de otros pueblos. Precognición, por ejemplo, fue el sueño del Inca Viracocha, VIII Inca; teofanías, más bien, fueron el fantasma barbado que vio el príncipe Viracocha, la muerte del águila real en el Cuzco, la visión en el cielo de un gran fuego en forma de pirámide, los terremotos y salida del mar, los cometas en el aire, el extraño aspecto de la Luna, el parto de una mujer de un niño blanco y otro negro.
Mientras la precognición es interpretada por la persona que recibe la visión, las teofanías por el contrario, requieren de hierofantes o personas conocedoras de los misterios, los oráculos y el culto. Estos sacerdotes más antiguos del templo del Sol eran los encargados de interpretar las señales divinas en la naturaleza. Tanto la  precognición del  Inca Viracocha como la teofanía fueron tomadas por los incas como pronósticos o revelaciones de la divinidad. Lo cual no es falso, pero se trata de una verdad a medias porque no distingue la fenomenología religiosa. Precognición y teofanía no pueden ser puestos simplemente en un mismo saco sin diferenciarlos, nosotros con el bagaje religioso de las religiones reveladas y de la parapsicología, estamos en condiciones de hacerlo. Lo cual nos permite una apreciación más matizada de dichos fenómenos religiosos y sobrenaturales.
Como el lector podrá advertir en la presente interpretación estamos muy lejos de reducir lo religioso a lo histórico, esto sería un reduccionismo empobrecedor innecesario y desfasado. En cambio, para el enfoque positivista o cientificista todos estos augurios incas resultan ser simple lenguaje mítico que historiza las fábulas. Por su parte, para el racionalismo filosófico, que deshistoriza la Revelación, se trata simplemente de una simple lectura alegórica de los hechos. La hermenéutica positivista e historicista, como vemos, disuelve la verdad de los dogmas en el criterio histórico social y desaparece el mensaje de la Gracia y el fin escatológico de la vida y del mundo.
En cambio, la hermenéutica metafísica basada en la luz otorgada por Dios para renovar la interpretación de los dogmas, sin negar su eje cristológico proclama la verdad de Cristo de modo constantemente nuevo. Y en esta proclamación está el reconocimiento que Dios se revela adaptándose al ámbito cultural de otros pueblos y culturas, pero para comprender la interpretación del acontecimiento religioso hay que basarse en la fe o en la razón sobrenatural. Sin ello no es posible admitir ni la posibilidad de teofanías, aunque sí de las premoniciones.
Me explico. La parapsicología estudia el fenómeno sobrenatural insinuando la existencia de una fuerza psíquica de origen desconocido. Describe fenómenos inmateriales como prosopesis o cambios bruscos de personalidad, telepatía y metagnomia o conocimiento de algo normalmente inaccesible a la mente ordinaria; y los fenómenos fisiológicos como fluido psíquico, telergia, teleplastia y encantamientos. Filosóficamente considera que el espiritismo no logra demostrar la supervivencia del alma invocada, y la posible existencia de un depósito común de conciencia, como lo hizo W. James, es una hipótesis. En otras palabras, se debate entre la tesis mentalista y la espiritualista.
Pues bien, la Religión, lejos del panorama incierto de la Parapsicología, se afinca en la realidad de los fenómenos espirituales. Por ello es que más arriba se afirma que la teofanía requiere admitir la realidad del acontecimiento religioso, de lo contrario es ilusión.
En consecuencia, si la naturaleza de los augurios incas fue de índole paranormal, en el caso de Viracocha Inca; astrológica, en la cuestión de las señales en el cielo; y religiosa, en el tema de las teofanías, entonces es necesario admitir la naturaleza espiritual de dichos fenómenos. Esto evidentemente colisiona con las teorías humanas, naturalistas y políticas sobre el origen de la religión y el fenómeno espiritual, las cuales ven que la función de la religión es meramente psicológica, moral y social.
3. NATURALEZA DEL TESTAMENTO
Si el Cielo y los hados habían ordenado la caída del Imperio de los Incas, entonces era sensato que el Inca Huayna Cápac pensara en una transición lo menos traumática posible para su pueblo, a través de una política de paz. Y esa fue la orden que consignó en su testamento para sus súbditos.
Los más escépticos han supuesto que el extraño personaje aparecido como fantasma al príncipe Viracocha era un náufrago español, lo cual resulta bastante inverosímil dado que hasta 1350, fecha en que recién se vuelve emperador, los peninsulares no habían puesto pie en América. Además, si eso fuese probable por qué no se le presentó como un dios civilizador, lo cual le traería mejor suerte.
Los cronistas no fueron ajenos a la interpretación de los augurios incas, más bien, lejos de estar todos de acuerdos, existieron interpretaciones muy encontradas. En todo caso todos estuvieron de acuerdo en el esclarecimiento de la naturaleza de los augurios incaicos. Esto era un punto crucial en la Conquista dado que se discutía mucho sobre la presencia de Dios sobre los gentiles en estas tierras. Ofrecemos el cuadro siguiente:

Cuadro nº1
                           TEORIAS SOBRE EL ORIGEN DE LOS AUGURIOS
1. SOBRENATURAL.-
  1.1 Demonio (Jerónimo de Mendieta, Juan de Acosta, Bartolomé de las Casas, Clavijero)
  1.2 Dios usó demonio (Lizama)
  1.3 Dios (Benavente, López de Gomara, M. de Torquemada)
2. NATURAL.-
  2.1 Origen Metafísico (Prescott)
  2.2 Origen materialista (historicismo positivista)

En suma, lo que tenemos primero es el “Periodo de los Portentos”, donde la divinidad envía al Inca Viracocha no una revelación, sino primero una aparición, el fantasma, y luego, un sueño precognitivo, 181 años antes, el cual convertido en adivino mayor augura la destrucción del Imperio después del Inca XII. Luego viene el “Periodo del Secreto”, el cual abarca los gobiernos de Viracocha, Pachacutec y Túpac Yupanqui, alrededor de 58 años en total. Posteriormente, se sucede el “Periodo de Búsqueda”, con el viaje del Inca XI Túpac Yupanqui (1468-1480) para informarse de las culturas allende los mares, no se sabe si fue con el fin de abatirlos por mar antes de su llegada. Finalmente adviene el “Periodo de Difusión”, con Huayna Cápac y su resignación ante lo que “el Cielo y los hados habían ordenado”. Pero esta resignación va acompañada de un espíritu de conciliación con el invasor, pues la predicción decía que los que venían eran superiores, por lo que el Inca deseaba un tránsito pacífico para los suyos.
¿Inventó Huayna Cápac, ayudado por la cúpula dirigente, algún mito fantástico al pueblo por razones políticas? ¿Pudieron camuflar la verdad de la aparición de gentes extrañas, remitiendo un relato alegórico 181 años hacia atrás, es decir, hacia el Inca VIII Viracocha? Todo es posible dentro de una historia contrafáctica, pero la mentalidad mítico-religiosa del mundo prehispánico no colisiona con la veracidad histórica de los augurios. De modo que, no es necesario suponer estratagemas políticas de Huayna Cápac para no oponer resistencia al invasor. El sociologismo reduccionista  distorsiona la naturaleza de los augurios, que no son mitos ni creencias, sino hechos, además no permite apreciar la secuencia comunicativa de las realidades trascendentales de lo religioso.
En suma, los Incas no inventaron ningún mito para comunicar al pueblo la llegada de gente extraña que los destruiría, ellos ya se movían entre mitos y si algo les preocupó fue la forma de aminorar el impacto del choque cultural, lo que obviamente no tuvo éxito (Para una discusión más extensa consúltese Leopoldo Zea (compilador), Ideas y Presagios del descubrimiento de América, FCE 1991).
4. LA TEORIA FILOSÓFICA UNIFICADA
Miguel León Portilla es de la opinión de que “es necesario conceder mucho mayor significación a los dioses nativos en este contexto, tanto en lo que toca a Mesoamérica como a la región andina” (ibíd., Profecías y portentos en víspera de la Conquista, p. 80). Y más adelante agrega “los mayas hurgaron también en sus libros. Los ah k¨inob, sacerdotes del sol y del tiempo, lo vieron muy claro: estaban ya en la veintena de años de signo 11-Ahua. Algo muy importante iba a ocurrir. El antiguo orden se alteraría: en esa veintena 11-Ahua entraron en Yucatán “los comedores de anonas”, los conquistadores, hombres de Castilla. Extraña ciencia es ésta en la que no se ha esfumado “el prólogo en el cielo”. En Mesoamérica, su antigua creencia de los cómputos del tiempo da sentido a las profecías. Si el Demonio y el Dios de los cristianos tal vez nada tuvieron que ver con cuanto ocurrió, en cambio los dioses nativos y sus destinos estuvieron presentes en las conciencias” (Ibíd., p. 81).
Como vemos León Portilla propone una teoría religiosa de los dioses locales, donde el providencialismo del Dios cristiano no interviene, por lo menos en las conciencias de los nativos. Sin embargo, esta teoría adolece de una debilidad y es que si aceptamos a los dioses locales tenemos que también aceptar algún papel para el Dios cristiano omnipotente. De modo que a éste último no se le puede excluir de los acontecimientos de la caída de estos reinos. De ahí que resulte más interesante, por su carácter interreligioso, la teoría idolátrica del Inca Garcilaso: “los Reyes del Perú tuvieron que, después que hubiese reinado cierto número de ellos, había de ir a aquella tierra gente nunca vista y les había de quitar la idolatría y el imperio” (Op. cit., V. 2, Libro V, cap. XXVIII, p.139). “Su ley será mejor que la nuestra” añadirá Garcilaso mentando el testamento de Huayna Cápac (Op. cit., V. 3, Libro IX, cap. XV, p. 212).
La pregunta central se lo formula Elsa Cecilia Frost: “¿por qué se cumplen las profecías?...Pero si aun aceptamos que la profecía tiene un origen sobrenatural, esto no resuelve el problema, pues si el Dios cristiano era desconocido para tantos pueblos, ¿quien es el autor de las profecías que se encuentran entre ellos?” (L. Zea, Comp., Op. cit., De anuncios y profecías, p.175). Y más adelante concluye: “El descubrimiento, la conquista y la cristianización de estas tierras no son, en consecuencia, simples accidentes, sino parte importantísima del plan providencial de la historia” (Ibíd., p. 191). Y a quién, preguntamos por nuestra parte, pertenece el plan providencial de la historia, pues, como no puede ser de otro modo, al Dios cristiano. En consecuencia llegamos al mismo punto de la teoría idolátrica del Inca Garcilaso. Pero bien visto, este enfoque puramente religioso no resuelve la cuestión. Pues en los vaticinios y profecías están involucrados fenómenos que pertenecen al terreno astrológico, parapsicológico y también político. De manera que se hace indispensable proponer una teoría unificada que proporcione una explicación más completa y matizada de los acontecimientos.


Cuadro nº 2
                               NATURALEZA DE LOS AUGURIOS INCAS
1. Inca Viracocha- sueño precognitivo
2. señales naturales- teofanías
3. testamento Huayna Cápac- política de paz

Lo que nos propusimos desde el principio fue encontrar el marco conceptual adecuado para comprender los augurios sobre la caída del imperio incaico. Primero, la teoría política-ideológica, que insiste en la elaboración a posteriori de los presagios, nos pareció inconsistente. Por ejemplo, el sueño precognitivo y las sucesivas teofanías acontecieron mucho antes de que se supieran sobre la llegada de los españoles y entonces cómo sería posible que tales visiones fueran inventos ideológicos formulados con fines políticos. Habiendo refutado la teoría política, se procedió a formular la defensa de una nueva teoría de lo paranormal, que utilizaba el fenómeno de la premonición. Con la premonición se abrió también el poder explicativo de la teoría religiosa, que empleaba el fenómeno de las teofanías. Así se empareja por primera vez la explicación parapsicológica con la explicación religiosa. También se entrecruza y superpone la teoría astrológica, como forma de conocimiento de los sumos sacerdotes que descifra en los cielos acontecimientos terrenales. Pero a su vez se toma en cuenta la teoría política, en su aspecto estratégico por parte de Huayna Cápac, para alcanzar una verdadera unión entre los enfoques parapsicológico, religioso, astrológico y político en una teoría única, explicatoria de los augurios sobre la caída del imperio Inca, proporcionando así una teoría filosófica unificada que responde a las cuatro tipos de consideraciones.
En otros términos, el problema al que se enfrenta el estudioso de los vaticinios sobre la caída del imperio incaico es el de la insuficiencia de los enfoques parciales y el de la necesidad de recurrir a un enfoque filosófico que integre diversas las perspectivas. De otra forma las diversas posturas resultaran incoherentes ante las profecías y portentos que preludiaron  el drama que trastocó a incas, mayas, tarascos, mexicas u otros pueblos.

1 comentario:

  1. Muy buen estudio, mi estimado Gustavo; por lo menos a mí me aclara bastantes dudas.

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