viernes, 27 de junio de 2014

CORPORATIVISMO BUROCRÁTICO VIRREINAL PERUANO

EL CORPORATIVISMO BUROCRÁTICO VIRREINAL PERUANO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía

 
Con el oro y la plata de México y Perú, la España Imperial se hace de una flota inigualable con la que derrota a los turcos y un poderoso ejército que se hace de Italia y Flandes. España es un producto tardío de la idea imperial bajo los Austrias y que en menos de un siglo se encontrará en decadencia ante el desafío del imperio británico tras el arribo al trono de la dinastía borbónica, que perdió sus dominios en Europa y queda dependiente de sus colonias americanas. En consecuencia, el imperio español representa en el Perú otra etapa del desarrollo de la conciencia nacional. La idea de nación y conciencia nacional no es fruto del liberalismo ni de la modernidad, sino de la consolidación de las monarquías en medio de las instituciones feudales en descomposición.

Esto es importante señalarlo porque la vida colonial no fue la instauración del feudalismo y una Edad Media en el Perú, simplemente porque las nuevas estructuras que desataron las fuerzas desintegradoras del feudalismo surgieron en el siglo XI y en el siglo XVI ya no imperaban; de manera que llegaron a América la monarquía que disminuyó el poder feudal, la burguesía urbana que consolidó el fenómeno urbano y la propiedad sobre la tierra en vez de su disfrute. Y esto ocurre muy temprano en la historia colonial, tanto así que a escasos ochenta años de la Conquista el indio de abolengo comarcal, como era el indio cristiano culto Guamán Poma de Ayala, termina totalmente empobrecido por esa política de usurpación y exacción activa de los conquistadores, acontecimiento que lo lleva a escribir su apasionada crónica donde preconiza una república autónoma de indios separada de los españoles, que es enviada al Monarca español Felipe III probablemente en 1613. Guamán Poma fue víctima de la expoliación corporativa burocrática española, que terminó apropiándose de las tierras indígenas. Además, es oportuno subrayar que los Reyes Católicos hicieron desaparecer los vínculos feudales con el fin de fortalecer la monarquía absoluta y monopolizar el poder político. Y el título de “Católicos” concedido por el papa Borgia, Alejandro VI (1492-1503), se debió por devolver Nápoles de la Santa Sede, la reconquista de Granada de los musulmanes, evangelizar en Nuevo Mundo y expulsar a los judíos de España.

Es conveniente reiterar que el feudalismo fue una solución temporal en la Edad Media y no fue propiamente la misma Edad Media[1]. El ordenamiento económico social colonial no era feudal ni semifeudal, sino propio de una sociedad corporativista burocrática, donde la brillante nobleza de ociosos distinguidos deja en manos de un ejército de burócratas la desintegración de la sociedad monárquica organicista en un sistema corporativo burocrático y en donde el disfrute de la tierra cede el paso a su propiedad. Durante la teocracia despótica del servilismo incaico tampoco hubo feudalismo, porque el sistema económico funcionaba no sobre la posesión de la tierra, sino sobre el control de la energía humana o el trabajo del runakuna. Por su parte, la monarquía absoluta española se plasmó sobre la desintegración de los vínculos feudales durante los Reyes Católicos. Si la república mantuvo la quebranto colonial de la población indígena fue gracias a la extorsión de los excedentes de la población indígena[2] y de otras castas, más no a un régimen semifeudal[3]. El régimen feudal es organicista y funcional, forma parte de la vida antigua donde prima el hombre natural[4]. En cambio el Imperio Español llega a tierras americanas con la racionalidad del beneficio, basada en la íntima trabazón entre sociedad y racionalidad, lo que demuestra que la Colonia española no trajo al Nuevo Mundo lo feudal ni lo semifeudal, sino un capitalismo incipiente como es el corporativismo burocrático, basado en la extorsión tributaria del indígena, la acumulación de oro y plata en la era mercantilista y luego en las leyes del mercado desde el fisiocratismo. La República no acabó con el régimen corporativo burocrático colonial, sino que lo perfeccionó, y dificultó el avance de la predominante mentalidad pragmática utilitaria del capitalismo, eliminó las corporaciones pero mantuvo la estructura y el orden burocrático del Estado y la sociedad; y lo que es más grave aumentó los abusos del indio al sustituir la propiedad comunal por la propiedad individual, lo que fue aprovechado por lo terratenientes. La ideología liberal desprotegió al indio y dejó sin efecto la Ley de Indias del Virreynato.  Lo que confirma nuestra idea de que el régimen colonial no fue semifeudal sino un orden corporativo burocrático. El estado corporativo burocrático colonial que se prolongó en la República intentó sustituir a la sociedad organicista del Antiguo Régimen pero fracasó por ser una evasión centáurica al pasado con algunos aditamentos del presente.

Por lo que precede es comprensible que la escuela jesuita buscara con el probabilismo el reformismo social, la escuela tomista de los dominicos con el rigorismo, la santidad mística con la piedad y la corriente étnica con el escatologismo de Inkarri, una salida a los graves abusos y distorsiones impuestas por las autoridades coloniales durante el Virreynato.  Las tres primeras eran propuestas activas, mientras que la cuarta era de carácter mesiánico aunque no excluía su adhesión a las rebeliones indígenas[5]. Y la escuela burocrática de españoles y élite indígena defendía el statu quo.



[1] En la interpretación de la Edad Media no hay acuerdo entre las escuelas marxista y no marxista. La primera enfatiza lo económico, mientras la segunda antepone lo sociopolítico. Tampoco existe acuerdo al interior de cada una de ellas. Por otro lado, Feudo y Señorío no son lo mismo. Un señorío puede tener varios feudos dados a distintos vasallos. En todo caso el feudalismo implica el disfrute pero no la propiedad de la tierra. V. A. Belaunde consideró un error de J. C. Mariátegui conceptuar el Estado Español de la Conquista y del Virreynato como un Estado Medieval. Lo cual es correcto aunque Belaunde sólo vio que no se trataba de un régimen feudal ni medieval, sin advertir que se estaba ante un Estado burocrático corporativo colonial. Más daño hizo la República al indígena, frente a la protección brindada por el Virreynato, al reemplazar el régimen de propiedad comunal por el de propiedad individual, lo cual sólo favoreció la ambición de los terratenientes.
[2] El 27 de agosto de 1821 San Martín declara que los indios son peruanos y cancela el tributo colonial. El 11 de agosto de 1826 Bolívar lo restablece para sustentar la finanzas públicas. Hasta que Castilla en 1854 lo cancela definitivamente. Véase, Javier Tantaleán, Política económica y financiera y la formación del Estado. Perú siglo xix, CEDEP, Lima 1983.
[3] Fue J. C. Mariátegui el que habló de la llegada al Perú a través de los españoles del declinante régimen feudal europeo (Cfr. 7 Ensayos, p. 37). Desde entonces se habló de lo “semifeudal” como una indefinida mezcla de lo feudal y lo capitalista (Cfr. Octavio Obando Morán, Ocaso de una impostura. El fracaso del paradigma intelectualista en la filosofía peruana, Fondo editorial Pedagógico San Marcos, Lima 2003, pp.- 48-57). Cfr. Carlos Lazo García, Historia de la economía colonial, Pedagógico San marcos, Lima 2006; L. M. Glave, H. Noejovich, M. Salas, Economía del período colonial temprano, tomo II, IEP, Lima 2009. Este valioso estudio revela la formación de empresarios en minería comercio y agricultura en los 170 años desde la Conquista hasta el final de la dinastía Habsburgo. M. Chocano, F. Quiroz y otros, Economía del período colonial tardío, tomo III, IEP. Lima 2010. En este período aumentó la exportación de plata, se diversifican las exportaciones, creció el mercado interno y la burguesía textil, arrocera y de cereales. Y por último, el estudio de Cristina Ana Mazzeo, Gremios mercantiles en las guerras de la Independencia. Perú y México en la transición de la Colonia a la República 1740-1840, IEP, Lima 2012, demuestra la existencia de una sólida red de gremios comerciantes en Lima y México, llamados Consulados y que cumplían funciones que hoy lo desempeña el Estado, como recaudación de impuestos y control del comercio.
[4] Ferdinand Tönnies (Comunidad y sociedad, 1887) sostuvo con acierto que la voluntad orgánica desarrolla la comunidad, mientras que la voluntad racional desarrolla la sociedad de individuos abstracto, insertos en el mercado mundial, donde el valor de cambio es el predominante.
[5] Cfr. Scarlett O´Phelan Godoy, Un siglo de rebeliones anticoloniales. Perú y Bolivia 1700-1783, IEP, Lima 2012. Este autor revisa 140 rebeliones y revueltas que estallaron en el siglo dieciocho en el Perú colonial e identifica tres grandes coyunturas: 1° Durante el gobierno del marqués Castelfuerte (1724-1736), 2° durante la legalización del reparto de mercancías del corregidor (1751-1756), y 3° bajo las reformas fiscales borbónicas por el visitador Areche desde 1777. Del mismo autor véase también el libro La gran rebelión en los andes. De Túpac Amaru a Túpac Catari, Centro Bartolomé de las Casas, Cusco 1995. En todos los casos era inevitable en la imaginería étnica la identificación del jefe rebelde con el Inca renacido o el mito de Inkarri.

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