miércoles, 27 de agosto de 2014

COSMOLOGÍA DEL NEUTROVACÍO Y MISTICISMO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
Al llegar al final de este libro quizá el lector se pregunte por la relación de la extraña idea del neutrovacío con las experiencias místicas. Y efectivamente es posible trazar un paralelo no sólo con la mística primitiva, sino también con la mística precristiana y la mística cristiana.
El neutrovacío es, según la teoría cosmológica planteada, aquel estado potencial de la materia que hace posible el espacio, el tiempo, la materia y la antimateria. Es decir, nos retrotrae al momento en que el universo aun no es y está a punto de ser. En lenguaje teológico no es el creador, estaría antes de la creación y es aquello con lo que se hace lo creado.
En estos términos se puede establecer una visión parecida en la tradición mística universal. Así, por ejemplo, en la mística primitiva del chamanismo, como nos ha demostrado excelentemente Mircea Eliade, basada en poderes paranormales se trata de revelar lo sagrado y lo transhistórico mediante una muerte extática que permite descender a los infiernos y ascender a los cielos. Esto es, el éxtasis del chamán a lo más que llega es al comienzo del cosmos, al universo invisible, a la visión del paraíso, pero no va más allá del cosmos, no va antes de la creación, sino que se queda en ella. Su visión es una extática poesía universal del acercamiento y del alejamiento respecto al Ser Supremo. Su visión retrocede al in illo tempore de la humanidad arcaica antes de la caída cuando estaba unida a los dioses, pero no trasciende la creación. El chamán en sus técnicas de meditación metafísica viaja por el cosmos pero no sale de él. En cambio el yogui saldrá del cosmos.
En el hinduismo con el Brahman y el atman, y en el budismo con el “Buda eterno” se da una genuina comunión del hombre con lo impersonal de la divinidad. Se trata en ambos casos de una unión por absorción donde el hombre alcanza la inmortalidad o el fin del sufrimiento cuando se hace uno con el yo universal o cuando por el óctuple sendero accede en perfecta serenidad al nirvana. Según una escuela budista la realidad última es el Vacío, el Sunya, sobre el que no se puede afirmar nada y sólo es posible alcanzar por experiencia mística. Según otra escuela, la realidad última es la Talidad, que no es ni existencia ni no existencia, ni cualquiera de los opuestos, y es, más bien, la realidad suprema. El Buda eterno no es la persona histórica de Buda, sino la naturaleza búdica, el dharmakaya, es decir el Absoluto que está más allá de todo pensamiento y percepción. Mientras que en el hinduismo la realidad verdadera es el Brahman, que forma una unidad entre el yo personal y el Absoluto, y donde el mundo exterior es un velo engañador que oculta la realidad verdadera.
En este contexto asombra el parecido de la idea cosmológica del neutrovacío con el Nirvana y la Talidad del budismo, más que con el Brahman del hinduismo, porque si bien está más allá de los opuestos no obstante no niega el sentido real de la historia ni del mundo material. El neutrovacío no se adscribe al velo de maya. La idea cosmológica del neutrovacío guarda relación con la inmersión en lo Uno, más allá de toda dualidad, tanto del hinduismo y del budismo, pero sin negar la realidad del mundo material ni la individualidad personal.
Ahora si nos remitimos al neoplatonismo y su misticismo, que guarda una relación con el hinduismo, y busca liberar al alma de su cárcel material para disfrutar permanentemente de su visión de la unidad con el Uno, que es trascendente, completamente incomprensible, está más allá de la esencia y la existencia y que genera el cosmos por una serie de eones, se puede apreciar la visión de un primer principio del ser que trasciende todas las categorías del pensamiento humano, el cual, no obstante, lo llega a captar por éxtasis. En el neoplatonismo debajo del Uno está el Nous o la inteligencia, espíritu o mente; el cual engendra la Psykhe o Alma del mundo; esta Alma del mundo es responsable de la existencia de nuestro cosmos y de las almas individuales humanas. Es decir, para un neoplatónico, suponiendo que lo hubiera actualmente, como efectivamente los hay en el gnosticismo, el neutrovacío ya fue entrevisto en el Alma del mundo.
Otra cosa son las visiones místicas que presentan las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el islamismo y el cristianismo. Judaísmo e islamismo subrayan por igual la más absoluta trascendencia de Dios, pero el primero se diferencia por haber descubierto la presencia interior de Dios en el alma humana. Mientras que el cristianismo se distingue por tener como base a la encarnación. Cristo es el Verbo y la unidad del Logos con Jesucristo es indisociable junto a la unicidad salvífica de Cristo y de su Iglesia. Esta postura dentro de la Iglesia se conoce como paradigma del cristocentrismo inclusivo para evitar el relativismo religioso que implica el teocentrismo y para salvar la espiritualidad y recuperar al mundo de la oscura y nihilista secularización.
Pues bien, en Proverbios –cuya redacción definitiva es probablemente del siglo IV antes de Cristo- se presenta a la sabiduría no como algo abstracto, sino casi como a una persona, como si fuere una especie de eslabón entre Dios trascendente y sus criaturas. Es el famoso capítulo octavo: “Diome Yahveh el ser en el principio de sus caminos…Antes que los abismos, fui engendrada yo…Cuando fundó los cielos allí estaba yo…Estaba yo con Él como arquitecto…”. Esa función de la sabiduría aparece todavía más clara en el libro que lleva su nombre –probablemente escrito por un judío de Alejandría del siglo II antes de Cristo-:”más ágil que todo cuanto se mueve…porque es un hálito del poder divino y una emanación pura de la gloria de Dios omnipotente…el espejo sin mancha del actuar de Dios, imagen de su bondad” (7, 24-26). Pero en el Antiguo Testamento junto a la Sabiduría y a la Palabra divina se menciona al Espíritu. En Ezequiel aparece dos veces y se le llama “el Espíritu Santo” (50, 3).
Como sabemos resulta contraria a la fe cristiana establecer cualquier separación entre el Verbo y Jesucristo, el cual es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable. Si para Filón, la Palabra, el Logos de Dios, era un ser inferior al mismo Dios; en san Juan, por el contrario, “La Palabra era Dios. Él estaba al principio en Dios… Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (1, 1s. 14). Esta revelación del cristianismo fue en su tiempo tan revolucionaria que fue calificada de “locura” por los griegos y de “escándalo” por los judíos. Todas las religiones aspiraban a unirse con lo divino, pero nunca se pensó que el mismo Dios se pudiera unir al hombre. Pero lo que era más “escandaloso” para los judíos consistía que el misterioso Logos-Dios se hubiera hecho hombre. La respuesta lo da el propio Juan al explicar que el amor divino es lo suficientemente poderoso como para salvar la infinita distancia que existe entre el creador y las criaturas: “Tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo.”
Por lo cual sería descabellado establecer un paralelo entre el Verbo y el neutrovacío, ésta última aparece como una “Superfuerza” que da ocasión para existir a las fuerzas fundamentales de la naturaleza, pero una fuerza inconsciente y ciega de la naturaleza jamás será superior a una persona y Cristo es una naturaleza personal, a la vez humana y divina. El Hijo o el Verbo (Logos) en el prólogo de san Juan, aparece estrechamente relacionado con la creación del mundo, porque “todas las cosas fueron hechas por él”. Pero no es contrario a la fe cristiana pensar que aquel que “da el ser antes de los abismos” pueda crear algo como el neutrovacío para generar el universo. Al contrario, deja mucho lugar para ello. No hay obstáculo para pensar que creó el neutrovacío para “fundar los cielos”. Porque si Dios es, es omnipresente y omnipotente y así se lee en Jeremías: “¿Soy yo, por ventura, Dios sólo de cerca?... ¿No lo soy también de lejos?... ¿No lleno yo los cielos y la tierra?” (23-23 ss.). Y sólo así se puede comprender la magnífica visión inaugural de Isaías, el señor sentado en un elevado trono rodeado por serafines que cantaban “Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos, toda la tierra está llena de su gloria” (6.1), como experiencia auténtica de la trascendencia e inmanencia de Dios. En cambio en el otro extremo se halla la mística de la India, que considera al mundo como una completa ilusión y pretende huir de él hacia un misterioso nirvana. Tampoco el Mahoma preexistente de la mística islámica, ni el Carro o el Shekhinah de la mística judía, entra en el mundo del hombre como un ser humano. Mientras el cristianismo deja intacta la frontera entre lo humano y lo divino, tratándose de una identificación moral, de una unidad de fe y amor; en cambio, en la mística de la India se borra la diferencia entre lo humano y lo divino, porque el hombre es realmente de la misma substancia del Brahman, es un identidad metafísica.
Como vemos el pensamiento místico, tanto primitivo como superior, ha ofrecido ideas que van antes de la creación del cosmos, la materia, el mundo, los cielos y la tierra. Y por eso no es extraño que la ciencia moderna cuando, a través de la investigación fundamental, se adentra en los misterios de la materia, la energía y del universo se vuelva a plantear los impenetrables misterios de la religión. Especialmente en el cristianismo hay un simbolismo muy significativo, el cual consiste en que cuando Dios, que es espíritu, se hizo hombre, santificó las cosas materiales. Es lo que alude san Pablo en su carta a los Filipenses cuando escribe que Cristo “se anonadó” (2, 7). Es decir, el mundo de la materia lejos de encarnar el mal y ser lo opuesto a lo divino, cuando está santificado y es empleado sacramentalmente es camino hacia Dios. Ya Jesús le habla a la mujer samaritana del “agua viva” y se refiere al agua bautismal como “una fuente que salte hasta la vida eterna”. Si el Verbo hecho carne habló de las potencialidades espirituales del mundo material, no es muy difícil pensar que todas las cosas que fueron hechas por el Logos ya tenían algo de espiritual. De modo similar el neutrovacío, derivado de una matemática vectorial, impone el desafío de imaginar un estado potencial y no actual de la materia, más allá de lo existente y no existente, antes del tiempo y del espacio, y que dio lugar a universos de materia y  antimateria. Así, es comprensible que sobre los problemas últimos del cosmos, la ciencia, la filosofía y la teología se reencuentran de modo inevitable y, a la vez, fecundo. Y la teoría cosmológica del neutrovacío tiene la virtud de volverlo hacer.
A partir de esto afirmo que la idea del neutrovacío está más inspirada en el monoteísmo judeocristiano, porque si bien está más allá de este mundo espacial y material, sin embargo no está más allá del Creador, ni se identifica con él, y más bien hace posible al mundo material y lo explica. Es casi un puente de orden natural entre la absoluta trascendencia de Dios y su lado inmanente. Es por eso que atribuyo raíces cristianas a la idea científica del neutrovacío. No es casual que se formule dentro de un contexto cultural y religioso dominado por la tradición cristiana. Lo cual, además, indica las bases religiosas que subyacen detrás de las formulaciones científicas. Es más, las revoluciones científicas tienen un trasfondo religioso, que no siempre está en auge y puede presentar también un rostro decadente.
Por su parte, para el monismo materialista que excluye la solución trascendente del origen del universo se le presentan tres soluciones filosóficas: la del azar, la de la necesidad y lo contingente. Si el mundo es el reino del cambio, lo fugaz y transitorio, entonces todo se debe al azar. Esta sería la solución heracliteana del puro devenir. La dificultad es aquí explicar la formación de estructuras complejas altamente organizadas que parecen obedecer a un fin nada azaroso. Si el mundo es el reino de lo permanente, idéntico y lo uno, entonces todo se debe a la necesidad. Esta sería la solución parmenídea del ser inmutable. La dificultad aquí estriba en el hecho de la existencia de la libertad y lo no determinado causalmente. Si el mundo es el reino de lo contingente, de lo posible y de lo que puede suceder, entonces es el reino del compromiso entre el azar y la necesidad. Esta es la solución democriteana de que el cosmos no está completamente predeterminado ni es contingencia absoluta. La dificultad aquí radica en que el compromiso entre el azar y la necesidad difícilmente puede dar cuenta de la presencia de leyes y tendencias generales permanentes en las estructuras organizadas. Por lo cual persiste la pregunta sobre por qué tuvo que nacer el universo. Es decir, cuál es su propósito para existir. Recientemente el físico y cosmólogo británico Stephen Hawking ha propuesto una teoría de la creación del universo donde el cosmos se originó a partir de un agujero negro infinitesimal pequeño y denso, donde no existía tiempo, espacio, materia y energía. Y razona que no existe un Creador porque no hay un tiempo antes del Big Bang en el que el creador pudiera crear. Preguntar por dios es como preguntar por el borde la tierra, sencillamente no lo hay porque es esférica. Esta explicación de Hawking tampoco rebasa las dificultades intrínsecas a la solución democriteana, porque inscribiéndose dentro de la solución temporalista e inmanentista de las filosofías contemporáneas no distingue entre temporalidad y eternidad.  Además, no se explica de dónde salió el agujero negro infinitesimalmente pequeño y denso. Si tiene origen es limitado, entonces alguien o algo lo causó y con qué fin. Si no tiene origen es incausado, y si es incausado es no sólo infinito sino eterno. Si es eterno remite al ámbito de la eternidad y da pie a suponer que no es lo único que pueda agotar dicha eternidad. Es más, si dicho agujero negro actúa como fuerza inconsciente, nada impide afirmar que se derive de una voluntad suprema. Con o sin origen dicho agujero negro sería un ente cuyo ser no depende de sí mismo y le viene desde fuera. Es decir, el ateísmo es insuficiente.
Frente a estas posturas la teoría cosmológica del neutrovacío no adopta una postura atea ni un materialismo naturalista cerrado (como es el caso de la tradición positivista), dejando abierta la posibilidad de un Creador providente y omnipresente. Ya hemos dicho que Álvarez Vita se atiene a un prudente agnosticismo moderado. Como Popper él no tiene inconveniente de asumir que la metafísica no es científica, pero no tanto porque sea irrefutable sino porque no restringe el criterio de verdad a lo fenoménico y admite lo nouménico. En este sentido, la metafísica es en realidad otro modo legítimo de conocimiento de la realidad. Incluso no tendría inconveniente para admitir que junto a las ciencias formales y las ciencias factuales está la ciencia metafísica. Lo cual tiene una implicancia de primer orden, porque supone que en la explicación científica de la naturaleza es posible recurrir a un principio espiritual. Es más, se puede asentir que así como el mundo material es conocido a través de los sentidos corporales (incluida la tecnología), el mundo espiritual es conocido a través de los sentidos del alma. Orígenes fue el primero en enseñar que, si el cuerpo tiene cinco sentidos, también los tiene el alma. Pero no hay que confundir los sentidos espirituales del alma (ver ángeles, oír voces, gustar el pan vivo, palpar al Verbo y oler la fragancia del Verbo) con el sentido divino del alma (sentir e inteligir que el alma humana tiene semejanza con Dios). Además, el total desarrollo de ,los sentidos del alma entra en la perfección de la vida mística. Dicho de otra manera, el conocimiento del cosmos no se agota en el ejercicio de los sentidos corporales porque también implica los sentidos espirituales y místicos.
Es decir, no tiene sentido reducir al final todo a la materia única, violentando la realidad del espíritu. Esta reducción de lo superior a lo inferior es lo que ya habían rechazado tanto Teilhard de Chardin como Nicolai Hartmann. Incluso el propio Marx no concibe a la naturaleza independientemente del hombre o sea del espíritu. La acentuación unilateral del materialismo y naturalismo es obra de Engels, que estuvo más influido por las teorías científicas mecanicistas del siglo diecinueve.
De manera que si “espíritu” es sinónimo de “finalidad”, entonces admitir que lo superior no es reducible a lo inferior implica que la realidad inferior de la materia obedece a la finalidad superior del espíritu. De qué espíritu. A nivel cósmico no puede ser otro que del “espíritu de Dios”. Con lo cual planteamos nuevamente la prueba teleológica de la existencia de Dios y con lo cual se explica la existencia de la trama estructurada del universo millones de millones años antes de que existiese el hombre. Es decir, en el mundo natural no hay estructuración de una materialidad pura que no esté atravesada por una finalidad superior de carácter espiritual. Finalidad, por lo demás, que no sólo involucra a la materia sino también al alma humana. ¿De dónde podría venir esta finalidad superior si no es, sino, de un ser omnipresente y omnipotente; es decir, Dios? Nuestro tiempo descreído, de afloramiento del misticismo gnóstico y de pérdida de fe incluso en la realidad humana, se inclina a creer en seres alienígenas superiores capaces de dar sentido al universo. Incluso las iglesias se preparan alegremente para dar bautismo a los seres de otros mundos. Sin embargo, lo que se hace es trasladar el problema a un contexto meramente hipotético sin afrontar una real solución. Pues, de haber dichos seres también su entidad deben su ser al origen mismo del ser que es Dios.
Lo verdaderamente sorprendente del neutrovacío es que sus postulados nos lleven hacia un universo infinito pero limitado, en vez del modelo estándar del universo finito pero ilimitado. Infinito porque similar al modelo de Fred Hoyle el universo se concibe como una creación continua de materia y antimateria, y limitado porque tuvo un comienzo y tendrá un final. Esto es, el modelo del neutrovacío no coincide con la amplísima variedad de modelos del universo en  una cosa, a saber, el universo no está en equilibrio. En el sentido que no existe la asimetría de materia y antimateria. Pero revela algo más importante, si la ciencia nos hace ver lo invisible no viéndolo, con cuánta más razón la religión y la metafísica nos lleva hacia lo infinitamente trascendente que sólo se puede expresar con paradojas. Efectivamente, en el conocimiento humano mismo se opera un acto sacramental, porque el hombre experimenta en la relación cognoscitiva que hay algo semejante entre él y el mundo, esto es, su condición de criaturas. Pero sobretodo experimenta que forma parte de un cuerpo eucarístico que lo asemeja al mismo Creador. Bien decía Gregorio de Nisa en sus sermones sobre el Cantar de los Cantares: “Ni el cielo fue creado a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni cualquiera otra de las cosas que aparecen en la creación. Solamente tú has sido hecha la imagen de la naturaleza que está sobre toda inteligencia, la semejanza de la belleza imperecedera.” Por esta razón el hombre es capaz de encontrarse con Dios a través de la virtud y la fe.
De manera que el neutrovacío al mismo tiempo que nos adentra en los enigmas del universo, también nos conduce por el camino que indaga por la divina grandeza y misterio de Dios. Es paradójico cómo a través de la virtud y la fe se puede ir más allá del misterio del cosmos. Como si el orden de la naturaleza sólo fuera la premisa de un orden superior de índole ético-religioso. “Ver lo invisible no viéndolo” en la razón y en la fe, son indispensables al hombre para llevar una vida más humana, llena de sentido y fin preternatural. Y ésta es la gran paradoja del conocimiento humano, que el deseo de conocer y amar se satisface por el mismo hecho de quedar insatisfecho. No sólo el mundo material, sino también el mundo espiritual embriagan con su presencia, es un éxtasis que coloca al alma más allá de los sentidos corporales y todo se convierte en un espejo que refleja la belleza divina. Y esto se puede constatar no sólo con la fe sino también a través de la razón. Con mucha justicia Platón y Aristóteles son considerados como los fundadores de la teología natural, por haber demostrado que por la razón natural se puede llegar al dios-idea de la metafísica, distinto al Dios-vivo de la fe. De modo que el ateo que hace uso de su razón no llega a Dios por defecto de su propia razón, sino porque ésta se encuentra trabada por el pecado de la soberbia, orgullo y vanagloria. Los filósofos griegos demostraron que la razón natural llega a Dios sin inconveniente alguno y los filósofos cristianos demostraron que es el pecado lo que impide al hombre unirse con Dios. Pues el hombre viene al mundo –como todas las cosas- con el perfume de Dios, pero es la única criatura que por estar herido por la saeta del amor divino desea volver a Él. Pero la mente humana cuando se dispone ante Dios parpadea frente a la luz divina. Dicha visión beatífica tiene sus grados, va desde la inocente y amorosa mirada del crío de pecho a su madre, pasa por el ojo sensible que recorre el mundo de las cosas, hasta llegar al punto más elevado del espíritu como es el ojo del alma, donde ya no es el hombre el que ilumina sino que es iluminado por una resplandeciente luz incircunscrita que arrebata el alma en el rocío de una inmensa fuente de verdad.  De modo que el hombre va ascendiendo desde la captación de lo invisible en lo visible de la naturaleza hasta la captación de lo visible en la invisible divinidad. Conocer es presentir la cosa oculta, se trata de un tacto espiritual que eleva lo intelectual a verdaderas profundidades siempre veladas y que sólo se dejan atisbar.

Por otro lado, por relacionarse con la problemática del neutrovacío y porque enriquece la comprensión de la teoría cosmológica voy a reproducir la participación que tuvo Giorgio Piacenza en el Foro “La Serpiente de Oro”, en el mes de agosto del 2014, sobre el tema: “Restableciendo la existencia de Dios”, y a continuación mi intervención.

FORO “RESTABLECIENDO EXISTENCIA DE DIOS”

“HACIA LA RE-INCLUSIÓN DE LA EXISTENCIA
DE DIOS EN EL DISCURSO CIENTÍFICO Y RACIONAL”
Por
Giorgio Piacenza
Sociólogo y filósofo
“La existencia de Dios o de una forma de ser metafísicamente anterior a la física (incluyendo a la física cuántica) es una propuesta razonable y necesaria e inclusive válida para una cosmología científica seria, aun con teorías tales como la de la inflación 'eterna', teorías cíclicas, teorías de múltiples universos, universos que chocan generando otros universos y otras teorías relacionadas al Principio de Incertidumbre y a fluctuaciones cuánticas. Esto en parte se debe a que la demostración que no puede existir un pasado físico que se extienda hacia el infinito es hoy en día muy coherente en cosmología. Sin embargo, esta idea no se reproduce suficientemente en el medio social-científico y en la educación popular quizás debido a serios prejuicios y a una resistencia sicológica, política y cultural a cambios paradigmáticos, algo que en realidad es "a-científico". 

Véase el modelo de Vilenkin, Borde y Guth (sí Alan Guth, uno de los padres de la teoría de inflación cosmológica). Debería existir un "borde" o situación "límite" en el espacio-tiempo, sea que solo exista un universo o múltiples universos.

Sin embargo pienso que esta situación "límite" no es necesariamente una singularidad en el sentido de algo físicamente infinita o infinitamente densa. La singularidad podría ser un tipo de comienzo en la indefinición del espacio-tiempo.  Además (según Aristóteles y el propio matemático David Hilbert –y por favor leer sobre el "Hotel de Hilbert" sobre este asunto) no podrían existir infinitos físicos actuales sino solo potenciales, conceptuales, matemáticos. Lo trascendente a espacio-tiempo materia-energía debería existir como una situación metafísica anterior (no en el tiempo sino ...metafísica y necesariamente).

Si físicamente hablando ni el universo (o quizás un multiverso) pueden existir extendiéndose hacia un pasado de infinita y constante generación tendríamos en última instancia manifestaciones dependientes de un ente menos contingente que lo físico. Lo rescatable a partir de algunos significativos estudios cosmológicos - que se detallarán un poco más a continuación - es que el universo y/o multiverso requeriría un comienzo y no serían parte de interminables comienzos en la eternidad aunque se postulen como determinados por las fluctuaciones de un vacío cuántico sin comienzo ni fin. La pregunta también podría llevarnos a intentar determinar si el ente pre-físico del cual dependería nuestro universo sería de naturaleza matemática y/o en un sentido más profundo que el matemático en ultima instancia metafísicamente anterior a lo matemático y completamente indeterminado.

Podría existir un nivel metafísico superior necesario para la existencia del ámbito espacio-temporal físico (como el universo de información propuesto por Vlatko Vedral, profesor de teoría de Información Cuántica de la Universidad de Oxford o el tipo de multiverso matemático propuesto por Max Tegmark, cosmólogo del Massachusetts Institute of Technology) pero – a mi entender - tampoco estos en última instancia podrían coherentemente existir por sí mismos, solo el Ser Absoluto y que necesariamente debe existir por sí mismo sería el fundamento de la secuencia. Deberíamos intentar llevar la lógica y la indagación a sus límites para desarrollar aún más los límites del pensamiento racional moderno y posmoderno científico aun cuando esta ampliación requiera un nuevo reconocimiento de la metafísica. Esto no sería un retorno a creencias imaginarias sin verdadero sustento, sino un movimiento intelectual de integración post dicotómico claramente necesario para una integración superior entre física y metafísica. Esto sería necesario para superar la superficialidad y el relativismo que nos aquejan en la posmodernidad cuando deberíamos hallar principios inteligibles y de convivencia más inclusivos de consecuencias éticas integrativas.

Según Alexander Vilenkin, profesor de física y director del Instituto de Cosmología de Tufts University y autor de Many Worlds in One: The Search for Other Universes, las teorías de inflación eterna son geodésicamente incompletas. Además, los universos cíclicos no serían posibles hacia un pasado infinito porque en pocos ciclos acumularían más entropía de la que observamos. Estos universos pronto llevarían a la muerte térmica. Y finalmente los universos oscilantes y asintóticamente estáticos sufrirían de inestabilidades cuánticas.

El artículo científico de Vilenkin, Guth y Borde titulado “Inflationary Spacetimes are not Past-Complete” nos informa sobre algunos conceptos iniciales sobre porqué los modelos inflacionarios requieren un tipo de física distinta a la inflacionaria para explicar un límite en el pasado para explicar la inflación de una región del espacio-tiempo. El link puede hallarse en http://arxiv.org/abs/gr-qc/0110012 y en Phys.Rev.Lett. 90 (2003) 151301

También podemos hallar una presentación video grabada de Vilenkin en  https://www.youtube.com/watch?v=NXCQelhKJ7A

El universo y/o los universos tendrían un origen finito; tendrían un comienzo y quizás un comienzo absoluto en el sentido que no se podría decir que existían físicamente ni siquiera en relación a un vacío cuántico pluripotencial que también en última instancia sería una entidad contingente.

Interpretaciones importantes de la mecánica cuántica han reconectado al observador con lo observado y según la Holografía Cuántica la información y el contenido subjetivo serían factores fundamentales para la realidad concreta de objetos físicos espacio-temporales por lo que la separación excesiva entre lo físico y lo mental  propia del racionalismo materialista moderno estaría siendo superada. ¿Por qué el siguiente paso no podría ser la reincorporación de lo espiritual en un nuevo reconocimiento integrativo suprarracional, racional y vivencial del trinomio “Espíritu, Mente, Cuerpo”? Este “reconocimiento” podría incorporar y trascender las enseñanzas, realizaciones, críticas y métodos más importantes y válidos del desarrollo del pensamiento desde la pre-modernidad hasta la posmodernidad.  

Me pregunto si el "límite" del espacio-tiempo en el universo a nivel macro (quizás un indefinido origen absoluto del universo físico conocido) será en cierto sentido parecido al factor que separaría universos de materia y anti materia en el modelo de Enrique Álvarez Vita aplicado a subniveles del “neutro vacío” cuántico y a las partículas y anti partículas de la Teoría Standard. Habría que leer cuidadosamente “Universos de Materia y Antimateria” en http://www.monografias.com/trabajos99/universos-materia-y-antimateria/universos-materia-y-antimateria.shtml como parte de un estudio más amplio para hallar nuevas consecuencias filosóficas.

Respecto al “neutro vacío” que propone Álvarez Vita y del cual surgirían universos de materia y antimateria sugiero que este se hallaría en un nivel de mayor simetría el cual, a su vez, dependería de un “universo” de información y/o relaciones matemáticas también situado en una simetría superior pero de carácter distinto al físico. Este universo de información y objetos matemáticos tampoco podría ser auto consistente, solamente menos dependiente de objetos externos que el universo o multiverso físico. El universo de información y objetos matemáticos dependería de una Realidad Ontológica No Dual (una forma educada de hablar de Dios), la cual – libre de limitaciones – podría simultáneamente crear, emanar y sostener los anteriores niveles contingentes mencionados.

Quizás la distancia entre lo relativamente real y lo relativamente inexistente no se halle en un vació potencial que depende de leyes físicas físico. Quizás - matemáticamente hablando - la sumatoria infinita de subniveles que se consideran reales en sí mismos pero “virtuales” entre sí (¿por lo tanto quizás en cierto sentido en una relación potencial o semi-potencial entre sí?) sumada a la idea de un número indefinido/indeterminado/indeterminable de universos físicos actuales derivan de un “universo matemático”. Quizás el “neutro vacío” sería una relación intermedia entre lo físicamente determinado y lo posible determinado que se determina en un universo de relaciones matemáticas. ¿Pero qué fundamentaría a este “universo matemático”?

¿Acaso el conjunto vacío con el que se puede empezar a representar números en matemáticas representa un nivel de conexión entre las matemáticas y lo inteligible y un Ser trascendente a toda dualidad que ya no puede ser definido en base a algo exterior a sí mismo observando las relación entre objetos, sean estos físicos  o matemáticos?

El modelo de Álvarez Vita así como el modelo de Vilenkin, Borde y Guth abren nuevos horizontes respecto a reconsiderar ideas metafísicas fundamentales que podrían incidir en la explicación científica. ¿Cuál sería el sentido físico de una serie matemáticamente infinita de universos físicos pero simultáneamente virtuales? ¿Cómo podemos entender la necesidad de considerar un verdadero comienzo del universo físico o de un posible todo el conjunto de un número indefinido de universos? En el primer modelo (aplicado a partículas de la Teoría Standard) trataríamos con una sumatoria matemática infinita de posibles universos dentro de ese estado en equilibrio vectorial alterado por la incertidumbre llamado “vacío cuántico”. En el segundo modelo - inclusive considerando al “vacío cuántico” - se evitaría una secuencia infinita de universos actuales y se debería considerar algún tipo de comienzo absoluto lo cual nos permite pensar que el comienzo se hallaría más allá del espacio-tiempo en un mundo matemático y/o de relaciones de información que a la vez podría originarse, emanar y/o haber sido creado por un Ser no sujeto a ningún tipo de objetos ni contingencias.  

Pero son nuestras alergias materialistas modernas y relativistas posmodernas contra el mal uso del concepto de Dios (un concepto casi siempre muy pobremente entendido) las que causan un rechazo emocional-cognitivo cerrado y nos inhiben de re-considerar más seriamente la conjunción de filosofía y ciencia que hoy en día se necesitaría para eventualmente lograr una cultura planetaria sustentada en una mejor comprensión de principios integrales y universales.  No es solo un asunto de “creencia vs. ciencia” (una dicotomía simplista cada vez más superada) y que la posición educada solo sería la segunda. Gradualmente la ciencia está superando el “desencantamiento del mundo” que generó con el materialismo más craso. Con la razón (no limitada por el fuertes prejuicios ni por el pensar objetivizante, lineal, analítico, discursivo) se podría conjugar Dios y ciencia en una apertura que signifique una mayor reconciliación e integración.”
Hasta aquí llega gran parte de la comunicación de Giorgio Piacenza en el Foro “La Serpiente de Oro”, salvo naturales añadidos para el presente libro. A continuación reproduzco mis cinco breves intervenciones sobre el tema:

(1)
1. Con mucha sensatez Giorgio Piacenza plantea que "la existencia de Dios o de una forma de ser metafísicamente anterior a la física (incluyendo a la física cuántica) es una propuesta razonable y necesaria, pero inclusive válida para una cosmología científica seria".
2. Y da un argumento sólido y muy incómodo para cientificistas, materialistas y ateos de toda laya, el cual es "que no puede existir un pasado físico que se extienda hacia el infinito es hoy en día la más coherente en cosmología". 
3. Más aun señala con acierto que "esta idea no se reproduce suficientemente en el medio social-científico debido a prejuicios pre-científicos y a una resistencia sicológica, política y cultural a cambios paradigmáticos, algo que en realidad es "a-científico". 
4. A todo lo cual sólo cabe añadir que actualmente el estado de las investigaciones cosmológicas permiten pasar de la física a la teología casi sin dificultad. Sólo paradigmas cientificistas, naturalistas, positivistas y materialistas no lo ven así.
5. Añadir la dimensión religiosa y teológica, además de la filosófica, al debate sobre el origen del universo, en vez de limitar a la cosmología la vuelve más profunda y completa.

(2)
Dios hizo al hombre a su divina imagen y semejanza; pero el hombre por su adversión a Dios (aversio a Deo) y su conversión en criatura (conversio ad creaturas) perdió ese segundo término y falseó a la vez el primero, se volvió enfermo y, a pesar del libertad albedrío que conservó, nunca hubiera podido salvarse por sí mismo. Este es un punto estrictamente teológico, el otro aspecto cosmológico, tocado por Giorgio, plantea que no puede existir un universo que se extienda hacia el infinito y, por consiguiente, éste se deriva legítimamente de una existencia metafísica anterior a la física, la cual sería Dios. No querer asumir este aspecto procede de la aversio a Deo, tan común en nuestro tiempo sin Dios. El humanismo sin Dios del racionalismo naturalista y del relativismo nihilista posmoderno simplemente prefiere ver el problema planteado por Giorgio con un solo ojo (la mirada inmanentista) y con esto mutila una legítima dimensión de la existencia humana. 

(3)
Hay quienes afirman que el universo no tiene límite, ni comienzo ni final, entonces es eterno. Pero si la materia es eterna es también inalterable, pues si tuviera que sufrir alguna alteración, ésta marcharía sola por toda la eternidad, lo que, por hipótesis, es imposible, ya que por estar la materia exenta de cualidad, cantidad y de forma, no puede sufrir alteración en propiedades que no posee. No obstante, como sabemos el universo deviene, por tanto es temporal, tiene comienzo y final, por consiguiente no es eterno. Lo cual no quiere decir que todo lo que comienza en el tiempo está sujeto a perpetuo cambio y devenir. Así el triángulo se mantiene eternamente como triángulo. En suma, el universo no es eterno, ni todo lo temporal está en perpetuo devenir.

(4)
Yendo más allá de todo reproche acerbo por la desestimación modernista del tema divino, vomitar injurias ateas contra Dios y repudiar categóricamente el cristianismo o la religión en general, es interesante advertir en la reflexión de Giorgio dos cosas:
1° La profunda fatiga de la civilización occidental por tratar de hacer vivir a todas las almas de puras realizaciones exteriores de la cultura moderna, y
2° La necesidad racional de admitir que Dios es la causa de todo mediante su providencia.
Sobre lo primero sólo cabe añadir que dicha fatiga se da en un contexto como el milenario Perú, cuyo espíritu civilizacional es ancestral y profundamente religioso. Y sobre lo segundo hay que destacar la profunda intuición de que la providencia no es obstáculo para la elevación moral, espiritual y divina del hombre. En una palabra, la reflexión de Giorgio es testimonio de la sed permanente del hombre por lo divino y de la fatiga por el gris materialismo de la civilización moderna.

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Identificar la "lógica" con la "verdad" ha sido una de las principales taras del pensamiento moderno y piedra de toque de la destrucción de la integridad del ser humano. Por esa vía se entronizó la ciencia como paradigma de la verdad. Menos mal que mucha agua ha corrido debajo del puente epistemológico y hermenéutico del pensamiento moderno, para arribar a la conclusión de que la ciencia no tiene que ver con la verdad sino con el marco pragmático que explica lo fenoménico de la realidad y que la lógica tampoco tiene que ver con la verdad sino con la coherencia o el pensamiento correcto. La verdad es eminentemente metafísica porque la realidad no se restringe a lo fenoménico y se extiende a lo nouménico.
Decretar que la lógica y la ciencia tienen que ver con la verdad es una forma representacionista de la modernidad que antepone el pensar al ser. Este paradigma de base idealista-cartesiano es el pilar del actual hombre prometeico que ha terminado por destruir a la Naturaleza y la realidad humana.

De modo que hay que retornar a una sana filosofía realista, anteponer el ser al pensar y acabar con las ínfulas narcisistas del hombre egolátrico de la modernidad que niega a Dios y la realidad trascendente. Ese es el verdadero y quizá único sendero para restablecer la creencia en la existencia de Dios, puesto que Dios nunca dejó de existir, fue el hombre sin Dios de la modernidad nihilista el que dejó de creer.

Lima, Salamanca 29 de Agosto 2014

17 comentarios:

  1. Compendiando los elementos de la teoría del Neutrovacío se desprende cinco tesis siguientes:
    Primera: la teoría cosmológica del neutrovacío utiliza conceptos ideados y no sugeridos por la experiencia. Estos conceptos tienen función de intérpretes, es decir, traducen a lenguaje un nuevo problema.
    Segunda: este lenguaje formula el problema en cuanto que los conceptos fundamentales, exacta y cualitativamente, cada uno por sí mismo, y definidos con toda precisión en una formulación matemática que tiene en cuenta sus posibles y mutuas correlaciones. Y aquí comienza la parte creadora de la teoría.
    Tercera: No obstante esta definición formal matemática del concepto de neutrovacío en el sistema coherente del origen de las fuerzas fundamentales del universo, debe constatarse que la conexión lógica del concepto con las experiencias elementales cae fuera de lo posible por el momento.
    Cuarta: La inseguridad metodológica comprobada en la tesis tercera parece poner en peligro el principio heurístico del neutrovacío, según Mach no puede admitirse en física concepto alguno cuya rectificación empírica sea imposible.
    Quinta: La física moderna no arroja luz clara e inequívoca sobre la verdad y el objeto, ni por vía empirica (porque los conceptos y las leyes no son deducciones lógicas del mundo trascendente a la observación) ni por vía apriorística (porque pueden existir interpretaciones excluyentes). La justificación de una teoría física, incluída la del neutrovacío, se deriva exclusivamente del hecho de que su intuición demuestre ser practicable.

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  2. La teoría cosmológica del neutrovacío de Enrique Alvarez Vita brinda otra excelente oportunidad para sostener que la justificación de una teoría física no puede fundamentarse en el recurso de un idealismo crítico, aunque se trate de una síntesis apriorística, y tampoco en el realismo científico-natural de un empirismo crítico, porque la conclusión del proceso inductivo de lo particular a lo general no puede fundarse en la experimentación ni en la lógica. Su justificación sólo puede provenir del hecho de que su intuición demuestre ser practicable.

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  3. Cuando decimos que la teoría del neutrovacío encunetra su justificación en el hecho de que su intuición demuestre ser practicable, estamos aludiendo a que una teoría física es una red de afirmaciones tejida en torno a una construcción sintética, que debe hacer posible que lo perceptible sea transformado en mensurable, es decir, en objeto de la física. Esto es claro en virtud del principio de Mach. Sin embargo, Einstein recomienda precaverse del peligro de considerar la construcción mental simplemente como expresión idealmente abstraída de algo ónticamente real, porque no se ve la posibilidad de derivar lógicamente del mundo experimental los conceptos básicos fundamentales. Entonces queda por preguntar si el concepto de neutrovacío no es sino una "imagen hertziana" o paradigma indicativo, en el sentido en que las consecuencias lógicas necesarias de las imágenes son imágenes de las consecuencias naturalmente necesarias de los objetos representados.

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  4. Con el neutrovacío ocurre exactamente lo mismo que con los cuerpos, como lo dijeron Descartes y Einstein, no es percibido propiamente a través de los sentidos, sino a través de razón, porque ésta solo puede alcanzar el verdadero significado del objeto corpóreo o no corpóreo a través de las imágenes percibidas por las experiencias de los sentidos o las conjeturas de la razón. En otras palabras, el neutrovacío es un concepto deductivo, es decir se apoya en conceptos y axiomas hipotéticos. Pero mientras Descartes conforme a su racionalismo idealista tiene seguridad absoluta en la hipótesis de carácter matemático, Einstein prefiere rectificar las hipótesis racionales mediante la observación. Alvarez Vita como Einstein cree firmemente en la posibilidad de confirmación en el mundo fenomenológico. Todo esto tiene una consecuencia de largo alcance que se retrotrae a Kant. Todo se debe agradecer al orden racional y no necesariamente divino. El carácter ateológico y ametafísico del humanismo científico tampoco es remecida necesariamente con la física cuántica, porque se trata de otro orden racional aun no entendido pero que se mantiene dentro de un mundo supremo autocreado. Lo singular del concepto de neutrovacío es que no necesariamente el mundo como causa sui, como sí lo vio Einstein en su visión panteísta, sino que da un salto heurístico más allá de la mística de la identidad de Kepler, el monismo fundamentalista einsteniano y el pluralismo complementario de la física cuántica, para aspirar a la concreta totalidad del mundo. Esto es así porque la teoría cosmológica del neutrovacío no está limitada al orden unilateral de lo fenoménico, que sólo percibe el ser categorial manipulable, sino que está abierto a un orden trascendente y no manipulable del ser.

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  5. Algo decisivo en la teoría cosmológica del neutrovacío es que nos habla de diversos niveles de realidad, con ello no aspira hacia teología horizontal ni se divorcia de la providencia divina. Abierto hacia una teología vertical busca iluminar la totalidad del cosmos y demuestra como Bohr que el físico puede respetar internamente el concepto y la fe omnivalente en Dios. Ni siquiera la reserva científica tradicional ante la creación se mantiene. Esto significa que está abierto a las verdades profundas en beneficio tanto del filósofo, el teólogo y el físico. Por tanto, es inadmisible desdeñar la fenomenalidad como la transfenomenalidad de la física, dentro de un diálogo armonioso entre el macrocosmos, el microcosmos y el metacosmos. Nada de lo cual quiere decir que desaparezca la obscura zanja entre concepto y realidad. En la presente hora en la que muchos sucumben, como lo previó Heisenberg, en la fascinación de un pensamiento modelo en el que no existieran la contradicciones, es necesario admitir que esta aparente eliminación de toda contradicción es una eliminación ante el indesarraigable relación de incertidumbre en el corazón de la actividad epistémica. Lograr la visión de un universo unificado no significa abrazar estas ilusiones, sino asumir con coraje las limitaciones conceptiales sin caer en un relativismo categorial.

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  6. El enorme mérito de la teoría cosmológica del neutrovacío es que nos pone de frente ante el gran misterio de la realidad. Cuando la física cuántica intenta liberarse de la construcción mental lógico-aristotélica y de la matematización cartesiana proponiendo con Niels Bohr las ideas de complementaridad, estamos tentados a afirmar como Heidegger que sólo aprendemos a conocer cuando comprendemos que la razón es la principal adversaria del conocimiento, sin embargo la tentación irracionalista pierde su encanto cuando reparamos que la reapertura hacia la realidad total requiere tanto de la combinación de la metafísica óntica de los universales como del a priori como dato necesario para alcanzar la kantiana cosa en sí. El concepto de neutrovacío al combinar lo material e histórico con lo inmaterial e intemporal nos lleva hacia esa síntesis indispensable para el conocimiento humano.

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  7. ¿Es congruente la teoría de Penrose expuesta en su “Ciclos del Tiempo. Una extraordinaria nueva visión del universo” (Debate, Barcelona 2010) ? ¿Qué teoría es más aceptable, la teoría común de multiversos paralelos, por ejemplo, tal como la concibe Hawking, o la teoría de multiversos cíclicos propuesta por Penrose? Nosotros podríamos imaginar otros modelos, por ejemplo, un universo con frenado gravitatorio, un big cranch consecuente pero sin un nuevo big bang emergente, la energía latente quedará como un neutrovacío pero sin capacidad para dar lugar a un nuevo universo emergente. Con ello no habrá universo que nazca y muera sucesivamente.
    Otro modelo sería un megauniverso que contiene universos oscilantes de carácter no indefinido y que al final desaparecen por colapso gravitatorio, todo lo cual describiría un megauniverso cuyas partes van muriendo hasta disolverse en la nada. El Eon de eones al fin se apaga dejando la habitación del cosmos sin nada y sin nadie. Ni las constantes adimensionales ni el rebote cuántico serían capaz de volver a prender la luz en el cosmos. Incluso cabe un tercer modelo donde la expansión del megauniverso hace mucho acabó dando inicio a su fase de colapso independientemente de que dentro de él muchos multiversos estén en un eón expansivo.
    Como vemos, inclinarse por una u otra visión no depende de los hechos empíricos que las avalen porque ni una ni otra tienen cuentan con evidencias científicas que las respalden. Por consiguiente, la discusión de estas propuestas de multiversos y megauniversos dependerá de su consistencia lógica interna; es decir, de que el sistema de realidad sea consistente internamente con los hechos empíricos y sea por ello probable.
    Se tratará, por tanto, de una discusión sobre la consistencia teórica de ambos modelos.Pero hay algo más interesante aun dentro de una consistencia lógica interna, y se trata de la consideración de que la posibilidad de multiversos con o sin megauniverso sea probable dentro de un cosmos cuyo principio antrópico obedece no a ciegas leyes causales o cuánticas sino a la voluntad de un Creador omnipotente.
    En otras palabras, el estado final de la evolución cósmica existe y puede darse de muchas maneras, pero la voluntad del Creador no es la recreación sinuosa y variable de la materia en sus distintas formas, sino demostrar la importancia suprema que tiene el hombre en el ignoto misterio del universo.

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  8. El problema fundamental que plantea por la Segunda Ley de la termodinámica es que el aumento de entropía de los sistemas debería diluir el universo en un máximo de entropía final que daría entrada en un estado en el que el espacio-tiempo y las leyes de nuestro eón perderían vigencia en una singularidad. Ahora bien, tras el momento de disolución final en la singularidad debería mantenerse la energía del universo (ésta ni se crea ni se destruye). Por tanto, si el universo desaparece, la energía debería estar como “plegada” o “autocontenida en algún sitio” que llamo NEUTROVACÍO. Al diluirse un eón, su energía quedara replegada en el NEUTROVACÍO, pero sin ninguna seguridad de que habría energía para un siguiente eón: ya que de la nada nada viene. Incluso, se podría preguntar si el NEUTROVACÍO como estado potencial del universo puede también colapsar, y con ello rompemos la concepción inmanente de la materia. Por ello, es posible concibe una voluntad espiritual por encima del universo material.

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  9. La teoría cosmológica del neutrovacío está más cerca del modelo de multiversos de Penrose que al modelo de Hawking. No sólo porque piensa que es muy difícil que puedan hallarse pruebas empíricas ordinarias de la existencia de otros universos (e incluso pruebas de la teoría M, tan esencial para Hawking). Se trata de universos paralelos, independientes y sin interferencia. En cambio, en el universo cíclico de Hawking se concibe la dependencia de unos eones e otros por el “estado intermedio singular y conforme”. Por ello, podrían concebirse posibles contrastaciones empíricas que permitieran atisbar la existencia del eón precedente por la continuidad entre eones que postula. Penrose y Alvarez Vita reconocen que estas pruebas no existen en la actualidad, e incluso que cabe pensar que la enorme temperatura del big bang inicial habría borrado todas las posibles huellas del eón anterior.

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  10. Encuentro una diferencia fundamental y profunda entre la cosmología de Enrique Alvarez Vita y la cosmología de Penrose. Mientras el primero es un agnóstico moderado que admite la transfenomenalidad del universo físico, en cambio el segundo es un fenomenalista que agota su análisis en un horizonte estrictamente inmanente.
    Son cosmologías profundamente opuestas. Atea la de Penrose y agnóstica la de Alvarez. Una cosmología sin Dios la del primero y otra cosmología con Dios la del segundo. Sin embargo, una cosmología “sin Dios” no implica necesariamente la negación de la existencia de Dios. Que el universo pudiera ser explicado sin Dios no significa que Dios no exista, ya que en el deísmo se postula un Dios que crea un universo que pudiera ser explicado sin Él.
    La ratio physica no puede abordar las últimas preguntas según su propio método pero intenta construir explicaciones que “den razón” de la realidad del universo sin Dios. Las teorías de “universo único” se han abandonado por los problemas que planteaban y ahora se esfuerzan en ofrecer una teoría cosmológica autosuficiente en el marco de los multiversos (Hawking, o la teoría de multiversos en una “cosmología cíclica de Roger Penrose). Sin embargo, el universo no aparece como autosuficiente, y exige una metafísica que necesita de Dios para justificar la realidad del universo. Un camino para ello lo brinda la cosmología del NEUTROVACÍO.

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  11. Una antinomia es para Kant un conflicto en el que entra la razón cuando pretende pensar lo incondicionado. Esto es lo que hallamos entre las teorías cosmológicas actuales ante el enigma persistente del universo. No tenemos evidencias disponibles para saber si es verdad lo que dice Hawking, Penrose o Alvarez. No es posible excluir que lo afirmado por Hawking, Penrose o Alvarez pudiera ser realidad; pero no las tres al mismo tiempo. El hecho es que el razonar a partir de nuestra experiencia fenoménica, no tenemos acceso a una explicación única. La legitimidad lógica no equivale a legitimidad real y por ello el universo se nos presenta como un enigma metafísico. Diversos constructos especulativos posibles no revelan un enigma final del universo. Es por eso que el agnosticismo moderado del principio del neutrovacío resulta más fecundo, desde el momento que abre el fondo transfenoménico del cosmos mismo.

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  12. La cosmología del neutrovacío es la más cercana y conforme a la hipótesis teísta que estima que el universo tiene su fundamento metafísico suficiente en un Ser Divino, personal, inteligente y creador del universo visible.
    Esta congruencia se basa en que la dimensión de metarrealidad del NEUTROVACÍO se funda en la metarrealidad de un Ser Divino Creador. Es la alternativa al sistema de metarrealidad ciego (teoría ordinaria de multiversos).
    Incluso el NEUTROVACÍO, que cuestiona el modelo estándar, es perfectamente compatible conforme con otros aspectos de este modelo, a saber: a) consistencia y estabilidad del universo, b) origen de racionalidad y orden del universo físico y vital, c) explicación desde la ontología fundante de Dios que surja en la evolución física la propiedad fenomenológica de la psique. La teoría cosmológica del neutrovacío es una hipótesis científico-filosófica que entra en congruencia con la gran tradición religiosa de la humanidad.

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  13. La filosofía de la cosmología del neutrovacío no pretende afirmar como la filosofía de la física cuántica que la reapertura de la realidad total transite por la vía del principio de complementaridad (Bohr, Heisenberg, Jordan, Scheibe), sino que respetando tanto el ámbito de la razón como de la intuición está lejos de retringir la realidad a lo fenoménico y admite, más bien, la realidad de lo transreal.

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  14. Se da algo sumamente decisivo en la teoría cosmológica del neutrovacío y es que el concepto de naturaleza de Alvarez rompe profundamente con el de Kant, el cual la definía como el conjunto de fenómenos según reglas necesarias (CRP A 216). En cambio en Alvarez se rompe con la concepción-tipo que calificaba con suma persistencia la tendencia divinizadora del concepto moderno de naturaleza del positivismo metódico sistematizador. En el principio del Neutrovacío no es posible que todos los fenómenos se apoyen en conceptos porque por definición el neutrovacío es un proceso transfenoménico o nouménico de la realidad. En otras palabras, el agnosticismo moderado de Alvarez no es fenomenista como el de Kant sino es fenomenalista como el de la fenomenología, va hacia la "cosa en sí" y de este modo su ontología está en la línea de la ontología platónica, de la ontología aristotélica y de la ontología medieval en donde el ser es un trascendens, que nunca será totalmente alcanzado por el concepto. Con esto Alvarez da una pauta muy importante y diferente a Galileo porque el libro de la naturaleza ya no puede ser leída con independencia completa del libro de la Revelación. Y aquí mentamos Revelación en el sentido aristotélico de que sobre la razón hay algo superior, el cual es el ser universal o sea Dios (Etica a Eudemo 1248 a 25 y 1249 b 14).

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  15. El más importante razonamiento que introduce el principio del Neutrovacío es que se vuelve imperioso tener en cuenta la distinción necesaria e imprescindible entre concepto y cosa en sí. Si se olvida la distancia ontológica entre la verdad y el concepto, o que el concepto de naturaleza es sólo un concepto y no la "cosa en sí", entonces se deja de tener en cuenta que el principio lógico según el cual el pensamiento analítico-sintético sólo puede conducir a la formación de un "sistema". Cuando no se tuvo en cuenta esta distinción se habló de "sistema de la naturaleza", en el sentido de naturaleza autárquica (ya sea neohegeliamamente o a través del materialismo dialéctico). Así, este positivismo metodológico en ideología al convertir a la naturaleza en un dios. Tanto Hegel como Marx (el capitalismo existe pero no por eso es verdadero) conocían la distinción entre lógico-exacto y verdadero, pero sus seguidores pocas veces lo recordaron. Ahora bien, con el principio del Neutrovacío se abre la posibilidad de reabrir este proceso de separación y retrotraer el nombre de "naturaleza" a un acontecimiento abierto del ser y cancelar el proceso que la encerraba en características categoriales y conceptuales. Ha llegado la hora de que los maestros de la posesión de la naturaleza (maitres et possesseurs de la nature), de la planificación comercial, de la fascinación manipuladora del know how y del management dejen su lugar hacia los maestros de la reapertura del la verdad y del ser. Razón tenía Pascal cuando decía que hay que escribir contra los que profundizan excesivamente la ciencia. Y que a la humanidad le sirva de lección que nunca hay que olvidar que dar cuenta por el "cómo" de la conexión regular de las cosas no debe obnubilar la superior importancia por el "qué" y el mismo acontecer de la naturaleza. La cibernética y la física cuántica han vuelto a poner sobre el tapete que la perspectiva neoplatónica que la naturaleza está escrita en letra matemática es falsa y sólo da cuenta de la comprensión artificial de los fenómenos. El principio del Neutrovacío es un paso adelante más en la desideologízación de la ciencia, cuyo sistema conceptual no es la experiencia de la realidad total..

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  16. El principio del Neutrovacío al insistir en la distinción necesaria entre concepto y cosa en sí permite pensar el fondo abisal que existe entre concepto y realidad y al mismo tiempo en Dios. El neutrovacío, concebido como el cosmos en potencia, conduce hacia la idea de que el mundo potencial y el mundo actual no es Dios pero Dios como acto puro está en el mundo. En una palabra, la idea de Neutrovacío nos lleva hacia el reconocimiento de que Dios es el fondo abisal de la ciencia.

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  17. El principio del Neutrovacío al insistir en la distinción necesaria entre concepto y cosa en sí permite pensar el fondo abisal que existe entre concepto y realidad y al mismo tiempo en Dios. El neutrovacío, concebido como el cosmos en potencia, conduce hacia la idea de que el mundo potencial y el mundo actual no es Dios pero Dios como acto puro está en el mundo. En una palabra, la idea de Neutrovacío nos lleva hacia el reconocimiento de que Dios es el fondo abisal de la ciencia.

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