Al mirar hacia atrás y repasar lo vivido en el año 2025, me descubro sorprendido, casi incrédulo, ante la magnitud de lo que fui capaz de producir. Treinta y dos libros de filosofía publicados en un solo año constituyen un acontecimiento que desborda cualquier expectativa previa y que me obliga a detenerme, a contemplar con asombro el camino recorrido y a reconocer que la escritura se convirtió en un torrente incontenible de pensamiento, reflexión y creación. El inicio fue en enero, con un único libro que ya anunciaba la densidad del año: Abismos del zorro interior. Nihilismo y espiritualidad en Arguedas. En él exploré la tensión entre el vacío nihilista y la espiritualidad en la obra de José María Arguedas, como si quisiera abrir la puerta a un diálogo profundo entre la tradición andina y la crisis contemporánea. No imaginaba entonces que este primer paso sería el preludio de una avalancha de publicaciones.
En abril, apareció Agonía de la modernidad sin absolutos. Acotaciones sobre la tragedia del vacío nihilista. Este texto fue una advertencia sobre la fragilidad de nuestra época, marcada por la ausencia de fundamentos y por la tragedia de un vacío que amenaza con devorarlo todo. Fue como encender una luz roja en medio del camino, señalando el peligro de una modernidad que se desmorona.
El mes de mayo trajo consigo cuatro obras que se adentraron en la relación entre inteligencia artificial, dataísmo y trascendencia. De la cibercracia al espíritu. El destino de la IA, entre el Leviatán tecnológico y la civilización trascendental fue una reflexión sobre el poder desmedido de la tecnología y la posibilidad de un horizonte espiritual que lo supere. Teoética y dataísmo. Ser, trascendencia y geopolítica ante el hiperimperialismo digital profundizó en la dimensión ética y geopolítica de este fenómeno. Ontorrealismo. Más allá de la inmanencia, camino hacia lo eterno abrió un sendero hacia lo trascendente, mientras que Algoritmo, ser y Dios. Un análisis ontológico del dataísmo y la IA buscó comprender cómo lo divino se entrelaza con el mundo digital. Cuatro libros en un solo mes, todos atravesados por la urgencia de pensar el destino humano frente a la máquina.
En junio, la producción se intensificó con cinco títulos. La civilización escondida. La posibilidad de inteligencias criptoterrestres ocultas se aventuró en la hipótesis de civilizaciones invisibles. Diálogos filosóficos peruleros. De los amautas a la actualidad reivindicó la tradición filosófica peruana. Tiempo y eternidad. Hacia la plenitud del ser se adentró en la relación entre lo temporal y lo eterno. La mística, su crisis y desafíos examinó la fragilidad de la experiencia mística en el mundo moderno. Finalmente, Filosofía de lo sobrenatural intentó dar un marco filosófico a lo inexplicable. Cinco obras que ampliaron el horizonte hacia lo oculto, lo místico y lo sobrenatural.
El mes de julio fue el más prolífico, con nueve publicaciones que desbordaron cualquier previsión. Cristoradialidad. Teología para un mundo descreído, más allá del dogma sin perder a Cristo ofreció una teología renovada. La universidad nihilista. Una advertencia desde el espíritu universitario denunció la crisis de la institución académica. Maestros del tiempo interior. Una utopía filosófica sobre una civilización mística no tecnológica imaginó un futuro alternativo. Universo pluritemporal. Las desconcertantes galaxias tempranas del telescopio James Webb y la libertad creativa de la Mente infinita vinculó la cosmología con la filosofía. Teología mística de contacto. Mundos posibles bajo el Reino de Dios exploró la posibilidad de un contacto trascendente. Ontologías del sur en la encrucijada. Hacia el logos sincrético de la filosofía andina reivindicó el pensamiento del sur global. Fenomenología del espíritu interdimensional. La experiencia humana más allá del plano físico se adentró en lo interdimensional. Metafísica del don. Una lectura ontorrealista de la donación como estructura del ser reflexionó sobre la gratuidad y el ser. Nueve obras en un solo mes, un torrente que me dejó atónito.
En agosto, tres títulos continuaron la exploración: El códice de Mefistia. Tragedia espiritual-tecnológica abordó la tensión entre lo espiritual y lo tecnológico; Causalismo ritual y ruptura cósmica. La ética climática en la religión andina precolombina vinculó la ética ambiental con la tradición andina; y Ontología intermedia integral. El ser en los márgenes: naturaleza, espíritu y ambigüedad ontológica se adentró en las zonas liminales del ser.
En septiembre, tres obras más: Ontología del logos cósmico, Ontología andina. Sobre el logos cíclico inmanente y Pedagogía del amor. Educar desde el corazón de Cristo. Tres textos que combinaron la reflexión ontológica con la dimensión pedagógica y espiritual.
En noviembre, dos títulos: Estética del ocaso. Arte y modernidad y Filosofía de lo inexplicable. Pensamiento crítico ante el misterio. Ambos señalaron la necesidad de pensar el arte y el misterio en un mundo que se aproxima a su ocaso.
Finalmente, en diciembre, tres obras cerraron el año: Educación y giro civilizatorio, Ovni: frontera, signo y advertencia. Una interpretación desde la ontología intermedia y El cristianismo ante el abismo del nihilismo estructural. Tres textos que marcaron el cierre de un año desbordante, con advertencias y propuestas para un futuro incierto.
El año culminó con el depósito legal en enero de 2026 de dos nuevas obras: Infinito y modernidad. Sobre el antieternalismo y el nihilismo estructural y Dios y Ser. Ensayos de exégesis filosófica de textos bíblicos. Este reconocimiento oficial en la Biblioteca Nacional del Perú dio continuidad y legitimidad a la labor emprendida en 2025.
Al organizar este recuento, me descubro sorprendido por la magnitud de lo realizado. Treinta y dos libros en un solo año, más dos reconocidos oficialmente al inicio del siguiente, constituyen no solo un récord personal, sino también un testimonio de compromiso radical con la filosofía. Cada obra es una pregunta lanzada al vacío, una tentativa de respuesta frente al nihilismo, la tecnología, la espiritualidad, la ontología y la estética. El año 2025 no fue simplemente un periodo de escritura: fue un acontecimiento vital, un giro existencial que me mostró que la filosofía puede ser torrente, desborde y creación incesante.
La escritura filosófica desplegada a lo largo de 2025 revela que la filosofía puede convertirse en un acontecimiento existencial, un torrente vital que desborda los límites de la academia y se transforma en praxis de resistencia frente al nihilismo. La producción de treinta y dos libros en un solo año no es solo un récord cuantitativo, sino la manifestación de que el pensamiento, cuando se vive como compromiso radical, se convierte en creación incesante. El eje problemático que atraviesa gran parte de las obras es el nihilismo, entendido como vacío estructural de la modernidad y como amenaza que devora los fundamentos de nuestra época; de allí la insistencia en pensar alternativas espirituales, ontológicas y comunitarias.
Otro núcleo teórico es la relación entre tecnología, inteligencia artificial y trascendencia: la reflexión muestra que la máquina no es solo herramienta, sino horizonte ontológico y espiritual que redefine lo humano. En paralelo, se reivindica la tradición andina y el pensamiento del sur global, proponiendo un logos sincrético capaz de dialogar con la cosmología, la ética ambiental y la espiritualidad comunitaria. La apertura hacia lo místico, lo sobrenatural y lo interdimensional señala que la filosofía no puede reducirse a lo racional-inmanente, sino que debe acoger lo inexplicable como dimensión legítima del ser.
Finalmente, la filosofía se presenta como crítica civilizatoria: denuncia la crisis de la universidad, de la educación, del arte y del cristianismo, y propone giros radicales frente al colapso de la modernidad. La diversidad de temas —desde Arguedas hasta el telescopio James Webb, desde la ética climática andina hasta la ontología del don— confirma que el pensamiento contemporáneo no puede ser unívoco, sino plural y abierto. En síntesis, este trayecto muestra que la filosofía, vivida como torrente creador, es acto de resistencia contra el nihilismo, crítica radical de la modernidad y apertura hacia lo trascendente y lo comunitario, un testimonio de que pensar es existir en desborde y creación incesante.