domingo, 8 de febrero de 2026

Ideas en batalla (Comentario)



 Ideas en batalla

Rafael Félix Mora Ramirez (UNFV)

He leído con sumo interés el resumen que ha elaborado el profesor Gustavo Flores Quelopana en su ensayo Ideas en batalla (2026) sobre mi libro “Lógica y paradojas: un estudio filosófico” que tiene dos volúmenes. Me parece interesante lo que menciona en su escrito. Realmente me sorprende sus elogios y sus gestos amables. Es evidente que cuando alguien elabora un resumen de otra obra también vuelca su propia subjetividad en esta. Y noto que el tema de los mitos, la religión y las otras lógicas (no soportadas por el establishment:  tanto las lógicas culturales como las lógicas no clásicas e, inclusive, las lógicas, que denominaré por falta de otro término más adecuado, no contactadas) son parte del interés del profesor Flores Quelopana.

Me sorprende, por ejemplo, que mencione el tema de los mitos y de la religión dado que esto se menciona en el libro cuando se habla del argumento ontológico de Gödel. Aunque no se enfaticen esos conceptos es interesante lo que el profesor revela con su resumen. Hay cosas que uno como autor no logra anticipar como el hecho de que algunas ideas que podrían ser consideradas secundarias o transitorias sean vistas por los demás como valiosas y de trascendencia. Eso no lo había logrado discernir adecuadamente. Precisamente, en ese escrito sobre Gödel se menciona a Dios y a la filosofía de la religión para tratar previamente el argumento ontológico, pero el profesor Flores Quelopana le da una orientación interesante que me ha llamado profundamente la atención.

Ciertamente con este libro buscamos problematizar aquella lógica que se considera formalista, matemática o simbólica y que, muchas veces, aleja al público en vez de acercarlo. También, estamos interesados en otras lógicas (las llamadas lógicas no clásicas) y consideramos que están estrechamente vinculadas a las paradojas en el sentido de que creemos que muchas lógicas no clásicas provienen de intentos de resolución de situaciones generadas por las paradojas en distintos ámbitos del pensamiento y la reflexión.

De hecho, admiramos a Bertrand Russell, a Francisco Miró Quesada, a Ferro, a Piscoya y Aristóteles, pero también les podemos criticar con respeto. Consideramos que Russell, por ejemplo, defendió una posición lo más prudente que se podía en la época en la que estuvo vigente su actividad filosófica. El hecho de que después hayan surgido lógicas paraconsistentes o de otra índole que desafía el concepto de la razón tal y como se entiende en Occidente es un asunto ya para polemizar posteriormente, pero su legado es innegable.

Miró Quesada tiene algunos escritos sobre el uso práctico de la lógica que me ha gustado conocer y él considera, desde cierta posición fenomenológica, que tiene una plena relación la forma de pensar con la forma de vivenciar el mundo. Esto, muchas veces, no se suele mencionar en los tratados de lógica.

En relación a Piscoya me parece interesante su enfoque formal, su seriedad, su exigencia, pero, al mismo tiempo, no he querido ver a la lógica con una camisa de fuerza (y Piscoya, aunque loable, parece exigir un dominio de reglas lógicas que, normalmente, no maneja la mayoría de alumnos de letras). Creo que necesitamos humanizar este tipo de disciplinas ligadas al pensamiento crítico.

Evidentemente, Aristóteles nos parece un genio, pero no ha sido adecuado repetirlo hasta el cansancio como se hizo en la época medieval, pues ya se reveló con los modernos algunas de sus falencias relacionadas, por ejemplo, a la relación de subordinación en el cuadro de Boecio. También, se menciona a Walter Redmond en la reseña de Flores Quelopana. Y sí, definitivamente, hay una matriz lógica aquí en el Perú que se remonta a la época del virreinato y se considera que, aunque invisibilizada, dicha tradición ha sido continuada por grandes especialistas como Ferro, Miró Quesada y Piscoya, entre otros.

No se trata explícitamente en el texto analizado sobre lógica y su relación con la inteligencia artificial porque el tema aún es nuevo y el libro tenía otra intención, pero me parece valioso lo que menciona Flores al respecto de la automatización de esta y que si esta mecanización de la inteligencia artificial es o no compatible con aquella lógica que se cuestiona en estos dos volúmenes.

Sobre Juan Bautista Ferro habría mucho que mencionar: su trabajo, su obra, su vida misma, la falta de estudios de su persona o, también, su poca costumbre para escribir papers o textos filosóficos debido a cierta convicción, un tanto radical, de que lo mejor es conversar antes que escribir.

En ese sentido, yo defiendo una lógica que sí sea tolerante, que esté abierta, que sea humanizada, que no se preste mucho a la anulación o la ridiculización de los demás o que no genere soberbia frente al público. Más bien, creo que la vida no debe adaptarse a las reglas lógicas, sino que es, a la inversa, las reglas lógicas deberían servir para, de alguna forma, orientarnos o guiarnos en el pensamiento crítico, en el debate cotidiano. Solo así la lógica será una herramienta valiosa. En ese sentido, agradezco el resumen del profesor Flores Quelopana.

 

Pueblo Libre, 8 de febrero del 2026

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