domingo, 8 de febrero de 2026

Prólogo a la Tercera Edición de "Tales de Mileto"

 


Prólogo a la Tercera Edición

Gustavo Flores Quelopana

Past President de la Sociedad Peruana de Filosofía 

La obra de Jesús Curasma de la Cruz, Tales de Mileto. El compromiso con la sociedad (Apogeo Editorial, 2023), constituye un aporte significativo al pensamiento filosófico latinoamericano contemporáneo. Su mérito radica en el esfuerzo por releer la filosofía griega antigua desde una perspectiva situada, crítica y comprometida, capaz de dialogar con los desafíos de nuestro tiempo.

Este libro no se limita a reconstruir la figura histórica de Tales de Mileto, sino que lo convierte en un interlocutor vivo para las discusiones actuales. Al poner en diálogo sus planteamientos con las problemáticas de América Latina, Curasma de la Cruz abre un espacio fecundo para pensar cómo las raíces del pensamiento racional pueden inspirar un compromiso ético y social en contextos atravesados por la desigualdad y la urgencia de transformación. Así, Tales deja de ser únicamente el fundador de la filosofía para convertirse en un referente que ilumina el papel del pensamiento crítico en la sociedad contemporánea.

 

Aportes de Tales de Mileto. El compromiso con la sociedad

1. Reivindicación de Tales como pensador socialmente implicado Curasma de la Cruz desafía la imagen tradicional de Tales como un mero contemplador de los astros, ajeno a la vida terrenal. A partir de fuentes antiguas y un estudio contextual de la Grecia arcaica, reconstruye a Tales como un filósofo comprometido con los problemas de su tiempo, interesado en la organización política, la justicia y el bienestar colectivo.

Este planteamiento permite comprender a Tales no solo como pionero de la racionalidad científica, sino también como un actor que buscó incidir en la vida comunitaria de su polis. Al destacar su interés por la justicia y la organización política, Curasma muestra que la filosofía, desde sus orígenes, estuvo vinculada a la construcción de un orden social más equitativo. Esta reinterpretación abre la posibilidad de pensar la filosofía antigua como práctica viva y comprometida, capaz de dialogar con los problemas actuales e inspirar nuevas formas de responsabilidad intelectual frente a la sociedad.

2. Desmitificación del cliché del sabio distraído El libro parte de la célebre anécdota del pozo —donde Tales cae por mirar el cielo— para desmontar el prejuicio que lo presenta como un pensador alejado de la realidad. Curasma propone que esta imagen fue construida por la tradición para desacreditar el pensamiento abstracto, cuando en realidad Tales fue un agente activo en la vida pública de Mileto.

Este análisis cuestiona cómo ciertos relatos han moldeado la percepción histórica de los filósofos, reduciéndolos a caricaturas que invisibilizan su dimensión política y social. Al desmontar el cliché del sabio distraído, Curasma reivindica a Tales como un pensador integral, capaz de articular la contemplación del cosmos con la acción práctica en la vida pública. De esta manera, el libro invita a reconsiderar la relación entre teoría y praxis, mostrando que el pensamiento abstracto no está desligado de la realidad, sino que puede ser una herramienta poderosa para transformar la sociedad.

3. Aporte desde Huancayo al pensamiento filosófico universal Es significativo que esta obra haya sido escrita desde Perú, y más aún desde Huancayo. En un contexto donde la filosofía antigua suele ser abordada desde centros académicos europeos, este libro representa un gesto de descentralización epistémica, mostrando que el pensamiento clásico puede ser releído desde América Latina con profundidad y originalidad.

Este aporte evidencia que la filosofía no es patrimonio exclusivo de los grandes centros académicos europeos, sino que puede ser cultivada y renovada desde espacios periféricos con igual rigor y creatividad. La elección de Huancayo como lugar de producción intelectual subraya la importancia de reconocer la pluralidad de voces y geografías en la construcción del pensamiento universal. Así, la obra de Curasma se convierte en ejemplo concreto de cómo la filosofía latinoamericana puede dialogar con la tradición clásica, resignificarla y proyectarla hacia nuevas formas de compromiso social y cultural.

4. Estilo accesible y pedagógico A diferencia de textos académicos densos, Curasma escribe con claridad y vocación pedagógica, lo que permite que el libro sea leído tanto por estudiantes como por lectores generales interesados en la filosofía.

Este rasgo estilístico convierte la obra en un puente entre la investigación académica y la divulgación cultural. Al optar por un lenguaje claro y recursos pedagógicos, Curasma logra que conceptos filosóficos complejos se presenten de manera comprensible sin perder rigor, fomentando la participación de un público más amplio en el debate filosófico. De este modo, el libro contribuye a democratizar el acceso al pensamiento crítico y refuerza la idea de que la filosofía puede y debe dialogar con la sociedad en su conjunto, más allá de los círculos especializados.

 

Limitaciones de la obra

1. Falta de articulación con la metafísica contemporánea Aunque el libro reivindica el compromiso social de Tales, no desarrolla una ontología profunda que lo vincule con los debates actuales sobre libertad, trascendencia e inmanencia. La lectura se mantiene en un plano histórico y contextual, sin proyectarse hacia una metafísica planetaria como la que exige el mundo multipolar.

La ausencia de esta articulación limita el alcance del texto, pues impide que la figura de Tales dialogue con debates filosóficos de mayor envergadura. Al centrarse principalmente en la reconstrucción histórica, la obra deja abierta la posibilidad de una proyección más amplia hacia una ontología que responda a los retos globales. Este vacío señala un campo fértil para futuras investigaciones, donde la recuperación del compromiso social de Tales podría complementarse con una reflexión metafísica capaz de situar su pensamiento en el horizonte de los desafíos contemporáneos.

2. Ausencia de diálogo con otras tradiciones filosóficas La obra se concentra exclusivamente en Tales y en la Grecia arcaica, sin tender puentes hacia otras tradiciones —como el pensamiento andino, el cristianismo o la filosofía india— que habrían enriquecido la reflexión sobre el compromiso del sabio con la sociedad.

Esta falta de diálogo reduce la riqueza comparativa que el texto podría ofrecer, pues limita la posibilidad de establecer conexiones entre la figura de Tales y otros modos de concebir la responsabilidad social del filósofo. Incorporar perspectivas como el pensamiento andino, con su énfasis en la comunidad y la reciprocidad, o el cristianismo, con su visión ética del servicio, habría ampliado el horizonte de reflexión y mostrado cómo distintas culturas han concebido la relación entre conocimiento y sociedad. La ausencia de esta integración intercultural deja pendiente un trabajo que podría fortalecer la propuesta y situarla en un marco más amplio de filosofía comparada.

3. Enfoque biográfico más que sistemático El libro privilegia la reconstrucción biográfica y anecdótica, lo cual aporta cercanía y humaniza la figura de Tales, pero limita el desarrollo de una teoría filosófica estructurada sobre el rol del pensamiento en la transformación social.

El énfasis en la dimensión biográfica hace que la obra se perciba más como narración histórica que como propuesta filosófica sistemática, reduciendo su impacto en debates contemporáneos sobre la función crítica de la filosofía. Sin embargo, esta carencia abre un espacio fértil para futuros trabajos que profundicen en la elaboración de un marco teórico sólido, capaz de articular la vida del filósofo con una reflexión más amplia sobre el poder del pensamiento en la configuración de la sociedad.

 

Valor en el contexto del ensayo

La obra de Jesús Curasma de la Cruz puede entenderse como una pieza introductoria en el camino hacia una filosofía comprometida, situada y encarnada. Su esfuerzo por releer a Tales “desde la tierra y no desde el cielo” dialoga con la tesis central de que el mundo marcha hacia una libertad con trascendencia, donde el pensamiento no se evade, sino que transforma la historia desde dentro.

El valor del libro radica en que funciona como puerta de entrada a una filosofía que no se conforma con la contemplación, sino que busca incidir en la realidad. Al reinterpretar a Tales como un pensador comprometido con su polis, Curasma de la Cruz ofrece una metáfora de lo que hoy exige el mundo multipolar: un pensamiento que observa, pero también actúa; que no se encierra en la torre de marfil, sino que se abre a la sociedad. En este sentido, la obra se integra plenamente en la propuesta del ensayo, mostrando que la filosofía, desde sus orígenes, posee la capacidad de ser praxis transformadora y horizonte de libertad con trascendencia.

El “Tales situado” que propone Curasma enfatiza la dimensión praxiológica del filósofo de Mileto, revelando cómo su pensamiento no se reducía a especulaciones cosmológicas, sino que se vinculaba directamente con la acción y la vida comunitaria. Este enfoque contrasta con la clasificación aristotélica que lo agrupó entre los “filósofos físicos”, centrados en la explicación de la naturaleza. Al destacar su compromiso con la praxis social, Curasma lo rescata de la reducción naturalista y lo proyecta como referente de una filosofía comprometida con la transformación de la polis.

El autor reivindica a Tales como un pensador socialmente implicado, desafiando la imagen tradicional de un sabio distraído y ajeno a la vida terrenal. A partir de fuentes antiguas y del contexto de la Grecia arcaica, lo reconstruye como un filósofo comprometido con la organización política, la justicia y el bienestar colectivo. Este énfasis en la praxis se refuerza al desmontar el cliché del sabio que cae en un pozo por mirar el cielo, mostrando que esa caricatura fue construida para desacreditar el pensamiento abstracto, cuando en realidad Tales fue un agente activo en la vida pública de Mileto.

 

Comparación con otros intérpretes de Tales

El esfuerzo de Jesús Curasma de la Cruz por releer a Tales desde la tierra y no desde el cielo dialoga con la tesis central de que el mundo marcha hacia una libertad con trascendencia, donde el pensamiento no se evade, sino que transforma la historia desde dentro. El Tales situado que propone enfatiza la faceta praxiológica del filósofo de Mileto, lo cual contrasta con Aristóteles, que lo agrupó entre los filósofos físicos.

Esta interpretación se confronta con las lecturas de otros estudiosos:

·           Guthrie lo presenta como iniciador de la investigación racional sobre la naturaleza.

·           Russo Delgado lo rescata como sabio moral dentro de la tradición de los Siete Sabios.

·           Zeller lo ubica como pionero de la especulación cosmológica.

·           Gomperz lo interpreta como fundador del logos científico.

·           Jaeger lo vincula al surgimiento del espíritu educativo griego.

·           Joel lo destaca como iniciador del pensamiento sistemático.

·           Kranz lo reduce a filósofo físico centrado en el arché.

·           Mondolfo lo reivindica como pionero del logos racional.

Frente a todos ellos, Curasma ofrece una lectura distinta: rescata a Tales como un pensador situado y comprometido con la praxis social, mostrando que la filosofía, desde sus orígenes, puede ser acción transformadora y horizonte de libertad con trascendencia.

 

Un tema metafísico pendiente

Para Tales el arjé es el agua, principio originario del mundo físico. Sin embargo, también afirma que “todo está lleno de dioses”, es decir, de vida, de alma. Esta doble afirmación abre un debate crucial: ¿diferencia Tales entre el Ser y el mundo físico? Si el agua es el arjé de lo material, ¿lo es también del alma? Si no lo es, entonces el alma —que no es física— se identificaría con el Ser, mientras que el agua sería el principio del mundo sensible. Ello significaría que el Ser es el alma y el mundo físico es el agua.

Diversos intérpretes han abordado esta tensión. Schwalb, Woodbury, Mourelatos y Peñaloza sostienen la diferencia entre Ser y mundo físico, reconociendo en Tales una intuición de la dualidad entre lo vital y lo material. En cambio, Sobrevilla, siguiendo a Heidegger, tiende a borrar esa diferencia, al menos en Parménides, donde el Ser y lo físico se confunden en una misma dimensión ontológica.

Curasma, por su parte, parece deslindarse por la solución de Aristóteles y Heidegger: no habría diferencia entre el Ser y el mundo físico (p. 65). Tales sería entonces un hilozoísta, alguien que concibe la materia misma como animada, como portadora de vida. En contraste, Jaeger interpreta el arjé como un principio racional, ordenador y superior al mundo físico, equivalente al Ser: agua en Tales, apeiron en Anaximandro, aire en Anaxímenes. Para Jaeger, por tanto, sí existe una diferencia entre el Ser y el mundo físico. Para Curasma el arjé de Tales no diferencia entre ser y mundo físico, para Jaeger sí.

Lo cierto es que en Tales no encontramos la disquisición epistemológica parmenídea que distingue entre el camino de la verdad —por el Ser— y el de la opinión —por lo sensible—. En su pensamiento, la supuesta separación entre alma/Ser y agua/mundo físico parece tener una misma lectura ontológica: ambos son modos de lo real, sin jerarquía epistemológica clara.

Este vacío abre un tema metafísico pendiente: ¿es el alma un principio distinto del agua, o es el agua también principio de lo vital? La ambigüedad de Tales, lejos de ser una limitación, constituye el germen de la reflexión ontológica posterior. Su pensamiento inaugura la pregunta por la relación entre materia y espíritu, entre mundo físico y Ser, sin resolverla, pero dejando planteado el horizonte de una metafísica que aún hoy sigue interpelando.

 

Apunte precolombino

Aquí vamos a incorporar perspectivas sobre el pensamiento andino. En las grandes civilizaciones andinas el henoteísmo -monoteísmo encubierto con deidad principal sobre pluralidad de dioses- se percibe con mayor claridad que en el mundo griego. Aunque existía una pluralidad de divinidades, muchas de ellas ligadas a fenómenos naturales y a la vida cotidiana, había una tendencia marcada a reconocer una deidad suprema o creadora que ocupaba un lugar jerárquico por encima de las demás. Wiracocha, por ejemplo, era concebido como el dios originario, creador del universo y de los hombres, presente en tradiciones desde Chavín hasta los incas. Pachacamac, venerado en la costa central, tenía un prestigio enorme como ordenador del mundo y su santuario fue uno de los más importantes de la región. En el caso del Estado inca, Inti, el dios sol, fue elevado a la categoría de divinidad oficial y protector de la dinastía, mientras que Pachamama, la madre tierra, era reverenciada en rituales agrícolas y cotidianos, indispensable para la subsistencia.

La diferencia con Grecia es que, aunque Zeus era considerado el padre de los dioses y de los hombres, el culto estaba mucho más descentralizado y cada polis podía tener como principal a otra divinidad. En los Andes, en cambio, la estructura religiosa tendía a reforzar la supremacía de un dios creador, ordenador o solar, lo que se acerca más al henoteísmo en sentido estricto: se reconocía la existencia de muchos dioses, pero uno ocupaba un lugar superior y central en la cosmovisión.

Este detalle es muy importante, porque permite concebir que la filosofía precolombina estaba más estrechamente unida al mito, era una filosofía mitocrática. En cambio, en Tales y los presocráticos la deidad principal de la religión griega aparece racionalizada como principio racional, ordenador y superior al mundo físico. Es decir, más conforme con el inicio de la filosofía logocrática. En otras palabras, mientras que la filosofía griega desde sus inicios racionaliza la deidad principal con el arjé, por el contrario, la filosofía mitocrática precolombina tiende a un logos cósmico cíclico inmanente entre la deidad ordenadora o Wiracocha, la deidad mantenedor de la vida o Pachacamac y la deidad destructora cada 500 años o Pachacuti. Pero ambos esquemas de pensamiento son inmanentes, porque tanto la deidad superior como el arjé griego es superior, pero opera dentro del mundo.

Tanto en la religión griega como en la andina la deidad suprema no es trascendente en el sentido de estar fuera del mundo, sino inmanente, operando dentro del cosmos y de la vida cotidiana. En Grecia, Zeus es superior, pero su poder se ejerce en el orden del mundo: controla el clima, la justicia, el destino de los hombres y de los dioses, siempre dentro del tejido de la realidad. No es un dios “fuera” del universo, sino parte de él, aunque en la cúspide. Lo mismo ocurre con el concepto filosófico del arjé: el principio originario (agua para Tales, apeiron para Anaximandro, fuego para Heráclito) no es un ente trascendente, sino la sustancia o fuerza que constituye y organiza el mundo desde dentro.

En los Andes, Wiracocha, Inti o Pachacamac también son supremos, pero su acción se manifiesta en la naturaleza, en los ciclos agrícolas, en el sol que da vida, en la tierra que alimenta. Pachamama, por ejemplo, es madre porque está presente en cada cosecha y cada ritual, no como una entidad externa sino como la tierra misma.

Así, ambos esquemas comparten esa visión inmanente del principio superior: no se trata de un dios radicalmente separado del mundo, sino de una fuerza o entidad que lo sostiene y lo ordena desde dentro. La diferencia está en el énfasis cultural: los griegos lo expresan en clave de jerarquía divina y de filosofía del arjé, mientras que los andinos lo viven en la relación directa con la naturaleza y la sacralidad de los ciclos vitales.

 

Concluyendo

El mérito del enfoque de Jesús Curasma de la Cruz radica en desplazar la lectura tradicional de Tales, centrada en su dimensión cosmológica, hacia una interpretación praxiológica que lo vincula directamente con la vida de la polis. Al hacerlo, no solo rescata al filósofo de Mileto como un pensador situado y comprometido, sino que también abre la posibilidad de releer la filosofía antigua desde un horizonte latinoamericano, donde la reflexión se concibe como praxis transformadora y no como mera contemplación.

Esta propuesta aporta originalidad y vigencia, pues muestra que la filosofía, desde sus orígenes, puede ser acción encarnada en la historia y horizonte de libertad con trascendencia, dialogando con los desafíos de un mundo multipolar.

Lima, 10 de febrero 2026

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