Prólogo a la Tercera Edición
Gustavo Flores Quelopana
Past President de la Sociedad Peruana de Filosofía
La obra de
Jesús Curasma de la Cruz, Tales de Mileto. El compromiso con la sociedad
(Apogeo Editorial, 2023), constituye un aporte significativo al pensamiento
filosófico latinoamericano contemporáneo. Su mérito radica en el esfuerzo por
releer la filosofía griega antigua desde una perspectiva situada, crítica y
comprometida, capaz de dialogar con los desafíos de nuestro tiempo.
Este libro
no se limita a reconstruir la figura histórica de Tales de Mileto, sino que lo
convierte en un interlocutor vivo para las discusiones actuales. Al poner en
diálogo sus planteamientos con las problemáticas de América Latina, Curasma de
la Cruz abre un espacio fecundo para pensar cómo las raíces del pensamiento
racional pueden inspirar un compromiso ético y social en contextos atravesados
por la desigualdad y la urgencia de transformación. Así, Tales deja de ser
únicamente el fundador de la filosofía para convertirse en un referente que
ilumina el papel del pensamiento crítico en la sociedad contemporánea.
Aportes de
Tales de Mileto. El compromiso con la sociedad
1.
Reivindicación de Tales como pensador socialmente implicado Curasma de la Cruz desafía la imagen
tradicional de Tales como un mero contemplador de los astros, ajeno a la vida
terrenal. A partir de fuentes antiguas y un estudio contextual de la Grecia
arcaica, reconstruye a Tales como un filósofo comprometido con los problemas de
su tiempo, interesado en la organización política, la justicia y el bienestar
colectivo.
Este
planteamiento permite comprender a Tales no solo como pionero de la
racionalidad científica, sino también como un actor que buscó incidir en la
vida comunitaria de su polis. Al destacar su interés por la justicia y la
organización política, Curasma muestra que la filosofía, desde sus orígenes,
estuvo vinculada a la construcción de un orden social más equitativo. Esta
reinterpretación abre la posibilidad de pensar la filosofía antigua como
práctica viva y comprometida, capaz de dialogar con los problemas actuales e
inspirar nuevas formas de responsabilidad intelectual frente a la sociedad.
2.
Desmitificación del cliché del sabio distraído El libro parte de la célebre anécdota del
pozo —donde Tales cae por mirar el cielo— para desmontar el prejuicio que lo
presenta como un pensador alejado de la realidad. Curasma propone que esta
imagen fue construida por la tradición para desacreditar el pensamiento
abstracto, cuando en realidad Tales fue un agente activo en la vida pública de
Mileto.
Este
análisis cuestiona cómo ciertos relatos han moldeado la percepción histórica de
los filósofos, reduciéndolos a caricaturas que invisibilizan su dimensión
política y social. Al desmontar el cliché del sabio distraído, Curasma
reivindica a Tales como un pensador integral, capaz de articular la
contemplación del cosmos con la acción práctica en la vida pública. De esta
manera, el libro invita a reconsiderar la relación entre teoría y praxis,
mostrando que el pensamiento abstracto no está desligado de la realidad, sino
que puede ser una herramienta poderosa para transformar la sociedad.
3. Aporte
desde Huancayo al pensamiento filosófico universal Es significativo que esta obra haya sido
escrita desde Perú, y más aún desde Huancayo. En un contexto donde la filosofía
antigua suele ser abordada desde centros académicos europeos, este libro
representa un gesto de descentralización epistémica, mostrando que el
pensamiento clásico puede ser releído desde América Latina con profundidad y
originalidad.
Este
aporte evidencia que la filosofía no es patrimonio exclusivo de los grandes
centros académicos europeos, sino que puede ser cultivada y renovada desde
espacios periféricos con igual rigor y creatividad. La elección de Huancayo
como lugar de producción intelectual subraya la importancia de reconocer la
pluralidad de voces y geografías en la construcción del pensamiento universal.
Así, la obra de Curasma se convierte en ejemplo concreto de cómo la filosofía
latinoamericana puede dialogar con la tradición clásica, resignificarla y
proyectarla hacia nuevas formas de compromiso social y cultural.
4. Estilo
accesible y pedagógico A
diferencia de textos académicos densos, Curasma escribe con claridad y vocación
pedagógica, lo que permite que el libro sea leído tanto por estudiantes como
por lectores generales interesados en la filosofía.
Este rasgo
estilístico convierte la obra en un puente entre la investigación académica y
la divulgación cultural. Al optar por un lenguaje claro y recursos pedagógicos,
Curasma logra que conceptos filosóficos complejos se presenten de manera
comprensible sin perder rigor, fomentando la participación de un público más
amplio en el debate filosófico. De este modo, el libro contribuye a
democratizar el acceso al pensamiento crítico y refuerza la idea de que la
filosofía puede y debe dialogar con la sociedad en su conjunto, más allá de los
círculos especializados.
Limitaciones
de la obra
1. Falta
de articulación con la metafísica contemporánea Aunque el libro reivindica el compromiso
social de Tales, no desarrolla una ontología profunda que lo vincule con los
debates actuales sobre libertad, trascendencia e inmanencia. La lectura se
mantiene en un plano histórico y contextual, sin proyectarse hacia una
metafísica planetaria como la que exige el mundo multipolar.
La
ausencia de esta articulación limita el alcance del texto, pues impide que la
figura de Tales dialogue con debates filosóficos de mayor envergadura. Al
centrarse principalmente en la reconstrucción histórica, la obra deja abierta
la posibilidad de una proyección más amplia hacia una ontología que responda a
los retos globales. Este vacío señala un campo fértil para futuras
investigaciones, donde la recuperación del compromiso social de Tales podría
complementarse con una reflexión metafísica capaz de situar su pensamiento en
el horizonte de los desafíos contemporáneos.
2.
Ausencia de diálogo con otras tradiciones filosóficas La obra se concentra exclusivamente en Tales
y en la Grecia arcaica, sin tender puentes hacia otras tradiciones —como el
pensamiento andino, el cristianismo o la filosofía india— que habrían
enriquecido la reflexión sobre el compromiso del sabio con la sociedad.
Esta falta
de diálogo reduce la riqueza comparativa que el texto podría ofrecer, pues
limita la posibilidad de establecer conexiones entre la figura de Tales y otros
modos de concebir la responsabilidad social del filósofo. Incorporar
perspectivas como el pensamiento andino, con su énfasis en la comunidad y la
reciprocidad, o el cristianismo, con su visión ética del servicio, habría
ampliado el horizonte de reflexión y mostrado cómo distintas culturas han
concebido la relación entre conocimiento y sociedad. La ausencia de esta
integración intercultural deja pendiente un trabajo que podría fortalecer la
propuesta y situarla en un marco más amplio de filosofía comparada.
3. Enfoque
biográfico más que sistemático El libro
privilegia la reconstrucción biográfica y anecdótica, lo cual aporta cercanía y
humaniza la figura de Tales, pero limita el desarrollo de una teoría filosófica
estructurada sobre el rol del pensamiento en la transformación social.
El énfasis
en la dimensión biográfica hace que la obra se perciba más como narración
histórica que como propuesta filosófica sistemática, reduciendo su impacto en
debates contemporáneos sobre la función crítica de la filosofía. Sin embargo,
esta carencia abre un espacio fértil para futuros trabajos que profundicen en
la elaboración de un marco teórico sólido, capaz de articular la vida del
filósofo con una reflexión más amplia sobre el poder del pensamiento en la
configuración de la sociedad.
Valor en
el contexto del ensayo
La obra de
Jesús Curasma de la Cruz puede entenderse como una pieza introductoria en el
camino hacia una filosofía comprometida, situada y encarnada. Su esfuerzo por
releer a Tales “desde la tierra y no desde el cielo” dialoga con la tesis
central de que el mundo marcha hacia una libertad con trascendencia, donde el
pensamiento no se evade, sino que transforma la historia desde dentro.
El valor
del libro radica en que funciona como puerta de entrada a una filosofía que no
se conforma con la contemplación, sino que busca incidir en la realidad. Al
reinterpretar a Tales como un pensador comprometido con su polis, Curasma de la
Cruz ofrece una metáfora de lo que hoy exige el mundo multipolar: un
pensamiento que observa, pero también actúa; que no se encierra en la torre de
marfil, sino que se abre a la sociedad. En este sentido, la obra se integra
plenamente en la propuesta del ensayo, mostrando que la filosofía, desde sus
orígenes, posee la capacidad de ser praxis transformadora y horizonte de
libertad con trascendencia.
El “Tales
situado” que propone Curasma enfatiza la dimensión praxiológica del filósofo de
Mileto, revelando cómo su pensamiento no se reducía a especulaciones
cosmológicas, sino que se vinculaba directamente con la acción y la vida
comunitaria. Este enfoque contrasta con la clasificación aristotélica que lo
agrupó entre los “filósofos físicos”, centrados en la explicación de la
naturaleza. Al destacar su compromiso con la praxis social, Curasma lo rescata
de la reducción naturalista y lo proyecta como referente de una filosofía
comprometida con la transformación de la polis.
El autor
reivindica a Tales como un pensador socialmente implicado, desafiando la imagen
tradicional de un sabio distraído y ajeno a la vida terrenal. A partir de
fuentes antiguas y del contexto de la Grecia arcaica, lo reconstruye como un
filósofo comprometido con la organización política, la justicia y el bienestar
colectivo. Este énfasis en la praxis se refuerza al desmontar el cliché del
sabio que cae en un pozo por mirar el cielo, mostrando que esa caricatura fue
construida para desacreditar el pensamiento abstracto, cuando en realidad Tales
fue un agente activo en la vida pública de Mileto.
Comparación
con otros intérpretes de Tales
El
esfuerzo de Jesús Curasma de la Cruz por releer a Tales desde la tierra y no
desde el cielo dialoga con la tesis central de que el mundo marcha hacia una
libertad con trascendencia, donde el pensamiento no se evade, sino que
transforma la historia desde dentro. El Tales situado que propone
enfatiza la faceta praxiológica del filósofo de Mileto, lo cual contrasta con
Aristóteles, que lo agrupó entre los filósofos físicos.
Esta
interpretación se confronta con las lecturas de otros estudiosos:
·
Guthrie lo presenta como iniciador de la
investigación racional sobre la naturaleza.
·
Russo
Delgado lo rescata como sabio
moral dentro de la tradición de los Siete Sabios.
·
Zeller lo ubica como pionero de la especulación
cosmológica.
·
Gomperz lo interpreta como fundador del logos
científico.
·
Jaeger lo vincula al surgimiento del espíritu
educativo griego.
·
Joel lo destaca como iniciador del pensamiento
sistemático.
·
Kranz lo reduce a filósofo físico centrado en el arché.
·
Mondolfo lo reivindica como pionero del logos
racional.
Frente a
todos ellos, Curasma ofrece una lectura distinta: rescata a Tales como un
pensador situado y comprometido con la praxis social, mostrando que la
filosofía, desde sus orígenes, puede ser acción transformadora y horizonte de
libertad con trascendencia.
Un tema
metafísico pendiente
Para Tales
el arjé es el agua, principio originario del mundo físico. Sin embargo,
también afirma que “todo está lleno de dioses”, es decir, de vida, de alma.
Esta doble afirmación abre un debate crucial: ¿diferencia Tales entre el Ser y
el mundo físico? Si el agua es el arjé de lo material, ¿lo es también
del alma? Si no lo es, entonces el alma —que no es física— se identificaría con
el Ser, mientras que el agua sería el principio del mundo sensible. Ello
significaría que el Ser es el alma y el mundo físico es el agua.
Diversos
intérpretes han abordado esta tensión. Schwalb, Woodbury, Mourelatos y Peñaloza
sostienen la diferencia entre Ser y mundo físico, reconociendo en Tales una
intuición de la dualidad entre lo vital y lo material. En cambio, Sobrevilla,
siguiendo a Heidegger, tiende a borrar esa diferencia, al menos en Parménides,
donde el Ser y lo físico se confunden en una misma dimensión ontológica.
Curasma, por su parte, parece
deslindarse por la solución de Aristóteles y Heidegger: no habría diferencia
entre el Ser y el mundo físico (p. 65). Tales sería entonces un hilozoísta,
alguien que concibe la materia misma como animada, como portadora de vida. En
contraste, Jaeger interpreta el arjé
como un principio racional, ordenador y superior al mundo físico, equivalente
al Ser: agua en Tales, apeiron
en Anaximandro, aire en Anaxímenes. Para Jaeger, por tanto, sí existe una
diferencia entre el Ser y el mundo físico. Para Curasma el arjé de Tales no
diferencia entre ser y mundo físico, para Jaeger sí.
Lo cierto
es que en Tales no encontramos la disquisición epistemológica parmenídea que
distingue entre el camino de la verdad —por el Ser— y el de la opinión —por lo
sensible—. En su pensamiento, la supuesta separación entre alma/Ser y
agua/mundo físico parece tener una misma lectura ontológica: ambos son modos de
lo real, sin jerarquía epistemológica clara.
Este vacío
abre un tema metafísico pendiente: ¿es el alma un principio distinto del agua,
o es el agua también principio de lo vital? La ambigüedad de Tales, lejos de
ser una limitación, constituye el germen de la reflexión ontológica posterior.
Su pensamiento inaugura la pregunta por la relación entre materia y espíritu,
entre mundo físico y Ser, sin resolverla, pero dejando planteado el horizonte
de una metafísica que aún hoy sigue interpelando.
Apunte
precolombino
Aquí vamos a incorporar perspectivas sobre el
pensamiento andino. En las grandes civilizaciones andinas el henoteísmo -monoteísmo
encubierto con deidad principal sobre pluralidad de dioses- se percibe con
mayor claridad que en el mundo griego. Aunque existía una pluralidad de
divinidades, muchas de ellas ligadas a fenómenos naturales y a la vida
cotidiana, había una tendencia marcada a reconocer una deidad suprema o
creadora que ocupaba un lugar jerárquico por encima de las demás. Wiracocha,
por ejemplo, era concebido como el dios originario, creador del universo y de
los hombres, presente en tradiciones desde Chavín hasta los incas. Pachacamac,
venerado en la costa central, tenía un prestigio enorme como ordenador del
mundo y su santuario fue uno de los más importantes de la región. En el caso
del Estado inca, Inti, el dios sol, fue elevado a la categoría de divinidad
oficial y protector de la dinastía, mientras que Pachamama, la madre tierra,
era reverenciada en rituales agrícolas y cotidianos, indispensable para la
subsistencia.
La
diferencia con Grecia es que, aunque Zeus era considerado el padre de los
dioses y de los hombres, el culto estaba mucho más descentralizado y cada polis
podía tener como principal a otra divinidad. En los Andes, en cambio, la
estructura religiosa tendía a reforzar la supremacía de un dios creador,
ordenador o solar, lo que se acerca más al henoteísmo en sentido estricto: se
reconocía la existencia de muchos dioses, pero uno ocupaba un lugar superior y
central en la cosmovisión.
Este
detalle es muy importante, porque permite concebir que la filosofía
precolombina estaba más estrechamente unida al mito, era una filosofía
mitocrática. En cambio, en Tales y los presocráticos la deidad principal de la
religión griega aparece racionalizada como principio
racional, ordenador y superior al mundo físico. Es decir, más conforme con el
inicio de la filosofía logocrática. En otras palabras, mientras que la
filosofía griega desde sus inicios racionaliza la deidad principal con el arjé,
por el contrario, la filosofía mitocrática precolombina tiende a un logos
cósmico cíclico inmanente entre la deidad ordenadora o Wiracocha, la deidad
mantenedor de la vida o Pachacamac y la deidad destructora cada 500 años o
Pachacuti. Pero
ambos esquemas de pensamiento son inmanentes, porque tanto la deidad superior
como el arjé griego es superior, pero opera dentro del mundo.
Tanto en
la religión griega como en la andina la deidad suprema no es trascendente en el
sentido de estar fuera del mundo, sino inmanente, operando dentro del
cosmos y de la vida cotidiana. En Grecia, Zeus es superior, pero su poder se
ejerce en el orden del mundo: controla el clima, la justicia, el destino de los
hombres y de los dioses, siempre dentro del tejido de la realidad. No es un
dios “fuera” del universo, sino parte de él, aunque en la cúspide. Lo mismo
ocurre con el concepto filosófico del arjé: el principio originario
(agua para Tales, apeiron para Anaximandro, fuego para Heráclito) no es un ente
trascendente, sino la sustancia o fuerza que constituye y organiza el mundo
desde dentro.
En los
Andes, Wiracocha, Inti o Pachacamac también son supremos, pero su acción se
manifiesta en la naturaleza, en los ciclos agrícolas, en el sol que da vida, en
la tierra que alimenta. Pachamama, por ejemplo, es madre porque está presente
en cada cosecha y cada ritual, no como una entidad externa sino como la tierra
misma.
Así, ambos
esquemas comparten esa visión inmanente del principio superior: no se
trata de un dios radicalmente separado del mundo, sino de una fuerza o entidad
que lo sostiene y lo ordena desde dentro. La diferencia está en el énfasis
cultural: los griegos lo expresan en clave de jerarquía divina y de filosofía
del arjé, mientras que los andinos lo viven en la relación directa con
la naturaleza y la sacralidad de los ciclos vitales.
Concluyendo
El mérito
del enfoque de Jesús Curasma de la Cruz radica en desplazar la lectura
tradicional de Tales, centrada en su dimensión cosmológica, hacia una
interpretación praxiológica que lo vincula directamente con la vida de la
polis. Al hacerlo, no solo rescata al filósofo de Mileto como un pensador
situado y comprometido, sino que también abre la posibilidad de releer la
filosofía antigua desde un horizonte latinoamericano, donde la reflexión se
concibe como praxis transformadora y no como mera contemplación.
Esta
propuesta aporta originalidad y vigencia, pues muestra que la filosofía, desde
sus orígenes, puede ser acción encarnada en la historia y horizonte de libertad
con trascendencia, dialogando con los desafíos de un mundo multipolar.
Lima, 10 de febrero 2026
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