martes, 20 de enero de 2026

Entre la oscuridad y la luz: Graham Harman frente a la trascendencia


Entre la oscuridad y la luz: Graham Harman

 frente a la trascendencia

Primera Parte: Exposición crítica de la Fenomenología Oscura

Introducción

La llamada fenomenología oscura es una noción desarrollada por Graham Harman, filósofo contemporáneo estadounidense y uno de los fundadores del movimiento conocido como realismo especulativo. En su obra Tool-Being (2002), traducida como El ser-herramienta, Harman introduce la idea de que los objetos poseen una dimensión retirada que nunca se agota en su uso ni en su percepción. Más adelante, en The Quadruple Object (2011), traducida como El objeto cuádruple, expone su teoría de los objetos en cuatro dimensiones: objeto real, objeto sensual, cualidad real y cualidad sensual. Finalmente, en Object-Oriented Ontology: A New Theory of Everything (2018), traducida como Ontología orientada a objetos: una nueva teoría de todo, presenta su propuesta como un sistema filosófico integral.

La propuesta de Harman y su omisión trascendente

La fenomenología oscura de Harman sostiene que los objetos siempre guardan un núcleo inaccesible, una parte oscura que no se muestra. A diferencia de la fenomenología clásica de Husserl, centrada en la aparición de los fenómenos a la conciencia, Harman afirma que lo esencial de los objetos es precisamente lo que se retira. Su propuesta se limita al horizonte inmanente: describe cómo los objetos interactúan y se ocultan entre sí dentro del mundo, sin necesidad de apelar a un más allá trascendente. En este punto, se advierte una omisión decisiva: Harman no contempla una quinta dimensión del objeto, a saber, su participación en la trascendencia. Al reducir la ontología a lo inmanente, deja fuera la posibilidad de que los objetos no solo se retiren, sino que también se abran hacia un fundamento superior que los sostiene y los ilumina. Por ello, sin la trascendencia, su sistema filosófico integral fracasa rotundamente, pues se encierra en un círculo de objetos retirados que nunca logran explicar la totalidad del ser.

Comparación con Nicolai Hartmann

Comparada con la ontología inmanente de Nicolai Hartmann, la propuesta de Harman muestra diferencias notables. Hartmann elaboró una ontología estratificada, distinguiendo niveles de realidad —inorgánico, orgánico, psíquico y espiritual—, cada uno con sus propias leyes. Para Hartmann, la inmanencia no significa clausura absoluta, pues los estratos superiores emergen sobre los inferiores, mostrando una apertura jerárquica dentro del mundo. Harman, en cambio, no distingue niveles: todos los objetos, desde una piedra hasta una persona, poseen la misma dignidad ontológica y comparten la característica de estar parcialmente retirados. Mientras Hartmann mantiene un enfoque realista clásico, Harman radicaliza la autonomía de los objetos, concibiendo la realidad como una red plana de entidades retiradas. Sin embargo, tanto en Harmann como en Hartmann se percibe la ausencia de esa quinta dimensión trascendente, que desde una perspectiva cristiana resulta indispensable para comprender la plenitud del ser.

Refutación desde la perspectiva cristiana

Frente a estas tesis de la fenomenología oscura, un filósofo cristiano ofrece una refutación que abre la fenomenología hacia lo trascendente. Harman sostiene que los objetos nunca se agotan en lo que muestran, pero el cristiano responde que esa parte oculta no es un misterio cerrado, sino que puede abrirse como donación abundante desde lo divino. Harman afirma que la fenomenología debe ocuparse de lo oscuro, mientras que la perspectiva cristiana insiste en que lo oscuro importa, pero también lo que se revela en exceso: lo trascendente irrumpe más allá de la conciencia. Para Harman, los objetos son autónomos y existen por sí mismos; el cristiano replica que ningún objeto es autónomo en sentido último, pues todo ser depende de Dios como fundamento creador.

Harman niega el privilegio de la experiencia humana, sosteniendo que los objetos interactúan entre sí sin necesidad de nosotros; el cristiano responde que el ser humano sí tiene un lugar privilegiado, porque es imagen de Dios y su conciencia abre un acceso único al trascendente. Harman defiende que la realidad es puramente inmanente, pero el cristiano señala que la inmanencia sola se queda corta y que el horizonte trascendente es necesario para comprender la plenitud del ser. Para Harman, el ser de los objetos está en su retirada; para el cristiano, el ser no es solo retirada, sino participación en el Ser divino que se revela y se comunica.

Harman concibe la fenomenología oscura como ontología, describiendo la estructura del ser más allá de la conciencia; el cristiano replica que la fenomenología también debe abrirse a la revelación, porque el ser se manifiesta como don y gracia. Harman describe el mundo como una red de objetos retirados, cada uno guardando su misterio; el cristiano afirma que el mundo es creación y que su misterio remite al Creador. Harman considera insuficiente la fenomenología clásica, demasiado centrada en lo que aparece; el cristiano responde que la fenomenología clásica puede ampliarse, no descartarse, pues Husserl y Heidegger abren caminos que Levinas y Marion llevan hacia lo trascendente. Finalmente, Harman concluye que la filosofía debe aceptar la oscuridad, ya que nunca conoceremos el ser en su totalidad; el cristiano replica que la oscuridad no es el destino final, porque la verdad última se revela en Cristo, luz que vence la oscuridad.

Fracaso del sistema y sesgo nihilista

De este modo, la fenomenología oscura de Harman radicaliza la idea de lo oculto y lo inmanente, mientras que la respuesta cristiana insiste en que lo oculto puede abrirse hacia lo trascendente, que la donación y la revelación permiten superar la oscuridad, y que el ser no se reduce a retirada, sino que participa de un fundamento divino. La omisión de la quinta dimensión —la participación en la trascendencia— es lo que marca la diferencia decisiva entre la fenomenología oscura de Harman y una fenomenología abierta a la luz de lo divino. Y es precisamente esa omisión la que hace que, sin la trascendencia, el sistema filosófico integral de Harman fracase rotundamente, incapaz de dar cuenta de la totalidad del ser.

En última instancia, su sesgo por lo oculto y lo inmanente revela la tendencia nihilista de su ontología, pues al negar la apertura hacia lo trascendente, reduce la realidad a un juego interminable de objetos retirados sin sentido último ni fundamento absoluto.

La omisión del problema de la esencia y del ser

Más aún, debe señalarse que Harman nunca aborda de manera sistemática el problema de la esencia y del ser. Al concentrarse en la retirada de los objetos y en su autonomía inmanente, deja sin respuesta la cuestión fundamental de qué significa ser y cuál es la esencia que sostiene a los entes en su existencia. La fenomenología oscura describe lo oculto, pero no explica el fundamento ontológico que hace posible tanto la aparición como la retirada. En este silencio sobre la esencia y el ser se revela otra limitación decisiva: sin una reflexión sobre el ser mismo, su ontología queda incompleta y se convierte en un sistema que describe fenómenos parciales sin alcanzar la raíz última de la realidad.

Antiesencialismo, antimetafísica e inmanentismo

Al omitir el problema de la esencia y del ser, termina configurándose como una propuesta antiesencialista, antimetafísica e inmanentista. Antiesencialista, porque niega la posibilidad de una esencia que fundamente y unifique los objetos más allá de sus manifestaciones parciales; antimetafísica, porque rechaza cualquier referencia a un principio superior o trascendente que dé sentido al conjunto de lo real; e inmanentista, porque se encierra en el horizonte cerrado de los objetos retirados, sin admitir la apertura hacia un fundamento absoluto. En este triple sesgo se revela la limitación radical de su sistema: una ontología que describe lo oculto, pero que al renunciar a la esencia, a la metafísica y a la trascendencia, se convierte en un discurso incompleto, incapaz de responder a las preguntas últimas sobre el ser.

Síntesis de las limitaciones

La filosofía de Graham Harman presenta limitaciones decisivas que comprometen su alcance y coherencia: (1) al centrarse exclusivamente en la retirada de los objetos y en su dimensión oculta, omite el problema fundamental de la esencia y del ser, (2) reduciendo la ontología a una descripción parcial de fenómenos inmanentes;(3) al excluir la trascendencia, su sistema integral fracasa en dar cuenta de la totalidad del ser y se convierte en una propuesta cerrada, incapaz de explicar el fundamento último de la realidad; y, (4) en consecuencia, su pensamiento se revela como antiesencialista, antimetafísico e inmanentista, con una marcada tendencia nihilista que reduce la existencia a un juego interminable de objetos retirados sin sentido último ni apertura hacia lo absoluto.

Las limitaciones de la filosofía de Graham Harman pueden entenderse como cuatro fallas estructurales que se entrelazan. En primer lugar, al privilegiar la noción de retirada y lo oculto, deja sin respuesta la cuestión de la esencia y del ser, que son el núcleo de toda ontología; sin esa base, su propuesta carece de fundamento sólido. En segundo lugar, al reducir la ontología a una descripción de fenómenos inmanentes, su sistema se vuelve parcial y descriptivo, más cercano a una taxonomía de apariencias que a una verdadera metafísica. En tercer lugar, al excluir la trascendencia, se priva de la posibilidad de explicar la totalidad del ser y se encierra en un horizonte cerrado que no admite apertura hacia un principio superior, lo que convierte su proyecto en un sistema incompleto. Finalmente, esta triple omisión desemboca en una filosofía que se revela antiesencialista, antimetafísica e inmanentista, con una tendencia nihilista que disuelve el sentido último de la existencia en un juego interminable de objetos retirados, incapaces de remitir a un fundamento absoluto.

Segunda Parte: Tesis y Refutaciones

Tesis 1: Los objetos nunca se agotan en lo que muestran; siempre guardan un rincón oculto.
Respuesta cristiana: Ese rincón no es un misterio cerrado, más bien puede abrirse como donación abundante desde lo divino.

Tesis 2: La fenomenología debe ocuparse de lo oscuro, de lo que no aparece a la conciencia.
Respuesta cristiana: Lo oscuro importa, claro que sí, pero también lo que se revela en exceso: lo trascendente irrumpe y desborda la conciencia.

Tesis 3: Los objetos son autónomos, existen por sí mismos sin depender de nada más.
R: Ningún objeto es autónomo en sentido último; todo ser depende de Dios, que es el fundamento creador.

Tesis 4: La experiencia humana no tiene privilegio; los objetos interactúan entre sí sin necesidad de nosotros.
R: El ser humano sí ocupa un lugar privilegiado: es imagen de Dios y su conciencia abre un acceso único hacia lo trascendente.

Tesis 5: La realidad es puramente inmanente, no hace falta un horizonte trascendente.
R: La inmanencia sola se queda corta; sin trascendencia no hay plenitud del ser, solo clausura.

Tesis 6: El ser de los objetos está en su retirada, en lo que nunca se muestra.
R: El ser no es solo retirada: es participación en el Ser divino, que se revela y se comunica.

Tesis 7: La fenomenología oscura es ontología, describe la estructura del ser más allá de la conciencia.
R: La fenomenología también debe abrirse a la revelación, porque el ser se manifiesta como don y gracia.

Tesis 8: El mundo es una red de objetos retirados, cada uno guardando su misterio.
R: El mundo es creación, y su misterio no se encierra en sí mismo: remite al Creador.

Tesis 9: La fenomenología clásica es insuficiente, demasiado centrada en lo que aparece.
R: La fenomenología clásica no debe descartarse, sino ampliarse: Husserl y Heidegger abren caminos que Levinas y Marion llevan hacia lo trascendente.

Tesis 10: La filosofía debe aceptar la oscuridad, porque nunca conoceremos el ser en su totalidad.
R: La oscuridad no es el destino final: la verdad última se revela en Cristo, luz que vence la oscuridad.

Tesis 11: Yo sostengo que el intento de Levinas fracasa porque reduce la trascendencia a lo ético, subordinando lo ontológico, y que Marion tampoco logra liberarse del papel de la conciencia ni del idealismo subjetivo.

R: Yo no comparto esa defensa. En Levinas, lo ético no subsume lo ontológico, sino que lo abre hacia el Infinito; y en Marion, la donación desborda la conciencia, mostrando que lo trascendente no queda atrapado en el idealismo subjetivo. Lo que tú llamas “fracaso” es, en realidad, la apertura hacia lo trascendente que tu propio sistema no puede admitir.

Epílogo

En conjunto, las dos partes expuestas permiten comprender tanto el núcleo de la propuesta de Graham Harman como las objeciones que se le formulan desde una perspectiva abierta a la trascendencia. La primera parte mostró el itinerario de su pensamiento: la fenomenología oscura, la teoría del objeto cuádruple y la ontología orientada a objetos, todas ellas articuladas en torno a la idea de la retirada y lo oculto, pero limitadas por su clausura inmanentista y por la omisión de una quinta dimensión que dé cuenta de la participación en lo trascendente. La comparación con Hartmann evidenció que, aunque ambos comparten un horizonte inmanente, ninguno logra superar la falta de apertura hacia un fundamento absoluto. La segunda parte, en cambio, desplegó un diálogo más animoso, donde las tesis de Harman fueron respondidas una a una desde la visión cristiana: allí se subrayó que lo oculto no es un misterio cerrado, que la inmanencia sola se queda corta, que el ser humano sí ocupa un lugar privilegiado y que la verdad última se revela en Cristo como luz que vence la oscuridad. Incluso frente a la defensa de Harman contra Levinas y Marion, se mostró que lo que él considera un fracaso es en realidad la apertura hacia lo trascendente que su sistema no puede admitir.

El balance final es claro: la fenomenología oscura radicaliza la idea de lo oculto y lo inmanente, pero al hacerlo se convierte en una ontología incompleta, antiesencialista y con tendencia nihilista. La respuesta cristiana, en cambio, abre la fenomenología hacia la trascendencia, mostrando que el ser no se reduce a retirada, sino que participa de un fundamento divino que ilumina y da sentido. Así, el contraste entre ambas perspectivas revela que sin trascendencia la filosofía de Harman fracasa en su intento de ser un sistema integral, mientras que la apertura hacia lo absoluto permite superar la oscuridad y alcanzar la plenitud del ser.

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