PENSANDO LA GEOGRAFÍA DE LA FILOSOFÍA
El eje de la filosofía mundial se está desplazando hacia el sudeste asiático. Esta constatación no proviene de una especulación abstracta, sino de la evidencia concreta que ofrecen las cifras constantes de lectura de mi blog. Vietnam, Singapur, Japón y China se perfilan como los nuevos centros de recepción de la reflexión filosófica, desplazando la hegemonía cultural que durante siglos estuvo concentrada en Europa y, más tarde, en Norteamérica. Lo que antes era periferia se convierte ahora en epicentro, y este giro revela un cambio de época: un giro civilizatorio, un cambio en la gobernanza global y el traslado del epicentro científico‑cultural hacia territorios que hasta hace poco eran considerados secundarios en el mapa del pensamiento.
La fuerza de Vietnam como principal lectoría no puede entenderse únicamente como curiosidad. Allí, una juventud conectada y ávida de pensamiento crítico parece encontrar en la filosofía un instrumento para interrogar la realidad más allá de los discursos oficiales. Este fenómeno sugiere que la filosofía se convierte en un espacio de emancipación cultural, un modo de pensar que abre horizontes en sociedades que buscan redefinir su identidad en medio de la modernización acelerada.
Singapur, como nodo académico y financiero, muestra que incluso en los centros de poder la filosofía se infiltra como reflexión necesaria, capaz de cuestionar la lógica del mercado y la tecnocracia. En un país que se ha convertido en símbolo de eficiencia y pragmatismo, la lectura filosófica revela la necesidad de fundamentos más profundos, de preguntas que trasciendan la utilidad inmediata y que devuelvan a la vida un sentido más amplio.
Japón, con su tradición filosófica y espiritual, se interesa en el contraste con lo occidental. Allí, la filosofía se convierte en un espacio de diálogo entre el budismo zen, la estética de lo efímero y las categorías metafísicas de la tradición europea. Ese cruce de perspectivas genera un pensamiento híbrido que busca equilibrio entre lo eterno y lo transitorio, entre la contemplación y la racionalidad.
China, con su vasto legado confuciano y taoísta, se abre a un diálogo que combina tradición y modernidad. El interés por la filosofía occidental no significa renuncia a sus raíces, sino más bien un intento de integrar lo absoluto y lo relativo, lo comunitario y lo individual, en un horizonte que acompaña su ascenso como potencia global. La filosofía se convierte allí en un instrumento de legitimación cultural y en un espacio de reflexión sobre el sentido de su transformación histórica.
La presencia de lectores en Perú y otros países latinoamericanos añade otra capa a este mapa. No se trata de un simple acompañamiento marginal, sino de un puente cultural que conecta lo local con lo global. Mis ensayos sobre el absoluto dinámico andino o el cosmos mochica, al ser leídos en Asia, se convierten en piezas de un diálogo intercivilizatorio: América Latina ofrece su herencia filosófica y espiritual como contrapunto a la tradición europea y como interlocutora de las búsquedas asiáticas.
En este horizonte emerge también una ola cultural anti‑nihilista, esencialista y metafísica que merece ser subrayada. Tras décadas en que el pensamiento posmoderno proclamó la fragmentación, la relatividad y la disolución de los fundamentos, hoy se percibe un retorno hacia lo esencial, hacia la búsqueda de sentido y hacia la afirmación de lo real como núcleo irreductible. Asia y América Latina, cada una desde sus tradiciones, parecen reclamar una filosofía que no se conforme con el vacío del relativismo, sino que se atreva a pensar lo absoluto, lo trascendente y lo metafísico.
En Vietnam y China, este impulso se manifiesta en el redescubrimiento de las raíces espirituales y en la necesidad de integrar la modernización tecnológica con una visión de mundo que no reduzca al ser humano a mero engranaje productivo. En Japón, se observa en la revitalización de corrientes que dialogan con el budismo zen y la metafísica occidental, buscando un equilibrio entre lo efímero y lo eterno. En Singapur, la filosofía se convierte en herramienta crítica frente a la tecnocracia, pero también en búsqueda de fundamentos que den sentido a la vida en sociedades hiperconectadas.
Latinoamérica, por su parte, aporta a esta ola anti‑nihilista una tradición que nunca abandonó del todo la metafísica: el pensamiento sincrético andino, profundamente atravesado por el cristianismo. A diferencia de Europa, donde la modernidad y el posmodernismo erosionaron los fundamentos religiosos y metafísicos, en América Latina el cristianismo se mantuvo como horizonte cultural y espiritual que dialoga con las cosmovisiones indígenas y con la filosofía occidental. Este sincretismo no es una mera yuxtaposición, sino una síntesis viva: la cruz cristiana se entrelaza con la sacralidad de la tierra, la noción de lo absoluto se combina con la experiencia comunitaria, y la trascendencia se afirma en la vida cotidiana.
Lo que emerge de estas cifras y lecturas es la evidencia de un cambio de época. La filosofía ya no es patrimonio exclusivo de Occidente ni un ejercicio académico encerrado en claustros universitarios. Es un territorio compartido, un espacio de confrontación y de encuentro donde distintas civilizaciones buscan respuestas a sus preguntas más profundas. El eje cultural del pensamiento se está moviendo hacia Asia, y en ese desplazamiento se redefine la geografía de la filosofía: lo que antes era periferia se convierte en centro, y lo que era centro se ve obligado a dialogar con nuevas periferias que reclaman protagonismo.
Mis impresiones personales, al observar este fenómeno, son las de un testigo que percibe cómo la filosofía se convierte en cartografía viva. Cada lector en Vietnam, Singapur, Japón, China o Perú es un punto en ese mapa, un signo de que el pensamiento no conoce fronteras y que la geografía de la filosofía se dibuja hoy con trazos inesperados. Es en esa mutación donde reside la verdadera vitalidad de la filosofía: no en repetir lo ya dicho, sino en abrirse a nuevas geografías, nuevas voces y nuevas resonancias que transforman el sentido mismo de pensar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.