BLASSI Y LO UNO PLOTINIANO COMO ALTERIDAD RADICAL
El pensamiento de Plotino ha sido leído durante siglos como la culminación de la tradición griega y, al mismo tiempo, como el umbral de una nueva metafísica. En ese cruce de interpretaciones se sitúa la propuesta de Fernando Martín de Blassi, quien sostiene que la novedad del sistema plotiniano reside en la concepción del Uno como alteridad radical, absolutamente distinta de todo lo que existe. Esta lectura, sugestiva y provocadora, abre un horizonte en el que el principio supremo deja de ser continuidad del cosmos para convertirse en un fundamento trascendente que rompe con la inmanencia griega. La fuerza de esta interpretación está en su capacidad de subrayar la diferencia absoluta, pero también en el riesgo de tensionar la coherencia interna del neoplatonismo, que se sostiene en la delicada oscilación entre trascendencia e inmanencia.
El ensayo que sigue se adentra en esa tensión, mostrando cómo la insistencia en la alteridad radical ilumina la novedad de Plotino, pero al mismo tiempo plantea contradicciones insalvables: un principio absolutamente separado no puede ser causa, fuente y presencia en todo lo que existe sin convertirse en creador omnipotente. La pregunta que se abre es si la riqueza del neoplatonismo se encuentra en la ruptura absoluta o en la tensión constitutiva entre lo absolutamente otro y lo íntimamente presente. La respuesta a esa pregunta no solo define la interpretación de Plotino, sino también el modo en que se entiende la historia de la metafísica: como continuidad intensificada o como quiebre ontológico.
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La obra de Fernando Martín de Blassi titulada La novedad del pensamiento metafísico de Plotino, publicada en 2025 por la Universidad Gabriela Mistral y resultado de su tesis doctoral en la Universidad Nacional de Cuyo, desarrolla la idea de que la originalidad de Plotino se encuentra en la articulación entre la procesión hipostática y el ingreso en el sí-mismo, todo ello sostenido por la noción de la diferencia absoluta del Uno. En esta lectura, el Uno no es simplemente la cima del orden del ser, como ocurría en la tradición griega inmanente, sino un principio radicalmente distinto de todo lo demás, cuya trascendencia absoluta funda la generación del ser, la jerarquía de lo real y el primado del amor como fuerza que impulsa el conocimiento hacia la unión con el Bien.
La trascendencia en Plotino, tal como la interpreta Blassi, se entiende como ruptura con la inmanencia griega. Mientras Aristóteles y los estoicos concebían el principio supremo como parte del cosmos, Plotino introduce la idea de que el Uno está más allá del ser y del pensamiento, no como parte del orden inteligible, sino como aquello que lo hace posible desde fuera. Blassi lo formula explícitamente al afirmar que la novedad de Plotino consiste en la “diferencia absoluta del primer principio, que prorsus differt ab omnibus”, es decir, que se distingue radicalmente de todo lo demás. Esta alteridad absoluta abre la posibilidad de un retorno existencial del alma hacia su origen, mediante el ingreso en el sí-mismo y el impulso del amor. En su artículo Plotino y la novedad de su principio metafísico (2021), Blassi insiste en que “la trascendencia absoluta del Uno-Bien respecto del mundo corresponde a un orden de verdades que marcan la originalidad de Plotino”, lo que confirma que su interpretación se centra en la alteridad radical.
Aquí aparece la colisión con Heinz Heimsoeth. Heimsoeth, desde su marco neokantiano, entiende la historia de la metafísica como continuidad de problemas que se desarrollan dentro de la inmanencia del ser. Para él, incluso las nociones de trascendencia deben leerse como condiciones internas de posibilidad, no como un principio radicalmente externo. En su perspectiva, Plotino prolonga la tradición griega, intensificando sus problemas, pero sin romper con ella. Blassi, en cambio, subraya la ruptura y la novedad: el Uno como principio absolutamente trascendente. La tensión entre ambos enfoques es clara: Heimsoeth defiende la continuidad histórica de la metafísica, mientras Blassi insiste en la ruptura ontológica.
De esta diferencia surge una objeción fundamental: si el Uno es realmente trascendente y de completa alteridad con el mundo, entonces la explicación de la procedencia de lo real no podría descansar en el principio griego del nihil ex nihilo, sino que exigiría la noción cristiana de creatio ex nihilo. Plotino nunca habla de creación en sentido cristiano; su modelo es el de la emanación necesaria, un desbordamiento del Uno que genera las hipóstasis sin pérdida. Blassi, al insistir en la alteridad absoluta, no repara en que esa lectura exige un cambio de paradigma, porque la trascendencia radical es incompatible con la emanación necesaria.
Las objeciones que se pueden plantear a su tesis son varias. En primer lugar, la proyección cristiana: su lectura corre el riesgo de trasladar categorías teológicas posteriores sobre un sistema que se mantiene dentro de la lógica neoplatónica. En segundo lugar, la confusión entre emanación y creación: Plotino describe un proceso necesario, no un acto libre, y la trascendencia absoluta exigiría lo segundo. En tercer lugar, la ruptura con la tradición griega: aunque Plotino radicaliza las categorías, sigue operando dentro de ellas, y no puede considerarse una discontinuidad total. En cuarto lugar, el exceso de trascendencia: al insistir en la alteridad absoluta, se oscurece la tensión constitutiva entre trascendencia e inmanencia en Plotino, porque el Uno está más allá pero también presente en todo. Finalmente, el problema existencial: el ingreso en el sí-mismo, en la lectura de Blassi, se convierte en un camino hacia lo trascendente, pero en Plotino es más bien un movimiento de interiorización que culmina en la unión, sin necesidad de postular una alteridad absoluta incompatible con la emanación.
Precisar lo cuestionable de concebir el Uno como alteridad radical implica subrayar que esa concepción introduce una contradicción insalvable: un principio absolutamente separado no podría ser al mismo tiempo causa, fuente y presencia en todo lo que existe sin ser creador omnipotente. La radicalidad de la alteridad, llevada hasta sus últimas consecuencias, convierte al Uno en un principio inaccesible y desconectado, lo cual destruye la lógica de la emanación y hace imposible la unión mística que Plotino describe. La coherencia del sistema exige que el Uno sea trascendente en cuanto no se identifica con ninguna determinación, pero también inmanente en cuanto todo participa de él. La interpretación inmanente es más fiel al espíritu del neoplatonismo porque mantiene la tensión entre lo absolutamente otro y lo íntimamente presente, sin caer en una separación que contradiga la experiencia filosófica y espiritual que Plotino quiso transmitir.
Otros intérpretes de Plotino han preferido leer el Uno en clave de inmanencia, subrayando que, aunque se describe como más allá del ser, su presencia se manifiesta en todo lo existente como fuente inagotable. Autores como Émile Bréhier y Jean Trouillard han insistido en que el Uno no debe entenderse como un principio separado y radicalmente distinto, sino como la interioridad más profunda de todas las cosas, aquello que se encuentra en el corazón mismo de la realidad y que se experimenta en la vida interior del alma. En esta línea, el Uno es trascendente en cuanto no se identifica con ninguna determinación, pero es también inmanente porque todo participa de él y lo refleja. Esta interpretación evita proyectar categorías cristianas de creación y mantiene la coherencia con la lógica de la emanación, mostrando que la trascendencia plotiniana no excluye la inmanencia, sino que se articula con ella en una tensión constitutiva.
Antes de la propuesta de Blassi también se han intentado interpretaciones trascendentes del Uno de Plotino. Autores como Werner Beierwaltes y Pierre Hadot han destacado que el Uno no puede ser reducido a categorías ontológicas y que su carácter absoluto lo coloca más allá del ser y del pensamiento, en una trascendencia radical que lo convierte en principio inefable. Beierwaltes, en particular, subrayó que el Uno es la fuente que trasciende toda determinación y que su comprensión exige un movimiento de interiorización que culmina en la unión mística, lo cual lo acerca a una lectura trascendente. Hadot, por su parte, insistió en que la filosofía de Plotino es una práctica espiritual cuyo fin es la unión con un principio que trasciende cualquier conceptualización. Estas interpretaciones, aunque no necesariamente cristianas, ya habían señalado la dimensión trascendente del Uno, mostrando que la lectura de Blassi se inscribe en una línea hermenéutica que reconoce en Plotino un principio radicalmente otro, aunque su insistencia en la alteridad absoluta lo acerque más a categorías teológicas que a la lógica neoplatónica de la emanación.
En conclusión, la tesis de Fernando Martín de Blassi aporta una lectura sugerente que resalta la novedad y la trascendencia del Uno, pero al hacerlo se acerca demasiado a una interpretación cristiana que exige categorías que Plotino nunca utilizó. La tensión entre emanación e inmanencia, la continuidad con la tradición griega y la diferencia con la noción cristiana de creación son objeciones que se pueden plantear a su propuesta. La discusión con Heinz Heimsoeth muestra que el debate no es solo sobre Plotino, sino sobre cómo entender la historia de la metafísica: como continuidad de problemas o como ruptura ontológica. La comparación con otros intérpretes que subrayan la inmanencia del Uno permite ver que la riqueza del pensamiento plotiniano reside precisamente en esa tensión entre lo absolutamente otro y lo íntimamente presente, y el reconocimiento de que ya antes de Blassi se habían intentado lecturas trascendentes del Uno muestra que su propuesta no surge en el vacío, sino que se inserta en un debate hermenéutico más amplio sobre la naturaleza del principio supremo en la tradición neoplatónica. La objeción a la alteridad absoluta y la defensa de la coherencia de la interpretación inmanente refuerzan la idea de que el Uno, más que un principio separado, es la fuente íntima y universal que sostiene y atraviesa todo lo real.
Conclusiones
La interpretación de Blassi enfatiza la ruptura: Al concebir el Uno como alteridad radical, Blassi subraya una discontinuidad respecto de la tradición griega, donde el principio supremo era siempre parte del orden cósmico. Esta lectura coloca a Plotino en un horizonte metafísico nuevo, pero tensiona la coherencia interna de su sistema.
La alteridad absoluta genera una contradicción: Un principio absolutamente separado no puede ser simultáneamente causa, fuente y presencia en todo lo que existe sin ser creador omnipotente. Esta contradicción muestra que la radicalidad de la alteridad, llevada hasta sus últimas consecuencias, destruye la lógica de la emanación y hace imposible la unión mística que Plotino describe.
La inmanencia preserva la coherencia: La interpretación inmanente del Uno, defendida por otros autores, resulta más fiel al espíritu del neoplatonismo porque reconoce la tensión constitutiva entre trascendencia e inmanencia. El Uno está más allá de toda determinación, pero también íntimamente presente en cada ser como su fundamento.
La experiencia mística exige participación: La unión con el Uno, núcleo de la filosofía plotiniana, presupone que el principio supremo no es inaccesible ni desconectado, sino que se encuentra en el corazón de la realidad. La alteridad radical contradice esta experiencia, mientras que la inmanencia la hace posible.
La novedad de Plotino no es ruptura absoluta: La originalidad de su pensamiento radica en intensificar y reconfigurar categorías heredadas, no en sustituirlas por un principio totalmente ajeno. La trascendencia del Uno debe entenderse como diferencia cualitativa, pero no como separación absoluta.
La interpretación de Blassi es sugerente pero problemática: Al insistir en la alteridad radical, Blassi aporta una lectura novedosa que resalta la dimensión trascendente, pero corre el riesgo de proyectar categorías cristianas sobre un sistema que se mantiene dentro de la lógica neoplatónica de la emanación.
La clave está en la tensión: El pensamiento de Plotino se sostiene en la tensión entre lo absolutamente otro y lo íntimamente presente. La interpretación más coherente es aquella que mantiene esa tensión sin reducirla ni a pura trascendencia ni a pura inmanencia.
En síntesis, la interpretación de Blassi ilumina la novedad del Uno como principio trascendente, pero su insistencia en la alteridad radical resulta filosóficamente cuestionable. La lectura inmanente, al reconocer la presencia del Uno en todo lo real, preserva la coherencia del sistema y la posibilidad de la unión mística, mostrando que la riqueza del neoplatonismo reside en la tensión constitutiva entre trascendencia e inmanencia.
Bibliografía
Beierwaltes, Werner. Plotino: un camino de liberación hacia la interioridad, el espíritu y el Uno. Milano: Vita e Pensiero, 1993.
Blassi, Fernando Martín de. La novedad del pensamiento metafísico de Plotino. Providencia: Universidad Gabriela Mistral, Colección Cuestiones Perennes, 2025.
Blassi, Fernando Martín de. “Plotino y la novedad de su principio metafísico.” Revista de Filosofía (Universidad Nacional de Cuyo), 2021.
Bréhier, Émile. La filosofía de Plotino. Trad. Lucía Piossek Prebisch. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1953.
Hadot, Pierre. Plotino o la simplicidad de la mirada. Trad. Maite Solana. Barcelona: Ediciones Alpha Decay, 2004.
Heimsoeth, Heinz. La metafísica moderna. Madrid: Revista de Occidente, 1932.
Heimsoeth, Heinz. Los seis grandes temas de la metafísica occidental. Madrid: Revista de Occidente, 1959.
Trouillard, Jean. La purification plotiniana. París: Aubier, 1955.
Trouillard, Jean. La procession plotinienne. París: Aubier, 1955.
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