BOSTROM Y SU ALIENACIÓN TECNOLÓGICA
La reflexión sobre Nick Bostrom y su propuesta transhumanista se inscribe en un horizonte marcado por la paradoja: la misma tecnología que promete expandir las capacidades humanas es también la que amenaza con anularlas. Su preocupación por la superinteligencia artificial revela un diagnóstico lúcido sobre los riesgos existenciales que acompañan al progreso, pero al mismo tiempo deja al descubierto una limitación crucial: la sustitución de lo metafísico por lo tecnológico.
En este ensayo se examina cómo Bostrom, al centrar su atención en el control de la inteligencia artificial, se mantiene dentro de la lógica de la razón instrumental sin cuestionar el telos que la sustenta. La metáfora de la caja de Pandora, el contraste entre capitalismo liberal y capitalismo de Estado chino, y las advertencias de Heidegger sobre la técnica permiten situar su pensamiento en un marco más amplio, donde lo que está en juego no es solo la supervivencia biológica de la humanidad, sino la posibilidad de que lo humano conserve un sentido más allá de la técnica. La crítica de pensadores como Harari, Haraway, Braidotti, Adorno y Horkheimer ilumina las fisuras de su enfoque y muestra que la verdadera amenaza no es únicamente la superinteligencia como artefacto externo, sino la colonización total de la existencia por la razón tecnológica.
Bostrom (1973- ) parte de la pregunta acerca de si la superinteligencia es externa o interna al ser humano. La respuesta se orienta hacia lo externo: Bostrom concibe la superinteligencia como sistemas artificiales capaces de superar ampliamente las capacidades cognitivas humanas. Aunque reconoce que podrían existir caminos hacia la superinteligencia a través del mejoramiento biológico o neurotecnológico, su preocupación central es la inteligencia artificial independiente, autónoma y capaz de evolucionar por sí misma. De allí que su tema fundamental sea la relación entre superinteligencia artificial y supervivencia humana.
El transhumanismo de Bostrom no se define como una estrategia para impedir que la inteligencia artificial actúe independientemente, sino como una filosofía que busca el mejoramiento humano y, al mismo tiempo, reflexiona sobre los riesgos existenciales que ese mejoramiento tecnológico puede traer. Su propuesta combina dos dimensiones: el impulso transhumanista de mejorar y ampliar las capacidades humanas y la necesidad de gestionar cuidadosamente el desarrollo de inteligencias artificiales avanzadas para que no se desborden y pongan en riesgo nuestro futuro. En este sentido, se observa que Bostrom busca el mejoramiento humano justamente con el arma que lo amenaza: la inteligencia artificial.
El término transhumanismo resulta paradójico, pues no refleja del todo su preocupación central. El prefijo trans- alude a la transición del estado humano hacia algo que lo trascienda, pero Bostrom se concentra más en la amenaza de la superinteligencia externa que en la descripción de un hombre convertido en ciborg, como lo plantea Harari. Mientras Harari imagina la fusión hombre-máquina como destino inevitable, Bostrom advierte que el verdadero desafío es que la inteligencia artificial externa podría escapar a nuestro control y decidir el rumbo del planeta. Por ello, el nombre de su filosofía puede considerarse descaminador, ya que no da cuenta de su preocupación principal: la supervivencia humana frente a la superinteligencia.
Bostrom no asume una postura poshumana como Haraway o Braidotti. Se mantiene dentro del marco transhumanista, con la idea de que el ser humano puede y debe mejorar sus capacidades mediante la tecnología, pero con una fuerte advertencia sobre los riesgos existenciales. Su obra más influyente, Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies, se centra en la inteligencia artificial avanzada y en cómo podría afectar la supervivencia humana, sin cuestionar la categoría de humanidad en clave poshumana.
La distancia entre el transhumanismo de Bostrom y el poshumanismo radica en la concepción del horizonte último de la técnica. Mientras Haraway y Braidotti entienden la tecnología como un medio para cuestionar y disolver las categorías tradicionales de humanidad, género y naturaleza, Bostrom la concibe como herramienta de perfeccionamiento dentro de un marco antropocéntrico que busca preservar la continuidad de la especie. Su enfoque no se abre a la redefinición radical de lo humano, sino que permanece en la lógica de la supervivencia y la optimización, lo que explica por qué su filosofía se mantiene en el terreno transhumanista y no cruza hacia el poshumanismo.
Las limitaciones del enfoque de Bostrom han sido señaladas por diversos críticos. Heidegger, desde su análisis de la técnica, advierte que el verdadero peligro no es el artefacto en sí, sino el Gestell, el enmarcamiento que convierte todo lo existente en recurso disponible y que clausura la apertura hacia lo metafísico. Adorno y Horkheimer, en su crítica a la razón instrumental, muestran cómo la racionalidad tecnológica se convierte en núcleo de dominación moderna, reduciendo lo humano a cálculo y utilidad. Haraway y Braidotti, desde el poshumanismo, cuestionan la continuidad antropocéntrica que Bostrom mantiene y señalan que la técnica no puede pensarse sin una redefinición radical de lo humano. Estas críticas convergen en un punto: la filosofía de Bostrom, al sustituir lo metafísico por lo tecnológico, se queda en la superficie del problema y no alcanza a ver que lo que está en juego es la colonización total de la existencia por la razón instrumental, con el riesgo de vaciar de sentido lo humano.
Ahora bien, la filosofía de Bostrom remite al mito griego de la caja de Pandora: la humanidad recibe un objeto que encierra tanto dones como males, y al abrirlo se liberan fuerzas imposibles de controlar. La creación de una superinteligencia artificial es como abrir esa caja: puede contener soluciones extraordinarias, pero también riesgos devastadores. La paradoja se intensifica al observar que, aunque el capitalismo liberal abrió la caja al impulsar la innovación tecnológica, hoy es el capitalismo de Estado chino el que la lleva a cuotas más altas. China ha convertido la inteligencia artificial en proyecto estratégico nacional, con inversiones masivas y aplicación directa en vigilancia, industria y defensa. El Estado chino se convierte en cómplice y motor de la superinteligencia, lo que muestra que la amenaza y la promesa de la IA trascienden ideologías.
Lo que en realidad está en juego en el pensamiento de Bostrom es el telos de la razón tecnológica o razón instrumental, que avasalla lo humano y la metafísica. Pero Bostrom no ve que la verdadera amenaza no es sólo la superinteligencia como artefacto externo, sino la lógica instrumental que redefine lo humano en términos de utilidad y control. Heidegger advirtió que la técnica moderna no es un conjunto de herramientas, sino un modo de desvelamiento del mundo, el Gestell, que convierte todo en recurso disponible. El peligro no es la técnica en sí, sino que se convierta en el horizonte único de comprensión, anulando la apertura hacia lo metafísico y lo poético.
La gran limitación del enfoque de Bostrom es sustituir lo metafísico por lo tecnológico. Su transhumanismo diagnostica riesgos prácticos, pero no cuestiona el fundamento: la absolutización de la razón tecnológica. Cree que el asunto se resuelve controlando la tecnología, cuando en realidad se trata de no quedar atrapados en la visión del mundo de la razón instrumental. Su solución sólo asegura prolongar dicha trampa. La caja de Pandora no es únicamente la inteligencia artificial, sino la esencia de la técnica moderna que, al emanciparse de cualquier límite metafísico, amenaza con vaciar de sentido la existencia. En este cruce, se revela que lo que está en juego no es sólo la supervivencia biológica de la humanidad, sino la posibilidad de que lo humano conserve un sentido más allá de la técnica.
De tal manera, la figura de Bostrom puede entenderse como la prolongación del principio de inmanencia moderno en clave tecnológica, pues su filosofía se inscribe en la convicción de que la técnica es el medio privilegiado para la expansión y preservación de la humanidad. Sin embargo, esa prolongación se articula bajo un supuesto específico: salvar al hombre del peligro que la misma técnica genera. La superinteligencia, concebida como amenaza existencial, se convierte en el objeto de su advertencia y en el motivo de su propuesta de control. Así, la inmanencia moderna, que había desplazado lo trascendente en favor de la razón instrumental, encuentra en Bostrom una versión tecnológica que busca conjurar el riesgo de la desaparición humana mediante la gestión de la técnica, sin cuestionar el horizonte ontológico que la hace posible.
Bibliografía
Adorno, Theodor W., y Max Horkheimer. Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos. Madrid: Editorial Trotta, 2009.
Bostrom, Nick. Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias. Madrid: Editorial Teell, 2016.
Braidotti, Rosi. Lo posthumano. Barcelona: Gedisa Editorial, 2015.
Harari, Yuval Noah. Homo Deus: Breve historia del mañana. Barcelona: Debate, 2016.
Harari, Yuval Noah. Sapiens: De animales a dioses. Barcelona: Debate, 2014.
Haraway, Donna J. Manifiesto cíborg. Madrid: Kaótica Libros, 2020.
Haraway, Donna J. Testigo modesto. Segundo milenio. Hombre hembra, me encuentro con el cyborg. Madrid: Cátedra, 1995.
Heidegger, Martin. La pregunta por la técnica. Barcelona: Herder Editorial, 2021.