lunes, 11 de mayo de 2026

Hermenéutica objetiva y hermenéutica contextual

 


Hermenéutica objetiva y hermenéutica contextual

La pregunta por la hermenéutica en la ciencia se abre como una grieta en el suelo firme de la modernidad: ¿es posible que aquello que llamamos objetividad esté siempre atravesado por interpretación? La sospecha inquieta, porque desestabiliza la seguridad con la que Occidente ha distinguido entre lo natural y lo social, entre lo universal y lo contingente. Sin embargo, es precisamente en esa grieta donde se revela la profundidad del problema: los datos nunca hablan por sí solos, las leyes nunca se formulan sin un horizonte de sentido, y las teorías nunca se sostienen sin un marco que las interprete. Reconocerlo no significa renunciar a la verdad, sino descubrir que la verdad misma se construye en diálogo con paradigmas, lenguajes y comunidades.

Este ensayo se adentra en esa tensión, mostrando que tanto las Ciencias Naturales como las Ciencias Sociales son hermenéuticas, aunque de modos distintos: unas buscan la universalidad replicable, otras la comprensión contextual. La inquietud que guía estas páginas es que, al aceptar la mediación interpretativa, no caemos en el relativismo ni en el nihilismo, sino que abrimos un camino más exigente: el de una objetividad crítica, situada y realista. En tiempos en que la cultura occidental parece naufragar entre la arbitrariedad posmoderna y la ingenuidad positivista, la propuesta de una doble hermenéutica se presenta como una alternativa filosófica capaz de reconciliar interpretación y realidad, sentido y verdad, ciencia y mundo.

El análisis de la diferencia entre las Ciencias Naturales (CCNN) y las Ciencias Sociales (CCSS) ha estado marcado por la idea de que las primeras serían objetivas y universales, mientras que las segundas serían interpretativas y contingentes. Sin embargo, al profundizar en la cuestión se revela que ambas comparten una dimensión hermenéutica, aunque con orientaciones distintas. No resulta sostenible afirmar que las CCSS son hermenéuticas y las CCNN no lo son, porque en realidad ambas lo son, aunque con grados y horizontes diferentes.

Las CCNN se centran en fenómenos de la naturaleza y buscan descubrir leyes universales mediante el método científico. La interpretación en este campo se orienta hacia lo que puede denominarse hermenéutica objetiva-universal: los datos no hablan por sí solos, requieren ser comprendidos dentro de un marco conceptual, pero ese marco aspira a la replicabilidad y a la universalidad. La observación astronómica, por ejemplo, puede ser interpretada de manera distinta en un paradigma geocéntrico o heliocéntrico, lo que muestra que incluso en las ciencias naturales la hermenéutica es constitutiva. Thomas Kuhn, en su segunda etapa, reconoció esta dimensión interpretativa al señalar que los datos solo adquieren sentido dentro de un paradigma. Aunque sostuvo que las CCNN tienen una base hermenéutica pero no son hermenéuticas en sí mismas, lo cierto es que la interpretación es inseparable de su práctica.

Las CCSS, por su parte, estudian fenómenos humanos y sociales, cargados de significados culturales, históricos e ideológicos. La interpretación aquí es más explícita y contingente, lo que puede denominarse hermenéutica contextual-contingente. Wilhelm Dilthey marcó la diferencia entre explicar fenómenos naturales mediante leyes causales y comprender fenómenos humanos mediante interpretación. Hans-Georg Gadamer, en Verdad y Método, insistió en que toda comprensión es hermenéutica, incluso en las ciencias, porque siempre está mediada por prejuicios y tradiciones culturales. En las CCSS, esta mediación es más evidente: interpretar discursos, prácticas culturales o estructuras sociales implica reconocer la pluralidad de sentidos y la dependencia del paradigma epocal vigente. Roy Bhaskar y Georg Henrik von Wright señalaron cómo el monismo naturalista intentó imponer el modelo de las ciencias naturales a las sociales, y cómo en reacción se reivindicó la especificidad hermenéutica de estas últimas.

En este punto resulta necesario mencionar a quienes han defendido la tesis de que las CCSS son hermenéuticas mientras que las CCNN no lo serían. Esta postura se encuentra en corrientes que, siguiendo la línea de Dilthey, sostienen que la explicación causal es propia de las ciencias naturales y la comprensión hermenéutica exclusiva de las ciencias sociales. Ernst Cassirer, desde su filosofía de las formas simbólicas, reforzó esta idea al subrayar la diferencia entre los modos de simbolización propios de las ciencias naturales y los de las ciencias culturales, lo que parecía confirmar que la hermenéutica pertenece esencialmente al ámbito de lo humano y lo histórico. Sin embargo, esta separación tajante se muestra insuficiente, porque también en las CCNN los datos requieren interpretación y los paradigmas condicionan la manera en que se comprenden los fenómenos.

A esta discusión se añade el peso del prejuicio positivista, que estableció durante mucho tiempo la diferencia entre CCNN y CCSS en el método, desvalorizando la objetividad de las ciencias sociales. Según esta visión, las CCNN serían superiores porque se apoyaban en el método inductivo, capaz de derivar leyes generales a partir de la observación repetida de fenómenos, mientras que las CCSS, al recurrir al método hipotético-deductivo, quedarían relegadas a un plano de menor rigor. Este prejuicio positivista no solo reforzó la idea de que las CCNN eran objetivas y las CCSS meramente interpretativas, sino que también contribuyó a la deslegitimación de la hermenéutica en el ámbito científico, al considerarla un recurso secundario frente a la supuesta neutralidad del método inductivo. Sin embargo, la historia de la ciencia muestra que tanto en las CCNN como en las CCSS la interpretación es inevitable, y que el método hipotético-deductivo no es menos riguroso que el inductivo, sino que responde a la necesidad de formular hipótesis y contrastarlas en contextos donde la observación pura no basta para dar cuenta de la complejidad de los fenómenos.

Ambas ciencias están atravesadas por el contexto histórico y el paradigma dominante. En las CCNN, el paradigma mecanicista de la modernidad llevó a entender la naturaleza como una máquina regida por leyes universales, mientras que la física cuántica introdujo visiones más complejas e interdependientes. En las CCSS, el positivismo del siglo XIX intentó aplicar métodos “duros” al estudio de la sociedad, pero en el siglo XX surgieron enfoques hermenéuticos, fenomenológicos y críticos que dieron más peso a la interpretación y al contexto.

La diferencia no es de esencia sino de grado. Las CCNN buscan mayor universalidad y objetividad, mientras que las CCSS producen interpretaciones más contingentes y situadas. Ambas dependen del paradigma epocal que define qué métodos se consideran legítimos, qué preguntas se formulan y qué interpretaciones se aceptan como conocimiento. La hermenéutica en las CCNN se orienta hacia la objetividad y la replicabilidad, mientras que en las CCSS se orienta hacia la comprensión contextual y la pluralidad de sentidos.

En conclusión, tanto las Ciencias Naturales como las Ciencias Sociales son hermenéuticas. La primera puede caracterizarse como una hermenéutica objetiva-universal, y la segunda como una hermenéutica contextual-contingente. Esta distinción categorial sintetiza intuiciones dispersas en la tradición hermenéutica y epistemológica —desde Dilthey y Gadamer hasta Kuhn, Bhaskar, von Wright y Cassirer—, pero las organiza en un esquema claro que permite reconocer la doble dimensión de la interpretación en la ciencia. El conocimiento científico, sea natural o social, nunca es ajeno a la hermenéutica: siempre se construye en diálogo con el paradigma epocal vigente y con la necesidad de dar sentido a los fenómenos que estudia.

Defender la presencia de la hermenéutica tanto en las Ciencias Naturales como en las Ciencias Sociales no significa proclamar el triunfo del relativismo ni caer en él. La hermenéutica, en su sentido profundo, no equivale a afirmar que “todo vale” o que cualquier interpretación es igualmente válida. Lo que se sostiene es que toda práctica científica, sea natural o social, está mediada por marcos conceptuales, paradigmas epocales y lenguajes que condicionan la manera en que los datos y fenómenos son comprendidos. Reconocer esta mediación no destruye la objetividad, sino que la sitúa en un horizonte más complejo.

El relativismo radical implicaría que no existen criterios para distinguir entre interpretaciones más o menos fundadas, que toda lectura de los fenómenos tendría el mismo valor y que no habría posibilidad de consenso ni de progreso en el conocimiento. La hermenéutica, en cambio, reconoce que las interpretaciones se producen dentro de tradiciones, paradigmas y comunidades científicas que establecen reglas de validación, criterios de rigor y procedimientos de contraste. En las CCNN, esos criterios se expresan en la replicabilidad experimental, en la coherencia matemática y en la capacidad predictiva de las teorías. En las CCSS, se manifiestan en la consistencia interpretativa, en la fidelidad al contexto histórico y cultural, y en la capacidad de dar cuenta de la pluralidad de significados sin caer en arbitrariedad.

Hans-Georg Gadamer insistió en que toda comprensión es hermenéutica porque siempre está mediada por prejuicios y horizontes históricos, pero también subrayó que esos prejuicios pueden ser sometidos a crítica y revisión en el diálogo. Thomas Kuhn mostró que los paradigmas condicionan la interpretación de los datos, pero también que las revoluciones científicas no son meros caprichos, sino procesos en los que nuevas teorías logran explicar mejor los fenómenos y resolver anomalías. Ernst Cassirer, desde su filosofía de las formas simbólicas, reconoció la diferencia entre los modos de simbolización de las ciencias naturales y las culturales, pero no negó que ambas tuvieran criterios internos de validez.

Por eso, afirmar que tanto las CCNN como las CCSS son hermenéuticas no equivale a relativismo, sino a reconocer que la objetividad científica no es absoluta ni ahistórica, sino situada y construida en diálogo con paradigmas y comunidades. La hermenéutica no elimina la objetividad, sino que la redefine: en las CCNN como una objetividad universal y replicable, en las CCSS como una objetividad contextual y contingente. En ambos casos, existen criterios de validación que permiten distinguir entre interpretaciones más sólidas y otras más débiles.

En definitiva, la hermenéutica en la ciencia no proclama el triunfo del relativismo, sino la superación de una visión ingenua de la objetividad. Reconocer la mediación interpretativa no significa que todo sea relativo, sino que la objetividad se construye en el marco de paradigmas epocales y prácticas científicas que establecen criterios de rigor. La ciencia, natural o social, sigue siendo un esfuerzo por alcanzar conocimiento válido, aunque ese conocimiento siempre esté atravesado por la necesidad de interpretar.

Reconocer la dimensión hermenéutica tanto en las Ciencias Naturales como en las Ciencias Sociales no implica caer en la teoría semántica de la verdad, entendida como la reducción de la verdad a un mero juego de significados desligados de la realidad. Al contrario, lo que se logra es matizar y enriquecer la teoría de la correspondencia de la verdad, porque se admite que toda verdad científica, sea natural o social, requiere interpretación, pero esa interpretación no se disocia del mundo, sino que mantiene un enlace constante con los fenómenos que estudia. La hermenéutica no convierte la verdad en un asunto puramente lingüístico o semántico, sino que reconoce que los datos, las observaciones y los hechos necesitan ser comprendidos dentro de marcos conceptuales, y que esos marcos se ajustan y se transforman en función de la realidad que buscan explicar. De este modo, la interpretación no pierde su vínculo con lo real, sino que lo refuerza: en las CCNN, mediante la replicabilidad experimental y la capacidad predictiva; en las CCSS, mediante la fidelidad al contexto histórico y cultural. La hermenéutica, lejos de disolver la verdad en relativismo semántico, asegura que la teoría de la correspondencia se mantenga viva y dinámica, evitando que la objetividad se conciba como un acceso inmediato y transparente a la realidad, y mostrando que la verdad es siempre una relación entre interpretación y mundo.

Reconocer la dimensión hermenéutica tanto en las Ciencias Naturales como en las Ciencias Sociales conduce a una forma de hermenéutica que se distingue claramente de la hermenéutica arbitraria de la posmodernidad, marcada por el constructivismo cultural absoluto y la disolución de toda referencia a la realidad. En este caso, la hermenéutica científica no se desvincula de la metafísica ni de la ontología realista, porque mantiene siempre un enlace con los fenómenos que estudia y con la estructura del mundo. La interpretación no se concibe como un juego libre de significados desligados de lo real, sino como un proceso de mediación entre los datos y los marcos conceptuales que buscan dar cuenta de la realidad. De este modo, la hermenéutica científica evita caer en el relativismo posmoderno y en la arbitrariedad cultural, porque reconoce que la verdad, aunque interpretada, sigue siendo una relación con lo que existe. La hermenéutica en las CCNN se apoya en la replicabilidad y la capacidad predictiva, y la hermenéutica en las CCSS en la fidelidad al contexto histórico y cultural, pero en ambos casos la interpretación se mantiene vinculada a la ontología realista y a la metafísica que sostiene la existencia de un mundo independiente de nuestras construcciones. Así, la hermenéutica científica no disuelve la objetividad, sino que la matiza y la fortalece, mostrando que la interpretación es inseparable de la realidad y que la verdad no se reduce a un constructo cultural arbitrario, sino que se funda en la correspondencia con lo que es.

La distinción entre los dos tipos de hermenéutica que se ha desarrollado —la hermenéutica objetiva-universal propia de las Ciencias Naturales y la hermenéutica contextual-contingente propia de las Ciencias Sociales— no había sido formulada anteriormente de manera explícita en la tradición filosófica y epistemológica. Dilthey, Gadamer, Kuhn, Bhaskar, von Wright o Cassirer aportaron intuiciones parciales, pero ninguno acuñó categorías tan precisas para nombrar las dos formas de hermenéutica en paralelo. No es casual que esta propuesta surja en medio del descalabro cultural del occidente moderno, que naufraga entre el nihilismo y el relativismo hermenéutico. Precisamente en este contexto, donde la posmodernidad ha tendido a disolver toda referencia a la verdad y a la realidad en un constructivismo cultural arbitrario, se hace necesario plantear una hermenéutica que no renuncie a la objetividad ni al vínculo con la ontología realista. La formulación de esta doble hermenéutica se convierte así en una respuesta crítica al clima intelectual contemporáneo: evita tanto la ingenuidad objetivista que niega la mediación interpretativa como el relativismo radical que disuelve la verdad en pura contingencia. De este modo, la hermenéutica científica se presenta como una vía intermedia que reconoce la interpretación sin perder el enlace con la realidad, y que se afirma como una alternativa frente al nihilismo y al relativismo que dominan el horizonte cultural actual.

Las conclusiones filosóficas que se desprenden de este ensayo muestran que reconocer la dimensión hermenéutica en las Ciencias Naturales y en las Ciencias Sociales no significa relativizar la verdad ni disolver la objetividad, sino redefinirlas en un horizonte más complejo y realista. La ciencia, en cualquiera de sus formas, se constituye como interpretación de la realidad, aunque con distintos grados de universalidad y contextualidad, lo que permite superar la dicotomía clásica entre explicación y comprensión. La hermenéutica científica no desemboca en relativismo porque mantiene criterios de validación internos a cada disciplina: en las CCNN, la replicabilidad, la coherencia matemática y la capacidad predictiva; en las CCSS, la fidelidad al contexto histórico, la consistencia interpretativa y la capacidad de dar cuenta de la pluralidad de significados. De este modo, la objetividad deja de ser entendida como acceso inmediato y transparente a lo real, y se redefine como construcción situada en diálogo con paradigmas epocales y comunidades científicas, lo que fortalece su carácter dinámico y crítico.

La hermenéutica científica tampoco se reduce a un juego semántico desligado de la realidad, sino que matiza la teoría de la correspondencia de la verdad, asegurando que la interpretación mantenga siempre un enlace con lo real. Así, la verdad no se disuelve en constructivismo cultural arbitrario, sino que se funda en la correspondencia con lo que existe. Esta propuesta se distingue de la hermenéutica posmoderna, marcada por la arbitrariedad y el relativismo cultural, porque mantiene su vínculo con la metafísica y la ontología realista, reconociendo la existencia de un mundo independiente de nuestras construcciones.

La formulación de esta doble hermenéutica —objetiva-universal en las Ciencias Naturales y contextual-contingente en las Ciencias Sociales— constituye una propuesta inédita que surge en medio del descalabro cultural del occidente moderno, que oscila entre el nihilismo y el relativismo hermenéutico. En este escenario, la hermenéutica científica se presenta como alternativa crítica y necesaria, capaz de ofrecer un horizonte de sentido que reconcilia interpretación y realidad. En definitiva, la conclusión filosófica central es que la hermenéutica, lejos de disolver la objetividad científica, la redefine en clave realista y crítica, mostrando que la interpretación es inseparable de la verdad y del mundo, y que la ciencia, natural o social, sigue siendo un esfuerzo por alcanzar conocimiento válido en medio de la crisis cultural contemporánea.

Bibliografía 

Bhaskar, Roy. A Realist Theory of Science. Leeds: Leeds Books, 1975.

Cassirer, Ernst. Filosofía de las formas simbólicas. 3 vols. Berlín: Bruno Cassirer, 1923–1929. Reimpresión en español: México: Fondo de Cultura Económica, 2016.

Dilthey, Wilhelm. Introducción a las ciencias del espíritu. Madrid: Alianza Editorial, 1980. (Edición original: 1883).

Gadamer, Hans-Georg. Verdad y método. Salamanca: Ediciones Sígueme, 1960. Traducción al español por Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito, última edición revisada 2017.

Hempel, Carl G. Filosofía de la ciencia natural. Madrid: Alianza Editorial, 2021. Traducción de Alfredo Deaño. (Edición original: Philosophy of Natural Science, 1966).

Kuhn, Thomas S. El camino desde la estructura: Ensayos filosóficos, 1970–1993, con una entrevista autobiográfica. Barcelona: Ediciones Paidós, 2002. Traducción de Antoni Beltrán Marí.

Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas. Chicago: University of Chicago Press, 1962. Traducción al español: México: Fondo de Cultura Económica, 1971.

Von Wright, Georg Henrik. Explicación y comprensión. Madrid: Alianza Editorial, 1979. (Edición original: Explanation and Understanding, 1971).

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