miércoles, 15 de abril de 2026

PUTNAM ATRAPADO EN LAS JUSTIFICACIONES LOCALES

 

PUTNAM ATRAPADO EN LAS JUSTIFICACIONES LOCALES

Hilary Putnam (1926–2016) se presenta como un pensador que intentó escapar de dos extremos que marcaron la filosofía analítica: el realismo metafísico, que concibe la verdad como correspondencia absoluta con una realidad independiente de todo esquema conceptual, y el relativismo radical, que disuelve la objetividad en consensos contingentes. Su propuesta de realismo interno buscaba ser una tercera vía, pero en la práctica termina atrapada en un callejón sin salida: la verdad queda reducida a lo que resulta justificado dentro de un marco conceptual humano, sin posibilidad de trascender la inmanencia. Putnam quiso sostener que la verdad no es mera convención, pero tampoco acceso a una realidad en sí misma; sin embargo, al negar toda trascendencia, la verdad se convierte en justificación local, dependiente de las prácticas humanas.

El intento de Putnam por sostener un realismo interno que evitara tanto el realismo metafísico como el relativismo radical se revela, en última instancia, como una consecuencia inevitable del principio moderno de la inmanencia. Al negar cualquier referencia a una trascendencia, la verdad queda encerrada en los marcos conceptuales humanos y se convierte en mera justificación local. En este punto, la propuesta se aproxima a un protagorismo sofisticado: el hombre como medida de todas las cosas, pero revestido con el rigor analítico del siglo XX. La crítica que se desprende es que, aunque Putnam pretendía escapar de la disolución de la verdad universal, su esquema termina atrapado en la multiplicidad de justificaciones locales, generando una hemorragia de subjetividad que desemboca en un nihilismo epistémico. La verdad, reducida a consensos humanos, pierde su fuerza universal y se convierte en un juego de legitimaciones contingentes, incapaz de sostener un horizonte común más allá de la inmanencia.

Los críticos más conocidos han señalado esta dificultad. Richard Rorty lo acusó de sustituir la objetividad por consensos humanos, Howard Sankey subrayó que su pluralismo conceptual roza el relativismo, y otros estudiosos han mostrado cómo su rechazo al realismo metafísico lo acerca peligrosamente a un pluralismo sin criterios firmes. Estas críticas coinciden en que el realismo interno no logra sostener una noción robusta de objetividad ni rescatar la universalidad de la verdad. La verdad, bajo este esquema, se convierte en lo que resulta aceptable para nosotros, sin horizonte más allá de la inmanencia.

Apel y Habermas representan intentos de superar la deriva relativista que se observa en Putnam, porque ambos buscan rescatar una noción de verdad universal desde la intersubjetividad comunicativa. Apel, con su ética del discurso, plantea que la validez de las afirmaciones se fundamenta en condiciones universales de diálogo, en una comunidad ideal de comunicación donde los participantes se reconocen como iguales y se someten a la fuerza del mejor argumento. Habermas, con su teoría de la acción comunicativa, sostiene que la verdad y la validez normativa se alcanzan en el consenso racional logrado bajo condiciones ideales de comunicación, donde las pretensiones de validez se someten a crítica y justificación pública. La crítica que se les puede dirigir es que, aunque intentan escapar del relativismo protagórico que atrapa a Putnam en las justificaciones locales, su propuesta depende de condiciones ideales que nunca se realizan plenamente en la práctica. De este modo, aunque ofrecen una salida teórica al nihilismo de la inmanencia, su universalidad comunicativa corre el riesgo de quedarse en un horizonte regulativo, sin fuerza efectiva para contrarrestar la hemorragia de subjetividad que Putnam lleva hasta sus últimas consecuencias.

Putnam insiste en que no es relativismo porque existen criterios de racionalidad, pero esos criterios no trascienden la esfera humana. La universalidad se disuelve en una pluralidad de justificaciones locales, y la filosofía queda atrapada en la inmanencia antropológica. Lo que aparece como un intento de equilibrio se revela como una hemorragia de subjetividad, donde las justificaciones individuales y colectivas se multiplican sin un referente universal que las ordene.

Lo que no siempre se advierte entre sus críticos, y que resulta decisivo, es que el relativismo de Putnam no es un accidente ni una incoherencia, sino el desarrollo consecuente del principio moderno de la inmanencia. Desde Kant, la verdad se concibe como dependiente de las condiciones de posibilidad del sujeto. Putnam lleva esta lógica hasta sus últimas consecuencias: todo queda encerrado en las prácticas humanas, en los lenguajes y en las comunidades. La verdad ya no es participación en un orden trascendente, sino mera justificación local. En este sentido, su propuesta es un protagorismo sofisticado, donde el hombre se convierte en la medida de todas las cosas, aunque revestido con el rigor analítico del siglo XX. La consecuencia es una hemorragia de subjetividad: múltiples esquemas conceptuales producen múltiples verdades, y la universalidad se disuelve en consensos humanos. La pretensión de escapar del realismo metafísico y del relativismo radical fracasa, porque la verdad universal se diluye en justificaciones locales.

Así, el realismo interno de Putnam desemboca en un nihilismo de las justificaciones locales. La filosofía se convierte en un juego de legitimaciones, atrapada en la inmanencia, incapaz de recuperar un sentido trascendente. Putnam, atrapado en las justificaciones locales, representa la culminación del principio moderno de la inmanencia: un relativismo protagórico refinado que, bajo la apariencia de rigor analítico, termina en la pura inmanencia y en la disolución de la verdad universal. Lo que sus críticos señalan como relativismo encubierto se revela como la consecuencia inevitable de haber asumido el principio moderno de la inmanencia. La verdad queda encerrada en la esfera humana, sin horizonte más allá de las prácticas, y la filosofía se precipita en un nihilismo epistémico donde sólo priman las justificaciones individuales, convertidas en una hemorragia de subjetividad que disuelve toda pretensión de universalidad.

Bibliografía

Apel, Karl-Otto. Teoría de la verdad y ética del discurso. Barcelona: Paidós, 1991. / Habermas, Jürgen. Conocimiento e interés. Madrid: Taurus, 1982. / Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Madrid: Taurus, 1987. / Putnam, Hilary. Ética sin ontología. Madrid: Siglo XXI Editores, 2013. / Putnam, Hilary. El desplome de la dicotomía hecho-valor y otros ensayos. Madrid: Siglo XXI Editores, 2004. / Putnam, Hilary. Razón, verdad e historia. Madrid: Tecnos, 1985. / Rorty, Richard. Consecuencias del pragmatismo. Madrid: Tecnos, 1996. Rorty, Richard. Contingencia, ironía y solidaridad. Barcelona: Paidós, 1993. / Rorty, Richard. La filosofía y el espejo de la naturaleza. Madrid: Cátedra, 1983. / Rorty, Richard. Objetividad, relativismo y verdad. Barcelona: Paidós, 1996. / Sankey, Howard. Ciencia, realidad y racionalidad. Trad. Juan Carlos Aguirre García. Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 2015.

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