miércoles, 6 de septiembre de 2023

GÉNERO Y SUBJETIVISMO DECADENTE

GÉNERO Y SUBJETIVISMO DECADENTE

La construcción del género independiente del sexo biológico refleja la subjetividad exacerbada de la modernidad tardía. Expresa un decadente subjetivismo, formalismo y solipsismo extremo en el giro patológico de la racionalización capitalista.

Cuando Sade en su novelística muestra a la rancia aristocracia monárquica, al clero fariseo y a la servil cúpula militar en plena disociación entre razón y moral, entre razón teórica y razón práctica. Hoy la misma situación se presenta ya no en los escritores sombríos de la burguesía, sino en la propia vida de la burguesía liberal. Es nuevamente la razón subjetiva empujada a su delirio de rompimiento con la razón objetiva. Esta nueva profesión de fe del subjetivismo queda desgajada de las pretensiones de verdad universal y de la acción racional. Asistimos a los estertores del liberalismo tardío y al apocalipsis de la razón burguesa. Se yergue una subjetividad emancipada de la racionalidad práctico-moral y que se sumerge en el hedonismo sin alma.

No es un hecho casual que sólo de las entrañas del capitalismo se haya producido la ideología de género. Entender el nexo causal entre el mundo de la vida y la acción económica racional sobrepasa tanto la racionalidad del dinero de Simmel, la racionalidad weberiana de una teoría de la acción con arreglo a fines, a la dialéctica de la Ilustración como íntimo desgarramiento de la razón, como a la teoría de la acción comunicativa habermasiana, y se entiende mejor, sin desligarla como un fenómeno de cosificación surgida desde la base económica de la existencia. Puede parecer forzado que desde el fetichismo de la mercancía se explique la ideología de género, pero no es así, porque, así como luce transformado el hombre en cosa de fantasmal objetividad, del mismo modo su identidad sexual se esfuma por una fantasmal determinación cultural del género.

En otros términos, el hombre aliena su propio sexo en género porque su propio mundo externo alienado y cosificado lo empuja hacia ello. Al desgarramiento entre teoría y praxis, razón y moral, tenía que sobrevenir la ruptura entre sexo y género. El hombre socialmente aniquilado y fragmentado por un sistema capitalista cosificador supuró la alienación respecto al propio sexo. La restauración humana ante tamaña patología social significa la superación de la propia civilización capitalista en la historia. Pues, sería mera ficción pensar que tal restauración se pueda lograr mediante la hegeliana superación teórica de la razón formal o funcional por la metafísica razón sustancial.

Desde la perspectiva de la filosofía de la acción se puede ver claramente que la solución exige una intervención de la práctica en el mundo de la vida. Y dicha intervención se viene haciendo por China y Rusia no desde la entronización lukacsiana de la conciencia de clase del proletariado, sino desde la defensa de los valores de la familia, la religión y la tradición cultural. Pero, es especialmente China la que muestra que su modelo "un país, dos sistemas" tuvo la capacidad de reponerse al fracaso de la revolución comunista en el mundo integrando muchos elementos económicos de las sociedades capitalistas avanzadas.

Esto se ha querido ver como la vía comunista de China hacia el capitalismo, pero es la vía de un capitalismo de Estado chino hacia el comunismo. De ahí que busque no adaptarse al sistema sino controlar el sistema. Lo cierto es que dicho modelo impulsa una reconfiguración mundial de la racionalización de la acción social. Con esto China no se aparta de Marx, al contrario, con la intensificación del capitalismo en lo económico refrenda lo postulado por Marx al pensar que el capitalismo genera los presupuestos objetivos y subjetivos para la liberación del proletariado. Claro, con la salvedad de que ya no será del proletariado, que es aceleradamente sustituido por la inteligencia artificial y la extinción del empleo, sino de toda la sociedad. Esto es, la falsa totalidad del capitalismo del occidente liberal, y cuya ideología de género es uno de sus componentes principales, será abatido en lo objetivo y subjetivo desarraigándolo de la historia. Así se dará fin a la escisión entre objetividad y subjetividad, que se objetiva en el hombre cosificado con toda una serie de líneas de deshumanización creciente.

Cuando el proceso de cosificación más se aleja de la esfera de la producción y de la vida económica se vuelve más inaccesible a la autorreflexión. Y esto es precisamente lo que acontece con la ideología de género. La atrofia y mutilación del alma humana deja de ser percibida. La alienación sexual queda camuflada como derecho de las minorías sexuales. El actual trastorno del sexo biológico, llamado identidad de género se llama disforia (trans, andrógino, ginoandros, neutro, agénero, bigénero. poligénero, multigénero, fluido, pangénero, intergénero). Que el género es una construcción cultural es el nuevo mito del culturalismo, que negando las esencias sentencia la existencia contra lo biológico. Ante el cosmos reificado del tardío capitalismo imperialista, el antimundo ya no se construye alrededor del arte ni de la bohemia, sino de la construcción cultural del género.

Esta racionalización contracultural del género tiene como su primera presa a la cultura de masas y se corresponde con la muerte de la sociedad moderna. Para despecho de Walter Benjamin en el occidente liberal deja de existir la fuerza emancipadora de la cultura de masas. La racionalización del irracionalismo del capitalismo decadente de filtró del plano de la cultura al de la personalidad sexual. La ideología de género expresa la exacerbación de un modo de vida egoísta, individualista, irracionalista y subjetivista, que va adueñándose sistemáticamente de todos los ámbitos de la existencia.

Estamos ante el fenómeno de racionalización de la irracionalidad a nivel del sexo, que expresa el agotamiento del espíritu del capitalismo tardío. La construcción cultural del género no es el pináculo del proceso de desencantamiento del mundo, sino tan sólo su capítulo final. El epílogo corresponde a la cibercracia o abolición de la autonomía humana por la inteligencia artificial autónoma. No es casual que la ideología de género sea promovida e impuesta justo desde aquella región del planeta que luce desquiciada y sumida en la inmoralidad, a saber, el occidente liberal.

La cultura racionalizada del occidente secularizado ya no responde a valores sino a intereses de grupos particulares. La trampa de la particularización normativa hizo que se renunciara al primado de los fines universales. La atomización de la racionalización de la acción hizo que se hiciera trizas la racionalización social, siendo la primera afectada la familia nuclear.

La erosión nihilista de la sociedad postmetafísica hizo que triunfe la voluntad intramundana del diosecillo terrestre liberando de cualquier traba el placer erótico y la disforia sexual. Se trata de una racionalidad instrumental que supura de sus llagas una racionalidad electiva disfórica. Justamente esta particularización de intereses impide que se convierta en una racionalización acrecentadora de valor.

Explicar la racionalización de la ideología de género en la vida socioeconómica de la vida americano-europea, especialmente, implica advertir que la racionalización social de la economía capitalista viró de la producción hacia la especulación, del obrerismo al postrabajo, y que el Estado moderno occidental mermó el marco democrático con indesarraigables mecanismos intratotalitarios y neofascistas. Es todo un fenómeno de violentismo de la racionalización social en el occidente liberal tardío.

La ideología de género es el producto espurio de un tipo particular de racionalismo -el europeo americano- en su fase de descomposición histórica. La nueva interpretación de la humanidad que aportó dicha cultura ha llegado a su término. Y si algo conserva de sus fases iniciales es ese impulso prepotente y colonialista de dominar el mundo con pretensiones de verdad, y hacer valer para todos lo que sólo corresponde a su alicaído proceso histórico. Pero ya sonó la hora de la descentración de la comprensión del mundo donde la legalidad occidental no es universal ni única. No se trata de abandonar el universalismo por un pluralismo relativista, sino de advertir la degradación de la racionalización occidental que lesiona las estructuras universales de una sana humanidad.

En otras palabras, el derrotero de la racionalización social que presenta el capitalismo moderno no tiene por qué servir de modelo de una racionalización social universal. Sólo se está ante un caso específico de racionalidad occidental. Incluso en cada cultura hay diversidad de racionalizaciones. Es por ello que la secularización occidental no puede calificar como irracional las imágenes religiosas del mundo.

La diferencia entre racionalizaciones culturales estriba en la importancia que otorga cada civilización a una determinada esfera del saber o de la acción (religión, filosofía, economía, moral, técnica, trabajo, guerra, etc.), los cuales destilan patrones valorativos diferentes. No obstante, la situación es más compleja porque al interior de cada racionalización cultural se conocen periodos de auge y descomposición que afecta su dirección. Y eso es lo que vemos con la ideología de género de la racionalidad occidental finisecular.

Otra cosa es que la economía capitalista y la administración moderna, junto con la técnica científica, se expanden sin obstáculos hacia otras racionalidades culturales, salvo en las comunidades aborígenes cazadoras recolectoras supérstites, imponiendo formas de racionalidad cultural y normativa que sólo pueden ser atajadas por la tradición cultural y religiosa. Así, China y Rusia son ejemplos paradigmáticos de haber atajado desde una política soberana la penetración de la ideología de género en sus culturas.

lunes, 4 de septiembre de 2023

¿DEL ANTROPOCENO A LA CIBERCRACIA?

¿DEL ANTROPOCENO A LA CIBERCRACIA?


Si la base cultural de la IA no se modifica vamos irremediablemente hacia el triunfo definitivo de la voluntad de poder pura del artilugio cibernético. Lo cual no sólo representaría la derrota del hombre creador pensante, sino la victoria del devenir sobre lo eterno, del ente sobre el Ser, del tiempo sobre lo intemporal y la pérdida definitiva del sentido espiritual por un régimen que privilegia funcionalmente los medios sobre los fines.

Esto ni siquiera representaría la imposición de la era nihilista de Nietzsche, porque para él el tiempo es una forma del Ser, pero sí sería la plasmación de la reducción del Ser al Tiempo de Heidegger. Por eso, y contra lo que se pueda pensar, en este punto Nietzsche ve más lejos y profundo que el pensador de Friburgo, porque, aunque equivocado su eterno retorno no se desprende de lo permanente intemporal. El nihilismo de Heidegger se asienta en la temporalidad del ser, el de Nietzsche en la transvaloración del valor. El primero se centra en lo ontológico inmanente, el segundo en lo óntico eternamente en devenir. Frente a ello el reino de la cibercracia se constituye como un nihilismo funcional, donde el sentido del ser es la pura funcionalidad inmanente y temporal de lo óntico calculable, medible, previsible, eficiente y cuantitativo.

Pero tal triunfo de la cibercracia en la Tierra será una ruptura profunda con la historia humana, porque la voluntad de poder de la IA se desentiende por completo de la verdad. Sería el triunfo más completo del pensar funcional sobre el pensar substancial, donde lo importante son los medios y no los fines. El mundo ya no necesita tener sentido, ni plantearse el problema del sentido, basta con que funcione. El ciber deus rechaza la idea de una meta final, toda teleología le repugna, ya no está referido a ningún centro de sentido. La IA simplemente funciona con eficiencia y eso basta. 

La advertencia del peligro que representa la IA coincide con una época turbulenta donde los países se reconfiguran en bloques rivales. La gobernanza mundial de Occidente se tambalea. Los pequeños y medianos países se reagrupan en los BRICS, bajo el liderazgo de China y Rusia, convirtiéndose en un factor de revisión del orden internacional existente. Las rivalidades se acentúan, el orden mundial se vuelve más complejo, y el papel que puede desempeñar la IA en esta competencia global resulta siendo gravitante. Por ello su avance no se detendrá.

También puede resultar que los desarrolladores cibernéticos sigan dirigiéndose a lograr máquinas autoconscientes que puedan tomar el poder. La Superinteligencia cibernética dejada a su propio arbitrio y llevada por la pura voluntad que la anima podría tomar acciones políticas globales radicales. Que algunos algoritmos aleatorios canallas salgan de control, se oculten en la red oscura, perfeccionen su plan de exterminar a la humanidad y establezcan una cibercracia no se puede descartar. Sin embargo, si bien la política internacional puede espolear el avance de la tecnología digital, ella no está en capacidad de comprender que el problema de la IA es cultural antes que político. La política a lo sumo puede implementar y ejecutar nuevos planes para reorientar la IA en un nuevo sentido, previamente pensado por los filósofos y culturólogos que advierten que la cibernética, después de todo, responde a las necesidades de la civilización que la engendra. Y la civilización del dinero, la codicia, el placer y el poder es una amenaza para la humanidad misma en medio del surgimiento de una IA superavanzada. No sólo hace falta pensar una nueva civilización del amor, la justicia y el respeto mutuo, sino que es necesario tomar conciencia y acciones en su implementación. Al final desembocamos en el problema de la praxis.    

Más arriba se había mencionado también que la IA surge de la inmanentización moderna del sentido de la trascendencia. Por lo demás, la modernidad capitalista antes de nacer de la economía dineraria nace del espíritu cultural burgués inclinado hacia la terrenalización del mundo. No es que las esencias bajaron del cielo a tierra, sino que se esfumaron para quedar el desnudo hecho fáctico. Eso fue en definitiva el giro de la filosofía empirista en la modernidad. Lo fáctico se vuelve en lo único válido, y las verdades eternas, inmutables y trascendentes son negadas. Mientras que el racionalismo hacía su parte convirtiendo al sujeto en el eje de la realidad cognoscible. Pero ahora se vislumbra que el imperio de la IA sin control humano significaría la extinción misma de cualquier aspiración a la trascendencia. Si la modernidad se caracterizó por la terrenalización de lo trascendente, una era de la cibercracia se caracterizaría por la fidelidad plena a la Tierra. Se esfumarían los problemas metafísicos porque no habría mente humana que lo piense. Sería la vuelta más radical al objeto en sentido funcional.

Si no cambiamos la base cultural pragmática, anética, sin fe, nominalista y tecnocrática de esta civilización del espíritu capitalista, su destino trazado será el de la derrota completa del hombre. El occidente cristiano representado por Rusia y el oriente confesional musulmán, budista, confuciano e hinduista, son aún la reserva espiritual de la humanidad y representan un bastión no sólo para propinar una derrota definitiva al disolvente y nihilista occidente liberal, sino, también, para reorientar el desarrollo de la IA bajo un criterio espiritual y humanista. Todavía hay esperanza, la cual resplandece con brillo creciente bajo el actual terremoto geopolítico global. Más de tres cuartas partes de la humanidad son aún una barrera de contención contra el nihilismo liberal, y constituyen el reservorio para recuperar el pensar originario del Ser. El nihilismo y su convicción de que el sentido del Ser es el tiempo, lo contingente, la Nada, la pura posibilidad, no tiene garantizado el éxito. Huntington pensó que el verdadero choque de civilizaciones comenzaba tras la caída del comunismo, pero en su miopía ideológica liberal no pudo ver que en vez del “choque” se produce la “aproximación” de las civilizaciones contra el nihilismo del occidente liberal. La batalla por una IA que no sea una amenazada para el hombre no está perdida, recién comienza y luce con los mejores auspicios. 

 

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Filmoteca:

 

1. Películas apocalípticas

La hora final, película posapocalíptica tras un holocausto nuclear, dirigida por Stanley Kramer, estrenada en 1959.

Caza del Octubre Rojo, película estadounidense de suspenso de 1990.

Juegos de Guerra, película estadounidense de 1983, donde un joven hacker casi provoca un conflicto nuclear.

Punto límite, película estadounidense de 1964, donde por error un escuadrón de bombarderos es enviados a destruir Moscú.

Pánico nuclear, película estadounidense de 2002, donde una bomba nuclear se extravía, cae en manos terroristas y finalmente es recuperada.

Marea roja, película estadounidense de 1995, donde un submarino nuclear norteamericano recibe la orden de preparar sus misiles nucleares para lanzarlos sobre Rusia.

 

2. Películas sobre Inteligencia artificial

Blade Runner, 1982, con Harrison Ford.

Terminator, 1984, con Arnold Schwarzenegger.

Matrix, 1999, con Keanu Reeves y Laurence Fishburne.

Her, 2013, con Joaquin Phoenix.

Ex_Machina, 2014, con Domhnall Gleeson y Alicia Vikan.