jueves, 21 de mayo de 2020

PANDEMIA Y MODERNIDAD


PANDEMIA Y MODERNIDAD
Gustavo Flores Quelopana
Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía
Coronavirus | "La libertad ha sido a menudo una de las víctimas de ... 
PRÓLOGO
(Libro colectivo)

La pandemia del coronavirus ha evidenciado que la crisis global no solo es económica y ecológica sino también sanitaria. El aislamiento social que se ha impuesto por su letalidad reveló que la educación, el trabajo, la miseria, y la salud no pueden seguir siendo una prerrogativa privada, sino una responsabilidad social de los Estados. O sea el Estado-Poder del hiperimperialismo mundial ha mostrado sus falencias profundas y el Estado-Justicia muestra su urgencia.

El origen desconocido del virus ha llevado a pensar en muchas posibilidades, desde las conspirativas hasta las naturales, pero lo que ha puesto en el tapete de modo indudable es que el estilo de vida urbana y el incontenible aumento de la población humana, no tiene salida por insostenible.

Es decir, que el problema no sólo es el capitalismo sino la modernidad misma. La cual ha llevado a un callejón sin salida que delinea una crisis de proporciones civilizatorias. Y es aquí que el problema de político, tecnológico y económico se torna filosófico.

El enfoque pequeñoburgués lleva a denunciar al capitalismo global y proponer reformas tributarias  y antimonopólicas sin cambiar el sistema mismo. Pero esa ingenuidad romántica de volver a tiempos felices no solo es antihistórica y antirrevolucionaria, sino que además pierde de vista que el problema de fondo es la racionalidad moderna.

Lo que revela la pandemia es la crisis de la conciencia moderna. El antropocenio tornado en antropocidio parte del error básico de hacer a la razón humana el fundamento de sí misma. Así se instauró el regnum hominis y un mesianismo laico del humanismo sin Dios que extravió lo trascendente y mutiló la esencia humana de su afán de inmortalidad.

La modernidad es el asalto a la razón que destruyó los valores espirituales, desembocando en el reino de la materia. La consecuencia ha sido dejar sin posibilidad de construir una nueva civilización. La pandemia del coronavirus acontece en medio de la curva decadente de la civilización tecnológica moderna. De manera que estamos en medio del sorbo de la última gota letal de una civilización que debe sucumbir sin remedio.

El desafío ha dejado de ser la restauración del fundamento trascendente del orden humano y natural para pasar a formar cenáculos que preserven la cultura en medio de la barbarie que se adviene.

Por tanto, no nos ha tocado gozar del aire perfumado de la achicoria y manzanilla, sino del maloliente y pútrido olor fangoso de un cuerpo que se deteriora trepidante en el horno de la historia.

El presente libro debe su aparición a la iniciativa, perseverancia y coordinación del profesor José E. Chocce. Por su intermedio se extiende un agradecimiento a todos los humanistas y pensadores que participan con sus reflexiones en la obra que tiene en sus manos el amable lector.

Lima, 19 de Mayo del 2020


viernes, 3 de abril de 2020

PANDEMIA, CIVILIZACIÓN Y METAFÍSICA


PANDEMIA, CIVILIZACIÓN Y METAFÍSICA
Gustavo Flores Quelopana
Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofia
 La tasa de mortalidad del coronavirus ronda el 0,66%, según un ...
En la presente pandemia muchos piensan que el debate debe girar en torno al capitalismo y la pandemia. Pero con ello no advierten que la crisis es civilizatoria y siembran falsas esperanzas en que eliminando el capitalismo se salva la civilización. Más, la enfermedad es civilizatoria y el capitalismo es apenas una de sus gangrenas.

A cada época y civilización le corresponden sus propias epidemias y  pandemias. Bajo la actual pandemia del coronavirus la humanidad luce desconcertada tanto por su origen como por sus consecuencias. Pululan hipótesis que tratan de explicar lo que nos sucede planetariamente. Se han esgrimido desde oscuras causas ecológicas hasta infames actos bioterroristas. En esas especulaciones incluso es posible pensar en un ataque de falsa bandera de origen saudí para remecer las economías de Occidente y provocar la peor recesión económica desde la Segunda Guerra Mundial. Aquí no trataremos de enumerarlas ni de polemizar con ellas, sino simplemente de reflexionar sobre algunos puntos controvertibles.

¿Si el virus covid-19 salió de un laboratorio biológico de China o de EEUU entonces por qué se ensaña tanto con su población? Incluso lideres mundiales, como el primer ministro británico Boris Johnson, han sido afectados. Sin embargo, el covid-19 ha demostrado ser letal para ancianos y personas con enfermedades pre-existentes. O sea, que perfeccionada por una mente maligna es el arma perfecta para implementar una eugenesia virológica. Justo lo que se le imputa al siniestro Club Bilderberg, al Darpa y al Pentágono. Existen indicios muy razonables para pensar que el coronavirus seria un arma biológica usada por los EEUU contra su competidor comercial China. Nada demencial si recordamos el ataque hacia Cuba con el dengue. En otras palabras, nuestra civilización tecnológica representada por el imperio satanocratico de los EEUU no tiene la altura moral para controlarse. Vivimos un claro signo se los tiempos de decadencia generalizada. Ello se demuestra a través de la existencia de laboratorios militares para la guerra biológica. Esta civilización ha extraviado por completo el sentido de la vida.

Por lo pronto no era un secreto para nadie que los países del Primer Mundo se enfrentan a una inminente crisis para el pago de jubilaciones y demás cargas sociales. Así, los intentos de elevar la edad de jubilación por el presidente francés Macron son un triste ejemplo de ello. Todo haría pensar que para el capitalismo neoliberal imperante es el medio adecuado para propinar el tiro de gracia al desvencijado capitalismo de bienestar. Pero lo hace fuera de contexto político, dado que Trump representa un giro hacia un capitalismo nacional y proteccionista –de dudosa duración-, que desmonta el capitalismo especulativo del casino global. No obstante, esto es pisar las arenas movedizas de las morbosas teorias conspiranoicas.

Por su parte, los países emergentes con sus precarios sistemas de salud y para evitar las calamitosas cifras de muertos de los 13 mil en Italia y 11 mil de España, optaron por draconianas medidas de cuarentena para contener la propagación de la enfermedad. La consecuencia mas notoria ha sido mantener a raya la propagación letal de la enfermedad pero también salió a la luz el alto índice de anomia. La dificultad para acatar y obedecer las normas es fruto de la imperante injusticia social y de la desigual distribución de la riqueza social. La pobreza genera perturbaciones psicológicas de origen social, Y la salud mental es pobremente atendida en los países emergentes. Justamente ello ha salido a la luz con la cuarentena en los países emergentes. Obviamente que también ha habido desobediencia civil en los países del Primer Mundo. La sospecha de su incremento hizo que la venta de armas a civiles se disparara en los EEUU a dos millones de unidades en tan solo una semana.

La Universidad de Hamburgo indica que el coronavirus en dos meses causó 14 mil victimas -en tres meses del 2020 ya van 70 mil muertos- mientras que el resfriado común ocasionó 80 mil, la malaria 180 mil, el suicidio 160 mil, los accidentes de tráfico 193 mil, el VIH 240 mil, el alcohol 358 mil, el fumar 716 mil, el cáncer 1 millón 177 mil muertes. O sea la letalidad del coronavirus es muy inferior y sin embargo, la histeria colectiva cunde y paraliza el planeta entero. Aunque ya van mas de 1 millón de infectados en todo el planeta. 

¿Cómo se corresponde la presente pandemia con la nihilista y hedonista civilización instrumental actual? Nuestro tiempo está profundamente enfermo de increencia, escepticismo e irracionalismo. El antihumanismo y neobrutalismo impera por doquier. Nuestra verdadera enfermedad es mas honda, es espiritual, pero tampoco se encuentra exenta de su expresión material y corporal. Cada civilización con sus avances y retrocesos provoca mutaciones virales desconocidas hasta que se manifiestan.

Hemos ido muy lejos en la trasformación material del planeta hasta el límite de convertir el antropocenio en un antropocidio y ecocidio. Es más que probable que el covid-19 sea resultado de una civilización tecnológica que ha llevado al paroxismo la voluntad de poder. No respetar a la Naturaleza ni al Hombre mismo es un poderoso factor en el debilitamiento del sentido moral, la desintegración del sentido de la vida y la potenciación de nuevos virus. La pandemia del coronavirus sería el fracaso de la modernidad subjetivista, egocéntrica y solipsista. No hay verdad extrahumana, sólo hay voluntad de verdad en la descalabrada posmodernidad. El oscuro triunfo del para-mi y la renuncia-olvido del ser es el fundamento metafísico sobre el cual giran los males de nuestro tiempo.

En ese sentido no se trata solamente que el modelo económico neoliberal está llegando a su fin. No decimos que es el fin del capitalismo. Pero el mundo ya no puede seguir siendo visto como un escaparate, ni la economía como un casino global. Tampoco se trata solamente de un símbolo de la degradación de la naturaleza por la acción humana. Es acuoso y de poco sirve señalar que ha llegado el momento de cambiar nuestros patrones mentales si no somos conscientes de la jaula inmanentista que nos agobia. Pues hay algo más grave que no se quiere ver aunque todos lo presienten. Y es que la civilización tecnológica muestra signos inequívocos de colapso.

Es decir, se quiere salvar a una civilización en estado terminal. Lo cual es comprensible aunque cuestionable. La eutanasia histórica tampoco es inevitable. Pero las civilizaciones no son inmortales, deben morir, para dar paso a otros momentos de la historia. Y la nuestra no es la excepción. China es el reverso de la moneda de EEUU. Por ello no representa ninguna salvación. Mantiene incólume la misma lógica instrumental, secularizada e inmanentista. Es por ello que la presente civilización finisecular no es capaz de emprender ningún giro copernicano de sus bases metafisicas para salvarse. Está encenegada en su charco sepulcral y se debe dejar espacio para sus exequias.

Pensar que la presente civilización no tiene salvación no equivale a asumir una postura pesimista. Y no lo es porque tras el chubasco vendrá la aurora. Aurora que supone transitar primero por la barbarie, tras lo cual emergerá una nueva cultura. La espiritualidad de Occidente ha sido una aventura del ser. Su superación será la aventura por el Bien Absoluto. Y es asi porque en la Trascendencia no hay separación entre lo ontológico y lo ético. Y todo ello se dará –sin exclusión de la verdad revelada- siempre y cuando la enconada lucha geopolitica entre las potencias no concluya en un exterminio nuclear. 

La pandemia no doblegará el estilo de vida de las grandes metrópolis que despersonalizan al individuo y al mismo tiempo engendra un gran deseo de distinguirse. Por el contrario, ahondará la indiferencia, hará la relación humana más superficial. El estilo de vida de las grandes megalópolis, donde la libertad es muy grande y el conformismo muy profundo, reducirá aún más el alma estrechandola en su existencia material. La presente pandemia del covid sobreviene precisamente en la curva decadente de la vida moderna.La pandemia no resucitará una vuelta a los valores. Al contrario, al extender la miseria fortalece la esencia del dinero como negación de todo valor.

La civilización actual que destruye la naturaleza ha sido logocrática, al estar atenta a lo objetivo ha descuidado lo subjetivo y lo cualitativo, lo no medible y calculable, y aunque la razón científica en la presente fase neotécnica de nuestra civilización ya comenzó a girar hacia lo no mecánico y a estar más atenta a lo cualitativo, orgánico y vital, sin embargo, la hora histórica le queda demasiado corta, sobretodo porque las decisiones van más allá del ámbito científico-técnico e involucra lo político. En este sentido, la civilización logocrática deberá emprender velozmente su aproximación a criterios mitocráticos para sobrevivir. De cualquier manera, si ahora no lo hace será esa la lección que le legue a la civilización venidera, que sin duda será más religiosa y piadosa que la descreída y pragmática y anética civilización actual.

La principal lección que nos deja esta pandemia es que lo decisivo no es el aumento del poder técnico del hombre sobre la naturaleza sino en saber dominarlo. Las diversas etapas del progreso técnico representan el aumento del poder del hombre sobre la naturaleza. Ese poder humano ha crecido de modo incontenible como poder técnico basado en la ciencia. Ha llegado a su pináculo en la Edad Moderna. Pero al mismo se ha quebrantado la confianza en ella. Dicho poder se revela problemático, falso, amenazante, destructivo y peligroso. Sentimiento que señala el final de una época y el comienzo de otra. En la nueva época lo decisivo será no el aumento del poder sobre la naturaleza sino en saber controlarlo y dominarlo.

03 Abril 2020

domingo, 22 de marzo de 2020

HIPERIMPERIALISMO GLOBAL EN LLAMAS


HIPERIMPERIALISMO GLOBAL EN LLAMAS
Gustavo Flores Quelopana
Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofia
 Hiperimperialismo global en llamas
PREFACIO

El neoliberalismo global está en llamas. Se ha vuelto antipopular. Su derrota es inoculable. Su crédito en las masas se agotó. Su gestión nefasta se puede resumir en sangrar a la clase media y recompensar a la cleptocracia. No hay forma de contrarrestarlo ni ley alguna que les impida hacerlo. La gente común vive en la austeridad mientras que los bancos benefician al 1% de la población emitiendo moneda y subiendo los precios de los activos a sus propiedades y valores.

El neoliberalismo pervirtió la economía convirtiendo al mundo en un casino global improductivo y meramente especulativo. Varias décadas de neoliberalismo global han culminado en el rotundo fracaso que sólo benefició al 1% de la población mundial. La humanidad no encuentra salida a la crisis económica que amenaza con convertirse en una crisis sistémica global.

El capitalismo global no es un revival del capitalismo salvaje ni la continuación del capitalismo en su etapa imperialista. Por el contrario, aquí se trata de ver que el capitalismo global representa una etapa superior del capitalismo monopólico, al que he denominado como fase hiperimperialista.

Hiperimperialismo es el proceso superior del capitalismo monopólico por el cual las megacorporaciones privadas conquistan, someten y luego dominan permanentemente a los propios Estados-nación desarrollados y periféricos, dentro de un sistema de relaciones descentradas y desterritorializadas, que reemplaza el capital productivo por el capital especulativo y desarrolla un nuevo tipo de soberanía, cual es, el de las megacorporaciones privadas.

Todos hablamos de imperios asirio, romano, español, inglés, japonés o norteamericano; pero nuestra definición histórica específica se justifica a sí misma por anticipado cuando se distingue del proceso normal de la formación de los imperios. Las palabras imperio e imperialismo llevan siempre consigo el significado no sólo de conquista, sino también de intentar un pueblo o nación dominar continuamente  a  un pueblo por otro. Pero lo nuevo y desconocido hasta el momento era el hecho que los propios Estado-nación se vieran reducidos por unas todopoderosas megacorporaciones que constituyen en rectoras de un nuevo proceso de dominación global.

Este nuevo enfoque conduce hacia el planteamiento de que para salir de la trampa de la globalización hiperimperialista es necesario organizar el mundo sobre un fundamento no capitalista, pero también hay que mantenerse alejado del socialismo totalitario.

Por supuesto que se puede considerar este libro dentro de los esfuerzos por un socialismo democrático y libertario. De hecho, las enormes crueldades deliberadas de los socialismos tiránicos sólo pueden inspirar la misma enorme repulsa como la que infunde la manipulación, cosificación y enajenación del hombre bajo la sociedad capitalista.

El capitalismo hiperimperialista del siglo XXI no sólo ha abolido la satisfacción de las demandas sociales, el bienestar y la normatividad de los reformadores del siglo XIX y XX, sino que llevado por un telos cibernético está aboliendo el trabajo mismo, y con ello se cristaliza su más demencial sueño de prescindir del trabajador y proclamar la abolición del hombre. Si la burguesía del siglo XIX gritó: “Dios ha muerto”, la de ahora puede anunciar su nuevo evangelio: “El hombre ha muerto”.
G.F.Q

SANTACRUZ PACHACUTI: EL ESTADO JUSTICIA CONTRA EL ESTADO PODER


SANTACRUZ PACHACUTI: EL ESTADO JUSTICIA CONTRA EL ESTADO PODER
Gustavo Flores Quelopana
Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofia
 Santa Cruz Pachacuti. El Estado-Justicia contra el Estado-Poder
P R Ó L O G O

Juan Santacruz Pachacuti fue un hombre que merece ser mucho más célebre de lo que es en realidad. Era cacique collagua, o sea de sangre noble, venido a menos por la Conquista y perdido en los vericuetos obscuros de la historia, pero por meterse a autor de su famosa “Relación de antigüedades de ese reino del Perú” vence los siglos para renacer como el fénix que se alimenta de los grandes ideales. Leer en primera instancia su obra vuelve a uno más melancólico y pensativo. ¡Cuántas ilusiones, cuántos desengaños, cuánto dolor por el pasado perdido, cuánto papel desperdiciado! Los doctos comentaristas lo subestimaron. Este hombre universal del Renacimiento andino vagaba atónito en el Seiscientos de hecatombe y de extirpación de idolatrías. Pero no deberían ser olvidados los que han sido héroes del pensamiento en el sentido viquiano, todos los que desean y sueñan con las cosas sublimes: la perfección moral, el descubrimiento de lo verdadero, la unión con Dios y el imperio de la justicia.

El tema del Estado-Justicia contra el Estado-Poder sigue siendo tan candente en la actualidad como lo fue hace 400 años en tiempos de Juan Santacruz Pachacuti, cuando colisionaban dos orbes civilizatorios, a saber, el andino y el hispano. Los motivos han cambiado pero el problema de fondo permanece: la injusticia social. En el ayer se trataba de la desestructuración apocalíptica del mundo prehispánico por efecto de la Conquista y la instauración del Virreinato del Perú, que dejó sin certezas a las mentes pensantes nativas más preclaras.

Hoy se trata de una inimaginable desigualdad social, provocada por el repudiado neoliberalismo globalizado encabezado por un puñado de hipermillonarios con soberanía propia, aunado al fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático, fenómenos meteorológicos extremos, grandes pérdidas de biodiversidad, crecimiento de la amenaza de un conflicto nuclear, tensiones geopolíticas, abuso de nuevas tecnologías, colapso de ecosistemas, crisis alimentarias y crisis del agua. O sea estamos al borde de una crisis sistémica global ad-portas del Bicentenario de la Independencia del Perú, que no ha resuelto la segmentación honda entre el Perú profundo y el país oficial. No es extraño, entonces, que volver a pensar en la búsqueda de certezas como lo hizo Santacruz Pachacuti vuelva a ponerse en la sobremesa.

Aquí se examina la estrategia intelectual del cronista indígena, sus ideales y resultados. Y la hibridación sincrética que se constata en la civilización andina refleja la savia palingenésica de una cultura que no ha muerto ni se ha extinguido, sino que ha mezclado su savia espiritual con la cultura fáustica de Occidente, dejando la esperanza de que después de la universal catástrofe de la decadencia civilizatoria del mundo presente pueda servir de semilla para el renacimiento de una nueva Humanidad. El ideal de Justicia en el Imperio Incaico no era idílico, fue recogido por los cronistas y sirvió de motivación para el ideario utopista de los pensadores del Renacimiento europeo. Francis Bacon, Tomás Moro y Tommaso de Campanella vibraron de emoción ante ella. La civilización precolombina sucumbió pero de ella sobrevive dicho ideal que se hace perentorio en nuestros días. El carácter ético del mismo se concilia con la perspectiva de la contemplación y de la gratitud para comprender el problema de la justicia de Dios. No es casualidad que Garcilaso, Guamán Poma y Santacruz hayan abordado el problema desde su convicción cristiana.

Cuando Santacruz escribe su obra había pasado casi un siglo que Vitoria denunciaba en 1534 el carácter injustificado de la guerra contra los peruanos por el grupo de aventureros y salteadores encabezados por Pizarro. La condena de Vitoria impactó sobre las cortes europeas que  escandalizadas se hicieron eco de las atrocidades reveladas también por el padre dominico Bartolomé de las Casas. En 1540 Las Casas se presenta ante el emperador Carlos V para dar su informe. En su controversia con Sepúlveda en Valladolid en 1550 puso énfasis en que no era una guerra cristiana ni justa. El debate abría las puertas al tema de los Derechos humanos. Nuestro cronista es un adelantado en dicho tema y debate. Pero también es un buceador de soluciones profundas. Ya las guerras de liberación inca habían fracasado. La primera, de 1531-1534, y la segunda de 1536 a 1572 colapsan con la ejecución de Túpac Amaru II. De ahí que nuestro cacique collagua busque una solución negociadora ético religiosa en la forma, pero política en su contenido. Detener el abuso, la tiranía y la crueldad del invasor ibérico y lograr la cohesión de las huestes peruleras mediante la nueva religión. No sabía que poderosos curacas regionales habían firmado pactos con el agresor ibérico. Pero el ideal del estado justicia contra el estado poder permanecería incólume a través de los siglos.

viernes, 7 de febrero de 2020

BALTODANO Y EL DESARROLLO HUMANO INTEGRAL


BALTODANO Y EL DESARROLLO HUMANO INTEGRAL
Gustavo Flores Quelopana
Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofia
 La imagen puede contener: una o varias personas y texto
P R Ó L O G O

Víctor Baltodano es el creador de la Filosofia Conformacional, es Miembro Honorario de la Sociedad Peruana de Filosofía y fue Director de la Filial La Libertad de la misma Sociedad en el 2019. Acaba de publicar su libro Educación y desarrollo humano (2020). Su obra principal es Filosofia de las ciencias (2010), donde expone la teoria epistémica conformacional. En el nuevo libro aplica su propia Filosofia Conformacional para pensar una educación de desarrollo integral. Con espiritu docente tiene confianza en la educación, es un optimista. Asi, preconiza el elevado ideal de superar la presente y honda crisis del capitalismo global mediante una educación integral del ser humano.

El desafío del contexto en que se escribe la presente obra no podía ser menos alarmante, en las actuales circunstancias en que el planeta afronta una extinción masiva de especies, un preocupante cambio climático, crece la barbarie cultural, cunde la crisis de valores y donde se acentúa la ley de la lucha interimperialista, poniendo a la humanidad al borde del exterminio nuclear.

Varias son las convicciones básicas del Programa que expone Baltodano en el presente ensayo. Entre ellas tenemos: (1) la educacion es un factor de cambio social y personal, (2) mediante la educación se puede impulsar la conformación de personas integrales, (3) la educación manipulada por la plutocracia mundial y local solo forma seres humanos tecnófilos y consumistas, (4) es necesario emprender una Reforma Educativa total, que impulse el desarrollo tecnológico, cientifico y humanista, (5) el nuevo proceso educativo debe acabar con la imitacion colonial de conceptos caducos, que no se aplican a nuestra realidad, y emprender la creación de conceptos propios, conectados con los procesos concretos de nuestra vida social.

La pregunta que surge de inmediato en nuestras seseras es la siguiente: ¿Acaso los países desarrollados y con tecnologia propia no son los principales causantes de la presente crisis planetaria y del peligro de guerra termonuclear? China, el gigante asiático que asombra desde hace décadas, es la principal fuente de contaminación del planeta. Corea del Norte no cesa de blandear sus armas nucleares. Estados Unidos de Norteamérica, es la principal potencia hegemónica -no dominante- más belicista y guerrerista del mundo. Alemania y la burocracia de Bruselas, sin imaginación estrangulan las economías de Europa con recorte del gasto fiscal. Los llamados países Tigres del Asia ostentan la juventud con mayor índice de frustración en el mundo, porque sus vidas personales son absorbidas al máximo por las grandes corporaciones nacionales. Las megacorporaciones hiperimperialistas del orbe prosiguen con el destructivo casino global y las industrias contaminantes –nuclear, química, minera, etc.-.

O sea, ¿acaso las principales naciones desarrolladas, con sistemas conceptuales propios, no son los directos responsables de haber ocasionado no solo una educación consumista, sino de haber implementado un sistema de conocimientos para obtener principalmente riqueza y poder?

Aun cuando dice que su filosofía conformacional no es un humanismo (pág. 143), Baltodano no es un ingenuo y sabe de la importancia que cobran en las actuales circunstancias las humanidades sobre los conocimientos científico-tecnológicos, para poder reconducir a la civilización y salvarla de su naufragio. No habla de decadencia de Occidente, pero en varias partes señala que nos amenaza desde los grandes centros capitalistas –libres o de Estado- el peligro de guerra nuclear.

Lo que vemos es que la cultura instrumental del mercado al destruir las humanidades, aniquila la educación, la cultura y la democracia. Se instaura una nueva barbarie de la máquina y de la Inteligencia Artificial. Pero lo que no se advierte es que cuando una cultura entra en su fase civilizatoria, se vuelve decadente y tiende a disolver lo humanistico. Lo que tenemos ante nuestros ojos es una civilización global nihilista que erradica a las humanidades de las universidades y al hundirse definitivamente hunde a la filosofía y a las humanidades.

La civilización contemporánea se consagró febrilmente a la investigación cientifica, el desarrollo tecnologico, el desarrollo económico, a mejorar las estructuras sociales y el Estado. Pero olvidó lo más importante: cómo transformar y revitalizar al ser humano. Por ello, en vez de conseguir la paz y la felicidad sólo logró guerras infernales y un aumento sin límite del sufrimiento humano. El hombre posmoderno es la expresión del desencanto hacia el pensamiento cientifico-tecnológico. Es urgente una revolucion humana, y Baltodano cree en la educación para ello. Pero muchas veces la educación no es una transformación del interior del ser humano, ni equivale a un nuevo humanismo. La educación moderna, por el contrario, ha empobrecido la espiritualidad humana.

La civilización material es una amenaza y aniquila los auténticos valores humanos. Se trata de un impetu demoniaco que orilla a la humanidad en la demencia. Contra la concepción naturalista, materialista, nominalista y mecanicista de la antropología filosófica del siglo XXI, hace falta resaltar la autonomia de la libertad del espiritu, rescatar la personalidad, pero reconociendo un orden objetivo de realidades y valores. La barbarie de hoy sostiene que el fin del hombre no es pensar y conocer sino vivir y actuar. Humanismo y moral están en crisis. La filosofia debe hacer ver que la vida no vale la pena de ser vivida sin la dirección del espiritu.

Por su parte, Baltodano en su diagnosis de los procesos operativos de la educación espontánea y oficial (Capítulo VI) confía en la necesidad de superar la educación tradicional a favor del desarrollo humano integral. Y el medio para ello es realizar las cuatro formas de conceptuar: observacionales, realizativos, sistematizadores y creativos. Lo cual también significa que la superación de la educación tradicional equivale a superar la mentalidad religiosa. Dice: “Los sectores dominantes…desviaron en el enfoque unidireccional de existencias en si mismas…”. Para luego añadir: “la producción técnica y científica fue separada de los valores humanos” (pág. 148). Pero en su filosofia conformacional los valores no se descubren, no son esencias, sino que se crean por la voluntad humana. 

Baltodano está más cerca del empirismo de Aristóteles que del idealismo objetivo de Platón. El peripatético negó rotundamene el ser autónomo de las ideas, tomó el eidos como la forma, pero no llega a separar el ser divino y el de los seres inmutables o espíritus puros. O sea, al final admite un ser sin cambio y sin tiempo. Obviamente que hay una gran diferencia entre el primer ser y el ser de las esencias, pero dejamos señalado que Aristoteles no niega la esencia inmutable del ser infinito y eterno. Pero en el peripatético la esencia es individual e inmenente. Baltodano coincide con aquellos que niegan el gran descubrimiento de Platón -no hay objeto sin esencia general y trascendente-. Y por ello está más cerca del empirismo de Hume y Locke, para quienes las esencias son conceptos creados por la mente humana. Pero con esto queda abolida la posibilidad del no-ser y anulado el constraste entre ser finito y el ser real, porque precisamente -como indica santo Tomas de Aquino- esencia es posibilidad y objeto es acto, existencia.  

Este idealismo subjetivo caracteriza a la modernidad y a Baltodano. Como conceptualista, a pesar de reconocer una universalidad de conceptos, no ve en el concepto más que una estructura del espíritu al cual nada corresponde en la realidad. Sin embargo, en ello se olvida la diferencia crucial que existe enre el concepto y la esencia. Los conceptos los crea la mente humana, en cambio las esencias las descubrimos y no dependen de nuestra voluntad. Esto es, mientras que los nominalistas rompen la relación entre el ser real y el ser conocido, los realistas reconocen su vínculo y conexión. En efecto, lo que capta el espíritu es lo mismo que se encuentra en la esencia real como su quid. O sea, el pensamiento mira el objeto a través del concepto por el que trata de captar su quid. 

Pero Baltodano coincide con Pfänder al pensar que el concepto no coincide con la cosa. Si esto fuese cierto el mundo conceptual de cada persona no coincidiria con el mundo real ni con los mundos conceptuales de otras personas. Pero como esto es falso, es posible afirmar que existe el significado de universalidad. Pero esto no supone el realismo extremo de Plan y sí, mas bien, el realismo moderado de Duns Scoto, porque el ser del quid esencial no es real -individuos o sustancias-, sino que en el concepto universal hay que distinguir entre la materia que se relaciona con la cosa de un ser en la cosa particular, y la forma que se relaciona con un ser en el espiritu. O sea no se pierde la distinción entre forma lógica y forma ontológica, como sucede en el idealismo subjetivo de la modernidad.

El no cuestionamiento de la racionalidad pragmático instrumental de la modernidad impide ver que la crisis humana y ético-moral tiene su raíz en la voluntad de poder del hombre fáustico moderno. No olvidemos que la tesis central de la filosofia conformacional es que “no hay hechos sin conceptos”. Lo cual en su nominalismo epistémico equivale a decir que “no hay realidad sino concepto de lo real”.

Es muy difícil no estar de acuerdo con Baltodano en una educación integral del desarrollo humano. Es más, es una necesidad coincidir con él. En lo que es embarazoso no discrepar es en lo que se entiende por desarrollo integral. Los cuerpos conceptuales son importantes y decisivos en cada civilización, pero mientras en el realismo de la antiguedad y medioevo tenian relación con las cosas, en cambio el idealismo subjetivo de la modernidad emprendió el giro copernicano a través del cual los cuerpos conceptuales son independientes del mundo. Se impuso la arbitrariedad egolátrica de la subjetividad humana.

Asi, para la modernidad el desarrollo integral será equivalente a crear e inventar nuevas formas de vida, sin conexión con la naturaleza. La ley natural se da por abolida. Incluso se desarrolla una aberrante ideología de género, que afirma que no se nace con un sexo determinado sino que éste es construido por la educación y la sociedad. A todo ello a ayudado la secularización. La secularización es una vida sin Dios, la anulación de la trascendencia, la resolución de la vida en la pura inmanencia y el narcisismo egolátrico. La voluntad de poder se impone sobre la voluntad de verdad.

Por eso, los cuerpos conceptuales sin raíz metafísica están desembocando en la arbitrariedad más completa de la libertad humana. Haber reemplazado la fe en Dios por la fe en la mentalidad cientifico-técnica solo ha fortalecido la cultura de la increencia del hombre pragmático y nihilista. De modo que abandonado a su pura inmanencia, sin el reconocimiento de la necesidad de trascendencia, no hay posibilidad de desarrollo integral del ser humano.

En otras palabras, el cuestionamiento de la educación actual llega a sus últimas raíces cuando la filosofia conformacional adopta una base metafisica realista y efectua una crítica a la voluntad de poder de la racionalidad instrumental de la modernidad. Sin voluntad de verdad no hay educación y por ello debe ser desbaratada primero la voluntad de poder con una labor intelectual crítica, porque está en la base de la racionalidad instrumental de la modernidad.

Finalmente, ¿hay tiempo para salvar de su hundimiento a la presente civilización anética e hipertecnológica mediante una reforma educativa? Una reforma educativa lleva su tiempo, por lo menos una generación, o sea alrededor de veinte años. Sin embargo, los organismos mundiales alertan sobre el poco tiempo que le queda a la presente humanidad para enmendar su rumbo. Incluso el llamado Reloj del Apocalipsis nuclear acorta sus minutos. No obstante, el espíritu pedagógico es optimista pero también es realista. Quizá queda poco tiempo, pero la tarea vale la pena de ser emprendida.

Además, el esfuerzo de reforma servirá para la nueva cultura que habrá de formarse después del hundimiento de la presente civilización y el advenimiento de la inevitable barbarie. ¿Acaso no es más factible pensar en una reforma educativa como tabla de salvación, mientras que otros piensan que ésta se encuentra en la protesta de los jóvenes, mujeres y movimientos minoritarios?

Por los problemas y alternativas planteadas Educacion y desarrollo humano del filósofo trujillano Victor Baltodano Azabache es un libro valioso en las actuales circunstancias de desintegración de los procesos educativos en el mundo. Y porque hace meditar sobre la raíz del problema educativo en el desastrado mundo actual.

Lima, 07 de Febrero del 2020

martes, 4 de febrero de 2020

HEGEL Y EL DELIRIO PROMETEICO DE LA MODERNIDAD


HEGEL Y EL DELIRIO PROMETEICO
DE LA MODERNIDAD
Gustavo Flores Quelopana
Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofia
 Hegel y el delirio prometeico de la modernidad
P R Ó L O G O


¿Qué queda de su pensamiento a 250 años de su nacimiento y 189 años de su muerte? ¿Su fantasma recorre nuestro tiempo?

Todavía recordamos cómo la conmoción de la Primera Guerra Mundial revivió al neotomismo y junto a este al hegelianismo. Se reivindicó al joven Hegel y su orientación existencial.

La Fenomenología fue subestimada, pero volvió por sus fueros tras el cambio de época que representó la caída del socialismo soviético y el triunfo de la globalización neoliberal. Con Francis Fukuyama el capitalismo se proclamaba la culminación de la historia y del Estado universal.

Más, con la crisis de hegemonía, la decadencia de Occidente, la crisis ecológica y la aparición de nuevos centros de poder mundial, la Fenomenología vuelve a ser reenfocada como el estudio del espíritu humano en su desarrollo.

Pero ahora es la Lógica la que mortalmente resucita de su olvido, porque se ve con más claridad que el talón de Aquiles de todo su sistema es lo nos amenaza en el mundo actual.

Lo Absoluto como inmanencia y ésta como dialéctica no se sostiene más. El endiosamiento del hombre y la negación de la trascendencia divina llevaron directamente hacia la decadencia de una civilización descreída, sin valores superiores y en peligro mortal de fenecer.

El Dios hegeliano es un Absoluto que se despliega en lo inmanente temporal. Por ello, es un naturalismo panteísta. La negación de la religión trascendente como racionalidad no-instrumental resultó ser más nefasto para la presente civilización al sobrevivir tan solo lo temporal, el devenir universal, un dios inconsciente que deviene.

Al final un maremágnum de ciencia y tecnología nos asfixia en un gravísimo déficit de sentido moral. La filosofía hegeliana es la expresión más genuina del delirio prometeico de la modernidad.

Una humanidad que conquista el mundo pero que se pierde a sí misma, no es una humanidad con porvenir.

El hombre de nuestro tiempo se ha temporalizado a tal extremo, corre tan deprisa, que no tiene tiempo de estructurar su propia persona y con ello cae en la anomia más brutal, espantosa y disolvente.

El neobrutalismo impera. No hay duda que “la muerte del hombre es una realidad” y dejó de ser un mero lema filosófico. Hegel pertenece a la mascarada romántica de una modernidad enferma y finisecular.

Lima, 04 de Febrero 2020

lunes, 3 de febrero de 2020

EL APORTE DE JESUS A LA EDUCACIÓN


EL APORTE DE JESUS A LA EDUCACIÓN
PRÓLOGO
Gustavo Flores Quelopana
Ex-Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofia
 La imagen puede contener: tabla
Juan Carlos Asmat Zavaleta acaba de publicar “El aporte de Jesús a la educación”. Lo primero que hay que advertir es el momento histórico en que aparece este libro. Nuestro tiempo no es un momento cualquiera. Hay quienes piensan que vivimos un cambio de época. Pero lo mas seguro es que vivimos el final de una época. El cambio de época ya lo vivimos en la década de los años ochenta del siglo veinte con la caida de la URSS y el auge del neoliberalismo global.

En cambio hoy, en la segunda década del siglo veintiuno, vivimos el derrumbe del capitalismo neoliberal global, una agudización de la ley de la lucha interimperialista, una primera potencia mundial que no pierde su hegemonía pero no domina, emerge un mundo apolar. Y todo ello aunado a un antropocenio destructivo. El ecocidio de esta civilización cibernética es galopante y al parecer indetenible. El choque de civilizaciones parece inminente. Y el reloj del Apocalipsis nuclear se hace más breve. La sensación general es estar viviendo el Final de los tiempos.

Es en este contexto en que se escribe el presente libro. Como si fuera una tabla de salvación y un campanazo de advertencia. Juan Carlos Asmat Zavaleta, su autor, es un filósofo. Pero es un filósofo cristiano que es conectado con los problemas más álgidos de su época y de su país. Y entre los más urgentes está la falta de valores. De ahí que enfatice EL APORTE DE JESÚS A LA EDUCACIÓN. Lo cual es indudable.

“El que esté libre de pecado que lance la primera piedra” dice Jesucristo. Y así el Hijo de Dios detiene la mano injuriosa del hombre pecador. Es el amor al prójimo la base de su modelo educativo. Lo cual tiene una honda resonancia metafísica porque tiene que ver con lo que Dios Padre, Uno y Trino es, saber, el Bien Supremo. O sea lo ético es una instancia superior que está por encima de lo ontológico. Lo ético es lo que determina el ser.

En las palabras del Redentor, que salvan a Maria Magdalena de la lapidación, es la verdad superior que Dios está por encima del ser, el Bien determina lo ontológico y por ello tiene sentido para el hombre el arrepenimiento, la misericordia y la caridad. Vete y no peques más, le dice a Magdalena. Lo ético está por encima de lo ontológico. Y es así porque Dios mismo no es el ser, está más allá del ser, es el Bien absoluto.

Cierto, el Bien absoluto es el ser absoluto, pero en la naturaleza metafísica intratrinitaria de Dios, la Inteligencia prima sobre su Voluntad y su Caridad. Es la Inteligencia de una Persona divina que armoniza su acción y su amor. Esa fue la comprensión de la sintesis del tomismo. El desequilibrio voluntarista vino después con el nominalismo de Duns Escoto y Guillermo de Occam.

Por tanto, la educación que señala Cristo se deriva de una ética del amor al prójimo basada en la comprensión de Dios como Bien Supremo. Todas sus perícopas y parábolas apuntan hacie ello. No tendrian sentido sin esa verdad simple pero profunda.

Los griegos carecieron de un dios providente, misericordioso, Creador y onmipotente. Por ello su educación, su paideia es ascensional, individualista y elitista. En cambio, el Dios cristiano viene al hombre, desciende hacia nosotros, al pobre, ignorante y pecador. El Dios cristiano es humilde y muere humillado por los que vino a salvar.

En cambio, la mentalidad de la modernidad es todo lo inverso. Es Voluntad de poder. Es Nietzsche, Marx y Milton Friedman. La modernidad es la secularización del sentimiento, la acción y el cerebro. Vivimos en la inmanencia pura. La trascendencia ha sido abolida en este mundo descreído y sin Dios.

El Reino del pequeño diosecillo llamado hombre moderno ha triunfado. Pero al mismo tiempo ese triunfo nos ha llevado hacia la destrucción de la naturaleza y del mismo hombre. El Superhombre de la civilización tecnologica ha crecido espantosamente en ciencia y tecnología pero ha decrecido en lo ético.

Vivimos en el caos moral. La inmoralidad campea impunemente. Es moneda corriente. De ahí la importancia de este libro que nos recuerda que lo ético está sobre lo ontológico. Pero en el capitalismo el ser se edifica sobre el tener y no sobre el Bien. Por esto esta civilización está colapsando.

Debido a ello, Juan Carlos Asmat Zavaleta se asemeja a Juan el Bautista predicando en el desierto. Pero su esfuerzo es meritorio y encomiable. Y lo es porque cuando sucumba la presente civilización, no vendrá de frente una nueva cultura sino una nueva barbarie. Y allí se verá lo valioso de haber predicado en el desierto. Porque serán esas almas éticas las portadoras de la futura cultura a fructificar.
Lima 01 de Febrero del 2020