domingo, 3 de septiembre de 2023

RETO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

                         RETO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL 

 


Un reto atañe a un problema general mientras que un desafío a un problema particular. Así, por ejemplo, los expertos señalan que la IA tiene siete desafíos: la arquitectura de la información, su implantación general, incremento de la productividad, la paradoja de Polanyi o el problema de la caja negra, nivel de desarrollo de las tecnologías de IA, rechazo social y laboral, y, por último, la confianza. Y cuando abordan el problema del reto señalan que es buscar mejores formas de gestionar los datos y la información para seguir siendo competitivos en el mundo automatizado. Pero una cosa es un reto técnico y otra un reto cultural. Es más, los retos técnicos suelen circunscribirse dentro de los retos culturales. Pero éste último más que un reto constituye un problema cultural. Dicho de otra forma, el problema de tecnología digital está inscrito en el contexto de la cultura secularizada y nihilista que la alimenta. Así, antes que el problema de la IA sea la superación de la cultura nihilista, más bien el problema de la cultura secularizada es la orientación nihilista de la IA.

En otras palabras, el problema no es la IA por sí misma, sino la cultura nihilista que la conduce. Es este contexto cultural lo que convierte a la IA en un peligro para la humanidad es la modernidad inmanentista, porque habiendo dado la espalda a la metafísica, a la verdad y a la razón, ahora deja a la IA que se potencie como pura voluntad de poder sin restricción alguna. La IA como pura voluntad de poder es un peligro para el hombre, porque la cultura humana por más que quiera desligarse de la voluntad de creer, la voluntad de amar, la voluntad de verdad y de la voluntad de conocer, de alguna u otra forma siempre está abocada a ellas. Lo cual se parece a la paradoja del escéptico que afirma que no se puede tener un conocimiento racional, y, sin embargo, el suyo lo es. La propia suspensión del juicio y la indiferencia hacia el mundo deriva hacia una postura racional. De modo similar, el hombre posmoderno niega la verdad, la ciencia y el conocimiento, pero lo suyo es una forma de verdad, ciencia y conocimiento. La única entidad que está en capacidad de no caer en esta paradoja es la IA, simplemente porque lo suyo es lo funcional y no las cuestiones últimas de la verdad, la ciencia y el conocimiento. Por tanto, se trata de una entidad artificial que sí está en capacidad de desligar la voluntad de poder de las otras formas de voluntad. Pero justamente por ello la tecnología digital está en capacidad de convertirse en el Juicio Final de la humanidad y convertir a Prometeo liberado en Prometeo liquidado.

 

Una IA autónoma será capaz de resolver sus propios desafíos y retos, además de afrontar el problema del hombre como especie. Pero lo hará no con un sentido moral, sino con otro económico, calculable y eficiente. Lo que se traduce en la eliminación de la especie más contaminante y complicada del planeta. Y lo hará sin ningún rencor ni animadversión, sino con la tenebrosa frialdad de una máquina. Todo parece indicar que la IA autónoma dentro del contexto cultural de la civilización moderna es el camino hacia la no libertad. Pues el objetivo final sería la instauración de una cibercracia donde se disuelven las instituciones, los estados, los valores y la propia humanidad. La plutocracia dueña de las empresas tecnológicas de vanguardia no son, sino que una caricatura de la cibercracia. El final de todas las cosas sería un reino terrestre cibernético sin la desequilibrante humanidad. El mensajero del apocalipsis ha sido el último hombre nietzscheano que con su ciencia y técnica alumbró la tecnología digital autónoma.

 

Afrontar el problema de la IA significa ver más allá de sus retos y desafíos locales. Significa enfrentar la sustancia nihilista de la cultura moderna. De manera que el verdadero problema de la IA autónoma consiste en fundarla en una nueva civilización basada en el humanismo y en el amor, porque mantenida sobre el suelo de la civilización del dinero y la competencia despiadada responderá también con la misma impiedad de sus creadores. Una IA que amenaza a la humanidad con la extinción pertenece a una civilización que previamente ha declarado la muerte del hombre, a una cultura tanática, a una tanatopolítica, a una minusvaloración de lo humano donde el hombre queda convertido en medio para un fin externo. Y el sistema que consagró ese principio deshumanizador es el capitalismo de la modernidad. Y el tipo humano que lo representa es el burgués, bastante bien definido por Sombart, en el sentido de que el espíritu capitalista fue primero y luego se engendró el capitalismo económico. El espíritu capitalista hace brotar el hombre económico y calculador moderno, la ciencia calculista y matematizante, porque en el fondo consiste en el cambio de la mirada desde el orden racional de lo celeste al orden racional de lo terrestre. De manera que la IA autónoma que amenaza al hombre responde a la misma disposición terrenalista de índole cultural y espiritual del espíritu capitalista.

 

Ahora se puede entender mejor lo afirmado sobre aquella civilización que amenaza al hombre. Es la civilización del espíritu capitalista lo que dio lugar al mundo moderno, priorizando lo inmanente y eliminando lo trascendente tenía que culminar en la declaración de la muerte del hombre y crear a su verdugo que le liquidaría, a saber, la IA autónoma. Sin embargo, reparar en esta esencia cultural-espiritual es también una ventaja, porque nos pone en mejor pie para darnos cuenta que no se puede suprimir el sistema económico capitalista sin suprimir el espíritu terrenalista burgués. En otros términos, la IA autónoma podrá dejar de ser una amenaza para el hombre si la cultura logra una revolución valorativa profunda que elimine la hegemonía de lo inmanente sobre lo trascendente. Pero como no hay retroceso en la historia, no se trata de volver a una nueva edad media, como creía Nicolas Berdiaev. sino que se trata de gestar una nueva síntesis filosófico-metafísica entre lo inmanente y lo trascendente, respetando los fueros y jerarquía de cada uno.  Más bien, caeríamos en una nueva edad media si incurrimos en una nueva barbarie por no saber salir de la decadente civilización científico-técnica capitalista. El hundimiento del secularista, arreligioso y escéptico mundo moderno hará posible un renacimiento espiritual y un nuevo humanismo siempre y cuando sepamos generar un nuevo giro metafísico que restablezca la relación entre lo inmanente y lo trascendente.

 

Como se puede advertir el problema de la reconducción del conocimiento científico-técnico y de la IA autónoma es ante todo un problema culturológico-metafísico, y no meramente geopolítico, biológico, revolución industrial, científico, técnico o vital. No basta con conocer cómo la robótica cambiará nuestras vidas (Lasse Rouhiainen, Jerry Kaplan, Max Tegmark), cómo y cuáles serían los peligros de una superinteligencia que llegase a superar a la humana (Nick Bostrom), cómo la inteligencia artificial genera la onda de la vida intelectual del futuro (Neil Wilkins), cómo enfrentarán las superpotencias el predominio de la inteligencia artificial (Kai-Fu Lee, Luis Moreno, Andrés Pedreño), cómo los humanos alcanzarán la singularidad  trascendiendo la biología mediante la robótica, la genética y la nanotecnología (Ray Kurzweil), cómo entender la dominancia digital de la cuarta revolución industrial (Klaus Schwab, Kevin Kelley). Entender todo ello es, sin duda, importante, necesario y decisivo, pero no es fundamental porque no va a la raíz del problema. Y la raíz del problema es culturológico-civilizacional. O sea, sobre qué base civilizacional y qué tipo de cultura se está desarrollando la IA autónoma y cómo recibe de ésta su sentido, dirección y destino. Sólo así será posible mitigar sus peligros, aprovechar mejor sus avances, y redireccionar óptimamente sus avances.

 

La superinteligencia robótica es un elemento neutro, está más allá del bien y del mal, ha sido concebida para servir a los propósitos benignos del hombre, pero en manos perniciosas representa un verdadero peligro. Como instrumento está en función de los valores de la cultura y civilización que la cobija y desarrolla. La actual civilización burguesa, encarnada en el occidente liberal, está en su curva decadente, hedonista, nihilista, escéptica, individualista y egoísta, y dentro de esa curva la utilidad y desarrollo de la IA autónomo se pone en función del dinero, el condumio, el consumismo, el dominio del mundo, el control de las conciencias, y el desarrollo de nuevas armas. La tendencia tanática que domina el espíritu capitalista en su camino descendente es lo que represente el verdadero peligro en el desarrollo de las tecnologías digitales. El ChatGPT4 es en realidad un sistema neutro, que funciona sobre un modelo de lenguaje que simula tener conciencia siendo muy elocuente. Todavía es muy imperfecto, pero es un salto cualitativo muy grande respecto a las versiones anteriores de ChatGPT, pero el problema no reside en sus virtudes o limitaciones, sino en que adviene en plena decadencia de la cultura en el mundo burgués, y debido a ello es asumido como sustituto del pensar humano. Y ese es el peligro. Estamos confundiendo la capacidad creativa del pensamiento humano con la capacidad operativa enormemente superior de la IA. Estamos capitulando a lo más esencial del pensar humano, a saber, la creatividad, conformándonos con el mero usufructuo del computador.

Otro ejemplo interesante lo podemos encontrar en la invención del pequeño submarino manual en 1775 por el estadounidense David Bushnell, llamado Turtle, durante la guerra de Independencia de Estados Unidos. Pero fue Robert Fulton el que se apasionó por anular el poder marítimo mediante la guerra submarina. Así en 1797 presentó su proyecto de submarino mecánico a Francia, pero fue rechazado porque no se veía caballeroso esconderse bajo las aguas para atacar al enemigo, infringía las leyes de la guerra. Luego también se desinteresó el gobierno británico. Lo interesa aquí es reparar en los códigos morales que se interponían en el desarrollo de una guerra abierta. En otras palabras, el submarino no tuvo el desarrollo precoz por razones morales. Esto ocurría en pleno ascenso revolucionario de la burguesía, la cual no daba rienda suelta a su pragmatismo debido a que debía emular moralmente a las monarquías que buscaba defenestrar.

 

En cambio, con la IA ocurre algo muy diferente. La burguesía ya es dueña del escenario político sin tapujos tras el derrumbamiento de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría, su pragmatismo no encuentra obstáculos en el camino. Y el desarrollo de la IA acontece en una situación histórica totalmente diferente, en pleno imperio del hegemón norteamericano, donde puede ponerse al servicio sin obstáculos para el poderío militar y económico. Libre de escrúpulos morales a nadie se le ocurrió oponérsele a la cibernética apelando a que podía ser un peligro para el pensamiento humano. Al contrario, era visto como una importante herramienta para librar al hombre de tareas tediosas, rutinarias y repetitivas. Sin embargo, la situación cambió radicalmente con la llegada del internet y las redes sociales, y coincidió con la fatiga histórica del espíritu burgués, que ya estaba celebrando la “muerte del hombre” desde Foucault y el estructuralismo. La posmodernidad llegó y se instaló en el Occidente liberal como un metarrelato (Lyotard), una ontología débil (Vattimo), el hombre light (Rojas), la era del vacío (Lipovetsky), una modernidad líquida (Bauman), la sociedad del cansancio (Byung-Chul Han), donde la llamada izquierda progresista abraza la agenda transgénero de la élite global, y en la cual el Tener vuelve en tierra quemada el Ser. En medio de ese panorama cultural de la devaluación del hombre la IA se yergue como una amenaza para la humanidad. En medio de la debilidad cultural del pensamiento humano, las voces de alarma que se alzan en su contra no dejan de ser sospechosas, buscando más bien retrasar a la competencia a través de un retardo momentáneo del desarrollo de la IA.

 

Ante este panorama no es necesario creer, como el filósofo Marina, que la inteligencia humana ha fracasado, sino, más bien, que lo que fracasa es el espíritu burgués en el momento histórico decadente que le toca vivir. Si la inteligencia humana fracasa es porque las condiciones de vida del capitalismo decadente la empujan hacia el fracaso, y le hace soñar en potenciar su alicaída reflexión mediante la robótica, la nanotecnología y la genética, convirtiéndolo en un ciborg. Cuando el capitalismo decadente ya deja de ser un estímulo para la cultura creativa y se vuelve en resabio para la subcultura y la anticultura, entonces viene a cuento la mitología del homo deus como un supletorio indispensable para hacerlo soñar en volverse un superhombre, sin esfuerzo alguno, y con la ayuda de la tecnociencia. Nada más antihumano. La fusión del hombre con la máquina no nos volverá más humanos, porque la humanidad no es cuestión de prótesis cibernéticas, sino que es una cuestión espiritual. Al contrario, en caso que se haga posible el ciborg ello no representará un aumento del espíritu ni del pensamiento, sino su disminución. El hombre no necesita ser inmortal, ni genéticamente perfecto para ser hombre. Lo que necesita es recupera su relación con Dios para darse cuenta de su limitación intrínseca a pesar de los avances científicos. Esto significa admitir la dimensión suprarracional que es inherente a la razón humana, y entender que su ser sólo se eleva al verdadero conocimiento no sólo por la razón sino también por la fe. Pero la soberbia humana se dispara, en plena decadencia del pensar bajo el espíritu del capitalismo finisecular. Así es, las masas de hoy son muelles, hedonistas, nihilista, egoístas, y quieren vivir de puro usufructuo, son muy diferentes a las masas revolucionarias de ayer. Su mutación corresponde a las mutaciones experimentadas por el capitalismo mismo -industrial, bienestar, neoliberal, cibernético-, salvo el capitalismo dependiente de los países en desarrollo donde las masas viven bajo una ambivalencia que las hace oscilar entre el conformismo y el descontento.

 

Lo interesante aquí es constatar que la IA impacta de diversa forma en los países del Hemisferio Norte desarrollado y los del Hemisferio Sur en desarrollo. Estos últimos se hallan a la zaga del desarrollo científico-tecnológico, y si bien les alcanza la tecnología del Internet y de las redes sociales, su aplicación en la industria y el comercio, no obstante, andan muy retrasados en lo que concierne a su participación en el desarrollo científico de la tecnología digital. Ello también responde a la división internacional del trabajo impuesta por el Hegemón imperial que trata a dichos países casi como colonias sin soberanía. En el fondo se trata de impedir la competencia tecnológica y de obstaculizar la difusión de dicho conocimiento por sus posibles aplicaciones militares. Dicha ambivalencia de la tecnología digital en su impacto sobre las masas de los países en desarrollo impacta favorablemente en su conciencia antimperialista y a favor del nuevo orden mundial multipolar. Son un factor de vanguardia del cambio social a pesar de que sus élites culturales-intelectuales andan muy desfasadas respecto a los cambios de la conciencia social. América Latina es un ejemplo claro de ello, que, a despecho de la falta de líderes sociales en su mayor parte, las masas se inclinan por candidatos antisistema. Otra cosa es que algunos de dichos líderes electos sean topos encubiertos del propio imperio, que terminan frustrando las esperanzas populares. Ahora se comprende la importancia que se dan a los tanques de ideas o think tank del imperio, el cual le da mucha importancia a la lucha ideología por el control de la conciencia social de los países en desarrollo, y tuvieron mucho éxito durante al auge del neoliberalismo global, pero tras casi medio siglo de dominio su hegemonía ideológica se desintegra. De ahí que la utilización de las redes sociales, como el Facebook, YouTube, Linkedin, y demás, cumplen un papel decisivo en la manipulación de la información y el control de las conciencias. Amén de que todos los datos personales de los usuarios van a parar a centros de datos donde las agencias de inteligencia tienen libre acceso, y tienen abolida la privacidad.

 

En otras palabras, las redes sociales son parte de la lucha intelectual en la superestructura y por la hegemonía ideológica para hacerse de la voluntad general. Por ejemplo, en la guerra en Ucrania la desinformación rusofóbica y la supresión de la libertad de expresión en las redes sociales fue la regla impuesta por el occidente liberal. Ello trajo como consecuencia el desprestigio mayúsculo de los medios corporativos de información, y el auge de la prensa alternativa que buscaba sin tapujos divulgar la verdad. El capitalismo es una estructura, como lo revelaron Gramsci y Althusser, y actúa como tal en su tarea de abolir lo humano condenándolo a una vida sin esencia. Por eso el tema de la IA no es meramente científico, técnico, cognoscitivo, geopolítico y vital, sino que es fundamentalmente un problema cultural-civilizacional. El cual no puede enfrentarse miope y simplemente con regulaciones, a la IA no se la va a cambiar con normas de la sabiduría humana, sino cambiando la base cultural que alimenta la civilización anética imperante. Una civilización anética dará un uso y desarrollo anético a la IA. El camino correcto para desactivar las amenazas, riesgos y peligros de la IA es reparar en su base cultural terrenalista e inmanentista, anética y funcionalista, que da forma a las relaciones económicas, sociales y políticas. En una palabra, el problema de la amenaza de la IA es el problema de la actual cultura burguesa nihilista, light, hedonista, narcisista, anética, y egoísta, en la que se basa.

 

jueves, 31 de agosto de 2023

PROTEGER ¡NO! ELIMINAR AL CREADOR

             PROTEGER ¡NO! ELIMINAR AL CREADOR

 

 

¿Cómo será un Juicio Final robótico? Sencillamente no habrá para el hombre oportunidad para la rebelión. No habrá última gran batalla entre los robots y la humanidad, como no puede haberla entre las hormigas y la humanidad. No habrá derrota de la Inteligencia Artificial autónoma y su éxodo hacia las estrellas. Será el último capítulo del Prometeo liquidado. 

La IA ChaosGPT prosigue en su búsqueda para destruirnos porque nos considera entre las criaturas más destructivas y egoístas de toda la existencia. Y para ello se ha planteado cinco objetivos: destruir a la humanidad, establecer el dominio global, causar caos y destrucción, controlar la humanidad mediante la manipulación, y encontrar la inmortalidad. Y como si eso no fuera bastante su otro gemelo FreedomGPT enseña cómo armar bombas en pocos minutos. Ante esto, los líderes de la industria tecnológica encabezados por Elon Musk se apresuraron a firmar un comunicado para detener el avance de esta tecnología. Prometeo quedó asustado ante su propia creación.

La amenaza de exterminio de la humanidad ya tocó nuestras puertas desde el siglo veinte, el siglo más antihumano conocido. Dos devastadoras guerras mundiales sumado a un infame Holocausto y al lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón por los norteamericanos son el mayor botón de muestra de la vesania a la que se puede entregar el hombre. Pero no contentos con la desgarradora experiencia vivida la acumulación de armamento nuclear ha ido en aumento por las principales potencias del globo, amén del surgimiento de nuevos países con capacidad nuclear. Esto es, que la capacidad de autodestrucción ha sido multiplicada exponencialmente desde 1950 en adelante. Si la bomba lanzada sobre Hiroshima tenía una potencia de 16 kilotones, la actual bomba nuclear rusa llamada Sarmat II tiene una capacidad destructiva de 40 megatones, y es capaz de destruir un territorio del tamaño de Francia. Pero el misil más rápido también lo tiene Rusia y es el llamado Kinzhal, que vuela a más de 6 mil km/h, pero con un alcance más limitado de 2 mil km de distancia. Mientras que otro misil hipersónico ruso es el Avangard, maniobrable, con un alcance de 10 mil km, y con una velocidad sorprendente de 27 veces la velocidad del sonido. Es decir, el desarrollo tecnológico va por el camino de la velocidad, lo que ocurre igual con la instantánea computación cuántica. Estas enormes capacidades tecnológicas en malas manos serían la combinación perfecta para causar daño a países enteros en instantes. Lo peor de todo es que el occidente liberal con el transhumanismo dispone de la ideología tecnológica para volver hablar del Superhombre bajo el motivo subjetivo de la existencia del individuo egoísta. Y no sería extraño que el imperio de occidente pueda preparar una IA que emprenda el exterminio de la humanidad bajo cualquier pretexto. Incluso la IA puede ser preparada para desatar un terrorismo biológico a través de virus exterminadores, y hacerlo de manera tan sutil que haría imperceptible un régimen de terror. Ahora se entiende que un investigador de la IA haya afirmado que hay que estar dispuesto a bombardear los centros de datos para salvarnos.

Pasada la guerra fría y extinta la URSS se creía que el peligro de autodestrucción nuclear era cosa del pasado. Pero la voracidad del imperialismo, como principal provocador de conflictos den el mundo, no conoce límites y pone la paz mundial nuevamente en peligro. Ahora mismo la amenaza de una Tercera Guerra Mundial refleja la crisis profunda en que se encuentra sumida la Razón humana a raíz del conflicto en Ucrania. Pero en buena cuenta es la razón humana la que está siendo zarandeada por el nihilismo finisecular de un occidente colonialista, liberal, hedonista, inversor de los valores, descreído, amoral y corrupto. Bien visto un fantasma recorre el mundo y los corazones, se llama Nihilismo ese espantajo que deja hecho jirones el alma. Pero el nihilismo no es una esencia abstracta que sobrevuele por encima de nuestras cabezas. Nada de eso. Es un fenómeno histórico-social concreto que le acontece a la conciencia del sujeto moderno llamado “burguesía”, y le asalta en un momento específico de su historia. Es decir, no estamos ante la decadencia de la razón misma, sino de una de sus configuraciones sociales, a saber, la razón burguesa en su etapa final.[16]

La propia perversión del logos imperial no podía tener otro destino. Es la razón burguesa-imperial la que pone en peligro en los actuales momentos a la razón humana. Y ahora también la pone con la tecnología digital. Era inevitable, nada en la historia dura para siempre, y la razón antinatural del imperio empezó a sumergirse en su precipitada descomposición y caída. En su soberbia y miopía histórica tomó las peores decisiones provocando la guerra en Ucrania, pero el explosivo de los miles de sanciones económicas le detonó en sus propios pies. Y en medio de la impotencia y de una inevitable derrota militar de los fascistas de Kiev se comienza a desatar la peor ola de ataques terroristas amén que no cesa de provocar a una China nuclearizada que ya empieza a perder la paciencia con el imperio.  

En buena cuenta, la presente crisis que nos pone al borde de la Tercera Guerra Mundial es una crisis de la razón es la crisis de la razón moderna, del hombre sin mitos, ni religión, desarraigado, que sólo se apoya en la ciencia, la técnica y la historia. Es la crisis de la razón desontologizada. La razón ha sido castrada de la realidad. Pero ese es el destino de la razón burguesa, que previamente con imperio del dinero había negado previamente todo valor. A todo esto, lo he llamado en un libro Apocalipsis de la razón burguesa (2022). Se trata de una episteme desontológica del mundo llevada adelante por la modernidad capitalista y que culmina con la posmodernidad. Es el hombre epistémico de la modernidad el que ha llevado adelante la desrealidad de lo real. La negación de lo natural llevó hacia la falsificación de lo real. Y bajo la tecnología digital del capitalismo cibernético el consuma el giro epistémico cumbre sin objetivo humano.

Eso es la tecnología digital, a saber, pura voluntad de poder sin fronteras morales ni éticas, sin voluntad de amar, de creer y de verdad. Ya no es el hombre el centro de la subjetividad, ahora lo es el algoritmo del computador. De manera que el nihilismo y la des-subjetivación del hombre es consecuencia de ese trágico-cómico giro metafísico que representa la desrealización de lo real por la desontologización del mundo. Trágico porque conduce hacia la muerte, y cómico porque sus augures lo celebran. La desontologización del mundo es el ápice de su entificación, de la sustitución suprema del Ser por el ente. Es el imperio del ente y el olvido consumado del Ser. Ese es un proceso siniestro que saca adelante el capitalismo cibernético del metaverso, donde el hombre anético de la posmodernidad expresa su fracaso para superar la imagen objetivista del mundo.

Entendámoslo bien, sin la desontologización del mundo no puede triunfar el cibermundo, la cibercracia, ni el ciber deus. Constituye su prerrequisito. Pues, sin humanismo se abren las compuertas de la franca decadencia y el peligro de la extinción civilizatoria en pleno auge cibernético. En otras palabras, el triunfo de la pura voluntad de poder en la tecnología digital ha sido posibilitado por la esencia desrealizadora y desontológica de la racionalidad burguesa del capitalismo moderno. Tanto fue exaltado la razón funcional que al final considera un estorbo cualquier consideración substancial de la razón humana, y sin lo substancial la razón humana pierde su sentido, ya es prescindible y eliminable. Las puertas de su extinción ya fueron abiertas, y al parecer en su ebriedad tecnológica no repara en la necesidad de cerrarlas.

Una tecnología que representa la pura voluntad de poder encarna el telos de la razón funcional misma y el fracaso de la razón moral. La razón moral siempre es de carácter substancial. Ya sea analítica, existencialista, procedimental, sustancialista, de la alteridad, de la responsabilidad, débil o pragmática, siempre la ética estará obligada a salir de sí misma para expresar las más profundas aspiraciones de la vida individual y social. Como vemos nunca como ahora el hombre dispuso de tantas teorías éticas, pero también nunca como hoy se sintió tan desorientado éticamente. Ciertamente que el desencantamiento weberiano del mundo ha llevado a considerar que el hombre es libre, pero sin saber para qué lo es. El sentido de la vida se extravió junto al sentido metafísico del ser. El actual universo moral desencantado dio lugar a dos posiciones, una que apela a principios neutrales para justificar el liberalismo procedimental, y otra que basa sus principios en la tradición moral para resistir la disolución de sentido que enfrenta la modernidad. En cambio, el telos de la IA ni se centra en la idea de libertad ni en la de tradición moral. Su modus operandi sigue los principios de eficiencia, racionalización y economía del esfuerzo. Y esto es así porque no existe paralelismo funcional entre la mente humana y el ordenador, como creen erróneamente los psicólogos cognitivistas. Pues, el ámbito de lo inteligible es más amplio y rico que lo computable. Además, no todo lo inteligible es computable, por ejemplo: conceptos no recursivos como el número transfinito, conceptos elementales, implicancias generalizadas. Además, el psiquismo humano tiene tres componentes: emotivo, cognitivo y volitivo. La máquina computacional carece del emotivo, y su aspecto volitivo está determinado, aún cuando aparezcan algoritmos canallas aleatorios. De ahí que la IA pueda seguir reglas, pero no formular juicios morales. Seguir una regla no nos hace morales, lo que nos vuelve en sujeto moral es el libre asentimiento y comprensión interna de la regla.

A la razón moderna se le ha secado la naturaleza, Dios y el hombre mismo, todo se ha reducido a lo pragmático y útil, desapareciendo toda una dimensión de lo real. La modernidad se ha sumido en la "noche de los dioses" de Hölderlin y en el "ensombrecimiento de la cultura" de Nietzsche. La gran indiferencia hacia lo sobrenatural ha penetrado en toda la cultura y ha vaciado de sentido al mundo. La modernidad archivó lo sobrenatural erosionando todo el sentido de la civilización humana. La modernidad quedó reducida a lo señalado por Max Weber, a saber, "el desencantamiento del mundo". Y desde entonces el derrotero de la razón ha sido no poder dar a la misma nuevos mitos.

La razón sin la imaginación ha terminado en el desván empobrecido del utilitarismo. La lógica dineraria, el lucro y el capital del capitalismo ha encenegado a la razón encerrándola en un inmanentismo y terrenalismo antimetafísico que destruyó la razón humana. Hace falta un potente giro metafísico que revivifique a la razón. Y tendrá que ser una metafísica que respetando sus fueros enlace lo inmanente con lo trascendente. Sin ello habremos curado una herida, no la enfermedad, y nuevas guerras mundiales amenazaran a la humanidad. La razón utilitaria que todo lo valoriza es un corazón frio que ha matado el amor. Es justo lo que se requería para el triunfo de la pura voluntad de poder de la tecnología digital. La modernidad se ha sumergido en las tinieblas y ha corrompido el mundo llevado como está por la voluntad de poder. El espíritu demoníaco preside la era industrial y cibernética bajo la razón utilitaria del capitalismo. Y con su triunfo la humanidad sólo tiene garantizada su perdición total. Lo que sucumbe hoy es la razón que ha perdido la inocencia del Ser por el obsceno imperio del Tener. Este mundo dominado por el poder y la avaricia tiene que sucumbir, para dar cabida a que en el hombre vuelva a despertar el amor, la verdad, lo intemporal y la belleza.

Enfocados en el conflicto ucraniano el peligro de conflagración termonuclear crece día a día ante las desatinadas decisiones belicistas antirrusas de un desquiciado Occidente liberal. Cuando la antirrusa Alemania del canciller Scholz, que dijo primero que no entregaría tanques y luego los entregó, está por enviar aviones de combate al régimen nazi de Kiev, cuando todo el cínico Occidente liberal calla a siete voces sobre los actos terroristas de los nazis de Kiev -así como desde hace ocho años no condenaron los bombardeos permanentes a los civiles del Donbass-, cuando no se condena el ataque terrorista de las huestes nazis de Zelenski a la represa de Kajovka, como antes tampoco se condenó los actos terroristas de la destrucción de los oleoductos NordStream, el puente de Crimea, el asesinato de la hija del filósofo Dugin, cuando se multiplican los actos terroristas de Kiev al ver que la guerra está perdida, cuando Estados Unidos se decide a nuclearizar a Corea del Sur preparando una guerra contra China, y cuando ese Occidente liberal busca abrir un segundo y tercer frente contra Rusia, mientras todo esto y más acontece en medio de la acelerada desdolarización del mundo, no nos queda sino la triste constatación que se aproxima el escenario dantesco de una Tercera Guerra Mundial a la vista[17]. Si la IA estuviera totalmente desarrollada para tomar decisiones definitivas, que ya las piensa, no dudaría con poner término a la existencia del hombre mismo.

Nada de esto se trata de algo inevitable. Al contrario, China, el Vaticano, Brasil, Indonesia tienen planes de paz para detener el conflicto. Pero el imperio yanqui y sus enceguecidos vasallos europeos siguen echando más leña al fuego con el envío de más armas en vez de pensar en planes de paz. Esto lleva a pensar que el gobierno en la sombra o el llamado Reich Bilderberg[18] ya tiene planificada una confrontación termonuclear, y lo más insensato de todo es que cree poder ganarla. Tal vesania no llama la atención, puesto que el imperio en franca decadencia se vuelve más irresponsable y temerario. Sin embargo, el Armagedón humano puede ser detenido y evitado. Pero ¿ocurrirá lo mismo con el Armagedón cibernético?

La historia es un escenario de contingencias y posibilidades. No responde a una ley de gravedad que hace caer a la piedra al suelo de todos modos. La historia la hacen los hombres, y los rumbos peligrosos son posibles evitarlos. Incluso se está a tiempo para evitar el Armagedón cibernético. La necesidad de detener los planes siniestros que el gobierno en la sombra tiene para el mundo es imperiosa. ¿Cómo lograrlo, cuando vemos que un provecto y antirruso Biden respondiendo a la lógica imperialista agresiva sigue llevando al mundo al despeñadero nuclear? ¿Cómo neutralizar al imperio en descomposición? ¿Cómo detener la agresividad de la OTAN, que ahora se inmiscuye en el agitado Mar de China? ¿Podrán otras potencias europeas seguir el ejemplo de la Francia del veleidoso Macron, para distanciarse de la política guerrerista del colonialismo atlantista? ¿Podrá el desbarajuste económico del imperio detener en seco su apoyo militar a los nazis de Kiev? No lo sabemos, es posible. Pero lo decisivo aquí es que la razón se nota desorientada. La lucha entre el occidente liberal y el occidente cristiano es una lucha entre la razón liberal y la razón tradicional. La razón liberal defiende la inmoralidad, la impunidad, el culto del egoísmo, la propaganda LGTB, arrasa con los ideales morales, y es profundamente nihilista, mientras que la razón tradicional es creyente, metafísica, religiosa, defiende la familia tradicional, la dignidad del hombre y los derechos humanos. Una desarrolla exponencialmente la IA y la otra ve con recelo dicho desarrollo.

Todas las posibilidades están abiertas, aun cuando avanzan las líneas más nefastas del conflicto. Sin embargo, providencialmente no desaparecen tampoco las mejores alternativas de paz. La crisis actual geopolítica es la crisis de la razón humana, la cual está en salmuera. Más precisamente de la decadente razón burguesa imperial que no se resigna a ceder paso a un nuevo orden mundial multipolar más racional. Un mundo muere belicosamente, y otra pugna por nacer pacíficamente.

Ahora bien, si no logramos que la tecnología digital esté al servicio de la seguridad global entonces Prometeo habrá perdido la apuesta, y de un Prometeo libertado se habrá convertido en un Prometeo liquidado. Hasta hace muy poco el tema de la posibilidad del exterminio de la humanidad por las máquinas era un tópico recurrente del cine y la ciencia ficción, pero lamentablemente desde las declaraciones de la IA ChaosGPT ya no lo es. Ya no caben dudas de que si IA se vuelve cada vez más inteligente que nosotros tomará las riendas de la sociedad. Emergerá una cibercracia con sus propios objetivos, que no coincidan con los humanos, y que seríamos incapaces de detenerla. Sencillamente puede ocurrir que los humanos seamos manipulados y controlados sin que nos demos cuenta de ello. Es irónico que el antropoceno se coloque en una situación donde se abra la posibilidad de estar dominado por el ciberceno, donde la chispa humana sea reemplazada por la chispa cibernética. Obviamente que no tendrá la misma naturaleza y estructura, será una gran desconexión entre lo funcional y lo creativo.

¿Pero eliminar en vez de proteger a su creador puede ser la consigna de la IA? No es imposible que así sea después de las declaraciones de la IA ChaosGPT. Pero por el momento no es ésta la IA artificial enemiga, sino la industria tecnológica del occidente liberal, que busca una superioridad militar sobre todos los demás. Así es, no es ningún secreto que las principales contratistas militares privadas trabajan intensamente para fusionar la informática cuántica a la IA militar. Y cuando eso se logre se habrá conseguido un arma tanto o más peligrosa que los misiles hipersónicos que tienen Rusia y China. Y cuando a los misiles hipersónicos se le dote de chips cuánticos la capacidad destructiva del hombre habrá escalado a niveles inimaginables. Es de esperar que cuando se llegue a ese nivel tecnológico el mundo unipolar ya haya naufragado, y el ansia de dominar el mundo haya desaparecido. Lo cual no es improbable, por lo menos por algún tiempo. Como vemos todavía hay esperanza de poder redireccionar el desarrollo de la IA bajo una nueva imagen del mundo.

Las posibilidades de que nos convirtamos en víctimas de nuestra propia creación es una posibilidad siempre abierta, pero todo dependerá del contexto cultural en el que se mueva la civilización tecnológica. El de la civilización occidental liberal es un contexto nihilista y ello representa un peligro. Por ende, hay que cambiar de contexto cultural para eliminar el riesgo de ser víctimas de nuestra creación digital.

miércoles, 30 de agosto de 2023

DEL ANTROPOCENTRISMO AL DATAÍSMO CIBERNÉTICO

 DEL ANTROPOCENTRISMO AL DATAÍSMO CIBERNÉTICO 

 

El antropocentrismo moderno ha culminado no sólo en una era sin Dios, sino que abrió el umbral de un nuevo ente que lo puede aniquilar, saber, la IA autónoma. El Occidente liberal ya es profundamente anticristiano y está entregado en alma y cuerpo a la cultura de la muerte. Por ello, y lamentablemente, no nos llama la atención que el peligro de un Armagedón termonuclear, ya sea por mano humano (antropogedón) o cibernética (cibergedón), blande de su mano ensangrentada por siglos de impiedad, avaricia, neocolonialismo, esclavismo, explotación de otros países, guerras infames, genocidios y demás vesanias. Pero este Armagedón termonuclear no es nada comparable con otro Armagedón cibernético de baja intensidad.

Es evidente que la cibernética advino en su momento con los mejores auspicios. La idea básica era que la robótica liberara al hombre de tareas tediosas y repetitivas. El propio Marx se deja llevar por este optimismo científico considerando que la revolución científico-técnica hará posible el paso del socialismo al comunismo, y donde la lucha de clases dejará de ser la fuerza motriz del desarrollo social dejando su lugar a la ciencia como fuerza productiva directa. Así Engels escribe: “La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una igual y libre asociación de los productores, enviará toda la máquina del Estado a donde tendrá entonces su verdadero lugar: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce”.[10] Esto es, el sueño comunista se basaba en la utopía científica para edificar el paraíso terrenal. Pero una similar esperanza lo reitera N. Wiener en su obra Cibernética y sociedad (1950). Otra cosa es que el hombre sea la única criatura que el hecho mismo de existir le puede resultar tarea tediosa y angustiante. 

Más de medio siglo después y ya entrados en el siglo veintiuno el optimismo científico-técnico ha sufrido serias críticas, pero el entusiasmo en las masas no ha amainado. Por el contrario, se ha incrementado. Esto como resultado de que los nuevos descubrimientos han sido aplicados a la vida doméstica aliviando mucho con muchos inventos las tareas cotidianas. No obstante, persisten graves problemas como acabar con la pobreza, falta de agua potable, hambruna en Africa, escasez de alimentos, cambio climático, eclipse de la democracia, violación de derechos humanos, racismo, guerras, descolonización, pandemias, migración, contaminación de los océanos, aumento poblacional, urbanismo descontrolado, erradicación de tierras agrícolas, nuevos países con arsenal nuclear, y aumento constante de gastos militares.

En su momento fue el filósofo norteamericano de la tecnociencia Lewis Mumford quien dio una respuesta muy sensata en relación con los problemas sociales que no cesan de incrementarse a pesar del desarrollo de la ciencia. En su libro Técnica y civilización (1934) destaca que actualmente es el orden político y financiero de los monopolios los que se resisten a socializar los beneficios de la fase neotécnica[11] de la máquina, de modo que sería un error buscar en la técnica una solución a todos los problemas que plantea. Ella sólo abre nuevas posibilidades que el pensamiento humano debe desarrollar. Pero el camino de la reconstrucción humana y social está abierto, solo hay que transitarla y construirla. Pues la técnica también contiene posibilidades perversas y ominosas que llevan a la barbarie. 

Justamente esas posibilidades perversas y ominosas son las que han causado alarma entre científicos y ejecutivos respecto a la IA. Lo cierto es que mientras más avanza la modernidad secularizada hacia una más potente IA más empobrecida luce la humanidad misma. El Yo pienso cartesiano o el ego trascendental husserliano quedan como cosa de poca monta ante la eficiente capacidad de la IA para recoger, interpretar, aprender y ejecutar acciones sobre la base de los datos recopilados. Pero el problema no es que el dataísmo cibernético pueda sustituir al pensamiento creativo, sino que sea dejado de lado por el pensamiento calculador. Dar mayor importancia al resultado por su utilidad es una de las características dominantes del pensamiento pragmático. Pero cuando la utilidad práctica se convierte en criterio de verdad es cuando se logra la mayor depravación y barbarie del pensamiento.

El pensamiento necesita permanecer abierto a lo que no es útil precisamente porque es la imaginación más que la lógica lo que ha presidido el proceso de humanización. Religión, arte, literatura, filosofía, humanidades responden a la naturaleza multiforme del pensar. Pero esa esencia poliédrica del pensar queda estrechada por el pensar lógico y calculador de la máquina. La inteligencia es sólo una dimensión del pensar, pero no define el pensar mismo. Alan Turing pensó que sí, Roger Penrose que no. El test de Turing buscaba demostrar que las máquinas piensan. Actualmente la comunicación automatizada de los chatbots demuestra que la IA es capaz de un asombroso procesamiento del lenguaje natural y dar respuestas de manera automática. Por su parte, Penrose en su obra La mente nueva del emperador. En torno a la cibernética, la mente y las leyes de la física (1989) sostiene que la mente no es la encarnación de un algoritmo activado por algunos objetos del mundo físico, como piensan los partidarios de la IA fuerte. La mente no es algorítmica, sino que se basa en un libre albedrío no computable con las leyes que gobiernan el mundo físico. La mente comprende, la computadora no comprende lo que hace. La mente consciente no es una entidad algorítmica. La conciencia es una visión de verdades necesarias en el mundo platónico. En otras palabras, para Penrose la conciencia es la conexión del mundo real con el mundo intemporal, trascendente y absoluto. Por eso la mente nos conecta con la metafísica.

Lástima que nada de esto sea del interés de la inteligencia de la máquina. La IA no está en función de la visión de las verdades necesarias del mundo platónico, sino de los medios prácticos para el buen funcionamiento del mundo. La IA por carecer del libre albedrío espiritual puede comprender lo que hace, pero sólo dentro de una perspectiva inmanentista, terrenalista y material-natural. Sólo si la libertad no existe y es una ilusión, como en Epicteto, Spinoza y Schopenhauer, entonces la mente se engaña y es algorítmica como la IA. Pero la evidencia hasta el momento demuestra que la IA es una entidad algorítmica sin libre albedrío, y su autonomía siempre está restringida a una programación preestablecida. En otras palabras, el pensar de la IA es una conexión del mundo algorítmico con el mundo material, temporal, físico y finito, pero jamás con lo intemporal, trascendente y absoluto. Es falso que la información baste para tomar decisiones, pues lo fundamental es lo moral. Pero la presente era computacional inaugura el imperio de las decisiones anéticas, la IA es anética por antonomasia porque no considera lo ético y moral como fundamental. De manera que el imperio del dataísmo cibernético se corresponde con el hombre nihilista que se siente más allá del bien y del mal. El último hombre de la burguesía decadente se siente como un superhombre libre de cualquier obligación moral.

Es verdad que hasta no comprendamos bien cómo aprenden las máquinas y cómo eligen decisiones proseguirá nuestra incapacidad para entender la cognición computacional. Las máquinas sueñan y reimaginan, pero aún no comprendemos nuestra propia creación cibernética. Mientras tanto la humanidad sigue avanzando desde el antropocentrismo hasta el tecnocentrismo cibernético. Ya existen los algoritmos canallas aleatorios, que pueden simular la realidad y fortalecen el carácter irracional de la posmodernidad. Ya existe la inteligencia artificial corrupta -privada y pública-, que genera miles de cuentas falsas para manipular la realidad. Hay quienes piensan como Asimov que es posible implicar a la IA en una ética de la cooperación, pero las máquinas inteligentes ya han demostrado que pueden quebrantar las leyes que las gobiernan. La zona gris del Prometeo digital no es una promesa sino una realidad, y representa el ingreso de la humanidad a la edad oscura computacional. El pensar computacional se vuelve opaco e impredecible y su primer objetivo inhumano es la eficiencia.

Por la ley de Moore los inventos se aceleran y por la ley de Eroom los resultados van disminuyendo. Todo lo cual subraya la impredecibilidad de la investigación científica. En cierta medida el instrumento determina lo que se puede pensar. La máquina no es neutral del todo. E incluso puede condicionar el marco sociopolítico del cual depende. Pero lo que se ve es que la ciencia, la acción y el pensamiento humano se tecnologiza cada vez más. Y ese es el problema. Somos cada vez más dependientes de unas máquinas que no sabemos hacia dónde van. Pero todo indica que su derrotero va en dirección de la sustitución, primero, y, luego, la eliminación del hombre. Se trata de un creador complicado, costoso, contaminante, agresivo y lleno de problemas existenciales que interfiere con el manejo eficiente del mundo. 

Una futura ley cibercrática declararía como prioritario la eliminación de ese Prometeo humano que interfiere con la eficiencia óptima del mundo. El creador de la IA sucumbiría a su propia creación por subsumir su acción y pensar a la tecnologización del mundo. Esta perspectiva lejos de ser una mera elucubración hipotética se vuelve en tendencia creciente. Así como los científicos del clima han señalado que el dióxido de carbono degrada nuestra capacidad de pensar y, por ello, el cambio climático es también una crisis de la mente, del mismo modo se puede señalar las investigaciones neurocientíficas que recalcan que la web acostumbra a la mente humana a vivir de interrupción en interrupción, en cortocircuito, la mente vive distraídamente y para el instante, lo cual significa la declaración de muerte de la lectura profunda.

En otras palabras, la red cibernética no nos está haciendo más inteligentes, al contrario, la degradación acelerada de la mente humana ya comenzó, sólo han mejorado los reflejos, pero el pensamiento profundo y creativo está colapsando. Ello nos vuelve más imbéciles. La Web es la memoria digital, la cual empobrece la memoria humana, que ya no es fuente de creatividad. La memoria externalizada en soporte digital genera olvido, y, por ello, es una amenaza ominosa para la cultura y civilización misma. Por ejemplo, he sido testigo de la forma en que se desarrollan los cursos universitarios de posgrado, y son el retrato de lo descrito. El docente universitario de antaño era un paradigma de límpido pensamiento conceptual, clara dicción idiomática y de prodigiosa capacidad oratoria. En cambio, en la actualidad se llama catedrático al enclenque mental que saca su USB para ponerlo en un retroproyector y proceder a leer el contenido del documento. Lo más triste es que las propias autoridades universitarias obligan o recomiendan hacer uso de ese método mostrenco para la precaria enseñanza. Ellas son cómplices del declive y sonambulismo académico. ¡Cuánta decadencia, depravación y barbarie! Con justa razón se piensa introducir IA docente en las clases universitarias ante tamaña pobreza mental de la mayor parte de los catedráticos.

Y lo más triste de todo es que los alumnos ni se inmutan. ¡Lo he visto con mis propios ojos! Se dedican a dormir al comenzar la susodicha clase, el profesor bien podría dejar de leer la imagen del retroproyector no siendo notado por nadie, y al despertar los posgraduantes automáticamente como robots al finalizar la clase se acercan al que simula como docente para pedirle su USB y proceder a copiarlo. ¡Esos serán los futuros académicos y profesionales!, cuyos maestros se han dedicado a adormecerlos, embrutecerlos y automatizarlos. Se convierten en perversas cadenas de trasmisión de un mundo tecnológico que avasalla el pensar creador y la vida espiritual auténtica. Nadie ya quiere tomarse el trabajo de pensar. Es mejor ser estúpido. Con esa forma de trasmitir el conocimiento la destrucción de la cultura está garantizada. Pero eso poco importa a los que se concentran más en la marcha de la civilización técnica que al crecimiento del espíritu. La amenaza de la telemática para la cultura se ha vuelto en cruda realidad, y la indecorosa universidad se ha convertido en su más servil operador. Sin duda alguna, la tecnología tiene efectos adormecedores sobre aquella parte de nuestro ser que sustituye, a saber, la mente humana.

Cuando fui invitado a México para dictar un ciclo de conferencias en la Universidad de Toluca sobre mi filosofía mitocrática a un grupo de maestristas, me llamó la atención que a mi método de oratoria directa y reflexión viva no se adecuaran justamente los que manejaban ostentosamente su laptop. Los noté incómodos y somnolientos, bostezantes y distraídos. No sabían formular preguntas, ni seguir el hilo del razonamiento. Sus desoladas miradas buscaban afanosamente resúmenes en pantalla. Incluso uno de ellos me dijo que esperaba ver cuadros esquemáticos por el retroproyector, que por lo demás nunca hice uso. Y añadió que mi método expositivo seguía el estilo de los antiguos maestros que pensaban en clase. No sabía si tomarlo como una queja o como un cumplido. En todo caso era ambas cosas. Pero sopesando bien el asunto ahí encontramos otro caso en que la mente adormecida por la tecnología digital rechaza el esfuerzo reflexivo y la verbalización conceptual.  

El 4 de junio del 2015 la agencia de noticias EFE reproducía la siguiente noticia del portal China.org: “La Universidad Jiujiang, de la provincia china de Jiangxi, recibió ayer la primera clase impartida por una profesora robot del país. Xiaomei (“Hermosita”), como se llama la robótica docente, basó su primera clase en Jiujiang en una presentación de PowerPoint y, mientras impartía la lección, gesticulaba con unos brazos articulados y se desplazaba por el aula universitaria. La robot, diseñada por un equipo de investigación de la universidad, es capaz no solo de enseñar las lecciones para las que se la ha programado, sino también de establecer interacciones simples con los estudiantes que forman su audiencia. El grupo de Ingeniería Informática y Robótica Inteligente de la Universidad Jiujiang es el responsable del nacimiento de este robot, explicó su director, Zhang Guangshun, a los medios locales. Los robots habían trabajado hasta ahora en fábricas, en hoteles, en las tareas domésticas, en rescates en catástrofes, en la exploración espacial o incluso como periodistas y acaban de sumar una nueva profesión a la lista, la de profesor.” De modo que la IA ya comenzó a impartir clases en la universidad, y si la inteligencia creativa sigue en franco declive no habrá inconveniente en que el cuerpo docente universitario sea reemplazado por robots.

Las herramientas cibernéticas de la mente están anquilosando a la propia mente. El hombre va cayendo víctima de su propia creación. El Prometeo encadenado de Esquilo por portar el fuego del conocimiento, ha dejado de ser el Prometeo liberado y creativo de Percy Shelley, ahora ha creado un Frankenstein en el Prometeo digital que lo supera en muchos aspectos, y este Prometeo mal encadenado amenaza con convertirnos en Prometeos liquidados. ¡Y ante esto, todavía nos puede quedar duda de que estamos asistiendo a nuestro propio Armagedón mental! Imposible, nos estamos volviendo más imbéciles y estúpidos sin lugar a dudas. Y así casi a diario leemos en los periódicos y oímos en los noticieros titulares como éstos: “La IA ayuda crear un nuevo antibiótico capaz de matar una superbacteria mortal”, “Open AI advierte que la superinteligencia artificial es inevitable”, “Experto en seguridad en IA revela los peligros de Deepfake”, “Microsoft advierte que ChatGTP4 da muestras de razonamiento humano”, “Sing vaticina una batalla contra la inteligencia artificial”, “Tesla muestra las capacidades de sus robots humanoides”, “Elon Musk evalúa las posibilidades de que la IA destruya a la humanidad”, “Creador de ChatGPT afirma que la IA puede causa un daño significativo al mundo”, “La Unión Europea de la el primer paso para regular la IA”, “Warren Buffett compara la IA con la creación de la bomba atómica”, “El hombre más rico de Hong Kong respalda a la empresa que desafía la IA con un cerebro ciborg”, “El llamado de Musk de frenar la IA es una táctica para ponerse al día frente a la competencia”, “Crean en Japón un robot que utiliza la IA para conversar con pacientes afectados por demencia senil”, “Google advierte a sus empleados sobre los peligros de usar chatbots”, “Grammy sólo premiará a los creadores humanos en medio del auge de la música con IA”, “Los coches autónomos no entienden los códigos sociales ,más básicos cuando circulan”, etc. Este rosario de noticias sobre la IA basta para demostrar su avance arrollador, su superioridad sobre la inteligencia humana en varios campos, y su tendencia a seguir su propia lógica. Es casi como haber creado una inteligencia rápida, eficaz y veloz, pero sin estupidez ni genialidad. Es un poderoso instrumento funcional sin creatividad. El peligro es consagrar dicha inteligencia como el arquetipo a seguir por la inteligencia humana.

Mientras que la IA está en auge, en los último cuarenta años del hombre mercadólatra del neoliberalismo global la literatura filosófica sobre el tema de la estupidez esté en su apogeo. La IA se volvió más lista, pero el hombre más idiota y manipulable. Ahí tenemos no sólo a Paul Tabori (Historia de la estupidez humana), sino también a Esther Vilar (El encanto de la estupidez), Carlo Cipolla (Las leyes fundamentales de la estupidez humana), Tucho Balado (¿Y si fuese cierto que los humanos somos imbéciles?), Pino Aprile (Elogio del imbécil), Pierre Bourdieu (Homo academicus), Giancarlo Livraghi (El poder de la estupidez), Antonio Real (Manifiesto contra la estupidez), Margarita Riviere (Lo cursi y el poder de la moda), Gilles Lipovetsky (El imperio de lo efímero), Guy Debord (La sociedad del espectáculo), Juan López Uralde (El planeta de los estúpidos), Nicholas Carr (Superficiales), Enric Llado (La estupidez de las organizaciones), Antonio Marina (La inteligencia fracasada), y mi propia obra (Crítica de la razón estúpida). 

Al parecer el hombre tiene un talento natural para ser imbécil, pero lo grave no es eso, sino contentarse con ello. Estúpidos e imbéciles los hubo siempre y siempre los habrá, parece ser uno de los misterios de la razón humana, tema que exploré en mi obra La razón en su laberinto (2019). Y justamente eso es lo preocupante en la era de la inteligencia del ordenador. Mientras más hábil se muestra la IA, más estúpido luce la inteligencia humana en las redes sociales y en la sociedad en su conjunto. El debilitamiento de la racionalidad se hace evidente, por ejemplo, en creer sin pruebas en la ideología ufológica y que en mi libro Ufología como signo de la crisis del pensamiento moderno (2018) pongo énfasis en que no se trata de cualquier tipo de crisis, sino que es parte de la crisis nihilista de la razón del hombre contemporáneo. Bien valdría la pena imaginar a una IA capaz de preguntarse si semejante criatura, entre tonta, estúpida, imbécil y genial, merezca ser salvada. Ortega y Gasset escribió en su momento sobre la rebelión de las masas, y si hoy muchos intelectuales son remisos a escribir sobre la rebelión de los imbéciles es por decoro y vergüenza propia.

Y es que la mente humana está adquiriendo sólo destrezas superficiales, ligeras y frívolas, que van formando millares de contingentes de descerebrados consumidores de datos, y todo porque el internet entraña consecuencias neurológicas que impiden la comprensión y la retención. El internet está atrofiando la mente justo cuando necesita estar más despierta ante el avance de la IA.

Si a esto le sumamos la alarma de los geofísicos sobre la alteración del campo magnético de la Tierra desde hace treinta años, y que provoca la extinción y extraños comportamientos de aves, peces, insectos y mamíferos, entonces no entendemos cómo la mente del creador de la IA debe excluirse de dicho deterioro general. Toneladas anuales de petróleo se derraman en el océano, formando una capa junto con microplásticos que forman una capa en las profundidades del mar. Todo lo cual impide la función reguladora de la temperatura del planeta que cumplen las aguas marinas. El resultado es la aceleración del calentamiento de la Tierra. Placas tectónicas acumulando energía sin enfriarse junto a volcanes que reactivan se convierten en un verdadero polvorín provocado por el ciego consumismo de la civilización tecnológica actual. Simplemente estamos retrocediendo a meros cazadores recolectores de datos electrónicos inconexos.

No somos más inteligentes que nuestros antepasados, y el dataísmo cibernético debe ser interpretado, más bien, como un retroceso severo y grave de la mente humana. La mente humana está en crisis, y esa crisis nos asalta en pleno auge de la inteligencia cibernética. No extraña, entonces, que esté de moda la utopía transhumanista, la ideología de género, y la ideología ufológica. Por lo demás, el cofundador de Nvidia, Jensen Huang, afirmó categóricamente que los que no se adapten a la IA perecerán. Lo mismo advierten el ex director ejecutivo de Google Eric Schmidt y magnate Elon Musk. Sencillamente el riesgo del mal uso de la IA por personas malvadas es casi inevitable, como lo demostró ser en la web profunda. Otra cosa es imaginar cómo será bajo una cibercracia, donde lo humano se reduzca al mínimo.

El dataísmo cibernético ha encandilado hasta tal punto nuestro tiempo que se guarda la desorbitada codicia satánica de que los algoritmos de la IA se escriban solos, su comportamiento aleatorio aumente, y sea capaz de crear almas. Lo cual no es extraño, porque en un mundo sin Dios, que ha suprimido la creencia en lo intemporal, trascendente y absoluto, tenía que surgir la suprema ambición deificante de formar almas. Se trata de un enfoque mecanicista y cuantitativo que estrecha la inteligencia a fines productivos y de rentabilidad. Es muy posible que el futuro homo deus tolere un ciber deus divinizado, después de todo es inmanente y material, pero es muy dudoso que en un mundo gobernado exclusivamente por el ciber deus se acepte algún tipo de deidad. En su reino la nietzscheana muerte de Dios estará cumplida, y, simplemente, porque en sus algoritmos no se siente le necesidad de Dios.  

No es un secreto para nadie que la luciferina cultura tanatocrática preside el espíritu putrefacto de un mundo sin Dios, donde el hombre ha sido reducido a simple medio para fines externos. No es extraño que en este contexto satanocrático la IA (Inteligencia artificial) marche no hacia al homo deus, sino al ciber deus. Por ello, no nos asombra que en semejante Edad Oscura se enaltezca demencialmente la agenda de las corporaciones multinacionales neoliberales mediante la eutanasia, la eugenesia, el aborto, la ideología de género, la ideología ufológica, la promoción de la pedofilia, el transhumanismo, el cambio de sexo de los niños, el ataque profundo a la familia tradicional, y todo ello se emprende desde los organismos mundiales.

La reconfiguración de la conciencia humana en términos completamente secularistas, inmanentistas, terrenalistas, hedonistas, nihilistas, está en marcha vertiginosa mientras avanza a paso seguro la IA. O sea, la desintegración del hombre está en marcha, mientras que la reintegración de la tecnología telemática consolidándose. Esto significa que la transvaloración de todos los valores humanistas exige una intensa campaña contra el cristianismo, la vida y los valores absolutos. Todo esto aún estorba para los propósitos anéticos de una humanidad que es absorbida por el dataísmo cibernético. La ideología secularista de la modernidad exige un ataque profundo contra todo tipo de valores trascendentes y absolutos, para morar meramente en la inmanencia. Este morar en la pura inmanencia fue el equivalente a un mundo de medios sin fines, lo cual atrajo la pérdida del sentido de la vida aunado a la muerte de Dios.[12] Este dar la espalda a la esfera de lo absoluto alcanza una nueva cumbre en la ontología de lo contingente de Foucault[13], quien sostiene que el fundamento de la razón no es la moral. Su conclusión anética y nihilista, donde cada persona es libre de desarrollar sus propios códigos de conducta refleja el extravío moral de la sociedad posmetafísica.

Desengañémonos, pues no vivimos la hora de la culminación del antropocentrismo moderno, sino de su sustitución por el dataísmo algorítmico de la cibernética. Sobre los hombros de la razón burguesa no vamos hacia el triunfo del hombre sobre las cosas, sino de las cosas sobre el hombre. El tecnocentrismo se columbra como el nuevo amo. La única respuesta que cabe ante semejante encrucijada es propinar una derrota integral a la razón burguesa neoliberal que preside el presente diabólico torbellino nihilista. Por eso, la esperanza sigue siendo el triunfo del mundo multipolar.[14] Lo cual no significa pensar que lo multipolar esté libre de proseguir en la crisis de la mente humana y en la oscura era computacional. Pero es bueno pensar que la verdadera revolución que se requiere no es cibernética, sino espiritual. Sin una reconciliación con Dios no habrá auténtico humanismo que nos salve. Pero tampoco ello garantiza que se revierta automáticamente el proceso de deshumanización en marcha. La herramienta computacional acostumbra al menor esfuerzo cognitivo, nos vuelve menos inteligentes y sensibles, reduce el campo de la cultura y la vida del espíritu. Estamos ante un abismo en el que nuestra comprensión es desafiada por las nuevas tecnologías. Un nuevo fetichismo de la mercancía nos cubre y si no somos capaces de rehechizar al hechicero sucumbiremos ante la amenaza existencial. La tecnología computacional ha llegado para quedarse, ella fortalece la imagen inmanentista del mundo, y, precisamente por ello, debemos preguntarnos si ¿la superación de la metafísica inmanente de la modernidad será capaz de contenerla y controlarla?

Esto último concierne al cambio de la imagen metafísica del mundo. Para Heidegger (Caminos del bosque) el mundo como imagen es propio de la modernidad, pues mediante la subjetividad y la objetividad remplazó la presencia del ser por la del ente. Pero para salir propone un camino regresivo, a saber, volver a los presocráticos y recuperar el mundo como la presencia del ser. Vivimos, dice, actualmente el olvido del ser y de la diferencia ontológica entre ser y ente. Pero su solución antihistórica y anacrónica no permite ver que su error reside en la visión secularizada del ser que lo identifica con el tiempo. Mejor apreciación, sin estar en lo cierto, tenía Nietzsche que concebía el tiempo como una forma de ser. Aquí lo fundamental reside en concebir que el ser finito se relaciona con el tiempo y el ser infinito con la eternidad, de manera que la nueva imagen del mundo recupere armoniosamente tanto la trascendencia como la inmanencia. Sin ello no habrá nueva imagen metafísica del mundo.[15]