Revista peruana de Filosofía dedicada a los temas de metafísica, ontología, antropología filosófica, ética y política con especial énfasis en las categorías de lo anético, mitocrático, hermenéutica remitizante e hiperimperialismo. Contacto: gus_floque@yahoo.com
martes, 22 de octubre de 2024
LA UTOPÍA ARCAICA
lunes, 21 de octubre de 2024
EL INCA GARCILASO Y LA INVENCIÓN DEL PERÚ
miércoles, 16 de octubre de 2024
ELITE FASCISTA
ELITE FASCISTA
La plutocracia occidental se ha tornado claramente fascista imponiendo a los países del mundo una sostenida guerra contra la población mundial a través de la degradación de la democracia en votocracia, de la economía capitalista de productiva en especulativa y de la agenda Arco Iris (eutanasia, eugenesia, ideología de género, derechos LGTB, criminalización de la masculinización, libre consumo de drogas, reproducción in vitro y transhumanismo).
Esta guerra elitista y plutocrática sostenida contra la población mundial es el epítome de la secularización del mundo moderno, que comenzó vociferando con Nietzsche la muerte de Dios y hoy termina consagrando la muerte del hombre con el "homo deus" del gurú de los multimillonarios Yuval Harari.
A estas alturas del terremoto geopolítico que vivimos, a mediados de la primera mitad del siglo veintiuno, entre el mundo unipolar, cada vez más agresivo y guerrerista con EEUU y los OTANAZIS, y el mundo multipolar, encabezado por China, Rusia y los BRICS, no es un secreto para nadie que detrás de las multinacionales está la voluntad de los grandes capitanes del capitalismo occidental, que ha involucionado de productivo en especulativo. De ahí que sociedades de inversión multinacionales como Black Rock tengan la voz cantante en un planeta convertido en un casino global.
Si entendemos el fascismo como la imposición por la fuerza a la sociedad de una agenda inconsulta y antipopular, entonces la élite mundial resulta fascista. Se trata de un fascismo blando de un totalitarismo intrademocrático que se lleva adelante en el occidente moderno mediante el contubernio de la plutocracia internacional y los estados del Primer Mundo.
El desmontaje y la traición a la democracia ha ido de la mano con la desestructuración del capitalismo de bienestar y la imposición del capitalismo salvaje que se implementó en el mundo desde los años 90 del siglo veinte tras la caída del Muro de Berlín, la desintegración de la URSS y la expansión global del neoliberalismo.
En su momento Francis Fukuyama lo celebró con su obra de 1992 "El fin de la historia y el último hombre", más tarde, en 2007, Ralf Dahrendorf lo refutaba con su libro "El recomienzo de la historia: de la caída del muro a la guerra de Irak".
Dahrendorf desde las mismas trincheras del pensamiento liberal daba en el clavo señalando que la tragedia del recomienzo de la historia era la creciente tensión entre libertad económica y la justicia social. Con esto no sólo retornaba al pensamiento original de Adam Smith -que en su afamado libro "La riqueza de las naciones" cerraba su pensamiento con la afirmación idílica y tajante de que el capitalismo no era para servir a los capitalistas sino al pueblo-, sino que denunciaba que quedaba roto el pacto social y se erigía un mundo unipolar que consagraba la desigualdad en proporciones jamás vistas ni en tiempos del más furioso colonialismo del siglo diecinueve.
Desde entonces el nuevo orden mundial unipolar quedó consagrado como una era de recesión democrática donde las transnacionales contaban con soberanía propia e imponían su agenda sobre los países sojuzgados a su ominoso dictado. Las democracias degeneraron en votocracias gracias a la dictadura del neoliberalismo, teniendo a su principal impulsor a los EEUU como Hegemón de la gobernanza global.
Salía nuevamente a la luz la vieja verdad sostenida por Marx, a saber, que el gran problema del capitalismo no era la producción de la riqueza sino su distribución social. Al respecto hay quienes piensan que China, sacando a 800 millones de compatriotas de la pobreza hacia la clase media, demostró que es posible resolver la contradicción del capitalismo combinando capitalismo en economía y comunismo en política.
En su momento a este fenómeno del imperialismo lo llamé "Hiperimperialismo", como la fase del capitalismo monopólico en el que éste se desinteresa totalmente del equilibrio social y da rienda suelta a un mundo de libertad sin justicia. La ley de la selva en la economía retornaba en dimensiones que superaban largamente los peores momentos del capitalismo industrial del siglo diecinueve. Y en la galería todo este espectáculo impúdico, grotesco y deshumanizante recibía las rabiosas palmas de los fanáticos irracionales del capitalismo fundamentalista que se autodenominaban obscenamente "libertaristas".
Y así, las ocho personas más ricas del planeta no sólo resultaron juntas poseyendo la riqueza de los 3,600 millones de personas más pobres de la Tierra (Informe Oxfam), sino que se sintieron con patente de corso para imponer al mundo y a los países del orbe lo que ellos creen que debe ser la humanidad y el Orden Mundial. Se ahondó entonces la guerra contra la población mundial sustituyendo en la estrategia el control de la natalidad por la desmasculinización, la inclusión y la reproducción in vitro.
Ya no se trataba solamente de la vieja guardia de los Rothschild, Morgan, Rockefeller, sino de los nuevos rostros de Bezos, Musk, Gates, Zuckerberg, Bin Salman, Soros, Murdoch, Fin, Page-Brin, conformando una verdadera legión demoníaca contra la verdad, la anulación del pensamiento crítico, la manipulación de las conciencias. La moderna plutocracia se entronizó como el verdadero poder mundial occidental
A la degradación de la democracia le acompañó una sostenida guerra contra la población mundial a través de la agenda Arco Iris: eutanasia, eugenesia, libre consumo de drogas, aborto, derechos LGTB, ideología de género, destrucción de la familia nuclear, tecnociencia y transhumanismo. Pero las caretas han caído, y se hace cada vez más evidente que el transhumanismo con su cháchara tecnocientífica no es sino la coartada clasista, secularizada y atea del viejo sueño de los hombres ensoberbecidos de poder y riqueza que sueñan con volverse dioses. No es casual que Bezos, Soros, Musk, Gates y compañía inviertan millones en conquistar Marte, la inmortalidad y la inteligencia sin más esfuerzo que implándose chips o algún aditamento tecnológico.
En una palabra, la élite fascista occidental no es sino la expresión del imperante nihilismo del hombre prometeico de la modernidad, la cual ha conquistado el mundo, pero se ha perdido a sí mismo. No nos engañemos, se está llevando a cabo la inversión de los valores y para ello la plutocracia occidental necesita liquidar por completo a la Iglesia católica, cosa que lo está consiguiendo en Europa. Y lo hace porque la Iglesia ve en la familia el núcleo espiritual de la humanidad. Y ese obstáculo necesita borrarlo no sólo con la educación atea y secularizada, sino con la promoción de la llamada "familia democrática" y la ideología de género.
Ahora se comprende el auge del animalismo o la marcha de los "hombre-perros" en Alemania, del matrimonio de seres humanos con árboles, aviones o cualquier género de cosas. Con la ideología de género -que sirve perfectamente a los intereses de la guerra contra la población- cualquier persona se siente con el derecho de construir su identidad sexual y personal y procede a identificarse con el género de cualquier cosa que elija ser.
El mundo occidental está en profunda decadencia espiritual y en su desquiciamiento vive actualmente una "neurosis de identidad". Lo que lo está llevando por la ruta del desvarío en las relaciones internacionales y poniendo al planeta al borde del Apocalipsis nuclear.
Mientras la civilización moderna occidental luce neurótica, desvaída e imponiendo sanciones ilegales a cuanto país que no se someta su dictado, otras civilizaciones en el mundo -China, ortodoxa rusa, islámica, hindú- ascienden vigorosas al primer plano de la historia defendiendo la tradición, la religión, la nacionalidad, el libre comercio y la soberanía.
En este contexto hay quienes piensan que al final se impondrá la sensatez pragmática en las élites plutocráticas occidentales y se plegarán a las nuevas reglas de juego del orden mundial multipolar. Es posible que ello ocurra, pero no debemos olvidar que el Reich Bilderberg también está compuesto por los potentados ajenos a la diplomacia y partidarios de la demencial guerra termonuclear.
Nos ha tocado vivir en momentos claves de la historia que pone a la humanidad al borde de su supervivencia. Y lejos de confirmar el pensamiento de Samuel Huntington en su libro "El choque de civilizaciones", lo que vemos es la colaboración de las cuatro grandes civilizaciones del mundo colaborando para salvar al mundo del desastre al que nos quiere llevar la única civilización que luce desquiciada y descontrolada: la occidental moderna y su plutocracia reñida con la Verdad.
sábado, 12 de octubre de 2024
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viernes, 11 de octubre de 2024
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domingo, 29 de septiembre de 2024
martes, 24 de septiembre de 2024
EL DESAFÍO DEL TRANSHUMANISMO
EL DESAFÍO DEL TRANSHUMANISMO
Gustavo Flores Quelopana
Expresidente de la Sociedad Peruana de Filosofía
¿Qué piensa de la tecnología?
Que es un gran beneficio,
pero dentro de proyectos inadecuados es también un gran peligro.
¿A qué se refiere?
Por ejemplo, la tecnología
en manos del relativista occidente liberal es la principal amenaza para la
supervivencia humana.
¿En qué proyecto está
pensando específicamente?
Pienso en el
transhumanismo. El transhumanismo es la ideología cientificista y tecnolátrica
de los multibillonarios del mundo liberal que desean convertirse en dioses. Esa
plutocracia son los enemigos de la verdad. Son monstruos que creyendo
conquistar el mundo se han perdido a sí mismos. Ahí tenemos a Elon Musk con
Neuralink, Zuckerberg entusiasmado con la sustitución del hombre por el ciborg,
Jeff Bezos, Larry Page y Bill Gates con su obsesión para lograr la inmortalidad.
Están jugando a ser dioses.
¿Se olvida de Harari?
No, no me olvido de Harari.
Pero él conforma el grupo de los gurús intelectuales del transhumanismo. Miklos
Lukacs, en su libro “Neo entes” señala bastante bien como fuentes del
transhumanismo al dualismo cartesiano, la perfectibilidad de Condorcet, el
utilitarismo de Mill, el cosmismo ruso (Fedorov), la ideología comunista y su
ideología de “construcción de dios” (Gorky, Trotsky), la ciencia ficción, el futurismo
(Chardin, Vernadsky, Haldane, Bernal, Asimov, Sagan, Toffler), la eugenesia
(Bernal y Huxley), la militarización del espacio (Vannevar Bush), las
universidades (California, Florida, Nueva York, Arizona, etc.), las nuevas tecnologías
(nanotecnología, edición genética, Inteligencia Artificial) y el transhumanismo
(Max More, Nick Bostrom, David Pearce, Raymond Kurzweil). A ello hay que sumarle
el secularismo liberal y el giro antimetafísico de la modernidad.
¿Una amplia alianza?
Así es, una alianza de
amplio espectro y de raíces profundas en la historia moderna. Congrega a
filósofos, políticos, científicos, academia, literatura, cine y empresa.
¿Pero acaso no es bueno preparar
a la humanidad para la era de las máquinas?
Sería mejor preparar a las
máquinas para la era del hombre con Dios y no del hombre sin Dios. Pero como
están las cosas ni siquiera vamos en este último sentido, sino que lejos de
soñar con el homo deus de Harari lo que abre la puerta es al dominio
totalitario del Ciber Deus.
Ese es uno de los títulos
de sus últimos libros, el “Ciber deus”. Pero ¿No cree que la universidad
contribuye positivamente a la era de las máquinas?
No, no lo creo. La universidad
se muestra en el occidente liberal e incluso en otros orbes civilizacionales
-hindú, chino, ruso, islámico- totalmente dominada por el paradigma
positivista. Actualmente es sociologista, biologista, evolucionista,
descartando el alma y el espíritu. Con ese sesgo inmanentista no salimos del
marco conceptual de la modernidad.
¿Cómo el dualismo
cartesiano incide en la ideología del transhumanismo?
El dualismo cartesiano mente
cuerpo permite concebir a la mente separada e independiente del cuerpo y sirve
como cimiento para que el hombre posmoderno proclame la tesis culturalista de
que persona que se siente como del otro sexo declare su derecho a construirse socialmente
como tal. En otras palabras, es la negación de la esencia natural de la
persona. El hombre no es solamente un ente institucional o social, también
tenemos una dimensión física, natural y ontológica.
¿Y eso es grave?
Lo es, porque cuando la
persona cae en la trampa del relativismo entonces deja de ser valiosa y todas
sus instituciones -familia, Estado, universidad- dejan de ser relevantes.
¿Y esto qué significa?
Si el occidente liberal no
es detenido viene la muerte del hombre por el tecno-humanismo. Hemos pasado del
moderno humanismo del Renacimiento, Barroco e Ilustración, al poshumanismo del
vitalismo nietzscheano, schopenhaueriano, foucaultiano y derridiano. Pero ahora
con la posmodernidad arribamos a la estación transhumanista de la supuesta
fusión del hombre con la máquina. La cual se resuelve en la supersticiosa veneración
de la ciencia y tecnología, lo cual es inversamente proporcional a la
devaluación del ser humano. Es la plasmación del superhombre nietzscheano. De
ahí que no sea raro que la élite liberal occidental llame progresismo a jugar a
ser dios mediante el diseño genético de bebés, trabajadores obedientes e
inteligencia humana. Sueñan con la plasmación del mundo feliz de Aldous Huxley
o “1984” de George Orwel. Por lo menos ya han conseguido mantener a las masas
tranquilas mediante el libre consumo de drogas, o el “soma” que en la novela
mantiene amansadas a la gente.
¿Entonces no le parece
justa y liberadora la causa LGTB?
Eso es lo que dice la
propaganda, pero la realidad es otra. La obsesión, que tiene Soros junto a
otros magnates de la élite mundial, responde que en la agenda transhumanista
tiene un papel central la relativización del sexo, el control demográfico, y la
edición genética de bebés probeta. Y en todo ello la ideología del
reconocimiento se convierte en una coartada del transhumanismo para sustituir
la natural diversidad sexual por la cultural diversidad de género. Esto nos
muestra a las claras que el progresismo de la élite globalista es
transhumanista, eugenésica, tecnocientista proclamando el reemplazo del homo
sapiens por el homo deus. Pura propaganda para justificar la guerra contra la
población humana. No hay que olvidar que la lógica maltusiana transhumanista
califica a la humanidad como "plaga humana" y planifica su drástica reducción demográfica.
Antes, el enfoque eugenésico tuvo hubo connotación racista y eurocéntrica, era
vista como la lucha de la civilización contra la barbarie de las razas
inferiores, pero ahora se ha superado dicho enfoque y como raza inferior ha
devenido la propia especie humana.
¿Hay pasos empíricos
evidentes en esa dirección?
Los hay. El significado
progresista de diversidad no sólo permite casarse con árboles, sino que exige
reconocimiento de la legislación estatal. También se defiende el orgullo
zoofílico porque es parte de la agenda transhumanista de sustitución del sexo
procreativo por la declinación demográfica. En la guerra contra la población que
mantiene la élite globalista el aborto es una estrategia de corto plazo y la
ideología de género es de largo plazo. A esto lo llama “satanocracia” porque
persigue la sustitución de lo humano natural por lo artificial y se alienta el
aumento de la población LGTB en el Primer Mundo. Y a eso se llama progresismo.
¿Pero entonces dónde queda
el animalismo que está en auge?
El animalismo es un ataque
profundo a la moral humana al poner en pie de igualdad al hombre con el animal.
Se trata de un reduccionismo naturalista de la moral y una renuncia al
reconocimiento del real puesto del hombre en el cosmos. El filósofo
utilitarista hedonista Peter Singer es su defensor, pero su defensa es parte de
la barbarie de una civilización que se hunde en la execrable deshumanización y
en la deconstrucción derridiana de la moral humana. Personalmente considero
como una disforia el animalismo, una perturbación psicológica de una sociedad
profundamente enferma. La inmoralidad del animalismo es equivalente a la de la
eutanasia o suicidio asistido que en realidad es desprecio y cosificación del
ser humano, visto como mera naturaleza, simple homínido. También es la misma
inmoralidad que presenta la industria del aborto, que en países que se dicen
desarrollados permiten la venta de órganos del neonato para diversos fines.
¿Entonces tampoco está de
acuerdo con la defensa de otros tipos de familia?
Menos aún. La familia
nuclear ha demostrado por milenios ser la mejor protección del ser humano, a
pesar de inevitables problemas. Pero el progresismo global impone la
destrucción de la familia nuclear mediante la intromisión impersonal de Estado
y el debilitamiento de la patria potestad. Lo cual era previsible que ocurra dentro
de su guerra contra la población humana. Todo esto es pura perversión moral del
globalismo progresista, que en el fondo es neonietzscheano porque sustituye el
bien y el mal por lo útil e inútil. Por ello, sus neo entes podrán ser más
útiles, pero no más humanos.
¿No cree que es muy
drástico en sus opiniones?
Drástico y draconiano es el
mundo inclusivo de la élite globalista que permite el predominio de los
pedófilos, zoófilos, criminales abortistas, eugenésicos y multitudes de tontos
útiles. Drástica es la élite globalista transhumanista porque es una satanocracia
que destruye la verdad y la caridad. La monstruosidad patológica del transhumanismo
de la élite global configura el mundo satanocrático de la mentira y el cinismo.
Si no, qué significa que en Bélgica se legaliza casarse con animales, que en
Alemania se defienda la zoofilia, en Reino Unido y en España se luche por
legalizar la pederastia. Sin duda, la satanocracia se impone por dictado de la
élite globalista. Y es que para el progresismo inclusivo no cuenta el derecho a
la vida, sino que predomina el derecho a la muerte. Y todo ello porque el
hombre dejó de ser sujeto y pasó a ser objeto de derecho. Sólo así se entiende
que el Primer Mundo se haya legalizado el turbio y degradante negocio de vender
bebés abortados y se haya incrementado el tráfico de niños.
¿Todo esto qué significa?
Que el progresismo
globalista inclusivo es en realidad la marcha perversa de la deconstrucción
derridiana del sexo. El ataque al sexo y a la reproducción natural para
sustituirlo por el concepto de género busca anular su contenido ontológico. Lo
mismo se aprecia cuando vemos que en España está en auge las familias
animalistas, donde chanchos, perros y gatos son declarados hijos. Y lo más
triste de todo es que las universidades y centros de investigación bien
financiados son los que crean por encargo dichos conceptos trans. Lo mismo se
ve cuando desde estos centros académicos se impulsa y protege la agenda feminista
y del LGTB para criminalizar la masculinidad. Pero no hay que engañarnos, el
animalismo es humanización de los animales y animalización del ser humano.
¿Cuál sería su conclusión?
Que normalizar la
anormalidad es el principal signo de debacle de la liberal civilización moderna
occidental. La ideología de género está planeada para demoler completamente el
sexo reproductivo. Finalmente, la Cuarta Revolución Industrial con la edición genética
y la Inteligencia Artificial debe ser reencauzada para que no se convierta en
factor principal de deshumanización. Y ello sólo se puede lograr mediante una revolución
metafísica que cambie la imagen del mundo terrenalista e inmanentista de la infectada
modernidad atea, secularizada y libertina.