Gustavo
Flores Quelopana
QUÉ
ES LA FILOSOFÍA
La
razón descentrada más allá del eurocentrismo
FONDO
EDITORIAL
IIPCIAL
Instituto
de Investigación para la Paz Cultura e Integración de América Latina
LIMA-PERU
2026
BIODATA
Gustavo Flores
Quelopana (Lima, 1959). Filósofo, poeta y escritor, peruano de frondosa obra y
ágil pluma. Expresidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, presidente tres
veces en la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA-Perú). Disertante en
universidades de Brasil, Colombia, Panamá, México y Perú. Sus aportes
filosóficos se traducen en varias categorías: lo “Numinocrático”, aplicado a la
filosofía prehistórica; “Mitomorfico” para entender el filosofar arcaico;
“Mitocrático”, para comprender la filosofía ancestral; lo “Anético”, para
categorizar la crisis moral y antropológica de la posmodernidad; la Justicia
como “Copertenencia”; el “Hiperimperialismo”, como lo característico y esencial
de la globalización neoliberal actual; la “Cibercracia”, régimen político hacia
el cual marcha el capitalismo digital; el “Ciber Deus”, como realidad posible
de la Inteligencia Artificial Fuerte, la “paradoja antrópica”, como categoría
clave para entender la destrucción ecológica por la modernidad objetivante y antimetafísica,
el “Neobrutalismo” como fenómeno espiritual de carácter terminal en toda
civilización, “Ontorrealismo” como propuesta metafísica para recuperar la
trascendencia, la “Cristoradialidad” como teología parea un mundo descreído;
“Universo Pluritemporal” para explicar en tiempo ontológico en el cosmos, y
“Prodeclasis” para definir el progreso histórico decadente
Título: LA RAZÓN
DESCENTRADA. La filosofía más allá del eurocentrismo
Primera edición
en castellano: Lima, agosto, 2026
Autor: Gustavo
Flores Quelopana
Editor: Gustavo
Flores Quelopana
Los Girasoles
148- Salamanca-Ate
Se terminó de
imprimir en agosto de 2025 en: © Fondo Editorial del Instituto de Investigación
para la Paz, Cultura e Integración de América Latina (IIPCIAL) / Editado por
IIPCIAL-Dirección: Los Girasoles 148 Salamanca, Ate.
Tiraje: 30
ejemplares
HECHO EL
DEPÓSITO LEGAL EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ
N° 2026-
Qué es la filosofía
La razón descentrada del eurocentrismo
Palabras del Editor
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G |
ustavo Flores Quelopana, en su obra Qué es
la filosofía. La razón descentrada del eurocentrismo, presenta un enfoque
profundamente revolucionario sobre el filosofar, cuestionando las limitaciones
del racionalismo y la perspectiva eurocéntrica que han dominado la tradición
filosófica. Para él, la filosofía no debe limitarse a resolver problemas específicos
ni conformarse con las narrativas posmodernas que han reemplazado la búsqueda
de la verdad bajo pretextos de tolerancia. Flores Quelopana define la filosofía
como una necesidad existencial que surge del impulso humano por dar sentido a
la vida y la existencia, enfrentando las contradicciones y paradojas inherentes
a la condición humana. Desde esta perspectiva, el filosofar no es una forma de
saber, sino una forma de ser, que conecta intrínsecamente al Ser humano con su
apertura hacia los demás y hacia el Otro (Dios).
El autor introduce la Teoría
General de la Filosofía (TGF) como parte de su propuesta revolucionaria,
una herramienta para romper con las concepciones tradicionales y descolonizar
el pensamiento filosófico. Esta teoría invita a reflexionar sobre los orígenes
oscuros del filosofar y a superar las limitaciones de la razón, apelando a la
creencia y la fe como vías para explorar una verdad poliédrica que desafía las
estructuras lógicas convencionales. Flores Quelopana aborda la crisis
epistémica y hermenéutica actual, argumentando que la filosofía debe recuperar
su papel esencial en la cultura humana y en la construcción de una sociedad más
ética y trascendente. Así, la obra "Idea de Filosofía" no solo
desafía los paradigmas establecidos, sino que también redefine el significado y
propósito del filosofar en nuestra era. Además, el autor critica el
individualismo y los enfoques utilitarios que buscan reducir la filosofía a un
ejercicio literario o práctico. En contraste, destaca la necesidad de un
enfoque trascendentalista que subraye la relación entre libertad y ética.
Flores Quelopana defiende que ser ético solo es posible en libertad, y que la
filosofía debe filosofar sobre las realidades sociales y culturales para
superar la crisis civilizatoria actual. Esta perspectiva invita a reconciliar
la inmanencia y la trascendencia, así como a integrar razón, fe y ética en una
visión profunda y transformadora de la filosofía. Otro aspecto esencial del
carácter revolucionario de la obra es su enfoque en la antropología relacional
y social. Flores Quelopana considera que el Ser humano es apertura hacia los
demás y hacia Dios, lo que desafía las premisas individualistas y pragmáticas
de la filosofía moderna. En este sentido, "Idea de Filosofía"
reivindica la relevancia de la vocación personal y de la relacionalidad como
claves para la construcción de sentido y para el desarrollo de una filosofía
que verdaderamente humanice las sociedades.
Finalmente, redefine el
lugar de la filosofía en el contexto cultural y existencial humano,
destacándola como una disciplina inseparable de la esencia y naturaleza de la
vida. Flores Quelopana nos invita a reconocer que la filosofía no comenzó con
los griegos, sino que es un despliegue intrínseco de la racionalidad humana
desde sus orígenes. Esta obra busca enfrentar las tormentas del pensamiento y
las crisis actuales con un enfoque optimista y transformador, reafirmando el
filosofar como un acto revolucionario y esencial para la humanidad.
La Primera Parte:
Fundamento Ontológico-Sincrónico desarrolla los pilares ontológicos y
éticos de la filosofía, presentados en el Libro Primero, "Filosofía
como Ontoética". En esta sección, el autor examina la interacción
entre trascendencia e inmanencia y propone una metafísica trascendentalista que
vincula el Ser con la ética. La ontoética se presenta como una disciplina clave
para entender y practicar la filosofía desde una perspectiva que armoniza las
dimensiones teórica y práctica. El Libro Segundo introduce la Teoría General
de la Filosofía (TGF), dividiendo el filosofar en teorías restringidas,
ampliadas y generales, explorando sus formas (como el filosofar mitocrático,
logocrático, y numinocrático), así como las leyes fundamentales del pensamiento
filosófico: bipolaridad, multivocidad y universalidad. Esta sección concluye
afirmando la necesidad existencial de filosofar, destacando que la filosofía no
es una mera práctica académica, sino una búsqueda inherente al ser humano.
La Segunda Parte:
Fundamento Diacrónico profundiza en la dimensión histórica del filosofar.
En el Libro Tercero, "En Torno al Universalismo Filosófico",
Flores Quelopana aborda el eurocentrismo filosófico y la necesidad de un
universalismo que permita rehumanizar la filosofía, reconciliando la verdad
universal con las perspectivas particulares. El autor critica las limitaciones
del pensamiento nativista y plantea el universalismo filosófico como una vía
para superar las barreras culturales y epistemológicas de la filosofía
occidental. Esta sección refleja el enfoque descolonizador de su propuesta,
orientada hacia una filosofía inclusiva y transformadora. El Libro Cuarto, "Por
Qué Filosofamos", explora los orígenes y motivaciones del filosofar. A
través de temas como el paso del mito al logos, la ruptura entre lo ontológico
y lo histórico en el pensamiento mítico andino, y la evolución del filósofo
primitivo, el autor examina cómo la filosofía brota de la dimensión ontológica
de la experiencia humana. Aquí, Flores Quelopana reafirma que el filosofar es
una manifestación universal y esencial de la racionalidad humana, profundamente
arraigada en la necesidad de dar sentido a la existencia. Por último, el Epílogo
sintetiza los temas centrales de la obra bajo el concepto de un historicismo
ontológico de racionalidad filosófica. Flores Quelopana vincula la filosofía
directamente con la vida y la existencia, planteándola como una herramienta
para enfrentar las crisis culturales y civilizatorias actuales. Su reflexión culmina
con una invitación a filosofar desde una perspectiva revolucionaria que no solo
desafíe los paradigmas establecidos, sino que también aporte claridad y
orientación en un mundo marcado por la incertidumbre.
En
definitiva, la presente obra no es solo una crítica al eurocentrismo
filosófico, sino una invitación a repensar el sentido del filosofar. Al situar
la ontoética como fundamento y la necesidad existencial como horizonte, Flores
Quelopana muestra que la filosofía es condición vital de la humanidad. Su obra
se levanta como manifiesto de descolonización del pensamiento y llamado a
recuperar la vocación universal del filosofar: apertura, ética y trascendencia.
El futuro de la filosofía dependerá de su capacidad de rehumanizar la razón y
devolver al ser humano su lugar en la historia del sentido.
Estudio Introductorio
ALDO LLANOS MARIN
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ustavo Flores Quelopana, es un filósofo
peruano de actividad intelectual muy prolífica, abordando de continuo las
principales temáticas filosóficas desde una perspectiva abierta a la
trascendencia. Asimismo, cabe resaltar de sobremanera, que los temas explorados
y desarrollados en sus libros, no olvidan la herencia del pensamiento
filosófico desarrollado dentro del contexto peruano, cosa que de por sí, es un
gran aporte por la originalidad (y necesidad) de sus perspectivas. Por ello,
con mucho acierto nuestro autor nos presenta en este libro, una perspectiva que
no se queda encorsetada en una filosofía de corte eurocentrista.
Pero de toda su producción
reciente, considero que este título posee sin lugar a dudas un lugar
preponderante, dada la pretensión que en ella se vislumbra, y es la de poder
dar respuesta a la gran pregunta sobre “¿qué es filosofía?”, lo que implica
vislumbrar nuevos horizontes hoy perdidos en el legado inmanentista de la
Modernidad. El titulo ya lo deja entrever. Para Flores Quelopana, la filosofía
es tal cuando se asienta sobre la pregunta sobre el Ser, pero, en relación con
la existencia evitando de este modo, el quedarnos atrapados en la mera
abstracción metafísica que no puede expresarse en una praxis para el
presente.
En la Antigüedad los
grandes filósofos griegos entendieron muy bien que si la filosofía no nos
llevaba a vivir mejor entonces esta no servía, lo que implicaba reconocer al
saber filosófico como la prima scientia. Sin embargo, optaron por
destinar esta tarea a la razón hecho que, para nuestro autor, fue el inicio de
nuestra andadura racionalista que ha terminado por desembocar en la actual
posmodernidad. Pero no fue el único
intento. En el medioevo, al releer a los grandes filósofos griegos de la
Antigüedad como Platón y Aristóteles y con el aporte fundamental de la
revelación cristiana, la cuestión del Ser llevó a la metafísica a ser entendida
como “filosofía primera”, dándole un sustento ontológico a toda filosofía
práctica. No obstante, para Flores Quelopana, este tiempo carece de la
necesaria co-implicación con la inmanencia que le devuelve al hombre su
dignidad. Con la llegada de la Modernidad, se produce un viraje inmanentista
cuyas consecuencias negativas aun seguimos pagando bajo las formas del nihilismo,
el escepticismo y el ateísmo porque el acceso al Ser, vía que nos apertura al
Otro, se descubrió como problemático desde la razón. En esto Flores Quelopana
implícitamente deja entrever que este problema radical es en el fondo un
problema de teoría del conocimiento, al detectarse que, la razón, (entendida
como potencia inmaterial), es insuficiente para acceder al Ser dada su propia naturaleza.
¿En qué medida sería posible conocer el acto puro del Ser, el acto de ser
con una potencia? Si la razón conoce formando objetos mentales (objetivación),
¿es posible afirmar que mi Ser es una forma mental?, lo que equivaldría a decir
que “soy lo que pienso de mi”, lo cual, a todas luces es errado. Si esto fuese
así, en el fondo surge un racionalismo aupado por un voluntarismo soterrado,
que llegará al clímax con el idealismo para agotarse y decantarse en el
nihilismo y el hedonismo contemporáneos. Pienso que este es el gran acierto de
Flores Quelopana. Nuestro autor entiende que la razón es insuficiente para
acceder al Ser y que toda pretensión de hacerlo desde las operaciones
racionales, conlleva también la actitud de acabar con toda creencia, sea como
mito o como teología.
La razón por sí misma no
puede acceder al Ser porque se trata de una operación inmanente: se conoce al
conocer lo conocido. Por ello, la razón no puede conocer simultáneamente que
está operándose el acto de conocer: estar conociendo, y, al mismo instante,
conocer lo conocido. ¿Con qué operación la razón conocería que está conociendo?
Este es el meollo del problema de la reflexión del conocimiento, que fue la
salida propuesta por el tomismo que no logró avanzar más allá de ello pero que
incubó al racionalismo. Proceder de esa manera, nos conduce al problema de
suponer que, en el acceso al ser, podríamos conocernos a nosotros mismos
identificando la forma mental con el Ser, pero, con ello, tendríamos que ser
únicos y a su vez idénticos que es el presupuesto de fondo en todo solipsismo.
¿Cómo no entender entonces el grado de deshumanización y desconexión con el
medio ambiente vividos a partir de ello? Y es que el “salir de nosotros mismos”
se devela ya no como un acto de nuestra libertad más profunda sino de todo lo
contrario, porque significaría que solos podríamos alcanzar nuestra identidad
sin necesidad de alteridad alguna.
Pero somos seres
relacionales. No hay yo sin antes haber un tú. En ese sentido, se puede inferir
a partir de lo propuesto por nuestro autor, que antropológicamente nuestro Ser
es apertura, es decir, que estamos abiertos en nuestro núcleo personal a los demás,
porque son los otros, pero sobre todo el Otro (Dios), quiénes pueden decirnos
quiénes somos. Allí radica nuestra más íntima libertad, la de aceptar a los
demás, base de todo humanismo bien entendido. Pero también, Flores Quelopana
detecta el problema de la “presencia”, que él llama “metafísica de la
presencia”, que, en el fondo, es reconocer que existe un límite para lo
conocido por la razón: el límite mental. Y aunque considero que abordar el modo
de abandonarlo hubiera sido un aporte extraordinario, pienso que nuestro autor
hace ya bastante con detectarlo. El problema de la presencia es que se trata de
un objeto, una forma mental, y, con ello, reducimos al Ser privándolo de su
realidad atemporal. En ese sentido, es obligación de la filosofía, detectar este
límite del presente para ir tras el Ser real de las cosas (el universo), y de
las personas (sean divinas, humanas o angélicas). En esto consiste la
trascendencia del hombre: en que es capaz de conocer la realidad, más allá de
los objetos. Esto lo describe claramente Flores Quelopana en lo que él llama
filosofía trascendentalista.
Por todo esto, la filosofía
tendrá como misión el corregir toda interpretación de la realidad que va
surgiendo en la Historia y más aún la verdad sobre quién es la persona
humana. En esto debo precisar que el término “hombre” no suelo utilizarlo
porque está referido a la naturaleza biológica común a toda la especie humana,
mientras que, si hablamos de “persona”, nos estaremos refiriendo a alguien
real, único e irrepetible, el cual, al no darse el Ser ni mantenerlo por sí
mismo, es creatura, ante todo, siendo el Creador el que destina a la persona
humana a una tarea que cumplir en este mundo en profunda comunión con los
demás: su vocación. Al ser la persona humana única e irrepetible, su vocación
en este mundo es irremplazable ya que nadie más podrá hacer aquello para lo
cual fue destinado, por ello, lo que vayamos a hacer en esta vida, debemos
hacerlo con la mayor perfección posible (la revelación cristiana nos remarca
que la mayor perfección es la de la caridad), tal y como puede inferirse de la
propuesta de la ontoética de nuestro autor. Flores
Quelopana propone pasar de una teoría restringida a una teoría ampliada,
retomando el Ser para filosofar sobre las realidades sociales, históricas y
culturales. En su planteamiento, libertad y ética son inseparables: ser ético
exige ser libre, pues sin libertad no hay verdadera responsabilidad. Aunque la
libertad implica riesgos, es preferible mantenerla, ya que permite educar y
elegir la ética. Más allá de la libertad como simple elección, somos libertad
en esencia, llamados a cumplir una vocación. Por ello, el filosofar se revela
como una necesidad existencial, capaz de orientar a la humanidad frente a la
crisis civilizatoria.
El Ser se descubre así no como individual sino como coexistencia en su
nivel más íntimo. No es posible una persona sola, sin las demás. Por ello, una
persona sin apertura personal a las demás no puede existir. No existe persona
humana ni angélica que esté sola. Ni siquiera el gran Otro, Dios, está sólo,
son tres seres personales con un mismo modo de ser. De esto puede inferirse
que, la apertura personal de cada quién, equivale al acto de ser que la persona
humana es, y es allí de donde brotan las manifestaciones sociales humanas que
conforman lo que llamamos sociedad. Por eso, el hombre es social y todo
individualismo no sólo es contrario a su naturaleza sino, más aún, contrario a
su propio ser. Si bien es cierto nuestro autor propone una hermenéutica
remitizante mediante una filosofía mitocrática (entendida como propia del
filosofar primigenio de los seres humanos), siendo esto clave para reconducir
el actuar humano contemporáneo sin perder las aportaciones de la Modernidad, no
caben dudas que en esta obra se refleja la apuesta por un nuevo realismo
trascendental que renueve la importancia de valorar la dualidad ser-esencia
cuya clave es no disociar a la creencia de la razón, como vías seguras del
conocer humano.
No todos los mitos conciben al hombre de la
misma manera frente a su destino. Muchos relatos arcaicos, incluidos los
andinos y los occidentales antiguos, muestran personajes sometidos a la
voluntad de los dioses, sin libertad ni descubrimiento personal. En cambio, la
remitización hermenéutica que propone Flores Quelopana solo encuentra
coherencia en el cristianismo, donde existe un “encargo” en el destino, una
llamada que trasciende al individuo. Aunque reconoce la dificultad de vivir la
inmanencia desde la trascendencia y viceversa, su obra ofrece herramientas para
intentarlo. Así, lejos de la nostalgia o el pesimismo, se presenta como un
optimista que, desde la crisis civilizatoria actual, apuesta por una filosofía
capaz de rehumanizar y transformar.
Introito
|
El |
problematismo de la filosofía se intensifica
al percibirse que es un misterio, un enigma y un problema. Es un misterio
porque capta verdades incompresibles que se mantienen oscuras y escondidas. Es
un enigma porque cae cautivada al enfrentar contextos difíciles de interpretar.
Y es un problema porque ve situaciones que no tienen significado único. El
filósofo que sólo se autopercibe como perseguidor de problemas se engaña,
porque ella misma implica el misterio y el enigma. La problematicidad de la
filosofía es de tan alto grado que no sólo uno se persuade de que sólo se puede
aprender a filosofar, sino que tiene que ver con la esencia misma de una
criatura pensante que experimenta su ser como inacabado, inconcluso y en
realización permanente. De ahí que lo característico del filosofar sean las
contradicciones, las dudas y las contradicciones, el ir de camino en pos de
alcanzar la verdad completa y segura de sí.
Hay quienes han querido ver en esto una enfermedad del pensamiento,
cuando no del espíritu. Pero el filósofo no sabe por dónde ir no tanto por
dejarse llevar por mil controversias y fantasías, sino porque lo real mismo en
su totalidad presenta una luz poliédrica y desconocida que desafía su
compresión. Así se comprende que la verdad absoluta que la filosofía apremia
sin sosiego ni se reduce a la lógica de la identidad, ni se agota en la lógica
de la contradicción. Siempre remota, la filosofía va tras la verdad en los
diversos órdenes de cosas sin encontrar consenso.
Para encontrar la verdad absoluta ni siquiera basta tener un buen
entendimiento y aplicarlo bien, ni resulta suficiente destacar las verdades de
hecho o contingentes, y, más bien, se percibe con meridiana claridad que el
conocimiento no se agota ni se alcanza por mera objetivación, porque hay un
ancho margen por la cual la racionalidad apela a la creencia y a la fe. Pero aun
así la verdad se mantiene escurridiza y jabonosa. De ahí que no debe ser temor
del filósofo hablar sin decir nada concreto y entender que la verdad metafísica
no es aquella por la cual uno acepta morir, sino vivir. Así se entiende que en
lo fundamental la filosofía no es una forma de saber, sino una forma de ser, y
de permanecer inmóvil en las mismas incertidumbres desde los primeros días de
su historia. Ahora se comprende porqué son sus paradojas lo que más aturden.
Esa es su forma de existir y se la fuerza cuando se le quiere convertir en ancilla
liberationis. Del lado contrario están aquellos que quieren desaparecerla
por no someterse a lo aplicativo, práctico y útil.
Este libro medita sobre estos problemas, pero desde una teorización de
la filosofía misma. Lo cual implica romper con concepciones tabú de lo que se
entiende por filosofía. Esta descolonización del pensamiento implica el
cuestionamiento de la teoría etnocéntrica occidental de la filosofía y la
elaboración de nuevas teorías que ahondan el problema del origen de la
filosofía. A la cual nos suscribimos presentando la Teoría General de la
Filosofía (TGF). Pero la filosofía tiene como problema no sólo la cuestión de
su origen sino el tema central de la verdad. La misma que en la filosofía
posmoderna ha sido sustituida por las narrativas bajo el pretexto de la
tolerancia democrática. Es sumamente significativo que teorías no eurocéntricas
del filosofar como la nuestra surjan en momentos de profunda crisis epistémica
y hermenéutica de la filosofía occidental. Como vemos son muchas las aristas
desde las cuales el problema del filosofar se presenta en nuestro tiempo
pragmático y nihilista, la misma que persigue reducirla a mero ejercicio
literario al compás en que se niega la legitimidad de la búsqueda de la verdad.
Y esto ocurre al punto de ya no considerarla como una actividad indispensable
en el desarrollo de la cultura humana.
Ciertamente que toda filosofía es filosofía de su tiempo, pero esto sólo
atiende a su forma más no a su contenido universal y permanente. La filosofía
es una disciplina no sólo interna de la filosofía, sino un acontecimiento
decisivo de la condición existencial del hombre. A ella llega el hombre no por
curiosidad suplementaria, sino porque su esencia de su ser lo impele a dar
sentido a las cosas. De modo que no es que la filosofía empiece con los
griegos, con los griegos comenzó una forma de filosofar, pero el filosofar
mismo es parte del despliegue de la racionalidad misma. Aquí no examinamos
opiniones de filósofos, la meta es el esclarecimiento del brotar del pensar
filosófico desde sus oscuros orígenes. La filosofía está unida a la vida y
existencia desde un principio como un sistema de respuestas a través de ideas.
La teoría de la filosofía es un problema inevitable para la propia filosofía.
Los rayos y tempestades que enfrenta el filósofo son los mismos que enfrenta el
existir humano. Y aquí, en esta obra, hemos tratado de
enfrentar dicha tormenta buscando un claro en el cielo.
El autor
PRIMERA PARTE
FUNDAMENTO ONTOLÓGICO SINCRÓNICO
LIBRO PRIMERO
Filosofía como
Onto-ética
Sinopsis
|
L |
a Filosofía no es accidental a lo humano, sino que
le es substancial. Su interrogar señala que detrás de la búsqueda de sentido
está una estructura propia de su ser que lo impulsa en la dirección del
filosofar.
Lo humano filosofa porque su ontología
no es un simple estar abierto al mundo, sino es un estar abierto con
“responsabilidad” en el mundo. Su estructura ontológica es ética, sin ello
retorna a la animalidad. La filosofía es ética desde el principio. Aún su
reflexión cosmológica no se divorcia de su papel ético en el cosmos. Se trata
de una responsabilidad ética ontológica como detonante del filosofar. Se trata
de un constante sobrepasar el mundo desde el mundo que revela nuestra
trascendencia en la inmanencia. Esta estructura sincrónica es la que comienzo a
la odisea del filosofar.
P R
Ó L O G O
La filosofía no es un
accidente que le ocurre
a lo humano, es
su acontecimiento decisivo.
La Filosofía no es un accidente que le ocurre a lo
humano, es su acontecimiento decisivo. Y es decisivo porque interrogarse por el
porqué de las cosas y de su acción personal, es el indicador más importante que
señala que detrás de la búsqueda de sentido está una estructura propia de su
ser que lo impulsa en la dirección del filosofar.
Lo humano filosofa porque su ser es una
interrogación abierta. O sea, su ontología no es un simple estar abierto al
mundo, sino es un estar abierto con “responsabilidad” en el mundo. El hombre es
un ser cuyo conocer y hacer responde a su estructura ética-ontológica. Su
estructura ontológica es ética, se da cuenta de su peculiaridad y de su
dignidad, y sin ello retorna a la animalidad, a la naturaleza, a lo biológico y
material. Cómo esta estructura ontológica que es ética, lo lleva a la reflexión
filosófica. Y es que todo su conocer y hacer lleva una carga de asombro y
desconcierto por su propio ser que siente su responsabilidad por lo que conoce
y hace. Esta responsabilidad ontológica es el detonante del filosofar.
El hombre es una criatura que conoce y,
además, sabe que conoce. Ese darse cuenta de su propio saber responde a la
naturaleza onto-ética de su ser. No es que va a proceder conforme a valores y
reglas que ella intuye, sino que antes de conformar su acción a su intuición
ética su ser es capaz de intuir dicha esfera ideal, metaempírica, que sobrepasa
el mundo externo, pero no su propio ser. Esto significa que el nivel
prerreflexivo de lo humano no es meramente empírico, sino metafísico y
transmundano. El fenómeno del “darse cuenta” de lo que sabe tiene su base en el
prerreflexivo nivel metaempírico que lo caracteriza. Lo cual no significa que
se trate de un fenómeno meramente subjetivo e ilusorio, sino, antes bien, de un
fenómeno propio y objetivo de una criatura cuyo ser es estar en el mundo
sobrepasando constantemente el mundo.
Aquel estar constantemente sobrepasando
el mundo desde el mundo es lo que es la esencia ética de su ser y que lo lleva
hacia el filosofar. Descubrirse como una trascendencia en la inmanencia
descubre la capa ética de su ser. Ir más allá de las cosas abre el horizonte
irrenunciable de hacerme cargo de lo que se sobrepasa. Esto es, el hombre no es
ético porque opta por algunos principios morales previos, sino porque antes de
dicha opción su ser está advocado al horizonte del valor, de lo bueno y lo
malo. Y desde dicho horizonte prerreflexivo despliega su conocer y hacer
empírico.
Porque el ser de lo humano tiene un
horizonte ontológico prerreflexivo de carácter ético y, por consiguiente,
metaempírico, se convierte en una criatura metafísica destinada a filosofar
desde el fondo de su ser. Esto significa que la interrogante sobre el “por qué”
es posible sólo porque surge en una criatura que es una trascendencia en la
inmanencia. El “por qué” es inconcebible en criaturas inmanentes en la
inmanencia. Los animales pueden resolver problemas complejos, mostrar
inteligencia asombrosa e incluso enseñar a sus congéneres, pero no pueden crear
cultura, ni fundar escuelas, ni graduar maestros. Carecen del horizonte
ontológico de la responsabilidad ética. O sea, no son trascendencias en la
inmanencia.
Sólo seres que son trascendentes en la
inmanencia pueden filosofar. Porque tener el deseo de saber es previamente
valorar lo que se quiere saber. Se conoce lo que se aprecia. Pero lo humano
conoce incluso lo inútil, mientras el animal conoce lo que le es útil. Y es así
porque la estructura trascendente de la inmanencia humana habita el horizonte
de lo universal y permanente, atisba siempre más allá de lo contingente.
Justamente por ello su impulso filosófico es irrenunciable e ineludible.
Por todo ello no debe parecernos
extraño que una reflexión sobre lo que es filosofía pueda comenzar atendiendo
la intrínseca unión existente entre ética y filosofía. Y esto es así porque la
filosofía es ética desde el principio, es pensar con responsabilidad en las
distintas dimensiones de lo real.
1
TRASCENDENCIA EN LA INMANENCIA
El hombre es una criatura
filosofante porque es una trascendencia en la inmanencia. Esto lo señala como
un ser metafísico, entregado desde el principio a la intuición metasensible de
lo inteligible. También se puede afirmar que el hombre es lo inteligible en
lo sensible, porque siendo finito y contingente su ser va más allá de temporal
y relativo. Filosofa porque su ser está en el horizonte ontológico del
filosofar. No sólo vive en el mundo, se da cuenta que está en el mundo. Su
llamado a la filosofía es ontológico, porque su ser es ética. El “darse cuenta”
de que está en el mundo le abre la puerta al fenómeno ético de la
responsabilidad. En el fenómeno del “darse cuenta” que está en el mundo, el
acto cognoscitivo y el acto ético se dan unidos. Su separación no se da en el
nivel páthico-espiritual, sino en el nivel logocrático narrativo explicativo.
El fenómeno del “darse cuenta” es empírico y al
mismo tiempo prerreflexivo. Se trata de la actualización existencial de un
contenido esencial. Y por eso mismo abre un horizonte base sobre el que se
elaboran contenidos cognoscitivos y morales. Es una estructura trascendente
incrustada dentro de otra estructura inmanente. Onto-ética es la estructura
misma de la naturaleza, a la vez, trascendente e inmanente del hombre. Por
ello, el hombre es una trascendencia en la inmanencia y también una inmanencia
en la trascendencia. De tal modo que cuando decimos filosofía como onto-ética
aludimos a aquel horizonte metafísico que hace posible el fenómeno del
filosofar en el hombre. Pero ese horizonte metafísico no lo vuelve un ser
hermenéutico, sino, antes bien, un ser estimativo. El hombre para ser una
criatura hermenéutica necesita primero ser una criatura estimativa. Se
interpreta lo que se valora importante. Primero es la estimación valorativa,
luego es la interpretación. De ahí que sea más primigeniamente valorado el amor,
la amistad, el liderazgo, el lenguaje universal de la música, que el
conocimiento, y que más importante que el tiempo cronológico sea el tiempo
estimativo. Antes que seres hermenéuticos somos seres estimativos. O sea, el
hombre no siente el llamado a filosofar por casualidad, azar o formación
académica, ni por razones intelectuales, sino porque su ser tiene la advocación
irrenunciable para el filosofar, el hombre filosofa por un impulso existencial.
El hombre es un ser filosofante porque es una
criatura metafísica. Pero ser una criatura metafísica no significa ser
enteramente trascendente, sino que el hombre es una conjunción singular entre
lo trascendente y lo inmanente. Así como en ningún momento deja de ser
inmanente, del mismo modo no deja de ser trascendente. Esa es su condición
especial que lleva hacia la transformación de la ontología meramente natural
por la ontología moral. La dimensión ética no es contrapuesta, ni está por
encima ni por debajo de lo ontológico, sino que en el hombre es lo particular
de su ser. Es su propio ser onto-ético el que lo convierte en criatura
filosofante, porque es una condición ontológica abierta, libre, consciente y
responsable al mundo.
El hombre sin ética no tiene humanidad, sólo
conserva la forma humana pero no el contenido humano. Lo propiamente humano se
identifica con lo ético y lo moral, carecer de ello es carecer de humanidad. El
desalmado es un inhumano, precisamente, porque es la persona que comete
acciones bárbaras, crueles, sin pena ni compasión, sin empatía alguna, pero se
da cuenta de sus acciones. Tiene la conciencia moral atrofiada a tal punto que
no le impide hacer el mal y es llevado a rechazar el bien. El desalmado es perverso,
canalla, pérfido, inhumano y sanguinario. Por eso la inteligencia no asegura la
humanidad, sino la funcionalidad social. Aquella frase heideggeriana que “un
gran pensador se equivoca en grande”, no es más que el ejemplo más claro de
luminosidad intelectual acompañada de oscuridad moral. Por lo cual la ontología
humana se completa y realiza a través de su esencia ética, no de la esencia
intelectual. Es en su esencia ética donde realiza su humanidad, donde se
efectúa la peculiaridad de su ser. El hombre puede optar libremente por ser
anético, transgredir su esencia ético-moral, pero no puede desprenderse de
su ontos de índole ética. La dignidad de su ser es de índole
ética y desde esa base se despliega todo su mundo cultural y material.
El ámbito de la ética es el campo de la libertad,
lo que significa que su ontología depende de su libertad finita. El hombre no
es una criatura ética porque es libre, sino que es un ser libre porque es
esencialmente una criatura ética. Y con ello me refiero a un nivel fundamental
de la ética, a saber, el ontológico humano. Si no lo fuera respondería a los
condicionamientos de su ser biológico. Como no es el caso, el ser del hombre es
onto-ética. Esto quiere decir que su ser está advocado a cumplirse dentro de la
esfera ética. Pero tal cumplimiento de su ser onto-ético es su efectuación como
ser pensante y juicioso. No obstante, su ser onto-ético tiene dos niveles, el
primero responde al ethos como pathos o la advocación, y el segundo al ethos
como logos o la vocación.
En otras palabras, el ser del hombre es un ser
ambiguo, lábil, falible, porque tiene la posibilidad de incumplir el destino de
la realización de su esencia advocativa, llevando la efectuación existencial de
su ser hacia el abismo de su deshumanización. Su base estimativa es la más
fundamental, pero a la vez la más frágil de incumplirla por depender de su
libertad. Pero a pesar de la anomalía el proceso de humanización ha continuado.
Lo que significa que, a pesar de las tendencias regresivas, su ser ha seguido
cumpliéndose como una trascendencia en la inmanencia y una inmanencia en la
trascendencia. Tal cumplimiento no garantiza nada, su salvación como especie no
depende de sí mismo, porque porta en sí mismo algo que lo sobrepasa y señala lo
infinito, del cual depende, en definitiva. Sin embargo, siendo el hombre una
criatura tendida entre el abismo de la materia y el abismo del espíritu,
experimenta un decurso histórico en el que su realización ontológica depende de
su cumplimiento ético. Es por ello por lo que su avance técnico le puede
brindar dominio sobre el mundo, pero no le garantiza dominio sobre sí mismo. En
otras palabras, puede ser perfectamente un bárbaro tecnológico civilizado y, a
la vez, decadente moral. La decadencia de las grandes civilizaciones es
testimonio de ello y cuenta la tragedia de Sísifo en la odisea prometeica
humana.
La capacidad natural para juzgar rectamente, con
acierto, la llamada sindéresis es antes que un juicio intelectivo un juicio
estimativo. Por eso, brota directamente de la estructura onto-ética del hombre.
La sindéresis es sin duda una capacidad racional que permite ver como
moralmente buena la acción que preserva nuestra existencia. Pero es una
capacidad racional que tiene por base y va unida a la capacidad valorativa. Es
por ello por lo que la razón cobra nuevo brillo, hondura y vuelo en la
particular estructura humana. Es la base onto-ética la que permite a la razón
elevarse hacia lo universal y necesario del conocimiento y de lo moral. Es esta
base lo que permite a la razón trascender el orden de lo sensible y elevarse al
orden de lo inteligible. Ahora se comprende por qué ningún animal es moral. Es
decir, no es capaz de examinar sus motivaciones y acciones porque carece de esa
capacidad racional de autoexamen que surge de la estructura onto-ética.
Ónticamente el hombre es una criatura ética que lo diferencia del resto de las
criaturas.
Ciertamente que una cosa es la capacidad valorativa
y otra son los valores. La capacidad valorativa está ínsita en la estructura
onto-ética humana, mientras que los valores siendo objetivos y teniendo
polaridad -según la axiología de Max Scheler (Ética. El formalismo en la
moral y ética material de los valores)- son actualizados por las relaciones
sociales. No obstante, hay valores universales y básicos, como el amor, la
amistad, la libertad, la justicia. Conocida es la concepción de John Rawls (Teoría
de la justicia) de la persona como libre y desvinculada de un contexto
ético particular. A esto los comunitaristas han objetado que la persona moral
rawlsiana es un fantasma, incurre en un formalismo abstracto porque no hay
persona que sea independiente de los valores de una comunidad determinada. Los
filósofos comunitaristas como Michael Sandel, en su libro El
liberalismo y los límites de la justicia, Alasdair MacIntyre (Justicia y
racionalidad) y Charles Taylor (Las fuentes del yo), han dirigido
sus críticas en ese sentido: los valores no son independientes de la comunidad
que los crea. Por un lado, es cierto que hay valores que son propios de un
contexto ético comunitario particular, pero, por otro lado, también no es menos
cierto que hay valores que trascienden el origen comunitario y que son de
carácter universal, estando presentes en todos los hombres. Es más, la persona
en su condición óntica de libertad puede optar por valores contrarios a los de
su comunidad y así puede desvincularse de su contexto ético particular. Pero en
todo caso, dada la polaridad del valor, la persona libre no puede permanecer
indiferente ante el valor, aun asumiendo su polaridad negativa. Cosa que
acontece en la actual cultura nihilista posmoderna.
De modo que aceptar la existencia de valores
universales e independientes del contexto ético comunitario no es incurrir en
formalismo abstracto ni en interpretación deficiente de los fenómenos morales.
El punto es que el nominalismo e historicismo implícito en el determinismo
ético-sociológico del comunitarismo, no puede explicar satisfactoriamente el
origen, naturaleza y estructura de los valores. Se podría pensar que ese no es
el tema del comunitarismo, sino establecer si el valor de la justicia, la libertad
personal y la igualdad social es independiente del contexto ético comunitario.
Y su respuesta es que no lo es. Pero de ahí a pasar a sostener que los valores
no son independientes de la comunidad que los crea, hay una enorme distancia,
que nos coloca en el dilema del realismo axiológico o del subjetivismo moral.
Ahora bien, los animales pueden tener un sentido
del bien y del mal, pero ninguno es capaz de formular principios abstractos
para juzgar el bien y el mal. Los animales expresan emociones de amor,
sacrificio, bondad y compasión, pero sus sentimientos de simpatía y empatía se
mantienen arraigados a su biología, que los vuelve incapaces de convertirlos en
norma de la conducta para su especie. De modo que lo que se observa es un
comportamiento proto-moral. Partidario de esta opinión es el primatólogo, etólogo
y psicólogo holandés Frans de Waal en su libro Primates y filósofos. La
evolución de la moral (2006). Aunque cree que hemos heredado mucho de
los primates y que existe una evolución de la moral, no atribuye a los animales
pensamiento moral, sino proto-moral. Reconoce que no existe entre los animales
una preocupación explícita por definir un sentido del bien y del mal. Para De
Waal la moral sería consecuencia de tendencias cooperativas dentro de la
estrategia de supervivencia. Lo cual parece plausible, aunque no del todo
satisfactorio. La neurología, por su parte, ha demostrado, que la toma de
decisiones morales activa centros emocionales muy antiguos en el cerebro. Pero
de ahí atribuirlos a meras conexiones neuronales existe una gran distancia. La
moral podrá tener algunos fundamentos biológicos, naturales, materiales e
históricos, pero su validación universal no proviene de ello.
No es necesario afirmar que los animales tienen
moral para sentir obligaciones morales hacia ellos, como erróneamente sostiene
el profesor de filosofía de la Universidad de Miami, Mark Rowlands en su
libro ¿Pueden tener moral los animales? (Oxford
University Press, 2012). Se puede sentir obligación moral hacia los animales
llevados por el sentimiento de caridad y justicia hacia la otredad de la
naturaleza, sin que necesariamente éstos sean agentes morales. Además, que ciertos mamíferos
pueden elegir entre el bien y el mal tampoco los hace seres morales. Sus
códigos sociales ligados a un nivel de reflexión siguen en el umbral de los
instintos biológicos. Y el hecho de que haya personas que sean morales sin
mediación reflexiva, no pone a la especie humana en las mismas condiciones de
los animales. Pues, ni aun así su acción deja de tener un estatus moral,
mientras que el animal no actúa moralmente. La acción moral no sólo implica la
capacidad de pensar en lo que hacemos, sino de valorarlo como norma universal. Y
esa capacidad no puede provenir de la naturaleza biológica, como piensan los
empiristas y evolucionistas, sino de la naturaleza espiritual. Efectivamente, a
esa naturaleza espiritual particular en el hombre la hemos llamado estructura
onto-ética. De manera que nuestra moral no está asentada ni en la biología ni
en el intelecto, sino en la diferente estructura ontológica que singulariza al
hombre y que permite trascender lo meramente inmanente y ser lo inmanente en lo
trascendente. No es que el hombre nace con una prescripción moral en la mente
ni en los genes, pero sí con una predisposición hacia lo universal en el alma.
Lo cual es suficiente para edificar conocimiento, ciencia y moral. O sea, el
hombre nace con una estructura ontológica innata y flexible que sobrepasa los
fundamentos biológicos y que permite la validación universal. Una
reconstrucción evolutiva del comportamiento moral es indudablemente valiosa,
pero esto no significa que todo en el ser sea una concatenación de causas y
efectos, azares y contingencias.
Este inevitable reduccionismo temporalista y naturalista es propio de la
racionalidad historicista de la ciencia, pero el saber excede a la ciencia y
abre el campo a consideraciones de tipo eternalista, donde sea la razón
universal de Dios la que crea un orden inteligible superior al orden sensible.
La Naturaleza no es la expresión máxima ni fundamental de la realidad, al
contrario, la realidad sobrepasa a la naturaleza, la cual viene a ser sólo una
de sus manifestaciones. Para Hegel el ser es dialéctico, dinámico, está sujeto
a la contradicción. Pero en realidad la contradicción, el devenir, no tiene por
qué ser la vía regia del ser. Hegel no salta del orden temporalista y del marco
histórico, y en él el problema del ser sólo conoce el cauce del devenir. Por
más que Hegel afirme que Dios es esencia, anterior a todo desarrollo, siempre
queda colocado en un tiempo anterior al tiempo histórico. Y esto hasta tal
punto es cierto, que en Hegel Dios es la racionalidad, es el ser posible del
mundo. Su ontología es una teología especulativa, donde Dios se oculta desde
que aparecen los seres del mundo. Sólo así se entiende que la frase “Dios ha
muerto” sea de Hegel antes que de Nietzsche. El error del hegelianismo es poner
a Dios y a sus criaturas en el mismo nivel ontológico -argumento clásico del
panteísmo-. Ya Aristóteles argumentaba contra Parménides que el Ser no puede
ser planteado como género supremo. Dios no es esencia, es el Ser fundamental
del cual participan la sustancia y la esencia de los seres finitos. Partir de
una metafísica de las esencias y no de una metafísica
trascendental es el error del panlogismo panteísta hegeliano, donde lo
existente es la absoluta enajenación de la esencia. Por eso, en Hegel cuando
aparecen los seres del mundo Dios se eclipsa. En este sentido Hegel es más
tributario de la metafísica de las esencias de los griegos que de la metafísica
trascendental del cristianismo. La filosofía cristiana se atiene a la crítica
peripatética de Parménides.
2
ONTO-ÉTICA Y
METAFÍSICA TRASCENDENTALISTA
El planteamiento de una estructura
onto-ética se enmarca en una metafísica trascendentalista, donde la sustancia y
la esencia de los seres finitos participan del Ser, no se enajenan. Dios es el
Ser fundamental, que no enajena a sus criaturas, porque no está en el mismo
nivel categorial. Todo ser compuesto es un ser causado y la causa creadora es
el fundamento absoluto del ser. Esa causa creadora es Dios, el cual es
trascendente e inmanente. Por eso, cuando decimos que el hombre es una
trascendencia en la inmanencia y una inmanencia en la trascendencia estamos
afirmando su semejanza con la Causa creadora, porque tiene una participación
eminente en él, pero su infinita distancia se mantiene por ser un ser compuesto
y causado.
La estructura
onto-ética en el hombre es la que lo lleva a filosofar y lo vuelve en una
trascendencia en la inmanencia con capacidad creadora, pero en un sentido
finito, falible, contingente, y en distancia inconmensurable a la causa
infinita creadora que es Dios. Pero cuando el marxismo desde el materialismo
mantiene el concepto de alienación hegeliano, el existencialismo desde el
idealismo subjetivo convierte al hombre el creador de valor y de sentido, el
posmodernismo de Vattimo desde el nihilismo declara que la realidad no es un
dato sino mera operación interpretativa o el pragmatismo rortyano desde el
escepticismo convierte al sujeto en un ironista que flota permanentemente en la
contingencia social, entonces el mensaje final es que impera lo que Zygmunt
Bauman (Tiempos líquidos) llama la “realidad líquida”, sin raíces en
ninguna parte.
Esta disolución completa de lo
cualitativo en lo cuantitativo, por el avance de la economía dineraria, es
llamada por Georg Simmel “la tragedia y patología de la cultura” (Filosofía
del dinero). Abandono que está en el origen de la ciencia moderna y del
predominio del pensar funcional sobre el pensar substancial. Y precisamente
porque en la Modernidad todo lo cualitativo quedó transformado en cantidad,
aparece como trasnochado y anacrónico presentar en clave esencialista y
trascendentalista la estructura onto-ética del hombre. La economía dineraria
del capitalismo maduro ha cosificado lo social, su esencia metafísica es
convertirse en energía pura que reduce lo sustancial a lo nominal, es
indiferente a los fines y la acción humana queda contagiada de su propia
impersonalidad, homogeneidad, atomización, desintegración, indiferencia y
cuantificación. En ese proceso el hombre queda distanciado de su propio núcleo
onto-ético, toda la lucha por el tener y el ser queda convertido en un
acercarse y retirarse de los valores. Todo vale, todo es interpretación. La
vida se torna prostibularia, inescrupulosa, infame. No se puede ignorar que el
dinero tiene una repercusión metafísica profunda, que afecta la estructura
onto-ética del hombre. Al quedar comprometido el hombre al valor presuroso y
móvil del dinero, entonces su propia existencia corre de prisa sin dejarle
tiempo para la realización de su esencia. Se constituye lo que el filósofo
coreano Byung-Chul Han (La sociedad del cansancio) llama la sociedad del
cansancio, donde la persona, llamada emprendedora, se autoexplota habiendo
internalizado los cánones brutales de la sociedad del rendimiento.
En ese proceso pierde el contacto
profundo con las cosas y reproduce agitadamente lo ya existente en una manía de
trabajar sin parar. Es una supresión del ocio y del aburrimiento, por
considerárseles no productivas. Pero para Han es el arte y no la moral lo que
nos rehumaniza. Cosa muy dudosa, dado que el arte también nos puede conducir
hacia la insensibilidad moral. En realidad, la salvación de lo bello no
garantiza la salvación de lo humano, porque lo bello y lo ético no
necesariamente coinciden. Lo ético puede resguardar lo bello, pero lo bello ni
siquiera cuando acontece como reencuentro y reconocimiento es garantía de lo
ético. En cambio, para el filósofo ecuatoriano Bolívar Echevarría (La
modernidad de lo barroco, 1998) es el capitalismo el que destruye el
principio de placer y sofoca el mundo de la vida y lo humano es el retorno a la
diversidad. Y recomienda salir del ethos realista del capitalismo oponiéndole
el ethos de lo barroco, como modernidad alternativa no-capitalista. No
obstante, resulta problemático salir del ethos del capitalismo sin recuperar la
dinámica de lo trascendente con lo inmanente en la propia estructura onto-ética
del hombre.
Si el hombre se ha convertido en
una máquina de rendimiento del poder total, no es por haber perdido lo
estético, sino por haber extraviado lo ético. Si el hombre se ha convertido en
enemigo de sí mismo, si internalizó la disciplinariedad del otro, si el deber
fue remplazado por el poder, si deprimidos y fracasados tomaron el lugar de los
locos y criminales, si la maximización de la producción responde a la
maximización de los beneficios económicos, si la dispersión aniquila la
contemplación, si el panóptico digital tomó el lugar de las cadenas externas,
si el sentido común es arrasado por la interpretación de la posverdad, si la
positividad ha tomado el lugar de la negatividad, si el toque instantáneo toma
el lugar del disfrute de la vida, si el hiperconsumo se vuelve
portátil y desplaza el contacto con el prójimo, si el poder se manifiesta sin
límites, si un sistema manipula a las personas reprimiendo su espontaneidad, es
porque en todo ello la permisividad es sinónimo de relajo y quiebra moral.
Entonces, lo humano en ese alejamiento de su esencia onto-ética provoca que su
inmanencia fagocite su misma trascendencia. Y esa es la nota distintiva de la
modernidad occidental, a saber, una inmanencia que va devorando constantemente
lo trascendente. La mesa queda servida para la barbarie civilizada, el
emprendedor autoexplotado, el intelectual sin compromiso, el pensador
sofístico, el técnico sin humanismo y el científico sin ética.
Es cierto que sin salir del flujo
del dinero no es posible volver a lo permanente y así el Ser mismo se torna
relativo. Pero también se puede escapar del dinamismo dinerario sin volver a la
recuperación de la trascendencia y manteniéndose en el horizonte de la mera
inmanencia. Lo cual no soluciona la obliteración y ocultamiento de la esencia
onto-ética humana, sino que lo profundiza. Es lo que sucede con el principio
esperanza de Ernst Bloch (El principio esperanza) como ontología
dinámica del ser. Al ser su esperanza un trascender sin trascendencia
metafísica, se encuentra imposibilitado de provocar una verdadera revolución
humana desde su propia esencia. Y todo el cambio que suscita se limita a lo
sociológico e histórico, sin afectar la estructura ontológica permanente del
hombre.
Pues el ser humano no es
esencialmente una tendencia hacia el placer, ni hacia la voluntad de placer,
sino hacia lo ético. No es el placer ni la voluntad de placer lo que humaniza
al hombre, sino su advocación hacia lo ético. Incluso la posibilidad de cuestionamiento
de la costumbre y de la moral no puede supeditarse al placer, sino a lo bueno.
No se trata de conseguir otra modernidad como alternativa civilizatoria. De lo
que se trata hoy es que no hay modernidad ni civilización alternativa sin
recuperar la estructura metafísica onto-ética, que devuelva al hombre su
posibilidad de rehumanización. Por ello la verdadera revolución no consiste en
lograr abundancia, emancipación y bienestar material para todos, sino que la
real subversión del capitalismo consiste en atar el trascendentalismo con la
trascendencia de la inmanencia humana. Sólo invirtiendo radicalmente la
metafísica inmanentista de la modernidad se puede hallar el cambio profundo del
hombre.
Que Dios sea trascendente e
inmanente no significa que esté en todo, pues el acto de creación -que no es
continuada ni temporal- y las criaturas son libres. O sea, la estructura
onto-ética del hombre no es una comunicación de Dios de su existencia, sino que
proporciona a cada criatura existencia propia. Dios no comunica su existencia,
como supone Spinoza y Hegel. Por eso, aquí no se da el falso dilema sartreano
de que la criatura se vuelve independiente de Dios o se reabsorbe en la
subjetividad divina. Nuevamente hay que decir lo apuntado por Aristóteles, que
Dios y sus criaturas no se oponen porque no están en el mismo nivel ontológico,
pues el ser no es el género supremo. Sin embargo, el fenómeno empírico, por
ejemplo, del ansia que tiene lo humano por Dios no puede provenir del tiempo,
la historia, los genes ni de algún fundamento biológico, sino que constituye un
signo poderoso que nuestra trascendencia en la inmanencia está arraigada en la
trascendencia absoluta de Dios. Es decir, la estructura onto-ética de lo
humano, que se prolonga hasta el remoto homo habilis, no sólo antepone lo
estimativo a lo intelectivo, sino lo universal a lo estimativo mismo. Y dicha
universalidad es de orden inteligible y no sensible. No es posible pensar la
universalidad desde la propia naturaleza, de modo que su propia existencia no
puede provenir de lo material por una suerte de continuidades y
discontinuidades, ni tampoco puede proceder del propio pensar porque como
proceso lógico no crea el proceso ontológico. Se puede pensar lo universal,
pero no es posible pensar que lo universal no existe porque se puede pensar la
cosa misma, o sea la universalidad. Por tanto, ésta en su existencia ha de
provenir de un orden superior a lo meramente natural y a lo meramente pensable.
La inteligibilidad de lo universal
y necesario es un indicativo poderoso que la inteligibilidad del Ser
trascendental es la razón suficiente de la verdad. El pensamiento humano
trasciende lo temporal-espacial y se eleva a lo espiritual. No sólo existe la
unidad natural, sino que también existe la unidad trascendental en toda la
realidad, que está más allá de la experiencia empírica. Por eso, la metafísica
en general o del Ser se justifica. Por ende, la estructura onto-ética en el
hombre no sólo es la base del contacto con lo universal, la experiencia mística
y toda verdad metaempírica, sino también con Dios. Por ello, la razón alcanza
un nuevo nivel a través del concepto y la fe. Dios no aliena a su criatura
porque ésta es libre, pero no absolutamente. Pero el valor de la fe puede ser
puesta en duda desde diversos ángulos. Lo han hecho Feuerbach, Marx, Sartre,
Vattimo y Rorty. Para todos ellos Dios es una idea contradictoria y fantástica
a la que hay que abandonar definitivamente. Vivimos la era de la apostasía, la
increencia y la secularización. Estamos en el siglo sin Dios y, no obstante, la
globalización posmoderna se encuentra fuertemente estremecida por los
fundamentalismos religiosos. Habermas presta atención al fenómeno de la
ortodoxia religiosa para rescatar de ella lo que considera lo mejor que
contiene, a saber, su ética comunicativa. O sea, termina orillándose a un
neopelagianismo ilustrado que insta a aceptar la razón secularizada como la
verdadera senda histórica de Occidente. En otras palabras, el sesgo nihilista,
antimetafísico y antiesencialista de la sociedad postmetafísica occidental sólo
tiene oído para narrativas escritas en clave naturalista, secularista,
posmoderna y pragmatista.
El nihilismo es la alienación
contemporánea, donde se busca incluso poner al hombre más allá de la verdad y
de la razón. El hombre ha quedado convertido en pequeño diosecillo, en un Homo
in Terris, indiferente a Dios, la Verdad y la Razón. No obstante, la estructura
onto-ética del hombre no responde al estancamiento espiritual del nihilismo,
porque es una realidad objetiva que se impone ante la evidencia de lo
universal. El mismo que no se explica por lo natural, lo lingüístico ni lo
sensible, sino por lo inteligible que trasciende lo inmanente en el hombre. No
se trata de que el hombre tenga ideas innatas, sino que innato es la estructura
espiritual desde la cual efectúa juicios universales de índole moral y
cognoscitivo. Así como es imposible el pensamiento sin la palabra pensada, del
mismo modo es imposible la referencia a lo universal sin la existencia de lo
inteligible. Aun cuando el hombre no se acuerde de lo universal, tiene a lo
universal en la estructura de su alma. En última instancia lo universal existe
no por los hechos ni por las ideas, ni por la estructura onto-ética del hombre,
sino porque existe una Razón universal que es la trascendencia absoluta de
Dios. Esto también significa que la estructura onto-ética del hombre existe no
por obra de la naturaleza, la evolución, los genes, la materia o la historia,
sino por obra del orden divino.
Sin verdades universales y necesarias no hay
naturaleza humana. Puede haber forma humana, pero vaciada de su propio
contenido humano. En otras palabras, tendríamos hombres sin humanidad. Que esto
no sea así es otra prueba de la existencia y realidad de los fundamentos
metafísicos trascendentes. Lo universal en las ideas no se forma por inducción,
ni por el carácter sintético del juicio existencial (agnosticismo kantiano), ni
por la inseparabilidad entre la cosa y la existencia de la cosa (empirismo humeano),
ni por el infinito actual como realidad positiva (panlogismo hegeliano), sino
porque lo trascendente es la fuente misma de lo necesario y universal. El
hombre es una criatura filosofante porque su ser está advocado a la intuición
metasensible de lo inteligible. Esto lo señala como un ser metafísico, como una
trascendencia en la inmanencia. Pero, además, indica que la misma filosofía
nace de la estructura onto-ética como una condición existencial del hombre.
Pero el nihilismo es posthistoria, disolución de
valores, imperio de la temporalidad, hipervaloración de la voluntad de poder,
falta de sentido, estancamiento espiritual, malestar global de nuestro tiempo,
que ha consagrado la ruptura entre teología y filosofía, pone el epitafio sobre
la filosofía misma y sepulta en lo más hondo el sentido ontológico del ser. La
filosofía desciende a algo menos que a un discurso edificante, porque la
aspiración es ir más allá de la verdad y de la razón misma. La erosión e invalidación
de los fundamentos metafísicos trascendentes pretender ser vista como el
derrotero natural del logos, cuando en realidad es la expresión de la
decadencia de la racionalidad burguesa. El nihilismo es un pensar el Ser desde
la Nada, sometiendo todo a la transitoriedad del devenir, de lo contingente, es
un ir de la nada a la nada. Pero, bien visto, en lo finito o ser subsistente,
esencia y existencia son principios del ser. La sustancia es la cosa que
deviene, donde la estructura de potencia y acto son correlativos y responden a
la participación en el Ser. Por eso, el devenir no es -como supone el
nihilismo- un ir del ser finito de la nada a la nada. La exagerada importancia
que la cultura nihilista concede a la Nada es de raíz ideológica y no teórica.
Esto es, la negatividad no puede dar cuenta del Ser absoluto, ni agotar el ser
finito. El ser tiene un sentido unívoco en lo absoluto y un sentido multívoco
en las cosas finitas. Pero el pathos nihilista es utopía inmanente, refractaria
a una ontología fuerte y se dirige a su consumación, que en el fondo es la
consumación de la racionalidad instrumental de la burguesía decadente y del
capitalismo cibernético. Así, en el actual contexto desfundamentador escéptico,
relativista y agnóstico del nihilismo contemporáneo, hablar del hombre como la
trascendencia en la inmanencia y la inmanencia en la trascendencia se volvió
irrelevante.
Afirmar la existencia de una estructura esencial
onto-ética que posibilita lo humano, es visto como sueño metafísico por la
verdad eterna, que persigue espejismos, cuando hoy la filosofía es asumida como
una simple forma de comunicación y no como espejo de la naturaleza. Esta
crítica que proviene del neopragmatismo rortyano, en realidad, es heredera de
la epistemología neopositivista (Frege, Tarski, Russell, Wittgenstein, Carnap,
Ayer, Quine, Davidson) con su abandono de toda especulación metafísica. Pero sólo
en este aspecto, porque también está enlazada al abandono del análisis lógico
de las proposiciones científicas por la estructura histórica del descubrimiento
científico (Lakatos, Kuhn, Feyerabend, Nagel, Hempel, Putnam, Hanson, Hintikka,
Toulmin, Chomsky). Aunque en el abandono actual de la metafísica también cumple
un papel destacado la tendencia anti-epistemológica de la corriente
hermenéutica (Heidegger, Ricoeur, Gadamer, Habermas, Oto-Apel y el propio
Rorty).
Se hizo común hablar que toda observación está
cargada de teoría, que era mejor reemplazar la teoría verdadera por la teoría
adecuada, la inconmensurabilidad de la teoría y que no existe paradigma único
de racionalidad. La suerte de la razón quedó echada. Entonces no fue paradójico
que toda esta corriente inmanentista, que insistió en el abandono de la
metafísica, desembocara en el abandono de la Verdad y de la Razón, en la
abolición de toda universalidad, quedando atrapado en un infructuoso idealismo
subjetivo, el solipsismo y el escepticismo radical, donde reina a sus anchas el
nihilismo de la decadente racionalidad burguesa, sin ética y sin valores. En
realidad, los que se hallan atrapados en la telaraña de la nueva superstición
son quienes se sienten poseedores de la visión privilegiada que abraza lo
edificante, la persuasión, la narración, la confianza y la tolerancia como el
nuevo fuego pálido de la sociedad postsecular, algo muy parecido al brillo
tenue del infierno.
El poder totalitario de la sociedad postsecular se
asienta ya no en la biopolítica de Foucault -control de la vida y del cuerpo-,
ni la psicopolítica de Chul Han -control de la mente y de las ideas-, sino en
la tecnopolítica -control de los medios telemáticos-, donde lo digital, como
instancia superior, dirige el mercado, el pensamiento y la vida. En la
hiperrealidad digital las personas reales que existen pueden ser desaparecidas
simplemente borrándolas de la red, y personas inexistentes pueden cobrar vida
apareciendo en la red digital. La imagen ocupa el lugar de la realidad en la
era digital. Este triunfo del simulacro y la apariencia acontece en desmedro
del valor moral del hombre, porque implica la desaparición, de la verdad, el
valor y la espiritualidad. La seducción se impone sobre la racionalidad
dialéctica y preside la racionalidad sin ética de la sociedad de la postverdad.
Baudrillard, en su obra Cultura y simulacro, llamó la atención
en el reemplazo de la lógica de los hechos por la lógica de la simulación y
subraya que las masas, que son inerciales, absorben el ocultamiento de la
realidad sin resistencia.
Pues bien, aquí hay que resaltar que el carácter
inercial de las masas y la sustitución de los hechos por el simulacro responde
a un distanciamiento previo que se ha operado en el hombre respecto con su
propia esencia onto-ética, esencia que hace posible la verdad y la realidad. El
resultado de esa alienación respecto a su propio contenido esencial es que la
credibilidad racional se desplazó de lo ideológico a lo semiótico. La creencia
se trasladó de lo interpretado a lo presentado, a la imagen. En el imperio de
la hiperrealidad lo normativo pierde sustancia y se torna sustituible. Siendo
la simulación lo que administra la realidad no existe la necesidad de lo ético
ni de los valores. La estructura onto-ética del hombre ha sido sepultada por el
totalitarismo de las imágenes digitales. La descomposición de la racionalidad
sin ética de la burguesía decadente culmina extraviando el principio mismo de
lo real, para poner en su lugar una hiperrealidad, un simulacro de realidad,
que acelera a profundidad la alienación tecnopolítica del hombre.
Aquel paso de la biopolítica (Foucault) a lo
psicopolítico (Chul Han), y de éste a lo tecnopolítico, no es más que el
ahondamiento del idealismo moderno que ha desempeñado un rol protagónico en la
crisis de la conciencia occidental que terminó clausurando la trascendencia
para la razón.
De manera que la onto-ética se inscribe dentro de
una metafísica trascendentalista, porque no sólo se parte de la constatación
realista que el ser antecede al pensar, el ser no implica que el conocer sea la
causa de su existencia, lo ontológico es el trasfondo de lo epistemológico, la
evidencia primera es que las cosas son y no el pensar, el ser es lo previo e
indemostrable para la razón, el ser no se encuentra en el pensamiento, el ser
sobrepasa al pensar, sino que permite postular desde la existencia de las cosas
a un ser supremo, que no es género supremo, está más allá del mundo, no es
temporal, es Creador y eterno.
3
FILOSOFÍA Y
ONTO-ÉTICA
Tradicionalmente la
filosofía es vista como un saber y conjunto de reflexiones sobre los
fundamentos del mundo. Estas reflexiones han sido descritas como una búsqueda
de la verdad. Heidegger ya había señalado que el hombre es un “buscador” y
añade que el movimiento hermenéutico de interpretación está determinado por el
hecho de que la vida fáctica se da de un modo distorsionado, siempre está
encubriéndose a sí mismo. Pero la ontología fundamental de Heidegger deja de
lado que no basta que el Dasein esté abierto al mundo, sino que dicha
existencia no es nada sin una previa esencia que la particulariza. José Ortega
y Gasset solía decir, en una frase muy gráfica, que la tortuga no puede
destortugarse, ni el tigre puede destigrarse, en cambio el hombre sí puede
deshumanizarse.
En otras
palabras, no es posible que la realidad fáctica se de encubierta, ni que el
hombre sea un buscador, si previamente no está dado el horizonte metafísico de
dicha búsqueda. Es más, si el hombre es un “buscador” y si la realidad se
encubre es porque en el ser del hombre hay algo que lo limita y condiciona. El
hombre es un buscador de la verdad porque su esencia misma está advocada a la
verdad. Pero la filosofía no está asociada a una búsqueda cotidiana sino a otra
esencial. La filosofía como búsqueda esencial es signo de una existencia
problematizada desde y con su esencia. La filosofía como búsqueda de la verdad
es un fenómeno empírico singular, porque señala una existencia asida por el
movimiento de una trascendencia en la inmanencia.
La verdad misma
no es algo meramente inmanente, sino la mirada trascendente en la inmanencia.
El animal carece de esa mirada trascendente en la inmanencia. Su interés es
biológico y está en función de la supervivencia. En cambio, en el hombre está
dominado por esa mirada trascendente en lo finito. Gobernado por el mundo de
los fines es capaz de edificar cultura. Es un hombre es un buscador de la
verdad porque su esencia onto-ética lo eleva a estar presidido por una mirada
trascendente de sí mismo y de las cosas que lo impulsa hacia lo universal y
valorativo. El hombre busca la verdad porque está dotado previamente para
estimar la verdad.
La estimación
de la verdad es un bien del alma humana que se encuentra asociado a su destino
preternatural. Y desde el fondo particular de su ser estima la verdad porque no
es simplemente una inmanencia en la inmanencia, sino una trascendencia en la
inmanencia. La estructura estimativa onto-ética de su ser lo vuelve capaz de
ser un buscador de la verdad. Pero como señala Ortega, el hombre es capaz de
deshumanizarse, pero dicha deshumanización no es una renuncia completa de su
esencia onto-ética, sino un darle la espalda a la responsabilidad de asumir su
propia humanidad. El hombre tiene la posibilidad de traicionar su propio
destino ontológico porque su propia libertad señala ser una trascendencia en la
inmanencia.
Es por ello por
lo que su deshumanización nunca puede ser una animalización, sino en definitiva
un dar la espalda a la realización libre de su propia esencia. El hombre jamás
puede volver a su animalidad, cosa observada en los “niños salvajes”. En la literatura
son ejemplificados con Enkidu en la Epopeya del Gilgamesh y
Rómulo y Remo en el mito fundacional de la Antigua Roma. Los casos documentados
de las niñas-lobo Amala y Kamala ha sido desacreditado como un fraude montado
sobre casos reales de autismo. Sin abundar en más casuística el resultado de
los estudios arroja que se produce una deficiencia intelectual severa,
capacidad lingüística muy limitada y conducta extraña. Los niños sometidos a
encierro y abuso presentan un desarrollo cerebral diferente al de las personas
normales. Su lenguaje puede expresar ideas, pero sin desarrollo gramatical.
Generalmente cuanto más largo ha sido el aislamiento y más tardío el hallazgo
más difícil se hace su inserción social y su reeducación. Aunque se tiene bien
documentado y estudiado el caso del niño ugandés John Ssabunnya, que vivió con
un grupo de monos verdes en 1991, y tuvo una buena rehabilitación. Estos casos
demuestran que el hombre no retorna a la animalidad, a lo sumo presenta una
humanidad atrofiada. Cosa muy distinta a los casos de los monstruos morales,
verdaderos bárbaros capaces de cometer los peores crímenes y abusos sin sentir
empatía y mínimo sentido de culpa.
Pero la
monstruosidad tampoco es un retorno a la animalidad, pero sí retrata la
inhumanidad más representativa de la deshumanización. Es por ello por lo que la
teratología del infierno está plagada de seres monstruosos y deformes, los
demonios suelen estar representados por una morfología antinatural, como
indicador del lugar descrito por Dante como fuego que arde para los condenados
por sus grandes crímenes. Pero los condenados son otra cosa, y no corresponde a
los humanos físicamente anormales sino moralmente anormales. Los santos que
describieron sus visiones del infierno -Ana Catalina Emmerich, Sor Josefa
Menéndez, Beata María Serafina Micheli, San Juan Bosco, María de Santa Cecilia
romana, Santa Verónica Giuliani, San Alfonso María de Ligorio, entre otros-
coinciden no sólo en el gran abismo oscuro con un horno ardiente, sino de seres
que entre gritos hedores y tormentos se agitan por la ira y la violencia que
allí cunde.
Es decir, el
hombre condenado no lo es por su animalización, sino por su deshumanización
representada en la maldad. Incluso las almas condenadas pueden convertirse en
bestias, tomar formas de animales, pero su castigo es sentir la penalidad como
humanos. Tan fuerte es la presencia de la esencia humana, que no la pierden ni
aun en el infierno, por más que puedan tomar formas bestiales. El bestiario
horrible y repulsivo de los condenados en el infierno nunca pierde su alma
humana. Pero el castigo de esta maldad es que ya no pueden conocer la muerte
para escapar de los sufrimientos. Por eso, en Apocalipsis (9,6) se dice que “la
muerte en esta vida es lo que más temen los pecadores, pero en el infierno será
la cosa más deseada”. El réprobo no tiene escape. Y Santo Tomás de Aquino (I.
2. Q. 87) resalta que incluso en el juicio humano la pena no se mide según la
duración del tiempo, sino según la cualidad del delito.
Pero, además,
todas estas visiones teratológicas del infierno tienen un significado muy
profundo para la filosofía como estimación de la verdad. Y sólo puede
representar que, en el ser finito humano la verdad es un hacerse presente de lo
eterno en lo finito. Edith Stein, en su obra Ser finito y ser eterno,
había justamente destacado que comprender el ser finito sólo desde la
temporalidad lleva hacia la muerte. Y ese fue el gran yerro de Heidegger. Por
eso el ser finito exige ser comprendido desde la altura del ser eterno y no al
revés. Lo cual significa que si hay tiempo y verdad humana es porque hay
eternidad y verdad divina. Recién ahora se puede entender plenamente por qué el
hombre es una trascendencia en la inmanencia. Y es porque su trascendencia es en
definitiva un abrirse del ser finito al ser eterno.
El designio de
la trascendencia humana porta el designio de la trascendencia divina, pero su
realización no es independiente de su ethos. Ethos que a su vez expresa su
religación con la divinidad. Por eso, sólo se puede comprender cabalmente a la
filosofía cuando se la entiende como la estimación de la búsqueda de la verdad
que no se limita a la luz natural de la razón y que rebasa el mundo hacia la
verdad revelada. El origen ontológico de la filosófica señala una dirección
trascendente porque nace de la propia esencia humana que es trascendencia en la
inmanencia. No en vano el sentido del ser humano es unir lo inmanente con lo
trascendente. Y por eso también se comprende que la pregunta fundamental de la
filosofía es la pregunta por el Ser, porque es el ser finito el que se percata
que sólo en el Ser Primero coincide la esencia (ousía) y la existencia (on)
mientras que el mundo finito, incluido él mismo, es una realidad contingente,
no necesaria, donde la existencia es el acto de ser que tiene una primacía sobre
la esencia. Cierto que esta formulación corresponde a Santo Tomás de Aquino,
pero independientemente de ello el hombre es desde muy antiguo la criatura que
intuye a Dios y a lo divino. En otras palabras, el homínido es el que siente la
separación radical entre él con lo divino y el mundo. Situación existencial
suficientemente fuerte para emprender la búsqueda filosófica de la verdad. Es
por ello por lo que la filosofía está ínsita en la situación existencial
humana. El hombre es criatura filosofante porque siente y estima la separación
ontológica radical de su ser en el ser.
Sin duda que la
filosofía moderna se ha desprendido de la tradición que valora la verdad
revelada y que se atiene al mundo de la experiencia y razón natural, pero con
ello se abre un hiato del hombre consigo mismo, con su esencia onto-ética,
hiato que posibilita los procesos de deshumanización. Es verdad que toda
ciencia tiende hacia el ser verdadero, pero no es menos cierto que el ser
verdadero se halla por encima de toda ciencia. No obstante, cuando se rechaza
su comunicación se impide entonces la perfección completa del ideal de
sabiduría. La sabiduría es la que pierde en perfección sin el horizonte de la
creencia, que posibilita la fe. Es la propia base onto-ética del hombre en cuya
valoración primigenia del ser requiere creer y confiar. El salto de lo
estimativo a lo cognoscitivo se da incompleto sin la creencia, afectándose la
vida moral y normativa. De manera que el hombre deshumanizado no es el monstruo
físico, sino el monstruo moral. Georges Canguilhem (Lo normal y lo
patológico), filósofo que subrayó la idea de que el hombre es un ser
normativo, concibió al monstruo como el anormal, sólo cuantitativamente
diferente al normal, y Michel Foucault (Vigilar y castigar) o hizo en
sentido jurídico y abre las puertas a su consideración biopolítica. Sin duda
que existe el monstruo biopolítico no sólo en la figura de los dictadores
genocidas, pero también se da el monstruo tecnopolítico, como aquellas personas
que sobreponen la realidad digital a lo real. Pero también en estos casos no
hay retorno a la animalidad, sino que constituyen formas de deshumanización. Es
por eso por lo que cuando Alexandre Kojéve (La dialéctica del amo y del
esclavo en Hegel) habla del final de la historia como un retorno del hombre
a la animalidad como era en el principio -desaparecerán las guerras, las
revoluciones y la filosofía- lo hace en sentido figurado y no literal. Pero
Kojéve, como buen hegeliano, pensaba que las repeticiones eran nefastas.
Los síntomas de
la repetición histórica también los señala Bataille (Teoría de la religión):
revival religioso, indiferencia ante la muerte, pérdida de valores, pasividad,
entre otros. Sólo que aquí Bataille no repara en que dichos síntomas
corresponden a la fatiga de la civilización burguesa. Por su parte, Giorgio
Agamben, desde una perspectiva hegeliana, nos habla en su libro Lo
abierto. El hombre y el animal, que el hombre al alcanzar su telos histórico,
las sociedades se han despolitizados y ha vuelto a ser animal. Ante lo cual
dice que sólo quedan dos alternativas: o dominar mediante la técnica nuestra
animalidad o abandonarnos abiertamente a ella. El punto de vista naturalista,
temporalista y cientista de Agamben le impide ver toda la dimensión metafísica
de la propia humanidad. Y ello no lo deja ver que el hombre jamás puede volver
a la animalidad, porque sencillamente nunca lo fue. Ni siquiera desde el ángulo
evolucionista es posible dejar de advertir la gran diferencia existente entre
el homínido y el animal. El tema va más allá del eslabón perdido y de las
intrincadas circunvoluciones cerebrales de la mente humana. El apartamiento del
hombre de la evolución orgánica ni siquiera puede resolverse con la hipótesis
de la coevolución gene-cultura, que exponen E. O. Wilson y Charles J. Lumsden
en su libro El Fuego de Prometeo. La sociobiología no puede
explicar que la influencia de los genes es sólo tendencial y no sustituye el
libre albedrío. Además, a pesar de que el genoma humano completo fue publicado
en 2003, la genómica -que abre nuevas fronteras para la cura del cáncer, las
enfermedades raras, test prenatales no invasivos, medicamentos a la carta y que
la genómica se convierta en derecho constitucional para evitar la
discriminación genética-, sigue desconcertando. Persisten un misterios
desconcertantes -en 2019 se pudo penetrar en los centrómeros o el corazón
oscuro del genoma y se descubrió un ADN de un ancestro desconocido de hace
medio millón de años, donde también hallaron fragmentos de ADN neandertal, pero
causó perplejidad hallar que la masa de los 46 cromosomas del genoma humano no
coincide con el peso del cromosoma en el que está, pesa veinte veces más que el
ADN que hay dentro de ellos, ante lo cual no hay explicación-. Menos aún lo
explica el etólogo y biólogo evolutivo Richard Dawkins en su libro Evolución:
el mayor espectáculo sobre la Tierra, quien no resuelve con éxito los
intrincados problemas de la evolución biológica.
Dawkins reduce
la conducta a lo biológico y en reacción a su postura se contrapone otro
enfoque que sostiene que la conducta dirige lo biológico. El reduccionismo
biologista de Dawkins resulta insostenible ante la complejidad de los procesos
selectivos no biológicos, uno de ellos es la dimensión objetiva de la cultura,
desembocando así en graves reduccionismos ontológicos, metafísicos y
epistemológicos. La postura sociobiológica, por su parte, insiste en que la
conducta marca la pauta de la evolución, y la conducta se guía por el gusto.
Pero convertir al gusto en la teleología operante de la evolución no es menos
problemático porque supone el sentido estético como lo predominante en la
Naturaleza, la cual devendría en una obra de arte en su totalidad. Lo que al
final equivale a ver a la Naturaleza como una estructura material
autosostenida. Cosa parecida a lo que ocurre en la segunda parte de la Crítica
del Juicio de Kant, llamada Crítica del Juicio Teleológico. Lo que
aquí está en discusión es el principio de finalidad interna, que en Kant se
completa con la prueba ética del Creador moral del mundo, y lo que Hegel en
su Lógica, cree verlo en la energía interna absoluta de la Razón.
Pero en nuestro caso la esencia onto-ética de lo humano designa una teleología
interna de índole ética, que corre paralela a la teleología física de lo
corporal. El cuerpo, como la naturaleza, tiene un fin en sí, se hace
subjetividad. En realidad, no hay impedimento para admitir la subjetividad en
la propia naturaleza sin romper con la hipótesis teísta, o sea sin incurrir en
el panteísmo de la razón universal hegeliana, la imaginación creadora
schellingiana o la voluntad schopenhaueriana.
De modo que el
acaecimiento de la verdad en el hombre es ontológicamente necesario,
teórico-pragmáticamente posible y teleológicamente contingente. La estimación
de la verdad está incrustada en el ser del hombre, pero su realización depende
de su libertad y su finalidad responde a una Inteligencia Creadora. Por
consiguiente, el acontecimiento de la verdad sobreviene sobre un ser que es
sensible a la misma, que está destinado a tomar conciencia de esta. No es algo
accidental ni coyuntural, sino algo esencial que incide sobre su destino. Para
que la verdad sobrevenga a un ser su inmanencia tiene que ser sobrepasada por
su propia trascendencia. Por eso sobreviene la verdad al hombre, porque es una
trascendencia en la inmanencia y una inmanencia en la trascendencia. Esto es,
la verdad no sólo es un término predicable al conocimiento y a la existencia,
sino a una esencia particular, a saber, la humana. De manera que la esencia de
la filosofía no es cognoscitiva o existencial, sino que es ontológica,
metafísica y teleológica, porque está unida a su estructura onto-ética que está
advocada a lo universal y verdadero. En el hombre la finalidad es interna y
externa. Su finalidad interna responde a la necesidad de su esencia que le abre
el horizonte de lo estimativo, y su finalidad externa surge de su libertad en
la naturaleza. El horizonte de lo estimativo de la base onto-ética se abre de
modo necesario pero su asunción depende de la libertad. El no hacerlo da
comienzo a los diversos procesos de deshumanización. El malvado moral es el
deshumanizado que puede haber perdido contacto con su núcleo onto-ético, pero
no puede eliminarlo de su propia naturaleza. Por ello no deja de ser legal,
moral y ontológicamente responsable de sus actos.
La verdad
ontológica se define como la correspondencia de una cosa con su idea genuina.
Ahora bien, esta correspondencia sólo puede darse en un ser que se plantea el
valor de la verdad y, por consiguiente, la busca deliberadamente. Sin ese ser
que se plantee el valor de la verdad no existe el problema de la verdad. El
horizonte del valor de la verdad se da dentro de la esencia onto-ética del
hombre. Es decir, el horizonte estimativo de la esencia onto-ética es la
posibilidad misma del valor de la verdad y del subsiguiente planteamiento del
problema de la verdad. Si el hombre es una criatura filosofante es porque el
horizonte estimativo de su esencia onto-ética abre la posibilidad de lo
universal y de lo verdadero. De manera que la esencia de la filosofía es el
horizonte ontológico estimativo de la esencia onto-ética humana. La filosofía
es búsqueda de la verdad porque su esencia es posibilitada por la estructura
onto-ética humana, donde lo universal y lo verdadero se hace posible. La
filosofía brota en una criatura cuya inmanencia es sobrepasada por su
trascendencia. Trascendencia que lo delinea como un ser metafísico. La
filosofía es metafísica no porque se cultiva ésta última como disciplina, sino
porque emerge de un ser que es constitutivamente metafísico.
En su
constitución metafísica está el sentido ontológico del ser, el sentido de lo
divino, el sentido de la verdad, el sentido de lo universal, o sea el contenido
mismo de la filosofía. Nada impide que dicho contenido pueda ser velado,
obliterado e incluso rechazado por diversas razones, entre ellas las
culturales, pero el fenómeno básico está ahí y no puede ser negado. En
consecuencia, la verdad ontológica como “correspondencia” es resultado de un
ser que es ínsitamente filosófico y que puede intuir sin ser filósofo los
problemas de la verdad, lo universal, el valor. La verdad como
“correspondencia” requiere el fenómeno esencial estimativo de la verdad. Y es
así porque la ontología porta la verdad, la tecnología hace
el acceso a la verdad y la epistemología enuncia la
verdad. El filósofo italiano Maurizio Ferraris, en su obra La Posverdad
y otros enigmas, ante la hipoverdad de la hermenéutica y la hiperverdad de
la filosofía analítica postula un realismo de la mesoverdad. En vez de decir
“no hay hechos sino interpretaciones”, se deberá decir “hay hechos porque hay
interpretaciones”. Ferraris exagera el papel de lo tecnológico, declarando que
la verdad no es ontológica ni epistemológica, sino tecnológica, es algo
fabricado por la voluntad de poder. A diferencia de ello hay que resaltar que
lo que es importante en la concepción esencial de la filosofía no es su
presencia encarnada, sino percibir su capacidad para representar el horizonte
estimativo sobre el que se proyecta lo universal, el valor y la verdad.
Como la
filosofía nace en un ser trascendente en la inmanencia e inmanente en la
trascendencia, entonces el filósofo tiene como papel alcanzar tanto el saber
absoluto como el saber en devenir. Pues de poco le sirve al filósofo
identificarse sólo con el devenir o sólo con el absoluto, en tanto que el
hombre mismo es un ser que intercepta y une lo finito con lo infinito, lo
contingente y lo necesario, el devenir y lo permanente. Ni sólo temporalismo ni
sólo eternalismo, sino ambos, porque pertenece tanto al devenir como al Ser. El
filósofo debe sumergirse en el mundo para descubrir la verdad, pero el mundo
humano no sólo es el mundo del devenir, sino también el mundo de lo universal y
permanente. Esto es así porque su ser pertenece tanto al mundo del devenir como
al mundo del Ser. El filósofo no debe renunciar a su pretensión de saber del
absoluto, de lo verdadero, universal y necesario. Ese es su rasgo distintivo,
fundamental y decisivo. Sin ello la esencia de su ser permanece oculto, porque
el ser del hombre es una advocación a la verdad. Advocación que puede ser
traicionada pero no puede ser extirpada. La traición a la Verdad es la traición
a la nuestra propia esencia. Traición que llena de culpa, ignorancia,
injusticia y patologías espirituales diversas. Pero jamás dicha traición puede
borrar la verdad que está impresa en la estructura de nuestro propio ser. El
contenido onto-ético de la esencia humana no es compulsivo sino señalador de un
camino a transitar libremente. El no recorrerlo casi siempre abre las puertas
del escepticismo y las ventanas de la deshumanización. La pretensión filosófica
de alcanzar el saber universal no lo aparta del ir y venir entre el saber y la
ignorancia. Todo lo contrario, lo adentra aún más en la docta ignorancia del
que hablaba Sócrates y el Cusano.
Por nuestra
propia finitud el saber de lo absoluto no es un simple saber estático, sino
dinámico, porque exige la realización práctica y un compromiso valorativo
incesante y permanente. Dios es lo Absoluto y éste es el Ser, que está más allá
de todo género supremo, participa de nosotros y nosotros participamos de él. Lo
cual lleva de lo ético a lo cognoscitivo y de lo cognoscitivo a lo moral y de
lo moral a lo teológico. La filosofía de la razón natural gana con la fe,
porque se trata de una verdad que proviene del ser supremo. Por eso, la
perfección completa de la filosofía se encuentra en la sabiduría divina. Por
eso la perfección completa de la filosofía siempre aspira a la visión mística.
Visión mística que es unión con Dios y operada por él en la esencia onto-ética
del hombre. El hombre es un capax dei porque no sólo tiene la
posibilidad inteligente de conocimiento teórico de Dios, sino que su propia
esencia es capax dei. El hombre es capax dei antes
que por su inteligencia por ser el ser sintiente de Dios. Su
propia esencia es un irse poniendo en fe. Y tiene que serlo así porque al
penetrar en la fe aumenta la tiniebla para el entendimiento. El homo
capax dei en su mayor profundidad es oscurecimiento de la inteligencia
por la penetración de la fe. Aquí ya no se está ante la verdad que se descubre
y que es propia de la filosofía, sino que se está ante la verdad que sobrepasa,
sobrecoge, es inexpresable, inefable y que es propia de la fe. Es la luz clara
de Dios que hizo que a Santo Tomás de Aquino le pareciese paja todo lo que
había escrito. En la luz oscura de la fe el hombre capta a Dios mismo sin ver,
porque, como San Juan de la Cruz (Subida al Monte Carmelo) mismo
explica, la fe es una oscuridad profunda frente a la claridad eterna de Dios.
Dentro de la
pedagogía divina hay que considerar las religiones precristianas como el
chamanismo y la gnosis ancestral, las cuales hablan sobre la luz interior, que
existe como centro de nuestro ser y la cual hay que recuperar. Aquí se trata de
la idea de la existencia de un yo, un mundo y un destino intemporal. Y por eso
en sus meditaciones místicas y curaciones psíquico-milagrosas acuden a seres
intemporales intermedios entre Dios y la humanidad -a diferencia de las
curaciones de los santos cristianos que concurren directamente a Dios-. La obra
de Mircea Eliade (Chamanismo: técnica arcaica del éxtasis místico) y de
Henri-Charles Puech (En torno a la Gnosis) permiten advertir que el
chamanismo y el gnosticismo, respectivamente, son un fenómeno general de la
historia de las religiones, un tipo distinto de religiosidad con un tiempo
quebrado, donde lo importante es lo intemporal. Todo lo cual no tiene nada que
ver con la meditación trascendental fraudulenta, con ostentación de supuestos
poderes paranormales, que se ha convertido en mercancía de los modernos gurús
que trafican con la simple relajación mental y la autohipnosis. El capitalismo
aumentó la ansiedad y disminuyó hasta límites pasmosos la insolidaridad humana,
lo que provocó la abundancia de supuestos gurús y curanderos engañosos.
No es casual
que ante tal debilitamiento espiritual y el potencial incremento de las
prácticas satánicas y ocultistas, se registre una emergencia pastoral ante el
aumento de la demanda de exorcistas en el mundo y en la Iglesia Católica.
Iluminadores sobre el tema son las obras de los demonólogos y exorcistas el
Padre Emmanuel Milingo (Contra Satanás) y el Padre José Antonio Fortea (Exorcística,
Memorias de un exorcista y Summa daemoniaca). El
diagnóstico es certero: la pérdida de la fe va de la mano con el aumento con el
aumento de dicho mal. En suma, en la esencial estructura onto-ética del hombre
hay una luz particular, la llamada “chispa divina”, privativa de la humanidad.
Luz que es luz oscura en la fe y que puede ser tocada por la luz clara de Dios.
Pero que por desgracia dicha idea es actualmente pervertida y explotada por los
gurús de la meditación en la luz y el sonido interno, por la gnosis, el
esoterismo y el platillismo ufolátrico actual, que sostienen que somos seres
que evolucionamos en diferentes mundos y dimensiones, experimentando
supuestamente las diferentes regiones espirituales de conciencia. Se trata de
toda una ofensiva de última hora de una retahíla de pseudo religiones de la era
de la apostasía y de la increencia.
Por ello, no es
la filosofía ni la teología la que se encuentra más cerca de la sabiduría
divina, sino la fe. La esencia onto-ética humana está religada a Dios y por
ello puede dar lugar al crecimiento de las virtudes. Bergson, como Hegel,
representa al filósofo que aprehende el ser en su devenir, pero el devenir no
agota el ser, pues éste trasciende el devenir en lo permanente y universal. El
descubrir el sentido primario del ser evita que sólo nos hundamos en el devenir
mediante la percepción sensible y que podamos ir más allá mediante la intuición
trascendente. Ésta revela nuestra pertenencia al Ser. El filósofo, como
cualquier hombre, debe sumergirse en el mundo, porque es en el mundo el lugar
donde se ha de dar su unión ético, religiosa y pública con los Otros y con la
Otredad divina.
No obstante, el
hombre moderno habiendo extraviado el sentido del ser, de lo divino, de lo
sagrado y de su voz interior, se sumerge en la alteridad prometeica de la luz
pálida del inmanentismo autodeificante, donde impera el orgullo y la soberbia
que lo aleja de la verdad tanto en la vida como en el pensamiento.
4
ONTO-ÉTICA Y FILOSOFAR
Si la filosofía es una
necesidad existencial es porque responde a la estructura onto-ética del hombre.
Si el hombre en su existencia filosofa es porque contesta al llamado de su
propia esencia de índole filosófica. Y su responde a dicho llamado entonces el
hombre es criatura filosófica no a partir de los griegos, sino a partir de su
propia condición humana. O sea, muchísimo tiempo más atrás.
Pero cómo
respondió el hombre al llamado filosófico desde tiempos remotos. El hecho de
que la criatura humana haya contestado de distinta manera a la convocación de
la filosofía no significa incurrir en un relativismo filosófico, porque
histórico y relativo habrá sido la respuesta humana a la filosofía, pero su
llamado es permanente e invariable. Y ese fondo invariable que está detrás de
la búsqueda de la verdad es la estimación misma de la verdad.
El hombre es una
criatura filosófica por excelencia porque estima y aprecia la verdad, siente la
necesidad espiritual de la verdad desde el fondo de su ser, pero su respuesta
es variable. Y esto se dio desde la prehistoria hasta el presente. En mi libro Filosofía
prehistórica abordé la más remota manifestación del homínido. Su expresión
la denominé filosofía numinocrática, y quedó dividida en tres periodos:
pre-animista, animista y espiritualista. Y en otra obra (Teoría General de
la Filosofía) organicé la exposición en torno a tres teorías sobre el
origen de la filosofía, la saber, la Teoría restringida -origen griego-, Teoría
ampliada -hay filosofía en el mito-, y la Teoría general -filosofía como
necesidad existencia-. En este sentido distingo cinco formas que asume la
respuesta histórica ante ese fondo filosófico del hombre, a saber: la forma
numinocrática, la forma mitomórfica, la forma mitocrática, la forma logocrática
y la forma virtual.
La primera gran
forma filosófica desde la estructura onto-ética es lo numinocrático. Lo
numinoso es la primera noción de lo trascendente como lucha de la vida y la
muerte. Aquel fondo de la vida en lucha contra muerte es percibido como algo
numinoso, sagrado y misterioso. Se percibe el mundo como una extraña mezcla
entre lo que es inmanente y lo que es trascendente, en una realidad que se
presenta como numinosa. Esa idea de lo numinoso como lo sagrado en un horizonte
mental de hace dos millones de años supone una no-distinción entre un dios
personal y un dios suprapersonal, ni entre lo sagrado y lo profano, ni lo
sagrado y lo divino. Todas las manifestaciones sobrenaturales se dan en la
naturaleza y son vistas como pertenecientes a ella. Será recién en la concepción
animista donde se tendrá presente la presencia clara de un alma o un principio
vital en todos los seres, objetos y fenómenos. Lo numinoso es más bien un
presentimiento pre-animista de orden metafísico, donde lo numinoso se extiende
misterioso sobre el mundo entero. La forma numinocrática se remonta al homo
habilis, el cual muestra haber pensado sobre el sentido del mundo y de la vida
en su intensa actividad de pulido y tallado de las piedras. Brotará allí lo
filosófico no sólo como actitud sino también como aptitud. El
homo habilis pensaba y mucho, porque no sólo es el primer gran inventor, sino
el primer pensador. No tiene respuestas conceptuales ni complejas, pero
implicaban ideas que concernían al sentido mismo de la vida. El ser un gran
fabricante de herramientas es habituarse a tener el “ser a la mente”. El ente
intramundano lo lleva a avizorar el ente extramundano. No es impensable, sino
lo más probable, que la actuación de Dios (teofanías sobrenaturales) como las
del demonio (acción preternatural) estén presentes en esta temprana era
homínida, sobre todo porque es el comienzo de la era humana y el Tentador tiene
interés en introducir confusión y problemas. Es un misterio cómo respondería el
homo habilis ante aquellas manifestaciones, pero de seguro que el era capaz de
afrontarlas y dar alguna explicación estaba involucrado con la aptitud
filosófica.
Con el homo
habilis nace el ser ideal que proyectado sobre el mundo le permite un mejor
dominio del mundo. Al pensar en la forma de tallar las piedras pensaba también
en el significado de la vida y de la muerte. Con el homo habilis brota el
primer horizonte pre-animista. No sólo talló piedras, sino que elaboró un
pensamiento arcaico sobre el sentido del mundo. El homo habilis con la
invención de la industria de piedra opera un descubrimiento de tres niveles: la
existencia, la verdad y lo bueno. En el orden de la razón su intelecto
aprehende la importancia privilegiada de un determinado ente, a saber, la
piedra cortante. En segundo término, su intelecto aprehende que conoce el ente.
Y, en tercer lugar, aprehende lo que desea. Lo primero es la razón del ente, lo
segundo la razón de lo verdadero, y lo tercero la razón de lo bueno. Hay un
cuarto nivel que pertenece a lo que no puede explicar, a saber, explosiones
volcánicas, caída de cometas, cambio de clima, sequías, hambrunas, ataque de
fieras, pérdida de seres queridos, presencia de entidades sobrenaturales. Pero
lo verdadero y lo bueno están en la realidad, los encuentra en ella. Así, la
especie homínida desde los tiempos inmemoriales ha sentido esa dulcísima
eucaristía de unidad universal que es la filosofía. Está en su ser, es su ser,
como sello indeleble de una criatura destinada a conocer y sujetar el mundo con
su razón.
Para conocer la
universalidad de la filosofía es preciso cercar las huellas de la criatura
filosofante en su proceso de humanización y hominización. La paleoantropología
reserva la existencia de ideas trascendentes al hombre moderno, al homo
sapiens, luego ha reconocido su extensión al homo neandertal. Pero abundan los
animales que crean herramientas, pero no crean cultura. Por tanto, no es el
bipedismo, ni el mayor tamaño cerebral, ni la capacidad de fabricar
instrumentos, ni la posesión de lenguaje gramatical, lo que lleva a la
condición humana al pensar filosófico, sino su esencia onto-ética. La cual tuvo
que estar presente en aquellas fábricas líticas del homo habilis y sin la cual
hubiera sido imposible la tarea en común, con propósito y de manera constante.
Si hay algo de
fascinante y encantador en el homo habilis es el poder imaginárnoslo sentados
labrando lascas, sino anticipando la forma a la materia. He aquí la
manifestación de su espíritu intelectivo y racional, aquello que lo lleva hacia
la humanidad. El descubrimiento de un universal perceptual -probar el
cortante-, intuitivo -seleccionar la piedra correcta-, y lógico -tallar para
cortar- sería lo característico del homo habilis. Pero ser carroñero supone una
distinción meridiana entre lo que está vivo y lo que no lo está, es decir, lo
muerto. Lo vivo y lo muerto son las dos categorías opuestas que necesita
distinguir el carroñero homo habilis. El poder que la conferido la piedra
tallada sobre lo muerto para convertirla en medio de vida tuvo que haber labrado
un ideario sobre el sentido de la vida y del mundo.
El homo habilis no
era un autómata que descarnaba y deambula hacia su próximo carroñeo, sino que
era un ser pensante. No sólo pensó en la forma de tallar piedras, sino también
qué significaba vivir y morir. No se han hallado manifestaciones de pensamiento
simbólico ni enterramientos del homo habilis, pero ello no significa que no
hayan tenido una idea de la muerte y de la vida, o que no hayan homenajeado a
sus muertos. Pero un canto, un dibujo sobre la arena, una danza, no son
rastreables, ni dejan evidencias duraderas. Es improbable que no haya elaborado
alguna idea sobre el sentido de la existencia cuando lo que caracteriza al
hombre es justamente ello, pensar.
Aquí hallamos cómo
en la metafísica más arcaica de la humanidad la idea de la Vida debe imponerse
en su lucha contra la Muerte. En el homo habilis se daría la primera noción de
lo trascendente como lucha de la Vida y la Muerte. No vemos configurarse en el
homo habilis un mito sobre la Piedra, sino otro, sobre un dualismo básico que
gira en torno a la vida y la muerte. Ese sería el significado de dejar piedras
talladas junto a osamentas. La paleoantropología científica nos ofrece una
imagen estereotipada del homo habilis, como mero galeote del tallado pétreo,
sin el más mínimo rastro de vida espiritual. Pero la imaginación es la bisagra
entre la percepción y el pensar. Y el resultado gnoseológico es el
concepto-imagen, distinto al concepto lógico.
Esto significa que
las dos caras de la percepción están dirigidas a pensar el ser del ente
intramundano que sale al encuentro no sólo como “ser a la mano” y “ser a la
vista”, sino como “ser a la mente”, y, en consecuencia, metaempírico y
universal. Por la imaginación el homo habilis tienen el “ser a la mente” de la
piedra que requiere. Aquello no está en el mundo, pero lo estará a través suyo.
La importancia de la vida sobre la muerte para el homo habilis es el fondo
mismo de su mundo percibido. Ese fondo de vida en lucha contra la muerte es
percibido como algo numinoso, sagrado, misterioso. Lo numinoso definido por
Rudolf Otto (Lo santo) como “experiencia no racional y no sensorial o el
presentimiento cuyo centro principal e inmediato está fuera de la identidad”,
se presta de modo incomparable para describir la experiencia que tiene el homo
habilis de aquello invisible que debe continuar siendo llamado Vida y Mundo. Lo
numinoso es la manifestación más arcaica de lo sagrado y por eso es aplicable a
la experiencia del homo habilis.
El homo habilis
representa el primer periodo de la Edad de la metafísica numinocrática. No es
que tuviera la idea de lo trascendente, sino que aquello que configura la idea
de lo trascendente es lo numinoso en lo inmanente. Para el homo habilis el
mundo no es inmanente, tampoco es trascendente, es más bien numinoso, extraño y
misterioso. De entre todas las cosas extrañas le concita mayor atención la
Vida. El centro de su atención no es lo humano, ni lo inerte, sino lo vivo.
Para comprender esto se requiere una paleofilosofía presidida por una
hermenéutica metafísica.
No se puede hablar
en general de la conciencia del hombre del paleolítico sin abarcar formas de
conciencia tan disímiles como las del homo habilis, homo erectus, homo
neandertal y homo sapiens. Todas ellas tienen sus matices diferentes, sin
perder el rasgo homínido común. Identificar lo paleolítico con lo inmanente sin
ninguna clase de trascendencia aparece demasiado forzado, secularista y
racionalista. Y esto es justamente lo que intenta hacer el historiador de la
cultura Morris Berman (Historia de la conciencia. De la paradoja al complejo
de autoridad sagrada) y todo para concluir en una visión angelical del
paleolítico sin poder vertical ni religión autoritaria, donde la civilización
es responsable de crear ideología, religión y poder autoritario. Cree que los
pueblos civilizados son religiosos y no los primitivos. Se trata de una visión
maniquea de la prehistoria que termina secularizando su viuda y su pensamiento.
El homo habilis
percibe lo numinoso pero el mismo no es todavía configurado como el Gran
Espíritu en la naturaleza, no vive aun en una atmósfera animista como sucede
desde el Neandertal, sino pre-animista. El homo habilis no es un ser ontológico
como el griego y medieval, ni epistemológico como el moderno, ni nihilista como
el posmoderno. El homo habilis es un ser vital asido por lo numinoso que está
en él y en el mundo. Ello no se vierte en una preocupación cosmológica ni
antropológica, sino en una preocupación vital-existencial, asociada con el no
morir y preservar su vida. Por eso, no es cierto que las grandes preguntas
filosóficas que afectan al ser humano sólo comienzan con la escritura y el
pensar conceptual abstracto. Esta confusión conceptolátrica no entiende que el
hombre de todos los tiempos, incluido el prehistórico, siempre estuvo asediado
en su existencia y pensamiento por las preguntas límite del misterio del mundo.
Por ende, el pensamiento humano no necesita
llegar a la fase del concepto lógico para afrontar las preguntas últimas sobre
el sentido del universo. Pues el pensamiento-imagen y el pensamiento simbólico
también lo hacen. La filosofía es una necesidad existencial que brota de su
estructura onto-ética. Y las necesidades existenciales son de carácter
espiritual y no biológico, teórico, psíquico o social. La filosofía
prehistórica tiene como segundo periodo la llamada Edad de la metafísica
numinocrático-animista, propio del homo erectus de hace dos millones a 70 mil
años. Con ello adviene el animismo. Tres son los grandes avances de esta nueva
especie de hombre: cambio en la tecnología de la piedra o la llamada industria
achelense, el uso del fuego y el inicio de la caza. Todo lo cual sería una
revolución mental sin precedentes para el homínido hasta el momento.
Pero el desarrollo
de nuestra estirpe no sólo se caracteriza por el despliegue de la razón
funcional a través de las herramientas líticas, sino también por el avance de
la razón substancial y simbólica en su vida espiritual. Se va desplegando la
dimensión de su esencia onto-ética. Por primera vez lo numinoso ve adquirir una
manifestación concreta en objetos inanimados y fenómenos naturales, y ya no de
manera tan difusa como en la etapa anterior. El antropólogo E. B. Tylor (Cultura
primitiva) lo propuso como definición mínima de religión y creencia en
seres sobrenaturales. Entraña la creencia en almas, fantasmas, posesión
demoníaca, brujería y magia. Una cosa es ver un alma o un demonio y otra cosa
es creer en él. Quizá esto le faltó precisa a Tylor. El homo habilis los vio,
pero no creyó en ellos de modo diferenciado sino formando parte de un todo
numinoso indiferenciado. Cosa que cambia desde el homo erectus.
Da la impresión de
que Tylor da un salto muy brusco desde el animismo a la creencia en las almas.
El paso de la conciencia pre-animista -que ve lo numinoso de modo difuso en la
naturaleza- a la conciencia animista -que ve lo numinoso en determinados fenómenos
concretos- no implica necesariamente de golpe la concepción de la idea del alma
individual, ni la creencia definida en seres sobrenaturales. Se corresponde con
un estadio intermedio, donde la definición mínima de religión signifique la
creencia en un símbolo icónico general de relación con la naturaleza. El ser
animado o inanimado del que dice descender la tribu del homo erectus implica
una relación especial con las fuerzas naturales, animales o plantas. Se trata
de adoración de una religión de integración sin religión de servicio.
Todavía no aparece
el brujo o el chamán del que habla Claude Lévi-Strauss (El pensamiento
salvaje), sino lo que se tiene es un proto-chamán o proto-brujo, que
determina de modo grupal el tótem en cuestión. Incluso el dominio del fuego por
el homo erectus puede llevar a esta fuerza natural a una especie de adoración
totémica singular. Lo que representa un salto mental significativo. Se trata de
una filosofía numinocrática de primera instancia, o sea, adoración sin religión
de servicio, ni creencia en seres sobrenaturales, ni idea del alma individual.
Sin embargo, ello no es óbice para que el fuego pueda ser adorado en el
contexto de una religión de servicio, como parece haber ocurrido en la plaza
central de la pirámide de Caral.
El animismo de
primera instancia es la apertura de un mundo mágico con proto-brujos y
proto-chamanes, y esto se puede afirmar en contra de las ideas de Frazer (La
rama dorada). El proto-mago fue el filósofo numinocrático del homo erectus
por milenios. El animismo no alumbra de inmediato la idea del alma individual
después de la muerte. Esta idea compleja requiere una separación más nítida
entre el mundo trascendente y el mundo inmanente, lo cual está ausente en el
homo habilis y el homo erectus. Las visiones en el sueño del hombre muerto no
llevarían al homo erectus de forma inmediata a concebir la existencia del alma
después de la muerte. Esta idea compleja requiere una separación más nítida
entre el mundo inmanente y trascendente. Lo cual no aparece con el homo
erectus. Con él no finiquita la filosofía intuitiva numinocrática, la que se
expresa con conceptos-alegóricos y no mediante conceptos-representativos. Pero
los conceptos alegóricos son transreales, van más allá del mero sentir y es
identificación del alma con las fuerzas creadoras de la vida.
El tercer periodo,
y final, de la filosofía prehistórica la denomino Edad de la metafísica
numinocrática espiritualista, corresponde al hombre neandertal y se extiende de
230 mil a 28 mil años A.C. Con el homo neandertal adviene el descubrimiento del
espíritu y del alma, como entidades sobrenaturales presentes en el mundo. Es
una instancia superior en la concreción de la experiencia numinosa del hombre
prehistórico. Ya no se trata de la metafísica perceptual-imaginativa de lo
numinoso como lo sagrado difuso del homo habilis, ni de lo numinoso como
metafísica intuitiva de lo sagrado concreto en el tótem del homo erectus, sino
de lo numinoso como metafísica de lo sobrenatural que está en el mundo. De este
modo se abre paso a la idea trascendente del alma y los seres espirituales.
El paleolítico
inferior culmina con éxito evolutivo del homo erectus. Ahora la exégesis del
pensamiento simbólico del neandertal se ha dividido en dos frentes: la
inmanente naturalista y la trascendente sobrenaturalista. De ahí que el llamado
arte prehistórico rupestre sea más bien canal de comunicación chamánica con las
fuerzas sobrenaturales, tal como últimamente lo ha expuesto Jean Clottes y
David Lewis-Williams (Los chamanes de la prehistoria). Su pensar
estético es pensar metafísico-religioso. Representar lo sagrado como mera
inmanencia sin trascendencia no requeriría de tanto rito, se lo abandonaría en
el campo, la estepa o en la cueva sin mayor detalle. Algo tuvo que cambiar en
la idea misma de lo sagrado en el neandertal. Y ese algo fue la profundidad
metafísica de lo numinoso. Todo indica que así surge la idea del alma, del
espíritu. Esta idea no es la primera idea metafísica del hombre prehistórico,
sino que es un salto cualitativo como criatura metafísica dentro de la especie
humana. Con el Neandertal la especie humana expresa su capacidad para percibir
lo sagrado separado de lo inmanente y profano.
El cuarto periodo
de la filosofía prehistórica es la Edad de la metafísica numinocrática
mitomórfica y corresponde al hombre moderno Cromañon del paleolítico de 40 mil
a 10 mil años A-C. La filosofía del paleolítico inferior con el homo habilis y
el homo erectus, y la del paleolítico medio con el homo Neandertal, está
signada por una metafísica de la presencia que se deriva del sentimiento de
unidad con la totalidad de lo viviente, muy propia del periodo de la religión
de integración. Pero la filosofía del paleolítico superior con el nuevo hombre
moderno, encarna la decadencia de la metafísica de la presencia y del
sentimiento de unidad con la totalidad de lo viviente y su reemplazo por una
metafísica de la evocación, que brota del sentimiento cósmico de alejamiento
respecto a la totalidad de lo viviente.
No otra cosa
representa las figurillas femeninas de las Venus líticas, como objetos mágicos
para asegurar la fertilidad y la fecundidad, y la conversión de las cavernas en
catedrales o santuarios para pinturas rupestres evocativas. Es el comienzo del
fin del sentimiento de unidad con el todo y su sustitución con la evocación
chamánica y mágica. El nuevo hombre moderno del paleolítico superior echó las
bases de la filosofía mitomórfica del chamanismo que imperará durante el
mesolítico y el neolítico y que echará las bases de la religión de servicio.
El punto final del
paleolítico superior será la revolución mesolítica -hace 10 mil años-. Durante
este periodo y con la llegada del clima templado advienen los bosques, nace el
sedentarismo, amaina el nomadismo, pululan las aldeas, el dominio de animales,
el perro se vuelve en fiel mascota del hombre, y se produce la expansión
demográfica. La revolución neolítica se gestó en los avances tecnológico del
mesolítico y transformó la forma de vivir. En realidad, los periodos mesolítico
y neolítico son considerados como las partes finales de la Edad de Piedra. Pero
el fin de la prehistoria abarca la Edad de los Metales (Cobre, Bronce, Hierro).
Pero mesolítico y neolítico son parte del desarrollo de este nuevo hombre
moderno del paleolítico superior.
Por tanto, se
justifica mencionar que el hombre moderno durante el mesolítico inventa el arco
y la flecha, su vida es sana y relajada, trabaja dos horas al día, tiene mucho
tiempo para pensar. Lo numinoso prístino de sus congéneres arcaicos ha empezado
a desvanecerse. Aquel sentimiento de unidad con la totalidad de lo viviente se
está apagando y necesita existencialmente recuperar la seguridad en el mundo
supliéndolo con algo que le devuelva la tranquilidad y confianza. Entre todas
sus invenciones la más decisiva será la del arte totémico-chamánico. Los
pueblos paleolíticos no buscaban trascender en el más allá, sino atar el más
allá en el más acá. Experimentaban que se les escapaba de la vida inmanente
algo que se les aparecía como vida sobrenatural. Estaban viviendo la tensión
entre lo profano y lo sagrado en su grado máximo, que llevaría hacia la ruptura
entre lo inmanente y lo trascendente. Así, las Venus paleolíticas no son
simples ídolos ni amuletos de la fecundidad, sino que representan la virtud mágica
de la procreación.
Esta magia
propiciatoria del paleolítico superior duró 30 mil años y no se repitió.
Ajuares funerarios, amuletos, santuarios, señalan una criatura metafísica
asediada por preguntas que atañen al sentido último de las cosas. Detrás del
fenómeno religioso está el fenómeno filosófico, lo mágico-totémico se deriva de
esta condición humana de filosofar como necesidad existencial. Finalmente, al
concebir la filosofía como una forma de vivir en busca de sentido antes que,
como una forma de conocer, muestra es que el problema raigal de la razón humana
no es lógico sino ontológico-moral.
La segunda gran
forma filosófica desde la estructura onto-ética es lo mitomórfico. Allí culmina
la religión de integración de la prehistoria, aún cuando sobreviva en los
pueblos primitivos actuales. Caracterizada por la apertura de diferencia
metafísica entre lo profano y lo sagrado. Lo protagoniza el chamanismo
mistérico con poderes paranormales reales. Es sabiduría de lo divino y lo
demoníaco. Es búsqueda deliberada del éxtasis. Constituye la primera indagación
por el ser del ente. Lo suprasensible predomina. Es logos participativo. Se
busca la manipulación mágica y horoscópica del destino. La experiencia de la
muerte cobra importancia fundamental. El descenso al infierno y el ascenso al
cielo se convierte en técnica extática. El reino de lo metafísico y espiritual
está en primer plano. Se razona con ideas sin conceptos. Aparece con el
Neandertal, pero se desarrolla con el Cromañon. El hombre prehistórico y
arcaico del paleolítico superior filosofía bajo la forma de la filosofía
mitomórfica. Pues, lo mitomórfico al abrir la diferencia metafísica entre lo
profano y lo sagrado lo que hace es inaugurar la diferencia metafísica entre el
Ser y el mundo físico. La Naturaleza visible o la physis sensorial no agota la
realidad y oculta la naturaleza invisible o la physis espiritual más allá del
tiempo y del espacio de los sentidos externos. El contenido del filosofar
mitomórfico gira en torno de la palabra performativa, la mántica, lo
horoscópico, escatológico, oracular e iniciático. Lo mitomórfico es horizonte ontológico
de lo sagrado y del misterio en el chamanismo. En el mundo arcaico se indagó
filosóficamente viajando por el cosmos espiritualmente, los fenómenos y poderes
paranormales abundan, y entre ellos los de bilocación, levitación,
precognición, psicovisión, clarividencia, visión de fantasmas. Por ello, la
filosofía mitomórfica se constituyó en su forma primordial como teoría del
destino.
Si la filosofía
mitocrática, propia de las altas culturas y civilizaciones antiguas, es un
saber de los entes divinos, la precedente prehistórica filosofía mitomórfica
del chamanismo es un saber del ente sagrado. El éxtasis chamánico es éxtasis
natural de carácter artificial, inducido pero real. Para Mircea Eliade (Iniciaciones
místicas) el consumo de alucinógenos muestra un “estadio degenerado” del
fenómeno chamánico, porque intenta lograr en “lo real” un viaje místico que se
realiza en lo imaginario. Es más que probable, tal como testimonian ciertos
chamanes del Amazonas, que el chamanismo neandertal y homo erectus se diera sin
alucinógenos. El chamanismo es la forma arcaica del filosofar, entendiendo
siempre la filosofía como búsqueda de respuestas últimas de la realidad, ya sea
mediante lo sagrado arcaico, el mito ancestral o mediante la razón griega. Es
decir, la filosofía es universal y multiforme, cambia de forma, pero no de
contenido. Lo que significa que el logos humano no sólo es conceptual
sino también participativo, el cual es un ver y oír por encima de la
conceptuación. Si el filósofo ancestral mitocrático corre tras la indagación
del destino, por su parte el filósofo arcaico corre tras la manipulación mágica
de dicho destino. Y todo esto responde a una determinada capacidad de
participar en la epifanía del ser. La arcaica idea sin concepto, el ancestral
concepto-imagen, el heleno concepto-lógico, y la monoteísta idea suprarracional
de la fe, son capítulos ontológicos de la epifanía del ser.
El tema central es
que la muerte no concluye con el enterramiento del difunto, sino que se hace
presente con un rico material onírico que se acentúa en los chamanes, magos,
brujos y hechiceros o en los hombres visionarios de la prehistoria del
paleolítico superior. Sería en ellos en que el material onírico aparece no como
un elemento psicológico, sino de una fuente extramental. Esta fuente
extramental se referiría a mundos sutiles de los muertos, ángeles, demonios,
semidioses y dioses, que universalizan la experiencia humana de la vida hacia
realidades que explicarían la ruptura de lo histórico con lo ontológico. Esta
experiencia desde la vida hacia la muerte y desde la muerte hacia la vida
constituye el horizonte mitomórfico que precede al horizonte mitocrático y al
horizonte lógico. Concebir la idea de la muerte es un acto de la mayor
complejidad. No sabemos con exactitud cómo era, pero se puede columbrar que
representa en el hombre un acto espiritual que trasciende la naturaleza y tiene
una función metaempírica. Si naciera de un acto biológico instintivo, entonces
habría animales efectuando entierros, oraciones y ritos funerarios. Los
animales “están” en el mundo, pero el hombre “es” en el mundo. Por ello, el
hombre siente el Ser no sólo en su ser sino en todos sus congéneres y en el de
otras especies.
Esta es otra razón
para poner en cuestión la filosofía del “estar” del hombre americano de Rodolfo
Kusch (América profunda). Esto es un signo que indica que el hombre
pertenece al reino de lo metafísico y lo espiritual, porque su ser no sólo está
en el mundo, sino que es en el mundo. El enterramiento del
Neandertal es la primera evidencia de modalidad ontológica postmortal y post
personal. Captó intuitivamente la primera idea metafísica de la historia: la
idea del alma.
La tercera gran
forma filosófica desde la estructura onto-ética es lo mitocrático. La filosofía
mitocrática es propia de las primeras grandes civilizaciones, justamente de las
que inventan la megamáquina del Estado. Lewis Mumford (El mito de la máquina)
con acierto destaca que es engañoso considerar invención sólo a los artefactos
mecánicos, pues la primera invención del hombre y la más importante, ha sido el
mundo simbólico de la cultura. Y en este sentido, arte, filosofía y religión
han ido por delante de todo lo útil e instrumental. En las civilizaciones
antiguas la esencia de su pensar es el mito, la misma que se explaya en las
religiones de servicio del politeísmo. La metáfora posibilita la visión
filosófica. Predomina el logos mítico. El Mito se convierte en la forma
explicativa que tiene la razón para dar cuenta del mundo. Está imbuida de
imaginación y religión. Está centrada en la multivocidad y plurisignificación.
Su saber está en función de la armonía del cosmos.
Esto abate la
definición monocultural de filosofía de la cultura moderna. Su comprensión es a
través de imágenes metafóricas. Es central la intuición religiosa de lo
absoluto, aun cuando dicho absoluto esté rodeado de deidades menores. Esa forma
de religión se llama henoteísmo. El hombre mitocrático es el pastor del ser
mediante el símbolo. Está asido por el anonadamiento ante el Todo divino. Pero
tiene la experiencia de la necesidad cósmica, por lo que su deidad suprema no
es libre, sino que está sometida a un necesitarismo cósmico universal y a
ciclos de regeneración del universo. Se trata de un hombre eternalista dentro
del eterno retorno. Tiene preferencia por la intuición mística. Predomina el
absoluto dinámico o sometido al devenir universal. Su logos es estetizante.
Unidad y Multiplicidad aparecen compatibilizados. Se vive rodeado de alteridad.
Y domina el principio de traducción multívoca junto a la armonía de los
contrarios.
Lo que hace
posible llamar “filosofía” al pensamiento mitocrático es la justificación de
que lo metafórico, analógico, multívoco, polisémico y alegórico del mito
permite postular una visión total y última de las cosas. Lo mitocrático no deja
de ser lógico, y, por tanto, los principios lógicos siguen siendo los mismos,
pero la hegemonía no la tiene el principio de no contradicción, cosa que ocurre
desde Parménides y lo consagra Aristóteles, sino que dichos principios lógicos
se subordinan al principio de la armonía de los contrarios. Cosa que hace
posible el pensamiento metafórico, analógico, multívoco, polisémico y
alegórico, los cuales permiten con toda pertinencia postular una visión total y
última de las cosas. Es decir, permite alcanzar un pensamiento filosófico en
términos míticos.
El mito es otra
forma que tiene la razón para dar cuenta con sentido de las cuestiones últimas
de la existencia y del mundo. El pensar metafórico y simbólico mitocrático
ciertamente imbuido de imaginación, pero parte de una base empírica que no se
desliga de las creencias religiosas. Aun cuando los principios lógicos de la
mente humana sean los mismos, sin embargo, el principio lógico ancestral
dominante es el principio de contradicción o armonía de los opuestos. Se trata
de un tipo de pensar que muestra una estructura isomórfica mediante la
aplicación de un principio que podemos llamar “principio de traducción
multívoca”. Mientras la lógica formal es el alma de un tipo de pensar que se
maneja con el “principio de traducción unívoca”, por otro lado, existe una
lógica heterogénea que preside el tipo de pensar que se maneja con el
“principio de traducción multívoca”. Según este principio existe un orden
representativo de carácter abierto, de múltiples significados, que posee
relaciones de ordenación iguales a las que posee el hecho misterioso expresado.
La forma lógica del filosofar mitocrático y de la religión rebasan la hegemonía
del principio de identidad y no contradicción, y van hacia la armonía de los
contrarios.
Ni la metáfora, ni
la alegoría son un obstáculo para el pensar filosófico, pues la filosofía se
expresó arcaicamente bajo estas formas. La diferencia entre filosofía y
religión recién madura con el mayor dominio del mundo a través de la revolución
agrícola. El horizonte del preguntar filosófico se modifica por la pregunta por
el ser del ente como oposición del espíritu a la physis. Si en edades
anteriores la trascendencia se revela como totalidad, ahora se muestra como
principio o arjé superior y organizador de la naturaleza. Esta
percepción de dos tipos de realidades -el ser y el mundo físico- va emergiendo
paulatinamente desde el homo Habilis hasta madurar en el homo Neandertal y el
Cromañon. Por ello, la tesis de Heidegger que borra la diferencia entre ser y
physis no se condice con la maduración de la mentalidad homínida. La expresión
acabada de la distinción entre Ser y physis la presentará Parménides en su
famoso Discurso. La diferencia más notable que presenta Parménides con
sus remotos antecesores es que identifica el Ser con lo permanente y la physis
con la ilusión empírica.
La cuarta gran
forma filosófica desde la estructura onto-ética es la logocrática. Con los
griegos, especialmente con Parménides, adviene la filosofía logocrática bajo el
imperio del concepto lógico presidido por el principio de identidad y no
contradicción. Su cuna es mitológica, tanto que vemos a Jenófanes despotricando
contra ella. Impera el uso de la razón lógica. Lo racional es lo comunicable.
La razón es concebida como fundamento. Y así tenemos hasta aquí tres
significados históricos de la filosofía. Por su naturaleza: se supone un origen
divino o un origen humano. Por su finalidad: es contemplativa o activa. Por su
saber: sintético-divina o analítico-humana. La filosofía logocrática como
imperio del concepto lógico está expresada en la definición tradicional de
filosofía como aquel saber que es concebido como producto típico de la
tradición occidental, que surge en las colonias griegas del Asia Menor, en la
Jonia, con manifestaciones bien definidas de un pensamiento que propone una
explicación de la naturaleza y de la vida sobre bases racionales.
Pero mientras el
“concepto griego” es una realidad a la vez de dos dimensiones -ontológica y
epistémica- el concepto moderno lo será exclusivamente epistémica. La filosofía
logocrática conoce dos etapas bien definidas: primero, como metafísica de las
esencias (Grecia), y, segundo, como metafísica de la representación subjetiva
(Modernidad). Donde la esencia se reduce a lo mental y a lo empírico. A esto
podríamos añadir un tercero, a saber, como metafísica del deseo subjetivo
(Posmodernidad), en el que lo mental y lo empírico responde a la voluntad de
poder del deseo individual. Tampoco esta definición encuentra dificultades en
admitir que la cuna de esta reflexión es ese pasado religioso, las antiguas
mitologías, conocida más comúnmente por el mal llamado nombre de pensamiento
prefilosófico o pensamiento mítico. Los griegos fueron los primeros en usar la
razón de manera sistemática, en sentido lógico y ontológico para alcanzar el
conocimiento de la realidad. Pero no hay acuerdo unánime sobre lo que significa
el término “Razón”. Se señala que una de las grandes diferencias que existe
entre el concepto griego de razón y el concepto hindú es mientras para el
primero lo que no es comunicable no es racional, para los segundos la razón nos
comunica conocimientos inefables. Lo común es que en ambos el mundo es
presencia del ser, lo diferente es que en Oriente lo suprarracional es inefable
y el Occidente es Aleteia o desocultamiento por la razón.
También se admite
que si el mito era considerado como fundamento último que permitía comprender
el origen y estructura de la realidad, con los griegos el nuevo fundamento será
la razón, cuyo análisis permitía descubrir lo permanente tras lo transitorio. La
filosofía logocrática culmina con la hegemonía de la subjetividad y de la
objetividad junto con la conversión del mundo en representación. Esta situación propia de la modernidad tuvo
su preludio en los escépticos griegos de la gran crisis de la razón durante la
helenística romana. Con acierto Víctor Brochard (Los escépticos griegos)
señala que el escepticismo al negarse a especular sobre la cosa en sí, negar
que se pudiera alcanzar la verdad, el conocimiento y la ciencia, fue precursora
de la ciencia moderna, aunque sólo presintieron y no crearon el método
experimental. Aunque parezca contradictorio fue la filosofía de la Edad Media
la que restauró los fueros de la razón, al emplearla intensamente para
demostrar las verdades sobrenaturales. Por ello E. Gilson (La filosofía de
la Edad Media) sostiene que la filosofía de dicho periodo se caracterizó
por ser la conquista de la razón y Bréhier (La filosofía en la Edad Media)
la caracteriza como una filosofía de la libertad frente a las filosofías
antiguas de la necesidad cósmica.
Ahora bien, para
Heidegger la conversión del mundo en representación es olvido del ser y de la
diferencia ontológica, ante lo cual plantea volver a los presocráticos para
recuperar el mundo como presencia del ser. Su solución anacrónica y
antihistórica se fundamenta en una visión secularizada del ser. Pues no se
trata de salir del mundo como imagen, ni de volver a cualquier otra etapa
pasada de la filosofía, sino de reconocer el fondo suprarracional de la razón,
reconciliando el logos humano con el divino.
La onto-ética y el
filosofar señalan que la filosofía tanto en su forma como en su contenido está
en relación con la base estructural humana, aún cuando su manifestación esté
condicionada por su tiempo. En su forma porque es una manera epocal de ver el mundo
desde una misma base esencial. En su contenido porque el llamado por la verdad
permanece inalterable a través de los tiempos. Dicho llamado a la verdad
incluso puede ser desoído, pero no puede ser eliminado.
El hombre es un
ser advocado a la verdad por la naturaleza de su propio ser. El ser del hombre
no es solamente existencia, sino que es una existencia en la verdad. Por ello
es un ser ínsitamente ético. En él no se puede dar una separación entre ética y
ontología sin daño de su propio ser. Al serlo no puede dar la espalda a su
advocación por la verdad. No es que la verdad sea humana, sino que la verdad se
abre al hombre porque el hombre es una criatura espiritual. Lo espiritual eleva
al hombre hacia lo universal, inteligible, verdadero, absoluto y supremo. El
hombre es el ser que busca la verdad justamente porque no la tiene realizada,
sino señalada, pero la percibe, la atisba y oye su llamado.
5
Colofón
La filosofía como onto-ética
señala que el hombre es una criatura filosofante porque es una trascendencia en
la inmanencia. Es un ser metafísico entregado desde el principio a la intuición
metasensible de lo inteligible. El planteamiento de una estructura onto-ética
se enmarca en una metafísica trascendentalista donde la sustancia y esencia de
los seres finitos participan del Ser sin enajenarse.
El hombre es un
buscador de la verdad porque su esencia misma está advocada a la verdad. Si la
filosofía es una necesidad existencial es porque responde a la estructura
onto-ética del hombre. Si el hombre en su existencia filosofa es porque
responde al llamado de su propia esencia de naturaleza filosófica. Su potencial
filosofante está en la estructura onto-ética de su ser. Esencia que no se agota
en la temporalidad, sino que apunta a lo eterno, universal y verdadero. Y por
eso es un ser cuyo existir se dirige al Ser. Nada indica que la existencia
humana fuera del tiempo signifique el fin de la historia. Su esencia onto-ética
cubierta por la gloria santificante no suprime la búsqueda por la verdad del
filosofar, sólo que se dará más unida al amor de Dios. La fe no suprime la
razón, al contrario, la transforma y perfecciona. En la nueva dialéctica el
inmortal espíritu filosofante humano verá verdades más esenciales y vivirá para
comprenderlas. En la otra vida no se suprime la filosofía, se la vivirá con mayor
intensidad, profundidad e íntimamente unida al amor de Dios.
Bibliografía
Agamben,
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CUADRO
N°1
LA PREGUNTA NO EUROCÉNTRICA
¿Es Grecia la medida de toda filosofía posible?
PREGUNTAS COLATERALES
1. El concepto
tradicional de filosofía lo identifica con la forma lógica conceptual
2. Sin embargo, ¿sólo
bajo el concepto lógico se puede filosofar?
3. ¿Existió y es
posible una filosofía simbólica, mítica y metafórica?
4. ¿Acaso la
tradición filosófica oriental no enseña que el hombre se pregunta por el
fundamento del mundo mediante el concepto puro de la lógica, sino también
mediante el concepto-imagen del mito?
5. ¿Tiene el asombre
filosófico sólo una respuesta conceptual o también tiene una respuesta
simbólico-mítica?
6. ¿Es acaso la
filosofía un asunto exclusivo de conceptos lógicos cuando, al contrario, tiene
mucho de empresa personal, dramatismo, novela y angustia existencial?
LA RESPUESTA
MITOCRÁTICA
7. La tesis de
filosofía mitocrática gira en torno a la idea que la humanidad ancestral
respondió a las preguntas fundamentales del cosmos mediante el Mito.
8. El Mito es la
forma alegórica de la razón para responder a las preguntas últimas del mundo.
9. Superar la noción
monocultural lógica de la filosofía significa comprender que se filosofa
mediante la razón lógica y también por la razón mítica.
10. La filosofía
mitocrática afirma que el filosofar mítico es también lógico, pero no regido
por el principio de identidad ni el de contradicción, sino el de la armonía de
los contrarios.
11. Es decir, el
término filosofía es de origen griego, pero su contenido es transcultural
porque concierne al misterio de la condición humana.
12. El hombre mismo
es una criatura filosófica no por accidente cultural, sino por la constitución
esencial de su ser.
13. El hombre es la
criatura racional que vive y piensa asediado por la desconcertante oquedad de
su existencia, y dicha experiencia radical existencial constituye la condición
ontológica del filosofar.
14. La filosofía
mítica opera mediante símbolos, metáforas, es intuitiva antes que discursiva,
es lógica analógica antes que lógica de no contradicción.
15. El logos del mito
es posible porque la razón misma no tiene una lógica privilegiada para pensar,
sino que el ser inteligente emplea lógicas diferentes en diferentes
situaciones.
16. La filosofía
simbólica sería el conjunto de ideas sin concepto identitario que representan
el objeto mediante las reglas de la analogía.
17. El muro complejo
de la cultura moche lleno de símbolos es un ejemplo de ello. Otro es el Retablo
de Juan Santa Cruz Pachacuti y la chakana andina.
18. La mirada
simbólica del mito es el originario vistazo filosófico del hombre ancestral
para dar cuenta de lo inefable, misterioso e inasible del mundo.
19. Comprender la
filosofía simbólica del mito exige una hermenéutica remitizante que rehace el
mito símbolo y el mito explicación, ilumina el pensar simbólico y da pie para
distinguir entre la filosofía mitizante y el mito filosofante.
20. El mito no
solamente da qué pensar a la filosofía, sino que la propia filosofía no existe
sin presupuestos. Por lo cual una hermenéutica desmitizante de la sospecha es
insuficiente para comprender el hecho filosófico sin la ayuda de una
hermenéutica remitizante.
21. La indagación
filosófica exige tanto comprender para creer como creer para comprender.
22. Es preciso
abandonar el plano de la verdad sin fe para comprender la filosofía mitocrática
del símbolo.
23. Y el símbolo
supremo de la verdad con fe del pensar mitocrático es el Absoluto dinámico de
la armonía de los contrarios. Mientras que el del pensar monoteísta revelado es
el Absoluto estático del principio de identidad.
24. El filosofar
mitocrático es: alegórico, metafórico, poético, estético, analógico, intuitivo,
escatológico, mántico, onírico, pático y cósmico.
25. En una palabra,
la filosofía mitocrática es intuición y teoría simbólica del destino. Es
filosofía oracular.
LIBRO SEGUNDO
Teoría General
de la Filosofía
Sinopsis
Hay tres teorías del origen de la filosofía: la
teoría restringida (origen griego), la teoría ampliada (origen en el mito) y la
teoría general (origen desde la prehistoria). La Filosofía ampliada permite
apreciar su multivocidad, multiformidad y polaridad en su manifestación
histórica, a la vez que comprenderla como una necesidad existencial de la
criatura inteligente humana.
PRÓLOGO
|
D |
ice la enseñanza
tradicional de la filosofía que su origen es el paso del mito al logos. Lo cual
es un profundo error que restringe la comprensión de su origen, la profundidad
de su naturaleza y la amplitud de su alcance.
Hay
filosofía en el mito y lo hay en gran estilo. La diferencia estriba en que la
filosofía mítica no se guía por el principio de no contradicción sino por el de
la armonía de los contrarios. Mientras que en la filosofía del logos sucede a
la inversa. Incluso se puede hablar del logos metafórico y analógico en la
filosofía mítica. Y de la misma forma del Mytho identitario y no contradictorio
de la filosofía del logos. Pero esta diferencia entre filosofía logocrática y
filosofía mitocrática nos conduce hacia el sentido multívoco y polimórfico del
filosofar, porque en el fondo se trata de la situación existencial de la
condición humana. Lo cual lleva a pensar en una filosofía mitomórfica en el
paleolítico superior y una filosofía numinocrática en el paleolítico inferior.
Ese sería el cuadro completo de una Teoría general de la filosofía y esa sería
la novedad que se ofrece en el libro.
Otros
me han antecedido en el planteamiento de un modo de filosofar distinto al
occidental -León Portilla y la filosofía náhuatl, Placide Tempels y la
filosofía bantú, Paul Radin y la filosofía del hombre primitivo, Alwin Diemer y
la filosofía africana, Suzuki y la filosofía oriental, Raimon Panikkar y la
filosofía de la India-. Algunos enfatizaron la presencia de la filosofía en el
mito como Schelling, G. Gusdorf y P. Ricoeur. Mientras que K. Jaspers subrayó
que Grecia no es el único origen del filosofar. Por su parte, los
postestructuralistas se las emprendieron contra el filosofar logocrático. Pero
ninguno se percató que hay tres teorías de la filosofía: la restringida -origen
griego-, ampliada -presente en los mitos- y general -abarca desde la prehistoria-.
Ante este rico y diverso panorama la teoría que presento viene a ordenar el
origen del filosofar, explicar su naturaleza y ofrecer una comprensión distinta
de la razón.
Por
ende, lo que aquí presento es una exposición sintética y sistemática de mi
Teoría General de la Filosofía que está desarrollada en mis diversas obras
anteriores.
Para
mayor orientación, detalle y profundización el lector puede también revisar mis
siguientes obras:
Eurocentrismo
y Filosofía prehispánica
Racionalidad
filosófica del Perú antiguo
Los
Amautas filósofos
El
Inca Garcilaso como filósofo
Filosofía
mitocrática y filosofía logocrática
Filosofía
mitocrática andina
Religión
y misticismo prehispánico
Búsquedas
actuales de la filosofía andina
Ensayos
de filosofía mitocrática
Las
filosofías marginadas
Filosofía
mitocrática y mitocratología
Crítica
de la razón mística
Hermenéutica
remitizante y filosofar mitocrático
El
absoluto dinámico precolombino
El
Dios ordenador andino
¿Existió
filosofía en nuestra América andina?
Corpus
filosófico andino
Filosofía
mitomórfica del chamanismo
Filosofía
como necesidad existencial
Filosofía
prehistórica.
No
será nada difícil para el lector atento advertir que recién con la publicación
de mi filosofía prehistórica arribó a mi mente la idea de una Teoría general de
la filosofía (TGF). Pues, lo conseguido hasta el planteamiento de la categoría
de la filosofía mitocrática sólo me permitía avanzar más allá de la difundida
teoría restringida del filosofar e ir hacia una teoría ampliada. Es decir, sólo
me ponía en pie de ruptura con el etnocentrismo eurocéntrico. Había llegado a
descubrir en el campo de la metafilosofía las denuncias que Foucault hacía en
el etnocentrismo filosófico y Derrida con la deconstrucción del logocentrismo.
Pero lo que realmente fue el peldaño que me permitió atalayar más profundamente
en la esencia y formas del filosofar fue indagar sobre la filosofía mitomórfica
del chamanismo. La obra dedicada a este tema constituyó la bisagra hacia la
formulación de una teoría general del filosofar. La cual sólo pudo hacerse
nítida al escribir sobre la filosofía prehistórica. Por eso, en realidad, la ruptura
definitiva con la hegemonía del logocentrismo y del eurocentrismo etnocéntrico
acontece cuando se fundamenta la Teoría general de la filosofía.
De
modo que se trata de una visión épica de la filosofía, donde su recorrido
histórico hace vislumbrar que la razón filosófica existe no por los hechos ni
por las ideas, sino porque existe una razón universal que es fuente de las
verdades necesarias y que es obra de la inteligencia divina. Y con esto estoy
ya instalado en el terreno de un neoescolasticismo, siempre alejado del
naturalismo y la secularización filosófica.
Cada
cultura y civilización tiene la filosofía que merece. La filosofía se encuentra
presente desde la prehistoria. Acompaña a la especie homínida en su desarrollo.
Y comienza no sólo desde que se experimenta el asombro sino también la
compasión. Cuidar de un congénere herido encarna un sentimiento de simpatía
cósmica que amplía moral y ontológicamente el sentido del ser. De modo que no
es verdadero que la filosofía no existe más que en su forma logocrática. Así,
puede decirse que la filosofía está presente en el horizonte social de la
Prehistoria como un hecho mágico cotidiano, en el mesolítico como un hecho
estético-curanderil, en el neolítico como un hecho mitocrático, para terminar,
abriéndose paso con la Edad de los Metales como un hecho conceptual.
Todo
lo cual ha supuesto mutaciones profundas por las que atraviesa la filosofía en
su manifestación. Desde el mesolítico la filosofía perdió su función de
revelación para convertirse en invocación. Luego se vuelve narrativa con los
mitos. Finalmente, desde Parménides la filosofía queda atrapada en la lógica
del concepto y ligada en la Modernidad a la verdad representativa del mundo.
El
cristianismo lejos de ser una vuelta a hacia alguna forma anterior de la
manifestación filosófica representa la síntesis entre fe y razón, por la cual
la lógica del concepto se subsume a la lógica de lo real. No obstante, la
modernidad llevando hacia las últimas consecuencias la lógica del concepto y la
validez de lo empírico puso a la filosofía como mero sucedáneo de la ciencia o
del lenguaje. Nunca estuvo la filosofía en mayor peligro como ahora. Pero, bien
visto, se advierte un estrechamiento de su horizonte que va desde su libre
errabundez mágica en la prehistoria hasta su aniquilamiento que supone su
internamiento de las universidades modernas. Mientras la universidad medieval
era una comunidad del saber, en cambio la universidad moderna es el descoyuntamiento
del saber en multitud de especialistas y especialidades. En otras palabras, la
filosofía ha sufrido el agostamiento de la forma estructurada de su
experiencia. Su primera segregación acontece no en el
mago prehistórico, donde la experiencia numinocrática es muy extendida, sino en
el chamán del mesolítico, que concentra la comunicación con los espíritus.
Luego adviene su segregación con la clase
sacerdotal de la era mitocrática. Y su exclusión comienza en las
escuelas griegas, lo que con los siglos va a dar lugar al internamiento académico, por razones de especialización de la
disciplina, en un mundo moderno dominado por la ciencia y el racionalismo. Es
la mutación en la forma estructurada de la experiencia filosófica.
Es
por eso por lo que ningún concepto previo de filosofía podrá desempeñar un
papel organizador en nuestra mirada retrospectiva. De nada sirve encerrarnos en
el monólogo logocrático, mitocrático, mitomórfico o numinocrático de la
filosofía. Parecido al periplo que emprende Foucault en el análisis de la
locura, se trata aquí de emprender la arqueología de la filosofía, pero no para
arribar a las desoladoras playas del relativismo epistémico. Menos se trata de
emprender una deconstrucción derridiana que se engolfa en un pathos escéptico.
Nada de eso. Las diversas figuras de la filosofía no sólo tienen su verdad,
sino que son parte de la verdad misma, que trasciende el logos del hombre y
que, a su vez, se halla posibilitada por una Razón Universal que la hace
posible. Y esa Razón Universal es la luz del Dios personal, verdadero origen de
la sed de infinito, ansia de verdad y de las ideas generales y universales. La
relación de la especie humana con la verdad universal existe no por los hechos
ni por las ideas, sino porque existe la razón universal de Dios.
Mi
ruptura con el paradigma eurocéntrico de filosofía acontece en 1998 en mi libro
Eurocentrismo y filosofía prehispánica. Y aún no la
denominaba, como ahora, Teoría restringida. Doce años después sistematizo la
categoría de lo mitocrático en Filosofía mitocrática y mitocratología. Más no veía el
panorama completo y pensaba que todo culminaba en una Teoría ampliada.
Entonces, recién con mis obras Filosofía como necesidad existencial y Filosofía prehistórica, veintitrés años después, advierto que existía
una Teoría General de la Filosofía. Fue un largo camino.
Parte I
Las Teorías del Filosofar
LA TEORÍA RESTRINGIDA
SUMARIO: Definición. -Origen único. -Paso del mito al logos.
-Función del mito. -Características del logos. -Hermenéutica desmitologizante.
-Lo que la cosa “es”.
1. Llamo Teoría
restringida a aquella que sostiene que el origen de la filosofía es Grecia.
2. Es más, esta
teoría académicamente admitida en el orbe occidental piensa que Grecia es el
“único” origen del filosofar.
3. De esta manera
esta teoría concibe que la filosofía es el paso del mito al logos. Logos como
preeminencia del concepto lógico que preforma lo real. Lo que da comienzo al
reemplazo del símbolo por el signo y el imperio de los signos dará lugar a la
orgía del convencionalismo.
4. Considera que el
Mito cumple la triple función de explicar, socializar y cohesionar socialmente
recurriendo a metáforas y símbolos. Opone el concepto lógico como instrumento
más preciso de descripción de lo real. Lo que deriva hacia el esquematismo, la
economía del lenguaje conceptual, y a la función estabilizadora del lenguaje.
5. Estima que el
Logos se basa en argumentos, razones, hechos y leyes universales y necesarias.
Pero en realidad el paso del mito al logos describe dos funciones distintas del
lenguaje. Y por ello, es el paso del acto creador de la metáfora poética al acto
ordenador del concepto lógico. Mientras que el acto metafórico poético es
emanatístico, el acto conceptual lógico es demiúrgico. Por eso, en el concepto
lógico hay un reduccionismo de la realidad donde se extravía la unidad entre lo
permanente y lo impermanente, el ser y el devenir. En cambio, en la metáfora
poética la unidad entre ambos aún se conserva, primando la armonía de los
contrarios.
7. La filosofía del logos está dirigido
conceptualmente a lo que la cosa “es”. Por ello, la filosofía del logos es
teoría del ser que culmina en el imperio de la necesidad o la ley, sobre la
contingencia, el azar y la libertad.
LA TEORÍA AMPLIADA
SUMARIO: Definición. -Grecia no es la única
forma de filosofía posible. -Forma del filosofar ancestral. -Características.
-Filosofar metafórico. -Hermenéutica mitologizante. -Cautividad del alma.
-Conceptos imágenes. -Intuición del ser al aparecer. -Concepción existencial
del ser. -Da cuenta del ser y del devenir. -El simbolismo mitocrático. -La
comunicación alegórica.
9. De modo que Grecia no es el origen ni la
única forma posible de filosofar.
10. La filosofía no es el paso del mito al
logos, sino que el mito es otra forma anterior del filosofar. El paso del mito
al logos es apenas el surgimiento de otra forma de filosofía, pero no el origen
del filosofar mismo.
11. El mito como explicación de la creación encierra profundas
explicaciones filosóficas de origen divino. El Mito universaliza la
experiencia, establece una tensión teleológica entre un principio y un fin,
investiga las relaciones entre lo original y lo histórico y prepara la
especulación al explorar la ruptura entre lo ontológico y lo histórico,
recurriendo al símbolo y a la metáfora.
12. La metáfora en el
filosofar mitocrático no es mera asociación por semejanza sino la forma natural
de expresión del sentimiento. La metáfora expresa tendencias profundas del
alma. Da contenido a la transrealidad de lo real. Es la evocación más primigenia
del lenguaje y del pensamiento. Y constituye el paso del sentido a la
expresión. Tiene un sentido trascendente e inmanente porque no sólo manifiesta
y traduce, sino también suscita y produce. Replica el sentido creador de lo
real expresando contenidos del alma. Es sintaxis cósmica que une el alma con el
universo.
13. Así, la teoría
ampliada muestra que la filosofía está presente en el mito como otra forma que
tiene la razón de enfrentarse con los problemas límites del mundo. La
hermenéutica de la filosofía mítica es otra forma que tiene la razón para dar
respuesta a las situaciones límite de la condición humana.
14. Y dentro de las
situaciones límites de la condición humana la filosofía del mito asume lo
terreno como cautividad del alma. El mito teogónico del caos sobreviene junto
al mito trágico del dios malo. Pero no se trata de la caída platónica de
inmersión en el cuerpo, ni la caída bíblica de desviación de la voluntad, sino
de la caída cósmica donde la creación u ordenación misma es una forma de
injusticia. El mal y la cautividad del alma se relaciona con el antiguo
misterio del caos. Un eco lejano de esto se halla en la sentencia de
Anaximandro sobre la injusticia. El mito de la injusticia cósmica es antagónico
al mito adámico y al mito del alma desterrada. Lo más cercano del alma griega
al orbe mitocrático son los mitos homéricos y hesíodos, pues los órficos donde
el alma órfica es divina y no humana añaden a la teogonía una antropogonía. Es
por ello por lo que, el gnosticismo pone énfasis en que la salvación del alma
yace en el conocimiento de su origen divino. Muy distinto ocurre en otros
universos míticos. En el mito mesopotámico del drama de la Creación la
salvación depende de los actos buenos, en el mito griego de la visión trágica
del mundo de la voluntad caprichosa de los dioses, pues luego se impondría una
visión ética, y en el mito bíblico judeocristiano de la Caída depende de la
voluntad salvadora de Dios.
15. La filosofía
mítica es una hermenéutica mitologizante que está unido al sentido de lo
sagrado, a lo onírico, pático, cósmico. Y su forma de sabiduría es mántica,
epifanía, hermética, revelada, horoscópica, oracular, escatológica, profética,
poética. No por ello los dioses son la causa de todo, ni de la mayoría de las
cosas existentes. Se mantiene un dualismo metafísico cósmico de base, donde el
mal y el bien se mantienen en oposición y que son el sustento del mito del
drama de la creación. Sólo muchos siglos adelante el mito teogónico del caos
original y el mito trágico del dios malo sería disuelto por la fe judía.
16. De ahí que se
maneje con conceptos-imágenes antes que con conceptos lógicos. Se sirve para
filosofar del principio de la analogía. Los mismo que sirven para iluminar una
visión animista o hilozoísta que postula al alma como fondo metafísico de lo
real.
17. La filosofía
mítica es intuición del tránsito del ser al aparecer. O sea, es intuición del
acto divino de ordenación creativa del drama de la creación desde el caos
original. Tránsito del ser a la multiplicidad que resulta problemático para la
filosofía conceptual del logos.
18. Por eso, la
filosofía mítica capta iluminista e intuitivamente en un ciclo de eterno
retorno la procesión y retorno del ser al aparecer y viceversa. Si la filosofía
logocrática da preeminencia a la concepción lógica y esencial del ser, la
filosofía mitocrática enfatiza su concepción existencial. El ser lógico sólo es
relacional y predicativo, en cambio el ser existencial es lo real presente.
19. En los
presocráticos se presenta un pensamiento bisagra que anda a horcajadas entre la
filosofía del mito y la filosofía del logos. Y ello es así porque la búsqueda
del arjé o principio del cosmos no se desliga de la idea de la verdad como
desocultamiento o Aletheia y del ser como la presencia presente. Pero el
tránsito está dado y de ahí proviene que vemos a un Heráclito quedándose con el
devenir y un Parménides y Platón reteniendo lo Uno. Sólo la anterior filosofía
simbólica del mito da cuenta de ambos momentos: el ser y el devenir.
20. La filosofía
simbólica del mito no se plantea experiencias lógico-conceptuales, sino el
esplendor de una visión del alma. Los principios lógicos siguen siendo los
mismos pero su uso es diferente. Si el intelectualismo griego usa el principio
de no contradicción y razón suficiente, el simbolismo mitocrático emplea formas
estéticas y la analogía para buscar no lo que las cosas son sino lo que las
cosas quieren “decir”. Por ello, la filosofía mitocrática es teoría del
destino. El fenómeno o el aparecer no revela el ser sino el destino.
21. Y su forma de
comunicación es alegórica, analógica, metafórica y simbólica. Lo cual expresa
una vida superior, divina y cósmica regida por la voluntad de los dioses.
CAPÍTULO III
LA TEORÍA GENERAL (I)
LA FILOSOFÍA MITOMÓRFICA
SUMARIO: Definición. -Lo mitomórfico del
chamanismo, -Capacidad ontológica de asombro, -Condición ontológica humana,
-Diferencia entre lo profano y lo sagrado, -La idea de la muerte y del alma,
-El éxtasis visionario, -Viaje cósmico espiritual, -Neumogenia, -Éxtasis
comunicable, -Triunfo sobre lo profano, -Recuperar vida paradisíaca, -Tres
prácticas revolucionarias, -Auge de la ontología del aparecer.
22. Llamo Teoría ampliada a aquella que sostiene
que el origen de la filosofía está relacionado con la condición existencial del
hombre y por ello no sólo hay filosofía en el logos y en el mito, sino también
en formas anteriores relacionadas con lo mitomórfico del chamanismo y lo
numinocrático del hombre del paleolítico inferior.
23. De esta manera ni
Grecia ni las civilizaciones ancestrales míticas son el origen de la filosofía,
sino que se relaciona con aquella capacidad ontológica humana de asombro y de
buscar el origen de las cosas que es común a la especie homínida.
24. La filosofía no
es solamente el paso del mito al logos, sino también el tránsito de lo
numinocrático a lo mitomórfico y de lo mitomórfico a lo mitocrático. Todas
éstas son formas anteriores del filosofar logocrático. El paso del mito al
logos es apenas uno de sus capítulos, pero no toda su historia. El origen del
filosofar mismo está relacionado con la condición ontológica del hombre como
criatura racional que busca explicaciones de las cosas.
25. Filosofía es
indagación sobre los fundamentos asombrosos del mundo. El hombre prehistórico y arcaico
del paleolítico superior filosofó bajo la forma de la filosofía mitomórfica. Pues, lo mitomórfico abre
la diferencia metafísica entre lo profano y lo sagrado, y con ello inaugura la
diferencia entre el Ser y el mundo físico. O sea, la Naturaleza visible o la
physis sensorial no agota la realidad y más bien oculta la Naturaleza invisible
o la physis espiritual más allá del tiempo y espacio de los sentidos externos.
Y con esta distinción se preforma el mito. Lo mitomórfico no es mito narrativo,
sino experiencia real que se preforma como mito.
26. El horizonte
mitomórfico precede al horizonte mitocrático y al horizonte lógico. Es más, la
idea de la muerte y la idea del alma convierte al hombre en la criatura
mitomórfica y metafísica por excelencia, sin la cual no hubiese sido posible el
razonamiento analógico del mito ni el razonamiento deductivo de la lógica
conceptual.
27. El filosofar
mitomórfico funciona bajo su propio principio. El principio de no contradicción
en el filosofar logocrático, el
principio de armonía de los opuestos en el filosofar
mitocrático y el principio del éxtasis
visionario en el filosofar mitomórfico.
28. Lo mitomórfico
es horizonte ontológico del paleolítico superior donde prima lo sagrado del
mundo de los espíritus y las prácticas del chamanismo. El chamanismo arcaico es
indagación filosófica viajando por el
cosmos espiritualmente. Por ello, es la forma primordial de la teoría del
espíritu.
29. La filosofía mitomórfica no es
cosmogenia, ni antropogenia, sino neumogenia, donde se revela lo sagrado y
transhistórico de los arquetipos de la vida. El chamán evoca y se
incorpora a los espíritus, trata con seres celestes. La filosofía mitomórfica
no es religión ni demonología, porque el chamán trata con todo tipo de
espíritus -incluso de plantas y animales-, demonios y semidioses, dotado del
poder del vuelo mágico asciende a los cielos y desciende a los infiernos,
siendo el pináculo de su práctica la visión del mundo paradisíaco.
30. La filosofía
mitomórfica es chamanismo extático, pero es una mística arcaica comunicable,
mientras que en la mística superior de las grandes religiones hay contenidos no
comunicables de la experiencia mística. Por ello, el filósofo chamán es a la
vez sacerdote, mago, profeta, nigromante, poseso, hechicero, místico, jefe
religioso, médico y poeta.
31. En la visión
metafísica de la filosofía mitomórfica del chamanismo tiene un papel central la
visión de los espíritus y el papel de las almas de los muertos. Pero el punto
de partida está en la visión de su propio esqueleto como triunfo sobre la condición
de la vida profana. Conquistar la visión mística va acompañado del triunfo
simbólico sobre la muerte y resurrección. O sea, no sólo es un curandero sino
el guía que conduce el alma del difunto al cielo.
32. El objetivo final
de la filosofía mitomórfica del chamán arcaico es recuperar -mediante símbolos
y ritos- la condición humana anterior a la caída. En ello reside la sabiduría y
sentido de la vida. A diferencia de este hoy existe el chamanismo aberrante,
que usa alucinógenos y otras substancias, el nace del deseo de experimentar en
terreno carnal lo que ya no es posible hacerlo en el campo espiritual.
33. En la Edad de
Piedra del paleolítico superior el hombre era chamán por naturaleza. Su
nostalgia del Paraíso procede de tres prácticas, que fueron revolucionarias
para su tiempo: el descenso a los infiernos, su ascenso al cielo y la
experiencia de la resurrección. Todo lo cual significa un alejamiento del Ser
supremo por la caída humana. El filósofo chamán arcaico es un defensor de la
vida y del mundo de la luz. Contribuyó al conocimiento de la muerte, de las
otras zonas del cosmos espiritual y es fuente de poesía universal.
34. En el acto
chamánico arcaico magia, poesía y metafísica andan unidas en la búsqueda de
elevación hacia la luz. Se trata de una síntesis participativa entre lo
subjetivo y lo objetivo. El cosmos mismo aparece poético y participativo. “Todo
está en todo”. Ontológicamente es el auge del aparecer o fenoménico que revela
la realidad del ser.
CAPÍTULO IV
LA TEORÍA GENERAL
(II)
LA FILOSOFÍA
NUMINOCRÁTICA
SUMARIO: Definición.
-Imperio de lo numinoso. -La razón responde a cuestiones ontológicas. -Una
relación con lo extraordinario. -Edades de filosofía numinocrática. -El
filósofo mago.
35. Llamo Filosofía
numinocrática a la filosofía
prehistórica –que no es confundible con la filosofía primitiva actual- del
paleolítico inferior que se encuentra bajo el imperio de lo numinoso, en el
sentido de lo sagrado inmerso en lo inmanente. Y en torno a ello gira el drama
de su vida especulativa en las diversas especies humanas, en su esfuerzo por
dar sentido a su existencia y al mundo.
36. La razón antes de responder a cuestiones
lógicas responde a cuestiones ontológicas –sentidos perceptual, emotivo,
intuitivo, ético, estético, religioso, conceptual-. Por ello, la filosofía ha
estado presente desde que comenzó el proceso de hominización. La idea central
es que la filosofía el Paleolítico Inferior fue una filosofía numinocrática,
donde predomina la relación con lo extraordinario, sagrado y luminoso del
existir.
37. En la filosofía
numinocrática se distingue cuatro edades: pre-animista, animista,
espiritualista y mitomórfica. Cada una se corresponde con una determinada
especie humana (homo Habilis, homo erectus, neandertal y moderno). Todo lo cual
lleva hacia una reflexión metafilosófica, donde se la concibe como afín a todos
los sentidos de la razón y como búsqueda de sentido ante el enigma del mundo.
38. El homo sapiens
moderno no fue el único pensador ni filósofo en la historia de la humanidad. El
esfuerzo filosófico es parte inherente al ser racional en cualquiera de sus
especies. La filosofía es parte de la condición humana, y está presente a lo largo
de toda la vida y larga historia de la razón como: filosofía numinocrática del
filósofo-mago del paleolítico inferior, filosofía mitomórfica del
filósofo-chamán del paleolítico superior y mesolítico-neolítico, filosofía
mitocrática del filósofo del mito en la Edad de los Metales, y, finalmente, la
filosofía logocrática del filósofo del concepto desde Grecia en adelante.
Las
Formas del Filosofar
FILOSOFÍA
NUMINOCRÁTICA
EDAD DE LA METAFÍSICA
NUMINOCRÁTICA PRE-ANIMISTA
SUMARIO: El homo
habilis per-animista. -Respuestas vitales. -El “ser a la mente”. -La
existencia, la verdad y lo bueno. -La unidad universal. -Gran inventor de la
industria lítica. -Brote del espíritu. -El alma intelectiva. -Más allá de su
ser natural. -Revolución del carroñeo. -Anticipación de la forma en la materia.
-Categorías de lo vivo y no muerto. -Ceremonia mortuoria del carroñero.
-Dualismo básico. -Imaginación y concepto-imagen. -Va hacia lo extramundano.
-La Vida como lo numinoso. -Mundo como extraña mezcla entre lo inmanente y trascendente.
- Su conciencia pre-animista percibe el mundo como numinoso. -Paleolítico no es
el imperio de lo inmanente. -Su universal perceptual vitalista. – Filosofía perceptual
imaginativa. –Vitalismo de lo numinoso. -Perceptual imaginativo suprasensible.
-Filosofar en imágenes. -Pensar en símbolos. -Lógica heterodoxa. - El universal
perceptual. -Filosofar no comienza con la escritura. -Filosofía como necesidad
existencial. -Puesto en el cosmos.
39. La filosofía
prehistórica tiene como Primer Período la llamada EDAD
DE LA METAFÍSICA NUMINOCRÁTICA PRE-ANIMISTA, y corresponde al homo Habilis
de hace 2,5 y 1,5 millones de años.
40. El Homo habilis muestra haber pensado sobre el sentido de
la vida y del mundo. Son los primeros filósofos de la especie humana. Brota en
ellos no sólo como actitud sino
también como aptitud. El Homo habilis
pensaba y mucho. Sus respuestas no eran conceptuales ni complejas, pero
implicaban ideas que concernían al sentido mismo de la vida.
41. El ser un gran fabricante de herramientas es habituarse a
tener el “ser a la mente”. El ente intramundano lo lleva avizorar el ente
extramundano. Con él nace el ser ideal que proyectado sobre el mundo le permite
un mejor dominio del mundo. Al pensar en la forma de tallar sus
piedras pensaba también qué significaba morir y vivir. El Homo habilis es el
primer gran inventor, tallador lítico y el primer pensador.
42. Consigo brota el
primer horizonte pre-animista. No sólo talló piedras para sobrevivir, sino que
elaboró un pensamiento arcaico sobre el sentido del mundo. El Homo habilis con
la invención de la industria de piedra opera un descubrimiento en
tres niveles: la
existencia, la verdad y lo bueno. En el orden de la razón su intelecto
aprehende la importancia privilegiada de un determinado ente, a saber, la
piedra cortante. En segundo término, su intelecto aprehende que conoce el ente.
Y, en tercer lugar, aprehende lo que desea. Lo primero es la razón de ente, lo
segundo la razón de verdadero y lo tercero la razón de lo bueno, en este caso
ubicado en la cosa. Lo verdadero y lo bueno están en la realidad.
43. La especie
homínida desde los tiempos más inmemoriales ha sentido esa dulcísima eucaristía
de unidad universal que es la filosofía. Está en su ser, es su ser, como sello
indeleble de una criatura destinada a conocer y sujetar el mundo con su
razón. Para conocer la universalidad de la filosofía es preciso cercar las
huellas de la criatura filosofante en su proceso de humanización y
hominización.
44. No será con el
homínido prehumano australopitecos sino con la aparición de las primeras formas
humanas de los distintos representantes del Homo habilis, que se manifiesta la
fuerte capacidad cerebral con la fabricación de instrumentos y la transformación
del medio natural. Hay quienes defienden la capacidad de los australopitecos de
fabricar utillaje antes de la aparición de los humanos y, en consecuencia, deja
en suspenso el comienzo del paleolítico inferior. Pero esto no desmiente que el
Homo habilis fue el gran inventor de la industria lítica. Sin embargo, la
paleoantropologia reserva la existencia de ideas trascendentes al hombre
moderno, luego ha reconocido su extensión al homo sapiens neandertal.
45. No obstante, para
la filosofía, que tradicionalmente no es empírica ni científica, cabe la
pregunta en qué medida la industria lítica está relacionada con una incipiente
vida espiritual. El cerebro del elefante como del cachalote es mucho más grande
que el humano, sin embargo, no crean instrumentos ni modifican su medio
natural. No dan muestra de ir más allá de un alma sensitiva. Las aves son
bípedas, pero no piensan sino sensitivamente. Y abundan los animales que usan
herramientas –nutrias, delfines, chimpancés, elefantes, buitres, pájaros
carpinteros, cuervos y pulpos- pero no crean cultura. Por lo tanto, si no es el
bipedismo, ni el mayor tamaño del cerebro, ni la capacidad de fabricar
instrumentos lo que caracterizaría la condición humana qué lo es y la hace
posible.
46. Ónticamente lo
humano constata su ser en un principio activo que se desdobla en tres potencias
superiores que ontológicamente se explicitan en lo práctico contextual. Dicho
principio intelectivo sólo se asemeja al que hallamos en el resto de las criaturas.
Pero la diferencia fundamental es que la forma con la que obra la inteligencia
animal está individualizada por su propia naturaleza, por ello, determinada a
una sola posibilidad. En cambio, la forma de la inteligencia humana, debido a
su universalidad, es capaz de englobar una multitud de posibilidades. Es esto
lo que posibilita considerar una teoría de la razón con diversos sentidos
significativos y con diversos universales –perceptual, emocional, intuitivo,
estético, ético, lógico, religioso y filosófico-. No existiría industria lítica
posible sin la capacidad del alma intelectiva humana de englobar una multitud
de posibilidades.
47. Ello es posible
porque el hombre es un ser contingente, tiene una naturaleza, tiene un cuerpo,
pero su ser trasciende su cuerpo, su naturaleza, va más allá. En la industria
lítica se experimenta arcaicamente que el hombre es posibilidad y proyecto. Experimentará
un más allá porque precisamente su ser está más allá de su ser natural. Por
ello, no es la hominización la que explica su humanización, sino precisamente
al revés. Es su alma sobrenatural la que explica su hominización.
48. Al parecer los
humanos más antiguos tenían nula capacidad cazadora, y su fin principal era
obtener carne mediante el carroñeo. Del acto de lanzar defensivamente una
piedra hasta reparar que había piedras que cortan la piel, que las piedras
cortantes son útiles para el carroñeo y que se podían fabricar, son pasos
revolucionarios que representan un salto intelectual enorme para el hombre
arcaico.
49. Es posible
afirmar que el hombre no tiene un alma junto a un cuerpo, sino que es un alma
que tiene un cuerpo. La hominización demuestra la diversidad de apariencias
externas del hombre, pero su humanización expone que su naturaleza metafísica
esencial apenas ha variado.
50. Si hay algo de
fascinante y encantador en el Homo habilis no es el de poder imaginárnoslo
sentados labrando sus lascas, sino anticipando la forma a la materia. He aquí
la manifestación de su espíritu intelectivo, de lo que lo lleva a la humanidad.
El descubrimiento de un universal perceptual –probar el cortante-, intuitivo
–seleccionar la piedra correcta- y lógico –tallar para cortar- sería lo
característico del Homo habilis.
51. Pero ser
carroñero supone una distinción meridiana entre lo que está vivo y lo que no lo
está, es decir lo muerto. Lo vivo y lo muerto son las dos categorías opuestas
que necesita distinguir el carroñero Homo habilis. El poder que le ha conferido
la piedra tallada sobre lo muerto para convertirla en medio de vida tuvo que
haber labrado un ideario sobre el sentido de la vida y del mundo. El Homo
habilis no era un autómata que descarnaba y deambulaba hacia su próximo
carroñeo, sino que era un ser pensante. No sólo pensó en la forma de tallar sus
piedras, sino también qué significaba morir y vivir. No se han hallado
manifestaciones de pensamiento simbólico ni enterramientos del Homo habilis,
pero eso no significa que no hayan tenido una idea de la muerte y de la vida, o
que no hayan homenajeado a sus muertos. Un canto, una danza, un dibujo sobre la
arena no dejan huellas, no son rastreables. Es improbable entonces que aquel
humano antiguo que anduvo por más de 1 millón de años sobre la sabana africana
inventado lascas y tallando piedras no haya elaborado alguna idea sobre el
sentido de la existencia cuando lo que caracteriza al hombre es justamente eso,
pensar.
52. El Homo habilis
es el primer tallador lítico y el primer pensador. Y el más importante desafío
para explicar es que no sólo talló piedras para sobrevivir, sino que elaboró un
pensamiento arcaico sobre el sentido del mundo. Con sus piedras también trabajaron
la madera, aunque no se han encontrado proyectiles de impacto. Construía
cabañas pasajeras. Por tanto, inventaron los primeros cuchillos, pero no la
lanza. Que no se hayan encontrado vestigios de rituales de entierro no
significa que carecieran de ellos. Puede ser el caso que justamente efectuar un
canto y dejarlo a la intemperie haya sido el ritual típico de un carroñero. Un
carroñero vive con intensidad la unidad entre la vida y la muerte, lo muerto
nos permite vivir, no se debe interrumpir dicho ciclo, incluso el resto
mortuorio de un Homo habilis debe ser dejado para que sirva de alimento de otro
ser vivo, y así continuará la vida.
53. Aquí hallamos
cómo en la metafísica más arcaica de la humanidad la idea de la Vida debe
imponerse en su lucha contra la muerte. Esta idea tan simple como complicada, a
la vez, debió haber sido la primera elucubración metaempírica de la primera
forma humana sobre el planeta. Pero en los primeros grupos humanos del Homo
habilis se daría la primera noción de lo trascendente como lucha de la Vida y
la Muerte. Por tanto, no vemos configurarse en el Homo habilis un mito sobre la
Piedra, sino otro sobre un dualismo básico que gira en torno a la vida y la
muerte. Ese sería el significado de dejar piedras talladas junto a osamentas.
54. El Homo habilis
proporciona un ejemplo paradigmático para efectuar un análisis de la
percepción. La percepción como algo que está entre el puro sentir y el puro
pensar, se relaciona con una aprehensión directa de una situación objetiva
donde todo se absorbe, pero nada se conoce. La paleoantropologia científica al
ceñirse a las evidencias empíricas nos ofrece una imagen estereotipada del Homo
habilis, como mero ser perceptivo o un galeote del tallado pétreo, sin el más
mínimo rastro de vida espiritual. Pero si la percepción externa está mirando a
la sensación y la percepción interna esa mirando al pensar. Pero no mira
directamente al pensar sino a través de la imaginación. La imaginación es la
bisagra entre la percepción y el pensar. Y su resultado gnoseológico es el
concepto-imagen, distinto al concepto lógico. Esto significa que las dos caras
de la percepción están dirigidas a pensar el ser del ente intramundano que sale
al encuentro no sólo como «ser a la mano» y «ser a la vista», sino como «ser a
la mente» y, en consecuencia, metaempírico y universal.
55. Por la
imaginación el Homo habilis tiene el «ser a la mente» de la piedra que
requiere. Aquello no está en el mundo, pero lo estará a través suyo. O sea, no
son dos sino tres, siendo la más importante la tercera, las determinaciones
básicas categoriales del ente intramundano que va hacia lo extramundano. El
Homo habilis efectúa una percepción externa cuando aprehende un objeto real
-cortar con sus piedras la carne de carroña- esto es la percepción inmanente,
pero efectúa una percepción categorial interna cuando aprehende un objeto ideal
por la imaginación –descarnar la carroña da más vida-, eso es la percepción
trascendente. Y ello es justamente posible porque el sujeto percipiente no es
un descifrador de un mundo desordenado. Es decir, la importancia de la vida
sobre la muerte para el Homo habilis es el fondo mismo de su mundo percibido.
56. Pero ese fondo de
la Vida en lucha contra la muerte es percibido como algo numinoso, sagrado,
misterioso. Lo numinoso, definido por Rudolf Otto[1]
como «experiencia
no-racional y no-sensorial o el presentimiento cuyo centro principal e
inmediato está fuera de la identidad», se presta de modo incomparable para
describir la experiencia que tiene el Homo habilis de aquello invisible que
debe continuar llamado Vida y Mundo. Lo numinoso es la manifestación más
arcaica de lo sagrado y por eso es aplicable a la experiencia del Homo habilis.
La Vida será percibida como sagrada, no tiene que ver aun con religiones ni con
dioses. Los cuerpos inánimes de la carroña ingerida se vuelven vida en ellos.
No es que el Homo habilis tuviera la idea de lo trascendente, sino que aquello
previo que configura la idea de lo trascendente es lo numinoso en lo inmanente.
57. Esta idea de lo numinoso como lo sagrado en un horizonte
mental de hace 2 millones de años, es que todavía no hay distinción entre un
dios personal y un dios suprapersonal, ni entre lo sagrado y lo profano, ni lo
sagrado y lo divino. Simplemente se percibe el mundo en
una extraña mezcla entre lo que es inmanente y lo que es trascendente, en
una realidad que se presenta como numinosa. No es una concepción animista,
donde ya se tiene claro la presencia de un alma o un principio vital en todos
los seres, objetos y fenómenos. Es más bien un presentimiento pre-animista de
orden metafísico, donde lo numinoso se extiende misterioso sobre mundo entero.
58. Por ello, para el Homo habilis el mundo no es inmanente,
tampoco trascendente, es más bien extraño y misterioso. De entre todas las
cosas extrañas le concita mayor atención la Vida. Acostumbrado a lidiar con la
muerte, habituado a carroñear para sobrevivir, no puede dejar de pensar por
aquello que ve cotidianamente, le parece a la vez asombroso e inexplicable, a
saber, la vida. Lo vivo se mueve, respira, anda, busca alimento, procrea y se
muere. El centro de su cosmos no es lo humano, ni lo inerte, sino lo vivo.
59. El fabricar herramientas ha mejorado su modus vivendi.
Ahora marcha por las sabanas africanas con más seguridad que antes. No ha
dejado de ser carroñero, cuenta con cuchillos, pero no con armas arrojadizas ni
proyectiles, pero se ha convertido en el mejor de los carroñeros. Muestra de
ello es el volumen de su cerebro. Mientras que un australopiteco tenía un
cerebro de aproximadamente 450 cm³, el de un Homo habilis era de 770 cm³.
Ciertamente, los últimos australopitecos, como el australopiteco garhi y el
australopiteco sediba, muestran discutidos indicios de industria proto-lítica,
pero su extinción definitiva les sobrevino hace 2 millones de años.
Aparentemente este consumidor de frutos, semillas, raíces y cortezas no
resistió el retroceso del bosque, ni el cambio climático. Fue el homínido que
se extinguió por ser exclusivamente vegetariano.
60. Un gran inventor –fabrica utensilios, inventa la choza,
utiliza las cuevas como vivienda, practica la caza menor, el proto-lenguaje-
como el Homo habilis se impuso a través de sus herramientas que eran fruto de
su pensamiento. El Homo habilis coincide con el inicio de la era del
pleistoceno. El avance de los glaciares en una cuarta parte del planeta y el
reemplazo de las sabanas por los prados templados. Es el momento en que
aparecen los humanos modernos u Homo sapiens en África. La criatura racional dotada
de un alma intelectiva sigue abriéndose camino poderosamente. Su conciencia pre-animista percibe el mundo como numinoso.
Es muy probable que él mismo se percibiera como el ser que inventa
herramientas, porque se han hallado utensilios junto a sus osamentas. Sus
piedras talladas toscamente por una cara o por las dos indican una elaboración
mental sistemática donde la forma se anticipa a la materia. Esto echa por
tierra la novísima paleoantropologia secularista de la conciencia del homo
habilis. La conciencia existencial del hombre paleolítico nunca fue meramente
horizontal, inmanente, unido al todo antes que a las partes.
61. En primer lugar, se requiere una paleofilosofía presidida
por una hermenéutica metafísica. La misma que despojada de prejuicios
racionalistas, cientificistas, secularizantes y antirreligiosos, sea capaz de
penetrar en lo sui géneris de la filosofía y de la condición humana. Segundo,
que no se puede hablar en general de la conciencia del hombre del paleolítico
sin abarcar formas de conciencia tan disímiles como las del Homo habilis, Homo
erectus, Homo sapiens Neandertal y Homo sapiens sapiens. Todas ellas tienen sus
matices que las diferencian por más similitudes que contengan. En tercer lugar,
identificar lo paleolítico con lo inmanente sin ninguna clase de trascendencia
aparece demasiado forzado, racionalista y secularizado. El Homo habilis percibe
lo numinoso pero el mismo no es todavía configurado como el gran Espíritu en la
naturaleza, no vive aun en una atmósfera animista sino pre-animista.
62. De ahí que el instrumentalizar la comprensión del
paleolítico para justificar la edificación de una religión sin trascendencia no
tiene sentido por ser pseudocientífico e ideológico. Para caracterizar la
conciencia humana del paleolítico es necesario tomar en cuenta sus distintos
niveles de pensamiento. No tiene sentido sumarse a la patología posmoderna con
su aversión contra lo universal y general, pues la certeza, así como suele
destruir también puede liberar. De modo que las generalizaciones sobre el
hombre primitivo deben dejar bien claro estos matices. Y entre las
generalizaciones en boga se suele confundir el hombre primitivo de las
sociedades paleolíticas que sobreviven en el mundo actual, con el hombre
prehistórico en su proceso de hominización. Entre ambos hay similitudes, pero
las diferencias son lo más importante.
63. Diferencia que suele desaparecer en las siguientes
caracterizaciones de la conciencia arcaica: omnivalencia-Johns Briggs, estado
de atención amplia-Joanna Field, presencia del mundo-Walter Omg, atención
universal-Ortega y Gasset, conciencia paradójica-Morris Berman, percepción
simultánea-Tony Hiss, experiencia oceánica-Freud, sabiduría simbólica
primitiva-Jung, satori-Zen, conciencia de lo permanente-Paul Radin.
64. Pero una cosa es hablar del estado de conciencia y otra
es tratar sobre su filosofía. Lo primero es casi enteramente psicológico, lo
segundo es búsqueda de sentido no necesariamente conceptual, pero al menos sí
ideatorio, como en el proceso creativo del arte. El Homo habilis como especie
vive casi dos millones de años y los más inteligentes, que no eran los más
fuertes ni impulsivos, dan muestras de haber pensado sobre el sentido de la
vida y del mundo. Ellos eran los primeros filósofos de la especie humana y del
Homo habilis. El Homo habilis pensaba y mucho. Sus respuestas no eran
conceptuales ni complejas, pero implicaban ideas que concernían al sentido
mismo de la vida. Debía hacerlo y tenía mucho tiempo para pensar. El
espectáculo del mundo y la odisea de su propia existencia lo llevaban a ello.
Fabricar es descubrir un mundo de posibilidades, pero también de fragilidades.
65. Algo había cambiado y ese algo era que ahora lo sabía. El
ser un gran fabricante de herramientas es habituarse a tener el “ser a la
mente”. El ente intramundano lo lleva hacia el desarrollo del ente
extramundano. El ser ideal proyectado le permite dominar mejor el mundo.
Descubre lo importante del ser extramundano determinante para imponerse sobre
el ser intramundano. Su conciencia no se disuelve en una “experiencia oceánica”
ni en una “conciencia paradójica”. Por el contrario, su universal perceptual lo
conduce al libre juego ideatorio de la imaginación en un pensar no meramente
utilitario, sino vitalista. Esto es, su conciencia perceptual establece una
distinción entre sujeto y objeto de índole no sensitivo, sino pre-objetivo,
donde la cosa no es sólo herramienta sino portador de lo numinoso.
66. De manera que la filosofía del Homo habilis puede ser
comprendida en periodos y tendencias. Periodo autónomo de clanes familiares y
el periodo tribal de coexistencia, aproximadamente por 500 mil años, con el
Homo erectus. En ambos periodos la filosofía se manifestó tanto como
cosmovisión y como filosofía. Como filosofía no se trató de un pensar
conceptual, sino perceptual-imaginativo. Aquí se manifiesta no sólo el
principio de universalidad de la filosofía, sino también el polimorfismo
intrínseco de la razón. Si la filosofía no es exclusividad de los pueblos
históricos y menos de Occidente, sino que abarca también al hombre
prehistórico, entonces no cabe más que admitir la versatilidad de la razón
humana para filosofar sobre los misterios de la vida y del mundo no sólo con el
concepto puro de la lógica –desde Grecia- sino además con el concepto imagen de
la mentalidad prehistórica.
67. El filosofar del Homo habilis tuvo su rasgo
característico en el vitalismo de lo numinoso, seguido de una indudable
orientación final de carácter tribal. Ello, en primer lugar, hace que el Homo
habilis comienza a filosofar partiendo de la vida. Se trata de una vida inserta
en un mundo numinoso. De ahí que no distingue aun entre lo inmanente y lo
trascendente. Su tendencia vitalista es metafísica pero no realista ni
idealista, positiva o teológica, no hay referencia a un Gran Espíritu ni a un
Dios. Su metafísica pre-animista no es conceptual, aunque sí racional porque el
intelecto también se maneja con universales no conceptuales. Sus preocupaciones
pre-animistas se refieren a lo numinoso que está en él y en el mundo. Ello no
se vierte en una preocupación cosmológica ni antropológica.
68. El Homo habilis no es un ser ontológico como el griego y
medieval, ni epistemológico como el moderno. El Homo habilis es un ser vital
asido por lo numinoso. Antes de la concepción de la vida eterna, los dioses y
los espíritus, fue primero la idea de lo numinoso, la misma que se convierte en
un medio de evolución racional y ética de la conciencia.
69. Antes de concebir la plenitud de la vida en el otro
mundo, ésta se mezclaba con este mundo. Los fantasmas y las almas todavía no
son vistos como habitantes de un trasmundo, sino de este mundo numinoso. La
humanidad por más de 1 millón de años a través del Homo habilis protagoniza una
aventura intelectual numinocrática. Lo numinocrático es la forma de filosofar
más arcaica de filosofar y responder a los misterios de la vida y del mundo. Su
herramienta mental es el concepto-imagen de la percepción e imaginación. Es
lo perceptual imaginativo lo que conduce hacia lo metasensible en la Edad
de Piedra, operación gnoseológica subyacente en la magia. Y como observa
Frazer, es más antigua que la religión, ese producto cultural refinado que
exige una capacidad apreciable de abstracción, o en otros términos el hombre
primitivo filosofa mágicamente y que lo llevará en el paleolítico final a
pensar por primera vez en la idea del alma (Neandertal).
70. El prehistórico
filosofar en su primera etapa con el Homo habilis es numinocrática. La imaginación vincula lo sensible con las
ideas y se genera el concepto-imagen. El concepto-imagen es el instrumento
espiritual por excelencia del hombre prehistórico para pensar y ahondar su
hominización-humanizante. Aristóteles coloca a la imaginación entre la
sensación y el pensamiento (De Anima
III, 3). Kant lo sigue y enfatiza que en la estética hay ideas sin concepto. Es
decir, el hombre para pensar no requiere del concepto, bastan las ideas. Es lo
que Xavier Zubiri llama la “inteligencia sintiente”. Ese vuelco hacia las imágenes que son
producto de la imaginación y que es realizado por el intelecto es el primer
paso del conocer intelectual con el Homo habilis. Filosofar por imágenes fue lo
característico del filosofar del hombre del paleolítico.
71. Pensar por
imágenes es anterior a pensar con símbolos. Lo numinoso es eso justamente, una
imagen más al alcance de un símbolo que de un concepto lógico. Los dibujos de
las cuevas prehistóricas de Altamira y Lascaux no pertenecen al homo habilis,
pero son captación primaria del mundo, poseen un contenido ideal, es interno a
la cosa misma, y su verdad es determinada por fines y valores. Pero lo mismo
sucede con las piedras talladas del Homo habilis. Lo cual habla de lo eterno en
el hombre y la naturaleza, y contienen una metafísica espiritualista. En una
palabra, expresan la metafísica natural del espíritu humano, una filosofía
perennis que contiene la idea de sustancia, Ser, Valor, causa eficiente, causa
final, confianza en el concepto-imagen. O sea, no hay primacía del sentido
lógico sobre los demás sentidos.
72. La capacidad
humana para pasar de un sistema lógico a otro ha estado presente en él desde el
principio, es parte del alma intelectiva. Lo cual planea un problema lógico.
Cuál es la lógica del hombre prehistórico. El pensar del hombre del paleolítico
puede suprimir el principio de no contradicción, pero no puede permitir que
todas sus tesis sean contradictorias. Por ello, el hecho que su lógica
heterodoxa incluya axiomas y reglas de inferencia es una poderosa señal que
indica que preparan el camino hacia la lógica clásica. Por más que una lógica
heterodoxa paraconsistente –que carece de los principios de no contradicción y
tercio excluso- guiara su pensamiento, su necesidad de convivir y sobrevivir lo
llevó a manejar simultáneamente junto a una lógica de primera especie
–alolinguística y anómica- otra lógica de segunda especie –Thética polivalente
finita e infinita como Athética deóntica normativa-.
73. Es decir, sin la
lógica heterodoxa del hombre del paleolítico no tendríamos la muy posterior
lógica clásica. La gran variación de la melodía de la razón es uno de los
enigmas más recónditos de la existencia humana. Pero señala el carácter
antrópico de la realidad y de la
creación misma, como si estuviera diseñada para que el hombre pudiera penetrar
en ella, conocerla, dominarla y respetarla. Lo fundamental es que el proceso de
hominización enseña que el sistema de la razón no depende exclusivamente del
sentido lógico, como piensan los epistemólogos logicistas, sino que actúa en
conjunción con otros sentidos –perceptual, intuitivo, emocional, estético,
ético religioso, conceptual-.
74. No sólo existe el
universal lógico sino también el universal perceptual, intuitivo, emocional,
estético, ético y religioso. Si estos sentidos significativos no hubiesen
existido simplemente el proceso de hominización hubiera sido imposible. El
sentido lógico no es el único tipo de sentido. De ahí que, las condiciones
suficientes de logicidad no son las condiciones ontológicas necesarias de la
razón. La revolución copernicana consiste aquí en que son las condiciones
ontológicas necesarias de la razón las que hacen posible los diversos sentidos
de la razón, incluido el lógico.
75. Es bueno
pulverizar aquí la idea de que las grandes preguntas filosóficas que afectan al
ser humano sólo comienzan con la escritura y el pensar conceptual-abstracto.
Esta confusión conceptolátrica no entiende que el hombre de todos los tiempos, incluido el prehistórico, siempre estuvo
asediado en su existencia y pensamiento por las preguntas límite del misterio
del mundo. Por ende, el pensamiento humano no necesita llegar a la fase
del concepto lógico para afrontar las preguntas últimas sobre el sentido del
universo. Pues el pensamiento-imagen y el simbólico también lo hacen. La
filosofía es una necesidad existencial. Y las necesidades existenciales son de
carácter espiritual y no biológico, teórico, psíquico o social.
76. El Homo habilis
es la primera demostración extraordinaria de pensamiento simbólico. Afrontó los
retos y desafíos el momento ahondando más allá de lo empírico abriendo trocha
en lo metaempírico. Plasmar la forma sobre la materia, lo inteligible sobre lo
sensible delineó el derrotero de la especie humana. Sin embargo, todavía se
halla sumergido en lo real maravilloso del mundo. Su mirada inocente, humilde y
prístina le revela un mundo mágico, misterioso y repleto de enigmas. El ser se
le manifiesta a su mirada casta y pura. El ser le habla. El principio antrópico
apenas ha brotado en ese carroñero de una manera tan tenue que no logra
separarlo del Todo. Su unión con el Todo de lo viviente es vigorosa y fuerte
aún. Vive rodeado de peligros, aun no domina el fuego, pero ya nadie lo supera
como carroñero, ni siquiera las grandes hienas. De excelente vista llega
primero que todos a las piezas muertas y puede llevarse los mejores trozos.
77. Compuesto de
pequeños grupos familiares lo conseguido le basta para salir del hambre y
tenerse bien abastecido y alimentado. Su sentido familiar se fortalece. Brotará
de su convivencia las primeras e incipientes normas morales. Todavía toscas
pero suficientes para abrir el camino de la vida normativa. Protegido en las
chozas de ramas que sabía hacer, nuestro carroñero nómade logra extender su
existencia por más de 1 millón de años. Todo un éxito, en comparación con el
Homo sapiens sapiens que no llega a los 200 mil años y corre el riesgo de
extinguirse termonuclearmente. El Homo habilis cumplió de modo asombroso y
prodigioso su puesto en el cosmos.
EDAD DE LA METAFÍSICA NUMINOCRÁTICA ANIMISTA
SUMARIO: -Filosofía numinocrática animista del
Homo Erectus. -Advenimiento del animismo. -El pre-chamán. -Revolución del
dominio del fuego. -Nueva tecnología. -Desarrollo lento pero firme de la razón
funcional o instrumental. -Avance de la razón substancial o simbólica. -Del
clan a la horda totémica. -Sueños, almas, fantasmas y demonios. -Adoración sin
religión. -El proto-mago carroñero. -Numinoso cono lo espiritual. -Filosofía
del mundo mágico. -Primacía de lo vivido en lo numinoso. -Los grabados geométricos.
-Mayor actividad espiritual. -Lenguaje articulado primario. -Pensar con
imágenes. -Más allá del concepto-imagen. -Crece orden antrópico. -Universal
perceptual enriquecido con universal intuitivo. -No hay oposición entre ser y
aparecer. -Conceptos alegóricos no conceptuales.
78. La filosofía
prehistórica tiene como Segundo Período la llamada EDAD
DE LA METAFÍSICA NUMINOCRÁTICA ANIMISTA, y corresponde al homo erectus de
hace 2 millones a años a 70 mil años.
79. Con el Homo erectus
adviene el animismo. Pero su animismo es de primera instancia. Es el primer
desarrollo del ente extramundano, pero presente en la inmanencia. Se abre paso
la idea del alma, todavía no individual sino colectiva como el difuso Espíritu de
la Tierra. El mundo sigue siendo numinoso, en consecuencia, mágico. No brotan
de golpe el chamán sino el pre-chamán. Lo extramundano cobra mayor importancia
que el ser intramundano. Su conciencia no se disuelve en una “experiencia
oceánica” sino que se vuelve más onírica y mántica.
80. La
especie sucesora del Homo habilis es el Homo erectus. Y por sus características
físicas y mentales llegaría mucho más lejos que su antecesor. No hay duda de
que lo hizo. Tres son los grandes avances de esta nueva especie hombre: cambio
en la tecnología de la piedra o la llamada industria achelense, el uso del
fuego y el inicio de la caza. La evidencia más antigua del uso de hogueras se
halla en China y en Hungría con una antigüedad de 500 mil años. El homo erectus
vivió entre 2 millones de años y 70 mil años, vinculándose su extinción a la
teoría de la catástrofe del mega volcán de Toba. Es decir, aparece a la
mitad del Paleolítico Inferior para desaparecer en el Paleolítico Medio Antiguo
entre 300 mil a 200 mil años. Aunque sus restos han sido hallados en África
(Homo ergaster) y Europa, la tendencia actual se reserva el nombre de Homo
erectus para los fósiles asiáticos de China e Indonesia. En su dilatada
historia el volumen de su bóveda craneal aumentó de 850 cm³ a 1,100 cm³. De gran nomadismo. De mandíbula fuerte, frente
huidiza, dientes pequeños, mayor dimorfismo sexual, robusto y de 1,80 m de
estatura.
81. La
industria lítica achelense localizada en África, Europa y Asia se extendió
primero por Kenia, luego por Tanzania y Etiopía. Se atribuye su primer uso al
Homo ergaster. La cosa es que con la nueva tecnología los cortes resultaban más
precisos, rápidos y delgados. El resultado serían mejores cuchillas y la
invención del hacha. Principalmente emplearon el basalto, el pedernal y la
piedra caliza. Fabricaron herramientas más pequeñas o secundarias, lo que
indica que el fabricante conocía paso a paso la secuencia para crear varias
herramientas en un proceso. El objetivo era crear una forma sin asperezas
mediante un trabajo muy fino de martilleo. Los yacimientos africanos tienen una
datación más antigua (1,8 millones de años). En Oriente Medio, especialmente
Israel, se remontan a 1,4 millones de años. Y en Asia (Indonesia, India, China)
se retrotrae a 1,2 millones de años. Mientras que en Europa la industria
achelense hace su aparición hace 600 mil años.
82. El achelense
superior comienza avanzada la Glaciación de Riss (hacia
el 140 000 a. C.), continuando en el interglaciar
Riss-Würm (125 000-100 000 a. C.), acabando
ya en el primer período würmiense (iniciado el 100 000 a. C.).
Las hachas bifaciales son muy avanzadas, lanceoladas, con punta retocada y
aristas laterales rectilíneas. Hallazgos del período se ubican en Francia,
Portugal, España, Bélgica e Inglaterra. Lo cierto es que desde el Paleolítico
Inferior de la industria lítica Olduvayense del Homo habilis, pasando por la
industria achelense del Paleolítico Medio del Homo erectus, hasta llegar a la
industria musteriense del Paleolítico Medio del Homo de neandertal, se observa
un desarrollo lento pero firme de la razón funcional o instrumental, o sea
aquella que sirve para dominar los objetos del mundo.
83. Pero el desarrollo de nuestra
estirpe no solo se caracteriza por el despliegue de la razón funcional o
instrumental a través de las herramientas líticas sino también por el avance de
la razón substancial o simbólica en su vida espiritual. Razón funcional –donde
la razón se identifica con dominio- y Razón substancial –donde razón se
identifica con fundamento o sentido de la vida y del mundo- van desarrollándose
de modo parejo y retroalimentándose. Existe una simbiosis entre ambas desde el
tiempo arcaico. La dialéctica de razón prehistórica demuestra que la
racionalidad no se puede fundar solamente en una teoría de la conciencia ni en
una teoría del lenguaje sino en tres ejes fundamentales, a saber, el
pensamiento, la acción y el mundo. Por el primero se define la forma
inteligible, por el segundo transforma el medio y se transforma en amo, y por
el tercero se reconoce que hay algo previo, objetivo y externo a todo pensar y
hacer.
84. Al contar con mejores
instrumentos los Homo erectus pasaron del clan de los pequeños grupos
familiares del Homo habilis a la horda conformado por grupos más grandes y
mejor organizados. La horda tiene como desafío espiritual definir el ancestro
común, ya sea natural, humano o animal. Nace el Totemismo como conjunto de
creencias que da cohesión social.
85. Por primera vez lo numinoso
ve adquirir una manifestación concreta en objetos inanimados o fenómenos
naturales. El antropólogo E. B. Tylor lo propuso como definición mínima de
religión y creencia en seres sobrenaturales. Entraña la creencia en almas individuales,
almas-fantasmas, posesión demoníaca, brujería y magia. No obstante, aquí cabe
una observación. Da la impresión de que Tylor da un salto muy brusco desde el
animismo a la creencia en las almas. El paso de la conciencia pre-animista –que
ve lo numinoso de modo difuso en toda la naturaleza- a la conciencia animista
–que ve lo numinoso en determinados fenómenos concretos- no implica
necesariamente de golpe la concepción de la idea del alma individual, ni la
creencia definida en seres sobrenaturales.
86. Se corresponde, más bien, con
un estado intermedio, donde la definición mínima de religión signifique la
creencia en un símbolo icónico general de relación con la naturaleza. El ser
animado o inanimado del que dice descender la tribu del Homo erectus implica
una relación especial con las fuerzas naturales, animales o plantas. En
realidad, se trata de adoración sin religión. Todavía no aparece el brujo o
chaman del que habla Claude Lévi-Strauss, sino lo que se tiene es un
proto-chamán o proto-brujo, que determina de modo grupal el tótem en cuestión.
Incluso el dominio del fuego por el Homo erectus puede llevar a esta fuerza
natural a una especie de adoración totémica singular. Lo que representa un
salto mental significativo. También la actividad cazadora llevaría al mejor
cazador vivo o difunto a la adoración de su habilidad impar.
87. En suma, son muchas las
posibilidades abiertas por la inteligencia del primitivo Homo erectus. Pero en
todo caso, se trata de una filosofía numinocrática animista de primera
instancia, o sea adoración sin religión, ni creencia en seres sobrenaturales,
ni idea del alma individual. El animismo de primera instancia es la apertura de
un mundo mágico con proto-brujos y proto-chamanes. La magia es anterior a la
religión, pero no implica la existencia inmediata de magos y chamanes, y esto
se puede afirmar en contra de las ideas de Frazer.
88. El proto-mago fue el filósofo
numinocrático del Homo erectus por milenios. El alumbramiento del animismo no
da como resultado súbito la inmediata aparición de la idea del alma y menos del
alma individual. Las visiones en el sueño del hombre muerto por el Homo erectus
no lo llevaría de forma inmediata a concebir la existencia del alma después de
la muerte. Esta idea compleja requiere de una separación más nítida entre el
mundo de lo inmanente y el mundo de lo trascendente. Lo cual no aparece claro
en el animismo de primera instancia del Homo erectus.
89. El Homo erectus era
carroñero, aunque llega a inventar la cacería mayor. En el yacimiento de la
sierra española de Atapuerca hay un ajuar funerario que testimonia que el Homo
erectus concibió ideas trascendentes hace 300 mil años. Se trata de más de mil
huesos de por lo menos más de una treintena de individuos diferentes. Estos
restos humanos están acompañados por la de otros animales no herbívoros. Lo
cual es muy significativo. Pues si los animales herbívoros eran habitualmente
consumidos por los Homo erectus, no así era el caso de los animales carnívoros.
La interpretación simbólica animista más adecuada se ajusta al acto totémico de
conservar la fuerza del animal adorado. En esta etapa final del Homo erectus se
percibe una nítida actividad espiritual.
90. Heredero de la idea del Homo
habilis de la Vida como fuerza en todas las cosas, incluso en las inanimadas,
el Homo erectus empezará a desbrozar lentamente la creencia en el Espíritu. Sin
embargo, el mundo de la muerte no lo concibe desligado de este mundo. El
espíritu de los entes adorados vive en este mundo inmanente, pero la inmanencia
está insuflada también de trascendencia, por eso vive en un mundo mágico, donde
el sueño se mezcla con la realidad y la realidad no se limita a lo visible
abarcando lo invisible.
91. Si alguna diferencia se
percibe entre la metafísica pre-animista del Homo habilis y la metafísica
animista del Homo erectus es que lo numinoso pasa a un nuevo nivel de
concreción, el cual exige adoración, pero aun sin la idea de dioses ni de alma.
Todavía no se concreta el divorcio entre lo sagrado y lo profano, lo inmanente
y lo trascendente. El mundo sigue siendo mágico y misterioso a la vez. Lo cual
significa que la mitología no es la metafísica primera de la humanidad, ni la
conciencia mítica conforma la unidad de la existencia concreta, como pensaba
Georges Gusdorf. Sino que lo numinoso es la metafísica primera del hombre
primitivo y la conciencia numinocrática conforma la unidad de su existencia
concreta.
92. El análisis de la filosofía
prehistórica ayuda a dar un nuevo sentido a la comprensión de la filosofía
misma como búsqueda del sentido del mundo y como experiencia existencial. La
filosofía antes que un sistema lógico es una respuesta existencial al misterio
del mundo. En este sentido, la filosofía prehistórica muestra a la razón en su
manifestación prístina como un complejo de sentidos significativos –perceptual,
intuitivo, estético, ético, religioso, lógico-.
93. Por eso, antes que los mitos
fue su relación numinocrática con la realidad lo que permitió a la humanidad
naciente subsistir. La primacía con lo vivido no está en el mito sino en lo
numinocrático y, por ello, la filosofía antes de ser ordenación de conceptos es
comprensión de la existencia real de la humanidad en una metafísica vital
encerrada en la prehistórica filosofía numinocrática. Aquí no se tratan de
grandes sistemas filosóficos sino de incipientes explicaciones vitales ante el
enigma del mundo y de la vida.
94. La conciencia existencial es
la primera manifestación de la conciencia intelectual, incluso es su corazón
ontológico de la cual nunca logra desprenderse. La filosofía numinocrática
prehistórica representa el nacimiento del universo como intuición existencial
antes que como discurso categorial. Es la primera apertura del mundo
inteligible ante el mundo vivido. Es la revelación del misterio como fundamento
de la realidad. Lo numinoso presenta a la razón en su estado prehistórico. Por
ello, lo específicamente humano no es el mito sino percibir lo numinoso. Pero
lo numinoso es necesario, pero no suficiente y requiere ser complementado con
las fuerzas del intelecto.
95. En realidad, la intención
numinosa es el principio de toda trascendencia posible y se inserta en la
escatología de la razón. La intención numinosa está en todos los grandes
filósofos de la historia, protohistoria y prehistoria. En 2014 la
revista Nature publicó los grabados geométricos posiblemente realizados por un
individuo de Homo erectus en la concha de una especie de bivalvo del género
Pseudodon, en el sudeste asiático. La datación del sedimento confirma la
antigüedad de las conchas en algo superior a los 400.000 años. Los grabados
geométricos no se repiten en los más de 160 ejemplares de Pseudodon de la
colección de Dubois. Es posible que algún individuo Homo erectus tuviera la
capacidad de realizar dichas figuras. Lo que demuestra que la capacidad
cognitiva del Homo erectus es muy superior al Homo habilis y que entre sus
miembros existieron individuos extraordinarios con capacidades imaginativas y
de abstracción que va más allá de la simple capacidad de adaptación y para
sobrevivir en ambientes muy diferentes. En realidad, la mayor hazaña de
nuestros ancestros no puede reducirse a un mero acto de sobrevivencia. A ello
lleva la mera evaluación empirista y positivista. Para superar esta limitación
hay que iluminar la asociación intrínseca que existe entre la razón
instrumental y la razón substancial desde tiempos inmemoriales.
96. Sobre la
identidad del grupo humano de la Sima de Huesos en la Sierra de Atapuerca,
España, que acumuló hace 430
mil años gran
cantidad de entierros en dicho
lugar se ha pretendido atribuir a un supuesto grupo de Neandertalenses
arcaicos. Pero todo indica que en el Paleolítico Inferior se produjo un rápido
crecimiento del volumen encefálico entre los Homo erectus europeos y africanos,
después de miles de años de estancamiento. Y es a este grupo humano y no a otro
al que corresponde. El deseo narcisista de negar a otras especies humanas
actividades que se consideran patrimonio de la nuestra no se sostiene y está
condenada al fracaso.
97. Otro aspecto
controvertible es si el Homo erectus hablaba. Al hacerse sus grupos más
numerosos, mejorar sus campamentos, transmitir conocimientos, involucrar
técnicas con aprendizajes más largos y al aumentar rápidamente su volumen
encefálico, hace evidente que aumentaron sus necesidades de comunicación y
dieran los primeros pasos hacia el lenguaje articulado. Pero la existencia de
un estudio que ha analizado el hueso hiodes descubierto en Castel di Guido,
cerca de Roma y datado hace 400 mil años en el Homo erectus concluye que no se
ven impresiones de los músculos en el hueso, que indicarían que el hiodes podía
subir y bajar, modular el tracto vocal y modular la voz. En suma, no es que el
Homo erectus no podía comunicarse, lo hacía con variedad muy rica en diversos
sonidos, pero, al parecer, no estaba capacitado para hablar, su capacidad para
comunicarse con un lenguaje articulado era menor al de un neandertal y de un
hombre actual pero muy superior al de un australopiteco.
98. Es cierto que el
lenguaje afina el pensar, pero no sólo se piensa con lenguaje articulado sino
también con imágenes. El concepto-imagen que tanto útil le resultó al Homo
habilis sería llevado a un nivel superior por el Homo erectus. El lenguaje
inarticulado (gestos, símbolos, señales) pronto le resultaría insuficiente. De
ahí su capacidad para hacer figuras geométricas y necesidad de expresarse
mediante palabras, sílabas y oraciones. La complejidad de su pensamiento lo
llevaría a abrir el camino para el lenguaje articulado más rico con el Homo de
neandertal. Pero otro elemento importante a considerar con relación a la
aparición del lenguaje articulado es el surgimiento de la tendencia a la
especialización hace 300 mil años. Las relaciones sociales se complejizan y los
pensamientos se vuelven más profundos y amplios. Y esto acontece con el Homo
erectus. El análisis científico de los restos fósiles demuestra que el lenguaje
articulado surgió plenamente en el hombre del tipo Cromañón, hace 40 mil o 50
mil años en el Paleolítico superior, pero su desarrollo en la especie humana
duró milenios.
99. Su prehistoria se
extiende al Homo erectus y en el Homo habilis. Estudios en la Sierra de Atapuerca (España) evidencian que Homo antecessor, hace unos 800.000 años, tenía la
capacidad en su aparato fonador para un lenguaje articulado como para ser
considerado simbólico. Incluso en el Homo habilis hace unos 2 millones de años, ya existía
un lenguaje articulado embrionario pero eficaz para transmitir información sobre la
fabricación de los zafios instrumentales. El lenguaje
articulado puede tener un fundamento biológico pero su desarrollo es cultural
y, en este sentido, espiritual.
100. Sí el Homo habilis pensaba y mucho, cuánto más no debía
hacerlo el más complejo Homo erectus. Su avance hacia el lenguaje articulado
haría posible que sus respuestas fueran más allá del concepto-imagen para
avanzar hacia el concepto lógico. Lo cual no significa que dicho avance
estuviera despojado del halo de la interpretación del cosmos como totalidad
viviente o animada. Hablar es inventar, como tal su capacidad poética
experimenta su aparición. La poesía no es algo subjetivo sino participación analógica
en la epifanía del ser. Lo simbólico se enriquece con lo alegórico y
figurativo. El espectáculo del mundo lo lleva hacia el animismo y lo poético.
101. El Homo erectus ya no solamente fabrica herramientas,
sino que habla y habla mucho más que el Homo habilis. Y hablar es connotar y
enfatizar, las emociones y pensamientos se vuelven más profundos y extensos. Al
dejar el clan e insertarse en la horda se hace imperativo el orden. Algo había
cambiado y ese algo era su propio modus vivendi. Surge el principio antrópico.
Los enterramientos humanos se suceden. El hablar y ser un fino fabricante de
herramientas hace que el “ser a la mente” sea no sólo de entes a la vista sino
de entes invisibles. Nace el animismo. Pero el animismo del Homo erectus es de
primera instancia. Es decir, se trata de un primer desarrollo del ente
extramundano, pero presente en la inmanencia. Se abre paso la idea del alma,
todavía no individual sino colectiva como el gran Espíritu de la Tierra. El
mundo sigue siendo numinoso, en consecuencia, mágico. Pero no brotan de golpe
los chamanes ni los brujos, sino el pre-chamán. Lo extramundano cobra mayor
importancia que el ser intramundano. Su conciencia no se disuelve en una
“experiencia oceánica” sino que se vuelve más onírica y mántica.
102. El universal perceptual es enriquecido con el universal
intuitivo, que lo conduce al libre juego ideatorio de la imaginación en un
pensar no meramente utilitario, sino animista. Esto es, la cosa no sólo es
portadora de lo numinoso sino de “algo” más concreto, aunque invisible, al
alcance de la vida intuitiva y onírica. Ese algo no es todavía visto como una
deidad ni un alma, pero exige adoración. No está fuera de este mundo, pero es
superior en el mundo. Es todavía una adoración sin religión. La edad de la
filosofía numinocrática animista del homo erectus es una visión intuitiva más
concreta de la totalidad animada, que se instala en la adoración y que prepara
el horizonte para la venidera separación entre lo sagrado y lo profano.
103. En la segunda edad de la filosofía prehistórica en la
que está instalado el homo erectus, no hay oposición entre el ser y el
aparecer, lo fenoménico no aparece como lo ilusorio, vano, engañoso y opuesto
al ser. Sino que en la propia realidad fenoménica irradia la luz radiante de lo
numinoso en la que el ser se expresa. El ser tiene vocación de aparecer, ser es
manifestación de la existencia, y la mirada prístina del hombre prehistórico
capta sin ninguna desvalorización subjetiva el ser en su aparecer. Efectivamente,
en el filosofar prehistórico el mundo fenoménico es el mundo real en sí y
aprehensible perceptual e intuitivamente. Esta filosofía intuitiva puede dar
cuenta de la situación metafísica del ser como aparición numinosa y mágica.
104. La filosofía intuitiva numinocrática se expresa de
conceptos-alegóricos y no mediante conceptos-representativos. Los
conceptos-alegóricos son transreales porque van más allá del mero sentir y es
identificación del alma con las fuerzas creadoras de la vida. Expresado no en
un lenguaje representativo, conceptual lógico, sino en un lenguaje creativo,
intuitivo y participativo se compenetra del arcano metafísico cuya sintaxis
viene del cosmos y retorna al cosmos. El problema metafísico central de la filosofía
prehistórica se va perfilando en el Homo erectus para desembocar en un
derrotero en que sucumbe la identidad entre ser y fenómeno y se abrirá un hiato
entre el ser y el aparecer. Será un tránsito en que hay mucho que se pierde,
pero también mucho en lo que se gane. La filosofía intuitiva prehistórica
dejará su lugar a una filosofía simbólica más compleja donde el abordamiento
iluminístico del aparecer se manifieste primero en los viajes chamánicos al
otro mundo y luego en las narraciones míticas.
EDAD DE LA METAFÍSICA NUMINOCRÁTICA ESPIRITUALISTA
SUMARIO: -Tercer período numinocrático
espiritualista. -Neandertal descubre el alma. -Reina en el paleolítico medio.
-Cruzaron Beringia. -Tuvieron ritos funerarios. -Mayor desarrollo de
simbolismo. -Tuvieron lenguaje y cognición avanzada. -Lo sagrado como
inmanencia con trascendencia. -Pintura rupestre como ceremonia espiritual.
-Idea del “más allá”. -Complejización del concepto-imagen. -Sabiduría intuitiva
oracular. -La conciencia alterada. -Vislumbra lo mitomórfico del chamán.
-Desarrollo del sentido espiritual. -Convivencia de lo sagrado y lo profano.
-Lo mitomórfico inicial del Neandertal. -Trasmutación espiritual. -Mutación
ontológica ritualista. -Compasión arraigada. -Valor y principio antrópico.
-Crece el sentido de persona. -Lo espiritual en la inmanencia.
105. El tercer período de la filosofía
prehistórica se denomina la Edad de la metafísica numinocrática espiritualista,
corresponde al Hombre Neandertal y se extiende de 230 mil a 28 mil años A.C.
106. Con el Homo sapiens
Neandertal adviene el descubrimiento del espíritu y del alma, como seres
sobrenaturales presentes en el mundo. Es una instancia superior en la
concreción de la experiencia numinosa del hombre prehistórico. Ya no se trata
de la metafísica perceptual-imaginativa de lo numinoso como lo sagrado difuso
del Homo habilis, ni de lo numinoso como metafísica intuitiva de lo sagrado
concreto en el tótem del Homo erectus, sino de lo numinoso como metafísica de
lo sobrenatural que está en el mundo. Se abre paso a la idea trascendente del
alma y los seres espirituales.
107. El Paleolítico medio es la
época de los Neandertalenses. Han quedado atrás 2,5 millones de años del
Paleolítico Inferior del Homo habilis y el Homo erectus. El paleolítico
inferior culmina con el éxito evolutivo del Homo erectus que logra expandirse
por toda Eurasia, domina el fuego, inventa el hacha, levanta campamentos, del
clan pasa a la horda, efectúa grabados geométricos en conchas, conchas
perforadas, y paredes de cuevas (Cueva del Castillo, por ejemplo), da pasos
firmes hacia el lenguaje articulado y perfecciona el pulido de la piedra usando
martillos de percusión blandos.
108. El neandertal es homo sapiens
descendiente del Homo erectus. Irrumpe hace 230 mil años en Europa, Oriente
Próximo y Medio y Asia, para desaparecer misteriosamente hace 28 mil años. Se
piensa que las mutaciones son las responsables tanto de la conectividad
cerebral, el aumento del tamaño del cerebro como de la aparición de nuevos
tipos humanos. Los neandertales eran robustos, extremidades cortas y de rostro
arcaico. Los huesos fósiles descubiertos hasta hoy (unos 400 individuos) era de
esqueleto robusto, extremidades cortas, tórax en barril, arcos supraorbitarios
resaltados, frente baja e inclinada, faz prominente, mandíbulas sin mentón y
una gran capacidad craneal
de 1.500 cm³. Coincidieron con la última glaciación llamada Würm o Edad de
Hielo, la cual comenzó hace 110 mil años y finalizó hacia el 12 mil a.C., llegando a alcanzar una
temperatura media 10 o 12 grados más baja que la actual (glaciaciones). Se supone que, por 19 mil años,
los grupos primitivos del Asia tuvieron la oportunidad de cruzar el «puente de
Beringia». Tiempo fue suficiente para que los primeros grupos humanos y otras
especies procedentes de Asia llegaran al norte de América.
109. Otro elemento sumamente significativo es que tuvieron ritos
funerarios. En el yacimiento italiano de Circeo se halló un cráneo rodeado por
un círculo de piedras, en el yacimiento uzbeko de Teshik Tash apareció el
esqueleto de un niño protegido por un círculo de cuernos de cabra hincados
sobre el suelo. En otros restos se han hallados huesos de oso rodeados de
materiales en círculo. Lo que lleva a fueron los primeros en pensar en el Mito
del Oso. Por otro lado, muy pocos llegaban a los cuarenta años. Y no era por
mala alimentación sino por riesgos ambientales y ocupacionales. Estaban bien
alimentados. Inventan la lanza. Inventaron el llamado arte rupestre, pero hay
quienes sostienen que se trata de representaciones de ceremonias chamánicas.
110. Otras señas sorprendentes de
pensamiento simbólica en los neandertales son las Venus de Berejat Ram y de Tan
Tan (figuras antropomorfas de entre 200.000 y 300.000 años); los círculos de
piedras de hace 175.000 años en la cueva de Bruniquel, en el suroeste de
Francia; y el uso de plumas de aves como ornamento o como capa, documentado en
Gibraltar. Lo cual demuestra su capacidad para el pensamiento simbólico.
Practicaba el canibalismo ritual entre algunos grupos del Paleolítico Medio. Lo
que se asocia al gran abundamiento de restos infantiles. Tuvieron lenguaje
articulado. Tenían maquillaje y ornamento personal.
111. Sus herramientas líticas
corresponden a la llamada cultura musteriense y, en su etapa final, a la cultura Châtelperroniense.
Algunos han atribuido la capacidad simbólica a la cultura Châtelperroniense,
eso es al Neandertal en su etapa final. Pero las numerosas pruebas que confirmarían
que los neandertales tuvieron lenguaje, cognición avanzada y pensamiento
simbólico, desmienten esta posibilidad. Sobre su extinción se
han formulado varias hipótesis. Se descarta la que contempla la rigurosidad de
la última glaciación porque los neandertales se hallaban muy bien adaptados al
frio. La hibridación con el Homo sapiens sapiens parece probable por el mapeo
del ADN. Pero no se puede descartar su falta de competencia por los recursos
debido a su poca población y por la población diez veces más numerosa del homo
sapiens sapiens. Otra hipótesis enfatiza la trasmisión de enfermedades
tropicales por seres humanos que emigraron de África. Finalmente, otra teoría
vincula su desaparición a la desaparición del supervolcán de los Campos
Flégreos en Nápoles, Italia, hace 39 mil años.
112. Ahora bien, la interpretación
del pensamiento simbólico del Neandertal se ha divido en dos frentes: la
inmanente naturalista y la trascendente sobrenaturalista. La primera sostiene
que la conciencia existencia no sólo del neandertal sino del paleolítico en
general es horizontal, secular, inmanente y naturalista. Como prueba de ello
exhiben las pinturas rupestres de animales y figuras humanas en las cavernas
prehistóricas. Esta interpretación no niega la existencia de lo sagrado en el
nómade recolector cazador, pero afirma que no concibe lo trascendente porque en
su conciencia paradójica primero es el todo antes que la parte. Pero esta
concepción del Paleolítico como pura inmanencia horizontal sin trascendencia
vertical no explica la razón de ser de los enterramientos rituales que se
manifiesta a partir del Neandertal. Ver lo sagrado como pura inmanencia sin
trascendencia puede ser admisible en la metafísica pre-animista del Homo
habilis y hasta en la metafísica animista del Homo erectus, pero resulta bastante
controvertible su negación en el Homo Neandertal.
113. En primer lugar, lo para
nosotros es arte para el hombre prehistórico resultaba ser religión. Cometemos
anacronismo al llamar “arte” a las pinturas rupestres del prehistórico. Su
pensar estético es al mismo tiempo pensar metafísico-religioso. Ese es el
significado más plausible de las impresiones en negativo de manos en las cuevas
del periodo, por ejemplo. Igual sucede con los círculos de piedra y hueso en
los enterramientos humanos y del oso. Representar lo sagrado como mera
inmanencia sin trascendencia no requeriría de tanto rito, se lo abandonaría en
el campo, la estepa o en la cueva sin mayor detalle. Algo tuvo que cambiar en
la idea misma de lo sagrado con el Neandertal. Y ese algo fue la profundidad
metafísica de lo numinoso. Todo indica que surge la idea del alma, del
espíritu. Esta idea del alma no es la primera metafísica del hombre
prehistórico, sino que es un salto cualitativo en su desarrollo como criatura
metafísica dentro de la especie humana.
114. Con el Neandertal la especie
humana expresa su capacidad para percibir lo sagrado separado de lo inmanente.
Es la primera gran manifestación de lo trascendente. Pero tampoco es legítimo
atribuir a esta primera manifestación de lo trascendente un carácter complejo y
sumamente abstracto. Se trataría de una idea de lo trascendente como simple
“más allá” de las cosas invisibles. Pero esto aparentemente “simple” para
nosotros, resulta sumamente avanzado para el hombre prehistórico del
Paleolítico Medio.
115. Pues en realidad el
concepto-imagen se vuelve más complejo con operaciones figurativas, simbólicas,
metafóricas y analógicas. Su interpretación del cosmos se enriquece, pues la
totalidad viviente y animada no se extiende solamente al aparecer fenoménico
sino también al aparecer transfenoménico, lo invisible y onírico.
116. Su forma de sabiduría no sólo
es instrumental, sino mántica, pática, mágica y mítica. Aparece el chamán, el
mago y el brujo. Estos encarnan la figura filosófica de la época. Surge la
creencia en seres sobrenaturales y en el alma. El sentido de su sabiduría es
intuitivo-oracular. Se trata de una filosofía simbólica sin dioses ni religión,
pero con la creencia en la idea del alma y la vida de ultratumba.
117. Sería común la experiencia de
lo sagrado mediante la conciencia alterada, el trance y la posesión. La idea
del alma es la primera experiencia de lo sagrado como aquello trascendente. Con
el neandertal la espiritualidad del hombre primitivo deja de ser plenamente
horizontal e inmanente. Es el primer salto firme hacia lo vertical y el
abandono de la horizontalidad de la inmanencia. Es la primera vez en que la
mentalidad participatoria del hombre primitivo se entrena en el acceso al mundo
de lo sagrado. Esta actitud lo pone en condiciones de alcanzar la auténtica
revelación de lo real en la captación del “más allá”.
118. Su pensamiento simbólico admite
intuitivamente en la realidad una vida visible y otra vida invisible. No se
plantea inferencias lógicas sino el esplendor de una visión. Lo cual no
significa la existencia de otros principios lógicos para cada especie humana,
sino otro uso de los mismos principios lógicos. Su comprensión implica ir más
allá del principio de identidad y de razón suficiente del intelectualismo
racionalista. El filosofar simbólico emplea la analogía, la lógica
paraconsistente y la armonía de los contrarios. Se echan las bases lógicas para
el pensamiento chamánico más desarrollado y el mítico. Esto indica que el mito
del oso más que una narrativa sería una visión simbólico-analógico de lo que la
cosa “oso” representa como espíritu. En realidad, con el Neandertal lo que
alumbra no es el Mito –narración transreal de lo real o forma narrativa analógico-metafórica que tiene la razón ancestral de
responder a los misterios del cosmos -, sino lo Mitomórfico –primera
intuición de la separación entre lo sagrado y lo profano y que alcanzará su
mayor desarrollo con el homo sapiens sapiens-.
119. El contacto del Neandertal con
una mayor profundidad de lo espiritual muestra que lo divino tiene además de las tres funciones del lenguaje –indicativo,
emocional y representativo- una cuarta: la paradigmática, o el don de hacerse
presente simbólicamente a través de cualquier medio. Esta dimensión se
relaciona con el primer salto hacia la trascendencia del Homo neandertal. De
ahí que la lingüística no puede limitarse a la dimensión humana, ni limitar el
hombre la captación de la realidad. Lo que en realidad experimenta la
especie humana con el Neandertal es un mayor desarrollo de sus sentidos
espirituales.
120. Ahora lo profano cobrará
sentido desde lo sagrado y esta sacralidad implica una dimensión inmanente que
desoculta otra dimensión de carácter trascendente. Es el primer atisbo
participativo en develar el ente extramundano desde el ente intramundano y en
inaugurar de modo alegórico la diferencia entre el Ser y el mundo físico. Con
el Neandertal esta sabiduría del ente sagrado trascendente se halla en su fase
inicial y deberá esperar milenios para su pleno esplendor con el Homo sapiens
moderno. Aquí no se trata de la diferenciación clara entre lo profano y lo
sagrado, de la nos habla Mircea Eliade, sino de una intuición mitomórfica
normativa que da forma incluso a lo sagrado y lo profano.
121. Existe una frontera
epistémico-ontológica entre lo mitomórfico y lo mitocrático. El primero siempre
lo portará el chamán, el brujo y el mago tanto prehistórico, como ancestral y
actual. Mientras que lo segundo es propio de las civilizaciones teocráticas
fenecidas. Lo mitocrático auténtico implica la creencia real en lo
trascendente. En cambio, el mitoide de la sociedad moderna son puras creencias
inmanentes sin trascendencia. Para entender cabalmente el surgimiento de lo
mitomórfico en el Paleolítico Medio con el Neandertal, hay que distinguirlo de
lo mitomórfico tanto del Cromañón como de las civilizaciones antiguas que son
propiamente mitocráticas. Lo mitomórfico subsiste hasta el día de hoy en las
prácticas chamánicas, no así lo mitocrático en el mundo occidental, americano
ni asiático, aunque sí en el mundo islámico.
122. Nuestro cavernícola hombre de
la Edad de Hielo era un devorador de cadáveres para efectos rituales. Esta
ceremonia o práctica cultual implica la idea de adoración, reverencia o
devoción a una persona, cosa o situación reconocida como superior. Es un
acatamiento de lo sagrado. Lo sagrado es una experiencia existencial
constitutiva de la condición humana. Y en las sociedades prehistóricas es
revelación de un mundo abierto a lo trasmundano, numinoso y trascendente. Lo
cual supone el comienzo de una gran atracción por el misterio, lo oculto y por
todo aquello que ayuda a espiritualizar la vida. Los enterramientos rituales
del Neandertal indican su sensibilidad a esquemas iniciáticos. Sus ritos buscan
satisfacer sus incipientes necesidades religiosas. Pero, además, cumplir con el
rito representa experimentar una trasmutación espiritual, confiriendo a la
muerte una función positiva para preparar el nuevo nacimiento. Los
enterramientos rituales del Neandertal buscan trascender la condición humana en
una palingenesia sobrehumana.
123. En la metafísica espiritualista
intuitiva del Neandertal hay una mutación ontológica del régimen existencial.
Mitos y ritos que reviven el modelo cosmogónico primitivo de la naturaleza.
Mediante esta obsesión por la Vida todo vuelve a ser como había sido in illo tempore. También en la
cosmogonía intuitiva prehistórica del Neandertal el ser surge del no-ser, del
caos. La mente neandertal es más descriptiva que narrativa. En rigor, él no
narra sino describe. No estaba capacitado para un relato con estructura textual
compleja. Pero si era capaz de describir con una estructura textual simple.
Esto es, mostrar la realidad tal como la percibe. De ahí el carácter intuitivo
de su metafísica espiritualista y de sus incipientes mitos. En realidad, no
tiene mitos sino ritos y la experiencia mitomórfica inicial de la separación de
lo sagrado y lo profano.
124. Según las evidencias
arqueológicas los neandertales tuvieron un arraigado sentido de compasión
derivado de sus relaciones comunitarias preocupadas por el bienestar general.
Cuidar de sus miembros que sufrían heridas o algún tipo de incapacidad física
tiene que ver con algo que va más allá de la empatía que está presente en un
chimpancé y primeros humanos. Se trata del sentimiento de la compasión que es
una manifestación sublime del amor. Compasión es amor desinteresado que eleva
la vida espiritual humana a sus más altas cumbres. Resulta siendo la piedra fundacional de las
venideras religiones sin recompensa. El caso más antiguo y sorprendente –porque
habla de todo el amor contenido en estos corazones- se obtuvo de KNM-ER 1808,
un ejemplar femenino de Homo Ergaster, que vivió hace 1,5 millones de años.
La
compasión es la emoción humana más fundamental y prueba que es característica
de la especie humana desde nuestros antepasados más antiguos. Lo cual desmiente
que el hombre prehistórico estaba regido por principios de fuerza, poder y
competitividad. La compasión ocupa un lugar central en su vida comunal y
personal.
125. La compasión induce a la
solidaridad, sacrificio e induce a un tipo de felicidad especial, profundamente
espiritual, no ligada a ningún bien material. La compasión es escuchar la voz
del corazón, el cual no es movido por un bien sensible sino suprasensible. Es
amor puro por la creación. Sólo el corazón puede ver lo que no muere, ni tiene
comienzo ni fin, esto es, el amor, que es eterno. Por eso el corazón es adivino
y el que lo hace todo porque va más allá del tiempo y habita en lo intemporal.
Es auténtico amor por la vida, que para el hombre prehistórico viene envuelto
en numinosidad sagrada. Ello significa que el hombre prehistórico no sólo veía
con los ojos sensibles sino con los ojos del corazón.
126. No hay duda en son tiempos en
que la primacía no la tiene la materia sino el espíritu. El desarrollo de los
sentidos espirituales mostrados por la compasión es otra muestra que estamos
ante una criatura de hechura metafísica y espiritual. Y es así porque no sólo
el cuerpo tiene sentidos, el alma también los tiene y son de carácter
espiritual. Por ello, la expresión de la filosofía prehistórica no puede darse
primero por la inferencia lógica, sino por el símbolo, la metáfora, la
analogía, expresables de lo intuido en una realidad numinosa que es a la vez
metafísica, estética y mística. No es una metafísica de la Aletheia, ni del
eidos, ni del percipi, sino de la presencia, de lo numinoso prístino, que no
necesita develamiento porque se devela sola. Lo cual significa que existe un
ámbito propiamente humano que es índole metafísico, espiritual, suprasensible e
inteligible.
127. La compasión ya estaba presente
en los primeros enterramientos del Homo erectus. Pero lo que se observa en el
Neandertal es algo superior. Los actos del amor y odio, destacaba Franz
Brentano, son más elementales que los del juicio. Y he aquí que se comprueba
que el sentido emocional de la manifestación racional del Homo neandertal sufre
una transformación cualitativa. En realidad, como subrayó Max Scheler, el amor
y el odio descubren el valor incluso
antes de que haya sido preferido e intuido. Amor y odio representan el más alto
grado de nuestra vida emotiva porque la persona se realiza a través de los
valores. El neandertal es más persona que sus antecesores Homo habilis y homo
erectus, y su captación de los valores es más amplia y rica.
128. A través de su emoción los
valores son objeto de una intuición inmediata. La compasión es muy importante
porque es un valor que no caracteriza cosas sino personas. Esto significa que
el principio antrópico ya emergido durante el Homo erectus experimenta una
profundización y crecimiento notorio con el neandertal. Con el grado más alto
de la vida emotiva se conciben mejor la existencia de los valores objetivos y
formales.
129. Por la realización del valor el
individuo se convierte más en persona. La persona es la forma necesaria del ser
del Espíritu. No hay espíritu impersonal, pues la esencia de la Persona es el
espíritu. Más profundo que sentir un valor es preferir un valor, porque implica
una elección y un acto espiritual que realiza la persona. Con la compasión el
Neandertal testimonia una ampliación del amor y el odio, que posibilita el
reino del valor accesible a la intuición emocional. Además, en sus
enterramientos también se pone de manifiesto la compasión, porque el Neandertal
vive la muerte como parte de la vida. Vive la esencia de muerte en la memoria y
esperanza de la perduración de la persona más allá de la muerte. Todo lo cual
ratifica que la filosofía surge antes que para responder a cuestiones lógicas a
cuestiones ontológicas. Rasgo existencial que hace posible su existencia en el
mundo prehistórico del hombre.
130. El neandertal ha dado muestras
de compasión y pensamiento complejo, es capaz de producir ideas espirituales.
No obstante, eso no significa que para el filósofo neandertal lo espiritual sea
trascendente. El mundo se sigue mostrando lo suficientemente numinoso para que
lo espiritual permanezca en la inmanencia. En todo caso hay en la misma
inmanencia algo especial y sagrada que merece reverencia. La realidad todavía
se revela mágica. El filósofo neandertal es el mago-chamán, que conoce la forma
de manejar las fuerzas de la naturaleza para determinados propósitos –como el
paso de la vida a la muerte-.
FILOSOFÍA MITOMÓRFICA
EDAD DE LA METAFÍSICA
NUMINOCRÁTICA PRE-MITOMÓRFICA
SUMARIO: -Filosofía
pre-mitomórfica del Cromañón. -Decadencia de la metafísica de la presencia.
-Metafísica de la evocación. -Las Venus líticas. -Cazador de Edad de Hielo.
-Cuevas como santuarios. -Revolución mesolítica. -Calcolítico. -Cuadro de
Filosofía Prehistórica. -Hallar el sentido del mundo. -Innovaciones
tecnológicas. -Símbolos ideomorfos. -Fortalecimiento de principio antrópico.
-Arte totémico chamánico. -Inmanencia se separa de trascendencia. -Cultos
totémicos. -Creencia en seres sobrenaturales. -Atar el más allá en el más acá.
-Misterio de la procreación. -Ratificación como criatura metafísica. -Pérdida
de unidad con el todo de lo viviente. -Filosofía como forma de vivir.
131. El cuarto
período de la filosofía prehistórica es la Edad de la metafísica numinocrática
pre-mitomórfica y corresponde al hombre moderno Cromañón del paleolítico de 40
mil a 10 mil años A.C.
132. La filosofía
del paleolítico inferior con el Homo habilis y del Homo erectus, y la del
paleolítico medio con el Homo Neandertal, está signada por una metafísica de la
presencia que se deriva del sentimiento de unidad con la totalidad de lo
viviente. Pero la filosofía del paleolítico superior con el nuevo hombre
moderno, encarna la decadencia de la metafísica de la presencia y del
sentimiento de unidad con la totalidad de lo viviente y su reemplazo por una
metafísica de la evocación, que brota del sentimiento cósmico de alejamiento
respecto a la totalidad de lo viviente.
133. No otra cosa representan las figuras
femeninas de las Venus líticas, como objetos mágicos para asegurar la
fertilidad y la fecundidad, y la conversión de las cavernas en santuarios para
pinturas rupestres. Es el comienzo del fin del sentimiento de unidad con el
todo y su sustitución con la evocación chamánica y mágica. El nuevo hombre
moderno del paleolítico superior echó las bases de la filosofía mitomórfica del
chamanismo que imperará durante el mesolítico y neolítico.
134. El Paleolítico superior es del dominio del Homo sapiens sapiens, que apareció en
África hace unos 200 mil años. Es el tercero y
último de los periodos en que está dividido el Paleolítico o Edad de Piedra. Está
caracterizado por la preponderancia de distintas industrias líticas y sus
periodos industriales se dividen en: antiguo (40-30 mil a 20 mil años), medio
(20 mil a 18 mil años), y final (18 mil a 11 mil años). Se extiende
aproximadamente entre los años 40-30,000 y el 12-10 mil antes
del presente. Coincide con la segunda mitad del último
periodo glacial, de clima muy frío, aunque con intervalos algo más
templados. En este ciclo de aparición y retroceso de las glaciaciones
continentales el hombre moderno del paleolítico colonizó nuevos territorios.
Migró masivamente desde Asia a América desde Beringia. Fue el primero en
navegar costeramente en canoas. Era un activo cazador. Inventó la aguja y el
arpón. Construyó cabañas temporales de ramas, de pieles y campamentos
veraniegos para la caza de renos. Representó estatuillas antropomorfas
femeninas conocidas como las Venus. Autor de gran cantidad de pintura rupestre.
Sus enterramientos evidencian que tuvo complejas ideas trascendentes.
135. También las especies humanas de
anteriores periodos -homínido
de Denísova, Homo erectus, Homo neandertal, Homo floresiensis-
son suplantadas por el Homo sapiens, como
único superviviente de la sub
tribu Homínida.
Ello aconteció entre 40-35 mil años. Pero actualmente se admiten hibridaciones
con el neandertal. El antropólogo británico Stringer ha planteado la tesis
difusionista conocida como “Los hijos de Eva”, según la cual los nuevos hombres
modernos habrían tenido un origen independiente en África oriental. Esto ha servido en dos sentidos: primero,
para valorar la visión continua en vez de discontinua de la especia humana, y
para abandonar la adscripción de los ancestros humanos a los grandes troncos raciales
del presente. Pero el hombre moderno suple su falta de adaptación corporal
(menos bello corporal, morder, correr) con su desarrollo cultural (nuevas armas
y estrategias). Tenía la frente recta, el mentón marcado y estatura elevada.
Esas características del Cromañón se diversificaron dando lugar a variedades
regionales. Su utillaje lítico muestra un notable desarrollo del tallado. A
diferencia de sus antecesores utilizaban las cuevas no como vivienda sino como
santuarios.
136. El punto final del
Paleolítico Superior será la revolución
mesolítica (hace 10 mil años). Durante este período y con la llegada del clima
templado advienen los bosques, nace el sedentarismo, las aldeas, dominio de
animales y expansión demográfica. La revolución neolítica se gestó en los
avances tecnológicos del mesolítico. En realidad, los periodos mesolítico y
neolítico son considerados las partes finales de la Edad de Piedra. Pero el fin
de la Prehistoria abarca la Edad de los Metales (Cobre, Bronce, Hierro). Pero
mesolítico y neolítico son parte del desarrollo de este nuevo hombre moderno
del Paleolítico Superior. Por tanto, se justifica mencionar que el hombre
moderno durante el mesolítico inventa el arco y la flecha, su vida es sana y
relajada, trabaja dos horas al día, tiene mucho tiempo para pensar.
137. Todavía sin
ganadería, agricultura ni metalurgia, estos últimos cazadores conocen un
aumento de la producción y disminución de la escasez. Estos cambios darán paso
a las sociedades campesinas del neolítico. Al adoptar la agricultura se vuelven
sedentarias. El neolítico se divide en precerámico y cerámico. Se admiten cinco
centros de origen: Oriente Próximo, China, Sudeste Asiático, México y Perú. En
Mesopotamia se inventa la escritura. Se erigen grandes monumentos megalíticos
para templos, cámaras funerarias y observación de los astros. Añaden la nueva
actividad de la minería.
138. Esto da paso al
Calcolítico o Edad de Cobre con las primeras sociedades complejas y
jerarquizadas. Se usa la lana, la leche, el queso, el yogurt. Se edifican
grandes ciudades con regadío y drenaje. Se emplea el buey como animal de tiro.
Lo cual provocara el inicio de la Edad de Bronce (2,200-750 a.C.), caracteriza
por un notorio mejoramiento de la aleación de los metales (mayor dureza), se
fabrican joyas de oro, se diversifica el armamento ofensivo, se forman elites
guerreras, cunde el culto al guerrero junto al caballo y al toro, surge la
desigualdad social, se multiplican las aldeas fortificadas, depósitos votivos
con objetos metálicos, se domestica el caballo y se inventa el carro de
combate. Luego adviene la Edad de Hierro.
139. Ahora bien, la
Prehistoria del Viejo Mundo no coincide con la Prehistoria del Nuevo Mundo.
Pero el punto más importante es que la llamada filosofía prehistórica tendría
tres periodos: la numinocrática (paleolítico inferior, medio y superior), la
mitomórfica (mesolítico, neolítico) y la mitocrática (Edad de los Metales).
Veamos la filosofía del paleolítico descrito en un cuadro sobre la
correspondencia de la filosofía prehistórica con cada especie humana.
Filosofía Prehistórica
Edad de Piedra
Edad de los Metales
P. Inferior P. Medio P. Superior-Mesolítico Neolítico /
Cobre Bronce Hierro
Filosofía Filosofía Filosofía
Numinocrática Mitomórfica Mitocrática
filósofo-mago filósofo-chamán filósofo del mito
Filosofía Histórica (India, China, Grecia)
Filosofía logocrática/filósofo
del concepto
140. En la prístina
filosofía numinocrática el ser adviene al hombre, es una filosofía de la
presencia, la humildad y la inocencia predomina en el filósofo mago. En la
filosofía mitomórfica el crecido principio antrópico rompe la unidad con el
Todo, el ser escucha al ser pensante y necesita ser evocado, es una filosofía
de la evocación, predomina el filósofo chamán. En la filosofía mitocrática el
ser se oculta al ser pensante y necesita ser develado, es una filosofía de la
Aletheia, predomina el filósofo del mito. Finalmente, en la filosofía
logocrática el ser se deja ver en lo universal inteligible, es una filosofía de
la esencia, predomina el filósofo del concepto.
141. La filosofía ha
cambiado de forma, pero no de contenido, porque el contenido es el Ser,
entonces en el fondo es un arte, es el arte de asombrarse y preguntar por la
realidad y por el sujeto que se hace la pregunta. Pero dicho arte no responde a
un ejercicio estético sino a una urgencia existencial y ontológica de la razón,
porque la razón se pone en marcha no por cuestiones lógicas sino por razones
existenciales. O sea, en el fondo la filosofía es un arte de vivir y para
vivir. El sentido de su búsqueda es el para qué y por qué del existir en este
mundo. Mundo que se desdobla en un universo visible y en otro inteligible. En
ese sentido el problema no es la vida sino encontrar el sentido de un mundo en
el que se vive. Y ese fue el desiderátum de la criatura humana desde el
paleolítico con el filósofo pre-animista, animista, espiritualista, mago,
mítico y conceptual del presente. Distintos afanes han atravesado la filosofía
y el filosofar: sobrevivencia, evocación, salvación, teoría, pero al final es el
mismo sacudimiento del existir.
142. Tres fueron las
innovaciones tecnológicas en el paleolítico superior, como son, la talla de la
piedra, la fabricación de nuevo instrumental de hueso y asta y el arte
mobiliar. Pero más decisivas fueron sus novedades en la vida espiritual y las
ideas trascendentes del nuevo hombre moderno del paleolítico, es notoriamente
resaltante en tres ámbitos: la pintura rupestre, los enterramientos y las venus
líticas. Su proliferación durante 20 mil años y su repentino cese son
significativos.
143. Sobre las pinturas
rupestres Sautuola y Vilanova fueron los primeros en creer en el valor de aquel
arte desconocido, luego ratificadas por Riviere, Daleau, Cartaillhac y el abate
Breuil. Así la importancia de este arte mural quedaba reconocida ante la
testaruda oposición de la ciencia ortodoxa. Pero la búsqueda de sentido de
estos murales, que comprenden relieves, grabados y pinturas, aún sigue. Están
repartidas en más de un centenar de cuevas en Francia y España, siendo quizá
las más conocidas las de Lascaux y Altamira, consideradas las Capillas Sixtina
del arte Cuaternario. Lo que refuerza la interpretación religiosa de que son
lugares y figuras de culto es la disposición en círculo en que se disponen las
figuras de animales en la cueva Le Roc de Sers. O las imágenes crudamente
femeninas en las paredes de la caverna de Angles-sur-Anglin. También hay
estilizaciones y abundancia de signos desconocidos, figuras ceremoniales de
hombres disfrazados y danzando con máscara de animal, profusión de manos con verdaderas
mutilaciones de sacrificio, deformaciones y enfermedades (Altos Pirineos y
Cáceres), lámparas de piedra con mecha y grasa junto con antorchas que servían
de iluminación y calefacción. Es decir, los motivos naturalistas aparecen
acompañados de motivos simbolistas. Paredes con grandes toros llenos de vida,
con veloces caballos, la escena de un hombre con un posible poste totémico
coronado por un ave (Lascaux). Hay otras paredes donde predomina el mamut, al
lado de cabras, bisontes, rinocerontes y parte de la desaparecida fauna del
Pleistoceno (cueva de Miremont). La serie de puntos, los tectiformes y otros
extraños símbolos ideomorfos pintados en rojo (del Castillo) es de lo más
difícil de interpretar. Dibujar no es escribir, pero simbolizar puede ser
proto-escritura. Lo cual habla de la gran inventiva del hombre de este periodo.
144. Aquí no se va a
abundar sobre los focos, difusión, escuelas y tendencias del arte Cuaternario,
lo que ha sido bastante estudiado por los especialistas como Grahame Clark. Lo
que aquí concita la atención es la interpretación de su significado. Breuil
propuso la interpretación de escenas naturalistas de cacería. Leroi-Gourhan
subrayó un hondo simbolismo sexual. Otros han defendido un sentido estético y
finalmente la teoría del origen mágico. Actualmente se la concibe como un sistema de
representación artística, en general, que está relacionado con prácticas de
carácter mágico-religiosas para propiciar la caza.
Sin embargo, si el propósito era propiciar la cacería no ve con claridad cuál
sea la función de las manos, los símbolos y signos abstractos. Para qué mezclar
la representación naturalista con la representación simbólica. Lo que se
cuestiona no es la función mágico-religiosa sino su exclusiva función cazadora.
Además, si había abundancia en la fauna del Pleistoceno para qué tomarse el
trabajo de invocar a los animales. Esto hace pensar que había otra razón más
profunda que perturbaba la mente del nuevo hombre moderno del Paleolítico. Y
este algo era el aumento exponencial de su creatividad e invención. Lo que le
da un sentimiento de soberanía sobre todo lo demás, se experimenta un
fortalecimiento del principio antrópico, pero a la vez, se produce un distanciamiento
de su unidad con el Todo.
145. Lo numinoso prístino de sus
congéneres arcaicos ha empezado a desvanecerse. Aquel sentimiento de unidad con
la totalidad de lo viviente se está apagando y necesita existencialmente
recuperar la seguridad en el mundo supliéndolo con algo que le devuelva la
tranquilidad y confianza.
146. Entre todas sus invenciones la más
decisiva será la del arte totémico-chamánico. Emerge la esfera
ontológico-epistémica de la mentalidad mitomórfica, la cual anda a horcajadas
entre lo numinocrático y el venidero mundo mitocrático que prepara. Esto hace
que el arte rupestre no sea en realidad arte sino un complejo de pensamiento
unitario de magia, arte, religión y filosofía, en donde no estaban ausentes
sino muy presentes, los estados alterados de conciencia. La pintura rupestre es
filosofía mitomórfica, de invocación y manipulación de fuerzas invisibles,
mediante representaciones naturalistas y simbólicas y prácticas mágico-religiosas, para propiciar la recuperación
del sentido de la vida y la unidad perdida con el mundo.
147. Si en la filosofía numinocrática la
inmanencia vive junto con la trascendencia, el mundo mismo es percibido como
sagrado y mágico, no hay necesidad de acto externo para participar de la
presencia del ser, en cambio en la filosofía mitomórfica la inmanencia se
separa de la trascendencia, el mundo luce desgajado entre lo profano y lo
sagrado, y se hace necesario un acto externo (magia) para participar del ser
mediante evocación y manipulación. El filósofo del paleolítico se vuelve en
mago y chamán. El sistema de la razón del nuevo hombre del paleolítico se hace
más simbólico y sígnico, la mayor agudeza de sus sentidos perceptual,
intuitivo, emocional, estético, ético y religioso lo lleva hacia un mundo más
complejo. Su aparente naturalismo no habla de un ser naturalista, más
naturalistas eran el Homo habilis y el Homo erectus, sino que hablan de un ser
más espiritual y simbólico, que celebra su mayor señorío sobre la naturaleza.
El sentido ontológico de la razón nos lleva al reconocimiento del carácter existencial
de la filosofía y éste hacia la identificación en el hombre moderno del
paleolítico de un sistema de razón que busca responder a cuestiones
existenciales de carácter espiritual.
148. Su respuesta praxiológica (la magia
del paleolítico superior) es una forma de sabiduría donde se trata de obligar a
la sobrenatural fuerza vital de los seres naturales a obedecer para subsanar la
ruptura entre lo ontológico y lo histórico. Su propensión por los cultos
totémicos es un claro indicio de que no hay nada parecido a un monoteísmo ni un
proto-monoteísmo, sino que es el esfuerzo del último hombre de la Edad de
Piedra para alcanzar un equilibrio interno a través de una religión de
integración. Así en los ritos funerarios y en el canibalismo con los cadáveres
se busca que el difunto permanezca en la familia, que continúe entre los vivos,
que venza a la muerte. Sus expandidas facultades del alma expresarían sus ideas
metafísicas mediante la danza y el canto, acompañar el alma del muerto en el
viaje al más allá. La creencia en lo sobrenatural y en el alma individual no
lleva de inmediato a la creencia en un alma universal ni en un dios único.
149. El último cazador del paleolítico es
el principio en la creencia del alma y en seres sobrenaturales. Un largo camino
durante 2,5 millones de años, de pre-animismo y animismo lo precedió y preparó
para sus nuevos postulados espirituales. La visión primitiva de la vida no pudo
ser la misma en el Homo habilis, el Homo erectus, en el Neandertal y en el
nuevo hombre del paleolítico. Ni la coerción del mundo fue la misma. Por ello,
su idea del bien del mal, la vida y la muerte, su libertad de pensamiento, hicieron
que su ideal de hombre fuera distinto durante el paleolítico inferior, medio y
superior.
150. El culto mistérico que inauguran en
cavernas de difícil acceso indica que la fecundidad y la alimentación no eran
los únicos problemas existenciales del paleolítico hombre moderno. Su
preocupación se extiende y profundiza constantemente hacia el misterio de la
vida y el enigma de la muerte. Es cada vez más consciente de su finitud, lo que
impulsa a la aparición de hombres especializados en ritos funerarios. Estos
hombres ya están en condiciones de elaborar la primera visión cultual-ritual
mediante un drama de la creación, todavía sin religión, ni dioses, pero con
seres sobrenaturales. Y en ello se ve la triple función de la magia totémica:
establecer una continuidad entre la vida y la muerte, actuar sobre fuerzas
sobrenaturales, y subsanar la ruptura entre lo ontológico y lo histórico. Las
culturas paleolíticas superiores no buscaban trascender en el más allá, sino
atar el más allá en el más acá. Experimentaban que se les escapaba de la vida
inmanente algo que se les aparecía como vida sobrenatural. Estaban viviendo la
tensión entre lo profano y sagrado en su grado máximo, que llevaría hacia la
ruptura entre lo inmanente y lo trascendente.
151. De modo similar, las venus
paleolíticas no son simples ídolos ni amuletos de la fecundidad, sino que
representan la virtud mágica de la procreación. Menos aún representan un
primigenio culto a la mujer, ni una precoz igualdad de género. Tampoco la finalidad
era erótica. Nada de esto. El estilo de las Venus no es realista ni naturalista
como algunos piensan, sino exagerado, impúdico y ostentoso. No hay manos,
brazos ni rostros. En cambio, se enfatizan las caderas anchas, las nalgas
voluminosas, el vientre generoso y los senos caídos, cuando no el cabello. Aquí
la divinidad no es la mujer sino la fuerza de la fecundidad y el misterio de la
procreación. No es que todas las mujeres del periodo presentaran esteatopigia o
acumulación de grasa en determinadas regiones del cuerpo, pero tal énfasis era
asociado a la abundancia. Otra vez constituye una alegoría a la vida.
152. Se trata entonces de recibir un
poder superior mediante estas representaciones. Esta magia propiciatoria del
paleolítico superior dura 30 mil años y no se repitió. Como sugiere la
investigación etnográfica su libertad de creación estuvo asistida por la
considerable abundancia de la que gozó el hombre durante el Paleolítico
Superior. Nuestro activo depredador no necesitaba inclinarse a hacer súplicas
para escapar de una inexistente hambruna. Ningún cadáver suyo habla de
inanición o falta de alimento. Hay evidencias de enfermedades neurológicas,
como la neurofibromatosis, pero no de hambruna. Por lo cual, es sensato pensar
que sus ajuares funerarios como la creación de santuarios estuvo motivada
porque es una criatura metafísica, asediado por preguntas que atañen al sentido
último de las cosas. Esto es, incluso detrás del fenómeno religioso está el
fenómeno filosófico, lo mágico-totémico se deriva de esta condición humana de
filosofar por necesidad existencial.
153. El homo sapiens
sapiens es la especie homínida que consumará un acelerado desarrollo mental y
espiritual. Dará el salto a la manipulación acabada de las fuerzas de la
naturaleza con el chamanismo –precursora de la ciencia-, organizará la
intuición de lo trascendente mediante el Mito –anunciadora de la Revelación- y
arribará al dominio del concepto lógico –que sin la fe no alza vuelo hacia la
trascendencia-. Pero el precio que paga por ello es demasiado alto. Ha perdido
la unidad con el Todo de lo viviente de sus ancestros extintos, a costa de un
extraordinario desarrollo de su razón natural. Pero este derrotero ya es parte
de la filosofía histórica y no de la razón prehistórica. Lo que el nuevo hombre
del Paleolítico deja sentado es que con él se ha iniciado un nuevo rumbo de la
razón. El principio antrópico será llevado a niveles insospechados. Y la
restauración de la unidad perdida con lo sagrado conocerá otros caminos –los de
la mística y la revelación-. Pero las bases de todo ese nuevo sendero fueron
recorridas por los ancestros del hombre moderno. La filosofía numinocrática se
consumó en las fases del paleolítico, pero será el hombre redimido el que
conocerá una forma superior de unidad con lo sagrado.
154.Finalmente, al
concebir la filosofía como una forma de vivir en busca de sentido antes que,
como una forma de conocer, entonces deviene en una necesidad existencial de la
razón que condiciona su universalidad. Y es así porque el problema raigal de la
razón no es lógico sino ontológico. Pero dicha universalidad no hace filósofos
a todos los seres racionales. Por el contrario, siempre hubo aquellos
inclinados a buscar el sentido de las cosas. O sea, desde el principio se
deslindó la “actitud” y la “aptitud” filosófica. Todos los seres racionales
tienen la “actitud” filosófica pero no todos desarrollan la “aptitud”
correspondiente. Por ello, la primigenia aptitud filosófica no debe ser tomada
por “cosmovisión”. La cosmovisión es el impacto psicológico-emotivo del mundo
que no reclama valor objetivo. Es una guía pragmática para el vivir. En cambio,
la filosofía esencialmente es búsqueda del sentido esencial para el vivir y con
aspiración totalizadora. Lo cual es inherente a la razón humana. Por ello afirmar,
que la filosofía que no es crítica no es filosofía sino cosmovisión, no
comprende que la crítica –como decía Kant- es un deber de la “edad moderna”,
pero no de todas las edades de la razón.
EDAD DE LA METAFÍSICA MITOMÓRFICA
SUMARIO: -Filosofía de la religión de
integración. -Apertura de diferencia metafísica entre lo profano y lo sagrado.
-Chamanismo mistérico. -Sabiduría de lo divino. -Búsqueda del éxtasis. -Primera
indagación por el ser del ente. -Lo suprasensible. -Logos participativo.
-Manipulación mágica del destino. -La experiencia de la muerte. -Reino de lo
metafísico y espiritual. -Ideas sin conceptos.
155. A la Edad Numinocrático Pre-Mitomórfica le
sigue la Edad propiamente mitomórfica. Aparece con el Neandertal, pero se
desarrolla en el Cromañon. Insurge como el sentido mitomórfico de la filosofía contenida en el
chamanismo, como religión de integración y el carácter natural del éxtasis
chamánico. Siendo lo primero el descubrimiento fundamental de la categoría de
lo “mitomórfico”.
156. Filosofía es indagación sobre los fundamentos
asombrosos del mundo. El hombre
prehistórico y arcaico del paleolítico superior filosofó bajo la forma de la filosofía mitomórfica. Pues, lo mitomórfico al abrir la diferencia
metafísica entre lo profano y lo sagrado lo que hace es inaugurar la diferencia
entre el Ser y el mundo físico. O sea, la Naturaleza visible o la physis
sensorial no agota la realidad y más bien oculta la Naturaleza invisible o la
physis espiritual más allá del tiempo y espacio de los sentidos externos. El
horizonte mitomórfico sigue al horizonte numinocrático y precede al horizonte
mitocrático y al horizonte lógico. Es más, la idea de la muerte y la idea del
alma convierte al hombre en la criatura mitomórfica y metafísica por excelencia,
sin la cual no hubiese sido posible el razonamiento analógico del mito ni el
razonamiento deductivo de la lógica conceptual. Bajo el principio de identidad
en el filosofar logocrático, bajo el
principio de armonía de los opuestos en el filosofar
mitocrático y bajo el principio del éxtasis
visionario en el filosofar mitomórfico.
157.
El
contenido del filosofar mitomórfico gira en torno de la palabra performativa,
la mántica, lo horoscópico, escatológico, oracular e iniciático. Lo mitomórfico
es horizonte ontológico de lo sagrado y del misterio en el chamanismo. En el
mundo arcaico se indagó filosóficamente viajando
por el cosmos espiritualmente. Por ello, es la forma primordial de la
teoría del destino.
158. Si la filosofía mitocrática,
propia de las altas culturas, es un saber del ente divino, la precedente
prehistórica filosofía mitomórfica del chamanismo es un saber del ente sagrado.
Son los
sentidos espirituales los que abren el contexto mitomórfico. Sin la apertura
del contexto mitomórfico no es posible el mito ni la distinción entre lo
sagrado y lo profano.
159. Además, si el amor divino produce
éxtasis, no todo éxtasis es necesariamente fruto del amor divino.
El amor a seres espirituales intermedios también produce éxtasis y nos pueden
apartar del amor divino. El chamán busca
premeditadamente el éxtasis, en cambio el místico ve el éxtasis como una
señal de flaqueza física e insuficiente purgación espiritual. El éxtasis
chamánico es éxtasis natural de carácter artificial, inducido
pero real. No es éxtasis místico. Para Eliade el consumo de alucinógenos
muestra un “estadio degenerado” del fenómeno chamánico, porque intenta lograr
en “lo real” un viaje místico que se realiza en “lo imaginario”. No es una
experiencia mística auténtica. Por mi parte, considero que dicha experiencia es
real pero no precisamente benéfica porque conduce a la idolatría de seres del
inframundo y a la regresión espiritual al paganismo. No obstante, el chamanismo
es el precursor de sistemas religiosos más organizados.
160. La
primera desocultación del ser del ente en lo espiritual se dio en el horizonte
mitomórfico del chamanismo. El primer pensador que indaga la pregunta por el
ser del ente es el visionario chamán. De esta manera el preguntar por el ser
del ente se lleva a cabo no solamente en tiempos históricos sino prehistóricos.
161. Lo mitomórfico al abrir la
diferencia metafísica entre lo profano y lo sagrado lo que hace es inaugurar la
diferencia entre el Ser y el mundo físico. O sea, la Naturaleza visible o la
physis sensorial no agota la realidad y más bien oculta la Naturaleza invisible
o la physis espiritual más allá del tiempo y espacio de los sentidos externos.
La realidad empírica no será ilusión sino otro plano del devenir del ser
existente. Esta primera separación del mundo y el ser acontece en la filosofía
arcaica del chamanismo.
162.
El chamanismo es la forma arcaica del filosofar, entendiendo siempre la
filosofía como la búsqueda de respuestas últimas de la realidad, ya sea
mediante lo sagrado arcaico, el mito ancestral o mediante la razón griega. Es
decir, la filosofía es universal y multiforme, cambió de forma, pero no de
contenido. Lo que significa que el logos humano no sólo es conceptual sino
también participativo, el cual es un oír y ver por encima de la
conceptuación. La filosofía arcaica del chamanismo es logos participativo
mediante el horizonte mitomórfico. Sin horizonte mitomórfico no es posible la
distinción entre lo sagrado y lo profano, porque el hombre participa en el dejar ser de la realidad espiritual. Si
la filosofía mitocrática, propia de las altas culturas, es un saber del ente
divino, la precedente prehistórica del paleolítico superior, filosofía
mitomórfica del chamanismo, es un saber del ente sagrado.
163. Aquí sólo cabe hacer una precisión
sobre el distingo entre el aparecer mitomórfico arcaico del filósofo chamán y
el aparecer mitocrático ancestral del filósofo de la antigüedad. Pero también
cabe una distinción epistémica. Si el filósofo ancestral mitocrático corre tras
la indagación del destino, por su parte el filósofo arcaico corre tras la
manipulación mágica de dicho destino. Y todo esto responde a una determinada
capacidad de participar de la epifanía del ser. La arcaica Idea sin concepto,
el ancestral concepto-imagen, el heleno concepto lógico, y la monoteísta idea
suprarracional de la fe son capítulos ontológicos de la epifanía del ser.
164. El tema central es que la muerte
no concluye con el enterramiento del difunto, sino que se hace presente con un
rico material onírico que se acentúa en los llamados chamanes u hombres
visionarios de la prehistoria del paleolítico superior. Sería en estos últimos
en donde el material onírico aparece no como un elemento psicológico sino de
una fuente extramental. Esta fuente extramental se referiría a mundos sutiles
de los muertos, demonios, ángeles, semidioses y dioses, que universalizan la
experiencia humana de la vida hacia realidades que explicarían la ruptura de lo
histórico con lo ontológico. Esta experiencia desde la vida hacia la muerte y
desde la muerte hacia la vida constituye el horizonte mitomórfico desde el cual
fructificarán los mitos. Nuevamente aquí hallamos que el horizonte mitomórfico
precede al horizonte mitocrático y al horizonte lógico. Es más, la idea de la
muerte y del alma sobreviviente en el hombre lo convierte en la criatura
mitomórfica por excelencia, sin la cual no hubiese sido posible el razonamiento
analógico del mito ni el razonamiento deductivo de la lógica conceptual. No es
que lo mitomórfico carezca de lógica, al contrario, su lógica es
cualitativamente diferente a la lógica analógica del mito y a la lógica
deductiva del concepto lógico.
165.
Concebir la idea de la muerte es un acto de la mayor profundidad y complejidad.
No sabemos con certeza y exactitud cómo era. Pero se puede columbrar la
operación mental que representa. En el hombre no es una cuestión de instinto,
es un acto espiritual que trasciende la naturaleza y refrenda una función
metaempírica. Si la idea de la muerte naciera de un acto biológico instintivo,
entonces muchas otras criaturas del reino animal también efectuarían entierros
y rito funerarios. Pero es obvio que no es así. Los animales “están” en el
mundo, el hombre “es” en el mundo. La relación de los animales con el Ser es
indirecta, en cambio el hombre tiene una relación directa con el Ser. Por ello,
siente el Ser no sólo en su ser sino en todos sus congéneres. Otra razón más
para poner en cuestión la filosofía del “estar” del hombre americano de Rodolfo
Kusch. Esto es un signo poderoso que indica que el hombre más que pertenecer al
reino animal pertenece al reino de lo metafísico y espiritual. El tipo de
lógica del hombre prehistórico que lo llevó no sólo a perfeccionar instrumentos
hasta concebir la idea de la muerte no implica la existencia de otros
principios lógicos. Las tres leyes clásicas –identidad, no contradicción y
tercio excluso- son universales y las mismas. Lo único que varió fue la
combinación y hegemonía entre las mismas.
166.
El
enterramiento neandertal precede al cromañon y significa la primera evidencia
de modalidad ontológica postpersonal. Es decir, el hombre prehistórico captó de
forma puramente intuitiva la primera idea metafísica de la historia de la
humanidad, a saber, la idea del alma. Esto significa que la metafísica del
hombre primitivo, y ni siquiera hablamos del posterior hombre cromañon,
evidencia el ejercicio del pensamiento sobre la base de la mera intuición sin
mediación conceptual. Pero esa relación no conceptual no deja
de ser ideatoria. El pensamiento prehistórico es casi un pensamiento estético
–ideas sin conceptos-, pero no un mero “estar” en el mundo, como pudiera
suponer un kuschenao, sino una forma de “ser” ante el Ser, que no deja de
asombrar y atemorizar. Así, habría funcionado el razonamiento univoco
mitomórfico del paleolítico.
CAPÍTULO SEPTIMO
FILOSOFÍA MITOCRÁTICA
SUMARIO: -Propio de antiguas civilizaciones.
-Esencia del mito. -Metáfora posibilita visión filosófica. -El logos mítico.
-Mito como forma explicativa de la razón. -Imbuida de imaginación y religión.
-Hegemonía del logos del mito. -Centrada en la multivocidad y
plurisignificación. -Saber en función de la armonía del cosmos. -Abate
definición monocultural de filosofía. -Comprensión de imágenes metafóricas.
-Intuición religiosa de lo absoluto. -Pastor simbólico del ser. -Anonadamiento
ante el Todo divino. -Experiencia de la necesidad cósmica. -Hombre eternalista.
-Preferencia por la intuición mística. -El Absoluto dinámico. -Logos
estetizante. -Dimensión universal del espíritu humano. -Unidad y Multiplicidad
compatibilizados. -Rodeado de alteridad. -Principio de traducción multívoca.
-Armonía de contrarios. -Trascendencia: de Totalidad a Principio.
167. La categoría de lo mitocrático
da cuenta de la esencia filosófica en el pensar no occidental desde el
surgimiento de las civilizaciones antiguas hasta el surgimiento de la filosofía
griega. Es una reflexión metafilosófica o perifilosófica llamada Mitocratología.
168. Sin explicar la esencia
del mito, la esencia de la filosofía y la esencia del logos humano no es
posible hablar con sentido de la filosofía no occidental en las antiguas civilizaciones. Por ello la categoría de lo mitocrático
parte del reconocimiento de que constituye una petición de principio afirmar
sin más que la filosofía está en los mitos teogónicos y cosmogónicos.
169. Lo que hace posible
llamar “filosofía” al pensamiento mitocrático es la justificación de que lo
metafórico, analógico, multívoco, polisémico y alegórico del mito permite
postular una visión total y última de las cosas. Es decir, el mito consiente alcanzar un
pensamiento filosófico, porque la filosofía, no sólo como ciencia teórica, sino también como mito, permite dar cuenta de los principios fundamentales del mundo.
170. Lo “mitocrático”, entendido
como aquella forma de pensar que gira en torno al mito y no al concepto, que
por orbitar alrededor del mito no deja de ser lógico, y que, por tanto, los
principios lógicos siguen siendo los mismos, pero con la diferencia que la hegemonía
no la tiene el principio de no contradicción, cosa que ocurre desde Parménides y se consagra en el pensamiento
occidental con Aristóteles, sino que dichos principios lógicos se subordinan al
principio de contradicción. Cosa que hace posible el pensamiento metafórico, analógico, multívoco,
polisémico y alegórico, los cuales permiten con toda pertinencia postular una
visión total y última de las cosas, es decir permite alcanzar un pensamiento
filosófico en términos míticos.
171. El Mito es otra forma que tiene la Razón para dar cuenta con
sentido de las cuestiones últimas de la existencia y del mundo.
172. El pensar metafórico y
simbólico mitocrático no encuentra obstáculos lógicos para preguntarse y dar
respuesta sobre los problemas fundamentales del mundo y de la vida. Esta forma
de filosofía ancestral está ciertamente imbuida de imaginación, pero parte de
una base empírica que no se desliga de las creencias religiosas. De allí que,
aun cuando los principios lógicos de la mente humana sean los mismos, sin
embargo el principio lógico ancestral dominante sea el principio de
contradicción y no el principio de identidad.
173. El pensar mitocrático
caracteriza la hegemonía del logos del Mytho en una etapa civilizatoria de la
humanidad ancestral y se maneja con el universal conceptual lingüístico alcanzado por la
metáfora. Existió un logos filosófico, que
sincrónicamente surgió como discurso homogéneo en el Mito de todas las
sociedades ancestrales, y que diacrónicamente presenta una variación de su eje
lógico del Mito a la Razón a partir de Grecia.
174. El filosofar metafórico alegórico del
pensar mitocrático al estar centrada en las cuestiones espirituales empleó la
intuición y la metáfora para expresar ideas filosóficas. Es un filosofar
poético. Estas ideas no tenían el carácter descriptivo de la definición
aristotélica, pero sí efectuaban una explicación y descripción metafórica sobre
la base de la transposición y comparación de ideas. Aquí lo importante no era
la precisión, lo claro y distinto, por el contrario, el fondo espiritual de la
realidad justificaba la multivocidad y plurisignificación.
175. Lo mitocrático como hecho
civilizatorio describe la historia de la razón en occidente, la destrucción del
poder de revelación del mito y la profundidad de su discurso, así como que la
filosofía como medio de conocimiento no se limita al discurso racional,
abarcando también lo irracional, misterioso, iniciático y místico. De modo que,
la filosofía cosmogónica y teogónica de las culturas mitocráticas no está en
función del conocimiento mismo, sino de la regeneración del ciclo de renovación
del mundo para mantener la armonía del cosmos. Se trata de saber cuándo
ocurrirá el próximo cataclismo y el comienzo de la nueva era. Las altas
culturas del neolítico superior expresan esta preocupación a través de una
filosofía cosmogónica, donde el hombre pertenece a la tierra y la tierra
pertenece al cosmos de los dioses.
176. Lo Mitocrático
es el término creado en el debate sobre el logos de la filosofía para
comprender la existencia del pensamiento filosófico no occidental,
frecuentemente marginado por la definición monocultural de filosofía. Occidente
desarrolló preponderantemente una filosofía logocrática,
donde dominó el concepto y la razón analítica; mientras que, en otras
tradiciones culturales, como la prehispánica y la oriental, desarrollaron un
pensamiento filosófico mitocrático,
donde domina la alegoría, el símbolo, la analogía, la intuición, la tradición
religiosa y lo trascendente. El sacerdote y el mitólogo eran sabios
filosofantes.
177. La explicitación del logos
filosófico de la Teoría General de la Filosofía muestra cómo la filosofía antes
de ser ordenación de conceptos fue comprensión de imágenes metafóricas. La
metáfora del logos mitocrático no
sólo es constitutiva de todo lenguaje, sea primitivo o moderno, sino que
permite aprehender de forma multívoca lo que está más allá del concepto y la
razón. Dice algo acerca de la realidad y no se limitan a las emociones. Al
contrario del concepto, la metáfora no sacrifica el reino de la personalidad y
la totalidad. Expresa el mundo espiritual. El lenguaje metafórico está
justificado en filosofía.
178. Los sabios
mitocráticos eran a la vez místicos, religiosos y contemplativos, ejercían un
tipo de “clarividencia
astral” o forma de iluminación recibida de la divinidad, que les hacía sentirse
unidos a ella. Dicha “clarividencia astral” se adquiriría ya sea a través de un
don natural, alucinógenos, ofrendas, ritos, ejercicios de concentración y meditación,
accediendo al mundo de los dioses, para obtener profecías y realizar rituales
oraculares.
179. Lo mitocrático es conocimiento del ser
entrañando el no ser, es intuición intelectual de lo absoluto en términos que
está inextricablemente unido con lo religioso, es expresión de
probabilidad. Para Platón la probabilidad es opinión verdadera y está muy
próxima a la ciencia (Cfr. República Lib.
V, Banquete 202 a, Timeo 51 d, Menón 97 b, Fedro 265 c, Filebo 67 b), pero no presenta una
teoría que permita saber exactamente qué es la metáfora, por qué se considera
legítimo su uso en filosofía, y en qué se distingue de la mera comparación o
del símil. Frente a la abundancia de lenguaje figurado en Platón, Aristóteles
predicó la necesidad de una extrema sobriedad. Pero la concepción de que el
mito se da como envoltura de la verdad filosófica, porque existen ciertas
verdades que escapan al razonamiento, fue expresado por Platón. No en vano se
ha señalado que todo símbolo contiene a la vez verdad y ficción, y que puede
ser adecuado a la representación del objeto como objeto, o a la expresión del
objeto para nuestro tipo especial de conciencia (Wilbur M. Urban, Lenguaje y realidad, 1952).
180. El hombre
mitocrático se considera un verdadero pastor del ser. Está todavía lejos de la
monomaquia constitucional del yo, que se refleja en su afán por hacerse amo de
la naturaleza y partir de la conquista de un saber. En este sentido, y parecido
a la importancia que le devuelve el psicoanálisis lacaniano, la función de la
escucha es central en la relación del hombre mitocrático con lo divino y
verdadero, cuyo lenguaje rebasa el plano cognitivo racional y penetra en lo
místico existencial. De ahí que la riqueza conceptual del pensar mitocrático
está al servicio de lo simbólico.
181. El anonadamiento del hombre ante el
todo divino y la importancia de armonizar nuestras acciones con el principio
cósmico estaban presentes en las civilizaciones mitocráticas. En este punto la excepción lo constituyen los
sistemas heterodoxos de la India que se apartan de los Upanisads, como el Charvaka, que sostiene que más allá de la muerte
está la nada, el jainismo, que niega la absorción en lo divino, y el budismo,
lo real es sólo mental.
182. La experiencia que el hombre
mitocrático hace de sí mismo, de su esencia, no es la libertad -como el hombre
logocrático moderno de Occidente-, sino la necesidad, que no se halla en el
terreno solamente de la ética sino en el corazón de su metafísica. Su vida es
vivida como el progreso de la conciencia de la integración del sujeto a la
sustancia o el ansia de volver a la divinidad. El núcleo de la interpretación
destinada a descifrar la estructura profunda del pensar mitocrático gira en
torno a la idea de la unificación metafísica de las ideas de liberación,
armonía y quietud divina. Más aun, propiamente lo que existe es un predominio
de la visión negativa del mundo y de la vida, donde se destila el carácter
supraético del misticismo y metafísica de la armonía de los opuestos –unión del
alma individual con el principio divino-.
183. Si en un inicio, en el pensar
mitocrático, la eternidad excluyó al tiempo, después acaba afirmando que no se
repelen, pertenece a la esencia de la eternidad el cumplimiento de su esencia
en el tiempo, lo que no es lo mismo a afirmar la absoluta temporalización de la
eternidad. El filosofar mitocrático es un comprender el tiempo desde la
eternidad, lo que condiciona la limitación del concepto y la preferencia por la
intuición y la mística. De ahí que el sentido del concepto de verdad tenga
relevancia en un contexto discurso de la trascendencia divina. El hombre
mitocrático no es temporalista sino eternalista.
184. Comprender el
núcleo del pensar mitocrático significa apercibirse de la limitación de la
absolutez del concepto, del raciocinio lógico, pues hay preferencia por la
intuición y la mística.
185. El pensamiento mitocrático no es un
todo inmóvil sino fluyente. En su eje central consiste en llevar hasta la
máxima tensión la cancelación de la oposición entre lo temporal y lo eterno. De
ahí, que sean posibles los Reyes-dioses, que encarnan la dicotomía metafísica
ser-tiempo, administrando el acercamiento de las Eras y los ciclos cósmicos. El
acto absoluto y originario no cae en el tiempo. El yo, en cuanto yo divinizado,
está fuera del tiempo.
186. Por intermedio del arte o logos
estetizante el hombre mitocrático encuentra la manera de contemplar el ser
auténtico, redimido de lo concreto y temporal y lejos de las turbiedades
provenientes de la multiplicidad.
187. Lo mitocrático es una dimensión
universal del espíritu humano, es pues un error creer que el mito se impone por
ignorancia y falta de ciencia. Existe, por el contrario, un deseo profundo de
Mitocratología, que se traduce en la atracción irresistible por el misterio y
al enigma. Y esta atracción tiene una base ontológico-metafísica en el ser
mismo, el cual no sólo se manifiesta en lo verificable y objetivable, sino
también en lo inverificable y transobjetivo. De ello resulta que lo mitocrático
no es un fenómeno históricamente localizado sólo en edades pretéritas, más bien
está presente de forma latente y actual en toda sociedad y en todo individuo.
La configuración psíquica-lógica-existencial-metafísica que la sostiene está
siempre presta a manifestarse en todas las situaciones límites de la vida común
y de la vida extraordinaria del intelecto y de la praxis.
189.
Lo mitocrático relaciona el ser a la existencia y se sitúa en el origen
de todo uso filosófico de la noción de ser. Es una posición realista que no
toma la existencia real del objeto por la idea del objeto. En la cima de todos
los seres existentes ubica a Dios, verdadero sostén ontológico de los seres
múltiples, y el cual no es concebible por el pensamiento. Unidad y
multiplicidad quedan compatibilizadas a través de la fe y la idea de infinito.
Se trata de un camino hacia el ser donde religión y filosofía están unidas.
190. El hombre mitocrático vive rodeado
de alteridad, pues espera y escucha el lenguaje contradictorio de lo real, ante
su propia impotencia de ser dios. El carácter contemplativo-místico-poético del
mito indica que el pensamiento ancestral desarrolla en su deseo de conocer el
origen del mundo una forma de reflexión filosófica. Se trata de un filosofar
mitocrático, propio de un sistema lógico analógico-metafórico que guía a la
imaginación simbólica. Por ello, los mitos no son fantasías de pueblos primitivos,
ni exclusivos de éstos, sino que está unido a la estructura misteriosa e
inexplicable de la existencia humana.
191. Se trata de un tipo de pensar que
muestra una estructura isomorfa mediante la aplicación de un principio que
podemos llamar “principio de traducción multívoca”. Mientras la lógica formal
es el alma de un tipo de pensar que se maneja con el “principio de traducción
unívoca”, por otro lado, existe una lógica heterogénea que preside el tipo de
pensar mitocrático que se maneja con el “principio
de traducción multívoca”. Según este principio existe un orden
representativo de carácter abierto, de múltiples significados, que posee
relaciones de ordenación iguales a las que posee el hecho misterioso expresado.
192. La forma lógica del pensar
filosófico mitocrático en el mito y la religión rebasan la hegemonía del
principio de identidad y van hacia la armonía de los contrarios. La existencia
de una verdadera lógica en el pensamiento prehistórico y en el pensamiento
mítico hacen que exista un saber mágico y un saber metafórico que es un modo de
conocimiento bien articulado y coherente. Ni la metáfora ni la alegoría son un
obstáculo para el pensar filosófico, por lo que la filosofía se expresó
arcaicamente bajo estas formas.
193. La diferenciación entre filosofía
y religión recién madura cuando se asienta el mayor dominio del mundo a través
de la revolución agrícola. Entonces, el horizonte del preguntar filosófico se
modifica por la pregunta por el ser del ente como oposición del espíritu a la physis. Con lo cual, si en edades
anteriores la trascendencia se revela como totalidad, ahora se muestra como
principio -arjé- superior y organizador de la naturaleza.
CAPÍTULO OCTAVO
FILOSOFÍA LOGOCRÁTICA
SUMARIO: -Imperio del concepto lógico. -Su cuna
mitológica. -Uso de la razón lógica. -Lo racional como lo comunicable. -Razón
como fundamento. -Tres significados históricos de filosofía. -Por su
naturaleza: origen divino u origen humano. -Por su finalidad: es contemplativa
o activa. -Por su saber: analítico-humanas o sintético-divinas. -Por su
naturaleza, validez, finalidad y metodología la filosofía no es de origen
griego. -Rancio concepto occidental de filosofía.
194. La Filosofía Logocrática como imperio del
concepto lógico, está expresada en la definición tradicional de filosofía como aquel que
la concibe como un producto típico de la tradición occidental, que surge en las
colonias griegas del Asia Menor, en la Jonia, con manifestaciones bien
definidas de un pensamiento que se propone una explicación de la naturaleza y
la vida sobre bases racionales. Pero mientras el “concepto” griego es una
realidad a la vez de dos dimensiones -ontológica y epistémica-, el concepto
moderno lo será exclusivamente epistémica. La filosofía logocrática, en ese
sentido, conoce dos etapas definidas: primero, como metafísica de las esencias
(Grecia) y, luego, como metafísica de la representación subjetiva (Modernidad),
donde la esencia se reduce a lo mental y a lo empírico.
195.Tampoco esta definición tiene
dificultades en admitir que la cuna de esta reflexión es ese pasado religioso,
las antiguas mitologías, conocida más comúnmente como pensamiento prefilosófico
o pensamiento mítico. Por cierto, que en su seno reconocen que hay una mudanza
de actitudes, un paso de una forma de pensar a otra, y que se trata de un
concepto que no se libra todavía de una cierta ambigüedad y parece por esencia
llamado a estar en constante mutación. Incluso se reconoce sin dificultad
encontrar en el Oriente, especialmente en la China y la India, formas de
actividad espiritual que son análogas con la reflexión filosófica griega y que
influyeron sin duda en ésta. Pero como el “concepto” es una creación de la
cultura griega se prefiere restringir la categoría de filosofía a la tradición occidental. Se considera siempre riesgoso
aplicar categorías de una cultura a otra.
196. Cuando se hace referencia a la
“razón” en otras culturas no se tiene temor en reconocer su presencia en otros
orbes culturales, pero al mismo tiempo se señala que nunca se pasó de cierto
límite que no les permitió constituir el pensamiento racional. En este sentido
los griegos fueron los primeros en usar la razón de manera sistemática -léase
“lógico y ontológico” a la vez- para lograr el conocimiento de la realidad. Lo
cual no es obstáculo para admitir que no hay acuerdo unánime sobre lo que
significa el término “razón” pero por consenso se atribuye a los griegos los
antecesores inmediatos del conocimiento racional por excelencia.
197. Se señala que una de las grandes
diferencias que existe entre el concepto griego de razón y el concepto hindú es
que mientras para el primero lo que no es comunicable no es racional, para los
segundos la razón nos revela conocimientos inefables. Lo común es que en ambos
el mundo es presencia del ser, lo diferente es que en Oriente lo suprarracional
es inefable y en Occidente es Aleteia, desocultamiento por la razón. También se
admite que si el mito era considerado como el fundamento último que permitía
comprender el origen y estructura de la realidad, con los griegos el nuevo
fundamento será la razón, cuyo análisis permitía descubrir lo permanente tras
lo transitorio.
198. Sin embargo, el concepto
tradicional de filosofía que es el canónico enseñado en la academia no refleja
toda la complejidad de esta. O, dicho de otro modo, el concepto tradicional de
filosofía tiene un sesgo eurocéntrico que no se condice con toda la complejidad
de la filosofía misma. Así, por ejemplo, Nicola Abbagnano en su Diccionario de filosofía distingue tres
significados históricamente dados: 1. Con relación a la naturaleza o validez
del saber al que la filosofía hace referencia, 2. Con relación a la naturaleza
del fin al cual se dirige la filosofía, y 3. En relación con la naturaleza del
procedimiento usado por la filosofía.
199. Según la primera alternativa se
ofrecen dos soluciones diversas y contrapuestas: una afirma el origen divino
del saber, y la otra su origen humano. La que afirma el origen divino es la más
antigua, la más frecuente en el mundo y la prevaleciente en las filosofías no
occidentales. Según esta solución se trata de un saber revelado u obtenido por
iluminación divina, no accesible a los mortales comunes, y que encuentra en la
tradición límites que no le permiten destruir las creencias establecidas. En el
mundo occidental esta forma de filosofía ha tomado el nombre de escolástica,
pero ha estado presente desde las sectas filosófico-religiosas del siglo II
A.C., las doctrinas de Filón de Alejandría, los neoplatónicos, la filosofía
islámica, la filosofía judaica, la patrística, la escolástica hasta el
existencialismo cristiano.
200. Ahora bien, en relación con la
naturaleza del fin al cual se dirige la filosofía, señala Abbagnano que dos son
las interpretaciones: a. es contemplativa y constituye una forma de vida o
saber de salvación, b. es activa o instrumento de modificación o saber de
dominio. La primera se condice con la filosofía oriental, mientras que la
segunda lo hace con la filosofía occidental.
201. Y, por último, en relación con el
procedimiento usado caben dos alternativas: filosofías sintéticas o creadoras,
y filosofías analíticas. Las primeras producen conceptualmente su objeto, sin
reconocer límites en este procedimiento de construcción, tiene la pretensión de
valer como conocimiento divino, propia de la filosofía oriental -y para
nosotros de toda la filosofía mitocrática- pero también presente en el
idealismo romántico alemán. En realidad, es propia de todas las filosofías que
tiene a Dios como objeto de su investigación y que consideran el mismo como
coincidente con el conocimiento de Dios. Las segundas reconocen la existencia
de datos y describen y analizan estos mismos, tiene la pretensión de saber cómo
conocimiento controlado por sus resultados, propia de la filosofía occidental
pero que está presente en todas las filosofías que conceden a la experiencia un
lugar privilegiado. La filosofía no sólo es concebida como de origen humano, un
saber de dominio y analítico (filosofía occidental), sino que también se
presenta como un saber de origen divino, un saber de salvación y sintética,
como se presenta en la filosofía no occidental y mitocrática.
202. Es decir, del análisis de
Abbagnano se concluye que la filosofía por la naturaleza y validez de su saber,
por su finalidad y por su metodología, no es necesariamente de origen griego,
sino que existe otra paralela interpretación de la filosofía que no es
obligadamente eurocéntrica. Y esto es muy importante de subrayar porque permite
poner énfasis en la comprensión del hecho de que tanto la filosofía como término y como origen no puede ser restringido necesariamente a Grecia, sino que
una heurística equilibrada permite librarla de etnocentrismos trasnochados,
esquemáticos, sesgados y unilaterales.
203. La filosofía logocrática culmina
con la hegemonía de la subjetividad y de la objetividad junto a la conversión
del mundo como representación. Para Heidegger esto es olvido del ser y de la
diferencia ontológica, ante lo cual plantea volver a los presocráticos para
recuperar el mundo como presencia del ser. Su solución anacrónica y
antihistórica se fundamenta en una visión secularizada del ser. Pues, no se
trata de salir del mundo como imagen, concepto y representación, sino de
reconocer el fondo suprarracional de la razón, reconciliando el logos humano
con el divino.
PARTE III
LAS LEYES DEL FILOSOFAR
BIPOLARIDAD DEL LOGOS
HUMANO
SUMARIO: El logos
humano bifurcado. -Modernidad
antimítica. -El mito como experiencia existencial. -Posmodernidad inmanentista.
-Espurio mitologismo inmanente. -
204. El logos humano se bifurca en logos del
mito -sintética- y logos de la ratio -analítica-. Pero a medida que la civilización occidental
se persuadía de su racionalidad, pasaba demoliendo todo cuanto se aparta del
dominio de la razón analítica. Y cuando el mundo mítico se derrumba, lo no
racional queda excluido del monólogo de la razón y se lo encierra y rechaza
espuriamente como discurso religioso cuando no legendario.
205. En realidad, no fue Grecia, desde
Parménides y Aristóteles, la que despojó al logos
del mito de su aura original y que rompe los lazos misteriosos que lo ligan
al mundo arquetípico, sino que es la modernidad, con Descartes y la
Ilustración, aunque los antecedentes se encuentren en el nominalismo medieval,
el que lo destierra sin derecho a la palabra.
206. Pero el logos del Mito es una
experiencia existencial constitutiva de la condición humana y por lo tanto no
puede ser extinguida ni sofocada en toda vida auténtica porque lo que busca en
último término es una trasmutación espiritual para un nuevo renacer. A esto se
debe que incluso la posmodernidad secularizada y desmitologizada, que encarna
la crisis de la razón universalista, promueva el retorno del ocultismo y el
esoterismo, como forma espuria y degradada de lo místico y mítico. Así,
mientras en las sociedades arcaicas el Mito es revelación de lo trascendente,
en la sociedad posmoderna se convierte en revelación del deseo inmanente. La
posmodernidad lejos de promover una idea multiforme (no sólo existe la
filosofía del modelo griego) y bipolar (logos del mito y logos de la ratio) de
la filosofía, como acontecimiento que reconfigura el logos humano, lo que hace
es incentivar un inmanentismo espiritualista anémico y sin trascendencia.
207. Aquí no sólo nos lleva a
distanciarnos de las corrientes eurocéntricas, que defienden el origen griego
de la filosofía, y de las corrientes nativistas, que identifican la filosofía
con el mito, sino incluso nos lleva a separarnos del espurio mitologismo de la
inmanencia posmoderna. La vía es, más bien, el esclarecimiento de la naturaleza
multiforme de la filosofía y la
estructura bipolar del logos humano.
Esto significa, por un lado, que un criterio
multívoco y no unívoco de la filosofía permite reconocerla como una
creación permanente del espíritu humano y no sólo de los griegos ni de la
cultura occidental; y por otro, que la filosofía americana, en particular, no
es una adaptación del estilo continental ni un producto heterogéneo, sino que
es un rasgo fundamental de la América anterior a la Conquista.
208. Occidente a lo largo de su historia
desarrolló preponderantemente una filosofía logocrática,
donde dominó el concepto y la razón analítica; mientras que otras tradiciones
culturales, como la prehispánica y la oriental, desarrollaron un pensamiento
filosófico mitocrático, donde domina
la alegoría, el símbolo, la analogía, la intuición y lo trascendente. En nuestra
América la apropiación de la “filosofía logocrática occidental” comenzó a
partir de la destrucción de la “filosofía mitocrática andina”. Dicho principio debería quedar nítido, por lo menos,
para la Filosofía de la Liberación
latinoamericana, sin embargo, ésta se ha mantenido fiel al magisterio europeo
en lo que respecta a la definición monocultural de la filosofía.
209. No hay duda de que hay que
recuperar los gérmenes intrahistóricos de América y de las culturas
ancestrales, y esto significa romper con la conceptolatría de la razón
instrumental moderna y reconocer el lenguaje de lo analógico, participativo y
metafórico, es decir, establecer la conexión con el olvidado lenguaje del ser
por la doble vía del logos de la ratio y
el logos del mito.
210.
Sin revisar el criterio unívoco y monocultural de
la filosofía nos quedamos atrapados en la repetición del magisterio
etnocéntrico, sin posibilidad de superar el “círculo hermenéutico de la
filosofía occidental”. No indagar la bipolaridad del logos en la filosofía favorece
la anulación de nuestra propia conciencia histórica y dificulta el surgimiento
auténtico del ser americano y de otras culturas colonizadas. Todo esto equivale
a reasumir nuestra auténtica verdad y enfrentar la historia de la metafísica
andina.
MULTIVOCIDAD Y
MULTIFORMIDAD
SUMARIO: Tres ideas
clave. -Universalidad de la filosofía. -Por su forma es cultural, pero por su
contenido es universal.
211.
Nuestro objetivo principal ha sido
averiguar los
fundamentos que demostraran la existencia de lo numinocrático, mitomórfico
y mitocrático en la filosofía
no-occidental. Para ello era necesario alcanzar tres ideas: primero, una nueva
comprensión del logos humano, como aquel que se debate entre el logos del mytho y el logos de la ratio, entre la lógica sobrenatural de
la fe y la lógica natural de la razón; segundo, de lo erróneo de la noción monocultural
de la filosofía; y tercero, el reconocimiento del carácter multívoco-multiforme
del logos filosófico.
212. Si Jaspers supuso la existencia de
tres grandes tradiciones filosóficas: la India, la China y la griega; nosotros
extenderíamos el principio básico jasperiano, completándolo hasta la dilatada
prehistoria. En este sentido, estarían en lo cierto no sólo estudiosos como
León Portilla, cuando trata de la filosofía náhuatl, y Placide Tempels al
abordar La filosofía bantú (1945)
sino también aquellos que investigan al filósofo primitivo. De tal forma que la
filosofía no sólo pertenece a las altas culturas no occidentales, sino que es
una capacidad inherente de la condición humana de todos los tiempos, y, por
tanto, no siempre se manifestó del mismo modo.
213. Esto implica que la filosofía se
ha mostrado de muchas formas y lo seguirá haciendo, porque en último término es
una manifestación del logos humano, logos que oscila entre la ratio y el mito.
La racionalidad humana todavía avanza en nuestro tiempo sirviéndose de los
senderos tanto del mito y como de la razón, con ambos se puede hacer filosofía.
La filosofía en sí misma está llamada a mostrarse por completo como un pensar
que plasma su forma en la galaxia de su propia cultura, pero su contenido es universal.
Más allá del argumento de que la “filosofía” como término occidental no es
transcultural, subyace la profunda verdad de que existe un contenido que
permite superar la occidental definición conceptolátrica de la filosofía. De
manera que la filosofía sea solamente de origen griego, un pensar racional,
crítico y esencial a Occidente, constituye una no verdad, que nunca podrá
tropezar con él quien advierta que la filosofía es por su forma cultural, pero por su contenido
es universal.
CAPÍTULO ONCE
UNIVERSALIDAD
214.
Lévy Bruhl terminaría
sus días convencido de que no hay hombre prelógico y propuso la categoría de
mentalidad participatoria. Lévi-Strauss recogió su legado y fue más lejos al
proclamar la universalidad del mito. Gusdorf insistió en la lectura de los mitos
como una metafísica primera. Mircea Eliade analizó la naturaleza arquetípica y
de retorno periódico de las sociedades arcaicas y destacó en que lo sagrado
constituye la experiencia fundamental del homo
religiosus. Y Jaspers, contra Hegel y Heidegger, sostuvo que la filosofía
está en todo tiempo, desde el comienzo de la historia, en los mitos, refranes y
apotegmas. No hay forma de escapar de ella. Sin embargo, y esto es lo que
advertimos, no siempre está manifestada del mismo modo.
215. La universalidad de la filosofía
no puede excluir a ningún pueblo de la historia que se haya visto con ideas,
creencias, mitos, refranes y apotegmas. Más aun, la universalidad filosófica
exigía extenderlo hacia la misma Edad de Piedra. La pregunta de la filosofía
tiene que ver con aquella prehistórica experiencia fundamental de la
manifestación de lo extraordinario ontológico que da lugar a la expresión de lo
sagrado.
216. No basta con incluir otras
tradiciones en la universalidad de la filosofía sin antes haber demostrado la
posibilidad misma de la universalidad de la filosofía. Hay que analizar el
fundamento de la posibilitación de la universalidad filosofar mismo. También
pierde todo sentido la distinción peyorativa entre “filosofía en sentido
estricto” (griega y occidental) y “filosofía en sentido amplio” (Oriente). Es
una seudo distinción desorientadora y eurocéntrica. Pues, si “filosofía en
sentido amplio no es filosofía”, entonces, qué utilidad tiene esta distinción.
Ninguna.
217. Es inevitable preguntarse sobre
las otras tradiciones filosóficas: ¿Qué reglas lógicas no observan?, ¿de qué
clase de coherencia carecen?, ¿qué tipo de ideas complicadas no elaboran? Se
tratan de opiniones hipotecadas al viejo paradigma del modelo etnológico
monista naturalista diacrónico y que no acepta el pluralismo culturalista
sincrónico. Todo el trabajo de la moderna
antropología cultural y
estructural de Lévy Bruhl, Marcel Mauss, Mircea Eliade y Lévi Strauss, así lo
demuestra.
218. El contenido
tradicional de la etnología eran las
sociedades pre-escriturales,
pero hoy también se abarca las sociedades postindustriales, sobre todo cuando
se advierte que la telemática conforma una civilización electronal donde
predomina el homo videns, a decir de
Sartori, en desmedro del homo grafos.
No es que volvemos hacia la sociedad pre-escritural, sino que vamos hacia una
sociedad post-escritural.
Conclusión
FILOSOFÍA COMO
NECESIDAD EXISTENCIAL
SUMARIO: La Razón
responde a cuestiones ontológicas. -Aptitud filosófica siempre presente. -No es
confundible con la cosmovisión. -Noesis y noema de la filosofía. -Palabra
griega, pero contenido universal. -No se trata de inventar términos
homeomórficos. -No se relativiza la filosofía. -La filosofía como despliegue de
la estructura existencial. -Posmodernidad logocrática. -Las verdades
suprarracionales. -El hombre está llamado a filosofar. -La búsqueda de sentido.
-Decadencia de la filosofía en el ocaso de la razón burguesa.
219. La filosofía es una necesidad existencial
porque la razón antes de responder a cuestiones lógicas lo hace a cuestiones
ontológicas –sentidos perceptual, emotivo, intuitivo, ético, estético,
religioso, conceptual-. El hombre de todos los tiempos se formula preguntas
decisivas concernientes al por qué de las cosas, su destino y el significado
del mundo.
220. La actitud filosófica ha estado siempre presente al lado de
la aptitud para filosofar. Pero la filosofía no ha sido siempre la
misma, es multiforme. No por ello confundible con la cosmovisión -impacto
psicológico emocional del mundo sobre las ideas-. Con la reducción a la
cosmovisión se incurre en la noche en que todos los gatos son pardos.
221. No se debe confundir la invención de la palabra “Filosofía” con su
sustancia, el amor por el saber. Hay que separar entre noema y noesis. El acto
de filosofar es la noesis, el contenido del filosofar es la noema. Y ambos lo
hubo en todas las edades con diferentes modalidades. La palabra “filosofía”
será occidental, pero contiene un sentido intercultural que atiende a su
quehacer reflexivo. Por lo cual no se trata de descubrir ni inventar términos
homeomórficos para cada galaxia de cultura –como erróneamente piensan Panikkar
y Estermann-. De lo que se trata es de comprender su sentido profundo y desde
allí definir a la filosofía desde su esencia misma.
222. No hay relativización de la filosofía. Al contrario, es defender
su esencia permanente e inalterable frente a sus diversas manifestaciones
epocales. El mayor error del enfoque cosmovisional e intercultural consiste en
no reconceptualizar
la filosofía misma.
223. La filosofía como necesidad existencial fue un pensar
numinocrático, mitomórfico, mitocrático y después un pensar logocrático. Pero
la filosofía no solo es el despliegue de la estructura lógica de la razón sino
de la estructura existencial misma del hombre. En ese sentido, el pensar
logocrático en la postmodernidad conoce sus horas más oscuras por el abuso de
un racionalismo que lo engolfa en el escepticismo general, el agnosticismo, el
relativismo y el nihilismo.
224. La verdadera grandeza de la razón estriba en reconocer las
verdades suprarracionales, el afán de trascender la condición del hombre para
unirse con el absoluto. Lo cual remite a la estructura ontológica de la
existencia humana. En otras palabras, el hombre filosofa porque su estructura
ontológica es metafísica, siente el llamado del Ser. Esta condición
desconcertante de su ser delinea una existencia con vocación para el filosofar.
225. No es que el hombre quiera filosofar, sino que está llamado al
filosofar. Está comprometida no solo su razón sino su propia existencia. Su
finitud pensante se coloca ante algo que lo desborda, asombra, asedia, intriga
y conduce hacia el Ser, lo infinito, absoluto y divino. El tiempo, lo
contingente, el devenir, la enfermedad y la muerte, lo lleva a pensar en lo
eterno. Una criatura desbordada de contradicciones, asida por la angustia, la
posibilidad, la libertad, con conciencia de la Nada, jalonada por imperativos
axiológico e ideales, tenía que dar lugar a la filosofía como necesidad
existencial.
226. El hombre filosofa porque su existencia penetra en la interioridad
del Ser y a la vez es capaz de separarse del todo del Ser. Anclado en la
materia sabe que su esencia no se agota en la materia. Descubre entonces que
ese intervalo entre el Ser y la Existencia puede ser llenado por el poder de
darse una esencia a sí mismo, ya sea por la magia, el rito, el mito o el
concepto. Lo que caracteriza al hombre es la búsqueda de sentido por el asombro
suscitado ante el espectáculo de la creación.
227. Si el sentido no pertenece a la cosa sino al signo, entonces la
filosofía queda reducida a la búsqueda del ser de la escritura. El sentido
sería un mero juego de la escritura. Esa forma derridiana de negar el concepto
metafísico de verdad y convertirla en un mero juego escritural, evapora la
realidad en un pathos escéptico y en un ethos nihilista. Esa es la enfermedad
actual que enfrenta la filosofía en el contexto de la decadencia de la razón
burguesa. En realidad, la filosofía siempre entró en decadencia cuando el clan,
tribu, grupo o clase que la hegemonizó, entra en su ocaso.
CUADRO N°2
LA FILOSOFÍA
HERMÉUTICA REMITIZANTE
1. La filosofía
moderna tuvo el mérito de devolverle al hombre su dignidad, pero al mismo
tiempo el demérito de hacerle perder la trascendencia, llevarlo al relativismo,
escepticismo y nihilismo a través de una hermenéutica desmitizante.
2. Ya pasó la hora de
denunciar que el secreto de la metafísica occidental desde Platón ha sido la
conversión de la aletheia o verdad en eidos o esencia.
3. No fue la
metafísica del eidos la responsable de ocultar el ser y sustituirlo por el
ente. La responsable fue la metafísica de la inmanencia de la modernidad
subjetivista.
4. El inmanentismo
moderno atrapó a la cultura en el cientismo, la increencia, el nihilismo,
convirtió el eidos en percipi, lo redujo a concepto y encerró lo real en la
jaula de lo fáctico y la finitud.
5. El resultado fue
sepultar la verdadera importancia metafísica, gnoseológica y epistemológica de
la trascendencia.
6. La salida a la
crisis civilizatoria occidental que nos abruma tiene su punto de partida en una
hermenéutica desmitizante.
7. Ante ello no es
necesario un retorno a una metafísica de la presencia (aletheia). De lo que se
trata es de lograr una nueva síntesis entre las tres metafísicas: aletheia,
eidos y percipi.
8. Dicha síntesis no
es sencilla, puesto que con las máquinas advino la metafísica de lo virtual,
que amenaza con desplazar al ser pensante.
9. El verdadero
desafío para el nuevo pensar es superar las unilateralidades de la metafísica
de la inmanencia, que tiraniza y ahonda la crisis presente.
10. La metafísica de
la presencia es importante porque nos brinda la unión extática con el principio
y alimenta la vida espiritual.
11. La metafísica de
la esencia es crucial al proporcionar una mejor comprensión del fundamento y
nutre la vida conceptual.
12. La metafísica de
la inmanencia o de la subjetividad es relevante porque da conciencia de la
dignidad del pensar racional.
13. La metafísica de
la máquina o lo virtual es relevante porque pone al servicio del ser pensante
lo objetivamente útil del ente y vigoriza la vida material.
14. Pero siendo cada
una de ellas eslabones de la razón se vuelven contra la razón misma cuando
actúan unilateralmente y sin jerarquía.
15. Así vemos lo
dañoso que ha sido abolir lo nouménico y reducir lo real a lo fáctico
matemático.
16. En la práctica la
hermenéutica desmitizante significó el reinado del empirismo, el nominalismo y
la muerte del humanismo. Fue la apoteosis de la cabalística del hombre sin
absolutos y de la esencia nihilista de la sociedad posmetafísica.
17. La hermenéutica
remitizante es la vía para sacar el logos humano del naufragio de la
trascendencia, la razón y la verdad misma porque permite el acceso a la
revelación natural del mito y a la revelación sobrenatural de la fe.
18. Es la vía regia
para superar la ruta de la facticidad finita del empirismo, nominalismo y
conceptualismo.
19. Por más de dos
mil quinientos años la filosofía marchó por la senda de la conceptolatría de la
razón, ya es hora de revertir los efectos más nocivos del imperio logocrático
de lo conceptual mediante una hermenéutica remitizante, que vuelva a reencantar
el mundo mediante el reconocimiento de la filosofía mitocrática, numinocrática
y unida a la fe revelada.
20. La filosofía
mitocrática es la forma ancestral del filosofar humano. La filosofía
numinocrático su forma prehistórica. Y la filosofía unida a la fe su
manifestación revelada.
21. De modo que se
muestra fecunda para superar los atolladeros en que nos ha metido el
inmanentismo metafísico de la modernidad.
22. Hay que recuperar
la íntima conexión entre la aletheia y el eidos, donde el pensar se supedita al
ojo del alma, del cosmos y de Dios.
23. La verdad no mora
en el lenguaje sino en el Creador del cosmos.
24. La hermenéutica
remitizante y el filosofar mitocrático brindan a Occidente un replanteo
profundo de sus presupuestos metafísicos.
25. Soluciones hondas
exige la actual encrucijada civilizatoria de apocalíptica destrucción de la
naturaleza y deshumanización creciente.
26. En lo mitocrático
como un filosofar unido a lo espiritual reverbera la metafísica de la aletheia.
En el fondo constituye la reivindicación de las dos alas que tiene el hombre
para cumplir su tarea terrestre: la razón y la fe.
27. Su unión nunca
conclusa y siempre problemática es no obstante necesaria para que el hombre
viva la inmanencia desde la trascendencia y sienta la trascendencia desde la
inmanencia.
28. La actitud que
decidió la historia del hombre occidental fue la epojé o poner en suspenso la
existencia de lo divino.
29. Pero en occidente
también se expandió el cristianismo, en cuya escatología se mantiene en
equilibrio el logos de la ratio y el logos del mito.
30. El desequilibrio
adviene en la modernidad con el empirismo, hija del nominalismo medieval, que
reduce lo real a lo fáctico e individual.
31. El resultado
vital ha sido la pérdida del sentido de la vida y el vacío existencial.
32. La posmodernidad
nihilista y hedonista es el pináculo de la modernidad inmanentista.
33. Con el
racionalismo griego la cultura occidental se embarca en la travesía sagrada de
la destrucción de lo divino y en este proceso la posmodernidad es su
cumplimiento.
34. Es necesario
complementar la hermenéutica de la finitud con la hermenéutica de lo absoluto.
Pues su divorcio profundo ha convertido al hombre en un diosecillo terrestre
anético, que ha causado más daño que beneficio.
35. Participar en la
empresa de la presencia iluminante del ser equivale a desmitologizar la
mitología científica.
36. El nuevo punto de
partida es avanzar hacia una nueva ontología que reconozca el ser con
independencia absoluta de la subjetividad humana.
37. El sentido del
ser trasciende el ser del sentido.
SEGUNDA
PARTE
FUNDAMENTO
DIACRÓNICO
LIBRO TERCERO
En torno al
Universalismo Filosófico
Sinopsis
Cuando se advierte que con la Conquista no llega la
filosofía en el Perú, sino que ya existía antes como filosofía mitocrática,
entonces es posible darse cuenta de tres elementos fundamentales: 1. Grecia no
es la medida de toda filosofía posible y ello sólo corresponde a la Teoría
restringida del filosofar, 2. que además existe la teoría ampliada de la
filosofía en el mito, y 3. que la filosofía como algo propio de la condición
humana se prolonga hasta la prehistoria, primero con la filosofía mitomórfica
del chamanismo en el paleolítico superior y segundo con la filosofía
numinocrática en el paleolítico inferior. De este modo, tenemos el cuadro
completo de la estructura multívoca y multiforme del filosofar en tres Teorías:
la restringida, la ampliada y la general. Sólo así es posible rebatir tanto al
pretendido universalismo filosófico eurocéntrico occidental como al nativismo
filosófico particularista. El universalismo filosófico aquí expuesto es
polimórfico y multívoco, es propio de la condición humana y ha estado presente
en todas las culturas, y no sólo en Occidente. Sólo hay real liberación
epistémica entendiendo la universalidad del filosofar.
UNIVERSALISMO EUROCÉNTRICO
- Es conocido un
libro del filósofo español Jesús Mosterín que muestra la filosofía de la India
bajo el rótulo de Pensamiento de la India [1]. ¿Esa forma de llamar “pensamiento” a una forma de
pensar que es filosofía, qué le parece?
- Ese eufemismo
infeliz, incoherente, insostenible y falaz tuvo su seguidor en el medio
académico peruano en la historiadora de la filosofía María Luisa Rivara de
Tuesta [2]. Forma parte de toda una corriente que trata de evitar el
uso del término “cosmovisión” para describir una forma de pensar que da cuenta
de los fundamentos del mundo, pero que lo hace desde bases religiosas. Pero
llevados por la limitación propia de Occidente evita llamarlo por su nombre, o
sea “filosofía”. El etnocentrismo occidental impone su definición de filosofía
a una forma de pensar que debe ser crítica frente a la religión. Pero eso es un
estrechamiento de la cuestión que no tiene validez científica ni objetiva.
- O sea, ¿para
el magisterio etnocéntrico occidental las darsanas ástikas y nástikas de la
India no serían filosofía por pensar los fundamentos del mundo desde la
perspectiva religiosa?
- Eso es lo que
hace Mosterín. Lo cual es absurdo. Darsana significa “visión”, y la filosofía
es justamente eso “visión”, una visión particular y especial del mundo. Que los
sistemas Nyaya, Vaisesika, Sankya, Yoga, Mimansa, Vedanta, entre los ástikas, y
el Charvaka, budismo y jainismo, entre los nástikas, no son filosofía porque
aceptan o no aceptan la autoridad de los Vedas es un criterio totalmente
insuficiente.
Darsana
significa “visión”, y la filosofía es justamente eso “visión”, una visión
particular y especial del mundo.
- Eso me
recuerda una objeción que le dirigió a Usted, David Sobrevilla en su
libro Repensando la tradición de Nuestra América [3]. Permítame
citarlo a la letra: “Es verdad que en el Occidente se ha dado a veces una
vinculación entre filosofía y religión. Pero aquí se debe tener en cuenta:
primero, que ello ha sucedido en figuras (como Pascal, Kierkegaard, Marcel) o
corrientes marginales; segundo, que cuando se quiso hacer de la filosofía
una ancilla theologiae se produjo su rebajamiento; y tercero,
que hay que distinguir entre el Dios de los filósofos y el del simple hombre
religioso”. Fin de la cita. ¿Qué opina de ello?
- Por un lado,
que todo ello destila una soberbia y petulancia monocultural monumental; y, por
otro, que nada de lo afirmado es cierto. Es muy significativo que no menciona
ni por asomo a la gran tradición de la filosofía medieval. ¿Acaso se puede
llamar figuras marginales de la filosofía a un San Agustín, Juan Escoto
Erígena, Abelardo, San Anselmo, Alfarabi, Averroes, Maimónides, Tomás de
Aquino, Buenaventura, Duns Scoto, Guillermo de Occam y al neoescolástico tardío
español Francisco Suárez? Por supuesto que no. El propio Gilson [4] subraya que los derechos de la razón fueron
conquistados en la filosofía de la Edad Media antes que en la filosofía
moderna. Pero la filosofía medieval no sólo fue la conquista de los derechos de
la razón, sino que, como lo destaca Emilio Bréhier [5], la filosofía cristiana fue una filosofía de libertad
frente a la filosofía de la necesidad de los antiguos.
Los que causan
el rebajamiento de la filosofía no son los que practican filosofía unida a la
teología, sino los que repiten el magisterio etnocéntrico simplemente para
sentirse pertenecientes al primer mundo.
De manera que
mucho daño se hace a la filosofía repitiendo los prejuicios desfasados de la
Ilustración y la filosofía hegeliana ante ese vínculo entre filosofía y la
religión. Los que causan el rebajamiento de la
filosofía no son los que practican filosofía unida a la teología, sino los que
repiten el magisterio etnocéntrico simplemente para sentirse pertenecientes al
primer mundo.
Ese complejo
cultural neocolonial sobre la superioridad de la cultura occidental no nos deja
pensar con libertad. Por último, los filósofos religiosos jamás confundieron
entre el Dios de los filósofos y el del simple creyente. Todos esos infundios
vuelven a ser rechazados por la nueva generación de estudiosos medievalistas
como el arabista catalán Juan Vernet, Andrés Martínez Lorca, Massimo Campanini,
Mauro Zonta, Ignasi Saranyana y Oliver Leaman [6]. Las desafortunadas afirmaciones de Sobrevilla se deben a
prejuicios culturales etnocéntricos, a una exagerada estimación de cierta
tradición alemana y a un pésimo conocimiento de la filosofía medieval. Pero
sobre todo a una falta de independencia de criterio filosófico.
- Dígame, ¿No es
el principio de identidad lo que ha regido el filosofar occidental?
- Sí, pero el
principio de identidad es el fundamento de la filosofía occidental, pero no de
la filosofía misma. Pero ese principio ha regido no sin importantes
oposiciones desde el principio. Ahí tenemos a Heráclito con su dialéctica de
los opuestos. Luego columbra Nicolás de Cusa con su Coincidentia
oppositorum. Posteriormente destaca Hegel con la dialéctica de los
contrarios. De manera que el imperio del principio de identidad no ha sido
absoluto. Menos aún en otras tradiciones culturales, como la China con el Tao y
el Yin y el Yang, en las precolombinas andinas o amazónicas con la dualidad
complementaria y la materia prexistente de los mitos de origen.
La filosofía
requiere de un giro copernicano que no la haga girar en torno a la civilización
occidental. La filosofía es polimórfica y multívoca. Su contenido es universal
y su forma es cultural.
- ¿Pero su
postura no es romper acaso con el magisterio occidental?
Ello lo dejo
remarcado en un último libro sobre el tema [7]. Por ello no se incurre en relativismo. Pero debe
quedar claro que la ruptura con el etnocentrismo occidental no significa su
descalificación como tradición filosófica. Es más bien un intento de apreciar
el despliegue de la razón filosófica a través de todas las diversas tradiciones
culturales. El etnocentrismo se basó en la afirmación
de que existen sociedades sin filosofía y sin razón para justificar su
dominación, poder y coerción política.
El etnocentrismo
se basó en la afirmación de que existen sociedades sin filosofía y sin razón
para justificar su dominación, poder y coerción política.
Pero en la realidad no existen sociedades sin
filosofía simplemente porque la filosofía es consustancial a la condición
humana. Pero el etnocentrismo simplemente rechazó la existencia de filosofía en
otras formas de pensar que no coincidían con la suya. Por eso el etnocentrismo
es una traba para la comprensión de la filosofía misma. Pero la racionalidad
filosófica no siempre ha sido la misma, ha tenido diversas formas, aunque su
contenido permanece igual. Una de esas formas ha sido el mito, pero en esencia la
filosofía sigue siendo la misma en cualquiera de sus formas, esto es, asombro
ante la realidad.
- ¿Quiere decir que la filosofía occidental no es
universal?
- Así es, no lo es. El alcance de las tesis
eurocéntricas de la filosofía está circunscrita a un modo particular de
filosofar que no es universal. Pensar que la filosofía
occidental es la filosofía universal es etnocentrismo. Por lo demás, es un
resabio de la mentalidad colonialista hacer valer para todos lo que es para una
civilización.
NATIVISMO FILOSÓFICO PARTICULARISTA
- ¿Existe algún otro modo lógico de filosofar?
- El principio de identidad es quizá el fundamento
de la filosofía griega, pero de ningún modo el fundamento de la filosofía
misma. Las filosofías míticas muestran que es posible filosofar desde la
metáfora y la armonía de los contrarios. No sé si volverá a ser así, pero lo
fue. Las civilizaciones se reconfiguran y con ello también lo hacen los modos
de pensar.
- ¿Se refiere al Mito solamente?
- No. Pero incluso en el mito, donde el principio
de no contradicción no es hegemónico, aún allí la filosofía está presente. El
mito es otra forma que tiene la razón de dar cuenta de las cuestiones últimas
del mundo. No es un modo inferior ni superior, simplemente es otra manera de
pensar.
Pensar que la
filosofía occidental es la filosofía universal es etnocentrismo. Por lo demás,
es un resabio de la mentalidad colonialista hacer valer para todos lo que es
para una civilización.
- Kolakowski [8] afirma que el mito no es algo lógico sino
existencial, porque no tiene fundamentos sino tan sólo motivos. ¿Coincide con
ello?
- No, no coincido porque en el mito también hay
ejercicio de la razón. El mito tiene sus motivaciones racionales. Simplemente
que es una razón que está operando con otra configuración de los principios
lógicos. Otra cosa es que esa otra configuración pueda estar más cerca del
existir, pero ello no excluye la participación de la razón. La filosofía mítica
no es una simple primacía de lo vivido que no prioriza la ordenación de
conceptos. En el mito hay ordenación de conceptos, pero bajo reglas diferentes.
Se tratan de conceptos intuitivos, que no se restringen a lo vital y
pragmático. Hay filosofía mítica y hay también mito
filosofante. En la primera se busca conscientemente priorizar la metáfora sobre
el concepto, mientras en el segundo la metáfora es la forma natural de
expresión de la razón. Pero existe otro proceso paralelo que corre por
cuenta del concepto y que a la larga va por la senda de la consolidación del
concepto como un nuevo mito. Esto es, también existe el proceso de la
mitificación del concepto. El cual, por lo demás, ha estado presente en la
filosofía conceptolátrica a pesar de su propio prestigio crítico en la
filosofía occidental. Y su mayor expresión es la consolidación de la imagen
epocal del mundo. Aquello de que la razón occidental es autocrítica hay que
contextualizarla dentro de su propia imagen epocal del mundo, la cual sólo en
medio de grandes crisis es cuestionada. Por eso no se hace justicia al mito
cuando se dice que es el supuesto irremediable de la metafísica. Pues también
hay metafísica mítica de la que hablaba Georges Gusdorf [9]. La mitología es una metafísica primera y la
metafísica es una mitología segunda. Todas las grandes filosofías tienen
intención mítica. Es más, una parte de su mensaje se coagula en mito. Pero la
diferencia con la conciencia mítica es que ésta conforma una unidad de
existencia concreta. Incluso la propia ciencia destila un sentido mítico del
mundo.
Hay filosofía
mítica y hay también mito filosofante. En la primera se busca conscientemente
priorizar la metáfora sobre el concepto, mientras en el segundo la metáfora es
la forma natural de expresión de la razón.
- ¿Algún ejemplo histórico?
- Ya lo mencioné, pero para no referirme a los
mitos cosmogónicos de pueblos arcaicos puedo aludir al Tao. Éste al estar más
allá de los contrarios, se entiende desde la armonía de los opuestos. Se sabe
que Lao Tsé vivía retirado en el campo y representaba la percepción metafísica
no del hombre urbano sino del campesino. Tenía un contacto más directo con la
naturaleza. Retiro algo parecido a algunos filósofos presocráticos, salvo que
éstos vivían en ciudades mercantiles y marineras. No obstante, por ejemplo, se
sabe que Heráclito vivía retirado no sólo de la urbe, sino también de los
hombres.
- ¿Hay mito en la razón?
- Ambos son las dos caras de una misma moneda. La
razón de hoy es el mito de mañana, y el mito de hoy es la razón de ayer. Hay el
mito de la razón y la racionalidad del mito. El fondo de ambos es la común
irracionalidad del mundo. El hombre por el mito y la razón busca asimilar el
ser incognoscible, inefable y misterioso. Razón y mito cumplen la función
orientadora en el existir humano. Y todo ello sin perder de vista que existen
sus propias fronteras que las diferencian. Fronteras que no son impermeables y
mantienen la dialéctica entre ambas. Así como la razón engendra sus propios
mitos, de manera similar el mito tiene sus propias razones.
- Bueno, la lógica actual admite diferentes tipos
de lógicas.
- La metalógica muestra la existencia de la
diversidad de lógicas. La lógica del concepto identitario no es el privilegiado
para filosofar. Fue Lévi Strauss quien advierte que el pensamiento salvaje
asume el mito como manera no instrumentalizada de relacionarse con la
naturaleza. Lo que nos hace pensar que su lógica de la armonía de los
contrarios le permite vive en consonancia con la naturaleza.
- ¿Pero acaso la lógica no condiciona el modo de
pensar?
- Lo hace. La lógica no enseña lo que se debe
pensar, sino cómo pensar. Pero ese “cómo pensar” varía acorde a cada cultura y
civilización. Una que piense desde la lógica tética será diferente a otra que
lo haga desde la lógica no-tética. Una
civilización que piense desde la lógica tética será diferente a otra que lo
haga desde la lógica no-tética.
Una civilización
que piense desde la lógica tética será diferente a otra que lo haga desde la
lógica no-tética.
- ¿Pero, acaso, el filosofar occidental no nace en
confrontación con lo religioso?
- El primero que lo pone en duda es Jaeger con su
obra La teología de los primeros filósofos griegos [10]. Y en nuestro
medio fue nada menos que el gran helenista sanmarquino José Russo Delgado el
que bien pondera la relación entre filosofía y teología entre los presocráticos
[11]. Prefiero
seguir ese razonamiento. La filosofía como crítica, racional y separada de lo
religioso no es el modelo de filosofía verdadera, sino simplemente un caso
particular de filosofar.
- Entonces, ¿si la filosofía no nace en Occidente
en qué orbe cultural nace?
- La filosofía es
universal, propia de la condición humana. Por ello, no hay cultura sin
filosofía, por arcaica que sea. No es que sea una cuestión biológica, ni
meramente social, es un asunto ontológico. Es nuestra onticidad la que está
advocada al filosofar.
La filosofía es
universal, propia de la condición humana. Por ello, no hay cultura sin
filosofía, por arcaica que sea.
- Conociendo sus obras anteriores esperaba una
respuesta así. Entonces, ¿es un obstáculo el etnocentrismo filosófico?
- Lo es. El etnocentrismo filosófico es un
obstáculo epistemológico que impide reconceptualizar la filosofía.
- Pero en realidad usted no halló ese camino de
golpe. Primero rompió con el etnocentrismo occidental, creando la categoría de
lo “mitocrático” de las primeras civilizaciones, luego lo profundizó en lo
“mitomórfico” del neolítico, hasta llegar finalmente a lo “numinocrático” de la
prehistoria [12]. ¿Fue así que finalmente llegó a la condición
ontológica del filosofar?
- Así es. Fue así. Lo ha dicho bien.
- Pero todo eso significa que la filosofía no está
asociada a la escritura, como cree Havelock [13]. ¿Ha seguido Usted en filosofía casi la misma
trayectoria de Levi Strauss que en antropología supo tomar en serio a los
salvajes?
- Los pueblos ágrafos no son menos adultos que los
letrados, ni incapaces de reflexiones filosóficas profundas. Por ello, tienen
su propia filosofía. En la dirección general hay coincidencia con él. Pero hay
que tener presente que antes del siglo diecinueve el pensamiento etnológico
descalificaba el sistema de valores de las otras culturas y después de ello
admitió el concepto de civilizaciones en plural. Pero persiste el
debate etnológico entre monismo naturalista diacrónico y pluralismo culturalista
sincrónico. Desde entonces la sociedad estudiada no es considerada en
referencia a otra ajena, sino en sí misma. A esa perspectiva moderna de la
etnología se corresponde la de Levi Strauss y la mía.
- ¿Quiere decir que la definición etnocéntrica está
retrasada científicamente?
- La superación de la definición etnocéntrica de la
filosofía implica la negación de lo que ésta es en el mundo occidental. Y eso
supone la superación del monismo naturalista y diacrónico al cual están
hipotecados. Están a una gran distancia del pluralismo culturalista y
sincrónico.
- Pero si no se está en terreno científico,
entonces ¿se está en la esfera ideológica?
- La definición monocultural de la filosofía sigue
chapoteando en el espeso pantano de la ideología. Y lo seguirá haciendo porque,
aunque la frontera entre filosofía e ideología es real, sin embargo, es difusa,
permeable, transparente y simbiótica. Incluso la definición pluricultural de
filosofía está inmersa en un horizonte ideológico apenas percibido, pero
efectivo, vigente y conformante.
- ¿Entonces, la filosofía no tiene sentido único?
- Solo para los oficiantes de la máscara ideológica
de la filosofía occidental, la filosofía tiene un sentido único.
- No obstante, ¿no estamos confundiendo la
filosofía con la cosmovisión?
- A la filosofía que no se parece a la filosofía
occidental se le cuelga el sambenito ideológico de “cosmovisión”. Pero acaso se
puede meter en un mismo saco los conocimientos ancestrales matemáticos,
ingenieriles, urbanísticos, artesanales, religiosos, míticos, entre otros.
Obviamente que no. No es que no hubo cosmovisión, la hubo, pero en ella no se
pueden reducir los demás conocimientos. Cosmovisión es el impacto psicológico
emocional del mundo sobre las ideas. Una imagen epocal del mundo genera cosmovisión,
pero no se reduce a ella. Del mismo modo no todo lo contenido en la cosmovisión
es simplemente cosmovisión, al contrario, contiene multiplicidad de
conocimientos que comparten una cosmovisión. Se puede, incluso, hacer ciencia y
no sólo religión dentro de una determinada cosmovisión. La cosmovisión moderna
es científica y las anteriores fueron chamánicas, míticas y religiosas.
- ¿Esto deriva en reformular el concepto de
filosofía?
- Afirmar que hay cultura sin filosofía porque no
ofrecen semejanza con la occidental denota pobreza cierta del concepto. El
concepto de filosofía debe ser ampliado.
A la filosofía
que no se parece a la filosofía occidental de origen griego se le cuelga el
sambenito ideológico de “cosmovisión”.
- Bueno, ¿Usted no lo hizo?
- Lo que propuse fue una reclasificación del
concepto de filosofía según tres teorías. La teoría restringida es
la que retrotrae su origen a Grecia y señala su expresión conceptual. La teoría
ampliada que la prolonga la filosofía hacia las primeras
civilizaciones en su expresión mítica. Y la teoría general de
la filosofía que la concibe existente desde la prehistoria al conceptuarla como
algo propia de la condición humana. El hilo conductor de todo ello fue la idea
de que Grecia no es la medida de toda filosofía posible. Y la deducción de tres
principios generales de la filosofía: su naturaleza multívoca, su expresión
polimórfica y su universalidad antrópica. De ahí que todo hombre tenga actitud
filosófica, aunque la aptitud depende de su cultivo disciplinario. La actitud
filosófica es ontológica, mientras que la aptitud filosófica es óntica,
una se hereda la otra se forma, o sea depende de su estudio. No obstante, se
debe añadir que las tres teorías siendo opuestas son, sin embargo,
complementarias. La naturaleza complementaria de la estructura polimórfica y
multívoca del filosofar es que demuestra su profundidad y complejidad más allá
de cualquier formulación doctrinaria. No hay superación del nativismo
filosófico particularista sin reconocer la diversidad categorial del filosofar.
Y por ello el recurrir a las fuentes es valioso, pero resulta insuficiente,
porque lo decisivo es categorizar el pensar filosofante.
En realidad, se
trata de superar la teoría restringida de la filosofía -origen griego- avanzar
hacia la teoría ampliada -presente en el mito- y reconocer la teoría general
-propia de la condición humana-.
- Estoy intrigado. ¿Por qué un autor como Miguel
León Portilla [14] no sintió la necesidad de reformular la filosofía
como usted?
- León Portilla es un convencido de que hay
filosofía prehispánica en México y lo halla en los sabios nahuatl llamados
tlamatini. A él le basta decir que es un saber unido a la teología, que se
expresaba en mitos, y metáforas poéticas, abarcaba teología, antropología,
ética, derecho y educación, pero todo diferenciado de la religión popular. A mí
me parece insuficiente la identificación de la filosofía con el mito y por eso
avancé hacia la justificación de un nuevo concepto de filosofía. Y lo hice
respecto a los Amautas de los incas. Las fuentes no bastan, hay que encontrar
el fundamento conceptual para llamar “filosofía” a esa otra forma de filosofar.
- Usted afirma que se trata de ir hacia la
reconceptualización de la filosofía, pero eso tampoco lo encontramos ni en Paul
Radin (El hombre primitivo como filósofo, 1960), Placide Tempels (La
philosophie bantoue, 1945), Josef Estermann (La filosofía andina,
1998), ni Franz Wimmer (Essays on Intercultural Philosophy, 2002).
Entonces, ¿cómo eso haría posible superar la filosofía etnocéntrica?
-El caso es que de poco sirve buscar una mirada
intercultural entre el universalismo centrista y el separatismo relativista de
la etnofilosofía sin categorizar el giro copernicano que el concepto de
filosofía exige. Creer que ello se puede lograr recurriendo solamente a las
fuentes es un error. Es una mirada arqueológica que entrampa el discurso de
liberar el horizonte de la historia de la filosofía del universalismo
centrista. En filosofía hay que categorizar para comprender y romper con el
centrismo universalista exigía hacerlo. Hay dos extremos opuestos: el nativismo
y el eurocentrismo, pero en el medio está el universalismo filosófico con su
manifestación polimórfica y multívoca.
- Hay un trabajo de Mario Mejía Huamán (Observaciones
a El hombre primitivo como filósofo de Paúl Radin, 2018) que refuta la
pretensión de Paul Radin sobre la existencia del filósofo primitivo. ¿Qué
opinión guarda sobre su argumento?
- Sí, lo he leído. Pero argumentar que Radin está
errado porque la filosofía no es un discurso mítico religioso no es, sino,
repetir el discurso monocultural del centrismo filosófico occidental. El
razonamiento epigonal siempre resulta insuficiente cuando no es creativo. Y por
ello no contribuye a resolver el problema. Repetir lo consabido del credo
occidental no lleva a avanzar para desatar el nudo del universalismo occidental
y el etnocentrismo separatista.
-Entonces, ¿hay que categorizar la
reconceptualización de la filosofía?
- Sí. Pienso que ello ayuda muchísimo. El
etnocentrismo relativista y el universalismo centrista filosófico son discursos
arteros. El primero no se puede limitar simplemente a identifica a la filosofía
con el mito, y el segundo no puede sentenciar que Grecia es la medida de toda
filosofía posible. Ambos resultan ser prejuicios ideológicos que niegan o
afirman la supuesta superioridad de la cultura occidental.
- Lo que acaba de afirmar sobre la limitación el
relativismo etnocéntrico me hace pensar en el último trabajo de Víctor Mazzi (Inkas
y filósofos, 2016). ¿Cree que su trabajo incurre en ello?
- Por un lado, me parece acertado reivindicar una
postura etnofilosófica que no sea etnocéntrica occidental, identifica al amauta
como filósofo y no reduce la filosofía precolombina a cosmovisión. Por otro
lado, es riesgoso dejar la etnofilosofía sin una categorización metafilosófica
que la haga tomar distancia tanto del universalismo centrista occidental como
del relativismo separatista etnofilosófico. En otras palabras, la etnofilosofía debe evitar caer en la trampa del
separatismo relativista. De lo contrario se convierte en otro extremismo
que pierde objetividad y relativiza la filosofía misma. Tengo la impresión que
Mazzi se queda ad portas de ese riesgo, pero todavía su postura tiene mucho que
decir desde el punto de vista metafilosófico.
…la
etnofilosofía debe evitar caer en la trampa del separatismo relativista.
- Por lo que dice entreveo que, ¿una postura
cosmovisional como la de Zenón Depaz (La cosmovisión andina en el Manuscrito
de Huarochirí, 2015) estaría entrampada en el universalismo centrista
occidental que también defiende Mejía Huamán?
- Completamente. Para él no hay nada que discutir
al respecto. El mundo precolombino no tuvo filosofía, sino solamente
cosmovisión. Su punto de vista es totalmente desde el centrismo universalista
del etnocentrismo occidental. Y jamás lo cuestiona. Diría que es un trabajo
dentro de la ortodoxia del magisterio occidental. O sea, es una teoría
anatópica que trata de interpretar lo vernáculo desde lo más conservador del
centrismo universalista occidental. La postura contrapuesta equivalente estaría
representada por todos aquellos -como Víctor Díaz Guzmán, (Filosofía y
ciencia en el Perú antiguo, 1998)- que simplemente identifican el mito con
la filosofía en el mundo precolombino desde la heterodoxia del etnocentrismo
nativista relativista. Pero hay que diferenciar
claramente el colonialista centrismo universalista del etnocentrismo occidental
del universalismo filosófico existencial que sostengo.
…hay que
diferenciar claramente el colonialista centrismo filosófico universalista del
etnocentrismo occidental, del universalismo filosófico existencial que yo
sostengo.
- ¿Considera que el aporte de Hugo Chacón (Filósofos
andinos, 2021) contribuye a la descolonización mental?
. Sin duda, lo hace. Pero nuevamente, insisto en
que mientras no se precisen los conceptos de lo que se debe entender por
filosofía en un contexto no occidental, se corre el riesgo de quedarse
estacionado en el etnocentrismo relativista que simplemente identifica la
filosofía con el mito. En filosofía hay que justificar las cosas, hallar las
causas y principios. De lo contrario se incurre en chauvinismo cultural y
andinismo ultraortodoxo.
- ¿Entonces el etnocentrismo filosófico es
ideológico?
- La definición etnocéntrica de filosofía es pseudo
discurso científico degradado en ideología. Por ello, aquí no se trata de
hallar un término homeomórfico en otra cultura para el nombre de filosofía. Esa
postura de Panikkar [15] no comprende una
distinción de carácter fenomenológico que se puede hacer entre noema
(contenido) y noesis (acto) del filosofar. El acto o noesis del filosofar es
universal, pero su noema o contenido es particular.
- Ha empleado términos de Husserl, pero que me
resultan siendo más platónicos porque la noesis sería algo así como la esencia,
¿Es verdad?
- Verdad. Mientras que la noesis es el acto de
filosofar, que es permanente y universal en la humanidad, la noema es el
histórico contenido cultural y civilizacional como se realiza dicho filosofar.
Es como estar recorriendo la caverna de Platón de dentro para fuera y de fuera
para dentro, desde lo ontológico y lo óntico. Ontológicamente
todo filosofar es propio del hombre, su acto de noesis es universal; pero
ónticamente todo filosofar es historicista, es noema que está sujeto al
desarrollo civilizatorio de la humanidad. Y en ese desarrollo la filosofía
también es dinámica.
Ontológicamente
todo filosofar es propio del hombre, su acto de noesis es universal; pero
ónticamente todo filosofar es historicista, es noema que está sujeto al
desarrollo civilizatorio de la humanidad.
El análisis fenomenológico permite captar que la
esencia de la filosofía no es una cuestión semántica, sino de experiencia
singular humana. Y la humanidad en su desarrollo filosófico noemático ha tenido
un despliegue filosófico numinocrático en la prehistoria, mitomórfico en el
paleolítico superior, mitocrático en el neolítico, y logocrático desde Grecia.
La historia de la idealidad de la filosofía es la historia de la filosofía sin
más, la historia del espíritu, la historia de la razón en la especie homínida.
El filosofar como noema es secundario respecto a la capa originaria de la
filosofía como noesis. Somos criaturas advocadas al
filosofar porque nuestro existir está desgajada de la naturaleza, vivimos
nuestra extrañeza desde nuestro pensar, experimentamos el hiato de nuestro ser
en el ser, y por ello el Ser es un problema para el hombre. Decir esto en
plena decadencia de la civilización occidental resulta ser una afrenta para el
dogmatismo del etnocentrismo occidental.
- ¿El etnocentrismo filosófico occidental es una
particularidad?
- El etnocentrismo pretende situarse en la
universalidad, pero está firmemente instalado en la particularidad de
Occidente.
Somos criaturas
advocadas al filosofar porque nuestro existir está desgajada de la naturaleza,
vivimos nuestra extrañeza desde nuestro pensar, experimentamos el hiato de
nuestro ser en el ser, y por ello el Ser es un problema para el hombre.
- ¿Piensa que hay una oposición entre el “ser”
europeo y el “estar” americano, para mentar a Rodolfo Kusch?
- La obra de Rodolfo Kusch, América
profunda (1962), marca sin duda un hito en el sentido de encontrar una
ontología de lo americano. Cosa parecida se halla en la obra de Antenor Orrego [16], Hacia un humanismo americano (1966).
Ambos están remecidos por la filosofía heideggeriana y su reacción es de
oposición. Kusch señaló varias cosas muy ciertas. Primero, que el intelectual
latinoamericano tiene miedo de ser él mismo y pensar lo propio. Y así se
convierte en lo que Francisco Miró Quesada [17] llama un “pensador asuntivo”, o sea que filosofa
problemas universales. Yo diría más bien que filosofa desde Occidente, desde el
centrismo universalista colonizador. Y lo digo porque la filosofía siempre va
hacia lo universal, aun cuando el punto de partida sea la propia realidad. Es
decir, la distinción miroquesadiana entre asuntivo y afirmativo está bien
planteada, pero mal definida. Segundo, el “estar siendo” kuscheano busca
atrapar la identidad y la diferencia al mismo tiempo. Esto es, plantea una
visión dialéctica en lo que él llama el “hombre total”. Así el sujeto
latinoamericano es una mediación-integración de lo propio. Su planteamiento de
la Estarlogia busca -como Quijano, Milton Santo, y Castro Gómez- la filosofía
del posicionamiento colectivo, entendido como lo culturalmente propio. Pero
tengo la sospecha que en la búsqueda de lo propio se nos escape lo ajeno
también a integrar. Por eso, considero que Orrego mira más lejos que Kusch en
lo que respecta a la ontología integracionista que debe presidir el ser
latinoamericano. También Kusch insiste -como Arguedas- en la valoración del
rito y del mito para la comprensión del ser propio. El riesgo es que la
Estarlogia kuscheana quede entrampada en el etnocentrismo relativista del
nativismo filosófico afirmativo.
UNIVERSALISMO FILOSÓFICO
- ¿Cree que ese riesgo de caer en el etnocentrismo
separatista de lo vernáculo está presente en el planteamiento de Aníbal Quijano
[18]?
- Pienso que sí. Quijano denuncia el etnocentrismo
europeo como el primer etnocentrismo mundial, de ahí constata un dominio
epistémico colonial de occidente. A partir de esto plantea una teoría de la
colonialidad, como dominación epistémica de la cultura de la dominación
occidental. Pero recordemos que fue Augusto Salazar Bondy [19] el primero que enlazó lo teórico con lo político.
Por eso su mensaje final es que la cultura de la dominación debe ser rota por
un nacionalismo antimperialista y un socialismo humanista. Quijano recibe ese
impulso para enlazar lo político con lo epistémico. Augusto Salazar Bondy no ve
la importancia de enlazar logos y mito. Quijano -al contrario de Mariátegui- no
ve la importancia de enlazar mito y revolución. Haya de la Torre plantea su
antieuropeísmo con su tesis Espacio, Tiempo Histórico. Quijano da
un paso más allá atisbando una racionalidad alternativa. Y ello guarda relación
con un socialismo indoamericano donde el socialismo indígena se combine con la
ciencia occidental. Y con lo “indoamericano” retornamos al nudo gordiano de la
ontología latinoamericana. ¿Qué es lo que somos? ¿Somos occidentales a nuestra
manera? ¿Somos indoamericanos? Por lo pronto ya no somos precolombinos. Y esto
lo advirtieron con toda nitidez el Inca Garcilaso, Guamán Poma de Ayala y Juan
Santacruz Pachacuti. Esa es la integración no resuelta que está pendiente en el
ser de nuestra América y que molesta como la piedra en el zapato. Por mi parte,
considero que la categoría arguediana de “Todas las sangres” da en el clavo de
la ontología nuestra. No somos europeos ni indios, somos mestizos, porque una
comunidad no se debe definir por la raza sino por la cultura. Y nuestra cultura
es simbiótica e integracionista. Sobreponer Raza y Nación es sumamente
peligroso porque sienta las bases del racismo y del totalitarismo. Una cosa es el
racialismo y otra el racismo. Pero la filosofía deja de
cumplir su misión de fomentar una comunidad de ciudadanos pensantes si incurre
tanto en el centrismo universalista occidental como en el etnocentrismo
separatista vernáculo. Ambos no contribuyen a que la filosofía alcance una
verdadera ciencia de lo universal, sino que convierten su realidad etnocéntrica
en universal.
…la filosofía
deja de cumplir su misión de fomentar una comunidad de ciudadanos pensantes si
incurre tanto en el centrismo universalista occidental como en el etnocentrismo
separatista vernáculo.
- Acaba de mencionar “somos mestizos”. Afirmación
de poco agrado de su amigo y pensador Hugo Chacón. Pero quiero referirme a otro
pensador referente, el ecuatoriano-mexicano Bolívar Echeverría [20]. Y lo hago sin dejar de notar que en la propia España
occidental se refieren racistamente a los latinoamericanos como “sudacas”.
Entonces, ¿Cree Usted, como él, que lo mestizo define a los latinoamericanos
como barrocos?
- Mire Usted, su pregunta resulta ser muy
interesante por una experiencia personal. Cuando estuve invitado en Panamá,
para conferenciar en la Universidad Autónoma de Chiriquí sobre “Humanismo y
Globalización”, me llamó la atención la presencia de estudiantes que iban
vestidos con sus trajes típicos a tomar clases. Eso no lo he visto ni en la
Universidad Nacional de Iquitos de Perú, ni en la Universidad Autónoma de
Toluca en México, ni en la Escuela Normal de Bucaramanga de Colombia. Entonces,
me pregunto, ¿quiénes son los barrocos, nosotros que vamos vestidos de
occidentales, o ellos que andan vestidos con sus usanzas ancestrales? Desde el
punto de vista mestizo ellos son los barrocos, pero desde el punto de vista
vernáculo somos nosotros. Pero si asumimos un concepto cultural de identidad
como lo mestizo, entonces no siempre lo mestizo resulta barroco. Ninguno de los
dos somos barrocos. No digo que lo mestizo no haya tenido sus momentos de
barroquismo y extravagancia, como en el siglo diecisiete entre los dominados y
dominadores de los Virreinatos de Perú y México, por ejemplo. Lo que digo es
que las categorías identitarias responden a comportamientos dinámicos que
siempre no son los mismos. Pero, además, y quizá este sea la sugerencia más
significativa de Bolívar Echeverria, es el que el ethos barroco no se
identifica siempre con la “decoración absoluta”, como dice Adorno, sino que
también se convierte en el “absurdo absoluto”. Lo barroco como categoría
cultural -ya resaltado por Eugenio D´Ors, Benedetto Croce o José Antonio
Maravall- puede ser aplicada a cualquier época que atraviese por lo recargado,
y está presente en la actual crisis civilizatoria de la modernidad capitalista.
Esta teatralidad nadificante se volvió moda en la vida cotidiana de la modernidad
decadente con los tatuajes, la música rap y vestir pantalones rotos.
- ¿Pero hay algo en qué coincidir con Echeverría?
Cierto, hay que coincidir con Bolívar que la
esencia de lo barroco no es revolucionaria, no acabará con el sistema de la
modernidad capitalista, es más bien una mueca grotesca, una resistencia pasiva
ante el sistema, el rebuscamiento innecesario, la denuncia muda de su desgaste
y declive. Lo barroco no busca salvar nada ni reírse de todo, sino llamar la
atención sobre el fétido olor de un momento civilizatorio en podredumbre. En lo
que no coincido con Bolívar Echevarría es en considerar siempre lo mestizo como
una estrategia barroca. Lo mestizo no siempre es barroco, lo pudo ser en la
Colonia del siglo XVII, pero cuando pretendió asumirse como occidental durante
la República dejó de serlo. Por ese motivo se me hace difícil coincidir con
Martín Adán [21] al definir el ser cultural del Perú como barroco.
- ¿Puede darme una definición de lo barroco?
- Lo barroco es una de las formas de desrealización
de lo real, que en el siglo XVII expresa su protesta ante el proyecto
civilizatorio de la modernidad capitalista y la deificación del hombre. Por
ello, su supernaturalismo es un escapismo. Como bien señala Echeverría, lo
barroco en filosofía se expresa en esa tensión entre lo ontológico y lo
epistemológico que se aprecia en Leibniz.
- ¿Es la misma tensión que se observa en Francisco
Suárez [22]?
- Sí, aunque en Suárez es más acentuada. Ambos
hacen filosofía teológica, pero Suárez lo vive desde la especificidad del
proyecto jesuita. El titánico esfuerzo metafísico de Suárez se enmarca en la
teología jesuita postridentina para reconfigurar la nueva relación de Dios con
el hombre. No sólo era una respuesta a la Reforma protestante, sino también era
el enarbolamiento de la utopía neocatólica por una modernidad alternativa. Pero
tal proyecto fue derrotado en 1775, cuando la Orden Jesuita fue expulsada de
América ´por el otro proyecto de la modernidad secular centrado en la
acumulación de capital. En el fondo Suárez busca catolizar la modernidad y
modernizar a la propia Iglesia. Esa unión de contrarios es lo característico
del espíritu barroco al que perteneció.
- Entonces, ¿sería acertada la filosofía de
liberación latinoamericana de Enrique Dussel [23]?
- Buscar la liberación desde la visión del oprimido
es para Dussel liquidar las cadenas de alienación de la estructura
eurocéntrica. Busca acabar con el colonialismo mental de la filosofía política
de los países periféricos. De fuerte impronta hegeliana describe la dominación
como subjetividad constituida como “amo” y “esclavo”. Y es a partir de aquí que
se hace difícil entender cómo lograr distanciarse del yugo de la filosofía
occidental utilizando las categorías de su filosofar. Su planteamiento es valioso
como indicador no eurocéntrico, pero no como realización anti eurocéntrica. La verdadera realización anti eurocéntrica de la filosofía
es advertir que resulta siendo el inmanentismo y secularismo de la modernidad
lo que mantiene lastrado el filosofar latinoamericano.
- Sus consideraciones sobre la teología de la
liberación son demasiado contemporaneizadoras, ¿no tiene ninguna crítica a
Gustavo Gutiérrez [24]?
- Primero, no voy a suscribir las tradicionales
críticas que se le dirigen desde el lado más reaccionario y conservador de la
Iglesia. Tres cosas. Primero, no marxistizó el cristianismo, sino que
cristianizó el marxismo. Segundo, liquidó la separación absoluta entre el mundo
y Dios, lo temporal y lo eterno, lo inmanente y lo trascendente, propio de la
teología dialéctica o de la crisis de Kierkegaard, Brunner y Barth. Y
tercero, con su denuncia de la opresión y la explotación del pueblo recuperó para
la Iglesia el sentido prístino del cristianismo, esto es, que el amor al
prójimo es inseparable de la lucha revolucionaria por cambiar el mundo. Esta
profundización del mensaje de Vaticano II y de Medellín, impulsados por Juan
XXIII y Pablo VI, tuvo su impacto bien conocido sobre la filosofía
latinoamericana de los años setenta. Recién ahora, con el descalabro del
neoliberalismo en el mundo se vuelve a poner sobre el tapete la opción
preferencial por los pobres, la justicia global y el amor real al prójimo. Casi
una década le tomó a Juan Pablo II contribuir al derrumbe del llamado
socialismo real en Europa, guardo la esperanza que a Francisco I también le
tome un breve tiempo para contribuir al derrumbe del mundo unipolar y
contribuir a la alborada del mundo multipolar. De modo que no puedo criticar su
propuesta emancipadora ni su defensa de la solidaridad con los pobres, en un
mundo plagado de injusticias y un imperio canalla que oprime a los países.
La verdadera
realización anti eurocéntrica de la filosofía es advertir que resulta siendo el
inmanentismo y secularismo de la modernidad lo que mantiene lastrado el
filosofar latinoamericano.
- ¿Pero todo eso no plantea un problema
escatológico? ¿No se sustituye el Reino de Dios en el Cielo por el Reino de
Dios en la Tierra?
- Es un riesgo cierto, pero aún si ello acontece no
impediría el acontecimiento escatológico. Es un dilema, pero la santidad -como
bien lo resalta Thomas Merton [25]- no es renuncia del mundo, sino lucha por el bien
temporal y espiritual del hombre. En otras palabras, la unión ontológica con
Dios no la efectúa el hombre sino Dios mismo.
- ¿Ese esfuerzo por redefinir en qué consiste la
presencia de Dios en la Tierra ya se presentó antes en la historia?
- Lo encuentro en San Francisco de Asís en plena
Edad Media, y varios movimientos heréticos -albigenses, valdenses,
joaquinistas, etc.- que buscaban reformas en la Iglesia para retornar al
cristianismo primitivo. No se puede obviar que los derechos humanos se remontan
al siglo XIII con la teología de Tomás de Aquino [26], con el cual surge una nueva visión política basado en el
bien común. No menos importante fue el cristianismo primigenio de los dominicos
Soto, Báñez, Vitoria, Cayetano, Medina, Bartolomé de las Casas, y la teología
barroca jesuita que, con Molina, Suárez, Bellarmino y Mariana, desde las
Universidades de Coimbra y Salamanca, impulsaban una reconstrucción del mundo
católico para la época moderna. Pero su utopía neocatólica de modernidad
alternativa fue derrotada con su expulsión de América en 1775, por la
modernidad pragmática y secular centrada en la acumulación del capital. De
manera que visto desde esta perspectiva la teología de liberación se inscribe
en una concepción del poder al servicio de la dignidad humana y dentro de una
modernidad alternativa. Además, porta una nueva síntesis metafísica entre lo
inmanente y lo trascendente. Justamente es el signo de la nueva filosofía
metafísica de la integración que se requiere para superar la modernidad.
. ¿La filosofía latinoamericana debe ser
eminentemente práctica en vez de especulativa, como lo sugiere Arturo Roig [27]?
- No lo creo. La filosofía latinoamericana debe ser
-como lo decía Leopoldo Zea [28]- una filosofía sin más. Limitar la filosofía
a un saber de la vida la empobrece, la vuelve inauténtica. No es la especulación lo que hace inauténtica a la
filosofía latinoamericana, sino la especulación de espaldas a la realidad
social e histórica en que se halla sumida. Lo cual no significa hipotecar
la especulación filosófica al historicismo y al relativismo, porque se puede
hacer especulación filosófica de lo particular desde lo universal.
No es la
especulación lo que hace inauténtica a la filosofía latinoamericana, sino la
especulación de espaldas a la realidad social e histórica en que se halla
sumida.
- ¿Pero este acto universal del filosofar no nos
revela algo más profundo?
- Lo revela. La filosofía no nace del cerebro sino
del alma. El alma posee razón universal y trasciende la materia. Por ello, la
filosofía tiene que ver con la verdad del ser. La filosofía es metafísica en
última instancia, y cuando no lo es se degrada.
- Recuerdo que Usted en sus obras afirmó que fue
tras leer a Karl Jaspers [29],
especialmente su libro Los grandes filósofos, le resultó
estimulante para formular el principio de la universalidad de la
filosofía. ¿Esto quiere decir que no trata de fetichizar a la filosofía
misma?
- Si no hubiese evidencias históricas que el pensar
filosófico es universal se estuviera incurriendo en fetichización. Pero no es
así. Y como no es así entonces es legítimo deducir la existencia de dicho
principio, que por lo demás desmiente el centrismo universalista de occidente.
Pero también niega el etnocentrismo separatista nativista.
- ¿Pero por qué no llamar simplemente
“cosmovisión”, “sabiduría” o “pensamiento” a esas otras formas de pensar
arcaicas no occidentales?
- Porque eso sería poner en un mismo saco muchas
formas de saber distintos. Por ejemplo, no es objetivo no llamar matemática a
los casi cinco mil de los siete mil años de historia que tiene de existencia la
matemática por el solo hecho de pertenecer a civilizaciones y culturas muy
antiguas y no occidentales. Es decir, no sería matemática sino simplemente
“sabiduría” o “cosmovisión”. Lo cual es erróneo y absurdo. La cosmovisión es el
impacto psicológico-emocional del mundo sobre las ideas, y muchas formas arcaicas
de saber no fueron cosmovisión. Cómo llamar cosmovisión al álgebra y al uso del
infinito matemático en Babilonia y Egipto, a la ingeniería de acueductos y
construcciones megalíticas de los antiguos peruanos. Se trata de un
reduccionismo etnocéntrico occidental que no resiste un análisis serio. Se dice
que no hay prueba de razonamiento deductivo antes de los griegos. Lo cual es
insólito. ¿Acaso todas la obras y conquistas culturales del mundo antiguo
fueron fruto de la intuición?, pues no. Naturalmente que hubo deducción. En ese
caso, simplemente es matemática y otras formas de saber con unas
características culturales distintas. Así, en la abstracta matemática moderna
ha sido expulsada la intuición ingenua, pero no la intuición de la imaginación,
común a modernos y antiguos. La intuición sigue presente a un nivel más
profundo. Lo mismo sucede en filosofía, su contenido es polimórfico porque su
esencia es permanente. Y lo es porque es parte de la condición humana. Así que
pretender llamar “cosmovisión”, “sabiduría” o “pensamiento” a la reflexión
filosófica ancestral es un subterfugio fallido del dogmatismo eurocéntrico
imperante. Es otra forma de ocultar la adhesión a la tesis cosmovisional. Es la
manera vergonzante de defender la tesis de la cosmovisión.
- Su respuesta me recuerda un debate que Usted
sostuvo con el Doctor Pablo Quintanilla en el Colegio Médico del Perú. ¿Verdad?
- Cierto. Hace seis años -creo que fue en el 2018- tuve el
placer de debatir en el Colegio Médico del Perú con mi estimado amigo y
distinguido filósofo Pablo Quintanilla sobre la filosofía precolombina en el
Perú. La posición suya, como buen pragmatista, era que hasta no ver las pruebas
no creería en tal cosa. Y con ello es consecuente con el dogma empirista que
admite las verdades de hecho, contingentes y accesibles a los sentidos. Ante
ello, como recordé aquella vez, insistí que el conocimiento humano no se reduce
a lo sensible, como afirman los seguidores de Locke, sino que también se basa
en hipótesis, razonamientos y deducciones que son aportadas por nuestro
entendimiento. La observación y la experimentación son indiscutiblemente
importantes, pero también lo son os métodos formales y de análisis racional de
los conceptos y de las definiciones. La verdad filosófica no puede reducirse a
la verificación empírica y analítica, de lo contrario sería ciencia y no lo es.
Y es por ello que es un caso especial dentro del conocimiento estricto. La esencia de la verdad filosófica reside en la validación
argumentativa y aserciones categóricas sin desvincularse del mundo fáctico. Como
la filosofía no es mera deducción ni mera inducción y como su materia rebasa lo
empírico tiende a no desestimar el fundamento ontológico y la raíz
histórico-social. Por añadidura hay que mencionar que el conocimiento humano
está regido por dos grandes principios: no contradicción -enunciado por
Aristóteles. y de razón suficiente -descubierto por Leibniz-. La primera es de
orden lógico y la segunda de orden metafísico. Pero el empirismo se queda con
lo primero y descarta el segundo. En suma, sí se puede demostrar que existió
filosofía precolombina desde una gnoseología que vaya más allá tanto del
empirismo y del racionalismo.
La esencia de la verdad
filosófica reside en la validación argumentativa y aserciones categóricas sin
desvincularse del mundo fáctico.
- Claro, ¿pero si se añade un guión entre las
palabras “cosmo” y “visión” (cosmo-visión) no estaríamos eludiendo la postura
cosmovisional?
- Podría ser, siempre y cuando se avanzara hacia
una reconceptualización de la filosofía. Pero sin ello, eso se convierte en un
ardid del etnocentrismo occidental bajo cuerda. Qué sentido tendría introducir
un guión si no se esclarece su sentido. Ninguno. Sería un intento inútil de
esquivar la postura cosmovisional, puesto que, si con el guión se trata de
objetar el eurocentrismo, entonces por qué no se cuestiona el centrismo
universalista hegemónico. Lo que hay en el fondo es una fetichización del concepto
griego de filosofía combinado con una reserva astuta en caso de soportar la
carga de las críticas tanto del etnocentrismo relativista como del
universalismo filosófico. De manera que de poco sirve dicho guión si no se toma
posición respecto al etnocentrismo universalista de occidente con su variante
cosmovisional. Más bien, exige aclarar ese punto y no dejarlo pendiente.
- ¿Así llama a su postura, “universalismo
filosófico”?
- Sí, porque se distancia tanto del etnocentrismo
universalista occidental como del etnocentrismo relativista vernáculo. Es
diferente de ambas variantes. Me parecen ser dos extremos que no permiten ver
toda la complejidad de la filosofía en su esencia y formas culturales. La
filosofía es universal, polimórfica y multívoca al mismo tiempo, y está anclada
en la misma condición humana. El universalismo filosófico evita el
provincialismo universalista occidental y el etnocentrismo relativista
antioccidental. Son enervamientos culturales que impiden la reconceptualización
de la filosofía misma. Es universalismo filosófico porque reconoce que el
contenido o noesis de la filosofía no es cuestión de semántica sino de
experiencia fenomenológica particular. O sea, está anclado en la misma
condición humana. El hombre filosofa porque está incitado desde la esencia de
su ser.
El universalismo
filosófico se distancia tanto del universalismo etnocéntrico occidental como
del relativismo etnocéntrico cultural.
- Cuando Usted trató de explicar la gestación de la
categoría de lo “mitocrático” se remitió a la filosofía posmoderna, en especial
a Derrida y su crítica al logocentrismo. ¿Cómo pudo ser posible ello si son
conocidas sus críticas a la posmodernidad [30]?
- Toda filosofía tiene sus aportes y defectos. Es
un claroscuro en el que hay que distinguir y recoger lo valioso. No hay por qué
tener una visión maniquea de ninguna filosofía. En ese sentido mereció
inapreciable la sugerencia que hacía la filosofía derridiana criticando el
logocentrismo de occidente [31]. El pensamiento occidental dependía excesivamente de la
lógica de la identidad. Y a partir de ello deduje que si el centrismo
universalista de Occidente había sido logocéntrico era posible llamar mitocéntrico y mitocrático a
la forma de filosofar bajo el esquema del mito. Lo cual no modifica mi opinión
que la posmodernidad es una filosofía que sucumbe al inmanentismo moderno,
lleva al extremo la crítica del logocentrismo y ahonda la negación de la
metafísica. Para Derrida el sentido y la verdad son un juego de la escritura.
Por eso, su pathos es escéptico y su ethos es nihilista, reflejo fidedigno de
la crisis y disolución del inmanentismo de la modernidad.
- ¿Por qué no coincide con Derrida en considerar
que el sentido no precede al signo?
- Porque ello lleva directamente a la aporética de
lo indecible. Para Derrida el logos del ser, o sea el pensamiento que obedece a
la voz del ser, es el primer y último recurso del signo. De modo que la palabra
“ser” sería una palabra trascendental que haría posible “ser palabra” de las
demás palabras. Ahora bien, en La voz y el fenómeno [32] presenta la conclusión de que hay que desterrar el
privilegio absoluto concedido a la voz (foné), a la palabra. De otra forma no
hay conciencia pura. Ahora bien, eso implica negar a la palabra “ser” su
condición de palabra trascendental que hace posible las demás palabras. Si la
deconstrucción pretende moverse en el campo de lo indecible, entonces decir “yo
soy” carecería de referente ontológico y todo caería en un juego semiótico.
Pero, en realidad, es falso pretender desterrar el privilegio de la voz (foné)
sobre el fenómeno de la conciencia, porque no existe tal privilegio. Pues
existe un lazo primario entre ser y pensar. El Cogito de la
conciencia pura se puede expresar como ergo sum sin
contradicción alguna. Cogito ergo sum es un sentido primario
de la propia conciencia pura, no digo del mundo, sino de la propia conciencia.
La misma que es expresable en palabras. De modo que Derrida yerra al sostener
que el ser no precede al signo. De lo contrario, ¿cómo se podría
expresar la aprehensión del sentido del ser sin palabras? Incluso el pensar
requiere palabras. Si subordinamos el ser a las palabras corremos el riesgo de
caer en la arbitrariedad pura de signos sin referente real. El ser, como la
lógica y el lenguaje condiciona, pero no determina el pensar.
- ¿Pero pensar el ser desde la diferencia no le
parece rescatable?
- Pensar el ser como la diferencia o más allá de la
identidad lleva hacia la identificación de la diferencia con lo irracional y de
éste con el ser. El Ser sería lo absolutamente Otro e incognoscible. O sea, se
arribaba en clave secular a lo que ya había afirmado la teología negativa. Pero
no hacía falta semejante extremismo, que a mi modo de ver es fruto de la
degradación de la razón burguesa. Bastaba con reconocer que la razón tiene que
admitir verdades suprarracionales. Pero la modernidad enemiga de la trascendencia
metafísica no lo podía hacer. Todo esto se gesta en los años setenta. Foucault
con su microfísica del poder termina negando el sentido de la historia.
Derrida, enredado en la idea nietzscheana de la verdad como mentira, habla de
la diferencia como deconstrucción del “sentido verdadero”. Eso me hace recordar
lo que decía Foucault de su amigo Derrida: Derrida es un Husserl enloquecido.
No hace falta imaginar lo que diría Derrida de Foucault: Foucault es un
Nietzsche escapado de un sanatorio. Pero será Deleuze con su esquizoanálisis el
que afirma que la diferencia es virtual y trascendental, no se extrema en la
contradicción. No ejerce ninguna negación y se afirma desplazando a todo
sujeto. Todo el mensaje de esta triada desembocaría en la posmodernidad de
Lyotard, Baudrillard y Vattimo. Se operaría un desplazamiento de la diferencia
a terrenos ético-políticos, se pretendería un nihilismo activo y una ontología
debolista que culminaría en el metarrelato que “deja ser a la diferencia”,
promoviendo una alteridad pervertida.
- ¿Tan duro es su juicio sobre la filosofía
posmoderna?
- No creo ser duro, sino objetivo, al constatar que
pensar la diferencia se convirtió en una episteme desontologizada que lleva
adelante la desrealización de lo real. Si Heidegger piensa el ser desde el
presente, Derrida [33] lo hace desde el signo. O sea, el sentido ya no
pertenece a la cosa sino al signo. Es decir, deconstruir se convirtió en
desarmar lo real para rearmar un campo significativo artificial. Así el ser se
degradó en mero fenómeno semántico. Para Husserl el sentido precede al signo,
para Derrida el sentido es resultado del juego de los signos. De ahí que
denuncia el sentido metafísico de verdad, como develamiento o adecuación. El
logos del sentido se convertía en resultado del juego de los signos significativos.
De esa manera se sucumbe al relativismo, escepticismo y nihilismo.
- ¿Ese reconocimiento de la universalidad del
filosofar tiene repercusiones cívicas y políticas?
- Lo tiene. Pensar no sólo es tarea del filósofo,
sino de todo ciudadano. Se necesita una ciudadanía pensante, y la
filosofía puede hacer una contribución sustancial a ello. No se trata
que el ciudadano ande por el mundo filosofando, sino que camine sin perder su
sentido crítico. Por lo menos es así la filosofía actual.
- A propósito de “ciudadanía pensante”, eso me
recuerda las críticas que se le dirigieron a Usted cuando se supo que estaba
promoviendo la creación de otras sociedades de filosofía. ¿Qué opina?
-Nuestro medio filosófico es aún muy centralista y
poco integrado. Mi intención al promover la creación de otras sociedades
filosóficas en distintas regiones del país fue justamente eso, descentralizar
su gestión y promover el interés por la filosofía en todo el país. Creo que es
un poderoso medio para formar una ciudadanía pensante. Repercusión más profunda
tiene para un ciudadano enfrentarse a un Sócrates que a la música de los
Beatles. Lo cual no es elitismo, sino democratismo del saber. A los filósofos nos
va muy mal en política. La lista es numerosa, comienza con Sócrates, Platón,
Aristóteles, llega hasta Habermas, pero los resultados son muy magros. No
obstante, la filosofía política es una disciplina insustituible en la
preocupación del filósofo.
- Bueno, Habermas [34] con su teoría de la acción comunicativa contribuyó a
una democracia europea deliberativa. ¿Qué objeción le encuentra a ello?
- A ello ninguna objeción, salvo que su ideal
transnacional y cosmopolita fue arrasado por el capitalismo neoliberal y se
mostró impotente para resistir la demolición del pensamiento crítico que lo
terminó anclando a un servilismo y falta clamorosa de liderazgo ante la presión
del imperio norteamericano. Lo visto en la guerra de Ucrania no lo deja
desmentir. Inflación, recesión, devaluación y carencia de energía son los
efectos inmediatos que sufrió la economía europea por seguir los dictados de
las sanciones contra Rusia impuesta por los Estados Unidos. De paso hay que
decir que la guerra en Ucrania fue una provocación meticulosamente planificada
contra Rusia, con la esperanza de implementar lo que siempre ha hecho
Occidente: imponer mediante la guerra el saqueo de los recursos naturales de
los países de la Tierra. Esa mentalidad neocolonial es el origen de la guerra.
En otras palabras, la razón comunicativa habermasiana se hizo añicos una vez
que la plutocracia europea y su clase política decidieron defender los
intereses americanos en vez de los suyos. Sencillamente la teoría de la acción
comunicativa naufragó ante la dialéctica del mundo real y mostró, una vez más,
que la filosofía de la praxis debe teorizar, pero tomándole el pulso a la
historia.
- ¿Pero ello no es confundir la filosofía con la
política?
- Filosofía y política caminan unidas, pero no
confundidas. El filósofo cumple su misión desde la trinchera del pensamiento,
no desde el palco parlamentario. La apuesta por la transnacionalización de la
soberanía popular y de un parlamento mundial con una justicia mundial resultó
un estruendoso fracaso en los marcos de la dominación capitalista. Y ni
Habermas ni su amigo Karl-Otto Apel lo pueden negar. La geopolítica del
militarismo del imperio sencillamente ha convertido en caricatura el ideal de
participación igualitaria de la Europa democrática. La estrategia habermasiana
de oponerse al neoliberalismo y al nacionalismo, pero no al capitalismo, ha
mostrado toda su ingenuidad y limitación histórica. Su utopía política de una
sociedad postsecular que frene la desafección religiosa al estado de derecho ha
quedado retrasada y desfasada ante la realidad donde el imperialismo es el que
transgrede el estado social de derecho.
- ¿Entonces no se trata de imponer una filosofía
determinada?
- Así es. No escribas para que los demás piensen
como tú, sino simplemente para que piensen. El filósofo debe incitar a pensar,
nada más. El resto es para consumo propio, aunque su interpretación del mundo
aspire a develar la verdad. No digo que debe convertirse en un elemento
quietista en la historia, sino que debe ser consciente de sus límites
prácticos. Todos los grandes filósofos soñaron con cambiar el mundo, desde
Platón hasta Marx, pasando por los utopistas del Renacimiento, aportaron ideas
para dicho propósito. Pero realmente el cambio efectivo del mundo no está en
hombros de los filósofos, sino de los políticos, guerreros, hombres prácticos y
demás. El filósofo gesta la idea, que tampoco sale exclusivamente de su sesera,
sino que está vinculada a su tiempo y sociedad, y dicha idea se va encarnando
paulatinamente en la historia.
- Eso me suena muy kantiano, ¿es así?
- Puede ser, pero un auténtico maestro lo primero
que reconoce es su propia ignorancia. Y en eso es más socrático que kantiano.
Pensar no sólo
es tarea del filósofo, sino de todo ciudadano. Se necesita una ciudadanía
pensante, y la filosofía puede hacer una contribución sustancial a ello.
- ¿Pero el magister dixit de la
academia no guarda mucha relación con ese ideal?
- Lo guarda. El academicismo mata al intelectual y
al filósofo, porque lo aleja de los problemas de la sociedad y lo encierra en
las cuatro paredes de su aula.
- Entonces, ¿filosofar no es divorciarse de los
problemas del mundo?
- No lo es, y nunca lo será. Ni el idealismo
platónico lo fue. Filosofar es existir, porque es un pensar que nos devuelve al
mundo.
UNIVERSALISMO FILOSÓFICO Y REHUMANIZACIÓN
- No quisiera irme y dar por finalizada esta
primera conversación sin formular una última interrogación. ¿Es Usted un anti
evolucionista?
- Lo soy. Cada día me convenzo más que el
evolucionismo es el arma etnocéntrica más bárbara que existe y disimulado con
ropaje científico, para discriminar con soberbia todo lo arcaico con el
argumento de la inferioridad de las sociedades sin escritura, sin estado, sin
historia, sin mercado, sin tecnología y sin filosofía. Esa supuesta
superioridad occidental es en realidad inferioridad moral. Y esto queda bien
demostrado por el antropólogo y filósofo Pierre Clastres [35]. La verdadera miseria no es vivir sin esas cosas, sino
perder el sentido de la vida a pesar de tener esas cosas. De modo que los
bárbaros son los civilizados y no los propios salvajes. La incitación
capitalista de producir por producir, acumular por acumular, destruyó el
planeta.
Bárbaro no es el
salvaje, sino
el que suprime el espacio de lo sagrado.
- Puede decirme, ¿qué es ser bárbaro?
- Bárbaro no es el salvaje -y de eso se encargó de
desmentir bastante bien Lévi-Strauss [36]-, sino el que suprime el espacio de lo sagrado. El
pensamiento salvaje vive en armonía con la naturaleza. El pensamiento
civilizado vive en conflicto con ella por su poder desbocado. La modernidad endiosando al hombre, se robó el alma del
hombre y lo dejó vacío. Mire, la creación es gratuita y de ella hay que
aprender que la vida buena es generosidad. Todo lo realmente valioso es
gratuito, porque la verdadera riqueza mora en el corazón. Es más, el verdadero
templo no es la iglesia ni tu alma, sino toda la Creación. Ahora bien, la
modernidad es el olvido del sentido de lo sagrado. Por ello, estamos acabando
con el mundo.
La modernidad
endiosando al hombre, se robó el alma del hombre y lo dejó vacío.
- Pero dígame,
hacer preceder a la filosofía conceptual de origen griego, una filosofía
mítica, y de ésta una filosofía mitomórfica, y otra anterior numinocrática,
¿puede parecer que nos deslizamos hacia una consideración historicista,
relativista e irracionalista de la filosofía y de la verdad?
- Pero esto sólo
es apariencia, porque en el fondo se trata de la ruptura no sólo con la
concepción de la filosofía como teoría general de la representación, que
predominó desde Grecia hasta Descartes, Kant, la fenomenología y la filosofía
analítica, sino también con aquella concepción de la filosofía concebida como
teoría de la creencia conveniente, propia del pragmatismo desde James, Dewey
hasta Rorty.
- ¿Eso quiere
decir que considera que la filosofía no es ni espejo ni fe en la realidad?
-Mi punto de
vista es que la verdad no es ni representacional, ni creencia útil, sino que es
revelación ontológica del ser en la historia. En este sentido, la filosofía, en
último término, no es ni espejo ni fe en la realidad. Es revelación
óntico-ontológica del ser en la historia. De ahí que no puede ser reducida a
análisis conceptual, análisis fenomenológico, explicación del significado,
lógica de nuestro lenguaje, ni metáfora del mito. A este enfoque lo he
denominado Historicismo Ontológico.
- ¿Cómo así su
historicismo ontológico elude el relativismo?
- Que la
filosofía y la verdad esté ligada a una forma de racionalidad y objetividad
histórica determinada no significa que esa forma sea su expresión final. Ni
esto significa incurrir en relativismo e irracionalismo. En todo caso está
ligado a un historicismo ontológico, donde las metamorfosis epocales de la
filosofía y la verdad no tienen que ver con una pretendida negación de la
metafísica, la búsqueda cartesiana de certeza, la epistemología, ni la
hermenéutica, sino con el reconocimiento de la apertura óntico-ontológica del
Ser hacia el hombre y viceversa. No es el hombre la fuente de verdades
necesarias, sino que con su apertura a lo desconocido es el ente pasivo-activo
que va descubriendo el ser en la historia.
- Entonces ¿cómo
explicar la racionalidad?
- No se puede
explicar la racionalidad y la objetividad en términos que perennicen un
determinado discurso epocal. Las imágenes, metáforas y proposiciones que la
filosofía expone en su derrotero histórico son un importante indicador de que
no es el hombre, sino que es el Ser la fuente de las
verdades necesarias. Pero la historia es la dimensión temporal donde se fusiona
y actualiza la historia del ser con la historia del hombre.
El Ser es la fuente de las verdades necesarias, pero la historia
es la dimensión temporal donde se fusiona y actualiza la historia del ser con
la historia del hombre
- ¿Aquello no
guarda un sabor heideggeriano?
- No lo creo,
porque aquí no se trata de reducir el Ser al tiempo del ente llamado hombre, ni
hacer preeminente lo ontológico sobre lo óntico humano, sino que se trata de
comprender que, no agotándose el Ser en el tiempo, no obstante, se revela al
hombre en el tiempo histórico. De modo que no hay forma de evadir el propio ser
preguntando por el Ser. La verdad filosófica no consiste en aquel centrarse en
lo ontológico que extravía lo óntico, ni en aquel centrarse en lo óntico que
extravía lo ontológico. No. La verdad filosófica abarca ambas dimensiones.
- ¿Entonces la
verdad filosófica no es un constructo social?
- La verdad
filosófica no es ni fiel representación de la realidad, ni mero constructo
social. Es, antes que nada, intuición en la revelación del ser. Por ello, no se
trata de una verdad representacional, ni una verdad creencial, sino de una
condición existencial óntica-ontológica de apertura hacia lo desconocido. Es
por ello que a la filosofía y su verdad se la comprende mejor desde una teoría
general de la revelación, antes que como una teoría general de la
representación y la creencia útil. Todo lo dicho no significa que se deba
abandonar la noción de conocimiento, al contrario, hay que entenderlo con
criterio flexible y epocal, rechazando la eternización y universalización de lo
que es solamente válido para una determinada cultura o civilización. En todo caso lo se muestra perenne
es la revelación y ocultación del Ser en la historia humana. La existencia
humana es el ineludible desocultar del Ser, como condición de su conocer y
hacer. De ahí que la filosofía se muestra como la alétheia del logos, entendido
como base universal y eterna de lo existente. Ahora se comprende mejor que
nuestro telón de fondo no es el racionalismo, el empirismo, ni el pragmatismo,
sino el existencialismo ontológico que funda la existencia en el Ser.
…el gran lastre de la filosofía de la liberación fue permanecer
hipotecado al concepto eurocéntrico de filosofía.
- Usted habla de
tres Olas en la elaboración de una nueva concepción de la filosofía en la
meditación sobre lo precolombino.
- Efectivamente,
la filosofía en el Perú no comienza con la Conquista, y en esto se equivocó
Augusto Salazar Bondy que creyó en ello, sino que hubo filosofía en el Perú
precolombino bajo otros esquemas conceptuales. Esto quiere decir que el gran lastre de la filosofía de la liberación fue
permanecer hipotecado al concepto eurocéntrico de filosofía. Liberarse de
este concepto ha llevado trescientos años de colonia y doscientos años de vida
republicana, a través de tres olas, y últimamente acontece en plena lucha
contra el neoliberalismo colonialista y el tránsito hacia un nuevo orden
mundial multipolar. En lo que hemos llamado la Primera Ola, el único que
responde con claridad es el Inca Garcilaso de la Vega cuando en sus Comentarios
Reales repite numerosas veces la fórmula los “Amautas filósofos”. Con
ello no sólo refleja tener conciencia de la importancia de la filosofía, sino
de la equivalencia del saber de los amautas con el tipo de saber filosófico. No
en vano fue el autor de la mejor traducción de los Diálogos de Amor de
León Hebreo. Y lo hace desde su perspectiva de la mentalidad renacentista
neoplatónica, donde cobra un especial énfasis la tercera hipóstasis, o sea, el
alma del mundo, sobre lo Uno y la Inteligencia. Esa manera de ver la Idea más
cercana a lo concreto es lo que predomina en la mentalidad neoplatónica del
Renacimiento. No obstante, hay un detalle particular en el Inca Garcilaso y es
que por su conversión al cristianismo es el exponente de un neoplatonismo
providencialista. En cambio, en Guamán Poma de Ayala, exponente de un
neoplatonismo mesiánico, y en Juan Santacruz Pachacuti, más cercano a la
cosmogonía inka, lo que encontramos es un elevado aprecio por el saber
autóctono, pero al que no llaman filosofía. Por lo demás, los propios cronistas
españoles -como Betanzos, Cieza de León, Polo de Ondegardo, Acosta, Molina,
Murúa, Oliva, Calancha y Cobo- no tuvieron reparo en comparar la similitud del
saber de los amautas con la filosofía europea. Por su parte, la Segunda Ola
de 1965, en plena decadencia del Perú oligárquico, el debate entre Antero
Peralta y José Tamayo Herrera apenas avanza con la idea de Peralta de que en
los Inkas no se trató de filosofía teórica, sino de filosofía práctica. Lo cual
deja bastantes dudas en su justificación. Idea que viene precedida por la
indicación de Luis E. Valcárcel de buscar dicha filosofía en la magia y
religión. Sin embargo, sería en la década de los 90 donde las posturas se
volverían más enconadas y matizadas. Y de aquí parte la Tercera Ola. Por
un lado, se hallaban los monoculturalistas eurocéntricos como Sobrevilla,
Rivara, Peña Cabrera y Mejía Huamán, que repetían el argumento diltheyano de
“cosmovisión” sin negar que tenían racionalidad, pero negaban la existencia de
un criterio distinto de filosofía.
Liberarse de este concepto ha llevado trescientos años de colonia
y doscientos años de vida republicana, a través de tres olas, y últimamente
acontece en plena lucha contra el neoliberalismo colonialista y el tránsito
hacia un nuevo orden mundial multipolar.
Por otro lado,
estaba el grupo de los nativistas como Pacheco Farfán, Díaz Guzmán, Víctor
Mazzi y Flores Quelopana, que con distintos argumentos afirman la existencia
del filosofar precolombino. Pacheco coquetea con categorías marxistas como la
contradicción, y Díaz simplemente identifica la filosofía inka con el mito sin
mayor explicación. No obstante, en Mazzi hallamos dos etapas bien definidas,
una primera ingenua que detecta en Guamán Poma la mención de un sabio llamado
Juan Yunpa, con características similares a los presocráticos, y, una segunda
etapa en la que asume un etnocentrismo no eurocéntrico. Incluso acepta que en
el universalismo cultural inka no hay separación entre logos y mytho. Su mayor
esfuerzo se centra en la detección de las fuentes que expliquen la presencia de
la filosofía en los amautas, reivindica la semejanza de familias reflexivas, la
hermenéutica, la inconmensurabilidad, la comparatividad y el contexto fonético
del runasimi. Y a pesar de todo es poco claro por qué llamar a ese saber
tradicional como filosofía. Considero que tal limitación se debe al pesado
lastre de la idea peyorativa de Mito heredado del Siglo de las Luces y que se
retrotrae hasta la idea griega de Logos como orden y razón. Había que romper
con el racionalismo, el empirismo, la epistemología y la lógica analítica para
entender un orbe cultural totalmente distinto al nuestro. La tarea de demostrar
que en el mito hay una forma peculiar y diferente de hacer filosofía porque el
hombre es una criatura filosófica, fue lo que me dio el leitmotiv para escribir
la presente obra. Si vemos que hubo y que en el futuro habrá distintas formas
de hacer filosofía, entonces se habrá entendido que la filosofía no es el
ejercicio exclusivo de la razón lógica, sino también de otras formas de
racionalidades, otros logos, diferentes y contrapuestas a la nuestra. Este era
el horizonte que no podía ver el nativismo afirmativo asuntivo, tan encerrado
como estaba en reivindicar el estatus filosófico de la filosofía ancestral
perdía de vista una teoría de las racionalidades filosóficas. Sin embargo, era
la senda del desarrollo natural de admitir el carácter universal del logos
filosófico. Había que fundamentar la filosofía mitocrática, como precedente del
filosofar logocrático, para poder ver que éstos eran solamente algunas de las
formas que puede adoptar la multivocidad y multiformidad de la filosofía misma.
- ¿Pero su
distinción de una Teoría de las racionalidades filosóficas no tropieza acaso
con la crítica de Quine entre distinciones de hecho y de lenguaje? ¿No estará
haciendo simplemente una distinción de lenguaje en vez de una distinción de
hecho? ¿No estará confundiendo las explicaciones causales con la adquisición de
una creencia teórica? ¿Haciendo de lado las evidencias empíricas y los hechos
no estamos convirtiendo a los procesos mentales en engendradores de verdad? ¿No
estará haciendo referencia a meros espíritus conceptuales? ¿Hacer filosofía con
meras proposiciones asertóricas no es recaer en meras alucinaciones
filosóficas?
- Hay que
ponernos en guardia ante los intentos de restablecer el Mito de lo Dado,
criticado por Sellars, ante problemas que no son meramente mentales,
lingüísticos, ni psicológicos. Quine atacó los dogmas del empirismo, en
especial el reductivismo verificacionista y la idea de verdad en virtud de su
significado. Davidson el que criticó la afirmación empirista de que la
experiencia o los hechos son lo que hace verdadera a una oración. Demócrito
sugirió la existencia de los átomos y, sin embargo, la ciencia los admite a
pesar que ni se ven ni se verán nunca, a lo más que se puede llegar es ver un
átomo perturbado por la luz. De manera que ante el problema de ponerse a
elucubrar sobre algo sin evidencia empírica configura una conjetura que no pasa
de ser cierta. Cuando se demuestre su veracidad se convertirá en teorema y será
usado para demostraciones formales. Y dentro de esta conjetura el postular la
existencia de las racionalidades filosóficas no es hacer incurrir a la
filosofía en condiciones fantasmagóricas, sino insistir en categorías
ontológicas y metafísicas que no se reducen a una cuestión sociológica. Kuhn y
Feyerabend con sus puntos de vista sobre la inconmensurabilidad de las teorías
alternativas insinuaron que las únicas nociones de “verdad” y “referencia” que
entendemos son aquellas que se ponen en relación con un “esquema conceptual”.
Las racionalidades filosóficas son “esquemas conceptuales” epocales, pero de
contenido universal. Es obvio que para un realista el esquema conceptual es una
representación más precisa de la realidad, mientras que para un antirrealista
su sistema de referencia está ligada a una creencia cultural (tal como lo
sugieren Quine, Sellars, Kuhn, Feyerabend). Putnam trata de salir del
atolladero proponiendo desde la filosofía analítica la distinción entre una
teoría del significado “idealista” y “realista”. Pero su punto de vista no ha
tenido eco porque la mayoría de los filósofos no tienen dudas sobre la noción
de una teoría de las conexiones entre las palabras y el mundo. Mientras tanto
Rorty desde su nominalismo pragmático piensa que una nueva teoría sobre la
verdad no es más que un pequeño cambio sobre una amplia red de creencias.
Las racionalidades filosóficas son “esquemas conceptuales”
epocales, pero de contenido universal.
- ¿El lenguaje
alcanza la realidad?
- Que el lenguaje
humano no alcanza la verdadera realidad ya fue advertido por Pitágoras, Platón,
Plotino, Dioniso Areopagita, la Apologética, la Patrística, la mística
medieval, Bergson y Marcel. En realidad, la realidad excede el lenguaje y su
sentido no se agota en el sentido humano. Para salir del logos de la logística,
el neopositivismo, la filosofía analítica y el pragmatismo rortyano hay que
salir al frente reconociendo que, si bien el conocimiento y la expresión son
inseparables, no obstante, ni el conocimiento ni el lenguaje revelan toda la
realidad, la cual se va develando de continuo y asintóticamente. Por ello, no
sólo es importante reconocer la afinidad entre lenguaje y lógica señalada por
Chomsky, sino también mantener la distinción ontológica entre la verdad del Ser
y la verdad del conocer. Lo cual no significa necesariamente hacer diluir
escépticamente la verdad del conocer en una “creencia conveniente”.
Wittgenstein, Heidegger y Dewey criticaron la idea de que exista fundamentos
del conocimiento, pero ello no significa que el conocimiento sea enteramente un
constructo social. El conocimiento humano jamás es una representación exacta de
la realidad, pero ello no significa que no se conozca, que se tenga que negar
la correspondencia entre pensamiento y realidad y que representación por no ser
exacta niegue la verdad. Eso es historicismo relativista extremo. Pero
nuestro relativismo ontológico sostiene que hay verdad y conocimiento a pesar
de que no exista representación exacta de lo real. O sea, no sólo hay afinidad
entre lenguaje y lógica, hay también correspondencia entre pensamiento y
realidad, simplemente que no es una correspondencia total sino relativa y
parcial. Es la única forma de evitar tanto el dogmatismo del realismo
tradicional como el escepticismo del antirrealismo nominalista del logos de la
logística y pragmática actual. De manera que a este historicismo ontológico no
se le podrá acusar de realismo dogmático ni de historicismo relativista e
irracionalista.
- ¿Su
historicismo ontológico evita colocar la semántica sobre la ontología?
- Sí. No estamos
confundiendo entre explicación privada y justificación pública de esta teoría,
ni nos ponemos en camino de colocar la semántica sobre la ontología, ni hacemos
de la verdad y el conocimiento una cuestión de práctica social. Nuestro criterio
historicista es ontológico y, justamente por ello, no se recae en el
relativismo ni en la afirmación escéptica de que sólo hay creencias útiles en
vez de conocimiento. Pues, que el hombre no logre
la representación exacta de las esencias no significa que éstas no existan y
que todo sea constructo humano o social. Afirmar que en cada tipo de
racionalidad filosófica hay un conocimiento determinado no equivale a decir que
la verdad es una representación exacta de la realidad, ni la mente un espejo de
la Naturaleza, como cree Rorty, sino tan sólo aproximada. El principio
asintótico del conocimiento describe mejor el historicismo ontológico de la
racionalidad humana.
…que el hombre no logre la representación exacta de las esencias
no significa que éstas no existan y que todo sea constructo humano o social.
- Quiero terminar preguntado, ¿no le parece extraña
coincidencia que la tesis no eurocéntrica de la filosofía cobre fuerza en medio
del final de la historia de Occidente?
- Es una coincidencia verdaderamente, pero no tan
extraña. El fin de la historia de Occidente resulta ser el fin de la hegemonía
de concepción griega de filosofía. O sea, es el final de una concepción
civilizatoria que impuso una determinada idea de la esencia del filosofar. Pero
ello no es el final de la filosofía. Es más, considero que no es el final de la
filosofía logocrática sino de su confluencia con una filosofía de la
integración, integrocrática, donde lo inmanente y lo trascendente no se excluyen,
sino que se complementan. Por eso no pienso que "la historia del ser toca
su fin", ni que adviene un pensar "el ser sin referencia al
ente", como sostenía Heidegger, porque, más bien, lo que se columbra en
este final de la historia es la apropiación del ser mismo en referencia
al ente. Con esto se pondrá término al proceso moderno de deificación del
hombre que puso al límite la destrucción de la Tierra. Y se comprenderá que el
templo no es la Iglesia ni el alma, sino toda la Creación entera.
- Muy agradecido. Debo meditar sobre muchas cosas.
Espero retomar la conversación en otro momento.
- Así será.
NOTAS
[1] Jesús
Mosterín, El pensamiento de la India. Aula Abierta Salvat,
Barcelona, 1985. Mosterín ofrece una exposición ortodoxa y muy
histórico-descriptiva del pensamiento de la India. Así, no llama “filosofía”
sino “pensamiento” a las diversas ideas de la India vertidas por los sistemas
filosóficos ortodoxos o ástika y sistemas heterodoxos o nástikas.
Su postura etnocéntrica universalista occidental es inocultable y no la trata
de disimular. Pero me permitió extraer las conclusiones siguientes: 1. Su
desarrollo transcurre en medio del antagonismo entre la visión negativa del
mundo y de la vida, y la visión afirmativa del mundo y de la vida; 2. El
carácter supraético del misticismo de la identidad -unión del alma individual
con el alma universal o Brahama- y el carácter ético del misticismo afirmativo
de la vida; 3. El paulatino predominio de la afirmación del mundo y de la vida
en el pensamiento de la India; 4. Es necesario volver a la mística activa de
Jesucristo, sobre todo ahora, en un Occidente sin espiritualidad ni
interioridad, cuyo nihilismo y cultura tanática representa una afirmación de la
vida y del mundo sin contenido ético. Por lo demás, es reprochable que por ser
la palabra “filosofía” de origen griego no la aplique al pensamiento de la
India.
[2] Alusión
a la obra de Rivara de Tuesta, Pensamiento prehispánico y filosofía
colonial en el Perú, Tomo I, FCE, Lima 2000. Jamás compartí los escrúpulos
de Rivara de llamar “pensamiento” y no “filosofía” al pensamiento que así lo
merecía en el mundo precolombino. Esa forma censurable de coquetear con el
nativismo filosófico manteniendo los pies bien plantados en el eurocentrismo
filosófico siempre lo vi como una inconsecuencia de su parte. Al reprochárselo
alegó “astucia indígena”. Puede ser, pero es una actitud más propia de un
sofista que la de un filósofo. Rivara seducía por su estudio del pensamiento
incaico y las figuras filosóficas nacionales, pero todo bajo los cánones del
magisterio eurocéntrico.
[3] David
Sobrevilla, Repensando la tradición de Nuestra América, pp. 69-70,
Banco Central de Reserva del Perú, Fondo Editorial, Lima 1999. Sobrevilla
siempre fue el defensor del universalismo etnocéntrico occidental y solía
llamar a la “filosofía prehispánica” como “vía muerta” del pensar nacional.
Repite de Augusto Salazar Bondy aquella banalidad de que antes de la Conquista
y sólo añade que no hubo filosofía en “sentido estricto” en nuestra América. Su
“sentido estricto” obviamente se lo atribuía al filosofar occidental y crítico
con lo religioso y teológico. Sus prejuicios eurocéntricos eran tan arraigados
que habló de filosofía latinoamericana “heterogénea”, o sea implantada por
Occidente en nuestras seseras. Y sólo se hizo homogénea con la idea original de
nuestra América. Su confusión mental nacía del aferramiento al magisterio
eurocéntrico y falta de originalidad para pensar en un sentido amplio el origen
el filosofar. Sencillamente, jamás quiso cuestionar el significado occidental
de filosofía. Sobrevilla junto a Rivara eran las figuras dedicadas a la
historia de la filosofía. Esa era su virtud y a la vez su enorme limitación.
Pues no incentivaban la creatividad filosófica, sino simplemente promovían la
interpretación de lo pensado.
[4] Étienne
Gilson, La filosofía en la Edad Media. Desde los orígenes patrísticos
hasta el fin del siglo XIV, Gredos, España 1958. La falta de formación en
el conocimiento de la filosofía medieval -sobre todo por la hegemonía moderna
de la tradición racionalista, ilustrada, marxista, pragmática, neopositivista,
analítica- puede ser subsanada por el estudio de este gran libro del connotado
medievalista Gilson. Su principal contribución es demostrar que la filosofía de
la Edad Media fue la conquista para la razón y la filosofía de un ámbito
independiente. Para el otro gran medievalista Bréhier el aporte fue la libertad
antes que la razón. De cualquier forma, las ideas de “razón” y “libertad” de la
filosofía medieval fueron la fuente de la filosofía moderna.
[5] Émile
Bréhier, Historia de la filosofía. Desde la antigüedad hasta el siglo
XVII, dos tomos, Tecnos 1988. Medievalista impostergable, que al contrario
de Gilson destaca que no es la razón sino la libertad la idea clave de la
filosofía medieval. Ambos historiadores de la filosofía nos hacen ver que las
ideas de libertad y razón fueron decisivas para la lectura secularizada,
inmanentista y empírica que hizo de ellas el pensamiento moderno. Por mi parte
-discrepando con tan eminentes figuras- considero que la razón fue la idea
clave de la filosofía antigua y la idea de libertad la de la filosofía
cristiana. Mientras que la terrenalidad antimetafísica fue la idea de la
filosofía moderna. No es que no hubiese filosofía metafísica en la modernidad
-y de ello se encarga de desmentirlo la obra La metafísica moderna de
Heinz Heimsoeth-, sino que la tendencia dominante fue el giro inmanentista en
general. Sin duda, a ello contribuyó la revolución científica de los siglos
xvii y xviii, el desarrollo del capitalismo, los descubrimientos científicos,
las guerras religiosas, el cisma en la Iglesia, la Reforma, la decadencia de la
nobleza y la secularización de la vida en general.
[6] Véase
Andrés Martínez Lorca, Introducción a la filosofía medieval,
Alianza, 2011; Ignasi Saranyana, Breve historia de la filosofía
medieval, Eunsa, 2010; Massimo Campanini, Introducción a la
filosofía islámica, Biblioteca Nueva, 2006; Mauro Zonta, La
filosofía hebraica medieval, Laterza, 2002; Oliver Leaman, Jewish
Thought. An Introduction, Routledge, 2006. Todas ellas son obras
iluminadoras sobre la riqueza y complejidad del pensamiento medieval.
[7] Alusión
a mi obra Teoría general de la filosofía, Lima Iipcial 2021. En
esta obra por primera vez sistematizo las tres teorías del filosofar que
anteriormente no había advertido. El nombre de Teoría General de la Filosofía
me lo inspiró Einstein con su teoría general de la relatividad, y el contenido fue
resultado de mi obra previa La filosofía prehistórica. Aún cuando fue
ésta última la que me permitió ir más allá de mi planteamiento de la filosofía
mitocrática, no obstante, me sigue inquietando la idea sobre la existencia de
algo así como la prevalencia de una razón cósmica. Cosa ya pensada por los
presocráticos y que se prolonga hasta nuestros días con las reflexiones del
“ajuste fino” de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza y la idea del
“Gran diseño” del Universo por el Dios Providente. Pero que exista una Razón
Universal que pertenece a Dios hace que la filosofía -como vida de la Verdad-
se vea cumplida en el Creador.
[8] Leszek
Kolakowski, La presencia del mito, Amorrortu editores, Buenos Aires
2006. Este inquieto filósofo de origen polaco atiende al detalle que el mito
religioso o filosófico crea el sentimiento de domesticación del ser. Y mientras
el mito de origen vincula al ser, el mito utópico vincula al futuro. El mito se
vuelve narcótico, pero ¿acaso la ciencia no actúa hoy en día como narcótico y
funciona también como mito? Por supuesto que sí. Además, hay que señalar que el
mito de origen en la tradición budista, especialmente la Escuela de Kioto en
Japón, vincula no con el Ser sino con la Nada. La Nada de Oriente piensa la
nada antes de la creación, o sea, antes de cualquier voluntad amorosa y
creadora divina. Esto plantea un problema lógico para el pensar occidental.
Pues pensar el ser desde el no-ser viola el principio de no contradicción, pero
no el de la armonía de los contrarios. En el tardío Occidente cristiano fue
Nicolás de Cusa el que pensó a Dios inefable por encima del ser y del no-ser,
anterior al principio de contradicción, de cuyo ser trascendente sólo cabe un
saber místico. Dios es así la coincidenttia oppositorum. Pienso que sin
duda esto puede ser así para la limitada razón humana, más no para la Razón
Universal de Dios. En otras palabras, Dios nunca deja de ser racional para sí
mismo y para su creación. Otra cosa es que su Razón Universal permanezca para
el hombre en el misterio más insondable.
[9] Georges
Gusdorf, Mito y metafísica, Editorial Nova, Buenos Aires, 1960. Su
idea de que el mito es una metafísica primera y la filosofía una metafísica
segunda resulta muy sugerente y adecuada siempre que no olvidemos que el propio
mito contiene una filosofía propia, de lo contrario reproduciríamos el
prejuicio eurocéntrico de que la filosofía es el paso del mito al logos.
[10] Werner
Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, FCE, México,
1952. Este connotado historiador de la filosofía no sólo se distinguió por sus
estudios sobre Aristóteles, sino que puso de relieve la visión religiosa del
mundo de los presocráticos.
[11] Alusión
a las obras del gran helenista sanmarquino José Russo Delgado Los
presocráticos III. Lo que es. Los eleatas, UNMSM, 1992; y Los
presocráticos II. El logos. Heráclito, UNMSM, 2000.
[12] Mención
a mis siguientes obras: Corpus filosófico andino, Iipcial,
2019; Filosofía prehistórica, Iipcial, 2018; Filosofía como
necesidad existencial, Iipcial, 2018; Filosofía mitomórfica del
chamanismo, Iipcial, 2017; ¿Existió filosofía en nuestra América?,
Iipcial, 2017; El dios ordenador andino, Iipcial, 2016; El
absoluto dinámico en la mística, filosofía y religión en el Perú antiguo,
Iipcial, 2015; Filosofía mitocrática y mitocratología, 2010; Las
filosofías marginadas, 2007; Filosofía mitocrática andina,
2007; Los amautas filósofos, 2006; Racionalidad filosófica
en el Perú antiguo, 2001; Eurocentrismo y filosofía
prehispánica, 1998. Realmente ha sido un largo recorrido para apenas
desgajar una pequeña luz en el camino.
[13] Indicación
a Eric A. Havelock, Prefacio a Platón, Editorial Antonio Machado,
España, 2005. Havelock es el representante de la superioridad de la cultura con
escritura para el pensar abstracto. Con ello ignora otras clases de
abstracciones más extensas y profundas que la mera abstracción lógica.
[14] Miguel
León Portilla, La filosofía nahuatl estudiada en sus fuentes, UNAM,
1993. En mi opinión León Portilla se queda en el nativismo filosófico o
etnofilosofía culturalista, porque se limita al registro de fuentes
documentales sin poner en cuestión un nuevo sentido de la palabra filosofía.
[15] Alusión
a Raimon Panikkar, La experiencia filosófica de la India, RBA,
Barcelona, 2002. En mi consideración Panikkar cae en la trampa del
universalismo etnofilosófico occidental al buscar el término homeomórfico o
equivalente semántico a la palabra filosofía en otras tradiciones culturales.
Es el mismo error eurocéntrico en que incurre Joseph Estermann, en su obra Filosofía
andina. Enfoque intercultural de la sabiduría autóctona andina, con el
agravante de que reduce la filosofía ancestral a mera cosmovisión.
[16] Cf.
Mis obras sobre Orrego: El ontologismo americanista de Antenor Orrego,
2001; Antenor Orrego. Teodicea, metafísica e historia, 2003. Para
Miró Quesada Orrego sería un filósofo afirmativo.
[17] Cf.
Francisco Miró Quesada, Proyecto y realización del filosofar
latinoamericano, FCE, México 1981. Es en esta obra en que Miró Quesada
distingue entre filósofos afirmativos -piensa desde nuestra realidad- y
filósofos asuntivos -reflexionan problemas universales-. Distinción valiosa,
aunque restrictiva, pues un filósofo que piensa nuestra realidad puede no dejar
de pensar temas universales y viceversa.
[18] Cf.
Aníbal Quijano, “Colonialidad del poder, cultura y conocimiento en América
Latina”. En Anuario Mariateguiano. Vol. IX, n ° 9. Sobre Quijano es
de valor acudir al libro de Segundo Montoya Huamaní, Conflictos de
interpretación en torno al marxismo de Mariátegui, Heraldos editores, Lima,
2018. Supo enlazar los temas de colonialidad, eurocentrismo, nación,
globalización y una exigir nueva epistemología.
[19] Cf.
Augusto Salazar Bondy, Entre Escila y Caribdis. Reflexiones sobre la
vida peruana, Casa de la Cultura, Lima, 1969. Para algunos esta obra recala
orillando en la violencia revolucionaria fruto del desencanto del reformismo
militar. Para otros es una nueva exploración política sin asumir la vía
violenta del guevarismo.
[20] Cf.
Bolívar Echeverría, La modernidad de lo barroco, Ediciones Era,
UNAM, 1998. Sugerente pensador ecuatoriano que identifica en lo barroco el
proyecto moderno católico jesuita para resistir y oponerse a la modernidad
capitalista que terminó deificando al hombre.
[21] Cf.
Martín Adán, De lo barroco en el Perú, UNMSM, 1968. Vio en el estilo
barroco una inclinación natural hacia lo romántico, o sea la concreción verbal
de un impulso vital.
[22] Cf.
Francisco Suárez, Disputaciones metafísicas, en siete tomos,
Gredos, Madrid, 1960. Obra monumental que intenta responder desde la utopía
neocatólica al protestantismo y al racionalismo de la modernidad.
[23] Enrique
Dussel, Filosofía de la liberación,1977. Su reflexión filosófica
culmina en la ética postmetafísica de la otredad. Su sesgo antiesencialista es
su limitación.
[24] Cf.
Gustavo Gutiérrez, Teología de la liberación, CEP, Lima, 1971. Supo
recoger el legado de ochocientos años de la Patrística contra la explotación y
el reclamo de justicia social. Si Dios es inseparable del amor al prójimo,
entonces la nueva metafísica ha de enlazar nuevamente lo inmanente con lo trascendente.
[25] Cf.
Thomas Merton, Vida y santidad, Editorial Herder, Barcelona, 1964. En la
misma línea de las teologías terrestres enfatiza que santidad no es aislamiento
del mundo, sino luchar activamente por el bienestar del prójimo.
[26] Cf.
Ana María Luisa, Filosofía política y derechos humanos, UNAM, 2012.
Ratificando lo afirmado por Bréhier sobre la idea de la libertad como el aporte
de la filosofía cristiana, sostiene que la contribución más importante de la
filosofía política occidental -desde Santo Tomás de Aquino, Calvino, Suárez,
Grocio, Hobbes y Locke- fue la idea de la libertad individual. Sin ellos sería
inconcebible los derechos humanos del siglo dieciocho. En otras palabras, en
los cuatro primeros siglos de la modernidad maduró la idea de la libertad
individual.
[27] Cf.
Arturo Roig, El pensamiento latinoamericano y su aventura, Ediciones El
Andariego, Buenos Aires, 2008.
[28] Cf.
Leopoldo Zea, La filosofía americana como filosofía sin más, Siglo
XXI, México, 1978.
[29] Dado
que son varios los volúmenes de la serie de Karl Jaspers con el mismo título,
es preciso mencionar que el libro aludido es: Los grandes filósofos.
Los hombres decisivos: Sócrates, Buda, Confucio, Jesús. Tecnos, Madrid,
1996.
[30] Cf.
Para resumir sólo se mencionan algunos títulos: Sentido metafísico del
mundo multipolar, 2022; Apocalipsis de la razón burguesa,
2022; La modernidad envejecida, 2022; Carta sobre la
metafísica, 2022; Nihilismo y revolución, 2021; El Perú
ante el ocaso nihilista de la civilización global, 2019. Entre los más
antiguos: Erosión nihilista de la sociedad postmetafísica,
2007; La hermenéutica postmoderna del hombre sin absolutos, 2007; El
imperio postmoderno del hombre anético, 2004.
[31] Cf.
Jacques Derrida, De la Gramatología, Siglo Veintiuno editores,
México, 1986.Sentido y la verdad son un juego de la escritura.
[32] Cf.
Jacques Derrida, La voz y el fenómeno, Valencia, 1985. Niega que el
sentido preceda al signo, sino que el sentido es efecto del juego de los
signos. Hay que negar el lazo entre el logos -palabra de la conciencia- con la
foné -el oírse hablar de la conciencia misma-. Derrida destierra el privilegio
concedido a la voz de la conciencia. Cree así cumplir con el objetivo de la
fenomenología de un pensar sin presupuestos.
[33] Cf.
Jacques Derrida, La escritura y la diferencia, Anthropos, Barcelona
1989. Aquí somete la escritura al logos de un sentido anterior. Con esto cobra
importancia el ser de la literatura. Su conclusión es que el sentido no
pertenece a la cosa sino al signo. Derrida es parte de la episteme
desontológica de la modernidad, llevando adelante la desrealidad de lo real.
[34] Cf.
Jürgen Habermas, Teoría de la acción comunicativa. Complementos y
estudios previos, Madrid, Cátedra, 1989.
[35] Cf.
Pierre Clastres, La sociedad contra el Estado. Ensayos de antropología
política, Editorial Hueders, 2010. Libro valioso que testimonia que la
sociedad primitiva desarrolla una política sin poder y sin Estado, donde lo
político funciona como infraestructura y lo económico como superestructura.
[36] Cf. Claude Lévi-Strauss, El pensamiento
salvaje, FCE, México, 2009. Afirma que el salvaje vive en armonía con la
naturaleza, el mito no es algo primitivo sino una manera no instrumental de
relacionarse con la naturaleza y es el hombre civilizado el que procede
bárbaramente con la naturaleza. Esta obra permite advertir que el pensamiento
salvaje procede en su lógica bajo el principio de la armonía de los contrarios.
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CUADRO N°3
CRÍTICA AL
EUROCENTRISMO
1. Según el
eurocentrismo el origen de la filosofía es Grecia.
2. Sostiene que todo
pensamiento anterior a Grecia es pensamiento prefilosófico, cosmovisión o mito.
3. El eurocentrismo
define a la filosofía como pensar racional, crítico y metódico.
Bases epistémicas de
la crítica:
4. Antropología
cultural, la cual acepta la consistencia lógica del pensamiento primitivo como
pensar participativo.
5. Psicoanálisis, al destacar el lenguaje
racional de lo onírico y simbólico.
6.
Posestructuralismo, con la crítica a la conceptolatría de la razón occidental.
7. Nueva lógica, al
subrayar que la razón humana emplea diferentes lógicas en diferentes
situaciones.
8. Intuicionismo
filosófico, que reivindica la intuición como herramienta legítima del
conocimiento.
9. Nueva concepción
del mito, que reconoce que lejos de ser un relato fabuloso es el modo
alegórico-simbólico del proceder de la razón más allá del principio de
contradicción de la lógica clásica.
10. Existencialismo,
se filosofa por razones existenciales antes que teóricas.
11. De manera que la
filosofía mitocrática se basa en los aportes del psicoanálisis, la antropología
estructural, el existencialismo, el intuicionismo, el nuevo concepto de mito y
la nueva lógica.
12. Postula la nueva
categoría de lo mitocrático como forma de filosofar mítica.
13. Si occidente
estuvo hegemonizada por la filosofía logocrática o el imperio del concepto
otros orbes culturales filosofaron bajo el imperio del mito.
14. La filosofía
mitocrática rechaza la consideración de la filosofía ancestral como cosmovisión
y la filosofía en sentido laxo, porque reconoce el estatus metafísico del mito.
15. Esta defensa del
carácter universalista de la filosofía fue pre3cedida por Karl Jaspers en
contra de Martin Heidegger.
LIBRO CUARTO
Por qué
filosofamos
La filosofía y su misterio
Sinopsis
|
C |
uando se advierte que
el asombro filosófico no es patrimonio de alguna cultura, civilización o
espécimen humano, entonces es cuando descubrimos que su origen griego sólo da
cuenta de la Teoría Restringida del filosofar. Lo que lleva a descubrir la
filosofía en el mito con la Teoría Ampliada, y postular la Teoría General,
según la cual la filosofía es propia de la condición humana, pudiéndosela
rastrear hasta la remota prehistoria.
La filosofía griega
es sólo un caso particular de filosofar, y su absolutización fue una
herramienta de dominación del colonialista etnocentrismo filosófico occidental
Pero ¿a qué nos
remite el asombro filosófico en el ser que se hace la pregunta filosófica? Lo
más desconcertante es hallar el papel crucial del espíritu como centro captador
de esencias, que nos pone ante el misterio de la Razón y su estrecho lazo
receptor-creador con la Realidad.
Es significativo que
este soberbio tema surja en el cambio de época que nos ha tocado vivir. Nos
encontramos como San Agustín, a horcajadas entre dos mundos.
PREÁMBULO
El origen de la Filosofía no es un tema concluso, sino abierto. Llevo
casi cuatro décadas escribiendo obras de filosofía y mientras más lo hago más
problemático se me aparece el filosofar mismo. Hitos en esta búsqueda
explicativa en mi camino del filosofar han sido Jaspers que lo interpreté como
universalismo filosófico no occidental, el postestructuralismo con su denuncia
del logocentrismo eurocéntrico y el Inca Garcilaso de la Vega con su
interpretación obstinada de los Amautas-filósofos. Estas tres fuentes me
condujeron hacia el planteamiento de la filosofía mitocrática y el
cuestionamiento del origen griego de la filosofía. Pero en un segundo momento
de búsqueda las reflexiones sobre las obras de Mircea Eliade, Rudolf Otto y las
investigaciones del pensamiento primitivo me llevó a desembocar en la
formulación de las categorías del filosofar mitomórfico y del filosofar
numinocrático.
En el recorrido fue grato constatar que en la filosofía peruana
destacaron dos importantes filósofos por sus finos análisis del universo
simbólico, el mito y el mundo religioso. Me refiero a Mariano Iberico
-especialmente el de su etapa madura, basada en la concepción positiva de la
materia y la valoración de la Naturaleza- y a Wagner de Reyna. Sus sutiles
reflexiones junto a otras lecturas y meditaciones me condujeron hacia esta
tercera etapa de la reflexión donde el fenómeno del filosofar mismo se vuelve problemático,
misterioso y trascendente. Al final tenemos que el filosofar no está al
servicio del filosofar lógico y el sentido del filosofar es multívoco y
multiforme.
Que la palabra filosofía sea de origen griego no determina que el
fenómeno filosófico tenga que ser restringido necesariamente a ese orbe
cultural. Es más, la filosofía griega es tan sólo un caso particular del
filosofar y no su expresión por antonomasia. Por el contrario, el etnocentrismo
filosófico occidental fue empleado como arma colonialista sobre pueblos y
culturas con otra clave filosófica. Tras la superación del monismo naturalista
diacrónico por un pluralismo culturalista sincrónico en etnología, no sólo se
vuelve cada mas inaceptable el eurocentrismo filosófico, sino que la pregunta
ya no es si hubo otras formas de filosofar y cuál es el sentido de las otras
formas, y sí, más bien, la interrogante se trueca en ¿Por qué filosofamos?
Lo que se ha vuelto problemático es el acontecer mismo del filosofar. De
Aristóteles nos viene la afirmación que la filosofía nace del asombro, pero
poco o casi nunca se pregunta qué significa este hecho y por qué acontece de
esa forma. En otras palabras, ¿a qué nos remite el asombro en la estructura del
ser que se hace la pregunta filosófica? Cuando reparamos en ello se nos abre un
panorama que rebasa lo cultural e histórico y hunde sus raíces en lo
ontológico, metafísico y transtemporal. Esa peculiarísima situación de la
condición humana es la que se ha buscado indagar en el presente ensayo.
En otras palabras, el esclarecimiento del tema sobre el ¿Por qué
filosofamos? nos llevó por el camino de la superación de la Teoría
restringida -que afirma que la filosofía se origina en Grecia-, a
profundizar en la Teoría ampliada -hay filosofía en el mito- y postular
la Teoría general -la filosofía es propia de la condición humana-. Pero
lo más inusitado ha sido rastrearla en la condición humana de los demás
homínidos y no restringirla exclusivamente al Homo sapiens. Al plantearnos la
pregunta sobre Por qué filosofamos colocamos a la filosofía frente a sí
misma, es como si un cirujano cardiólogo abriera su propio pecho para observar
el funcionamiento de su propio corazón. Eso es lo que caracteriza al filosofar
en su búsqueda de las primeras causas y principios.
No obstante, lo más desconcertante de toda esta búsqueda es que al
tratar de despejar la pregunta Por qué filosofamos hallamos no sólo el
papel crucial del espíritu como centro captador de esencias, sino que
nos ponemos ante el misterio de la Razón. El porqué de las cosas nos
lleva a descubrir un orden que trasciende lo antropológico y nos lleva a escala
cósmica. Es decir, descubrimos un orden, un logos en todo lo existente que
apenas hemos rozado en este trabajo. Pero esto se relaciona con la existencia
de una Razón cósmica como manifestación de la Razón universal de
Dios en la Creación. Esto es ya tema aparte, que aquí sólo queda consignado. Lo
curioso es -y esto es ya una confidencia al lector- que cuando tenía diecisiete
años estando en Arequipa acompañando a mi padre, también filósofo, en sus
conferencias, se me dio por escribir un breve ensayo de sesenta páginas que lo
llamé Crítica de la razón cósmica. Claro, fue un escarceo fruto de
lecturas filosóficas mal digeridas y aprendidas, pero dejó una huella
indeleble. Creo que este sedimento no murió y tras estudiar filosofía en San
Marcos y escribir una buena cantidad de libros vuelve a mi mente con extrañeza
única. Es curioso que después de tantos lustros este tema vuelva mí. No sé si
lograré plasmar este antiguo sueño. Es un tema colosal que excede mis fuerzas y
conocimientos. Leibniz lo intentó con su Teodicea., Plotino con sus Enéadas
y otros más.
Al final, creo que todo auténtico filosofar tiene que enfrentarse al
tema magno de la explicación total de lo que existe. Naturalmente que con ello
me aparto del ontologismo puro de Heidegger que descuidó lo óntico. Pero hay
algo más que me intriga y es que este soberbio tema surja al final de una era y
al comienzo de otra, me refiero al hundimiento del mundo moderno unipolar y al
nacimiento del mundo transmoderno multipolar. Nos encontramos como San Agustín,
a horcajadas entre dos épocas. Es desconcertante.
Unas palabras finales. Percibo que las consideraciones consignadas en la
presente obra apenas atisban un problema muy profundo que tiene que ver con el
origen del sentido en filosofía. La filosofía y su sentido brota
espontáneamente de la vida, lo cual puede, debe y es pensamiento educado en un
determinado contexto epocal. Pero el impulso filosófico es universal. Que el
mismo encuentre en el hombre su lugar por excelencia es un indicador de la
existencia de un llamado del Ser, al cual se responde por misteriosas razones
que nos llevan hacia la divinidad.
1
¿DEL MITO AL LOGOS?
¿Por qué filosofamos? ¿Por curiosidad? ¿Por
asombro? ¿Por buscar el principio de las cosas y el mundo? Y si lo hacemos ¿por
qué lo hacemos? Además, ¿somos los únicos que lo hacemos?
¿Qué condición ontológica nos impulsa a filosofar? ¿Es la filosofía el paso del
mito al logos? ¿Tiene el mito su propio logos? ¿Es el mundo occidental,
especialmente Grecia, el origen del filosofar? ¿Existen otras formas de
filosofar? ¿Es la filosofía homogénea y unívoca o multívoca y multiforme? No es
acaso nuestra pregunta una interrogación que exige una ontología de la
condición humana. ¿No es acaso la propia vocación metafísica de la condición
humana lo que nos aboca al filosofar? ¿No es la constitución originaria no sólo
del hombre sino también del Universo de índole filosófica? ¿No es el despliegue
de todo lo existente una realización de la verdad?
Es más, ¿Acaso el logos filosófico no nos
remite más allá del ámbito antropológico para llevarnos hacia una Razón Cósmica de la
divinidad en la Creación? En otras palabras, ¿no es el filosofar humano una
pequeña fracción de la Razón Universal? ¿No encontramos en el ajuste fino de
las cuatro grandes fuerzas cósmicas (fuerza nuclear débil, fuerza nuclear
fuerte, gravedad, electromagnetismo) y en el Gran Diseño del Universo una
muestra de aquella Razón Universal? El filosofar nos lleva hacia preguntas que
sobrepasan el límite de su mera expresión antropológica para conducirnos hacia
dimensiones metafísicas insondables en su totalidad.
Es archiconocida la anécdota de Pitágoras de
Samos (I,12), contada por Diógenes Laercio[2], al
responder con modestia a los sabios egipcios que él apenas era un amante de la
sabiduría mientras ellos eran los realmente sabios. En su respuesta hay dos
cosas que han permanecido a lo largo de la historia de la filosofía occidental,
a saber, la primera que concierne a la convicción de que la verdad es
inabarcable y por consiguiente inalcanzable. De modo que su posesión no es
humana, sino divina. Y lo segundo que corresponde a la forma misma del saber
filosófico no como una posesión de la verdad, sino como un amor al saber, es
decir es una aspiración, un desiderátum. Esto ha llevado a la graciosa
situación que dice que los filósofos son los únicos que se entienden en asuntos
que los demás no comprenden. Pero hasta aquí el quid de la cuestión es que la
filosofía occidental, o sea, guiada por la razón, instaló la certeza de que una
gran filosofía es la que en vez de establecer una verdad definitiva es la que
produce inquietud.
Sin embargo, la figura de Pitágoras nos
ilustra dos formas contrapuestas de sabiduría filosófica y la situación
existencial de la inquietud. Tendríamos una filosofía instalada en la duda
racional y otra en la revelación divina. Además, habría una forma de filosofía
que parte de la inquietud y otra que parte de la serenidad. El testimonio
recopilado por Diógenes Laercio es valioso tomando ciertas precauciones.
Primero, él no es un filósofo ni un historiador, sino un humanista que narra
mezclando lo biográfico con lo doxográfico. Segundo, es un erudito del primer
renacimiento del clasicismo helénico que pertenece al siglo III después de
Cristo. Es decir, es un ciudadano de la Antigua Roma que la actualidad
filosófica no le preocupaba, es un anticuario que no le preocupaba ni el
cristianismo ni el neoplatonismo. Así, sólo llega hasta Sexto Empírico y
Epicuro es al único al que dedica una apología. Todo esto ha sido destacado por
sus especialistas J. Mejer y por M. Gigante[3].
Pero lo que aquí interesa reparar es en las dos formas de filosofía que
consigna el mismo Diógenes Laercio cuando por un lado dice que la filosofía
empezó entre los griegos (I,4), y por otro cuando habla de la filosofía de los
bárbaros para referirse a los gimnosofistas, druidas, caldeos (I, 6, 7),
Zoroastro (I,9), egipcios (I, 9). En otras palabras, a pesar de su aticismo
grecocéntrico que lo hace pensar que la filosofía empezó entre los griegos
(I,4), no deja de mencionar que la filosofía de los bárbaros estaba relacionada
con la magia (I, 1), la cosmogonía (I,4), el mito (I, 5), la astronomía, la
adivinación, las revelaciones sobre el origen y esencia de los dioses (I, 6),
la geometría, la astrología y la aritmética (I, 10). Sobre la relevancia de estos
aspectos en otros orbes culturales de índole filosófico-religioso lo hallamos
en los nombres de varios emperadores Incas. La palabra quechua Yupay
significa “contar”, Yupana es el nombre del ábaco inca, Yupanki sería
el cargo o título de la persona especializada en contar, y siguiendo al Inca
Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza de León y Antonio Vázquez de Espinoza dicha
partícula nominal se encuentra en los nombres de los siguientes reyes incas:
Yoque Yupanqui (1117-1145), Cápac Yupanqui (1176-1228), Yahuar Huaca Yupanqui
(1277-1298), Inca Yupanqui (1408-1438), Túpac Yupanqui (1438.1481)[4].
Lo que significa la gran importancia que tuvo el conocimiento matemático en una
civilización teocéntrica y agrocéntrica como la andina precolombina. No
descartando que sus reyes hayan sido hombres sabios, astrónomos, astrólogos o
expertos matemáticos. Lo cual no debe llamar la atención, pues por lo menos son
siete mil años de matemáticas que acompañan al hombre, aportando a la
civilización dos cosas puntuales: el razonamiento deductivo y la descripción
numérica del cosmos[5].
En matemáticas fue donde primero se desarrolló juntas el pensamiento deductivo
y la descripción matemática de la naturaleza. Pero el pensamiento deductivo es
muchísimo más antiguo y puede ser remontado sin problemas hasta la industria
lítica de la prehistoria del homo habilis, el cual se dio cuenta que pulir
piedras de determinadas formas y características reportaba una mejor cacería,
alimentación y subsistencia. Esa etapa protohistórica de las matemáticas no
puede ser desestimada y debe ser tomada en cuenta para reparar que antes de la
etapa empírica de las matemáticas en Egipto y Babilonia existió una etapa
intuitiva y otra intuitiva-deductiva que se retrotrae en la noche de los
tiempos. De modo que el razonamiento deductivo precede a la descripción matemática
del mundo, pero unida a la intuición. Y esto se puede decir sin merma del gran
y gravitante papel que jugó antaño el método intuitivo y visionarismo de magos,
chamanes, místicos y profetas.
En buena cuenta, mientras que la filosofía
bárbara incidía en el origen divino del saber, concebido por el hombre como una
revelación o un don; la filosofía griega lo hacía en su origen humano como una
adquisición o producción humana. La primera alternativa es más antigua y
prevalece tanto en las filosofías orientales como en las occidentales de sesgo
teológico (Filón de Alejandría, neoplatonismo, filosofía islámica, filosofía
judía, patrística, escolástica, ocasionalismo, inmaterialismo, derecha hegeliana,
espiritualismo, neoescolástica). Mientras que la segunda es la surgida en
Grecia y cuya heredera real es el mundo secularizado e inmanentista de la
modernidad occidental[6].
La filosofía como revelación tiene como
características centrales: 1. es un saber elitista, propio de ciertos reyes o
sabios iluminados, no siendo accesible a los mortales comunes. 2. Explica el
origen del saber por la unión de una esfera ontológica superior y divina. En
este sentido es un saber de salvación. 3. Se trata de una filosofía oracular,
horoscópica, escatológica, mántica, iniciática, intuitiva y revelada. 4. De
manera que no busca combatir la tradición sino conservar hasta cierto límite
las creencias establecidas. De lo contrario no se tendrían los sistemas
filosóficos que no aceptan la tradición de los Vedas o darsanas nástikas
(charvaka, budismo, jainismo)[7].
Incluso en el seno de las darsanas ástikas o sistemas filosóficos ortodoxos hay
discrepancias centrales. Por ejemplo, mientras que el Yoga cree en un dios
personal, el Sankya es ateo, mientras el Mimansa es ritualista-teológica, el
Nyaya es analítico y lógico-epistemológico, mientras el Vaisesika es atomista y
físico-psicológico, la Vedanta sostiene que el mundo es apariencia del
Brahmán. 5. Son filosofías religiosas
donde predomina no el pensamiento conceptual, sino el pensamiento simbólico,
mientras el pensamiento conceptual busca expresar lo que la cosa “es”, el
pensamiento simbólico expresa lo que la cosa “quiere decir”. 6. De ahí que la
filosofía religiosa sea en el fondo una teoría del destino, que interpreta el
cosmos como una totalidad viviente o animada. Todo sucede por la voluntad de
los dioses y hay que realizar sacrificios para lograr su favor. Los sacrificios
humanos generalizados están relacionados con esta concepción
religioso-filosófica. Es más, se puede afirmar que el canibalismo presente en
las religiones de integración prehistórica y primitiva (hombre
prehistórico, pueblos primitivos, siberianos, amerindios, indígenas brasileros,
pueblos primitivos de Indochina, pueblos oceánicos, australianos, africanos)
está relacionado con el sacrificio humano ritual de las religiones de
servicio de las civilizaciones antiguas (antiguo Egipto, antigua
Mesopotamia, Indo-europeos, eslavos, germanos, antiguos griegos, romanos,
semitas, cananeos, antigua China, antiguo Japón, aztecas, mayas, incas). Cosa
que tenderá a desaparecer en las religiones de liberación (gnosticismo,
hinduismo, budismo, jainismo, taoísmo) y a eliminarse completamente en las religiones
de salvación (mazdeísmo, judaísmo, cristianismo, islamismo)[8].
O sea, lo que se observa es un
perfeccionamiento ético en el desarrollo de la pedagogía divina. Lo cual es
importante destacarlo ante las tendencias neo-animistas contemporáneas que
preconizan un revival de la religión de integración primitiva como una manera
de contraponer al antropocentrismo destructivo actual una tendencia
cosmocéntrica. La modernidad materialista, incrédula y hedonista resalta el
valor antropológico del curanderismo, olvidando lo más importante: su
significado espiritual. Y es aquí donde no pasa desapercibida la activa
presencia del demonio. Es por ello que la solución animista, desde todo punto
de vista, resulta anacrónica, regresiva y desfasada[9]. No
obstante, hasta en las religiones de servicio lo que prevalece es un
necesitarismo cósmico. Aunque cosa singular se aprecia en la filosofía de la
religión de salvación islámica del siglo XIII, donde predomina un estricto
causalismo cósmico, un necesitarismo universal.
ESQUEMA
TIPOLÓGICO DE LAS RELIGIONES
RELIGIÓN DE
INTEGRACIÓN: religiones prehistóricas
religiones de pueblos primitivos
religiones de siberianas, Indochina
religiones africanas, amerindias y amazónicas
RELIGIÓN DE
SERVICIO: Antiguo Egipto y
Mesopotamia
Religiones indoeuropeas y celtas
Eslavos, celtas, germanos
Griegos, romanos, semitas
China, Japón, Aztecas, Mayas, Incas
RELIGIÓN DE
LIBERACIÓN: Maniqueísmo, gnosticismo
Hinduismo, budismo, jainismo
Taoísmo, confucianismo
RELIGIÓN DE
SALVACIÓN: Mazdeísmo
Judaísmo
Cristianismo
Islamismo
De ahí que se entienda por qué E. Bréhier[10]
afirme que recién con la filosofía cristiana arriba una filosofía de la
libertad, porque incluso la filosofía greco-árabe arrastró el necesitarismo
metafísico, el cual niega toda posibilidad y todo sucede por necesidad cósmica
divina. 7. Predomina la narración mítica presidida por el concepto imagen en
vez del concepto puro de la lógica. No es que el hombre del mundo mítico tenga
otros principios lógicos (identidad, no contradicción, tercio excluso y razón
suficiente), sino que su configuración lógica sea distinta, haciendo que la
armonía de los contrarios o contradicción sea predominante o funcione como
razón suficiente. 7. Ello incide en que su forma de comunicación preferente sea
alegórica, metafórica, poética, analógica, simbólica y figurativa. 8. Es por
ello que la filosofía simbólica como revelación supera la oposición metafísica
entre el ser y el aparecer, porque ve el aparecer como una epifanía del ser[11].
Esta apreciación de Iberico es de naturaleza escolástica en la medida que sirve
para acercar al hombre a un saber inmutable. La filosofía entendida como
revelación puede ser entendida como una escolástica que se sirve de la razón
autónoma para defender la fe. El propio Tomás de Aquino confiere a la filosofía
humana cierta autonomía, aunque considere imposible que pueda contradecir las
afirmaciones de la fe cristiana, la cual es regla del correcto proceder de la
razón (Contra Gentiles, II, 4, I, 7). No obstante, ha sido Paul Ricoeur[12]
quien ha visto con claridad no sólo que la filosofía simbólica, que une al
hombre con lo sagrado, tiene una dimensión ontológica donde se asocia la
finitud con la culpabilidad, sino que una ontología de la finitud y del mal
lleva a los símbolos al nivel de conceptos existenciales. Es algo así como si
al hombre se le hiciera patente su inclinación o labilidad hacia el mal, lo que
lo llena de culpa. La lectura metafísica de la relación entre finitud y
culpabilidad la hizo también Leibniz en su Teodicea (1710), allí
distinguiendo tres tipos de mal (metafísico, físico y moral) dice que el mal
metafísico es el origen de todos los males y se advierte en lo incompleto de la
finitud. A lo que añadimos que, sin embargo, es el hombre la única criatura que
percibe lo incompleto de la finitud. La dimensión antropológica de esta
incompletud ontológica es la base que está detrás del asombro filosófico y que
se enlaza con la dimensión ontológica del ser infinito.
En ese contexto son los mitos, ritos y
símbolos los medios catárticos encargados de hacer la vida más soportable. Pero
lo más importante que está detrás de todo ello es el notorio avance de la
conciencia moral desde la primitiva concepción religioso-filosófica de la
religión de integración hasta la neolítica religión de servicio del mundo
mítico, la misma que pone un peldaño para el avance hacia la religión de
liberación. Integración, servicio, liberación y salvación resultan siendo
conceptos claves para categorizar el despliegue del filosofar unido a la
religión. Si el impulso religioso-filosófico del hombre de la Edad de Piedra
era de integración con el cosmos y la naturaleza mediante el mago, el de
la Edad de la revolución agrícola era de integración-servicio mediante
el chamán, el de la Edad de Bronce era de liberación mediante el gurú y
el de la Edad de Hierro era de salvación mediante el sacerdote. Lo cual
sólo es aplicable al Asia y a las Américas con marcos cronológicos flexibles y
no rígidos. Por lo demás, el Mito cumple una cuádruple función cultural: 1.
Universaliza la experiencia, 2. Establece una tensión entre un principio y un
fin, 3. Investiga las relaciones entre el original y lo histórico, el arquetipo
y el prototipo, y 4. Prepara la especulación al explorar la ruptura entre lo
ontológico inmutable y lo histórico en devenir. En una palabra, hay que
percibir que el hombre es capaz no sólo de revelación natural, sino también de
revelación sobrenatural. El hombre prehistórico-numinoso es anterior al hombre
histórico-narrativo y éste es anterior al hombre epistémico-deductivo. Lo
metafísico no se halla entre lo mítico y lo científico, sino que vive inserto
en cada uno de ellos. Lo previo a toda distinción entre lo óntico, lógico y
ontológico también supone una metafísica.
El hombre protohistórico se expresaba
mediante sugestiones y metáforas, intuiciones a-conceptuales que revelaba lo
arcano, inmutable e intemporal. Era un poeta natural en quien la realidad se
bifurcaba entre lo imaginativo y lo lógico. En su logos participativo lo arcano
invade el cosmos. Esto nos lleva a pensar que la lógica natural de la razón
tiene etapas: poética, mística y lógica. En todas se manifiesta lo sagrado y lo
divino. Lo extraordinario es que la razón natural no agote la dimensión de la
razón humana, la cual alcanza nuevas cimas con la razón sobrenatural de la fe,
la cual empieza con el Verbo encarnado que se hace hombre. Pero el logos humano
no sólo es conceptual y vislumbra lo divino en el logos participativo o
analógico. La explicación del mundo no sólo requiere de la ratio, sino también
de la fe, es un primigenio asunto de confianza. Cosa que ni el más consumado
empirista ni el evidentismo neopositivista podría negarlo. En una palabra, no
todo conocimiento humano es producto de lo dado. Lo cual tampoco nos debe
llevar a afirmar necesariamente que los enlaces metasensibles que hay en el
conocimiento fáctico sean prueba de la actividad apriórica del sujeto
trascendental kantiano. Que lo metasensible no observable sensorialmente está
presente hasta en la propia ciencia moderna lo tenemos en el concepto de
“singularidad”, utilizado para no hablar de “Creación”, el cual es un concepto
misterioso no basado en la experiencia. El hombre de todas las edades tiene que
sentir confianza ante el mundo para poder vivir, de lo contrario la vida se
vuelve invivible. Y la confianza no es un asunto de experiencia, sino de fe en
lo que no se ve. De modo que junto a la lógica natural de la razón existe la
lógica sobrenatural de la fe. Pero es una confianza acompañada de asombro y
misterio. La fe supera al mito dentro del plan pedagógico de Dios en la
progresión de la revelación, pero en el mito se capta la polivalencia
significativa del logos. El logos puede ser religioso o conceptual. Así, el
mito es una visión de lo no-humano o sobrehumano. De manera que es misterio
participante en lo sagrado.
Es por ello que la filosofía mitocrática es
también vivencia participativa en lo sagrado. Es decir, señala una categoría
esencial de la existencia humana, es un hecho real que señala el arcano mismo.
El cual es descrito en lenguaje metafórico, analógico y simbólico. No es través
de conceptos lógicos como se expresa, sino de conceptos intuitivos,
fenomenológicamente diferente al concepto emocional y al concepto lógico. El
universal intuitivo avanza hacia el universal conceptual, es su antecedente. En
la propia inconmensurabilidad del mundo comienza a percibir la
inconmensurabilidad de lo sagrado y divino, la cual rebasa toda comprensión y,
más bien, sugiere veneración. Razón y logos participativo están imbricados
porque el mundo y lo sagrado lo están previamente. Su dinámica y relación
dialéctica siempre ha acompañado el logos humano y ello se puede afirmar sin
negar que llega un momento en que la Fe supera al Mito, libera de las
restricciones de la racionalidad y señala un camino donde la transformación por
la fe se completa más allá de esta vida. Bien señala Wagner de Reyna[13]
que el mito es verdad por participación fundado en el símbolo y lo que se vive
actualmente en el Occidente moderno es la fatiga de fe. Cuando Fedro pregunta a
Platón si el mito es verdadero éste rechaza la explicación
naturalista-racionalista y relaciona el mito con las esencias, las ideas. El
mito no transmite conocimiento al basarse en la creencia, pero su velación
revela el Ser, lo trascendente, el cosmos en su aspecto esotérico y recóndito
que se traduce en metáfora. Jung[14]
supuso que el mito es función del inconsciente y no advirtió que el mito es
palabra de verdad y confianza.
CORRESPONDENCIA
RELIGIÓN-FILOSOFÍA[15]
RELIGIÓN DE
INTEGRACIÓN FILOSOFAR
NUMINOCRÁTICO
RELIGIÓN DE
SERVICIO FILOSOFAR
MITOMÓRFICO
RELIGIÓN DE
LIBERACIÓN FILOSOFAR
MITOCRÁTICO
RELIGIÓN DE
SALVACIÓN FILOSOFAR
MITOCRÁTICO
FIN DE
CORRESPONDENCIA / FILOSOFÍA
LOGOCRÁTICA GRIEGA
No es inútil indicar que esta forma de
filosofar ha devenido en el mundo moderno como algo equivalente a una desfasada
metafísica quietista del ser eterno frente a la vorágine del devenir en medio
de la orgía de pragmatismo, tecnicismo y nihilismo. No vamos a entrar en el
debate sobre el sesgo nihilista de la modernidad, porque lo que nos interesa
subrayar es que la indicación de otra forma de filosofar está presente en la
primera gran narración de la filosofía antigua, como es la obra de Diógenes
Laercio. Y la importancia de ello reside en que permite reparar en la
naturaleza multiforme y multívoca del filosofar. O sea, se ha filosofado de
distintas formas y con diverso sentido. La filosofía no es homogénea en su
expresión cultural ni en su significación, aunque lo permanente en ella sea el
asombro. La búsqueda del saber filosófico sin compromisos y sin prejuicios no
ha sido siempre la nota característica. Por lo menos no lo podía ser en la
filosofía entendida como revelación. No hay duda que la palabra “filosofía” es
de origen griego en su significación de “amor a la sabiduría”. Pero ello no
significa que como fenómeno cognoscitivo no haya estado presente en otros orbes
culturales y civilizacionales.
En otras palabras, no sólo occidente ha
filosofado porque el asombro filosófico no es patrimonio de una cultura o
civilización determinada, sino atributo de la condición humana. La humanidad ha
filosofado siempre, aunque de otras maneras y persiguiendo otros objetivos. Aun
cuando W. Jaeger[16]
se ha encargado de demostrar la poderosa presencia de la teología en los
primeros filósofos griegos, sin embargo, ello no niega que en Grecia se originó
la filosofía separada de la religión y que Platón junto a Aristóteles sean los
inauguradores de la teología natural. Para Ortega y Gasset[17]
este protagonismo de la razón humana fue posibilitado por una “época de
libertad”, cuando la vida crece y se enriquece. Para Arnold Toynbee[18]
lo esencial de la civilización helénica fue el culto al hombre o el humanismo,
que se plasmó en la ciudad-estado y la centralidad de la razón humana. Para
Heinz Heimsoeth[19]
en Grecia lo finito tiene un valor sobre lo infinito. Y para R. Mondolfo[20]
la mente poliédrica helena sin ser refractaria a lo infinito captó más
matizadamente lo finito. Ante lo cual es necesario afirmar que es indudable que
la mente griega no se limitó a pensar lo finito y el apeiron o lo
indeterminado de Anaximandro así lo demuestra[21],
pero lo finito tuvo una atención superior en el genio griego, influyendo en su
giro humanístico. Si este giro fue o no expresión de una época de libertad
puede ser puesto en discusión si recordamos no sólo la muerte de Sócrates, la
acusación de impiedad contra Protágoras, Fidias, Aspasia, Anaxágoras,
Aristóteles y otros. Aquella imagen idílica que hace corresponder la filosofía
y la democracia no es más que un mito.
La razón centrada en el hombre alumbra con
los griegos y su forma intelectualista, pero todavía no es la razón autónoma en
la forma que adopta en la modernidad con su matiz racionalista y empirista[22].
Aparte del tema de la causa del protagonismo de la razón humana de la filosofía
logocrática frente a la razón revelada de la razón mitocrática, se ha venido
diciendo dentro del magisterio occidental de la filosofía que ésta es el paso
del mito al logos. Es decir, el magisterio occidental de la filosofía
se irroga la inauguración de la filosofía como filosofía logocrática y
desconoce en el mito alguna forma de filosofar. Subrayar este punto es
sumamente importante porque se comprende que el colonialismo europeo se basó
sobremanera en la negación de la capacidad racional de los pueblos aborígenes
para ser dominados, sometidos a esclavitud y ser tratados como inferiores.
Todos recordamos aquí los remordimientos de conciencia que le asaltaron al
emperador Carlos V[23]
cuando convocó a una polémica entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas
para determinar qué trato se le debían dar a los naturales de América a partir
de la determinación si eran o no seres con uso de razón. Muchos cortesanos
temieron que la conquista se detendría, pero del debate salieron las Leyes de
Indias que supuestamente debían proteger la vida de los autóctonos sobre la
base de su reconocimiento como seres con uso de razón. No obstante, como
estamos viendo ello no es cierto o sólo lo es dentro de un estrecho
universalismo etnocéntrico occidental. La enseñanza tradicional de la filosofía
afirma que su origen es el paso del mito al logos. Lo cual es un profundo
error. El paso del mito al logos es apenas el surgimiento de otra forma d
filosofía, pero no el origen del filosofar mismo. El mito como explicación del
mundo encierra profundas explicaciones filosóficas de origen divino. La
filosofía mitocrática se expresa en cosmogonías y teogonías. Hay filosofía en
el mito y lo hay en gran estilo, la diferencia estriba en que la filosofía
mítica no se guía por el principio de no contradicción, ni de identidad, sino
por el de la armonía de los contrarios. mientras que en la filosofía del logos
sucede a la inversa. Incluso se puede hablar del logos metafórico y analógico
en la filosofía mítica. Pero esta diferencia entre filosofía logocrática y
filosofía mitocrática nos conduce, como veremos más adelante, hacia el sentido
multívoco y polimórfico del filosofar, porque en el fondo se trata de la
situación existencial de la condición humana.
En
síntesis, el pensamiento mítico contiene un logos complejo que no presenta
inconvenientes para presentarse como otra forma del pensamiento filosófico,
analógico y simbólico. De manera que lo mítico en sentido peyorativo es seguir
afirmando que la filosofía es el paso del mito al logos. El logos del mito
contiene un pensar teleológico, escatológico, causal y existencial que le da
contenido filosófico a su especular mitocrático. Esto da lugar para hacer un
interludio prestando atención a la ruptura mítica entre lo ontológico y lo
histórico en el ámbito precolombino como lo característico del filosofar
mitocrático.
2
RUPTURA MÍTICA ANDINA
ENTRE LO ONTOLÓGICO Y LO HISTÓRICO
Más arriba
habíamos mencionado que la cuarta función del mito es que prepara la
especulación al explorar la ruptura entre lo ontológico inmutable y lo
histórico en devenir. Esto último puede ser puesto en cuestión si se atiende a
la concepción de un Absoluto dinámico de índole panteísta que supuestamente se
le atribuye a la concepción precolombina.
Pero el panteísmo es un producto mental
tardío que presupone una concepción unívoca del ser casi insostenible para el
impulso metafísico de integración de la Edad de Piedra, de servicio de
la Edad de la revolución agrícola, de liberación y de salvación
de la Edad de los Metales. En todas estas mentalidades lo que predomina es una
concepción que distingue claramente lo sagrado-divino de lo profano. Es decir,
se impone la concepción multívoca del ser, el ser de lo profano finito no se
confunde con el ser de lo sagrado-divino. No es que el panteísmo sea
impensable, sino que el marco de las mentalidades imperantes no está presta a
su desarrollo y hegemonía. Y esto hay que remarcarlo especialmente en torno a
las divinidades andinas.
El Padre José de Acosta[24]
decía que los indios no tenían palabra equivalente a Dios, que su lengua
carecía de universales y servía sólo para señalar, cifrar y pintar cosas. Lo
cual no significa que no percibieran a Dios. Diospa Reinonqa maqanakuykunata,
unquyta, yarqhayta, wañuyta ima chinkachinqa, sería Dios en quechua. Lo más
seguro es que Acosta haya sido víctima de los problemas de traducción al
ignorar la estructura sintáctica y semántica del runasimi. Los Vocabularios
y Lexicones que se escribieron a partir de 1560 así lo demuestran, y las
investigaciones de Alfredo Torero[25],
Cerrón Palomino[26],
Víctor Mazzi[27]
y la encabezada por Pablo Quintanilla[28] lo
ratifican. Pero quienes estarían en capacidad de decir semejante frase mentada
en quechua serían solamente los hombres sabios de la casta de los Amautas. En
aymara Tunupa significa el nombre de una deidad, pero no de Dios propiamente.
Dios en aymara sería: Ukhamasti, kunjamtï Diosax siskänxa ukarjam juchañchataw
uñjasipxäna. Lo cual sólo estarían en capacidad de decirlo los sacerdotes. Que
no se tuviera en quechua ni en aymara un nombre para “Dios” es indicador que
conocieron muchos dioses, pero no un Dios monoteísta. De lo contrario su nombre
se hubiera conocido. No concibieron un monoteísmo
estricto, pero pensaron un gran dios, superior a todos, pero no era monoteísta,
simplemente superior a los demás. El judaísmo y el islamismo son un monoteísmo
estricto, en cambio el cristianismo es un monoteísmo trinitarista. Al esquema
de un gran dios con dioses menores lo llamó el filólogo orientalista alemán Max
Müller[29]
"henoteísmo". En realidad, el término fue acuñado por Schelling para
referirse al monoteísmo primitivo griego. A esto se le ha querido llamar
“monoteísmo polimórfico”[30].
Término ingenioso pero inexacto. No es apropiado porque ello implica una
determinada idea de la substancia divina y sus relaciones internas que no se
dio en el mundo precolombino. Al parecer los antiguos peruanos no tuvieron algo
parecido al Tao chino.
El estudioso de las religiones orientales Max Müller
empleó henoteísmo para describir al Brahma hindú rodeado de toda una corte de
divinidades menores. O sea, no tuvieron un dios absoluto. Dios supremo no
significa deidad absoluta. La deidad absoluta del monoteísmo no tolera dioses
menores. En cambio, la deidad suprema del henoteísmo sí, tal como está presente
en las deidades precolombinas. El henoteísmo comparte con el politeísmo la
creencia en varios dioses, y con el monoteísmo la creencia en uno principal. El
henoteísmo tiene la forma de ser la instancia previa al surgimiento del
monoteísmo. Y esta diferenciación se hace por razones organológicas y
sistemáticas. Por esto, es más exacto hablar de henoteísmo que de
“monoteísmo polimórfico”. Al contrario, el término "monoteísmo
polimórfico" tiene la apariencia de una incomprensión del desarrollo de la
conciencia religiosa y de la historia de las religiones, cuando no de un
forzamiento de dar un rango equiparable a las grandes religiones monoteístas a
formas religiosas previas, ya sea por razones etnocéntricas o culturales, pero
no científicas. Es decir, tras ello hay una intención subalterna de índole
ideológica.
En otras palabras, en el mundo precolombino no se
tuvo nada parecido al monoteísmo, pero sí al henoteísmo. Otro signo de la falta de una concepción
monoteísta era su gran tolerancia con otras religiones. El monoteísmo donde
aparece genera proselitismo y combate con otras religiones. Lo que en el mundo
precolombino no se dio. No se tienen registros de guerras religiosas en el Perú
antiguo. Al contrario, el politeísmo era muy tolerado y lo común en las
relaciones interreligiosas entre distintitos reinos, señoríos y etnias. Hasta
se convivió con una de las formas primeras y más toscas de la religión, como
fue el chamanismo, con magos, médiums, hechiceros y poseídos. El chamanismo
convivió sin problemas en el ámbito andino precolombino con el politeísmo
henoteísta. Es más, fue empleado de forma orgánica e integrada con el contexto
religioso imperante. No sólo estaba bien articulado, sino que se le consideraba
necesario. Ello queda demostrado en que es muy común encontrar menciones de
poderes paranormales en los místicos, videntes y médiums de las religiones
antiguas. En las sociedades arcaicas la cultura es revelación de un mundo
abierto a lo transhumano, a lo trascendente. Son tiempos arcaicos de gran
riqueza espiritual, que contrastan fuertemente con la deplorable pobreza
espiritual del hombre moderno desacralizado. Mircea Eliade[31] describe la iniciación
mística como una experiencia existencial constitutiva de la condición humana.
Algo parecido hacemos nosotros con el filosofar, entendido también como
experiencia existencial de la condición humana. Pero volviendo a los tiempos
iniciáticos se puede decir que el tiempo arcaico es un tiempo muy sensible a
esquemas iniciáticos. Los tiempos pre-civilizatorios han sido época de gran
deseo de unirse con Dios, donde la vida espiritual brillaba ostensiblemente por
sí misma, pero el brillo venía tanto del ámbito sobrenatural -divino- como del
preternatural -demoníaco-. De ahí que a pesar de reconocer que las facultades
paranormales estaban presentes por doquier, sin embargo, no se puede caer
ingenuamente en la visión idílica de dios tiempos. Esto nos recuerda la
doctrina de los Manvantara o ciclos cósmicos, y basada en la cual Guénon[32]
interpretó la idea moderna de “progreso” como la última etapa del ciclo del
Kali Yuga o Edad de Hierro, la Gran Noche como el triunfo de la civilización
material, de lo sensible, lo desacralizado, el materialismo diabólico. Para
Guénon ni la ciencia ni la filosofía pueden rectificar la mentalidad
contemporánea, sino la intelectualidad pura. La mística es una forma de
experiencia de la fe, que busca una trasmutación espiritual que confiere a la
muerte la función positiva de preparar el nuevo nacimiento. Un ejemplo
ostensible registrado de esto en el ámbito precolombino lo hallamos en los
poderes paranormales demostrados a través de la clarividencia, precognición,
psico visión o visión remota del famoso chamán Antarqui[33] al que
recurrió Túpac Inca Yupanqui para emprender su viaje a Oceanía. Tras el regreso
visionario de Antarqui el Inca determinó ir allá sin duda alguna.
Incluso cuando el Inca
Garcilaso supone un monoteísmo al decir que se vislumbró entre los incas al
Dios único cristiano, lo más seguro es que se refiriera a la existencia de una
deidad suprema y no a una deidad absoluta. Los catequizadores y misioneros se
sorprendían de lo bien que entendían al único Dios cristiano, pero no pensaron
que el alma humana siempre piensa en una deidad suprema. Al parecer, el hombre
de todos los tiempos siempre ha pensado en una deidad suprema, pero el pensar
en una absoluta es otro estadio superior en el desarrollo del pensamiento
religioso. Y a eso no se llegó ni con los Incas. Cuando el Inca Garcilaso nos
habla de una deidad Pachacamac irrepresentable, Hernando Pizarro se sorprende
al ver el ídolo de madera, por cuanto creía que estaría hecho de oro. Los
españoles asociaron el ídolo y su culto a rituales satánicos, por lo cual
Hernando Pizarro lo derriba de su pedestal y quema todo el templo. Después de
la destrucción del templo se pierde el rastro del ídolo de Pachacamac, hasta
que, en 1938, arqueólogos que realizaban excavaciones en el sitio descubrieron
un ídolo de madera, en el templo pintado. El ídolo de Pachacamac, que durante
mucho tiempo se pensó que fue destruido por los conquistadores españoles en
1533, fue descubierto en 1938. Los arqueólogos hicieron un análisis de carbono
14 del ídolo y descubrieron que databa de aproximadamente 760 a 876 d. C. Al
parecer dicho ídolo comenzó como deidad tectónica y terminó en el Inca
Garcilaso como deidad supracósmica, pero nunca fue dios único. No hubo
monoteísmo. Es más, aun cuando muchos expertos ven una relación entre el Lanzón
de Chavín y Pachacamac como una continuación de una misma deidad llamada
Viracocha, lo peculiar de dicho ídolo, que quiso destruir Hernando Pizarro, es
que aparece totalmente antropomorfizado y no como los de Chavín con rasgos
zoomórficos. Su antropomorfización indica un avance espiritual indudable, pero
no como dios único. Por lo demás ese ídolo ya tiene 1,200 años, pero en él
tampoco habría rastro arqueológico del monoteísmo. Ni siquiera el dios Solar
era indicio de monoteísmo. No, no lo era. El Coricancha era
templo dorado donde reposaba la imagen de la deidad solar como una deidad
superior, pero otra deidad más, y no es prueba de monoteísmo. Un poco más allá,
en Tambomachay, se rendía culto al agua, otra deidad más. De ahí que no faltase
la imagen para dios Illapa, el dios de la lluvia, el rayo y el trueno. Llamado
también Chuqilla, Catuilla o Libiac. Era el dios del clima y uno de los dioses
más populares. En tiempos de sequía, los incas acostumbraban a atar perros
negros hasta que sufrieran hambre para que se compadeciera de ellos y enviara
la lluvia.
Estos usos vistos por los españoles
como idolatrías serían extirpadas. Cosa que aconteció durante todo el siglo
XVII con tres campañas de extirpación de idolatrías que terminaron desterrando
los ritos paganos. Fruto de esta campaña fue el rescate del Manuscrito de
Huarochirí[34]
del siglo diecisiete con el fin de extirpar las idolatrías, reeducar a los
sacerdotes servidores de demonios, desterrar sus supersticiones y demás
creencias paganas. El texto recoge la mitología de los indios de Huarochirí
extendida por todo el departamento de Lima, su ídolo principal era Cuniraya
Wiracocha y Pariacaca. El extirpador de idolatrías Francisco de Ávila -al cual
sólo le pertenecen siete capítulos, el resto lo compuso el indio cristianizado
Tomás- los consideró demonios servidos por sus sacerdotes. El indio Tomás no
asume el pasado andino como engaño diabólico no mentiras, sino huacas vencidas
como una huaca más poderosa que Pariacaca y Tunayquire. De modo que su redacto
y autor fue Tomás, que rescató la tradición después de setenta años de aculturación
cristiana. A ojos vista se puede apreciar que estamos ante una religión de
servicio y de interés, pero que recoge divinidades de periodos bastantes
antiguos. Si quisiéramos presenta una generalogía de las huacas a partir de
este texto Yañañamca y Tutañamca pertenecerían al paleolítico medio, Huallallo
y la antropofagia al paleolítico superior, mientras Cuniraya y Pariacaca al
neolítico agrocéntrico y cosmocéntrico de las grandes civilizaciones. O sea,
incluye toda una parafernalia de divinidades -politeísmo- que se subordinan a
una deidad principal -henoteísmo-. Hasta las estrellas y constelaciones eran
tomadas como deidades. Es un texto rico en supersticiones y ritos. Ninguna
deidad mitológica permite hablar de una deidad que viene desde la Nada, más
bien, ordenan desde lo preexistente. Al parecer, en la religión andina estaban
meditas deidades celestes y demonios. En la mitología andina no sólo está
presente una cosmovisión, sino una filosofía mitocrática cuyos rasgos
esenciales serían: 1. Conectar el principio y el fin, 2. establecer una
escatología cíclica, 3. Identificar lo transhistórico en lo histórico, 4.
Universalizar la experiencia, 5. Desarrollar una especulación unida a la
religión, 6. Su lógica está presidida por la armonía de los contrarios, 7, su
pathos es cosmológico, 8. Su estro es la armonía cósmica presidida por los
arquetipos. Era una filosofía ancestral que ponía énfasis en la fuerza vital,
en el Camac, en la vida. Las deidades no son el ser, son vida que
trasmiten vida. Se va del animismo al politeísmo y luego al henoteísmo. No
obstante, la pervivencia de cultos andinos es una forma de resistencia cultural
ante la imposición hispana. En otras palabras, el culto vernáculo se atenuó,
pero no se exterminó y formó parte del cristianismo sincrético andino[35].
Desde entonces el sincretismo es lo característico de la cultura andina.
Un autor como Federico García[36]
sostiene que la religión andina es atea porque afirma la existencia de una
energía vital o Kamaqen que es trascedente, y define a Pachacamac como
ordenamiento del mundo. Añade, además un cuarto mundo, el Hawa, y dos
principios. Su intención es rescatar a la cosmovisión andina ante el descalabro
de la civilización occidental y como alternativa a ella. De ahí su mayor
énfasis otorgado a su orden social y tecnológico y en segundo lugar a su
religión y filosofía. Lo cual estimo como una interpretación panteísta salida
de la trasposición de sus convicciones marxistas en vez de salidas del propio
contexto precolombino. En realidad, es muy dudoso el susodicho ateísmo
trascendente andino, pues a todas luces tenían deidades. Además, el Kamaqen no
puede ser principio fundamental porque de dónde viene el propio Kamaqen. Si
viene del Sol es derivado y no primario. Cosa que el autor no esclarece. Otro
estudio a tomar en cuenta sobre el Manuscrito de Huarochirí pertenece a Víctor
Mazzi y Alberto Ángeles[37],
quienes con acierto señalan que es fuente imprescindible del pensamiento
andino, pero afirman de modo controvertible que el texto oscila entre el mito y
la racionalidad como una forma de resistir la dominación colonial y preservar
sus códigos culturales. Cuando lo que se advierte en dicho manuscrito es que el
mito tiene su propia racionalidad y la interpretación del indio Tomás sobre el
triunfo de una huaca más poderosa para aludir al cristianismo refleja una
visión sincrética. Una tercera obra es de autoría de Zenón Depaz[38],
donde considera que la cosmovisión andina no es un monoteísmo ni un dualismo,
sino un dual del quíntuple vinculante, caracterizado por valorar el mundo. Todo
está animado y es complementario (Yana). Las Wakas son el
fundamento (Teqse). El Kama, y aquí repite a Federico García, es
el ánimo vital que se renueva en ciclos (Pachakuti). Y Yachay es
experiencia vital dialogante del cosmos. Zenón concluye que hay que reencantar
el mundo ante el fin de la utopía moderna.
En una palabra, su propuesta es
retornar al paganismo religioso animista bajo el ropaje del inmanentismo
ontológico y el sentido unívoco del ser, tal como lo concibe el panteísmo. Al
margen de su acierto de oponer a la razón instrumental moderna una racionalidad
no instrumental, suma una serie de desaciertos: 1. Presentar una imagen
distorsionada y caricaturesca del cristianismo, al cual acusa de dividir el
mundo entero entre lo sagrado -cielo- y lo profano -Tierra-, donde lo profano
es profanable. Lo cual no es cierto, pues es parte del Catecismo católico saber
que la comprensión del mundo profano es también santificable. 2. Juega a
revivir el paganismo andino atribuyéndole un animismo panteísta que no se
condice con su complejidad religiosa de servicio y no de integración. 3. No
rompe con el eurocentrismo filosófico al tildar el pensamiento andino de
“cosmovisión” en vez de reconocerle su condición filosófica. 4. No comprende la
dialéctica entre el logos y el mito, oponiéndolos mecánicamente. 5. Presenta un
esquema óntico y no ontológico de la teología andina, lo que lo lleva a dejar
de lado lo universal. 6. Interpreta la teología andina sólo desde el manuscrito
y con ello deviene en un reduccionismo interpretativo. 7. Ignora adrede todas
las investigaciones peruanas sobre la filosofía andina, lo que empobrece el
debate, el texto y lo presenta como un anatópico autor. 8. Intenta una
interpretación desde la óptica nietzscheana-heideggeriana-gadameriana de la
teología andina, lo que demuestra su colonial dependencia mental ostensible
respecto al etnocentrismo occidental. En suma, semejante aparataje refleja una
propuesta religiosa regresiva -religión animista de integración- que no
entiende la religión de servicio de las grandes civilizaciones andinas, se atiene
al desfasado esquema comovisional que niega la capacidad filosófica de los
antiguos peruanos, y no comprende que el nuevo paradigma de la racionalidad no
marcha hacia la restauración del mito ni hacia su anulación, sino que se dirige
hacia un nuevo equilibrio metafísico entre la ratio del logos y la ratio del
mito. Sus conceptos claves siguen siendo antiesencialistas y antimetafísicos,
con lo cual traslada anacrónicamente la metafísica inmanentista de la
modernidad a una realidad mental y una época histórica totalmente distinta como
la andina. El gran inconveniente de aquellos que fueron o siguen siendo
marxistas bajo cuerda es que no son sensibles a la comprensión del fenómeno
religioso y pretenden interpretar dicha realidad como atea y panteísta a fuerza
de las evidencias contrarias. El problema es que siguen atrapados en las redes
del eurocentrismo y así no puede superar las trabas del etnocentrismo
filosófico occidental, cuando en nuestra exposición subrayamos que frente al
universalismo filosófico occidental hay el universalismo filosófico vinculado a
la condición humana.
O sea, Illapa era una deidad
atmosférica, pero otra deidad más junto al Chuqui Chinchay o animal de poder en
la religión andina es el gato montés andino, de gran significación iconográfica
y mítica en el ideario precolombino, tal como lo destaca la investigadora Ana
María Gálvez[39].
E incluso ahora se sabe que nunca abandonaron los incas los sacrificios
humanos, por supuesto, sin el carácter sanguinario y masivo de los moches. Los apus (del
quechua apu, "señor(a)") son montañas tenidas por vivientes desde
épocas preincaicas en varios pueblos de los Andes (Ecuador, Chile, Perú y
Bolivia principalmente), a los cuales se les atribuye influencia directa sobre
los ciclos vitales de la región que dominan. Es decir, los Apus son
manifestación de lo sagrado en la naturaleza, es una deidad tectónica. pero es
una deidad más, no es muestra de monoteísmo. Wiracocha, es el gran dios, el
creador de la mitología pre-Inca e Inca en la región andina de América del Sur.
Se dice que su nombre completo es Apu Qun Tiqsi Wiraqucha y Con-Tici. Se
atribuye como dios principal de los incas, pero es un gran dios, pero no un
dios monoteísta. Otra deidad atmosférica es Pariacaca. Pariacaca (en quechua:
Pariaqaqa) fue, en la mitología Huanca, y posteriormente en la incaica, el dios
del agua y de las lluvias torrenciales. Nació de un pájaro y se convirtió luego
en Kolash. El dios Pariacaca fue muy importante en la zona centroandina, era un
dios regional. La deidad principal de la religión Wari es el Dios de los
Báculos o Dios de las Varas como lo llamó Rowe. Parecería que se trata de la
deidad principal o suprema, pero no absoluta, del mundo andino que sobrevive
hasta el imperio Inca cambiando de aspecto, pero inalterable en esencia. De
manera que es interesante observar cómo el hombre griego antiguo por razones políticas
pudo incubar una creciente desconfianza religiosa debido a la multiplicidad de
dioses. Eso no ocurrió en Oriente, sus filósofos como Buda, Lao Tsé y
Zaratustra hicieron filosofía religiosa, y Confucio suspendió el juicio sobre
esos temas como Sócrates. En el Perú antiguo por su fuerte tradición teocrática
también ocurrió lo segundo antes que lo primero. Sus pensadores no desconfiaron
de la religión ante la multiplicidad de religiones, el conocimiento de otros
pueblos, culturas y dioses no los condujo hacia la desconfianza de la tradición
religiosa, sino hacia la creación de una nueva religión. Quizá el emperador
Pachacútec sea lo más cercano al predominio de lo moral como Confucio, pero al
atribuírsele la edificación de Machu Picchu no se puede descartar su
conformidad con la importancia de las creencias religiosas. La desconfianza de
los helenos hacia la religión no tiene equivalente en el mundo precolombino.
Obviamente hay que tener en cuenta que la desconfianza griega hacia la religión
comienza en sus élites intelectuales, especialmente filosóficas, especialmente
manifiesto en Jenófanes y la ridiculización de los credos mitológicos. Lo que
hace pensar que la filosofía precolombina fue religiosa y mitocrática, donde
las categorías de arquetipo y repetición de Eliade[40] son
bastantes ostensibles y han sido puestos de manifiestos en los decisivos
estudios de Rodolfo Sánchez Garrafa[41].
Ningún cronista indio ni mestizo registra a algún personaje que haya tenido
desconfianza ante la tradición mítica. Quizá se puede mencionar al inca
Atahualpa, que osó matar orejones, amautas, y mandar a violar acllas.
Es decir, el politeísmo no llevó al
escepticismo religioso. Lo cierto es que la aparición de una nueva religión es
en el fondo una reflexión sobre las nuevas funciones atribuidas al nuevo dios,
es un pensar sobre el origen de las cosas, sobre algo similar al arjé griego.
Pero sobre todo es la percepción en el sentimiento religioso de una nueva
revelación de lo numinoso. El escepticismo religioso es ínsito en la creación
de una nueva religión, pero ello no necesariamente lleva hacia la desconfianza
en la religión misma. Quizá la más
radical revolución religiosa era la incaica con su idea de un dios invisible.
Pues adorar al Sol era romper con la antropomorfización imperante hasta en los
Wari y Tiahuanaco. Pero ni eso los llevó al monoteísmo ni a la intolerancia
propia del monoteísmo. Seguían creyendo en la validez de muchos dioses. El dios
Sol equivale a la nueva versión de Tunupa y Viracocha, pero en su mayor
abstracción. Ahora el que engendra la unidad del cosmos no es antropomorfo.
Pero con eso los incas responden a la vieja pregunta: cuál es el origen de
todo. Sí, el arjé es una interrogante común a la religión y a la
filosofía. Es decir, la reflexión crítica no falta y los lleva hacia nuevos
dioses no por la razón ni el concepto, sino por el sentimiento religioso que
recibe una nueva revelación teofánica. Los dioses siguen siendo el origen de la
realidad del mundo en el Perú precolombino. La deidad solar se impone sobre el
politeísmo sin suprimirlo, por eso en vez de monoteísmo hay henoteísmo. En
otras palabras, no hay Dios único, como en los judíos, no hay monoteísmo, el
Inca Garcilaso cree que se lo vislumbró, pero si ello hubiera ocurrido el
proceso monoteísta se hubiera desatado incontenible arrasando los demás dioses.
La creencia monoteísta impone la convicción de que dicho nombre a nadie más se
le puede adjudicar y todos los demás dioses deben ser desterrados por ofender
la majestad del único y verdadero dios. Y es que la idea monoteísta supone el
presupuesto metafísico del Dios omnipotente.
Ahora bien, ¿la deidad solar inca pudo llevar
hacia el monoteísmo? Es una pregunta contrafáctica muy interesante. Un
monoteísmo deduce que su dios es el dios de todos los hombres y por ello los
dioses falsos deben ser desterrados. Otra cosa es ver que el desarrollo de la
deidad solar podía llevar hacia el monoteísmo si hubiera tenido tiempo
histórico, cosa que no ocurrió. En el Egipto Antiguo el emperador Akenatón
impuso el culto solar, pero al morir asesinado fue borrado de la historia de
Egipto por considerársele un hereje. Al parecer tuvo intención monoteísta, pero
el culto solar inca no lo tuvo. Por todo ello, el mundo religioso precolombino
llegó al henoteísmo más abstracto con los incas, pero no al monoteísmo. Pero
¿cuál es el motivo que está detrás del supuesto monoteísmo precolombino? Hay
innegablemente motivos culturales razonables de resentimiento contra la
invasión europea española que impuso la nueva religión con la guerra. Pero al
ver serenamente el problema hay que advertir que el monoteísmo es indesligable
del monismo metafísico. Lo cual no cual no significa que todo monismo debe
llevar hacia un monoteísmo creacionista, porque de hecho también llevó hacia un
monoteísmo emanatista de tipo plotiniano. Salvo el Parménides de Platón,
diálogo de la vejez donde desplaza el dualismo del eidos y la materia para
convertir a lo Uno en fundamento de la pluralidad, el tiempo y el movimiento.
Pero este platonismo que culmina en un eleatismo no logra romper con el
principio metafísico nihil ex nihilo. Un paso más atrevido lo dará
Platón en el Sofista, donde al analizar el Ser y el No-Ser cree posible
atribuir cierta realidad al no-ser. Con esto roza con el rompimiento del nihil
ex nihilo. En otras palabras, no sólo el nuevo principio metafísico
introducido por el cristianismo del creatum ex nihilo o
creación desde la nada conduce hacia el monoteísmo, sino que también puede
hacerlo el viejo principio griego nihil ex nihilo o nada viene
de la nada. Pero la diferencia principal entre ambos es que mientras el monoteísmo
creacionista lleva hacia un Dios absoluto y omnipotente, el monoteísmo
emanatista sólo arriba a una deidad como suprema como Demiurgo u Ordenadora del
mundo, porque sencillamente no saca de sí a la materia, sino que la enfrenta
como otro principio metafísico opuesto a él. Son dos principios metafísicos
subyacentes y cualitativamente muy distintos que repercuten en la
transformación de la idea de Dios y en la explicación metafísica del origen del
mundo. Este dualismo metafísico regido por el principio del nihil ex nihilo
es el que se percibe en los ciclos cósmico llamados Pachakuti, sino
también en la traducción de la palabra Pachacamac por le Inca Garcilaso como
“vivificador del mundo”. O sea, no crea, sino vivifica el mundo o lo
previamente existente. Cosa que también se advierte en diccionario de Holguín[42]
cuando significa a Pachacamac como Ordenador del cosmos.
Es por eso que en el mundo regido por el
principio metafísico del nihil ex nihilo se llega a concebir una deidad
suprema ordenadora, más no una deidad creadora. La deidad ordenadora no extrae
de la nada el cosmos, sino que ya encuentra elementos preexistentes, como la
materia o el caos, a los cuales dotas de formas o insufla vida o Camac[43].
¿Entonces se puede hablar de monismo emanatista entre los antiguos peruanos con
su deidad ordenadora? Eso equivale a preguntarnos si el monismo emanatista es
incompatible con el politeísmo. Y es fácil admitirlo. No, no es incompatible.
Pero hay que hacer la salvedad que el monismo emanatista no lleva hacia un
monoteísmo creacionista, a lo sumo puede llegar hacia un monoteísmo emanativo
de la necesidad cósmica. Pero ese no es el caso de las religiones
precolombinas. Sus deidades son providentes. Ese providencialismo andino se
hace muy evidente en Blas Valera[44]
con su abundante información sobre sacrificios, templos, lugares sagrados,
sacrificios, indios religiosos, vírgenes religiosas y dioses. O sea, dejan
espacio a la libertad del devoto. Todo indica que alcanzaron un politeísmo
organizado en un esquema henoteísta o con una deidad principal, suprema pero no
absoluta.
En una palabra, desde Caral hasta los Incas
no hay panteísmo en la teología mítica filosófica precolombina, lo que hubo fue
henoteísmo. Pero este henoteísmo no fue excluyente de formas religiosas de
integración, como las amazónicas. De manera que se configura un universo
filosófico dual: mitomórfico-mitocrático. Los pronósticos, la profecía, la
mántica, la magia, los presagios, la lectura del destino estuvieron
vigorosamente presentes en el universo henoteísta precolombino. A propósito,
sobre la naturaleza de los presagios y vaticinios muy presentes en el pensar
filosófico precolombino se ha mantenido una vida discusión. Para incas y
aztecas los presagios eran de índole sobrenatural, de origen sagrado. Para los
españoles era de naturaleza demoníaca. Para el positivismo actual era de origen
meramente humano. Lo cierto es que el presagio estaba asociado a la idea del
destino. Por ello, en un primer momento las grandes civilizaciones amerindias
no opusieron resistencia al conquistador, pues la llegada de los dioses estaba
vaticinada y los tomaron por tales. Para los españoles no se trataba de
profecía sino de una tarea recibida por la Providencia de evangelizar los
pueblos descubiertos. En ambos se trató de una visión del mundo trascendente,
pero mientras la española miraba al futuro con la Parusía, la amerindia tenía
la mirada puesta en el pasado con la Profecía[45].
Todo lo cual mantiene la ruptura mítica entre
lo ontológico y lo histórico. La cuádruple función del mito encuentra una
expresión sucinta y precisa en Mircea Eliade[46]
cuando habla de arquetipos y repetición. El horizonte del arquetipo celeste la
repetición cíclica domina la estructura del hombre premoderno con su optimismo
en los ciclos cósmicos regeneradores. Lo cual se interrumpe cuando el
cristianismo introduce el concepto de persona humana superando el tema arcaico
de la eterna repetición. La idea del Dios cristiano, de la libertad personal y
el tiempo lineal será lo único que defenderá al hombre moderno de su carencia
de arquetipo y repetición. Con esto Mircea Eliade añade una quinta función al
mito, a saber, la seguridad del sentido de la vida. En suma, la filosofía como
revelación se compendia en un teleologismo causalista de repetición histórica
de lo ontológico que se expresa en el mito teogónico del caos original y la
ordenación del mundo, el mito del alma desterrada, el mito de la caída del
primer hombre y el mito trágico griego del dios malo. En todos ellos está la ruptura entre lo
ontológico y lo histórico que preside las religiones filosóficas de servicio y
de liberación. Dicha ruptura supone un supuesto metafísico de base, el cual fue
muy bien formulado por los griegos, nos referimos al nihil ex nihilo o
nada viene de la nada. Si nada viene de la nada entonces no hay dios
omnipotente, y si no lo hay por lo tanto el caos, la nada, la materia preexiste
al orden del mundo y se opone como otra fuerza frente al demiurgo o a la deidad
ordenadora. Lo cual deriva en el supuesto metafísico de la dualidad originaria
de las cosas. El Bien frente al Mal, el Orden ante el Caos, siendo ese el
horizonte mental y metafísico de la filosofía mitocrática en general. Incluso
en la filosofía logocrática de Platón dicha ruptura entre lo ontológico y lo
histórico permanece, aunque se busca superarla ya no mediante la trascendencia
de la condición humana, sino mediante el conocimiento de las Ideas.
RASGOS
ESENCIALES DEL FILOSOFAR MITOMÓRFICO-MITOCRÁTICO ANDINO
1. CONCEPTO: Analógico versus concepto puro de la lógica formal
2. COMUNICACIÓN: alegórica metafórica, simbólica
3. INTERPRETACIÓN DEL COSMOS: Totalidad viviente regida por destino.
4. FORMA CONCEPTUAL: Estética antes que lógica
5. FORMA DE SABIDURÍA: Mántica, esotérica, mito, profecía, horoscopía,
magia
6. SENTIDO DE SABIDURÍA:
oracular, iniciática, intuitiva, escatológica
7. ESFERA ONTOLÓGICA: Onírica, divina, pática, cósmica.
8. PROPÓSITO DEL SABER: Comprender lo que la cosa “quiere decir”
En la ruptura mítico andina entre lo
ontológico y lo histórico se inscribe las ideas de arquetipo, eterno retorno,
complementariedad y reciprocidad, como un esfuerzo de hacer las relaciones del
aquí terrenal como lo son en el arriba del cielo estelar. En el mundo
precolombino hay filosofía teológica con su teleologismo causalista de los
ciclos del Pachacuti. Por último, caben unas consideraciones sobre las
virtualidades del idioma quechua[47]
para la filosofía. El idioma quecha es una lengua aglutinante como el inglés y
el alemán, el verbo Kay tiene diferentes significados y equivale a Ser,
Tener, Haber. El quechua permite expresar lo actual -sqa- lo potencial -nqa-,
la finalidad – na-, y lo inevitable -paq-. También el sujeto que realiza la
acción -q-, expresar un estado -y-, una acción secundaria -spa-, el tiempo
futuro -saq-, expresiones negativas -ima-, acción cumplida – chi-,
relacionadores de precedencia -manta-, orientación -man- y límite -kama-,
conectivas de ausencia -chaysi-, conjunciones -spa-, sufijos emocionales -ku-,
lo incierto -si-, lo pasado -rqa-, pluralidad -chik-, etc. Cuentan con
negaciones -manan-, relaciones -churi-, concepto Ser -ka-. Con todo este
arsenal lingüístico se pudo formular preguntas filosóficas en clave
mitocrática. Imac (a)= ¿qué puede ser?; Imaka = ¿qué es el Ser? Lo que
demuestra que el límite del pensar no es el lenguaje, sino que el límite del
lenguaje es el pensar. El lenguaje jamás nos da significaciones absolutamente
transparentes, al contrario, el lenguaje nos dice algo cuando se deja rehacer y
deshacer por el pensamiento. Si el lenguaje es oblicuo y autónomo lo es más el
propio pensamiento. La pintura, por ejemplo, es un caso significativo del
lenguaje indirecto del silencio. La música es otro caso de lenguaje indirecto.
O sea, el sentido nace en la expresión creadora del pensamiento antes que en el
lenguaje. Hay lenguaje tácito no verbal que revela que el sentido que señala
directamente al pensamiento creador. Bien decía Kant[48] que
el sentido estético es la capacidad de intuir ideas sin conceptos. El lenguaje
alusivo de las cosas no dichas revela la existencia del sentido más allá de los
signos. Una pintura, una nota musical, un éxtasis contiene tanto o más sentido
que el signo escrito. Con la escritura comienza la precisión de la descripción
de la realidad, pero también su empobrecimiento de vivencia ontológica con la
misma. De manera que se puede decir que lo real tiene que ver más con el
lenguaje indirecto del silencio que con el lenguaje directo del discurso. Es
por ello que entre los seres que se aman imperan las miradas y las caricias
antes que las palabras.
El lenguaje no es la realidad, pero es el
molde en que la realidad se da con sentido significativo. De modo que el mundo
prehispánico civilizado pudo filosofar religiosamente con su idioma aglutinante
-Oriente lo hizo con su lengua aislante y Occidente con su lengua inflexional-.
Pero, además, el hombre del paleolítico también lo hizo con su estructura
idiomática propia porque la condición humana es lo que lleva al filosofar. No
obstante, un autor como Mario Mejía Huamán[49],
quechuahablante y quechuólogo, es de la opinión que el mundo precolombino no
tuvo filosofía sino cosmovisión, pero que la lengua quechua a futuro permite
elaborar filosofía a partir de los temas universales de Oriente y Occidente.
Esta posición aparentemente contradictoria nace de su apego al magisterio
eurocéntrico, a su incomprensión del logos mítico, a la repetición del punto de
vista cosmovisional del etnocentrismo occidental y a una defectuosa comprensión
del filosofar. Diez años antes Mejía[50]
sostenía lo contrario, pues opinaba que las palabras Yachay = sabiduría,
Ser = kaq, Substancia = Hap´iq, Cheqaq = verdad, Hamutay
= filósofos, Teqse= principio, fundamento, Teqse Wiracocha = Dios supremo, sin
ser filosofía en sentido griego demuestran el nivel especulativo que alcanzó el
nivel conceptual andino.
A propósito de las vías indirectas para
demostrar la existencia de la filosofía en el Perú Antiguo, según los cronistas
la educación incásica se componía del cuadrivium -lengua, religión,
quipus e historia- y constituiría una prueba indirecta de la existencia de la
filosofía en el incario. Pues habría estado inserto en los estudios sobre
religión junto a la astrología y teología. Aquí no se puede olvidar que
cronistas como Murúa, Cieza de León, Polo de Ondegardo, Cristóbal de Molina,
Betanzos, Juan Santacruz Pachacuti, Guamán Poma de Ayala reconocieron el
ejercicio de la filosofía en los Amautas dejando señalados los documentos
coloniales más importantes: la oración de Wiracocha o deidad Ordenadora del
cosmos, el término Tiqsi como equivalente a arjé, Pacha, Yanintin o
coexistencia, Kama o potencia, Kamay o verdad conforme, Yachay o saber, Chawpi
o centro, Sullull o verdad confiable, Chiqa o verdad segura, Chakana o puente
cósmico, etc. Como bien señala Mazzi[51]
estos constituyen tópicos comunes que son comparables con la tradición
filosófica occidental. Es más, dentro de la lógica polisémica de la lengua
quechua no tiene sentido reducir la significación de la palabra Yachay a
saber práctico y se lo hace con el expreso propósito de interpretar la
filosofía andina como práctica y cotidiana. Pero la realidad es contraria a
dicha significación, pues la diversidad semántica del quechua permite atribuir
a la palabra Yachay una connotación teórica o de saber no práctico[52].
En todos estos términos hallamos una
construcción filosófica relacionados con el conocimiento de los primeros
principios de la existencia. Solamente que hay que sortear la mayor parte de
las referencias coloniales interesadas en atribuir a los incas un único Dios
universal creador con el fin de facilitar la evangelización de los naturales.
Pero un análisis sereno abona en favor de la tesis de la deidad andina donadora
de vida y generadora de orden en vez de la interpretación cristianizada de la
deidad única y universal creadora. Lo cual ratifica nuestra tesis de que la
deidad principal de la filosofía mitocrática andina no era creadora desde la
nada sino ordenadora desde la dualidad metafísica preexistente. Lo cual no debe
llamar la atención, pues la idea de la creación desde la nada o creatum ex
nihilo no se alcanzó por la razón natural sino por la razón revelada y ésta
advino con el cristianismo. Andinos, mayas, griegos, persas, chinos, hindúes,
entre otros hicieron su mejor esfuerzo por explicar el mundo desde sus
fundamentos desde el punto de vista de la razón natural, lo que vino luego es
parte de otra historia. Pero aquí hay un punto problemático en el que hay que
reparar. Si la deidad principal de la filosofía mitocrática andina no era
creadora desde la nada sino ordenadora desde la dualidad metafísica
preexistente, entonces ello implica la categoría de participación de las cosas
en el Ser. La deidad ordenadora sería algo así como un demiurgo platónico que
organiza la realidad desde el caos de la materia. Este dualismo metafísico
parece ser el presupuesto común de la mayor parte de las filosofías
mitocráticas, especialmente ligadas a la religión de servicio antes que a las
religiones de liberación y de salvación.
Si esto es así, ¿Cómo explicar el sentimiento
de unión con la Naturaleza bajo el principio de complementariedad del hombre
andino? El dualismo metafísico debería llevar hacia una ontología negativa de
la materia, pero la civilización andina exhibe una ontología positiva de la
materia. ¿Hay una ontología positiva de la materia en la filosofía mitocrática
andina? ¿Acaso es posible ostentar una ontología positiva de la materia desde
un dualismo metafísico? ¿Toda ontología positiva de la materia está subordinada
al principio metafísico de Creatum ex nihilo? ¿Supone el henoteísmo
andino una ontología positiva de la materia sin asumir un monoteísmo? La
ontología negativa de la materia asocia a ésta como lo que está desprovisto de
lo espiritual, mientras que la ontología positiva de la materia estima que la materia
está animada por el espíritu. Para los platónicos lo espiritual está
desprovisto de materia y los estoicos suponen que lo espiritual está provisto
de materia sutil. San Agustín y Santo Tomás de Aquino son los exponentes
clásicos de la filosofía cristiana en la concepción de una ontología positiva
de la materia. Y en la filosofía peruana es Mariano Iberico[53], en
su última etapa, el que toma distancia de Bergson precisamente al pasar de una
ontología negativa de la materia a una positiva. En buena cuenta, en la idea de
Tiqsi Wiracocha o Principio Ordenador, que establece un cosmos complementario,
se percibe una idea comparable que oscila entre el platonismo -lo espiritual
desprovisto de materia- y el estoicismo -lo espiritual provisto de materia
sutil-, aunque el fiel de la balanza parece inclinarse más por la segunda
interpretación. La alta estima de la Naturaleza en el mundo andino es un
indicio poderoso de que el propio principio espiritual que le dio orden está
provisto de materia sutil. De lo contrario, el propio caos, la propia materia
desorganizada se habría presentado como como una pura potencia al borde de la
Nada. Y la idea de la Nada absoluta es extraña al universo mental organizado en
torno al principio metafísico del nihil ex nihilo. Más bien, Tiqsi
Wiracocha es compatible con la idea de la Nada relativa, o sea concebida como
carencia de algo, en este caso como carente de orden. De manera que en este
sentido la idea prehispánica de la materia estaba más cercana a los estoicos
que a los platónicos. No advertir esta sutil relación ontológico-metafísica
llevó a algunos autores a asociar precipitadamente la filosofía prehispánica
con el materialismo y, aún más, interpretarlo con las herramientas clásicas del
marxismo, lo cual resulta incompatible con el profundo espiritualismo religioso
precolombino.
Pero a esto se asocia un problema aún más
arduo todavía. ¿Cómo concibieron el Ser los andinos, al menos en su fase inca?
¿Puede la ontología positiva de la materia dar un indicio de cómo se pensó el
Ser entre los precolombinos? La idea de Tiqsi Wiracocha o Pachacamac como
entidad ordenadora y dadora de vida lo aleja de plano del Ser de Parménides
como la unidad absoluta y lo único que existe. Pero también lo distancia del
Ser como devenir de Heráclito, pues Tiqsi sería la fuente de todo lo moviente y
como tal no se descarta que pueda concebirse como el Primer Motor inmóvil
aristotélico. Además, todo lo ordenado cambia, cumple su ciclo en su respectivo
Pachacuti y en eterno retorno vuelve a ordenarse. O sea, Tiqsi es lo que
permanece tras los cambios. Esto lleva a pensar que el Ser para la civilización
precolombina no se resuelve en la unidad absoluta tipo Parménides, ni en el
puro devenir tipo Heráclito, sino, más bien, en la Unidad dividida donde lo
óntico es pensado junto a lo ontológico. No se trata de lo ontológico sin lo
óntico de los eleatas, ni lo óntico sin lo ontológico del heraclitismo, sino
algo más semejante a la solución platónica del diálogo Parménides, donde
la unidad no se da sin pluralidad ni la pluralidad sin la Unidad. Esto llevó a
Platón más allá del principio de identidad, justo hacia la armonía de los
contrarios o complementariedad que caracteriza el filosofar mitomórfico
precolombino. Todo lo cual, por lo demás, se mantiene dentro del horizonte del
principio metafísico del nihil ex nihilo. Dicho de otra forma, lo que
hay en la idea de Ser del filosofar mitocrático andino es monismo con
pluralismo. Y todo ello sin afectar el dualismo metafísico complementario.
Naturalmente que siendo la armonía de los contrarios el principio dominante la idea
del Ser, éste no se expresa mediante el concepto lógico sino a través del
pensamiento simbólico de la metáfora poética. Y esto lo distancia del
platonismo griego.
Por otro lado, María Flores Gutiérrez[54]
sostiene que el fundamento de la filosofía andina es el Allin Kawsay o
Buen Vivir. Esto supone que lo ético está sobre lo ontológico, tal como sucede
en Platón y en Plotino. Si el Bien es anterior al Ser significa que el Bien es
el pre-ser y posibilidad de toda ontología. La dificultad estriba en que el
Bien para pasar al Ser necesita toda una serie de emanaciones intermedias, tal
como sucede en la metafísica greco-árabe. Estas dificultades de la metafísica
emanatista son superadas por la filosofía cristiana donde el Ser es Dios
creador ex nihilo. No se sabe si la filosofía mitocrática andina fuese
emanatista con intermediarios ontológicos, en todo caso su henoteísmo lo
sugiere en un plano menos abstracto. No obstante, el principio de
complementariedad lo pone en duda. Pues si lo ético está sobre lo ontológico
ello supondría un monismo ético que no es responsable de la existencia del mal.
Pero por el principio de complementariedad Bien y Mal son complementarios,
ninguno está por encima del otro, sino en pie de igualdad. Lo que significa que
la filosofía andina no tenía como fundamento el principio de complementariedad
o bien lo tenía en grado subordinado a otro principio superior. En todo caso,
el preponderante dualismo cosmocéntrico cíclico de dinamismo permanente hace
pensar que el Allin Kawsay no era el fundamento de la filosofía andina, aunque
podía ser un importante ideal moral de la vida comunitaria. Es más, el
principio metafísico de complementariedad exige una ética de cooperación y
solidaridad de carácter comunitario. Es decir, el Allin Kawsay se condice con
el cosmos metafísico andino.
Pero hay algo más complejo a lo que nos
remite el Allin Kawsay. El Buen Vivir andino está pleno de contenido moral y la
moral del mundo teocrático precolombino no podía basarse en un dualismo
complementario donde el bien y mal se dan por igual, ni en las mismas
condiciones, sino que la vida normativa exige el reconocimiento de un dualismo
absoluto, sin reconciliación ni síntesis. Lo cual significa que, en el mundo
andino junto al dualismo con reconciliación de los opuestos, armonía de los
contrarios o Harmonia Oppositorum se dio el dualismo sin reconciliación ni
armonía de los contrarios. De lo contrario la vida moral hubiera sido
imposible. Esto significa que en el mundo moral el principio no era el dualismo
complementario sino el dualismo sin reconciliación ni síntesis. Mientras que en
el mundo metafísico y cosmológico regía el principio de complementariedad
basado en el dualismo con armonía de los opuestos. ¿Puede representar esta
convivencia entre los dos tipos de dualismos un conflicto en la representación
del mundo y en la vida práctica? Todo indica que no, más bien se dio una
relación dinámica entre los dos dualismos. Esto no significa que hay que poner
en duda la existencia del principio de complementariedad, aunque sí su absoluta
hegemonía. Simplemente no fue la única manera asumir el dualismo metafísico en
el universo andino. Desde el ámbito de la filosofía argentina tenemos el
pensamiento de Rodolfo Kusch[55]
y su Estarlogia. Frente al sentido de la acción del Occidente eurocéntrico
regido por el principio de identidad y no contradicción, Kusch opone el sentido
del mero estar, como ser parte de la cosmología en comunidad, sobre la base
vital del principio del tercio excluso -lo que nosotros hemos llamado armonía
de los contrarios-. Según Kusch esto permite entender a los pueblos andinos
y el ser latinoamericano, mas interesado en la vida que en la posesión de las
cosas, en el mito, las cosas sagradas, la religión y la vida comunitaria. En la
profundidad del alma americana la Naturaleza está primero que el hombre y éste
respeta su fondo irracional. Si Occidente se refugia en la ciencia, el indígena
americano lo hace en la magia.
Ahora bien, La obra de Rodolfo Kusch es un
hito por invitar a pensar una ontología de lo americano. Cosa parecida hizo
Antenor Orrego[56].
Ambos están remecidos por la filosofía heideggeriana y su reacción es de
oposición. Kusch señaló varias cosas muy ciertas. Primero, que el intelectual
latinoamericano tiene miedo de ser él mismo y pensar lo propio. Y así se
convierte en lo que Francisco Miró Quesada llama un “pensador asuntivo”, o
sea que sólo filosofa problemas universales. Segundo, el “estar siendo”
kuscheano busca atrapar la identidad y la diferencia al mismo tiempo. Esto es,
plantea una visión dialéctica en lo que él llama el “hombre total”. Así el
sujeto latinoamericano es una mediación-integración de lo propio. Su
planteamiento de la Estarlogia busca -como Quijano, Milton Santo, y Castro
Gómez- la filosofía del posicionamiento colectivo, entendido como lo
culturalmente propio. Pero tengo la sospecha que en la búsqueda de lo propio se
nos escape lo ajeno también a integrar. Por eso, considero que Orrego mira más
lejos que Kusch en lo que respecta a la ontología integracionista que debe
presidir el ser latinoamericano. Más adelante sería Quijano el que desbrozaría
los límites epistémicos que deben presidir el integracionismo entre mito y
razón. También Kusch insiste -como Arguedas- en la valoración del rito y del
mito para la comprensión del ser propio. El riesgo es que la Estarlogia kuscheana
quede entrampada en el etnocentrismo relativista del nativismo filosófico
afirmativo y haga derivar el filosofar andino hacia el panteísmo. Como ya hemos
señalado el panteísmo exige haber alcanzado una concepción unívoca del ser,
pero esto está ausente en la ruptura entre lo ontológico y lo histórico propia
del filosofar mitocrático, donde predomina una concepción multívoca del ser que
se condice con la idea de Ser donde no hay Unidad sin Multiplicidad y
viceversa. Ese es el riesgo de las interpretaciones nativistas relativistas. Y
para evitar tales incomprensiones no hay otro camino que asumir un
universalismo filosófico ligado no a una determinada cultura o civilización,
sino a la propia condición humana. Para Kusch en el estrato profundo de América
está el proyecto mesiánico andino que se enfrenta al proyecto identitario de la
modernidad. Y en dicha tensión el proyecto kuscheano deja un sabor regresivo y
anacrónico. En cambio, desde la perspectiva del universalismo filosófico como
condición existencial nos eximimos del peligro de soluciones regresionistas y
mesiánicas, para proyectar el presente hacia el futuro en una nueva síntesis
metafísica que concilie lo inmanente con lo trascendente[57].
3
DEL MITO AL FILÓSOFO PRIMITIVO
Si el filosofar no es el paso del mito al logos,
sino que en el mito mismo hay reflexionar filosófico unido a lo religioso,
entonces, así como la metafísica de la modernidad desvela la subjetividad del
sujeto humano y la metafísica de la antigüedad logocrática griega hace lo mismo
con la ontología del mundo, por tanto ¿acaso el logos mítico agota el logos
filosófico? Y si no lo agota, ¿hay formas legítimas de filosofar anteriores al
mito? ¿Y si lo hay qué significado guarda para la existencia del filosofar mismo?
¿Es posible retrotraer el filosofar mismo hacia la Edad de Piedra? ¿Implica el
chamanismo del paleolítico del homo sapiens y del neandertal alguna forma de
filosofar? ¿Pueden los yacimientos de industria lítica dar pistas sobre algún
filosofar en los homínidos homo erectus, homo ergaster y demás? ¿Puede el logos
prehistórico contener alguna forma de filosofar? Estas preguntas
desconcertantes tienen que tener alguna respuesta. Y la hemos dado en
anteriores trabajos en sentido positivo[58].
Al desvelar que en el Mito
hay una forma de filosofar, el filosofar simbólico, cae por tierra el prejuicio
del universalismo eurocéntrico, según el cual Grecia es el origen del filosofar
y la medida de toda filosofía posible. Esta es la Teoría restringida de la
filosofía y frente a ella hemos expuesto la Teoría ampliada del filosofar para
extenderla a la filosofía mitocrática. A ello hemos añadido la filosofía
mitomórfica del chamanismo y la filosofía numinocrática para englobarla en la
Teoría General de la Filosofía. El mexicano Miguel León Portilla[59]
es parte de la teoría ampliada porque ve la filosofía náhuatl en las
cosmogonías, teogonías, ética y poesía de los sabios tlamatini. Su limitación
estriba en que lo hace sin cuestionar el sentido eurocéntrico de filosofía y
sin plantearse una nueva comprensión de la filosofía. Un caso completamente
opuesto es el estudio de Joseph Estermann[60]. En
su caso se trata de un enfoque intercultural que sin cuestionar el
eurocentrismo filosófico lleva la filosofía andina al nivel de la simple
cosmovisión de los runas comunes. Sobre el tema de la cosmovisión hay que decir
que su existencia es innegable, pero es un término englobante de distintas
formas de saberes. Tanto es así que siendo la cosmovisión el impacto psicología
emocional del mundo sobre las ideas, se puede decir que incluso el hombre
moderno tiene su cosmovisión, una de índole científico-técnica, secularizada y
materialista. Y esto es así sobre la base del giro inmanente o terrenalista y
subjetivista de la mentalidad moderna. Mientras el hombre de la modernidad es
epistémico, en cambio el hombre de la Antigüedad y de la Edad Media es ontológico.
Lo cual implica una mentalidad realista que antepone el Ser al Pensar. En otros
términos, la cosmovisión no niega la existencia ni de la ciencia ni de la
filosofía dentro del horizonte histórico del hombre ontológico. Y aquello de
que primero es la magia, luego la religión, después la ciencia y la filosofía
no es más que el mito del monismo naturalista diacrónico morganiano, bastante
descreditado y desfasado en etnología[61]
ante la complejidad de una realidad histórica mejor descrita por el pluralismo
culturalista sincrónico. Frente al evolucionismo cultural se yergue la
evidencia de que todas las culturas son válidas. Los clásicos del estudio de la
cultura humana como Bastian (provincias culturales-geográficas), Bachofen
(análisis de parentesco) y Morgan (estadios culturales) son valiosos sólo como
primeros peldaños, pero insuficientes. Antes del siglo XIX el pensamiento
etnológico descalificaba el sistema de valores de las otras culturas, pero
después admitió el concepto de civilización en plural. Desde entonces la
sociedad estudiada no es considerada en referencia a otra ajena, sino en sí
misma. Esa es la moderna visión etnológica. De este cambio surgen las teorías y
escuelas etnológicas como el difusionismo de Graebner y Schmidt, el
polimorfismo analítico de Boas y Lowie, el psicologismo de Lévy-Bruhl, el
funcionalismo de Malinowski, y el estructuralismo.
Todo este desarrollo nos
permite referirnos al filósofo primitivo. E. Burnet Tylor[62] no
fue evolucionista ni difusionista, sino que compartió la estratificación
cultural. Su teoría del animismo del hombre primitivo plantea que éste recibe
revelaciones sobrenaturales a través de los sueños, que ponen en evidencia
realidades suprasensoriales y del mundo invisible. El hombre primitivo ignora
el monoteísmo y los grandes dioses y en su lugar concibe todo el cosmos
animado. Habla del “filósofo primitivo” como aquel que interpreta la naturaleza
trasponiendo en un sistema alegórico mítico los fenómenos naturales. Los
espíritus que animan la naturaleza se encarnan en objetos, animales o personas.
Distingue entre fetiche -soporte material provisional del espíritu- e ídolo
-soporte permanente del espíritu-. Después de Tylor la tendencia ha sido interpretar
el fenómeno religioso de modo científico, pero no cientificista, evitando así
reducir lo sobrenatural a lo natural. Pero la antropología cultural ha ido
reduciendo el ámbito de aplicación del concepto de cultura. Se ha ido del
universalismo y evolucionismo hacia el particularismo y antievolucionismo. Y
ello se debió a la imposición de un empirismo craso que reemplazó la dimensión
objetiva por estados psíquicos de la cultura. Leslie White y Lévi-Strauss son
caminos alternativos. En especial éste último[63] que
sostiene que el pensamiento salvaje y mítico no es primitivo, es simplemente
una manera no instrumental de relacionarse con la naturaleza, vive en armonía
con ella, y, más bien, es el pensamiento del civilizado el que con un
antropocentrismo exacerbado procede con barbarie con la naturaleza. Este punto
lo he desarrollado como la necesidad de reencontrar una antropología sin
antropocentrismo sin necesidad de recurrir a un animismo primitivo, sino
reconciliándonos con Dios y reconociendo el mundo de las esencias[64].
Después de las alusiones de
Tylor tenemos a Paul Radin[65]
y Placide Tempels[66].
En ambos casos no hallamos un cuestionamiento del concepto eurocéntrico de
filosofía y menos una nueva definición que nos permita categorizar el
pensamiento primitivo como filosofía. Por ello, se quedan en un comparativismo
infructuoso e infecundo. No obstante, el mérito radica en traer nuevamente a
discusión un tema tabú según en magisterio del universalismo occidental que lo
ha marginado como filosofía heterogénea (Sobrevilla[67]) o
filosofía en sentido laxo por no decir que la filosofía homogénea y en sentido
estricto lo representa la occidental. Otra estrategia, que bajo cuerda mantenía
intacto pero oculto la concepción eurocéntrica de filosofía, fue la que
siguieron otros autores, como Jesús Mosterín y Rivara de Tuesta[68],
quienes prefirieron refugiarse en el término “pensamiento” para evitar el
término “filosofía” o “cosmovisión”. A esta alternativa la llamo “eurocentrismo
vergonzante”. Para estas posturas la filosofía occidental es la medida de toda
filosofía posible y sólo a ella le cabe el nombre de filosofía en sentido
estricto. Lo demás es filosofía heterogénea o sea trasplantada a una cultura
sin tradición filosófica previa. Este etnocentrismo anatópico fue afirmado
antes por el propio Augusto Salazar Bondy[69],
quien es el primero en decir que la filosofía fue traída al Perú por los
conquistadores españoles. El creador de la filosofía de la dominación no se
liberó de la concepción eurocéntrica de filosofía, aunque roza en el intento en
su obra tardía Bartolomé o la dominación (1974). El mérito de ASB fue
resaltar la realidad de la dominación, su demérito fue no relacionarla con el
concepto eurocéntrico mismo de filosofía.
Ahora bien, son tres los
principales elementos empíricos que nos permiten entrar a la discriminación de
la filosofía prehistórica: 1. El arte rupestre, 2. Los enterramientos y 3. El
yacimiento de industria lítica de Atapuerca. Valga lo dicho haciendo la salvedad
que la filosofía no se reduce a la verificación empírica ni analítica, es un
caso especial de conocimiento y que en gran parte la esencia de la verdad
filosófica reside en su validación argumentativa y aseveraciones categóricas,
basada en la intuición del fundamento ontológico y su vínculo histórico social.
Es decir, la verdad filosófica no consiste en la coherencia del enunciado, que
lo haría perder conexión con el mundo real y concreto, lo convertiría en una
mera disciplina formal, ideal y deductiva -como la matemática o la lógica-.
Tenemos el caso del idealismo contemporáneo que reduce la filosofía en mera
ciencia convencional determinada por la subjetividad humana. Algo más. Con el
idealismo la cultura occidental pasó de la esterilidad científica de la
escolástica medieval a la esterilidad metafísica del pensamiento moderno.
Nietzsche reacciona violentamente contra la metafísica de las esencias y la
metafísica trascendental del cristianismo, sustituyendo todo por el amor
fati al eterno retorno de lo mismo. Schopenhauer con la voluntad irracional
mistificada desemboca en el idealismo subjetivo. Marx rescata el método
dialéctico de Hegel sobre bases materialistas, pero mantiene la dialéctica como
el meollo de toda realidad. El vitalismo de Bergson tuvo el mérito de abrir una
brecha contra el cientificismo positivista defendiendo la irreductibilidad de
lo espiritual, pero hizo de la vida y la realidad puro devenir. La
fenomenología de Husserl intentó ser una vuelta a las esencias y a la cosa en
sí, pero sucumbió en la egología del sujeto trascendental. Heidegger se
presentó como el filósofo ser, pero al centrarse en lo ontológico extravió lo
óntico y redujo el ser a lo temporal. El primer y segundo estructuralismo
-desde Bachelard y Merleau Ponty hasta Althusser, Bourdieu, Chomsky, Lacan,
Bataille, Deleuze, Derrida y Foucault- niegan la esencia humana y convierte al
hombre en producto de su práctica material. El postmarxismo -Adorno, Arendt,
Habermas, Laclau y Touraine- tiene el mérito de revelar la dimensión
totalitaria de la razón instrumental y defender la democracia radical, pero el
demérito de no romper con el inmanentismo de la metafísica moderna. Y el postmodernismo -Baudrillard, Duras,
Lyotard, Lipovetsky y Vattimo- tienen el mérito de cuestionar las tecnologías
productivas, pero en detrimento del fundamento ontológico fuerte de la
realidad, todo lo desvanece en el devenir perpetuo.
No es difícil ver en todo
ese derrotero último de la filosofía posthegeliana la huela del idealismo
cartesiano haciendo valer el matematismo como válido para todas las ciencias.
Esa es una de las fuentes del error que hizo prevalecer la existencia sobre la
esencia. Lo cual condujo a la negación del ser como causa de la existencia del
conocer. A partir de aquí se antepuso sobre el ser el conocer, lo
epistemológico sobre lo ontológico y se dejó de asumir que las cosas son
antes que el pensar. Con el horizonte perdido del realismo el Ser dejó de ser
lo previo e indemostrable para el pensar, para tratarlo como algo que se
encuentra en el pensamiento. La senda de la esterilidad metafísica estaba
servida. Pero estamos lejos de sostener que esto es un mero problema teórico y
que puede resolverse con otro paradigma metafísico. Pues la autonomía de la
razón no es absoluta, sino relativa, y está inserta en todo un complejo no sólo
cultural sino civilizacional. En otras palabras, la superación del cientismo,
nihilismo, la increencia e idealismo supone el naufragio de la imagen del mundo
moderno y el surgimiento de una nueva imagen del mundo, de una nueva época que
ya está emergiendo. Dejando hasta aquí la digresión sobre el extravío de la
filosofía con el mundo real y concreto y volviendo a los elementos que permiten
abordar la filosofía prehistórica comenzamos con el arte rupestre. Sobre el
mismo ya se conoce que no sólo el Homo sapiens, sino también el Homo neandertal
pintaron hace 65 mil años el arte rupestre más antiguo que se tenga
conocimiento, y su antecedente será indudablemente los trazos sobre la arena,
las pieles, los tatuajes corporales que harían los homínidos más antiguos[70]. Son pinturas en negativo de manos creadas de
forma deliberada. Su hallazgo en otras tres cuevas separadas por cientos de
kilómetros y con una práctica continua de 25 mil años hace pensar que se trata
de una larga tradición cultural bien establecida. Este hallazgo sumamente
importante se aúna al descubrimiento dado a conocer por la revista Science
Advances de una colección de conchas hallada en la Cueva de los Aviones, en
Cartagena, con pigmentos amarillos y rojos, que presentan orificios y que
fueron datados con una antigüedad de 115 mil a 120 mil años. Los especialistas
han afirmado que el neandertal da muestras de una vida doméstica y social
bastante desarrollada. En dicho arte rupestre no sólo queremos enfatizar la
presencia del pensamiento simbólico, sino algo más complejo, a saber, la
presencia de una intuición espiritual que representa una forma ancestral de
filosofía. En otras palabras, el hombre del paleolítico superior no estaba
haciendo arte, sino comunicación espiritual chamánica con un mundo suprasensible.
Y la consecuencia es una vida espiritual donde religión y filosofía están
unidas, no se vive en la narración de un mito sino en la vivencia mitomórfica
del chamán que emprende el viaje al mundo de los espíritus.
Me refiero a la filosofía
del chamanismo que denomino mitomórfica. Para ello viene en nuestro auxilio las
investigaciones de Jean Clottes y David Lewis Williams[71],
para quienes el arte del paleolítico superior proviene de visiones chamánicas,
aunque no todo sea reducible a chamanismo. Las representaciones coinciden con
los tres estadios alterados de conciencia -el trance donde se ven formas
geométricas[72],
la racionalización de dichas percepciones que se transforman en objetos, y el
ingreso a un túnel con una luz viva al final, donde el individuo vuela o se
transforma en otro animal-. También las cuevas profundas favorecen el trance.
Ese afán de comunicarse con el más allá -por diferentes motivos- es testimonio
de que el hombre es un ser metafísico, que siente el llamado de lo
sobrenatural, lo cual, naturalmente, no está exento de entrar en contacto no
sólo con la dimensión sobrenatural o divina sino también con la preternatural o
demoníaca. La tesis de Clottes no es nueva, mantiene la descripción de Mircea
Eliade como técnica arcaica de éxtasis, y fue rechazada incluso por
Lévi-Strauss, pero ello no le resta validez a la idea. La hipótesis chamánica
es la argumentación más sólida frente a las interpretaciones estéticas,
totémicas, mágicas y estructuralistas. Serían canales de transportación al
mundo de los espíritus, formas de imantación de poder espiritual dentro del
cosmos tripartito del cosmos chamánico. Sería el testimonio de la percepción
del mundo de aquí, del mundo de abajo y del mundo de arriba. Todo esto es
pensamiento simbólico complejo. Y si a ello le sumamos los enterramientos con
ofrendas de flores neandertalenses tenemos un cuadro más completo de la
filosofía mitomórfica del chamanismo. La cual no sólo implicaría la presencia
de seres sobrenaturales, sino de algo que sobrevive a la muerte del hombre y
merece respeto reverencial. La creencia en la existencia del alma, quizá
motivada por la vida onírica de los sueños junto a la visión de seres
fantasmales, sería suficiente acicate para el complejo ideatorio que se
integraría en la filosofía mitomórfica del chamanismo del hombre prehistórico
del paleolítico superior.
Estamos ante una rica vida
simbólica, abstracta y espiritual que se refleja en la filosofía mitomórfica
del chamanismo. El chamanismo extático del paleolítico superior no sólo es
parte de la historia de la mística, sino también de la historia de la filosofía.
Allí están presentes las ideas de alma, espíritu, vida después de la muerte,
mundos invisibles, seres suprasensibles, tripartición de la realidad, una
cosmología subordinada a creencias funerarias, curanderismo, guía de las almas
hacia el cielo, vuelo místico, lograr la perspectiva transtemporal,
manipulación de lo sagrado y lo divino, viaje al inframundo, triunfo ante la
condición de la vida profana, profetismo, posesión, nigromancia, abolición del
tiempo histórico, habla con los animales, identificación del hombre con la
naturaleza, riqueza de fenómenos parapsíquicos, entre otros. Al ser el chamán
el especialista en contactarse con los dioses y los espíritus traza un límite
entre el mundo uraniano y el mundo telúrico, llevando al muerto fuera del mundo
de los vivos. Es metafísica de la visión extática. Esta ordenación chamánica
del mundo mediante el sacrificio y la ascensión es previa a la idea de demiurgo
que aparecerá en la posterior filosofía mitocrática. Su hierofanía y
cosmografía religiosa ordena su cosmología filosófica. Es una etapa espiritual
donde abunda el simbolismo aéreo, el chamán es ante todo un ser volador. Lo que
nos indica que el hombre es el vértice en el que confluyen el impulso hacia la
trascendencia vertical -hacia lo celeste- y la trascendencia horizontal -hacia
lo terrestre-. El elemento objetivo tiene que ser real para que coincida en lo
sustancial el chamanismo de Africa, Australia, Siberia, América del Norte y
América del Sur. La discusión reside si dicho elemento objetivo tiene que ver
con algo extramental que no depende del hombre o intramental que depende de la
mente humana. Lo primero nos lleva hacia el espiritualismo, lo segundo hacia el
fisiologismo materialista. Son dos posturas filosóficas contrapuestas.
Todo esto nos lleva a
postular la idea de que el chamanismo no es solamente una técnica arcaica de
éxtasis[73],
sino una forma de filosofía del hombre de la Edad de Piedra en el paleolítico
superior. El éxtasis chamánico lleva al hombre a una situación límite que le
revela no sólo lo sagrado sino también lo divino, lo transhistórico y
suprasensorial, el cual se repite en arquetipos, los cuales traducen lo visto
en el ascenso a los cielos y el descenso a los infiernos. Pero lo peculiar es
que el chamán se convierte en el especialista del viaje extático para recoger
el alma del enfermo, guiar al difunto, evocar e incorporar el espíritu, dominar
el fuego y los elementos. Estamos en presencia del fenómeno chamánico total,
muy distinto de su aberrante manifestación desintegrada y decadente moderna con
sus poderes muy disminuidos. El chamán prehistórico del paleolítico superior
sistematiza su esquema ideatorio en la filosofía mitomórfica no instaurando una
religión, una filosofía, una demonología ni una angelología, sino tratando por
igual con todos los seres celestes, espíritus de otros chamanes, muertos y
enfermos, demonios y semidioses, espíritus auxiliares y protectores, y logrando
la visión del mundo paradisíaco. El filósofo mitomórfico es al mismo tiempo
chamán, mago, médico, sacerdote, místico y poeta. El chamán como el filósofo es
un avis rara, que por vocación o herencia se convierte en especialista en el
conocimiento de otros mundos.
Pero todo esto es su propia
filosofía, su mirada fundamental del mundo, su cosmos sensible y metasensible.
Esta filosofía mitomórfica es chamánica, inserta en la mística arcaica, cuyos
contenidos superviven en la mística superior. Su valor espiritual e iniciático
radica en que agudiza el conocimiento de la condición humana. Pero al llegar a
esta profundidad diacrónica de la condición humana advertimos algo
trascendental y consiste en que el problema teológico es connatural a ella.
Esto el problema teológico no acontece de forma accidental, ni pertenece a un
horizonte de ignorancia, superstición y miedo, sino que se presenta como la
experiencia fundamental de la condición humana. El problema teológico que
acompaña desde arcaico al hombre tiene que ver con la aprehensión primordial de
la realidad, la cual abre la vía de la de la religación. En otras palabras, el
problema teologal del hombre tiene que ver con la esencia de su existencia,
abocada a la religación con lo sagrado y lo divino (Zubiri[74]),
pero desde una ontología primordial que lo distancia de la naturaleza, lo
planta en la historia y lo lanza hacia lo divino. Esto es, cuando al chamán del
paleolítico le acontece el hecho chamánico ingresa a una dimensión decisiva del
existir humano, porque su trato con los seres espirituales lo lleva a asumir la
peculiaridad y responsabilidad de su ser en el mundo. Desde el inicio ontología
y ética se revelan unidas en su misión singular. Ahora bien, nos preguntamos si
el vincularse con los Dueños de la medicina que habitan en los mundos
suprasensibles, por parte del chamán actual de los pueblos primitivos, puede
ser una forma de filosofar. Como bien señala Favaron[75] las
sendas visionarias de la Amazonía no sólo tratan con seres extraordinarios, que
se alejaron del hombre por su mal comportamiento -según el relato mítico-, pero
que dejaron la ayawaska para permitir el contacto con ellos a través de los
tres mundos (subterráneo, cielo y tierra). Cielo y subsuelo son invisibles
juntos a los seres que habitan allí. Favaron, que también es chamán, explica
que los seres del Cielo son ángeles, seres sin transgresiones. Por ello, el
médico chamán es también un filósofo mitocrático que emplea la sabiduría del
amor, convencido de que sin amor la creación es ilusión. Pero dicho chamán está
inserto en el problema teologal. De la misma forma, es estrecho afirmar que la
cultura humana nace de la toma de conciencia entre los ciclos reproductivos y
los ciclos del medio ambiente. La cultura humana es más más compleja y permite
advertir que si bien la menstruación, los cambios estacionales, el nacimiento y
la muerte permiten darse cuenta de la temporalidad de la vida histórica y social,
también da lugar a señalar lo transhistórico, lo metasensible, los seres
invisibles que estando más allá del tiempo se hacen presentes en él. De esta
manera el problema teologal está en la raíz de la cultura humana.
El problema teologal de la
condición humana es una condición ontológica de un ser que advierte su finitud,
sabe que ha de morir, pero que intuye que la realidad y la verdad no se agota
en lo contingente. Esto hace que la condición ontológica del problema teologal
esté en la base del surgir del filosofar. Se dice que la filosofía griega no
nace del problema de Dios como en la Edad Media, sino del problema de dar una
explicación a la multiplicidad, al movimiento, al devenir, pero detrás de ello
está la condición inmutable del Ser y la Verdad, que no es de condición humana
sino divina. De ahí que incluso Platón y Aristóteles son propiamente los
iniciadores de la teología natural, y en los presocráticos el arjé no
tenga un significado estrictamente físico, como quiere Aristóteles, sino
metafísico. Tales de Mileto dirá que todo está lleno de dioses, el apeiron
de Anaximandro, el aire de Anaxímenes, la mónada de Pitágoras, lo Uno de
Jenófanes no aluden a ningún principio fisiológico ni cuantitativo, sino
espiritual y cualitativo, el cual genera y gobierna el Universo. La excepción
nítida es Demócrito, que hace que el alma y los mismos dioses estén compuestos
de átomos. Pero en los demás el arjé es un principio divino. En este
sentido los primeros filósofos son también los primeros teólogos, como apunta
Jaeger. Es teología filosófica y no religiosa, que supone el rito y el dogma[76].
Para Russo[77],
opinando contra Heidegger, incluso el logos de Heráclito es dios, principio
unitivo de toda pluralidad y oposición. E incluso en Parménides[78]
su monismo estricto equivale a pensar la sustancia de Dios sólo como absoluto.
O sea, el problema de Dios está presente tanto en el monismo estricto de los
elatas como en el monismo con pluralismo del resto de la filosofía
presocrática. Como hemos visto, cuando brota la filosofía griega ya existía
desde antiguo la vieja filosofía oriental (india, persa, china, mesopotámica,
hebrea) y a esta filosofía como saber de salvación la hemos llamado filosofía
mitocrática, porque su horizonte mental es el mito. Además, en la filosofía
oriental hubo manifestaciones especulativas y no religiosas. Por ende, la
opinión de Zeller sobre el origen griego de la filosofía no es cierto. Pero el
problema teologal también está presente en la filosofía mitomórfica del
chamanismo con el mundo de los espíritus, y es teología tripartita de los
espíritus. Ahora bien, ¿el problema teologal estará también presente en alguna
forma de filosofar anterior al chamanismo? Si fue posible elucubrar un tipo de
filosofar en otro homínido como el Neandertal ¿será posible hallarlo en tipos
homínidos anteriores? ¿Tenemos disponible alguna evidencia de pensamiento
simbólico complejo en homínidos como el Homo erectus, Homo ergaster, Homo
floresiensis, Homo antecessor, Homo heidelbergensis, Homo habilis, ¿y Homo
rudolfensis?
Y es aquí donde juega un
rol decisivo el tercer elemento, como son los yacimientos líticos,
especialmente el de Atapuerca, en Burgos, España. Atapuerca es uno de los
yacimientos prehistóricos más importantes y excepcionales del mundo por la gran
cantidad de vestigios ubicados en el mismo sitio, lo que lo convierte en el
lugar predilecto para conocer a los ancestros humanos. La arqueopaleontología
ha dado cuenta en ella del modo de vivir del Homo antecessor y Homo
heidelbergensis hace medio millón de años. Ambos eran cazadores recolectores
nómadas, vivían en grupos y contaban con herramientas de piedra sofisticada.
Para lo cual se admite que contaban con lenguaje, pensamiento simbólico y
rituales relacionados con la muerte. Vivieron en un momento cálido dentro de
una serie de glaciaciones. Tenían baja densidad poblacional, mejor salud que
los Neandertalenses y eran más fuertes y robustos. Estamos en un tiempo más
remoto en el tiempo y para darnos una idea podemos mencionar que hace 50 mil
años había tres especies homínidas sobre la Tierra, a saber, el Homo sapiens en
Africa, el Homo neandertal en Oriente Próximo y Asia central, y el Homo erectus
en Java. Sin embargo, ya hace 20 mil años sólo quedaba el Homo sapiens, los
cuales tardaron 100 mil años en desplazar a los neandertalenses. Y hace dos
millones de años convivieron juntas hasta ocho especies de homínidos. Atapuerca
es importante porque permite clasificar formas homínidas más antiguas que se
remontan a 500 mil años para el Homo heidelbergensis y 800 mil años para el
Homo antecessor. El salto cronológico hacia atrás es enorme y lo más
sorprendente es la presencia de evidencias de lenguaje y pensamiento simbólico.
Hasta el momento son los fósiles del género más antiguo hallados en Europa.
Ahora bien, si salimos de Europa y nos dirigimos a Africa encontramos que hace
dos millones de años en Sudáfrica convivían dos especies de homínidos
pertenecientes el Homo erectus: el Homo Australopitecos hasta el Homo naledi.
La nueva cronología
paleontológica consigna que el Homo erectus fue la especie más longeva de
nuestros antecesores, con más de 1,5 millones de años de sobrevivencia tras
adaptarse a variaciones climáticas diversas. Altos y delgados, de brazos más
cortos y piernas más largas eran capaces de recorrer grandes distancias y su
migración está fuera de duda. Comían carne y es aun un misterio cómo la
obtenían porque no fabricaban armas. Sin duda que recurrían al carroñeo, pero
ello no era suficiente. Debieron de haber inventado formas astutas de cacería
para obtener carne. Lo cual indica que su imaginación era muy desarrollada.
Pero de todos ellos el Homo habilis ha sido el más controvertido hasta
concluirse que fue el ancestro humano que evolucionó directamente hacia el Homo
erectus. Su denominación alude a su característica como hábil, fuerte y
mentalmente capacitado, haciendo referencia a instrumentos líticos muy
probablemente elaborados por él. Y con el Homo habilis nos remontarnos hacia
2,3 millones de años, lo más lejano que se ha podido llegar. Este ancestro del
Homo erectus nos pone ante el comienzo de la aventura humana, el comienzo del
lenguaje, el pensamiento simbólico y formas organizadas de vida
social-familiar. Lejos de ser rudimentarios habría comenzado a utilizar un
lenguaje basado en onomatopeyas, contando con una gran imaginación y capacidad
de invención. No es necesario postular una abundante cultura material para
postular que el Homo habilis se impuso en su medio prehistórico para sobrevivir
casi un millón de años. Otra cosa es que, si tuvieron casas de nómades hechas
de arbustos, arte en piel, artefactos de madera y demás materiales precarios
que no resisten la prueba del tiempo se hayan desintegrado. Se sostiene que no
fue el Homo habilis el que descubrió el fuego, sino el Homo erectus hace poco
más de 1,4 millones de años. Lo cual no va en desmedro del Homo habilis, al
contrario, su habilidad para sobrevivir tan extenso tiempo se debió
precisamente a su capacidad de inventiva. Es indudable que el proceso para
dominar el fuego representó toda una gran revolución del hombre prehistórico,
pero a ello no se habría llegado sin el tallado de piedras adheridas a palos y
huesos para cortas pieles gruesas de animales y plantes. En otras palabras, sin
la revolución lítica del Homo habilis no estaríamos contado la odisea de la
aventura humana. Es indudable que el hombre prehistórico desde sus comienzos
advirtiera la gran fuerza que palpita en la naturaleza y que lo llamara de
alguna forma, algo parecido al mana de los melanesios.
Las grandes fuerzas de la
naturaleza serían percibidas como espíritus poderosos. Al menos lo que luego
sería visto como espíritu en la mentalidad arcaica del hombre del paleolítico
inferior y medio, sería asumido como lo numinoso, lo extraordinario, lo sagrado.
Se trata de un pre-animismo interpretado por el jefe de la horda. De manera que
la vida simbólica que representó la revolución lítica del Homo habilis y la
revolución del fuego del Homo erectus conformaría un mundo mágico que la llamo
Filosofía Numinocrática de la Prehistoria[79].
Aquí, en lo más remoto de la Edad de Piedra, el protagonista no es el filósofo
chamán de la filosofía mitomórfica, sino el filósofo mago de la filosofía
numinocrática, el mismo que ve la vida como lo numinoso y extraordinario, el
mundo como una extraña mezcla entre lo vivo y lo muerto, su universal
perceptual es animista, no vive bajo el imperio de lo inmanente sino de lo
suprasensible y extraordinario. Y su comienzo en el pensamiento simbólico
testimonia el inicio del proceso de pensar en símbolos.
Hasta aquí hemos
efectuado el recorrido diacrónico regresivo en la marcha del filosofar. Y la
constatación más importante que se ha hallado es la presencia constante del
asombro filosófico en las distintas formas del filosofar. Lo que, por un lado,
desmiente que el asombro sea patrimonio de una determinada cultura o
civilización y que, más bien, es propia de la condición humana. No es de
extrañarnos, entonces, que la filosofía no comienza con los griegos, que Grecia
no es la medida de toda filosofía posible, que antes de ella hubo filosofía y
en gran estilo lo que hemos llamado Filosofía mitocrática. A propósito, aquí no
cabe comparaciones de superioridad o inferioridad entre una u otra forma de
filosofar, porque en lo que en una se ganó como algo nuevo en otra se perdió.
Así, por ejemplo, el hombre ancestral sin escritura contaba con una memoria
prodigiosa, lo cual se fue perdiendo con la invención del alfabeto y la
alfabetización de la sociedad. De modo similar, la desmitifación del mundo -ya
enfatizada por Max Weber[80]-
significó la despoetización del mundo y el dominio de la razón instrumental.
Por lo cual, no nos debe llamar la atención que la aparición del filosofar
mitomórfico representara el surgimiento de una idea nueva -especialismo en el
trance místico y ascenso al Cielo y descenso al infierno-, pero también una
pérdida de una percepción anterior y presente en el filosofar numinocrático
-visión de lo numinoso, mágico y extraordinario del cosmos-.
El filósofo logocrático,
el filósofo mitocrático, el filósofo mitomórfico y el filósofo numinocrático no
son superiores ni inferiores uno respecto al otro, simplemente son distintos y
hasta complementarios. Su duración en el tiempo tampoco son indicador de alguna
superioridad, aunque se pueda señalar una progresiva pérdida de integración con
la Naturaleza. Si fuera por esto último todo el discurrir del hombre sería algo
así como una degradación de su unidad con el ambiente. Lo cual no se ajustaría
a su realidad ontológica que se revela justamente como un distanciarse de las
cosas. De lo contrario caeríamos en la visión angelical de la prehistoria y en
la glorificación del hombre natural a lo Rousseau, donde el hombre nace bueno y
la sociedad, y en este caso la historia, lo corrompe. Lo cual no sería exacto
ni justo. Cada época de la historia porta sus virtudes y defectos, y debe ser
evaluada en sí misma. La sobrevivencia del homínido es algo excepcional, que no
está perfectamente adaptado al medio. Aquí se trata de un espécimen vulnerable
que necesita de su ingenio.
Hay quienes sostienen[81]
que la unión con lo mundano en que vivía el hombre primitivo del paleolítico
hacía que su conciencia sea secular y horizontal, sin necesidad de
trascendencia y que, más bien, son los pueblos civilizados los que son
religiosos y espirituales con su Complejo de Autoridad Sagrada (CAS). Y a
partir de ello concluyen que la conciencia humana ha ido de la Paradoja de
unión con lo mundano al CAS. A todas luces se trata de un enfoque forzado,
ideológico y gratuito a la vista de los enterramientos ceremoniales del Homo
neandertal y de los vestigios que aparecen en las otras especies de homínidos.
Se trataría de otro intento del secularismo moderno para preconizar el
inmanentismo distorsionando la conciencia unitiva del hombre prehistórico y así
lograr sacar adelante un hombre sin dios, sin religión, sin trascendencia,
panteísta, animista y en la práctica ateo. Esta estratagema fallida queda
atrapada en la comprensión de la trascendencia como una ilusión antropológica
de la mente. Pero si se entiende la trascendencia como algo real, entonces lo
sagrado no deviene en religión alienante, civilizado, vertical y destructor del
hombre. Por otro lado, hay también quienes sostienen que una comprensión tan
extensa de filosofía es contraproducente porque difumina la concepción misma de
filosofía hasta hacerla sinónima de cultura, una doctrina ingenua, acrítica y
prelógica que no distingue entre filosofía rigurosa y filosofía espontánea.
Todo lo cual ha sido dejado atrás con la superación de los criterios de la
etnología clásica que presentaba a lo no-occidental como poco dotado de
pensamiento lógico-racional. En este sentido Sobrevilla, Rivara, Zenón y
adláteres se convierten en dogmáticos de una etnología superada. Pero el debate
actual ya no se caracteriza por saber si hay otros tipos de filosofías, lo cual
se admite, ni por determinar el sentido -que aquí lo hemos hecho en cuatro
formas-, sino en entender en última instancia qué es el filosofar mismo. En
Grecia maduró un nuevo tipo de filosofar, a saber, la filosofía logocrática,
basado en el concepto lógico, pero anteriormente la filosofía estuvo presente
en el concepto mítico de la filosofía mitocrática, el concepto intuitivo de la
filosofía chamánica y el concepto emocional de la filosofía numinocrática. En
el mito, el arte y la poesía el conocimiento y la expresión son inseparables,
son moldes en que la realidad se da con sentido significativo y, por ello, no
sólo son emotivos y evocativos, sino son cognoscitivos y se relacionan con la
verdad[82].
Pero no menos
desconcertante es que saliendo del ámbito del Homo sapiens encontramos el
filosofar en otro tipo homínido, el Homo Neandertal. El cual sería un exponente
por antonomasia del Filosofar Mitomórfico del chamanismo. No obstante,
siguiendo el hilo conductor de que el filosofar es polimórfico y multívoco nos
enfrentamos a los más descabellado de todo, esto es, descubrir que la aventura
del filosofar comienza con tipos homínidos más antiguos y la forma que adopta
es el Filosofar Numinocrático del Mago-filósofo. El pensador filósofo insertado
en el devenir siente que pertenece al ser inmutable, superior al mundo en
devenir que vive y que muere. Intuye que el mundo tiene un sentido previo y que
preexiste a su propio vivir. Y es aquí donde nosotros podemos advertir que el
lenguaje no es primero ni segundo respecto al sentido. Hay un sentido de lo
real y otro sentido del pensar. Y nadie como el hombre de la prehistoria estuvo
en las condiciones vitales idóneas para advertirlo experiencialmente. Filósofo
es el hombre consciente de la ambigüedad de buscar el ser absoluto desde la
temporalidad. Filósofo es sentirse partícipe del ser universal. Sabe de su
saber en devenir, pero dentro de un esfuerzo por alcanzar el saber absoluto. No
es aquí el lugar para discutir si el Ser es lo absoluto o no, pero su presencia
se detecta desde tiempos inmemoriales. Todo lo cual es ya demasiado desafiante
para el magisterio académico y su universalismo eurocéntrico consagrado. Pero eso es lo de menos. Lo central es
enfrentarnos a una cuestión fundamental, el cual es: ¿Por qué la condición
humana filosofa? ¿Por qué el filosofar se presenta como una situación raigal de
la condición humana? Considero que el abordamiento diacrónico debe ser
complementado con su exploración sincrónica para responder adecuadamente esta
decisiva interrogante. Quizá sea lo más difícil para abordar, porque en ella se
juntan varias dimensiones a la vez, a saber, metafísica, ontológica, histórica
y teleológica. Y es lo que afrontaremos brevemente en el capítulo final que
sigue.
4
DIMENSIÓN ONTOLÓGICA DEL FILOSOFAR
¿Por qué filosofamos? Aristóteles[83]
afirmó que el origen del filosofar es el asombro. Pero ¿por qué el asombro es
el origen del filosofar? ¿Qué hace que el asombro se vuelva constante en el
origen del filosofar? Para que se presente de esta forma universal y permanente
tiene que tratarse de algo que está más allá de lo psicológico (óntico) e
histórico (temporal) tiene que ser transhistórico y existencial (ontológico).
Tiene que ser un acontecimiento raigal de la condición humana. Pero ¿qué tiene
de singular la esencia humana en su existir para que provoque el filosofar? La
respuesta no puede ser otra que por ser capaces de intuir nuestro ser entre el
Ser y la Nada. Todas las criaturas en su condición de contingentes están entre
el ser y la nada, pero lo peculiar es que el hombre es la criatura que lo sabe.
Y ese hecho óntico-ontológico es decisivo para el estallido del filosofar.
¿Pero de dónde nos viene este saber? ¿Qué es lo que tiene la criatura humana
para que nos acontezca el filosofar? Lo que nos diferencia de los animales no
es la inteligencia, ni la capacidad de elegir, sino aquella capacidad de
objetivación de ideas y de intuición de esencias que es base de la
desrealización. Aquella capacidad se llama “Espíritu”, como actualidad pura e
inobjetivable que produce ideas a partir de la intuición de las esencias. El
espíritu humano participa de las esencias (Platón) y por eso las descubre
(Aristóteles). La conciencia del mundo, la conciencia de sí mismo y la
conciencia teologal conforman la unidad ontológico espiritual de la posibilidad
del filosofar. Lo divino al ser sentido antropológicamente por el hombre se
compenetra crecientemente con el impulso cósmico de las esencias. Por el
Espíritu lo humano es partícipe de lo divino y se convierte en coautor de su
obra en su propia escala. Por ello, no es el hombre el que engendra lo divino,
sino a la inversa[84].
Esa búsqueda de las primeras causas y principios que caracteriza el filosofar
viene de aquella compenetración del Espíritu humano con el mundo suprasensible
de las esencias.
Ahora bien, se objeta que,
si el hombre filosofa por la condición ontológica de su espíritu, entonces por
qué no todos lo hacen e, incluso, la filosofía moderna y posmoderna se
caracteriza por ir contra todo supuesto metafísico y esencialista. A lo que se
puede responder afirmando que, si bien el impulso a filosofar está presente en
todo hombre, no obstante, su desarrollo requiere formación, educación y
capacidad de replanteamiento. Eso, por un lado, y, por otro, el decurso
antimetafísico y antiesencialista de la filosofía moderna y contemporánea
testimonia que lo espiritual es una fuerza no determinante, sino condicionante
que hay que actualizar. Y que incluso su actualización puede ir dirigida contra
sí misma, negando su propia existencia, empobreciendo la realidad a lo
meramente empírico y fáctico y degradando el filosofar a lo simplemente
narrativo. Es por ello que el Espíritu no puede ser considerado como un factor
infalible de la captación de las esencias, y es así porque la condición humana
tiene una ambigüedad de orden ontológico, constituida por que el sujeto es
hermenéutico por sí mismo y en consecuencia es afectado por una aporeticidad
esencial. Es por ello que la concepción objetivista de las esencias encuentra
la dificultad de enfrentar la ceguera hacia las mismas. Lo que lleva a sostener
que no toda relación ontológica con las esencias es absoluta, sino contingente.
Cada esencia puede ser
negada, cada conocimiento puede ser sustituido por otro. El carácter ontológico
de las esencias no se convierte en un necesitarismo cósmico que suprime la
libertad ni la condición contingente de la condición humana. No todo intento de
declarar la validez de un logos supone la preadmisión de esencias declarados
válidos para dicho logos. De modo que, aunque ontológicamente hay un sistema
absoluto de logos, sin embargo, desde la ratio humana depende de una valoración
previa de los entes (cosas o personas). Existe una relación intrínseca entre
ser y valorar en el hombre. No es que sólo exista lo que se valora,
ontológicamente las esencias existen independientemente del valor, pero la
libertad crea nuestro ser no sólo con la captación de las esencias valoradas,
sino, también, de las esencias inventadas. Esto es, la libertad crea nuestro
ser con la sustancia irreal de la posibilidad, posibilidad que se da en dos
mundos, a saber, el real y el posible. Así, el arte es la liberación de la libertad
en el mundo de lo posible e irreal, de un mundo de totalidades acabadas pero
inexistentes en la realidad. Y lo que impulsa a la libertad del Espíritu de la
condición humana al mundo de las esencias es su apertura ontológica a lo
posible, tanto en los entes reales e irreales. Es por ello que detrás de su
afán de salvación está su intuición de lo que está fuera del tiempo, de un
fundamento metasensible, eterno y transhistórico que lo ansía y libera. Es
locura reciente del hombre el buscar la salvación en lo terrenal y la cultura,
como producto de la hegemonía de imagen del mundo terrenalista e inmanentista
de la modernidad. El afán de salvación es un sueño profundo en el Tiempo que va
más allá de lo temporal, es una presentación de la Nada en el devenir, pero de
una Nada con contenido, que es origen y fundamento de todo. El hombre es en
este sentido la criatura que se desontologiza, porque su ser fluctúa entre el
Ser y la Nada, su ser está más allá del ser contingente desde la contingencia.
Su existencia es la conjunción del logos de la experiencia y el logos de la
razón, pero tanto en la experiencia como en la razón el Ser transparenta su
presencia como ens extramundanum. No siendo atemporales desocultan lo
atemporal y esencial.
Desde el cartesianismo
hasta la fenomenología, existencialismo, estructuralismo, neopositivismo hasta
el posmodernismo se han visto variaciones de la misma melodía subjetivizante
del giro inmanentista del hombre epistémico de la modernidad. Lo cual es prerrogativa
de una época que cayó presa de lo cuantitativo, calculable y objetivable, es
decir, es propio de una determinada imagen del mundo que consuma su propia
esencia antimetafísica. Todo queda sujeto a la propia opinión subjetiva al
asumirse que la verdad está definitivamente oculta, no existe, es mera
invención o creencia humana. No es posible fundamentar el conocimiento ni la
realidad, la búsqueda la verdad, la objetividad, la realidad, las esencias y la
razón deben ser abandonadas. Hay que sustituir la verdad por las creencias
convenientes. Ese el predicamento del ultimo gurú del pensamiento filosófico
moderno, a saber, Richard Rorty[85],
quien proclama que la filosofía sin espejos es filosofía conversacional que no
busca el arjé, y le parece insostenible la objetividad ligada a una
trascendencia. Todas las manifestaciones del pensamiento decadente están
presentes en Rorty. Ya el abandono de la objetividad representacional está
presente en el segundo Wittgenstein, el segundo Heidegger, Sellars, Quine y
Davidson. Se desemboca así en el pensar que las cuestiones de hoy no son
metafísicas ni teológicas, sino políticas. La erosión nihilista de la sociedad
postmetafísica tenía que desembocar en un historicismo nominalista donde la
teoría es sustituida por la narrativa. Ese era el desatinado destino de una
imagen del mundo que relevó el Ser por el Pensar. Y se cumplió. Como lo humano
es contingente y no determinista la condición ontológica del filosofar pudo
presentar esta manifestación deforme y malsana. A esto lo llamó Gilles
Lipovetsky la era del vacío, Zygmunt Bauman modernidad líquida, Byung-Chul Han
sociedad del cansancio, por mi parte lo denomino sociedad anética[86].
Pero el hecho es que el
hombre está abocado a filosofar por la estructura ontológica de su ser. Es una
criatura que le resulta desconcertante percibirse como una finitud separada de
las demás cosas del mundo, tiene conciencia del hiato que lo diferencia de los
demás seres y a partir de aquella separación ontológica de su ser con los demás
entes siente su religación con el Absoluto. Es decir, el hombre es el ser
plantado ante lo Absoluto e infinito porque por su Espíritu capta la
contingencia de su existencia. Los animales no tienen espíritu y por eso no lo
captan. Es una doble condición ontológica que lo asedia y lo impulsa a
filosofar, por un lado, la percepción de su finitud, de la nada en su ser, y,
por otro, la conciencia de la infinitud y su religación con ella. Es por ello
que el problema metafísico y el problema teológico es permanente en el hombre,
porque pertenece a su condición humana. Su experiencia social, individual e
histórica está atravesada por ambas situaciones existenciales. Y, más bien, el intento
de suprimirlas en el esquema inmanentista y secularizado de la modernidad le ha
traído más daño que ventajas. No sólo le hizo extraviar el sentido de lo
divino, sino también el sentido del ser, trayendo consigo la merma de la moral
y de la piedad. El sentido de lo bueno y correcto resultó siendo dañado y lo
normativo extraviado se tradujo en la malignización del bien y desmalignización
del mal. Sin lugar a dudas esto sucede especialmente en el orbe de la cultura
occidental moderna que lo promueve e impulsa a nivel global[87]. Su
humanidad sin la dimensión de lo trascendente religioso y metafísico se
sumergió en la oscura noche de la moral situacional, donde el relativismo y el
nihilismo imperan y lo convierten en el monstruo que desmaligniza el mal y
maligniza el bien. Al quebrarse la vida normativa se quiebra la misma esencia
del hombre, porque su ser está intrínsecamente unido al bien y a la vida moral.
De ahí que el hombre sin moral se deshumaniza porque se vuelve un monstruo. En
otras palabras, en el hombre ontología y ética se hallan entrelazados en una
dimensión metafísica indesarraigable[88]. En
la posmodernidad salió a flote la dimensión anética del hombre con todas sus
consecuencias luciferinas de deshumanización posibles. Pero si tales
dimensiones metafísica y religiosa son propias de la condición humana ¿cómo es
posible que puedan ser negadas? Simplemente porque no se trata de algo innato
mecánico, incluso el que dispone de piernas debe aprender a usarlas.
En otras palabras, dichas
dimensiones son posibilidades que tienen que ser actualizadas por la libertad
humana. Obviamente, se trata de una libertad condicionada sobremanera por el
tamiz de la cultura. Y el cedazo de la modernidad fue el muro inmanentista para
que tales dimensiones se empezaran a agostar. Esto ha mermado la potencia de la
propia filosofía con su giro antiesencialista y desfundamentador en la
filosofía posmoderna, haciéndola derivar hacia un culturalismo donde el
existente se construye su ser a la carta. La plaga del constructivismo cultural
despotenció al filosofar mismo. Al final lo que se tiene es la edificación de
la barbarie civilizada. Al final de cuentas, el tema de ¿Por qué
filosofamos? nos pone ante el problema decisivo de la Razón. Después de
haber visto ante nuestros ojos cómo se han sucedido el filosofar numinocrático,
el filosofar mitomórfico, el filosofar mitocrático y el filosofar logocrático,
lo que tenemos es lo que Hegel también vio, a saber, el despliegue de la Razón
universal. En el Universo existe un orden, donde incluso la entropía juega un
rol, y ese orden tiene todas las apariencias de ser la expresión de la
existencia de una Razón universal. Ante ello la filosofía se condensa en el
esfuerzo por comprender y explicar la manifestación de dicha razón cósmica.
Naturalmente que la explicación de la Razón universal excede las páginas de
este ensayo, ante lo cual sólo se pueden hacer breves trazos provisionales. Lo
insólito para nuestro tiempo tan ensimismado en lo subjetivo es que el tema de
la Razón universal nos impulsa a sobrepasar los límites antropológicos para
lanzarnos hacia la meditación cosmológica, metafísica y escatológica. El
realismo metafísico vuelve a reclamar su espacio en una hora histórica muy
singular de tránsito geopolítico. Clarea
en el horizonte la aurora de un nuevo brillo para el pensamiento. Una nueva
imagen del mundo reclama su hora y las exequias de la envejecida modernidad
exige su cadáver. Es todo lo que puedo decir por el momento. No sé si podré escribir
un viejo sueño de juventud, una Crítica de la Razón Cósmica, como
realización de la razón universal divina en el cosmos. Pero bien vale la pena
intentarlo. En suma, el enfoque sincrónico del filosofar nos muestra que está
relacionado con la ontología de la finitud -percibe su incompletud metafísica-
y la ontología teologal -percibe lo metasensible-. En buena cuenta, el
filosofar nunca ha sido el paso del mito al logos, porque hay filosofía en el
mito y la posición antimitológica de la filosofía no se sostiene en sentido
amplio, sino, tan sólo en sentido restringido. Pero, además, el mito es
revelación del horizonte de lo sagrado y expresa una verdad mediante una
imagen. El mito es revelación natural, en ella está lo divino, pero no
sobrepasa el límite de la razón natural. En lo mitomórfico y lo numinocrático
adviene la revelación del ser como presencia presente, su verdad es la
teofanía. En el filosofar reverbera un espíritu sensible a lo divino. El error
de dejar a la filosofía originada en el mero asombro es que lo lleva a carecer
de un fundamento ontológico, y de limitarla como un acontecimiento en el ámbito
de la conciencia. La filosofía no se puede quedar limitada a la persona, porque
el fundamento de su quehacer es el Ser. Y por mayores esfuerzos que se ha hecho
en la filosofía moderna y posmoderna por desontologizar a la filosofía, para
relativizarla en el ser de la existencia humana, caen en el vacío. Lo que han
logrado es bloquear momentáneamente el camino para llegar al ser trascendente,
cayendo en el relativismo agnóstico y en el ateísmo. Así queda la existencia
humana abandonada a su propia libertad. Sin fundamento ontológico la filosofía
queda ciega. Pues, concebir la libertad humana como una pura libertad vacía de
ser equivale a asumir una posición metafísica agnóstica, donde la libertad en
vez de orientarse hacia la captación de las esencias y la realización de los
valores éstos quedan como originados y determinados por la libertad. Es la
realización modernista del homo mensura protagórico, que consagra como
pequeño diosecillo al deus in terris de la voluntad de poder y de la
voluntad de verdad. De este modo el hombre se coloca más allá del bien y del
mal, surge el hombre anético que desmaligniza el mal y maligniza el bien. Esa
es la raíz irracionalista que estaba encerrada en el giro inmanentista y
terrenalista del pensamiento moderno. El fundamento nihilista de la doctrina
posmoderna no da lugar a una verdadera libertad y el hecho de que coloque la
actividad humana en el plano de lo cultural conduce al relativismo integral.
El reconocimiento de la
dimensión ontológica del filosofar supone superar la metafísica agnóstica de la
imagen del mundo de la modernidad, que lleva al antiesencialismo, la
postmetafísica, el nihilismo e impone un pragmatismo hasta sus últimas
consecuencias amorales y maquiavélicas. Pero enfrentar la dimensión ontológica
nos lleva hacia la constatación de que el filosofar no es razonamiento puro,
sino un razonar desde la existencia. Por eso no es una disciplina meramente
racional, sino multiforme y multívoca, nunca plena en medio de lo pleno, es
tener plantado la propia finitud ante lo Absoluto. Fue Nietzsche en El
nacimiento de la tragedia el que advirtió que es en el arte, y no en la
moral, donde se presenta la actividad genuinamente metafísica del hombre. Lo
importante aquí no es que lo que Nietzsche llame arte no haya sido tal cosa
para el hombre de la prehistoria, y al parecer fue algo más que arte, sino que
lo trascendente es advertir que en dicha actividad del espíritu humano se
manifiesta la primera experiencia verdaderamente metafísica del hombre. Lo que
para nosotros es arte rupestre, canto, danza, para el hombre de la prehistoria
eran formas arcaicas del filosofar. La danza giratoria del sufismo para ponerse
en contacto con lo divino, es un vestigio de lo que afirmamos. Lo que significa
que lo humano tiene una vocación metafísica irrenunciable que nace de su propio
ser y que lo predispone para el filosofar. En el arte el hombre expresa su
concepción del mundo y de la vida, siendo el lenguaje silencioso del contacto
con el Ser. El sentido del mundo no sólo se puede expresar mediante conceptos y
argumentos, sino también mediante formas, colores y sonidos, o lo que Kant
llamó “ideas sin concepto”. En este sentido, el arte sería la forma más arcaica
del filosofar y dar sentido al mundo. Lo cual significa que la filosofía y el
arte jamás estuvieron tan unidas como en la prehistoria, y no es posible
descartar que en un mañana próximo se vuelvan a reencontrar.
En su grave desorientación
espiritual el mundo moderno cae en la trampa del llamado culto a la naturaleza
y divinización de los objetos naturales. Y dentro de las anormalidades que se
desarrollan en la modernidad está a atracción sexual hacia los árboles y las
plantas (dendrofilia), la ideología animalista que atribuye los mismos derechos
que un ser humano a todos los animales. Savater[89]
considera excesivo homologar éticamente a los animales con los humanos y
dotarlos de los mismos derechos. Los animales no son meras cosas, pero hay que
tratarlos según su propia naturaleza.
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Epílogo
HISTORICISMO ONTOLÓGICO
DE LA
RACIONALIDAD FILOSÓFICA
Hacer preceder a la
filosofía conceptual de origen griego, una filosofía mítica, y de ésta una
filosofía mitomórfica, y otra anterior numinocrática, puede parecer que nos
deslizamos hacia una consideración historicista, relativista e irracionalista
de la filosofía y de la verdad. Pero esto sólo es apariencia, porque en el
fondo se trata de la ruptura no sólo con la concepción de la filosofía como
teoría general de la representación, que predominó desde Grecia hasta
Descartes, Kant, la fenomenología y la filosofía analítica, sino también con
aquella concepción de la filosofía concebida como teoría de la creencia
conveniente, propia del pragmatismo desde James, Dewey hasta Rorty.
Mi
punto de vista es que la verdad no es ni representacional, ni creencia útil,
sino que es revelación ontológica del ser en la historia. En este sentido, la
filosofía, en último término, no es ni espejo ni fe en la realidad. Es
revelación óntico-ontológica del ser en la historia. De ahí que no puede ser
reducida a análisis conceptual, análisis fenomenológico, explicación del
significado, lógica de nuestro lenguaje, ni metáfora del mito.
Que
la filosofía y la verdad esté ligada a una forma de racionalidad y objetividad
histórica determinada no significa que esa forma sea su expresión final. Ni
esto significa incurrir en relativismo e irracionalismo. En todo caso está
ligado a un historicismo ontológico, donde las metamorfosis epocales de la
filosofía y la verdad no tienen que ver con una pretendida negación de la
metafísica, la búsqueda cartesiana de certeza, la epistemología, ni la
hermenéutica, sino con el reconocimiento de la apertura óntico-ontológica del
Ser hacia el hombre y viceversa. No es el hombre la fuente de verdades
necesarias, sino que con su apertura a lo desconocido es el ente pasivo-activo
que va descubriendo el ser en la historia. Lo cual nos lleva a colegir que no
se puede explicar la racionalidad y la objetividad en términos que perennicen
un determinado discurso epocal. Las imágenes, metáforas y proposiciones que la
filosofía expone en su derrotero histórico son un importante indicador de que
no es el hombre, sino el Ser la fuente de las verdades necesarias. Pero la
historia es la dimensión donde se fusiona la historia del ser con la historia
del hombre.
Aquí
no se trata de reducir el Ser al tiempo del ente llamado hombre, ni hacer
preeminente lo ontológico sobre lo óntico humano, sino que se trata de
comprender que, no agotándose el Ser en el tiempo, no obstante, se revela al
hombre en el tiempo histórico. De modo que no hay forma de evadir el propio ser
preguntando por el Ser. La verdad filosófica no consiste en aquel centrarse en
lo ontológico que extravía lo óntico, ni en aquel centrarse en lo óntico que
extravía lo ontológico. No.
La
verdad filosófica no es ni fiel representación de la realidad, ni mero
constructo social. Es, antes que nada, intuición en la revelación del ser. Por
ello, no se trata de una verdad representacional, ni una verdad creencial, sino
de una condición existencial óntica-ontológica de apertura hacia lo
desconocido. Es por ello que a la filosofía y su verdad se la comprende mejor
desde una teoría general de la revelación, antes que como una teoría general de
la representación y la creencia útil. Todo lo dicho no significa que se deba
abandonar la noción de conocimiento, al contrario, hay que entenderlo con
criterio flexible y epocal, rechazando la eternización y universalización de lo
que es solamente válido para una determinada cultura o civilización.
En
todo caso lo se muestra perenne es la revelación y ocultación del Ser en la
historia humana. La existencia humana es el ineludible desocultar del Ser, como
condición de su conocer y hacer. De ahí que la filosofía se muestra como la
alétheia del logos, entendido como base universal y eterna de lo existente.
Ahora se comprende mejor que nuestro telón de fondo no es el racionalismo, el
empirismo, ni el pragmatismo, sino el existencialismo ontológico que funda la
existencia en el Ser.
Sin
embargo, si se preguntara si se ha elaborado una nueva concepción de la
filosofía en la investigación de la filosofía ancestral precolombina tendríamos
que ver con cierto detalle. En lo que hemos llamado la Primera Ola, el único
que responde con claridad es el Inca Garcilaso de la Vega cuando en sus Comentarios
Reales repite numerosas veces la fórmula los “Amautas filósofos”. Con ello
no sólo refleja tener conciencia de la importancia de la filosofía, sino de la
equivalencia del saber de los amautas con el tipo de saber filosófico. No en
vano fue el autor de la mejor traducción de los Diálogos de Amor de León
Hebreo. Y lo hace desde su perspectiva de la mentalidad renacentista
neoplatónica, donde cobra un especial énfasis la tercera hipóstasis, o sea, el
alma del mundo, sobre lo Uno y la Inteligencia. Esa manera de ver la Idea más
cercana a lo concreto es lo que predomina en la mentalidad neoplatónica del
Renacimiento. No obstante, hay un detalle particular en el Inca Garcilaso y es
que por su conversión al cristianismo es el exponente de un neoplatonismo
providencialista. En cambio, en Guamán Poma de Ayala, exponente de un
neoplatonismo mesiánico, y en Juan Santacruz Pachacuti, más cercano a la
cosmogonía inka, lo que encontramos es un elevado aprecio por el saber
autóctono, pero al que no llaman filosofía. Por lo demás, los propios cronistas
españoles -como Betanzos, Cieza de León, Polo de Ondegardo, Acosta, Molina,
Murúa, Oliva, Calancha y Cobo- no tuvieron reparo en comparar la similitud del
saber de los amautas con la filosofía europea.
Por
su parte, la Segunda Ola de 1965, en plena decadencia del Perú oligárquico, el
debate entre Antero Peralta y José Tamayo Herrera apenas avanza con la idea de
Peralta de que en los Inkas no se trató de filosofía teórica, sino de filosofía
práctica. Lo cual deja bastantes dudas en su justificación. Idea que viene
precedida por la indicación de Luis E. Valcárcel de buscar dicha filosofía en
la magia y religión. Sin embargo, sería en la década de los 90 donde las
posturas se volverían más enconadas y matizadas. Por un lado, se hallaban los
monoculturalistas eurocéntricos como Sobrevilla, Rivara, Peña Cabrera y Mejía,
que repetían el argumento diltheyano de “cosmovisión” sin negar que tenían
racionalidad, pero negaban la existencia de un criterio distinto de filosofía.
Por otro lado, estaba el grupo de los nativistas como Pacheco Farfán, Díaz
Guzmán, Víctor Mazzi y Flores Quelopana, que con distintos argumentos afirman
la existencia del filosofar precolombino. Pacheco coquetea con categorías
marxistas como la contradicción, y Díaz simplemente identifica la filosofía
inka con el mito sin mayor explicación. No obstante, en Mazzi hallamos dos
etapas bien definidas, una primera ingenua que detecta en Guamán Poma la
mención de un sabio llamado Juan Yunpa, con características similares a los
presocráticos, y, una segunda etapa en la que asume un etnocentrismo no
eurocéntrico. Incluso acepta que en el universalismo cultural inka no hay
separación entre logos y mytho. Su mayor esfuerzo se centra en la detección de
las fuentes que expliquen la presencia de la filosofía en los amautas,
reivindica la semejanza de familias reflexivas, la hermenéutica, la
inconmensurabilidad, la comparatividad y el contexto fonético del runasimi. Y a
pesar de todo es poco claro por qué llamar a ese saber tradicional como
filosofía.
Considero
que tal limitación se debe al pesado lastre de la idea peyorativa de Mito
heredado del Siglo de las Luces y que se retrotrae hasta la idea griega de
Logos como orden y razón. Había que romper con el racionalismo, el empirismo,
la epistemología y la lógica analítica para entender un orbe cultural
totalmente distinto al nuestro. La tarea de demostrar que en el mito hay una
forma peculiar y diferente de hacer filosofía porque el hombre es una criatura
filosófica, fue lo que me dio el leitmotiv para escribir la presente obra. Si
vemos que hubo y que en el futuro habrá distintas formas de hacer filosofía,
entonces se habrá entendido que la filosofía no es el ejercicio exclusivo de la
razón lógica, sino también de otras formas de racionalidades, otros logos,
diferentes y contrapuestas a la nuestra. Este era el horizonte que no podía ver
el nativismo afirmativo asuntivo, tan encerrado como estaba en reivindicar el
estatus filosófico de la filosofía ancestral perdía de vista una teoría de las
racionalidades filosóficas. Sin embargo, era la senda del desarrollo natural de
admitir el carácter universal del logos filosófico. Había que fundamentar la
filosofía mitocrática, como precedente del filosofar logocrático, para poder
ver que éstos eran solamente algunas de las formas que puede adoptar la
multivocidad y multiformidad de la filosofía misma. No comprender la
multiformidad de la filosofía conduce hacia el universalismo estrecho y el
falso origen occidental de la filosofía.
¿Pero
nuestra distinción de una Teoría de las racionalidades filosóficas no tropieza
acaso con la crítica de Quine entre distinciones de hecho y de lenguaje? ¿No
estaremos haciendo simplemente una distinción de lenguaje en vez de una
distinción de hecho? ¿No estaremos confundiendo las explicaciones causales con
la adquisición de una creencia teórica? ¿Haciendo de lado las evidencias
empíricas y los hechos no estamos convirtiendo a los procesos mentales en
engendradores de verdad? ¿No estaremos haciendo referencia a meros espíritus
conceptuales? ¿Hacer filosofía con meras proposiciones asertóricas no es recaer
en meras alucinaciones filosóficas? ¿Pero, también, no debemos de ponernos en
guardia ante los intentos de restablecer el Mito de lo Dado, criticado por
Sellars, ante problemas que no son meramente mentales, lingüísticos, ni
psicológicos? ¿No fue Quine quien atacó los dogmas del empirismo, en especial
el reductivismo verificacionista y la idea de verdad en virtud de su
significado? ¿No fue Davidson el que criticó la afirmación empirista de que la
experiencia o los hechos son lo que hace verdadera a una oración?
Demócrito
sugirió la existencia de los átomos y, sin embargo, la ciencia los admite a
pesar que ni se ven ni se verán nunca, a lo más que se puede llegar es ver un
átomo perturbado por la luz. De manera que ante el problema de ponerse a
elucubrar sobre algo sin evidencia empírica configura una conjetura que no pasa
de ser cierta. Cuando se demuestre su veracidad se convertirá en teorema y será
usado para demostraciones formales. Y dentro de esta conjetura el postular la
existencia de las racionalidades filosóficas no es hacer incurrir a la
filosofía en condiciones fantasmagóricas, sino insistir en categorías
ontológicas y metafísicas que no se reducen a una cuestión sociológica. ¿No
fueron Kuhn y Feyerabend con sus puntos de vista sobre la inconmensurabilidad
de las teorías alternativas quienes insinuaron que las únicas nociones de
“verdad” y “referencia” que entendemos son aquellas que se ponen en relación
con un “esquema conceptual”? ¿No son las racionalidades filosóficas “esquemas
conceptuales” epocales? Es obvio que para un realista el esquema conceptual es
una representación más precisa de la realidad, mientras que para un
antirrealista su sistema de referencia está ligada a una creencia cultural (tal
como lo sugieren Quine, Sellars, Kuhn, Feyerabend). Putnam trata de salir del
atolladero proponiendo desde la filosofía analítica la distinción entre una
teoría del significado “idealista” y “realista”. Pero su punto de vista no ha
tenido eco porque la mayoría de los filósofos no tienen dudas sobre la noción de
una teoría de las conexiones entre las palabras y el mundo. Mientras tanto
Rorty, y los pirronistas que le siguen, desde su nominalismo pragmático piensa
que una nueva teoría sobre la verdad no es más que un pequeño cambio sobre una
amplia red de creencias convenientes.
Que
el lenguaje humano no alcanza la verdadera realidad ya fue advertido por
Pitágoras, Platón, Plotino, Dioniso Areopagita, la Apologética, la Patrística,
la mística medieval, Bergson y Marcel. En realidad, la realidad excede el
lenguaje y su sentido no se agota en el sentido humano. Para salir del logos de
la logística, el neopositivismo, la filosofía analítica y el pragmatismo
rortyano hay que salir al frente reconociendo que, si bien el conocimiento y la
expresión son inseparables, no obstante, ni el conocimiento ni el lenguaje
revelan toda la realidad, la cual se va develando de continuo y
asintóticamente.
Por
ello, no sólo es importante reconocer la afinidad entre lenguaje y lógica
señalada por Chomsky, sino también mantener la distinción ontológica entre la
verdad del Ser y la verdad del conocer. Lo cual no significa necesariamente
hacer diluir escépticamente la verdad del conocer en una “creencia
conveniente”. Wittgenstein, Heidegger y Dewey criticaron la idea de que exista
fundamentos del conocimiento, pero ello no significa que el conocimiento sea
enteramente un constructo social. El conocimiento humano jamás es una
representación exacta de la realidad, pero ello no significa que no se conozca,
que se tenga que negar la correspondencia entre pensamiento y realidad y que la
representación por no ser exacta niegue la verdad. Eso es historicismo
relativista extremo. Pero nuestro relativismo ontológico sostiene que hay
verdad y conocimiento a pesar de que no exista representación exacta de lo
real. O sea, no sólo hay afinidad entre lenguaje y lógica, hay también
correspondencia entre pensamiento y realidad, simplemente que no es una
correspondencia total sino relativa y parcial. Es la única forma de evitar
tanto el dogmatismo del realismo tradicional como el escepticismo del
antirrealismo nominalista del logos de la logística y pragmática actual. De
manera que a este historicismo ontológico no se le podrá acusar de realismo
dogmático ni de historicismo relativista e irracionalista.
En
suma, no estamos confundiendo entre explicación privada y justificación pública
de esta teoría, ni nos ponemos en camino de colocar la semántica sobre la
ontología, ni nos contentamos con abandonar la epistemología por la
hermenéutica con el argumento que no hay esencia en todos los seres, ni hacemos
de la verdad y el conocimiento una cuestión de práctica social. Nuestro
criterio historicista es ontológico y, justamente por ello, no se recae en el
relativismo ni en la afirmación escéptica de que sólo hay creencias útiles en
vez de conocimiento. Pues, que el hombre no logre la representación exacta de
las esencias no significa que éstas no existan, ni que haya que abandonar la
búsqueda de la Verdad, la Objetividad, la Realidad y la Razón. Afirmar que en cada
tipo de racionalidad filosófica hay un conocimiento determinado no equivale a
decir que la Verdad es una representación exacta de la realidad, ni la mente un
espejo de la Naturaleza, como cree Rorty, sino tan sólo una aproximación. De
modo que el principio asintótico del conocimiento describe mejor el
historicismo ontológico de la racionalidad humana.
CUADRO N°4
FILOSOFÍA,
ANGELOLOGÍA Y DEMONOLOGÍA
1. En la teología
cristiana la angelología estudia diversos tipos de seres espirituales creados
que sirven y adoran a Dios. La demonología es la rama teológica que estudia a
los demonios y sus relaciones.
2. Ángeles y demonios
son seres espirituales sin cuerpo. Unos deciden por su propia voluntad e
inteligencia permanecer junto a Dios y los otros alejarse de Él.
3. En relación al
hombre los ángeles actúan como mensajeros, guardianes y protectores de Dios
preservando a las personas del daño. Los demonios no teniendo cuerpo no sienten
inclinación a ningún pecado corporal, pero sí intelectual. Pueden tentar a los
hombres a pecar con el cuerpo y con el pensamiento.
4. Ángeles y demonios
saben que Dios es su creador, pero sólo los primeros penetran en la esencia
divina y así el pecado pasa a ser imposible para ellos, En cambio los demonios
buscando convencerse que Dios no era Dios empezaron a odiarle, se deformaron en
ángeles caídos y entablaron un combate contra Dios mediante su voluntad e
inteligencia. En una palabra, los demonios son seres espirituales deformados en
su inteligencia y voluntad.
5. El demonio como
criatura espiritual piensa mucho en filosofía y teología. Pero sufre al arribar
intelectualmente a Dios. Pero no está sufriendo todo el tiempo. Simplemente
piensa.
6. El lenguaje de los
demonios es telepático, pensamiento en estado puro, tienen diálogo entre ellos
y se trasmiten razonamientos, imágenes, sentimientos, etc. Los cuales con
permiso de Dios pueden trasmitirlos al hombre por influencia interna o influencia
externa para tentarlo.
7. De entre todas las
actividades intelectuales humanas son los filósofos los que más expuestos se
encuentran al influjo intelectual de los demonios. La razón autónoma cae en el
engaño del Maligno.
8. Sócrates habló de
su daimon, Suárez habló del dios engañador, Descartes del genio maligno, Hobbes
del Leviatán, Nietzsche se expresó como un poseso y la mayor parte de los
filósofos contemporáneos van por la senda del ateísmo.
9. Sin duda, hay
filosofía cristiana y filosofía no es sinónimo de incredulidad y ser enemigo de
Dios. Razón y fe se complementan.
Post data
Por: Fernanda Iriarte
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E |
n el complejo y desafiante escenario del
pensamiento contemporáneo, Gustavo Flores Quelopana se erige como una figura
clave cuya obra resuena en las esferas académicas y filosóficas de América
Latina y el mundo. Nacido en Lima en 1959, Flores Quelopana ha dedicado su vida
a explorar los márgenes de la filosofía, expandiendo sus límites y proponiendo
perspectivas renovadoras. Como expresidente de la Sociedad Peruana de Filosofía
y presidente en tres ocasiones de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA-Perú),
su labor académica y docente lo ha llevado a disertar en universidades de
Colombia, Panamá, México y Perú. Estas credenciales, junto con su prolífica
obra que abarca más de una docena de libros, lo convierten en una voz
autorizada para abordar los desafíos filosóficos del presente.
“Filosofía:
Enigma, Misterio y Problema” es una obra que, fiel a la tradición filosófica,
pero profundamente innovadora, nos invita a reconsiderar la naturaleza misma de
la filosofía. Este libro no solo indaga sobre el origen de la filosofía, sino
que cuestiona las concepciones predominantes al proponer una Teoría General de
la Filosofía (TGF). Desde una posición descolonizadora, Flores Quelopana
desarma las nociones etnocéntricas que han dominado el discurso filosófico
occidental, reivindicando la diversidad y riqueza de las tradiciones no
europeas. La obra se estructura como un viaje intelectual que aborda temas como
la onto-ética, la relación entre la filosofía y la verdad, y los desafíos
epistémicos de la era digital. Con un estilo que equilibra el rigor académico y
una prosa accesible, el autor logra conectar con una amplia audiencia, desde el
lector especializado hasta el curioso por los grandes interrogantes de la
humanidad.
La motivación
de Flores Quelopana para escribir esta obra trasciende el ámbito académico. En
un tiempo caracterizado por el pragmatismo, el nihilismo y la fragmentación del
conocimiento, el autor busca rescatar la filosofía como un ejercicio
esencialmente humano. Su análisis no solo denuncia la crisis epistémica de la
modernidad occidental, sino que también propone una filosofía que no se limite
a lo teórico, sino que se constituya como una herramienta para enfrentar los
desafíos éticos, culturales y espirituales del presente. En sus páginas, Flores
Quelopana muestra cómo el filosofar no es un lujo ni un mero ejercicio
literario, sino una necesidad inherente a la condición humana, un medio para
trascender las incertidumbres y contradicciones que nos definen.
El tono de esta
obra es profundamente reflexivo y provocador, desafiando al lector a abandonar
las certezas fáciles y a abrazar la incertidumbre como un terreno fértil para
el pensamiento. Desde sus primeras líneas, Flores Quelopana plantea preguntas
fundamentales que invitan al lector a explorar los misterios y problemas que
han acompañado a la humanidad desde sus orígenes. El autor no pretende ofrecer
respuestas definitivas, sino abrir caminos de reflexión que desafían los
paradigmas establecidos y cuestionan los supuestos que damos por sentados.
“Filosofía:
Enigma, Misterio y Problema” también se distingue por su énfasis en la
dimensión ética de la filosofía. Para Flores Quelopana, la filosofía no es solo
un acto de conocimiento, sino una forma de ser y de actuar en el mundo. En sus
páginas, encontramos una crítica contundente al capitalismo digital y su
impacto deshumanizador, así como una defensa apasionada de la capacidad del
pensamiento filosófico para resistir a la alienación y la banalidad de nuestra
era. Este libro es, en esencia, una invitación a recuperar el horizonte de lo
universal y lo verdadero, a resistir la tentación de reducir la filosofía a una
mera herramienta pragmática o a un simple ejercicio intelectual.
Al abrir estas
páginas, el lector se embarcará en un viaje intelectual que no solo desafía su
entendimiento, sino que también lo interpela como ser humano. Este libro es una
obra que trasciende los límites del género académico para convertirse en una
declaración de principios: la filosofía, en palabras de Flores Quelopana, no es
un accidente en la historia humana, sino su acontecimiento decisivo. Y es
precisamente esa afirmación la que convierte a esta obra en una lectura
indispensable para quienes buscan comprender el papel de la filosofía en un
mundo en constante transformación.
Colofón
kenótico
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F |
ilosofar ha sido para mí un acto de
vaciamiento y apertura, un gesto kenótico que me ha descentrado de las
seguridades heredadas para situarme en la intemperie del sentido. La filosofía,
liberada de las clausuras eurocéntricas y del racionalismo autosuficiente, se
revela como necesidad existencial, como ontoética que vincula ser y ética,
trascendencia e inmanencia, razón y fe. En este horizonte, filosofar es
kenosis: despojarse de la pretensión de dominio, renunciar a la idolatría del
poder técnico y abrirse a la comunión con los otros y con el Otro.
He querido mostrar que la
filosofía no comienza con los griegos ni se agota en las narrativas modernas,
sino que brota de la condición humana como acto originario de donación y de
búsqueda. La Teoría General de la Filosofía que aquí se propone no es un sistema
cerrado, sino un camino para reconocer la multivocidad y la universalidad del
pensamiento, para acoger la pluralidad de formas del filosofar y para afirmar
que toda racionalidad auténtica nace del vaciamiento de sí y de la apertura al
misterio. Así, la kenosis se convierte en categoría universal: no solo
teológica, sino filosófica, capaz de reconciliar historia y eternidad, libertad
y ética, razón y esperanza.
Por eurocentrismo entiendo
la reducción de la filosofía a un canon occidental que absolutiza la
experiencia griega y moderna como origen y medida de toda racionalidad, negando
la pluralidad de tradiciones y la universalidad del sentido. Desenmascarar este
eurocentrismo ha sido kenosis porque me obligó a vaciarme de la pretensión de
centralidad y abrirme a la comunión de diferencias. Pero este
desenmascaramiento no significa asumir sin más el multiculturalismo ni el
interculturalismo, pues ambos permanecen en el plano de la yuxtaposición o del
intercambio horizontal de perspectivas. La kenosis exige más: no sustituir un
centro por muchos centros, ni celebrar la diversidad como fin en sí mismo, sino
vaciar toda pretensión de hegemonía para que la verdad se manifieste como
universalidad compartida. La crítica al racionalismo ha sido también un acto
kenótico. He debido abandonar la idolatría de la razón reducida a cálculo y
técnica, comprendiendo que la filosofía no es dominio ni posesión, sino
donación y apertura. Pensar es entregarse, y la verdad se manifiesta en la
paradoja y en la relación. Este vaciamiento no me ha conducido al relativismo,
porque la kenosis no es disolución de la verdad en opiniones fragmentarias,
sino apertura a su multiforme manifestación. La razón kenótica no abdica de la
verdad, sino que la busca en la tensión entre inmanencia y trascendencia, entre
libertad y ética, superando tanto el dogmatismo como el relativismo.
Liberarme del eurocentrismo
ha significado reconocer que la filosofía no comenzó con los griegos ni se
agota en las narrativas modernas, sino que es comunión de tradiciones y
multiformidad que se enriquece en la diferencia. Filosofar, en este horizonte, es
vaciarse de la pretensión de centralidad y abrirse a la alteridad, a la
historia, a la pluralidad de culturas y experiencias. Solo en ese vaciamiento
la filosofía se rehumaniza y se convierte en acto de esperanza. Si bien es
cierto que a lo largo de este ensayo no se hizo uso explícito de la palabra
kenosis, al escribir recientemente el libro Ontología de la kenosis me
he dado cuenta de la naturaleza kenótica del filosofar mismo. El ejercicio de
pensar, de descentrar la razón, de abrirla a la comunión y a la trascendencia,
ha revelado que la kenosis no es solo categoría teológica ni metáfora
espiritual, sino el núcleo mismo del filosofar: vaciamiento que libera,
renuncia que humaniza, apertura que inaugura un nuevo comienzo para la razón y
para la vida.
Mi filosofar ha sido un
acto kenótico que me ha liberado de las idolatrías del eurocentrismo y del
racionalismo, sin recaer en el relativismo ni en el multiculturalismo
superficial. En el vaciamiento he encontrado plenitud, porque la filosofía se
ha mostrado como ontoética, como necesidad vital, como acto de comunión con los
otros y con el Otro. Filosofar ha sido para mí un despojo que libera, una
renuncia que humaniza, una kenosis que inaugura un nuevo comienzo para la razón
y para la vida.
Filosofar
es kenosis por razones que atraviesan todas las dimensiones del ser y de la
historia: en el plano metafísico,
porque el ser finito se manifiesta como don en su apertura y dependencia,
mientras que el ser infinito —Dios— se revela como plenitud absoluta de
donación, cuya perfección consiste en vaciarse hacia la creación y sostenerla
en gracia; en el plano ontológico,
porque la existencia humana no es clausura autosuficiente, sino apertura
constitutiva que se realiza en comunión; en el plano teológico, porque la verdad última se revela en la
kenosis del Logos, que se abaja y se entrega en la historia; en el plano ético, porque solo en la renuncia a la
autosuficiencia se inaugura la libertad que hace posible la justicia y la
responsabilidad; en el plano antropológico,
porque el ser humano no es individuo cerrado, sino apertura relacional hacia
los demás y hacia el Otro; en el plano escatológico,
porque la esperanza se funda en el vaciamiento de las seguridades históricas y
en la promesa de plenitud que trasciende la muerte y se consuma en la gloria; y
en el plano histórico, porque
desenmascarar el eurocentrismo y el racionalismo abre la posibilidad de un
nuevo comienzo para la filosofía, capaz de reconciliar las tradiciones y de
rehumanizar la razón. En todos estos niveles, la kenosis se revela como el
núcleo del filosofar: vaciamiento que libera, renuncia que humaniza, apertura
que inaugura comunión y esperanza.
La
comprensión de la filosofía como kenosis abre un horizonte de interrogaciones
radicales que intensifican el pensar en todas sus dimensiones. ¿Cómo se
articula el ser finito, en su condición de don recibido, con el ser infinito,
plenitud absoluta de donación, y de qué modo este vínculo redefine la metafísica como apertura y no como clausura? ¿Qué
significa que la existencia humana, concebida como apertura kenótica,
transforme la noción misma de ser y desplace la idea de sustancia
autosuficiente hacia una ontología
relacional? ¿De qué manera la kenosis divina ilumina el filosofar y qué
relación guarda con la revelación y la trascendencia en el plano teológico? ¿Cómo la renuncia a la autosuficiencia
inaugura la libertad y la justicia, y cómo esta apertura se traduce en
responsabilidad histórica y política en el ámbito ético? ¿Qué implica concebir al ser humano como
apertura relacional y no como individuo cerrado, y cómo esta visión kenótica
redefine la noción de persona en clave antropológica?
¿Cómo se vincula el vaciamiento de las seguridades históricas con la esperanza
de plenitud que trasciende la muerte, y qué horizonte inaugura para la
filosofía de la historia en su dimensión escatológica?
¿Qué significa desenmascarar el eurocentrismo y el racionalismo sin recaer en
relativismo ni en multiculturalismo superficial, y cómo este gesto inaugura un
nuevo comienzo para la filosofía en comunión de tradiciones en el plano histórico? Todas estas preguntas revelan que
filosofar como kenosis no es clausura, sino tránsito permanente, apertura
radical y comunión universal, donde la pregunta misma se convierte en don y en
esperanza.
La
comprensión de la filosofía como kenosis abre un horizonte de interrogantes que
no se cierran en sí mismos, sino que reclaman respuestas provisionales, siempre
abiertas, siempre en tránsito. En el plano metafísico
puede decirse que el ser finito se manifiesta como don porque no se basta a sí
mismo y se sostiene en la apertura, mientras que el ser infinito se revela como
plenitud absoluta de donación, de modo que la kenosis funda la posibilidad de
pensar la metafísica como relación y no como sustancia cerrada. En el plano ontológico la existencia humana se comprende como
apertura kenótica, como ser que se constituye en comunión y no en aislamiento,
y esta condición redefine la noción de ser hacia una ontología relacional. En
el plano teológico la kenosis divina
ilumina el filosofar porque el Logos que se abaja muestra que la verdad última
no se impone como poder, sino que se entrega como don, y en esa entrega se
convierte en principio universal de toda racionalidad. En el plano ético la renuncia a la autosuficiencia inaugura la
libertad y la justicia, porque solo en el vaciamiento de la pretensión de
dominio se abre la posibilidad de la responsabilidad y de la solidaridad. En el
plano antropológico el ser humano
se revela como apertura relacional, como persona que no se define por la
clausura individual, sino por la comunión con los demás y con el Otro, y esta
visión kenótica transforma la comprensión de la persona en clave de donación.
En el plano escatológico el vaciamiento
de las seguridades históricas se vincula con la esperanza de plenitud que
trasciende la muerte, mostrando que la kenosis funda la promesa de consumación
en la gloria y abre la filosofía a la dimensión de la esperanza. En el plano histórico desenmascarar el eurocentrismo y el
racionalismo sin recaer en relativismo ni en multiculturalismo superficial
significa abrir la posibilidad de un nuevo comienzo para la filosofía, capaz de
reconciliar las tradiciones y de rehumanizar la razón. Estas respuestas
provisionales no cierran las preguntas, sino que las intensifican, mostrando
que filosofar como kenosis es vivir en el tránsito, en la apertura y en la
comunión, donde cada respuesta es don y cada pregunta es esperanza.
El
objetivo supremo que se tuvo al escribir este libro puede expresarse en una
sola palabra, pero esa palabra se expande en una constelación de sentidos que
la hacen densa y fecunda: comunión.
Comunión no entendida como mera coexistencia de diferencias ni como
yuxtaposición multicultural, sino como participación en la verdad que se revela
como don compartido, como apertura kenótica que despoja a la razón de su
pretensión de dominio y la convierte en acto de entrega. Comunión que es
metafísica porque vincula el ser finito con el ser infinito en la dinámica de
la donación; ontológica porque redefine la existencia como apertura relacional;
teológica porque reconoce en la kenosis del Logos el principio universal del
pensar; ética porque inaugura la libertad y la justicia en la renuncia a la
autosuficiencia; antropológica porque concibe al ser humano como persona
abierta y no como individuo cerrado; escatológica porque funda la esperanza en
la consumación que trasciende la muerte; e histórica porque desenmascara el
eurocentrismo y el racionalismo para abrir un nuevo comienzo en la comunión de
tradiciones. Comunión es, en este sentido, la palabra que condensa la finalidad
última de este libro: mostrar que filosofar es kenosis, y que la kenosis, al
vaciar toda pretensión de hegemonía, inaugura la posibilidad de una razón
reconciliada con la vida, con la historia y con la trascendencia, una razón que
se convierte en acto de esperanza y en irradiación de sentido compartido.
La
definición clásica de la filosofía la concibe como amor al saber, como búsqueda
de la sabiduría que se despliega en la tensión entre conocimiento teórico y
sabiduría práctica, y que se esclarece en el curso histórico del filosofar. En
esa perspectiva, la filosofía aparece como disciplina que se interroga por sus
orígenes, por sus divisiones internas y por el sentido de su propio nombre,
situándose en el horizonte de la tradición griega y en la continuidad de su
desarrollo. Nuestra comprensión kenótica, en cambio, desplaza el eje hacia la
donación originaria: filosofar no es simplemente amar el saber, sino
vaciarse de la pretensión de dominio y abrirse a la comunión universal. En
este horizonte, el ser finito se manifiesta como don recibido y el ser infinito
como plenitud absoluta de donación, de modo que la filosofía se convierte en
acto de apertura y no en clausura. La existencia humana se entiende como
apertura relacional, la verdad como don compartido, la razón como entrega y no
como cálculo, la historia como desenmascaramiento de hegemonías y la esperanza
como consumación que trasciende la muerte. Mientras la definición tradicional
se centra en el origen griego y en la tensión entre saber y sabiduría, nuestra
propuesta kenótica afirma que filosofar es comunión, es decir, participación en
la verdad como don compartido, reconciliación de historia y eternidad, libertad
y justicia, razón y trascendencia. En este contraste se revela que la
filosofía, más allá de su etimología y de su canon, es kenosis: vaciamiento que
libera, renuncia que humaniza, apertura que inaugura un nuevo comienzo para la
razón y para la vida.
Si
filosofar es abrirse a la comunión universal, si es renuncia que humaniza y
vaciamiento que libera, entonces se comprende por qué hemos postulado la
existencia de una filosofía del hombre
prehistórico. En efecto, el pensar no comienza con Grecia
ni con los sistemas conceptuales posteriores, sino que se inscribe en la
condición humana desde sus orígenes más remotos: allí donde el hombre
prehistórico, en su relación con la naturaleza, con la muerte, con el misterio
y con los otros, se vio obligado a abrirse a un sentido que lo trascendía y a
renunciar a la autosuficiencia para acoger la vida como don. Esa filosofía
originaria no se expresó en tratados ni en categorías abstractas, sino en
símbolos, ritos, gestos y silencios que revelaban la kenosis del existir: la
conciencia de la propia fragilidad, la apertura a lo sagrado, la comunión con
la tierra y con la comunidad. Reconocer la filosofía del hombre prehistórico es
afirmar que el filosofar no es privilegio de una cultura ni de una época, sino
acto kenótico inscrito en la humanidad misma, donde el vaciamiento de la
pretensión de dominio inaugura la posibilidad de la verdad como don compartido
y esperanza universal.
CONTENIDO
Palabras
del Editor
Estudio
Introductorio por Aldo Llanos Marín
Introito
5
FUNDAMENTO
ONTOLÓGICO-SINCRÓNICO
Libro
Primero
FILOSOFÍA
COMO ONTOÉTICA
Prólogo
7
1. Trascendencia e
inmanencia
2. Ontoética y
metafísica trascendentalista
3. Filosofía y
ontoética
4. Ontoética y
filosofar
Colofón
Bibliografía
CUADRO N°1
La pregunta no eurocéntrica
Libro
Segundo
TEORÍA
GENERAL DE LA FILOSOFÍA
Prólogo
150
Primera I
Las Teorías del Filosofar
CAPÍTULO I. La Teoría restringida
CAPÍTULO II. La Teoría ampliada
CAPÍTULO III. La
Teoría general (i)
CAPÍTULO IV. La Teoría general (ii)
Segunda II
Las Formas del Filosofar
CAPÍTULO V. Filosofía Numinocrática
CAPÍTULO VI. Filosofía Mitomórfica
CAPÍTULO VII. Filosofía Mitocrática
CAPÍTULO VIII. Filosofía Logocrática
Tercera III
Las Leyes del Filosofar
CAPÍTULO IX. Bipolaridad
CAPÍTULO X. Multivocidad y multiformidad
CAPÍTULO XI. Universalidad
Conclusión
Filosofía como necesidad existencial
CUADRO N°2
La filosofía hermenéutica remitizante
SEGUNDA PARTE
FUNDAMENTO DIACRÓNICO
Libro Tercero
EN TORNO AL UNIVERSALISMO
FILOSÓFICO
Universalismo
eurocéntrico
Nativismo
filosófico particularista
Universalismo
filosófico
Universalismo
filosófico y rehumanización
Notas
Bibliografía
CUADRO
N°3
Crítica
al eurocentrismo filosófico
Libro Cuarto
POR QUÉ FILOSOFAMOS
Preámbulo
1. ¿Del Mito al Logos?
2. Ruptura mítico-andina entre lo ontológico e histórico
3. De mito al filósofo primitivo
4. Dimensión ontológica del filosofar
Bibliografía
EPÍLOGO
Historicismo
ontológico de racionalidad filosófica
CUADRO
N°4
Filosofía
angelología y demonología
Post Data por Fernanda Iriarte
Colofón
kenótico
}
[1] Cfr. Lo santo. Lo racional y
lo irracional en la idea de Dios, fue publicado inicialmente en 1917.
[2] Diógenes Laercio, Vidas
y opiniones de los filósofos ilustres, I, 12, pág. 46. Alianza editorial,
Madrid, 2019.
[3] J. Mejer, Diogenes
Laertius and his hellenistic Background, Wiesbaden, 1978; M. Gigante, Diogene
Laerzio, storico del pensiero antico, Nápoles, 1986.
[4] Dhavit Prem, Yupana
Inka. Decodificando la matemática inka. Método Tawa Pukllay, Asociación
Yupanki, Lima, 2023. Dhavit Prem es el descubridor-inventor del método Tawa
Pukllay, se trata de un algoritmo que no siguiendo el pensamiento arábigo
decodifica la matemática inka hasta decimales y un aproximado al número pi. Si
la Yupana permite dicho cálculo no es improbable que los Inkas lo hicieran.
Expone que se trata de un modo de pensar no lineal, no deductivo e intuitivo.
Lo cual indicaría que los Inkas y su matemática fueron adelantados de la
matemática intuitiva y no deductiva. Su propuesta llega más lejos de los
planteamientos de especialistas como Hugo Pereyra, Carlos Hernández, Andrés
Chirinos, Gary Urton y Williams Burns.
[5]
E. T. Bell. Historia
de las matemáticas. FCE, México, 2010. Para Bell la historia de las matemáticas tiene siete etapas y la
primera, que aparece en Babilonia y Egipto, es empírica. Lo cual estimo
limitante y que no se condice con las evidencias líticas, pictográficas y de
arte rupestre de la prehistoria. Resulta interesante cómo Bell señala que,
desde la teoría de la probabilidad, el método estadístico, la incertidumbre y
los números irracionales se derrumba la matemática deductiva, arrastrando a
Pitágoras, Aristóteles y Kant. La matemática futura se encamina hacia un pensar
menos deductivo y más intuitivo, cualitativo e imaginativo. Será -pienso- una
vuelta a los orígenes intuitivos de la prehistoria, pero en una versión
cualitativamente diferente y enriquecida. Ha vuelto el antiguo tirano: el azar.
Pero, quizá, el mayor misterio siga siendo que el hombre haga matemáticas.
[6] Nicola Abbagnano,
Diccionario de Filosofía, FCE, 1993, p.538.
[7] Jesús Mosterín, El
pensamiento de la India, Aula Abierta Salvat, Barcelona 1985.
[8] Pe. Waldomiro O.
Piazza, SJ. Religiones de la humanidad (en portugués), Edición Loyola,
Sao Paulo, 1995.
[9] Una propuesta
animista fue presentada durante el XI Congreso Regional del Norte del Perú,
realizado en la ciudad de Trujillo, el pasado mes de noviembre del 2023, por el
profesor sanmarquino Zenón Depaz presentando el cosmocentrismo animista como la
base para una cosmopolítica andina. Considero que la gravedad de destrucción
ecológica es un factor que precipita incurrir en soluciones regresivas y
antihistóricas como la de la resurrección del animismo cosmocéntrico.
[10] E. Bréhier, Historia
de la filosofía desde la Antigüedad hasta el siglo XVII, dos tomos Tecnos,
1988.
[11] Mariano Iberico, La
Aparición. Lima, Imprenta Santa María, 1950.
[12] Paul Ricoeur, Finitud
y culpabilidad, Taurus, España, 1982.
[13]
Wagner de Reyna. La
poca Fe. ISPEC, Lima, 1993.
Lo fascinante de esta su última obra es que aborda coherentemente una variedad
de temas fundamentales. No duda en afirmar que hay que restaurar lo mítico en
su dignidad lógica, pero tampoco tiene reparos en sostener que la razón es
importante y el racionalismo es dañino al excluir la fe. Su conclusión es
categórica: el hombre de hoy no sólo está afectado de poca fe, sino también de
poca razón.
[14]
Carl G. Jung. El hombre y sus símbolos. Paidós,
Barcelona, 1985. Que el inconsciente crea símbolos es poco cuestionable, pero
es exagerado que a Jung se le considere indebidamente como el rescatador de la
realidad del alma para el hombre moderno. Pues en realidad, su alma no remite a
ningún mundo trascendente, ni a un Dios que no se reduzca a la realidad de la
psique. En este sentido, Jung a pesar de todo el esoterismo de sus dos mentes
-consciente e inconsciente- se mantiene en el horizonte moderno de la imagen
del mundo inmanentista y secularizado.
[15]
Esta correspondencia sólo puede ser aproximativa y
nunca exacta.
[16] W. Jaeger, La
teología de los primeros filósofos griegos, FCE, México, 1952.
[17] José Ortega y
Gasset, Origen y epílogo de la filosofía, Revista de Occidente, Madrid,
1972.
[18] Arnold Toynbee,
La civilización helénica, Emecé editores, Buenos Aires, 1960.
[19] Heinz Heimsoeth, Los
seis grandes temas de la metafísica occidental, Revista de Occidente,
Madrid, 1974.
[20] Rodolfo Mondolfo, El
Infinito en el pensamiento de la Antigüedad clásica, Ediciones Imán, Buenos
Aires, 1952.
[21] W. Jaeger, Paideia.
FCE, México, 2015.
[22] Paul Hazard, La
crisis de la conciencia europea, Alianza editorial, 1988.
[23] Hugh Thomas, Imperio
español de Carlos V y la Conquista de América, Editorial Crítica, España,
2013.
[24] José de Acosta. De
Historia natural y moral de las Indias, en: Obras del Padre José de Acosta,
pág. 142, Atlas, Madrid, 1954.
[25] Alfredo Torero. Idiomas
de los Andes. Horizonte, Lima, 2005.
[26] Rodolfo Cerrón
Palomino. Las lenguas de los Incas: el puquina, aimara y quechua.
Frankfurt: Peter Lang editor, 2012.
[27] Víctor Mazzi,
Inkas y filósofos, Gráfica Rinconada, Lima, 2016.
[28] Pablo Quintanilla,
H. Clark Barret, Michael L Cepek, Emanuele Fabiano y Edouard Machery, editores.
Epistemologías andinas y amazónicas, PUCP, Lima, 2023.
[29] Max Müller. Historia
de las religiones. Albatros, Buenos Aires, 1945.
[30] El escritor
andinista peruano Hugo Chacón ha propuesto este término pata describir la
religión andina precolombina en su obra Filósofos Andinos. Garcilaso
de la Vega, Guamán Poma de Ayala, Juan Santa Cruz Pachacuti, José María
Arguedas, p. 13, Aleph impresiones, Lima, 2021.
[31] Mircea Eliade. Iniciaciones
místicas. Taurus, Madrid, 1984.
[32]
René Guénon. La crisis del mundo moderno. Moca
Azul editores, Lima, 1975
[33] El misterioso
personaje Antarqui aparece en la crónica de Pedro Sarmiento de Gamboa, como un
nigromante que volaba por los aires y que acompaña al conquistador Inca Túpac
Yupanqui asegurándole, previo viaje extático, que sí existían aquellas islas
relatadas por los mercaderes, y por ello el historiador José Antonio del Busto
Duthurburu considera a dicho inca ser el descubridor de Oceanía (Túpac
Yupanqui descubridor de Oceanía, Fondo editorial del Congreso del Perú,
Lima 2006).
[34] Gerald Taylor. Huarochirí.
Ritos y tradiciones. IFEA-Lluvia editores, Lima, 2001.
[35] Manuel Marzal. Tierra
encantada. Tratado de antropología religiosa en América Latina.
Madrid-Lima, Trotta, 2002.
[36] Federico García y Pilar Roca, Pachakuteq. Una aproximación a la
cosmovisión andina. Juan Gutenberg editores, Lima, 2004.
[37] Víctor Mazzi y
Alberto ángeles. Mito y racionalidad en el Manuscrito quechua de Huarochirí.
K´ollana ediciones, Lima, 1995.
[38] Zenón Depaz Toledo.
La cosmo-visión andina en el Manuscrito de Huarochirí. Perfecto Vicio
editores, Lima, 2015.
[39] Ana María Gálvez,
Chuqui Chinchay. Deidad del agua. Animal de poder en la cosmovisión andina.
Sinco editores. El gran aporte de la autora es la recuperación para la
cosmovisión andina del gato montés u oscollo como el Qoa o animal
mitológico que representa la deidad del agua. Este animal de poder es de
carácter panandino y se remonta al paleolítico superior en pinturas rupestres.
Su huella se perdió porque los españoles lo identificaron con el demonio de los
hechiceros. Su obra lo reconoce como el felino volador de la fauna cósmica
sagrada junto al cóndor y la serpiente. Su predominio iconográfico en
petroglifos, textiles, ceramios y arquitectura es reconocible. Es un animal de
poder central en el oficiante, sacerdote o chamán. En la sociedad teocrática agrocéntrica
cobró importancia central para pedir lluvia, impedir la granizada que destruía
sembríos y otros fines esotéricos.
[40] Mircea Eliade. El
mito del eterno retorno. Arquetipos y repetición. Alianza, 1992.
[41] Rodolfo Sánchez
Garrafa es autor de tres libros decisivos: Apus de los cuatro Suyus.
Construcción del mundo en los ciclos mitológicos de las deidades montaña.
IEP, 2014; Los Ayar. La refundación del centro del mundo. Bisonte
editorial, 2020; y Muerte y mundo subterráneo en los Andes. Bisonte
editorial, 2022. Con lucidez etnohistórica el autor evidencia las categorías
centrales que presiden la mitología andina: tiempo cíclico, arquetipos y
repetición. Lo que para la comprensión filosófica encuentra especial
significación para comprender la filosofía mitocrática precolombina.
[42] Diego González
Holguín. Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua
Quechua o del Inca. UNMSM, Lima, 1989.
[43] La más fidedigna
traducción que hallo sobre la palabra quechua Pachacamac es la ofrecida
por el Inca Garcilaso en los Comentarios reales, allí lo vierte como
Vivificador del Mundo. O sea, dicha deidad dota de vida a lo que previamente no
tenía vida. Es decir, a la materia inanimada. Es ostensible la presencia tanto
del dualismo metafísico entre lo vivo y lo muerto como el principio Nihil ex
nihilo.
[44] Blas Valera. Las
costumbres antiguas del Perú y La historia de los Incas. Colección Pequeños
grandes libros de historia americana, serie 1, tomo viii, Lima, 1945.
[45] Leopoldo Zea
(compilador). Ideas y presagios del descubrimiento de América. FCE,
México, 1991.
[46] Ibidem.
[47] Gerald Taylor,
Introducción a la lengua quechua. IFEA-Lluvia editores, Lima, 2001.
[48] Kant. Crítica
del Juicio. Austral, Madrid, 2007.
[49] Mario Mejía Huamán,
Teqse. La cosmovisión andina y las categorías quechuas como fundamentos para
una filosofía peruana y de América Latina. URP, Lima, 2011.
[50] Mario Mejía Huamán,
“El concepto de sabiduría y verdad en el pensamiento andino” en:
Filosofía cristiana y desarrollo del hombre, pp.207-211. Conferencias de la
Primera Semana Internacional de Filosofía Cristiana. ACAPEF, Lima, 1992.
[51] Ibid. pp. 263-325.
[52]
En el libro Epistemologías Andinas y Amazónicas
(P. Quintanilla, compilador) Luis Andrade Ciudad presenta un interesante
análisis en su trabajo: “Algunas ideas sobre Yachay y Musyay en las lenguas
quechuas” para resaltar la diversidad semántica; y Luis Mujica y Gavina Córdova
con “Riqsiy, Yachay, Musyay, Uyariy ima. Acerca de los conocimientos, saberes y
las comprensiones quechua”, destaca la centralidad de estos conceptos para
entender la epistemología andina.
[53]
Sobre este punto Carlos Reyes
Álvarez presentó una interesante tesis de licenciatura de Filosofía intitulada
“De una ontología negativa a una positiva de la materia. Propuesta de nueva
periodificación del pensamiento filosófico de Mariano Iberico” (UNMSM,
2023).
[54] María Flores
Gutiérrez. Filosofía intercultural y el Allin Kawsay (Vivir Bien Andino) en
el diálogo de razones. Editorial San Marcos, Lima, 2019.
[55]
Rodolfo Kusch. América Profunda. Editorial
Biblos, 1962
[56]
Antenor Orrego. Hacia un Humanismo Americano.
Editorial Mejía Baca, Lima, 1966.
[57] Véase mi libro
Carta sobre la metafísica (2021).
[58] Véase mis obras: Filosofía
prehistórica (2018), Teoría General de la Filosofía (2021) y El
Universalismo Filosófico (2023).
[59] Miguel León
Portilla. La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. UNAM, México,
1993.
[60] Joseph Estermann. Filosofía
andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina. Autoedición
Abya-Yala, Quito, 1998.
[61] Jean Poirier. Una
historia de la etnología. FCE, México, 1992.
[62] J. S. Kahn
(compilador). El concepto de cultura: textos fundamentales. Escritos de
Tylor, Kroeber, Malinowski, White y Goodenough. Editorial Anagrama,
Barcelona, 1975
[63] Lévi-Strauss. El
pensamiento salvaje. FCE, México, 2009.
[64] Véase mis obras: Carta
sobre la metafísica (2021), Antropología sin antropocentrismo. El
mundo como bondad y compasión. (2022), La paradoja antrópica. Hecatombe
de la crisis ambiental (2022).
[65] Paul Radin. El
hombre primitivo como filósofo. Eudeba, Buenos Aires, 1960.
[66] Placide Tempels. La
filosofía bantú. Exodus, 2022.
[67] David Sobrevilla. Repensando
la tradición de Nuestra América. Estudios sobre la Filosofía en América Latina.
BCR Fondo editorial, Lima, 1999.
[68] María Luis Rivara
de Tuesta, Pensamiento prehispánico y filosofía colonial en el Perú,
tomo I, FCE, Lima, 2000.
[69] A. Salazar Bondy. La
filosofía en el Perú. Studium. Pág. 10, Lima, 1967.
[70] “Los
neandertalenses pintaron el arte rupestre más antiguo del mundo. Hace 65 mil
años”, artículo de Josep Corbella. Diario La Vanguardia, 23.02.2018.
[71] Jean Clottes y
David Lewis-Williams. Los chamanes de la prehistoria. Ariel, España,
2010.
[72] La reiteración de
formas geométricas a lo largo de las diversas culturas del arte precolombino me
hace sugerir la idea que se trata no sólo de estética, sino de trasposición de
la primera fase de la visión chamánica.
[73] Esta idea es
formulada por Mircea Eliade en El chamanismo y las técnicas arcaicas de
éxtasis. FCE, México, 1996.
[74] Xavier Zubiri. Naturaleza,
Historia y Dios. Alianza editorial-Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1994.
[75]
Pedro Favaron. Las visiones y los mundos. Sendas
visionarias de la Amazonía occidental. CAAAP, Lima 2017.
[76] José Antonio Russo
Delgado. Los Presocráticos I. El Principio. Fuentes. Antecedentes-Milesios,
Pitágoras-Jenófanes. UNMSM, Lima, 1988.
[77] J. A. Russo
Delgado. El Logos. Heráclito. Págs. 60-62, UNMSM, Lima, 2000. Afirma que
Heidegger en su Introducción a la metafísica niega que el logos de
Heráclito, San Juan y Justino sean el mismo -ley del universo es la misma
esencia de Dios-. Y lo hizo por temor y por convicción nazi antijudía. Para
Russo el Dios-Unidad de Heráclito es el mismo Dios-amor del cristianismo.
[78] J. A. Russo
Delgado. Lo Que Es. Los eleatas. Parménides-Zenón-Melisso. UNMSM, Lima,
1991.
[79] Véase mi libro Teoría
general de la Filosofía (2023).
[80] Max Weber. Economía
y sociedad. FCE, Madrid, 1993.
[81] Morris Berman. Historia
de la conciencia. Editorial Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 2004. El
título original de la obra es Wandering God. A study in Nomadic Spirituality
o Dios errante. Un estudio de la espiritualidad nómada. Con ello
busca destacar el contraste entre la conciencia del cazador recolector y la
conciencia sedentaria propia de la civilización.
[82] Véase Wilbur
Marshall Urban. Lenguaje y realidad. FCE, 1979; y mi libro Crítica de
la razón mística, Iipcial, 2014.
[83] Aristóteles. Metafísica,
983, 11.
[84] En este punto hay
que recordar que mientras Max Scheler plantea panteístamente que el hombre
engendra a Dios (El puesto del hombre en cosmos, Losada, Buenos Aires,
1974,) para nosotros es el hombre el que colabora con el impulso divino, más no
lo engendra.
[85] Richard Rorty. La
filosofía y el espejo de la naturaleza. Cátedra, Madrid, 1989.
[86] Gilles Lipovetsky, La
era del vacío, Anagrama, 2003; Zygmunt Bauman, La modernidad líquida,
FCE, 2004; Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, Herder, 2012; G.
Flores Quelopana, Imperio posmoderno de la sociedad anética, Iipcial,
Lima, 2005.
[87] Véase mis libros El
sentido metafísico del mundo multipolar (2022), La modernidad envejecida
(2022), Apocalipsis de la razón burguesa (2022).
[88] Véase mi ensayo Filosofía
como onto-ética (2021)
[89]
Fernando Savater. “Animalismo no es humanismo”. En:
Revista Notario del Siglo XXI, n°34, noviembre-diciembre 2010